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EL ANARQUISMO

Y EL MOVIMIENTO
OBRERO EN ARGENTINA
por
IAACOV OVED

SIGLO VEINTIUNO *0 NUBTRA


¿ 4 43 6 6

edición a! cuidado de jorge tula


portada de anhelo hernández

primera edición, 1978


© siglo xxi ed ito re s, s.a.
ISBN 968-23-0038-0

derechos reservados conforme a la ley


impreso y hecho en méxico / printed and made in mexico
ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

TESTIMONIO DE GRATITUD

I. EL TRASFONDO Y LOS PRIMEROS PASOS

Brotes, 19; A rgentina de 1880-1914. Política, econom ía, sociedad, 21;


La g ran inm igración a la A rgentina, 30; M alatesta y los a n a rq u is­
tas de la década de 1890, 35; D isgregam iento y organización a fines
de la década de 1880, 40; E l periódico E l P erseguido, su ru m b o
ideológico y sus grupos, 42; G rupos a n arq u istas y sus publicacio­
nes, 44; A narco-com unistas y anarco-sociaíistas a comienzos d e la
década de 1890, 46; Los socialistas en la A rgentina y sus relaciones
con los anarquistas, 51; Inclinaciones terroristas e n tre los a n a rq u is­
tas, 54; L a oposición al terro r e n tre los anarquistas, 59; H uelgas
obreras de 1895-1896, 61; Los an arq u istas y la agitación o b rera de
1895-1896, 62

II. EL VUELCO DE LOS ANARQUISTAS HACIA LA INTERVENCIÓN EN


LOS SINDICATOS OBREROS (JU N IO DE 1 8 9 7 -JU NIO DE 1 8 9 9 )

L a Protesta H u m a n a , 66; G rupos an arq u istas e n 1897, 72; La Pro­


testa H u m a n a y los problem as obreros, 76; Los anarco-individualis-
tas, 78; Las relaciones en tre anarquistas y socialistas, 84; P ietro G ori
en la A rgentina, 88; E l R eb eld e y sus círculos, 93; Los grupos anar-
co-socialistas, 99; O tros grupos anarquistas y sus actividades, 104;
Los anarquistas y los sindicatos obreros, 106; E l te rro r in d iv id u a l
de los anarquistas en E u ro p a y sus ecos en la A rgentina, 110; El
proyecto de ley de M. Cañé, 116

III. PENETRACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LOS ANARQUISTAS EN LOS


SINDICATOS OBREROS (JU NIO DE 1899-M AYO DE 1 9 0 1 )

A prem ios y desocupación e n tre los obreros, 119; A gravam iento de


los conflictos laborales (1900), 124; Las condiciones de vida de los
trabajadores (1901), 127; H uelgas obreras (1901), 131; O rganización
sindical y tendencias federativas, 134; Los grupos an arq u istas y su
actividad, 136; M ilitantes y p ropagandistas descollantes del a n a r­
quism o, 139; El congreso an arq u ista in te rn ac io n al en P arís: p re p a ­
rativos y polém ica, 143; La discusión en tre "organizadores" y "anti­
organizadores” y la c ontribución de Pellicer P araire, 148; La a cti­
v id ad an arq u ista en los sindicatos obreros, 157; Relaciones e n tre
an arq u istas y socialistas, 160; E l p rim e r congreso de la foa, 163
6 ÍNDICE

IV, SURGIMIENTO DE LA HEGEMONIA ANARQUISTA EN LA FOA


( m a y o d e 1901- a b r il d e 1902) 174

Discusiones en tre los anarquistas, a raíz del congreso de la í o a , 174;


F ortalecim iento de la posición an arq u ista en los sindicatos obreros,
176; Las grandes huelgas. La p rim e ra "víctima e n tre los trabajado-
res, 178; Cam bio de a ctitu d de los sindicatos socialistas hacia la
f o a , 182; La actividad an arq u ista en 1901, 185; Cam bios en la re la ­

ción h a d a los anarquistas, 188; R esquem ores y m iedo por la vio­


lencia a n arq u ista, 192; La a ctitu d a n arq u ista hacia el terro r y la
violencia en las luchas sociales, 196; Conflictos laborales en la p r i­
m era m ita d de 1Ü02, 203; E xhortación a la h uelga general, 208;
T ensiones en las relaciones de socialistas y a n arq u istas en los sin d i­
catos obreros, 210; E l II Congreso de la f o a , 214

V. LA GRAN CONFRONTACIÓN Y LA PROMULGACIÓN DE LALEY


DE RESIDENCIA (MAYO DE 1902-DICIEMBRE DE 1902) 225

A ctividad de los anarquistas en los sindicatos obreros después del


II Congreso de la f o a , 225; Anarquistas activos y círculos a n a rq u is­
tas en 1902, 228; L a actividad de la Casa del P ueblo e n Buenos
Aires, 231; A m pliación de la actividad anarquista, problem as, tem o­
res y logros, 235; O rganizaciones adicionales en tre otros círculos
obreros, 238; Las luchas de los trabajadores panaderos, 240; Las
huelgas en los grandes pu erto s d u ra n te el mes de noviem bre, 247;
P aralización del p u e rto de Buenos Aires, posición de los em plea­
dores y de las autoridades, huelgas de solidaridad, 252; El escalo-
uam iento del conflicto y la proclam ación de la huelga general, 256;
La m archa de la huelga general. Los días 20-22 de noviem bre, 258;
El d ebate e n el c o n g T e s o sobre el proyecto de l e y de residencia y
su aprobación, 261; A gravación de la h uelga general y aplicación
del estado de sitio, 268; E jecución de la ley de residencia, 272; Las
enseñanzas de la huelga general, 277

VI. LA RECUPERACIÓN DEL MOVIMIENTO ANARQUISTA Y DE LOS


SINDICATOS OBREROS (ENERO DE 1903-MAYO DE 1904) 283

R eanu d ació n de la actividad a n arq u ista después de la p rim e ra ola


de expulsiones, 283; La prensa an arq u ista en 1903, 291; L a cam-.
p a ñ a contra la ley de residencia y las persecuciones e n la A rgen­
tin a , 293; R eanudación de las luchas obreras, 299; El I I I Congreso
de la f o a , 303; A narquistas y socialistas, 309; Discusiones in tern as
e n tre anarquistas sobre la a ctitu d hacia la clase o brera, 313; Des­
arro llo y dificultades en las acciones de los sindicatos obreros, 316;
Las relaciones de trab a jo en la segunda m ita d de 1903, 320; La
h u e lg a grande en el p uerto de Buenos Aires, 323; Las huelgas a
comienzos d e 1901, 330; La actividad a n arq u ista en 1904 y el p e ­
riódico L a P rotesta, 332; A narquistas y socialistas, 335; T u m u lto s
sangrientos el 1 de m ayo de 1904, 337; El debate en el discurso
sobre los tu m u lto s del 1 de mayo, 340; Ley N acional del T rab a -
ÍNDICE

jo, 344; L a re an u d a ció n d el d ebate sobre la Ley d e R esidencia en


la C ám ara de D iputados, 348

VII. LA CONSOLIDACIÓN DEL ANARQUISMO EN LOS SINDICATOS


OBREROS

L a actividad an arq u ista en 1904, S53; E l IV Congreso de la f o a , 356;


Los an arq u istas después d e l IV Congreso, 363; Las huelgas d e sep­
tiem bre-octubre, 366; Cam bios e n el gobierno, 368; Sucesos san­
grientos e n R osario, 370; H u elg a general d e 48 horas, 372; La
prensa y la policía en la lu d ia contra los anarquistas, 375; C on­
flictos laborales: diciem bre de 1904-febrero d e 1905, La revolución
radical y sus resultados, 382; A rrestos y deportaciones e n la época
del estado de sitio, 388; M anifestación de p ro testa y sucesos sa n ­
grientos e n B uenos Aires el 21 de m ayo, 392; Persecución, d e p o r­
taciones y aplicación renovada de la Ley d e R esidencia, 396; Los
an arq u istas e n U ruguay, 397; R elaciones laborales y tensión social,
399; E l a te n tad o contra el presidente Q u in tan a , 401; E l II I C on­
greso de la u g t y l a a parición del sindicalism o e n la A rgentina, 403;
Los an arq u istas en 1905, 409; Los p reparativos p a ra el V Congreso
de la f o r a , 414; D eliberaciones del V Congreso de la f q r a y sus
resoluciones, 418

APÉNDICES

i. Lista de ciudades y pueblos argentinos en donde h u b o suscripcio­


nes de La Protesta H u m a n a en tre los años 1897-1901, 425; xi. Pacto
de solidaridad de la Federación O brera R egional A rgentina a p ro ­
bado en el IV Congreso de la f o r a del 2 d e agosto d e 1904, 429;
n i. L ista de publicaciones an arq u istas im presas en B uenos Aires
en tre los años 1890-1904, 434

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE DE NOMBRES
A M I FA M IL IA

H de 233
IN T R O D U C C IÓ N

A comienzos del siglo xx el anarquism o parecía uno de los fac­


tores que entrañaban el mayor peligro para la estabilidad y la
integridad del régim en prevaleciente en E uropa y en el continente
americano. Ideologías anarquistas que avivaban esperanzas en el
surgim iento de una nueva sociedad, que se instauraría sobre las
ruinas del régimen viejo —y movimientos anarquistas que expre­
saban de m anera radical las protestas sociales— agitaban a vastos
círculos de los estratos inferiores de la sociedad, a la vez que des­
pertaban temores en los sectores gubernam entales de los países
donde surgían. En esos años, es cierto, dism inuyó la ola de actos
de terror individual, cometidos por anarquistas (“la propaganda
por el hecho”), pero no desapareció por completo y, aparte de va­
rios atentados contra jefes de Estado, se inició tam bién u n proceso
de penetración y consolidación anarquista en los sindicatos obre­
ros de varios países europeos y americanos.
En América L atina existían, ya a principios del siglo xx, varios
movimientos anarquistas pequeños en Uruguay, México, Brasil,
Chile, Perú, así como u n m ovim iento relativam ente grande en la
Argentina. En este últim o país e) m ovim iento anarquista echó
raíces vigorosas en las masas trabajadoras locales y en sus organi­
zaciones, en el prim er decenio del siglo; logró cum plir una activi­
dad consecutiva y regular por medio de decenas de grupos anar­
quistas en las grandes ciudades de la República, publicó y difundió
cuantiosos libros y folletos de propaganda, en miles de ejemplares;
editó periódicos y hojas de esclarecimiento; a p artir de 1904 pudo
im prim ir tam bién u n cotidiano anarquista, uno de los contados
de su índole en el m undo. Pero lo más notable e im presionante
en el desarrollo del anarquism o argentino, fue su éxito al alcanzar
una posición hegemónica en la federación de sindicatos obreros
más im portante, la f o r a , y convertirse de ese m odo en u n factor de
trascendencia en las luchas sociales del país.
El crecimiento y la fortificación constantes del anarquism o, en
la prim era década del siglo xx, pasaron a ser u n fenómeno notable
en la vida argentina y sem braron inquietud a la vez que temores en
los círculos gubernam entales. U n inform e publicado por la policía
de Buenos Aires, sobre los tum ultos sociales en la R epública, lo
expresa inequívocamente. En lo que concierne al anarquism o, dice:
“Este conglomerado sectario, el más peligroso como representación
[II]
12 INTRODUCCIÓN

doctrinaria, ya ha puesto aquí en juego sus medios. . . Se exhiben


en el período de 1902 a 1905, eu que buscan apoderarse de los
trabajadores p ara inducirlos a la acción re v o lu c io n aria,. . ” 1
T am b ién un observador extranjero — el corresponsal de The
T im es londinense en Buenos Aires— com enta el m iedo a la ex­
pansión del anarquism o, en una reseña relativa al año 1910: “Q ui­
zás el problem a más serio al que se enfrentan las repúblicas sud­
americanas sea la dispersión del anarquism o y su crecimiento en
las nuevas atmósferas libres. A rgentina es el estado más afec­
tado. . 2 Pero cabe señalar que 15 años antes no se advertía n in ­
gún resquem or de esta índole, y ni siquiera el jefe de policía de
Buenos Aires, al analizar las luchas obreras de 1895, consideró ne­
cesario destacar el hecho, pues el anarquism o no tenía el m enor asi­
dero.3 Es decir: el desarrollo y el fortalecim iento im presionantes del
anarquism o en los sindicatos obreros de la A rgentina, se produjo
con m ucha rapidez y en un espacio de tiem po breve, entre fines del
siglo x ix y comienzos del xx.
¿Por qué creció u n movimiento anarquista vigoroso en Argen­
tina? ¿Cómo fue posible su desarrollo? ¿Quiénes lo promovieron?
¿Cuáles fueron el trasfondo y los factores que lo fom entaron? El
presente estudio, precisamente, se propone contestar a esos interro­
gantes, a la vez que realiza u n examen histórico.
L a investigación presente no pretende dilucidar en su totalidad
la historia del anarquism o argentino, que com prende u n período
de 50 años consecutivos (de 1880 a 1930), sino que se circunscribe,
por anticipado, a u n a sola época, Al escoger este capítulo histó­
rico, presté atención especial a u n espacio de tiem po de singular
significado en la historia argentina: el período en que el anar­
quismo no fue u n elem ento m arginal, sino u n factor concreto en
la sociedad, con una vasta concatenación de interacciones que in­
cluían la sociedad circundante y sus instituciones. Conform e a este
criterio, los albores del siglo x x me parecieron los más adecuados,
pues en su transcurso el anarquism o no sólo logró expandirse
y fortificarse, sino que tam bién se convirtió en un rival molesto y
peligroso para el régim en existente. Sobre el alcance de la rivalidad
sirve de testimonio, entre otras cosas, la necesidad que sintió el
régim en de prom ulgar leyes especiales destinadas directam ente a

1 Proceso y sus causas (de los hechos ocurridos el 10 de m ayo de 1909). P u ­


blicación de la policía de Buenos Aires, C apital Federal. 1909, p. 27.
2 " T h e law of social defense in. Buenos Aires” , T h e T im es (Londres), 30 de
agosto de 1910, South A m erican S upplem ent.
s H . Spalding, L a dase trabajadora argentina, Buenos Aires, G alerna, 1970,
p. 184.
INTRODUCCIÓN 15
contrarrestar la influencia anarquista que se intensificaba en la
República: la “Ley de residencia” en 1902, y la “Ley de defensa
social” en 1910.
Elegí para empezar mi estudio los años que precedieron al si­
glo xx, a fin de investigar las raíces del proceso que perm itió al
movimiento anarquista revelar capacidad de confrontación, con po­
sibilidades de ocupar u n lugar trascendente en las luchas sociales
del prim er decenio de este siglo. En el curso de la investigación
com probé cuánta im portancia tuvo, al respecto, el crecimiento de
la corriente anarquista p artid aria de la Organización. Es decir, los
círculos anarquistas adictos por principio al uso de las esferas or­
ganizativas perm anentes para su actividad, y que se esmeraban por
integrarse en los sindicatos obreros. Esta corriente anarquista se
expresó de u n modo sólido, en A rgentina, a través del periódico
La Protesta H um ana, que empezó a publicarse en 1897, y que se­
ñaló los albores de u na época de incorporación a la actividad
sindical. Por lo tanto m e pareció adecuado fijar como fecha inicial
de mi estudio el año 1897, y precedí mi trabajo con un capítulo
general que exam ina el trasfondo de la realidad argentina entre
1880 y 1910, así como u na reseña de los comienzos de los grupos
anarquistas en la Argentina, con sus matices ideológicos y organi­
zativos variados y peculiares.
El pu n to final de este examen histórico es el V Congreso de
la Federación O brera R egional Argentina ( f o r a ) que, bajo la he­
gemonía anarquista, se celebró en agosto de 1905. En ese congreso
se aprobó una resolución exhortando a los miembros de los sindi­
catos obreros afiliados, a aceptar los principios del anarco-comu-
nismo y predicarlos. Con esta resolución se dio un tono anarco-
comunista franco y m anifiesto a la f o r a , y llegó a su térm ino el
período formativo en la historia de las actividades sindicales del
anarquism o argentino. Después del V Congreso se inició u n a nue­
va época, en la que la labor anarquista en los sindicatos obreros
siguió un itinerario definido, ajustado a la concepción sindical
anarco-comunista. Dicha concepción abriría un sendero especial a
los anarquistas de la A rgentina que, posteriorm ente, im pediría
cualquier unificación federal general sobre la base de principios
sindicalistas, y los llevaría a form ar una esfera separada, que pre­
servó el nom bre significativo “La f o r a (del V Congreso)” . La pe­
culiaridad del rum bo de la f o r a en A rgentina se preservó tam ­
bién en la Internacional Anarco Sindicalista ( a i t ) á y se la puede

* La organización obrera, edición extraordinaria p a ra la p ro p ag an d a in te r­


nacional, núm. 3, Buenos Aires, 1924, pp. 28, 32, 55-56.
14 INTRODUCCIÓN

ver como un aporte del anarquism o argentino al sector anarquista


m undial.
Cabe destacar que la consolidación de esta concepción sindical
anarco-comunista, que habría de tener im portancia decisiva en el
porvenir del anarquism o argentino, se inició en un período previo
a 1905. En nuestro estudio tratam os de investigar las raíces y las
etapas de tal proceso, que asomó con los grupos anarquistas, sus
doctrinas, su experiencia en la actividad sindical y su confronta­
ción con el régim en existente.

Por últim o, una referencia a las fuentes de que me valí para re­
dactar esta investigación. Sin detenerm e en el conjunto de fuentes
variadas de donde extraje m aterial (los porm enores se insertan en
la bibliografía), me perm ito señalar el valioso aporte prestado
por la colección que guarda el International Institute of Social
History, de Amsterdam. La colección abundante de m aterial anar­
quista de la A rgentina —que abarca libros, folletos, diarios, perió­
dicos, circulares, documentos y cartas de la época exam inada— fue
un virtual tesoro de m ateria prim a inapreciable para mi trabajo.
Sin exagerar puedo decir que, de no ser por esa colección, la pre­
sente investigación no habría sido posible. Por ello me place expre­
sar mi reconocim iento a todos los que, du ran te años, compilaron
el m aterial y lo cuidaron. E ntre ellos descuella la figura de Max
N ettlau, el gran historiador del anarquism o cuyas im ponentes
colecciones privadas constituyen el fundam ento más am plio del
archivo al que recurrí. Me considero m uy privilegiado por haber
podido valerme de esa colección, un privilegio que entraña tam ­
bién un deber ineludible y difícil: d ar expresión histórica adecua­
da al m aterial docum ental que fue acumulado, con grandes desve­
los, durante muchos años.
I. O .
T E S T IM O N IO DE G R A T IT U D

Este libro, escrito originalm ente como una tesis para obtener el
grado de Doctor en Filosofía, que fue presentada a la Universidad
de T el Aviv, aborda el tema: “El anarquism o en los sindicatos
obreros de la A rgentina a comienzos del siglo xx (1897-1905).” El
trabajo se realizó bajo la supervisión de los profesores M. Confino,
de la U niversidad de T el Aviv, Israel, y E. Gallo, director del
Institu to T o rcu ata Di T elia, de Buenos Aires, A rgentina. Expre­
so a ambos mi sincera g ratitud por la excelente orientación que
prestaron, cada cual en la esfera de su especialidad: el profesor
Confino en las cuestiones relativas al estudio del anarquism o, el
profesor Gallo en los problem as concernientes a la historiografía
argentina.
El presente escrutinio histórico, como sucede con todo trabajo de
investigación, im plica u n desafío para el investigador y sólo sobre
él recae la responsabilidad directa por sus comprobaciones. Pero
si la responsabilidad no puede ser com partida, sí deben com par­
tirse los méritos y derechos, pues la labor deí historiador-investi­
gador no se puede cum plir en la soledad, sino que, en el curso de
sus averiguaciones, recurre a la ayuda de u n considerable núm ero
de estudiosos, colegas, funcionarios de institutos de investigación y
enseñanza, bibliotecarios, archivistas, etc. Su labor, por lo tanto,
adquiere matices de una obra colectiva, aunque hilvanada dentro
de una urdim bre personal que no se presta a la separación. Mi
trabajo, es verdad, se cum plió de esa m anera y por ello siento el
agradable deber de expresar el agradecim iento general, en prim er
término, a todas las personas que contribuyeron, cada cual en su
esfera, al progreso de mi investigación desde sus etapas iniciales.
Cada aporte, aun el más modesto, fue m uy valioso. Me sería muy
difícil m anifestar mi gratitud a cada uno por separado; la nóm ina
es larga y la guardo de un m odo indeleble en mi memoria. Llegue
mi cálido reconocim iento a cada una de esas personas.
Pero la contribución de algunas h a sido especial y de singular
im portancia. Les estoy agradecido particularm ente y me encantará
darle expresión ahora, detalladam ente. Antes que nada, quiero
m encionar al profesor Zvi Yavetz, que encabeza el D epartam ento
de H istoria General en la U niversidad de T el Aviv y quien alentó
mi m archa académica desde sus prim eros pasos. Me infundió con­
fianza, me hizo creer en la posibilidad de asum ir las tareas de la
[15]
1U TESTIM O N IO DE GRATITUD

investigación y me ayudó a vislum brar los amplios horizontes de


la enseñanza y el escrutinio histórico. U n reconocim iento especial
merece mi supervisor, profesor E, Gallo, por guiarm e abnegada y
fielm ente desde las prim eras etapas, cuando me encontraba en el
St. A ntony’s College de Oxford, así como por los estrechos lazos
de cooperación que subsistieron tam bién cuando nos hallábamos
lejos geográficamente. E n cada etapa de la investigación, su guía
desempeñó u n papel valioso y eficaz.
Asimismo quiero agradecer la hospitalidad y la inapreciable ayu­
da académica que m e brindaron el personal docente y adm inistra­
tivo del St. Antony's College de O xford; su "w arden”, el profesor
R aym ond Carr, quien se interesó por mi trabajo; y los investiga­
dores de su C entro de Estudios Latinoam ericanos, cuyas puertas
siempre me fueron abiertas para cualquier dilucidación o análisis.
D urante mi perm anencia en Oxford, en el año lectivo 1971-72,
pude conversar con investigadores y eruditos que revelaron interés
por el estudio que apenas empezaba y m e dedicaron u n tiempo
considerable en coloquios provechosos. E ntre ellos m encionaré en
p articular a Sir Isaiah Berlín, Ch. Abramsky, James Jolí, j. Ro-
mero-M aura, A. Lehning y H. Spalding (a quien encontré en Ams-
terdam ); las charlas con ellos m e sirvieron de inspiración im por­
tan te en las prim eras etapas y les estoy m uy agradecido a todos.
Siento tam bién la necesidad de d ar las gracias a mi colega en el
D epartam ento de H istoria General de la U niversidad de T e l Aviv,
doctor H. Horwitz, quien accedió gustoso a leer el m anuscrito de
los primeros capítulos; sus palabras de estím ulo y sus observaciones
fueron u n gran incentivo para em prender el trabajo.
U na fuente de m ucha im portancia fue el International Insti-
tute of Social History, de Amsterdam, en cuya biblioteca y archi­
vo encontré la m ayor parte de los m ateriales indispensables. La
ayuda y la orientación, merecen u n reconocim iento especial. T am ­
bién quiero agradecer a la biblioteca “C anning H ouse” de Lon­
dres, al C entro de Estudios Latinoam ericanos de la Universidad de
Londres y a la Biblioteca del C entre Infernal ional de Recherches
sur l’Anarchisme de Ginebra, a los que acudí en el transcurso de
mi labor.
E n los años que me aboqué a esta investigación me ayudaron
con becas varias fundaciones de investigación, que me posibilita­
ron el trabajo desde u n punto de vista m aterial: la Fundación de
Becas de la Universidad de T el Aviv, la Fundación Zalman Arann
y la F undación de la Secretaría del Kibutz H am eujad para pro­
m over el estudio y el perfeccionamiento. M e complace sobremanera
expresar mi gratitud a los encargados de esas fundaciones. Un
I'E H IM O M O DI GRATITUD

agradecim iento especial le cabe al personal adm inistrativo del De­


partam ento de H istoria, y a la Secretaría de la Escuela de His­
toria de la U niversidad de T el Aviv, que siem pre me allanaron
las dificultades cuando recurrí a sus servicios.
Finalizaré la lista expresando el más sincero reconocim iento a
mi amigo Bar Kójba Málaj, por la inapreciable fidelidad y abne­
gación con que se esmeró para que el texto tuviera el adecuado
revestimiento en lengua española.
D urante los años en que recorrí los caminos de la investigación,
me sentí como el hom bre de m ar en u n buque que zarpa hacia
costas lejanas, pero que guarda en su alm a el puerto hogareño, al
que regresará indefectiblem ente cuando term ine sus viajes. Ese
puerto ha sido mi casa en el poblado com unal — en el kibutz—,
donde tam bién vive mi familia. Siempre fue el sitio que me in­
fundió aliento y fuerza en mi tarea de escrutinio. Ahora, cuando
la tarea ya ha term inado, no puedo menos que elogiar el valioso
apoyo que me prestó el kibutz con su comprensión, así como su
interés en los móviles personales que me im pulsaron a em prender
una investigación histórica y su anuencia a relevarm e de los req u i­
sitos cotidianos del trabajo y el cum plim iento de funciones que
im pone el quehacer kibutziano, a fin de que pudiera dedicarm e
íntegram ente a la investigación.
Por últim o, debo la más profunda gratitud a mi familia, que se
identificó con la tarea que me im puse y reveló com prensión por
el estilo de vida que me vi obligado a llevar. En prim er térm ino
agradezco a mi m ujer, T ehila, que me alentó y me prestó su gran
apoyo du ran te el largo trayecto de mi trabajo.
IAACOV OVED
K ihutz P alm ahim , Israel, julio de 1976

8 de 233
I. EL T R A S F O N D ü Y LOS PR IM ER O S PASOS

BROTES

Los prim eros indicios de la actividad ,anarquista en la A rgentina,


ff5BÍaroii~en los años del setenta del siglo xix, paralelam ente a los
primeros síntomas que se revelaron en M éxico y en Uruguay. Se
trataba de las manifestaciones iniciales del anarquism o en América
Latina, y brotaron sobre el trasfondo de la creación de las filiales
de la I Internacional en este continente, a la vez que constituye­
ron una parte integral de tal actividad. Las prim eras noticias so­
bre miem bros activos de la I Internacional en Buenos Aires, se
tuvieron a p artir de 1872, a raíz del intercam bio epistolar entre
los secretarios de las secciones de U ruguay y México.1 E n el Con­
greso de La Haya, celebrado en 1872, se inform ó que ya había ra­
mificaciones de la Internacional en Buenos Aires. El 3 de marzo de
1873 se envió una caita de Buenos Aires, firm ada p o r A. Aubert,
quien desempeñaba el cargo de secretario general de la In tern a­
cional en Buenos Aires, y que contiene la siguiente reseña sucinta:
“Hay actualm ente en Buenos Aires tres secciones internacio­
nales, basadas en la diferencia de lenguas: la sección francesa, la
sección italiana y J a sección española [ . . . ] ; cada sección tiene su
comité central particular y las cuestiones de interés general son
tratadas por un consejo federal, compuesto por u n consejo de seis
miembros (dos de cada sección).” 2 Según inform aciones adicio­
nales llegadas a los círculos de la Internacional en Nueva York,
las secciones de la filial en Buenos Aires contaban, hasta febre­
ro de 1873. 250_ miembros,3 Según esas fuentes, la .tendencia ideo-
lógica que prevalecía en los prim eros años era adicta a M arx,

1 José C. Valadés, “D ocum entos p a ra la h isto ria d el anarquism o e n A m éri­


ca”, en Certamen internacional de "L a P rotesta”, B uenos Aires, 1927, p p . 83-88.
E n la prim era carta enviada de M éxico, el 3 d e a b ril de 1872, a l secretario
de la sección uru g u ay a de la Asociación In te rn a c io n a l de los T rab ajad o res, se
señala explícitam ente q u e se la debe en tre g ar tam b ién a A. J., “en d onde
se encuentre, M ontevideo o B uenos A ires”. De la prosecución d el in tercam b io
epistolar se deduce que A. jf, es u n p ro p ag an d ista d e la sección uru g u ay a, a c ti­
vo en esos días en Buenos Aires.
2 Esta carta fue descubierta p o r el h isto ria d o r a n arq u ista M ax N e ttla u , en
el archivo sod ald em ó crata de B erlín, y la cita D. A bad de S an tillán en su libro
E l m ovim ien to anarquista en la A rgentina, pp. 15-16.
3 D. A bad de Santillán, E l m o vim ien to anarquista en ¡a A rgentina, Buenos
Aires, 1930, p. 16.
[19]

9 de 233
20 EL TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

y sobresalía la fidelidad al consejo general de Londres, principal­


m ente por parte de la sección francesa. Pero en las secciones ita ­
liana y española había adictos al ala de B akunin, cuyo núm eio
iba en aum ento a m edida que llegaban cuantiosos intem acionalis­
tas exiliados de España, después de 1874, cuando se produjo la res-
i (miración de los Borbones.4 El increm ento de los partidarios de
; B akunin entre los miembros de las secciones de la Internacional
; en Buenos Ai res, agravó prim ero las luchas entre ellos y los adictos
i a Marx, y luego, desde 1876, sobresalió la hegem onía de los baku-
ninianos. Las noticias sobre tal desarrollo son escasas. José Ingenie­
ros, en u n artículo que publicó en 1898. en A lm anaque Socialista
de L a Vanguardia, resume las noticias escasas a su disposición
después de í 875, de la siguiente m anera:

Las divisiones intestinas aumentaron, reflejando las que en Europa se


acentuaban entre marxístas y bakuninistas, hasta que en 1876 se fundó
im Centro de Propaganda Obrera bakuninista, con el objeto casi exclu­
sivo de combatir a los marxistas. En 1879 esa fracción publicó un folleto
intitulado U n a idea, en el cual, además de exponer los principios gene­
rales de la Internacional, hada públicas sus cuestiones internas, inclu­
yendo todo el pacto disidente firmado por las Federaciones española, ita­
liana, eurasiana, francesa y americana en el congreso celebrado en Saint
Imier por los bakuninistas contra los marxistas.5

El 6 de enero de 1879 apareció en Buenos Aires E l Descamisado.


el prim er periódico anarquista,® pero se publicó sólo poco tiempo.
Esos días la actividad general de las secciones de la Internacional,
en Buenos Aires, se hallaba en evidente declinación y desmoro­
nam iento. J. 1ngenieros dice, al respecto, en ese artículo suyo:

L as secciones de Buenos Aires, completamente anarquizadas, se disolvie­


ron antes de 1881, para, reconstruirse y re d iso lv e rse , perdiendo ya su
carácter de secciones de la Asociación Internacional de los Trabajadores.

A comienzos de la década de 1880, por consiguiente, declinó y

4 J . Díaz del M oral, H istoria de las agitaciones campesinas andaluzas, M a­


d rid , 1969, p p . 121-122.
s D . A bad de S antillán, “La P ro testa” en la com pilación C ertam en internacio­
nal de “La P rotesta", op. cit., p. 35.
« "E ra a n a rq u ista pero m e ha parecido ser b a stan te p rim itv o en su concep­
ción de las ideas.” Así lo juzga el historiador-bibliógrafo M ax N e ttla u . C itado
en D. A bad de Santillán, op. cit., p. 29. D. A bad de Santillán m enciona tam bién
o tro periódico, La Vanguardia, del que el único detalle recordado es que estaba
bajo ¡a redacción de E. Cama ño, intem acio n alista. E l carácter a n arq u ista del
periódico no es claro, ni se sabe el tiem po que existió.
ARGENTINA DE 1 8 8 0 - 1 9 1 1 21
se desvaneció virtualm ente la actividad de los anarquistas en l a ,
Argentina. Pero en menos de cuatro años se reanim ó, al surgir ;
grüpos'-nueyos “dé anarquistas activos, llegados de Europa con J a
ola de inm igrantes de grandes dimensiones de esa época. El rena- '
cimiento del anarquism o en esos días reinició la historia conse­
cutiva de acciones anarquistas en el país, pero antes de atenernos
a su estudio conviene una reseña general de A rgentina para ubicar
el capítulo en la esfera histórica apropiada.

ARGENTINA DE 1880-1914. POLÍTICA, ECONOMÍA, SOCIEDAD

En 1880, al comenzar la época de la presidencia del general J. A.


Roca, se inició u n nuevo capítulo, decisivo, en la historia argen­
tina. Finalizó u n período largo de guerras civiles y guerras en el
exterior, de inestabilidad política y de desórdenes adm inistrativos
y gubernam entales, y en cambio sobrevino una época de estabili­
dad gubernam ental, de ausencia de guerras y de luchas fratricidas,
de adm inistración ordenada y de prosperidad m aterial. U na expre­
sión precisa de este nuevo período podía encontrarse en el eslogan
del gobierno del general Roca: “Paz y A dm inistración”. Desde los
albores de su gobierno, procedió a cum plir u n a serie de cambios
impresionantes por su alcance y sus logros, con m iras a fortificar
el gobierno central, unificar el país y abolir las tendencias sepa­
ratistas y centrífugas. Los pasos más descollantes dados, fueron:
o] federa lización de Buenos Aires, es decir, su conversión en la
capital de la República, y creación paralelam ente de La Plata
como capital de la provincia de Buenos Aires. A raíz de la fe-
deralización sobrevino una serie de m edidas institucionales, que
procuraron consolidar y organizar el nuevo m arco institucional,
recientem ente inaugurado. Al respecto cabe m encionar algunas le­
yes; ?/] organización de la m unicipalidad de Buenos Aires; c] or­
denam iento de los tribunales de la capital; d] organización de los
territorios nacionales; e] supresión definitiva de las guardias pro­
vinciales, bases del poder m ilitar provincial; f] leyes de creación del
código de procedim ientos en lo civil; g] la ley de unificación m o­
netaria (ley 1130); K] la ley de educación com ún (de 1884); t] la
ley de registro civil.
A estas medidas institucionales cabe añadir la culm inación de
la operación m ilitar con miras a anexar las extensiones m eridio­
nales —la “Conquista del desierto”— y la elim inación de la do­
minación de los indios. Esa operación m ilitar y una parte de las
22 EL TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

m edidas legislativas no fueron innovaciones del nuevo gobierno,


sino la conclusión y ejecución de actos y tendencias planeados en
años previos. El logro del gobierno de Roca consistió en que supo
unificar esas tendencias en un plan general, a la vez que se sobre­
p o nía a las vallas que habían impedido, en el pasado, la expansión
económica de la República, lo que puso su sello en el curso de
la historia argentina durante los años siguientes.7
L a expansión económica — en especial la agrícola— encarna de
un m odo em inente el im pulso sustancial dado por la A rgentina en
su desarrollo, a p artir de la década de 1880. Para puntualizar su
alcance, baste señalar que en 1874 A rgentina aún im portaba trigo
y harinas para el consumo interno, y que a comienzos del siglo xx,
en cambio, ya era uno de los mayores países exportadores de ce­
reales: entre 1910 y 1914 su exportación ascendía a 5 2 9 4 0 0 0 tone­
ladas, sin contar las exportaciones de ganado vacuno y carne, que
tam bién asumieron un punto notable. Paralelam ente cabe señalar
el aum ento pronunciado de la población: de 2 4 9 2 0 0 0 habitantes
en 1880, llegó a 7 885 0 0 0 en 1914.® Este aum ento de la población
se debió en prim er térm ino a las corrientes inm igratorias de gran­
des dimensiones que afluyeron a A rgentina a comienzos del si­
glo xx, y la convirtieron en uno de los países principales del
m undo en cuanto a la absorción masiva de inm igrantes de Europa.®
El rápido desarrollo de la Ai'gentina entre 1880 y 1914, cuyas
manifestaciones más descollantes (aunque no únicas) hemos seña­
lado, se vio ayudado por circunstancias internacionales favorables
pero no fue el fruto de una mera coyuntura, sino de u n program a
económico y político de los gobiernos de la década de 1880.10 C on­
viene señalar que u n prerrequisito obligatorio para la aplicación del
program a político y económico, era la term inación de la “C onquis­
ta del desierto”. Esta cam paña finalizó en 1881, con el someti­
m iento de 14 000 indios y la incorporación de 15 0 0 0 leguas de
tierra. Para finalizar la operación —iniciada en los días del go-

* E. G allo, "L a g ra n expansión económ ica y la consolidación del régim en


conservador lib e ral” en L a R ep ú b lica conservadora, en T u lio H alperin D onglii,
Ed., H istoria argentina, Buenos Aires, Paidós, 1972, tom o V , pp. 61-76; D. Abad
de S antillán, H istoria argentina, tom o n i, pp. 327-352; O. C o m b lit, E. G allo, A.
O ’C onnel, “La generación del 80 y su proyecto” en A rgentina, sociedad de
masas, eudeba, pp. 43-50.
8 V. Vázquez JPrcsedo, El caso argentino (1875-1914), Buenos Aires, eudeba,
1971, p. 92.
6 A rg en tin a absorbió u n 17 % de la emigración, eu ro p ea en tre 1891-191-1.
Vázquez Presedo, op. cit,, p. 134.
10 O. C o m b lit, E. G allo, A. O ’Connel, op. cit., pp. 43-50. Véase tam bién
T . F. Me G ann, A rgentine, the U .S. and the interam erican systern, p p . 1-54, 313.
ARGENTINA DE 1880-1914 23
bienio de Avellaneda, que precedió al del general Roca— se re­
currió enérgicam ente al ejército argentino que, Iiasta entonces, era
empleado para las lu d ias fratricidas y las guerras.
Este recurso de em plear ai ejército de la R epública para conquis­
tar territorios dom inados p or los indios, a fin de incluirlos en ía
esfera de la economía nacional, destacó una línea de carácter espe­
cial en el proceso de la expansión económico-agrícola.
El gobierno estaba muy interesado en suprim ir la dom inación
de los indios en el sur, para estabilizar las fronteras con Cliile en
las inmensas extensiones m eridionales, pero no menos gravitaron
los intereses del sector económico-social de mayor fuerza en la R e­
pública: los grandes terratenientes. L a identificación entre esus
sectores y la élite gobernante en aquella época, era muy grande.
Así resultó que muchas de las tierras incorporadas al cultivo des­
pués de la "Conquista del desierto” no fueron a p arar a manos de
los colonos, sino q ue en su gran m ayoría se dedicaron a la gana­
dería extensiva, en propiedades de los grandes terratenientes.11
En el régim en político que prevalecía en la A rgentina de esos
días, el gobierno era ejercido por un circulo reducido que tenía
su origen en la élite social tradicional y en los círculos de grandes
terratenientes. De esta élite provenían todos los gobernantes y
políticos en el dom inio nacional y en el provincial. Esa élite actuó,
desde m ediados del siglo xix, dentro de ios marcos constitucionales
y en dicha esfera se cum plieron, en el período de referencia, las
normas de un régim en norm al y ordenado, es decir: separación de
poderes, elecciones a plazo fijo, actividad parlam entaria, etc. En las
campañas electorales la m inoría gobernante se apoyaba en el res­
paldo popular de vastas “clientelas” de votantes, que dependían
de las familias y los grupos m andatarios. El respaldo de la “clien­
tela” lo reclutaban, generalm ente, los caudillos locales, que obra­
ban al servicio de los grupos políticos. Estos procedim ientos eran
más eficaces en el interior, donde el caudillism o rural había echado
raíces. Pero, en sustancia, puede afirmarse.que a fines del siglo xix
la política, era una actividad sum am ente restringida, de la que se
hallaba alejada la gran mayoría dé la población ..nacional.'12
La 1 10 intervención de la mayoría de los pobladores en la vida
política, es com prensible tam bién sobre el trasfondo de la índole
del proceso social. El fraude y la violencia eran parte integral del
proceso constitucional. Así, las viciadas prácticas electorales provo-
n R Cortés C onde y E. G allo, La form ación de la A rgentina m oderna,
Buenos Aíres, Paidós, 1967, pp. 42-46.
12 G. G erm ani, Política y sociedad en una ¿poca de transición, B uenos Aires,
Paidós, 1963, p. 20-1; E. G allo, La R ep ú b lica conservadora, op. cit., p p . 61-r>3.
24. E l. tea sfo n d o y t.,o s p r im e r o s pa so s

caban la apatía política de la población nativa, que m iraba con


profundo escepticismo las distintas actividades de la vida electoral.
A eso cabía añadir la abstención del elem ento extranjero que no
recibió la ciudadanía argentina y que, al intensificarse las olas in ­
m igratorias, constituyó un porcentaje muy considerable de las cla­
ses medias, que por lo general son los candidatos potenciales a tor­
narse la liase masiva de la actividad política.13
E n el ám bito político no se operó ningún cambio. Fue estre­
mecido por la crisis de 1890 pero no modificó radicalm ente nada,
au n q u e fue, la causa de tensiones que brotaron sobre el trasfondo
del proceso que se iniciaba en las provincias del litoral, relativa­
m ente desarrolladas, donde se había pasado de la "gran aldea” y
del país provincial a una sociedad cosmopolita m oderna.14
Pese a la modernización relativa, no se crearon partidos con ins-
lituciones Corniales, con aparatos organizativos y burocracia. Los
factores políticos eran determ inados por grupos de familias, a más
de la "clientela”, o por grupos de adherentes (clubes, sectores in te­
resados, como ser la Sociedad R ural, la U nión Industrial Argen­
tina, etc.).15
B e 1890 a 1912, el círculo gobernante no halló una solución
política adecuada para incorporar a la población, que crecía rápi­
damente. Pero desde comienzos del siglo xx, se advirtió en los
círculos gubernam entales una preocupación por la atonía y el mar-
ginam iento del sistema político de sectores cada vez más numerosos
y ron creciente peso en la sociedad.
La búsqueda de caminos para am pliar el círculo de participantes
en el quehacer político, sin estremecer radicalm ente al régimen,
hizo que el m inistro del Interior, J. V. González, propusiera en
1902 un nuevo sistema electoral, pero esto sólo deparó la elección
de un único representante socialista, A. Palacios, en la zona obre­
ra de la Boca, en 1904. Un cambio básico se operó sólo en 1912,
al aplicarse el derecho de voto universal, conforme a la ley R oque
Sáenz P eña.,f’ U na parte considerable de la población, por lo tanto,
en toda esa época, se m antuvo al margen del proceso de las deci­
siones políticas. Esto incluyó a los sectores rurales m arginados por
su mismo aislamiento, y tam bién a u n a parte considerable de sec-
13 S. Bagi'i, Evolución histórica de la estratificación social en la A rgentina,
Caracas, U niversidad de V enezuela, 1969, p p . 79-82.
i* R . Cortés Conde, "A uge de la econom ía exportadora y vicisitudes del
régim en conservador” , en Ta R epública conservadora, op. cit., p p . 187-194.
Tbid., p. 190.
Sobre la evolución en el dom inio de la prom u lg ació n de leyes electorales
en la A rgentina, de 1853 a 1912, véase D. A bad de S antillán, H istoria argentina,
op. cit., tom o itt, pp. 686-694.
ARGENTINA D.F. 1 8 8 0 - 1 9 1 4

lores urbanos, extranjeros de las capas populares y los estratos


medios.
A esos sectores, que tropezaron con vías políticas cerradas, les
quedaba la posibilidad de actuar como grupos de presión, princi­
palm ente en los terrenos económicos y gremiales, articulando i n ­
tereses sectoriales e incorporándolos a la sociedad. __Sobje .este, (ras-
fondo surgieron tam bién las organizaciones obreras y sus luchas a
fines del siglo x ix y a comienzos del xx. El centro de gravedad de
esos grupos estaba fuera de la política, en tanto que la campaña
gubernam ental y el foco de las resoluciones políticas seguía en
manos de la élite nativa tradicional.17 Desde la década de 1880 ia
élite gobernante, en el marco de ese régim en político oligárquico,
cum plió una política que llevó a la expansión económica y a la
prosperidad; el eje central del desarrollo económico era la expan­
sión agrícola. Al respecto, cabe destacar el aum ento pronunciado
de las áreas cultivadas con cultivos principales: de 2 184 953 hec­
táreas en 1888, a 19 828 250 hectáreas en 1914.18 El aum ento de la
producción agrícola se m antuvo con constancia. L a crisis de los
años 1890-1891, que sacudió las finanzas de la A rgentina, azotó
los ingresos de la R epública y al sector no exportador urbano (co­
merciantes, im portadores, trabajadores), pero no dañó de igual
manera al sector agropecuario. Por el contrario, se produjo una
sostenida e im presionante expansión de la producción agropecua­
ria, que se trad u jo en la disponibilidad de saldos exportables. El
aum ento no fue sólo en Ja am pliación de superficies sembradas,
sino tam bién en la producción, sobre todo en los comienzos de )a
década de 1890. A esta expansión se sum aron miles de colonos de­
dicados a la agricultura de diversa m anera, sea por m edio de colo­
nias independientes en las provincias de Santa Fe, Córdoba y E n­
tre Ríos, o por el sistema de arrendam iento en la provincia de
Buenos Aires. El increm ento principal fue en la producción de ce­
reales para la exportación, que llegó a su punto culm inante entre
1900 y 1905. T am bién creció la exportación del lino y el maíz, así
como de la lana.19
El auge de la ganadería fue siem pre u n aspecto central en la
economía de la A rgentina. En el pasado el ganado se criaba sil­
vestre en las vastas pam pas y era sacrificado para el aprovecha­
miento del cuero, y luego para la producción del tasajo. A fines
del siglo xix se operaron cambios im portantes. Desde 1880 se em­
17 R . Cortés Conde, L a R ep ú b lica conservadora, op. cit., pp. 212-214.
ia R . Cortés C onde y E. Gallo, La form ación de la A rg en tin a m oderna, op.
c it , pp. 52-53,
m R, Cortés Conde, La R epública conservadora, op. cit.., p p . 97-103.
26 EL TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

pezó a m ejorar el ganado, con m iras a la exportación de reses vivas.


