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A N T R O P O L O G Í A

Lucio Ernesto
Maldonado Ojeda*
A N T R O P O L O G Í A

Haciendas
y propiedad agrícola
en el México independiente

Resumen: La capital de la nueva República


fue lugar de residencia de un reducido grupo
de propietarios exitosos que lograron consi-
derables fortunas en la agricultura y el comer-
D urante los inicios del México independiente las haciendas de la
región central se encontraban entre las más productivas del país. Las más
importantes estaban en manos de familias de la elite de la ciudad de
cio. La ciudad de México se convirtió así en México, quienes las habían adquirido con ganancias provenientes de otras
eje articulador de las diferentes áreas pro- actividades a partir del auge económico experimentado por la Nueva
ductivas de su entorno regional, en tanto España durante la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX.
principal centro de consumo o mercado. La
propiedad de la tierra fue la base de una ca-
Algunas de esas familias sobrepasaron el umbral regional de la ciudad al
dena productiva cuya culminación era la dis- poseer tierras en otras zonas del país, y otras más aún lograron conservar-
tribución y venta de su producción en la las en su poder después de franquear, y salir indemnes, el trance de la gue-
gran urbe. Algunas de esas familias de la elite rra insurgente, disfrutando en la era republicana de su patrimonio e
—entre ellas las de integrantes conspicuos del
influencia política. Entre el conjunto de esas familias propietarias se
Tribunal de Vagos— lograron integrar en
una sola empresa las diferentes fases de ese encontraban las de varios miembros del Tribunal de Vagos de la ciudad de
proceso. México.
Palabras clave: México independiente, hacien- Dichas haciendas se caracterizaban por la diversidad y riqueza de su pro-
das, propiedad agrícola, comercio.
ducción agrícola y —en menor medida— ganadera, destinándose la mayor
parte de ésta al principal centro de consumo del país: la ciudad de México,
eje integrador de las diferentes áreas productivas de la región central. La
Abstract: The capital of the new Republic variedad de su producción dependía de la zona donde se localizaban, distin-
was home to a small group of successful lan- guiéndose las de productos tropicales establecidas en la región sureña del
downers who were able to amass considera-
ble fortunes from farming and commerce.
antiguo Estado de México (perteneciente hoy al de Morelos), centrada en
Mexico City thus became the hub and gui- el cultivo del azúcar y sus derivados: el aguardiente de caña y la miel; la pro-
ding force for the various productive areas ducción cerealera de los valles de México y Toluca, y de Chalco al sureste
in its surroundings, as well as the principal de la capital; así como la explotación del maguey y el pulque en Apan,
market and consumption center. Land
Otumba y Texcoco.
ownership was the basis for a production
chain that culminated in distribution and
sale of goods in the capital. Some of these
elite families —including visible members *
Facultad de Filosofía y Letras, Posgrado en Historia, Universidad Autónoma de Tlaxcala.
of the Tribunal de Vagos (Vagrancy Tribu- El presente artículo forma parte de un trabajo más extenso, presentado como tesis doc-
nal)—managed to integrate the different pha- toral en la Facultad de Filosofía y Letras-UNAM, bajo el título: “El Tribunal de Vagos de la
ses of this process into a single enterprise. ciudad de México, 1828-1867. O la mala consciencia de la gente decente”, en el que se
Key words: Independent Mexico, haciendas, aborda el papel como hacendados de los jueces y fiscales de ese juzgado, particularmente
agricultural property, commerce. en el Valle de México y otras áreas del centro del país.

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Haciendas de Apan y Otumba cida la Independencia nacional por la “madre patria”—


escribió: “Es difícil imaginarse cómo se puede vivir en
U n género peculiar de hacendado, definido por el una soledad tan absoluta; pero éste es el caso para todas
producto particular de sus tierras, era el constituido las haciendas situadas en las grandes llanuras de
por la aristocracia pulquera o “pulcocracia nacional”, Otumba y Apan.”4 Varios años después de la visita de
como denominara Ignacio Manuel Altamirano al selec- la ilustre viajera, semejantes sentimientos produciría la
to círculo de propietarios de haciendas pulqueras del vista de aquellas soledades en Ignacio Manuel Altami-
actual estado de Hidalgo; a éstos se habría que agregar rano, el prolífico escritor y promotor de la cultura na-
los de Tlaxcala, el Estado de México y del propio cional, quien conoció la región en el viaje inaugural del
Distrito Federal. Sobresalía especialmente la zona de tren México-Puebla, en septiembre de 1869:
Apan y Otumba como productora de la otrora bebida
nacional por antonomasia. Las tierras de esa región Entramos en esa vasta faja de plantíos que se llaman los
eran las más a propósito “a cuantas se conocen para el Llanos de Apan [...] recuerdan por su uniformidad, por
cultivo del maguey, cuyo pulque es el más exquisito y su falta de arboledas, y por la forma de sus colinas acha-
se consume con estimación en este departamento y en tadas, los desiertos del norte [...] en esa región de los vien-
el de Puebla”.1 Pese a la relativa escasez de agua también tos no se ve por todas partes más que el maguey en
se producían en ellas “buenas cosechas anuales” de asombrosas cantidades, que forma la riqueza de los llanos
maíz, cebada, frijol, alverjón y haba, lo mismo que y que mantiene la sangre de los cloróticos hijos de
México. Parece mentira, nos decía un compañero, que lo
ganado lanar, que era consumido ampliamente por “el
que trastorna las cabezas allá en la hermosa Capital de
buen gusto de su carne”. La importancia de las hacien-
México, y ocasiona tumultos y bullicio y algaraza y aun
das de la región se evidenciaba en el valor de las veinti-
pronunciamientos y trastornos de la República, salga de
séis propiedades agrarias existentes a mediados del siglo esta llanura tan silenciosa y tan triste. En que uno u otro
XIX, que importaban casi el millón de pesos en conjun-
manoir feudal se levanta ceñudo acá y acullá y a grandes
to.2 En cuanto a su número, éste se había multiplicado. distancias. ¡Cualquiera diría al divisar esas mansiones que
Según los datos recogidos en 1866 por el secretario de parecen encerrar a nobles de la Edad Media, que allá ha
la Legación Británica, mientras en los siglos XVII y XVIII fijado su morada el orgullo aristocrático, que se rodea de
las haciendas dedicadas al cultivo de maguey y a la pro- homenajes y que levanta la cabeza sobre la multitud,
ducción de pulque no pasaban de sesenta, para la época como el castillo la levanta sobre las humildes chozas del
de Maximiliano había ya 178 haciendas pulqueras en pechero! ¡Cualquiera diría que hay allí sala de armas,
las zonas de Apan, Teotihuacan, Pachuca y Texcoco.3 heraldos, capellanes y bufones!5
Por lo dilatado de las haciendas y lo agreste del pai-
saje, sin otra vegetación que el tapiz monocromático de Pero Apan no era la vieja Castilla del siglo XIII, ni los
las pencas de maguey, la región producía en sus visi- propietarios de la comarca los “Señores de la Mesa
tantes un sentimiento de aislamiento y melancolía. Redonda” alguna, por lo que el propio Altamirano,
Madame Calderón de la Barca —quien la conoció a una vez pasada la impresión inicial, reparó en que en
mediados del siglo XIX en compañía de su esposo, el realidad tenía enfrente la “feudalidad”, sí, pero la naci-
primer embajador español en México, una vez recono- da de la explotación del pulque:

1
Estadística del Departamento de México formada por la comi-
sión nombrada por el Ministerio de Fomento, pp. 144.
4
2
Ibidem, pp. 941, 963. Madame Calderón de la Barca, La vida en México, trad. y
3
Elvia Montes de Oca Navas, “Las haciendas”, en Gerald L. pról. de Felipe Teixidor, México, Porrúa (Sepan cuantos...), 2000
McGowan (coord.), Historia general del Estado de México, 4, Inde- [1920], pp. 118-119.
5
pendencia, Reforma e Imperio, Zinacantepec, Gobierno del Estado Ignacio Manuel Altamirano, Obras completas. Crónicas I, edi-
de México / El Colegio Mexiquense / LIII Legislatura del Estado de ción, prólogo y notas de Carlos Monsiváis, México, Conaculta,
México / Tribunal Superior de Justicia, 1998, p. 396. 1987, pp. 410-411.

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Es la pulcocracia en su hermosa y desnuda sencillez; no comercialización de su producción en la ciudad de


como se presenta en México transformada en nobleza de México. Durante un centenar de años la bonanza de la
sangre, sino como la retrata la naturaleza, santificada por familia Adalid se mantendría prácticamente incólume,
el trabajo, y verdaderamente ennoblecida por la utilidad. no obstante los cambios y avatares sufridos por el país
Pero que ni por mal pensamiento ha creído conveniente desde el último tercio del siglo XVIII hasta los días del
poner en el escudo de su coche blasonado el maguey y un Segundo Imperio. En todo ese tiempo los Adalid ejer-
corambre como el símbolo de su alta nobleza. Tal es el cieron un cacicazgo en la región, lo que no les impidió
castellano de las mansiones feudales que se divisan en los
figurar en los primeros planos de la alta sociedad de la
llanos de Apan; y si no encontráis en esa especie de forta-
capital de la República, donde emparentaron con otras
leza sala de armas ni capilla, en cambio encontraréis tina-
familias de la otrora aristocracia colonial, además de
cales, y cueraje, u acocotes. Pero id a decir eso a alguna
locuela rica que debe sus joyas, su carruaje y su lujo al
formar parte del grupo de cortesanos que acompañó a
pulque, y os arrancará los ojos.6 los gobiernos del general Antonio López de Santa
Anna, en su última dictadura, y del emperador Maxi-
A esa clase de hacendados pertenecieron algunos miliano.
individuos del Tribunal.7 Uno de los más sobresalientes En aquel feraz terreno los Adalid contaban con tres
fue José Adalid, regidor del Ayuntamiento de México haciendas a mediados del siglo XIX, llamadas Santiago,
y miembro del juzgado especial en el año de 1832. Si Zoapayuca y Tepenacasco. La producción de sus fincas
hubo una familia representativa de la “pulcocracia hallaba su cauce en la esfera de la distribución y comer-
nacional” durante el siglo XIX, esa fue la formada por cialización, dentro de un esquema de integración verti-
los Adalid. Su ascendiente económico y prestigio cal, en el multiplicado número de pulquerías de que
social derivaba de la explotación de algunas de las eran dueños en la ciudad de México. Propiedad direc-
principales haciendas de los Llanos de Apan, y de la ta de José Adalid eran nueve, algunas de las cuales
había heredado de su predecesor, Ignacio Adalid. Las
dos más importantes se ubicaban en el puente de Santo
6
Ibidem. Domingo y en la plazuela del Tecpan de San Juan, por
7
Entre ellos se encontraban miembros de la familia Icaza. Sin las que pagaba una contribución de doce pesos, una de
embargo, hasta ahora no se ha podido precisar la ubicación de sus
propiedades en la región, disponiéndose tan sólo de referencias las más altas asignaciones en el tabulador fiscal de la
indirectas, aun cuando puede inferirse su importancia como época, lo cual permite apreciar el alcance de sus esta-
hacendados pulqueros en el Estado de México; Elvia Montes de blecimientos. La localización de sus pulquerías, y otras
Oca Navas, op. cit., p. 362; Lucina Moreno Valle, Catálogo de la
Colección Lafragua 1821-1853, 1a. ed., México, Instituto de
de su parentela cercana, se resume en el cuadro si-
Investigaciones Bibliográficas-UNAM, 1975 p. 276, núm. 2334. guiente.

