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c c 20:1 S cedió n día, q e enseñando Jesús al p eblo en el templo, y an nciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes
y los escribas, con los ancianos,
El Señor Jesús es el ejemplo de c alq ier Cristiano, ¿C ántas veces le hemos visto predicando? ¿C ántas veces an nciando el
evangelio? ¿C ántas veces dando salvación a los perdidos? El Señor no perdía el tiempo, en cada instante y circ nstancia b scaba la
forma de dejar n mensaje, de enseñar algo n evo, de an nciar el reino de Dios.
En esta ocasión estaba en el templo, en el l gar constr ido como casa de Dios, n l gar de c lto y adoración, n l gar en donde todo
el pensamiento debía estar dirigido a la presencia de Dios, de s grandeza, de s bondad, de s poder, de s santidad.
Y en este l gar se enc entran personas destinadas a trabajar para Dios como lo son los sacerdotes, escribas y ancianos, personas
q e dedican s día a día a estar en contacto con la Palabra de Dios, a est diarla, a enseñarla, a protegerla, también destinados a
b scar la vol ntad de Dios y reflejar s s mandamientos en s s vidas.
Si lo vemos así Cristo y estos hombres de Dios están de n mismo lado, b scando n mismo objetivo y trabajando en na misma
dirección.

c c 20:2 y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con q é a toridad haces estas cosas? ¿o q ién es el q e te ha dado esta a toridad?
co extraño de esta preg nta es q e siendo hombres tan conocedores, tan est diosos de la Biblia, no sepan la a toridad del Señor
Jes cristo además de q ien le daba s a toridad.

c c 5:24 P es para q e sepáis q e el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te
digo: cevántate, toma t lecho, y vete a t casa
J a 5:19 Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No p ede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo q e ve
hacer al Padre; porq e todo lo q e el Padre hace, también lo hace el Hijo ig almente.

ca a toridad del Padre dependía de la a toridad del hijo, pero el hijo en si ya tenía a toridad para act ar en esta tierra. Cristo ya lo
había mencionado pero ellos no lo q erían creer, no lo podían aceptar, a pesar de s amplio conocimiento no reconocían q e Cristo
era el Mesías an nciado, era el Hijo de Dios hecho carne enviado por el Padre. Para Cristo era fácil poder decir eso pero no servía de
nada si ellos no q erían aceptar esa verdad.

 Sométase toda persona a las a toridades s periores; porq e no hay a toridad sino de parte de Dios, y las q e hay, por
Dios han sido establecidas.

c c 20:3 Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también na preg nta; respondedme:
c c 20:4 El ba tismo de J an, ¿era del cielo, o de los hombres?
Cristo les hace cambiar el r mbo de s conversación. Q e era lo q e a ellos le importaba realmente, en sentirse importantes, el
tener a toridad, el sentirse mejores a los demás, el sentirse poderosos para hacer según como ellos disp sieran, el creer estar por
sobre los demás para act ar de s manera, era n l jo y era n privilegio pero sin pensar de parte de q ien venía.
Ahora les hace pensar en n hombre totalmente distinto a ellos, J an el Ba tista era n hombre sin nada, n hombre q e vivía con
lo mínimo, q e no tenía a toridad de parte de hombres, q e no tenia reconocimiento de las a toridades terrenales, q e no tenía n
p esto político ni religioso, pero q e de s parte tenia a Dios.

  P es mirad, hermanos, v estra vocación, q e no sois m chos sabios según la carne, ni m chos poderosos, ni m chos
nobles;
 sino q e lo necio del m ndo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del m ndo escogió Dios, para avergonzar
a lo f erte;

Dios no b sca personas con poder, personas sabias o personas de la nobleza, Dios b sca personas normales, personas como sted y
como yo, personas q e q ieran encontrarle, personas q e comprendan q e ante los ojos de Dios todos somos ig al, todos somos
pecadores.

Ahora J an ¿con q e a toridad ba tizaba? ¿Con a toridad del cielo o a toridad de la tierra?
c c 3:16 respondió J an, diciendo a todos: Yo a la verdad os ba tizo en ag a; pero viene no más poderoso q e yo, de q ien no soy
digno de desatar la correa de s calzado; él os ba tizará en Espírit Santo y f ego.
J an era q ien preparaba el camino de Cristo, era a q ien Dios había destinado esta tarea difícil y q e no necesitaba la a toridad de
nadie más q e del Padre.

Por: Iván Pablo Yáñez Fica 




    
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c c 20:5 Entonces ellos disc tían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por q é, p es, no le creísteis?
c c 20:6 Y si decimos, de los hombres, todo el p eblo nos apedreará; porq e están pers adidos de q e J an era profeta.
Ellos q edan en n dilema ya q e ellos comprendían la verdad, sabían c ál era la resp esta, sabían q e estaban eq ivocados y
comprendían q e lo único q e ellos b scaban era el estat s social, pero al no q erer perder esos privilegios eligieron no aceptar a
Cristo y no reconocer q e venía de parte del padre.

c c 20:7 Y respondieron q e no sabían de dónde f ese.


Ellos al no q erer admitir la verdad y al no q erer ser encarados por el p eblo prefieren no responder, decir q e no lo sabían,
preferían q edar por ignorantes a reconocer la verdad. Una triste realidad del ser h mano, prefiriendo decir q e no saben de Dios,
q e no saben q e son pecadores, q e no saben q e necesitan de Dios.

c c 20:8 Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con q é a toridad hago estas cosas.
Si ellos no q ieren reconocer a Dios de nada sirve q e les diga de parte de q ien venía, Dios q iere entregarle la verdad a Todos,
pero deben q erer recibirla, Dios lo ha hecho todo por nosotros, nos b scó, entregó a la m erte a s nigénito Hijo por nosotros y
ahora espera de nosotros solo q e q eramos creer y aceptar estar verdad, de q e nos sirve na a toridad pasajera de este m ndo,
fama pasajera, poder pasajero si todo viene y va, solo lo q e Dios nos da permanece para Siempre, s amor y s verdad no cambian,
de parte de Dios llega esta verdad, q ien nos q iere hacer verdaderos servidores s yos, con na a toridad q e es sobre toda, la
a toridad divina, la a toridad q e nos p ede transformar.

Por: Iván Pablo Yáñez Fica