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DESCRIPCIÓN BREVE

Las vitaminas son


sustancias que el cuerpo
necesita para crecer y
desarrollarse
normalmente. Su cuerpo
necesita 13 vitaminas.
Estas son:Vitamina
AVitaminas B (tiamina,
riboflavina, niacina, ácido
pantoténico, biotina,
vitamina B-6, vitamina B-
12 y folato o ácido
fólicoVitamina CVitamina
DVitamina EVitamina K

LABORATORIOMaestra,
MADERA HERRERA MARIA
JOSE
Alumna Gabriela flores
Ruiz

VITAMINAS
09-mayo -2018
Las vitaminas son sustancias inorgánicas que están presentes en los
alimentos y nos resultan absolutamente imprescindibles para la vida. Con
las vitaminas se puede y debe usar el término 'esencial', que quiere decir
que son necesarias para nuestro organismo, y es que, cada una de las
13 vitaminas tienen una función específica en el correcto funcionamiento
del cuerpo, siendo por ello indispensables dentro de la alimentación de
cualquier individuo.

Su carencia en el organismo de cualquier persona puede desencadenar


problemas de salud. Por ello, debemos tomarlas obligatoriamente
del exterior, ya que nosotros mismos no somos capaces de sintetizarlas
a partir de reacciones químicas. Esta regla tiene excepciones, como
veremos más adelante, ya que el organismo es capaz de sintetizar cierta
cantidad de algunas vitaminas.

En la actualidad hay descubiertas y descritas 13 vitaminas. Esto no


quiere decir que sean las definitivas. Es posible que, en algún momento,
un grupo de científicos descubra otra, a pesar de que desde 1948 no se
ha descrito ninguna. Todas ellas tienen, como mínimo, dos
denominaciones, por un lado poseen un nombre con dígitos (letras y
números) y por otro también se las conoce con una
denominación extendida, que puede referirse a su forma química o
alguna de sus funciones. Por ejemplo: ácido ascórbico es lo mismo que
vitamina C.

Ningún alimento posee todas las vitaminas necesarias para el correcto


funcionamiento del cuerpo y tampoco hay ningún alimento que no posea
ninguna. Hay vitaminas que están más extendidas que otras en la
naturaleza y se encuentran presentes en muchos alimentos y otras que
se concentran en un grupo más reducido de alimentos.

¿Para qué sirven las vitaminas?


Cada uno de estos componentes posee funciones concretas y
específicas, que son irremplazables. Por este motivo, si se produce un
desajuste en sus niveles (hipo o hipervitaminosis) o existe una ausencia
de las mismas (avitaminosis) el organismo no trabaja bien y se
producirán alteraciones. La mayoría de las vitaminas funcionan, entre
otras cosas, como cofactores o co-enzimas de reacciones químicas. Es
decir, son elementos imprescindibles para que esa transformación,
minúscula pero constante, tenga lugar en nuestros órganos. Por ejemplo,
sin vitaminas no se puede obtener energía a partir de los alimentos o no
funciona bien el sistema defensivo frente a infecciones o las conexiones
neuronales de nuestro sistema nervioso se ven alteradas.

Las vitaminas no aportan energía al organismo, es decir, son nutrientes


acalóricos. Por este motivo, en una dieta hipocalórica o adelgazante, no
hay que reducir el aporte vitamínico.

¿Qué cantidad de vitaminas hay que tomar?


Cada una de ellas posee una recomendación de consumo específica que
suele ser bastante pequeña y está ajustada a características y
situaciones como sexo, edad, embarazo o lactancia. Sin embargo, y a
pesar de necesitar mínimas cantidades vitamínicas, si no mantenemos
una alimentación completa y muy variada tomando de todos los grupos
de alimentos, desarrollar carencias con algunas vitaminas no es tan
infrecuente.

Además de todo esto, algunas vitaminas son muy sensibles a las


condiciones ambientales y pueden inactivarse dejando de ser útiles. La
incidencia directa de la luz solar, el calor o incluso la propia solubilidad de
algunas, hace que se puedan degradar antes o durante su ingesta.

Requerimientos especiales de vitaminas


Existen diferentes etapas en la vida como la infancia, el embarazo o la
lactancia, donde nuestro cuerpo requiere un incremento de estas
vitaminas, este suplemento deberá ser prescrito por un médico, ya que
como decíamos, su ingesta abusiva (hipervitaminosis) también puede ser
perjudicial para la salud.