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Pulquerías de la familia Adalid en la ciudad de México

“Entre la finura que había en la calle del


Espíritu Santo, deslizaba su clara gracia popu-
lar el viejo caserón número 2, propiedad de la
adinerada pulquera doña Josefa Adalid, que
entre alegres risas campechanas y dicharachos
ingeniosos, vendía allí sus ‘pulques embotella-
dos’, de variedad de sabores, deleitosos para
quienes gustan de ese blanco licor ‘de las matas
verdes’”.9 Empero, el establecimiento más con-
currido era el ubicado en la céntrica calle del
Refugio, objeto de reconvenciones y multas
por parte de la autoridad municipal debido a
los frecuentes desórdenes y escándalos que se
suscitaban en su interior.10

Hacienda de Texcoco

Cercana a Apan y Otumba se halla la región


de Texcoco, que hacia 1854 albergaba una
quinta parte (21.79 %) de las 390 haciendas
agrarias asentadas en el Estado de México. En
Fuentes: AHDF Hacienda-Contribuciones [enero 1842], vol. 2020, exp. 43. Padrón ellas se producía una variedad de cultivos y de
de comerciantes para el cobro del subsidio a la fuerza de Seguridad Pública y
árboles propios de los climas templado y frío:
Padrón de la Municipalidad de México, 1848, vol. 3458; AGN, Padrón sobre
Giros Mercantiles [1842], vol. 81; Padrón sobre Establecimientos Industriales. maíz, frijol, haba, alberjón, cebada y legum-
[1842], vol. 83; “Padrón General de los Comerciantes que abriga esta capital en bres. En sus bosques podían hallarse sauces,
sus ocho cuarteles mayores, en que toda su población se divide, formada por
quarteles y calles” (s.p.i.); Juan de Valle, El viajero en México. Completa Guía de
fresnos, sabinos, ahuehuetes, oyameles, en-
Forasteros para 1864, México, Imprenta de Andrade y Escalante, 1864, “pul- cinos y cedros; y frutales como chabacano,
querías”. olivo, manzano, durazno, capulín y tejocote.
*
Éste casi homónimo de nuestro personaje es José Carlos María Adalid, empa-
rentado con la poderosa familia de los marqueses de Aguayo. Además de la producción agrícola, en las ha-
**
En la época del II Imperio. ciendas de Molino de Flores y la Blanca se
procesaba harina para abastecer al mercado de
Las pulquerías de la familia Adalid eran bien cono- la capital, pues disponían de abundante agua prove-
cidas por los habitantes de la ciudad a mediados de niente del manantial de San Francisco, que contribuía
siglo XIX; especialmente las administradas por la seño- a mover su maquinaria; dichas haciendas manufactu-
ra Josefa Adalid, quien vendía, al igual que lo hacia el raban además paños de manta y de lana.11
prócer de la independencia nacional Andrés Quintana Entre “las grandes haciendas agropecuarias” de la re-
Roo, “pulque legítimo embotellado, muy bueno”, en gión se contaban las de Chapingo y Molino de las
un local de la calle de Espíritu Santo núm. 2.8
Debemos a la facundia de don Artemio del Valle
Arizpe la descripción de esta pulquería de los Adalid: 9
Artemio del Valle Arizpe, Calle vieja y calle nueva, México,
Departamento del Distrito Federal / Comité Interno de Ediciones
8
Juan N. Almonte, Guía de Forasteros y Repertorio de conoci- Gubernamentales (Colección Distrito Federal), 1988, p. 73.
10
mientos útiles, México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1852, p. El Monitor Republicano, 29 de marzo de 1845; El Siglo XIX,
464. Al parecer fue Quintana Roo el primero en vender pulque 19 de abril de 1845.
11
embotellado en la ciudad de México. Elvia Montes de Oca Navas, op. cit., p. 390.

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Flores, al decir del historiador Charles Macune.12 La Otras posesiones de relativa importancia de los
primera era propiedad, desde el siglo XVIII, de los mar- Cervantes en Texcoco eran las haciendas La Grande y
queses de Vivanco, y la segunda estaba en manos de la La Chica, cuyo valor ascendía entonces a cien mil pe-
familia Cervantes. El Molino de Flores fue fundada por sos.15 Los ex marqueses de Salvatierra las adquirieron
merced real otorgada a Pedro de Dueñas en 1585. Más de los misioneros dominicos de las Filipinas en enero de
tarde la finca fue comprada por la familia de Antonio 1830.16 En La Chica “se cultivaba trigo, maíz, cebada,
Ruiz de Contreras, para recaer (ca. 1667) en el mayo- frijol, haba, alverjón y lenteja”, destinándose el grueso
razgo de Urrutia de Vergara, representado por Antonio de su producción al consumo de la ciudad de México.
Urrutia de Vergara y su yerno Alfonso Flores de Valdés. Tenía fama en la región porque, según una vieja conse-
El mayorazgo poseía en la zona, además del Molino, El ja, existió en ella una arboleda llamada Acayacac, for-
Batán, una fábrica de paños y jerguetas. Finalmente mada por sabinos y ahuehuetes, para recreo de los
ambas propiedades pasarían a manos de la familia príncipes de Texcoco.17
Cervantes y Velasco, en la rama de los marqueses de Pero, sin duda, la hacienda más importante de la
Salvatierra por vínculos de parentesco con la descen- región era la de Chapingo. Por el valor de sus tierras, la
dencia de los Urrutia de Vergara, establecidos en el variada producción y cercanía con la ciudad de Mé-
siglo XVIII. Uno de los herederos de la propiedad, xico, se convirtió en base económica para sus propieta-
Miguel de Cervantes y Estanillo, dueño también de la rios durante los siglos XVIII y XIX. La hacienda y sus 16
hacienda La Grande, “trazó —en la época del Segundo
Imperio— los jardines que le dieron fama al Molino. 1a. ed. México, Centro de Estudios Históricos-El Colegio de
Lo hizo con terrazas en las laderas del barranco, ram- México / Instituto Mora, 2000, p. 267. En realidad no se trataba
de los últimos titulares de ambas ramas genealógicas de los
pas y escalinatas entre las que circulaban corrientes de Cervantes como afirma dicha historiadora. Como exponemos en
agua que formaban cascadas y fuentes con estatuas, este trabajo, el último descendiente del presunto marquesado de
kioscos y arboledas entre ellas. Al lado opuesto se Salvatierra era Miguel Cervantes y Estanillo; y por la rama de los
condes de Santiago, José Juan Cervantes y Michaus, casualmente
levantaba la capilla del Señor de la Presa y el panteón ambos jueces de vagos.
familiar”.13 En la misma se hallan depositados los restos 15
Reynaldo Sordo Cedeño, El Congreso en la primera República
de su progenitor, el general Miguel Cervantes y Centralista, México, El Colegio de México/ITAM, 1993, p. 435,
Velasco, y el de su tío, el también general y penúltimo “propiedades de algunos de los congresistas”.
16
Jan Bazant, Los bienes de la Iglesia en México (1856-1875),
conde de Calimaya, José María Cervantes y Velasco: México, El Colegio de México, 1984, pp. 30-31.
17
Elvia Montes de Oca Navas, op. cit., p. 392.
[…] en la hacienda del Molino de las Flores,
cercana a Texcoco, se conoce una capilla donde
se concentraron los miembros de la familia de
los marqueses de Salvatierra y Salinas del Río
Pisuerga, condes de Santiago Calimaya. En ella
está sepultado el último titular de Salvatierra
[?], fallecido en 1864. Igualmente, reposa allí el
último conde de Santiago [?], cuyos restos fue-
ron trasladados a ese lugar en 1894, después de
haber sido sepultado en el convento de San
Francisco.14

12
Charles Macune, El Estado de México y la federación
mexicana, México, FCE, 1978, p. 9.
13
Elvia Montes de Oca Navas, op. cit., p. 391.
14
Verónica Zárate Toscano, Los nobles ante la muerte
en México: actitudes, ceremonias y memoria, 1750-1850,

