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A. Crisis de México de 1994-1995 Por Jorge Esquivel Rojas y Guiselle Víquez Jiménez.

(Maestría en
Administración de Negocios, UNED, 2006)

1. Introducción

El objetivo de este trabajo es realizar una investigación sobre la crisis económica que afectó a México durante los años
1994-1995 y subsiguientes. Esto con el fin de analizar cuáles fueron las principales causas que ocasionaron esta crisis,
las posibles alternativas que pudieron haberse adoptado para evitarla o minimizarla, las acciones que finalmente tomó el
gobierno de turno y las implicaciones de estos hechos tanto a nivel de México como del resto de Latinoamérica.

2. Origen de la crisis

Desde finales de la década de los setenta, cuando se dio una abrupta devaluación del peso mexicano quedó claramente
establecido el agotamiento del modelo proteccionista que había venido utilizando este gobierno. Posteriormente, los
gobiernos de José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, todos pertenecientes
al mismo partido político PRI, que estuvo en el poder desde 1929, dirigieron a México hacia una apertura comercial de
alguna manera indiscriminada, que llevó al país a caer en varias crisis económicas, las principales presentadas en 1976,
1982 y 1994.

En 1988 asume el poder de la República en México Carlos Salinas de Gortari, cuyo gobierno abiertamente neoliberal dio
especial atención a la atracción de inversión extranjera; asimismo, durante esta administración se privatizó la banca
nacional, la cual había sido nacionalizada hacia apenas doce años atrás por el presidente José López Portilla. La política
de este gobierno, según Medina (1996), se basó en una apertura comercial indiscriminada, una atracción de capital
extranjero especulativo y sobre todo en una contención de los salarios de la población que, en quince años, habían
perdido ya alrededor de 70% de su poder adquisitivo.

Por otra parte, el gobierno del presidente Salinas impulsó una lucha contra la inflación, la cual era un obstáculo para que
la estrategia exportadora del gobierno se pudiera completar. Ya en diciembre de 1987, el gobierno había anunciado “una
política de ingresos con disciplinas en el orden fiscal monetario. El objetivo explícito era reducir la inflación, mediante la
eliminación de su componente inercial, sin afectar el crecimiento económico” (Millán, 1999).

Para ello, la política de control


de la inflación se basó en
esquemas de concertación entre
los principales empresarios,
sindicatos y organizaciones
campesinas, con el fin de
controlar las demandas
salariales y las solicitudes de
mayores precios de garantías
de los agricultores. La estrategia
de control de la inflación fue
sumamente exitosa, al punto
que la inflación descendió de
160 por ciento en 1987, a 7 por
ciento en 1994 (Gráfico.No.1); y
durante ese periodo, el producto
interno bruto (PIB) mostró tasas
de crecimiento positivas (Grafico
No.2). Sin embargo, a pesar de
que la inflación descendía, el
déficit de la cuenta corriente de
la balanza de pagos crecía desmedidamente. Según Del Villar (1997) “En 1994, el déficit en cuenta corriente alcanza los
28.8 mil millones de dólares, financiado en parte con flujos de capital de corto plazo”.

Este comportamiento de la balanza de pagos fue el que, al final, condujo a la crisis debido al abuso del manejo del tipo
de cambio y de la política comercial para reducir la inflación. El tipo de cambio se mantuvo bajo estricto control del
gobierno hasta el punto que el peso mexicano se encontraba sobrevaluado.

En cuanto a la política comercial, el gobierno neoliberal mexicano provocó una acelerada apertura al comercio
internacional en detrimento de la producción nacional, tal y como lo señala Aspe (1993, citado por Millán, 1999), el
arancel máximo descendió de 40 a 20 por ciento, mientras la gama de tasas por este rubro se redujo a cinco; el arancel
promedio, que en 1985 era de 22.6 por ciento, para 1988 había alcanzado un porcentaje de 13.1; y la cobertura de los
permisos previos pasó de 21.2 a 9.1, de 1988 a 1991.
Sin embargo, a pesar del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos (ver Gráfico No.3), el nivel de las reservas
internacionales de México había estado en crecimiento desde 1988. Este comportamiento, según Aspe (1993, citado por
Millán, 1999), se debía a “una acelerada expansión
de la inversión –financiada en forma directa con la
repatriación de capitales, los flujos de inversión de
compañías extranjeras y préstamos voluntarios del
sector privado. Consecuentemente, a pesar de la
magnitud del déficit, se acumularon reservas que en
noviembre de 1991 fueron aproximadamente 16 mil
millones de dólares, el nivel más alto alcanzado en
México”.

Por otra parte, a partir de la renegociación de la


deuda externa en 1990, hay una creciente entrada
de capitales, que llegó a 33,308 millones de dólares
en 1993 (4,389 millones en inversión extranjera
directa, 10,717 millones en renta variable y 18,203
millones en renta fija), debido a las expectativas favorables sobre la economía. (Del Villar 1997).

Así, el saldo positivo de las reservas provenía de entradas


masivas de capital, la economía mexicana empezó a
depender fuertemente de los flujos de capital colocados en
activos financieros, que pasaron a representar la principal
inversión extranjera en el país. De acuerdo con Millán
(1999), el riesgo comenzó cuando esos recursos se fueron
trasladando del mercado de capitales hacia, por ejemplo,
títulos de gobierno que ofrecen perfiles de vencimiento más
cortos. Entonces, la estabilidad del tipo de cambio y de las
condiciones macroeconómicas dependía de la permanencia
de esos capitales de índole especulativa.

De acuerdo con Thurow, citado por Oddone (2004), una de


las principales causas de la crisis de México fue la recesión
económica que enfrentó Estado Unidos a inicios de la
década de los 90 “Debido a las bajas tasas de interés bancario destinadas a combatir la recesión 1990-91, cientos de
millones de dólares pasaron de las cuentas de ahorro norteamericanas a los fondos mutuales de más alto rendimiento.
Pero para obtener mayor rendimiento, los gerentes de los fondos mutuales tenían que obtener más altas ganancias y
con esa finalidad enviaban su dinero a México. Cuando las tasas de interés de los EE. UU. volvieron a subir, los mismos
gerentes comenzaron a repatriar el dinero. Con el dinero que salía en grandes cantidades y déficit en la cuenta corriente,
era sólo una cuestión de tiempo hasta que México agotara sus reservas de divisas”.

Ya para inicios de 1994 era claro que la economía mexicana estaba al borde de una crisis, debido a la situación de la
balanza de pagos y una inestable situación política, según Oddone (2004) “la rebelión en el estado de Chiapas y los
asesinatos políticos. El levantamiento zapatista sucedido el 1 de enero de 1994, fecha en la cual entraba en vigor el
Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, conocido por sus siglas en inglés NAFTA (en
castellano: TLCAN). El asesinato el 23 de marzo de Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI. El vacilante
comienzo de Ernesto Zedillo, y el peso de la figura de su hermano y finalmente el asesinato del ex secretario general del
PRI, Francisco Ruiz Massieu, en medio de un acto partidista, conspiraron contra la estabilidad política y económica de
México y disminuyeron la confianza internacional de los inversores”.

A pesar de toda esta situación, el gobierno de Salinas no tomó ninguna medida preventiva, por lo que esta política
económica emprendida por el gobierno mexicano, desembocó en una nueva crisis de balanza de pagos, en una abrupta
devaluación del peso y en una caída del producto interno bruto nacional. En un momento en que los mexicanos estaban
confiados en que la política del presidente Salinas y de sus antecesores habían colocado a México en un puesto de
preferencia a nivel latinoamericano y mundial.

Sin embargo, la situación real que se vivía era muy diferente, de acuerdo con Del Villar (1997) “para evitar un ajuste
cambiario, el gobierno aumenta la emisión de títulos denominados en dólares (Tesobonos). Para finales de 1994, el 74%
del total de valores gubernamentales en poder del público era en Tesobonos (en 1993 era de sólo el 4%), por lo que las
internacionales reservas netas de Tesobonos eran negativas”.

Como lo señala Kozikowski (2000), “en el ambiente político que prevalecía en la primavera de 1994, la devaluación
parecía poco atractiva como opción de política económica. Por otro lado, estaba el compromiso, plasmado en los pactos
de solidaridad renovados cada diciembre de mantener el tipo de cambio dentro de la banda de flotación. La devaluación
habría significado romper el pacto por parte del gobierno. Por otro lado, la proximidad de las elecciones federales en
agosto de 1994 no permitía al gobierno adoptar medidas impopulares”.
Es importante señalar que no existe evidencia de que el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y
Canadá (TLCAN), que había entrado en vigor en enero de 1994, haya tenido algún margen importante de incidencia en
la crisis de México del 94.

3. Análisis de Alternativas de Política Económica

De acuerdo con Kozikowski (2000), “lo mejor hubiera sido devaluar el peso en marzo de 1994, cuando todavía las
reservas monetarias eran bastante cuantiosas. Una devaluación de 20%, acompañadas de políticas fiscal y monetaria
restrictivas, probablemente hubiera sido suficiente para restablecer el equilibrio de la balanza de pagos y la confianza de
los mercados financieros. La devaluación aunada a las políticas restrictivas habría desacelerado el crecimiento
económico, que ya de por sí era bastante anémico, y reducido el nivel de vida de la población, pero habría permito evitar
el desastre de 1995.”