Se fundaron estancias modernas, se cultivó alfalfa. Desde 1895 A r­
gentina empezó a ocupar u n lugar destacado en la exportación de
ganado en pie a G ran Bretaña. El desarrollo más im presionante se
produjo en la exportación de carne congelada. La carne congelada
comenzó a producirse en la A rgentina desde la década de 1880. Los
prim eros frigoríficos se instalaron en 1883, pero hasta 1899 care­
cían de im portancia económica. Sólo en 1900 empezó a comerciali­
zarse la carne congelada en grandes cantidades. En 1901 A rgentina
era el segundo exportador de carne congelada a G ran B retaña y en
1905 ya consiguió el prim er puesto. Este renglón creció en la p ri­
m era década del siglo xx paralelam ente con otros aspectos de ex­
portación agrícola, y en 1910 la relación agricultura-ganadería en
las exportaciones era: ganadería, 43.2'%, agricultura 52.8% .20
U n prerrequisito básico para el fom ento de la exportación ar­
gentina, era el abaratam iento del flete. E n esa época se había
abaratado el Hete m arítim o y sólo hacía falta dism inuir el precio
del transporte por tierra (y desarrollarlo). P ara eso era necesaria
una red de ferrocarriles, que hasta la década de 1870 tenía dim en­
siones muy limitadas. En 1874 comenzó una prom oción rápida de
los ferrocarriles, a u n ritm o vertiginoso: de 1 331 kilóm etros de vías
férreas en 1874, se llegó a 13 682 kilóm etros en 1892. El incre­
mento de los ferrocarriles se m antuvo todo el tiem po y en 1916 se
llegó a 33 955 kilómetros.21 L a construcción de ferrocarriles em­
pezó como una obra del gobierno, pero en la década de 1880 pasó
a manos foráneas, en especial británicas. En esa época la Argen­
tina se convirtió en la zona de inversiones preferida por los b ritá­
nicos, fuera del im perio británico. La afluencia de inversiones y
préstamos ingleses, que se intensificó du ran te la presidencia de
J. A. Roca, llegó a su cúspide en la época del sucesor Juárez Cel-
man. El capital británico acudió en prim er térm ino a los ferro­
carriles, luego a las obras públicas (obras de salubridad en la ciu­
d ad de Buenos Aires, la ciudad de La Plata, etc.), y finalm ente a
la construcción de puertos nuevos o al m ejoram iento de puertos
viejos.
En la época de Juárez Celman se otorgaron numerosas conce­
siones a las compañías extranjeras, en especial británicas. Este fe-
R . Cortés Conde, E. G allo, La form ación de la A rg en tin a m oderna, op.
cit,, p. 72: R. M, Oi'liz, H istoria económ ica argentina, R aigal, 1955, t. ii,
p p . 10-27; V. Vázquez Presedo, op, cit., p p . 175-191.
21 E. G allo, L a R epública conservadora, op. cit,, p p . 34-39; R. Cortés Conde,
La R ep ú b lica conservadora, op. cit., pp. 129-145; R . M. Ortiz, H istoria Eco­
nóm ica, op. cit., t, i, pp. 226-300; R . Cortés C onde y E. G allo, La form ación
de la A rgentina m oderna, op, cit., pp. 55-58.
a r g e n t in a df. 1880-1914 27
nónieno se expresó de un modo drástico en 1890-1891, cuando la
crisis hirió tanto a la A rgentina como al Banco Baring, británico.
Tam bién después de la crisis de 1890-1891, el capital británico si­
guió afluyendo a la A rgentina. Asimismo se invirtieron capitales
franceses y belgas en las vías férreas, que eran el im án principal
que atraía inversiones foráneas.22 El desarrollo acelerado de los
ferrocart¡les repercutió significativam ente en el fom ento de la eco­
nomía, directa e indirectam ente, pues perm itió ajustarla a los re­
quisitos del mercado m undial, lo que contribuyó a :m odernizar la
producción y estim ular la industria local.
La gran expansión agrícola y el desarrollo de una red de trans­
porte im pulsaron considerablem ente al sector industrial entre 1880
y 1914, aunque no llegó a las alturas de la expansión agrícola En
la década de 1880 la industria argentina seguía aún en p a ñ a ..'
Un censo realizado en 1887 reveló que la mayoría de los estrile
cimientos fabriles censados podían ser tenidos aún por talleres uc
artesanos. En esos años la industria nacional ocupaba un lugar
sumamente modesto dentro del conjunto de la economía. Pero el
desarrollo vertiginoso de la producción agrícola influyó en el p ro ­
greso de la industria por diversos caminos. En prim er térm ino, fa­
voreció la instalación de industrias que procesaban la materia, p ri­
ma destinada a la exportación, como los molinos harineros, frigo­
ríficos, refinerías de azúcar, etc. En segundo lugar progresaron las
industrias dirigidas a producir efectos utilizados por el sector agro­
pecuario o cíe transporte, tal como talleres de reparación de mate­
rial ferroviario y de máquinas agrícolas.
No menos im portante fue la influencia indirecta sobre la indus­
tria. L a gran expansión agroexportadora produjo u n increm ento
sustancial en los ingresos de la población y en las masas de inm i­
grantes, que se trad u jo en un apreciable aum ento de la dem anda.
Dicha dem anda se canalizó rápidam ente hacia las industrias que
producían bienes perecederos, como por ejem plo los de la alim en­
tación y el vestido (textil, etc.).23 U na influencia indirecta adi­
cional, ligada al desarrollo de la red de transporte y a la unifica­
ción de la economía nacional, fue la expansión de productos in-
22 Vázquez Presedo, op. cit., pp. 25-08; E. G allo, La R ep ú b lica conservadora,
op. cit., pp. 36-39. ...............j
23 A. D orfm aii, H istoria de la industria argentina,/ Buenos Aires, ed. Solar,
1970, p p , 201-220; E. G allo, La R epública conseivadora, op. cit., p p . 32-34;
E. G allo, “A g ra d a n expansión a n d in d u strial d evelopm ent” , en St. A n to n y ’s
papers, nú m . 22, O xford, pp. 48-56; R. Cortés Conde, “ Problem as del crecim ien­
to in d u stria l”, en A rgentina, sociedad de masas, pp. 71-84; L. G elier, “ El creci­
m iento in d u stria l a rgentino hasta 1914 y la teoría d e l'b i e n p rim a rio ex p o r­
table”, E l T rim estre E conóm ico, pp. 788-792, 809-811.
28 EL TRASFONDO Y LOS PRIMEROS PASOS

i dustriales lugareños e im portados que desplazaron a los productos


:de artesanado local y provocaron la decadencia de las industrias
artesanales en el interior.24
Los gobiernos argentinos no perm anecieron inactivos en este
campo y coadyuvaron al desarrollo industrial m ediante leyes y re­
glam entaciones (la ley de aduana de 1876 y sus posteriores regla-
m entaciones de 1883 y 1887» las leyes de 1891, etcétera).
I a política xle protección., a . la industria local se...notaba, .y era
.eficaz en las . industrias de.azúcar y vino,25 y menos enérgica en
otras. Los medios proteccionistas no abarcaron todos los tipos de
industria v las medidas de emergencia (por ejem plo en 1891) no
fueron recibidas con beneplácito entre los im portadores, ni entre
los expol iadores y sus asociados, que tem ían las represalias de paí­
ses de allende el Atlántico. Cabe decir que las industrias jóvenes
en la A rgentina tuvieron que luchar por su posición. Las indus­
trias de artículos de consumo que abastecían las grandes necesida­
des de la población, debieron com petir con los artículos im portados
de Europa. O tra dificultad apreciable fue la necesidad de im portar
una parte considerable de la m ateria prim a de esas industrias, así
como los altos aranceles aduaneros que se debía pagar por ella.56
Con el trasfondo de estas dificultades, asomaron los primeros
intentos de los industriales de organizarse, a fin de pedir al go­
bierno la adopción de varias medidas de carácter económico pro­
teccionista. En un comienzo las tentativas de organización abar­
caron sólo círculos industriales. En 1887 se asociaron todos los
r .grupos y form aron la U nión Industrial ...Argentina. La u i a creció
: en im portancia gradualm ente, y centralizó las actividades de un
conjunto numeroso de asociaciones locales, promovió el estableci­
m iento de nuevas industrias, criticó las deficiencias de tarifas y
tomó parte en peticiones y negociaciones. En 1899 organizó una
im portante reunión industrial donde tom aron parte tam bién los
obreros de este sector.27 La u t a trató a menudo d e divulgar, la
| idea de "una com unidad de intereses” par a. el capital y el trabajo
• d cn tio del sector industrial, pero los sindicatos prefirieron en aque­
llos tnos actuar como representantes de consumidores urbanos v
oponerse a todo proteccionismo (véase más adelante).
24 A. D orfm an, op. cit., pp. 212-213; E. G allo, L a R epública conservadora,
op. cit., p. 34.
25 A. D orfm an, op. cit., p p . 212-213; Vázquez Presedo, op. cit., pp. 217-222;
R. O rüz, op. cit., t. i, pp. 191-193; t. n, p p . 136-140.
26 R . Cortés C onde y E. G allo, La form ación de la A rgentina m oderna, p. 76;
V ázquez Pvcsedo, op. cit., p, 215.
27 A. G uerrero, La industria argentina, Buenos Aires, 1944, p p . 91-110; Váz­
quez Presedo, op. cit.., p. 216.
ARGENTINA DE 1880-1914 29
En cuanto al carácter del desarrollo industrial y su alcance, en
la época de referencia, sirven de testim onio los datos de los censos
de 1895, 1908 y 1914. Los datos sobre capitales invertidos, núm e­
ro de establecimientos, personas empleadas, fuerza m otriz y valor
de la producción indican una expansión efectiva e im portante: 28

1895 1914

Numero de establecimientos 24 144 48 779


Miles de H. P. instalados 50.0 678.7
Miles de personas empleadas 174.8 410.2
Miles de pesos-papel invertidos 327.4 1 787.6
Producción anual en millones de pesos-papel 340.9 1 861.8

Respecto a las diferencias sobresalientes entre el aum ento del


núm ero de empresas y el alcance de la producción o el valor de
ellas, sirve de prueba el proceso de concentración y de capitaliza­
ción de las industrias más im portantes al que corresponde, por otro
lado, la liquidación de los abundantes pequeños talleres de carac­
terísticas casi artesanales. U no de los rasgos adicionales que dis­
tinguen al proceso de crecimiento de la industria, se expresa en el
hecho de que la mayoría de las industrias se radicaron en la zona
litoral. Allí se encontraban, en J914>_el 70J2, de los esUblecimien-
tostel 79 á ela p ro á .u cción. el 72.1 % de Ios_cap_itaíes y el 76.5 %
d j^ p e rsq n a l.20 U n examen del tipo de producción industrial en
el litoral, nos m ostrará la naturaleza de esta industria liviana de
artículos de consumo y servicios públicos.30
J J n a lín e a p ecu liar ad icio n a l y m u y significativa de la industria
argentina en esa época, es el alto porcentaje de extranjeros (e_s
decir inm igrantes, nuevos y más antiguos) tanto en carácter de
patronos como de obreros. T am bién en este tem a nos valdremos
de los censos de 1895 y 1914. En 189.5J.os extranjeros constituían
el 84.2 % de los propietarios de empresas industriales y el 63.3 %
de los operarios. En 1914, en cambio, eran el 7 0 % d é l o s pa­

28 R . Cortés Conde, “Problem as del crecim iento in d u stria l”, en A rgentina,


s o c ie d a d ..., op. cit,; véase Vázquez Presedo, op. cit. p p . 127-216.
29 R. Cortés Conde, "P roblem as del crecim iento in d u stria l”, en A rgentina,
sociedad. . . , op. cit., p. 82; R . Cortés C onde y E. G allo, op. cit., pp. 77-78.
so Vázquez Presedo, op. cit., p p . 222-224; A. D orfm an, op. cit., p p . 201-212
y 273-280; R, O rtiz, H istoria económ ica argentina, op. cit., n , pp. 198-207. Un
testim onio im p o rta n te de p rim e ra fuente sobre el carácter in d u stria l a rg e n ti­
no puede hallarse en "in fo rm e presentado al P a rlam en to b ritánico p o r sir T .
W orth in g to n ” , ParUam entary papers, vol. XCVT, 1899, apéndice v, pp. 33-11.
30 1£L TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

trones <le empresas industriales y el 52.6 % de los obreros.31 En


cuanto al "im pacto” general del desarrollo industrial en A rgentina,
señalarem os la concentración de la actividad en las provincias lito ­
rales, donde se sumó a la expansión agrícola y en conjunto llevó
a la concentración creciente de la población en la zona, lo que
deparó un aum ento del porcentaje de la población del litoral junto
con la del G ran Buenos Aires, del 66 °/0 en 1895 al 72 % en 1914.
Esta aglomeración de la población en el litoral intensificó la
tendencia a la urbanización (que se debía tam bién a otros facto­
res: por ejemplo, a la concentración de los inm igrantes en las
grandes ciudades) y vemos, de 1895 a 1914, u n aum ento de la po­
blación urbana, del 37 % al 53 % (la población residente en las
grandes ciudades, de más de 20 000 habitantes, aum entó en esa
época de 24 % a 36 %).
Un cambio im portante y significativo se inició entonces en la
estructura ocupacional de los pobladores, al aum entar la gravita­
ción de los ocupados en los sectores secundario y terciario, en
tanto que descendía el peso de los ocupados en el sector prim ario,
en especial al fortalecerse los estratos medios, que en 1914 ya cons­
titu ían el 33 % de la población activa.32
En líneas generales puede decirse que la vida económica adqui­
rió una mayor com plejidad como consecuencia de la aparición de
nuevas actividades económicas (debido al auge industrial en el pe­
ríodo 1895-1914, sustitutivo de la vieja artesanía) que perm itieron
la inserción de nuevos grupos en el proceso económico. Este pro­
ceso de organización y am pliación de la actividad económica, se
n u trió en otro proceso que se operaba al mismo tiem po en la
Argentina; la afluencia masiva de inm igrantes.

la gran in m ig ra c ió n a l a a r g e n t in a

De 1880 a 1914 afluyeron aluviones masivos de inm igrantes a la


Argentina, que dejaron un saldo total de inm igración neta de
3 034 0 0 0 almas, y fueron un factor im portante que causó u n cre-
31 R . Corles Conde, A rgentina, sociedad de masas, op. cit., pp. 70-71 y 74-78;
R . Cortés C onde y E. Gallo, op. cit., p. 85; A, D orfm an, op. cit., p. 209; II.
G orostegui, G. IScyliaut, R. Cortés Conde, “Los in m igrantes en el sistem a
o c u p ac io n a l”, en A rgentina, sociedad de masas, pp. 117-118; D el Valle Iberlucea,
“ In dustrialism o y socialism o”, en R evista Socialista Internacional, 15 de m arzo
de 1909, p p , 272-273; G. G erm ani, L a estructura social, ed. R aigal, Buenos
Aires, 1955, p. 223,
32 G. G erm ani, La estructura social, op. cit., p p . 58-59, 69, 218-225; S. Bagú,
op. cit., pp. 118, 26-31; R , Cortés C onde y E. G allo, op. cit., pp. 82-83,
LA GRAN INM IGRACIÓN A LA ARGENTINA 31

am iento impresionante de la población: de un núm ero de 2_492 000


habitantes en 1880, a 7 885 ÜÜÍ) en 1914. El resultado directo de
esta inm igración masiva fue que e n .1914 u n tercio de la pobla­
ción del país estaba formada por extranjeros (gente llegada poco
tiempo añtes) ) el porcentaje de inm igrantes con respecto a la
población nativa era el más alto del m undo. La gran inm igración
a la A rgentina acaecía en m om entos en que corrientes im presio­
nantes de em igrantes fluían de E uropa a otros continentes. Argen­
tina era uno de los principales países de destino y acogió al 17 %
de la emigración total de Europa en esa época.33 Esta inm igra­
ción de grandes dimensiones se convirtió en u n fenómeno funda­
mental,..sin el cual no es posible com prender el desarrollo de la
Argentina moderna. J u n to a las fuerzas inm anentes que actuaron
aquí, se debe tom ar en consideración el esfuerzo consciente y pre­
m editado de la élite gobernante para desarrollar y ¡modernizar la
economía de la República, poblar y trabajar sus tierras, am pliar su
fuerza laboral y prom over la europeización de la población.34
La tendencia a estim ular la inm igración a la A rgentina de E uro­
pa, se acentuó inm ediatam ente después de la independencia; pero
sólo con la C onstitución de 1853 se le dio expresión sólida y se in ­
cluyeron cláusulas explícitas al respecto (los Artículos 14, 20 y 25),
En 1876 se dieron pasos concretos, al crearse el D epartam ento de
Inm igración y agencias de propaganda en el exterior, al subsidiarse
los pasajes y facilitarse el período inicial de la estada en el país.35
El gobierno estaba interesado prim ero en la absorción de inm i­
grantes con conocimientos agrícolas, por lo cpie prefería a los lle­
gados de Europa septentrional y occidental; pero al iniciarse la
época de la expansión, en la década de 1880, hubo u n a gran de­
m anda de m ano de obra y de operarios tam bién en el sector u rb a­
no, por lo que las preferencias anteriores se postergaron y empezó
a absorberse tam bién inm igrantes sin selección. E n esos años las
principales corrientes inm igratorias procedían de E uropa m eridio­
nal y central, por lo que se creó una situación de arribo masivo
de inm igrantes de Italia y España, y en grado algo m enor de F ran ­
cia, Gran Bretaña, etcétera.36

■>3 G. G erm ani, Política y sociedad en una ¿poca de transición, op. cit.,
pp. 182-185; V. Vázquez Presedo, op. cit., pp. 87-89, 92, 133-134; J. A. A lsina,
La inm igración en el prim er siglo de la independencia, B uenos Aires, 1910,
pp. 41-42; G. G erm ani, La estructura social en la A rgentina, op. cit., p p . 81-90.
34 G. G erm ani, Política y sociedad, op. cit., p p . 181-182.
35 J. A. Alsina, op. cit., pp. 143-201; E. Gallo, H istoria, pp. 51-54.
38 G. B eyhaut, R. Cortes Conde, H. G orostegui, S. T o rra d o , op. cit., en
A rgentina, sociedad de masas, p p . 94-98.
IX TRASFONDO Y LOS PRIM EROS P 'i.s n s

P ara los emigrantes de Italia, Argentina era el segundo destino


en im portancia, después de Estados Unidos,37 Esta inm igración,
em pujada por fuerzas vigorosas en el país de origen a fines, del
siglo xix, trasplantó a la Argentina hombres llegados sobre todo
del norte,38 en su m ayoría campesinos, pero tam bién supo de una
población considerable de pescadores y m arineros de Génova (se
concentraron en el suburbio de la Boca, en Buenos Aires). A par til­
de la década de 1890 arribaron muchos italianos albañiles y traba­
jadores no calificados, para cum plir labores en obras públicas
(construcción de vías férreas, carreteras, etc.). Estos operarios se
aglomeraron en las ciudades, com ponían el grueso de la m ano de
obra para los trabajos públicos, en la construcción y en las fábricas.
Muchos de ellos eran la m ayoría activa en los prim eros sindicatos
obreros .grandes (véase más adelante); a comienzos del siglo xx la
mayor parte de los inm igrantes italianos se concentraban en las
: grandes ciudades y su núm ero gravitaba en los suburbios, en donde
generalm ente residían los trabajadores.89
El segundo lugar en im portancia num érica, en ese entonces, le
correspondió a la inm igración d e España. T am bién en la península
ibérica presionaban fuerzas ex pelen tes sobre todo en los sectores
campesinos. Muchos emigrantes españoles partieron a 1a. Argentina
en la segunda m itad del siglo xix, perü e ra lu v ió n masivo se pro­
dujo en 1904 y superó inclusive ál núm ero de los italianos.40 A
diferencia de los italianos, que se dividieron entre campesinos y
habitantes de las grandes urbes, los españoles se ubicaron en Jas
grandes ciudades y se consagraron principalm ente al comercio y a
los servicios públicos. Los italianos y españoles constituyeron el
grueso de la inm igración a la A rgentina en las postrimerías del
siglo xix. Se integraron m ejor que los inm igrantes de otras la titu ­
des, debido a la rápida adaptación al idioma, a la cultura, a la
m entalidad, etc., prevalecientes. Gracias a su adaptación afortuna­
da, se convirtieron en la base de absorciones posteriores, cumplidas
por parientes, amigos, etc. Al mismo tiempo, dificultaron la absor-

•'? Salvo los años 1888, 1891-1898 y 1901-1902, cuando B rasil la superó; véase
V. Vázquez Presedo, Estadísticas históricas argentinas (comparadas) 1875-1914,
Buenos Aires, Macchi, 1971.
38 Vázquez Presedo, E l caso argentino, op. cit., p. 98.
^ Sobre los inm igrantes italianos a la A rgentina, véase R . Foerster, lialian
em igralion o¡ our tim es, Arno Press, N ueva York, 1969, pp. 226-278; S. Baíly,
“ T h e Ttaiians and organizcd ] abolir in the U . S. a n d A rgén tiñe, 1880-1910” ,
en T h e Intern a tio n a l ñfigration Review, vol. i, núm . 3, 1967; Vázquez Presedo,
El caso argentino, pp. 95-103.
■k> Vázquez Presedo, El (.aso argentino, p p . 104-105; Estadísticas históricas ai-
gentinas, pp. 39-47.
LA GRAN INM IGRACIÓ N A I A ARGENTINA

cióu de inm igrantes de otras latitudes, de m entalidad y lengua dis­


tintas. Los inm igrantes de E uropa occidental —Francia, G ran Bre­
taña,. Bélgica, etc.—, que llegaron en núm ero considerable antes
de las olas inm igratorias masivas, dism inuyeron a p artir de la dé­
cada de j3 8 0 . tin a iñm igración masiva adicional afluyó a fines del
siglo xix y comienzos del xx, de las comarcas del Im perio otomano,
del Im perio austrohúngaro y de E uropa oriental, y entre ellos
había un porcentaje grande de judíos. Esta inm igración se encauzó
primero a las zonas de colonización y levantó poblados agrícolas
en las provincias de Santa Fe, Entre. Ríos y Buenos Aires, pero al
poco tiem po se dirigió a las zonas urbanas.’1
La mayor p a rte .de la inmigración...en masa a..la A rgen tin a , du­
rante la década de 1880, se vio atraída, por la imagen, de. la prospe­
ridad. económica y por la creencia de que cualquiera podía in ten tar
h a c e rló rtu ñ i. Los rumores sobre la prosperidad se propagaron en
los países de origen y despertaron esperanzas grandes en los secto­
res de migración; esas esperanzas eran en general... exageradas. El
cuadro que se obtiene de la emigración indica que las grandes co­
rrientes inm igratorias coincidieron con los "booms” económicos, y
(pie la decadencia corresponde a los períodos de crisis. El ejemplo
prom inente es la crisis de 1890-1891, que provocó la contracción
drástica de la inm igración a la A rgentina. Pero apenas asomaron
indicios de recuperación económica, en la década de 1890, volvie­
ron a crecer las olas inm igratorias y alcanzaron dimensiones cum ­
bres en la segunda m itad de la prim era década del siglo xx.42
El arribo masivo de inm igrantes hizo u n “im pacto” considera­
ble en la estructura social y ’ demográfica argentina. L a mayoría
de los extranjeros se concentraron en profesiones y renglones vincu­
lados con la expansión económica, pximero ertJa agricultura y lue­
go en la infraestructura y en ramas in d u str iales, en zonas ele las
provincias del litoral y en la ciudad de Buenos Aires, donde tenia
lugar esa expansión. Ello JleyxLa u n a .c o n c e n tra c ió n jn u y grande
de “extranjeros” en los sectores más im portantes desde un punto de
vista económico, en las grandes urbes, y en la población m asculina
de edad laboral.43 Eso influyó tam bién en la estructura ocupacio-
*i Vázquez Presedo, E l caso argentino, op. c i t pp. 114-117, 124-133; G. Ger-
m ani, Política, y sociedad, pp. 184-185; J. A. A lsina, op. cit., p. 22. Sobre los
indios en la A rgentina véase Jaira Avni, A rgentina, (ierra de destino (en hebreo),
Jerusalén, 1973.
*- G. Beyhatit, R . Cortés Conde, í i . G orostegui, S. T o rra d o , A rgentina, So­
ciedad de masas, pp. 116-118; L. G eller, op. cit,, p. 772; Cortés C onde y E. G a­
llo, op. cit., pp. 48-50; E. G ailo, L a ¡República conservadora, p. 52; R. Cortés
(.'onde, La R epública conservadora, p. 165.
43 G. G erm ani, “ I,a m ovilidad social en la A rgentina", en Lipset. Betiedirt,
34 EL TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

n a L j Aunque la m ayoría de los inm igrantes declaraban al llegar


que eran campesinos (60-70 %) —y sin duda pertenecían a los sec­
tores pobres de sus países de origen— comprobamos empero un
proceso evidente de fortalecimiento de los sectores medios en la
población argentina en las zonas de absorción principales de los
inm igrantes.'14 Los extranjeros evidenciaron ap titu d de m ovilidad
excepcional, más que los lugareños, y por ello, aunque la mayoría
declaró al ingresar al país que pertenecían a la ram a prim aria, el
increm ento ocupacional de extranjeros en la agricultura y g a n ad e­
ría en tiít 1895 y 1914 fue de 67 000 personas, m ientras que las
industrias y artes manuales registran un aum ento de §18 000 ex-
traineros, 94 000 en el comercio y 21 000 en transportes. E n esos
sectores los extranjeros constituyeron un factor decisivo en las ca­
pas obreras, y su aparición masiva en esos dominios generó la base
del proletariado argentino, a p artir de la década de 1890.*5
Tariibi a en las propias capas obreras se notaba una “m ovili­
dad" ap it iabl , que se expresó en el aum ento del porcentaje de
obreros mdt pe rdientes hasta 1895, y en su declinación posterior.
Este descenso se vincula con la caída de la producción artesanal y
el surgimiento del proletariado industrial, entre 1895 y 1914.46
El proletariado se am plió con stan tem en te 'p or los aluviones de
inm igrantes que, en parte considerable (sobre todo los italianos y
españoles), fueron atraídos a la A rgentina por el nivel del salario,
muy superior al de sus países de origen.47 U na investigación de
A ._B u n ge sobré" salarios y obreros comparados (en vísperas de la
prim era guerra m undial), en relación con Estados Unidos, Ingla­
terra, Francia y Alemania, señala que el salario ..nominal prom e­
dio de la familia com ún en la Argentina, ocupaba el segundo
lugar, después de Estados Unidos de A m érica. Pero en com para­
ción con el salario fam iliar real (cotejado con precios de vivienda,
artículos de consumo y alim entación), se com prueba que los salarios
en la Argentina son inferiores a los de Estados Unidos en 32 %, a

La m ovilidad social, pp. 319-321; G. G erm ani, E structura social, p. 81; Vázquez
Presedo, Estadísticas, op. cit., p. 26; E. G allo, La R epública consenadora,
pp. 5-1, 78-80; R. Cortés Conde, H istoria argentina, t. v, p. 170.
44 G. G erm ani, M ovilidad social, pp, 350-351; G. G erm ani, P olítica y socie­
dad, p, 189; E. Gallo, La R epública conservadora, p. 54; G. Beyhaut y colabo­
radores, en A rgentina, sociedad de masas, op. cit., p. 95,
45 L. G eller, op. cit., p. 805; R. Cortés Conde, L a R epú b lica conservadora,
p p. 172-173, 215; G. B eyhaut y colaboradores, op. cit., p p . 94-112, 117-120; Váz­
quez Presedo, E l caso argentino, op. cit., p. 139; G. G erm ani, E structura social,
p p . 205-209, Política y sociedad, pp. 194-195; A. D orfm an, op. cit., p p . 206-207.
46 R . Cortés Conde, La R epública conservadora, p. 176.
4Í Vázquez Presedo, E l caso argentino, op. cit., p p . 135-137.
AÍALATESTA V LOS A N A R Q U I S T A S DE 1890 35
los de Francia en 12 %, a los de Inglaterra en 9 %, a los de Ale-
%-i r Si"se tiene en cuenta que la com paración se hace
m a n t . T 'e ñ 3
con países desarrollados industrialm ente, es indudable que coteja­
do con los países de origen principales de los emigrantes, el nivel
de salario relativam ente alto en la A rgentina sirvió de factor de
atracción,49
Cabe señalar que se trata del salario relativo, com parado con
otros países. E n cuanto al salario obrero real en A rgentina, la ten­
dencia general es de declinación (con ciertas oscilaciones de ascen­
so) desde la década de 1880 hasta 1899.6U (Un análisis más detallado
del salario obrero en la época que m edia entre 1899 y 1905, se
intercalará en el examen posterior, por lo que nos abstenemos de
hacerlo ahoia más minuciosamente.)
La transform ación en la A rgentina que se estudió hasta ahora,
configura el trasfondo histórico, político, económico y social en
que se gesta la clase obrera argentina y el surgim iento de las
corrientes anarquistas. La ijiterrelación de ambos fenómenos —en­
tre 1897 y 1905— es el tema de la investigación y del examen
que insertamos seguidamente, pero consideramos indispensable pre­
cederlo con una descripción sucinta del surgim iento de los círculos
anarquistas en la época entre los años 1880 y 1897.

MALATESTA Y_LOS ANARQUISTAS DE LA DECADA DE 1890

Las grandes olas inm igratorias que llegaron a la A rgentina desde


1880, trajeron u n núm ero considerable de trabajadores conscien­
tes,_ cuyo_.pasado se rem ontaba a la actividad intensa en. grupos
revolucionarios de E uropa y en las células de la I, Internacional,
sobre todo de España e Italia; entre ellos, por supuesto, algunos

A. Bunge, R iqueza y renta de la A rgentina, Buenos Aires, 1917, pp. 257-


275. ...
-ia L. Geller, op. cit., p p , 806-809.
10 Esta idea es compartida por la m ayoría de las investigaciones sobre el
tema: J. P aneuieri, Los trabajadores, Buenos Aires, Jorge Alvarez, 1968, p p . 59-
90; A. Porfm an, op. cit,, pp. 199-201, 250-251; E. G allo, L a R ep ú b lica conser­
vadora, pp. 85-80, 99; R . Cortés Conde, La R eptiblica conservadora, p. 216.
U na idea d iferente en este tem a, respecto a los años de la década de 1890, es
expresada p o r Cortés Conde en La R e p ú b lica consenadora, p. 221, nota 39 bis.
Sobre el problem a de la d isparidad en tre la elevación d el salario n o m in a l y
su valor real, véase tam bién W illiam s, A rgentina International trade, under
inconvertible paper rnoney, Cam bridge, EU , H a rv ard U niveraity Press, 1920,
pp. 195-196.
?,6 EL TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

anarquistas. H. M attei; uno de los m ilitantes centrales del m ovi­


m iento anarquista argentino hasta comienzos, del siglo xx, se contó
entre los primeros anarquistas que llegaron al país con esas olas
inm igratorias. M attei nació en Livorno, Italia, en 1851, e inició sus
actividades en la Internacional en i 868. Por esa actividad debió
exiliarse en Marsella, donde siguió actuando y fue el secretario de
un grupo de propagandistas anarquistas. T am bién ahí lo persiguie­
ron y huyó a la Argentina. En Buenos Aires trabajó como tenedor
de libros y enseguida se vinculó con grupos de anarquistas italia­
nos, que operaban en el lugar desde 1884, a través del Círculo Co­
m unista Anárquico. Era una círculo m uy pequeño, formado en
su mayoría por obreros panaderos, ebanistas, grabadores y que se
fijó por meta propagar ja ideología anarco-comunista entre los tra­
bajadores, por medio de asambleas, discusiones públicas, folletos \
otras publicaciones. El círculo estaba muy influido por la línea
del periódico La Questioné Sociale, q u e-ap arecía en Florencia,
Italia, bajo la dirección de E. Malatesta, así como por el periódico
La Révolle, que se publicaba en París, ( Los dos periódicos eran
repartidos gratis, como una función de propaganda del círculo.
La adhesión a los grupos anarquistas, en esos años, se cum plía
en base al país de procedencia. A parte de ese círculo italiano, se
tiene noticias sobre actividades de an arq u isn s españoles, de un
grupo holandés y uno,, belga._A este_ú ltim o" peítcneció Émile Piet-
te, anarquista belga activo que llegó a ía Argentina en.. 1885 y_
fundó e l negocio Librería Internationale, donde aparte de vender
libros anarquistas se creó el punto de cita para los elementos revo­
lucionarios en Buenos Aires.61 j
.En 1885, poco después de fundarse los prim eros grupos anar­
quistas, .llegó, a. la A rgentina Errico M alatesta, ya entonces una
personalidad de renom bre éntre íos propagandistas anárquicos
mundiales. De Italia se dirigió a la A rgentina, cuando huyó de la
orden de arresto que se im partió contra su persona en Florencia.
En su huida se le sum aron varios camaradas italianos activos en la
Internacional. Este grupo no vino a la A rgentina con fines de
propaganda, según parece, sino para conseguir asilo por algún
tiempo. E ntre los motivos que llevaron a M alatesta a dirigirse
a la A rgentina, resaltaba la creencia de que podría re u n ir dinero
con rapidez para com prar una pequeña im prenta en Europa, que
le perm itiera im prim ir m aterial anarquista. Además tomó en cuen-

31 1). Abad de Santillán, M ovim iento anarquista, op. cit., pp. 31-33, 38; G.
Zaragoza R u v ira, "E rrico M alatesta v el anarquism o a rg en tin o ” , en H istorio­
grafía y bibliografía americanistas, -vol. xvi, núm . 3, diciem bre de 1972, Sevilla,
pp. 4()é-407.
M\ LATESTA Y LOS ANARQUISTAS DE 1890
la la existencia en Buenos Aires de un núcleo receptor anarquista,
el Círculo Com unista A nárquico, que seguram ente estaba en con­
tacto con grupos italianos y con M alatesta.52
Al llegar a Buenos Aires, M alatesta, que era u n mecánico elec­
tricista, trabajó en labores físicas. Prim ero trató de hacerlo en un
pequeño taller con su com pañero anarquista N atta; al no tener
éxito, se encaminó a otras tareas (M. N ettlau, en la biografía sobre
Malatesta, afirma que tam bién elaboraba vinos). _ En 1886' partió
con otros camaradas italianos a u n viaje de aventuras por el sur de
la Patagonia. El viaje fue m otivado por las noticias de u n “gold
i ush” en la costa patagónica del Cabo de las Vírgenes. Pensaban
que se les presentaría allí la oportunidad de recaudar m ucho diñe- ;
ro para la propaganda en Europa, pero pronto se convencieron del
error. El viaje concluyó en un fracaso decepcionante y después
de tres meses de padecim ientos en el sur helado, se salvaron en
una lancha del correo argentino.53
De regreso a_Bueno? Aires. M alatesta se sumó a la actividad pro­
pagandística deLdrcula. deJEstudios Sociales que fundara antes de
partir a la Patagonia. Este Círculo se parecía por sus tendencias
al Círculo Com unista Anárquico, que subsistía paralelam ente; pro­
pagaba la ideología anarquista entre los obreros,. _siii plegarse or­
gánicam ente a las agrupaciones de trabajadores que va.funcionaban
en Buenos Aires y sin m antener una esfera orgánica perm anente.
La actividad de Errico M alatesta se centraba principalm ente en-
tte anarquistas italianos, y se sabe que lo acom pañaban varios
anarquistas españoles. Es interesante señalar que no se sabe de
coopeiación por su parte con el grupo belga-francés, ligado a ía
Librería Internationale de E. Piette. E. M alatesta, que no hablaba! :
español, no sr abstuvo de disertar en asambleas ni en las reuniones
obreras, sea n i las informales que tenían por escenario diversos
cafés o cervecerías de la capital, sea en las celebradas en el salón
de actos del club Vorwárts, o cíe alguna asociación patriótica italia­
na/ En sus discursos insistía en la necesidad de convertir los gre-
míos de oficio en auténticas sociedades de resistencia.54
Jun to con su actividad de propagandista oral, M alatesta se esme­
ró mucho, asimismo, por cum plir una propaganda por escrito. Ya
el 22 de agosto de. 188.5,_poco después de su llegada a Buenos Aires,
fundó el periódico anarquista italiano La O uestione Sociale. de

G. Zaragoza Rwvira, op. cit., pp. 405-406,


=3 Thid., pp. 410-411; véase tam bién Max N e ttla u , Errico M alatesta, cd. La
Protesta, Buenos Aires, 1923, pp. 140-143; Max Ñ am ad, R ebels a n d renegad.es,
cd. Mac M illa», N. Y„ 1932, p. 21.
■’< G. Zaragoza R uvira, op, cit.,, p. 413,
38 EL TRASFONDO Y LOS PRIM EROS fA S u S

igual form ato que el periódico.de Florencia. Se publicaron 14 nú-


1 meros y dejó de aparecer en 1886. Poco después de que cesara La
! Q uestione Sociale, empezó a publicarse en Buenos Aires otro perió-
; dico anarquista en lengua italiana, IISocialista, Organo j l e i Layo-
ratorix.. dirigido por H. Mattei. T ra ía muchos artículos de propa-
¡ ganda anarquista, copiados de la prensa europea. Pero cabe señalar
q ue en sus números no se insertó ninguna línea de M alatesta.86
E n 1887 le correspondió a M alatesta u n a actividad intensa y de
influencia a largo plazo para el desarrollo del anarquism o en la
Argentina. Ese año, varios obreros panaderos anarquistas, con
la ayuda activa de H. M attei, director de í l Socialista, procedieron
a fundar un sindicato obrero como Sociedad de Resistencia y Colo­
cación. Se fundó el 4 de agosto de 1887. G erente de la sociedad
.j u e elegido M attei, quien desempeñó ese cargo hasta octubre de
! 1896. Con él quedó garantizada la continuidad de la ideología
¡ anarquista en el sindicato.66 Para redactar los estatutos y regla­
mentos internos se pensó en E, M alatesta, quien no redrazó la
solicitud.
En esos reglamentos, que redactó M alatesta, destacada.visión dei
i sindicato como órgano de resistencia y solidaridad de clase. Resal-
| ta ía convicción de la im portancia que tiene la organización federal
(lugareña, regional o territorial) y se señala la tendencia a llegar
: a u na Federación R egional A rgentina de Trabajadores, así como a
la solidaridad internacional. Se puede señalar que el único ele­
m ento con tonalidad anarquista, aparece en el artículo 7: “Esta
sociedad no debe inmiscuirse en cuestiones políticas.” Estos esta-
. tutos sirvieron de m odelo a muchos otros creados en esa década por
militantes anarquistas. Sabemos de esta orientación entre zapateros,
2Ínpteros_. obreros.m ecánicos.^1, - .....- ...
T ras su contribución a ía preparación de reglam entos para el
Sindicato de Obreros Panaderos, M alatesta prosiguió siendo acti-
j vo en esa asociación. _Spbre todo descolló en la_ priniera huelga
j q ue proclamó este sindicato tu enero de I888‘.'cs El_paro_duró 10
días y. finalizó conTogros considerables de |os obreros. Su im por­
tancia residió en el hecho de que inició una ola relatiyarnente gran­
de de huelgas, que se prolongó casi hasta 1890. Ese año se celebra­

os Ibid., p, 414. El a u to r se p lan te a a q u í si no hay q u e ver u n signo d e re­


yerta en tre M alatesta y M attei. Pero no hay pruebas. La cuestión subsiste.
80 r>. A bad de Saníillán, of>. cit., pp. 36-37; G. Zaragoza R u v ira, oh, cit.,
p. 415.
** G. Zaragoza R uvira, op. cit., pp. 415-419.
58 S. M arotta, E l m ovim iento sindical argentino, ed. L ad o , Buenos Aires,
1960, p p . 43-48,
MALATESTA Y LOS ANARQUISTAS DE 1 8 9 0 39

ion muchas asambleas obreras y usaron d e j a palabra anaiquistas


ai tu o s7 ju n to con socialistas. Su presentación_cQnjunta-despeilo ti
íu ito r de la policía y de Ja prensa. Por otra parte, empero, se ,.e
ron em pujados a una aproxim ación. _Entrg_Jo¡> anaiquistas que
hablaron al lado de los socialistas, ese año, se conto tam bién Mal i-
testa, Del inform e de sus discursos, se com prueba que se centiaLj
en dos puntos principales: unidad de "la_ fam ilia anarq uista" y
acercamiento al ala socialista, y fom ento .jjeLffiorájnienta. huelguís­
tic o .69
L i 1888-1890 resaltó la agitación obrera y fue notable el núm ero
de huelgas, así como su alcance. Pararon los domésticos de la ciu-
dd l de Buenos Aires, fue muy grande el núm ero de participantes
y obtuvieron logros evidentes; tam bién pararon los ferroviarios, za­
pateros, obreros de jos trabajos del Riachuelo, peluqueros, gráficos,
cigarreros, albañiles y otra vez, en 1890, los panaderos.61*
Sobre la actividad de M alatesta en las huelgas de 1888, las noti­
cias son breves; aparte de su participación en el paro de ios pana­
deros, se sabe que tomó parte intensa tam bién en la huelga de
zapateros (otro gremio creado por los anarquistas) y que, ju n to <_<hí
M attei y Rebassa, redactó el m anifiesto de los huelguistas, en rl
q u e”"se presenta a la huelga como una expresión de la lucha de <i.
Tes y se enalbóla el ‘‘derecho de huelga” de los trabajadores.61
E. Malatesta cum plió un papel activo y significativo en las dis­
cusiones internas del anarquism o argentino. La controversia p rin ­
cipal se centraba" entre los organizadores y los antiorganizadores.
Malatesta defendía a los organizadores, pero tam bién representaba
al comunismo, anárquico de los antiorganizadores. T a l vez esta
situación-puente de Malatesta le perm itía servir de m ediador en
la discusión importada de España, donde se suscitaron acerbas po­
lémicas, a comienzos de la década de 1880, en los congicsos de u
Federación Obrera de la Región Española convocados en B a u tl»
na: ios jiv ales eran, por un lado, los adictos a la corriente <ok-i -
ti\ista:organizadora, v por el otro los grupos m inoritarios anaieu
comunista.* antiorganizadores.62 Los anarquistas españoles que
giiygraron a j a Argentina llevaron consigo sus controversias, ) c *
la tpoui de M alatesta había en la A rgentina muchos adictos a

' 5 G. Zaragoza R m ira , op. cit., p. 416.


Cl) S. M arotta, op. cit., pp. 46-72.
01 G. Zaragoza R uvira, op. cit., pp. 417-418; ti. M arotta, op. cit., pp. 56-59.
02 G. Zaragoza R uvira, op. cit., p. 417. Sobre las discusiones to a los anarco■
com unistas antiorganización en la Federación O brera de la R egión Española,
víase el libro de M ax N ettlau , La prem iére iníernationale en Espagne, caps, i í i
V xxu, pp. 475-488, 501.505.
EL TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

corriente anarco-comunista antiorganizadora. Por su influencia se


obvió el em peoram iento de la lucha interna.
En 1889 M alatesta volvió a Europa. Su partida influyó directa-
m cnfe en las campañas ideológicas dentro del anarquism o argenti­
no, Gonzalo Zaragoza Ruvira, quien estudió la actividad de Mala-
testa en Ta "Argentina, lo juzgó del siguiente modo: “Si íue la
personalidad de M alatesta la que evitó las escisiones, asegurando
el pnente entre ambas, su paitida hizo que estallaran las divisio­
nes. Con ellas, se pudo identifica) el anarquism o con las tenden­
cias dcL ala más radical, y así desacreditarlo. Quedaría,Tete ésta
Jornia, im hueco en la ideología de la cíase obrera, que no podía
aceptar el anarquismo de la acción directa y la catástrofe revolu­
cionaria. .. ” 63

DISGREGAMIENTO Y ORGANIZACIÓN A FINES DE LA DECADA DE 1880

Son pocas las noticias sobre el m ovimiento anarquista en la Argen­


tina en los primeros años después de la partida de M alatesta. D.
Abad de Santillán (basándose en u n artículo de Augusto Kühn
que se publicó en el núm ero de Nuevos Tiem pos del 1 de mayo de
1916), describe el quehacer en el seno de los trabajadores argen-
, tinos a fines de la década de 1880: “ ... T r a s la partida de Mala-
¡ testa comenzó la, desconexión del anarquism o, con su continua
¡separación y refundición de grupos.” 64
U n testimonio com plem entario del desm oronam iento lo refleja
otra descripción de esa época. El anarquista M. Reguera, en una
serie de artículos publicados en La Protesta, el 21-23 de enero de
1909, destaca que e l.. disgregam iento.de. los grupos anarquistas
en 1889 era tan grande, que los anarquistas arribados con la nue­
va ola inm igratoria tuvieron que empezar todo de nuevo. El autor
relata que tres anarquistas españoles llegados a Buenos Aires, que
se radicaron en el suburbio de Almagro, quisieron entablar con­
tacto con otros anarquistas de la ciudad y celebrar con ellos una
reunión. “ Acordaron insertar un llam ado en el sem anario El Pro­
ductor, de Barcelona, periódico que tenía difusión bonaerense, para
una fecha determ inada, como para coordinar la reunión inicial de
aquel g rupo.” El anuncio logró su m eta y otros tres compañeros
contestaron al llamado. Los seis se lanzaron a u n a labor propa­
gandística intensiva. Según M. Reguera, triplicaron sus filas, ‘‘Esta
63 O. Zaragoza R uvira, op. cit., p. 421.
D. A bad de Santillán, M ovim iento anarquista, op. cit., p, 39.
I'iSC.K EGAM. í ETXTO V ORGANIZACION

obra fecunda pudo ser hecha por los com panei os cuando no pri-
jn a b a n ja s discusiones puerile ui i is discusiones filosóficas. . . ”
Esos_seis compañeros- fueron .fiin u d e o .d e un,.nuevo grupo anar­
quista, denom inado Los Desheredados. Sobre su actividad da cuen-
tF eT siguiente p árrafo :. "Sinteticemos las prim eras obras de aquel
puñada de entusiastas luchadores: iniciación de conferencias conti­
nuas y simultáneas, en tres o cuatro sitios distintos y distantes entre
sí; publicación in in terrum pida de manifiestos valientes y provo­
cativos, de combate y de acción. Las conferencias se sucecíían a
granel entre los dos o tres oradores que había, ninguno por su­
puesto con m e le n a ... No era raro an u n aar_una^pnfC Tencia a las
j eu.Ahaagro,^a.,..las..3 en Corrales, una tercera a las 4 en Barracas,
v una cuarta en el centro, a la, noche. Para todo esto dos orado-
i (-s. v a veces uno, daban exacto y p u n tu al cum plim iento al progra­
ma. .. Eigradot_d.estacadQ.de aquella época era;R afael Roca.” 65
En 1889* año en que se fue M alatesta, ya había en Argentina
bo tan tes anaiquistas, pero.su actividad no era ordenada. Las acti­
vidades se distinguían por su espontaneidad y su carácter esporádi­
co, aunque no faltaban la repercusión y la influencia. Cabe señalar
que la policía tam bién empezó a centrar su atención. En 1889 la
policía acosó al grupo Los Desheredados, cuando difundió sus vo­
lantes revolucionarios. En un allanam iento sorpresivo en la libre­
ría del anarquista belga E. Piette, fue capturado el anarquista activo
Victoriano San José cuando llevaba circulares anarco-comunistas
que iban a ser repartidas. T am bién se confiscó mucho m aterial de
propaganda anarquista, entre otras cosas el núm ero de II Pugnale,
qu*' llamaba a los “compañeros” a preparar “bombas explosivas
compuestas de nitroglicerina y clorato de potasa” para realizar la
revolución. Ese allanam iento motivó el arresto de ocho anarquistas
aitivos \ dio lugar a un juicio que costó a cada uno de ellos 11
rnesfí de presidio.65
Los arrestos no term inaron con la actividad del grupo Los
Desheredados. Las persecuciones policiales fueron un catalizador
pata la agitación propagandística intensa y en IK90 el grupo co­
menzó a publicar el periódico que recibió un nom bré- muy signi-
ficativo: Fl Perseguido.

