Вы находитесь на странице: 1из 5

Coleccion: Gaceta Civil - Tomo 7 - Numero 1 - Mes-Ano: 1_2014

ESPECIAL: LA PROCEDENCIA DEL CAMBIO DE


NOMBRE
Dos cambios de apellido: los casos Huamán y Mamani
Luis Cárdenas Rodríguez (*)

[-]

TEMA RELEVANTE

El autor coincide con lo decidido en dos procesos, en los que se admitió el cambio de
apellidos, en la medida en que era necesario proteger la identidad, la integridad física
y psíquica, el libre desarrollo y el bienestar de la persona, sobre todo tratándose de
menores de edad. De manera que ante las burlas sobre el apellido de un menor de
edad resultó conveniente que se acceda al cambio, lo mismo si el apellido difiere del
de los demás hermanos como ocurrió en el segundo caso, ya que se debe evitar
diferencias entre hijos.

MARCO NORMATIVO:

 Código Civil: art. 29.

INTRODUCCIÓN

Lo primero que viene a nuestra mente cuando se aborda el tema del cambio de
nombre, son los casos muy conocidos de nombres extravagantes, ridículos o
irreverentes que suelen aparecer en las noticias. Los ejemplos abundan: Garfield,
Hitler, Marciana, Batman y otros tantos1.

Pero se observará que todos estos corresponden a prenombres. Y en efecto es así por
la forma en que se emplearon, como se verifica en las respectivas resoluciones
judiciales, aunque cabe advertir que los dos primeros se usan como apellidos en sus
lenguas originarias.

Sobre los apellidos, a primera vista pareciera que sería más difícil hallar situaciones
que aconsejen su cambio, pero sí las hay.

Para no ir tan lejos piénsese en los hijos que descubren quién era su verdadero
progenitor, o cuando un padre reconoce a su hijo extramatrimonial mediando un buen
tiempo luego del nacimiento.

En las siguientes líneas se muestran otros dos supuestos sumamente interesantes en


los que el órgano jurisdiccional permitió el cambio de apellidos. En uno de ellos
incluso, se llegó a tal resultado mediante un proceso de rectificación de partidas.

I. APELLIDO OBJETO DE BURLAS

Si el apellido es objeto de mofa se accede al cambio. Así lo decidió el Tercer Juzgado


Especializado en lo Civil de la Corte Superior de Justicia de Arequipa, en el Exp. N°
00100-2012-0-0401-JR-CI-03, con fecha 30 de julio de 2012.

1. Descripción de los hechos

Un adolescente de diecisiete años lleva como apellido paterno Huamán, el cual le ha


atraído burlas durante toda su niñez y adolescencia. Por esta razón le pide a su madre
que solicite su cambio de apellido. Fue ella quien había indicado ese apellido al
momento de inscribir a su hijo, a pesar de que el supuesto progenitor no lo había
reconocido, es más este siempre se había desentendido de las necesidades del
menor.

Esta es la vívida descripción que realiza la madre de las vejaciones de que era víctima
su hijo:

“(...) desde pequeño ha sufrido humillaciones por el apellido Huamán, que lo enmarcan
como sinónimo de ‘tonto’ o retrasado, que en múltiples ocasiones al no poder realizar
alguna actividad su hijo le decían ‘eres un huamán’”.

La existencia de ese tipo de conductas contra el menor se confirma por la declaración


de la testigo, quien refiere que cuando el menor salía a jugar lo molestaban por su
apellido, diciéndole “eres un huamán”, y que incluso en ciertas ocasiones ella tuvo que
defenderlo de los insultos.

La declaración testimonial que consta en el expediente es explícita en cuanto a que las


burlas se daban tanto en la calle como en el colegio.

2. Decisión

El juez desarrolló toda una argumentación con base en el principio del interés superior
del niño, y además tomó en cuenta la declaración testimonial concluyendo que el
menor fue objeto de discriminación, por lo que se admitió el cambio de apellido según
lo había solicitado la madre.

De esta manera, se suprimió el apellido paterno del menor, y en su lugar se hizo


constar el apellido materno de la madre, es decir que el hijo terminó llevando los dos
apellidos de la madre pero en orden invertido: primero el materno y luego el paterno.

3. Valoración del pronunciamiento

Aunque no figure en la resolución se constata en la audiencia de actuación y


declaración judicial que se ordenó entre los medios probatorios de oficio un certificado
psicológico del menor emitido por personal especializado en un Centro de Salud u otro
análogo.

Esta indicación, que fue cumplida por la madre, resulta importante, por cuanto su
valoración suele formar parte de los pronunciamientos sobre cambio de nombre.

Y es que lo frecuente consiste en que se demuestre un estado de afección en el


menor. Así se abre la vía a la invocación de la protección de sus derechos
fundamentales a la identidad, a la integridad física, psíquica y moral, al libre desarrollo
y al bienestar de la persona.

Es probable que el juez haya tomado nota del resultado de la evaluación psicológica,
por más que no conste nada al respecto en su resolución estimatoria, lo que bien pudo
haber servido de sustento al criterio.

Algo que se echa de menos consiste en la opinión del adolescente. Hubiera sido
importante que se la tomara en cuenta, según lo dispone el Código de los Niños y
Adolescente en sus artículos 9 y 85.

Como punto final, llama la atención la conformación y el orden final de los apellidos del
menor. Alguien se preguntará por qué se tuvo que invertir el orden de los apellidos
maternos.

Yo aplaudo tanto la petición como la respuesta del juez, pues de haberse consignado
los apellidos maternos sin inversión alguna se caería en el peligro de revelar la
naturaleza extramatrimonial de la filiación.