De acuerdo con este autor, las únicas opciones políticas viables eran:

i. Devaluar el peso y luego defender el tipo de cambio con las reservas y con políticas fiscal y monetaria restrictivas.
ii. Declarar la libre flotación del peso y dejar que el mercado estableciese la nueva paridad.
iii. Defender el tipo de cambio, pero sin esterilización. Esto habría provocado una severa recesión justo antes de las
elecciones, pero habría acabado la catástrofe.

Otras consideraciones que el gobierno puedo haber valorado, antes de realizar una devaluación agresiva que generó el
caos entre los inversionistas son:

i. Realizar un proceso de devaluación lento pero constante del peso mexicano que corrigiera el problema de la
sobrevaloración del mismo, pero de una manera paulatina y no abrupta.
ii. Sustituir las inversiones financieras de corto plazo por inversiones de largo plazo que fortalecieran el crecimiento
económico del país.
iii. Reducir al máximo el gasto público.
iv. Promover la producción nacional y desestimar las importaciones para reducir el déficit de la balanza de pagos.
v. Mantener a la población informada de la situación económica del país, pero con una visión de que la misma estaba
bajo control.

Como lo señala Millán (1999), “una devaluación a tiempo habría impedido proseguir con el programa contra la inflación,
pero hubiera evitado la crisis de 1994, por una sencilla razón: el nivel de reservas internacionales. Cuando la
modificación abrupta del tipo de cambio obedece al agotamiento de estos activos, las políticas fiscales y monetarias
tienen que emprender un camino muy restrictivo, con la finalidad de restituir lo más pronto posible un nivel adecuado de
reservas.”

4. Desarrollo de la Crisis

De acuerdo con Kozikowski (2000), “el déficit de la cuenta corriente, financiado con un superávit en la cuenta de capital,
aumenta la deuda externa y el servicio de la misma, lo que deteriora la cuenta corriente en el futuro”. Dado que para
1994, el déficit de la cuenta corriente superaba el superávit de la cuenta de capital, se produjo una reducción en las
reservas monetarias internacionales mexicanas.

En febrero de 1994, las reservas de México eran de 29,000 millones de dólares, pero para diciembre de ese mismo año
se redujeron a 6,000 millones de dólares y al momento de tomarse la decisión de devaluar (20 de diciembre de 1994)
ascendían a solo 3,500 millones de dólares. A esto se debe sumar el déficit en la cuenta corriente que en 1994 alcanzó,
aproximadamente, 25,500 millones de dólares que equivalen al 8 % del PBI mexicano.

En diciembre de 1994 llega a la presidencia de México Ernesto Zedillo, también proveniente del Partido Revolucionario
Institucional (PRI), encontrando una situación económica y política muy complicada, lo cual estaba generando un
proceso especulativo entre los inversionistas nacionales y extranjeros que preveían que el peso se devaluaría
inevitablemente. Como lo indica Kozikowski (2000) “a partir de ese año, una serie de acontecimientos de naturaleza
política y criminal deterioraron la imagen del país y pusieron en dudas las perspectivas del mismo. Al actuar los factores
no monetarios en contra de México, el tipo de cambio real subió, por lo menos en la percepción de los mercados… Si el
tipo de cambio real sube y el tipo de cambio nominal se mantiene constante, se produce un desequilibrio. Los agentes
económicos empiezan a comprar dólares porque están convencidos de que su precio subirá pronto”.

Una vez en el poder Ernesto Zedillo, y ante la situación económica del país, el gobierno mexicano decidió realizar una
devaluación abrupta del peso. Zedillo decidió establecer un sistema de libre flotación del peso el cual pasó, en el término
de una semana, de 3.4 pesos por dólar a 7.2 pesos por dólar o sea una devaluación del 110%. Una vez que el gobierno
dejó de controlar el tipo de cambio, el peso perdió la mitad de su valor, lo cual generó dificultades para atender las
deudas en dólares. Esta fuerte devaluación, más el hecho de haber anunciado a los inversionistas que la misma se iba a
llevar a cabo, fue declarado por el expresidente Salinas como el “error de diciembre”, en parte como una estrategia para
tratar de echarle la culpa del problema al presidente Zedillo.
De acuerdo con Millán (1999), las principales medidas adoptadas por el gobierno fueron: “el alza en las tasas de interés,
mediante una política monetaria restrictiva que redujo el nivel de la economía; el incremento de tasas impositivas que
gravaban el gasto (Impuesto al Valor Agregado); y la reducción del gasto público, en términos reales. Con tales acciones
se buscó reducir el gasto en consumo y en la inversión para aumentar los niveles de ahorro privado, por un lado; y por el
otro, convertir en superávit, el déficit público: es decir, aumentar el ahorro interno de tal forma que se reflejara en una
disminución del externo, representado por el saldo negativo en la cuenta corriente de la balanza de pagos.”

Esta situación aunada a la caída de las reservas internacionales y el creciente déficit en cuenta corriente, generaron la
especulación de los inversionistas y la fuga de capitales. Asimismo, se incrementaron los índices de desempleo y los
niveles de ingreso de la población disminuyeron aceleradamente.

Las principales consecuencias de la crisis fueron:

• El Producto Interno Bruto cayó en un 6% durante 1995.


• El dólar se cotiza en mayo de 1996 en 7.5 pesos, 3 puntos más que en 1994.
• Hay cerca de cinco millones de personas en desempleo abierto dentro de una Población Económicamente
Activa (PEA) de 33 millones de mexicanos o sea el 15%.
• El déficit comercial de México hacia el exterior había llegado de 1991 a 1994 a 50,860 millones de dólares.
• La deuda externa se había elevado significativamente a la cantidad de 173,400 millones de dólares.
• El salario mínimo se encuentra en un promedio de tres dólares por ocho horas de trabajo mientras que, por
ejemplo, en Estados Unidos cada hora de trabajo tiene un salario mínimo de cuatro dólares.

Ante esta situación, uno de los sectores más afectados fue el sector financiero, ya que después de la privatización de la
banca estatal, las instituciones financieras habían otorgado indiscriminadamente créditos, especialmente para la
adquisición de bienes inmuebles. Como es lógico, ante la crisis que experimentaba la económica mexicana y la abrupta
devaluación de peso, muchos deudores se vieron ante la imposibilidad de hacerle frente a estas deudas, con los
consiguientes problemas de morosidad para las entidades financieras. Por otra parte, con el fin de evitar más fuga de
capitales, se incrementaron a tal punto las tasas de interés que la tasa pasiva pasó de 18 a 49 por ciento de 1994 a
1995. Esta situación llevó a una crisis del sistema financiero mexicano.

5. Después de la Crisis

La crisis se concretó en 1995 a raíz de una devaluación abrupta como medida inevitable ante la imposibilidad de
mantener los niveles deseados de tipo de cambio y a una profunda caída del nivel de reservas internacionales; lo
anterior, aunado a un repunte de la inflación provocado por la devaluación.

Ante esta situación, la ayuda de Estados Unidos, de los Organismos Internacionales y de otros países no se hizo esperar
otorgándole a México, de acuerdo con Oddone (2004), “20.000 millones de créditos norteamericanos de urgencia del
fondo de estabilidad cambiaria federal. Más de 10.000 millones del FMI, 7.800 millones del BPI, 3.000 millones del
Banco Mundial y del Banco Interamericano, 1.000 millones de otros países latinoamericanos”.

Adicionalmente, el gobierno mexicano tomó importantes medidas para propiciar la salida de la crisis (Del Villar, 1997):

• El Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica (AUSEE) de enero de 1995 otorgó un aumento a
los salarios mínimos de 7% e impuso un tope de 12 mil millones de pesos al crédito del Banco Central para
1995.
• En marzo de 1995 se adoptó el Programa de Acción para Reforzar el AUSEE (PARAUSEE), que aumenta el
IVA de 10% a 15%, reduce el gasto en 10%, reduce el límite al crédito del Banco Central a 10 mil millones de
pesos para 1995, y otorga un nuevo aumento a los salarios mínimos del 12%. Sin embargo, el anuncio a finales
de agosto de una cifra de crecimiento del PIB menor a la esperada y las presiones cambiarias de septiembre de
1995 hicieron necesario reforzar las medidas antes mencionadas.
• En octubre de 1995 se anuncia la Alianza para la Recuperación Económica (ARE), en la que se planea un
incremento gradual de las tarifas de la gasolina, de otros energéticos y de bienes públicos.
• Además, se planea una reducción del gasto público y un aumento del 10% adicional para los salarios mínimos.

A partir de estas medidas el dólar se estabilizó a 6 pesos y por los siguientes dos años se mantuvo entre 7 y 7.7 pesos
por dólar.