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ranchos anexos producían trigo, maíz y cebada, así


como ganado vacuno, equino, caprino y ovino, a lo
que se agregaría el cultivo del maguey para la produc-
ción de pulque.
La hacienda se formó originalmente con las tierras del
cacicazgo de Huexotla, independiente de Texcoco. Uno
de sus primeros propietarios, ya en los tiempos de la Co-
lonia, fue Antonio de Medina y Picazzo, tesorero de la
Real Casa de Moneda, y marqués a finales del siglo XVII,
y en 1699 fue adquirida por la Compañía de Jesús. Al
igual que otras fincas administradas por jesuitas, la
hacienda de Nuestra Señora de la Concepción Cha-
pingo —como era conocida entonces— experimentó
una transformación radical: se construyeron la casa
principal o casco y una capilla contigua que todavía se con otros de igual condición se convirtió en accionista
conservan, grandes trojes para el almacenaje de los gra- en las minas de Real de Bolaños en la Nueva Galicia.20
nos y un sistema de riego, al tiempo que se introduje- La misma Doris Ladd dice de su persona lo siguiente:
ron nuevos cultivos y plantas, entre otras mejoras.18
Después de la expulsión de la Compañía de Jesús la Antonio de Vivanco era un oficial de la milicia española
adquirió Antonio de Vivanco y Gutiérrez en 136 mil y un minero que hizo fortuna en la industria de la plata,
pesos, con la finalidad de explotar la producción del explotando uno de los descubrimientos del siglo XVIII:
la mina de Bolaños. Respaldado por comerciantes avia-
pulque, un nuevo campo de inversión entre la elite
dores, invirtió 700 mil pesos en socavones profundos.
novohispana a partir del siglo XVIII. La misma razón lo
Cuando su mujer murió, en 1780, era dueño de 160 mil
llevaría a comprar al conde de San Bartolomé de Jala la
pesos y contaba con posesiones con valor de apenas 40
hacienda Ojo de Agua, finca situada en Zempoala (hoy mil pesos. A pesar de los grandes beneficios que la mina
estado de Hidalgo), por el precio de 162 mil pesos. Al le produjo de 1776 a 1783, Vivanco cedió sus intereses a
respecto Doris Ladd señala: “el valor de ambas propie- un aviador español por 73 mil pesos e invirtió en unas
dades fluctuaba: en 1800, 1806 y 1809 valían más de minas cercanas a Pachuca y en la de Vetagrande,
700 mil pesos, en 1807, debido a la sequía y la baja Zacatecas. Murió en 1809, dejando un capital de medio
producción minera, bajaron a 300 mil pesos. Aún así, millón de pesos, gran parte del cual se hallaba invertido
la fortuna de Vivanco tuvo gran éxito y sobrevivió al en propiedades agrícolas.21
caos de la independencia”.19 La extensión de Chapingo
hacia 1786, al momento de su compra por Vivanco, A las haciendas de Chapingo y Ojo de Agua,
era de 1 288 650 hectáreas. Casi las mismas que tenía Vivanco agregaría la de San Antonio en el Valle de
a finales del siglo XIX, cuando su familia —representa- México, una de las más importantes de San Agustín de
da en la persona de Antonino Morán— se desprendió las Cuevas o Tlalpan, comprada al mayorazgo Del
de ella y la vendió al general Manuel González, enton- Villar del Águila. Con esas y otras posesiones constitu-
ces presidente de la República. yó un vínculo con valor inicial de 341 300 pesos en
En principio Antonio Vivanco y Gutiérrez era un
próspero comerciante de la ciudad de México, y junto 20
John Kicza, Empresarios coloniales. Familias y negocios en la
ciudad de México durante los Borbones, 1a. ed., México, FCE, 1986,
18
Silvia González Marín, Historia de la Hacienda de Chapingo, p. 106. Brading afirma desconocer las actividades de Vivanco antes
Texcoco, Universidad Chapingo, 1996, pp. 147–150. de 1771, cuando llega a Bolaños para invertir y explotar las minas
19
Doris Ladd, La nobleza mexicana en la época de la Indepen- de la región (En Mineros…, pp. 257- 261).
21
dencia, 1780-1826, 1a. ed., México, FCE, 1984, pp. 67-68. Doris Ladd, op. cit., pp. 67-68.

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1791, el mismo año en que obtendría de la corona de haciendas, además de portavoz y representante cor-
española el título de marqués de Vivanco y vizconde de porativo o gremial de tales intereses. Ambos reconocí-
Bolaños. El mayorazgo incluía —según su testamento an al Ayuntamiento de México un capital redimible
fechado el 26 de junio de 1796—, además de las refe- por la cantidad de dos mil pesos sobre tal hacienda.26
ridas haciendas, los ranchos Santa Gertrudis y Los
Arquitos, una residencia en la calle del Espíritu Santo Haciendas de Tlaxcala y Puebla
en la ciudad de México —que será la sede de su des-
cendencia durante el siglo XIX— y dos pulquerías: una Traspasando los límites orientales del Estado de Méxi-
ubicada en la calle de Maravillas y otra en el callejón co, al norte del volcán La Malinche, en la confluencia
de San Juanico.22 Es pertinente mencionar que estos de Tlaxcala y Puebla, se situaban las haciendas de la
comercios de la bebida lactescente le eran relativamen- familia de José Manuel Velázquez de la Cadena, primer
te redituables, pues la de la calle de las Maravillas, presidente del Tribunal de Vagos. Su familia descendía
adquirida en 1796, producía 1095 pesos, en tanto la de un oficial real que había venido a Nueva España
otra 568.23 antes de 1543. Hablamos de Antonio de la Cadena, ori-
La hacienda de Chapingo, y su rancho anexo Santa ginario de Burgos y el primer factor real de la tesorería
Cruz, fueron inventariados en 1800 arrojando un valor de México, casado con una hija del conquistador y
de 390 767 pesos, en función de “la calidad y extensión encomendero de Pachuca, el bachiller Pedro de Soto-
de la tierra, siembras, semillas existentes, ganados, edi- mayor: “La familia de los Cadenas se enlazó en México
ficios e instrumentos de trabajo”.24 Después de la Inde- con la de los Velázquez, de donde resultó la mucho más
pendencia, ratificado el decreto de extinción de los numerosa de los Velázquez de la Cadena, en que hubo
mayorazgos por el gobierno republicano en 1823, el un mayorazgo de este título, que llegó hasta nuestros
patrimonio del primer marqués de Vivanco fue repar- días. Después de este enlace vino á unirse con la de los
tido entre sus descendientes: la hacienda de Chapingo
26
y los ranchos anexos pasaron a manos de Antonino Archivo Histórico del Distrito Federal (AHDF), Hacienda-
Contribuciones [1842], vol. 2020, exp. 33. Las relaciones de la
Morán, hijo de doña María Loreto Vivanco y el gene-
familia del general Morán con Delmotte parecen haber sido esta-
ral José Morán. blecidas desde años atrás. En 1828, el segundo, en representación
Los Vivanco adquieren en 1839 la hacienda de de la familia Vivanco y de otros cosecheros del neutle del Estado de
Nalvarte, o Narvarte, resultado de la unificación de los México, dirigió a la legislatura local una solicitud de reducción
de gravámenes y del costo del flete que gravitaban sobre el trans-
terrenos de labor “Juan de Dios” y “Dolores”, y donde porte y distribución hacia la ciudad de México del lactescente néc-
se formaría la colonia del mismo nombre en el siglo XX. tar. Todo indica que Delmotte se quedaría con la hacienda referida,
Además de una pulquería localizada en un jacalón de la pues así lo consigna de manera tangencial Bustamante en su Diario
3a. calle de la Santísima, y que aún después de muerto histórico, con fecha del 23 de agosto de 1847: “la casa del señor
don José del Mote (sic), situada en el punto del Narvarte, objeto de
don José Morán la gente de la ciudad solía nombrar sus esmeros y afanes, ha sido de todo punto robada y maltratada”
“del general Vivanco” hacia 1842.25 por las tropas yanquis, en su avance hacia la Capital, después de la
Con el tiempo resultaría copropietario de la hacien- batalla de Churubusco. Aunque siempre negó ser propietario o
comerciante, sino administrador de “intereses ajenos” como suce-
da de Nalvarte, o Narvarte, José Delmotte, un hombre de dió en febrero de 1834, cuando protestó ante el Cabildo de Méxi-
negocios con intereses en la minería y en la propiedad co, por su inclusión entre tales grupos sociales, con el fin de evitarse
el pago de una contribución para el sostén del Batallón del Comer-
22
Guillermo Fernández de Recas, Mayorazgos de la Nueva cio. Negativa también asumida por otros connotados miembros de
España, México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas-UNAM, la elite capitalina como la esposa de Lucas Alamán, doña Narcisa
1965, p. 284. Castrillo. Lo cierto es que el mismo Delmotte admitía, ante los
23
John Kicza, op. cit., pp.140-141, 143. registradores electorales del padrón de la Municipalidad de México
24
Elvia Montes de Oca Navas, op. cit., p. 392. de 1842, su calidad de "labrador", esto es, propietario de hacien-
25
Archivo General de Notarías de la Ciudad de México das avecindado en la ciudad; AHDF, Milicias cívicas, vol. 3275, exp.
(AGNCM), escribano José Ignacio Montes de Oca, notario núm. 45; y Padrón de la Municipalidad de México de 1842, vols. 3406-
417, año de 1839. 3407.

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alhajas, esclavos, y una propiedad en la ciudad