Personalmente, considero que las normas de filiación deberían abandonar esa


distinción entre matrimonial y extramatrimonial, pero este es un deseo de lo que podría
ser. Mientras tanto, frente a las normas y la realidad social, puede resultar incómodo
para el hijo que se sepa este dato de su filiación, por lo cual y en prevención de todo
trato discriminatorio, la Constitución prohíbe toda mención sobre el estado civil de los
padres y sobre la naturaleza de la filiación en los registros civiles y en cualquier otro
documento de identidad.

Aunque la mención no se realice directamente en este caso concreto, igual la identidad


de apellido entre la madre y el hijo podría llevar a inferir cuál ha sido su filiación. De
modo que resulta mejor la inversión que tuvo lugar en este caso.

II. INVERSIÓN DE APELLIDOS POR UNIDAD FAMILIAR

En un caso mucho más complejo se admitió la inversión de los apellidos del padre
mediante una rectificación de partida. De manera que su apellido paterno original pasó
a ocupar el segundo lugar constando primero su apellido materno. Pero al mismo
tiempo se admitió que su hija menor de edad adecúe su propio apellido paterno
conforme al cambio realizado en los apellidos del padre y en comparación con sus
hermanos. Así lo decidió el Juzgado Mixto - MBJ Alto del Alianza de la Corte Superior
de Justicia de Arequipa, en el Exp. N° 00008-2012-0-2301-JM-CI-01, con fecha 13 de
agosto de 2012.
1. Descripción de los hechos

Una persona mayor de edad busca la inversión de sus propios apellidos Mamani P.
bajo el argumento de reconocer el apellido de su madre, quien lo crió de manera
sacrificada, tanto es así que ya cuando se mudaron a otra ciudad sin la presencia de
su padre, todos lo conocían por el apellido materno. Como circunstancia adicional,
inscribió a dos de sus hijos con ese apellido, que es el que figura en el Documento
Nacional de Identidad de cada uno de ellos.

Esta persona tiene otra hija menor de edad quien lleva el apellido Mamani, por lo que
pide se le cambie en consonancia con el de sus hermanos para favorecer la unidad
familiar y evitar diversidad de apellidos para consolidar su personalidad en forma
uniforme. Además, considera como derecho inherente de la menor, el “llevar un
nombre decoroso que le permita desarrollarse bien en su vida sin ninguna clase de
limitaciones ni le provoque marginación”.

Como apoyo de su solicitud presenta certificados psicológicos tanto el suyo como el de


su hija, en los cuales ambos presentan sentimientos de inferioridad y baja autoestima.

2. Decisión

El juzgador accedió a lo solicitado de manera excepcional, pues tuvo en cuenta que si


no admitía la solicitud, ello perjudicaría la estabilidad y desarrollo integral de los
menores que ya son conocidos con dicho apellido, es decir, de los dos hermanos cuyo
apellido paterno no era Mamani.

3. Valoración del pronunciamiento

Una primera observación tiene en la mira al propio padre. Se evidencia que la situación
la creó él mismo al decidir emplear siempre el apellido de su madre dejando de lado el
apellido paterno Mamani. Y como su evaluación psicológica indica, presenta
sentimiento de inferioridad y baja autoestima.

Por estos datos, sospecho que su argumento de que los menores tienen derecho a un
nombre decoroso, parece dirigirse de manera circular a sí mismo.

Suposiciones aparte, tengo que coincidir con el fondo de lo resuelto, a menos que los
sentimientos de inferioridad y baja autoestima de ambos, padre e hija, pudieran
revertirse de otra manera, lo que para efectos de armonización provocaría el cambio
de apellidos de los otros dos hijos, si no se quiere mantener la diferencia entre ellos.

Como consta de mi comentario al caso anterior la vigencia de los derechos


fundamentales a la identidad, a la integridad física, psíquica y moral, al libre desarrollo
y al bienestar de la persona, cuenta mucho en los supuestos de cambio de nombre.

Eso sí, la vía elegida para tramitar esta pretensión podría ser objeto de críticas, pues
es sabido que el proceso de rectificación de partidas se reserva para resolver errores
materiales y solo eso. Para cuestiones de mayor complejidad se recurre al proceso de
cambio de nombre.
CONCLUSIÓN

El análisis de las dos decisiones jurisprudenciales revela el gran valor de la casuística


en la concreción de la previsión legal que permite el cambio de nombre ante motivos
justificados.

Más allá de la conformidad con los resultados alcanzados, resalta de ambos


pronunciamientos un trasfondo social de discriminación hacia ciertos apellidos, que
considerados por sí mismos no encajarían en ninguno de los supuestos descritos en
un dispositivo derogado con relación a los prenombres: “No podrán ponerse
prenombres que por sí mismos o en combinación con los apellidos resulten
extravagantes, ridículos, irreverentes, contrarios a la dignidad o al honor de la persona,
así como al orden público o a las buenas costumbres, que expresen o signifiquen
tendencias ideológicas, políticas o filosóficas, que susciten equívocos respecto del
sexo de la persona a quien se pretende poner, o apellidos como prenombres”.

Esta actitud se refleja no solo en casos como este, sino que forma parte recóndita o
explícita de nuestra sociedad, como se ve también en los casos de hostigamiento o
acoso escolar, más conocido como bullying.

Mientras tanto, seguirán resolviéndose cambios de prenombres y apellidos, como


consecuencia de esta actitud.

(*) Abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Responsable del Área Civil de Gaceta Jurídica.
1 Me refiero a estos en especial, por tratarse de casos documentados en las publicaciones de Gaceta Jurídica.

Gaceta Jurídica- Servicio Integral de Información Jurídica


Contáctenos en: informatica@gacetajuridica.com.pe