El consumo de alcohol, tabaco o diferentes drogas pueden generar un


elevado gasto vitamínico, lo que conviene tener en cuenta a la hora de
elaborar la dieta diaria
La vitamina A, identificada y aislada entre 1908 y 1913, fue la primera vitamina en ser
descubierta. También conocida como retinol, puede ser sintetizada en nuestro
organismo a partir de su precursor o provitamina, el beta-caroteno. Este compuesto,
el carotenoide más abundante en la naturaleza, es por tanto el nutriente esencial que
nuestro cuerpo necesita para formar la vitamina A. El beta-caroteno otorga los colores
rojo, naranja y amarillo a los vegetales que lo contienen, por lo que es muy fácil de
identificar.
La vitamina E pertenece a un conjunto de compuestos denominados tocoferoles, de
entre los cuales el más activo es el alfa-tocoferol, es decir, la propia vitamina E. Esta se
identificó por primera vez en 1922 y es conocida como la “vitamina del corazón”, por
su importante papel en la prevención de enfermedades cardiovasculares. Aunque la
vitamina E es resistente a la cocción, puede destruirse al entrar en contacto con la luz,
el aire, las frituras, los ácidos grasos poliinsaturados y la hidrogenación.
La vitamina K o naftoquinona es el nombre genérico que recibe un grupo funcional
compuesto por tres vitaminas: la vitamina K1 o filoquinona, presente en alimentos
vegetales; la vitamina K2 o menaquinona, producida de forma natural en nuestro
intestino; y la vitamina K3 o medianona, sintetizada de forma artificial para elaborar
suplementos. Esta vitamina, descubierta en 1935, es resistente a la cocción y el
almacenamiento, aunque la presencia de luz puede destruirla.
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¿Para qué sirven?
La vitamina A interviene en la formación y en el mantenimiento de
numerosos tejidos: dientes, huesos y otros tejidos de color blanco, membranas
mucosas y piel. Junto con otros carotenoides, fortalece el sistema inmunitario,
actuando especialmente en la prevención de enfermedades infecciosas relacionadas
con los tejidos anteriores, como las respiratorias (anginas, gripe, resfriados, faringitis,
sinusitis, bronquitis) o las alteraciones de la piel (eccema, acné, herpes, descamación,
úlceras). Por otra parte, la vitamina A realiza una función muy importante en el
mantenimiento de una buena visión, ya que genera los pigmentos de la retina y
previene la formación de cataratas, la conjuntivitis y el glaucoma. Asimismo, esta
vitamina actúa como antioxidante, por lo que presenta propiedades
anticancerígenas, sobre todo en relación con el cáncer de pulmón, boca, estómago,
piel y pecho, así como la leucemia; y antidegenerativas, colaborando en la prevención
y el tratamiento del Alzheimer. Finalmente, la vitamina A interviene en la reproducción
y el desarrollo embrionario, protege la piel de las radiaciones ultravioletas y previene
enfermedades cardiovasculares y la pérdida de audición.
Como antioxidante, la vitamina E protege los diferentes tejidos corporales de la
acción de los radicales libres, tanto los generados en el propio organismo como los que
proceden del exterior (producidos por humos y otras sustancias contaminantes),
previniendo o aliviando enfermedades degenerativas (artritis reumatoide, artrosis,
Alzheimer, Parkinson), así como varios tipos de cáncer (cáncer de colon en hombres,
cáncer de pecho y cuello de útero en mujeres). Esta propiedad le permite también
participar en el mantenimiento del sistema circulatorio, previniendo la
arterioesclerosis y los depósitos de colesterol, disminuyendo así las probabilidades de
sufrir un infarto, una angina de pecho o una embolia, mejorando la circulación de las
piernas y evitando los calambres. La vitamina E también mejora la visión, previniendo
la formación de cataratas. Asimismo, fortalece el sistema inmunitario, aumentando el
número de leucocitos y evitando infecciones. En cuanto a sus funciones en el sistema
nervioso, protege la integridad y estabilidad de la membrana de las neuronas, lo que
retrasa su envejecimiento, disminuye las pérdidas de memoria y puede aliviar ciertos
trastornos. Esta vitamina también presenta numerosos beneficios para la salud
femenina, estabilizando y regulando la producción de hormonas, aliviando los
trastornos de la menstruación, como el dolor de pecho, y los síntomas de la
menopausia, disminuyendo la incidencia de abortos y vaginitis, y facilitando el
embarazo y el parto. Finalmente, la vitamina E interviene en la formación de glóbulos
rojos y en el aprovechamiento de la vitamina K, se utiliza para tratar la diabetes y el
alcoholismo, mejora la cicatrización de quemaduras y protege contra la anemia.
La vitamina K favorece la coagulación de la sangre (permite que se cierren las
heridas, previene hemorragias internas, reduce el exceso de sangrado menstrual, evita
