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HNATALIA GINZBURG
1c) 1.p
ANTÓN CAÉJOV
VIDA A TRAVÉS DE LAS LETRAS

T&ApuccIóN DE CELIA FILIPETTO


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BARCELONA 200 6 ACANTILADO


PRIMERA EDICIÓN abril de 2006
TÍTULO ORIGINAL Antón Cechov. Vita attraverso le lettere
(Profilo biografico)

Publicado por:
ACANTILADO

Quaderns Crema, S.A., Sociedad Unipersonal Antón Chéjov nació en Taganrog el 17 de enero de
120
o Muntaner, 4 6 2- o 8 o o 6 Barcelona
Tel.: 9 3 4 144 906 - Fax: 934 147 107
186o. Taganrog era una pequeña ciudad del sur
correo@acantilado.es
de Rusia, a orillas del mar de Azov.)Hasta media-
www.acantilado,es dos del siglo xix había sido un centro de activida-
des comerciales animado y próspero, pero después,
198 9 by Giulio Einaudi editore, s.p.a.
por distintas razones—el estancamiento del puer-
© de la traducción, 2 o o 6 by Celia Filipetto
de esta edición, 200 6 by Quaderns Crema, S. A. to, la competencia de Rostov del Don—perdió su
antiguo prestigio. Al nacer Chéjov, la ciudad lleva-
Derechos exclusivos de edición de esta traducción:
ba mucho tiempo en declive. El escritor la recor-
Quaderns Crema, S.A.
dará como un arrabal soñoliento, habitado pot
ISBN: 84-96489-49 - 3 gente indolente: noches oscuras y vacías; callejue-
DEPÓSITO LEGAL: 13. 21.553- 1006
las embarradas; en verano, polvo y moscas; el agua
En cubierta, Antón Chéjov ante su casa en Mélijovo, 1897 era escasa e infecta, y el pan, pésimo.
Cuando él nació, su hermano mayor, Alexandr,
AIGUADEVIDRE Gráfica
tenía cinco años; su hermano Nikolai, dos. Des-
QUADERNS CREMA Composición
RomANYA-VALLS Impresión y encuadernación pués de él vino al mundp Iván, en 1861; a conti-
nuación, su hermana María, en 1863; y, finalmente,
Mijaíl, en 1865. Los abuelos paternos y maternos
Bajo las sanciones establecidas por las leyes,
habían sido siervos de la gleba. Al abuelo paterno
quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización lo habían liberado en 1841. Durante años, Pável
por escrito de los titulares del copyright, la reproducción total
o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento mecánico o
Egórovich, su padre, trabajó de contable y, a fuer-
electrónico, actual o futuro—incluyendo las fotocopias y la difusión za de sacrificios, consiguió montar una pequeña
a través de Internet—y la distribuCión de ejemplares de esta
edición mediante alquiler o préstamo públicos. tienda donde vendía azúcar, granos, harina y espe-

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cias, y, como anexo, tenía una pequeña taberna. en los cuentos de Chéjov: el humor despótico y co-
La modesta tienda se encontraba en el centro de lérico de uno, la apática resignación de la otra, los
Taganrog. La casa donde nació Chéjov estaba al cuartos en los que reinaba el miedo. La madre tra-
lado.
taba de defender a los hijos de la cólera y los co-
A causa del declive de Taganrog y, sin duda, rreazos del padre, pero su protección era débil,
también por la ineptitud del padre, la tienda iba aterrorizada, resignada a lo peor. Con este panora-
muy mal. Era un lugar sucio, lleno de ratones, y en ma familiar pasa su infancia y su adolescencia Ché-
invierno hacía un frío gélido. Antón debía hacer jov; de este ambiente nació la profunda aversión
allí los deberes, y al mismo tiempo, vigilar a los dos que el escritor sintió toda la vida hacia las prácti-
dependientes, servir vodka a los parroquianos y cas religiosas y su constante preocupación por el
contar el dinero. Quizá por culpa de todas estas dinero, aunque no en forma de pasión avara y ávi-
pesadas tareas, de niño fue muy mal alumno. Si co- da, como le ocurría a su padre, sino como una ne-
metía algún error en las cuentas de la caja, su pa- cesidad apremiante y obsesiva, como le ocurría a
dre le pegaba con el cinto. su madre. Al mismo tiempo, dada su naturaleza
Su padre era un hombre despótico, colérico, contradictoria y llena de contrastes, además de la
de humor cambiante y de una sórdida avaricia, fru- permanente preocupación, sentía también una pro-
to de las dificultades económicas, pero también de funda y total indiferencia por la naturaleza del di-
su enfermizo apego al poco dinero que le daba la nero, que lo impulsaba a regalarlo a quien fuese en
tienda. Era un hombre devoto. El dinero y las cuanto disponía de él.
prácticas religiosas dominaban sus pensamientos y Jamás consiguió librarse de su familia; de seis
sus días. La madre era una mujer sumisa, resignada hijos que eran, fue el único que, desde muy joven,
y apática, exhausta por los embarazos tan seguidos, tomó las riendas y asumió las responsabilidades
consumida por las preocupaciones. No hacía más del hogar, carga que llevó sobre los hombros has-
que contar mentalmente el poco dinero del que ta el final de sus días.
disponían para sacar adelante a la familia, no con El padre manifestaba cierto amor por el arte,
la morbosa intensidad de su marido, sino con el extraña característica en un temperamento beato y
terror de una liebre perseguida. Tanto la figura del rapaz como el suyo. Tocaba el violín de forma au-
padre como de la madre aparecen con frecuencia todidacta y pintaba imágenes sagradas. Chéjov dijo
más tarde que sus hermanos habían heredadó el, gastaron todos los ahorros. Las deudas hiciéron
talento artístico del padre y el alma de la madre, del padre de Chéjov un hombre aún más colérico.
Entre sus parientes, el más querido era Mitro- Los dos hijos mayores se marcharon de Taganrog,
pues no soportaban el ambiente familiar, y se esta-
fán, su tío paterno. Vivía en Taganrog; los jóvenes
Chéjov iban a menudo a su casa. blecieron en Moscú.
Decepcionado por lo mal que marchaba la! Alexandr encontró un puesto dé preceptor en
tienda, el padre quiso que los hijos estudiaran. Sin. una familia. Además, trabajaba de amanuense. Man-
embargo, ocurría con frecuencia que no podían ir tenía a su hermano' Nikolai, que confiaba en poder
a la escuela porque no habían pagado las mensna- matricularse en una escuela de arte.
lidades, o porque no tenían zapatos o ropa ade- Cuando se marcharon sus dos hijos, el padre
cuada. Alexandr parecía tener aptitud para las Ma- montó en cólera. Sin embargo, poco tiempo des-
pués, se vio obligado a reunirse con ellos en Mos-
temáticas; a Nikolai le encantaba pintar. En un
principio, Antón decidió que quería estudiar medí- cú y a pedirles asilo. Se había decretado la quiebra
cina. A los quince arios estuvo a punto de morir. del negocio y temía acabar en la cárcel. Se marchó
de Taganrog de madrugada, a pie, y tomó el tren en
de peritonitis, y se salvó gracias a la paciencia y la
devoción de un médico; tal vez la idea de ser médi- la siguiente estación para que nadie lo viera. bu-
co le viniera de esa época. Esos estudios exigían rante un tiempo, trabajó de obrero en un taller de
largos años de dedicación y muchos gastos. Sin em- Moscú y luego de amanuense en un almacén. La
madre puso la casa en venta y se la compró Selivá-
bargo, no cejó en su empeño. De pequeño era de
nov, su inquilino. Ella también se marchó a Moscú
jado y distraído; en el bachillerato se aplicó muCho
con María y Mijaíl, y se alojó en casa de unos pa-
en los estudios.
La peritonitis le dejó secuelas: molestias intes- rientes. Iván se quedó en Taganrog, con una tía;,
tinales y unas hemorroides que lo atormentaron el Antón también se , quedó. Selivánov le había are-1
cido un lugar donde dormir y un plato de comida a
resto de sus días.
En un solar heredado, su padre construyó una . cambio de que le diera clases de repaso a su sobri-
casa a la que se trasladó la familia. Era una casa., no. Vivió, pues, como subordinadolen la casa que
grande, de la que alquilaba un ala un tal Selivánov, había pertenecido a su familia.
La madre le encargó que vendiese los pocos
funcionario del tribunal. En su construcción se
objetos salvados del naufragío: algunos bártulos, mo; poseía una inteligencia viva, pero de ideas
alguna que otra silla rota, las cacerolas. Y para man- confusas; era mitómano y veleidoso, enviaba a los
' :darle algo de dinero, iba de acá para allá en busca peiiódicos escritos que de vez en cuando le publi-
de compradores y de más clases de repaso. Tenía caban; soñaba con grandes acontecimientos y, en-
dieciséis años. Más tarde dijo que la pobreza de tretanto, bebía. Cuando estaba borracho se volvía
aquellos años era para él como una muela picada, antipático y violento; no tardó en unirse a una mu-
que le producía un dolor persistente y sordo del que jer que había dejado al marido para irse con él, tu-
no se libraba jamás. vieron hijos. Nikolai, el segundogénito, también se
Tres años después obtuvo el diploma de bachi- dio a la bebida, como su hermano y su padre; era
ller y una beca de veinticinco rublos mensuales. de naturaleza amable, pero holgazán y de carácter
Partió para Moscú. La familia se había reunido y débil; la vocación que tenía por la pintura se le iba
vivía acampada en un sótano. Al poco tiempo se en vodka y en dormir; se levantaba a mediodía,
marchó el padre, tras encontrar una cama en el al- pintaba poco, en contadas ocasiones lograba colo-
macén donde trabajaba; ganaba treinta rublos al car algún pequeño dibujo por unos pocos kopecs.
mes, pero le pasaba poco dinero a la familia por- En cuanto a los demás, Iván estudiaba para maes-
que se había dado a la bebida. No obstante, el he- tro con empeño pero escasa fe en el futuro; María
cho de que no viviera con ellos era un alivio para ayudaba a su madre en las labores del hogar y tejía
todos; sólo aparecía los domingos. También se mar- chales que después vendía. Y Mijaíl todavía era
chó Alexandr. En aquel sótano sin ventilación eran niño. Antón decidió que María y Mijaíl debían se-
demasiados, pero Antón convenció a su madre para guir estudiando. Creyó necesario mudarse a un si-
que admitiera como pensionistas a tres estudian- tio un poco mejor, así que dejaron aquel sótano es-
tes, y ella aceptó. trecho y húmedo, y en la misma calle pobre y de
Disipado en las tabernas el despotismo pater- mala fama, encontraron un apartamento algo más
no, la madre, falta de energía y acostumbrada a grande, en un segundo piso.
obedecer, fue incapaz de llevar adelante aquella A los diecinueve años, Antón se convirtió en el
comunidad familiar desordenada y desorientada. cabeza de familia, de todos ellos era el único con
Alexandr, el hijo mayor, se mantenía lejos de la fa- las ideas claras. En sus visitas semanales, el padre
milia, igual que el padre, y sólo pensaba en sí mis- se entristecía al notar que había perdido las rien-

IO II
das de la casa; quería seguir imponiendo discipli- que nos ha mandado. Nuestra bendición por su fu-
na, prácticas religiosas, horarios que nadie respe- turo trabajo.» El cuento apareció dos meses más
taba, pero estaba siempre borracho y a menudo tarde; Chéjov había firmado . «V.». Corría el año
ausente. ig 8 o; ese año le publicaron nueve cuentos y al ario si-
En el año 1881, Dostoievski moría en San 'Pe- guiente, otros trece. Le pagaban cinco kopeks la lí-
tersburgo. Dos años más tarde, desaparecía Tur- nea. Y mientras escribía debía tener bien grabadas
guéniev. en la mente dos cosas: la necesidad de ser breve y
En 1881, la bomba de un terrorista mató al zar no superar nunca el número de líheas del encargo,
'Alejandro II. Le sucedió su hijo, Alejandro Su y las imposiciones de la censura. Adoptó varios
gobierno fue mucho más opresivo que el anterior. pseudónimos, el más frecuente era Antosha Che-
Aumentó la vigilancia policial, se multiplicaron los jonte. En ocasiones tardaban en pagarle, o bien le
'registros y las detenciones, la censura se hizo más pagaban con entradas de teatro.
rígida. Chéjov, que entonces iba a la universidad, Los hermanos Chéjov amaban apasionadamen-
asistía a las asambleas estudiantiles en las que se te el teatro. En Taganrog, cuandó eran muchachi-
'debatían ideas revolucionarias. Pero asistía sólo tos, interpretaban ante un público de amigos y
como espectador. Creía en el progreso de la cien- parientes las comedias escritas por Antón. Él tam-
cia, y consideraba que éste acabaría con la miseria bién actuaba, y arrancaba aplau'sos y carcajadas.
y la injusticia social del mundo. A los trece años, en Taganrog, quedó embelesado
En esa época quería ser médico y no tenía otros tras ver La bella Elena, de Offenbach. Más tarde
planes. Cuando empezó a enviar' relatos cortos a vio con gran emoción Hamlet y El revisor de Go-
las revistas humorísticas, como hacía su hermano gol.
Alexandr, sólo le interesaba ganar unos cuantos En el año 8 8 o escribió en Moscú una comedia
kopecs. Durante un tiempo, sus relatos fueron re- de cuatro actos, sin título. Estaba abarrotada de
chazados, hasta que llegó un día en que entre las personajes y era muy confusa. Tenía lugar én una
observaciones destinadas a los escritores noveles, casa de campo, donde un grupo de personas ocio-
publicadas en La Libélula, en la columna titulada sas soñaban, en medio de 'bostezos, con una vida
«Buzón de correo», leyó el siguiente comentario a mejor. Un parásito cínico y pelagatos llamado Pla-
uno de sus cuentos: «Nada mal. Publicaremos lo tínov sacaba partido del atractivo que ejercía en