BS M. Reguera, “P e ‘El Perseguido’ a ‘.La P ro te sta ’ ”, Ja Protesta, 22 de ene­


ro de 1909.
«» 1). Cúneo, “ M ovim iento obrero en el 90”, en Claves de historia argentina,
ed. M crlin, Buenos Aires, 1968: ASE, “ II m in istro di grazia e giustizia” en El
Perseguido, 18 de m ayo de 1890; S. M arotta, M o vim iento sindical, p. 74.
42 EL TRASFONDO Y LOS PRIMEROS PASOS

EL PERIÓDICO “ EL PERSEGUIDO” , SU RUMBO IDEOLÓGICO Y SUS GRUPOS i

El prim er núm ero del periódico apareció e l .U_de_maycL.de.JL890 y


publicó en la prim era página u n m anifiesto de los fundadores — el
grupo Los Desheredados— bajo el título: ¿Qué somos y qué h aré-
naos?, en tres idiomas: español, italiano y francés. El manifiesto
fue redactado por R. Roca, ideólogo y propagandista principal del
grupo; reflejaba ei estado de ánim o y las tendencias ideológicas
del grupo, que cum plió un papel central en la prom oción de las
actividades anarquistas de la década de 1880, Debido a la im por­
tancia del m anifiesto —el prim er docum ento auténtico en el espí­
ritu de los grupos anarquistas a comienzos de la década de 1890—
lo transcribimos en su totalidad:

N o so tro s som os los v a g a b u n d o s , los m a lh e c h o re s, la c a n a lla , la e sc o ria de


la so c ied a d , e l s u b lim a d o c o rro siv o d e la o rg a n iz a c ió n so cial a c tu a l.
A b o rre c e m o s el p a sa d o p o r q u e es la c a u sa d e l p re s e n te ; o d ia m o s el
p r e s e n te p o r q u e n o es o tr a cosa q u e l a im ita c ió n m á s in te n s a y feroz
d e l p a sa d o . N o te n e m o s e stad o s d e serv icio s q u e p re s e n ta r , n i ten em o s
h e rid a s q u e o s te n ta r, ui s u frim ie n to s q u e e x p lic a r, p u e s n o te n e m o s i n ­
te n c ió n n i v o lu n ta d d e im p re s io n a r a los á n im o s d é b ile s o c án d id o s.
Som os h o m b re s co m o los d em ás, sea c u a l f u e re e l país, ra z a o id io m a a
(p ie p e rte n e z c a n . R e c o n o c e m o s q u e n u e s tro o rg a n is m o tie n e n e ce sid ad e s
p r o p ia s c o m o tie n e n los o tro s, y q u e p o r lo ta n to las q u e re m o s e x p lic a r
y sa tisfac er, y p o r e sta causa q u e re m o s se r lib re s.
L a l ib e r ta d , h e c h o r e la tiv o p o r la ig u a ld a d .
L a lib e r ta d y la ig u a ld a d , h e c h o s p o sib le s y e x p lic a d o s p o r l a s o lid a ­
rid a d .
L a s o lid a rid a d , h e c h o n e c e sa rio p o r la l ib e r t a d y la ig u a ld a d .
É sta es n u e s tr a -trinidad. S ie n d o ésta l a p ie d r a a n g u la r d e la civ ilizació n
d e l f u t u r o . . . u n a c iv iliz ac ió n r e a l p o r q u e c a d a c e n tro e n su t u m o está
p e rfe c to . N in g u n a je r a r q u ía , a u to r i d a d ni e x p lo ta c ió n , c a d a c u a l c o n su
p r o p io c ere b ro , g r a n d e o p e q u e ñ o q u e sea, p e ro c e re b ro d e alq u iler,
n in g u n o .
L a e stim a y el re c o n o c im ie n to p a r a e l q u e los q u ie r a d e b e n se r lib re s;
m é rito v e rd a d e ro , n o a p a r e n te . S e n tim ie n to s n a tu r a le s y n o h ip ó c rita s .
P a ra c o n se g u ir n u e s tro o b je to re c h a z a m o s to d a re serv a , to d o o p o r tu n is m o
y n o s d e c la ra m o s a b ie r ta m e n te r e v o lu c io n a rio s , es d e c ir, p r o m o to r y e je ­
c u to r d e to d o acto q u e p u e d a te n e r e fe c to e n d e s p lo m a r e l e d ific io d el
o rd e n c o n s titu id o .
N u e s tr a divisa es la d e los m a lh e c h o re s, N u e s tro s m ed io s, to d o s los q u e
la le y c o n d e n a . N u e s tro g rito , ¡m u era la a u to r id a d ! P o r eso som os a n a r ­
q u is ta s . Las n ecesid ades d e l h o m b re s o n in fe rio re s a sus facu ltad es. Ésta
es la n e c e s id a d d e l c o m u n ism o a n á rq u ic o . L a n a tu r a le z a , h a b ie n d o h e ch o
a l h o m b re sim ila r, p e ro n o id é n tic o , c a d a u n o p u e d e sa tis fa c e r sus nece-
EL PERIÓDICO “ E L PERSEGUIDO’ 43
jidades como mejor le plazca. Ésta es la ley natural del comunismo
anárquico?'
No queremos nada concedido, sino todo conquistado. Pues las couce-
sioues solamente son p a lia tiv o s que aumentan la miseria y la injusticia.
Es una gran ofensa q u e supone uu privilegio. La c on q u ista indica fuerza
y conciencia.
¿Y qué liaremos'" Si queremos verdaderamente destruir, dejaremos todo-
sentimiento d e p ie d a d y generosidad. Los tíranos son siempre viles. No
haremos caso de su pánico ni de sus gemidos, n i nos dejaremos llevai
por la influencia mórbida de la hermosura de sus mujeres. S in piedad,
Jiasta e liin , .será...nuestro lema. Es absolutamente necesario. Cuando esté
todo el presente destruido, la nueva civilización será un hecho. Pues ella
será el resaltado de la sustracción efectuada: cuanto más h ayam os sus
traído, tanto más será perfecta. Deslruam el (¡edificado.®7

Los pocos miembros clel grupo Los Desheredados invirtieron


muchos esluei/os para publicar El Perseguido consecutivamente.
Las dificultades abundaban, los propios integrantes del grupo re­
dactaban, im prim ían y difundían el periódico, la difusión se cum ­
plía en condiciones de clandestinidad y corriendo grandes riesgos..
Si periódico se repartía en las calles, en los barrios obreros, en
asambleas, por medio del correo y a veces tam bién lo introducían
subrepticiamente dentro de paquetes de La Prensa.63 La publica­
ción del periódico se m antuvo varios años, entre 1890 y 1896, a u n ­
que no aparecía ordenada y regularm ente. En la prim era página se
leía: “Apaiece cuando puede.” Sus editores, sin embargo, trataban
de que viera la luz con la mayor frecuencia. En los años de su
publicación, editaron alrededor dé 100 ejemplares; El. Perseguido
cumplió un papel piincipal en la expresión y propagación del
anarquismo en la Argentina.69
Entre los anarquistas que se expresaron en E l Perseguido se con-
■taron figuras descollantes de esa época: R afael Roca, B eltrán Oí
suii, Fierre Quirole, Fortunato Serantoní, Inglán Lafarga, Cenata
bride, B. Salbans, M. Reguera, J. Reguera, J R ctu x , R agazzinlT>-

“Qué somas y qué harem os”, El Perseguido, 18 de m ayo de 2890; D ardo


Cúneo, op, a l pp. 59 00. Respecto de la repercusión causada p o r ei prim er
núm ero de El Perseguido y su contenido, véase E. G ilim ón en H echos y co-
menta) ¡Oí, pp. 911,
>iif D ardo Cúneo, op. cit., pp. 61-63; E. G iiim ón, op. cit., pp. 9-11.
Véase el artículo del a n arq u ista veterano M. Reguera., q u ien a n ali/a el
desarrollo del anarquism o en la A rgentina, “ De ‘.Ei Perseguido’ a ‘La P rotesta1
La Protegía, 22 ele enero de 1ÜU9; O. Abad de S aruiüán, El m ovim ien to ana:
qtihta, cap. tíí,
ViJ í). A l ¡ a d Je S a n t i l l á n , op. cit., p. 46.
44 EL TRASFONDO V LOS PRIM EROS P A '
RUFOS ANARQUISTAS Y SUS PUBLICACIONES 45
Varios de ellos siguieron activos muchos años (por ejemplo Inglán 39 números. M antenía lazos estrechos con u ltram ar y la mayoría
Laíarga, M. Reguera, F. Serántoni y otros).
de sus artículos se copiaron de la prensa anarquista de Francia,
E l Perseguido .fue aum entando su circulación y, ele 1 000 ejem­ Respecto a sus tendencias ideológicas, escribió D. Abad de San­
plares en un comienzo, llegó a 1 700 en el núm ero 26, a 2 000 en el
tillán:
núm ero 36 y, a p artir del núm ero 60, el tiraje fue de 4 000 ejem
piares.71 El aum ento era muy significativo, si se tiene en cuenta !,a Liberté refleja la tendencia k r o p o tk in ia n a expuesta en La Révolle, y
que se trataba de los albores del anarquism o en el país. C abe a firm ab a u n a c o r rie n te más teórica q u e la de El Perseguido, que era más
señalar que una tirada de 4 000 ejemplares era u n a cifra cumbre, a bien de batalla y no tenía el sentido de la organización y de la cohesión.74
la que no llegó ningún otro periódico anarquista, hasta "qué se
publicó La Protesta en 1904. Si se juzga por el núm ero de periódicos anarquistas en lengua
italiana, cabe decir que en 1893-1894 la actividad de l o s ' grupos
'anarquistas italoparlantes era muy ramificada. En esos años se p u ­
blicaron La Riscosa, Lavaría mo (de corta duración) y La Ques-
GRUPOS ANARQUISTAS Y SUS "PUBLICACIONES lione Sacíale (aparecieron 24 núm eros entre 1894 y 1896, bajo la
dirección de F. Serantoni). D urante cierto tiem po se publicó tam ­
Por medio de los ejem plares de El Perseguido se tiene una idea bién ¡’cnti Seternbre, que luego se trasladó a M ontevideo. E n ese
de la actividad ramificada de los grupos anarquistas en la Argen­ entonces se propagaban mucho los folletos de propaganda en ita ­
tina, entre 1890 y 1895. El grupo Los Desheredados, no. quedó solo liano, editados en concentraciones de anarquistas italianos em i­
v ya en 1890 se fundaron grupos paralelos: T ierra y Libertad, El grantes: en Paterson (Estados Unidos), Sao Paulo (Brasil) y L on­
.Vencedor Cosmopolita, LaVenganza (en Buenos Aires) y El E rran­ dres. Concentraciones de anarquistas italoparlantes en la Argen­
te (en Rosario},12 A esos grupos se añadieron, durante los años tina, había en Rosario y en B ahía Blanca.™
subsiguientes, varios adicionales:. Los Hambrientos (en el suburbio A comienzos de la década ele 1.890 se inició una actividad anar-
de Barracas), II Proletario (La Boca),' G rupo Juventud Anarquista, <i insta r a mi fi ca d a en Rosario; el gran contingente de inm igrantes
G rupo Juventud Com unista Anarquista, G rupo de Estudios Socia- llegados de Italia y España, se tornó en foco de esa, labor. Las
Jes, G rupo Bomba Pallás, La Revancha, Los Ácratas, Ne Dio ne primeras asambleas anarquistas en la ciudad se celebraron, al p a ­
Padrone, La Expropiación.73 recer, en 1890.7B La actividad se ensanchó y adquirió dimensiones
No todos los grupos anarquistas de esa época se expresaron en notorias en 1893, cuando se le añadió un carácter terrorista vio­
la prensa en español. Hubo tam bién grupos que se expresaban lento. En esa época empezó a publicarse un boletín intitulado
en .francés y en italiano. Los fraricqparlantes se reunieron en torno /D em oliamoj que predicaba las demoliciones, la violencia y el terror
a la librería de E, Piette, donde era asequible la prensa anarquista pegona!. La violencia de los grupos motivó la introm isión poli­
■del exterioi; tal el caso de La R évolle y Pére Peinará. D urante un cial. en un intento de contenerlos.77
•' tiem po también se publicó en Buenos Aires un periódico anar- Al carácter y a la actividad de los grupos anarquistas en la A r­
1 quista en lengua francesa,.La Liberté, dirigido por P. Quirole. El gentina, a comienzos de la década de 1890, se refiere M. R egueia
prim er núm ero apareció el 23 de enero de 1893 y siguió regular­ en su artículo, mencionado más arriba: “Los grupos se sucedían
mente, cada semana, hasta el 17 de abril de 1893. T ras una breve unos a otros, con propósitos bien definidos. . , Estos grupos se crea­
suspensión reanudó su aparición el 18 de marzo de 189-1, pero dejé) ban con un objeto ya determ inado en la propaganda. Unos edi­
de publicarse el 3 de septiem bre de 1894. En total vieron la luz taban folletos, otros repartían papel impreso, especialmente en el
campo. . . y otros auspiciaban conferencias, .. Es obvio decir que
71 P- Abad de Santillán, “B ibliografía an arq u ista argentina desde sus orígenes
74 T). Abad de Santillán. M ovim iento anarquista, op. cit.., p. 52.
basta 1930” , cu la revista T im ó n , Barcelona, septiem bre-noviem bre de 1938,
75 rb id ; p. S I Sobre las relaciones en tre an arq u istas italianos en laA rgen­
p . 181,
tina y el m ovim iento an arq u ista en Ita lia , véase E. Sanlarelll, TI socialismo
"2 El Perseguirlo, 26 de octubre. 25 de noviem bre y 7 de diciem bre de 1800.
anarquía) en Italia, M ilán, ed. F cltrinelli, 1959, p. 76.
73 Lista de grupos confeccionada según noticias y avisos en los núm eros de
m E. Gallo, tesis doctoral inédita, O xford, p. 288.
El Perseguido, de 1891 a 1895.
fT }. Alvare?, Historia de Rosario, ed. Buenos Aires, 1943, p. 509,
46 EL TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS ANARCO-COA1UNISTAS V ANARCO-SOCIALISTAS 47

en la generalidad de las veces el grupo se com ponía de cuatro o ción y manifiestos de grupos anarquistas q ue se definían como
cinco compañeros bien aliñes, lo que no era obstáculo para que anarco-comunistas.81
el grupo editara folletos a millares, que luego se repartían gratis. ,. Pronto, empero, surgieron r ivales de esta corriente en los círculos
Así aparecieron los íolletos.C óinojW í diezm an, en 10 000 ejem pla­ anarquistas paralelos. Prueba de ello es la polém ica que se suscitó.
res, y La conquista del parí (Kxopotkin), en 5 000. . Los rivales eran prim ero ios “anarco-colectivistas”, adictos a la
El au to r elogia el espíritu de sacrificio y abnegación de esos mi­ tradición de la Federación R egional E spañola de principios de
litantes, que con medios menguados lograban editar y difundir la década de 1880,82 A ellos se sum aron, a comienzos de la década
m aterial de propaganda anarquista en cantidades considerables. En de 1890, muchos anarquistas italianos. P o r influencia del desarro­
la parte final de su artículo, enum era la lista de periódicos y bole­ llo interno del anarquism o en Italia, se dio a esta tendencia el
tines que aparecían en ese período: La Miseria, Demoliam o, El Ci­ nombre de ‘^anarco^ocialismo”, cuyo origen a rranca d el m ovim ien­
clón, Caserío, Ravachol, El Escalpelo, El Cuento del T ío, La Squila to anarquista_en.Italia. P or ello no asom bra q u e jla J n id a tiv a de
Libertaria, Aurora Social y La Voz del Esclavo (Chivilcoy).78 fundar un sindicato anarco-sociálista en, Ja A rgentina surgiera en
E ta li^ia es sólo parcial. D, Abad de Santillán hizo un estudio el barrio obrero de La Boca, poblado por trabajadores italianos.83
sobic la bibliografía anarquista y enum era 25 periódicos que apa­ Esos 73rcúTos,“al parecer, m antenían lazos estrechos con sus colegas
reciero n hasta 1896, así como 20 folletos, Err,su mayoría eran tra- de Italia y cuando se realizó allí el congreso territorial, en Capo-
dm i iones de artículos y opúsculos ele pensadores anarquistas euro­ lago, en 1891, enviaron un delegado.84 .ELJPerseguido se opuso en
peos: P. Kropotkin, Eiisée Reclus, E, M alatesta.1,9 seguida a la organización jmarco-socialista, que adquirió expresión
sólida en las resoluciones del congreso de anarquistas italianos en
Capolago; criticó las resoluciones de ese congreso que, al querer
atenuar la disparidad entre las corrientes rivales en el anarquism o,
AN ARCO-COMUNISTAS Y AN ARCO-SOCIALISTAS A COMIENZOS confunde la imagen de la sociedad com unista futura, q ue es la
DE LA DÉCADA DE 1890 meta final de la revolución.86
Pero Ja discusión principal entre los grupos anarco-comunistas y
anarco-sociaíisfáslió se centraba en cuestiones abstractas y distantes
La corriente ideológica que prevalecía en los círculos anarquistas
a comienzos de la_ década de 1890, erajiLanarco-CQiümrismQ. Una (como la imagen de la sociedad del futuro), sino en problemas
mucho más concretos, relativos a la táctica de la acción cotidiana:
expresión explícita del surgim iento de la misma, se luvo en el ma­
nifiesto del grupo Los Desheredados, m encionado más arriba, que el uso,desmedios y métodos organizativos. La línea de los anarco-
comunisias, expresada en E l Perseguido, rechazaba "constante y to­
se publicó en el prim er núm ero de E l Perseguido. La tendencia
j ideológica ;um co-cüm nnisia predom inó sin interm itencias en E l Per- - talmente los métodos organizativos. El periódico fue fiel año tras
i seguido, por lo que se puede considerarlo vocero del anarco-comu- : año a esa línea y dedicó muchos artículos al tema, tanto teóricos
¡ nism o en la Argentina. Desde sus prim eros números, por cierto, era como polémicos e informativos. Se burlaba de cualquier intento de
• dable leer el subtítulo: “Periódico com unista anárquico.” Insertó organizar de un modo estable las acciones anarquistas. La discu­
sión se intensificó, cuando aum entó la actividad en el seno de los
con frecuencia artículos teóricos para fundam entar la concepción
a narco-comunista, y reafirm aba las ventajas de la sociedad futura, trabajadores.
ap u n talad a en los principios comunistas.80 T am bién traía informa-
"Vida anárquica", ibid., 15 de diciem bre de 1892; “L a a n arq u ía triu n fa ", ibid.,
16 de junio de 1895.
*® “De 'E l Perseguido’ a ‘La P ro te sta ’ ", en La Protesta, 22 de enero de 1909. si ''M anifiesto del g rupo Los M ártires de C hicago”, en El Perseguido, 8 de
78 D, A bad de Santillán, “ B ibliografía an arq u ista arg en tin a", en T im ó n , B a r­ marzo de 1891; "Aviso: la ju v en tu d com unista a n árq u ic a ” , ib id ., 23 de agosto
celona, septiem bre de 1938, pp. 184-85; véase tam bién M ax N e ttla u , “ C o n trib u ­ de 1891; “ Cliivilcoy”, ibid., 23 de octubre de 1892.
ción a la bibliografía a n arq u ista ”, en Certam en internacional de "L a Protesta", "R euniones de controversia”, en El P erseguido, 28 d e sep tiem b re d e 1890,
p p . 13-1-1, 17-22, "T eoría resuelta", ibid., 29 de noviem bre de 1891.
8“ "L o que ialia", en El Perseguido, 28 de septiem bre de 189Ü; “ La loi de sa “T rib u n a d e los g ru p o s”, en E l Perseguido, 22 d e febrero d e 1891.
ré v o lu tlo n et le com unism e an arch isle”, ibid.; "A bajo los gobiernos”, ibid., E. Santarelli, op. cit., p. 76.
28 d e o c tu b re de 1890; ".Economía a n á rq u ic a ”, ibid., 23 de o ctu b re d e 1892; 85 "Sobre el congreso d e C apolago”, en El Perseguido, 19 de a b ril de 1891.
<tí> E l, TRASFONDO V LOS PRIM EROS PASO:

En 1890, sobre el trasfondo de la crisis económico-financiera en <


I la Argentina (véase más arriba) se acentuó la polarización social y
tam bién la organización de los trabajadores para su lucha profe­
sional y de dase. En 1890 se realizó u n a m anifestación obrera, ia
j prim era, el 1° de mayó, en Buenos Aires.88 Ese año se dieron lo*
primeros intentos de crear una federación de sindicatos obreros en
la capital y en el interior.JLa. creación de. la federación j e demom
} en 1890, por la revolución de la U nión Cívica R adical, y se con-
i i retó a comienzos de 1891, En enero de 1891 se fijaron los estatuto1;
y empezó a publicarse El Obrero, vocero de los sindicatos de la
- federación.. En agosto, se celebró el I Congreso ele la Federación
. de T rabajadores de la Región A rgentina, con la participación de
6 sindicatos obreros. Esta prim era intención de crear una íedeu
ción no tuvo éxito, y sólo duró algunos meses; pero la tendencia
prosperó y en los años subsiguientes hubo otros ensayos,87
El despertar de los trabajadores argentinos,, el deseo de formar
sindicatos y federaciones, planteó a los círculos anarquistas un pro­
blema: ¿Cómo encarar esas intenciones? ¿Acaso integrarse en ellas,
acaso influir desde su interior? ¿O criticarlas y oponerse a ellas? El
enfoque al respecto, reveló la disparidad entre los círculos anareo-
comunistas y otros grupos, E, G ilim ón describió la controversia:
“La prim era discusión seria fue una cuestión de táctica. . , Así ve-
. mos a los anarquistas dividirse en dos grandes núcleos: organiza-
! dores y antiorganizadores. Los primeros,,pi'estigiabatx la. asociación
oín era. Las Sociedades de Resistencia eran su campo de acción y
la- huelgas su principal.m .edio ele lu c h a ... ” 88
El perseguido reunía a los adversarios de la idea de organización.
De inm ediato se opuso a los anarquistas que querían integrar los
sindicatos obreros, en especial a los partidarios de la creación de
una federación. Por ser el periódico central de los círculos anar-
quisLas de la época., daba el tono general del anarquism o.89 Cen­
suró sin reparos la tendencia de form ar sociedades de resistencia
de los trabajadores, alegando que no son bastante eficaces en la
<am paña por m ejorar la situación del obrero. P or el contrario, son

86 S. M arotta, El m ovim iento sindical, op. cit., p p . 78-83: D. C úneo, Claves,


o/>. cit.., pp. 53, 57.
S. M arotta, op. cit., p p . 84-90; D. A bad de S antillán. La F O R A , Buenos
Aires, Proyección, 1971; H . Spalding, La clase trabajadora argentina, Bue­
nos Aires, cd. G alerna, 1970, pp. 99-152; P a n e ttíeri, Los trabajadores, op. cit..,
pp. 114-118.
U. G ilim ón, op. cit., p. 25.
í"-’ Los años 1890-1895 fueron los años en q u e la tendencia d isg re g ad o s
estaba en alza; su órgano representativo fue E l Perseguido. Véase G. Zaragoza
R uvira, op. cit., p, 421.
ANARCO.C O M U N ISTA S Y AN ARCO-SOCIALISTAS 49
perniciosas, pues em pujan a los obreros a adaptarse al régimen
existente. Además, los sindicatos obreros entrañan elementos do­
minantes que apagan la iniciativa, y cualquier lucha profesional
sin iniciativa n i ím petu revolucionarios fracasa inevitablemente.
Los anarquistas, en cambio, deben volcarse a com batir el régim en
existente y unirse espontáneam ente en' grupos libres de afinidades,
con miras a la propaganda por escrito y oral en todos los lugares
donde sea posible.90
Los artículos de El Perseguido elogiaban la unión d e afinidades
como medio para u n ir los grupos que más se adaptaban a los p rin ­
cipios anarco-comunistas. Tales grupos se creaban para fines concre­
tos, cuya ejecución era im posible a título individual, y se disolvían
libremente; la disolución no era u n indicio de debilidad, sino de
libeitad,'”
Lúa crítica acérrim a se hizo desde el periódico contra diversos
intentos, a comienzos de la década de 1890, de crear u n a federación
de sindicatos obreros, en especial contra los anarquistas inclinados
a aprobar esa idea. La actitud hacia la creación de u n a federación
de esa índole sirvió de motivo para la reunión de controversia de los
círculos anarquistas en Buenos Aires; en u n a noticia que publicó
El Perseguido, se dio cuenta que los anarco-comunistas expresaron
su oposición enérgica en esa oportunidad.92 Los prim eros fracasos
de crear una federación obrera y la prevalencia de corrientes polí­
ticas en ella, sirvieron a la gente de El Perseguido como prueba
que justificaba sus puntos de vista respecto a la incongruencia de
participar en federaciones y en congresos, con miras a influir desde
adentro. Los anarquistas —afirm aban— deben repudiar esas esfe­
ras obreras.93
La actitud negativa de los anarco-comunistas hacia cualquier
forma de organización profesional, se conjugaba tam bién con la
negación del valor y eficacia de las huelgas en la lucha,para conse­
guir mejores condiciones de trabajo y salario. C uando a comienzos

"Sociedades de resistencia”, en E l Perseguido, 25 d e noviem bre de 1890;


‘‘Sociedades de resistencia”, ibid., 7 d e diciem bre d e 1890; “ R euniones de con­
troversia”, ibid., 8 de m arzo de 1891; “P racticando la a n arq u ía", ibid., 5 de
julio de 1891; “ Los grem ios”, ibid., 23 de octubre de 1892; “Las organizaciones
o breras”, ibid., 28 de agosto de 1895.
91 “G rupos de afinidades” , en E l Perseguido, 21 de diciem bre d e 1890;
“ Desenvolvim iento a n árq u ico ”, ibid., 1 de enero de 1892; "O rganización de tos
grupos”, ibid., 25 de septiem bre de 1892.
92 “R euniones de controversia”, en E l Perseguido, 28 de septiem bre de 1890.
ss "Oonsrreso obrero", en E l Perseguido, 23 de agosto de 1891; ‘'Federación
an árqu ica”, ibid., 21 de mayo de 1895; “F ederación a n á rq u ic a ”, ib id ., 31 d e ­
mayo de 1895.
50 E L TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

de la década de 1890 estallaron paros de esa índole (entre los ferro­


viarios, sombrereros, tipógrafos, peluqueros, faroleros, peones mu­
nicipales, tabacaleros, etc,),0’* los anarco-comunistas los objetaron,
se burlaron y form ularon críticas. El Perseguido, en artículos sobre
el lema, señalaba comprensión por los móviles que llevaron a la
huelga, pero añadía que los pasos dados carecían de perspectiva.
Afirm aba que no tenían im portancia las ventajas logradas en las:
condiciones de trabajo y salario, pues los patrones anulan cualquier
logro p o r m edio del alza de los precios. N o ayudan a la clase tra­
bajadora. A veces benefician a una parte de la misma, pero em­
peoran la situación de otros sectores laborales. La clase obrera sólo
podrá beneficiarse derrocando el régim en del salario, es decir efec­
tuando la revolución social.86
A comienzos de la década de 1890 era pequeño el núm ero de
anarquistas argentinos adictos a la organización y no tenían un
periódico propio. Pero según la polémica que se insertó en El Per­
seguido, fue advertible que el núm ero aum entaba con el tiempo. EL
fortalecim iento de la corriente “organizadora” en el anarquismo
argentino sé vio influido por su vigorización en Europa: en España
y sobre todo en Italia. El Perseguido inform aba de ese desarrollo y
lo criticaba acerbamente.
En 1891 se celebró en Capolago, Italia, el congreso anarquista,
y en el mismo se expresó consolidada la corriente organizadora
anarco-socialista; E l Perseguido criticó la convocatoria de un con­
greso anarquista, así como las conclusiones ideológicas de los de-
bates y resoluciones.90 Poco después E l Perseguido censuró el paso
de “varios compañeros europeos” con miras a “organizar u n par­
tido anarquista”.97 Esas palabras iban dirigidas sobre todo contra
los anarco-socialistas italianos, pero u n año después se form uló una
crítica igual contra una tendencia que se afianzaba en España, en
el círculo del periódico El Productor, que representaba a una ten­
dencia anarquista “organizadora” parecida a la que en el pasado
existiera en la Federación R egional Española.98
Dos años después, en 1895, se agudizó la polémica contra los
“organizadores". Fue entonces que se publicó una censura enérgica
contra la personalidad anarquista más conocida: Errico Malatesta, a
o* S. M arotta, op. cit., pp. 74-96; P a n e ttieri, op. cit., pp. 114-18.
as “R euniones a n arq u istas” , en E l Perseguido, 22 de febrero de 1891; "Una
h u e lg a ”, ibid., 8 de m arzo de 1891; "R ebencazos”, ibid., 8 de m arzo de 1891;
“ Las huelgas” , ibid., 25 de septiem bre de 1892.
ne “ Sobre el congreso de C apolago” , en E l Perseguido, 19 de a b ril de 1891,
o? “ P artid o s anárquicos”, en E l P erseguido, 10 de ju lio de 1892; “Partidos y
organización an árq u ica", ibid., 24 de ju lio de 1892.
os “ A los an arq u istas españoles” , en E l Perseguido, 29 de enero de 1893.
SOCIALISTAS Y ANARQUISTAS 51

quien se hizo objeto de burla y se lo llam ó “el conocido organi-


maníaco”. El artículo m enciona el plan de M alatesta publicado en
The Torch de Londres, para crear la Federación Internacional So­
cialista A narquista R evolucionaria. Lo reprueba por com pleto y
señala q u e la f e d e r a c i ó n entraña elementos antianarquistas: regla­
mentos, comisiones, etcétera."
La discusión principal en 1895 no fue sólo contra adictos a
la organización en ultram ar, sino contra los que se fortalecían en la
Argentina. En J 894 hubcuim a evolución., significativa..en el bando
de los anarquistas “organizadores” en la A rgentina, Aparecieron
tres„ periódicos adictos a la corriente anarquista pro-organización:
Fl Obiero Panadero (empezó a publicarse el 16 de septiem bre de
1891), perteneciente al sindicato de panaderos y dirigido por E ttore
Mattei; El O primido, publicado en L uján (desde el 20 d e septiem ­
bre de 1894) bajo la dirección del médico anarquista inglés doctor
Creaghe; La (¿uestione Socíale, parecido por el nom bre y el conte­
nido al periódico de M alatesta en Florencia: lo dirigía en Argen­
tina F. Serantoni, uno de los adictos prom inentes de la corriente
organizadora en el anarquism o argentino. Esos tres periódicos favo­
recían la organización obrera y la intervención en las sociedades
gremiales existentes,100 y discutían con E l Perseguido. A comienzos
de 1895, este periódico publicó u n m anifiesto polémico contra los
grupos adictos a la organización, que se afianzaron y se m u ltip li­
caron en el país,101

LOS SOCIALISTAS EN LA ARGENTINA Y SUS RELACIONES


CON LOS ANARQUISTAS

Antes de exam inar el desarrollo de los grupos anarquistas pro-


organización en la Argentina, conviene analizar varios h ech os adi­
cionales acaecidos en esa época en el plano ideológico-partidista
entre los trabajadores, y que repercutieron en el sector anarquista.
Nos referimos a la_ consolidación del m ovim iento socialista en el
país. I os primcios grupos socialistas asom aron al mismo tiem po
que Lis ( titila s anarquistas, es decir, cuando se crearon filiales de
la I Internacional, Igual que en el caso de los anarquistas, esos
st‘J “ Federación anarquista, ideas viejas en tiem pos nuevos”, en El Perseguido,
21 de mayo de 1895,
ico G. Zaragoza R uvira, op. cit., p. 422-
“Siem pre a d elan te ”; “Lo que somos y lo que son ellos”, E l Perseguido,
27 de enero de 1895,
52 E L TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

grupos conocieron épocas de exaltación y de decaim iento en la


década de 1880; tam bién ellos fueron parte orgánica de la conso­
lidación de las esferas proletarias éri la A rgentina. A p artir del
comienzo de la década de 1890, al ramificarse las actividades ^orga­
nizativas e ideológicas de los trabajadores, las relaciones entre
anarquistas y socialistas sé volvieron tensas. La rivalidad para ejer­
cer influencia en el campo obrero se Intensificó y se ahondaron
las disparidades en lo que concierne; al camino que debía seguirse
y a los .objetivos. E sa ' disparidad era m uy grande cuando en el
sector anarquista predom inaban los circuios opuestos a la organi­
zación.
Los socialistas, desde un principio, se esm eraban por formar_3m-
dicatos obreros, y fueron los" prim eros en prom over ei estableci­
m iento de una federación de trabajadores y tam bién los primeaos
..en organizar una. m anifestación laboral general el 1 de mayo de
1890, acatando el llamado dé la" Internacional, en el congieso de Pa-
; rís de 1889.102 La. m anifestación se realizó en el Prado Español
de Buenos Aires y fue el prim er acto público organizado de la
clase trabajadora argentina. Resaltaba el matiz internacional, y los
discursos. se pronunciaron en tres idiomas: español, italiano y fran­
cés.303 Los anarquistas participaron en la manifestación, pero obje­
taro n públicam ente sus tendencias así como la resolución aproba­
da de elevar una petición al gobierno sobre la situación de la
clase trabajadora.104
Las divergencias entre anarquistas y socialistas se agudizaron y
aum entaron, pues los segundos siguieron organizando a los traba­
jadores en sindicatos y en federaciones, en los prim eros años de la
década de 1890 (ya nos hemos referido a las prim eras federaciones).
L a iniciativa era de los socialistas, pero tam bién algunos ...anar;
quistas, (de los círculos pro-organización) colaboraron con el fin de
enfrentar la influencia sociáldemócfata y consolidarse a través
de u n a actividad interna. No todos los anarquistas obraban así: 1<
anarco-com unistas adictos a El Perseguido lo censuraban. Tam bién
los socialdemócratas se opusieron a la cooperación anarquista-socia­
lista en la federación ni bien com probaron la intención anarquista.
E n enero de 1891 se publicó en E l Obrero (órgano de la federación
102 D. Abad de Santillán, La F O R A , ideología y trayectoria, Buenos Aires,
Proyección, 197!.
ios J. G ddone, Grem ialism o proletario argentino, Buenos Aires, La Van­
gu ard ia, 1949, p p . 40-57; I>. Cúneo, op. c it , p. 57: S. M arotta, op. cit., pp. 80-84;
H . Spalding. op. cit., pp. 125-126.
lo i "A propos d u I 1? M ai”, en E l Perseguido, 18 de m ayo de 1890; “ II 1<J
M aggio e l ’A narchism o”, ibid., 18 de m ayo de 1890; "Peí V orw arts”, ibid.,
18 d e m ayo de 1890; H , Spalding, op. cit., pp, 132-40.
SOCIALISTAS Y ANARQUISTAS 53

bajo la influencia socialista), u n artículo que atacaba enérgica­


mente al anarquism o: “De ningún m odo pueden los socialistas y
los anarquistas m archar de acuerdo, porque el anarquista conse­
cuente, según su teoría fundam ental, no puede adm itir ninguna
organización.” 105 Los comentarios agresivos de E l Perseguido con­
tra los socialistas políticos y legalistas,108 justificaban por cierto el
enfoque de E l Obrero.
Otra tentativa de realizar u n a m anifestación conjunta de traba-
jadores el 1<? de mayo de 1891, fracasó por obstrucciones de los
anarquistas; El Obrero volvió a atacar al anarquism o, lo llamó
"oprobio y vergüenza de la clase trabajadora” .107 Este periódico
dejó de servir a tendencias socialistas en 1893, y lo reemplazó II
Socialista, que se m antuvo fiel a la tradición de atacar al anar­
quismo,108
J a prensa anarquista, p o r supuesto, no escatimaba ataques ni
difamaciones contra los socialistas. E n los comienzos de la década
c íe !890' daba e f tono E l Perseguido, por lo q u e no asom bra que
fracasaran los intentos de cooperar con los sindicatos obreros y así
se explican los reveses en cuanto a la federación prim era y a la
segunda.109 A esta realidad (al papel negativo de los anarquistas
en los primeros intentos de crear u n a federación conjunta, de sin­
dicatos obreros) se refirió J ^ Oddone, el historiador socialista del
movimiento obrero argentino: *‘Fue..d. anarquism o J a primera... fuer­
za enemiga que se., cruzó en d cam ino del m o vim iento. .sojáaJMta
_v obrero, obstaculizando y perturbando la obra de las sociedades
gremiales__y._agrupaciones p olíticas." 110
El error de esta valoración de O ddone es que no distingue entre
las corrientes que ya existían en el anarquism o. Si tiene razón en
cuanto a la función operativa de los círculos adictos a. El Perse­
guido, no es justo- con ..respecto a. los. xírculos pro-organización.que
proliferaronu.cn. esos-_dias. y quisieron integrarse en los sindicatos.
Si se integraban para d ar u n tono anarquista a los sindicatos, no
cabe reprocharlos: no se diferenciaban de los socialistas, que bus-

« 5 D. Abad de S antillán, E l m o v im ien to anarquista, op. cit., p. 48.


ios "l.o qne fa lta ” , en E l P erseguido, 28 de septiem bre de 1890; “A l saqueo”,
ibid., 18 de enero de 1890; "R euniones de controversia”, ibid., 8 d e m arzo de
1891; ‘' Teorías resueltas”, ibid., 29 d e noviem bre de 1891.
m7 D. Cúneo, op. cit., p. 73.
’os D. Abad de Santillán, E l m o vim ien to anarquista, op. cit., p p . 48-49.
ios S. M arotta, op. cit., p. 86; P an ettieri, op. cit., p p . 116-118; J. O ddone,
op. cit., p. 6!.),
no J. Oddone, H istoria del socialismo argentino, tom o i, p. 161. C itado en
E. Dirimían, Recuerdos de un. m ilita n te socialista, B uenos Aires, L a V anguar­
dia, 1949, p. 66.
54- EL TRASFONDO Y LOS PRIMEROS PASOS

¡ caban lo mismo. Pero cabe señalar que O ddone destacó correcta-


. m ente el odio anarquista al socialismo, en calidad de agrupación
política en la A rgentina.
E n 1894 _el_ socialismo argentino dio sus prim eros pasos como
organism o político. Se fundó erC eñtró" Socialisia O brero y empezó
a publicarse La Vanguardia, que se convertida, en el periódieo-deL
movimiento. En 1896 se fundó el Partido Socialista Obrero. El obje­
tivo principal de esta organización consistía en irru m p ir en-el
campo político-parlam entario de A rgentina, para luchar allí por
los intereses de los obreros. Ese anhelo contravenía por completo
el enfoque de los círculos anarquistas: cuando empezó a tomar
forma institucional y concreta, los anarquistas se lanzaron a una
acción opuesta y en prim er lugar se dedicaron a obstruir y molestar
las asambleas socialistas.111 En las memorias de anarquistas y socia­
listas de la época, se describe cómo los anarquistas trababan las
asambleas socialistas. E. Gilim ón, anarquista, se refiere a una asam­
blea socialista realizada el día de la conmemoración de la Comuna
de París: los anarquistas m olestaron al orador, lanzaron volantes de
propaganda, iniciaron discusiones estruendosas con los asistentes,
“volaron” alevosamente la reunión con fines de socavación y pro­
paganda.11!) E. Dickman, socialista, destaca este “m étodo” en sus
memoffás: “E n los primeros tiempos los anarquistas individualistas
fueron el azote del naciente m ovim iento gremial y socialista en la
Argentina, Siendo enemigos de cualquier organización, de todo es­
t a tu to ... penetraban violentam ente en las reuniones, asambleas y
conferencias de las sociedades gremiales, y de los centros socialis­
tas, perturbando su ordenada y tranquila realización, provocando
; controversias inútiles, escándalos y violencias de hecho, term inando
con frecuencia en bataholas de golpes y tiros de revólver.” 113
E. Dickm an señala m inuciosam ente que se trató de anarquistas
individualistas, pero probablem ente se refería a anarquistas “ad­
versarios de la organización”, tanto anarco-comunistas como indi­
vidualistas.

INCLINACIONES TERRORISTAS ENTRE LOS ANARQUISTAS

U n aspecto adicional que caracteriza al anarquism o argentino a


111 D. Cúneo, Juan B. Justo y las luchas sociales en la A rg en tin a , Buenos
Aires, Alpe, 1956.
^ 2 E, ¿ ilim ó n , op, cit., p p , 18 19,
lia E. D ickm an, R ecuerdos de un m ilita n te socialista, op. cit., p. 67.
INCLINACIONES TERRORISTAS 55

principios de la década de 1890, es .Ja. propagación de las incüixa-


XÍü|ies j..en£oqiies. aprobatorios de la.violencia y el tct o personal,
como rumbo apropiado para la lucha social. Cabe recu 1 ir que en
esos años la aprobación del terror personal estaba propagada tam-
bién en d a n arquism o europeo; su in flu e n c ia .llegó a la Argentina
y se reflejó en la prensa.
'~~El~Férseguído expresó consecuentem ente enfoques aprobatorios
de la violencia y el terror personal, desde sus prim eros números.
Se publicaron diversos artículos en ese sentido, desde los que lla­
maban a la táctica revolucionaria, cuyos principios eran la acti­
vidad de un grupo pequeño de personas, que no descartan ningún
medio para lograr su m eta y se m uestran dispuestos a em plear
bombas, terror personal y dinam ita,114 hasta los artículos que pe­
dían poner coto a las arengas teóricas y em prender hechos concre­
tos de inmediato, sean actos de terror individual o luchas revolu­
cionarias callejeras.116
Pero no todos ios anarquistas aprobaron la línea de El Perse­
guido. Los primeros ecos de tales disensiones se revelan en una
carta a la redacción que censura la tendencia destructiva de la
teoría anarco-comunista del periódico. La redacción adm ite que
la teoría anarco-comunista fondea en el anhelo de arm onía y paz,
pero dado el régimen existente no hay rem edio salvo recurrir a la
violencia para una lucha eficaz; la dinam ita, en esa lucha, es el
arma más eficaz de los anarquistas: “Si los anarquistas em plean la
dinamita, es porque se la conceptúa un m edio m uy apropiado
para utilizarlo en defensa contra la burguesía.” 116
El llamado a la dinam ita se convirtió en u n grito de lucha de
los grupos anarquistas en 1893. Sirva de ejem plo la reacción al
incidente ocurrido en L uján, donde la policía lugareña disolvió
una asamblea anarquista, anticlerical, y arrestó a seis participantes
(entre ellos, al doctor Creaghe). El ataque policial a una asamblea
anarquista despertó la ira de El Perseguido,11'1 y por las calles de
Buenos Aires se repartió una circular del grupo Los Dinamiteros,
donde la cuestión fue descrita con detalles y m ostrada como ex­
presión de un régim en en que los trabajadores no tienen libertad
de palabra. Este régim en no concederá libertad por su voluntad, y
por ello: “Es preciso que conquistemos la libertad y para eso es

u * "A todos los explotados", en E l P erseguido, 28 de septiem bre de 1890.


lis “El espíritu revolucionario. La acción in d iv id u a l”, en E l Perseguido,
7 de diciem bre de 1890; “T áctica rev o lu cio n aria” , ibid., 22 de febrero de 1891;
“Táctica revolucionaria” , ibid., 20 de m arzo de 1892.
“Sentim entalism o y dinam ita”, en E l Perseguido, 22 d e m ayo d e 1892.
ii! “Atropellos de la po licía”, en E l Perseguido, 11 de noviem bre de 189S.
58 FX TRASFONDO Y LOS PRIM ERO S PASOS

necesaria la dinam ita, pues la fuerza de ésta contrarresta la fuerza


que em plean nuestros opresores. . . ” La circular finaliza con va­
rios llamados de lucha: “Viva la dinam ita. Viva la revolución so­
cial. Viva la anarquía.” 118
Los comentarios sobre los actos de terror personal de los anar­
quistas en Europa, eran todos aprobatorios. E l Perseguido acogió
con beneplácito las prim eras noticias sobre el terror personal en
Europa, en 1892;119 en noviembre de 1893, cuando se supo de la
explosión en el teatro Liceo de Barcelona, el periódico escribió:
"L a dinam ita en acción, la grata noticia.” 120
E n 1893 se publicó en Buenos Aires L a Liberté, periódico anarco-
com unista en lengua francesa, de tendencia proterrorista. El 23 de
enero de 1893, en el artículo editorial del prim er núm ero, decía:
“No hacemos programa, la hora de discutir h a pasado. C uando el
c a p ita l... siembra en todas partes 3a ruina, y cuando la dinamita,
aquí y allí [en Europa. . .] d a la prueba de ello. .. el p ro g ra m a ...
debe ser de hechos.” 121
E n tre los colaboradores en ese periódico, en sus primeros núme­
ros, se contaba el inm igrante de Francia, A^V aillant, quien, un año
después, se volvería uno de los terroristas más famosos. A. V aillant:
emigró a la A rgentina en 1891 y permaneció en ella dos años. Se
dedicó pacientem ente al trabajo campesino, sufrió los rigores de la
explotación en la zona fronteriza, se rebeló e incitó a sus compañe­
ros, volvió a Buenos Aires y al tiem po se fue del país, lleno de
amargas decepciones. Al volver a Francia se lanzó en seguida al
terrorismo. La bom ba que arrojó a la Asamblea N acional francesa
quiso ser una protesta contra las injusticias del régimen, que_él
mismo había sufrido.122 V aillant no fue el único terrorista famoso
que estuvo en la Argentina. Poco antes, en 1890, había estado el
anarquista español P. Pallás, quien, en 1893 quiso ..atentar .contra
el general español M artínez Campos, como protesta por las torturas
de que eran objeto los anarquistas españoles presos en M ontjuich.
Al ser ejecutado, Pallás se convirtió en el “m ártir” anarquista en
la A rgentina, especialmente en los círculos de E l Perseguido. El
periódico pidió u n a colecta para su fam ilia y se formó el nuevo
G rupo Bomba Pallás.123
n s L a circular in titu la d a "A los anarquistas de S udam érica”, se encuentra
en el archivo ose, A m sterdam , colección M ax N ettlau, legajo A rgentina, 189S-5.
119 "A d elan te ” , e n E l Perseguido, 20 de m arzo de 1892.
12° E l Perseguido, I I de noviem bre de 1893.
121 D. Abad de S antillán, M ovim iento anarquista, op, cit,, p. 51.
123 J . C. L ongoní, F our patien ts o f Dr. D eibler, L ondres, ed. I awrence A.
W isharf, 1970, pp. S5-86.
“P a u lin o P allás” , en E l Perseguido, 22 de octu b re de 1893.
INCLINACIONES TERRORISTAS 57

Entre los terroristas anarquistas de comienzos de la década de


1890, Ravachol logró la glorificación m ayor en el anarquism o ar­
gentino (aunque no tenía vínculos con el mismo); en 1892, cuando
se supo que lo h abían ejecutado, El Perseguido se identificó, en
un artículo editorial, con lo que había hecho.121 Esta identifica­
ción echó raíces en muchos círculos anarquistas, y se m ultipli­
caron los artículos aprobatorios en diversos periódicos. La solida­
ridad mayor se expresó en 1895 cuando el grupo anarco-comunista
La Expropiación publicó u n folleto especial en su memoria. En la
introducción se incluyó la siguiente frase, que es de por sí elo­
cuente: “Nuestro amigo Ravachol h a pagado con su cabeza, su
abnegación por la em ancipación social del proletariado.” Luego se
destaca su personalidad y lo presentan como prototipo:

Ravachol lia conocido todas las miserias, ha bebido con el cáliz de am ar­
gor del pueblo esclavo; pero más valiente, más rebelde que el com ún
de los mortales que sufren en silencio, él se subleva contra las injusti­
cias, declara solo la guerra a la burguesía satisfecha (p. 4) .. , Ravachol
encarna el principio de la rebelión; personificado, simboliza las ideas
de libertad y de acción individual (p. 6),

Los delitos que cometió logran la rehabilitación total:

Qué importa el liaber hecho contrabando, violado u n a sepultura de aris­


tócrata, falsificado moneda, aliviado de 30 000 francos al erm itaño de
Chambles, haberle avanzado el fin de la existencia, en algunos m om en­
tos, dinamitado algunos m a g istrad o s... T odo esto no es más que la
consecuencia del estado social actual. Estamos encerrados en u n círculo
de acero, en el que no nos es posible debatirnos sin rom per alguna
cosa (p. 6) .

La introducción finaliza con la siguiente frase:

Cuando Ravachol fue arrestado, se creyó que no sucedería más nada;


pero fue una decepción para los burgueses: se han encontrado hombres
enérgicos para hacer volar a los delatadores. , . H abéis sem brado el vien­
to, cosecharéis la tem pestad. ¡Viva la propaganda por el liecho l 128

Debe señalarse que, pese a la glorificación de los anarquistas,


del terror individual y de la dinam ita en la prensa anarquista, no
hubo ningún caso de terror anarquista en la A rgentina entre 1890
y i 894. La prim era y única noticia sobre u n grupo anarquista que
i 21 "Ravachol”, en E l P erseguido, 24 de julio de 1892.
Los cxtraclos son del folleto R avachol, edición La E xpropiación, Buenos
Aires, mayo de 1895. (Se en cu en tra e n el A rchivo uso, A m sterdam .)
58 E L TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

ib a a atentar contra personalidades e instituciones políticas (aten­


tado que frustró la policía) se publicó el 26 de mayo de 1894.126
El representante británico en Buenos Aires, tam bién lo inform ó:

Señor [Conde de Kimberley]: L am ento inform ar a su señoría que la


plaga de la anarquía que ha brotado con tal violencia recientem ente en
E uropa ha aparecido en últimas fechas aquí. El día 25 del mes pasado,
un grupo de estos malhechores a posta había acordado el hacer estallar
sim ultáneam ente bombas en la Casa de G obierno, la Cám ara de R e­
presentantes, la Bolsa de Valores y la casa del general Roca o la cate­
dral, durante un T ed eu m solemne, dependiendo del lugar en que p ro ­
dujeran efectos más terribles.
Afortunadamente, la policía pudo atrapar a cinco de los bribones en
el mismo momento de cargar las bombas y, por información recibida
en el cuartel de policía, se espera que antes de mucho se logre la cap­
tura de la totalidad de los asesinos.121

De este hecho no hubo ecos en la prensa anarquista local de la


época, y en mi opinión no se lo debe ver como algo característico.
Por el c o n tr a r io jo que caracterizaba a los grupos anarquistas extre­
mistas de los círculos anaico-comunistas no era la acción terrorista,
“sino el palabrerío terrorista. La palabra violenta no llegó a mate-'
rializarse eñ actos, ni se desató una ola de terror en la Argentina.
E. Gilimón, en su libro de memorias, distingue entre palabras y
hechos de los prim eros anarquistas del país, y lo refiere en forma
de una charla característica entre anarquistas, que nos perm ite de­
ducir sus inclinaciones:

—La propaganda más eficaz es la propaganda por el hecho.


—jAli, si yo tuviera el coraje que m e falta! Mis deseos más grandes
serían hacer algo, pero no me acom paña el corazón.
—Y yo, atado con tanta fam ilia. .. T e n ía razón B akunin. El revolu­
cionario debe ser solo.
— No estoy conforme con e s o ... Creo por el contrario que la familia
lo hace a uno más rebelde. Ver a los hijos sin pan, a la m ujer enferm a, . .
subleva al más cobarde.
—A mí, no es la fam ilia quien me ata. Lo poco que hago, lo hago más
por ella que por mí mismo. Lo que me falta es valor.
—Y luego, esos adormideras del socialismo, con su propaganda legali-
taria, pacífica, que todo lo vienen a entorpecer.

126 h . Spalding, op. cit., pp. 180-182. C ita: La voz de la Iglesia, 26-5-1894,
niím , 3444.
127 La c arta se encuentra en el archivo del P u b lic R ecord Office, L ondres,
i.o 6/436 núm. 24.
LA OPOSICIÓN AL TERROR 59
—No son sólo ellos. También entre nosotros habrá que expurgar, y
mucho.
—Alií están los organizadores perdiendo el tiempo en formar rebaños,
en organizar sociedades de resistencias. Eso es un socialismo disfrazado...