Por otra parte, como se indicó anteriormente, la crisis económica desató también una crisis financiera, provocada por la
morosidad en carteras de créditos vencidos que los deudores no estuvieron en capacidad de honrar. Para recuperar el
sistema financiero, el gobierno se vio en la necesidad de establecer una estrategia de apoyo al sistema bancario con
medidas como:

• Establecimiento de una Ventanilla de Liquidez en dólares (préstamos) como apoyo al sistema bancario.
• Establecimiento del programa de Capitalización Temporal (PROCAPTE) que permitía a los bancos acceder a
fuentes alternas de capital en un ambiente más favorable.
• Se realizan reformas legales para permitir una mayor participación extranjera en los bancos nacionales.
• Se implementó un esquema de reestructuración de cartera por medio de Unidades de Inversión (UDI).
• Se estableció un programa de capitalización y de compra de cartera por parte del gobierno.
• Se estableció un programa de apoyo a deudores y otro para créditos corporativos.

Esto generó pérdidas al gobierno mexicano ya que gran parte de esta deuda no pudo ser recuperada.

El impacto de la crisis en la sociedad mexicana ha sido grande a pesar de que la economía se pudo recuperar en un
periodo relativamente corto, como lo señala Medina (1996) “el modelo económico mexicano ha seguido produciendo
riqueza, pero acumulada en unos pocos, de manera escandalosa, mientras que la mayoría de las pequeñas y medianas
empresas y los trabajadores en general han tenido que reducir de manera drástica su producción y el poder adquisitivo
del salario”.

En resumen, la reactivación económica de México después de la crisis de 1994 no se hizo esperar, apoyada por la
ayuda internacional; sin embargo, el efecto social de la misma se prolongó por mucho más tiempo afectando a una gran
parte de la población que vio, de la noche a la mañana, que sus ingresos se redujeron drásticamente y se encontró en la
imposibilidad de afrontar sus compromisos financieros.

Por otra parte, por sus dimensiones y por la importancia que tiene México a nivel de la económica latinoamericana, esta
crisis tuvo también implicaciones a nivel de otros países de la región, entre ellos Argentina y Brasil, de ahí que se
acuñara el término “efecto tequila” para referirse a la misma. De acuerdo con Oddone (2004), “El primer efecto que la
devaluación produjo fue un agravamiento de la generalizada desconfianza ya existente en la economía mexicana, que
rápidamente se extendió a la gran mayoría de los mercados emergentes. Los bancos internacionales cortaron el flujo de
nuevos préstamos; lo que, a su vez, implicó un fuerte retiro de depósitos y una contracción en los pasivos monetarios”.

Por ejemplo, en el caso argentino, señala este mismo autor, “La crisis financiera precipitada por la devaluación mexicana
tuvo un fuerte impacto en la economía argentina. Si bien ello no resultó en una crisis en el sentido de una devaluación
cambiaria como vislumbraron muchos, la economía registró una caída del PBI del 5% y una disminución de la inversión
del orden del 16%.”

6. Lecciones de la Crisis

1. No es recomendable depender demasiado del capital extranjero. Se considera que la dependencia es excesiva si la
inversión extranjera total rebasa 3% del PIB.

2. El déficit en la cuenta corriente debe ser financiado en su totalidad por la inversión extranjera directa.

Otras de las lecciones que se derivan de este caso es que la crisis económica impacta fuertemente el sistema financiero
generando un riesgo sistémico. En México la crisis bancaria fue propiciada porque los nuevos dueños de los bancos, que
surgieron del proceso de privatización, llevaron a cabo operaciones altamente riesgosas e inclusive fraudulentas. La
inexperiencia de los nuevos banqueros y la inexistencia de información crediticia sobre los agentes propiciaron que los
bancos tomaran decisiones equivocadas sobre el otorgamiento de créditos. Mucho de lo cual se debió a la falta y las
deficiencias de la regulación existente en ese momento.

Por otra parte, la falta de información y los conflictos políticos agravaron la situación económica del país y, además, en
gran medida, las decisiones fueron tomadas con base en criterios políticos y no económicos.

Esta crisis tuvo implicaciones no sólo a nivel local sino también internacional, de acuerdo con análisis realizados por el
Banco Mundial (Oddone, 2004), la crisis “puso de manifiesto a los líderes de la región que la reforma es un proceso
continuo que nunca se detiene y que ellos deben estar en permanente alerta a los cambios en el entorno en el cual
operan. Ratificó la urgencia de comenzar la segunda fase de reformas y de clarificar su agenda. La reconstrucción del
Estado y la reducción de la pobreza y las desigualdades son aspectos críticos para la consolidación de las reformas que
ya se han implantado, así como también para lograr un mayor crecimiento económico hacia el futuro”.

Según este mismo autor, a partir de la crisis mexicana, “el informe anual del Banco Mundial 1995, así como el
vicepresidente Sharid Javed Burki, miembros de la institución como Sebastián Edwards o académicos como Jeffrey
Frenkel (Universidad de California) han cambiado su posición y admiten ahora la importancia de efectuar “algún” tipo de
control a los movimientos de capitales de corto plazo al mismo tiempo que han asignado un poder mayor que el
aceptado hasta ahora a las políticas de estabilización monetaria por su efecto en modificar expectativas” .

La crisis económica de México de 1994 también tuvo sus efectos en el Consenso de Washington, el cual fue reformado
como se muestra en la siguiente tabla:
Tabla No.1 Modificaciones al Consenso de Washington

Por último, es muy importante que


los gobiernos entiendan que deben
tomarse acciones cuando se
empiezan a detectar las primeras
fallas, en el caso de México 94 las
decisiones se tomaron demasiado
tarde, y que debe existir
independencia entre las decisiones
económicas y las políticas, de
manera que se evite “disfrazar” una
situación económica desfavorable
para no perder el apoyo político.

B. Crisis Económica Brasileña en los años 1998-1999 Por Paulo Núñez Vargas y Kendall Vásquez
Chavarría (Maestría en Administración de Negocios, UNED, 2006)

1. Antecedentes del problema

En la década de los años 80 la base de la economía brasileña contaba con una fuerte orientación hacia la exportación,
esto como medida para mejorar las condiciones de sus cuentas externas dado el fuerte incremento de su
endeudamiento. Sin embargo, durante esa época los principales desequilibrios económicos fueron de carácter interno,
tales como: déficit fiscal financiado por deuda interna y la alta inflación.

En el año 1986 se introdujo una nueva moneda (el cruzado en lugar del cruzeiro) por medio del intento de
implementación del Plan Cruzado en donde se establecía como medida para reducir la inflación y así tratar de estabilizar
su situación económica mediante la congelación de los precios y salarios. No obstante, dada la debilidad del sistema
político para imponer disciplina en las cuentas fiscales se continuó con déficit fiscales persistente y posteriormente se
declinaron de las medidas indicadas.

Para la segunda mitad de los años 80 y comienzos de los 90 Brasil continuaba sufriendo de un elevado déficit fiscal, alta
inflación, e incrementos de la deuda interna a corto plazo. Los distintos planes de estabilización implementados no
habían logrado detener o, al menos disminuir, el proceso inflacionario.

En el año 1994 el entonces ministro y posterior presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso, lanzó el denominado
Plan Real, que se basó en la introducción de una nueva moneda, el real, y las medidas institucionales tendientes a
garantizar el valor estable de la misma. En primera instancia, el real se fijó en una relación de uno a uno con respecto al
dólar estadounidense, sin embargo, se estableció a partir de 1994 y como política cambiaria un sistema de flotación
controlada dentro de una banda de fluctuaciones, donde las decisiones relacionadas con la emisión de la moneda serían
tomadas por un comité monetario que se encontraba bajo el control del Congreso.

Estas acciones constituyeron un éxito, ya que disminuyeron los niveles de inflación, que pasaron de un 50% como
promedio mensual a la mitad de 1994, a menos del 0.5% en 1997. La estabilidad de los precios generada por estos
cambios dio lugar a la recuperación de la demanda y, por ende, al crecimiento económico. Ante este panorama el
gobierno lanzó un plan de privatizaciones y de reforma fiscal en los diferentes niveles políticos del país, no obstante, se
presentaron dificultades para estabilizar las finanzas públicas, ya que la reducción del gasto público necesitaba de
reformas constitucionales, por lo cual, en el programa de estabilización se vio en la necesidad de aplicar una política
monetaria estricta y una política cambiaria de ajuste controlado.

Dada esta situación, el real fue devaluado gradualmente y hasta alcanzar una tasa de devaluación cercana al 0.6%
mensual. Para el año 1997, el panorama que se presentaba era muy alentador, sin embargo, no se contaba con el efecto
del contagio de la crisis asiática que desencadenaría una posterior crisis en Brasil entre los años 1998 y 1999.

2. Origen de la crisis

2.1. Entorno internacional

Previo al desarrollo de la crisis brasileña se suscitaron una serie de acontecimientos a nivel mundial que influyeron en
forma directa y marcaron el punto de partida para lo que hoy en día se ha denominado la primera crisis global. Estos
hechos tuvieron su origen a mediados de 1997 cuando se desató la crisis asiática y de inmediato se extendió a las
diferentes bolsas de valores en casi todo el mundo.
Esta crisis cuenta con diversas explicaciones de carácter estructural, entre las que destacan: la debilidad institucional de
las empresas falta de transparencia financieras de estas, inadecuada supervisión y regulación del sector financiero por
parte de los gobiernos, excesivo apalancamiento financieros de las organizaciones, así como los altos niveles de
permisibilidad de las empresas financieras que desencadenaron en créditos insolventes.