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las mujeres para aprovecharse de ellas. Finalmen-
traron en una cervecería; Leikin los invitó a salchi-
te, sentía remordimientos y, en voz alta y delante
chas y cerveza. Le propuso a Antón que le enviara
de todos, decía cuánto se despreciaba. Tanto la
relatos .y a Nikolai que los ilustrara. Los cuentos de-
ambientación como los personajes volverían a apa-
bían ser breves, ligeros y cómicos, tener en cuenta
recer en el teatro de Chéjov. Pidió a su hermano
la censura y evitar toda referencia a la dureza de
Mijaíl que copiara la ccimedia. Y fue el mismo Mi-
los tiempos. Fijó la remuneración, ocho kopeks la
jan quien se encargó de llevarla al Teatro Maly para
línea. Antón le prometió que le enviaría a San Pe-
que se la entregaran a la famosa actriz María Er-
tersburgo un paquete con manuscritos ilustrados
mólova. La comedia fue rechazada. Mortificado, por Nikolai.
Antón la destruyó. Años después de su muerte, se
Escribía en los momentos libres. Su casa era
encontró una primera versión a la que se le puso el
título de Platónov y se representó en París con al- muy ruidosa: su hermano Alexandr llegaba borra-
cho, e insultaba a la hermana y a la madre; Nikolai
gunos cortes, sin los cuales habría durado más de
siete horas. también regresaba borracho tras varios días de au-
sencia, en los que nadie sabía dónde se metía; ve-
Tras destruir esta comedia, Chéjov volvió a sus
nían los parientes con niños pequeños. Chéjov no
cuentos cómicos. Rompió relaciones con La Libé-
lula. Enviaba los cuentos a otras revistas, a El Des- disponía de un rincón tranquilo para él solo.
Algunos de sus cuentos más famosos aparecie-
pertador y El Espectador, que le pagaban un poco
ron en sus primeros años de colaboración con los
mejor, seis kopeks la línea. Un día de otoño de
18 8 2,, cuando paseaba con su hermano Nikolai por periódicos: «La muerte de un funcionario», «El
gordo y el flaco», «Apellido de caballo». En «La
una calle de Moscú, se detuvo delante de ellos un
muerte de un funcionario», un ujier se encuentra
carruaje del que bajó el poeta Palmin, al que Ché-
en el teatro y le estornuda en la nuca a la persona
jov conocía; con él iba un caballero gordo de tupi-
que tiene delante. Al darse cuenta de que se trata
da barba negra, era Leikin, director de Astillas, re-
de un general, le ofrece tantas excusas que éste aca-
vista humorística de San Petersburgo. Palmin le
ba por mandarlo al diablo, y el ujier muere. En «El
dijo a Leikin: «He ahí dos hermanos con mucho
ingenio, uno pinta . y el otro escribe.» Leikin bus- gordo y el flaco», dos antiguos compañeros de co-
legio se encuentran por casualidad en la estación,
caba colaboradores para su revista. Los cuatro en-
asistimos a la euforia locuaz y fastidiosa de uno, y

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a la pesadez evasiva y recelosa del otro. En «Apelli- sen, los reciban con alegría. De es'a manera, Ché-
do de caballo», conocemos a un general atormenta- jov tuvo al fin elpOder de combinar, en algunas
do por el dolor de muelas, y vemos cómo sus fami- ocasiones, la comicidad con la melancolía, y la los
liares y criados se pierden en la afanosa búsqueda rasgos que provocaban sonrisas, sumarles la emo-
del apellido de un curandero, que recuerda a algo ción, la piedad y el dolor. Desde (lile comenzara a
relacionado con los caballos. Chéjov ya tenía una escribir, tuvo pcú fin la libertad de abandonar la
forma extraordinaria de introducirse en una histo- única fuente de laiqUe le habían perMitido surtirse,
ria, una forma brusca y ligera, fulminante e impe- el humor cómico; así como la visión limitada y es-
riosa; como si de pronto alguien abriera de par en quemática de la existencia. Ahora' bien, si en los
par una puerta o una ventana para ofrecer al lector cuentos cómicos la risa nacía junto con un frío es-
los rasgos de una figura humana o de un grupo de fi- tremecimiento, en los cuentos más serios la emo-
guras humanas, permitirle escuchar el sonido de sus ción y el dolor nacían de una atmósfera inclemen-
voces, intuir sus estados de ánimo, el servilismo ola te y fría, que cortaba la respiración, como el aire
afectación, la paciencia o la prepotencia, y a conti- cuando nieva. Y si el lector derrarriaba algunl que
nuación, cerrara esa puerta o esa ventana ante ,el otra lágrima, el escritor tenía siempre los ojos se-
lector absorto, divertido y estupefacto. Ya por en- cos. Además, los personajes de sus cuentos ofrecían
tonces, detrás del ujier desolado o de ese general sin cesar comentarios, juicios, observaciones; opi-
pendiente de «aplicar sobre la muela enferma ceni- niones. El escritor no ofrecía comentario alguno.
za de tabaco, opio, trementina, petróleo», se veía un No daba la razón a nadie ni se la quitaba. Así era
hervidero de gente, patrones y criados con su carga Chéjov en sus primeros relatbs y así fue en los últi-
de abusos y miseria, y en el planteamiento cómko mos. Un escritor que nunca hacía éomentarios.
se insinuaba un frío estremecimiento. Su bellísimo relto de 18 8 6 titulado «La coris-
Chéjov le hizo a Leikin dos peticiones. Poder ta» ocupa cinco páginas. Pasha, joven corista, reci-
escribir relatos más largos, cosa que se le permitió, be un día la visita de la esposa de uno de sus «ado-
y 'poder redactar algún cuento que no fuera cómi- radores», una distinguida señora, delgada, alta y
co, cosa que también le fue concedida. Leikin ma- pálida. La señora le! monta a Pasha una escena de
nifestó algunas dudas. Sin embargo, los lectores celos y quiere que le devuelva todos los objetos de
amaban esos cuentos y, estuvieran como estuvíe- valor que su marido le ha regalado,Iporque la dama

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y sus hijos se encuentran en graves dificultades su consulta, no se atreve a pedirle nada y, tímida-
económicas. «Pasha se dio cuenta de que aquella mente, le dice que tiene dolor de muelas. El dentis-
dama vestida de negro, con ojos furibundos y de- ta le arranca la muela y quiere que le pague. La mu-
dos blancos y finos, la consideraba un ser repulsi- chacha le entrega el único rublo que lleva en el
vo y odioso, y sintió vergüenza de sus mejillas son- bolsillo y que había conseguido tras vender un ani-
rosadas y regordetas, de las pequeñas manchas de llo en el Monte de Piedad. Se marcha escupiendo
su nariz, del mechón que caía sobre su frente y que sangre. «Iba por la calle escupiendo sangre, y cada
no había manera de dominar.» Presa de la ver- uno de aquellos esputos rojos le hablaba de su vida,
güenza y la cólera, entrega a la señora cuanto po- de su mala y penosa vida, de las ofensas que había
see; del marido de ella no había recibido más que soportado y de las que soportaría mañana [...] " ¡Oh,
dos pequeños objetos de poco valor, lo demás se lo qué terrible!—murmuraba—. ¡Qué horrible, Dios
habían dado «otros señores», le cuenta a gritos a la mío! "» Al día siguiente, sin embargo, se va a bailar
señora, y sollozando le lanza todo al regazo. Cuan- a un local elegante: «Llevaba un sombrero nuevo,
do la dama se marcha, el marido de ésta, que se ha- enorme y bonito, una chaqueta nueva a la moda y
bía escondido en la habitación contigua, sale y se unos zapatos de color bronce. La obsequiaba con
desespera, porque su esposa se había humillado aquella cena un joven comerciante recién llegado a
delante de Pasha, se aparta de ella «con repugnan- Kasan.» Comicidad y piedad se entrelazan estre-:
cia» y se marcha. Una vez sola, «Pasha se tumbó y chamente, de tal manera que forman una unidad.
estalló en fuertes sollozos. Echaba de menos las jo- A veces, la comicidad desaparece y queda úni-
yas que había entregado en un momento de arre- camente la dolorosa representación de la existen-
bato y se sentía ultrajada. Recordó que tres años cia. También de 18 8 6 es el relato titulado «Tristeza»,
antes un comerciante la había golpeado sin motivo la historia del cochero que perdió a su hijo peque-
alguno y lloró con más fuerza aún». También de ño. Le gustaría confiarle su desgracia a los pasaje-
18 8 6 es el relato «Un hombre conocido». En él, una ros mientras los lleva en el carruaje, pero ninguno
muchacha que se encuentra «sin casa y sin un cén- de ellos se muestra dispuesto a prestarle atención y
timo», sin un traje ni un sombrero decente, re- no le queda más que desahogarse con el caballo.
cuerda que había conocido a un dentista al que tal «Así es, mi buen rocín... Kuzmá Iónich ya no está
vez podía solicitarle un préstamo. Cuando llega a entre nosotros... Nos ha dejado... Se murió de re-

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pente, así como así...» La ciudad está cubierta de Los paquetes con los ejemplares no vendidos le
nieve y barro, es una noche gélida, en la cochera él fueron devueltos. 'Chéjov encontró ,consuelo ense-
aire es sofocante, y los demás cocheros entran y sai guida. Había terminado la universidad. Era médi-
len, indiferentes. El caballo echa el aliento en lal co. Colocó una placa en la puerta de su casa: «A.
manos de su amo, come avena, escucha. El coche Chéjov, doctor en medicina.»
Durante un tiempo fue médico municipal en
ro se lo cuenta todo.
Alexandr encontró empleo en la aduana y se un hospital de los alrededores de Voskresenks, y
trasladó a Taganrog. Iván, el cuartogénito, se diplo- más tarde, en otro hospital de Zvenigorod, donde
mó en magisterio. Consiguió un puesto en la es- tuvo que operar a un niño. Se trataba de una pe-
cuela parroquial de la aldea de Voskresenks. Le queña intervención, pero era la primera de su vida.
dieron una casa bastante grande en la que su fami- El niño se retorcía yigritaba. Le entró miedo y lla-
lia pasó el verano. En los alrededores había lagos mó a otro médicopara que lo ayudara.
donde pescar y bosques llenos de setas. Fue pat'a Ese invierno .de 18 8 4 vomitó sangre. No le dio
importancia. Les dijoa todos y se dij• a sí mismo que
todos un verano tranquilo.
se le había roto una venita de la gaiganta.
4, Chéjov se costeó de su propio bolsillo
En 1884,
la publicación de una pequeña antología de los Con el tiempo llegó a ser buen médico. Tenía
que consideraba sus mejores cuentos, que vio la muchos pacientes. A los pobres los atendía gratis.
La situación familiar parecía haber mejorado.
luz con el título de Cuentos de Melpómene y bajo el
pseudónimo de Chejonte. Tras perder el empleó, Compraron muebles y un piano. Iván había conse-
Alexandr regresó a Moscú y se ocupó de distribuir guido un puesto en tina escuela de Moscú y se ha-
el libro. A raíz de un malentendido, la obra acabó bía marchado de Voskresenks. Par pasar el verano
en las estanterías de libros juveniles. Fue un fraca- alquilaron una casa en Babkino. Se trataba de una
so absoluto. «Rusia oirá hablar de ti, Antosha—le casa rodeada de plantas. Los Chéjov daban gran
escribía Alexandr a su hermano, quien por aquella importancia a los veraneos y a todos les gustaba el
época no estaba en Moscú—. Muérete pronto, y te campo, pese a que en el pasado habían odiado el
llorarán también al otro lado del océano. Tu gloria barro y el polvo de Taganrog.
crecerá. Entretanto, la gente compra tu libro muy Cerca de Babkino vivía el pintor Isaak Levitán.
Por entonces era un joven de unos veinte arios. Te-
a regañadientes.»

2I
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nía la nariz larga, ojos negros y una tupida cabelle- cionario. Pero Suvorin le cayó bien a Chéjov. De
ra negra. Estaba enfermo de los nervios y le ronda- joven había sido muy pobre y provenía de una fa-
ba la idea del suicidio. Ese verano, Chéjov se hizo milia de siervos de la gleba. Su mujer, como no se
muy amigo de él y lo llevaba con frecuencia a su cansaba de repetir, había caminado descalza. Aho-
casa. Levitán se enamoró de María, la hermana de ra eran fabulosamente ricos. A Chéjov le parecía
Chéjov. Por lo demás, siempre se enamoraba de to- cómico, porque se daba mucha importancia y se
das las mujeres. Le pidió a María que se casara con jactaba de su riqueza. Pese a ello admiraba su inte-
él. La muchacha lloró mucho, por compasión y ligencia, su ironía y su cultura. Suvorin le pidió
porque estaba indecisa. Antón la disuadió. No iba que colaborara con Tiempo Nuevo. Le ofreció doce
a ser feliz. María rechazó a Levitán. No se casó kopeks la línea. Entablaron una amistad que duró
nunca. muchos años.
La casa de Babkino había salido cara. Chéjov De regreso a Moscú le envió a Suvorin un relato,
acabó aquel verano cargado de delicias. Ni siquie- «Réquiem», y Suvorin se lo publicó de inmediato.
ra sabía cómo pagar el regreso de la familia a la Se disponía a publicar una nueva selección de
ciudad. Se vio obligado a pedir un préstamo a los cuentos con el título de Cuentos variopintos (o Re-
periódicos. Finalmente, consiguieron marcharse de latos abigarrados). Suvorin y otros le insistían para
Babkino. que usara su nombre. Él no quería. Solía decir que
En Moscú se mudaron de apartamento. Se fue- en realidad era médico y que pronto dejaría de es-
ron a un barrio sobre el Moscova, un barrio «bara- cribir. La medicina era su legítima esposa, y la li-
to, limpio, estúpido y tranquilo», según se lo des- teratura, su amante. Y añadía que no tardaría en
cribió Chéjov a Leikin en una carta. abandonar a esa amante.
Leikín invitó a Chéjov a pasar dos semanas en En febrero de 1886 recibió una carta de Grigó-
San Petersburgo y se hizo cargo de los gastos. El es- rovich. Para Chéjov fue una gran emoción. Gri-
critor aceptó. Corría el mes de diciembre de 18 8 5. górovich era un escritor muy conocido, de sesenta
En San Petersburgo conoció a Alexéi Suvorin, di- y cinco años. Chéjov lo había conocido en San Pe-
rector de la revista Tiempo Nuevo. No gozaba de tersburgo, pero apenas se habían hablado. En su
buena fama. Se decía de él que era astuto, cínico, carta, Grigórovich le manifestaba su inmensa ad-
oportunista, falto de escrúpulos. Su diario era reac- miración. Cuarenta años antes, Grigórovich había