Y otra vez, de vuelta a lo dicho en u n comienzo:

—Es propaganda lo que se debe hacer. Y a ser posible, la propaganda


por el hecho, que es la más eficaz.128

LA OPOSICIÓN AL TERROR ENTRE LOS ANARQUISTAS

A_gartir de 1895 resalta la decadencia de la tendencia proterroris­


ta extrema .en los círculos anarquistas de la A rgentina. Ese año
se publicaron noticias sobre grupos que objetan los actos del anar­
quismo violento en Europa, censuran el palabrerío terrorista o el
llamado a la dinam ita en la Argentina. El prim er síntom a d e ello
fue un artículo editorial polémico en ET~Féfse¿ütdo, contra los
grupos anarquistas que objetaban el culto a Ravachol y al terror
individual.128 La prueba directa más interesante del surgim iento de
una corriente que censura el palabrerío terrorista de los círculos
anarquistas adictos a E l Perseguido es una circular que publicó en
Rosario, en 1896, el Círculo Ciencia y Progreso, que tam bién se
define grupo com unista-anárquico. L a circular M anifiesto de pro­
testa contra los alarmistas reprueba la vocinglería terrorista y la
hipocresía del “terrorism o de salón” :

... Cuando los miserables de chaqueta, de levita o de sotana se mueven


en la sombra para perpetrar simulacros de atentados que a nadie dañan,
quizá con el preconcebido fin de que los tontos los tomen en serio, o
de que, por espíritu de imitación, algún fanático, entre los miles de
hambrientos y desesperados, se ponga en acción. . . no hemos podido ca­
llar por más tiempo y hemos resuelto levantar, como lo hacemos hoy,
nuestra voz de protesta solemne contra las canalladas que, a los que pro­
fesamos ideas de no gobierno, se nos atribuye por parte de los ignorantes
y mal intencionados. ..
Los que damos la cara llamándonos francamente partidarios de la

J'¿s E. Gilimón, op. cit., p. 15.


i2# “Lo que somos y lo que son ellos”, en E l P erseguido, 25 de enero de
1895; "Siempre adelante”, ibíd., 10 de febrero de 1895; “Federación anárquica”,
ibid.j 31 de mayo de 1895.
60 E L TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PAS<

a b o lic ió n d e l g o b iern o , los q u e sostenemos y alimentam os la propaganda |


razonada, oral y escrita, por m edio de hojas, conferencias y folletos,
levantam os nuestra voz de protesta y declaramos q u e nada tenemos, ni §
hemos tenido, n i queremos tener de común con los pedantes que sólo I
saben sembrar la alarm a o am enazar con la dinam ita, siendo incapaces |
de usarla —por no conocer ni su composición quím ica n i su em pleo-
ni c o n los fanáticos que confunden la idea con el procedim iento, ni |
m ucho menos con los mal intencionados, q u e preten d en servir al ideal |
satisfaciendo venganzas personales. ;
Protestamos tam bién po r la inutilidad y lo contraproducente de seme- |
jantes m e d io s... que ninguna m edida autoriza n i justifica, porque no {
sabemos cómo podríam os efectuar un m ovim iento regenerador con medios 1
depravados, porque creemos que las buenas doctrinas deben ir acompa- I
fiadas de buenas obras.
. ..L a anarquía es la paz, es el amor, es la perfección h u m a n a y es j
el bienestar de la hum anidad.130

Esas expresiones eran insólitas y excepcionales en las publicado- j


nes anarquistas de hasta ese m om ento. Anunciaban u n nuevo es- ]
píritu en los círculos que se consideraban anarco-comunistas. No i
tenemos varas para m edir cuánto influyó este espíritu en Rosario ;
y Buenos Aires, pero cabe suponer que en 1895-1896, cuando a pe- i
ñas asomó, se circunscribía aún a pequeños grupos que se resistían
a la tradición y a las tendencias acumuladas en los años transcu­
rridos.
Ciencia y Progreso de Rosario y grupos paralelos de Buenos Ai­
res, quienes se expresaban en el periódico E l O prim ido, empren­
dieron en 1895-1896 u n a lucha contra ía imagen negativa, terroris­
ta, de violencia y aventurerism o del anarquism o argentino, formada
por la propaganda de E l Perseguido ,131 Esta im agen y los ecos del
terror en Europa despertaron m iedo y hostilidad por parte de la
sociedad argentina contra el anarquism o,132 a la vez que facilitaron
las persecuciones policiales. Hemos m encionado los ataques de la
policía a u n a asamblea anarquista en Luján. Ese incidente no fue
excepcional: desde 1893 se efectuaron cuantiosos arrestos y depor­
taciones de anarquistas activos.133

130 M anifiesto de protesta contra los alarmistas. Este folleto se encuentra en


el archivo use, A m sterdatn,.colección M ax N e ttla u , legajo A rgentina, Í893-5.
M1 “A propósito de la bom ba de B arcelona”, en E l O prim ido, 1 de junio
d e 1896.
*32 Ya en 1892 se p u blicaron artículos en E l D iario, que llam ab an a impe­
d ir la e n tra d a de anarquistas a la A rgentina, así como a d e p o rta r a los que
ya h a b ía n ingresado. Véase "R ebencazos”, en E l O prim ido, 22 de m ayo de 1892.
ls,3 H . Spalding, op. cit., p p . 179-80; D. A bad de Santillán, M o vim ien to anar­
quista, pp. 46-57.
HUELGAS OBRERAS DE 1895-1896 61

Pero el daño de las persecuciones policiales no fue la causa que


impulsó a esos círculos a querer cam biar la imagen del anarquism o
en la Argentina. A los grupos como Ciencia y Progreso los movía
el deseo de frenar el aventurerism o y el palabrerío terrorista alti­
sonante, para enm endar la imagen anarquista en el seno de la ciase
trabajadora. Los com plot clandestinos,, los artículos, d em stig ació n
a la violencia, el llam ado a usar la dinam ita hicieron .quejaxuehos
obreros se abstuvieran de acercarse al anarquism o;..la base trabaja­
dora de sus grupos se fue reduciendo por ese motivo, pese a. que
las "posibilidades aum entaban por el crecimiento del núm ero de
obreros y la agudización de las luchas sociales. No es una casuali­
dad, por lo tanto, que se fuera dejando de lado, la ..línea terrorista
v creciera la corriente pro-organizadora. Ambas cosas resaltaron en
el’auge de las campañas obreras de 1895-1896.

HUELGAS OBRERAS DE 1895-1896

La agitación creciente entre los trabajadores argentinos se notó ya


en~TFPl r p6ró~i5Io en 1895 adquirió, expresión concreta. La lucha
obrera adquirió auge en 1895; el núm ero~de huelgas creció, jde 9
en 1894. a 19 en 1895, con la participación de 21 000 obreros;
l l pdios triunfaron. Los objetivos de la lucha en ese entonces,
fueion: aum ento d e jjtlá n o y reducción de las horas de trabajo. El
sindicato de yeseros planteó eí requisito de la jornada laboral de
8 lloras, y tuvo éxito.134 En Buenos Aires funcionaban 25 sindica-.
to s j. a fin de ese año fracasó bt.ro intento, el tercero, d e .orear una
fedet ación general (con influencia socialista).135
En 18% siguió la ola de huelgas y la cam paña de luchas obreras
en la Argentina llegó a su ctimbre. E ^ rfb x o n 26_Juielgas grandes
y prolongadas, con la participación de 26 000 obreros.186
Ese ano’ sé”luzcTér"prim er .intento de exhortar a la huelga gene­
ra/, por iniciativa de varios sindicatos activos: las sociedades cosmo­
politas de obreros albañiles, panaderos, yeseros, marm oleros y esti­
badores. Prom ovieron una convención obrera, a la que fueron
invilados "todos los trabajadores en general, y especialmente los
que pertenecen a las sociedades de pintores, carpinteros y anexos,
galponeros de Rivera, calafates, herreros y mecánicos, vidrieros, tor­
neros en madera, talabarteros, sastres, peluqueros, etc.”. En esa
i"< J. Oddone, op. cit., p p . 36-39; S. M arotta, op. cit., p. 36.
” 5 H. Spalding, op. cit., p p . 128-32; J- O ddone, op, cit., p p . 74-76.
!; S. M arotta, op. cit., p p . 97-100; J . O ddone, op. cit., p . 37 .
62 EL TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS LA AGITACIÓN OBRERA DE 1 8 9 5 - 1 8 9 6 63

asam blea los obreros fueron llamados a debatir la huelga general.137 seguido no cam biaron de posición. El periódico siguió publicando
L a convención no tuvo éxito, pues los concurrentes no eran de la artículos de censura a la organización y a los sindicatos obreros;
m isma idea en cuanto a la huelga general; se desataron discusiones el argum ento era que los sindicatos institucionalizados, con comi­
violentas, hubo muchos tum ultos y el tema se dejó de lado.138 siones y reglamentos, 1 1 0 prom ueven la lucha obrera sino que la
U na lucha obrera de grandes dimensiones estalló entre los ferro­ deform an y debilitan el espíritu de combate. T am b ién criticaba
viarios. Prim ero en el ferrocarril sur, pero pronto se propagó a to­ las huelgas parciales, pues en su opinión m alversaban la energía
das las compañías y abarcó casi todos los servicios ferroviarios en d e los obreros y los empleadores sabrían recuperar de ellos las pe­
la Argentina. queñas ventajas que podían haber conseguido. El único m odo de
Los ferroviarios pusieron de m anifiesto espíritu de lucha y soli­ m ejorar la situación de los obreros — afirm aba— era la revolución
daridad. Pero la firmeza de los empleadores y la falta de experien­ radical, el derrocam iento del régim en existente.141
cia combativa causaron el revés de los obreros: un sector tras otro Pero en 1895-1896 E l Perseguido ya no era el único vocero anar­
se rindieron a la presión de los empleadores, que recurrían a rom ­ quista. Se publicaban tam bién otros periódicos, de línea distinta
pehuelgas reclutados entre los inm igrantes, cuyo núm ero superó (véase pp. 44 sí.). Además cabe señalar la integración personal de
ese año al de años anteriores.130 obreros con ideas anarquistas en los sindicatos obreros. En u n en­
En 1896 sobresalió la inflexibilidad de los empleadores, que se sayo sobre la historia del anarquism o en la A rgentina, presentado
valieron de la ayuda policial contra los obreros huelguistas, contra al Congreso anarquista de París, en 1900, se recalca este fenómeno
sus asambleas y manifestaciones. Am enazaban con inscribir a los •en el inform e sobre los sindicatos obreros argentinos a comienzos
huelguistas en ‘‘listas negras”, que les im pediría conseguir trabajo •de la década de 1890:
en el futuro. _La_ sociedad de industriales u i a , pese a estar formada
principalm ente por inm igrantes, pidió a las autoridades que de­ . . . Sin soñar siquiera hacer de ello una cuestión de principios, los com­
portaran del. país a “los pertubadores del orden social”.140 pañeros creyeron natural formar parte de esas agrupaciones y aun de
algunas sociedades de oficio formadas por anarquistas, como las de los
albañiles, picapedreros, sombrereros, pintores de Rosario, yeseros, etc. Este
movimiento societario.. . fue seguido por huelgas, conflictos diversos en­
tre patronos y obreros, huelgas y conflictos que muchas veces estuvieron
LOS ANARQUISTAS Y LA AGITACIÓN OBRERA DE 1895-1896 coronados por el éxito, gracias a la inteligencia de los asociados, a las
ideas y a las energías de los elementos avanzados, es decir de los anar­
Cabe exam inar ahora la actitud de los anarquistas hacia la ola de quistas que se hallaban al frente de las sociedades.142
huelgas y la agitación obrera en 1895-1896. Los círculos de El Per-
¡ Pero pese a la integración personal inm anente en la actividad de
Véase la circular de esos sindicatos titu la d a "A todos los trab a ja d o re s”, | los sindicatos, la presencia anarquista no era aú n notoria en ellos
pub licad a en Buenos Aires el 2 de ju n io de 1896. U na copia se en cu en tra en
j ni en las huelgas de 1895. Eso se puede deducir de un inform e
el archivo iisg , A m sterdam , colección p riv a d a de M ax N e ttla u , legajo A rgen­
tina, 1896-97. P a ra inform ación sobre tal re u n ió n , véase E l O prim ido del i presentado por M anuel Campos, jefe de policía de Bu 110 \ires,
7 de ju n io de 1896. éh el capítulo sobre el anarquism o:
Las circulares adicionales sobre las huelgas de 1896, se e n cu e n tra n en la m is­
m a colección de Max N ettlau: E n las h u e lg a s h a in te r v e n id o e n p e q u e ñ a esc ala el a n a rq u is m o . Sea p o r
a) C ircular del Sindicato de O breros A lbañiles: "L as h uelgas”; n o te n e r to d a v ía a m b ie n te e n los g re m io s in d u s tria le s d e la c a p ita l, sea
b) O breros M arm oleros y Picapedreros;
p o r la i n u ti l id a d d e su p r o p a g a n d a e n la cla se n a tiv a d e o b re ro s , el h e ­
c) C onfederación de Artes Gráficas;
d) O breros Panaderos; d ió es q u e ta le s id e a s a ú n p e r m a n e c e n c irc u n s c rip ta s a in d iv id u o s a is la ­
e) Zapateros, Cortadores, A paradores.
138 “ M ovim iento social", en E l O prim ido, 28 de ju n io de 1896. r a “ Organizaciones y huelgas”, en E l Perseguido, 27 de enero de 1895; “O r­
133 S. M arotta, op. cil., pp. 99-100; "L a h uelga de los m aquinistas y foguis­ ganizaciones y h uelgas”, ibid., 10 de febrero de 1895; “ Las organizaciones obre­
tas”, en E l O prim ido, 28 de ju n io de 1896. ras”, ibid., 28 de agosto de 1895; “ O breros”, ibid., 12 de diciem bre d e 1896.
“ o S. M arotta, op. cit., p. 98; J. Q ddone, op. cit., p. 109; “ In dustriales pací- 142 E l Congreso revolucionario internacional de París, B uenos Aires, 1902,
tkos-feroces” , en El Perseguido, 6 de septiem bre de 1896. p. 40.
64 EL TRASFONDO Y LOS PRIM EROS PASOS

dos o a sociedades poco numerosas, que reflejan sin expandirse las teorías
preconizadas por los centros anarquistas europeos. "

Pero aparte del com entario sobre el presente, M. Campos vati­


cina el futuro:

Si bien es cierto que esta introducción del anarquism o en la República


: A rgentina se opera con dificultades para su desarrollo por los motivos
citados, su aparición por sí sola es un peligro serio para el porvenir,
cuando las relaciones entre capitalistas y obreros se com pliquen y las fa­
cilidades del trabajo dism inuyan por cualquier motivo indirecto, y por
lo mismo poco eficaz,143

Los acontecimientos de los años subsiguientes confirm arían los


vaticinios de Campos. Pero hacían falta dos condiciones básicas. La
prim era, en cuanto a la agudización de los conflictos, la previo;
no sucedió lo mismo en cuanto a la otra condición, pero no fue
menos im portante. Esta condición estaba incluida en la evolución
de la ideología anarquista en la Argentina, en la consolidación de
la tendencia que aprobaba, por principio, la participación integral
en las actividades de los sindicatos obreros, el empleo de instrum en­
tos organizativos para la acción anarquista y obrera. Pasos evidentes
en ese sentido se dieron en 1895-1896, paralelam ente al fortaleci­
m iento de dicha tendencia en los centros anarquistas activos de
Europa.114 E n esos años se publicaban en Buenos Aires los perió­
dicos E l Obrero Panadero, L ’Avvenire, La Questione Sociale, p arti­
darios los tres de la tendencia organizativa y de la actividad en los
sindicatos obreros. E l O prim ido —que empezó a aparecer en L uján
: bajo la dirección del anarquista doctor Creaghe, se trasladó a fines
de 1895 a Buenos Aires y se convirtió en u n quincenario regular y
en un vocero central del anarquism o— tam bién era adicto a la or­
ganización.145 Este periódico simpatizó con la lucha de los sindicatos
en 1896. En u n artículo editorial polemizó con los opositores a las
huelgas anarquistas, esto es, con los círculos de El Perseguido:
“C om batir las huelgas es m algastar el tiem po y esfuerzos que pue­
den ser debidam ente aprovechados. Nosotros preferimos im pulsar­
í a "M em oria del jefe de policía de B uenos A ires” , en M em oria del m inistro
del Interior, 1895, citado p o r H . Spalding, L a dase trabajadora argentina, p. 184,
14! "F ederación anárquica. Ideas vicias en tiem pos nuevos” , en El Persegui­
do, 21 de m ayo de 1895; G. Zaragoza R u v ira, op. cit., p. 423; M ax N ettlau ,
Bi.stoíre de Vanarchie, París, Éditions d u Cercle, 1971, p p . 165-99. Sobre la Incita
de los grupos anarco-conuitiistas en In g la te rra respecto d el re tiro de! a n a rq u is­
m o del Congreso In ternacional de T rab ajad o res, véase "E l congreso de L ondres”,
E l O p rim ido, 6 de septiem bre,
w s "A u to rid ad y organización” , en E l O prim ido, 12 de a b ril de 1896.
LA AGITACIÓN OBRERA. DE 18954896 65
las, darles nuestro apoyo, hacerlas rev olucionarias... T oda huelga,
pequeña o grande, salga triunfante o derrotada, será de resultados
excelentes porque entonará más los ánimos entre obreros y capita­
listas, porque nos adiestraremos en la pelea y porque al fin nos
hará com prender que el camino más corto para llegar a la sociedad
ig u a lita ria ... es el de la revolución social,” 116
En la sección de informaciones, del mismo núm ero, al hablar de
las dimensiones crecientes de las huelgas, dice la redacción: “esto
da una idea de la necesidad que hay de que nosotros, los anarquis­
tas, hagamos causa com ún con los huelguistas, aunque esto nos
obligue a enrolarnos en las sociedades de resistencia, pues ejercien­
do en ellas nuestra influencia y con la táctica debida nos será más
fácil em pujar a la masa por la vía revolucionaria”.147
En el núm ero siguiente la redacción reiteró estas ideas (dos se­
manas después) en un editorial sobre las huelgas: “M ovimiento
fructífero.” 148 Pero pronto se com probó que las esperanzas de El
Oprimido en la evolución de las huelgas eran vanas. A comienzos
de octubre se extinguieron todos los paros. El deseo de El Opri­
mido de torn ar las huelgas en u n im pulso de acción revolucionaria,
no encontró asidero. Sin embargo, al com entar el cese d e la ola
de huelgas, escribió: " , . .N o porque haya term inado el m ovim iento
huelguista hemos de separarnos ya de las agrupaciones de oficio;
al contrario, conviene enrolarnos en ellas y ejercer allí en lo posible
nuestra influencia en el terreno de las ideas.” 148 La redacción de
El O primido no pudo luchar por la m aterialización de la línea que
predicaba. M edio año después de publicar estas palabras, dejó de
aparecer.
La lucha p or m aterializar esta,, tendencia, — q u e Jiabría de seña­
lar un vuelco en el anarquism o de la .A rgentina— fue asumida poi
un periódico nuevo, La Protesta Flumana, que empezó a p u b lic a ­
se en 1897.

146 "Las huelgas” , en E l O prim ido, 23 de agosto d e 1896.


117 “E l m ovim iento social'’, en E l O prim ido, 23 de agosto de 1896.
M8 "M ovim iento fru ctífero ”, en E l O prim ido, 6 d e septiem bre d e 1890.
no "M ovim iento social”, en E l O prim ido, 20 d e septiem bre de 1896.
II. EL VUELCO DE LOS ANARQUISTAS HACIA LA
INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS OBREROS
(JUNIO DE 1897-JUNIO DE 1899)

“ la protesta h u m a n a ”

E n la historia del anarquism o en la A rgentina, le cupo un lugar


destacado a La Protesta Plumaria que, en los prim eros años del mo­
vimiento, hizo un aporte decisivo en lo que concierne a la consoli­
dación de la tendencia que llevó a integrar el anarquism o en las
luchas sociales de la clase trabajadora argentina, y luego se tras-
i formó en el órgano de prensa central del anarquism o y se editó
¡ regularm ente hasta que éste desapareció como factor de gravitación
! pública en la Argentina.
Los albores de este periódico se rem ontan al 13 de junio de 1897,
en Buenos Aires, cuando empezó a aparecer como sem anario bajo
el nom bre de La Protesta H um ana (p a s ó a llam arse sólo La Pro­
testa a comienzos, de noviem bre de 1903).1 Ya en abril de 1897 se
tuvo noción clara de la intención de publicarlo y de su tendencia,
cuando el grupo fundador difundió una circular explicativa entre
los círculos anarquistas de la A rgentina y del exterior.2 La circular
explicaba, entre otras cosas, que el trasfondo de esta iniciativa re­
sidía en: . .el gran desarrollo adquirido por la propaganda anar­
quista en Sudam érica”. Por consiguiente consideraban necesario
crear u n m edio de expresión que prom oviera la propaganda y ayu­
dara a propagarla entre las amplias capas del pueblo. En cuanto
a la esencia del periódico y su m eta, señalaba:

L a P ro te sta H u m a n a se rá u n p e rió d ic o p u r a m e n te d o c tr in a l y revolado-


n a r io , q u e tr a ta n d o to d as a q u e lla s c u e s tio n e s d e a c tu a lid a d a m e d id a que
se v a y a n desarrollando, a rre m e te rá d e firm e y s in c o n te m p la c io n e s contra
to d a s la s c ra p u le ría s b u rg u e sa s y a u to r ita r ia s , p r o c u r a n d o v u lg a riz a r...
la b o n d a d d e l Id e a l A n a r q u is ta .3

En lo que atañe a la identidad y a la composición del “grupo


1 D. A bad de Santillán, “ La P ro te sta ”, en la recopilación Certam en interna­
cional de “La P rotesta”, Buenos Aires, 1927, pp. 34-71.
2 Un ejem plar original de esta circular se encuentra en el archivo del Inter-
nationaal In stitu í voor Sacíale G eschiedenis (use), A m sterdam , en la colección
p riv ad a de Max N ettlau, en el legajo: A rgenrinien A narchism us, Drüksachen,
1895, 1896.
s Ibid.
[66]
" la pr o testa hum ana ’* 67
iniciador”, contamos con un núm ero de detalles. En prim er térm i­
no, la circular de referencia m enciona textualm ente el nom bre de
(!. Inglán Lafarga, cuyo domicilio y casilla de correo en Buenos
Aius figuraban como dirección para quienes quisieran suscribirse.
G. Inglán Lafarga, ele profesión carpintero y anarquista activo,
inmigiante de^.origen español-catalán (quien ya. J ia b ía desempeña­
do una labor periodística intensa en los últim os años)4 sería el
director de La Protesta H um ana (en adelante: LP H ) durante los
cinco años subsiguientes, y contribuiría considerablem ente a la
afirmación de su imagen y orientación. A su lado descollaba F ran­
cisco Berri, obrero panadero y activo en su sindicato, quien se res­
ponsabilizaba por el aspecLo adm inistrativo del periódico.,. Colabo­
raba con ellos otro grupo de anarquistas, activos en los sindicatos
obreros: carpinteros, panaderos, etc.,5 y tam bién varios intelectua­
les, cuma.. Ahair, y profesionales.Jibres: los doctores J. Creaghe y
E. Arana (ambos médicos). U na considerable contribución le cupo
al peiiudista J. Prat, u n anarquista de España, quien llegó a Id-Ar­
gentina en 1897, en la época en que se iniciaba la publicación de
LPH, y permaneció en el país u n solo año. D urante ese año escri­
bió muchas veces en el periódico y colaboró intensam ente en su
redacción. Al regresar a España siguió enviando desde allí cartas
) ai líenlos; debido a su influencia, tam bién colaboraron en L P H
otras plumas españolas, como ser R. M ella y A. Lorenzo.®
En cuanto al carácter y a la difusión del periódico, cabe señalar
que, desde su prim er núm ero, se editaba en cuatro páginas, consa-

* En 1896, G. In g lán L afarga, ju m o con M, R eguera, fu n d ó el periódico La


Kevolueión Social, que existió liasla 1897. Véase D. A bad de S anüllán, E l m o vi­
miento anarquista, op. cit., p p . 59-60.
¡> Ibid., pp. 60-61.
9 Un enfoque excepcional sobre el papel de ]. P ra i en la fundación de La
Protesta H um ana, puede hallarse en el periódico an arco-individualista G erm inal,
que polemizó conspicuam ente con La Protesta H um ana; según aq u el periódico,
¡a Protesta H um ana es p a rte del p a trim o n io m u n d ia l de la corriente de adictos
a la organización en el anarquism o, p a ra “ trairsp lan ta r” tendencias pro-organi-
'¿aiivas de los grupos an arq u istas del m undo. L a llegada de J. P ra t n o fue
casual, sino que lo h a b ía n enviado con ese propósito: “Vino a ésta [Buenos
Aires] José Prat y se hizo cargo de La Protesta H u m a n a , p la n tó el terreno en
varios núm eros y sobre tablas, lanza el consabido acuerdo: L a O rganización,
¿Qué hizo de las contestaciones q u e le m an d a ro n al respecto? In d u d a b le m e n te
lo que estaba acordado: m andarlos al canasto del olvido.” G erm inal, Buenos
Aires, 5 de m arzo de 1899; G. M ontero, H istoria de una propaganda.
La inclusión de artículo tan hostil, lo hace sospechoso de tendencioso, m áx i­
me porque no se en co n traro n p ruebas objetivas adicionales, ya que se h a b la de
un "complot”. Al contrario: la ap arició n de L a Protesta H u m a n a tuvo como
traslbudo y raíces el desarrollo de los círculos an arq u istas en la A rgentina, tal
como trató de explicarse luego.
68 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1 8 9 7 -1 8 9 !

gradas todas a los artículos teóricos generales, sobre aspectos diver- ¡fc
sos de las teorías anarquistas, así como a ar tí culos”"sobré tem as de jfc
actualidad y referentes a las tendencias de acc un de los círculos II.
anarquistas en la A rgentina. ~~
E n .la .prim era época*, la colaboración de anarquistas, locales-en, |
el periódico era relativam ente escasa. L a m ayor parte de los ar- {
tículos eran copias y traducciones de la prensa anarquista europea. |
U n espacio notable se dedicaba a las reseñas del quehacgr__ea.el I
movimiento anarquista de España, Italia, Francia y Portugal. _Al, |
finalizar el prim er año, creció de u n m odo considerable el papel |
de los artículos que trataban los problemas relativos a la realidad §
del anarquism o en la Argentina. U na línea característica desco­
llante del periódico, era la ausencia absoluta de avisos comerciales, j
Los anuncios y comunicados que sé publicaban tenían conexión ||
con las actividades de los círculos anarquistas: noticias sobre asam- 1
bleas, reuniones festivas, celebraciones, así como anuncios sobre la 1
venta de libros y folletos. LPI1 —igual que todos los otros periódi- J
eos anarquistas en la A rgentina— se financiaba por medio de con- i
tribuciones de sus lectores y suscripciones. L a inform ación relativa •:
a la recaudación de contribuciones y suscripciones ocupa u n lugar j|
considerable en la sección inform ativa, en la página 4 de cada nú- |
mero, y se expresaba en las listas detalladas de los contribuyentes f
y el total de su contribución.7 Esas listas, —sobre cuyo grado de |
veracidad atestigua la escrupulosidad en la “enm ienda de erratas" I
cada tan to — ofrecen, u n cuadro objetivo sum am ente fidédigñ'0 "so •
b re el grado de difusión cada vez más am plio del periódico _ eñ ja I
Argentina: en sus ciudades y municipios. Además, si se tom a en I
cuenta que la difusión del periódico desempeñaba un papel impor- I
tante en la actividad proselitista del anarquism o,8 el m apa de la. §
difusión ofrece tam bién una cierta idea del alcance de la. ampliación |
de la labor anarquista en la A rgentina. Según esas listas, se nota |
que ya en el prim er año de su aparición, L P H se había difundido |
por 30 localidades del país, a más de la capital federal. L a difusión I
aum entó en 1898 y se extendió a otras 48 localidades, principalmen- #
te en las provincias del litoral. En los .años subsiguientes, hasta |
1901, el núm ero aum entó a 75 pqbiados, entre ellos tam bién varias |
ciudades en el norte, como T ucum án, Resistencia y otras. Si se in- f
chive la lista de todas las localidades a donde llegaba el periódico ¡
desde 1897 a 1901, se tendrá una nóm ina de 130 parajes, entre ello1; ■
ciudades grandes como Rosario, Córdoba, Mendoza, L a Plata v
7 E n general se sum inistraron nóm inas francas en los prim eros años, p ero
algunos p re fe rían ocultarse tras apodos, sobrenom bres, iniciales, etcétera.
8 E. G ilim ón, op. cit., pp. 9-10, 30-31.
r..A PROTESTA H U M A N A ” 69

.también municipios pequeños o colonias; en algunos lugares la di-


f t i i l S T era continua, en otros sólo tem poraria o esporádica.9 La
lista de localidades p or donde circulaba el periódico (véase apén­
dice i), prueba que la difusión de las ideas anarquistas trascendió ¡
en la Argentina los límites de Buenos Aires y de varias ciudades,
del litoral, y que abarcó una zona territorial de vastas dimensiones.
No es por supuesto u n a evidencia de la intensidad ni del alcance
de la acción, sobre todo porque se trataba de u n tiraje generalm en­
te reducido. A_cuánto llegaba el .tiraje„deL._periódic.o se puede de­
ducir de los balances publicados con regularidad; prim ero cada tres
meses y luego en cada núm ero. Según esos balances, el ...periódico
empez.4 con .un...tiraje de 2 000 ejemplares y en 1900 alimentó a nn
promedio de 3 000 (algunas semanas la difusión alcanzaba. .3- 500 o
Tüüü'ejemplares).“ _E1..sem anario llegaba asimismo a las grandes
ciudades de los países vecinos: M ontevideo, Sao Paulo, R ío de Ja-
T tciio, Santiago de Chile, Asunción y Lima, donde suscitó interés
en lus tírenlos anarquistas lugareños.31
“íTabe señalar que la publicación de L P H en calidad ele periódico
anarquista, no fue u n acontecim iento excepcional dentro de la ac­
ción general del anarquismo, sino que formó parte de u n proceso
que se prolongó varios años. Desde comienzos de la década de 1890
aparecían en A rgentina diversos periódicos anarquistas: en parte
se extinguieron apenas vieron la luz, en parte sobrevivieron d u ­
rante varios años y algunos se m antuvieron hasta la publicación
de LPH en 1897.12
El periódico El O prim ido, que empezó a editarse en L ujan, en
1894, bajo la dirección del doctor Creaghe, dejó de aparecer al p u ­
blicarse LPH, en el que vio al continuador de su línea ideológica

¡> Sobre ia lista de localidades com pleta d onde se d ifu n d ía La Protesta H u ­


mana así como el grado de su re g u la rid a d , véase el apéndice i.
Hasta fines de 1897, el periódico se d ifu n d ió en 2 000 - 2 200 ejem plares.
En los años 1898-1899, la circulación prom edio era de 2 500 ejem plares. En
1900-1901, llegó a 3 000. Esta circulación parece ín fim a, si se la com para por
ejemplo con La Prensa, cuyo tira je en esos m om entos ascendía a 75 000 ejem ­
plares. Sergio Bagú, E volución histórica de la estratificación social en la A rgen­
tina, p. 70.
Pero comparemos con la circulación de la prensa a n arq u ista en u n país e u ­
ropeo grande, como Francia, q u e contaba con u n iota! de 4 500 lectores a n a r­
quistas (J. Joll, T h e anarchists, ed. Eyre a n d Spottiswoode, L ondres, 1964, p. 147).
Se comprueba que la difusión de La Protesta H u m a n a era m uy no tab le, cote­
jada con lo h a b itu a l en los m ovim ientos anarquistas d el m u n d o en la época.
11 La Verdad, M ontevideo, 31 de octubre de 1897.
12 Una lista com pleta de la prensa a n arq u ista en la A rgentina, e n tre 1884-
1897, véase en Max N ettlau , B ibliographie de l’A narchie, ed. B iblio th éq u e des
"Temps N ouveanx”, año 1897, u t o . 8, p . 149.
70 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1 8 9 7 -1 8 9 9 )

y sus luchas. La conexión estrecha de ambos periódicos se revela,


en el hecho de que el prim er núm ero de L P H inserta noticias so­
bre la campaña de suscripciones para El O prim ido, además de una
acotación: puesto que el doctor Greaghe pagó los gastos de impre­
sión del últim o ejem plar, los dineros recaudados du ran te la cam­
p añ a son trasferidos para financiar la im presión de LP H . Otros
periódicos siguieron publicándose paralelam ente con la aparición
de LP H . R esalta entre ellos el periódico anarquista en lengua
italiana, L ’Airvenire, que empezó a editarse en Buenos Aires en
1894. T am bién este periódico —igual que E l O prim ido— veía en el
nuevo órgano un compañero de lucha. Con el correr del tiempo,
ambas publicaciones se identificaban estrechamente. Acabó por
propagar las ideas de L P H en los círculos de inm igrantes italianos
que se concentraron en la A rgentina (tiempo después, a mediados
de la prim era década del siglo xx, suspendió su publicación inde­
pendiente y se convirtió en un suplem ento a La Protesta). Otras
publicaciones anarquistas que veían la luz al aparecer L P H , eran:
La Anarquía, publicada por un grupo anarquista de La Plata; La
Libre Iniciativa, que se editaba irregularm ente en Rosario; La Yji
de la M ujer, vocero de un grupo de mujeres de Buenos Aires y
muy activo en la propaganda feminista de la Argentina. También
veía la luz E l Obrero Panadero, de tendencia anarquista y de apa­
rición esporádica, que empezó a publicarse en 1894,
Dos meses antes de que empezara a editarse L P H , en marzo de
1897, apareció en Buenos Aires el prim er ejem plar del periódico
teórico anarquista Ciencia Social. El editor y director era F. Seran-
toni, u n anarquista activo, dueño de una librería grande en el
centro de Buenos Aires, Librería Sociológica, que se había conver­
tido en el foco de difusión principal de la prensa y la literatura
anarquistas de la capital. La redacción de L P H se respaldó igual­
m ente en esa librería: allí se realizaban suscripciones, se conseguían
vínculos perm anentes con los lectores y se organizaban recaudacio­
nes especiales. La circular anunciando la aparición de este perió­
dico y dando a conocer su contenido ideológico, se publicó el
12 de marzo de 1897.13 Revelaba la tendencia y los propósitos
del periódico:

N u e s tr o títu lo (C ien c ia S o cia l) es p o r sí so lo u n p ro g ra m a ; d e c onform i­


d a d con él q u e re m o s re c o g e r, c o n d e n s a r y m e to d iz a r c u a n to se sa b e acer­

ía Ciencia Social, revista de sociología, artes y letras, C ircular, Buenos Aires,


12 de diciem bre de 1897. U na copia orig in al de esta c ircu lar se h a lla en el use,
A m sterdam , e n la colección priv ad a de M ax N e ttla u , legajo 1897, Argentinien
A narchism us.
" la pro testa hum ana ” 71

ca de las re la c io n e s h u m a n a s p a r a fo rta le c e r e l c rite r io e m a n c i p a d o r .. .


Ni dogm as, n i c o n v e n c io n a lism o s, n i a p a s io n a m ie n to s se c ta rio s to rc e rá n
la línea d e c o n d u c ta q u e n o s h e m o s tra z a d o , f irm e m e n te p e rs u a d id o s d e
que la sociología tie n e ya, c o n el tr a b a jo d e c r ític a d e lo e x is te n te , u n
capítulo d e cargos q u e lo d e ja sin b ase, sin ra z ó n d e e x is tir, y c o n la
evidencia d e la v e rd a d d e sus a firm a c io n e s , e le m e n to s s u fic ie n te s p a r a
una renovación r a c io n a l d e la s o c i e d a d ., . “
T enem os u n id e a l q u e nos sirv e d e n o r t e . . . Q u e re m o s l a l ib e r t a d q u e
requiere el d e sa rro llo d e n u e s tro ser, la ig u a ld a d co m o e le m e n to e se n c ia l­
m ente c o n stitu tiv o d e la s o c i e d a d .. . y c u a n to se h a f o r m a d o p o r la o b ­
servación, el e stu d io y la in te lig e n c ia h u m a n a c o n s titu y e u n p a tr im o n io
universal, p u e s to sin l im i ta c ió n . . . a d isp o sic ió n d e todos.

Pese a las formulaciones algo nebulosas de la circular, se revela


claramente la tendencia anarquista del periódico, desde su prim er
número. En la práctica fue el prim er intento de editar u n perió­
dico teórico anarquista serio, que trajera en sus ejemplares análisis
teóricos a la vez que artículos sobre problemas actuales. Entre
LPH y Ciencia Social se crearon vínculos estrechos y llegaron a
complementarse m utuam ente.
LPH, semanario, tenía la función de reaccionar y atenerse a las
cuestiones actuales, pero en sus páginas no faltaban artículos teóri­
cos generales: Ciencia Social, periódico _<jue aparecía_cada tantos
meses, cumplía el cometido de una tribuna teórica significativa.
lAJüa.yQLpai:t£^de los artículos..eran .reproducidos, de pedódicos
anarquistas europeos, y traían .la firm a cie los m ás descollantes ideó­
logos del anarquism o en esa época: P. Gori, E, MalgtesM, K, R e­
ctos, P. Kropotkin, A. Lorenzo, R, Mella, S. Faure, J,_ Grave, C.
Malulo, A. Ham on, etcétera.
’ A'su lado, asimismo^ solía haber notas teóricas de M ax N ordau,
L Biulmer, HL Spencer, L. Tolstoy. C on frecuencia, se insertaban
creaciones de Ibsen y la valoración de su personalidad.
La colaboración de periodistas locales era escasa, pero cabe re­
cendar al doctor E. Arana, F. Basterra, Altair, J. M olina y Veclía
y al doctor J. Creaghe.
Este periódico siguió publicándose hasta el año 1900. La redac­
ción a su vez subsistió —aunque no diera a luz otros ejemplares—
hasta que j u e .deportado Senm toni, en 1902.11

i* E, G ilim ón, op. cit., p. 40; D . A bad de S antillán, M o vim ien to anarquista,
op. cit., p. 73.
72 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1897-189' ? GRUPOS ANARQUISTAS EN 1897 73

GRUPOS ANARQUISTAS EN 1897 ,JB1 conjunto filodramático Academia Filo.diamáü.ca.JEmetteJZac:..


joni contribuyó .especialmente a propagar Ja_influencia anarquis­
E n 1897 fue notorio u n despertar considerable en la actividad anar­ ta; ponía en escena piezas y espectáculos de.contení do. so.cial, fruto
quista de la A rgentina, sobre todo en el dom inio de la propagan­ W la pluma de dram aturgos anarquistas |o c^^jL -ea« Jjp e8 S . El
da, de la inform ación oral y escrita. Se fundaron periódicos, se conjunto actuaba con frecuencia en las reuniones o en las jornadas
publicaron folletos y se difundió u n a literatu ra anarquista tañí- •Campestres de los grupos anarquistas y como medio de atracción
original como traducida.16 Ese año actuaban en la Argentin,- ¿el público para, las entrevistas de los m ilitantes anarquistas o para
varios círculos y grupos anarquistas. E l más dinám ico eran L<" SUS conferencias.10
Ácratas, del suburbio de Barracas, en las inm ediaciones de la cap También en el interior del país actuaban grupos anarquistas,
tal. Ese grupo convocó asambleas de esclarecimiento y editó folli :éhtre los cuales sobresalía Ciencia y_Progreso, de Rosario, que des­
tos de propaganda redactados por círculos anarquistas europeos ■ de hacía varios años editaba folletos de ~és3arecimiento. Igual que
argentinos. En los avisos del grupo, insertados en los ejem plares otros grupos predecesores, asum ió u n a línea anarco-comunista. En
de L P H , figuran los nombres de 15 folletos de esa índole.16 E : 1896 se sumó a su labor intensa el doctor E. Z. Arana, anarquista
agosto de 1897 el grupo editó el opúsculo Capacidad revolucionar"¡ Consciente,20 figura de renom bre y adm irada en Rosario p or su
de la clase obrera, del doctor E. Arana. s Vida modesta y la abnegación con que tratab a a los enfermos ca­
En la declaración de principios del grupo Los Ácratas, se recalca 'i rentes de medios. E n 1896 pronunció u n a serie de conferencias
la necesidad de desarrollar la aptitud revolucionaria de los traba- 1 populares, en las que dio expresión cabal a sus ideas sociales anar-
jadores, por medio de la im partición de conciencia revolucionaria; j co-comunistas, al criticar a la sociedad existente y al bosquejar las
se exhorta a hacerlo de inm ediato, en la labor cotidiana, en las lineas de la sociedad futura. Esas conferencias fueron redactadas
fábricas, en la calle, en los cafés, en las asambleas públicas, en la I y- las editó el círculo Ciencia y Progreso.21 El carácter pacífico
organización personal, y se previene a no diferirlo para el futuro 5 anarco-comunista de las concepciones del grupo editor, se revela en
lejano.17 las palabras de la introducción:
Esas palabras reflejan u n estado de ánim o general, que se expresó I
tam bién en otras publicaciones. Otros grupos anarquistas activos § No es la anarquía el desorden y la barbarie, no es el crimen y la corrup­
ción; sino la paz, el amor y la fraternidad universal. . . (p. 6) .
en Buenos Aires ese año, que sobresalían por su quehacer, fue- I
ron El L ibertario, en Almagro, y T ie rra y L ibertad en Constitu- * Y en las expresiones del propio autor, sobre la sociedad futura:
ción. Los tres grupos actuaban por separado, pero sobresalieron i
por la sim ilitud de su acción y por sus inclinaciones anarco-comu- * En la sociedad venidera no habrá ricos ni pobres, quien mande ni quien
rustas, propagadas en la A rgentina desde hacía varios años y que obedezca. Habrá libre agrupación e iniciativa, a cada uno según sus ne­
se n u tría n del desarrollo de grupos anarquistas en E uropa por e - cesidades, de cada uno según sus fuerzas, he allí las bases de la sociedad
entonces.18 1 del orden y de la armonía, la sociedad comunista anárquica (p. 35).
I
J* E, G ilim ón, op. cit., pp. 89-40; D. A bad de Santillán (M ovim iento annr- I El mismo año 1897, el grupo editó u n segundo folleto del doctor
quista, op. cit., p. 73) afirm a q u e en cuanto a la circulación de libros y folletos, m
Buenos Aires h a b ía llegado entonces al m ism o nivel que Barcelona. de 1897, 18 de agosto de 1897 y 1 de o c tu b re de 1897. Respecto d el grupo
1(> L a Protesta H u m a n a , 15 d e ju lio de 1897, 1 de octu b re de 1897, 31 octu­ Tierra y L ibertad, véase La. Verdad, M ontevideo, 3 de o ctu b re d e 1897. Sobre
b re de 1897. el anarquismo com unista en E u ro p a, especialm ente e n F rancia, Italia y E spaña,
17 “L a capacidad revolucionaria d e la clase o b rera, de todos los desheredados j j Véase Max N ettlau, H istoire de l’A narchie, París, ed. d u Cercle, 1971, p p . 160-
y despojados, conociendo, querien d o y p u d ien d o , no a g u ard a rá el m om ento di i í i y 182-197.
la liquidación to ta l d iferid a a l d ía o época definitiva de la revolución, sino que » La Protesta H um ana, 21 de o ctu b re de 1897, 12 de diciem bre de 1897.
se m anifestará ya desde luego p o r las liquidaciones parciales, d a rá señales v *0 “El doctor A rana no h a sido n u n c a u n an arq u ista d e p a rtid o , pero fu e u n
m anifestaciones inequívocas en el ta lle r y e n todas las relaciones sociales, para hombre profundam ente convencido de 1a. bondad d el com unism o a n á r q u ic o ..."
d a ñ a r y p e rtu rb a r el orden actual de la sociedad; creando obstáculos insupera­ D. Abad de S antillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., p. 61.
bles a los gobiernos, a la p ro p ied a d , a la religión, a la iglesia.” Capacidad si E. Z. A rana, L a sociedad, su pasado, su presente y su porvenir, R osario,
volucionaria de la clase obrera, Buenos Aires, Los Ácratas, 1897, p. 12. 1897. Este folleto se im prim ió en 1 500 ejem plares y fue editado p o r Ciencia y
i» L a Protesta H u m a n a , sección G rupos y R euniones, de fechas 15 de julio , Progreso, grupo de p ro p ag an d a com unista anárquica.
74 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1 8 9 7 -1 8 9 9 )

E. Z. Arana, sobre los problem as de la liberación de la m ujer, don­


d e se critica acerbam ente la institución de la fam ilia autoritaria '
se llam a a entablar relaciones de igualdad entre los sexos en la su­
ciedad y la familia. El folleto trae u n examen histórico de las di­
versas formas de fam ilia en la historia de la hum anidad y su ad.ijt-
tacióii a los regímenes sociales cambiantes. T am bién bosqueja la
im agen de la fam ilia “libre y liberada” en la sociedad futura, ba­
sada en la unión libre, es decir, en la vinculación libre, voluntaiia
y no perpetua. En esencia será una “m onogam ia tem poral libre.
que_es el últim o térm ino de la evolución de la fam ilia”. Él requi­
sito para u n a fam ilia así es lili régim en social distinto y, en prima
térm ino, u na educación y capacitación m ental y sensible para mi
nuevo estilo de vida. El prim er paso, por supuesto, es la ediu.i-
ción de la m ujer.22
Las concepciones feministas, los llamados a la liberación de ¡;i
m ujer y las críticas a la familia existente (¡inclusive en el seno lit­
ios m ilitantes anarquistasI) estaban muy en boga en varios círculos
de mujeres anarquistas de Rosario y Buenos Aires,
C ontaban con su propio periódico — La. Voz de la Muf.er — que
sobresalía por su estilo agresivo y condenatorio del dom inio mascu­
lino en la sociedad, y no escatimaba dardos contra los hombro
anarquistas que se adornaban con atuendos revolucionarios por
fuera pero oprim ían a sus m ujeres en el hogar.23 Esos grupos ov¡u- j
trizaban asambleas de esclarecimiento que exaltaban los ánimos.2* |
Otros lugares del interior del país, donde descollaba la actividad
anarquista, eran L uján (allí sobresalía el doctor Creaghe) y Juárez I
(donde adquirió renom bre el grupo denom inado Los Autónomos) ■
Al grupo La Anarquía, de La Plata, le cupo una actividad sin­
gular: por su iniciativa se convocó efjüertam en Socialista Libeita-
_rio Internacional, una competencia de composiciones teórica£yuc,
:halaría de re u n ir a m ilitantes de A rgentina y del exterior. El grupo
invitó a todos los miembros de grupos anarquistas, pero la majo-
ría desoyó su llam ado.26 Cabe suponer que la negativa a cualquier
22 La m u je r y la fam ilia, conferencia pronunciada en Rosario el 17 de enfiu
de 1897 por el doctor E. Z. Arana, ed. p o r el grupo de Propaganda Comumsli
Anárquica Ciencia y Progreso, Rosario de Santa Fe, 1897.
as La Voz de la M u jer, 31 de enero de 1896. El artículo principal, "Apandó
aquello”, ataca enérgicamente a los hombres anarquistas. Despertó mucho enojo
en los círculos anarquistas, liasla el punto que la redacción debió disculpar­
se en el siguiente número, el 20 de febrero de 1896, en u n artículo "A los com­
pañeros", señalando que no se tuvo el propósito de herir a todos los anarquis- j
tas pero que, en esencia, se justifica la crítica.
La Protesta H u m a n a , 27 de junio de 1897, 15 de julio de 1897. j
25 L a Protesta H um ana, 1 de octubre de 1897, 15 de septiem bre de 1897, 'j
26 Sobre el extrañam iento de otros grupos respecto de la iniciativa del giu¡u
PRUPOS ANARQUISTAS EN 1 8 9 7 75

intento de crear una obra com ún a todos los anarquistas, de distin­


tos grupos, se n u tría en u n a tradición del pasado, basada en la ac­
tividad dividida, en células autónom as, carentes de marcos perm a­
nentes y de vínculos internacionales. Esta tradición desbarató por
principio todos los intentos de unificación estable.
En esta tradición de actividad separatista y espontánea, se advir­
tió mi vuelco a fines de octubre de 1897, cuando se creó el Círculo
(le Estudios Sociales que se em peñaba por constituir u n centro de
labor de propaganda en Buenos Aires, “para propagar la idea
enaancipadora entre la masa obrera y , . . entre todos los com pañe­
ros que se hallen de acuerdo con tal iniciativa”.27
Para ese fin se quiso crear u n círculo perm anente, donde los afi­
liados pagaran u n a cuota m ensual y contaran con u n a sede que les
permitiera reunirse todas las tardes. En la prim era asamblea del
círculo ya participaron 50 personas, dispuestas a organizarse de
e¡>e modo y a form ar el fondo de acción con el aporte de cuotas
mensuales de u n peso. El grupo llam ó a los anarquistas de Bue­
nos Aires a adherir al círculo (lo hizo a través de La Protesta H u-
ijiuna), pero no todos aprobaron la iniciativa y hubo quienes vie­
ron en ese paso los indicios de una organización partidista. Una
fxpresión de las vacilaciones que despertó ese tema, puede notarse
fli unas preguntas formuladas a la redacción de L P H por el anar­
quista José Otero, de Buenos Aires, en una carta fechada el 15 de
diciembre de 1897: “ 1) ¿Los anarquistas formamos un partido? 2)
¿Sería útil que los anarquistas constituyéramos grupos por oficios?”
La respuesta de la redacción fue inm ediata, no obstante las reti­
cencias, pues en la contestación la redacción daba u n parecer y no
una declaración de principios que obligara a algún cum plim iento:

1) Creemos que por el mero hecho de ser anarquistas somos un partido,


ya que por tal se entiende la coligación de individuos que siguen una
misma opinión, o sea, que tienen un ideal común y contribuyen a reali­
zarlo. Un partido puede ser autoritario o antiautoritario, estar organizado
o no estarlo.
i) Creemos mucho más útil constituir “grupos por afinidades”, pues en
lia circulo de obreros de un mismo oficio pueden haber individuos que
«o se identifican en sus enfoques y que, con sus reyertas internas, esteri­
licen el esfuerzo común. Sin embargo, la redacción reconoce la impor-

dc La Plata, véase el artículo en La P rotesta H u m a n a , 17 de octubre de 1898,


que insinúa que hay discusiones bizantinas en los grupos, que obstaculizan la
acdén conjunta. El propio periódico se suma a la iniciativa y llam a a los
compañeros a acatarla.
¡T La Protesta H u m a n a , 21 de octubre de 1897; “Información sobre la ten­
dencia a crear el círculo y sus programas”, ibid., 1 de agosto de 1897.
INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1897- 1!
ta n d a de la asociación p ro fe sio n a l: “L a a g ru p a c ió n p o r oficios, podrí
hacerse cuando se tra ta de los intereses d el o ficio.” 28

Asignamos im portancia a esta respuesta, como expresión de la


tendencia que empezó a consolidarse en el seno del grupo que pu­
blicaba L P H , en lo que concierne a problem as de organización
(“p artid o ”) y en cuestiones concernientes a la actividad del sindi­
cato obrero. Cabe prestar atención a la am bivalencia que se ex­
presa en la respuesta a la segunda pregunta, donde adm ite la im­
portancia de las dos formas de unificación de los grupos, sin
insin u ar cuál es preferible. Esta am bivalencia es típica de la posi­
ción de la redacción de L P H en ese m om ento y señala el protejo
de la transición, de la prioridad de los grupos de afinidades —cjue
existía en el pasado en los círculos anarquistas de Argéntim -
hacia la relación positiva cada vez mayor a la actividad en los ■sin­
dicatos obreros, lo que obliga indefectiblem ente a adoptar for
de organización. Es cierto, la relación positiva hacia la “organiza­
ción” fue notoria en la posición de L P H desde sus orígenes. Lsio
nos lleva a una nueva etapa en el desarrollo del movimiento anal-
quista, por lo que debemos analizarlo tom ando en cuenta cómo
encaraba L P H las campañas obreras en la Argentina.

