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Caso de La Moral y la Ética en los negocios

Trabajo en grupos de 8 personas.


Deben enviar a mi correo irina.cordoba@utp.ac.pa , la resolución del mismo el dìa 30 de abril de
2018.

Caída de Enron

En su número de abril de 2001, la revista Fortune llamó a Enron, entre las 17 compañías más grandes de Estados
Unidos, la compañía "más innovadora" de Estados Unidos. Seis meses más tarde, el 2 de diciembre de 2001,
Enron se declaró en bancarrota, como resultado de lo que se ha llamado el fraude contable más grande del siglo
XX: 12.000 empleados perdieron su trabajo y los ahorros para el retiro de toda su vida, que habían invertido en
las acciones de Enron. Otros propietarios de acciones de Enron-incluyendo miles de estadounidenses ordinarios
que también habían invertido sus pensiones-perdieron un total de 70,000 millones de dólares cuando el valor
de sus acciones llegó a cero. Dentro de Enron, Sherron Watkins, la vicepresidenta de Enron, observó con horror
cómo la compañía que había luchado por salvar al denunciar a otros lo que ocurría, de todas formas se
desplomó a su alrededor.

Kenneth Lay, un economista y anterior subsecretario del Departamento del Interior de Estados Unidos, formó
Enron en 1985, diseñando una fusión entre dos compañías de gas natural cuyos sistemas de tuberías
combinados formaron el primer sistema de la nación capaz de distribuir gas natural a todo el país. Lay expandió
la compañía pidiendo préstamos para comprar otras, y en 1987 la deuda de Enron llegaba a 75% de sus
acciones, creando un problema continuo. Lay contrató en 1989 al joven graduado de Harvard, Jeffrey Skilling,
como jefe del departamento de finanzas de Enron.

El gobierno de Estados Unidos apenas había "eliminado la regulación" del negocio de energía levantando
muchas reglas que mantenían fijos los precios. Al establecer estas regulaciones, los precios del gas comenzaron
a fluctuar mucho, haciendo del gas natural un negocio riesgoso tanto para compradores como para vendedores.
En particular, los pequeños productores de gas tuvieron problemas para reunir dinero para exploración y
perforación, porque los riesgosos mercados ahuyentaban a los inversionistas.

Skilling llegó con la idea innovadora de que Enron fuera un intermediario entre los compradores y los
vendedores, de manera que se reducirían los riesgos que creaba la desregulación. Enron firmaría contratos con
los vendedores para comprar su gas durante cierto número de años a futuro, a precio fijo, y después firmaría
contratos con los compradores para venderles el gas durante esos mismos años al mismo precio, más una
ganancia que Enron conservaría. Como estos contratos a largo plazo fijaban el precio del gas durante varios
años, eliminaban el riesgo tanto para compradores como para vendedores, de forma que ambos grupos
comenzaron a comerciar con Enron, que pronto se convirtió en la compañía líder en el rentable negocio de la
energía. Skilling formó un equipo de comerciantes que en su mayoría consistía de graduados de maestría en
administración (MBA, por sus siglas en inglés), que entraron con fuerza con un sistema implacable que cada año
despedía al 10% de empleados con el desempeño más bajo y compensaba generosamente el desempeño más
alto.
Skilling decidió que la compañía aplicara la misma idea comercial a otros mercados, y con el tiempo los ansiosos
comerciantes de Enron compraban y vendían contratos a largo plazo para electricidad, carbón, pulpa de papel,
aluminio, acero, químicos, madera, agua, banda ancha y plásticos, en total 1.800 tipos diferentes de productos.
Los contratos de estos bienes también reducían el riesgo fijando el precio del bien esencial durante uno y 12
años futuros.

En 1990, Skilling había contratado a Andrew Fastow, un genio financiero, para ayudar a manejar el negocio y los
dos tuvieron una idea ingeniosa para reportar el valor de los contratos a largo plazo que compraban y vendían.
Persuadieron a la Comisión de Acciones y Valores de Estados Unidos para que les permitiera usar el método de
contabilidad de "marca a mercado" para estos contratos. Con ese método, el valor de un activo se "marca"
(reporta) en los informes financieros de la compañía como el "valor de mercado" actual del activo, es decir, la
cantidad por la que, en teoría, se vendería el activo en el mercado abierto. Para calcular el valor de mercado de
un contrato, los negociantes de Enron pronosticaban el precio futuro del activo esencial (gas, electricidad,
carbón, entre otros) por los años del contrato. Con este pronóstico, sumaban los flujos de efectivo futuros
teóricos del contrato, aplicaban la tasa de interés y calculaban el valor presente neto del contrato. Este valor
presente neto se reportaba como "valor verdadero". Si dicho valor era más alto que lo que Enron había pagado
originalmente por el contrato, la diferencia se reportaba como "ganancia" en los estados financieros. Los
negociantes de Enron estaban presionados para pronosticar flujos de efectivo futuros altos y tasas de descuento
bajas en sus contratos, lo que permitía a Enron reportar valores de activos (contratos) altos y ganancias para los
inversionistas. En 1996, Skilling obtuvo el cargo de presidente y jefe de operaciones de Enron, y Fastow se
convirtió en el jefe de finanzas.