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celebrado la revelación de un gran escritor: Dos-
, sitarlo el padre, siempre inflexible, vanidoso, par-
toievski. Con gran entusiasmo, Grigórovich le esdri- lanchín. Iban las amigas de María,: el poeta Palmin
bía ahora a Chéjov que leía todo lo que las revistas y el escritor Korólenko, y además, pintores amigos
publicaban de Chejonte. «Tiene usted verdadero de Levitán y Nikolái. Este último pintaba cada vez
talento, un talento que lo coloca por encima de to- menos, y algunaá veces por la noche, había qUe ir a
dos los escritores de la joven generación.» Le daba buscarlo porquel de tan borracho se dormía en las
algunos consejos: que no escribiera demasiado,'ni tabernas.
demasiado deprisa; que no utilizara detalles exce- Alexandr estaba entonces en San Petersburgo;
sivamente crudos, como uñas irregulares o pies su- Suvorin lo había contratado para la redacción de
cios; que firmara con su verdadero nombre. Ché- su revista. En laprimavera de 1887, se desató una
jov hizo caso omiso de estos consejos. epidemia de tifus. Alexandr le escribió a Antón
Así y todo la carta de Grigórovich lo había he- que había enfermado y le rogó que fuera ensi egui-
cho tan feliz que no se cansaba de releerla y de en- da. Antón partió de inmediato. En realidad, Ale-
señársela a parientes y amigos. Aparecieron los xandr no tenía hada, estaba muy deprimido y se
Cuentos variopintos, que no tuvieron buena recep- había inventado una enfermedad. Quien había con-
ción por parte de los críticos. «El delirio de un de- traído el tifus era la mujer que vivía con él. Antón
mente», escribió uno. Y otro escribió que era la atendió hasta 'qué se curó. Vio a Suvorin y con-
como «un limón exprimido que se pudre a los pies versaron largamente. El director de Tiempo Nuevo
de un muro». Como Chéjov sabía que Grigórovich le ofreció publicar 'una nueva selección de cuentos
Suvorin lo admiraban, se sintió herido por estos por la que le pagó un anticipo de trescientos ru-
comentarios, humillado ante ellos. blos; el escritor aceptó.
Quiso mudarse otra vez de casa. En esta oca- Al regresar á casa no conseguía quitarse de la
sión no alquiló un apartamento, sino una casa de cabeza aquella enfermedad, y se acordaba de la ciu-
dos plantas en el centro de Moscú. Tenía la con- dad de San Petersburgo, triste, azotada por la epi-
sulta en la planta baja. El alquiler era alto y tuvo demia, de la gente que lloraba y rezaba en las igle-
que llevar el reloj al Monte de Piedad. Se vio obli- sias, del luto y los funerales en todas las calles.
gado a pedirle un préstamo a Leikin. Escribió el cuento titulado «Tifus» y lo incluyó en
La casa estaba siempre llena de gente. Iba a ¡vi- la antología quelmás tarde enviaría a Suvorin.
1
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Con el anticipo de Suvorin se sintió rico y qui- pero de ideas limitadas, son personajes que reapa-
so volver a ver Taganrog. Su ciudad natal le pare- recen con frecuencia en el teatro de Chéjov bajo
ció horrible. Como horrible también le pareció la diversas formas y con múltiples transformacio-
casa de Selivánov, ahora deshabitada y en ruinas, nes, del mismo modo que reaparecen los lugares,
esa casa que en otros tiempos les había perteneci- la casa de campo, el jardín, y las conversaciónes
do y donde de adolescente había vivido días humi- que fluctúan entre las futilidades aburridas y las
llantes. Después quiso visitar la estepa. Le daba confesiones impetuosas. En Ivánov, el protagonis-
vueltas a la idea de un cuento, un cuento largo, casi ta, Chéjov retrató, quizá, las figuras de sus dos her-
una novela, pero sin vicisitudes, un viaje por la es- manos, Alexandr y Nikolai, incapaces de vivir,
tepa. Lo escribió un ario más tarde. apasionados y cínicos al mismo tiempo, soñadores
En otoño de 1887, con el título de En el crepús- y holgazanes, sin fe y sin voluntad.
culo, aparecieron los dieciséis cuentos. El libro no Ivánov se representó en Moscú, en el Teatro
tuvo demasiado éxito de ventas. En esta ocasión, la Korsh, en noviembre de 18 8 7. En la cartelera figu-
crítica se mostró favorable, pero Chéjov juzgaba raba el verdadero nombre de Chéjov. Los actores
banales o ambiguos aquellos comentarios. En ge- eran malos intérpretes, uno de ellos subió al esce-
neral lo elogiaban, pero deploraban la desolación nario borracho. Chéjov se dio cuenta entonces de
de su alma. lo difícil que era el teatro, y debió de ser bastante
Escribió un drama, Ivánov. Pensaba siempre penoso para él comparar aquellas voces y aquellos
en el teatro; el ario anterior había escrito un breve cuerpos con las criaturas de su imaginación. Al fi-
monólogo cómico, Los perjuicios del tabaco. Lo nal hubo aplausos y silbidos, y un gran tumulto en
guardaba en un 'cajón. Ivánov es un drama en cua- la platea. Algunos de los espectadores se enzarza-
tro actos protagonizado por un terrateniente que ron en una pelea. Llegó la policía. María, la her-
sueña con un porvenir mejor para la humanidad, mana, estuvo a punto de sufrir un desmayo. Ché-
pero es un inepto para ocuparse de sus tierras y, en jov mantuvo la calma.
las relaciones con las personas más próximas, se En los días siguientes volvió 'a escribir sus cuen-
muestra desabrido. Es tal el desprecio que siente tos con el pseudónimo de Chejonte.
hacia sí mismo que acaba suicidándose. La joven De 18 87 es «Kashtanka», la historia de una pe-
Sasha, enamorada de él, y el médico Lvov, honrado rra. En el curso de los años, Chéjov retrató varios

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animales: la perra Kashtanka, el lobo Frente Blanca. el mundo es visto de nuevo a través de ojos infanti-
En 1 «Kashtanka» y en «Frente Blanca», se ve el les, pero se trata de un mundo gris y desesperado;
mundo a través de los ojos de una perra o los de un las paredes húmedas :' y sucias de uña habitación
lobo; se trata de una mirada joven, ingenua, curio' donde una niñera, alucinada por la fatiga y el sueño,
sa, profundamente asombrada, absorta en descuL mata al niño de sus amos. «Ganas de dormir»i re-
brir y espiar los incontables aspectos extraños del cuerda otro cuento, de pocos años antes, titulado
mundo, sus incontables rarezas y extravagancias; «Vanka»: la carta desconsolada escrita por un niño,
las infinitas formas, imprevisibles y multicolores', al que su abuelo, obligado por la pobreza, coloca de
que puede ofrecer el azar, las costumbres de aprendiz en el. taller 'de un zapatero. El niño no
demás animales y las de los hombres. En eso radi. vuelve a ver jamás a su abuelo, ni la aldea donde ha-
ca la grandeza de Chéjov: sabe interpretar a los bía nacido y dondeihapía quien le tenía cariño.
seres más dispares, ya se trate de perros, lobos', Del mismo año 1888 es «La onomástica»: una
hombres o mujeres; a los ojos de todos ellos, el mujer celosa, una fiesta al aire libre con muchos in-
mundo puede parecer amigo o enemigo, afectud- vitados, vinos, manjares, una violenta discusión' en-
so o terrible, pero resulta tan extraño que la mira- tre marido y mujer, y un niño que nace muerto. En
da aventurada es, sobre todo, de asombro. Con él los cuentos de Chéjov, nunca aparecen la felicidad
paso de los arios, Chéjov retrató, además, figuras en los matrimonios ni la armonía familiar.
inolvidables de niños. El niño Grisha, a quien fié Vil el verano de i888, pasó unas semanas en
van a pasear y a ver las rarezas de la ciudad, o él Crimea, en Feodosiya, en la casa de los SuvOrin,
muchachito de «La estepa», o la joven niñera de una espléndida mansión frente al mar. Al principio,
«Ganas de dormir», o el niño Vanka, aprendiz en la mujer de Suvoriii le pareció estúpida y charlata-
el taller de un zapatero. na, «habla con voz de bajo o ladra como un perro»,
En 1888, Chéjov escribió «La estepa», su cuen según le comentaba en una carta a su hermano Mi-
to más largo hasta ese momento. Se trata de un re- jan. Sin embargo, cuando la trató, le resultó sim-
lato memorable: la estepa vista por un niño. Es un pática y descubrió que su cháchara' era como «el
cuento en el que reinan la luz y el aire, esa luz y ese canto de un canario», que se podía escuchar du-
aire que, sin embargo, están ausentes en un breve rante largo rato sin prestarle demasiada atención.
relato del mismo año, «Ganas de dormir», en el que En general, la mujer :despreciaba a los escritores

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contemporáneos, a Korolenko y Chéjov, pero ido- amigo Pleshéiev. Allí escribió «Una historia abu-
latraba a Tolstói. A Chéjov le encantaban los baños rrida», relato en primera persona, dominado por la
de mar y las comodidades de aquella casa. idea de la muerte.
En otoño se enteró de que la Academia de las
En otoño, de vuelta en Moscú, escribió un nue-
Ciencias de San Petersburgo le había otorgado el vo drama, El espíritu de los bosques. Hubo quien
premio Pushkin por su volumen de cuentos En
quiso ver en el viejo profesor Serebriakov una carí-
el crepúsculo. Eran quinientos rublos. Soñó con com-
catura de Suvorin. Chéjov le suplicó- a Suvorin que
prar algún día una casa en el campo y unas tierras. no diera crédito a esas patrañas. Otras voces male-
En enero de 1889, se hizo otra representación
volentes decían que Chéjov se había vendido a Su-
de Ivánov en San Petersburgo, que en esta ocasión
vorin, que muy pronto se casaría con la hija de éste.
tuvo un gran éxito.
En realidad, la hija de Suvorin era apenas una niña.
En junio de ese año murió su hermano Nikolai. El espíritu de los bosques se representó en Mos-
Estaba alcoholizado y padecía tuberculosis. Con- cú, en el Teatro Abrámov, en diciembre. La crítica
trajo el tifus, y Chéjov se lo llevó a Luka, en el cam-
habló muy mal de esta pieza. No era teatro. No sig-
po, donde había alquilado una casa de veraneo, y nificaba nada.
allí trató de curarlo. Fue también Alexandr. El es-
Años más tarde, Chéjov retomó el texto. Tras
critor se tomó unos días de descanso, viajó a Pol- reescribirlo por completo, El espíritu de los bos-
tava, a casa de sus amigos Smagin. Nikolai murió ques se convertiría en El tío Vania.
en su ausencia. Siempre había dado preocupacio-
A finales de ese ario leyó por casualidad unos
nes por su vida desordenada y errante, pero era de
apuntes de su hermano Mijaíl, que estudiaba dere-
carácter dulce y amable. La familia lo amaba tier-
cho penal. Tuvo la impresión de que la gente se in-
namente y no encontró consuelo tras su pérdida.
teresaba por los criminales hasta el día de la sen-
Chéjov abandonó Luka en el mes de julio, ya tencia, pero que nadie sabía en realidad cómo se
no soportaba aquel lugar que había visto sufrir y vivía en las cárceles o sometido a trabajos forza-
morir a su hermano. No sabía adónde ir, pero que-
dos. Tuvo entonces la idea de viajar a Siberia para
ría alejarse un tiempo de su familia. Al final deci- conocer la vida de los presos de la colonia peniten-
dió viajar solo a Yalta. Era la primera vez que iba.
ciaria de la isla de Sajalín, situada en el Pacífico.
«Ciudad de tártaros y peluqueros», le escribió a su Decidió partir rumbo a Sajalín, pese a que todos

