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El hombre de la bandera

Es un relato que exalta el patriotismo y la unidad nacional cuando el país se debate en una
guerra internacional. Se basa en un hecho histórico.El protagonista es el indio Aparicio
Pomares, quien regresa a su pueblo, Chupán, luego de servir en el ejército nacional
durante la guerra con Chile. Ha peleado en todas las batallas de la campaña terrestre,
desde Pisagua hasta Miraflores. Pero, en ese momento, agosto de 1883, la guerra no
había terminado y Huánuco acababa de ser ocupada por un regimiento de soldados
chilenos, quienes, según su costumbre, cometían toda clase de excesos sobre la
población. La gente de Huánuco no se atrevía a dar una respuesta a ese atropello.
Entonces se presenta Pomares para alentar a las comunidades de indígenas a presentar
pelea. Muchos sin embargo, dudan en seguirle. Consideran que era una lucha que solo
atañía a los mistis (hombres blancos) y que no parecía razonable ayudar a quienes eran
sus explotadores. Pero Aparicio les convence que se trata de una lucha por el Perú, que
era la patria de todos, tanto mistis como indios, y que los chilenos tenían la traza de ser
peores que los mistis, unos auténticos supaypa-huachashgan (hijos del diablo), que no
respetaban ni a los niños ni a las mujeres ni las cosas sagradas. Les cuenta también que
por experiencia sabía que en el campo de batalla un soldado peruano valía mucho más
que un chileno, y que si estos ganaban era solo por combatir siempre en mayor número y
por tener armamento más poderoso. Pero cuando las cosas estaban en equilibrio, el
chileno, cobarde por naturaleza, tenía siempre las de perder. Después de mucha
discusión, los indios aceptan y se preparan para atacar a los invasores. A la cabeza de
Pomares, coronan las alturas del Jactay y se presentan ante las puertas de Huánuco, que
queda así sitiada. Los chilenos se asombran al ver que los indios se atreven a presentarles
lucha, y se lanzan a escalar el Jactay. Se traba una batalla furiosa, en la que Pomares,
portando la bandera bicolor, iba de un lado a otro, ordenando y alentando a sus
compañeros. Luego de dos horas de lucha, el jefe chileno cae muerto y sus soldados se
baten en retirada, abandonando definitivamente Huánuco. Los indios entran entonces en la
ciudad y celebran el triunfo. Pero entre los festejantes no se ve a Pomares; había resultado
herido en una pierna y trasladado a Rondos; días después fallece en su pueblo, a
consecuencia de una gangrena. Es sepultado envuelto en la bandera nacional, según su
deseo. La memoria colectiva siempre le tuvo presente como el hombre de la bandera.