Pronto, Enron encontró un problema. Para entrar a muchos de los mercados donde comerciaba, tuvo que pedir
prestadas grandes cantidades de dinero para comprar la infraestructura necesaria para transportar, almacenar y
distribuir los bienes. Pero si Enron pedía grandes préstamos, además de la alta deuda que ya tenía, los
compradores y vendedores estarían renuentes a firmar acuerdos con la compañía, pues los niveles altos de
deuda aumentan la posibilidad de que una compañía falle. Las deudas altas disminuirían el grado de inversión
con los prestamistas y tal vez provocarían que los bancos reclamaran sus préstamos a Enron. Para salvar estos
problemas, la empresa tenía que encontrar un acceso al dinero prestado sin tener que reportar la deuda en sus
estados financieros.

Andrew Fastow encontró una manera astuta de salvar el problema de la deuda y, al mismo tiempo, deshacerse
de muchos contratos sobrevaluados en las hojas de balance, mientras obtenía "ingresos" adicionales. Pagó bien
(varios millones de dólares) por la pericia de un consultor, proporcionada por Arthur Andersen. Fastow con la
ayuda experta de Andersen, establecieron una serie de "sociedades limitadas" llamadas "entidades para
propósitos especiales". Las reglas de contabilidad estadounidenses permiten a una compañía excluir una entidad
de propósito especial de sus estados financieros si una parte independiente tiene control sobre esa entidad, y si
esta parte es dueña de al menos el 3% de ella. Para cumplir con estas condiciones, Fastow se nombró a sí mismo
y a otras personas de Enron jefes de las entidades de propósito especial. Después, estos individuos invirtieron
suficiente dinero propio en las entidades para satisfacer la regla del 3%, y Fastow transfirió suficientes acciones
de Enron a las entidades para completar el 97%. Luego la entidad de propósito especial pedía préstamos por
grandes cantidades, usando acciones de Enron como colateral. El dinero prestado se pagaba a Enron para
"comprar" los contratos sobrevaluados en los libros y otras inversiones que no eran rentables, y Enron podía
registrar el dinero como "ingresos de ventas" en lugar de deuda. Las entidades de propósito especial también
acordaron tomar grandes cantidades de la deuda existente de la compañía y, como compensación, Enron
transfería más acciones a las entidades. Fastow dio nombres poco usuales a las entidades como "Chewco",
"Jedi", "Talón", "Cóndor" y "Raptor", y él y otras personas de Enron se pagaron millones de dólares como
salarios e ingresos por su 3% en la sociedad de las entidades.

El resultado final era que las entidades de propósito especial se quedaron con la deuda de Enron, asegurada por
sus acciones, también se quedaron con los contratos sobrevaluados y otras inversiones fallidas como "activos".
Como las deudas y activos comprados a Enron por las entidades no tenían que reportarse en los estados
financieros, los accionistas pensaban que la deuda no aumentaba y la compañía había tenido altos rendimientos
por la venta de estos contratos y otros activos de estas entidades, y que los ingresos aumentaban cada año.
Como auditor contable "externo" de la compañía, la división de Arthur Andersen certificaba que los informes
financieros proporcionaban una contabilidad precisa de la empresa.

Sherron Watkins, una persona honesta, abierta y directa que había comenzado a trabajar en Enron en 1993 y
que ahora era vicepresidenta subordinada de Fastow, se alarmó por las prácticas contables introducidas por
éste. Mientras el precio de las acciones de Enron permanecieran altas, su valor sería suficiente para equilibrar la
deuda de las entidades de propósito especial y la deuda podía permanecer fuera de los libros de Enron. Pero ella
sabía que si las acciones bajaban lo suficiente, esto dispararía reglas que forzarían a la compañía a disolver las
entidades e incluir la deuda y los activos sobrevaluados en sus estados financieros.