3
diato. También loatrajo otra joven amiga de su her-
los miembros de su familia le rogaron que renun-
mana, Lika Mizinova, aunque, en realidad, el escri-
ciase al viaje, pues temían sus fatigas e incomodi-
tor huía de todo cOmpromiso sentimental. Susyela-
dades. Suvorin también trató de convencerlo para
ciones con Lika Mizinova eran tiernas pero siempre
que no se marchara„ Todo fue inútil. irónicas, y algunas veces, crueles. La muchacha es-
Hubo quien creyó que se iba a causa de una de-
taba enamorada de él y Chéjov lo sabía. «Maravi-
cepción amorosa. La más persuadida de ello era
llosa Lika», le decía en sus cartas. Para mantenerse
una señora llamada Lidia Avilova, a la que el escri-
distante, en sus frases dejaba traslucir una burlona
tor había conocido en San Petersburgo. Avilova
frialdad.
estaba segura de que Chéjov se había enamorado
En abril de r 89 0 emprendió viaje a Sajalín. Toda
de ella y de que se marchaba presa de la desespe-
su familia y algunos amigos lo acompañaron a la
ración. Ella tenía marido y un hijo. Cuando Chéjov
estación. Su madre y su hermana lloraban. Lika Mi-
la conoció, era una mujer rubia y joven.. Escribía
zinova tenía los ojos; pañados en lágrimas. En e úl-
novelas que enviaba al escritor, y éste las leía con
timo momento, su hermano Iván, Levitán y Olga
paciencia y le contestaba amablemente. Con fre-
Kundesova, una estudiante de astronomía, también
cuencia, cuando estaba en San Petersburgo,se
enamorada del escritor, decidieron subir al tren y
olvidaba de ir a verla. La mujer le inspiraba una
acompañarlo durante un trecho.
profunda indiferencia y no perdía ocasión para
Fue un viaje largo, interminable. Después del
dárselo a entender de todas las maneras posibles.
tren, tomó un barco; a continuación, otro tren, un
A la muerte del escritor, Lidia Avilova publicó un
carro de cuatro ruedas llamado tolantás y otro va-
libro titulado Chéjov en mi vida. En él expone, con por. Desembarcó en el puerto de Alexandrovl el I 2
obstinada seguridad, que Chéjov la había amado
de julio. Alexandrov era la capital de la isla, Una
en secreto. ciudad gris, limpia, silenciosa. En las calles, sólo se
A él le gustaban otras mujeres. Durante cierto
oía el tintineo de las cadenas de los presos. En la
tiempo se había sentido atraído por una amiga ju-
isla había cinco penitenciarías. Lo recibieron las
día de su hermana, Dunia Efros. Llegó incluso a
principales autoridades, el general Kononovich y
proponerle matrimonio. Pero se arrepintió ense-
el barón Korf. Los explicó que no había ido por
guida porque ella se había mostrado brusca y des-
curiosidad turística; sino por motivos de estudio.
cortés. Por otra parte, ella le dijo que no de inme-
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Los dos fueron muy corteses, pero Chéjov sospe- nubes; una de ellas parece un arco de triunfo, otra
chó de inmediato .que le contaban patrañas. Las un león, una tercera unas tijeras [...].» Gúsiev ya
condiciones de los presos forzados, dijeron, no eran no está, es un cuerpo inerte, un fardo atado y es-
tan tristes como pensaba la gente. Le dieron auto- trecho, semejante a una zanahoria o un rábano, a
rización para circular por todo el territorio. ese fardo se acercan los tiburones, y es como si su
Chéjov se quedó en Sajalín hasta octubre. To- mirada curiosa, ingenua y asombrada siguiera pa-
das las mañanas se levantaba al amanecer y explo- seándose por todas partes, descubriendo los ho-
raba minuciosamente hasta el último rincón. Ha- rrores y las maravillas del mundo. En «Gúsiev», se
bló largo y tendido con los presos y sus familiares. manifiesta la idea de la muerte, en la que Chéjov
Solicitó presenciar una flagelación. Al marcharse pensaba de un modo nuevo, con más frecuencia
había conocido a fondo a todos los habitantes. Sa- que cuando se le había muerto el hermano, y tam-
jalín era a sus ojos un sitio infernal donde impera- bién la indiferencia de la gente ante la enfermedad
ban los abusos y la crueldad. Nada de cuanto lé ha- y la miseria, una omisión carente de culpa puesto
bían dicho Korf y Kononovich era cierto. que los demás también son pobres, y en la figura
El viaje de regreso lo hizo por mar hasta Odesa del soldado Gúsiev es posible que se reflejara la
y duró dos meses. El barco cruzó el mar de Japón, imagen de algún desventurado que había conocido
el océano Índico y el canal de Suez. En el viaje mu- en Sajalín.
rieron dos marineros y sus cuerpos fueron lanza- De regreso a Moscú se encontró con que, du-
dos al mar. Con aquel recuerdo, Chéjov escribió rante su ausencia, su familia había vuelto a mudarse
poco después un relato, «Gúsiev»: un soldado raso de casa. Lo consideraron conveniente por motivos
llamado Gúsiev, al que han licenciado, regresa a su económicos. La nueva residencia era más pequeña
casa en barco; durante el viaje reflexiona, sueña, y más modesta. Ahora Iván, María y Mijaíl gana-
fantasea y razona; cae enfermo y cuando muere lo ban dinero, pero Alexandr no hacía más que pedir
echan al mar. «Lo cubren con una lona y, para que ayuda. Su primera compañera había muerto y se
pese más, ponen a su lado dos barras de hierro. había unido a otra mujer, con la que había tenido
Una vez encerrado en la lona, parece una zanaho- otro niño. Además, el padre había regresado con la
ria o un rábano [...]. Durante este tiempo, en la su- familia después de dejar su empleo. A su regreso, a
perficie, del lado de poniente, se amontonan las Chéjov volvieron a asaltarlo las preocupaciones de

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siempre. Se había prometido escribir enseguida d días a la semana a escribir el informé sobre Sajalín,.
informe sobre Sajalín; puso manos a la obra, pero ál y los tres restantes, a «El duelo»; los domingos, 'a
mismo tiempo comenzó un relato largo, «El duelo4. alguna novela breVe. Éscribir el infOrme sobra Sa-
Le, resultaba fácil escribir cuentos y de ese modo jalín le aburría mortalmente, y todols los días de la
conseguía enseguida dinero. semana, la idea del'iniorme le pesaba como una losa
Le llegaron ecos de voces malévolas en rela- sobre la conciencia, le parecía un deber ineludible
ción con su viaje a Sajalín; decían que había ido 'a para con los deportados describir s.1s condiciones
buscar temas nuevos porque en sus escritos ya no y el infierno que hábía visto en la isla.
tenía nada más que decir, que había ido para paré- , A Bogimovo fueron el pintor Le.ritán, Lika Mi-
cerse a Dostoievski. Sobre su amistad con SuvoAn zinova y otros amigos' Chéjov se levantaba a las Cua-
se hacían comentarios difamatorios, decían del es- tro de la mañana para poder trabajar en silencio.
critor que era una mujer que Suvorin se vanaglo- Escribía el informe sobre Sajalín con inmenso
riaba de mantener. aburrimiento, y «El duelo», con inmenso placer.,
Suvorin le,propuso hacer un viaje a Europa y el Al terminar «El duelo», se lo envió a Suvorin.1
escritor aceptó Siempre le había atraído viajar. En Se había cansado de Bogimovo y de'los intelectua4
la 'primavera dé! 18 91, partió en compañía de Suyo- les que lo rodeaban,, pues consideraba que todos/
rin y Alexéi, hijo de éste. Fue un viaje muy distinto ellos se enzarzaban eh charlas ociosas. Le fastidia±
del anterior: en esta ocasión, fue en trenes corrió- ba también Tolstoi, quien siempre había adrnira-,
dós y visitó restaurantes de lujo. Estuvieron en Aus- do mucho, y cuyaS obras amaba con pasión, Peró
tria, Italia y Francia. Regresaron a Rúsia dos meses por entonces le paredió que adoptaba actitudes de
más tarde. profeta y que derramaba ríos de palabras super-
En ese viaje se endeudó con Suvorin, tenía que fluas. En septiembre regresó a Moscú, a aquella
devolverle el dinero lo antes posible, y como de casa que consideraba pequeña y que le disgustaba.
costumbre, su familia y él deseaban irse de vaca- Ese año se había producido uña gran sequía
ciones. Alquilaron una casa en Bogimovo para 10s que trajo consigo hambre y penuria. El Gobierno(
meses de verano. Necesitaba reunir rápidamente se hizo más reprávo y la censura más rígida!: te-
dinero. mía las revueltas en el campó. Por este motivó, el
En Bogimovo decidió que iba a dedicar tres mundo de los intelectuales, así como sus largos .y

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altivos discursos insustanciales, a Chéjov le pare- Seguía pensando en comprarse una casa en el
cieron más inadecuados e inútiles que nunca. Con campo donde establecerse definitivamente. El cam-
un amigo llamado Egórov, miembro del zemstvo bio de aires le permitiría mejorar la salud; la vida
de Nizhny Nóvgorod, se dedicó a reunir fondos en el campo sería menos costosa; nadie lo molesta-
de ayuda. En invierno, mientras iba hacia Nizhny ría cuando escribiera. Tras pasarse varios meses le-
Nóvgorod, una tormenta de nieve los sorprendió yendo febrilmente los anuncios de los diarios, le
por el camino, en el tarantás en el que viajaba, y se llamó la atención el de una casa con un amplio te-
perdieron. Cogió frío. Rodeados de nieve, Egórov rreno, en la zona de una aldea llamada Mélijovo, a
y él visitaron las aldeas que más sufrían; el escritor dos horas y media eñ tren de Moscú.
tuvo una bronquitis y se vio obligado a regresar a su María y Mijaíl fueron los primeros en ir a verla.
casa. En cuanto se hubo curado, partió con destino Era bonita, dijeron. Se trataba de una casa bastan-
a Vorónezh, esta vez acompañado de Suvorin. En te nueva, pero no en muy buenas condiciones: ha-
Vorónezh se podía conseguir más dinero que en bía que arreglar el tejado y no tenía retretes. El te-
Nizhny Nóvgorod, pero la presencia ilustre de Su- rreno era muy bonito y grande. Pedían por ella
vorin, director de un gran periódico, le daba al via- trece mil rublos. Chéjov no disponía de esa canti-
je carácter oficial, ya que a su alrededor se reunían dad. Suvorin acudió en su ayuda; hizo que el pe-
todas las autoridades locales, que les ofrecían re- riódico le otorgara un préstamo. La diferencia se
cepciones y banquetes. Chéjov encontraba ridícu- podía pagar en cuotas. Junto con la casa y el terre-
lo a Suvorin en ese papel de salvador, Si le' parecía no adquirieron tres caballos, una vaca, cuatro pa-
incompetente y caótico; loslanquetes con abun- tos, dos perros y un piano.
dancia de vinos y comidas, mientras la gente.de En marzo de 5892, Chéjov se trasladó a Mélijo-
las aldeas se moría de hambre, le resultaban inso- vo con parte de su familia. Mandaron arreglar el
portables. tejado y construir un retrete muy bonito, a la in-
Finalmente, terminó por compararse a Tolstói; glesa.
lo había acusado de darse importancia, de hacerse La casa tenía diez habitaciones. En su cuarto,
el superhombre y el profeta, pero tuvo que reco- María colgó en el cabezal de su cama un gran re-
nocer que había organizado la recogida de fondos trato de Antón. En el suyo, la madre colocó las ces-
mejor que él, con más éxito. tas de la colada para guardar y la máquina de coser.

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El padre llenó los estantes y las paredes de libros e Antón se sorprendió de aquel; rechazo; solía
imágenes sagradas. A medida que envejecía, su par decir y repetir que' no sabía por qué María era Con-
traria al matrimonio.' !
dre se volvía más fanático en sus prácticas religio-
sas: rezaba en voz alta, cantaba salmos, y los doL En Mélijovo, los campesinos iban a verlo para
mingos se paseaba por el pasillo con un turíbulo que los curara, y el patio estaba siempre lleno de
de incienso. A veces recuperaba el ánimo autoril enfermos que esperaban. Llegaban incluso de al-
tario y prepotente, daba órdenes, gritaba y pero; deas lejanas. Él no les cobraba porque eran po-
raba; sabía muy bien que Antón era el cabeza de bres.
familia, se había resignado a ello no sin cierta amar- Se declaró una epidemia de cólera en la Zona.
gura, y el hombre viejo y arrogante en que se había El Consejo Regional lo mandó Ilaniar; recibió el
convertido sacaba a relucir en ocasiones los moda encargo de organizar las defensas necesarias.
les coléricos e inflexibles de otros tiempos. Mandó construir barracas en todas las aldeas
En el verano de 1892, Alexandr Smagin, amigo de la zona. Corría. de una aldea a otra en un taran-
de Antón, fue a verlo a Mélijovo. Se enamoró de tás desvencijado. Se sentía el últirrio de los médi-
María y pidió su mano. Era apuesto, de trato amá- cos, sin dinero, sin un medio de transporte sólido,
ble. María le dijo a Antón: «Creo que me caso.» sin salud, siempre muy cansado. Entre las autori-
Antón se quedó sin palabras y se mostró apesá dades locales había encontrado gente seria, valien-
dumbrado. En los días siguientes, el escritor siguió te, trabajadora. Había momentos en que mandaba
sin hablar del tema con su hermana, como si no al diablo a los campesinos y el cólera, que le iinpe-
hubiese ocurrido nadó. Entonces María creyó en dían estar sentado y 'escribir en su cuarto. Pero se
tender que la idea de que contrajera matrimonio 'y alegraba de haber colaborado con los lugareños, a '-
se marchara de casa entristecía a su hermano. Llo- quienes considerába mucho mejores que la gente 1
ró 'mucho, pero renunció a Smagin, del mismo con la que se codeab'a en la ciudad.:
modo que años antes había renunciado a Isaak Le- Gracias a sus medidas preventivas, en su zona
vitán; en esta ocasión, con más pesar, porque se há- nadie enfermó dé cólera. No dio lá impresion de
bía enamorado de Smagin y porque ya no era tah que de todo ello obtuviera ningún tipo de orgullo
joven. Con gran dolor de su alma, renunció, a Smá- o complacencia.
gin, que también sufrió mucho por la negativa. La casa de Mélijovo, que en los primeros días

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le había parecido espléndida, reveló pronto susinu- Como sentía remordimientos de dejar sola a su
chos defectos. Crujía por todas partes. Estaba in- familia en Mélijovo, regresó. Terminó finalmente
festada de cucarachas y ratones. de escribir el informe sobre Sajalín y lo envió a
Había decidido no enviar más cuentos a Tiem- Pensamiento Ruso, donde se publicó por entregas.
po nuevo y remitirlos a Pensamiento Ruso, de ten- Alexandr fue a visitarlo unos días; después de
dencia más liberal. Suvorin lo lamentó, pero lo per- marcharse, le escribió para aconsejarle que huyera
donó y siguieron siendo amigos. de Mélijovo. En el mundo había otras cosas ade-
«El pabellón número 6» se publicó en la edi- más de aquella aldea. Se trataba de un lugar muy
ción de noviembre de r 8 9 2. de Pensamiento Ruso. triste. Y el padre, con sus chácharas y sus sermo-
Se trata de un cuento largo, ambientado en un hos- nes, «le devoraba el alma, igual que los ratones de-
pital de provincias. Un médico siente fascinación voran una vela».
por un loco; le parece que ese loco es el único que El informe sobre Sajalín, publicado con el títu-
está dotado de inteligencia y que merece ser escu- lo de La isla de Sajalín, decepcionó a los lectores,
chado. Le da entonces por rechazar el trato con la pues lo consideraron un testimonio gris, monóto-
gente cuerda. Durante años, el médico lo aceptaba no. Esperaban algo más dramático. En cambio,
todo, pasaba indiferente en medio de la suciedad «El pabellón número 6» obtuvo un enorme éxito.
del hospital, entre los enfermos abandonados y los En el número de febrero de 1893 de Pensamiento
enfermeros brutales, y no buscaba más placeres Ruso aparecía «Relato de un desconocido». Ché-
que el sueño, el vodka y los pepinillos en salmuera. jov lo había escrito hacía tiempo y no lo había pu-
De repente, en compañía del loco descubre el an- blicado por temor a la censura. Sin embargo, la
sia de conocimiento. Su alma despierta y exige un censura lo dejó pasar. Se trata de un cuento en pri-
mundo mejor. Y él, a su vez, acaba en el pabellón mera persona, la historia de un terrorista que se
de los locos. coloca . de criado en casa de un funcionario, pues
El invierno en Mélijovo sumió a Chéjov en una planea matar al padre de éste, eminente hombre de
terrible melancolía. No había más que nieve, cam- Estado. No lleva a cabo su plan. Se enamora de la
pos desiertos, algún campesino arrebujado. Se mar- mujer que vive con el funcionario, víctima patética
chó durante unos días a San Petersburgo, a casa de y gentil del cinismo reinante en la sociedad de los
Suvorin. poderosos; al morir ella, se lleva consigo a la hija.