“ l a p r o t e s t a h u m a n a ” y lo s p r o b l e m a s o b rer o s

L P H reveló apego especial a los problemas de los trabajadores de


la A rgentina, desde sus pasos iniciales. A unque en el artículo <
torial del prim er núm ero no se m enciona en detalle a la clase i
bajadora —y la term inología es general— el periódico anuncia:
. .de nuestros ideales, deseamos hacer partícipe al público inteli­
gente”, e indica el papel de prom over la em ancipación de los c -
heredados.29 En el segundo núm ero, el artículo editorial abonla
"La crisis obrera”. En ese artículo se exam ina el despeñamienío
m aterial y m oral que daña a la clase trabajadora, con el incremen­
to de la desocupación en Buenos Aires y en el interior. El artículo
no libera a los obreros de la responsabilidad por el descalabro, a
raíz de la falta de u n a conciencia social y revolucionaria combati­
va, y previene que “de su indiferencia hacia la cuestión social, la
burguesía se aprovecha”.30
28 La Protesta H um ana, 2 de enero de 1898.
2» “La brecha”, en La Protesta H u m a n a , 13 de jim io de 1897.
so “La crisis obrera”, en l,a Protesta H u m a n a , 27 de junio de 1897.
"L\ PROTESTA H U M A N A ” Y LOS PROBLEMAS OBREROS 77

Conviene aclarar que 1897 fue u n año relativam ente tranquilo,


en lo que atañe a los conflictos laborales, y el núm ero de huelgas
fue muy reducido. E n la práctica había estallado una sola huel­
ga grande, la de los ebanistas, a fines de noviembre, y se prolongó
durante un mes.31 El año previo, 1896, fue en cambio torm entoso
en ese sentido y fue testigo de muchos paros laborales; a fines de
ese año se produjo u n a calma relativa (se prolongó hasta comienzos
de 1B99). En 1896 entró al país el doble del núm ero de inm igran­
tes que lo había hecho el año anterior. Esta situación creó un
desahogo en el mercado laboral, aum entó el núm ero de desocupados
y se convirtió en factor que disuadía a los trabajadores de salir a
la huelga, por m iedo'a perder el lugar de trabajo. Pero si los obre­
ros se abstenían de hacer huelgas, las masas de desocupados consti-
liiiíin un fermento de pasiones tormentosas. El acontecim iento más
violento en las luchas de la clase trabajadora, por cierto, fue la
manifestación de los desocupados en Buenos Aires, a mediados del ,
mes de agosto.32
Pero pese a la calma relativa en el cam po laboral, las condiciones
de trabajo y la subsistencia de los obreros siguieron tan difíciles
como en el pasado. El déficit en el presupuesto obrero era lo nor­
mal. Los jornales reales no guardaban generalm ente relación con
el alto precio de los alquileres y artículos de prim era necesidad.
En distintos lugares de trabajo, las condiciones y relaciones labo­
rales estaban cargadas de m aterial explosivo. U na circular repar­
tida el 16 de enero de 1898 por varios trabajadores en el puerto de
carbón de La Plata, nos perm ite echar un vistazo a u n recodo os­
curo de las relaciones laborales de ese año. T e n ía u n título cla­
moroso: "La m oderna esclavitud.” 33 ,
JLa circular denuncia el contrato de trabajo esclavizador. con lá
empresa de descarga J. M. Com pañía, según el cual los estibadores
del puStcTestaban obligados a trabajar de día y de noche, sin .li­
mitaciones, disponiendo sólo de dos días de franco por mes, en Jos
cuales Tá~ empresa, si fuera necesario, tam bién podía emplearlos.
El sueldo mensual era de 90 pesos, pero las ausencias se descorita^-
ban de la paga. La ausencia du ran te cinco días anulaba autom á­
ticamente el contrato y conducía al despido sin indemnización. Las
M "Movimiento Obrero Internacional-A rgentina”, L a Protesta H u m a n a , 28 de
noviembre de 1897.
82 La Protesta H u m a n a , 18 de agosto de 1897. Informa sobre una asamblea
de protesta turbulenta, que congregó a 5 000 desocupados, y sobre manifesta­
ciones violentas, en el centro de Buenos Aires, acompañadas por choques con
!n policía.
m fi v o lan te se encuentra en la colección privada de Max N ettlau, en el
kpijo 1898-1899, en el iisg, Amsterdam.
78 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1897-1899) I.'i' ' ■. Í.RCO-INDIVIDUALISTAS 79 jl

i dificultades que sobrellevaban los estibadores de Buenos Aiies se lismo era aguda y se expresaba en las publicaciones y en las asam- {j
reflejaban tam bién en otro dom inio: en los conventillos, las vivien­ bitas públicas. Sobre una de esas reuniones, inform ó UPH.3* La j
das en los vecindarios indigentes, donde los operarios y los nuevos asamblea se celebró el 25 de ju lio en Buenos Aires, por iniciativa I
inm igrantes se alojaban en condiciones deplorables, sin ninguna de los anarco-individualistas que llam aban a debatir “Las grandes
precaución sanitaria. Algunos artículos publicados en L P H se abo- cuestiones sociales y la anarquía”, y polem izaron apasionadam ente ¡J
I carón a este tema y llam aban a los inquilinos a rebelarse, a 110 pa- ron los anarco-comunistas. L P H inform ó sobre la asamblea con un :i
f ' , gar el alquiler,34 tono de mofa y desdeñó los enfoques individualistas “filosóficos, j§
L P H consideró un deber describir la precariedad de los obreros, estériles y extravagantes”. Pero la pasión de la controversia y la j|
así como los obstáculos con que tropezaban los nuevos inmigrantes gravitación que se le atribuyó, se revela por el hecho que la redac- :I
al querer aclimatarse; los inm igrantes seguían afluyendo a la \i ción no se circunscribió sólo a eso sino que escribió, en u no de sus J
gentina atraídos por el señuelo del enriquecim iento fácil, pero se números, un artículo extenso sobre el tem a”.39 El au to r polemiza ¡í
encontraban con una realidad de pobreza m aterial y falta de tra­ coa las teorías de los individualistas, que suponen a la sociedad j
bajo, arrojados al suplicio del ham bre y de la indigencia, obligados compuesta por individuos autónomos, que subestim an las conexio- ¡
a cum plir tareas en cualquier condición y a cualquier precio. nes sociales llam ándolas “artificiales” y superfluas, y que suponen j
A un periódico como L P H , la revelación de la pobreza material una existencia de “arm onía n atu ra l” entre las voluntades autóno- ,
| Y social de las capas laboriosas y de los nuevos inmigrantes, le re- mas, sin ninguna necesidad del aderezo exterior. El autor, adicto
i sultaba u n tema apropiado para la cam paña contra el régimen a la concepción anarco-com unista (que ve al hom bre como una
existente; las capas sociales que sufrían se convertían en un objeto creación social en sustancia, fruto de la sociedad y de apego inm a­
apropiado para la propaganda anarquista. De ahí que resultara nente hacia ella) niega la existencia de esa presunta “arm onía na­
natural, para los redactores de LP H , que los sectores más d espo­ tural” entre las voluntades autónom as que no requieren relaciones
seídos fueran tam bién los más propicios para absorber ideas anar­ sociales. En su opinión, tampoco cuando el Estado sea arrasado
quistas.36 Se extrajo por consiguiente la conclusión de que califa brotará la arm onía espontáneam ente, sino que hará falta que los
actuar entre los trabajadores, que son los que más sufren y los peor seres humanos la creen prem editada y conscientemente._Esa dife­
tratados, de que se debía intensificar la actividad de esclarecimien­ rencia de_j;onoepción, entre la ^espontaneidad y la acción oigani- i
to en su seno, p articipar en sus luchas contra los explotadores e rada y premeditada, configura, la .base ele la discusión ideológica I
insuflarles la ideología anarquista que llevaría en el futuro a la TíTeTantagonismo en cuanto al problem a: ¿Los anarquistas deben '
em ancipación total. Pero el gran camino consistía en saber por teenrrir en su actividad a los medios de organización, o no? Esta
qué camino enfilar. Al respecto se había suscitado una discusión cuestión focalizaba la desavenencia entre los dos polos, y se expresó
acérrim a desde hacía varios años; las divergencias exacerbaron a con mayor agudeza al aparecer el periódico G erm inal,40
los bandos con puntos de vista encontrados dentro del sector anar­ (. ixminal empezó a publicarse en Buenos Aires el 14 de noviem­
quista argentino: por un lado estaban los anarco-comunistas, por bre de 1897, prim ero bajo la dirección de A. Salbans y luego (desde
\ el otro los anarco-individualistas;37 enero de 1898), dirigido por Francisco García; se definió como pe­
riódico anarquista y fue declaradam ente el vocero de los enfoques
anarco-individualistas." La difusión no era grande, si se juzga por

nos AN ARCO-INDI VIDU ALISTAS “G rupos y reu n io n es”, en La Protesta H u m a n a , 1 de ag o sto de 1897.
:;) “El individualismo en la anarquía”, en La Protesta H u m a n a , 2 de sep­
tiembre de 1897. |
E n 1897 la lucha entre el anarco-comunismo y el anarco-indívidua- «r Sobre las causas de la aparición de G erm inal y sobre el trasfondo de la J
campaña contra el enfoque “organizativo”, véase G. Montero, “H istoria de una
34 “Agua libre", en L a P ro te sta H u m a n a , 15 de julio de 1897; “Alquíleles, propaganda o decadencia de un ideal”, G erm inal, Buenos Aires, 5 de marzo 5
m onopolios y peticiones obreras”, ib id ,, l de octubre de 1897, de 1399. 1 I
36 “La situación”, L a P ro testa .H u m a n a , 1 de agosto de 1897. ■ En esa época se publicaba también otro periódico a narco-indlvidualista |
M “Medita obrero”, L a P rotesta H u m a n a , 17 de octubre de 1897. en Buenos Aires, titulado L a A u to n o m ía In d iv id u a l, pero vio la luz muy poco j
37 E. G ilim ón, o p . c it., p, 24. tiempo. Véase La Protesta H u m a n a , 19 de agosto de 1897. jf

39 de 233
80 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1897-18í

el tiraje (no sobrepasaba los 2 000 ejemplares) y por las listas de


suscriptores, en su m ayoría de Buenos Aires y sus suburbios, muy
pocos de Rosario y contados lectores de otras localidades del in­
terior.
Desde su prim er núm ero, ei periódico se lanzó a una lucha ideo­
lógica intensa contra la tendencia “pro-organización” en el anar­
quismo. En el núm ero 3, del 12 de diciem bre de 1897, se publicó
u n artículo editorial extenso, intitulado “Por qué somos antiorga­
nizadores”, donde se presenta a los anarquistas partidarios de u
organización como idénticos en sus enfoques a los "socialistas de
Estado”, de los que se diferenciarían sólo por su oposición a la "tác­
tica parlam entaria” como m edio para lograr la socialización de los
medios de producción. Unos y otros adoptaban u n enfoque que
ignoraba al pueblo, desdeñando la capacidad espontánea de las
masas para lanzarse a u n a cam paña contra la clase dominante. ])e
ahí provenía su arrogancia de pretender ser los “elegidos”, los per
(adores de la misión de dirigir al pueblo y organizarlo. Este aleja­
m iento del pueblo entraña el peligro de crear una nueva élite, a
la que el artículo llam a “la aristocracia de los talentosos”, capaz
de heredar en el futuro a la aristocracia dom inante hoy en día, la
aristocracia de las armas y de las finanzas. Los autores del artículo
cuestionan el derecho de la m inoría consciente a pretender “diri­
g ir” y "organizar”; a su vez m anifiestan su confianza en la esponta­
neidad de las masas, que estarán presentes, sin lugar a dudas, en
los momentos decisivos. La organización y la regim entación redu­
cirán las dosis de iniciativa y deform arán la raíz revolucionaria de
las masas. T a l es la opinión de los autores del artículo.
El periódico vuelve a encarar el tema el 16 de enero de 1898,
en un artículo intitulado: "¿Organización? No. ¡Agitación!” El
autor, F. Muñoz, niega la creencia de que las Sociedades de Resis­
tencia sean u n medio eficaz para la lucha contra los empleadores y
las clases dom inantes, pues están anim adas por el principio de la
“organización”. La organización no prom ueve a los trabajadores,
sino que los aletarga y deforma la posibilidad revolucionaria que
encierran, pues los habitúa a confiar en dirigentes y comisionas,
no a creer en sí mismos y en su acción espontánea. En vez de "or­
ganizadores” debe haber “propagandistas”, que actúen espontán!';¡
e im provisadam ente en todas partes; en el taller y en la fábrica, en
la calle, en el café, en el teatro, en la asamblea pública, etc., en
resumen, en cualquier lugar adonde lleguen obreros y gente del
pueblo, donde se puede encontrar masas más numerosas que las
que acaso se reúnan en el “círculo” (más arriba se vio que en ese
entonces se hablaba de constituir u n círculo de estudios sociales).
LOS AN ARCO-INDIVIDUALISTAS 81

Un camino así es más eficaz y dinámico, a la vez que molesta más


i la burguesía en su deseo de aplicar medios de contención y de
opresión, pues le resultará difícil estacionar un policía en cada
lugar donde se presente un propagandista inesperada y espontánea­
mente. Los adictos a la organización veían todo centralizado en
pocas manos y en lugares definidos y fijos (con lo que convierten
los focos vitales de la acción en muy vulnerables). Los dardos prin­
cipales iban dirigidos contra los hombres de L P H , que se decían
representantes de la “mayoría” de los círculos anarquistas en la
Aigeutina, y que en esos años empezaron inclusive a llamarse Par­
tido Anarquista, a la vez que sugerían la formación de una federa­
ción de grupos anarquistas que, según anticipaban, velaría por el
principio de la libertad y de la autonomía. G erm in a l desdeñaba los
intentos de mezclar federación y organización con libertad.42
Los ataques de G erm in a l a los partidarios de la organización, se
intensificaron en 1898, cuando publicó artículos de estímulo a los
que provocaban disturbios en las asambleas organizadas por círcu­
los de anarquistas rivales.43 También se recurrió a una línea agre­
siva y violenta, al abordar los problemas generales de las luchas
sociales. Se insertaron comentarios exhortando a las huelgas vio­
lentas, a la destrucción de materias primas, al incendio de fábricas
como camino principal para herir a la burguesía.44 Los enfoques
anarco-individualistas llevaron por fuerza a conclusiones extremis­
tas en cuanto a las relaciones entre el individuo y la sociedad.
J1 21 de agosto de 1898 se insertó un artículo en G erm in a l que
elogia al egoísmo como factor de progreso y repudio al altruismo,
|x>t rousiderarlo un elemento deformador.41 Otro artículo censura
inclusive la ayuda mutua y llama a dejar librados a su suerte a los
débiles. Los fuertes y talentosos no deben frenar su progreso p.irn
ayudar a los débiles. El dejar librados a su suerte a los débiles, los
pondrá ante la disyuntiva de sobreponerse o ser aniquilados, lo que
acaso dé por resultado que se decidan a luchar. En la lucha por la
cXlMCtlcia, el individuo debe confiar sólo en sí mismo y luchar
contra las órdenes de la sociedad que, en nombre de la “mayoría”,
tjtiietc oprimirlo.4" ....... .
« "Deponed las A m a s ”, en G e r m in a l, 16 de enero de 1898. Sobre la oposi­
ción a la organización, véase G e r m in a l, II de septiembre de 1898.
« "Resultados de la organización”, en G e r m in a l, 5 de junio de 1898.
** G erm inal, 19 de junio de 1898.
« "El altruismo convirtió al individuo en un rendido y en un obediente.
Un individuo asi está pronto a capitular ante la injusticia. El individuo en
quien no se despertó el egoísmo no puede entender la vida. Los egoístas ven­
den rara su vida y luchan.” “El yo", G e r m in a l, 21 de agosto de 1898.
"Contestando”, en G e r m in a l, 21 de agosto de 1898: "Antes que la socie-
82 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1 8 9 7 -1 8 9 9 ) LOS ANARCO-IN DIVIDUALISTAS 83

E n la polém ica con los anarco-comunistas, los analco-individua- dad, la polémica con los anarco-individ ualistas acercó entre ellos a
listas presentaron una posición que rechazaba por principio que el la muvoría de los grupos anarco-comunistas: la base de su avecina-
trabajo sea u n factor positivo y constructivo en la vida hum ana. En mientó era la posición afín respecto a los problemas de organiza­
uno de los artículos de Germinal, el trabajo es definido explícita­ ción y de intervención en los sindicatos obreros.
m ente como un fenómeno coercitivo, sin ninguna base positiva. El En este sector descolló el circula,.a cargo de La_ P ro testa H u m a n a ,
individuo debe trabajar para existir, de m odo que la visión anarco- nue'fue el elemento conductor. Sin embargo no fueron los promo­
com unista de una sociedad futura donde cada cual recibirá según tores iniciales. L o s primeros destellos de esta tendencia asomaron
sus necesidades y dará según su posibilidad, carece de asidero. En en el pasado, antes de la aparición de L P H (ver más arriba). El
tal sociedad todos tratarán de eludir el trabajo y “sólo los necios periódico L ’Avvenire adoptó tal enfoque desde sus primeros pa­
trab a jarán ”, por lo que la sociedad no tiene otra perspectiva que la sos/1 antes de que viera la luz LPH . Pero, puesto que estaba limi­
basada en el individualism o, es decir, u n a sociedad donde los me­ tado sólo al grupo de lectores italianos, no podía cumplir un papel
dios laborales y sus frutos sean patrim onio del individuo.47 conductor y promotor. Sólo al publicarse L P H esta tendencia tuvo
La polém ica entre los dos bandos polarizó las posiciones y ahon­ una tribuna fija para librar una lucha ideológica dentro del bando
dó la disidencia interna en el anarquism o, suscitó agravios, perjui­ anarquista, y emprender una campaña de propaganda entre las
cios m utuos en la actividad y estirilizó por entero la actividad d.- masas trabajadoras y los amplios sectores de la población. Los
propaganda. Esta situación hizo que los miem bros del grupo Li­ números de L P H no abordaron el tema, empero, durante el año
bertario de Buenos Aires publicaran una circular en agosto de 1897, sitio que lo encaraban como de paso, en acotaciones acceso­
1898, precaviendo contra el despeñam iento de las relaciones inter­ rias romo las de un artículo de Urania (seudónimo de J. Prat), el
nas en el anarquism o, y acusando a los individualistas por un t 31 de octubre de 1897,60 donde se llama a los obreros a organizarse
cam paña ideológica: “El individualism o, en el sentido de repudiar en sociedades de resistencia; la relación directa y sin reticencias,
cualquier cooperación ajena y dem oler la teoría de la sociabilidad a la vez que envolvente, en lo que atañe al tema de la organización,
p or autoritaria, el aislam iento completo de todos los miembros de comenzó sólo en noviembre de 1897, cuando el periódico inició la
la especie, para su m ayor independencia; el exterm inio de los seres publicación de una serie de artículos intitulados “La organiza­
débiles y homogeneización del género hum ano en una sola raza \ ción”,51 No fue una serie de colaboraciones originales de algún
nivel físico e intelectual; el ataque teórico y lleno d e saña -—algu­ anarquista argentino, sino que se reprodujo del periódico anarquis­
nas veces práctico y encarnizado contra quien no adm ita tales prin­ ta italiano L ’A gitazione, que aparecía en Aticuna. '- Sea como fue­
cipios, sea anarquista o no—, todo eso, en fin, constituye un enli re, la forma llamativa con que se la insertó (siempre en primera
quecim iento tan pronunciado que en verdad esteriliza cualquier página) prueba la importancia grande que le atribuía la redacción,
propósito de educación po p u lar.” 48 que expresaba la línea del periódico.
-J-lJSfflBfiJLibejrtMio no era el único en repudiar las posiciones y F.sa serie de artículos reseña con amplitud la polémica entre adic­
conducta _de "los anarc^iiidivídB álistes. £ a m ayoría de los grupos tos y opositores a la organización entre el sector anarquista, a la
anarco-comunistas com partían sus reticencias y pareceres. En reali­ nv que asume una posición polémica aguda contra los adversarios
■de la organización. Los círculos y grupos anarquistas son llamados
dad, los individuos”, ib id ., 11 de septiembre de 1B98. Este paso concluyente, “partido”, considerando que un partido sólo es una suma de indi­
aparte de las concepciones, im plica la negación de cualquier perspectiva para viduos con meta idéntica que buscan alcanzarla en conjunto. Sin
la sociedad futura, y en efecto lo hallamos explícito en un artículo publicado
por E l E sca lp elo de Buenos Aires del 12 de noviembre de 1899, titulado ‘‘Sis­ 4» La M ontaña, Buenos Aires, 15 de ju n io de 1897.
temas y sistemas”, de G. Montero: “ ...C o m o individualista no trazo sistemas : “Buena lección”, en La Protesta H u m a n a , 31 de o ctu b re de 1897.
sociales, sólo sostengo que cada cual obrará según su propio temperamento. . "La organización” , e n La P rotesta H u m a n a , 7 de noviem bre de 1897; "L a
sostengo que vivan los aptos para la vida, desapareciendo los que no sean. organización”, ibid., 14 de noviem bre de 1897; ‘‘L a organización”, ibid., 21 de
Así marclio hacia la Anarquía." nowembre de 1897,
47 “¿El trabajo es agradable?”, en G e r m in a l , 11 de septiem bre de 1898, k El periódico L ’A gitazione, de A ncona, era dirigido p o r E. M alatesta y sir­
"¡Anarquistas de Buenos Aires, leed!”, grupo Libertario, Buenos Aires, vió de tribuna central p a ra la prédica de los p a rtid ario s de la línea p ro -o rg a ­
agosto de 1898. El volante se halla en la colección privada de Max Nettlau, nizativa. M. N ettlau , Llistoire de l'Anarchie, op. cit., p. 173. T a m b ié n E. San-
en el legajo de 1898-99, Argentina Anarchismus, del use, Amsterdam. laiclli, op. cit., p p . 87-88.
ELACIONES ENTRE ANARQUISTAS Y SOCIALISTAS 85
84 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (18$"
u n a organización de esta índole, el anarquism o no tiene posibili­ fue sólo un breve episodio en su vida de poeta imbuido de ideolo­
dades de vencer la fuerza consolidada de la burguesía y sus institu­ gía nacionalista. Poco después de su aparición —en los números
ciones estatales. Los artículos aprueban las acciones activas cu los 3y 4 de los días 15 de junio de 1897 y 15 de julio del mismo año— i
organismos obreros, en m edio de la m áxim a identificación con se publicaron artículos de J. Ingenieros, en los que se saludaba la |
ellos, y censuran la actitud de los anarquistas (anarco-individuali<- ¡«sición del periódico anarquista U A w e n ir e , a favor de la organi- ¡
tas) que irrum pen en los organismos obreros para socavarlos y no /ación y en contra de los actos de terror personal. El autor lo lla­
dejar que absorban las ideas anarquistas, perjudicando así u las mó tra "paso de acercamiento al socialismo” y destacó que, en el
campañas anarquistas .53 L a acción en los sindicatos obreros obliga nido, no hay diferencias sustanciales entre esas corrientes, que la
a em plear instrum entos organizativos. No puede bastar la creación división se debía sólo a rivalidades personales y a diferencias de
de círculos y de células de propaganda anarquista que pretenden enfoque respecto a cuestiones eminentemente tácticas en lo que
orientar a las masas carentes de conciencia: “Nosotros, los anar­ atañe a los caminos para lograr la socialización de la propiedad y
quistas, no queremos em ancipar al pueblo, querem os que el pue­ lá supresión del Estado de clase. En este sentido, la aprobación
blo se em ancipe.” Para ello debe llegarse a la influencia máxima de los principios organizativos constituye un acercamiento tam­
y actuar en el seno de las masas, hacer propaganda desde adentro, bién en el enfoque referente a la táctica. Para alentar la tenden­
en los sindicatos obreros. La actividad de células de propaganda cia que denominaba “acercamiento”, la redacción del periódico
dirigidas desde arriba, entraña el peligro de crear u n a élite que, decidió abrir una tribuna libre para la discusión entre anarquistas
después de la victoria, querrá ser el gobierno, que verá la victoria y socialistas.
como u n fruto suyo y n o de las masas. Los preparativos para la lu­ La icplica de los anarquistas no tardó en llegar. El 15 de agosto
cha revolucionaria y la lucha en sí requieren la organización del •í insertó en la columna “Tribuna Libre” del periódico una carta
proletariado y no corresponde esperar, con los brazos cruzados, la extensa del doctor Creaghe, de Luján (ex director de E l O prim i­
revolución. “In terinam ente trabajarem os para que crezcan en lo do), quien aceptó la invitación de participar en la tribuna libre
posible las fuerzas conscientes y organizadas del proletariado. Lo pero no para amenguar las divergencias sino para ahondarlas. El
dem ás vendrá por sí mismo.” Si No se com prendería esta evolución doctor Creaghe enunció 13 puntos en los que difieren los anarquis­
del anarquism o si no se tom ara en cuenta las relaciones entre los tas y los socialistas. En su opinión, L a M ontaña no distingue las
anarquistas y socialistas en la Argentina, en m edio de una activi­ diferencias de ideas básicas entre anarquistas y socialistas, pues in­
dad paralela y rival en el campo obrero de esa época .55 terpreta erróneamente las dos concepciones. J. Ingenieros contestó
a la carta del doctor Creaghe en el mismo número y censuró el
"estrecho sectarismo” de sus puntos de vista. Lo acusó de mezclar
intencionalmente la posición de L a M o n ta ñ a con la de otros socia­
listas, cuyas palabras se citaron en el periódico. Para defender su
,fcAS RELACIONES EN TR E ANARQUISTAS Y SOCIALISTAS
posición —de que las divergencias son escasas—■citó párrafos de la
En julio á e } 3 M L ^ L < i - M o n t a ñ a —que se definía como periódico plataforma ideológica del periódico, acentuando la tendencia liber­
socialista revolucionario— intercedió en un in tento por logrnr un taria. No obstante admite diferencias sustanciales en la valoración
acercamiento entre los.anarquistas v los socialistas. Este periódico de la lucha parlamentaria, pues la redacción de L a M ontaña con­
em pezóla publicarse en Buenos Aires en abril de 189?, bajo la di­ sidera que esa lucha, pese a las limitaciones en la Argentina, es
rección^ d e . J . Ingenieros y L . JLügbíTes, _dos intelectuales jóvenes clén de La M ontaña y su plataforma ideológica, véase D . Cúneo, Juan B. Justo
activos en el ala radical del P artido Socialista/56 Para L. Lugones * los hechos sociales en la A rgentina, op. cit., pp. 182-184; también S. Bagú.
53 Acerca de esta cuestión, sobre el daño que causaron los anarco-mdividwa- i?iáa de José Ingenieros, Buenos Aires, eudeba, 1963, p. 15. En ese libro el
listas a la lucha obrera, véase también la opinión de E. Dickman, op. c it, p. 67, .lUtor señala el tono anarquista que J. Ingenieros introdujo en la plataforma
54 " l a organización” , en L a Protesta H u m a n a , 21 de noviem bre de l^lí. ideológica de L,a M ontaña al negar el Estado y autoritarismo.
55 Sobre las influencias m u tu a s e n tre socialistas y an arq u istas en esa c'pr>a El Oprimido, en el artículo “La bancarrota de los autoritarios”, el 14 do
véase I). A bad de Santillán, E l m o vim ien to anarquista, op. cit., p. 75; tamimn éstzo de 1897, informa sobre divergencias en el Partido Socialista de la Ar­
E. G ilim ón, H echos, op. cit., p p . 25-26. gentina, y destaca la consolidación de la corriente izquierdista “antiautoritaria”,
5<5 Sobre la actividad de J. Ingenieros en el P a rtid o Socialista y sobre l.i ¡-di- (¡cabezada por José Ingenieros.

42 de 233
86 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 7 - 1899) KMACIONES ENTRE ANARQUISTAS Y SOCIALISTAS 87
u n campo propicio para la propaganda. Después de este ¡ntcicam­ ion amplitud. Sobresalió en ese aspecto E duardo Gilim ón, colabo­
bio de cartas el diálogo en L a M ontaña 1 1 0 continuó y el propio rador perm anente de L P H y ex socialista,61 q u ien afirm ó en una
periódico dejó de aparecer en septiem bre de 1897. serie de artículos intitulados “La acción política y la em ancipación
E n esos años hubo tam bién otros intentos de prom over un diá­ del proletariado”, publicados en los prim eros meses de 1898.62 En
logo entre anarquistas y socialistas. Los más notorios fueron su discusión con el socialista A. Pasqualetti, se opone G ilim ón a las
controversias en las que participaron, juntam ente, los adicto;, a acciones políticas en todas sus formas, principalm ente la participa­
las diversas corrientes rivales: las discusiones ideológicas se prolon­ ción en la cam paña electoral en el m arco de las instituciones es­
garon a veces d u ra n te varios días. E. Dickm an describió amplia y tatales, por carecer de significado, p or ser ineficaces y dañinas a la
gráficam ente la prim era reunión de esta índole, en 1896, “cu un clase trabajadora; consideraba inevitable la revolución y sólo por
sótano-taberna debajo de u n alm acén”, que duró tres días y fina­ ¡milio de la revolución sería factible operar cambios de algún
lizó con u n gran alboroto.67 Pese a la term inación infructuosa de valor en la vida de las clases sociales desposeídas. C ualquier otro
este tipo de diálogo, los anarquistas y socialistas volvieron a cele­ camino lleva a las ilusiones perniciosas.
b ra r controversias en 1897. La Protesta H um ana refiere dos entre­ i,a experiencia de la cam paña electoral en la A rgentina de esos
vistas de esa índole —el 17 y el 18 de ju n io de 1897— en las que años, parecía fortalecer los argum entos anarquistas. E. Dickman,
anarquistas y socialistas volvieron a debatir el tema: la acción señala en su libro de memorias: “El fraude más vergonzoso dom i­
política. Tam poco esta vez se logró u n entendim iento. El perió­ naba y vaciaba en aquel tiem po a todo el proceso electoral; desde
dico subraya: . .L a única táctica que puede dar resultados sativ !.i formación del padrón hasta el recuento de votos y au n la ap ro ­
factorios, es la táctica revolucionaria: la abstención electoral, la bación de los diplom as por parte de las cámaras.” 63
huelga general, la agitación y la propaganda revolucionaria..." No asombra que u n partido pequeño, sin respaldo en el orden
A ñade que los propios socialistas, cuando se desilusionen de las instituido del país, careciera de cualquier perspectiva de éxito en
! perspectivas electorales, extraerán la misma conclusión.68 los comicios. El núm ero de sufragios q ue consiguió el P artid o So-
| El problem a de cómo encarar la cuestión política siguió siendo i ¡alista —tras oponerse a las trabas de la corrupción y la violen-
| el eje centra 1 dé las discusiones en l 897-1898 en tre >«« ¡alíalas iia— fue apenas de algunas decenas. E n las elecciones de 1896 el
j a n a r q u is ta s de Ios~ círculos de LPH (no d e los anarco-ind ¡v id tiaUM-o,. fruido Socialista obtuvo en la C apital Federal 138 votos y en 1898
i con quienes no había ninguna base de diálogo). Discusione-. ,ua- sólo 1 0 5 ... (los núm eros no cam biaron m ayorm ente hasta 1904:
ferad as al respecto ya se suscitaron eñ 1896, cuando el P artid) So­ en 1900 consiguió 135 sufragios y en 1902 u n total de 204),«4 Cabe
cialistareso lv ió presentarse a las" éléccióiíés parllgeiítafias-. cu. ¡a señalar que el partido em prendió u n a acción de esclarecimiento
4 íg ® tÍJia. Sobre eí írasfondo de ésta ten d en c ia89 se agravó la lu­ tu la ciudad capital, realizó decenas de asambleas en los suburbios
cha ideológica contra los anarquistas que inyectaban a las nuvh y se esforzó m ucho p o r atraer a los nuevos inm igrantes trab ajad o ­
obreras su espíritu antipolítico y socavaban las posibilidades necin- res y de clase media.6® El intento del P artid o Socialista de protes-
rales en esos am bientes. No extraña, entonces, que la polémica con
los anarquistas fuera escenario para que E. D ickm an los llamara ei Sobre e l tránsito de E. G ilim ó n d e l so cialism o al an arq u ism o, véase La
Pt,.testa H um ana, 26 d e ju n io d e 1898: D ecla ra ció n d e E duardo G arcía (G ili­
“enemigos intestinos” *° que obstruyen las posibilidades de p r o g re ­
món).
so de los trabajadores. 6! La Protesta H u m a n a , 23 de en ero d e 1898, 13 d e febrero d e 1898, 6 de
L a prensa anarquista, a su vez, contestó a los ataques socialistas marzo de 1898.
m E. Dickm an, op. cit., p. 125. Para u n a v iv id a y m in u cio sa d escrip ción d el
5? E. Dickman, op. cit. E l autor subraya especialmente la conducta atrope- día de los com icios, e l 10 d e ab ril d e 1898, sob re e l frau de y los ch oq u es v io ­
lladora de los anarco-individualistas. Acerca del papel destructivo de estos lentos que estallaron, véase las p p . 125-130 d e ese lib ro. Sobre las cam pañas
grupos en el ámbito de las relaciones entre las distintas corrientes de los cfiajlos electorales en la A rgentina y e l frau de, véase D . C úneo, Juan ¡ES. Justo y las
obreros, véase en ese libro también la p. 201. luchas sociales en la A rg en tin a , op. cit., p p . 132, 191-192.
58 “G rupos y reuniones", en La Protesta H u m a n a , I de agosto de 1897. ■ i E. Dickm an, op. cit., p. 117; D. C úneo, op. cit., p . 192 y D . A b ad d e Santi-
59 Cabe aclarar que no todas las tendencias políticas del país partiripaion Ilán, Historia, n i, op. cit., p . 544.
en ese entonces en las elecciones. Una fuerza política de peso, como la ucr, Sobre la firm e p o sic ió n d el P artid o Socialista, activam en te a favor d e la
asumió una linea de "abstención”. ciudadanización, se h ab ía su scitad o u n a d iscu sión acérrim a ese año; los líd eres
60 E. Dickman, op. cit., p. 111. del Partido Socialista, encabezados p or Ju an B. Ju sto, la aprobaban; a su vez
88 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1897- 1899)
ta r contra el fraude en las elecciones del 10 de abril de 1898, por
m edio de u na asamblea en la plaza central de Buenos Aires, el
17 de abril, fracasó por la intervención policial, que disolvió por
la violencia a los reunidos y arrestó a m uchos de ellos.®6 La decep*
ción por los resultados de los comicios, la confrontación con lal
autoridades, los choques con la policía y los arrestos crearon un
trasfondo em ocional para el entendim iento m utuo y el acercamien­
to entre socialistas y anarquistas de los grupos pro-organización.
P ara ello ejercieron influencia tam bién las condiciones que impe­
rab an en esa época, sobre todo la gran desocupación; socialistas J
anarquistas cum plían operaciones paralelas y llegaron inclusive a
cooperar, como fue el caso en la asamblea de protesta de los des­
ocupados, en agosto de 1897 (véase más arriba).
E. Dickman, en sus memorias, describe detalladam ente esa ma­
nifestación y de ello se deduce que en la asamblea, pese a que la
organizó la Federación O brera (socialista) de Buenos Aires, parti­
ciparon muchos anarquistas.67 O tros factores que acercaron a so­
cialistas y anarquistas (adictos a la organización) fueron: la opo
Ssición conjunta a la histeria bélica contra Chile que envolvió a la
1A rgentina a comienzos de 1898 al complicarse la disputa fronteriza
Sen los Andes,68 la identificación paralela con la huelga de los me­
cánicos ingleses, la cooperación en la asam blea de protesta y en la
recaudación de a y u d a 69 para los trabajadores ingleses y para los
obreros italianos, perseguidos tras las m anifestaciones de hambre
en M ilán (1898). Esta tendencia entre los anarquistas recibió un
fesfuerzo notable con la llegada a la A rgentina de P. Gori, en 1898.

P1ETRO GORI EN LA ARGENTINA ;

A fines de ju n io de 1898 s e ju m ó al sector^ anarq u ista.d e Jta^Argeit*


tina'él floctorYietro.6ori, anarquista italiano de un pasado activo
en su país de nacim iento que se destacaba, además,'cómo jurista,
abogado y 'experto' en criminología Buenos Aires le l i m ó dé~asilo
la filial del p a rtid o e n Barracas ISo i ray d in ám ica y activa, q u e agrupaba
a inm igrantes de p roced en cia esp añ ola e italian a, se o p o n ía , en cam bio; lo cual
hizo q u e se escindiera en vísperas del II I C ongreso, d ebido a esas divergencia!
D. Cúneo, Juan B. Justo, op. cit., p p . 172-173, 194-195; E. D ick m an, op. cit,,
pp. 198-200.
66 D . C úneo, Juan R. Justo, op. cit., p. 192; E. D ick m an, op. cit., p. 117.
f>7 E . D ick m an, op. cit., p p . 7-75.
«s D . C ú n eo, Juan B . Justo, op. cit., p p . 189-190.
D . C ú n eo. Juan B. Justo, op. cit., p . 188.
PIETRO GORI EN LA ARGENTINA 89
al huir de Milán, después de los disturbios de mayo de 1898, cuan­
do un tribunal italiano lo declaró prófugo: lo juzgó en su ausencia
condenándolo a 21 años de presidio, acusado de participar en los
desórdenes. P. Gori había adquirido renombre por su actividad
múltiple e n el campo de la propaganda oral y escrita; aparte de sus
{tinciones periodísticas escribía versos y piezas teatrales, algunas de
las cuales fueron representadas por los círculos filodramáticos anar­
quistas. Su gira de propaganda por Estados Unidos en 1895-1896,
donde recorrió 11 000 millas y pronunció 280 conferencias en dece­
nas de localidades, tuvo mucha repercusión. Su talento retórico
excepcional y su presencia atraían a mucho público de diversos
sectores, y se convirtió en un virtual “tribuno popular” anarquis­
ta.70 Se sabía también de su adhesión a E. Malatesta y a los círculos
anarquistas italianos adictos a la línea pro-organización. Cuando
llegó, por lo tanto, L a P rotesta H u m a n a lo acogió complacido y
con entusiasmo.71
Poco después del arribo de P. Gori se anunció el propósito de ha­
cerlo pronunciar conferencias por los confínes de la Argentina ante
circuios anarquistas diversos en la ciudad capital y el interior,
ante nuevos inmigrantes italianos y también ante anarquistas de
países vecinos. La iniciativa fue de un grupo que se denominaba
"anarco-sodalista” y fue ésa, por cierto, la primera presentación de
magnitud de dicha corriente en la Argentina.72
P. Gori accedió al pedido de los grupos anarquistas y se puso a
disposición de la actividad de propaganda y esclarecimiento: lo
hizo por medio de conferencias, discursos y en distintas reuniones
en Buenos Aires y en los alrededores. L P H dedicó mucho espacio
a informar sobre sus disertaciones, a la vez que destacaba el nivel

Fna biografía d e ta lla d a d e P. G ori p u e d e verse en T r ib u n a L ib e rta r ia ,


Montevideo, 1 de ju n io de 1900,
« “Bienvenida” , en L a P ro te sta H u m a n a , 26 de ju n io de 1898.
n El térm ino "a n arq u ism o socialista” se originó en los círculos d el a n a r­
quismo italiano, y p o r p rim e ra vez lo em p le aro n los am bientes adictos a M ala-
testa y M erlino, e n la década d e 1900 e n Italia. E, S antarelli, I I socialism o
tm rrhico, o p . c it., p p , 61-90; M ax N e ttla u , H is to ir e d e l ’a n a rc h ie , o p. cit.,
pp. 167-173. '
Kn Ja A rgentina ese térm ino apareció p o r p rim e ra vez en !m P ro testa H u ­
mana en u n a rtícu lo teórico d e S. M erlino: “ P o r qué somos a n arq u istas”, 9 de
enero de 1898.
Poco antes de la llegada de P. G ori, se in sertó u n a nuncio e n L a P ro testa
Humana de u n g rupo an arq u ista ita lia n o de B uenos Aíres denom inado N i
Din ni Padrone, q u e realizó una asam blea de p ro p a g an d a e n B arracas y dio
Imiiia a una declaración d e principios anarco-socialista. C abe se ñ a la r q u e la
redacción del periódico saludó com placida esa m anifestación. Véase L a P rotesta
Humana, 12 de ju n io d e 1898.
90 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1897-189Í:

de la exposición y sus repercusiones positivas en el público. Da


público numeroso y variado era atraído por su palabra, las salas
siempre estaban repletas. Aparte de los anarquistas, obreros e in­
migrantes italianos, acudían a las conferencias también miembr< -
de círculos que, con anterioridad, habían eludido asistir a reuní
nes anarquistas, pues solían ser peligrosas y estaban expuestas a I;-.-
tropelías. La curiosidad y el interés intelectual atrajeron también
a académicos, juristas, comerciantes, industriales y aun personas di'
tendencia conservadora. Abundaban entre los presentes también
mujeres de los círculos pudientes, seducidas por la retórica y i
encanto personal de quien conjugaba varias peculiaridades: anar­
quista, italiano, abogado, jurista de fama, revolucionario renombra­
do y, sobre todo, un aspecto agradable y una oratoria convincente.
Los temas de las disertacion es eran variados: la_ s itu a ció n d e joa
trabajadores cu Italia, el irasfoudo de los disturbios deLMmhK
en Milán (de los que fue testigo), el papel del periodisiQft, m_j.
sociedad moderna, el arte \ la vida social, etc. .Cabe señalar espe-
: cialmente sus conferencias en la Facultad d e Derecho de la Unive:-
i sidad de Buenos Aires, donde se lo nombró profesor-huésped, y
¡ cuyas disertaciones versaron sobre sociología y criminalogía. Al
i poco tiempo las au toridad es universitarias quisieron suspender si.'
; conferencias, como consecuencia de la presión ejercida por la re-
j presentación diplomática de Italia en Buenos Aires, pero la prole-
ta airada de los estudiantes y jurisconsultos obligó a que las auti>
ridades cambiaran de idea.73
Sobre la posición de P. Gori en los círculos académicos de hi
Argentina, sirve de evidencia el hecho de que, poco después de su
llegada, en noviembre de 1898, fundó el periódico científico Grim ;
nologia M o d ern a , y lo dirigió hasta su partida del país, en 1902.
La nómina de los miembros de redacción y colaboradores de este
periódico mensual contenía a intelectuales, expertos en jurispru­
dencia, juristas y criminólogos famosos de Argentina y el exterior.'
Pero, no obstante la diversidad de su actividad, P. Gori siguió

73 L a P ro testa P lu m a ria , 25 d e septiem bre de 1898 y 9 de o ctu b re de 186'


En el cuerpo de redacción figuraban, e n tre otros, V. A rreguine, doctor
M anuel Carlés, d o c to r L. M, D rago, d octor A. D ellepiane, d octor E. Gouchon,
d octor M. M ujica Farlas, d o c to r O. M. P iñeiro, doctor R . R ivarola, etcétera.
Sobre la in fluencia de P . G ori en los círculos intelectuales de la Argentina,
véase D. A bad de S antillán, M o v im ie n to a n a rq u is ta , o p . c it., p p . 69-71; E. (j¡ .
m ón, o p . c it., p. 32; López A rango, D . A bad d e S antillán, E l a n a rquism o en
el m o v im ie n to o b re ro , B arcelona, ed. Cosmos, 1925, p . 13.
M ax N e ttla u es a u to r de u n m an u scrito sobre anarq u ism o en Argentina
gu ard ad o en el In stitu to de H isto ria Social de A m sterdam (use); en el cap. *v,
pp. 2, 5 y 6, se trata de la llegada de P. G ori.
METRO GORI EN LA ARGENTINA 91
siendo el eje del sector anarquista y obrero; una parte notable de
sus conferencias se pronunciaron por iniciativa de los sindicatos
obreros, en sedes de trabajadores, y se abocaban a los problemas
sociales o a problemas de las asociaciones de trabajadores.75
En esas disertaciones y en una serie de presentaciones en filiales
anarquistas, P. Gori expuso sus puntos de vista sobre la necesidad
de que los anarquistas se entrelacen en las luchas sociales y profe­
sionales de los obreros. La meta final es siempre la revolución
que eliminará la propiedad privada y erigirá una sociedad comu­
nista, mas para promover la revolución hace falta insuflar “un
espíritu revolucionario” a los trabajadores, lo que será factible por
medio de una actividad ordenada de educación y propaganda, que
requieren indefectiblemente instrumentos y métodos organizativos.
Frente a la organización capitalista y estatal, hay que crear una
organización obrera, lo que será también una especie de “gimnasia
revolucionaria”. La indigencia de los trabajadores no basta pata
incitar a la revolución; es preciso inocular una “conciencia revolu­
cionaria" por medio del esclarecimiento constante. La lucha coti­
diana es una necesidad vital de la clase trabajadora. El método
principal para ello será la organización en los sindicatos obreros,
de conciencia avanzada y dispuestos a dar pasos adicionales en la
lucha por medio de la huelga general revolucionaria, el boicot. o
el sabotaje.76
Estos enfoques de P. Gori se ajustaban a las tendencias que aso­
maban claramente en ese entonces en L P H y en L ’A w e n ir e , y for­
talecían las inclinaciones a un acercamiento entre anarquistas y
socialistas, que se puso de manifiesto en ¡a cooperación parcial en
varias asambleas de protesta.77
Este acercamiento no perduró ni dejó de ser parcial. Pero parece
que hubo socialistas que lo sobrevaloraron y vieron en esa coope­
ración “un avance del anarquismo hacia el socialismo”, lo que dis­
gustó a los anarquistas y llevó a uno de los periodistas de L P H a
objetarlo enérgicamente y a reafirmar las diferencias que separan

« “Los derechos de los trab ajad o res y la cuestión social”, L a P rotesta H u ­


mana (organizado p o r los obreros albañiles); “La cuestión ob re ra y los nuevos
horizontes sociales”, ib id ., 4 de septiem bre de 1898 (organizado p o r los albañiles
de La Plata); “N ecesidad d e la organización p o r la lucha y p o r la vida v el
deber de resistencia” , ib id ., 9 d e o ctubre de 1898 (organizado p o r la Sociedad
de Obreros Pintores),
™ “Conferencia de G ori”, en La Protesta H u m a n a , 9 de o c tu b re de 1898,
77 A las m anifestaciones d e p ro testa m encionadas m ás a rrib a , cabe a ñ a d ir la
p e se efectuó contra las persecuciones de Ita lia , realizada con la p articip ació n
activa de P. G ori. Véase D. Cúneo, Juan B, Justo, op. cit., p. 204; La Protesta
Humana, 24 de ju lio de 1898, 21 de agosto de 1898, 9 de o c tu b re de 1898.
92 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1 8 9 7 -1 8 9 9 )

al anarquismo del socialismo: 1) La fe en la revolución; 2) La ne­


gación total de la lucha política y parlamentaria, así como el boi­
coteo de las elecciones; 3) La relación hacia el terror individual,
la comprensión de los móviles del terrorismo aunque no se lo pre­
conice; 4) El estímulo de los obreros a “la lucha económica di­
recta” sin asociaciones que están expuestas al tutelaje político; 5)
La ausencia de un mecanismo partidista asalariado.
El autor de este artículo subraya que los anarquistas no recha­
zan de plano la cooperación con los socialistas, pero la aprueban
sólo cuando es imprescindible por los requisitos generales de la
ludia.78
Si en el ámbito de las relaciones con los socialistas se operó
algún acercamiento, a raíz del fortalecimiento de la tendencia pro­
organización se produjo empero un ahondamiento de las diferen­
cias con los anarco-individualistas. En este aspecto la presencia de
P. Gori en la Argentina cumplió un papel de catalizador. La activi­
dad de P. Gori enervó a los anarco-individualistas desde un primer
momento. Lo llamaban “socialista” y añadían que sólo la renucir
cia a la acción parlamentaria lo separaba de los socialistas políti­
cos.™ Ya en la segunda conferencia pública de P. Gori, organizada
por los obreros de construcción, varios anarco-individualistas, al
terminar el discurso, embistieron contra la tribuna con miras a
polemizar con el orador. Para calmar los ánimos, P. Gori los in­
vitó a una discusión pública en otra oportunidad.80 Esa discusión
se celebró el 21 de agosto de 1898 en el suburbio obrero Barrat as
y su tema se centró en: “La moral de la solidaridad en la lucha y
en la vida social, en vista del ejemplo individualista.” Los avisos
llamando a participar en la discusión se publicaron tanto en La
Protesta H u m a n a como en G erm in a l de los anarco-individualistas.
Un informe extenso y aun minucioso, hostil a P. Gori, se insertó
en el número de G erm in a l del 11 de septiembre de 1898. Del mis­
mo se puede deducir que el público fue numeroso y la polémica
acérrima así como acalorada. Durante la discusión participó tam­
bién el socialista J. Ingenieros, quien alegó que los anarquistas
verdaderos son los anarco-individualistas, porque no reconocen nin­
guna autoridad, en tanto que los llamados anarco-comunistas no
pueden ser anarquistas, pues quieren vivir en una sociedad orga­
nizada, donde forzosamente hay instituciones. Y no hay organiza-

“ En nuestro c en tro ”, en La Protesta H u m a n a , 7 de agosto de 1898; "Evo­


lución del socialismo cien tífico”, ibid., 21 de agosto de 1898.
<B “P equeña correspondencia”, en G erm inal, 21 de agosto de 1898.
so “ Segunda conferencia de P . G o ri”, en La P rotesta H u m a n a , 24 de julio
de 1898.
"EL REBELDE" Y SUS CÍRCULOS 93

ción ni institución sociales, sin autoridad y coerción. Por lo tamo


los anarco-comunistas se convierten forzosamente en una especie de
socialistas. El propio P. Gori —en opinión de J. Ingenieros—- es
sólo un socialista antiparlamentario (si no acepta que lo llamen de
ese modo, es porque teme que lo consideren un renegado, igual que
al italiano S. Merlino).
P. Gori, en su respuesta, repudió semejante comparación, la
negó, y recalcó los elementos anarquistas contenidos en la concep­
ción anarco-comunista. En esa ocasión consideró oportuno añadir
algunas objeciones polémicas agudas destinadas a los círculos anar­
co-comunistas que revelan oposición a la organización y los llamó a
explicar cómo se puede ser adicto al comunismo y resistirse a la
organización.81 Esas objeciones ponen de manifiesto una nueva
divergencia en el sector anarquista, donde los dos bandos rivales
afirman su adhesión a los fundamentos del principio anarco-comu­
nista.