Por desgracia, en la segunda mitad de 2001, las acciones de Enron comenzaron a bajar de su punto alto de 80
dólares por acción, en parte como resultado de una historia publicada en Fortune Magazine, el 5 de marzo de
2001, que afirmaba que los estados financieros de Enron eran "casi impenetrables" y que las acciones estaban
sobrevaluadas. Conforme el precio de las acciones declinó, los contadores de Enron luchaban para reagrupar la
deuda y los activos de las entidades de propósito especial para evitar su inclusión en los estados financieros de
la compañía. Sherron Watkins estaba horrorizada tanto por los crecientes riesgos que creaba la baja en las
acciones como por los intentos de Fastow por cubrirlos.

En julio de 2001, cuando los inversionistas comenzaron a dudar y el precio de las acciones bajó a 47 dólares por
unidad, Skilling de pronto renunció como presidente y director ejecutivo por "razones personales". Ahora,
segura de que la compañía se dirigía al desastre total, el 22 de agosto, Sherron Watkins, personalmente se
reunió con Ken Lay y el departamento legal y entregó una carta de seis páginas que describía las irregularidades
contables relacionadas con las entidades de propósito especial y alertaba sobre lo que después llamó "el peor
fraude contable que haya visto". "Estoy increíblemente nerviosa", escribió, "de que vayamos a desplomarnos en
una ola de escándalos contables". Lay y sus abogados, sin embargo, decidieron que nada era incorrecto aunque
quizá las entidades de propósito especial tuvieran que desmantelarse si las acciones de Enron continuaban
bajando. Públicamente, Lay anunció a los empleados e inversionistas que el crecimiento futuro de la compañía
"nunca ha sido tan seguro", y alentó a todos y a otros inversionistas a seguir invirtiendo en Enron. No obstante,
Lay y otros ejecutivos procedieron con sigilo a vender gran parte de sus acciones. Watkins también contactó a
un amigo que trabajaba en Arthur Andersen, quien discutió sus preocupaciones con el jefe de auditores de
Andersen que trabajaba para Enron. Pero no se tomaron medidas.
Mientras Watkins desde adentro intentaba que la compañía actuara, el precio por acción siguió bajando. El 16
de octubre de 2001, Enron anunció que había decidido recuperar las deudas y activos de las entidades de
propósito especial, forzándose a tomar un cargo de 544 millones de dólares contra sus ingresos actuales y
reducir el valor de la propiedad de los accionistas en 1,200 millones, exactamente lo que Sherron Watkins había
intentado advertirles que ocurriría.

Una semana después, el 22 de octubre, la comisión de valores anunció que estaba investigando las entidades de
propósito especial de Enron. Al día siguiente Fastow fue despedido. El 8 de noviembre de 2001, la compañía
anunció que era forzada a restablecer todos sus estados financieros desde 1997, como resultado de la
obligación de consolidar sus entidades de interés especial en sus estados financieros principales. Se esperaba
que la restauración redujera el valor de la propiedad de los accionistas en 2,100 millones y aumentara la deuda
de la compañía en 2,600 millones. Para noviembre de 2001, la acción había bajado a un dólar y la compañía se
colapsó en bancarrota.

En febrero de 2002, Sherron Watkins se presentó ante un comité del Congreso estadounidense y públicamente
reveló todo lo que sabía acerca de las prácticas contables de la compañía. Etiquetada como la "denunciante
valiente" por la prensa, ella observó que Andrew Fastow había intentado que la despidieran para tomar su
computadora, cuando se enteró de su idea de advertir a sus superiores de los problemas inminentes.

Mientras tanto, el personal de Arthur Andersen, tratando de cubrir su participación al establecer las entidades
especiales y luego certificando los estados financieros de la compañía, fue sorprendido triturando documentos
relacionados con Enron. En junio de 2001, la empresa contable fue declarada culpable de obstruir la justicia por
la trituración de papeles y fue forzada a cesar sus operaciones como empresa de auditoría, destruyendo
efectivamente las carreras de miles de sus empleados.

1. ¿Cuáles son los aspectos sistémico, corporativo e individual generados por este caso?

2. Si el valor de las acciones de Enron no hubiera bajado, quizá las entidades de propósito especial hubieran
continuado operando indefinidamente. Suponga que las acciones de Enron no se cayeron y que su contabilidad
se adhería en cada palabra, si no en espíritu, a los principios de contabilidad generalmente aceptados (pcgn) (es
decir, suponga que las prácticas contables de Enron estaban permitidas por las reglas de contabilidad). En ese
caso, desde su punto de vista, ¿había algo incorrecto en lo que Enron hacía? Explique.

3. ¿Quién, a su juicio, era moralmente responsable del colapso de Enron?