De igual forma, se destaca la presencia de dos fenómenos que propiciaron el escenario para el desarrollo la crisis, estos
fueron el excesivo optimismo sobre el mantenimiento indefinido del crecimiento económico sostenido, esto sin considerar
los riesgos que se producirían en caso de un cambio en el ciclo económico, y ocasionando una tendencia hacia el
sobrecalentamiento de las economías y un excesivo apalancamiento de las inversiones. El segundo fenómeno fue
asociado al alineamiento en la paridad de las monedas, esto sin considerar que a partir de 1995 el dólar comenzó a
valorarse fuertemente con relación al yen japonés, provocando una fuerte disminución de la competitividad de las
industrias de estos países.

El impulso económico contrastaba con el déficit de la cuenta corriente que poseían las naciones asiáticas a los inicios de
los 90`s, y que en su mayoría fueron financiados con los flujos de capital a corto plazo. Este crecimiento asociado a la
dependencia de los mercados financieros internacionales determinó una alta vulnerabilidad externa, y en consecuencia
se produjo una disminuyeron tanto de las expectativas optimistas sobre estas economías como los retornos de las
inversiones realizadas.

Al mismo tiempo, la economía China aumentaba sus exportaciones amparados en la ventaja que representaban sus
bajos salarios. Sin embargo, el detonante de la crisis fue la reevaluación por parte de los agentes económicos de las
perspectivas de la economía tailandesa, lo que llevo a la devaluación de su moneda, y a partir de ese momento la crisis
se propagó a las otras economías de la región. Esta situación generó desconfianza hacia las monedas nacionales,
ocasionando la salida de dólares y dejando al descubierto el déficit de las cuentas corrientes de la balanza de pagos
(exportaciones inferiores a las importaciones y las transferencias) y la consecuente devaluación descontrolada de las
monedas nacionales. La pérdida del valor de estas monedas con respecto al dólar provocó la disminución de los precios
de las mercancías de estos países, por lo cual, se suscitó una exportación masiva de sus productos a nivel mundial y, en
contra partida, una disminución de las importaciones, afectando en forma directa a sus socios comerciales.

La disminución abrupta del financiamiento privado, en los momentos en que comenzaba la crisis asiática, actúa como un
mecanismo pro cíclico, es decir, que contribuye a profundizar la caída de los mercados emergentes del sudeste asiático
y, por extensión, a otros mercados emergentes, como fue el sido el caso de Rusia y Brasil.

2.2. A nivel local

Entre los años 1994 y 1997 la economía brasileña presentaba un fuerte crecimiento e importante evolución apoyada
principalmente en la aplicación del llamado plan Real, la apertura comercial y financiera, estabilidad de sus precios y las
políticas activas de privatización.

De este modo, con la implementación del plan Real se logró la disminución de la inflación lo cual provocó un apreciable
respaldo político que reforzó la estabilidad de los precios, esto a pesar de su efecto sobre la política cambiaria,
específicamente a nivel del equilibrio de la balanza de pagos y un sistema de precios más favorables para los
productores internos. En el caso de la inflación se logró disminuir de un 43.1% a inicios de 1994 a 1.7% en el año 1995
manteniéndose con estos bajos valores hasta el año 1999.

De igual forma, se suscitan otra serie de acontecimientos macroeconómicos, como resultado de las acciones seguidas
en el mismo período de tiempo, en donde se destaca el aumento y mantenimiento de elevadas tasas de interés, ingreso
de un importante volumen de financiamiento externo, principalmente a corto plazo, y la valorización de la moneda
nacional.

Adicionalmente, entre los años 1992 y 1997 se presentó un rápido crecimiento de las importaciones pasando de
US$27.948 millones a US$75.139 millones, sin embargo, este crecimiento no fue proporcional en las exportaciones las
cuales pasaron de US$11.897 millones en el año 1992 a US$59.176 millones en el año 1997. Este incremento
desproporcionado ocasiono la aparición y posterior dilatación del déficit en la balanza de pagos, el cual llego a alcanzar
los US$15.963 en 1997. Este déficit sumado al creciente déficit de la cuenta corriente (US$30.493 en ese mismo año)
mostraba señales de la alta vulnerabilidad del país a nivel económico y ante los eventuales cambios internacionales.

A pesar de estos efectos negativos, con la valoración real de la moneda brasileña se apoyó en una entrada sustancial de
capitales desde distintas modalidades (inversión externa directa, endeudamiento de los bancos, colocación de títulos en
el exterior y flujos de corto plazo) que le permitieron elevar sus niveles de reservas. Estos flujos entre el año 1995 y 1997
adquirieron una magnitud que permitió financiar el creciente desequilibrio en cuenta corriente y, al mismo tiempo,
incrementar aún más las reservas monetarias.

Dentro de los principales factores que influyeron en la atracción de la inversión extranjera directa se encontraba el
programa de privatización de las instituciones públicas (dentro de las más importantes se puede mencionar la venta de
telecomunicaciones por 19,000 millones de dólares así como empresas productoras de energía lo cual produjo 36,000
millones de dólares), la compra de empresas privadas por parte de compañías extranjeras, la colocación de deuda
pública externa y los flujos financieros del sector privado (bancario y no bancario) dada la alta rentabilidad que tuvieron
las colocaciones financieras en reales. La alta rentabilidad que presentaron las tasas de interés internas se vieron
ayudadas por la colocación de títulos de la deuda pública interna, manteniendo estas por encima que la tasa de inflación
y que el ritmo de devaluación del real.

La conjugación de las variables descritas (elevadas tasas de interés, entradas de capital, valoración de la moneda local,
incremento de la deuda pública) constituyó un mecanismo efectivo para el control de la inflación, sin embargo,
aumentaron los niveles de vulnerabilidad y dependencia de la economía brasileña principalmente por los desequilibrios
en las cuentas externas y fiscales, además de incidir en el desempeño de los sectores financiero y productivo, lo cual,
ante los cambios que se suscitaron en el entorno mundial a inicios de 1997, y principalmente la crisis en los países
asiáticos y en Rusia provocaron una serie de problemas a lo interno del país, que finalmente desencadenaron en la crisis
brasileña entre los años 1998 y 1999.

A finales de 1997 e inicios de 1998, la economía brasileña sufrió el fuerte impacto de la crisis financiera de la economía
mundial, ya que durante ese mismo año su PIB solamente creció en el orden del 0.2% con lo que el PIB por habitante
cayó al 1.1%, lo cual provocó la caída del empleo a un 7.6%, y se complicó aún más con la caída en la relación del
intercambio y la brusca reducción de los flujos de capital hacia las economías emergentes, lo que provocó a su vez
voluminosas pérdidas de reservas internacionales (Ver figura No.1. El detalle completo de los principales indicadores
económicos de Brasil entre los años 1992 y 2000 se puede consultar en el anexo 1).

Figura No.1 Decrecimiento del PIB durante la crisis de 1998 y 1999

En el mismo periodo, el sector externo quién marcaba la conducción de la política económica del país vio una
disminución de US$35.000 millones de sus reservas, un déficit en el comercio de bienes de US$4.400 millones con el
agravante del detrimento de las exportaciones, así como la salida de divisas (en forma de pago de utilidades) por
US$7.600 millones.

Esta situación se agudizó con el déficit de la cuenta corriente que se elevó a un 4.5% de PIB (US$33.445 millones en
1998), mientras que la balanza de bienes había pasado de un superávit de US$11.897 millones en 1992 a un déficit de
US$16.714 millones en 1998.

Para financiar este déficit se tuvieron que utilizar US$10.000 millones de las reservas internacionales. Evidentemente,
estas acciones repercutieron sobre las medidas restrictivas de la política monetaria, específicamente en el aumento de
las tasas de interés por encima del 40% y cerrando en 1998 en el orden del 50.8% (tasa activa).

En el segundo semestre del año la moratoria rusa tuvo un impacto adverso sobre Brasil, la respuesta de sus mercados
bursátiles fue inmediata y violenta, a tal punto que la bolsa de valores de Sao Paulo cerró con una caída del 40%, este
sin considerar el fuerte detrimento del 20% de los titulo brasileños transados en el exterior.

Por su parte, el banco central trató de absorber las presiones por la fuerte disminución de las reservas, sin embargo,
debido a alta proporción de la deuda interna pública, el déficit público, las altas tasas de interés y los cortos plazos, así
como las necesidades de recursos externos, no permitieron tranquilizar la incertidumbre.

En su defecto, la estructura de la deuda interna pública cambió drásticamente, ya que se pasó de emitir en agosto de
1997 el 61% de sus títulos federales a una tasa fija, el 19% a tasas flotantes y el 9% estaban asociados al tipo de
cambio, a diciembre 1998 donde la composición era del 3.5% a tasas fijas, 70% a tasas flotantes y un 21% estaban
corregidos al tipo de cambio.