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Este relato no gustó a los críticos liberales, que ko la abandonó. María y Chéjov se mostraron , in-
juzgaron de forma muy negativa a aquel idealista dignados, considerarbn que Potaperiko era un hom-
de izquierdas que fallaba en sus designios. bre vil y despreciable; pese a ello, volvieon a
Con el buen tiempo, a Chéjov le volvió a pare'- aceptarlo en casa, Chéjov no le dijo nada y 'todo
cer. que Mélijovo era un lugar muy bonito donde volvió a ser como 'antes. Lika regreló a Rusia desde
vivir. Paseaba por los bosques con sus dos perros, París; perdió el hijo que esperaba: Se había lmar
a los qué había llamado Bromuro y Quinina. Reci- chitado. Ya no quedaba en ella casi nada de su an-
bió a algunos huéspedes. Fueron a verlo el escritor tigua y radiante juventud. Es probable que Chéjov
Potapenko y Lika Mizinova. El mismo Chéjov fue se diera cuenta dé que había sido Cruel con Lika,
quien invitó a Lika y le rogó que no faltara. «¡Ma- de que había jugado con ella como el gato con el
ravillosa Lika!» Ella acudió llena de esperanza; es- ratón, pero nadie lo sabe. No obstante, la figura de.
taba locamente enamorada de él y pensaba que ab- Lika aparece en La gaviota, y no cabe duda de que
ra, por fin, le diría que la amaba y le propondría hay algo de ella en la actriz infeliz y fracasada que
matrimonio. Sin embargo, nada ocurrió. Cuandb regresa a casa deshecha, sin futuro, con el recuer-
estaba con ella siguió mostrándose burlón, irónico, do del niño muerto: como la gaviota a la que mata-
tierno y paternal. Por momentos parecía desearla, ron de un tiro, «sólo por hacer algo», mientras vo-
y poco después la rechazaba. Mostraba cierto inté- laba «libre y feliz» sobre las aguas del lago. '
rés por una actriz, Lidia Yakovskaia; Lika le pre- «El monje negro» narra la historia de Kovrin,
guntó si se había enamorado de aquella actriz, y él un licenciado en Filosofía que, al sentirse nervioso
nolo admitió ni lo negó. En Mélijovo, Lika empe- y agotado, se va a descansar a casa, de Pesotski, su
zó a coquetear con Potapenko para darle celoS, antiguo tutor, conocido horticultor, propietario de
pero el escritor se mantuvo impasible. Cuando un inmenso huerto de árboles frutales. Pesotski es
Lika le cantaba y Potapenko la acompañaba al pia- un hombre sencillo, bueno, ingenuo, apasionado
no Chéjov los contemplaba con una gran sonrisa. por sus plantas. Tiene'una hija, Tania, enamorada
Para fin de año volvió a invitarlos a ambos. Más de Kovrin desde qué era niña. Un día, mientras pa-
tarde, Lika fue la amante de Potapenko, que esta- sea solo por los ¡campos, Kovrin ve a un monje
ba casado. Se fueron juntos al extranjero, a Suiza ly «vestido de negro, con los cabellos grises, las; cejas
luego a París; Lika quedó embarazada y Potapen- negras» que llega volando hasta él, le dirige una

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sonrisa afectuosa y luego desaparece. Sabe bien hermano Mijaíl, que lo había visto escupir sangre,
que se trata de una alucinación, pero esa sonrisa lo que no se trataba de nada importante, pero le
ha hecho feliz. El monje vuelve a visitarlo en otras rogó que no se lo contara ni a María ni a su madre.
ocasiones, se sienta a su lado, conversan largamen- Partió con destino a Yalta, donde pasó los úl-
te sobre la vida eterna, la felicidad, la gloria. Para timos meses del invierno. Regresó a Mélijovo en
gran alegría del tutor, Kovrin acaba casándose con abril.
Tania, pero no logra contentarse con los bienes En el jardín mandó construir una caseta de ma-
que la vida le ha dado, porque cuando se encuen- dera, donde se refugiaba para escribir cuando en
tra solo, aparece el monje que, con sus palabras, lo la casa había demasiada gente o demasiado ruido.
llena de febril soberbia. El monje le dice afectuo- En esa caseta escribió la obra de teatro La gaviota.
samente que tendrá un destino radiante, que está Pasó unos días en Feodosiya, en la casa de cam-
dotado de una mente que lo coloca por encima del po de los Suvorin, que tanto le había gustado en
común de los mortales. Poco a poco, Kovrin trai- otros tiempos. Pero hacía frío y no había estufas.
ciona y destruye todo aquello que amaba: se sepa- Soplaba el viento. El mar estaba encrespado. Par-
ra de su mujer, y el viejo Pesotski muere del dis- tió rumbo a Yalta.
gusto; el hermoso jardín y el huerto agonizan; Le avisaron que en Taganrog había muerto un
Kovrin se une a otra mujer sin amarla. Ha enfer- hermano de su padre, el tío Mitrofán, al que él ha-
mado de tisis, y cuando agoniza y yace en su propia bía querido mucho. Era un hombre generoso y apa-
sangre, aparece el monje y le susurra que es un ge- cible, muy distinto de su hermano. A pesar de que
nio y que muere solamente porque «su débil cuer- era pobre, en la época más amarga, cuando quebró
po humano había perdido el equilibrio y ya no po- el negocio, había ayudado a la familia de Chéjov en
día servir de envoltorio a un genio». lo que había podido.
«El monje negro» es de enero de 1894. Le con- El escritor se marchó a Italia. Visitó Trieste,
taron a Chéjov que cuando lo leyó Tolstói, siempre Venecia, Milán, Génova. Luego regresó a casa.
cauto con los comentarios elogiosos, exclamó: «¡Qué Siempre le había gustado viajar, pero, con el
hermoso es! ¡Ah, qué hermoso es!» paso de los años, ya no conseguía quedarse mucho
En 1894, la salud de Chéjov empeoró. Tosía tiempo en el mismo lugar.
tanto que quedaba extenuado. Un día le dijo a su En 1895 terminó de escribir un cuento largo,

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«Tres años». Lo envió a Pensamiento Ruso, pero la que era imposible no reconocerlos. Preocupado,
censura recortó varias frases que se referían a la re: Chéjov le escribió a Suvorin: «Si es cierto que he
ligión. «Así uno pierde las ganas de expresarse retratado a Potapenko, entonces nO puedo permi-
bremente—le confió a S uvorin—. Así, mientras tir que se represente ni se publique ésta comedia.»
uno escribe tiene la impresión de tener siempre un De Lika no hablaba. Después de que Potapen-
hueso atorado en la garganta.» ko la abandonara, de,pasar un tiempo en el extran-
«Tres años» describe la decadencia de una fa) jero y de la muerte dé su hijo, Lika vivía en MOscú,
milla de comerciantes, pero es algo más. En reali, y María la veía a menudo. Como hacía antes, volvió
dad, son tres años de matrimonio que transcurren a visitar la casa delos Chéjov.
entre sentimientos que se rozan apenas para en, El escritor corrigió la comedia y se la dio a leer
friarse luego, y el hombre y la mujer siguen juntos a Potapenko. Arios antes, en 1892, su amigo Isaak
sin tener jamás un pensamiento común, hasta que Levitán creyó reconocerse en el pintor de su cuen-
en él no queda nada de aquella felicidad tan extra' to «La cigarra» y, además, creyó reconocer a su pro-
ña y tan inmensa que sintió un día, mientras lé pia amante. Al leér sobre aquellos dos personajes
abría la sombrilla a ella. —el uno, frío y fatuo; y la otra, frívola y necia=, se
En el verano de 18 9 5, Chéjov visitó a Tolstói eri había enfurecido. Chéjov negó que el pintor del
Yásnaia Poliana. Ya se habían visto en otras oca- cuento fuese Levitáni, y en cuanto al la mujer, en la
siones. vida real, la amante de Levitán era una damai ma-
De Tolstói, Chéjov solía decir que cuando ha' dura y pesada, mientras que en el cuento daba la
biaba con él caía totalmente en su poder. Decía imagen de una criatura joven, pueril y delicada.
que era un ser extraordinario, un ser «casi perfecl Pero Levitán se enfureció tanto que rompió rela-
to»1 De Chéjov, Tolstoi por entonces decía: «Es un ciones con Chéjo<T. No volvieron a verse más, y se
hombre de gran talento, de buen corazón, pero reconciliaron al cabo de mucho tiempo.
hasta ahora no me parece que tenga un punto dé En cuanto a Potapenko, leyó La gaviota y no
vista bien definido sobre la vida.» dio señales de reconocer características suyas én el
En octubre de ese ario, Chéjov había termina- personaje del escritor Trigorin, ní pasgos de Lika
do de escribir La gaviota. Se la leyó a los amigos en el personaje de Nina, joven gaviota alcanzada en
Todos reconocieron a Lika y a Potapenko. Dijeron pleno vuelo por la descarga de un fusil, ni de reco-

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nocer lo ocurrido entre él y Lika. Potapenko no Al cabo de tres días, se hizo una segunda re-
pareció encontrar en la obra nada que se refiriera a presentación, esta vez exitosa. Potapenko le tele-
él. Lika sí se reconoció, pero no existe constancia grafió: «Éxito colosal.» Todos, los actores y Suyo-
de que hubiera dicho nada. rin lo instaban a que regresara y viera cónio la
La gaviota se representó en San Petersburgo el gente amaba ahora su comedia. No regresó. Aque-
17 de octubre de 1896. Fue un desastre. En los mo- lla noche de gritos, risotadas y silbidos no se le ha-
mentos más dramáticos, el público reía. Cada fra- bía borrado de la memoria.
se era recibida con silbidos y gritos ensordecedo- En el curso de los años, entre 1886 y 189o, ha-
res. Los actores actuaron aterrados, se olvidaban bía escrito varias obras cómicas de un solo acto: La
de sus entradas y de su parte. Al final del segundo petición de mano, Los perjuicios del tabaco, El oso.
acto, Chéjov se marchó. Comió solo en un restau- No les daba importancia; las enviaba a los diarios y
rante. Luego caminó por las calles cubiertas de la gente las acogía con vivo placer. Después de
nieve. aquel 17 de octubre de 1895 en que La gaviota ha-
Mientras tanto, María lo esperaba con Lika en bía fracasado, se prometió que, en adelante, esas
el hotel, donde les dijo que se reuniría con ellas al pequeñas bromas cómicas serían la única forma tea-
terminar la representación. Angustiada al ver que tral que no iba a abandonar. No obstante, al cabo
no llegaba, María acudió a Suvorin, pero éste tam- de unos días le escribió a Suvorin que estaba dis-
poco sabía dónde estaba el escritor. puesto a pensar enseguida en una nueva comedia.
A las dos de la madrugada, Chéjov regresó a Probablemente quería ocultarle su desconcierto.
casa de Suvorin, donde se hospedaba. Su anfitrión A otros les dijo que había tenido la impresión de
le dijo que María se encontraba en otra habitación, haber recibido una paliza.
pero el escritor se negó a verla. Planificó la construcción de una escuela en una
Al día siguiente, Chéjov tomó el tren para Mos- aldea cerca de Novoselski. Hubo de reunir los fon-
cú. A María le había dejado una nota: «Los acon- dos; él mismo aportó algo de dinero. Quiso super-
tecimientos de ayer no me han sorprendido ni en- visar las obras. Construyeron la escuela.
tristecido..., no me siento demasiado mal.» A En marzo de 1897, mientras cenaba con Suvorin
Suvorin le había dicho que nunca volvería a entre- en un restaurante de Moscú, vomitó mucha san-
gar ninguna comedia a un teatro, nunca más. gre. Nunca había sido tan grave. Suvorin lo acom-

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paño al hotel y llamó al médico; lo internaron en nes y un vivo desprecio por igual. Hubo quien le re-
una clínica. prochó duramente haber ofrecido una imagen des-
Los amigos iban a verlo, pero no podían que- piadada del mundo de los campesinos. Otros dije-
darse mucho porque el escritor estaba muy débil y, ron que se trataba de una obra maestra.
si hablaba, se cansaba. En «Campesinos», una moscovita sin medios,
Fue a verlo Tolstói. Le habló de la inmortalidad' madre de una hija, acompaña al marido grave/hen-
del :alma. Le dijo que al morir, todos, hombres y' te enfermo a su aldea natal. El marido proviene de
animales, se unen en una esencia única, compuesta una familia de campe1inos, pero antes de enfermar
de razón y amor. Chéjov refirió luego que había trabajaba de mozo en un hotel moscovita. La mu-
imaginado esa esencia como una gran masa gelati- jer conoce a sus cuñados y a sus suegros, la vida de
nosa. Con la voz débil de esos días, le comentó a los campesinos, y su, mundo tétrico, miserable y
Tolstoi qtie no tenía ganas de sobrevivir de esa ma brutal. Ninguno de esos parientes la ayudará. Al
nera. Tolstói se puso pálido. morir el marido regresa a Moscú, ai mendigar por
Chéjov sabía desde hacía tiempo que estaba tu-, las calles.
berculoso, pero ahora los médicos le habían diag-! En agosto, ChéjoV se fue de Mélijovo. Loslmé-
nosticado una tuberculosis grave, que afectaba, dicos le habían aconsejado que no casara allí el in-
toda la zona alta de los pulmones. Debía cambiar vierno. Contó el dinero que tenía. La gaviota se se-
de vida. Alimentarse bien, descansar y dejar sus la guía representando y Pensamiento . Ruso le había
bores de médico. El escritor le pidió a sus herma-, pagado bien por «Campesinos». Podía pasar unos
nos que no le dijesen nada a sus padres sobre la meses en el extranjero.
gravedad de la dolencia. Se fue solo. Se reunió con Suvorin en París.
En abril regresó a Mélijovo, acompañado por Allí tomó el tren para Biarritz, donde lo esperaba
su hermano Iván. María avisó a los campesinos que su amigo Sobolevái; director del periódico Noti-
ya no podría curarlos. cias Rusas. Pasó allí quince días. Cuándo empezó a
Antes de enfermar había empezado un cuento, hacer mal tiempo,'se 'marchó a Nizal.
«Campesinos». Lo terminó y lo envió a Pensa- Leía con atención las noticias aparecidas en los
miento Ruso. diarios sobre el caso Dreyfus. En enero de 189'8, el
Este cuento suyo provocó encendidas adhesio- periódico L'Aurore publicó la carta abierta de Zola,