de México (en calle de la Cadena número
21).29 A finales del siglo XVIII su titular era Juan
Manuel Velázquez de la Cadena. En 1806 pre-
tendió obtener de la corona un título nobilia-
rio para dar más “lustre” a su familia, pero la
votación en el Real Acuerdo le fue adversa.30 Se
casó con doña Marcia Guadalupe López de Pe-
ralta Villar y Villamil, hija del marqués de Salva-
tierra —José Jerónimo del mismo largo apellido,
regidor y alcalde de México en 1790—. De esa
unión nació José Manuel Velázquez de la Ca-
dena y tres hijos más. El mayorazgo contaba,
Cervantes, por el dilatado camino de un chozno del ya en vida de este último y sin considerar las propie-
Comendador D. Leonel [Cervantes, el fundador de esa dades descritas, con otra casa en la calle de San Fran-
familia], el cual casó con Da. Mariana Velázquez de la cisco, tres en la de Tiburcio y dos en la calle del
Cadena”.27 Hospicio de San Nicolás.31 Por nuestra cuenta hemos
encontrado que Cadena era poseedor (ca. 1829) de
Durante muchas generaciones, el clan Cadena-Veláz- una hacienda en la jurisdicción de San Martín Texme-
quez-Cervantes logró hacer buenos matrimonios con lucan, Puebla, nombrada Santiago Colingo, y la de
burócratas, hacendados y mineros y logró adquirir más y San Lorenzo, en Tlaxcala, mismas que arrendaba a dis-
más de los atributos de los estratos altos de la élite. Para tintas personas.32
fines del siglo XVII tenía un miembro en el cabildo cate-
dralicio, un obispo en Chiapas, algunos miembros en las
Haciendas de Chalco
órdenes militares y muchos alcaldes mayores; eran patro-
nes del convento de Santa Inés en la ciudad de México, y
tenía por lo menos un mayorazgo y una encomienda en
En el partido de Chalco se conjuntaba casi la mitad de
la provincia de Xilotepec y Querétaro [Arroyozarco].28 haciendas pertenecientes al distrito de Texcoco. Acerca
de sus particularidades la historiadora Elvia Montes de
El mayorazgo al que hacen referencia ambos histo- Oca Navas señala lo siguiente:
riadores se fundó en 1672 por Pedro Velázquez de la
Algunas contaban con campos irrigados, especialmente
Cadena. Para 1753 incluía la hacienda San Antonio en
las productoras de trigo. En las no irrigadas se sembraba
Huamantla (Tlaxcala) y otra en Cuautitlán, además de
maíz para el consumo humano y cebada para el ganado
de carga [...] En otras haciendas, como La Compañía se
27
José María Marroquí, La ciudad de México. Contiene: el ori- procesaba la caña de azúcar para producir aguardiente y
gen de los nombres de muchas de sus calles y plazas, del de varios es-
tablecimientos públicos y privados y no pocas noticias curiosas y
entretenidas, 2a. ed. (facsimilar), México, Jesús Medina Editor, 29
Guillermo S. Fernández de Recas, op. cit., p. 259.
1969, t. I, pp. 12-13. 30
Doris Ladd, op. cit., pp. 258-261; Verónica Zárate, op. cit.,
28
Paul Ganster, “La familia Gómez de Cervantes. Linaje y pp. 74-75.
sociedad en el México colonial”, en Historia Mexicana, vol. XXXI, 31
Ricardo Ortega y Pérez Gallardo, Estudios genealógicos…,
núm. 2, octubre-diciembre de 1981, p. 212. La hacienda de México, Imprenta de Eduardo Dublán, Callejón del Cincuenta y
Arroyozarco pasaría a poder de los comerciantes capitalinos siete núm. 7, México, 1908, pp. 124-127. Marqueses de la Cadena
Manuel y Joaquín Rosas a mediados del siglo XIX; Javier Lara vizconde de Velázquez, títulos otorgados el 23 de febrero de 1822.
Bayón, Arroyozarco Puerto de tierra adentro. Breve historia de la 32
AGNCM, escribano Francisco Madariaga, núm. 426, 26 de
hacienda y mesón de Arroyozarco, desde las primeras mercedes de tie- agosto de 1829, asunto- fianza; 24 de septiembre 1829, asunto-
rras… hasta la desintegración del latifundio en los años 30 del siglo arrendamiento.

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melaza. La caña se compraba a las haciendas de Cuautla.


Las haciendas El Moral y Miraflores cultivaban trigo y lo Propietarios y arrendatarios de cinco haciendas de Chalco (1750-1850)

convertían en harina. La Asunción producía pulque que


obtenía del maguey que sembraba. La Archicofradía ma-
nufacturaba ladrillo. Estas actividades producían mayores
ganancias que la siembra y la venta de granos. El merca-
do principal era la ciudad de México, especialmente para
la venta del maíz, producto muy importante cultivado en
las haciendas de la región.33

Durante la Colonia las tierras de Chalco se encon-


traban acaparadas por familias de la aristocracia —resi-
dente generalmente en la capital del virreinato— y por
comunidades religiosas. Diversos factores incidieron
para que esta estructura de la propiedad agraria se vie-
ra afectada a partir de la expulsión de los jesuitas en
1767, entre ellas la ruina de algunas de las familias
propietarias y los efectos de la política desamortiza-
dora emprendida en esa zona desde 1823 por los go-
biernos de la República, con la nacionalización de los
bienes de las ordenes hospitalarias; pero sobre todo
por la llegada de una nueva clase propietaria, com-
puesta de políticos y funcionarios de las administra-
ciones nacionales y estatales.
Como avanzada de la nueva clase apareció en la re-
gión (1819) Agustín de Iturbide, en su papel de arren-
datario de las haciendas de Miraflores y La Compañía,
esta última una de las principales de Chalco y antigua
propiedad jesuita. Después de 1821 serán personajes Fuente: John Tuttino, citado por Elvia Montes de Oca Navas, op.
como los generales Vicente Guerrero y José María cit., p. 403.
*
Conocido notario de la ciudad de México.
Tornel, Mariano Riva Palacio y Ramón Gamboa, sín-
dico del Ayuntamiento de México, quienes logren eri-
girse nuevos propietarios o arrendatarios de las fincas de Manuel Escandón, su principal acreedor. La propia
de la región. Montes de Oca Navas cuenta los detalles de su inter-
Destacaba entre ellos la figura de quien sería en vención en dicho negocio:
varias ocasiones gobernador de la entidad mexiquense,
Mariano Riva Palacio, y que inicialmente en 1833 trata Por los años 1824-1830, Vicente Guerrero era ya dueño
de rescatar la hacienda La Compañía —de la cual había de una importante empresa de transporte por los caminos
sido arrendatario su suegro, el general Vicente de Taxco, Tixtla y Acapulco. Además compró diversas
Guerrero, y sobre la que pesaban deudas no pagadas haciendas a lo largo de la ruta del Platanillo y de Tierra
por este último—. El intento de Riva Palacio resultaría Colorada. En Chalco rentó La Compañía, que pertenecía
infructuoso, y la hacienda caería finalmente en manos a los jesuitas, compró tierras a orillas del lago y estableció
en la hacienda un molino de trigo y una panadería; todo
por un costo anual de 6 550 pesos, que, según se dijo,
33
Elvia Montes de Oca Navas, op. cit., p. 388. nunca pagó. De tal manera que al suceder su muerte en

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1831, la viuda de Guerrero se encontró con una deuda de [...] las fincas azucareras —muchas de ellas cedidas por
63511 pesos. En 1833, Mariano Riva Palacio logró la sus herederos a particulares mediante contratos [o censos]
transferencia del arrendamiento de La Compañía por enfitéuticos a comienzos del XVII— se acomodaron a la
nueve años. Mientras era diputado federal, entró en geografía local y donde, tanto por su presencia como por
sociedad con Atilano Sánchez, dueño del Moral y jefe su ausencia, habían ordenado la subdivisión del estado
notarial de la ciudad de México. El contrato de arrenda- [de Morelos] en seis regiones distintas, sin ajustarse a los
miento expiró en 1840 con deudas no pagadas desde el linderos casuales o administrativos”. Fuera de la monta-
inicio del arrendamiento hecho a Guerrero. En estas con- ñosa zona norte, desde la población de Huitzilac, al noro-
diciones la hacienda fue rematada en 1842 a favor de este de Cuernavaca, hasta las laderas del volcán
Manuel Escandón, quien se comprometió a pagar las Popocatépetl, cuya economía local se sustentaba en la
deudas y sanearla.34 explotación de sus bosques, la entidad “se había subdivi-
dido en cinco sectores azucareros según la disponibilidad
Haciendas de Cuernavaca, Cuautla, Yautepec y de agua, los linderos naturales y el grado en que cada
Jonacatepec hacendado individual había logrado multiplicar sus pro-
piedades en el transcurso de generaciones.36
Otra clase de hacendados, no menos acaudalados ni
con menor influencia y representación política que to- A mediados del siglo XIX las zonas cañeras del terri-
dos los anteriores, fueron los dueños de las haciendas de torio de la hoy entidad morelense estaba dominada por
caña o ingenios de la región sur del entonces Estado contadas familias de hacendados. Había diferencias
de México (hoy perteneciente al de Morelos. Desde entre ellas,
finales del siglo XVIII, y hasta el periodo de la Revo-
lución mexicana, un sector privilegiado de la elite na- [...] puesto que los principales dueños, comerciantes-
especuladores, residían en la ciudad de México (como Pío
cional tuvo como base de su poderío económico la
Bermejillo, Escandón, Icazbalceta, De la Torre, Del
explotación de los recursos de esa región, concentrán-
Barrio, F. Cortina González), y tenían simultáneamente
dose principalmente en el cultivo de la caña y el proce-
muchas otras empresas e intereses en ramos tan diversos
samiento de sus derivados: aguardiente y miel. Las como el comercio de importación y exportación, la pro-
familias de connotados miembros del Tribunal de ducción minera, la producción textil, la agroganadera y la
Vagos fueron propietarias de algunas de las haciendas producción azucarera. Otros dueños de haciendas resi-
más productivas y ricas de la zona. dían en su propia hacienda y solamente se dedicaban a la
La región la conformaban los distritos de Cuerna- producción.37
vaca, Yautepec, Cuautla y Jonacatepec. Su producción
agropecuaria era muy variada: además de caña de azú- Una familia del selecto primer grupo era la consti-
car, se cultivaba maíz, trigo, frijol, chile, café, arroz, tuida por los García Icazbalceta, poderosos “labrado-
ixtle y diversos frutos tropicales, así como ganado y el res” y comerciantes propietarios de los principales
chito, uno de sus productos.35 Sin embargo, desde el si- ingenios del Distrito de Jonacatepec, al oriente del
glo XVI la comarca se estructuró históricamente alrede- estado. Pertenecieron a esa familia Mariano, adminis-
dor de la producción cañera. Posesión original del trador de las propiedades agrarias y de otros negocios
marquesado del Valle, es decir, del conquistador de su familia, además de regidor y juez de vagos en
Hernando Cortés y su descendencia,
36
Dewitt Kenneth Pittman Jr., Hacendados, campesinos y políti-
cos. Las clases agrarias y la instalación del Estado oligárquico en
34
Ibidem, p. 404. México, 1869-1876, México, FCE, 1989, p. 47.
35
Jorge Silva Riquer, “El abasto al mercado urbano de la ciudad 37
Brígida von Mentz, Beatriz Scharrer, Alfonso Toussaint,
de México, 1830-1860”, en Regina Hernández Franyuti, La ciudad Haciendas de Morelos, México, Gobierno del Estado de Morelos/
de México en la primera mitad del siglo XIX. Tomo I Economía y estruc- Instituto de Cultura de Morelos/Conaculta/Miguel Ángel Porrúa,
tura urbana, México, Instituto Mora, 1994, p. 80. 1997, p. 139.