A raíz de la crisis descrita, otras variables de entorno económico se vieron afectadas, entre estas se destaca:

• Los precios de consumo tuvieron un alza de sólo un 2.5% en 1998, la tasa de inflación más baja desde la
segunda guerra mundial. Con esta situación se consolidó la tendencia decreciente fomentada por el plan Real.
En algunos casos se llegó a presentar deflación, por ejemplo, el caso de Sao Paulo que declinó el costo de la
vida en 1.8% y a nivel nacional la industria manufacturera obtuvo una deflación del 0.3%.
• En términos generales se presentó una desaceleración de prácticamente todas las categorías de productos,
incluso en algunas de ellas se presentaron variaciones negativas.
• El valor de las exportaciones se redujo en un 3.5% en 1998, debido al descenso principalmente en las salidas
de café y soja. A nivel de importaciones de disminuyó en 6.2% con caídas generalizadas.
• Para el año 1998, el PIB sectorial se redujo en términos generales, en especial en el de otros servicios donde la
variación negativa fue de un 5.1%.

En términos generales la crisis brasileña se presentó por la conjugación de factores tanto internos como externos. A lo
interno del país se destaca el creciente déficit externo, el aumento de la deuda pública interna y la persistencia de las
altas tasas de interés internas, que constituyeron las principales razones internas para el desarrollo de la crisis,
justificados en la búsqueda de la estabilidad de los precios que se apoyaba en la valoración de la moneda, ocasionando
un desequilibrio comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Estas condiciones, en conjunto con las
repercusiones por la transferencia de la crisis a nivel mundial (asiática y rusa), dieron origen a la situación descrita.

3. Alternativas de política económica

Para el planteamiento de las posibles alternativas de solución se seleccionó como año base 1996, a continuación, se
muestra el panorama de la económica brasileña para ese año.

3.1. Corte en el tiempo

Para el año 1996 la economía brasileña presentaba una disminución en sus principales indicadores, tal y como se
muestra en el cuadro No 1. A nivel del PIB, este creció en el año indicado apenas un 2.7%, que contrasta con los dos
periodos anteriores en donde el incremento del PIB era del 4,2% y 5,9% respectivamente. De igual forma, se presentó
un incremento en la tasa de desempleo, el cual paso de un 4.6% de la PEA en 1995 a un 5.4% en 1996.

Por su parte, la relación en la balanza comercial continúo con su incremento deficitario en la relación a los años previos,
alcanzado los US$13.518 millones, este incremento es producto de una leve disminución de las exportaciones en
contraste con el aumento de las importaciones. El déficit también creció en la cuenta corriente y se posiciono en el orden
de los US$23.255 millones reflejando la necesidad de acudir a un mayor endeudamiento a nivel externo.

Del mismo modo, la cuenta de capital y financiera presente un incremento muy importante, alcanzando los US$32.207
millones provenientes en su mayoría del exterior y producto de la fuerte inversión principalmente a corto plazo. Este
incremento permite solventar el déficit de la cuenta corriente y presentando un balance general con saldo positivo de
US$12.969 millones.

Cuadro No. 1 Principales Indicadores Económicos de Brasil entre los años 1992 y 1996.
Descripción 1992 1993 1994 1995 1996
Producto interno bruto -0,5 4,9 5,9 4,2 2,7
Bienes -2,1 3,6 6,4 2,3 4,1
Servicios básicos 1,5 5,6 5,7 9,5 5,6
Precios al consumidor 1.149,1 2.489,1 929,3 22,0 9,1
Tasa de actividad laboral 59,5 58,6 59,3 59,3 59,6
Tipo de cambio nominal (reales por dólar) 0,0 0,0 0,6 0,9 1,0
Porcentajes
Tasa de desempleo abierto 5,8 5,4 5,1 4,6 5,4
Tasa de Interés Pasivas ,,, 88,2 40,7 -11,8 9,8
Tasa de Interés Activas … 209,3 122,2 10,3 27,5
Millones de dólares
Exportaciones 39.881,0 43.595,0 49.010,0 52.641,0 52.509,0
Importaciones 27.984,0 34.856,0 43.495,0 63.293,0 66.027,0
Cuenta corriente 6.089,0 20,0 -1.153,0 -18.136,0 -23.255,0
Cuentas de capital y financiera 4.550,0 6.870,0 7.751,0 31.105,0 32.207,0
Balance Global de la balanza de pagos 10.639,0 6.890,0 6.598,0 12.969,0 8.952,0

Por otro lado, como consecuencia de la inclusión del plan real en el año 1995, para el año en evaluación se logró una
reducción tanto de la variación de los precios al consumidor, así como de la emisión del dinero, esto con relación a los
cuatro años previos. Adicionalmente, se disminuyó el déficit fiscal a un 3.9% del PIB, es decir, 1% con relación al año
previo, así como el incremento de las tasas de interés en el mismo período.

3.2. Descripción de alternativas

En esta sección se plantearán una serie de alternativas para evitar o minimizar el impacto que pudo haber tenido la crisis
económica de Brasil en los años de 1998 y 1999. Se tomará el año 1996 como año de corte y referencia para la toma de
decisiones, especialmente con la base de los indicadores económicos entre 1992 a 1996 (ver Anexo 1 Indicadores
Económicos de Brasil entre los años 1992 y 2000).
Uno de los principales aspectos que afectó a Brasil luego de la oleada originada en Asia, fue la dependencia de
inversiones y capitales de corto plazo. Tal como señala Tacsan, R (2005) este tipo de capital tiene una naturaleza
intrínsecamente especulativa ya que busca rentabilidad inmediata conociéndose a este efecto como “capital golondrina”.

Como alternativa se sugiera la minimización de la vulnerabilidad de los aspectos externos mediante la atracción de
capital a largo plazo y otras medidas que permitan minimizar la dependencia de inversiones de corto plazo de los
mercados internacionales.

Ante la descripción anterior, como objetivo para las alternativas se plantea orientar las mismas a la búsqueda del
equilibrio de la balanza de pagos esto para reducir el déficit exterior a medio plazo, mantener un nivel de reservas de
divisas y la solvencia frente al exterior. De esta manera minimizar la dependencia de las inversiones a corto plazo de los
mercados internacionales para reducir el impacto que pudiera tener la economía ante cualquier eventualidad externa.

Entre los principales indicadores que permitirán medir el efecto de esta decisión se encuentran: saldo de la balanza por
cuenta corriente, evolución de la balanza comercial, evolución del tipo de cambio, entre los más importantes.

Alternativas en Política cambiaria

Dada la resiente implementación del plan fiscal es conveniente mantener la política cambiaria sin mayores alteraciones
ya que es importante el proceso de estabilización, reducción de la inflación y precios relativos, reformar al sector
financiero, fiscal, externo y transformación productiva que se pretende con esta acción.

Alternativas en Política Monetaria

Por su parte, la política monetaria surge como una alternativa que tiene el gobierno para afectar la demanda agregada,
con el fin de alcanzar el objetivo establecido. Esta se encuentra relacionada tanto con la oferta monetaria, demanda y
oferta agregada y, por ende, las decisiones que se tomen en este tema influirán en forma directa sobre las tasas de
interés, que a su vez se ven reflejadas en los niveles de inversión y consumo de los países.

Política Fiscal

Antes de 1997, se tenían señales de varios indicadores que aparentemente no fueron bien controlados en su momento.
Estos fueron el déficit de la balanza de pagos y específicamente un creciente déficit de la cuenta corriente, lo cual
definitivamente eran señales de alta vulnerabilidad para el país a nivel económico y ante eventuales cambios externos.

Además de lo anterior ya desde 1993 se arrastraba una balanza comercial negativa motivado principalmente por un
crecimiento no asimétrico entre importaciones y exportaciones.

4. Desarrollo de la crisis

A continuación, se explican las medidas más relevantes tomadas por el gobierno brasileño para afrontar la crisis.

4.1. Medidas efectuadas en el ámbito de Política Económica

- Dado que la crisis asiática redujo sensiblemente los recursos externos a países como Brasil, para poder financiar el
déficit (disminuyó a menos de 1,000 US$ millones cuando el promedio en los trimestres anteriores había sido 8,300 US$
millones) se utilizaron más de 10 mil millones de dólares de reservas internacionales. Para esto se adoptaron severas
medidas de ajustes, una de las cuales consistió en una política monetaria restrictiva que se tradujo a su vez en un alza
de las tasas de interés por encima del 30%. Este incremento en las tasas de interés para tratar de absorber las
presiones externas mediante la restricción de financiamiento se debe mencionar que por temas como el déficit público y
la alta necesidad de financiamiento esta medida no surtió efecto.

- Se creó un paquete de 51 medidas fiscales: El objetivo de esta medida que empezó a finales de 1997 (cuando ya
estaba la crisis mundial) fue la de reducir el déficit del sector público (7.9% del PIB).

- Se firmó un acuerdo con el FMI, el Banco Mundial, el BID y varios países desarrollados para establecer un plan de
ayuda financiera por 41,000 millones de dólares para ser utilizados en 3 años. Como condición de este préstamo fue
mantener la política cambiaria. Esta ayuda, aunque produjo una fuerte devaluación del real (40%) permitió estabilizar el
tipo de cambio.

