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CENTRO UNIVERSITARIO EMMANUEL KANT

SEMINARIO DE TESIS I JUAN JOSÉ ROJAS A.

Lenguaje, un acto de poder.


El lenguaje nunca es un acto en correspondencia, que si bien la sociedad nos brinda los elementos
para ejecutarlo, siempre se ejerce en soledad, aislado del otro. El otro emite su discurso y el sujeto lo
adopta con sus respectivas deformaciones. El lenguaje es un acto de poder; señala, designa y significa.
El sujeto se echa mano del lenguaje para intentar asir las cosas, para darles existencia. Las devora y
en ese acto de mordacidad las mata. La cosa deja de existir en tanto que el sujeto la somete a su
discurso propio. La cosa deja de ser la cosa para convertirse en objeto del sujeto, y así, éste la dinamiza
conectándola con sus otros significantes ¿qué pasa cuando la cosa es otro sujeto? Todos en algún
momento estamos en calidad de cosa, en calidad de cuerpo y sólo hasta que el otro nos significa
cobramos existencia para él, hasta ese momento nos convertimos en objeto del sujeto. En estadios
tempranos de la constitución psíquica el sujeto no existe en tanto que está fundido con el otro
corpóreo. El sujeto existe hasta que da cuenta del otro, hasta que el otro y el sujeto dejan de ser simple
cuerpo para tomar un lugar en el lenguaje. El sujeto para existir se debe de alejar de su cuerpo y
contemplarse desde el lugar del otro para así significarse. Que el otro nos tome como objeto es pilar
para la psique del sujeto. El sujeto está dispuesto a someterse al otro, a que el otro lo signifique lo
cual nos sugiere que en el sujeto existe una dialéctica del poder. Si el otro me señala, designa y
significa, entonces soy, dirá el sujeto, ¿pero qué soy? Se preguntará. Para responder a la pregunta
tendrá que invertir el papel y ponerse en el lugar de victimario lingüístico siendo ahora él el que
signifique al otro. Al significarlo podrá dar cuenta de lo que él no es. Así el sujeto se constituirá por
medio de la diferencia y posteriormente la defenderá a capa y espada. De tal forma irá generando
cadenas significantes y procurará que éstas no se rompan ni se muden en lo contrario –nosotros no
debemos olvidar que en el inconsciente las cadenas significantes están constituidas por contrarios, es
hasta que tratan de emerger cuando los diques sociales detienen de golpe uno de los contrarios, es
decir cuando lo que va a emerger contradice lo que el sujeto pretende que significa para el otro–. En
este punto es importante pensar las cadenas como ficcionarias en tanto que se constituyen por medio
de objetos y no de cosas. Cuando algo del exterior golpea a los significantes y atenta con
fragmentarlos –con mostrar su verdeara constitución–, con tirar la ficción el sujeto se defenderá y
cada sujeto tendrá sus propias formas de defensa o bien evasión. La agresión podrá venir de otro
sujeto o el ambiente. Pensemos por ejemplo en los discursos ofensivos, éstos surgen como defensa a
eso otro que nos fragmenta, recurren puntualmente a la diferencia, pretenden erradicar lo diverso, lo
otro que no es lo yo. El sujeto que ataca se posiciona en el lugar de amo, sin embargo principalmente
es esclavo, en tanto que sin el otro deja de existir. De igual forma el agredido necesita del agresor
para existir en ese lugar que le facilita la agresión.