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A N T R O P O L O G Í A

1850, y Joaquín, el reconocido historiador y


bibliófilo.
Sobre la cuenca del río Tenango-Nexapa o
Barranca de Amatzinac, se localizaban “las
haciendas de primer orden de Santa Clara y
Tenango y su anexa San Ignacio”, propiedad
de los García Icazbalceta. El historiador esta-
dounidense Dewitt Kenneth Pittman precisa
los antecedentes:

El sector azucarero ubicado en el extremo orien-


te era el más importante de los cinco y era el
único en el que sus linderos casi coincidían con uno de San Ignacio, llegaron a sumar 38 679 hectáreas a fina-
los distritos administrativos del estado, el de Jonacatepec. les del siglo XIX. Tuvo su origen en la merced de un
Aunque solamente se producía allí el 12% del azúcar del sitio de ganado menor y dos caballerías de tierra que
estado, esa región tenía la no despreciable característica hizo el virrey marqués de Villamanrique a Luis de Re-
de ser propiedad de un solo individuo. Toda la frontera bolledo, el 24 de abril de 1589. La propiedad se trans-
oriental, que iba desde las laderas del Popocatépetl por el firió a sucesivas manos durante la centuria y media
norte hasta Axochiapan por el sur, era el feudo personal siguiente, hasta que en 1764 pasó a poder, junto con la
de la familia García Icazbalceta. La propiedad de facto de vecina y riquísima hacienda de Santa Clara de Mon-
la familia databa del siglo XVIII, y fue legitimada con pos-
tefalco, de José Antonio de Zalvide-Goytia, vecino de
terioridad a 1857. La totalidad de la población, más de
Jonacatepec, a quien se debe la construcción del casco
20 000 habitantes, de veintiún poblados y caseríos, esta-
de la hacienda.39
ba sometida á la red de dominio de esa familia. Aunque
la familia conservaba otras propiedades con nombres
A finales del siglo XVIII aparece por primera vez el
diferentes, su dominio y riqueza provenían de los inge- apellido Icazbalceta entre los propietarios de la hacien-
nios de Santa Clara y Tenango, en donde concentró sus da de Santa Ana Tenango, con el matrimonio de
operaciones después de desmantelar los ingenios menos Gregorio Nicolás Icazbalceta y Herrarte y Ramona
eficientes de San Ignacio y Chicomocelco [...] En el Antonia de Musitu y Zalvide-Goytia. Cabe mencionar
transcurso de los años la familia llegó a adquirir el título que tanto los Zalvide-Goytia como los Musitu y los
de casi cada metro cuadrado de las tierras hasta las lade- Icazbalceta procedían de Escoriaza, provincia de
ras de las montañas en el norte de los alrededores de Guipúzcoa, España. En 1805 la finca pasaría a los hijos
Hueyapan […] Prácticamente todos los recursos de la de aquéllos, María Josefa, Ana Ramona y Nicolás
región se dedicaban entonces a lo que decidiera la familia Fernando Icazbalceta y Musitu. El patrimonio familiar
Icazbalceta, que estructuró la economía de la región de se dividió entre éstos en 1824, correspondiéndole al
manera de satisfacer las necesidades de sus ingenios.38 hijo varón Tenango e ingenios anexos; a la hija mayor,
María Josefa, San Ignacio Urbieta y sus ranchos, y Ana
La hacienda más importante de los García Ramona se quedó con la de Santa Clara. Previamente,
Icazbalceta era la de Santa Ana Tenango, tanto por su esta última se había casado con el capitán Eusebio
valor catastral como por su producción azucarera. García, un antiguo cosechero del sur de España, pro-
Hacia 1824 estaba valuada en 242 800 pesos y en 1851 bablemente de Andalucía. La descendencia de ambos
ascendió a 400 000. La hacienda y su ingenio anexo, se compuso de diez hijos, entre ellos los ya citados
Mariano, el primogénito, y Joaquín García Icazbalceta,
38
Dewitt Kenneth Pittman Jr., op. cit., pp. 52-53. La familia
García Icazbalceta llegó a poseer San Nicolás, otra importante
39
hacienda en el municipio de Tlaquiltenango, al sur de Cuernavaca. Brígida von Mentz et al., op. cit., pp. 350-353.

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el décimo, y en quien recaería a la postre la herencia de propició que las tres importantes haciendas de Tenan-
las haciendas del clan después de 1850. go, Santa Clara y San Ignacio permanecieran unidas, y
Después de la Independencia, a raíz del decreto así las hereda Joaquín García Icazbalceta.
sobre la expulsión de los españoles que afectó algunos Mariano García Icazbalceta se desempeñó como
de sus miembros, las fincas de la familia quedaron bajo administrador de las haciendas de la familia.42 Al
el control de Nicolás Fernando Icazbalceta, que mal las mediar el siglo —momento en que se desatan rebelio-
administró y para 1846 se declaró concurso necesario nes campesinas en varios puntos del país, destacando
de acreedores, nombrándose como depositario de los las guerras de castas en el sureste, y en el Estado de
bienes a Eusebio García. Éste había vuelto de un for- México las invasiones de tierras por parte de los pue-
zoso exilio en Burdeos, pues en 1829 se halló com- blos indígenas— se cuenta entre los hacendados que
prendido entre los peninsulares erradicados del país, decidieron armarse y pedir autorización al Congreso
llevándose consigo a sus hijos.40 A la muerte de Nicolás local para formar una fuerza rural que protegiera las
Fernando, en 1847 García quedó como curador testa- propiedades y el orden.43
mentario, así como albacea y tenedor de las propieda- En la capital de la República los García Icazbalceta
des del clan familiar, ya que los herederos eran menores poseían negocios de comercio y de servicios, algunos
de edad. El año siguiente, para poner fin al concurso se de ellos administrados por el propio Mariano, quien
ofrecieron en venta las fincas y fueron compradas por vivía en la 3ª Real del Rastro núm. 8. Antes de que las
el propio apoderado y ello suscitó un pleito judicial haciendas pasaran en propiedad de Eusebio García y su
por parte de los Icazbalceta, alegando abuso de su con- descendencia, hacia 1842 Nicolás Icazbalceta, como
dición de albacea, pleito que todavía en 1867 se en- otros hacendados del sur del Estado de México, poseía
contraba en litigio y finalmente no prosperaría.41 Esto un almacén de azúcar en la calle de Montealegre núm. 5,
contiguo a su casa.44 Una vez en manos de los García
40
Joaquín García Icazbalceta, Escritos infantiles, México, FCE, Icazbalceta, la producción de sus fincas hallaba salida
1984. La introducción.
41
Joaquín García Icazbalceta, Alegato de bien probado hecho ver- en el almacén o “despacho” de azúcar ubicado en la 1ª
balmente de primera instancia del departamento del Valle por el Lic. calle de la Merced núm. 3.45
Don Juan B. Alamán por parte de don Joaquín García Icazbalceta,
por sí y como apoderado de sus hermanos en el pleito promovido por
don Tiburcio Icazbalceta sobre nulidad de la venta de las haciendas de Tenango y San Ignacio y ranchos anexos, México, Imprenta de San-
tiago White, 1867.
42
Antonio Velasco de la Torre et al., Representación
que hacen al Congreso del Estado de México los propietarios
de haciendas de caña del mismo estado. Con motivo de las
contribuciones que la Comisión de Hacienda del propio
Congreso propone se establezcan en su dictamen de 18 de
marzo de 1828, México, Imprenta a cargo de José Már-
quez, 1828.
43
Elvia Montes de Oca Navas, op. cit., pp. 362-363.
44
Guía de Forasteros político-comercial de la Ciudad de
México para el año de 1842, México, impresa por J.M.
Lara, 1842 pp. 136-138.
45
Los García Icazbalceta fueron dueños del hotel
“Del Refugio” y sus baños públicos anexos, ubicado en
el número 18 de la calle del mismo nombre; Calendario
del Comercio y Guía de Forasteros para el año bisiesto de
1860, publicado por M. Payno, México, Imprenta de Ig-
nacio Cumplido, 1859, pp. 60-66; Juan N. Valle, op. cit.,
pp. 152 y 222-223; Eugenio Maillefert, Directorio del
Comercio del Imperio Mexicano para el año de 1867 (ed.
facs.), México, Instituto Mora, 1992, pp. 248-249, 286.

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A contrapelo de la opinión negativa de David Vera Zapata adquirió la propiedad, la cual pasaría a
Brading acerca de la viabilidad de la hacienda mexica- sucesivas manos el resto de esa centuria y la siguiente,
na en general, no mayor a las tres generaciones entre las hasta que en 1791 compró la finca José Salazar Serfate,
familias propietarias, fue notable el caso de las fincas en cuyo poder permaneció hasta su muerte, ocurrida
unidas a Santa Clara, Tenango y San Ignacio, que per- en la época de la guerra de Independencia, y entonces
manecieron más de 150 años en manos de una misma la hereda su hija, doña Luisa Salazar, casada con el
familia: los García Icazbalceta, y ello sólo puede com- entonces capitán realista Francisco Pérez Palacios.
pararse en esa misma región con la hacienda de Atlaco- A mediados de siglo XIX la producción del ingenio
mulco, perteneciente a los descendientes de Hernán llegó a cerca de 480 toneladas de azúcar y 550 tonela-
Cortés. das de miel, además de los beneficios de una fábrica de
Otra familia propietaria de ingenios en la región aguardiente. La imprescindible madame Calderón de la
sureña era la de Francisco Pérez Palacios, unos de los Barca llegó a conocer la hacienda y a su propietario en
primeros presidentes del Tribunal de Vagos. La familia 1841. De éste afirmaba que era “un anciano caballero
era dueña de San Salvador Miacatlán, principal hacien- de hermosa y noble presencia”. Los hijos de Pérez
da del distrito de Tetecala, localizada al suroeste de la Palacios, Ángel y Luis, se harán de otras haciendas en
Villa de Cuernavaca. La explotación de ésta y otras el propio municipio de Tetecala, la de Acatzingo y la
propiedades anexas le permitió, lo mismo que a sus Nigua, y dos más en la región de Yautepec: Apanque-
herederos, erigirse en “hombres fuertes” de la zona de zalco y Michote; todas productoras de aguardiente de
Cuernavaca, de la que presumiblemente era oriundo. A caña, aunque la más importante de ellas era la de Apan-
principios del siglo XIX Francisco Pérez Palacios poseía quezalco. Complementaba patrimonio de la familia
en la ciudad de México una panadería y un almacén de una casa solariega situada en el centro de Cuernavaca.
azúcar contiguo a la casa del conde de Santiago de la Después de la muerte del general Ángel Pérez
Calle Real. En los días de la guerra de Independencia, Palacios (1802-1867), albacea y heredero principal de
mediante su enlace con doña Luisa Salazar —vincula- los bienes de don Francisco, el poderío económico y
da a una familia propietaria de la región— entró en político de la familia parece eclipsarse. Su patrimonio,
posesión de la hacienda de Miacatlán, base de las acti- consistente en las fincas mencionadas y las tiendas esta-
vidades económicas de esa familia.46 blecidas en ellas, entrará pronto en litigio con sus acree-
La hacienda de San Salvador Miacatlán se localizaba dores, representados por Anastasio Zerecero en nombre
al suroeste de la población del mismo nombre, cercana del señor Emilio Lynch Zaldívar. Por parte de la fami-
también a la laguna del Rodeo. Según los títulos de pro- lia, Francisco Pérez Palacios Cañedo, hijo del general,
piedad del ingenio, sus tierras originalmente pertene- trató de retener inútilmente sus posesiones, debiendo
cieron al marquesado del Valle. Al inicio del siglo XVII desprenderse de ellas.47 Para 1872 el antiguo ingenio de
uno de sus descendientes, Pedro Cortés, otorgó una Miacatlán estaba ya en manos de la firma Barrón-
merced de dos sitios de estancia para ganado menor Forbes, compañía formada en un inicio por Guillermo
mediante un censo enfitéutico a Francisco de la Fuente, Barrón, cónsul inglés en San Blas y socio de los
vecino de la villa de Cuernavaca, en cuarenta pesos Escandón. En esa misma región también poseían, entre
anuales. La posesión se extendió con otra merced de un otros negocios, el gran ingenio de Atlihuayan y sus
sitio más en quince pesos anuales de censo, a condición anexos.
de dejar pastar allí a las mulas que el marqués tenía en Otra familia con importantes propiedades en la par-
sus estancias de Tehuantepec y Mazatepeque. Pocos te sureña del entonces Estado de México era la de José
años más tarde, en 1626, el alférez Hernando de la Juan Cervantes y Michaus, cuya presencia en la zona