4.2. Medidas efectuadas en el ámbito de Política Monetaria


- El Banco Central de Brasil como medida para garantizar la liquidez de los títulos públicos dado la caída de las reservas
monetarias internacionales sustituyó el encaje efectivo de los depósitos a plazo por encaje en títulos. Esto produce un
efecto pasivito ya que se incrementó la demanda de títulos en 12,000 millones de reales.

- Debido a la pérdida de los títulos en el exterior brasileños en el 98 y su brusca caída de estos es la razón por la cual la
tasa de interés interna el Banco Central debió aumentarla en un 40% ocasionando esto un fuerte impacto en el mercado
financiero, esto también se produjo con miras a detener las presiones sobre las reservas monetarias internacionales. Por
este motivo también se produjeron las ventas de varios bancos estatales a capital privado.

4.3. Medidas efectuadas en el ámbito de Política Fiscal

- Una de las medidas tomadas en este tema fue el recorte de gastos, no obstante, estos no fueron suficientes para
compensar las mayores salidas de dinero que se tenían por los altos intereses de la deuda pública.

- El gobierno realizó un compromiso de establecer por ley su valor neto de superávit, pero los resultados fueron
negativos ya que lejos de incrementar o mejorar de alguna manera el superávit estos no fueron los mejores ya que sólo
incrementó un 2%, aunque con esto se pudo tener una estabilidad en el tema de ingresos y gastos.

- Además de los ingresos obtenidos para los impuestos que se fijaron sobre los movimientos financieros, también en
1998 se fijó un impuesto de renta adicional sobre el total de los ingresos provenientes de las colocaciones financieras.

- Es importante mencionar algunas otras acciones que se dieron, pero su efecto no fue inmediato, como el hecho de el
poder destituir a empleados públicos en caso de que los gastos fueran excesivos por remuneraciones, también se
modificaron la edad para jubilación en el sector público.

4.4. Medidas efectuadas en el ámbito de Política Cambiaria

El tipo de cambio o bien la política cambiaria el gobierno brasileño la mantuvo sin mayores cambios lo cual contribuyó a
la estabilidad de los precios internos. Sin embargo, por las repercusiones de la crisis rusa se realizó una modificación en
el ritmo de deslizamiento de las bandas cambiarias del real para no afectar los logros del proceso de estabilización. Esto
como parte de las acciones tomadas durante el
proceso de crisis. Ahora este tema no termina ahí,
como ya se ha comentado el momento más fuerte de la
crisis fue en enero de 1999 en donde bajo la presión de
pérdidas en reservas internacionales el gobierno trató
de detener un poco este efecto ampliando la banda,
pero dado los efectos negativos en las siguientes
semanas modificó este modelo hacia la flotación libre y
esto permitió que ya en marzo de 1999 la situación
crítica minimizara considerablemente.

A continuación, se muestra dos figuras (Figura No.2 y


Figura No.3) muy interesante qué muestran la relación
de los movimientos cambiarios ocasionados en la
época de la crisis, lo interesante del caso es que se presenta un periodo de evaluación de 10 año el cual muestra los
cambios que se produjeron durante la crisis.

Definitivamente se observa la creciente tendencia que tuvo el tipo de cambio del real que permanecía relativamente
estable desde 1995. Los acontecimientos mundiales y la crisis en Brasil provocaron la variación de un 40% que se han
mencionado y se puede observar en la Figura No.2.

Figura No.2 Movimientos cambiarios para Brasil en los últimos 10 años.

Figura No.3 Comportamiento de la inflación para Brasil en los


últimos 10 años

Así mismo se puede notar su punto más alto en 1999 en donde


también aparece un punto de inflexión decreciente que
concuerda específicamente con el cambio hacia la flotación
libre o flotación sucia como también se le llama y nueva
estabilización que volvió a tener la moneda.
Es interesante comparar este proceso con el efecto que tuvo la inflación y la relación de estos aspectos tipo de cambio e
inflación. Como se puede notar se tuvo también un incremento en la inflación, pero esta no fue de la magnitud del tipo de
cambio, pero, aunque si bien es cierto se presentaron cambios muy bruscos estos por lo rápido que sucedieron los
hechos no permitió que impactara mucho en los procesos. También se experimenta un cambio decreciente del nivel de
inflación a partir de 1999 lo cual benefició a la economía brasileña y llevándola al final de ese año nuevamente cercana
al 5% valor que se tenía a inicios de 1998.

Otra de las acciones que se tomaron que ayudó a la minimización del impacto fue la utilización de los recursos del
paquete de ayuda del FMI para estabilizar el mercado de cambio, esto permitió que el Banco Central pudiera dar este
tipo de intervenciones inmediatas que como ya se comentó y se pudo comprobar en las figuras presentadas permitió
estabilizar la situación.

5. Después de la crisis

Pese a todos los problemas que enfrentó la economía brasileña algunas de sus acciones dieron efecto, ya para el 2002
en términos de política económica, especialmente con la continuación de medidas de ajuste fiscal. Esto provocó un
incremento de 3.7% en el PIB pasando a una situación bastante diferente e indicativa de reactivación económica y el
primero incremento en la economía desde 1994 cuando inicio la tendencia hacia la baja.

Otro tema positivo es que se la meta inflacionaria se mantuvo por debajo del valor meta establecido (8%), al parecer en
este sentido las medidas de Plan Real y la política cambiara favorecieron a bajos incrementos inflacionarios, aunque se
presentaron fuertes devaluaciones. Además, el tipo de cambio del real brasileño presentó una disminución sólo del 7% lo
cual fue bajo en comparación de las sufridas durante los años de crisis.

Algunas de las acciones tomadas durante el periodo de la crisis le surtieron sus efectos para el año 2000 donde se
obtuvo una mejor calificación de riesgo (Moody’s) pasando de B2 (que fue asignado en septiembre de 1998) a una
calificación de B1 lo que produjo una subida en la Bolsa de Valores de Sao Paulo y del real con respecto al dólar. Esto
sin duda alguna le valió para generar confianza en Brasil por parte del sector externo.

Por otra parte, se continuó con una cuenta corriente deficitaria, que de alguna forma fue compensada por inversiones
directas y se mantuvo con balanza comercial deficitaria y bajo nivel de exportaciones con respecto a las importaciones
(apenas 9% del PIB para el año 2000). Se continuó con un importante valor de deuda externa lo que ponía a Brasil
nuevamente en el marco de vulnerabilidad ante acontecimientos externos. Esto es importante de criticar ya que fue uno
de los aceleradores de la crisis en Brasil y todavía se mostraba a estas fechas (en el periodo del 2000 al 2002) algunas
inconsistencias entre la política fiscal y monetaria.

Los tipos de interés presentaron una baja a niveles anteriores a la crisis de Asia lo cual es positivo porque genera
espacio para volverlas a subir y con esto apoyar las políticas fiscales para mejorar salir de la zona vulnerable en la que
se encontraba la economía brasileña.

En síntesis, luego de la crisis muchas de las medidas tomadas por el gobierno ayudaron a una recuperación y
reactivación económica. Así mismo se inició la toma de medidas para contrarrestar los déficits de la cuenta corriente con
programas importantísimo como estímulos a las exportaciones y de esta manera minimizar con bases sólidas el déficit
que co-ayudaba a la vulnerabilidad brasileña ante efectos externos.

6. Lecciones aprendidas

- Alta vulnerabilidad a condiciones económicas externas: La dependencia de variables externas si bien es cierto pueden
ayudar a subsanar problemas internos, pero estos deberían tener un control gubernamental (un techo) donde se decida
hasta qué punto es conveniente para así no crear dependencias que ante eventualidades externas puedan afectar a toda
la economía. Esto lleva a la siguiente lección aprendida.

- Financiamiento de la deuda pública con capital a corto plazo: Si bien es cierto una de las alternativas de financiamiento
de la deuda pública es mediante la emisión de títulos al exterior este capital es conocido como “golondrina” así que este
puede desplazarse como resultado de la especulación siendo este un capital muy volátil. Este tipo de estrategia se
considera puede realizarse, pero no como principal instrumento, se debe de buscar capitales de largo plazo que le
brinden más estabilidad económica al país y minimización del riesgo externo.

- Monitoreo de variables económicas: Es fundamental el correcto monitoreo y correlación de los indicadores económicos
ya que el diagnóstico es fundamental para minimizar los impactos de potenciales crisis. Antes de la crisis se presentaron
indicadores importantes como algo financiamiento con flujos privados, déficit continuado de la balanza comercial y no se
tomaron medidas al respecto. Hoy día se pueden suscitar elementos externos que pueden afectar al país como lo son
las guerras, desastres naturales…que pueden afectar temas como el turismo que son fundamentales para el ingreso de
divisas.
- Monitoreo de aspectos del mercado mundial con relación directa al país: No se conoce cómo trabaja Costa Rica en
este tema, pero sería interesante que el Banco Central definiera mercados, indicadores, países…que dado una variación
puedan impactar a nuestro país, de tal manera que se puedan tomar las previsiones necesarias con tiempo previo
adecuado.