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J'accuse. «Zola es un alma noble», le escribió a Su- buscó documentación y testimonios sobre el caso
vorin. Tiempo Nuevo, el periódico de Suvorin, se Dreyfus.
mostraba furibundamente hostil con Zola y Drey- Al llegar a Mélijovo recibió una carta de Nemi-
fus. Publicaba artículos que Chéjov consideraba róvich Dánchenko, su viejo amigo, profesor de
odiosos. Pese a ello, trataba de encontrar alguna arte dramático. Junto con el director y actor Sta-
atenuante en favor de su amigo Suvorin, su debili- nislavski había fundado un teatro llamado Teatro
dad de carácter, su incapacidad de resistirse a los de Arte Popular que, poco después, pasó a deno-
políticos que lo instigaban y lo echaban a perder. minarse Teatro de Arte de Moscú. Tenía intención
Pero, en ese caso, el comportamiento de Suvorin lo de poner en escena La gaviota. Chéjov se negó. Se
llenó de amargura. No quería romper la amistad con acordaba del estreno de la obra, de las carcajadas y
él; siguió escribiéndole y exponiéndole sus ideas y los silbidos, y ese recuerdo seguía haciéndole daño.
su indignación. Pero, de repente, lo vio tal cual era Pero Nemiróvich Dánchenko insistió tanto que al
y dejó de apreciarlo. final aceptó.
Potapenko fue a Niza. ,Era un jugador empe- Se sentía mejor y, pese a los consejos de los mé-
dernido y convenció a Chéjov para que lo acompa- dicos, retomó la vida de antes. Se dedicó otra vez a
ñara al casino de Montecarlo. Se compraron una curar a los campesinos. Escribía cuentos. Planeaba
pequeña ruleta para practicar en el hotel. Iban a la construcción de otra escuela, en Mélijovo.
Montecarlo casi a diario. Perdieron dinero, y Po- En septiembre fue a Moscú. Allí presenció los
tapenko tuvo que pedir un préstamo para volver a ensayos de la obra de Alekséi Konstantínovich
Rusia. Chéjov le escribió a María: «Me aburro sin Tolstói, El zar Fiódor Ivánovich.
Potapenko.» Una de las actrices le pareció extraordinaria.
Echaba mucho de menos Mélijovo. Pero María Se llamaba Olga Leonardovna Knipper. Era una
le comentaba en sus cartas que todavía hacía frío. muchacha de veintiocho años, con una tupida ca-
El escritor esperó en París a que en Rusia llegaran bellera negra. En la obra interpretaba el papel de
días más cálidos. Allí se vio con Suvorin. Fue un Irina.
encuentro cordial, pero entre ambos algo se había El escritor había vuelto a escupir sangre. Par-
malogrado. En sus conversaciones faltaba la con- tió para Crimea. Desde Yalta le escribió a Suvorin:
fianza libre de otros tiempos. En París, Chéjov «En mi opinión, Irina estuvo maravillosa. Su voz,

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su nobleza, su sinceridad..., todo era tan hermoso se veía un cementerio tártaro; esa :cercanía no le
que se me hizo un nudo en la garganta... De haber iba a agradar a su madre. El sendero que llevaba al
continuado en Moscú, me habría enamorado de mar era muy incómodo.
esa Irina.» Cuando María se marchó, Chéjov tuvo la idea
En el mes de octubre recibió en Yalta la noticia de comprar también la casita de Kuchukoi. CoStaba
de la muerte de su padre. apenas dos mil rublos. Firmó el contrato sin vaci-
Como se veía obligado a pasar los inviernos én lar. Cuando escribió; a María para contárselo,) ésta
Crimea, se dijo que tal vez fuese razonable vender se quedó consternada. Su hermano había decidido
la casa y las tierras de Mélijovo, y comprar otra dilapidar el dinero.
propiedad en Yalta, donde podía establecerse con El i7 de enero de 18 9 8 se representó La gaviota
su hermana y su madre. en el Teatro de Arte Moscú. Cuando cayó el te-
Habló del asunto con Sinani, librero y estan- lón, 'al final del primer acto, la sala quedó sumida
quero de Yalta. Sinani lo llevó a ver una casita de en un profundo silencio. Un silenció atónito y con-
cuatro habitaciones, situada en una loma, certa movido; los actores; creyeron que 1 el primer acto
de una aldea tártara llamada Kuchukoi. Le pareció había fracasado lastimosamente. Y, de repente, el
muy bonita. Después vio un terreno en Autka,1 a público prorrumpió, en aplausos. I <Aplaudían los
veinte minutos de Yalta; se trataba de un viñedo amigos y los enemigos», escribirá Nemiróvich
que bajaba en picado hasta el mar, donde podía Dánchenko en sus recuerdos.
mandar construir una casa con el número de habi- El último acto fue una apoteosis. Los actores se
taciones que necesitaba. Le pareció muy hermoáo abrazaban y lloraban de alegría.
y lo compró. Le había pedido a Suvorin un antici- Chéjov lamentó no estar en Moscú, ya que .se
po de cinco mil rublos, a cuenta de sus derechos encontraba exi6dO en Yalta, sin poder moverse,
de autor, y consiguió un préstamo en un banco lo- porque su médico de Yalta, el doctor Altshuler, no
cá. se lo permitía.
Las obras de la casa empezaron enseguida. Mah- Le escribían que todas las noches, delante del
dó llamar a María para que viese el terreno. Quedó Teatro de Arte de Moscú, se formaba una cola in-
decepcionada. Se trataba de unas tierras sín culti- terminable de personas que desafiaban el frío y la
var, cubiertas de hierbajos. A pocos metros de allí nieve para ver La gaviota.

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t.

En aquella época, mientras se encontraba en Yal- En cuanto recibió el primer cobro de Marks, en-
ta, Chéjov inició una amistad epistolar con Gorki. tregó de inmediato quinientos rublos para la cons-
Máximo Gorki tenía entonces treinta años. Su trucción de una escuela cerca de Yalta. Le dio mil
verdadero nombre era Pechkov. Había nacido en rublos a su hermano Alexandr, que también quería
Nizhny Nóvgorod, en el seno de una familia humil- construirse una casita en el campo, cerca de San
de. Se quedó huérfano cuando era muchacho, y ha- Petersburgo. A un antiguo dependiente de la tien-
bía ejercido diversos oficios. Era autodidacta. Am- da de su padre, en Taganrog, le escribió que se ha-
bos escritores no se habían visto nunca, pero Gorki ría cargo de los estudios de su hija.
le había escrito a Chéjov para manifestarle su ad-
Sentía remordimientos por haber dejado a Su-
miración y le había enviado sus cuentos. Así se ini- vorin. Había roto una relación editorial de muchos
ció el contacto epistolar entre los dos escritores. años. No le había ocultado los tratos con Marks,
Chéjov apreciaba el ingenio de Gorki. Le daba pero, cuando hubo firmado el contrato, volvió a
consejos.
escribirle para ofrecerle explicaciones.
Suvorin le había comunicado a Chéjov que te- «Tengo la desagradable impresión de haberme
nía intención de publicar sus obras completas. Ha- casado con una mujer rica—le escribió a Suvo-
bía comenzado a hacerlo, pero avanzaba despacio, rin—. Usted y yo nos separamos pacíficamente...,
y a Chéjov le molestaban esa lentitud y esa negli- vivimos sin enfrentamientos... Juntos hicimos gran-
gencia. Recibió una carta del gran editor Marks en des cosas.»
la que le proponía publicar todas sus obras. Ché- Suvorin publicó en Tiempo Nuevo un artículo
jov aceptó.
de condena de las huelgas estudiantiles, y todos los
En enero de 1899 firmó el contrato. El editor intelectuales se le pusieron en contra. Decían que
Marks le pagó de inmediato una importante can- el Gobierno le había dado dinero. La Asociación
tidad: setenta y cinco mil rublos. Chéjov le cedió de Escritores lo instó a presentarse ante el Tribu-
todas sus obras, presentes y futuras, excepto las co- nal de Honor.
medias. En realidad, aquel contrato no era en ab-
Suvorin le escribió a Chéjov para pedirle con-
soluto ventajoso, pero a Chéjov le pareció bien y se sejo. La tirada de Tiempo Nuevo había bajado y mu-
sintió riquísimo. Le escribió a sus amigos: «Me he chos de los redactores habían dimitido.
vuelto marxista.»
Chéjov le contestó que juzgaba duramente sus

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artículos. En relación con el Tribunal de Honor, le por completo del editor, mantuvo vivos el afecto
dijo que no aprobaba esta institución; los escrito- que sentía por él y los viejos recuerdos, y siguió es-
res debían ser libres de expresar sus opiniones, sin cribiéndole y pidiéndole que fuese a verlo. Pero
tener que rendir cuentas a sus semejantes. No creía Suvorin no acudió..
que Suvorin hubiese recibido dinero del Gobierno Concluyó así la larga amistad nacida entre dos
pero su periódico hacía todo lo posible para que 10 personas profundamente distintas. Suvorin era, sin
pareciera. En el Gobierno, Suvorin tenía fama de duda, un cínico y un bribón, pero había comprendi-
hombre poderoso y despiadado, y su diario confir$ do a Chéjov y lo había querido sínderamente.;Ha-
maba esa fama. bía apreciado la nobleza de su almaiy su grandeza.
La esposa de Suvorin le escribió a Chéjov una Los seres humanos tienen a veces múltiples fisono-
carta llena de rabia. Le reprochaba no haber ayu- mías, discordantes entre sí, insospechadas. Chéjov
dado a su marido en una circunstancia tan difícil había amado profundamente la energía vital de
Chéjov le respondió que no veía cómo habría podii. Suvorin.
do ayudarlo. Por otra parte, lo que le ocurría ahora Gorki fue a visitar a Chéjov. Juntos pasaroñ los
a Suvorin era algo que venía madurando desde mu, días conversando largamente. También fue a ver al
cho antes; hacía años que se venían lanzando esas escritor su hermano Iván. Su hermana y su madre
acusaciones, pero ellos dos, Suvorin y su esposa, habían alquilado un pequeño apartamento en Mos-
prefirieron no darse por enterados, se habían man- cú, y ese invierno evitaron ir a Yalta.
tenido alejados de la verdad, como los reyes. Proseguía la construcción de la casa de Autka y
Suvorin se negó a comparecer ante el Tribunal Chéjov supervisaba las obras sumido en la perple-
de Honor. Poco a poco, el vendaval que se había jidad. No estaba seguro de que le gustara. Plantó
abatido sobre Tiempo Nuevo se fue calmando. Su, árboles en el jardín: almendros y cerezos.
vorin volvió a ser el de siempre, un hombre fuerte En primavera decidió ir a Moscú. No consultó
y seguro de sí mismo. Pero su amistad con Chéjov se a su médico. Se iba a hospedar con la hermana y la
había apagado. Primero fue el caso Dreyfus, luego madre en el pequeño apartamento, y luego se mar
la huelga estudiantil, después el editor Marks; todo charían juntos a N'enjoyo.
ello había abierto entre ambos unas heridas impo- En Moscú volvió a ver a Lidia Avilova. Corría
sibles de cicatrizar. Chéjov no quiso distanciarse el mes de mayo de 1899; llevaban muchos arios sin

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verse. Ella tenía tres hijos. Se encontraron en la es- madre y dos tíos que estaban siempre borrachos.
tación. Más tarde, ella describió el encuentro en La madre daba lecciones de canto.
su libro de recuerdos y, siguiendo su costumbre, lo
Chéjov abandonó Moscú y se fue con su fami-
adornó de una luz romántica, como si de una cita lia a Mélijovo. Invitó a Olga Knipper a que fuese a
amorosa se hubiese tratado. Él subió al comparti- visitarlos. La actriz fue y se quedó tres días. Luego
mento para saludarla, entre maletas y niños, pues partió hacia el Cáucaso, donde vivía un hermano
ella se marchaba a una de sus casas en el campo. Le suyo.
rogó que se reuniera con ella en aquella casa. «No, Al pie de una carta que María envió a Olga,
no iré, ni siquiera si cae usted enferma—le dijo Chéjov escribió: «Buenos días, última página de
Chéjov—. Soy muy buen médico, pero soy caro, le mi vida, gran actriz de la tierra rusa.»
pediría mucho dinero, y usted no podría pagarme. Pusieron en venta la casa y las tierras de Méli-
Por tanto, no nos volveremos a ver.» Se bajó del jovo. Pedían veinticinco mil rublos. Publicaron un
tren; «desde la ventanilla vi alejarse la silueta de anuncio, pero nadie respondió.
Antón Pávlovich; él no se volvió a mirar atrás. En- Estaban dispuestos a bajar mucho el precio con
tonces, yo no sabía ni podía imaginar que lo estaba tal de venderlo todo, la casa y las tierras. Entretan-
viendo por última vez». to, hicieron embalar los libros y algunos muebles
El escritor se encontró otra vez con Tolstoi. Pe- para enviarlos a Yalta.
ro, en aquel pequeño apartamento de los Chéjov, A finales de junio, Olga escribió a Chéjov y le
estaban también presentes unos actores y hacían propuso que se reunieran en julio, en Novorosisk.
mucho ruido. Desde allí marcharían juntos a Yalta.
Volvió a ver a Olga Knipper. María y ella ha- En Yalta, Chéjov se alojó en un hotel y Olga en
bían entablado amistad. Chéjov le regaló una foto casa de unos conocidos. En agosto regresaron a
de la caseta de madera del jardín de Mélijovo, donde Moscú porque Olga tenía compromisos de tra-
había escrito La gaviota. bajo.
Olga Knipper era de origen alemán, hija de un Entretanto, María había conseguido vender Mé-
ingeniero. Al morir su padre, la familia había pasa- lijovo. Lo compró en cuotas un comerciante de
do por dificultades económicas. Vivían en Moscú, leña.
en un apartamento de tres habitaciones, ella, la Llegó el frío y Chéjov se sentía mal. Regresó a

