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Los avances científicos, oportunidades y riesgos

El progreso de la ciencia ha mejorado considerablemente la vida cotidiana de nuestra


especie desde que esta puebla el mundo. Esta capacidad de resolver problemas ha
permitido que vivamos en una época propicia para, por ejemplo, tener una larga
esperanza de vida, así como para el disfrute de varios productos tecnológicos fruto de
los descubrimientos de la ciencia (la electricidad, la informática…). A muchos de estos
avances les ha costado ser asumidos ya que, como toda elección vital, comportan
pros y contras. No obstante, valoró muy positivamente, en términos generales, las
ventajas adquiridas del desarrollo tecnológico, ya que desconozco una ciencia que se
pueda usar únicamente con fines negativos. Así, por ejemplo, la misma tecnología
aplicada en la industria armamentística puede ser aplicada a los nuevos retos
industriales o sanitarios.

Si un avance científico universal produce inconvenientes (medioambientales,


sociales…), estos son achacables a que los humanos lo usamos con fines egoístas;
en cambio, las ventajas que produce todo nuevo hito vienen de su utilización con fines
altruistas. Por ello, si fuésemos capaces de subordinar la aplicación de la ciencia a la
idea del beneficio humano universal, podríamos ahorrarnos aquellas consecuencias
(armas nucleares, venenos químicos…) que han empañado en ocasiones una historia
de indudable progreso.

La ciencia ha acompañado a la humanidad desde las primeras civilizaciones y es


indudable que a medida que avanza el tiempo, junto con la ciencia, también lo hace la
civilización, pero ¿somos conscientes de lo que ésta puede comportar?

Por una parte, la ciencia ha ayudado notablemente al ser humano, y cierto es que ha
interferido en la vida de todos. Grandes avances científicos aguarda el futuro: cura de
enfermedades, actualmente sin solución y artilugios que nos acompañarán día a día.
Sin embargo, también es verdad que desconocemos el peligro de estos avances y
quién sabe si podrían causar catástrofes biológicas debidas a un experimento fallido o
el empeoramiento de una enfermedad tratada con nuevos métodos que podrían
resultar dañinos.