- Reforma de la estructura financiera: las lecciones anteriores reflejan la importancia de estructurar fondos de
contingencia que permitan fortalecer la arquitectura financiera las naciones y hacer frente a la inestabilidad percibida por
el déficit recurrente de la cuenta corriente. (ayuda por parte de los países desarrollados ante una difícil situación, ej.
Ayuda del FMI a Brasil.).

- Evitar ciclos de auge y crisis: las vivencias de la economía brasileña reflejadas en el presente documento son
convenientes de evaluar para poder proyectar políticas fiscales y monetarias destinadas a estabilizar el gasto y los
restantes elementos asociados a lo largo del tiempo, esto con el fin de evitar la presencia de una nueva crisis.

C. Crisis de diciembre de 2001 en Argentina


La crisis de diciembre de 2001 en Argentina, o crisis de 2001, también referida como el Cacerolazo o el Argentinazo, fue
una crisis política, económica, social e institucional, potenciada por una revuelta popular generalizada bajo el lema "¡Que se
vayan todos!", que causó la renuncia del entonces presidente de Argentina Fernando de la Rúa, dando lugar a un período de
inestabilidad política durante el cual cinco funcionarios ejercieron la Presidencia de la Nación. Sucedió en el marco de una crisis
mayor que se extendió entre 1998 y 2002, causada por una larga recesión que disparó una crisis humanitaria, de
representatividad, social, económica, financiera y política.
El desencadenante inmediato de la crisis fue la imposición del "Corralito", una disposición del gobierno que restringía la
extracción de dinero en efectivo de los bancos, diseñada por el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo. La revuelta se
generalizó el 19 de diciembre de 2001, inmediatamente después de que el presidente radical Fernando de la Rúa anunciara el
establecimiento del estado de sitio, causando su renuncia al día siguiente. Durante los siguientes doce días se produjo una alta
inestabilidad institucional que llevó también a la renuncia del presidente sucesor Adolfo Rodríguez Saa. El clima de inestabilidad
social y económica, así como el desconocimiento generalizado de legitimidad a los representantes políticos, se extendería en
los años siguientes.
La mayor parte de las personas que participaron en las protestas fueron auto convocadas y no respondían a ningún partido
político, sindicato u organización social estructurada. Durante el transcurso de las protestas, 39 personas fueron asesinadas por
las fuerzas policiales y de seguridad, entre ellos 9 menores de edad, en el marco de la represión ordenada por el gobierno para
contener las manifestaciones tras la instauración del estado de sitio.
Situación económica entre 1998 y 2001
Fernando de la Rúa, como candidato de La Alianza, había asumido la presidencia en diciembre de 1999 en medio de
un período de recesión, en parte impulsado por la Ley de Convertibilidad, vigente desde 1991, que establecía una paridad fija
del peso argentino con el dólar estadounidense.
Si bien dicha política económica había permitido reducir notablemente la inflación y obtener resultados económicos valorados
positivamente por gran parte de la población durante los primeros años del gobierno de Carlos Menem, a partir
de 1997 comenzaron a ser cada vez más visibles sus aspectos negativos. Para sostener la convertibilidad se necesitaba el
ingreso de dólares en abundancia, algo que en los primeros años se logró con la privatización de casi todas las empresas
estatales y los fondos jubilatorios y de pensión. Pero finalizado el proceso de privatizaciones y con una economía
agroexportadora primaria que producía un insuficiente ingreso de divisas, el modelo comenzó a depender cada vez más de la
toma de deuda externa y su refinanciación a altos intereses, con el fin de mantener la estabilidad.
Uno de los factores que influyeron en el triunfo de La Alianza, fue su promesa electoral de mantener la convertibilidad. 1
Precisamente, uno de los eslóganes de campaña de De la Rúa fue "Conmigo, un peso, un dólar". 1 Pese a que las condiciones
económicas internacionales habían cambiado, que muchos países habían realizado grandes devaluaciones -entre ellos Brasil,
el principal socio comercial de Argentina-, y que diversas voces venían sosteniendo que era indispensable salir de la
convertibilidad y retomar el manejo de la moneda "para evitar una catástrofe", 2 el gobierno de La Alianza había decidido
mantener el régimen a toda costa.13
Por esos motivos, la situación financiera y los problemas del endeudamiento externo se fueron haciendo cada vez más críticos,
y el gobierno se vio obligado a realizar dos enormes operaciones de endeudamiento y refinanciación, bajo la supervisión
del Fondo Monetario Internacional, que el propio gobierno publicitó con los nombres de El blindaje y El Megacanje.456
La inestabilidad económica se reflejó los constantes cambios de ministro de Economía, pasando por él José Luis
Machinea (1999 - marzo de 2001), Ricardo López Murphy (marzo - abril de 2001) y por último Domingo Cavallo, quien ya había
sido Ministro de Economía entre 1991 y 1996, con el presidente Carlos Menem y que había sido el autor de la Ley de
Convertibilidad. En aquel entonces Cavallo era presentado como la persona que había sacado a Argentina de la hiperinflación
de 1989-1991 y visto como una gran alternativa.
La crisis llegó a un punto insostenible el 29 de noviembre, cuando los grandes inversionistas comenzaron a retirar sus depósitos
monetarios de los bancos y, en consecuencia, el sistema bancario colapsó por la fuga de capitales y la decisión del FMI (Fondo
Monetario Internacional) de negarse a refinanciar la deuda y conceder un rescate.
Elecciones parlamentarias
El 14 de octubre de 2001 se realizaron elecciones legislativas en las que La Alianza oficialista fue derrotada ampliamente por
el Partido Justicialista, con el agravante de que el presidente De la Rúa no tuvo espacio político para sostener a ningún
candidato. Uno de los datos centrales de la elección fue el llamado "voto bronca", votos en blanco o anulados intencionalmente
que alcanzaron el 25% del total, ganando incluso en la Ciudad de Buenos Aires y en la Provincia de Santa Fe,7 sacando a la luz
una grave crisis de representatividad. 8
El Corralito
A comienzos de diciembre el FMI decidió interrumpir el flujo de fondos hacia Argentina, momento para el cual la fuga de
capitales era incontrolable, ascendiendo a 81 800 millones de dólares desde el inicio de la crisis. 9 El 2 de diciembre, Cavallo
anunció por cadena nacional una medida que fue conocida como "Corralito", imponiendo la bancarización forzosa de la
economía, mediante la prohibición de extraer dinero en efectivo de los bancos en sumas superiores a 250 pesos o dólares por
semana. Esta medida afectó principalmente a las personas con ingresos informales, entre ellos los trabajadores no registrados
por las empresas que en ese momento alcanzaba el 44,8%, cifra que casi duplicaba la de 1994, cuando llegaba a 28,4%.
La reacción popular fue muy negativa, en especial la de la clase media, (teniendo en cuenta que la cifra de la restricción de
retiros de 1.000 dólares mensuales era superior a los ingresos de la mayoría de la población) por lo que la crisis económica
también desembocó en una crisis política. Durante todo diciembre hubo protestas, aunque la protesta masiva más importante
estallaría los días 19 y 20 de diciembre.
La posición de De la Rúa se tornó inestable. Un intento de mediación entre la oposición y el gobierno a mediados de diciembre
por parte de la Iglesia Católica fracasó.
Huelga general y saqueos
El 13 de diciembre, la CGT Oficial, la CGT Disidente y la CTA declararon la séptima huelga general contra la política económica
y social del gobierno de De la Rúa. El paro tuvo alto acatamiento, con adhesión de sectores que habitualmente no se sumaban,
como el comercio, la clase media y sectores no sindicalizados. 101112
Simultáneamente con la huelga general comenzaron a producirse estallidos entre las clases populares de algunas ciudades de
las provincias, llevados adelante por los denominados piqueteros. Varios comercios de zonas empobrecidas del interior del país
y del Gran Buenos Aires sufrieron saqueos por parte de sectores de la población desocupadas e indigentes. 13 Miles de
personas participaron de saqueos, robos de camiones en las rutas, robos comunes, cortes de calles en las ciudades. Hubo
muestras de sobra de descomposición política y económica. Los sectores sociales más bajos se llevaron comida y mercadería
de grandes supermercados, pero también de negocios de barrios pobres. Por la noche, salieron a las calles céntricas de la
Capital sectores de clase media.14 En esos siete días de saqueos fueron asesinadas siete personas por las fuerzas de
seguridad y los propios comerciantes.