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te

Yalta. Su madre y su hermana se reunieron con él sabe cuándo se gana y cuándo se pierde», le escri-
un mes más tarde. bía a su hermano Mijaíl. El Teatro de Arte de Mos-
Se instalaron en la casa de Autka, que seguía cú le solicitó poner en escena El tíd Vania.
patas arriba, llena de humedad. María regresó lue- La primera representación de El tío Vania'en el
go a Moscú. La madre se quedó. Teatro de Arte de Moscú tuvo lugar el z6 de octu-
Ese otoño, Chéjov escribió un cuento largo;! bre de 1899.
«La dama del perrito». Es la historia de un adulte- En Yalta, ChéjoV esperaba ansiosamente reci-
rio, de un amor sin esperanzas. En él reina una luz bir noticias. Le llegaron telegramas Había sido un
clara, la luz. de Yalta. En Gúrov, el protagonista, se gran éxito.
advierte una sensación que hasta ese momento no Cuando había, asistido a los ensayos en Moscú,
se había visto en los demás personajes de Chéjov: se había reído de /michos aspectos de la direCción
la sensación de que el amor verdadero puede llegar que le habían parecido absurdos. Stanislavski te-
después de toda una existencia de relaciones fuga-, nía la costumbre de introducir el tictac de relojes,
ces 'que concluyen y se desvanecen enseguida sin el sonido de timbre1 y sonajeros, incluso el Canto
dejar rastro. «Y sólo ahora, cuando su cabeza em- de grillos. Quería que se oyeran los ladridos de pe-
pezaba a encanecer, Se había enamorado como es rros auténticos para dar la sensación. de realidad.
debido, de verdad, por primera vez en su vida.» Chéjov encontraba absurdos todos esos ruidos. Y
En su última estancia en Moscú, Chéjov había lo que más absurdo le parecía eran los ladridos de
asistido a los ensayos de su obra El tío Vania. Se perros auténticos: Había dicho: «Es como si en la
trataba de una refundición de El espíritu de los. cara de una persona!pintada en un ■ cuadro se apli-
bosques, que Chéjov había definido como «el bal-1 cara una auténtica nariz.»
buceo de un niño». Pese a ello, en un momento Ese año comenzó a reunir fondos destinados a
dado quiso replanteárselo y reescribirlo. En 1897, construir en Yalta un sanatorio para enfermos de
el drama se publicó en su nueva versión en una re- tuberculosis sín recursos. Tardó dos años en:con-
copilacíón de sus obras teatrales y se representó en seguir cuarenta mil rublos. Le entristecía la avari-
provincias. Él no estaba en absoluto satisfecho, ni cia de la gente, que se negaba a contribuir y decla-j
siquiera después de haberlo revisado, pero el pú, raba que se trataba de una iniciativa demasiadoi
blico de provincias adoraba la pieza. «Nunca sé ambiciosa. Al final logró que se edificara unacasi-:

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ta con capacidad para treinta enfermos. El escritor critores serían un rebaño sin pastor o una ciénaga
no estaba nada satisfecho. En Yalta, los tuberculo- horrible en la que sería difícil orientarse.»
sos sin recursos eran muchos. Tolstói no tardó en recuperar la salud. En Yalta,
En enero de 19 oo se enteró de que había sido Chéjov se sentía exiliado, siempre a la espera de al-
elegido miembro de la Sección de Letras de la Aca- guna carta que le dijera lo que ocurría en el mundo.
demia- de las Ciencias, junto con Korolenko y Tols- En abril fueron a verlo Olga y María. El tío Va-
tói. nia se representó en Sebastopol y luego en Yalta.
Supo que Tolstói había visto El tío Vania y que En cuanto Olga y los demás actores se marcharon,
se había enfadado. Le parecía un drama blando, Chéjov volvió a aburrirse y a sentirse solo. Habían
poco consistente, amoral. No le gustaba nada. Al reaparecido los vómitos de sangre, pero en mayo
enterarse de este juicio, Chéjov sonrió sin mos- se marchó igualmente a Moscú. Vio otra vez a Le-
trar asomo de resentimiento. En general, a Tolstói vitán, que estaba enfermo y a punto de morir.
siempre le había parecido detestable el teatro de Regresó a Yalta y decidió emprender un viaje
Chéjov, pero adoraba sus cuentos, tanto como los por el Cáucaso en compañía de Gorki. En el tren,
cuentos de Maupassant. Su teatro, sin embargo, le se encontraron por casualidad con Olga, que pasa-
producía enfado. En cierta ocasión le dijo a Ché- ba las vacaciones en el Cáucaso.
jov: «Como ya sabrá, detesto a Shakespeare, pero La actriz fue a Yalta en julio. Se hospedó con
las comedias que usted escribe son todavía peo- Chéjov en la casa de Autka. Estaban también Ma-
res.» ría y su madre. El escritor se sentía tan feliz que
En enero de i9 o o, Tolstói enfermó gravemente María se alegró por él. Es posible que por entonces
y Chéjov, que estaba en Yalta, temía por su vida. ya sintiera celos de Olga, pero se comentaba que
«Si llegara a morirse—le escribía a su amigo Mén- iba .a ser una relación pasajera.
shikov—, dejaría un gran vacío en mi vida... Nun- En realidad, Olga amaba a Chéjov y quería ca-
ca he querido tanto a nadie como a él... Yo no soy sarse con él. El escritor, por su parte, no parecía
creyente, pero de todos los credos, el suyo es el pensar en ello. Le asustaba la idea del matrimonio.
que siento más cercano, más adecuado a mí. Ade- Siempre lé había inspirado pavor. Por otra parte,
más, mientras en la literatura exista un Tolstói, ser se decía que le quedaba poco tiempo de vida.
escritor resulta sencillo y hermoso... Sin él, los es- ¿Qué sentido tenía contraer matrimonio?

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Acompañó a Olga hasta Sebastopol y al tren aquella súbita decisión. Lo acompañó a tomar el
para Moscú. Después regresó a Yalta. Pero la echa- tren y se echó a llorar.
ba mucho de menos. Le escribía: «Querida mía, No se quedó mucho tiempo en Niza. Hizo un
hermosa y magnífica actriz, estoy vivo, pienso en viaje a Italia. Visitó Pisa, Florencia, Roma. En Roma
ti, te veo en mis sueños y me aburro porque no es-: reinaba el mal tiempo. Hacía frío. Regresó a Yalta.
tás... Espero que te encuentres bien y seas feliz, mü Allí se encontró 'con su amigo Iván Bunin, a
pequeña y maravillosa alemana.» quien María había invitado en su ausencia a que-
A Suvorin le escribió: «Le han comentado que, darse en su casa de Autka. Era un hombre gentil y
voy :a casarme. No es verdad.» agradable, y María y'su madre se alegraban de te-
Ese año escribió Las tres hermanas. La idea le nerlo de invitado. 'A Chéjov también le agradaban
rondaba desde el año anterior. La acción se desa- sus visitas.
rrollaba en una ciudad de provincias, «una especie El 31 de enero de 19 o I, se estrenó en Moscú Las
de Perrn», según le escribió a Gorki, en un ambien - tres hermanas. Chéjov no viajó.
te de militares de artillería. Las tres hermanas pro Las primeras críticas fueron desfavorables. De-
tagonistas eran las hijas huérfanas de un general. El cían: «Chéjov ha rellenado su trabajó con un cúmu-
drama se desarrollaba en cuatro actos. Olga iba a lo de disparates... Predica un pesimismo optimista
interpretar el papel de Masha, la segunda de las her- y un optimismo pesimista... Las tres hermanas ni
manas. siquiera es una comedia, pero así... no se sabe qué
En octubre llevó el original al Teatro de Arte de es.»
Moscú. Comenzaron los ensayos. Al escritor le pa, Los espectadores no compartían en absdluto
recia que todos interpretaban mal sus papeles. Y . esos juicios. Amaban inmensamente Las tres:her-
encontraba que el drama era «aburrido, lento, ar+ manas. El teatro estaba siempre lleno. Y el crítico
duo»; entonces escribió a Vera Komisárievskaia y Yartzev acabó escribiendo: «Una obra que hace
le dijo que en la obra se respiraba «una atmósfera que la vida sea bella.»
más negra que la noche». Se dedicó a revisar fe- Olga se reunió con Chéjov en Yalta para pasar
brilmente la pieza. las vacaciones. Se quedó dos semanas. Ya no so-
De repente, en diciembre, decidió marcharse portaba que el escritor le diera largas. Quería, que
de Moscú y viajar a Niza. Olga no supo explicarse fijara una fecha definitiva para la boda. Pero no

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había manera. La actriz se marchó amargada y pro- para referirse a Olga de forma cariñosa, pero en
fundamente triste. boca de María destilaba rabia y desprecio. La knip-
Y entonces, de repente, él tuvo miedo de per- chits, que se decía amiga suya, no le había comen-
derla. Le escribió que se casarían en Moscú, en el tado nada de la boda. No le había dicho una pala-
mes de mayo. Pero no quería que nadie asistiera a bra a nadie. «Me siento más sola que nunca—le
la boda. No dijo ni una sola palabra a María ni a su escribió a Antón—. Soy muy infeliz, estoy depri-
madre. mida... Sólo quiero verte a ti, a ti y a nadie más.»
Se casaron el 2.5 de mayo en una pequeña igle- María había renunciado a casarse para dedicar-
sia moscovita. Olga llevó como testigos a su her- se por entero a su hermano, cuidar de él, dirigir su
inano y a uno de sus dos tíos; Chéjov escogió a dos casa. Y ahora, de la noche a la mañana, se sentía
estudiantes a los que no había visto en su vida. No abandonada en un rincón. Olga ocuparía su lugar,
hubo nadie más. No asistió ni uno solo de los fa- la desplazaría por completo. «Estoy de un humor
miliares de Chéjov, a quienes el escritor no había horrible—le escribía a Iván Bunin, que siempre le
avisado. había demostrado comprensión y amistad—, y ten-
A María, que estaba en Yalta con su madre, le go constantemente la impresión de que mi vida es
escribió simplemente que se iba a la provincia de un naufragio. En parte, la causa es el casamiento
Ufá porque los médicos le habían aconsejado un de mi hermano. ¡Ha sido algo tan imprevisto!...
tratamiento con kumis. El kumis era una bebida ¿Por qué Olga ha permitido que un enfermo expe-
tártara hecha con leche fermentada de camella. rimentara una emoción tan fuerte y para colmo en
Concluida la ceremonia religiosa, mandó un te- Moscú?» Y añadía: «Búsqueme un marido rico y ge-
legrama a su madre para contarle que se había ca- neroso... Escríbame más seguido. Me siento muy
sado. Más tarde, él y Olga emprendieron un viaje, abatida a causa de Antosha y Ólechka.»
pasaron por casa de Gorki, en Nizhny Nóvgorod, Desde Aksenovo, donde todos los días bebía
y luego continuaron rumbo a Aksenovo, en la pro- con gran disgusto cuatro botellas de kumis, Ché-
vincia de Ufá. jov le escribía a su amigo Sobolevski con tono iró-
Cuando María se enteró de la boda, se llevó un nico y sucinto: «Y sí, señor mío, me he casado. Ya
gran disgusto. La knipchits la había traicionado. me he acostumbrado, o casi, a mi nuevo estado, es
Ese era el diminutivo que Chéjov utilizaba a veces decir, a la pérdida de ciertos privilegios y derechos,

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y me siento bien. Mi esposa es una persona nota- existiera concentrada en sus interpretaciones en
ble, nada tonta, con un alma hermosa.» teatros lejanos, mientras él seguía inmerso en la
En julio, él y Olga regresaron a Yalta. Los reci- vida monótona de Yalta, con sus vómitos de san-
bieron María y su madre, cohibidas, atemorizadas. gre, las visitas del doctor Altshuler, su hermana y
LaS relaciones de las dos mujeres con Olga eran di- su madre que le insistían que comiera, tal corno le
fíciles y nunca mejoraron. había mandado el médico, ocho huevos diarios y
Chéjov hizo testamento. Dejaba casi todo a sul se pusiera camisetas de lana. Olga le escribía: «Me
hermana y poco a Olga. El testamento era simple- duele pensar que estás allí solo, que estás triste,
mente una carta dirigida a su hermana. Se la entre- que te aburres... Te doy mi palabrla de que éste
ger a su esposa para que se la diera a María cuando será el último afío.:. Haré todo lo posible-para que
él muriera. A Olga le dejaba poco porque conside-, tengas una vida agradable, cómoda, no solitaria.
raba que podía vivir de su profesión de actriz.. Ya verás que conmigo estarás bien, escribirás, tra-
Olga tuvo que regresar a Moscú por sus com- bajarás. En el fondo de tu corazón,,tal vez me re-
promisos teatrales. Por otra parte, en los tres arios proches que no te amo. ¿No es así? Me criticas
que duró su matrimonio, esos compromisos no ce- porque no renuncio al teatro, porque no soy una
saron casi nunca. verdadera esposa. Imagino lo que piensa tu madre
Fue una pareja muy rara; estuvieron juntos en de mí. Y tiene razón; tiene toda la 'razón... ¿Será
contadas ocasiones y se escribieron muchas cartas. tal vez que te arrepientes de haberte casado con-
Tiempo atrás, Chéjov le había escrito a Suvorin migo? Dímelo, no: temas confesármelo con ftan-
que le habría gustado una esposa que fuera «como queza. Me siento horriblemente cruel. Dime ;qué
la hma», es decir,. que desapareciera a intervalos, debo hacer.»
pero por entonces no estaba enamoradd de nadie, Pero él no quería que Olga dejara su trabajo.
mientras que ahora las ausencias de Olga le produ- Sufría, pero deseaba que todo siguiera tal corno es-
cían un duro sufrimiento. Pese a ello, consideraba taba. Le escribía: «Nadíe tiene la culpa si el diablo
que los viajes de su esposa estaban justificados, te ha metido dentro la pasión.por el teatro y a mí,
eran necesarios. Lo que más le gustaba de las per- los bacilos de la tuberculosis.»
sonas era su fuerza vital. Y lo que más amaba de En una foto dónde aparecen juntos, el rostro
Olga era esa fuerza, le alegraba la idea de que ella de Olga es alegre y dulce, el de él es dulce e iróni-