46 47
María Teresa Huerta, Empresarios del azúcar en el siglo XIX, 1a. Anastasio Zerecero, “Remitido”, en El Siglo XIX, 7 de agos-
ed., México, INAH, 1995, pp. 112-113. to de 1867, núm. 24.

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databa del siglo XVI, cuando uno de sus ancestros —el resultado de créditos no pagados por el anterior posee-
licenciado Juan Gutiérrez Altamirano, primo de dor. De esta congregación religiosa el ingenio pasaría
Hernán Cortés y encomendero del pueblo de Santiago por distintos manos, hasta que en 1796 adquiere la
de Calimaya— pretendió, aparentemente sin éxito, la finca el comerciante Martín Ángel de Michaus, quien
hacienda de Axomulco, uno de los primeros trapiches de la integra con la vecina de Buenavista para formar una
la región, ubicado en el perímetro de la Villa de Cuer- misma unidad de producción. Para 1851 Santa Inés
navaca.48 Empero, las posesiones particulares de José estaba considerada de segunda clase, por arriba de sus
Juan Cervantes en la entidad le venían dadas por hermanas de San José Buenavista y El Hospital. En
herencia de Martín Ángel Michaus, su abuelo materno 1870 se le asignó un valor fiscal de 177 070 pesos. Su
un acaudalado comerciante de origen peninsular y producción en 1874 era de 724.5 toneladas de azúcar
miembro prominente del Consulado de México, pro- y 828 toneladas de miel. Muertos sus propietarios,
pietario de las haciendas de Santa Inés, San José Miguel Michaus y José Juan Cervantes, éste en 1874,
Buenavista y El Hospital, tres propiedades de primer la hacienda pasaría a ser propiedad de Agustín Rovalo.
orden ubicadas en la cuenca del río Cuautla- Para la época del Porfiriato las haciendas Buenavista y
Chinameca. Santa Inés eran propiedad de la acaudalada familia
La historia de la hacienda de San José Buenavista, Escandón-Barrón.
localizada junto con la de Santa Inés en las inmedia- Al poniente de la población de Cuautla se hallaba la
ciones de la ciudad de Cuautla de Amilpas, no era muy hacienda del Hospital de Nuestra Señora de la Con-
antigua, pues aparece registrada por primera vez en cepción. Era la más antigua de las tres, ya que su ori-
1732, mediante la relación de bienes rústicos ordenada gen se remontaba a finales del siglo XVI, cuando
levantar por el virrey Juan de Acuña y Manrique, mar- Bernardino Álvarez obtiene del quinto virrey de la
qués de Casafuerte. Para 1796 el propietario era ya Nueva España, Lorenzo Suárez de Mendoza, conde de
Michaus. Un sólido acueducto —terminado de cons- la Coruña, una merced de dos caballerías de tierra
truir a principios del siglo XIX y que atravesaba la po- (85.6 hectáreas) en los límites del pueblo de
blación de Cuautla— surtía de agua potable a la Ahuehuepan, a favor de la congregación de los herma-
hacienda. Hacia 1830 la heredan, junto con las ya nos de san Hipólito. La finca permanece como propie-
mencionadas de El Hospital y Santa Inés, José Juan dad de la congregación religiosa cuando menos 200
Cervantes y Michaus, su hermana Guadalupe y Miguel años. No se tiene certeza en cuanto a la fecha en que
Michaus, nietos todos de Martín Ángel Michaus. En deja de pertenecer a esa orden, aunque para 1831 se
1851 el valor catastral de la hacienda ascendía a 200 encontraba ya en posesión de las familias Michaus y
mil pesos y estaba considerada de tercera clase en tér- Cervantes. En 1851 estaba catalogada para efectos fis-
minos fiscales, por la que se pagaba 150 mensuales de cales como de tercera clase, entre siete existentes. Para
impuestos.49 1870 su valor catastral ascendía a 120 mil pesos y pro-
Los orígenes de la hacienda de Santa Inés datan de ducía 471.5 toneladas de azúcar y 529 toneladas de
1605, cuando se le otorgan a Diego Caballero siete ca- miel. En 1887 pasó a ser propiedad de José Toriello
ballerías de tierra (casi 300 hectáreas) mediante una Guerra, dueño también de la hacienda de Temixco,
merced real. Por situarse en tierras realengas, la merced cercana a Cuernavaca.
la otorga el virrey, quedando fuera del control del mar- El papel económico de José Juan Cervantes en la
quesado del Valle. Hacia 1668 el trapiche era propie- región no se limitó a sus actividades agrarias, sino fi-
dad del convento de monjas de Santa Inés, como guró también como socio de una empresa que se pro-
puso construir el camino México-Acapulco, de vital
48
importancia para las actividades de los ingenios de la
Brígida von Mentz et. al., op. cit., pp. 33-34.
49
Dewitt Kenneth Pittman Jr., op. cit., p. 95; Brígida von Metz
tierra caliente. En tal empresa participaban los princi-
et. al., op. cit., pp. 146 y ss. pales dueños de las haciendas cañeras y connotados

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ticular, de la propia ciudad de Toluca,


Matalzingo y Calimaya en el Valle de Toluca.
Al respecto, la historiadora Margarita Loera
Chávez de Esteinou afirma:

No obstante que la donación de la encomienda de


Calimaya a Gutiérrez Altamirano no implicaba la
posesión de tierras de los pueblos, se produjo varias
alteraciones en el sistema de propiedad en la
región, [ya que] los miembros de esa familia pro-
curaron adquirir terrenos bajo títulos diferentes a
costa de los pueblos encomendados, sobre todo a
raíz de que uno de ellos contrajo matrimonio con
una hija del virrey Luis de Velasco… [En] el siglo
XVII ya se encontraban funcionando en el Valle de
Toluca las haciendas de Atenco, Quautenco y
Almoloya y los ranchos de Tepemaxalco o las
Trojes, Zasacuala, San Agustín, San Nicolás y
políticos locales, cuyos trabajos se vieron interrumpi- Santiaguito, todas propiedades del Condado de Santiago
dos por extenderse la Guerra de Reforma a esa región Calimaya. Desde entonces, sus descendientes se destaca-
sureña.50 ron entre los propietarios del Valle de Toluca como terra-
tenientes de gran poder económico y político.51
Haciendas del Valle de Toluca
Con esos y otros bienes el licenciado Gutiérrez
En el centro del país, las propiedades agrarias más Altamirano fundaría un mayorazgo, una de las varias
antiguas de la familia Cervantes se localizaban en el propiedades vinculadas que la familia Cervantes llega-
polo opuesto correspondiente al antiguo Estado de ría a concentrar y usufructuar en distintos puntos de la
México: el Valle de Toluca, casi en las faldas del volcán Nueva España.52 El mayorazgo de Altamirano, institui-
Nevado. Ahí eran dueños de la importante hacienda de do el 29 de marzo de 1560, lo conformaba tierras del
Atenco, también llamada El Cercado, así como varias Valle de Toluca, Coyoacán, Tacubaya, Michoacán y
otras y ranchos de sus alrededores, y que José Juan otras posesiones, así como varias casas y solares ubica-
Cervantes y Michaus recibiría en herencia a principios das en la capital novohispana. Al mayorazgo le sucede-
del siglo XIX. ría, más de medio siglo después, la concesión de un
El origen de las propiedades de los Cervantes en esa título nobiliario a esa familia, el de condes de Calima-
región se remontaba al siglo de la Conquista, cuando ya, otorgado en 1616 a Fernando de Altamirano y Ve-
su ancestro, el licenciado Juan Gutiérrez Altamirano, lasco y a su madre María de Velasco Ircio y Mendoza,
recibió de su primo Hernán Cortés la encomienda de por los servicios prestados a la Corona por parte del
Calimaya y los pueblos sujetos de Metepec, Tepe-
maxalco y Chapultepec, el 19 de noviembre de 1528. 51
Margarita Loera Chávez de Esteinou, Calimaya: monogra-
Esta concesión sería ratificada por la real donación del fía municipal, Calimaya, H. Ayuntamiento de Calimaya, 1990,
p. 103-104.
emperador Carlos V al marquesado del Valle de 52
Entre los mayorazgos que la familia Cervantes logró reunir en
Oaxaca, de fecha 20 de julio de 1529, con la entrega de la época colonial destacan los de Salvatierra, de Urrutia de Vergara,
las extensas poblaciones en el México central y, en par- de la familia Cervantes, de la Llave, de Higuera, de San Nicolás y de
los condes de Santiago de Calimaya; José L. Cossío, ¿Cómo y por
quiénes se ha monopolizado la propiedad rústica en México?, México,
50
María Teresa Huerta, op. cit., pp. 161-164 y 167. Tipografía Mercantil Jesús Laguna, 1911, anexo 2.