que sangre la nariz o que se produzcan hematomas con facilidad, se emplea
terapéuticamente para reducir las pérdidas de sangre antes y después de una
operación quirúrgica o del parto) a través de su actuación sobre el hígado, mediante la
cual este sintetiza una serie de factores de coagulación, de entre los que destaca la
protrombina. Esta vitamina también participar en el metabolismo del calcio en
los huesos, favoreciendo su mineralización y la reabsorción de calcio en el riñón, por
lo que puede utilizarse terapéuticamente para prevenir la osteoporosis y las fracturas
de huesos. La vitamina K también colabora en la formación de proteínas, impide la
formación de depósitos de colesterol, puede aliviar los espasmos menstruales y se
emplea para tratar ciertos tipos de cáncer.
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¿Cuáles son las fuentes vegetales de estos nutrientes?
Los beta-carotenos están presentes en vegetales de colores rojo, naranja y amarillo,
tanto frutas (albaricoque, melón, mango, nectarina, papaya, caqui, melocotones,
pomelo, sandía) como hortalizas (zanahoria, calabaza, batata, tomate, pimientos rojos
y amarillos, boniato). Cuanto más intensos sean estos colores, mayor es el contenido
de beta-carotenos en dichos alimentos. Las verduras de color verde oscuro (acelgas,
espinacas, berros, albahaca, espárragos, lechuga) y las coles (brócoli, coles de
Bruselas, col rizada) también son ricas en beta-carotenos, aunque no presentan los
colores anteriores debido al predominio de la clorofila. Asimismo, encontramos beta-
carotenos en el alga norI y en algunas frutas secas, como las ciruelas.
La vitamina E está presente en numerosos alimentos vegetales, siendo
particularmente abundante en aceites vegetales no refinados (como el aceite de oliva
virgen o el de girasol), frutos secos (nueces, almendras, avellanas), semillas (girasol,
sésamo, lino) y ciertos derivados de los cereales (como el germen de trigo y los
diferentes panes integrales). Asimismo, podemos encontrar esta vitamina
en verduras de hoja verde y coles (espinacas, espárragos, brócoli), frutas (aguacate,
mango, aceitunas, manzanas) y en otros alimentos como el alga hijiki, el tomate, o los
germinados.
Por su parte, la vitamina K está presente en verduras de hojas verdes (lechuga,
espinaca, repollo, espárragos, perejil, hojas de nabo) y coles (col, coles de Bruselas,
coliflor, col rizada, brócoli), así como en legumbres (lentejas, guisantes,
garbanzos), cereales (germen de trigo, germinados de alfalfa), frutas (aguacate, kiwi,
plátano), aceites vegetales (oliva, girasol, maíz), hortalizas (tomate, apio,
calabaza), semillas y frutos secos(semillas de girasol, pistachos), algas (nori, hijii) y
verduras fermentadas.
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¿En qué cantidad debemos consumirlos?
Aunque las cantidades diarias recomendadas de vitamina A varían, generalmente se
aconseja consumir 800 microgramos a las mujeres y 1000 a los hombres. La cantidad
máxima recomendada es de 3000 microgramos, pero esta no se aplica cuando la
fuente de vitamina es el beta-caroteno, ya que nuestro cuerpo sólo transforma la
cantidad necesaria, almacenando el resto en el hígado y otros tejidos grasos. En caso
de una ingesta elevada de beta-carotenos, se produce una pigmentación anaranjada
en las palmas de pies y manos, que desaparece cuando se regulariza su consumo y
que resulta inocua para nuestro organismo. Si se consume vitamina A en suplementos
o alimentos enriquecidos, sí es posible sufrir una intoxicación, que puede llegar a ser
letal para los niños.
Entre los síntomas de avitaminosis, encontramos el deterioro progresivo de la visión
(ojos secos, falta de lagrimeo, enrojecimiento de los ojos, xeroftalmia, ceguera nocturna
y ceguera), alteraciones en las uñas, los dientes, la piel, el cabello, y las mucosas,
reducción de la resistencia a infecciones, inapetencia, pérdida de olfato, fatiga y retraso
en el crecimiento. La posibilidad de sufrir esta avitaminosis aumenta en quienes abusan
del alcohol o padecen una enfermedad que les impide asimilar las grasas, como la
fibrosis quística o la enfermedad de Crohn. La hipervitaminosisprovoca descamación
de la piel, sequedad de las mucosas, pérdida de cabello, visión borrosa, irritabilidad,
depresión, náuseas, vómitos, diarrea, fiebre, dolor de cabeza y abdominal, debilidad
muscular, insomnio, fatiga, pérdida de peso y anemia. En caso de llegar a niveles
tóxicos, puede provocar el crecimiento del bazo y dolor en las articulaciones, así como
disminución de la masa ósea. Esta toxicidad aumenta cuando se produce un consumo
excesivo de alcohol o en caso de fallos renales o hepáticos. No obstante, es necesario
insistir en que la hipervitaminosis sólo se produce si se consumen suplementos o