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co. Para él, encontrar a Olga y unirse a ella fue un barba rala» murmuró palabras ininteligibles. «Sin
regalo hermosísimo que le hizo el destino. apartar la vista del mar—le dijo Tolstoi—, yo era
En 19 oz, Tolstói pasó una temporada en Cri- insaciable,»
mea, en Gaspra, a diez kilómetros de Yalta, en el En otra ocasión, mientras Tolstói y Gorki esta-
castillo de unos amigos. Gorki se encontraba tam- ban sentados en la terraza y Chéjov paseaba por el
bién por la zona, en Oleiz, con su mujer y sus hijos, parque con la más pequeña de las hijas de Tolstói,
en la casa que había alquilado. Gorki y Chéjov éste señaló a Chéjov y le comentó a Gorki: «¡Ah,
iban a menudo a Gaspra, a ver a Tolstói. qué hombre entrañable, qué excelente! ¡Modesto
Tolstói solía decirle a Chéjov que su teatro no y tranquilo como una jovencita! Y camina como
valía nada, que sus comedias eran amorales. No una jovencita. Es prodigioso.»
ofrecían nunca una solución a los más graves pro- En esa época, Tolstói anotaba en su diario: «Me
blemas de la existencia. Sus héroes no hacían más siento feliz de amar á Gorki y a Chéjov.»
que ir del sofá al desván y del desván al sofá. Sin Olga se quedó embarazada, pero en cuanto re-
embargo, sus cuentos le parecían estupendos. gresó a Moscú tuvo un aborto. En abril, cuando
En su libro de recuerdos, Gorki habla de esos volvió a Yalta, seguía sin recuperarse. María y su
encuentros en Gaspra. madre le reprochaban haber perdido el hijo a cau-
«Un día Tolstói dijo: "Estoy viejo y tal vez ya sa de tantos excesos. No sólo se había fatigado con
no consigo entender la literatura de ahora. Pero no su trabajo en el teatro, sino especialmente por asis-
me parece que sea rusa. Ahora bien, usted—se di- tir a cenas y fiestas mundanas. En casa, el ambien-
rigió a Chéjov—, usted es ruso. Sí, muy, muy te era tenso. Chéjov decidió volver a Moscú con
ruso." Con una sonrisa afable, posó las manos so- Olga. Partieron en mayo. Al poco tiempo, Olga
bre los hombros de Antón Pávlovich, que se mos- cayó gravemente enferma. Los médicos le diag-
tró confundido y, en voz baja, comenzó a decir nosticaron peritonitis y dijeron que había que ope-
algo sobre su casita y los tártaros.» Así lo cuenta rarla. Sin embargo, a los pocos días se restableció
Gorki. Y luego recuerda que en otra ocasión, sin necesidad de operación alguna. Chéjov soste-
cuando estaban en el almendral, Tolstói le pregun- nía que él la había curado alimentándola sólo con
tó a Chéjov si en su juventud había llevado una leche y nata.
vida muy disoluta. Chéjov sonrió y «mesándose la Esa primavera, Chéjov había escrito un cuento,

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«El obispo», que apareció en Reviso para todos. Esto le decía a Gorki. Sin embargo, en sus
Revisó también un monólogo escrito en 18 8 6, Los cuentos, en sus comedias, hay hombres y mujeres
perjúicios del tabaco. que parecen avanzar ansiosamente hacia un porve-
A Bunin, que le confesaba que no tenía ganas nir menos torpe, menos oscuro, domó si al asomar-
de escribir y que escribía poco, le dijo: «Hace mal. se a un antepecho 'vieran las luces de una ciudad
Lo esencial, como sabrá, es trabajar toda la vida lejana.
sin cesar.» Y añadía: «Pero hay que ponerse a es- Regresó a Yalta en agosto. Por motivos de tra-
cribir sólo cuando uno se siente frío como el hie- bajo, Olga debía quedarse en Moscú, pero estaba
lo.» irritada con María 'y su suegra porqvie no le habían
Por orden del zar, la Academia de las Ciencias pedido que también fuese a Yalta. Envió a María
se negó a designar a Gorki como uno de sus miem- una carta, ofendida. María le enseñO la carta a su
brosi. Chéjov dirigió entonces a la Academia su hermano. Chéjov le contestó disguitado con luna
carta de dimisión. Esa carta se publicó en todos los nota llena de reproches. Olga le respondió coléri-
diarios clandestinos y se difundió en el extranjero. ca: «¿Ha llegado el momento de, que nos separe-
Gorki era marxista y soñaba con I a revolución. mos? ¡Perfecto!» Con frecuencia, ella se lamenta-
Por 'su parte, Chéjov consideraba que la salvación ba de que él no le hablara de cosas importantes,
estaba en una lenta transformación. Pero no tenía como tenía por costumbre cuando conversaba 'con
ninguna fe en el pueblo ruso. Le decía a Gorki: sus amigos, y con ella) callara o hablara de futilida-
«Rusia es un país de gente ávida e indolente. Co- des. «Puedes vivit conmigo sin ptonunciar Una
men', beben muchísimo, roncan y sueñan... Nos sola palabra. A veces he sentido que 'estaba de Más.
decirnos que con un nuevo zar las cosas mejorarán, Creo que no me necesitas más que en mi papel de
y mucho más dentro de doscientos años, pero na- mujer agradable, pero como ser hutriano me siento
die hace nada para que esa "mejora" se produzca sola, siento que soy una extraña para ti.»
mañana. En fin, la vida se vuelve cada vez más Él le contestó irónico, alegre. La cólera de su
complicada y avanza por su cuenta quién sabe ha- mujer no pareció haberlo herido. Con ella se sentía.
I cia dónde, y la gente se vuelve más y más tonta, se tranquilo y segurd. Las cartas que remite a su es-
laparta cada vez más y se coloca en los márgenes de posa están siempré llnas de tranquilidad y seeuri-
la vida.» dad. `«Mi perro—la llamaba—. Mi', serpienteJ Mi

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pequeña pava.» No parecía otorgar mucha impor- bir. El doctor Altshuler protestaba. Al final, el es-
tancia a las tormentas que arrasaban a veces, inclu- critor emprendió viaje sin decirle nada.
so en la distancia, las relaciones entre su mujer, su Gorki y los demás amigos lo animaban a que
hermana y su madre. Lo esencial eran las relacio- revisase el contrato con el editor Marks. De hecho,
nes con Olga, que se mantenían tranquilas e intac- con la venta de sus libros, Marks había ingresado
tas. ya más de doscientos mil rublos. Chéjov habló con
En septiembre recibió la visita de Suvorin. Jun- su editor; éste le regaló unos libros con encuader-
tos volvieron a encontrar el afecto mutuo. Cuando nación de lujo y le ofreció cinco mil rublos «para
Suvorin se hubo marchado, el director de un dia- sus gastos médicos», oferta que el escritor recha-
rio local se refirió a él con desprecio. Chéjov lo de- zó.
fendió. Suvorin tenía mil defectos, pero había sido Stanislavski, N emiróvich Dánchenko y Olga no
de los primeros en aumentarle el sueldo a los pe- hacían más que animarlo para que terminara la co-
riodistas. Siempre había ayudado a los escritores media. Él apenas conseguía escribir unas pocas lí-
pobres. neas al día.
Desde hacía un tiempo, Chéjov pensaba en una Ostroúmov, conocido médico moscovita, le dijo
nueva comedia. Tenía en mente el título, El jardín que el clima de Crimea no era bueno. Le dijo que
de los cerezos, pero le parecía que en Yalta no iba a le convenía más establecerse en una casa de campo
ser capaz de escribirla. Decidió viajar a Moscú. cerca de Moscú. Cuando Altshuler se enteró, ma-
María quiso seguirlo. Tenía mucho interés en ha- nifestó que el tal Ostroúmov debía de estar borra-
cer las paces con Olga. Enviaron a su madre a San cho para hacer semejantes afirmaciones.
Petersburgo, con su hermano Mijaíl. Una amiga de Olga los invitó a una de sus fin-
Chéjov estuvo un mes y medio en Moscú. To- cas, situada precisamente en los alrededores de
dos lo instaban a que escribiera la nueva comedia. Moscú. Allí estuvieron algunas semanas. Después,
Pero él no conseguía hacerlo ni siquiera allí. Chéjov quiso regresar a Yalta.
Regresó a Yalta, porque en Moscú hacía dema- En octubre de 1903, envió la comedia ya termi-
siado frío. Se dedicó a escribir la comedia. En el nada al Teatro de Arte de Moscú. En diciembre
mes de abril, declaró una vez más que debía mar- partía rumbo a Moscú sin haber solicitado la opi-
charse a Moscú porque en Yalta no lograba escri- nión del doctor Altshuler.

78 79
Antes de emprender el viaje escribió con gran ber consultado al doctor Altshuler. Llegó con:fie-
dificultad un cuento: «La novia». Fue el último bre alta. Un médico alemán al que Olga conocía
cuento de su vida. Tal vez lo pensara. bien, el doctor Taube,i le aconsejó viajar a Berlín en
En Moscú, María y Olga habían alquilado un cuanto mejorase, ave al doctor Karl Ewald, espe-
pequeño apartamento con ascensor. cialista en enfermedades pulmonará.
Chéjov asistía a los ensayos. No estaba satisfej En los primeros días de junio, Chéjov y Olga
cho. Se quejaba de Stanislavski. El propio Stanis- llegaron a Berlín. Tras una minuciosa revisión, el
lavIki tenía ciertas dudas sobre aquella comedia. doctor Ewald tendió los brazos en señal de impo-
Chéjov revisaba el texto y reescribía los diálogos tencia. No sugirió nada. El matrimonio partió rum-
afanosamente. bo a Badenweiler,fleqiueña ciudad de aguas terma-
Según el escritor, Stanislavski había entendidd les de la Selva Negra.
mal' aquella comedia. Le daba un tono trágico. Y En Badenweiler sé alojaron en una casa parti-
Chéjov decía: «No he escrito un drama, sino una cular, la Villa Friederike, cuyo dueño alquilaba ha-
comedia, es más, en algunos puntos es una farsa.» bitaciones. La casa d4onía de un jardín grande y
El jardín de los cerezos se estrenó el i7 de enero bonito, y ventanas que daban a las montañas.
de i9o4. Chéjov se sentía mejor. En Badenweiler lo aten-
Las primeras críticas expresaban dudas. Los día el doctor Schwo,hrer. El escritor le escribió Una
periódicos sostenían que en la comedia «se erigía carta alegre a María, 4ue, más tranquila, le infor-
un monumento sobre la tumba de los holgazanes» .I mó de que emprendería un breve viaje por el Cáu-
La generación joven, decían, quedaba representa-I caso en compañía de hermano Iván.
da de forma dudosa, imperfecta, sin vigor ni fir En Badenweiler hacía un calor tremendo. Al
meza. cabo de una semana, Chéjov ya no aguantaba Villa
Chéjov regresó a Yalta en febrero. El doctor Friederike. Se trasladaron a un hotel, el Sommer.
Altshuler lo encontró en condiciones de salud dis- El primero de jUlio se despertó en plena noche
cretas y se sorprendió. y le pidió a Olga que llamara a un médico. Era la
Desde Moscú le llegaron las noticias del in -, primera vez que lo! hacía. Olga se sintió terrible-
menso éxito de público de su última obra. mente sola en aquel gran hotel, llenó de descono-
En mayo reapareció en Moscú, siempre sin ha-, cidos. Se acordó de ;que en una habitación cercana

8o
había dos estudiantes rusos, llamó a su puerta y les jov con aquella música militar. Se formó el cortejo
rogó que fueran a buscar al doctor Schwóhrer. y todos lo siguieron. Pero de repente se dieron
Chéjov deliraba, hablaba del Japón y de un ma- cuenta de que no seguían el funeral de Chéjov, sino
rinero. Ella le colocó una bolsa de hielo sobre el el del general Keller, fallecido en Manchuria. La
pecho. Y de pronto, recuperada la lucidez, él le pre- banda militar era para el general. Cambiaron de
guntó: «¿Para qué poner hielo sobre un corazón rumbo.
vacío?» Dos estudiantes llevaban el ataúd a hombros. En
El doctor Schwohrer llegó a las dos de la ma- el cementerio había un gran gentío. Al día siguien-
ñana. «Ich sterbe—le dijo Chéjov—. Me muero.» te se ofició allí una ceremonia religiosa. El escritor
El médico le puso una inyección de alcanfor. Alexandr Kuprín se acercó a la madre de Chéjov y
Luego quiso mandar a buscar un tubo de oxígeno. le besó la mano. Ella le dijo: «¡Ha visto qué des-
Chéjov le dijo: «Es inútil. Cuando lo traigan me gracia ha ocurrido! ¡ Antosha ya no está!»
habré muerto.» Entonces, el médico mandó que le La madre de Chéjov murió en 1919. Después
subieran una botella de champán. de la revolución, María pasó a ser directora del
Chéjov aceptó la copa que le ofrecieron y dijo: Museo Chéjov, situado en la casa que la familia te-
«Hacía mucho que no bebía champán.» Vació la nía en Yalta. Murió muy mayor, en 1957. Olga si-
copa y se acostó de lado. Poco después dejó de res- guió trabajando de actriz. Ella también murió muy
.pirar. Era el 2 de julio de 19 04, mayor, en 1959.
Se tomaron las medidas necesarias para trasla-
dar el cuerpo a Moscú. No se sabe por qué llegó en
un tren destinado también al transporte de ostras.
Los amigos y familiares que esperaban vieron lle-
gar un tren de color verde, uno de cuyos vagones
llevaba un cartel con la palabra «Ostras». El ataúd
viajaba en aquel tren.
En el andén de la estación, una banda militar
tocaba una marcha fúnebre. Los amigos pensaron
que las autoridades habían querido saludar a Ché-

82 83
Las citas de los cuentos reproducidas en este libro
fueron extraídas de las siguientes ediciones:

cHÉjov, Antón: Cuentos (selección y traducción de


Víctor Gallego, Ballestero), BarCelona, Alba,
zoos'.
— Cuentos impreskindibles (selección y prólogo
de Richard Ford; ed. española de Ricardo San
Vicente; traducción de Luis Abollado, José
Laín Entralgo, Ricardo San Vicente y Augusto
Vidal), Barcelona, Lumen, z o o o.'
— Cuentos (traducción de E. Podgursky y A.
Aguilar), Madrid, Aguilar, 19 8 8.
— Cuentos (selección de José MuñoziMillares y tra-
ducción de Víctor, Gallego Balléstero), Valen-
cia, Pre-Textos; z o o z.

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