El estallido

La noche del 19 de diciembre el presidente De la Rúa habló por televisión en cadena nacional para anunciar que había
impuesto por decreto el estado de sitio, suspendiendo las garantías constitucionales. La Constitución argentina establece que la
declaración del estado de sitio es una función exclusiva del Congreso de la Nación cuando se encuentra en período de sesiones
(art. 75, inc. 29).15
Inmediatamente después de terminado el anuncio de De la Rúa, millones de personas en todo el país empezaron a hacer sonar
cacerolas desde sus casas y muchas salieron a las calles dando inicio a lo que se conoció como "el Cacerolazo".
Un gran grupo se concentró frente a la Casa Rosada exigiendo la renuncia del presidente De la Rúa y comenzando a corear
una consigna que caracterizaría al movimiento: "¡qué se vayan todos!". Se sucedieron también protestas durante la madrugada
del 20 de diciembre, frente a la casa del Ministro de Economía Domingo Cavallo y en la Plaza de Mayo, que fueron reprimidas.
A pesar del estado de sitio decretado por De la Rúa, las calles de Buenos Aires y de otras ciudades del país se llenaron de
protestas dando lugar a la renuncia del ministro Domingo Cavallo14 ocurrida a las 3 de la mañana.
En la mañana del 20 de diciembre quedaban unos pocos manifestantes entre los que se encontraban oficinistas, empleados,
amas de casa y niños; comenzaron a arribar miembros de organizaciones políticas. Entre los integrantes de estas
organizaciones políticas que marcharon a la Plaza de Mayo se encontraban, entre otros, Madres de Plaza de Mayo y grupos de
piqueteros pertenecientes a la agrupación Quebracho.1617
Esta represión, que se transmitió por todos los canales de televisión y radio, e incluso por emisoras internacionales, en directo
durante todo el día, generó que más grupos políticos y manifestantes ocasionales se acercasen a la Plaza. Con el correr de las
horas los incidentes fueron creciendo en intensidad y se produjeron cuatro muertes de manifestantes que se presumen a manos
de la policía, si bien las investigaciones judiciales aún no han finalizado.
A las 16:00, De la Rúa anunciaba por cadena nacional que no renunciaría a la presidencia e instaba a la oposición y otros
sectores a dialogar. El pedido fracasó.
Alrededor de las 19:00, De la Rúa renunció luego de que fracasaran sus intentos políticos de salvar al Gobierno, saliendo de
la Casa Rosada mediante un helicóptero. En esa jornada también murieron muchas personas en ciudades del interior del país,
totalizando 39 muertos como consecuencia de la represión en los dos días,18 entre ellos nueve menores de 18 años.

Víctimas y responsables
En el curso de la crisis, fuerzas policiales y en algunos casos civiles armados, reprimieron la protesta popular causando en todo
el país la muerte de 36 personas, entre ellas siete niños entre trece y dieciocho años y siete mujeres.
La mayor represión se produjo en pleno centro de Buenos Aires, siendo conocida como la Masacre de Plaza de Mayo, donde
fueron asesinadas cinco personas (Carlos Almirón, Gustavo Ariel Benedetto, Diego Lamagna, Alberto Márquez y Gastón
Marcelo Riva), se intentó asesinar a otras cuatro (Marcelo Dorado, Martín Galli, Sergio Rubén Sánchez y Paula Simonetti) y
sufrieron lesiones otras 227. Estos crímenes fueron investigados de manera unificada, dando origen a dos juicios. En el primero
se enjuició a Jorge Varando por abuso de arma de fuego en el asesinato de Gustavo Benedetto, siendo absuelto
por prescripción de la acción penal. El segundo juicio comenzó en 2014 y se estima su finalización para el primer semestre de
2016. Allí fueron acusados 17 personas por homicidio, intento de homicidio y lesiones, entre ellas el entonces secretario de
Seguridad Enrique Mathov y el entonces jefe de la Policía Federal Argentina Rubén Santos. El expresidente Fernando de la
Rúa había sido procesado en primera instancia, pero fue desprocesado con decisión final de la Corte Suprema, lo que llevó
al Centro de Estudios Legales y Sociales a denunciar por impunidad al Estado argentino ante la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, donde solicitó el juzgamiento de De la Rúa.
En 2003 fue condenado a diez años de prisión, en Entre Ríos, el cabo de la policía provincial Silvio Martínez por el asesinato de
Rosa Paniagua. En 2004 fue condenado a 14 años de prisión el policía santafesino Esteban Velázquez, por el asesinato en
Rosario de Claudio "Pocho" Lepratti, un militante social en memoria de quien León Gieco compuso la canción «El ángel de la
bicicleta». En 2007 un tribunal oral de La Matanza condenó a quince y seis años respectivamente, al comerciante Luis Mazzi y a
su guarda espalda Bernardo Joulie, por los homicidios de Damián Ramírez y Ariel Salas. 19 Ese mismo año fue condenado a
once años de prisión -luego de ser absuelto en primera instancia- el policía santafesino Luis Quiroz, por el asesinato de Graciela
Acosta, una militante social rosarina que tenía siete hijos.31 En 2010 fue condenado a diez años y ocho meses de prisión el
comerciante Miguel Lentini por el asesinato de Cristian Legendre.19 En 2014 quedó firme la condena a dos años y ocho meses
de prisión condicional de los policías santafesinos Roberto De la Torre, Rubén Darío Pérez, Marcelo Fabián Arrúa y Carlos
Alberto de Souza, por encubrimiento del homicidio de Claudio Lepratti. 32
En 2016 la mayoría de las investigaciones judiciales sobre los asesinatos y lesiones graves cometidos el 19 y 20 de diciembre
de 2001, se encontraban paralizadas o no habían sido elevadas a juicio. 19

Consecuencias
Durante los días y meses posteriores siguieron sucediéndose protestas y cacerolazos. El movimiento provocó en primer lugar la
renuncia de Fernando de la Rúa, lo que no frenó la crisis política. El día 20 se hacía cargo del Poder Ejecutivo el presidente de
la Cámara de Senadores Ramón Puerta, miembro del Partido Justicialista que fuera opositor al gobierno de La Alianza, quién
convocó a la Asamblea Legislativa para elegir un nuevo presidente.
El día 23 asumía la presidencia Adolfo Rodríguez Saá, también del Partido Justicialista. Entre sus primeras medidas dispuso la
suspensión del pago de la deuda externa, anuncio que fue hecho en el Congreso y acompañado por aplausos por parte de los
presentes. Además, prometió que sería reintegrado el dinero sustraído a los ahorristas.
El 30 de diciembre Rodríguez Saá renunció con pedido simultáneo de licencia, alegando falta de apoyo político, 34 lo que
desencadenó una nueva ola de inestabilidad. Ante la imposibilidad de encontrar al senador Puerta, debió hacerse cargo del
Poder Ejecutivo el presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Camaño, quien procedió a convocar otra vez a la Asamblea
Legislativa para elegir un nuevo presidente.
El 1 de enero de 2002 asumió la presidencia interina el exgobernador y senador bonaerense Eduardo Duhalde del Partido
Justicialista, quien había sido candidato a presidente en las elecciones de 1999, perdiendo ante De la Rúa. En su discurso de
asunción, reiteró la promesa realizada por Rodríguez Saa, de devolver el dinero sustraído a la población, en la misma cantidad
en que habían sido depositados, con la frase: “el que depositó dólares, recibirá dólares”, en la misma moneda en que éstos
habían sido efectuados, así garantizaba la paz social y el fin de la controvertida Convertibilidad.
En su discurso de asunción Duhalde sintetizaba la situación socioeconómica de la siguiente forma:
“No es momento, creo, de echar culpas. Es momento de decir la verdad. La Argentina está quebrada. La Argentina está
fundida. Este modelo en su agonía arrasó con todo. La propia esencia de este modelo perverso terminó con la convertibilidad,
arrojó a la indigencia a 2 millones de compatriotas, destruyó a la clase media argentina, quebró a nuestras industrias, pulverizó
el trabajo de los argentinos. Hoy, la producción y el comercio están, como ustedes saben, parados; la cadena de pagos está
rota y no hay circulante que sea capaz de poner en marcha la economía.”35

Cinco días después, el 6 de enero de 2002, derogó los aspectos esenciales de la Ley de Convertibilidad N° 23.928 eliminando
las operaciones de conversión monetaria 1 a 1 y la exigencia de contar con reservas por el 100% de la base monetaria, dando
inicio al régimen conocido como de "pesificación asimétrica". 36 La promesa de devolución de los dólares depositados nunca fue
cumplida.

Impacto
Las experiencias organizativas y económicas acontecidas a partir del argentinazo han inspirado en diferente medida a varios
movimientos políticos aun cuando los protagonistas de este a nivel general no estuvieran movilizados por una línea política
definida. Uno de los que más destaca la importancia de aquellas es el movimiento libertario internacional que ve en el anti
partidismo, pero sobre todo en el surgimiento de asambleas barriales de democracia directa, empresas recuperadas y
la economía asociativa, una muestra de la posibilidad de autogobierno.37
Así también otros movimientos o idearios más difusos han visto en estos hechos la evidencia de un nuevo orden social y
económico, cada cual proponiendo su vía.
En otro orden de consideraciones, a nivel regional esta crisis tuvo una incidencia directa en el vecino Uruguay. Como varios
miles de argentinos tenían depositadas cifras millonarias en cuentas del sistema bancario uruguayo, ante la necesidad de
disponer de su dinero realizaron masivos retiros, en lo que se consideró "la corrida bancaria más larga de la historia": el Banco
Central del Uruguay no cesó de inyectar dinero a los bancos en problemas, hasta que las reservas de Uruguay casi se
agotaron. Esto, sumado a las múltiples debilidades que venía exhibiendo la economía uruguaya y a imperfecciones de
supervisión de su sistema financiero (con menor intervención estatal respecto del argentino), a la postre ocasionó el
desencadenamiento de la crisis bancaria de 2002 en Uruguay.