alimentos enriquecidos en vitamina A, nunca a partir de alimentos vegetales, pues estos
sólo contienen beta-carotenos, cuyo exceso resulta inocuo para nuestro organismo.
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La cantidad diaria recomendada de vitamina E es de 15 miligramos. No obstante, esta
dosis se considera muy baja para que la vitamina pueda llegar a tener efectos
terapéuticos, los cuales tendrían lugar a partir de una ingesta de 200 o incluso 500
miligramos, cantidades que sólo se alcanzan acudiendo a suplementos vitamínicos. En
cualquier caso, se recomienda no sobrepasar los 1000 miligramos de vitamina E,
aunque la toxicidad de esta vitamina es muy baja. La ingesta de vitamina E debe
aumentarse cuando se utilizan anticonceptivos orales, y no suele resultar peligrosa más
que para las personas que tienen problemas de coagulación o van a someterse a una
intervención quirúrgica, ya que puede provocar sangrados. El déficit de vitamina E
aparece en personas que padecen una enfermedad que les impide asimilar las grasas,
como la fibrosis quística o la enfermedad de Crohn, así como en el caso de problemas
en el hígado que impiden su absorción, dietas bajas en grasas y medicamentos como
los antiácidos o los empleados para el tratamiento del colesterol. Para mejorar los
niveles de vitamina E en estas situaciones, se recomienda emplear suplementos
vitamínicos, preferiblemente durante las comidas. Los niveles de vitamina E también
pueden descender debido a una insuficiencia de zinc.
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Entre los síntomas de avitaminosis se observa falta de vitalidad, apatía, irritabilidad,
disminución de la energía física, dificultad para mantener el equilibrio, piernas pesadas,
pies hinchados, varices, retención de líquidos, anemia hemolítica (destrucción de
glóbulos rojos), alteraciones oculares, daños en el sistema nervioso, falta de
concentración, respuesta inmune disminuida, debilidad o atrofia muscular, e incluso
pérdida de la potencia sexual. La hipervitaminosis puede aumentar la tendencia a
hemorragias, deteriorar la función de los glóbulos blancos, causar mareos, cefalea,
hipertensión, fatiga, dolores abdominales, náuseas, diarreas, visión borrosa y
problemas en la libido, así como disminuir la resistencia a infecciones y la presencia de
vitamina C en sangre.
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La cantidad diaria recomendada de vitamina K oscila entre 65 microgramos para
mujeres y 80 para hombres, hasta 90 o incluso 120 microgramos para ambos. No
obstante, se calcula que, siguiendo una alimentación variada y manteniendo la flora
intestinal en buenas condiciones, la media de absorción diaria de esta vitamina se sitúa
entre los 300 y los 500 microgramos. La vitamina K sintética o medianona puede
resultar tóxica en dosis excesivas, ya que se almacena en la sangre y provoca anemia
hemolítica y daños en el hígado. En las mujeres embarazadas, esta toxicidad produce
sofocos, sudoración y presión en el pecho; en los bebés, reacciones alérgicas y daño
cerebral. Las formas de vitamina K natural, filoquinona y menaquinona, son
almacenadas en el cuerpo sin producir toxicidad. Por su parte, factores como las grasas
rancias, la radiación, los rayos X, la aspirina y la polución ambiental pueden destruir la
vitamina K.
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La avitaminosis de vitamina K puede causar fragilidad capilar y hemorragias en
cualquier parte del cuerpo, incluyendo el cerebro, la médula espinal y el tracto intestinal,
así como abortos espontáneos, sangrado de la nariz, enfermedades celulares y diarrea.
Aunque esta carencia es poco común, afecta a personas que padecen enfermedades
que impiden la asimilación de las grasas, que presentan lesiones u otras alteraciones
en el tracto gastrointestinal, a celiacos y a quienes sufren insuficiencia biliar o una mala
utilización hepática, así como a aquellas que consumen antibióticos, medicamentos
contra el colesterol y la epilepsia, anticoagulantes o altas dosis de vitaminas A y E de
manera prolongada. Por otro lado, esta carencia de vitamina K también puede provocar
deposiciones de calcio en tejidos blandos, como las paredes de los vasos arteriales, lo
que conlleva el desarrollo de arterioesclerosis; así como malformaciones del desarrollo
óseo como la calcificación de los cartílagos. Los recién nacidos también pueden
presentar síntomas de avitaminosis, ya que carecen de las bacterias que la sintetizan
en el intestino y no poseen reservas hepáticas, pues el difícil que esta vitamina atraviese
la placenta. Por eso es necesario estar alerta ante la aparición de hemorragias en ellos,
ya que pueden resultar letal
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