"el r e b e l d e ” y s u s c ír c u l o s

En la segunda mitad del año 1898, después de la llegada de P. Gori


a la Argentina, y tras el ímpetu que recibió gradas a su presencia
la corriente anarco-comunista pro-organización, los grupos que no
aprobaron tal tendencia se separaron y se produjo una división
en las filas anarco-comunistas. La evidencia de esa escisión fue la
publicación del periódico E l R e b e ld e , el 11 de noviembre de 1898,
dirigido por J. Moyorka, quien pasó a ser el vocero de los círculos
anarco-comunistas adversario a la organización.82 La posición ideo­
lógica del periódico se proclamó minuciosa y francamente en el
primer número, en un artículo editorial programático que se in-
sextó en la portada. El artículo critica con vehemencia las incli­
naciones “pro-organizadoras” de la propaganda anarquista en Bue­
nos Aires y rechaza de un modo inequívoco la tendencia a conver­
tir el anarquismo en un “partido” como los otros partidos. En
manto a la sustancia de E l R e b e ld e y sus objetivos, se dice:

81 "Conferencia” , en G erm inal, 1! de septiem bre de 1898.


82 A unque al lado d e l títu lo de El R ebelde se leía "aparece cuando puede",
mantuvo u n a a parición casi reg u lar, sem anal o quíncerralmenfe, d u ra n te 5 años,
hasta 1903. Sobre su tira je se in fo rm ó sólo en el n úm ero del 16 de julio de
1899, y según elio llegaba a 2 000 ejem plares. Esa circulación se conservó ta m ­
bién en los años siguientes.
94 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 7 -1 8 9 9 ) "EL REBELDE” Y SUS CÍRCULOS 95

Somos comunistas-anarquistas, negamos la propiedad individual y la de* belde, y el director, G. Inglán Lafarga polemizó con los conceptos
claramos un robo, queremos que cada cual consuma según sus necesidades del prim er núm ero: m encionó contradicciones internas y confusión
y produzca según sus fuerzas. G ritam os al individuo: “Haz lo que quie­ ideológica. Su argum ento principal afirm aba que la oposición a
ras”, sin perjudicar el “haz lo que quieras" del vecino. la organización no concuerda con su pretensión de ser fieles a la
Como táctica no aceptamos ninguna organización con program a míni­ concepción anarco-comun ista. L a evidencia: los dos grupos que se
mo n i máximo, es decir, no nos queremos ligar a determ inadas líneas de declararon identificados con el nuevo periódico, funcionan como
conducta, porque estamos suficientem ente convencidos de que el indivi­
grupos totalmente organizados. En su opinión, no lray un camino
duo debe ser libre de sus facultades, lo que dentro de esa organización
de transición entre el a narco-comunismo y el anarco-individualis-
con tantos compromisos varios no lo puede ser, rindiéndose, al contrarío,
como instrum ento ciego al movim iento organizado.
roo: “O se avanza al comunismo con todas sus consecuencias, o se
Aceptamos los actos individuales S:! de cualquier forma que ellos se pre­ \:t al individualismo descarnado y grosero, con su destrucción de
senten, y los aceptamos porque son útiles a la propaganda, puesto que los débiles y el egoísmo brutal que ios caracteriza.” 86
despiertan a los cerebros adormecidos haciéndolos m editar en el por qué La reacción de L ’A w e n ire fue más m oderada. Saludó la aparición
de tales hechos, y m antienen al mismo tiem po intranquilos a nuestros de El Rebelde, aunque expresó la esperanza de que la experiencia
e x p lo tad o res... demostraría a E l R ebelde que “la organización libertaria es propi­
. . .A nte la indiferencia de los dom inadores del pueblo hacia la miseria cia y no perjudica la libertad del individuo”.87 Esta esperanza no
proletaria, se im pone la venganza como aliento para los rebeldes. se materializó. E l R ebelde se volvió más inflexible en su posición
.. .L a única lu d ia en la sociedad presente que tenemos que sostener anti-organización; la línea anunciada en el prim er núm ero, carac­
debe ser revolucionaria en toda la extensión de la palabra. terizó todos los núm eros siguientes.
N ada de térm inos medios, paliativos, la hum anid ad tiene de sobra; hl primer tema que encaró E l R ebelde, fue la negación de las
entretenernos en conjeturas ante el cuadro m iserable que contemplamos
inclinaciones a la organización. A este tema se le dedicó mucho
es u n crim en, es rendirnos y volvernos cómplices de las iniquidades do.
lugar en artículos teóricos sobre la imagen de la sociedad futura 88
minantes.
y en notas polémicas sobre la táctica y para explicar cuestiones de
Acerca de los círculos que siguieron esta línea del periódico, te­ actualidad. En uno de esos comentarios el autor se refiere a los
adictos a la organización como a “socialistas agazapados” o, en el
nemos noticias por las inform aciones publicadas a p a rtir del pri­
mejor de los casos, como a anarquistas que “no han llegado a estar
m er núm ero. Dos grupos anarquistas de Buenos Aires •—el grupo
suficientemente saturados del principio que dicen sustentar”. Llega
L ibertario (Almagro) y el grupo Luz— insertaron declaraciones de
inclusive a cuestionar el anarquismo de ellos.®9
identificación plena con la línea ideológica de E l R ebelde ya en el
La concepción que justifica la violencia en las luchas sociales y
prim er núm ero, y anunciaron que sus miembros se ponían al servi­
cio de cualquier paso necesario para difundirlo. U n mes más tar­ aun la preconiza, se insinúa en el periódico no sólo en el contenido
sino en el estilo de las colaboraciones sobre todos los temas: tanto
de se comunicó la adhesión de u n grupo adicional: Los Ácratas
en los que se referían a “ los actos individuales", donde era evidente
(Barracas del Norte), que tam bién expresó su adhesión y apoyo a
el deseo de justificar por entero las operaciones de terrorismo in­
lo que hiciera.84
dividual,90 como en los que abordaban otros aspectos de la lucha
En ese entonces surgió el grupo paralelo a E l R ebelde en la ca­
contra el régimen existente, en especial en las campañas obreras.
p ital vecina, M ontevideo, y publicó un periódico intitulado El De­
Característico en este sentido fue el artículo de Pepita Guerra, en
recho a la Vida.85
uno de los primeros números, que exhorta a los trabajadores a des-
La Protesta Humaría censuró sin tapujos la aparición de El Re-
84 G. Inglán L afarga, “A propósito de tácticas”, La P rotesta H u m a n a , 20 de
ss Actos individuales, nom bre que d a b an los círculos a n arq u istas a los actos
noviembre de 1898.
de te rro r personal.
s* “A dhesiones”, en El R ebelde, 11 de noviem bre de 1898, 11 de diciembre i m "Publicaciones”, en E l R eb eld e, 27 de noviem bre de 1898.
de 1898. m “A clarando”, en E l R eb eld e, 11 de diciem bre de 1898.
s5 La posición p rogram ática “antiorganización” de este grupo, se expresó en W "Por qué somos a n arq u istas", en E l R eb e ld e , 27 de noviem bre de 1898.
el a rtícu lo “ O rganización y com unism o”; véase E l Derecho a la Vida, Monte­ 8(1 S. Locascio, “L uccheni", E l R eb eld e, 27 de noviem bre de 1898. Acerca de
video, diciem bre de 1898. la actitud de otros círculos hacia el terro r, véase m ás adelante.

47 de 233
96 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1897- 1899)
pojarse de la sumisión y a levantarse contra la burguesía que los
había explotado hasta el presente. La crueldad de la explotación
de la burguesía debe engendrar una venganza cruel, y sobre ello
escribe la autora:91
“ ¡Compañeros, al asalto! El día luce para las venganzas sangrien­
tas. . . ” En el mismo núm ero, en otra sección, en réplica a las noti­
cias de Italia que inform an sobre el asesinato de u n empleador a
manos de un obrero despedido, se dice: “ ...É s te deberá ser el
camino del obrero, para concluir así de u n a vez con estos roedores
hum anos.” 92
El problem a de la lucha de los obreros contra sus empleadores,
aunque no constituye u n dom inio teórico separado, se refleja en
muchos de los artículos generales como tem a que lleva a reclamar
la rebelión y la violencia.93 Fiel a la línea antiorganización, se
niega cualquier tendencia a la acción organizada de los trabajado­
res, considerándola u n señuelo vano y tram pa tendida por la bur­
guesía para atrap ar a los trabajadores en la red política, para ale­
jarlos de la m eta que es la revolución social. Es de interés la res­
puesta del periódico a la cuestión form ulada por u n grupo de
miembros, sobre la cooperación con otros círculos en la lucha por
objetivos generales, por ejem plo el antim ilitarism o, las protestas
contra las persecuciones antiobreras, etc. El periódico niega cual­
q u ier posibilidad de u n frente unido con otros partidos políticos,
aunque sean avanzados. E n su opinión, los anarquistas deben li­
brar su lucha sin aliados:

A d em ás d e estar c o n v en cid o s d e q u e ú n ica m e n te solos d ebem os luchar


con tra e l estado actual d e cosas, creem os hasta n ecesario luchar contra
lo s m ism os partidos extremos q u e b ajo el p o m p o so ca lifica tiv o de revolu­
cion arios em baucan al p u e b lo con prom esas absurdas e irrealizables.»4

A nte la negación de cooperar con círculos políticos afines, con­


viene prestar atención a la posición y a la actividad dentro de es­
feras generales ajenas y contrarias. Esta posición se expresó en la
respuesta del director a u n a pregunta form ulada por u n lector, en
31 " j Al asalto!”, en E l R ebelde, 11 de diciem bre d e 1898.
52 “ Casos y cosas” , El Rebelde, 11 d e d iciem bre de 1898.
C aracterística, al respecto, es la intro d u cció n a las inform aciones sobre
el debate en el círculo Luz y Progreso acerca d e las tendencias a reducir el isla­
rio q u e se insin ú an en tre los em pleadores. L a in tro d u cció n llam a a la huelga,
p ero no a la huelga pasiva: "N o quedarse en casa con los brazos cruzados, sino
d e stru ir a los p atrones todos los elem entos de q u e se valen p a ra explotarnos,
con la violencia. .. es necesario com batir a l c ap ital.” "Casos y cosas”, E l Rebelde,
5 de febrero de 1899,
91 “C o ntestando”, en E l R ebelde, 25 de diciem bre de 1898.
"e l r eb eld e " y su s c ír c u l o s 97
los siguientes términos: “¿Prostituye los principios de la anarquía,
el anarquista que públicam ente se declara tal, haciendo después
esfuerzos para ser adm itido como socio en la Sociedad Masónica?”
£1 director respondió: “El proceder de u n anarquista, por con­
trarío que sea a la idea, no lesiona en nada al ideal. P orque en la
anarquía nada está prohibido n i a u to riz a d o ., . ”
“. ..U n anarquista puede ser masón, burgués, policía, ir a la
iglesia, y hasta confesarse. P ero por el solo hecho de ser anarquista
es indudable que lo hace contra su voluntad y que algo desea con­
seguir por estos medios, que no le sería posible ad q u irir de otra
manera.” 95
Aparentemente hay u n a contradicción entre la respuesta que
niega un frente unido con partidos políticos en una lucha idéntica
(antimilitarismo, anticlericalismo, protestas contra las persecucio­
nes antiobreras, etc.), y la autorización de acciones anarquistas
"conscientes” en esferas generales extrañas, cuando son llevados a
ellas por la fuerza de la realidad. Pero, si se exam ina con deten­
ción, puede com probarse u n denom inador com ún entre ellas: en
ambos casos se preserva la posición de extrañam iento y negación
de las instituciones del régim en existente. En el prim er caso la
negación de u n a integración genera] anarquista en u n a acción
compartida con círculos políticos cercanos, capaz de desdibujar y
deformar el camino ideológico independiente; en el segundo caso,
la autorización a actuar en esferas generales ajenas, para posibili­
tar un campo más vasto de acción al individuo anarquista “cons­
ciente”, quien conoce la disparidad entre él y el régim en ajeno,
por lo que no corre el peligro de ser deglutido por ese régimen.
En esta posición se descubre tam bién u n tono de propaganda
osado, que abre an te el anarquista la puerta a la propaganda en
cualquier esfera general sin identificarse con ella, a asum ir así fun­
ciones prom otoras como u n “agente extraño”. Sem ejante m odo de
pensar y tales criterios guiaban a los hom bres de E l R ebelde en

^''C ontestando”, en E l R eb eld e, 8 d e enero d e 1898.


I,a respuesta no satisfizo, al parecer, a quienes fo rm u laro n la p regunta,
y la redacción debió volver a ella p o r segunda vez, el 5 de febrero de 1899,
donde subrayó: “Si u n a n arq u ista p len a m en te convencido de la a n arq u ía y
propagandista de e l l a .. . encuéntrase asediado y careciendo de la energía y a b ­
negación suficientes p a ra so p o rta r las consecuencias se refugia en u n centro
masónico como socio, este ind iv id u o es u n a doble víctim a y no u n ex a n a r­
quista." “ ...S o m o s revolucionarios prácticam ente h asta donde alcancen nues­
tras energías. . . P a ra nosotros lo q u e m ás concuerda con la a n a rq u ía es lo que
menos restrinja la lib e rta d in d iv id u a l. Es p o r eso q u e no pretendem os excluir
del ideal n in g ú n com pañero p o rq u e en sus asuntos p a rticu la res tran sija con
algunas de las instituciones. . . ” “R é p lic a ”, en E l R ebelde, 5 de febrero de 1899.
98 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1 8 9 7 * 1 8 9 9 )

sus conceptos sobre la posición y la actividad de los anarquistas


en las organizaciones obreras. E n ese dom inio la disparidad entre
su enfoque y el de los hom bres de L P H era muy grande; volvere­
mos a este pu n to más abajo, al analizar el desarrollo de la discusión
entre las corrientes, cuando la cuestión de la actividad de los anar­
quistas en los sindicatos obreros se volvió u n problem a fundamen­
tal. Por ahora nos limitarem os a llam ar la atención respecto de un
artículo editorial extenso, dedicado a la discusión con el enfoque
de El R ebelde en las cuestiones organizativas, que apareció a co­
mienzos de 18 99.96 Por prim era vez asomó u n nuevo argumento,
interesante, que acaso perm ita com prender las diversas tendencias:
“ .. .E n la táctica y orientación estamos [los círculos de La Protesta
H umana] a la altura de toda la prensa europea y americana, y
coincidimos con la opinión expresada por casi todas las cabezas
m edianam ente organizadas del partido a n a r q u is ta ...” Y finaliza
con la siguiente frase:
. .N o somos solos los que propagam os la organización y, si fué­
ramos a citar, tendríamos que citar a toda la parte más ilustrada
del anarquism o, que en periódicos y libros, m anifiesta la necesidad
de organización.” ‘-17

86 “Sobre organización", La Protesta H u m a n a , I de enero de 1899.


07 H a b ía en ello u n grado in d u d ab le de verdad histórica. Los círculos de
La Protesta H u m a n a siguieron u n n im b o q u e fue el d e la m ayoría de los anar­
quistas del m u n d o , en esos tiem pos, es decir, la intervención creciente en ¡ai
actividades de los sindicatos obreros. E llo sobresalió p rin cip alm en te en Frauda,
d onde se form ó después u n a c orriente separada llam ada “sindicalism o revolu­
cio n ario ” . E n esa etapa, a fines del siglo xix, era u n a c orriente en el movi­
m iento a n arq u ista. Su vocero p rin cip al era P e llo u tier, y lo acom pañaba un
g ra n g rupo de pensadores como J. G rave, P. K ropotkin y E. Reclus.
H . M aitron, H istoire d u M ov. A narchiste, p p . 249-290; W oodcock, Anarchinn.
ed. l'enguin, 1962, p. 295; J. Joll, T h e anarchists, op. cit., 197-198; D. Guenn,
A narchism , N ueva York y L ondres, ed. M onthly Review, 1970, p p . 77-78; J.
Díaz del M oral, H istoria de las agitaciones campesinas andaluzas, Madiiil,
A lianza E d ito rial, 1967, p. 157.
P aralelam en te a este desarrollo en F rancia — y en grado sum o p o r su in­
fluencia— se form ó u n a c orriente análoga en el anarq u ism o español. Véase
W oodcook, op. cit., p. 349; J. R om ero M aura, “T erro rism in Barcelona", I'ait
and P resent (41), 1968, pp. 147-148; J. R om ero M aura, “ T h e Spanish case", en
], jo ll y D, A pter, A narchism today, L ondres, M acm illan, 1971, p. 70.
E n Italia, esta tendencia asom ó a comienzos de la década de 1890, sobre todo
p o r in fluencia de M alatesta y M erlino, pero decayó a fines d e l siglo xix; en
1895 M erlino se a p a rtó d el a n arq u ism o y se acercó a l socialism o; el vocero
p rin c ip a l de esta tendencia era E. M alatesta. Véase E. Santarelli, op. cít., pp,
77-90; M ax N e ttla u , H isto ire de Vanarchie, op. cit., p p . 169-172.
E n lo que atañ e a Estados U nidos, el cuadro es más com plejo pues la acti­
vid ad terrorista se entrelazaba con la lab o r d e los a n arq u istas en los sindicatos
obreros (véase a te n tad o de A. B erkm an), p ero tam b ién a llí se delineó una ten-
t o s GRUPOS AN ARCO-SOCIALISTAS 99

El argumento era de naturaleza nueva, pues hasta entonces no


era habitual en las discusiones internas: cabe destacar la conexión
internacional en la form ulación del punto de vista. Cuando ese
comentario se publicó, ya estaba en m archa el proceso de unifica­
ción de algunos grupos que avanzaban en esa dirección y que llevó
a constituir una federación. Eri el núm ero siguiente_de^¿aj°m¿g.?-
ta Humana. el_L&~de_ enem._de 1899,^ya_se-publicó un^ayisQ sobre
la creación_de Ja Federación L ibertaria de los G rupos Soüalistas-
iTfSfquistas d e Buenos Aires, c o n j a p articip ación d e seis grupos
anarquistas de la .c a p ita l. JEn la práctica fue el piim er organismo
federativo constituido por anarquistas en la A igentina.

LOS GRUPOS ANARCO-SOCI ALISTAS

Lá declaración de principios de la Federación L ibertaria de los


(¡nipos Socialistas-Anarquistas de Buenos Aires, publicada en L P H
el 15 de enero de 1899, fue aprobada por unanim idad en la asam­
blea general de los seis grupos anarquistas que la suscribieron, ce­
lebrada el 26 de diciem bre de 1898. En su redacción les cupo una
participación activa a P. Gori y tam bién a G. Inglán Lafarga.98 La
declaración de referencia fue una virtual novedad en la tradición
del anarquismo argentino, tanto en su carácter de reglam ento for­
mal como por algunas de las ideas expresadas, contentivas de una
fórmula consolidada, p or prim era vez, de los enfoques preconiza­
dos por la corriente anarco-socialista. Debido a su im portancia
trascribimos el texto completo, salvo la introducción, donde se in ­
forma en términos generales sobre los móviles que llevaron a cons-

denda clara de integración e n los sindicatos obreros, a u n q u e sólo se consolidó


a comienzos del siglo xx,
fiam a G oldm an, IJ v in g m y Ufe (Nueva York, ed. D over P ublications, 1970);
I„ Adarme, D ynam ite (Nueva York, Chelsea H ouse Publisliers, 1958), pp. 61-71,
138-136, 157-162.
Cabe subrayar que la tendencia de in tegración en los sindicatos obreros no
era seguida p o r todos los círculos anarquistas; en esa época h a b ía círculos que
sü oponían enérgicam ente a a d m itirla, tan to en Francia como en Ita lia . Véase
sobre los círculos L ibertaire, H . M aitron, H istoire, op. cit., p p . 185-189; sobre
los círculos en Italia, E. Santarelli, II socialismo anarchico, op. cit., p p . 78,
tS-89.
68 D. A bad de S antillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., p. 63; acerca de esa
plataforma y su im p o rtan cia en los anales del an arq u ism o en la A rgentina,
véase J. Solom onoff, Ideologías del m o vim ien to obrero y el conflicto social,
liuenos Aires, ed. Proyección, 1971, p p . 98-200.
1UIJ INTERVENCION EN LOS SINDICATOS ( 1897- 18'
titu ir la Federación L ibertaria “bajo los siguientes principios, y
considerando” : ...... ...........

i. Q ue la injusticia económica, que perm ite a una clase vivir en el ocio


explotando las fatigas de los trabajadores, resultando éstos condenados
a u n a inferioridad social absoluta, m ientras son los productores de toda
riqueza, no es sino más que la consecuencia del capitalismo, forma mo­
dern a de la propiedad, y no podrá desaparecer sino p o r el triunfo del
socialismo anárquico, esto es, con la reivindicación de la sociedad enteta
contra toda forma de propiedad privada en manos de pocos privilegiados,
y con la tom a de posesión por parte de los trabajadores de todas las
fuentes de la riqueza: tierra, máquinas, instrum entos de trabajo, medios
de cambio, de comunicación, y organizada, bajo la base de la coopera­
ción de todas las fuerzas sociales, con las modalidades oportunas y mer­
ced al libre acuerdo, la producción y el modo de gozar ampliamente de
la misma.
ii. Q ue la injusticia económica, que form ando el poder central cons­
tituye otra forma de la opresión del hom bre por el hom bre, aliada natu­
ral de la expoliación económica, creando u n a dase privilegiada, no des­
aparecerá sino con la abolición del ente autoritario, tutelador depresivo
de la iniciativa y de la lib ertad social: el Estado, sustituido por la fede­
ración libre y espontánea de las asociaciones de producción y consumo,
pudiendo sólo en la anarquía, esto es, en la sociedad librem ente organi­
zada, bajo la base de los intereses armonizados, sin coacción gubernativa,
encontrando en ella el individuo el desarrollo completo de sus facultades
y de su libertad.
ni. Q ue la m entira m atrim onial —siendo las más de las veces, en la?
condiciones de la actual sociedad, u n a form a de contrato m ercantil legi­
tim ando la u nión sin amor, y por el hecho de ser legal, obstaculizando
la unión form ada por los solos vínculos del amor, determ inando delitos
de hipocresía y de violencia (del adulterio al uxoricidio, al infantici­
dio) —, no desaparecerá sino con la igualdad com pleta de intereses entre
ambos sexos, con la abolición de la desigualdad de clases y de la ficción
jurídica; restituyendo al amor, libre de impedimentos, intereses y pre­
juicios, la soberanía exclusiva en la unión sexual, de la cual, purificada
y asentada sobre la indisoluble base de los afectos, surgirá la familia del
porvenir.
j iv. Q ue la m entira patriótica —que exagerando el afecto natural por
j el país nativo en u n a especie de quijotism o fanático, ciega la mente de
i los trabajadores hasta el p u n to de im pedirles com prender la unidad de la
¡ fam ilia hum ana, indisoluble, m algrado el antagonism o de intereses y de
raza, e im pidiéndoles com prender que la cuestión social es cosmopolita-,
no desaparecerá sino cuando los proletarios de todos los países, por en-
j cima de cuestiones de nacionalidad, reivindicarán para todo ser viviente,
I el bienestar, la libertad y la fraternidad de todas las patrias,
j v- Q ue la m entira religiosa —que sobre la ignorancia de las multitudes

líWV;RSfDAD DE PUF-NOS AIRES


!'>s S R u rO S ANARCO-SOCIALISTAS 101

lomcnta el servilismo y la paciente resignación, soportando las in iq u id a­


des de la señoría terrenal con la esperanza de las glorias celestiales, y en
la lucha eterna entre la superstición y la ciencia, fundó la tiranía de las ' j
relaciones diversas, destinadas a monopolizar el alm a para dom inar sobre
el cuerpo-— no desaparecerá sino como triunfante la Ciencia maestra del
hombre, la luz sobre las tinieblas por la instrucción difundida en todos
los sectores, p odrá el hom bre, con la conciencia libre, sustituir la religión
de la m uerte que proclam a en ultratu m b a la finalidad de la vida hum ana, j
por la sana y santa religión de la vida. M

1I
:i I
P A C T O D E A L IA N Z A j

Por la propaganda y por el triunfo de estos principios, los grupos adhe- ; 1


rentes a la Federación L ibertaria, pactan: ¡
1. Autonomía com pleta de los individuos y de los grupos federales en
todas las in ic ia tiv a s q u e la a c c ió n colectiva, p u e d a se r d a ñ o sa , in ú ti l o re- i
tarda taria.
2. Acuerdo a sim ple mayoría de los representantes de los grupos en
(odas las cuestiones de interés general, sin compromiso obligatorio para
los grupos que constituyen la m inoría.
3. N inguna deliberación podrá proclam arse bajo el nom bre colectivo
de la Federación si no es aceptada por unanim idad.
4. La asamblea general de los representantes de los grupos, tendrá lu-
gar por lo menos u n a vez por mes y cuando se repute necesario. i
5. La adm inistración federal está directa y colectivamente bajo el con­
trol de toda la Federación, con exclusión absoluta de todo cargo rem u ­
nerado. '
6. H abrá seis encargados renovados cuando la asamblea lo considere
oportuno, desem peñando los siguientes cargos: dos p ara la adm inistración, =
dos para la correspondencia y dos p ara la propaganda.
7. Los adm inistradores recaudarán las cuotas de los grupos atendiendo
con aquéllas a los gastos que la Federación considere necesarios.
8. Los encargados de la correspondencia poseerán el registro de la Fe­
deración, m antendrán correspondencia con los grupos adherentes y con
aquellos afines del país y del exterior.
9. Los encargados de la propaganda atenderán a las necesidades de la
biblioteca social, procurando su desarrollo, y ejecutando todo aquello que
la Federación delibere para la difusión de sus principios.
10. Dichos cargos podrán ser periódicos o renovables después de reali-
?ada una iniciativa.
11. Cada grupo federado, y aún cada individuo librem ente adherido,
versarán en proporción de su fuerza num érica o económica, u n a cuota
mensual no inferior a 45 centavos, siempre que sus condiciones especia­
les no se lo im pidan en absoluto.
12. Se com prende que todas las fórmulas sobredichas, serán revocables
y modificables por sim ple deliberación de la asamblea, con dificultad

5D de 233
102 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 7 -1 8 9 9 )

para la minoría de atenerse al presente pacto o de manifestarse en con-


íormídad a su propia iniciativa cuando no sea posible la armonía y el
acuerdo, bajo la base de la espontaneidad y de las mutuas concesiones,
Aprobado por unanimidad en asamblea general de Grupos, 1a. noche
del 2 6 d e d ic ie m b r e d e 1898.
Los grupos: Agitador, Desertores, Polinice Mattei, Los Dispersos, Ne
Dio ne Padrone, Luz y Progreso.

Cabe señalar que, de los seis grupos firmantes, cuatro eran relativa­
m ente nuevos, y la noticia de su formación se publicó en los ejem­
plares de La Protesta H um ana de 1898."
Otros 12 grupos anarquistas, activos en ese entonces en Buenos
Aires y sus inmediaciones, adictos a L P H (algunos de ellos, grupos
muy veteranos), no firm aron em pero esa declaración de princi­
pios.100 T am bién es llam ativa la ausencia de los periódicos que
aprobaban la línea organizativa: L a Protesta H um ana, L ’Awenire,
Ciencia Social. De esto se deduce que, pese a la im portancia de la
Federación —por su m era constitución— no era u n factor repre­
sentativo de la mayoría de los anarquistas de Buenos Aires.
En cuanto al interior del país, la escasa inform ación dificulta
la determ inación precisa de la conexión con la federación. Cabe
suponer que la gira de conferencias de P. Gori en el interior, en
seguida después de constituirse la Federación en Buenos Aires, te­
nia p or meta entablar vínculos con los grupos existentes y estimu­
lar la creación de nuevos grupos. Esa gira —definida por La Pro­
testa H um ana como "la prim era gira de propaganda en América
L atin a”— contó con vastas descripciones en los ejemplares de ene­
ro y febrero de 1899. Sin embargo se deduce, de los comentarios,
que se form aron grupos nuevos, los cuales se dieron el nombre ex-,
plícito de anarco-socialistas: en Bahía Blanca (15 de enero), Ma¡-

89 G rupo Luz y Progreso (La Protesta H u m a n a , 20 d e lebrero de 1898); grupo


P olinice M attei (La Protesta H u m a n a , 23 de octu b re de 1898); g rupo Los Dis­
persos (La Protesta H u m a n a , 4 d e diciem bre de 1898); y g ru p o Agitador (Li
Protesta H u m a n a , 18 de d iciem bre de 1898,
100 Los siguientes grupos a ctu ab a n en Buenos Aires, en 1898, y no se adhirie­
ro n a la federación: A ntorcha d el Progreso, Los Á cratas, C írculo de Estudios
Sociales, T ie rra y L ib ertad , L a A gitación, Los D esheredados, U nión de Obreros
Israelitas (este gru p o es m encionado varias veces en las listas de suscripciones
de La Protesta H u m a n a en 1898, pero luego desapareció p o r com pleto. A prin­
cipios del siglo xx no se lo m enciona en absoluto. N o hay n in g ú n nom bre de
p ronunciación ju d ía en tre los redactores de L a Protesta H um a n a n i entre los
m iem bros activos hasta 1904), La E x propiación es Necesaria, E l G rupo Liberta­
rio d e A lm agro, L ib e rtad y Am or, Los Á cratas de C añuelas, Academ ia Filodra*
m ática, L itógrafos L ibertarios, así como los grupos Luz y L ib ertario que a p o ­
yaban al periódico E l R ebelde.
LOS GRUPOS AN ARCO-SOCIALISTAS 103
pú (26 de febrero), Ayacuclio (26 de febrero); en Ayacuclio se formó
un círculo socialista-anarquista que resolvió vincularse con la Fe­
deración de Buenos Aires, Otros grupos se constituyeron sin seña­
lar explícitam ente que se trata de grupos anarco-socialistas.
La constitución de la Federación de Buenos Aires repercutió
también en círculos anarquistas de países vecinos, a veces positiva­
mente y a veces de u n m odo negativo. El periódico anarco-comu­
nista de Brasil O Despertar atacó acerbam ente a la Federación. El
director de La Protesta H um ana respondió a la crítica (y aprove­
chó la o p ortunidad para contestar a los censores internos): les re­
criminó el que se opongan a cualquier organización o federación,
por considerarlas autoridades embozadas.101 A esa polém ica in ter­
na que se ahondó m ucho en 1899, contribuyó significativam ente el
grupo anarco-com unista Los Desertores, que publicó una declara­
ción de principios subrayando las norm as del anarco-socialismo
ajustadas a la concepción “organizativa” y a la integración en las
luchas obreras por m edio de los sindicatos de trabajadores.102
La identificación m ilitante con la línea anarco-socialista se p u ­
blicó tam bién en el periódico anarquista en lengua italiana L ’Avve-
nire; el 1 de mayo de 1899 se insertó una circular, suscrita por
Socialisti Anarchici, y el 13 de enero de 1900 incluyó un artículo
extenso, in titulado: “ II socialismo anarchico nel m ovim ento sociale
odierno”,103 donde se hace u n a referencia m inuciosa a los grupos
101 G. J., “ Sobre tablas”, La Protesta H u m a n a 12 de diciem bre de 1899.
102 El m anifiesto a p ru e b a la organización libre, en dos órbitas, u n a grem ial
y una a n arq u ista: “ . . ,1a p rim e ra es escuela d onde el o brero se ejercita e n las
luchas contra la burguesía y concibe las p rim eras nociones d e u n bienes tur
que sólo e n la a n a rq u ía p u e d e enco n trar. Y la segunda, m ed ia n te la com bina
ción de actividades p o r acuerdo l í b r e . .. dando orien tació n a Jas m asas y sa­
biendo todos a donde vam os". P o r lo tan to el grupo d eclara su apoyo a cu al­
quier in te n to a n arq u ista y sindical obrero, “ ...n e g a n d o n u e stro apoyo a la
propaganda terro rista, a n iio rg an izad o ra c in d iv id u a lis ta ...” (“D eclaración de
Principios”, La Protesta H u m a n a , 26 de febrero de 1899.)
ios La tendencia de L ’Axwenire a identificarse con el anarco-socialism o se
intensificaría al año siguiente. E n agosto d e 1901 el periódico p asaría a lla m a r­
se Periódico Socialista A nárquico. E n 1900, el térm ino anarco-socialism o tenia
mucha difusión en los núm eros de L a Protesta H u m a n a . E l m ism o año se
publicaron tam bién varios artículos teóricos q u e p ro b a b a n la esencia especial
contenida en el anarco-socialism o. Los artículos m ás im portantes, sobre el tem a,
pertenecieron al an arq u ista español R icard o M ella, En el artículo "C ooperación
voluntaria”, d e este a u to r, en el n úm ero d e L a Protesta H u m a n a d el 8 de
julio de 1900, cabe en co n trar la definición su cin ta siguiente: “T odos los p r in ­
cipios del socialism o a n arq u ista pueden reducirse a u n o solo: el de la coopera­
ción v o lu n ta ria.” Y esto, en contradicción con lo q u e h a b ía juzgado como u n
ineludible ejem plo del anarco-com unism o, que d eterm in a las lineas de d ilu c i­
daciones p a ra la sociedad del fu tu ro : las líneas de la sociedad com unista. En
otro artículo teórico, “E l socialism o a n árq u ic o ’’, q u e se p u b lic ó en el númerc»
104 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1897-1899)
anarco-socialistas del m undo: en Italia, Inglaterra, Alemania, Aus­
tria, España y Estados Unidos, donde había estado últimamente
P. Kropotkin. T am bién en La Protesta H um ana al convertirse en
el centro de gravitación para las dilucidaciones ideológicas en los
problem as organizativos y la actividad en los sindicatos obreros, el
térm ino anarco-socialismo se volvió más corriente y habitual desde
1900 (véase más abajo). Pero, como se h a dicho, en esa etapa, en
1899, los grupos anarco-socialistas sólo constituían una parte pe­
queña entre los grupos anarquistas.

OTROS GRUPOS ANARQUISTAS Y SUS ACTIVIDADES

La actividad de los grupos anarquistas de diversas tendencias se


amplió y ramificó en 1899. Los grupos más viejos se conservaron
en su mayor parte y prosiguieron con una intensa labor de propa­
ganda y esclarecimiento, por escrito y oral. Merece mención espe­
cial el grupo Los Ácratas, que continuó con la publicación de fo­
lletos.101 En tareas de esta índole se distinguió también el grupo
El Alba, que publicó ese año un folleto de Malatesta (en italiano)
sobre los principios del anarquism o.105 Surgieron grupos nuevos en
Buenos Aires, como se h a señalado, que en p arte se declararon en­
seguida como “anarco-socialistas” y se plegaron a la Federación, De
ellos mencionaremos a Rivendicatori y La Fiacola;108 otros grupos
siguieron llam ándose anarco-comunistas, como fue el caso de Nue­
va Aurora,107 y tenían conexión con los círculos de L P H u otros
que se declaraban anarco-comunistas, a la vez que revelaban apego
por E l R ebelde y sus concepciones. Sobresalió, entre ellos, el Gru-
po juventud Anarquista de Almagro, que apenas fundado, en 1899,
publicó su mensaje negando cualquier esfera organizativa local o
federal y que aprobaba en cambio la reunión en "grupos de afi­
n id ad ”.108

d el 8 de julio de 1900, R . M ella considera conveniente su b ra y ar que los anar­


co-socialistas: "n o dam os esquem as del p o rvenir, establecem os los principios
fundam entales de u n a nueva práctica, libre a todas las iniciativas”.
104 Cabe apreciar que en esa época el g rupo Los Á cratas em pezó a acercarse
a los círculos d e E l R eb eld e. L a inform ación p rin c ip a l sobre e l m ism o, la lee­
mos en ese periódico; véase E l R eb eld e, 2 de a b ril d e 1898 y 7 de m ayo de 1898,
105 ''G ru p o El A lba”, La Protesta H u m a n a , 15 de o c tu b re d e 1899.
i o s "M ovim iento social”, L a Protesta H u m a n a , 12 de febrero de 189 9 ,
"M ovim iento social”, L a Protesta H u m a n a , 15 de enero de 1899.
ios “ ...C o n s id e ra este g rupo q u e la m ejo r táctica q u e los anarquistas pue­
den em p lear para la prop ag an d a y extensión d e la idea, p a ra llevar al conven-
~ )S GRUPOS ANARQUISTAS Y SUS ACTIVIDADES 105
A fines de 1899 se constituyó en Buenos Aires el Grupo de Pro­
paganda Libertaria de Los Corrales, que asumió un cometido nue­
vo: formar una escuela para jóvenes e inmigrantes, una “escuela
libertaria” 109 (sobre cuyas funciones se habla más adelante) y que
se fijó por meta impartir instrucción y educación anarquistas.
Un nuevo medio de actividad —que permitiría ampliar los ho­
rizontes de la propaganda anarquista, apuntalarla y profundizar­
la— comenzó a funcionar en Argentina en 1899, cuando se inau­
guró la Casa del Pueblo. La actividad se inició allí en septiembre,
con una serie de conferencias pronunciadas por P. Gori. L a Pro­
testa H um ana, en el número del 3 de septiembre de 1899, describe
la Casa como espaciosa y vaticina que será un lugar de reunión
de la clase trabajadora en la capital “sin distinción de escuelas
tú de partidos”. Sobre este carácter “abierto” de la Casa del Pue­
blo da testimonio el saludo de E l R ebelde que, el 17 de septiembre
de 1899, reafirma que realmente permanece abierta a todos, "sin
ninguna obligación por parte de concurrentes, pues esta iniciativa
ha sido puesta en práctica por varios compañeros de buena volun­
tad, sin mandato de nadie”.
Sobre el entusiasmo suscitado por la posibilidad de una reunión
de anarquistas y sobre las esperanzas cifradas, escribió La Protesta
Humana: “Con la instalación de la Casa del Pueblo principia en
Buenos Aires una nueva era de lucha por la emancipación de la
clase proletaria.” 110 En la nota se describe la Casa: cuenta con dos
salas grandes para celebrar asambleas, actos y representaciones tea­
trales, con capacidad para 400 espectadores en cada una. También
se anuncia la habilitación inminente de un consultorio médico y
jurídico, oficinas de trabajo donde los operarios pudieran buscar
empleo sin exponerse a las agencias explotadoras, redacciones de
periódicos anarquistas y una biblioteca central para trabajadores.
Se subraya también que la Casa del Pueblo está situada en un lu­
gar central de Buenos Aires (calle Callao 353).111
(¡miento de Jos tr a b a ja d o re s ... consiste en asociarse lib rem en te en grupos de
afinidades, sin co n traer com prom isos de nadie, n i delegar en otros lo q u e u n o
mismo puede hacer." “Casos y cosas”, E l R eb eld e, 4 de ju n io de 1898.
100 "Escuela lib e rta ria ”, L ’A m /enire, 4 d e diciem bre de 1899; “ Escuela lib e r­
taria”, La Protesta H u m a n a , 7 d e enero de 1900; E l R ebelde, 21 de diciem bre
tli- 1899, 7 de enero de 1900.
1)0 "Casa del P u e b lo ”, en L a Protesta H um ana, 17 de septiem bre de 1899.
m No cabe d u d a de q u e en la creación de la Casa del P ueblo influ y ó la
Retirse du T rav a ille de Francia. E n el m ism o n úm ero q u e d a cu en ta sobre
la inauguración de la Casa, h a y tam b ién noticias del m ovim iento an arq u ista
ni Francia, d o n d e la "B ourse” es descrita como u n a in stitu c ió n p a ralela a la
C.iía del Pueblo. “ El m ovim iento a n arq u ista en F ra n c ia ”, I,a Protesta H um ana,
IT de septiem bre de 1899.
106 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1 8 9 7 -1 8 9 9 )

Varios meses después de inaugurada la Casa del Pueblo en Bue


nos Aires, los grupos anarquistas de Rosario emularon a los capí
talinos y erigieron una institución análoga a principios de 190Ü,11
Poco después se supo de la construcción de una Casa del Pueblo
en la ciudad de Bolívar.113 En el ínterin, sin embargo, la sede di
Buenos Aires empezó a sufrir de dificultades financieras y a tiriei
de diciembre de 1899 se publicó un aviso en L P H , llamando a los
adictos a pagar una cuota mensual de un peso, a partir del 1 de
enero de 1900, “dada la necesidad imperiosa de salvar dicha insti
tución de un conflicto económico..
A principios de enero se supo que la Casa había sido cerrada por
varios .días y se reabrió al mes.111 Pocos días después, el 21 de ene
ro de 1900, L P H avisó a todos los anarquistas de Buenos Aires que
la policía obstruye la actividad de la Casa y que había ordenado
su clausura. La comisión organizadora informó que se vio obligada
a trasíerir su labor a otro lugar transitoriamente, y escogió para
ello la sede de la Asociación de Obreros Panaderos. Esta asociación
había sido activa en la Casa del Pueblo: realizaba en ella sus retí
niones y contribuyó a su funcionamiento.115
La cooperación con la asociación de obreros panaderos no era
casual. Este gremio, desde que lo fundaron Mattei y Malatesta en
la década de 1890, mantuvo vínculos estrechos con los anarquistas
En los dos años últimos había sido también la base de acción di
un círculo anarquista permanente: Luz y Progreso. En la práctica
era el único sindicato obrero que podía ser llamado anarquista
en todos los otros, la influencia de los anarquistas crecía o deeli
naba alternadamente.

LOS ANARQUISTAS Y LOS SINDICATOS OBREROS

Cabe hacer referencia a la posición de los anarquistas en los sindi


catos obreros de la época, como se señaló más arriba (véase capí
tulo i). En 1895 declaró el jefe de policía de Buenos Aires que
los anarquistas no tenían asidero en las asociaciones de trabajado-

112 “R osario", La Protesta H u m a n a , 24 de diciem bre de 1899; “ Correspon-


d e n ia ”, L'avvenire, 24 de diciem bre d e 1899.
113 La Protesta H u m a n a , 7 de enero de 1900.
i 1* "C asa d el P u e b lo ”, L a Protesta H um ana, 7 de enero de 1900. E l Rebelde,
7 d e enero de 1900, e xhorta a los compañeros a esforzarse apoyando la Casa,
cuyo v alo r p a ra la p ro p a g an d a y la educación es apreclable.
115 “ L lam am iento general” , El Obrero Panadero, 9 de noviem bre de 1899.
LOS ANARQUISTAS Y LOS SINDICATOS OBREROS 107

res de la A rgentina,116 Pero desde entonces habían trascurrido cua­


tro años, en los q ue se operaron cambios im portantes en las rela­
ciones laborales y en la organización obrera, sobre todo en el sector
anarquista, donde una im portante corriente bregaba por in flu ir y
dominar los sindicatos obreros. Desde la aparición de L P H en 1897
aum entaron los llam ados en ese sentido en los periódicos anarquis­
tas de la A rgentina, pero los logros concretos fueron escasos hasta
*J899. En la p ráctica, la base sólida d e ja acción anarquista en las
asociaciones profesionales seguía siendo el ..sindicato'dé.QÍkglfii. pa­
naderos. E n las sociedades de trabajadores de socorros m utuos el
anarquismo carecía de asidero, y en las otras sociedades de resis­
tencia su presencia era reducida; en s u jn a y o ría estaban sujetas a
la influencia de los socialistas. Los socialistas qiilsieffoñ^Ónstituií
a l&97~una federación de sociedades de resistencia, pero no tuvie­
ron éxito.117 Sobre la influencia de los anarquistas en uno de los
sindicatos —Sociedad de Constructores de Carruajes—, que se con­
tó entre los creadores de la federación, nos enteramos por su reso­
lución de apartarse debido a la influencia socialista y a su deseo de
participar en actividades públicas.
G. Inglán em itió su opinión sobre esta separación en las páginas
de LPH. Señaló la identidad de tendencias de la sociedad con el
enfoque anarquista, en cuanto a las actividades de u n sindicato
obrero.118 Inform ación adicional sobre la conexión entre los anar­
quistas y los m ilitantes activos de sindicatos obreros, se obtiene en
los avisos y noticias aparecidos en LPH . Eran relativam ente pocos
y se referían en su mayoría a la actividad de los panaderos, sastres,
albañiles, marm oleros y ebanistas. U n fortalecim iento notable de
la conexión de los anarquistas del círculo de L P H con la actividad
en los sindicatos obreros, se com probó a p artir de 1899. Ello se
debe tam bién al agravam iento de las relaciones laborales por causa
del deseo de los empleadores de reducir el salario (ver más abajo).
En el núm ero del 1 de enero de 1899 G. Inglán, director de LPH ,
repudia ese propósito y exhorta a los anarquistas a sumarse a la
lucha obrera p o r el salario, aunque no incluyera pasos revolucio­
narios prácticos. La lucha en sí fortifica al obrero: “Si conquista
una pequeña m ejora se dará cuenta de su p o d e r ... Somos p a rtid a ­
rios de em prender este m ovim iento. . . en. la im posibilidad de rea-

us '‘Memoria del jefe de policía de Buenos Aires, Manuel Campos” (1S95;


citado por H , Spalding, La clase trabajadora argentina, op. cit., p. 184.
111 J. Oddone, op. cit., pp. 74-76.
US G. Inglán Lafarga, “Una escisión”, La Protesta H u m a n a , 1 de octubre
de 1897. Sobre el carácter radical com bativo de este sindicato y sus logros en
las huelgas, S. Marotta, op. c it., p. 97.
LOS ANARQUISTAS Y LOS SINDICATOS OBREROS 109
INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1897-1899)
p ráctica.. . ¡De ninguna m anera se dem uestra el m ovim iento me­
lizar la revolución social, tan pronto como todos los anarquistas jor andando!” 121
quisiéram os.” Pese a la linea clar a y a la prédica entusiasta en los drculo$,.de \
E n esa dirección empezó a. actuar el grupo anarquista Luz y Pro­
LPH, los anarquistas no lograion ventajas sign ificativas m su pr.ft- [
greso, formado por el sindicato de obreros panaderos, quien convocó pósito de afirmarse en los sindicatos obreros sino a fines de_l8-99. La ¡
u n a asamblea de trabajadores y los exhortó a organizarse en socie­
situación general de las asociaciones de trabajadores, en esa época,
dades de resistencia. En una crónica referente a la asamblea, se era penosa. T ras cierto ím petu en 1896, se operó la declinación,
inform a de muchas molestias causadas por los anarco-individualis- entre 1897 y 1899, en la actividad gremial de la A rgentina. E n los
tas que se oponían a esa tendencia.119 Los anarco-individualistas sindicatos se notaban indicios de descomposición, estancam iento,
no eran los únicos en oponerse a esta línea, propugnada por LPH. desacuerdos internos y falta de fuerza.122 Esas condiciones no cons­
N o menos enérgica era la oposición d e E l R ebelde, cuya gente se tituyeron u n fondo cómodo para que prendieran las tendencias
negaba a identificar e integrar la lucha anarquista con la lucha anarquistas radicales y combativas; era indispensable u n cambio
sindical. Esta posición se expresó en el desdén demostrativo a sustancial en la situación para que el enraizam íento comenzara,
todas las huelgas parciales que estallaron entonces.120 D urante 1899 y el cambio por cierto empezó a notarse en 1899, alcanzando for­
se suscitaron discusiones acaloradas: por u n lado los anarco-indi- ma precisa en 1900. Puesto que según las declaraciones de las
viduaíistas y los anarco-comunistas de los grupos de E l Rebelde; diversas corrientes anarquistas (exceptuados los individualistas) de­
por el otro, los grupos anarquistas de Buenos Aires y del interior bía producirse una confrontación social q ue aceleraría la concre­
que se centraban en tom o a L P H y a L ’Avvenire, U n a evidencia ción de las ideas del anarquism o, la ausencia de un asidero práctico
contundente de la posición de estos últim os en la. polémica, es el en los círculos obreros reflejaba u na realidad de debilidad obje­
artículo de J, Claro, en el núm ero de L P H del 29 de octubre de tiva, en cuanto a abarcar el conjunto de las luchas sociales en la,
1899. El au to r censura a los anarquistas que sólo preconizan la Argentina. En efecto, en esa etapa no se percibía alguna influencia I
Judia revolucionaria e ignoran la lucha cotidiana por reformas jgaljpable_ de l.QS.„anarquistas en nin g ú n dom inio impor„tante_de. la 1
pequeñas, las huelgas por reducir la jornada laboral y por aumen­ Argentina. Los campos de roce entre ellos y la sociedad circun­
to de salario. Si esta posición fuera adoptada p o r todos los grupos dante eran constreñidos. I
anarquistas, “se h abrían convertido en los elementos menos perju­ 'Esa situación, sin duda, posibilitó a l os anarquistas en la Argen-
diciales a la burguesía”. Para volverse u n a fuerza combativa, hay ...tina dlsEutaxTITchos años, d e tmaJibjacta¿jcelatixa...ptra_sxjs..a.cJI:m-
que ayudar a los trabajadores, actuar en su seno y convencerlos de tlades, pero en todo caso m ucho mayor que la de 1os anarquistas de
1a justicia de la idea: "Y se principia para el caso provocando huel­ casi todos los países europeos de la ép ó cafen especial los de España
gas, viviendo en m edio d e la masa q u e sufre, estando en todos los
lugares donde nos sea dable hacer propaganda.” 121 J. Claro, "Teoría y práctica”, La P rotesta H um aría, 29 de octubre de 1899.
“Caen en un puritanism o risible los que por u n a ilusión que no 122 "Desorganización gremial”, en La Vanguardia, 16 de septiembre d e . 1899.
Un ejemplo típico de la situación en el sindicato obrero se halla en E l P intor,
nos explicamos, ven tan cercano el día de la b atalla final y desde­ vocero del sindicato de obreros pintores. Véase “La reorganización de nuestra
ñan todos los medios de lucha que se presentan a d ia r io ... Por no sociedad”, "Pintores, reflexionad”, en E l P intor.
m anchar lo inm aculado del ideal, lo encierran en los estrechos mol­ Sobre el número total de sindicatos obreros que revelaron atención y activi­
des de una prédica casi mística, sin salir al campo de la acción dad, nos enteramos por la lista de firmas en la circular de protesta contra la
tortura a los obreros en la cárcel de Montjuich, de España, que se publicó en
julio de 1899. Ese suceso enardeció a todos los círculos de trabajadores de la
"M ovim iento social” , L a Protesta H u m a n a , 12 d e febrero d e 1899. Argentina y dio lugar a una manifestación de protesta, compartida por anar­
120 La expresión m ás evidente de ese enfoque, fue el regocijo p o r el £n? quistas y socialistas; en. la circular que llama a participar en el acto de protesta,
de la h uelga de los cocheros, en 1899. Los dardos de la befa son dirigidos o,|ic- firman todos los sindicatos ideológicos y anarquistas. Entre ios firmantes, halla­
cialm en te a l fondo p a ra la huelga: “Si a lg ú n fondo crean los huelguistas, há­ mos 12 sindicatos obreros: Sociedad de Obreros Albañiles, Pintores, Panaderos,
ganlo n o de pesos sino de conciencia. Con m ucha energía y m ucha condenda Conductores de Vehículos, Curtidores, Carpinteros, Ebanistas, Escultores, Mol­
se g a n ará n todas las huelgas.” A su parecer, sólo hay u n cam ino de lucha deadores, Coftstructores de Carruajes, Tejedores y Tejedoras, Doradores. Véase
el de la violencia: “E l incendio y la ex p ro p iació n son q u izá las únicas ■ Circular "Justicia”, julio de 1899, Buenos Aires. Una copia del original puede
poseen la v irtu d de hacer triu n fa r u n m ovim iento obrero en p ro de alguna verse en el uso, Amsterdam, colección M. Nettlau, legajo 1890-1900.
reform a”, "S ursum C orda” , en E l R ebelde, 25 d e ju n io d e 1899.
110 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 7 - 1 8 9 9 )

e Ita lia ,123 de donde.procedían la mayor parte d e jo s inm igrantes.