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A N T R O P O L O G Í A

no se vieron en bancarrota. Solamente hasta prin-


cipios del siglo XIX lograron saldar sus deudas.54

Lo anterior sólo fue posible gracias al apoyo


del acaudalado comerciante y hacendado
Martín Ángel Michaus, abuelo materno de
José Juan Cervantes y Michaus, último conde
de Santiago Calimaya.
Con la extinción de los mayorazgos, los
bienes de la casa de Santiago Calimaya se fue-
ron fragmentando entre sus diversos descen-
dientes, pero las haciendas del Valle de Toluca
subsistieron durante el siglo XIX como patri-
monio de gran importancia. En 1829 la
hacienda de Atenco continuaba siendo la prin-
marido de ésta, el segundo Luis de Velasco, virrey de la cipal de su región, teniendo a su alrededor una
Nueva España.53 El de Calimaya fue uno de los títulos serie de propiedades y ranchos anexos: San Antonio,
nobiliarios más antiguos entre la elite mexicana, el cual San Agustín, Zasacuala, Tepemaxalco, San Joaquín,
haría ostensible su descendencia hasta el siglo XIX, pese Anatenango, y la vaquería de Santa María. Atenco
a la derogación y pérdida de su vigencia en los tiempos cobró fama como hacienda ganadera, de manera espe-
republicanos. cial por la cría de toros de lidia, aunque no dejaron de
Durante el siglo XVIII continuó el acaparamiento de criarse otras especies animales, lo mismo que el cultivo
tierras por parte de la familia Altamirano, a costa de los de cereales como maíz, cebada y trigo, además de haba
pueblos circunvecinos. Para confirmar legalmente sus y alfalfa. A finales del siglo XIX la hacienda y fincas ane-
avances, en el año de 1718 se expidió un documento xas dejaron de ser propiedad del clan de los Cervantes,
“de composición” de sus terrenos, en que se redefinie- después de casi tres siglos en su poder a lo largo de va-
ron los nuevos límites de las propiedades de la citada rias generaciones. Fueron vendidas a una familia de
familia. De manera muy tardía, dado que en otras apellido Barbosa, quien las retuvo hasta después de la
regiones del país la medida se aplicó un siglo atrás, en Revolución mexicana, cuando fueron fraccionadas al
1728 se suspendió la obligación del tributo de enco- implantarse la Reforma Agraria.
mienda a los condes de Calimaya. La propia historia- Dada la proliferación de haciendas propiedad de la
dora Loera Chávez de Esteinou comenta que familia Cervantes, no está de más ofrecer un cuadro
resumen de sus posesiones en el centro de México y
otras regiones del país.
[...] en realidad, la anulación de la encomienda no signi-
ficó un grave problema para los descendientes del Lic. * * * ** * * *
Juan Gutiérrez Altamirano; lo que les llevó a la ruina fue
la insistencia del Real Fisco en cobrar la cantidad recibi- Las haciendas del Valle de México estaban en íntima
da en forma ilegal (según alegaba el Fisco) varias genera- relación con el mercado y la demanda de la capital de
ciones atrás. De aquí, que se ordenó el embargo de los la república, a la que abastecían con diversos productos
bienes de [la familia] para que con su producto se cubrie- agropecuarios. Quizá por ello existía una cierta espe-
ra una alta suma. De esta suerte, los Gutiérrez Altamira-
cialización productiva en las diferentes estancias: las de
Coapa y Tlalpan estaban dedicadas a la cría de ganado
53
Doris Ladd, op. cit., pp. 264-265 y Apéndice E; Verónica
54
Zárate Toscano, op. cit., pp. 446-447. Margarita Loera Chávez de Esteinou, op. cit., pp. 107-108.

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A N T R O P O L O G Í A

Resumen de haciendas de la familia Cervantes (siglo XIX)

Fuente: José L. Cossío, ¿Cómo y por quiénes se ha monopolizado la propiedad rústica en México?, México, Tipografía Mercantil Jesús
Laguna, 1911, anexo 2.

porcino, bovino y a la producción lechera. San Ángel, Barca, quien las llegó a conocer de manera personal; las
con numerosas casas de campo, huertas y jardines, pro- más importantes eran las de San Xavier y Lechería.
ducía hortalizas y flores, y también se daba el cultivo de Debemos a la misma autora la descripción, quizás úni-
maguey y la producción de pulque; Xochimilco, Milpa ca, de esas haciendas de los Fagoaga, acompañada de
Alta y Tláhuac, por su clima semihúmedo y disponibi- un comentario sobre las vicisitudes que atravesaban sus
lidad de agua, fueron favorables para el cultivo de huer- propietarios con la inestabilidad política de la nación
tas y sus áreas chinamperas. Y finalmente, las ubicadas recién independizada:
al norte de la capital, sobre todo en Azcapotzalco y
Tlalnepantla, fueron productoras de maíz y trigo, y por […] la Hacienda (de San Francisco Xavier), que está a
cuya producción pecuaria se conformó la llamada tres leguas, más o menos, de México, es un edificio de
“cuenca lechera” de esa parte del valle. vasta e irregulares proporciones, enclavada en unos terre-
nos un tanto bajos, y que rodean unos cerros de un negro
azuloso... contiene el usual quántum de muebles de todas
Haciendas de Tlalnepantla
las casas de campo, y ciertamente ya no es motivo de sor-
presa para nosotros esa carencia de interés de los propie-
E n esta demarcación descollaban las posesiones agra-
tarios para embellecer sus residencias. Una casa que
rias de la familia Fagoaga, tan acaudalada en el siglo
puede convertirse cada año, probablemente en un cuar-
XVIII por sus inversiones en minería como lo sería en la
tel, vale más que permanezca con sus piezas desnudas y
centuria siguiente por su cantidad de fincas rústicas. no llena de elegantes muebles. Esta casona ha sido des-
Aparte de las haciendas de beneficio y de labor encla- truida más de una vez por esta misma causa, y la última
vadas en Zacatecas, la antigua Valladolid y otras zonas en que fue ocupada por las tropas la dejaron como los
del país, poseían en el Valle de México algunas de las establos de Augías […] Lechería, donde los generales
más fértiles en las jurisdicciones de Tlalnepantla y Bustamante y Paredes celebraron su última y singular
Cuautitlán. Propietarios “cuyas fincas de campo pare- entrevista, después de haber pasado viejas iglesias y otras
cen no tener fin”, a decir de madame Calderón de la haciendas, también pertenecientes a los Fagoagas, es un

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enorme caserón deshabitado, ocupado sólo por


el administrador y su familia. Es un bello edifi-
cio, y su patio interior estaba lleno de flores,
pero no teniendo jardín ni árboles cerca, tiene
un aspecto más bien de soledad […] Está rode-
ado de fértiles y productivos campos de maíz.
Permanecimos poco tiempo en la casa, y des-
pués de ver, con el debido respeto, el aposento
en donde conferenciaron los generales, volvi-
mos a montar para seguir nuestro camino.55

El casco de la hacienda de San Javier, de-


rruido al día de hoy, se ubicaba casi en el centro de zález Calderón llegaron a figurar de manera prominen-
Tlalnepantla. Los linderos de la misma se extendían te en el Consulado de México, aplicados con gran éxito
por el norte hasta las inmediaciones de los pueblos de al comercio internacional durante el siglo XVIII, y que
Tequesquináhuac, San Rafael y Santa Cecilia; por el después de la Independencia parecen haberse reducido
oriente hasta Tenayuca y por el sur hasta el camino que a sus propiedades agrarias. Se debe a dicha familia la
iba de Tenayuca a Tlalnepantla. Le pertenecían los ran- construcción del magnífico casco y capilla anexa de la
chos de San Felipe, San Rafael, San Antonio y San finca.
Sebastián (Zahuatlán). Sus tierras de labor estaban des- Oriundo de Orizaba, en la ciudad de México Bezares
tinadas primordialmente al cultivo del maíz y el era dueño de panaderías y de propiedades urbanas, entre
maguey. Pero se caracterizaba por la cría de ganado ellas su casa-habitación ubicada en el número 2 de la
lechero. Para ello contaba con establo de grandes di- exclusiva 1ª calle de San Francisco. El también regidor y
mensiones, uno de los más notables de “la cuenca juez de vagos de 1831 tuvo por hermana menor a
lechera”. Su producción, junto con el pulque, era Josefina Bezares, quien en segundas nupcias casó con
transportada en carretas a la ciudad de México por un Melchor Múzquiz, gobernador del Estado de México y
camino que atravesaba Puente de Vigas, los linderos de presidente interino de la República en 1832.57
la hacienda de El Rosario (renombrada también por su
producción lechera) y las villas de Azcapotzalco y La casa es colosal y sólo una tercera parte de ella está ocu-
Tacuba.56 pada —dice madame Calderón de la Barca, quien la visi-
En la misma municipalidad de Tlalnepantla se loca- tó en 1841, poco después de la muerte de Bezares—. Los
liza la hacienda de Santa Mónica, consagrada princi- graneros, de sólida mampostería, pueden contener cator-
palmente al cultivo y molienda del trigo. Su molino ce mil cargas de maíz. La casa se encuentra en situación
destacaba entre los más importantes de todo el Valle de dominante; la vista de las montañas, especialmente desde
los balcones del piso alto, es grandiosa [… la] inmensa
México en el siglo XVIII, y aun del XIX. A mediados de
hacienda que la tradición, no sé con qué fundamento, su-
esa centuria la finca era propiedad de Ángel Bezares, un
pone que perteneció antiguamente a doña Marina, como
pudiente comerciante y coronel de las milicias cívicas,
quien la había adquirido en 1833 de manos de Manuel 57
AHDF, Padrón de 1863, vol. 3414; Distribución de comisio-
González Calderón, heredero de una familia de la elite nes y cuarteles, 1821-1857, vol. 6226; Juan N. Valle, op. cit., pp.
comercial en las postrimerías de la Colonia. Los Gon- 46 y ss., 175-176; Leopoldo Zamora Plowes, Quince Uñas y
Casanova aventureros. Novela histórica picaresca, México, Talleres
Gráficos de la Nación, 1945, t. I, p. 132; Vicente Andrade, “Espo-
55
Madame Calderón de la Barca, op. cit., pp. 312-313, 326. sas de los gobernantes del México independiente”, citado por Sara
56
Guillermo Padilla Díaz de León, Tlalnepantla tierra de en Sefchovich, La suerte de la consorte. Las esposas de los gobernantes de
medio, Tlalnepantla de Baz, H. Ayuntamiento de Tlalnepantla, México: historia de un olvido y relato de un fracaso, México, Océano,
1984, pp. 163-165. 1999, pp. 90-92.

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regalo de Cortés [fue] propiedad de los frailes agustinos, Alcántara don Antonio de Trebuesto y Alvarado.
y luego de una familia mexicana que perdió su fortuna Abarcaba lo que son ahora las Colonias Roma y Condesa
por descuido o prodigalidad. El propietario actual la y la casa estaba situada a la entrada de Tacubaya. En
compró por una cantidad relativamente corta, y le pro- cuanto a la Hacienda de la Teja, propiedad antaño de la
duce una renta anual de treinta y cinco mil pesos, por tér- familia Sánchez Espinoza, comprendía todo lo que es hoy
mino medio. la Colonia Cuauhtémoc y parte de la de Juárez y del
Paseo de la Reforma.59
La “familia mexicana” arruinada a que se refiere
madame Calderón de la Barca son los González Cal- Eran tan extensas ambas propiedades, que inevita-
derón, quienes la habían adquirido del marqués del Valle blemente al cruzar sus campos con rumbo hacia
de la Colina en diciembre de 1764. Fue el titular de esa Tacubaya, dice don Manuel Orozco y Berra, “del
familia, José González Calderón, quien mandó construir Bosque [de Chapultepec] á Tacubaya hay solamente
el casco de la hacienda, “clara muestra del auge que, cosa de mil y quinientas varas, y el camino va practica-
tanto en las ciudades como en los campos, alcanzó la do por en medio de los terrenos pertenecientes a los
arquitectura civil en México durante el siglo XVIII”, Sres. Flores”.60
según Manuel Romero de Terreros, ex conde de Regla.58 Estanislao Flores había comprado en 1842 la hacien-
A la muerte del coronel Bezares, en 1840, sus hijos da de la Teja y sus ranchos anexos llamados los Cuartos,
la vendieron a los señores Manuel Castro, Juan de la Santa María [la Ribera] y Anzures, con la alberca gran-
Cajiga y Francisco Fuente Pérez. Al poco tiempo pasa- de de Chapultepec, a José Mariano Sánchez y Mora por
ría a manos de una familia de apellido Muriel, quien 72 mil pesos. El motivo de la venta eran las hipotecas
la retendría hasta finales del siglo, cuando en 1881 la que tenía la hacienda con varios capitales de particula-
compró un miembro conspicuo de la elite porfiriana, res y obras pías, y que el arruinado ex conde del Peñasco
Nicolás de Teresa. evidentemente no podía saldar. El monto de las hipo-
tecas ascendía a más 60 mil pesos que Flores recono-
La municipalidad de México ció y quedó obligado a pagar, exhibiendo al momento
de la compra 11 mil pesos de contado. Después de
A lgunos de los más notables propietarios de haciendas 1856 los hermanos Flores fraccionarían y urbanizarán
y potreros de los alrededores de la ciudad de México sus ranchos anexos (el de Santa María la Ribera, en
fueron los hermanos Estanislao y Joaquín Flores. Sobre particular), pues los restos de la vasta propiedad serían
estos personajes, comerciantes de El Parián, vale decir fraccionados para ser parte del desarrollo urbano em-
que lograron adueñarse de ricas y estratégicamente prendido por diversos empresarios e intermediarios,
bien ubicadas fincas y terrenos, y que con la expansión entre ellos los hermanos Escandón. De su venta surgi-
de la ciudad después de 1850 amasaron una fortuna rán, ya en la segunda mitad del siglo XIX, las colonias
con su fraccionamiento y urbanización. Destacan las Condesa, La Teja, Cuauhtémoc, Indianilla, Roma y
haciendas de la Condesa y de la Teja, la primera otrora San Miguel Chapultepec, entre otras.61
propiedad de los condes de Miravalle, y la segunda de Pero estas haciendas no fueron las únicas fincas pro-
José María Sánchez Espinoza, ex conde del Peñasco. piedad de los Chatos Flores. Numerosos potreros de los
59
Ibidem, pp. 145-147.
A la hacienda de La Condesa se le dio ese nombre porque 60
Manuel Orozco y Berra, “Alrededores de México”, en Diccio-
en la primera mitad del siglo XVIII pertenecía a la tercera nario universal de historia y geografía. México, Imprenta de F.
Condesa de Miravalle, doña María Magdalena Dávalos Escalante y Cía., 1854, t. V, pp. 1005-1011.
61
de Bracamonte y Orozco, esposa del Caballero de Jorge H. Jiménez Muñoz, La traza del poder. Historia de la
política y los negocios urbanos en el Distrito Federal, de sus orígenes a
la desaparición del Ayuntamiento (1829-1928), 1a. ed., México,
58
Manuel Romero de Terreros, Antiguas haciendas de México, Dedalo/Codex Editores, 1993, p. 14; Bertha Tello Peón, La colo-
México, Patria, 1956, pp. 108-109. nia de Santa María la Ribera, México, Clío, 1998, p. 29.

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Resumen de los hacendados entre la membresía del Tribunal de Vagos

alrededores de la ciudad pasaron a su poder de


diversa manera: el de San Cristóbal Romita, o
Romita a secas, en cuyo terreno se levantaría la
colonia Roma, fue comprado en 10 833 pesos
por el mismo Estanislao a raíz de la aplicación
de la Ley de Desamortización de los Bienes
Eclesiásticos de junio de 1856. Terreno al que
sumarán los potreros de Indianilla y El
Cuartelito que arrendaron al Ayuntamiento
de México. Como la referida Ley de Desamor-
tización daba el derecho de adjudicación a los
arrendatarios, los hermanos Flores no resulta-
ron finalmente beneficiados con la medida,
debido a que la corporación municipal pro-
movió un juicio para recobrar su propiedad.
Al ganarlo, la misma puso en remate dichos
terrenos siendo adquiridos por Antonio
Escandón y Francisco Villavicencio, quienes
habían hecho posturas para su compra. Al
fraccionarse sus terrenos se formó la colonia
Escandón.62
Tal y como se ha visto en este segmento,
cuyo resumen se presenta en el cuadro ante-
rior, los miembros de Tribunal de Vagos de la
ciudad de México fueron dueños de algunas
de las principales haciendas de la región cen-
tral del país, lo cual enfatizaba su hegemonía so-
cial y económica en tanto pertenecientes a la
elite. Con excepción de las familias propieta-
rias que sobrepasaron el entorno regional de
la capital, a través de sus posesiones es posible
identificar la zona de influencia de la ciudad
de México: el Estado de México (incluido en
éste a las actuales entidades de Morelos,
Hidalgo y parte de Guerrero) y el corredor
México-Puebla-Veracruz. Destacando las fin-
cas cerealeras de los valles de México y Toluca;
las dedicadas a la explotación del maguey y el
pulque ubicadas en las zonas de Apan,
Otumba y Texcoco, y la región sureña more-
lense centrada en el cultivo del azúcar y el
aguardiente de caña.

62
Jorge H. Jiménez Muñoz, op. cit., pp. 37-38.

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Como había sido en la época colonial, la capital de Por otra parte, es bien conocida la posición del pro-
la nueva república fue el lugar de residencia de un pio Brading acerca de la baja productividad en general
reducido grupo de propietarios y exitosos hombres de de la hacienda mexicana, que se caracterizaba por sus
empresa que labraron considerables fortunas en la agri- rendimientos decrecientes debido a diversos factores
cultura y el comercio con las provincias. Desde la capi- desfavorables que gravitaban sobre ella —y desde luego
tal controlaban muchas de las empresas del interior, sobre la clase propietaria—, por lo que la rotación en su
haciendo de la ciudad de México un eje articulador de posesión era muy alta, no más allá de tres generaciones
las diferentes áreas productivas de su entorno regional, en manos de la familia propietaria.63 Tal punto de vista
en tanto principal centro de consumo o mercado. La del influyente historiador inglés no se reduce al periodo
propiedad de la tierra fue la base de una cadena pro- colonial, que tan bien investigó para Mineros y comer-
ductiva cuya culminación era la distribución y venta de ciantes del México borbónico, sino que lo hizo extensivo a
su producción en la gran urbe. Algunas de esas familias las épocas subsecuentes del siglo XIX y principios del XX,
de la elite —entre ellas, las de integrantes conspicuos hasta la Revolución mexicana. No siendo el suyo un tra-
del Tribunal de Vagos— lograron integrar en una sola bajo monográfico sobre el tema, ni mucho menos el de
empresa las diferentes fases de ese proceso, lo mismo un especialista, se adelanta tan sólo una observación al
para dueños de ingenios de la Tierra Caliente del anti- respecto: es de llamar la atención la existencia de fami-
guo Estado de México que para haciendas pulqueras en lias de hacendados que en apariencia no se ajustaron a
Apan y Otumba. Por ello la vinculación propiedad de ese patrón general descrito por Brading. Tal es el caso de
la tierra-comercio no permite hablar, en rigor, de gru- algunas familias aquí reseñadas: los García Icazbalceta en
pos sociales independientes ubicados en una u otra la región cañera del hoy estado de Morelos, y los Adalid
esfera económica, como es dable hallar en ciertas inter- en la explotación del maguey y el pulque en Otumba y
pretaciones de la sociología histórica del periodo des- Apan. Los Cervantes representan un caso verdadera-
crito aquí. Más aún, para los miembros de la elite, mente excepcional como dueños de la tierra en México,
como han mostrado los trabajos de David Brading y permaneciendo en tal condición a lo largo de varias cen-
John Kicza para el periodo colonial, la posesión de la turias y generaciones, desde los inicios de la Colonia
tierra no era más que un campo de inversión dentro de hasta prácticamente el Porfiriato. Por ello habría que
la diversidad de sus intereses. profundizar en los mecanismos sociales, económicos y
63
políticos que permitieron a esta familia (y posiblemente
Para sus conclusiones sobre la hacienda mexicana ver pp.
otras) sobrevivir y permanecer entre la elite mexicana
296-298 de David Brading, Mineros y comerciantes en el México
borbónico (1763-1810), México, FCE, 1975. por un periodo tan prolongado.

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