L o f anarquistas de la ^écadartte -Í890, "por cierto, podiIrTingresar
a la Argentina sin ninguna lim itación formal, expresar sus ideas
p o r escrito, convocar asambleas públicas sin impedimentos. Pero
no se trató de una realidad perm anente: algunas veces se endurecía
la política liberal por causa generalm ente de acontecimientos que
tenían lugar lejos de las fronteras argentinas, es decir en Europa
o Estados Unidos. . ,¡ >

EL TERROR INDIVIDUAL DE LOS ANARQUISTAS


E N EUROPA Y SUS ECOS EN LA ARGENTINA

Cada vez que se producían casos de “ terror individual” cometidos


por los anarquistas en Europa, el estremecimiento repercutía tam ­
bién en las playas de la A rgentina y provocaba u n a ola de ataques
violentos contra los anarquistas en la prensa que, generalmente,
reclamaba la prom ulgación de leyes en contra de ellos, pese a que
en la Argentina no ocurría nada que justificara directam ente seme­
jan te campaña. Pero cabe señalar que el problem a del “terror indi­
vidual” —o, como lo llam aban los anarquistas: “actos individuales
y propaganda p o r vías de la acción”—124 que conm ovió al anar­

123 U n a p ru e b a fidedigna p u ed e h allarse en las p a la b ras de P . G ori, en una


de sus conferencias, en Ja A rgentina, sobre el tem a: “L a fu nción histórica dei
periodism o en la sociedad m o d ern a ”, d onde elogió la lib e rta d de pensam iento
y de expresión e n la A rgentina. "L a conferencia d e JP . G ori en_el C írculo de la
P rensa”J_g8 La Protesta H u m a n a , 10 de juliojleJ_89£L ^
12i La definición m ás sucinta y significativa del te rro r a n arq u ista, la form u­
ló el investigador Zeev Iviansky en su ensayo El terror personal , como etapa
en la violencia revolucionaria a fines del siglo x ix y com ienzos d el x x (en h e­
breo), presentado como tesis p a ra o b ten e r el titu lo de d octor en Filosofía, de la
U niversidad de Jeru salén , m arzo de 1973, Según él, el te rro r p ersonal es “la es­
trateg ia rev olucionaria e ideológica que la acom pafta, de h e rir personalm ente a
los m iem bros del gobierno, de las capas políticas o sociales, cuando la m otiva­
ción de elim inarlos y el propósito del datío no es forzosam ente personal, sino
ideológica, prin cip ista o estratégica. Este m étodo se d iferencia del complot
político o d el a te n ta d o político, q u e existen en todo el proceso de la historia
política de la h u m an id a d , e n el hecho de q u e su fu n d a m e n ta c ió n y propósito
no son personales en sustancia. N o va d irig id a c o n tra personas, sino contra
instituciones que sim bolizan el o rd e n social existente, el gobierno y el régimen
político que ellos encarnan. El daño p ersonal se fija p o r m eta h e rir, socavar,
desm oronar o a n iq u ila r el orden existente, el E stado, gobierno, los m itos, las
fidelidades” (p. 5). El doctor Iviansky explica en su ensayo q u e el anarquism o
n o a d o p tó el apodo d el “ terrorism o", sino el térm ino “p ro p a g an d a p o r medio
de los hechos” (p. 10).
E L TERROR EN EURO PA Y SUS ECOS EN ARGENTINA 11 1

quismo europeo en la década de 1890,125 preocupó tam bién a los


anarquistas de la A rgentina, aunque en este país no se produjeron
casos de terrorism o anarquista en esos años. _ L a actitud hacia„el
problem a se debía antes que nada a la reacción respecto a lo que
^ocurría en Europa.
E n L P H 'se encuentran com entarios al respecto desde sus prim e­
ros núm eros,126 casi siem pre con u n a posición am bivalente: por
un lado se negaba el terror individual por principio y con criterio
táctico» se lo juzgaba un m étodo que no perm itía u n a solución;
por el otro, casi en todos los casos se revelaba com prensión por los
móviles de los atentadores. U n ejem plo lo constituye la reacción
ante el atentado contra el jefe de gobierno de España, Cánovas del
Castillo, que conmovió a los círculos anarquistas del m undo.127
L P H dedicó al tema varios artículos y en todos expresó identifica­
ción profunda con q u ien vengara la sangre de los anarquistas y los
obreros asesinados y torturados en la prisión de M ontjuich. E n un
artículo editorial dedicado a Angiolillo, se dice: “Lo que ocurrió
era inevitable pero, no obstante, la redacción se abstiene de preco­
nizar el camino de la venganza que causa víctimas sin deponer al
régimen existente, que es la raíz de la injusticia. Cabe preferir la
acción de las masas, en vez de los atentados de individuos, pues
sólo en ella se encierra la fuerza capaz de derrocar al régim en.” 128
La am bivalencia y la falta de claridad de L P H con respecto al
“terror individual”, suscitó vacilaciones e incertidum bre entre los
adictos. U na prueba de ello son las preguntas publicadas en el pe­
riódico a comienzos de 1898. E n respuesta a una (sobre la actitud
hacia la violencia), contestó U ran ia (seudónimo de J. Prat, en ese
entonces m iem bro del cuerpo de redacción) que L P H prefiere desa­
rrollo sin violencia. Pero era sólo u n deseo, irreal. E n la cam pa­
ña contra el Estado y sus instituciones, no se puede evitar h erir a
personas culpables de las injusticias del gobierno. N o es culpa
de los gobernadores y oprim idos si los gobernantes m antienen por
12s Sobre las olas de terro r an arq u ista en E uropa, d u ra n te la década de 1890,
véanse J. jo ll, T h e anarchists, op. cit., p p . 117-1'18; H . M aitron, H isto ire d u
m ouvem ent anarchiste en Trance, p p . 195-248; G. W oodcock, A narchism , op.
cit., pp. 287-295, 346-349; Zeev Iviansky, E l terror personal, pp. 38, 69-77; R.
Kedward, T h e anarchists (B ritain, ed. L Ibrary of de 20lh. C entury, 1971),
pp. 35-42.
isa “E] proceso de u n h a m b rien to ", en L a Protesta H u m a n a , 15 de ju lio de
1897 (3). R éplica a la cadena p e rp e tu a sentenciada c o n tra u n joven italian o
que quiso a te n ta r contra el rey de Italia. E xpresa com prensión p o r sus m óviles,
al describir a m p liam en te los aprietos y condiciones de h a m b re e n las q u e vivía.
12í Zeev Iviansky, op. cit., p. 40, .Sobre la reacción de E m m a G oldm an.
128 “ M iguel A ngiolillo”, La Protesta H u m a n a , 2 de septiem bre d e 1897; “M e­
tralla ju sticiera”, ibid., 18 de agosto de 1897.
112 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1 8 9 7 -1 8 9 1 ))

la fuerza su posición. Por ello “no es culpa de los explotados si la


sangre corre”.129
! Pocos días después fue asesinada.l^ e m p ^ jti^ jiu s tria g i^ e n _ s e p -
i tiém bré d eT 898, sobre la costa del Lago de G inebra, por u n aten-
1 tad ó r italiano llam ado Luccheni, que se consideraba anarquista, y
volvió a p lantear la discusión sobre el terror individual. Muchos
anarquistas activos, en todo el m undo, sintieron escalofríos por
este crim en sin perspectivas.130 K ropotkin lo manifestó en una car­
ta a su amigo G. Brandes, donde expresó repulsa por el atentado
y pesar por la m uerte de la emperatriz, pero, al mismo tiempo,
recalcó el fondo de la miseria que llevó al despeñam iento del cul­
pable. De allí que, en últim a instancia, el perpetrador del atentado
y su víctima sufran por cansa del mismo régim en.131
La Protesta H um ana expresó u n enfoque sim ilar, pero añadió
que no se debe ver en ese acto u n resultado directo de la propa­
ganda anarquista: “Este individuo —u n triste producto del am ­
biente— jamás es u n resultado de la propaganda anarquista.” Y
no se debe culpar a los anarquistas, pese a que él mismo se dice
anarquista. Con palabras que se proponen contrarrestar sobre todo
la ola de histeria antianarquista que se despertó a raíz del aten­
tado, el articulo censura a los periodistas que avivan la histeria y
les reprocha el no molestarse siquiera en leer las publicaciones
anarquistas, pues de lo contrario sabrían que son muchos los que
se oponen a ese método, entre ellos L P H , que predica la revolución
colectiva y niega “esos actos de violencia individual, como medio
de táctica”.132
La repercusión de los actos de terror en E uropa no se centró
sólo en el sector anarquista; por el contrario, los ecos más fuertes
resaltaron en la prensa general. El asesinato de Cánovas, por ejem­
plo, motivó que la m ayoría de la prensa argentina atacara enérgi­
camente a los anarquistas, y varios diarios pidieron prom ulgar le­
yes de persecución y extrañam iento contra los anarquistas {La
N ación fue el único que evidenció cierta templanza).133 L a prensa
los veía como portadores de la ideología de la m uerte (El Diario)

129 La Protesta H u m a n a , 13 d e febrero d e 1898.


130 Zeev Iviansky, op. cit., p. 40.
"U n juicio de K ropotkin sobre la trag ed ia de G in e b ra ” , en La Protesta
H um ana, 4 de diciem bre d e 1898.
’ sz "E l a te n tad o de G in e b ra ”, e n L.a. Protesta H u m a n a , 25 d e septiem bre de
1898. U na reacción análoga p u e d e verse tam bién en los artículos d e A ltair, "Sin
razón ni ju stic ia ”, en La Protesta H u m a n a , 23 de o c tu b re de 1898.
133 Sobre el reclam o de La voz de la Iglesia q u e pedía lim ita r la entrada
de ciudadanos sospechosos y a p lic ar u n control a la pro p ag an d a, véase Spalding,
op. cit., pp. 580-81.
EL TERROR EN EUROPA Y SUS ECOS EN ARGENTINA 115

y como “hom bres de d in am ita” [El Correo Español). En u n ar­


tículo del periodista A ltair en L P H , se vislum bran indicios de la
influencia de la histeria provocada por el periodism o en los legis­
ladores argentinos y en los preparativos de las comisiones del Con­
greso N acional para prom ulgar leyes contra la entrada de anar­
quistas al país.134 Lo cierto esjQue las autoridades^.sigraioxias xio’
esperaron la prom ulgación de ^eyes especiales, sjtKX que_gmgezaron;
a prohibir, prácticam ente, el ingreso de inm igrantes conocidos por
sus relaciones con círculos anarquistas. eñZEuro.pa. El prim er caso
sé'produjo eu octubre de 1897, cuando,..se.yedó__el ingreso de tres,
anarquistas españoles expulsados de Barcelona y se los devolvió!
a lran cia en el buque que los trajo. LP H , en su inlorm e, jgide_al
"los lom paííeros en Francia” trasm itir noticias sobre la suerte d e\
los deportados.135
U n m i c c s o análogo, aunque de resultados distintos, se produjo a
fines de 1897. U n anarquista español-catalán, llam ado T . Ros, que
pasó m ucho tiem po en la cárcel en España, fue deportado y llegó
al puerto de Buenos Aires, el 24 de diciem bre de 1897, con su
m ujer y su hijo pequeño. Las autoridades de m igración perm itie­
ron en trar a los familiares, pero expulsaron a T . Ros. L P H se en- j
teró de la deportación y lo hizo saber en una noticia de últim o
m om ento, el 2 de enero de 1898, añadiendo que “círculos libera­
les” de Buenos Aires se esforzaban por dem orar la expulsión tra­
tando de valerse de recursos judiciales. Esos círculos, por cierto,
tras ejercer presión sobre las autoridades, evitaron la deportación
y lograron traer de vuelta al exiliado, que ya viajaba a Europa.136
El periódico, al com entar detalladam ente el suceso, form ula u n a
pregunta: “¿Las leyes prohíben pensar anárquicam ente?” Si la res­
puesta es negativa, significa que las autoridades se extralim itan en
sus atribuciones y cometen una injusticia evidente; si es positiva,
cabe entender que el anarquista es u n crim inal y corresponde bo­
rra r de la C onstitución argentina la cláusula que habla de “liber­
tad de pensam iento”.1*7 U na respuesta directa a esa pregunta re­
tórica no se dio, p o r supuesto. L a respuesta indirecta, en cambio,
puede encontrarse en u n o de los muchos artículos editoriales que
aprobaban la deportación. Nacional, de T ucum án, recalca sin reti-
134 A ltair, “ P asividad funesta", en La P rotesta H u m a n a , 1 d e o c tu b re d e 1897.
135 "E l calvario d e la inocencia”, en L a Protesta H u m a n a , 10 d e o c tu b re de
1897. C abe re c o rd a r em pero, q u e en el pasado cercano, terroristas españoles
parecen h a b e r h allad o asilo en la A rgentina. Véase J. R om ero M au ra, Past
and Presen t, n ú m . 41, 1968, p. 131.
i3(i Con el tiem po T . R os se convertiría e n u n o d e los a n arq u istas activos en <
los sindicatos obreros argentinos (véase m ás adelante).
137 “ O tro calvario” , e n L a P rotesta H u m a n a , 9 d e enero de 1898.
114 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 7 - 1 8 9 9 )

cencías, eJ 31 de diciem bre d e 1897: “Dadas las condiciones de


nuestro país, que necesita hom bres de acción y de trabajo, no debe
adm itirse el desembarco de los afiliados al a n a rq u ism o .. . A la
A rgentina no le conviene d ar albergue al anarquism o. . . ” 138
El asesinato de la em peratriz de A ustria en la costa del lago
de G inebra volvió a ser un pretexto para atacar violentam ente a
las anarquistas de todo el m undo; los periodistas de la A rgentina
no se quedaron a la zaga de los europeos.1311 E ntre otros, hubo los
que pedían la formación de una liga internacional para encargarse
de la liquidación de los actos anarquistas en todas partes. Al pare­
cer se orientaban según “la opinión de los grandes” de Europa,
pues poco después llegaron noticias de R om a sobre u n a iniciativa
d el gobierno de Italia tendiente a convocar una conferencia in ter­
nacional para la campaña contra los anarquistas. Esa conferencia
debería debatir: 1) La caracterización de los delitos anarquistas, 2)
El trato que se daría a los anarquistas capturados, 3) Los medios
para im pedir la propaganda anarquista. T am bién se supo de una
cam paña de presión que em prendió el gobierno de Italia sobre
otros países para conseguir que obstruyan la m ovilidad de “anar­
quistas foráneos” y obrar según los acuerdos de extradición inter­
nacionales.140
Basándose en los principios del derecho internacional, P. Gori
escribió u n artículo, contra la conferencia internacional de Roma,
en Criminología M oderna.1*1 A su parecer, y habida cuenta de una
realidad constituida por regímenes políticos diversos, la ley inter­
nacional de extradición por delitos carece de fundam ento jurídico.
Más aún: esta ley es la base de u n acuerdo internacional supues­
tam ente dirigido a prevenir contra el “com plot anarquista” ; pero
en los hechos se trata de perseguir a los hom bres por sus ideas y no
a quienes cometen ciertos tipos de actos que generalm ente reciben
el calificativo de “anarquista”, cualquiera sea el atentado y aunque
sus perpetradores disten m ucho del anarquism o. P ara dem ostrar
todo esto Gori presenta una lista muy extensa de casos, desbara­
tando categóricamente el m ito, am pliam ente difundido, de que
detrás de los atentados hay u n “com plot” clandestino internacio­
nal,142 y alegando que los gobiernos y la prensa fom entan ese mito
138 l,a Protesta H u m a n a , 16 de enero de 1898.
13» “ L adrando a la L u n a ”, en L a Protesta H u m a n a , 25 de septiem bre de
1898,
“La conferencia a n lfa n arq u ista ", en La Protesta H u m a n a , 20 de noviem ­
b re de 1898,
n i P . G ori, “Delitos contra la lib e rta d ”, en Crim inología m oderna, Buenos
A ires, 15 de diciem bre de 1898.
i-1- La posición de P . G ori se ve fortalecida p o r la investigación histórica
EL TERROR EN EURO PA Y SUS ECOS EN ARGENTINA 115
para poder em prender con más facilidad la persecución contra anar­
quistas» contra elementos activos en los sindicatos obreros y miem­
bros de la oposición en cualquier paraje. Las noticias llegadas de
Rom a, por cierto, probaron que los distintos gobiernos tenían ideas
muy dispares y contradictorias sobre el térm ino “anarquista” (el
representante de T u rq u ía quería englobar en ello a los naciona­
listas armenios, así como a los constitucionalistas. . . El represen­
tante ruso, a todos los delincuentes políticos que h u ían de Sibe-
r i a . . . ) . Por lo tanto un acuerdo en u n congreso de esa naturaleza
no se centraría en el “p artido anarquista", sino que apuntaría con­
tra todas las oposiciones del m undo. De ahí que P. Gori afirm e que
el congreso presuntam ente contra el “com plot” anarquista se con­
vertirá en realidad en u n “com plot” internacional contra la liber­
tad de pensam iento.143
Los ecos del terror anarquista en E uropa se proyectaron directa­
m ente, sin duda, sobre la posición de los anarquistas en la Argen­
tina. Los artículos publicados por L P H en 1898, dan cuenta de
allanam ientos en domicilios de anarquistas, especialmente de “fo­
ráneos” inm igrados últim am ente, h ablan de persecuciones contra
hombres activos y de arrestos arbitrarios por lapsos reducidos.144
Esas persecuciones se sucedieron tam bién en 1899, y en febrero de
ese año se supo del intento de introducir agentes de policía en los
círculos anarquistas, para que cum plan tareas de “delatores” y pro­
vocadores. L P H , al revelarlo, previene a todos los grupos anarquis­
tas y los llam a a eludir la tram pa que les prepara la policía.145
Cabe puntualizar que L P H evidenciaba u n tono cuidadoso y mo-

m oderna. H asta a hora no se en co n traro n evidencias pro b ad as y categóricas de


la existencia de “ com plots” a n arq u istas en esa época. P o r el contrario: la m a ­
yoría de los investigadores ad m iten q u e sólo se tra ta ro n d e actos aislados, co­
m etidos p o r individuos. E l d octor Z. Iviansky lo T e i t e r a en su ensayo y
afirm a que: “T odos los aten tad o s — con excepción de los d e R u sia — son p ro ­
ducto de la resolución, iniciativa y ejecución de individuos aislados. N inguna
organización los resp ald a, n a d ie los financia, n i los alie n ta , tam poco los incita,
no les b rin d a asilo n i les su m in istra inform ación. T o d o se hace en el aisla­
m iento, anónim am ente, el a ten ta d o r es el único q u e asum e la responsabilidad,
la decisión, la resolución y la acción p ráctica.” Véase Z. Iviansky, op. cit., p p .
36-38.
143 De en tre las num erosas protestas c ontra la convención en R om a, p u e d en
verse “E ternas conspiraciones”, E l R eb e ld e , 11 d e d iciem bre d e 1898; “ A p ro p ó ­
sito de la conferencia a n tia n arq u ista", ibid., 8 de enero d e 1899; “Ecos de la
conferencia”, ibid., 24 de diciem bre de 1898.
i4 i “C ruzada p o lic ial”, en L a Protesta H u m a n a , 20 d e noviem bre d e 1898;
“Periodistas policías", ibid., 16 d e enero d e 1898; "A tropellos policiales" (sobre
ias persecuciones en el in te rio r d el país), ibid., 26 d e m arzo d e 1899.
n 5 “£ n g u ard ia contra los agentes” , en L a Protesta P lum ona, 12 de febrero
de 1899.
116 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS (1897-I899j
derado al juzgar el terror en la A rgentina, pero E l R ebelde, en cam­
bio, no sabía de frenos en ese entonces; en la prim era m itad de
1899 insertó artículos que llam aban abiertam ente y en tono h irien ­
te a recurrir a la violencia,146
Sea como fuere, en 1899 aún no se había consolidado una pollti-
ca declarada de persecución antianarquista en la Argentina,_JLas
represiones policiales, si ias hubo, se debían a iniciativas lugareñas,.,
de com andantes subalternos que contaban empero con la aproba­
ción velada de las altas esferas. T am poco la piensa se abocaba sin
tregua al tema y, á í extinguirse los ecos de los sucesos en Europa,
se calm aron los ánimos en la Argentina.

EL PROYECTO DE LEY DE M . CAÑÉ

E n esas circunstancias —y en m edio de ese dilem a general— se hizo


el prim er intento de prom ulgar u n a ley que diera u n cim iento
judicial a la cam paña contra los anarquistas en la Argentina. Lo
; trató de conseguir el senador M. Cañé .el 8 de junio de. 1899,, al
; presentar un proyecto de ley al Senado que posibilitaba al Presi-
j dente de la R epública deportar y restringir la entrada de extran-
l jeros indeseables. Su texto decía:

A rtículo 19: El Poder Ejecutivo podrá, po r decreto, ordenar la salida del


territorio de la Nación, a todo extranjero que haya sido condenado o sea
perseguido por los tribunales nacionales o extranjeros, por crímenes o
delitos de derecho común.
A rtículo 29: El Presidente de la República, en acuerdo de ministros,
p odrá ordenar la expulsión de todo extranjero cuya conducta pu ed a com­
prom eter la seguridad nacional, tu rb ar el orden público o la tran q u ili­
dad social.
A rtículo 39: El Poder Ejecutivo podrá im pedir la entrada al territorio
de la R epública a todo extranjero cuyos antecedentes autoricen a incluir­
lo en tre aquellos a que se refieren los dos artículos precedentes.
A rtículo 49: T odo extranjero que, después de su expulsión del territo­
rio nacional, regrese al mismo, sin permiso del Poder Ejecutivo, será dife­
rido a los tribunales y condenado a prisión de uno a seis meses. Después
de purgada la pena, será nuevam ente expulsado.
A rtículo 59: El extranjero contra quien se haya decretado la expulsión,
tendrá tres días para salir del país, pudiendo el Poder Ejecutivo, como

n e “P rotestas p latónicas”, en E l R eb e ld e , 4 d e ju n io d e 1899; “ ¿C ontra Vio-


len ta m - R atio?”, ibid., 2 de a b ril d e 1899.
EL PROYECTO DE LEY DE CAÑÉ 117

m edida de seguridad pública, ordenar su detención hasta el mom ento del


em barque.
Artículo 69: Comuniqúese, e t c ...147

E n el texto del proyecto de ley no se hablaba explícitam ente de


anarquistas, pero la intención era evidente. Ello se puso de m ani­
fiesto p or el com entario de la prensa y, sobre todo, por el inform e
que trasm itió el em bajador de G ran B retaña en la A rgentina, pocos
días después de presentarse el proyecto al Senado.148 La iniciativa
de M. Cañé no se respaldaba en ningún argum ento directo deri­
vado de algún suceso significativo últim o en la A rgentina.149 En
la C ám ara subrayó los móviles, ligados a sucesos internacionales de
m alestar social en el m undo: eso le hacía prever los peligros que
acechaban a la Argentina, por su C onstitución dem asiado liberal.150
El proyecto, según lo habitual, se trasfirió a la Comisión de Nego­
cios Constitucionales, para su debate.
La repercusión-del proyecto de ley en la prgnsa_3L_en-.la-opinión
pública, l úe muy tenue. Inclusive un_ diari<x^eonservador..jcomo
Review o f R iver Píate —vocero de los círculos_comerciales b ritá­
nicos en la A rgentina— lo recibió con frialdad, en u n artículo

117 Sesión o rd in a ria de! 8 de jim io d e 1899, Diario de Sesiones, C ám ara de


Senadores, Congreso N acional, R e p ú b lic a A rgentina, p. 34.
i *8 "É l [el senador M. Gané] sostiene q u e la m edida q u e p ro p u so tiende
esencialm ente a re p rim ir la expansión del a n a r q u is m o ...” (extracto d e u n a
carta d el rep resen tan te M . B arrington al M arquess o f Salisbury, Buenos Aires,
22 de ju n io d e 1899. Se h a lla en el archivo del P u b lic R ecord Office, L ondres,
e xpediente r.o . 6/459).
149 V arios días antes del proyecto de ley, es cierto, se pub licó u n a noticia
sobre el descubrim iento de u n a bo m b a e n el tre n d o n d e v iaja ría el presidenta
general Roca, H u b o quienes q uisieron e xhibirlo como u n com plot anarquista.
Pero las p ru e b as fueron tan endebles, q u e n in g ú n elem ento serio p u d o a d m itir
esa sospecha. L a cuestión fue olvidada de inm ediato. L a prensa a n arq u ista
negó enérgicam ente los infundios y los denunció como u n a provocación policial
p a ra crear u n clim a p ropicio q u e facilitara la prom ulgación d el proyecto de
ley de Cañé en el Senado. Véanse E l R eb eld e, 25 d e ju n io de 1899 y L a P ro­
testa H u m a n a , 25 de ju n io de 1899.
iso “ . .. p o r q u e las p ro fu n d as conm ociones sociales, q u e tiene p o r teatro la
E uropa, h a n puesto de relieve ei estado de absoluta indefensa en que nos e n ­
contram os contra esa clase de m ales”. Sesión o rd in a ria del 8 de ju n io de 1899,
Diario de Sesiones, C ám ara de Senadores, Congreso N acional, R epública A rgen­
tina, p. 14. El biógrafo de >1. C añé señala la in fluencia de los sucesos de
E uropa sobre la presentación del proyecto de ley. R. Sáenz. H ayes, M iguel Cañé
y su tiem po, Buenos Aires, Ed. K raft, 1955, p. 466; D . A bad d e S antillán,
Historia argentina, op. cit.., t. III, p. 547.
Esta in fluencia es clara si se tiene e n cuenta el pasado de M . C añé, quien
fue re p re se n tan te diplom ático de la A rgentina en B erlín, V iena (1882-1886),
y M adrid (1886-1890), así como en París (1896-1898).
118 INTERVENCIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 7 - 1 8 9 9 )

editorial.151 M. Cañé trató de poner en funcionam iento una red


de escláréam ientxf e ñ S F e í publico y redactó u n folleto para fun­
dam entar los móviles de la ley y justificarla.152 Pero no tuvo éxito.
El público —en especial los instruidos— no estaba convencido de
que los peligros sociales am enazaban al país, ni que su gravedad
justificaba los medios de opresión capaces de desvirtuar cláusulas
respetables de la C onstitución A rgentina (por ejemplo, u n pasaje de
la introducción, así como los artículos 14, 20 y 25). El estado
de ánimo general se refleja en u n artículo publicado por,^a^jVV¡-
c ió n ^ tn noviem bre de 1899: adm ite que las ideas del anarquism o
y del socialismo empezaron a infiltrarse en el continente sudam eri­
cano, pero “ .. . No aconsejamos una política de persecución ni de
represión; ni el socialismo ni el anarquism o son todavía peligrosos
entre nosotros, pero sí aconsejamos estudio, observación y vigilan­
cia para im pedir que al am paro de la indiferencia — o tolerancia
excesiva— tom en un vuelco inconveniente y lleguen a constituir
un peligro para el orden social.” 153
T a l estado de ánim o, al parecer, hizo presa tam bién del Senado,
y en el debate sobre el proyecto de ley en la Comisión de Negocios
Constitucionales, no prosperó; tras u n tiem po, se procedió virtual­
m ente a congelarlo. Sólo la presión de acontecim ientos adiciona­
les en el dom inio internacional —y las luchas sociales en la Argen­
tina— m ovieron a presentar de nuevo el proyecto de ley, hicieron
que se reconociera carácter de urgencia y actualidad, y llevaron a
convertirlo en u n tema central en la confrontación entre los anar­
quistas y la sociedad del país. N uestro estudio se propone expli­
carlo seguidamente.

151 “Dr. Cañé P ro ject” , T h e Iieuiew 0} th e R iv e r Píate, 22 de ju lio de 1899.


isa M. Cañé, E xpulsión de extranjeros, B uenos Aires, 1899, 126 páginas.
153 “ Los burgueses disgustados", e n L a Protesta H u m a n a , 26 d e noviembre
d e 1899.
III. P E N E T R A C IÓ N Y CON SO LID A CIÓ N D E LOS
ANA RQ UISTAS EN LOS SINDICA TOS OBREROS
(¡U N IO DE 1899-MAYO DE 1901)

APREMIOS Y DESOCUPACIÓN ENTRE LOS OBREROS

A p artir del año 1899 asom aron en la A rgentina procesos econó-


mico-sociales que prom ovieron u n agravam iento cada vez mayor
de las relaciones laborales. E n tre 1897 y 1899 se prolongó la ex­
pansión agrícola (que se iniciara en 1895), la exportación se am ­
plió, sus precios en los mercados m undiales se elevaron, y ello
llevó a la valorización del peso papel, así como a la devaluación del
oro (de 291 pesos-papel por 100 pesos-oro, se redujo a 225 pesos-
papel por cada 100 pesos-oro). Esta tendencia en el desarrollo eco­
nómico se reveló como perm anente en los últimos años y evidenció
indicios de estabilidad; no concordó, sin embargo, coa los intereses
de los terratenientes y grandes exportadores, cuyos ingresos re la ti­
vos podían verse mitigados. P or ese motivo ejercieron presiones para
lograr u n a política m onetaria que evitara u n desarrollo de esa ín ­
dole, que no les convenía. Sus presiones fueron fundam entales en
la aplicación de la reform a m onetaria que llevó a cabo el m inistro
de Hacienda, José M aría Rosa, en el gobierno del general J. A.
Roca, a p artir del 4 de noviem bre de 1899, cuando se prom ulgó
la ley de conversión núm . 3871. Según ella, 100 pesos-papel eran
cambiables en la caja de conversión por 44 pesos-oro, o 100 pesos-
oro por 227.72 pesos-papel.1
La oposición enérgica a esta política m onetaria se expresó en los
círculos obreros, sea en el sector socialista o en el anarquista. Un
mes antes de aprobarse la política de referencia, apenas sus tenden­
cias se conocieron en público, el dirigente socialista J. B. Justo
censuró acerbam ente la política m onetaria del gobierno y las pro­
yecciones negativas que habría de tener sobre el nivel de vida de
los trabajadores. En u n a disertación recalcó, entre otras cosas, la
dism inución constante del salario real del obrero en la A rgentina.
Al respecto m anifestó:
i A. G. Ford, E l patrón oro, 1880-1914, Inglaterra y A rg en tin a , E d ito rial del
In stitu to , Buenos Aires, 1966, p p . 245-246, 250-251; J. H . W illiam s, A rg en tin e
International trade. U nder inconvertible pa p er m oney, H a rv ard U niversity Press,
1920; R. M . O rtiz, H istoria económica, op. cit., tom o i, pp. 206 ss.- G. D i T elia,
M. Zym elm an, Las etapas d el desarrollo económ ico argentino, Buenos Aires, ed.
U niversitaria, 1967, p p . 2S0-234 (sobre p erio d o general d e 1892 a 1902).
[119]
120 PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS (1899-1901)

Yo he com parado los salarios a oro de algunos oficios en 1887, año en


que el peso-papel valia alrededor de 72 centavos, y en 1899, cuando se
nos dice que no debe valer más que 44 centavos oro. Los resultados son
éstos:

SALARIOS DIARIOS

E n 1887 En 1899
cuando 1 $ /ooo cuando 1 $ /ooo
valia 72 cent, oro vale 44 cent, oro
$ papel $ oro $ papel $ oro

A lb a ñ ile s 1.99 1.44 2.72 1.19


Carpinteros 2.46 1.55 3.00 1.32
Fundidores 2.27 1.63 3.44 1.51
H erreros 2.08 1.49 3.00 1.32 2

Esta conferencia de J. B. Justo fue pronunciada en oportunidad


de una gira de esclarecimiento de vastas proyecciones, organizada
por ei Partido Socialista, contra la nueva política m onetaria. En
asambleas públicas y en artículos publicados en la prensa, el p arti­
do exhortaba a los trabajadores a oponerse a esta política, a la vez
que censuraba al gobierno por congelar el valor del peso papel
cuando estaba por elevarse, con lo que despojó a los obreros del
fruto de la m ejora de la situación económica y financiera en el
país. Los obreros fueron llam ados a organizarse en sindicatos, para
la lucha contra las inclinaciones que se divisaban entre los emplea­
dores, cuyo propósito consistía en rebajar el salario nom inal.3
T am b ién en la prensa anarquista se publicaron, en 1899, obje­
ciones a los cambios en la cotización de la m oneda y a la política
del gobierno relativa a ese tema. L a prim era objeción se publicó
al principio del año, en u n artículo de G. Inglán Lafarga, director
de La Protesta H um ana,4 El autor niega que la elevación del valor
del peso pueda beneficiar a los trabajadores, pues los cambios en
la cotización red undarán en un encarecim iento de los artículos.
G. Inglán Lafarga, al igual que los articulistas de L a Vanguardia,
protesta contra la tendencia que ya asoma entre muchos emplea­
dores, deseosos de reducir el salario nom inal con el pretexto de

" "Conferencia del doctor J u a n B. Ju sto en el teatro Apolo, 8-1899”, en La


V anguardia, 23 de septiem bre d e 1899. T a m b ié n la investigación m oderna
llega a conclusiones análogas; véase W illiam s, op. cit., pp. 195-190.
s "E l P a rtid o Socialista y la cuestión m o n e ta ria ”, en La Vanguardia, 16 de
sep tiem b re de 1899 y 23 d e septiem bre del m ism o año.
* "E l oro y el salario ”, en L a Protesta H u m a n a , 27 de enero de 1899.
A PR E M IO S Y DESOCUPACIÓN EN TR E LOS OBREROS 121

q u e el valor real aum entó. Este pretexto no tiene asidero en la


realidad, si se tom a en cuenta el encarecim iento de los artículos de
prim era necesidad y de los servicios públicos.5
Los socialistas y los anarquistas “organizadores” (de los círculos
de La Protesta H um ana), así como los anarco-comunistas, replica­
ro n a las inclinaciones de la patronal a reducir el salario nom inal,
con un llam ado a los trabajadores a que se organicen y constituyan
una fuerza de lucha con el objeto de em prender de inm ediato una
serie de huelgas. Ya a principios de 1899, La Protesta H um ana p u ­
blicó exhortaciones de ese tenor y alegó que muchos compañeros
dirigían cartas a la redacción pidiendo que se realizaran tales huel­
gas. El director del periódico saludó esa tendencia y opinaba que
contribuiría a la educación revolucionaria d e los trabajadores, “en
la im posibilidad de realizar la revolución social tan pronto como
los anarquistas quisiéram os” .6
G. Inglán Lafarga sabía q u e ciertos anarquistas no aceptarían
ese llam ado, por lo que los llam a a discutir públicam ente el tema.
L a réplica de los anarquistas adictos a E l R ebelde no tardó en
hacerse oír, por cierto. El incentivo fue el fracaso de la huelga de
cocheros en Buenos Aires, que se transform ó en el paro más noto­
rio de 1899. E n u n artículo publicado en E l R ebelde, el 25 de
junio, el au to r se b u rla de esa huelga y afirm a que no tenía la me­
n or perspectiva de prosperar. Las huelgas cumplidas por vías pa­
cíficas y que pretenden m ejoras m ateriales parciales, carecen de
perspectivas y de sentido. Sólo las huelgas revolucionarias violen­
tas, que se valen del “incendio” y la expropiación, podrán acelerar
los beneficios para los obreros.7 Se advierte, por lo tanto, que en
el bando anarquista de 1899 asom aban enfoques dispares y con­
trarios en conexión con el papel que le cabe a la organización de
la lucha profesional cotidiana y a la huelga.8 En el m om ento en

5 La verosim ilitud d e la apreciación de La Protesta H u m a n a se deduce tam ­


bién del hecho de q u e aparece ig ualm ente en u n periódico antagónico p o r
completo, T h e E conom ist d e L ondres, enviada p o r el corresponsal en Buenos
Aires. Véase T h e E conom ist, 5 de agosto de 1899.
s G. Inglán L afarga, "E l oro y los salarios” , en L a Protesta H u m a n a , 27 de
enero de 1899.
7 "Sursum C orda”, E l R eb eld e, 25 d e ju n io de 1899.
8 Los opositores a esas concepciones tuvieron co n tinuación tam bién después,
según se deduce del a rtícu lo "H uelgas parciales”, p ublicado e n E l R eb eld e, el
25 de febrero de 1900.
‘‘La huelga (hasta que no lleguem os a la h uelga general) q u e hoy está a
nuestros alcances y q u e consiste en p e d ir u n a m ig aja de lo m ucho q u e nos
tienen usurpado, se ha de llevar rá p id a m e n te y sin rodeos y vacilaciones si se
quiere sacar p a rtid o de e l l a .. . Ir a Ja destrucción de todo m a te ria l que se
comporte el arte o la in d u stria, a q u e pertenecen los huelguistas.”
122 PEN ETRA CIÓ N EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

q ue asom aron indicios evidentes del em peoram iento de las relacio­


nes entre obreros y empleadores, comenzaron a desatarse guerras
sociales de m ucho alcance y significado.
E n 1899» varios diarios burgueses im portantes de la A rgentina
em pezaron a publicar descripciones sobre la expansión de los apre­
mios m ateriales en el seno de las clases sociales bajas. Sobre todo
descolló, al respecto, el m atutino La Prensa, que asum ió u n a linea
critica, contra la inoperancia del gobierno en los dom inios sociales.
U n arlículo editorial, del 4 de junio de 1899, analiza el proyecto de
presupuesto del gobierno y censura la tendencia a volcar el peso
de los impuestos sobre las capas asalariadas, en especial los obre­
ros. E n fiases contundentes, afirm a: "H ay miseria en las clases la­
boriosas. Hay familias contadas por millares que no pueden pro­
veer a su m anutención modestísima con lo que el trabajo rudo de
sol a sol les rinde. L a R epública A rgentina va dejando de ser el
país atrayente y privilegiado, que brinda al obrero una situación
d esah o g ad a..
Los apremios se agravaron en Buenos Aires a p a rtir del m om en­
to en que la ciudad se convirtió en asilo de las m ultitudes de des­
ocupados de las zonas aldeanas. Esta concentración en la capital
acrecentó el núm ero de solicitantes de trabajo y empeoró el apre­
m io de la desocupación que ya existía tiem po atrás. El diario La
Prensa vuelve a abordar el tem a de los sin trabajo en otro artículo,
el 15 de julio de 1899, donde ofrece inform ación u n cronista que
recorrió los suburbios y encontró a miles de obreros temporarios,
muy pocos de los cuales conseguían trabajo todos los días. En el
suburbio portuario d e La Boca, de 6 500 obreros sólo 1 500 logra­
ban trabajo todos los días. En base a Ifls datos recogidas p or cro-
nistas deL diario se ...calculó que-^eLnúmero de desoorpados en Bue-
nos Aires, en ese m om ento, era de 40 000 personas£ llamaba,
al. gobierno a prom over tareas que alivfeff'ér'próblem a de la ce­
santía. ................. .. ~~
El problem a de la desocupación preocupó tam bién al doctor
M ujica Farías, secretario de la Policía Federal, quien propuso solu­
cionarlo m ediante la prom ulgación de la Ley de Vagancia. El doc­
to r M ujica Farías justificó su proyecto en u n artículo que publicó
en La Nación, donde argüyó que no había motivos para justificar
la desocupación ni la vagancia: “La vagancia no tiene razón de ser
en Buenos Aires, no es u n fenómeno n a t u r a l . . . A quí no trabaja
el que no quiere.”
U na respuesta original y divertida de ese proyecto la dio un in­
dividuo anónim o que publicó miles de volantes en los que se decía
que el doctor M ujica Farías ofrece trabajo a quien lo quiere, sin
APREM IOS Y DESOCUPACIÓN EN TR E LOS OBREROS 123

pedir comisión. Los interesados debían acudir a su dom icilio en


la calle San M artín. Los volantes fueron repartidos a la m adruga­
da, en u n barrio obrero, y ai poco tiem po empezaron a fluir cien­
tos de desocupados a la calle San M artín, en el centro de Buenos
Aires. De este modo se formó, en horas de la m adrugada, una
m anifestación m odesta de miles de desocupados, ju n to a la casa del
secretario de la Policía Federal, quien se vio obligado a llam ar a
la policía para defenderse de los frutos de su propia iniciativa.8
Sobre el trasfondo de esta realidad socioeconómica y los apre­
mios de los obreros, empezaron a asom ar nubarrones en el ho ri­
zonte de las relaciones laborales en la A rgentina, a fines de 1899.
En el Diario de Comercio, vocero de los círculos del comercio, ya
en el mes de septiem bre se publicaron pronósticos sobre grandes
huelgas violentas.10 Pero en 1899 esos vaticinios no se m aterializa­
ron en la práctica. La única huelga de proyecciones —que fina­
lizó con logros para los huelguistas, y que p o r su organización y
carácter podía anticipar lo que depararía el futuro— no estalló en
Buenos Aires sino en la ciudad balnearia de M ar del Plata. Los
huelguistas eran obreros de la construcción y reclam aban una jo r­
nada de ocho horas de trabajo. La reacción de los empresarios fue
enérgica y contaron con el apoyo de la policía local (pese a que
los artículos 14 y 19 de la C onstitución reconocían el derecho legal
a la huelga que asistía a los trabajadores).
La Protesta H um ana, en una nota sobre la huelga,11 se refiere
a la tenacidad de los huelguistas frente a la represión policial y
habla de la intensa actividad de los anarquistas, que propagaban
sus ideas y ayudaban a lib rar la lucha por varios medios: entabla­
ban vínculos con círculos y grupos de diversas partes en Argentina,
recaudaban fondos para las familias de los huelguistas, fundaban
instituciones de ayuda m utua, habilitaban cocinas comunales, re­
partían alim entos a las familias necesitadas, etcétera.
La huelga duró dos semanas y finalizó con el triunfo parcial de
los huelguistas. La jo m ad a laboral se redujo de 12 a 9 horas, y se
prom etió que sería de 8 horas a p artir del 1 de enero de 1900. La
Protesta H um ana, al inform ar sobre la victoria lograda, dice: "Dig­
no ejem plo de tenacidad y unión han dado esos obreros a toda la
clase obrera de la R epública.” 12
9 E. D ickm an, o p . cit., p p. 132-133; La Prensa, Buenos Aires, 5 de a b ril de
1899.
10 “ Del n a tu ra l" , en L a Protesta H u m a n a , 3 d e septiem bre de 1899.
11 “ La h uelga e n M ar del P la ta ”, en L a P ro testa H u m a n a , 12 de noviem bre
de 1899.
12 “La h uelga en M ar del P la ta ", en L a P ro te sta H u m a n a , 24 de noviem bre
de 1899.
124 P E N E T R A C IÓ N E N LO S SIN D IC A T O S (1899-1901)

AGRAVAMIENTO DE LOS CONFLICTOS LABORALES (1900)

Los comienzos del siglo x x en la historia argentina, se distinguen


p or el agravam iento de las relaciones laborales en uno de los focos
más sensibles de la economía: el puerto de Buenos Aires.13 El 5 de
enero de 1900 estalló una huelga de estibadores, que m uy pronto
abarcó a 4 000 obreros portuarios de renglones diversos y paralizó
la actividad portuaria durante dos semanas. F ue un indicio de lo
q ue se avecinaba. El m atutino La Prensa inform aba diariam ente,
en crónicas minuciosas, sobre la m archa de la huelga, y con fre­
cuencia consideraba conveniente recalcar la conducta tranquila y
serena de los huelguistas, que conservaron la calma todo el tiempo,
no se dejaron arrastrar al agravam iento de la situación, y rechaza­
ron la presión de los círculos extremistas o de otros sindicatos, que
acudían a las asambleas con fines de ag itac ió n 14 (esta acotación
debe subrayarse en vista de la evolución operada entre los obreros
portuarios en años posteriores). En la prensa anarquista pueden
encontrarse ecos respecto de las luchas internas entre los portua­
rios y de la disconformidad de los anarquistas por la prevalencia
d e las corrientes m oderadas.15 La lucha de los obreros portuarios
echó raíces en la opinión pública y el diario La Prensa se puso a
su lado apenas finalizó la huelga; en u n artículo editorial que exa­
m ina la situación económica en la A rgentina, justifica a los huel­
guistas, a la vez que destaca el aprem io de los obreros que no pue­
den m antenerse con el salario que reciben.16 Esta posición de La
Prensa fue expresada en u n a serie de comentarios editoriales publi­
cados en los primeros meses de 1900. En todos se acentuó la exis­
tencia de un “problem a social” en la Argentina, a la vez que se
censuraba acerbam ente la política del gobierno del general Roca
que pretendía desconocerlo y perm anecía indiferente a los apre­
mios de las capas populares y obreras: en especial criticaba la polí­
tica impositiva, que volcaba sobre las clases inferiores la carga más
gravosa y perjudicaba a los asalariados que, en su gran mayoría,

is Sobre el p a p e l de los p u e rto s e n la economía, argentina, véase Ortiz, H is­


toria económ ica, op. cit., t. i, p p . 260-69.
i* “L a huelga de estibadores", en L a P ren sa , 13 de enero de 1900,
15 "L a huelga de los trabajadores d el p u e rto ”, en L a Protesta Humana,
21 de enero de 1900. E l periódico anarco-com unista El R eb e ld e q u e también
ab o rd a el tem a, censura a los obreros que accedieron a las negociaciones con
los em pleadores, p o r presión de los socialistas, y los e x h o rta a no ser "blan­
dos”, sino exigir y p o r la fuerza: "p o rq u e la práctica nos ha enseñado que con
o rd e n y la calm a no se alcanza n a d a ”. "L a h uelga del p u e rto ”, E l Rebelde,
28 de enero de 1900.
18 "D em ostración de te en ferm ed ad ”, en La Prensa, 20 de enero de 1900.
AGRAVAMIENTO DE LO S C O N F L IC T O S L A B O R A L E S 125

no ganaban lo necesario p ara su sustento. T am bién deploraba la


suerte de los industriales, que no podían desarrollar sus empresas
ni pagar salarios más altos debido a la base endeble de sus fá­
bricas.”
El enfoque del m atu tin o La Prensa no era com partido por todos.
O tras voces, a raíz de la ola de huelgas a comienzos de 1900, no
justificaban los paros y destacaban los peligros que acechaban a
las relaciones laborales. U na de esas voces pertenecía a T h e Reyjew
of the R iver Píate, que aparecía en Buenos Aires en lengua inglesa,
“era el órgano de los círculos comerciales (británicos y argentinos).
A comienzos de 1900 reaccionó contra las huelgas, en los siguientes
términos:

Sobre las huelgas: El trabajador argentino asoma. E n los últim os cinco


años desarrolló realm ente u n a capacidad de huelga, pero esa capacidad
ha sido organizada por gente llegada de E u ro p a . . . H an habido muchos
lugares en este país en donde las relaciones sem ipatriarcales entre el hom ­
bre y su superior se conservan intactas. Pero las huelgas le h an puesto
p u n to final. El proceso es inevitable aunque, en cierto sentido, se lo pu e­
de deplorar.18

Pese a la gran tensión a comienzos de 1900, las relaciones labo­


rales no se despeñaron y no se m aterializaron los temores: las huel­
gas que estallaron en el país después de los urimeros meses de 1900
fueron escasas ,JL a más descollante fue ia de los sombrereros, que
paralizó la labor en varias fábrica? im portantes.1® Sea como fuere,
ér^ p ro b lém a social” y la precariedad de los trabajadores se volvió
un tema candente y no se lo podía desconocer. Ello fue el resulta­
do directo de esta ola inicial de paros laborales.
Por si no bastaban los ecos de las huelgas, u n a ola de calor espan­
toso azotó al centro del país a comienzos de febrero de 1900. D uró
casi 10 días, ocasionó cientos de víctimas en la ciudad de Buenos
Aires y sus inmediaciones, y volvió a revelar los apremios de las
capas sociales inferiores. T res cuartas partes de las víctimas eran
obreros que, en su mayoría, m urieron insolados en horas de tra­
bajo. Los médicos indicaron que las causas de la gran m ortalidad
cabía buscarlas en las pésimas condiciones de vivienda y de trabajo,
así como en la subalim entación de los trabajadores. La Prensa des­
tacó cuál era la razón de la tragedia; lo hizo en u n artículo editó­
la "E! problema industrial”, en La Prensa, 15 de marro de 1900; "En derre­
dor del salario”, ibid., 19 de febrero de 1900; "Rápida, buena y barata”, ibid.,
3 de marzo de 1900; "El obrero”, ibid., 4 de marzo de 1900.
is T h e R eview o f the R iv e r Píate, 3 de marco de 1900.
™ "Las huelgas”, en La P rotesta H u m a n a , 25 de mayo de 1900 y 22 de di­
ciembre de 1900; L a Prensa, 10 de febrero de 1900.
126 PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

rial y en las crónicas cotidianas.20 E n ellos se censuraba m uy en


especial las condiciones de vivienda en los conventillos: el haci­
nam iento, asfixia, ausencia de instalaciones sanitarias y, sobre todo,
el m onto del alquiler por la “vivienda” (que era, u n a miserable
pieza solamente).21 Sobre la gravedad del problem a de los conven­
tillos, sirve de evidencia el hecho de que tam bién T h e lleview o/
the R iver Píate (nada afín a los intereses obreros) consideró nece­
sario señalar cuán onerosos eran los alquileres y afirm ó que tales
alojam ientos no podían destinarse a viviendas de seres hum anos.22
JLJna nueva dim ensión en el fenómeno de la precariedad d e la
clase tm b ijid o ra argentina sé "reveló a principios del siglo xx,
al aum entar el núm ero de desocupados en la., capital y _£n. sus-aíre-
dedore A tares de la década de 1890 se habían realizado en Bue­
nos Aires varias manifestaciones d e desocupados, claro indicio del
alcance y la gravedad del fenómeno. E n los años .J9CLQJJQL.se
agravó el problem a de la desocupación., en Buenos Aires; con el
objeto de hacerlo conocer a las autoridades, el 12 de agosto el P ar­
tido Socialista organizó manifestaciones de desocupados en las que
, participaron alrededor de 10 000 personas y a cuya finalización se
elevó una petición al Presidente de la R epública. La presentación
de tal petición, m otivó que los círculos anarquistas no concurrie­
ran a la manifestación. Sin embargo exhortaron a sus adherentes
a tom ar p arte para dem ostrar con esa concentración masiva la exis­
tencia del problem a y su seriedad, y desm entir rotundam ente el
argum ento de que en la A rgentina no tienen razón de ser el socia­
lismo y el anarquism o.23
La respuesta del Presidente de la R epública, como podía pre­
verse, fue vaga y evasiva, y provocó la protesta airada del público.
La m anifestación tuvo eco en el pueblo y La Prensa em prendió
u n a investigación sobre las condiciones de vida y de trabajo de los
obreros en Buenos Aires y en las provincias. Las revelaciones del
sondeo se publicaron en una serie de artículos, intitulados “Los
obreros y el trabajo", que aparecieron día tras día durante ios me­
ses de agosto, septiem bre y octubre.24

20 “Actualidad - Días tremendos", en L a Prensa, 5 de febrero de 1900; "Las


clases obreras”, ib id ., 9 de febrero de 1900; T h e T im es, Londres, 18 de abril de
1900 y 29 de abril de 1900.
T h e T im es, Londres, 18 de abril de 1000 y 29 de abril de 1900.
22 T h e R eview o f th e R iv e r P íate, 28 de abril de 1900.
23 "M anifestación de desocupados”, en L a Protesta H u m a n a , 10 de agosto
de 1900.
21 La serie de artículos que apareció bajo el titulo “Los obreros y el traba­
jo ”, lúe saludada con simpatía por L a P rotesta H u m a n a , haciéndose a un lado,
por supuesto, de las tendencias interesadas que podía tener La Prensa para
1

127

LAS CONDICIONES D E V ID A D E L O S TRABAJADORES ( 1 9 0 1 )

L a investigación de La Prensa perm itió saber que en 1901.vivían


en Buenos Aires 235 000 asalariados todos los tipos (obreros, em­
pleados. servidores públicos, carreteros, etc., con excepción de una
tenu a p a de directores que ganaban salarios altos).25 De este nú-
reali a n ondeo de tal n atu raleza (a tra er m ayor n úm ero de lectores), “ La
vida ob en L a Protesta H u m a n a , 7 d e septiem bre de 1901.
25 Se trascribe seguidam ente la com posición de la población obrera de B ue­
nos Aires, según el sondeo realizado p o r cronistas d el m a tu tin o La Prensa y
q u e se p u b lic a ra en aq u el periódico el 21 d e agosto de 1901:

Peones y oficiales albañiles 17 800


O breros alpargateros 690
O breros de velas y alfom bras 290
Bronceros 600
C arpinteros en general 1 400
O breros de carruajes 1450
C urtidores 2 900
Cigarreros 2 300
Doradores 125
D ependientes de tiendas, alm acenes, cafés, restaurantes 27 600
E ncuadernadores 400
T allistas, ebanistas, lustradores de m uebles 3 450
O breros fideeros 600
O breros de fábricas de cal 300
G rabadores 60
H ojalateros, herreros, herradores 5 000
Yeseros en general 600
Fábricas de ladrillos 2 600
Im presores y litógrafos 470
Licoristas 1 350
M arm oleros 700
Mosaicos 340
Mecánicos, m aquinistas 4 400
Cocheros y guardas de tranvías 5 500
M u n icipalidad 3 000
P intores 3 000
T e d io s de pizarra 130
P onep liegos 300
V igilantes 3 500
Zapateros 14 500
C onductores de vehículos 20 000
Peones de rib era sin ocupación fija 10 000
Estibadores 4 000
Mozos de cordel 2 000
O tras ocupaciones 5 000
O breros panaderos 6 500
Pavim entación y picapedreros 2 300
Peluqueros 2 000
Q uem adores de basura 200

163 de 233
f
128 P E N E T R A C IÓ N E N LO S SIN D IC A T O S (1 8 9 9 -1 9 0 1 )

m ero 46 500 fueron definidos como “Cesantes”, Es decir: el 25 %


de los asalariados. El 5.5 % de la población total de Buenos”Aires-
padecía escasez y precariedad m aterial perm anente. La situación
de los asalariados con trabajo fijo tampoco era m uy buena. Según
los cálculos, una fam ilia de 4 personas requería 63 pesos m ensuales
como m ínim o para llevar una vida norm al y m odesta.26 El examen
de los salarios en la industria, los servicios públicos y el comercio.

R elojeros y joyeros 1 000


Sastres 5 800
Som brereros 750
T o rn ero s 800
T alab a rtero s 1 300
T ipógrafos 2 700
T oneleros 340
V idrieros 600
M ujeres q u e tra b a ja n e n las industrias 21 500
N iños obreros 18 000
Em pleados en casas m ayoritarias, bancos, etc., con
sueldos m enores de 200 pesos p o r mes 25 000

T o ta l 235 335

A fines de 1900 la._pohlación de B uenos .Aires sa m a b a 825 0 0 0 ,a lm a s - JE L nú;


m ero de asalariados, p o r lo tan to , totalizaba el 28.5 %
D e esa población, 53 000" personas estaban expuestos a graves aprem ios por
la falta d e trab ajo . V ale decir, u n 5.5 % de los hab itan tes. Véase tam b ién L a
P rotesta H u m a n a , 7 d e septiem bre d e 1901.
; 8.500 certificados de pobreza fueron rep artid o s p o r la p olicía e n 1900-1901.
E n u n a rtícu lo publicad o e n A B C del socialism o, bajo el títu lo “ L a m iseria
e n B uenos A ires", se in fo rm a q u e a raíz d e u n a c ontribución d e 50 000 pesos
de Cam ps Sales, se reg istraro n 8 500 pobres, lo q u e p ru e b a el ap rem io q u e
prevalecía en Buenos Aires. L a burguesía se desesperaba p o r o c u lta r esa m iseria.
T rascribim os a continuación, los gastos, prom edio, de u n a fam ilia de 4
personas, en artículos de p rim e ra necesidad:

C arne 1 9.00
Leche 3.00
Cereales 3.60
V erduras 4.50
T abaco 1.50
Aceite, grasa, vinagre, etc. 5.40
Vino 3.60
Pieza 17.50
L uz, etc. 2.50
Fuego 3.00
Varios, ro p a, etcétera 3.00

T o ta ! 63.00

“ Los obreros y el tra b a jo ”, La Prensa, 23 d e agosto d e 1901,


CONDICIONES DE VIDA DE LOS TRABAJADORES 129

demostró que la m ayoría de los asalariados no ganaban ese salario


m ínim o. Por ejemplo, los cálculos hechos en el gremio de albañi­
les m ostraron que el salario prom edio era de 59 pesos.27 Cabe se­
ñalar que ese nivel salarial no se m antenía invariable, sino que
dism inuía continuam ente. La circunstancia de que había decenas
de miles de desocupados ejercía pPesión sobre el mercado laboral
y provocaba la reducción del salario.28 L a investigación de La
Prensa comprobó que en la m ayoría de las ramas obreras el salario
había descendido, en los últim os dos años, en u n 30-40 %, sobre
todo en Jos parajes donde residían hacinados trabajadores e inm i­
grantes, por ejem plo en L a Boca.29 Esta dism inución se reflejó
enseguida en la reducción del consumo de alim entos básicos.30
U n rubro de m ucha incidencia en el nuevo presupuesto de gastos
de la clase obrera, lo constituía el alquiler. Por una habitación en
u n conventillo, de cuya baja calidad ya se hizo mención, el obre­
ro pagaba entre 17 y 20 pesos p o r mes, es decir del 30 al 40 %
de su salario: este fenómeno no tenía parangón en el m undo.31
Los conventillos eran la forma más difundida de vivienda entre las
capas hum ildes de Buenos Aires. Asom aron al iniciarse la gran ola
inm igratoria a la A rgentina, y se m ultiplicaron en las décadas de
1880 y 1890, a raíz de la escasez crónica de vivienda en la capital,
que crecía a un ritm o m uy veloz. En 1901 se estimó el total de
esas casas entre 1 000 y 1 300, el núm ero de piezas que tenían era
aproxim adam ente de 35 000 y en ellas m oraban 140 000 inquilinos,
es decir el 17 % de la población bonaerense.32
C abe señalar que los conventillos —con su hacinam iento, falta
de higiene y de instalaciones sanitarias— no sólo incubaban enfer­
medades endémicas \ epidemias, sino que tam bién eran locos de
agitac'óii ) protestas sociales, que im prim ieron su sello a Buenos
Aires en los albores del siglo xx. Ello resalta en especial si se toma

"Los obreros y el tra b a jo " , e n L a P ren sa , 28 de agosto de 1901. Según los


cálculos, eí p rom edio general d el salario de u n obrero e ra de $ 55.00 p o r mes.
Véase L a P ren sa , 3 de septiem bre d e 1901.
28 Sobre el descenso d el salario prom edio, como consecuencia de la rivalidad
en el m ercado d e trab ajo , y sobre la d isp a rid a d en tre el salario no m in al y e)
real, véase los cálculos realizados e n L a O rg a n iza ció n , órgano de la Federación
de Sindicatos O breros, e n noviem bre d e 1901, b a jo el titu lo , “ Los salarios”.
Según este a rtícu lo , el obrero q u e ganaba $ 3.00 p o r d ía deb ía conform arse
ahora con 1 2 50 o $2.20. A dem ás, no tra b a ja b a todos los días del año, de
m odo que ese salario n om inal se trasform aba prácticam ente e n un salario real
que oscilaba e n tre $ 1.00 y 1.95 p o r jo rn a d a laboral.
20 “ El o brero y el tra b a jo ”, en L a P ren sa , 30 de agosto de 1901.
so “ El obrero y el trab a jo ” , e n L a P ren sa , 20 de agosto de 1901.
31 “ El o brero y el tra b a jo ”, en L a P ren sa , 3 de septiem bre de 1901.
32 “ El obrero y el tra b a jo ”, en L a P ren sa , 8 d e septiem bre de 1901.
130 PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

en cuenta que esas casas estaban situadas en el centro de la ciu­


dad, en la vecindad de los barrios opulentos, cuyas mansiones lujo­
sas gozaban de fama en el m undo entero de aquellos años.
El significado especial de los conventillos en el paisaje social de
la ciudad de Buenos Aires, adquiere una dim ensión adicional si se
piensa que, en su mayoría, constituían u n centro de absorción en
masa de los inm igrantes que afluían a la ciudad. En la época
de referencia, la capital federal atravesaba u n proceso de urbaniza--
ción rápida, n u trid o en la gran corriente de inm igrantes de u ltra ­
m ar. P or lo tanto la capital argentina se convirtió, en esa época,
en una ciudad sin p ar en el m undo, p o r el alto porcentaje de ex­
tranjeros residentes en ella. U n sello del cosmopolitismo, muy
notable, le fue impreso y caracterizó su estilo de vida.33
i Según el censo nacional de 1895 vivían en Buenos Aires 345 493
; extranjeros, sobre una población,.total ,.de_65J 754 almag^.esudecir
! u n 52.1 %. El censo m unicipal de 1904 arroja la cifra de 432JU53
extranjeros sobre u n total" de 950 891 habitantes, lo" que significa
un 45 Los extranjeros im prim ieron su sello a m uchos barrios
de la ciudad, y su influencia descollaba en los vecindarios obreros,
como por ejem plo en La Boca y Barracas. Los corresponsales de La
Prensa realizaron una encuesta en 1901, entre las capas obreras de
Buenos Aires, y com probaron que la gravitación de los extranjeros
en varios gremios era m uy perceptible, sobre todo entre los estiba­
dores o mozos de cordel en la ribera del Riachuelo, desde Barracas
hasta la Boca. Cabe_tener presente, asimismo, que el porcentaje de
extranjeros entre los trabajadores de la A rgentina era en general
elevado. Según los datos del segundo censo nacional (1895) había
en la A rgentina 458 490 obreros extranjeros de diverso tipo, com­
parados con 747 008 obreros de origen argentino. Este núm ero au-
m entó constantem ente en los años posteriores, a "raíz del aluvión
de.inm igrantes. J. A. ÁlsinaTen su libró" obrero en la~TZejmblica
Argentina (1905), inserta las cifras siguientes relativas a J a inm i­
gración obrera entre 1895 y 1904:35

1895 47 758 1898 45 832


1890 85 374 1899 58 400
1897 47 953 1900 57 418
1901 59 183
TOTAL 401 918

3:1 T . F. McGann, A rg en tin e, T h e U nited States a n d the interam erican sys-


tem (1880-1914), Massacliusetts, H arvard Uiliversity Press, 1957, pp. 192-193.
34 S. Bagú, Estratificación social, op. cit., p. 119.
35 j, Alsina, E l o b r e r o ..., op. rit., p. 60.
H U E L G A S O B RERA S ( 1 9 0 1 ) 131

Según los datos que contiene el libro de Alsina, se puede estimar


el crecimiento num érico de la población obrera nativa de la Argen­
tina en 80 000 por año de prom edio. De ahí que, en la época de
referencia, los trabajadores argentinos sum aran 560 000, en tanto
que los inm igrantes totalizaban 401 000. No cabe duda que la adi­
ción fue muy significativa y la influencia demográfico-social se per­
cibió notablem ente.
U n estudio com partido de Gustavo Beyhaut, R oberto Cortés
Conde, H aydée Gorostegui y Susana T orrado contiene datos ilus­
trativos sobre la integración de los inm igrantes en la vida econó­
mica argentina y destaca la integración de los inm igrantes en las
etapas de producción.30
Conviene subrayar que las noticias sobre los aprem ios m ateria­
les de los obreros argentinos disuadió a los inm igrantes y redujo
la ola inm igratoria de 1900. El presidente de la A rgentina no ocul­
tó su preocupación en el mensaje presidencial de mayo de 1900.37

HUELGAS OBRERAS (1901)

La realidad socioeconómica de las clases trabajadoras en la Argen­


tina, descripta en líneas generales hasta ahora, debe ser encarada
como el trasfondo del auge de la ola de conflictos laborales y huel­
gas que se inició en 1901 y llegó a su puirto culm in ante en 1902,
cabe prestar atención al alcance de los paros, a la variedad de sindi­
catos obreros que tom aron parte, a sus dimensiones y su expansión
ráp id a con la influencia respectiva sobre la economía y la socie­
dad, así como a la intensidad de las actividades de los movimientos
sociales en los años 1901-1902. Esos años pueden ser definidos como
de “explosión” en las relaciones laborales, según los criterios expues­
tos por E. J, H obsbawm 33 en su articulo “Economic fluctuations
and social movements since 1800” ,
El 15 de enero de 1901 los m arineros y foguistas de la com pañía
M ihanovich iniciaron una huelga de grandes proyecciones en el
puerto de Buenos Aires, El paro duró dos semanas y finalizó con
la victoria de los huelguistas. El diario La Prensa, en su crónica,
consideró oportuno acentuar que los obreros de la compañía
so H aydée G orostegui y colaboradores, “Los in m ig ran tes”, en A rg e n tin a , so­
ciedad de masas, op. cit., p p , 85-123.
37 A. M abragaña, Los mensajes, B uenos Aíres, 1910, t. v, p. 382.
ss E , H obsbaw n, L abotiring m an, L ondres, W eidenfeld a n d N icholson, 1971,
p. 126.
132 PEN ETRA CIÓ N EN LOS SINDICATOS (18994901)

— “personas extranjeras” y argentinos— m antuvieron u n com por­


tam iento “tran q u ilo ” du ran te todo el tiem po que duró la h uel­
ga.39 Esa apreciación se vio confirmada por la circunstancia de que
el periódico anarquista La Protesta H um ana, en su núm ero del
2 de febrero de 1901, al inform ar sobre el paro, señala que entre
los obreros participantes no hay anarquistas y se queja de que los
huelguistas im pidan la propaganda anarquista en su seno.
C on la huelga en el puerto de Buenos Aires, estallaron huelgas
paralelas tam bién en los puertos de San Nicolás, Ram allo, Bahía
Blanca y Ensenada, que finalizaron igualm ente con logros d e los
trabajadores.40
i A principios de febrero pararon 300 obreros de la com pañía
Bunge y Born para im pedir la dism inución de sus salarios. E n esa
época hicieron huelga, asimismo, los obreros de cigarrillos de R o­
sario, en u n paro de solidaridad que evitó los despidos de cuatro
obreros por profesar ideas anarquistas.41 T am bién estallaron pe­
queñas huelgas parciales en las fábricas de sombreros y en la fá­
brica Alpargatas.
En ju n io de 1901 estalló un gran paro de los obreros panade­
ros, en u n esfuerzo por frenar la reducción de salarios y lograr
mejoras en las condiciones de trabajo. A estos reclamos los acom­
pañaban otros: solicitaban u n obrero más por cuadrilla, que se les
abonara u n peso diario para comer, se les respetara la libertad de
realizar sus comidas donde m ejor les pareciera y se les acordara un
kilogramo de pan diario.
E n su trascurso, hubo intentonas por parte del sindicato obrero
de proclam ar u n a huelga general, pero no tuvo éxito por la pre­
sencia de numerosos rompehuelgas. Sin embargo, sólo fueron nece­
sarios 15 días para que en la capital argentina los dueños de pa­
naderías comenzaran a adm itir a los obreros sobre la base de la
aceptación del convenio suscrito con la Sociedad de Resistencia de
Obreros Panaderos de Buenos Aires. Según el convenio, los em plea­
dores se com prom etieron a no sobrecargar con labores adicionales
a las cuadrillas existentes en las panaderías, a pagar u n peso suple­
m entario p o r jo rn ad a para comida, d ar u n kilogram o de pan v
pagar p or los días de paro a los huelguistas.42
Pero la lucha no term inó con ello. En el suburbio de La Boca

so "M ovim iento o b re ro ”, en L a P rensa, 18 d e enero de 1901.


-<n "M ore strilces”, T h e R e v ie w o f th e R iv e r P ía te , 22 de febrero d e 1901;
S. M arotta, o p . cit., p. 184.
"H u elg a de cigarreros”, en L a P ro te s ta H u m a n a , 23 d e m arzo d e 1901.
42 “ L a h u elg a de p a n ad ero s”, e n E l O b rero , 21 de ju n io de 1901; S. M arotta,
o p . cit., t, i, p p . 134-35.
H U E L G A S OBRERAS (1901) 133

prosiguió el paro porque la m ayoría de los empleadores se negaban


a firm ar el convenio. Además, a las pocas semanas los dueños de
panadería intensificaron la cam paña en Buenos Aires, cuando lo­
graron constituir u n sindicato obrero paralelo a la Sociedad de R e­
sistencia, que aceptaba de antem ano todas sus exigencias y rom pía
las huelgas en cualquier lugar donde estallaban. L a nueva realidad
causó un escalamiento en las relaciones laborales, in trodujo la gue­
rra en las propias filas de los obreros, lo que se expresó seguidam en­
te en una serie de choques violentos entre obreros m iem bros del
sindicato antiguo y los rompehuelgas. La policía fue convocada a
tom ar posición contra los miembros de la Sociedad de Resistencia.
En todas las panaderías donde trabajaban m iem bros del sindicato
“am arillo” se apostaron guardias policiales que protegían a los
rom pehuelgas no organizados. T am bién fueron estacionados poli­
cías frente a la sede de la Sociedad de Resistencia, se prohibieron
sus asambleas y muchos de sus adherentes fueron arrestados.43 Cabe
tener presente que la m ayoría de los m iem bros activos del sindica­
to eran anarquistas y que la Sociedad de Resistencia de Obreros
Panaderos era u n sindicato obrero que m antenía lazos estrechos
con el anarquism o argentino desde su fundación. E n la época de
referencia, es decir en diciem bre de 1901, el sindicato de obreros p a­
naderos no era u n a excepción en cuanto a ese tipo de conexiones.
Por el contrario, tam bién otros sindicatos obreros sobresalían por
ese carácter. Además, desde hacía varios meses funcionaba en la A r­
gentina una federación de sindicatos obreros creada en cooperación
por anarquistas y socialistas, y en la que era notable la influencia
anarquista. Para com prender debidam ente esta nueva realidad, con­
viene pasar u n a revista sucinta a las etapas de la creación de la
federación y el desarrollo del sector anarquista d u ran te esos años
(1900-1901), así como de su conexión con los sindicatos obreros.

« "L a huelga de la Boca”, en E l Obrero, B uenos Aires, 4 de agosto de 1901;


“l o s panaderos de la c a p ita l”, ibid., 6 d e o ctu b re de 1901; “ E l m ovim iento de
los panaderos en el in te rio r”, ibid., 29 de diciem bre de 1901; ‘‘E l m ovim iento
dei grem io de obreros pan ad ero s en el in te rio r de la R e p ú b lic a ”, b o letín de
El Obrero. U na copia o rig in al d e esta c ircular se e n cu e n tra en el iisg , Ams-
terdatn, colección M ax N e ttla u , legajo A rgentina 1901. El R e b e ld e tam bién
aborda la hu elg a de los obreros panaderos y la supone u n fracaso absoluto de]
sindicato obrero, ya que los em pleadores log raro n d iv id ir el sindicato y crear
un sindicato "a m a rillo ” paralelo, “ H uelga d e p a n ad e ro s”, E l R ebelde, 13 de
octubre de 1901.
134 PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

ORGANIZACIÓN SINDICAL Y TENDENCIAS FEDERATIVAS

A fines de 1900 y a principios de 1901 se inició u n a tendencia a


entab lar vínculos m utuos, con miras a volver eficaces las campañas
y afianzar la solidaridad, en el seno de varios sindicatos obreros
de Buenos Aires. Como prim era expresión de esa tendencia, los
¡ sindicatos fundaron L a O rganizáciún,j\m . periódico qxicjempezó a
publicarse el 1 de enero de 1901, en calidad de “periodico defensor
de los trabajadores”. La ola de huelgas que azotó la capital y~el
interior, fortaleció la necesidad de coordinar la actividad de los
sindicatos obreros y to m ar más efectiva su lucha, por m edio de una
federación. La iniciativa provino, en febrero de 1901, de la socie­
d ad de mecánicos, uno de los sindicatos mayores que respaldaban
el periódico L a O rganización. T ra s varias entrevistas prepara tn-
tias se convocó el 2_de m arzo a u n a reunión de_representantea.de.
14 sindicatos obreros, cuya orden del día preveía un debate ?obre
la celebración de u n congreso de~si5Üicáíós obieios.
El periódico anarquista L a Protesta H u m a n a acogió positivam en­
te y con sim patía la iniciativa; llam ó a los anarquistas en los sin­
dicatos obreros a apoyarla y subrayó: “Buena es la federación de
los trabajadores para luchar con ventaja contra la b u rg u e sía .. . ; por
nuestra p arte llamamos la atención a todos los compañeros que
form an parte de las sociedades de resistencia sobre esta iniciativa,
esperando que como obreros conscientes, con nociones claras del
papel que corresponde a los trabajadores en la sociedad a c tu a l. . .
sabrán ilustrar las sesiones del congreso con criterio bien orien­
tado. . 44
E n las prim eras reuniones que se celebraron en marzo había
coincidencia de opiniones sobre el camino escogido para convocar
el congreso y crear la federación subsiguientem ente; para acelerar­
lo, se creó u n a comisión preparatoria, encargada de fijar el orden
del día del congreso. E ntre los anarquistas adictos a L a Protesta
H u m a n a el apoyo se hizo mayor m ientras se avecinaba la fecha del
congreso, pero entre los promotores, la gente de L a O rganización,
prendieron en cambio manifestaciones de duda y vacilación.44
C onviene señalar aquí que, entre 1890 y 1900, hubo cuatro in ­
tentos de crear una federación por iniciativa de sindicatos obreros
“ Congreso ob rero”, en La P ro te sta H u m a n a , 23 de febrero d e 1901; “ Con­
greso obrero y grem ial”, ib id ., 23 de m arzo d e 1901. V éase ta m b ién u n a circular
d e l d irector d el p eriód ico, G. In glán Lafarga, q u e exhorta; " ...o p in a m o s q u e es
obra d e conscientes y d e revolu cion arios, trabajar p or e l é x ito com p leto d e esta
a sam b lea o b r e r a . . . ”
45 Sobre las vacilacion es en los círculos d e L a O rgan ización , véase S. M arotta,
o p . c it., t. i, p p . 105-106.
ORGANIZACIÓN SINDICAL Y TENDENCIAS FEDERATIVAS 135

de in ílu e n d a y orientación socialistas. E n cada caso los anarquis­


tas se negaron a cooperar por el carácter político que se daba a las
federaciones.46 La situación era distinta esta vez. La idea de la
federación se aceptaba desde un principio; el director de La Pro­
testa H um ana, G. Inglán Lafarga, lo recalcó así: “Esta idea, al
principio recibida con cierta frialdad y desconfianza por las socie­
dades obreras de tendencias más radicales, y de más am plio espí­
ritu em ancipador, por los fracasos que sufriera en otras ocasiones,
cuando iniciativas de este tipo se vieron manoseadas por elementos
politicastros y sectarios, ha recibido hoy el más decidido apoyo de
esas mismas sociedades, interpretando al pie de la letra los propó­
sitos de sus iniciadores que son los de celebrar u n congreso p u ra­
m ente obrero y económico, y fundar una federación que establezca
lazos de unión y corrientes de solidaridad entre todos los obreros
de esta R epública.” 47
_ jp e b e subrayarse que el apoyo pleno a la iniciativa de u n con-\
gieso y u n a federación provino sólo de una parte de los anarquis- |
tas aigentinos, los que se expresaban a través de La Protesta H u ­
mana y L ’Auocnin. (periódico anarquista en lengua italiana). En
otros círculos (los anaico comunistas d e P.l R eheldg los anarco-
in d ividualiscas) la oposición al congreso y .aJa..federación era enér­
gica. Ello resalta en los núm eios de El R ebelde que, en un p rin ­
cipio, ignoró por com pleto cualquier iniciativa de convocar un
congreso y fundar una federación, y luego, cuando advino, le de­
dicó u n artículo de acerba crítica m anifestando su oposición a la
participación de anarquistas en tal congreso.48 Para com prender
lo que acontecía entre los anarquistas de ese momento, su posición
en la sociedad y la diferencia de opiniones en sus filas (en vísperas
de crearse la federación de sindicatos obreros, en 1901) conviene
echar una m irada retrospectiva al desarrollo que se operó en ese
sector entre junio de 1899 y mayo d e 1901.

so j . O ddone, G rem ialism o, o p . cit., p p . 46-79.


« G. In g lán L afarga, “Congreso obrero grem ial”, La P ro testa H u m a n a , 23 de
m arzo de 1901. A i inaugurarse e l congreso, L a Protesta H um a n a d el 25 de m ayo
salu d ó cálidam ente a los p articipan tes y form u ló un deseo: “Q u e los delegados
d ejand o aparte exagerados p u ritan ism os, pero sin clau d icar con sus principios
em ancipadores p o r eso, sabrán s o b r e p o n e r s e ..., para dedicar su s aten cion es a
la grandeza d e los problem as."
48 “ El C ongreso ob rero”, E l R eb eld e, 9 d e ju n io d e 1901. Sobre la situ ación ,
an arco-individualista, véase S. M arotta, op. cit., p. 104.
136 P E N E T R A C IÓ N E N LO S SIN D IC A T O S (1899-1901)
i,O S GRUPOS ANARQUISTAS Y SU ACTIVIDAD

La actividad de los grupos anarquistas en la A rgentina —de diver­


sos círculos y matices ideológicos— se intensificó y ram ificó cons­
tantemente durante los años 1899 y 1900. Los grupos más anti­
guos (ya examinados más arriba) subsistieron en su mayoría y
prosiguieron su actividad propagandística oral y escrita. Además
surgieron varios nuevos grupos en Buenos Aires, como ser La Antor­
cha 49 y La Unión es Fuerza,50 y sobre todo en el interior del país,
donde descollaba sobremanera su actividad intensificada esos años.
Los grupos anarquistas en las ciudades de provincia existían desde
los albores del movimiento anarquista en la Argentina, y se mul­
tiplicaron en la década de 1890, pero no cabe duda que sü incre­
mento pronunciado de los años 1899 y 1900 se debe atribuir a la
influencia de los viajes de P. Gori y otros propagandistas que lo
siguieron (P. Guaglianone, F. Basterra y A. Montesano). Las sec­
ciones de crónicas de La Protesta H um ana de esos años traen ab u n ­
dantes comentarios y descripciones relativos a esos viajes de pro­
paganda, y a la creación de nuevos grupos anarquistas por su
influencia. Cabe indicar que la mayoría de los grupos se definie­
ron de inmediato como anarco-socialistas. El mayor número de
tales agrupaciones advino en localidades de las provincias de Bue­
nos Aires y Santa Fe: Dolores, Cliascomús, Chivilcoy, Mercedes,
Luján, Tandil, Ayacucho, Bahía Blanca, Mar del Plata, Maipú, La
Plata, Bolívar, Santa Fe, Tolosa, General Lamadrid, C añada de
Gómez, Colonia Rafaela, San Nicolás de los Arroyos.
En 1900 se publicaron noticias sobre actividad anarquista tam ­
bién en ciudades más distantes, como ser T u c u m á n 51 y C órdoba.62
La actividad en las ciudades pequeñas era sólo esporádica y no
hay indicios de m ucha im portancia. En las ciudades relativam en­
te grandes, en cambio, la actividad era intensa, por ejem plo en
La Plata, M ar del Plata, Bahía Blanca y, sobre todo, en Rosa­
rio, donde, en esos años, en cierto modo la actividad anarquista se
percibía más que en Buenos Aires; el dirigente socialista E. Dick­
man, vaya el caso, la veía como "la Meca del anarquism o ar-

■<!' Sobre su fundación, véase "El m o v im ien to so c ia l”, L a Protesta H um ana,


13 de m ayo de 1900.
so “ M ovim ien to social”, L a Protesta H u m a n a , 2 d e sep tiem b re d e 1000; El
R ebelde , 9 de sep tiem b re de 1900.
51 "M ovim iento social”, en L a Protesta H u m a n a , 28 de octu b re d e 1900;
E l R ebelde, 11 d e n oviem bre d e 1900.
E l R eb eld e, B u en os Aires, 9 de sep tiem b re d e 1900; L a Prensa, 24 de
agosto d e 1900.
LO S G R U PO S A N A R Q U IS T A S Y SU A C TIV ID A D 13?

gentino, equivalente a Barcelona”.53 E n u n intento de indicar las


fuentes del fortalecim iento del anarquism o rosarino, dice: "La
ciudad de Rosario, p or razones m últiples y complejas, fue en las
prim eras décadas de este siglq» u n baluarte anarquista. El radica­
lismo convivía bien con el anarquism o; se prestaban m utuo apoyo.
Por tal causa el m ovim iento obrero de Rosario era más levantisco
y rebelde, lo que obligaba a la policía a ser más cauta y m ás p ru ­
dente. E n cambio, la conducta de la policía provincial para con
el m ovim iento obrero, era siem pre violenta y b ru tal.” 54
L a estimación del núm ero exacto de m ilitantes anarquistas cons­
tituye u n problem a difícil por la falta de marcos organizativos
perm anentes en los círculos anarquistas. De ahí que falten los cri­
terios fijos para la apreciación. U na de las varas aceptadas para
m edirlo era la circulación de los periódicos, pero no se la puede
considerar exacta. P or u n lado, leían esos periódicos tam bién
círculos ajenos; por el otro, el núm ero de m ilitantes activos acaso
fuera mayor que el de los lectores perm anentes. L a policía local
quiso siem pre crear valoraciones numéricas, en base a las asambleas,
agentes, etc. Pero tampoco esas estimaciones tenían u n asidero fir­
me. Sea como fuere, a falta de otras fuentes tratarem os de acercar­
nos al cálculo m ás real por m edio de dos tipos de criterios: según
la difusión de los periódicos anarquistas perm anentes (los tem po­
rarios no pueden servirnos para este caso), llegamos al núm ero de
7 000 lectores térm ino medio {La Protesta Plumaria, 3 000 ejem pla­
res; L ’Avvenire, 2 000; E l R ebelde, 2 000). P or supuesto que había
casos de superposición, pues no faltaban los lectores que leían has­
ta tres periódicos.
Las estimaciones de la policía argentina en esa época, que llega­
ron al conocimiento del público, atribuían a los anarquistas del
país, a comienzos de siglo, un núm ero de 6 000 m ilitantes, de ellos
I 500 en la capital.55 Esas cifras, empero, no bastan para deducir
el grado de influencia. No cabe duda, la influencia rebasaba en

53 E. D ic k m a n , op. cit., p. 411.


s i Ib id ., p. 138. A preciaciones e n el m ism o e sp íritu de la actividad de los
a n arq u istas e n el in te rio r, p u e d en verse e n D. A bad d e S antillán, E l m ovim iento
anarquista, op. cit., p p . 74-75.
ss Ese n úm ero fue sum inistrado e n R evista de P olítica, n ú m . 78, en un
artículo de Ignotus, “La a n arq u ía y los a n arq u istas”; citado p o r E l R ebelde,
9 de septiem bre de 1900.
U n num ero idéntico trae u n a carta secreta q u e envió el representante de
G ran B retaña en la A rgentina: "Sobre ia existencia de un g ran núm ero de
anarquistas aquí, creo q u e no hay duda alguna. La policía estim a su núm ero
en unos seis m i l . . . ” (Vi. G, B a n in g to n to the Marques* of Salishury, Buenos
Aires, 20 d e ago sto de 1900, 'f .o . 6 /4 6 4 , Londves-PRC.)
138 P EN ETRA CIÓ N EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

m ucho el núm ero, tra s c rib ire m o s algunos conceptos, al respecto,


de E. Gilimón, uno de los añarquistas'm ás activósjsn esos tiempos.

En la Argentina —tanto en Buenos Aires como en Rosario, La Plata,


Bahía Blanca y en muchas pequeñas poblaciones del país— el número de
anarquistas supera en mucho al que hay en las naciones europeas, hasta
prescindiendo de la proporción de habitantes que tiene el país, compa­
rado con los dem ás... La propaganda ideológica ha tenido también en
su favor la escasez de diversiones públicas que el extranjero echa pronto
de menos en el país, la ausencia de esa alegría colectiva que caracteriza
a los pueblos europeos... El cosmopolitismo argentino es un obstáculo
para la vida colectiva, así como las habitaciones reducidas e incómodas,
no dan lugar tampoco a las gratas expansiones del hogar...
El que ha visto la enorme cantidad de trabajadores que asisten en Bue­
nos Aires a las conferencias públicas —sean o no dadas por anarquistas—
y se encuentra en París en un acto semejante, no sale de su asombro. . .
[En París] una treintena de individuos tomando cerveza, mientras un
orador de verdadera valía intelectual perora... En Buenos Aires, cual­
quier charlatán con pretensiones de conferenciante congrega varios cen­
tenares de personas... Los propagandistas del anarquismo, tanto escrito­
res como oradores, han tenido así en la Argentina gran facilidad para su
propaganda.66

De entre los propagandistas anarquistas en la Argentina, el au ­


tor E. G ilim ón elogia por sobre todo a P. Gori, de quien dice:
“En no pequeña parte débese el increm ento del anarquism o a ese
poeta, sociólogo, jurisconsulto, orador sin rival y hom bre cariñoso,
bueno, sin pose, que se llam a P. Gori. Su verbo atrajo a la juven­
tud estudiosa e.lxizo sobreponer la tendencia anarquista a la socia­
lista . . . G ori dio u n im pulso extraordinario al anarquism o en la
A rg e n tin a ,. 57
El historiador D. Abad de Santillán, que m enciona a Gilim ón,
añade, por su parte: . .G ori fue el hom bre que hacía falta para
en trar en la etapa a que se tendía a fines del siglo pasad o .. . La
labor de Gori puede sintetizarse en estas tres afirmaciones: Fue
el anim ador del pensam iento progresista en todos los terrenos, ele­
vó la tonalidad de la propaganda anarquista y dio un ejem plo con­
sistente a la organización obrera.” 58

se E. G ilim ón, op. cit., p p . 30-32.


57 Tbidv p. 32-
58 D. A bad de Santillán, E l m ovim iento anarquista, op. cit., p p . 70-71.
139

M ILITA N TES Y PROPAGANDISTAS DESCOLLANTES DEL ANARQUISMO

Sin desmerecer la contribución cualitativa d e P. G ori a la propa- <|


ganda anarquista en la A se n tiría , a la que nos hemos referido |j
extensamente, creo que los autores señalados, al verter tantos elo- :¡|
gios y palabras de aprecio sólo sobre Gori, exageraron en cierta :j
m edida y am inoraron la peculiaridad de los procesos de desarrollo }
del anarquism o argentino, al atribuirlos apenas a la influencia ex- ]
elusiva de dicho personaje. j
U n ejem plo de tal enfoque erróneo puede hallarse en el libro
del historiador del m ovimiento obrero y del socialismo en la Argen­
tina, J, Oddone, quien escribe: "Los anarquistas de la Argentina,
que hasta entonces h abían sido individualistas, comenzaron por la
acción de Gori, a incorporarse a los sindicatos con el propósito cié
m ejorar su s itu a c ió n ...” (p. 23). “De acuerdo con las indicacio­
nes de Pedro Gori los elementos que hasta entonces repudiaron y
com batieron a los gremios, se introdujeron en e llo s ... convenci­
dos de la conveniencia del cambio de táctica.” (p. 24).69
N o cabe du d a que P. Gori tenía una personalidad im presionan­
te y una capacidad de propaganda excepcional; su aporte a la co­
rriente de los adictos a la organización fue m uy valioso. Pero la
actividad de P. Gori •— que aceleró el desarrollo del bando adicto
a la organización y, como consecuencia, su integración a la activi­
dad sindical obrera— no la creó. Su contribución ideológica y su
actividad propagandística fortalecieron el proceso iniciado, como
se indicó, antes de que llegara a la Argentina. U na evidencia es el
hecho de que el afianzam iento de los círculos “organizadores” se
cum plió en pocas semanas, y es difícil de suponer que surgió de la j
nada, por generación espontánea, o por influencia exclusiva de un l
solo propagandista como P. Gori.
Además, la m ayoría de los historiadores que se abocaron al tema,
no prestaron atención a la circunstancia de que P. Gori era ve­
nerado sólo por una parte de los anarquistas en la Argentina: por
los partidarios de la organización, por los “anarco-socialistas”; en
cambio lo negaban por com pleto los que se oponían a la organiza­
ción, los anarco-comunistas, así como todos los círculos anarco-indi­
vidualistas. Cabe recordar que en la época de referencia, esas dos
corrientes tenían influencia sobre los círculos anarquistas. Es muy
característica y significativa la circunstancia de que el periódico
El R ebelde ignoró por entero la actividad de P. Gori en la Argen­
tina, entre 1899 y 1900. En esos años —de actividad intensa suya,
como lo prueba la abundancia de comentarios en La Protesta Hu-
5>J J. O ddone, Grernialismo, op. cit., p p . 23-24.

69 de 233
i ‘iU PENETRACION EN LO S SIN D IC A T O S (1899-1901)

mana y en L ’A w e n ire — no es dable tropezar en E l R ebelde siquie­


ra con una línea sobre P. Gori. En todo caso, las pocas veces que
-se m encionaba su nom bre era a los fines de la polémica y los in ­
fundios.60
En los años 1899-1900 sobresalió en la labor anarquista general
un grupo de propagandistas jóvenes y talentosos que se plegó al
anarquism o en parte por la influencia de P. Gori (por ejemplo:
P. Guaglianone, Félix Basterra y A. G hiraldo),81 y en parte a título
independiente. Esos propagandistas infundieron ánim o a las ac­
ciones y prom ovieron considerablem ente la am pliación y ram ifi­
cación de la actividad anarquista, tanto desde un pu n to de vista
territorial como de los círculos y los dom inios a donde llegó.
E ntre los m ilitantes nuevos en 1899 cabe m encionar a Pascual
Guaglianone, sobre cuya adhesión al anarquism o se supo a fines de
1899. A comienzos de noviem bre, P. G uaglianone fue presentado
como nuevo m ilitante que resolvió apartarse de las filas del socia­
lismo, donde actuaba hasta entonces, y plegarse por entero a la
actividad de los anarquistas.62 No era el único. Uno de los p ri­
meros fue E. Gilimón, que se convirtió en una plum a activa en
La Protesta H um ana desde comienzos de 1899. En 1900 varios jó­
venes socialistas se sum aron a la actividad de los círculos anarquis­
tas; el más descollante fue Luis Solitro, una especie de cometa en­
tre los oradores y propagandistas. D urante una asamblea celebrada
en marzo de 1900, explicó su decepción del socialismo en el que
veía “una especie de adorm idera” que deform aba las campañas
obreras.63 En 1900 L. Solitro participó m ucho en las asambleas
anarquistas, pero a fines de ese año redujo sus presentaciones y
virtuahnente desapareció del bando anarquista. En 1900 se sumó
al anarquism o A rturo M ontesano, u n joven intelectual, maestro
de profesión; resaltó como orador talentoso y se granjeó el elo­
gio de la prensa anarquista de todas las tendencias.04 El más activo
de los nuevos adherentes fue Pascual G uaglianone, quien pronto
se convirtió en el orador más solicitado en las giras de esclareci­

do "E l delito de la ciencia social”, en El Escalpelo, 10 de diciem bre de 1899.


En “H isto ria de u n a p ro p a g a n d a ”, artícu lo p ublicado en G erm inal del 5 de
marzo de 1899 se ataca a G ori p o r haber h u id o cobardem ente de M ilán, sal­
vándose a sí m ism o, pero d ejan d o a sus cam aradas expuestos al peligro,
«i D. A bad de Santillán, “L a P ro te sta ”, en Certam en, op. cit., p. 38.
"U n o más con nosotros”, en L a Protesta H um ana, 17 de noviem bre de
1899.
«8 “Del socialismo a u to rita rio a l socialism o a n árq u ico ”, en La Protesta H u ­
m ana, 18 de m arzo de 1900.
«* “ El m itin a n arq u ista del dom ingo”, en La Protesta H u m a n a , 17 de n o ­
viem bre de 1900; “El centro lib e rta rio ”, El R ebelde, 21 de o ctubre de 1900.
M ILITA N TES Y PROPAGANDISTAS DESCOLLANTES 141

m iento anarquista en el interior del país. En sus viajes llegó a


M ontevideo (capital del Uruguay) y tras u n tiempo resolvió radi­
carse allí. D u rante cierta época» a p artir de mediados de 1900»
actuó en esa ciudad, velando em pero por vínculos estrechos con los
círculos anarquistas de Buenos Aires.65
O tro propagandista descollante íue Félix Basterra, una de las
plumas más fecundas y activas de la época. Sus artículos..se ..publi­
caban regularm ente en La_ Protesta H um ana, desde 1899, y trata­
ban tan lo cíe temas teóricos generales como de réplicas a los pro­
blemas del m om ento, sobre todo en las polémicas con. los socialis­
tas. El 1 de abril de 1900 el grupo de La Protesta H um ana lo eligió
director del periódico, en reemplazo de G. Inglán Lafarga, quien se
trasladó a la ciudad de Bolívar. Sin em bargo no desempeñó m ucho
tiem po ese cargo y el 22 de julio La Protesta H um ana anunció que
había dejado de ser su director. En la práctica fue una deposición
debida a las diferencias de ideas respecto al congreso anarquista
internacional, que debía celebrarse en París (a ese tema nos referi­
remos con am plitud más adelante). Pese a su deposición, F. Basterra
siguió publicando artículos, y en consecuencia m anteniendo víncu­
los con el periódico que supo dirigir. Poco tiem po después, en
septiembre, Basterra aparece dirigiendo L os T iem pos Nuevos, pe­
riódico cuya cierta existencia duró hasta el 21 de octubre; su cuerpo
de redacción se sumó al periódico E l Sol que, desde hacía varios
años atrás, veía la luz dirigido por el poeta A. G hiraldo.66
La adhesión más im portante a las actividades en el sector anar­
quista de esa época, fue la de A. G hiraldo quien, desde hacía algu­
nos años, sim patizaba con el anarquism o aunque n o actuaba en
sus filas. A. G hiraldo, un poeta oriundo de la A rgentina, era una
figura conocida en los círculos boheiniog.JbgL país, Nació en 1875,
en la localidad de Mercedes, y en su infancia fue discípulo del poe­
ta Alm afuerte. Siendo joven se trasladó a Buenos Aires y en se­
guida se plegó a la actividad política en las filas de la U nión
Cívica Radical, prim ero como luchador joven en la revolución de
1890 y luego como adicto entusiasta de Leandro N. Alem. El sui­
cidio de Alem lo estremeció y lo arrojó a u n v ad o espiritual y
político. T al estado de ánim o se expresó en u n a com pilación d e
poemas desesperados, que publicó en esos años bajo el títu lo ¡Ahí
van! T ras u na época de decaim iento espiritual y m oral, empezó a
acercarse a los círculos obreros cuya vida conoció cuando se desem­
peñaba como em pleado de comercio y aduana en los depósitos del

es Pascual G uaglianone, “ Aviso”, en L a Protesta H u m a n a , 10 de ju n io d e 1900.


“ C om unicado”, La Protesta H u m a n a , 21 de o c tu b re de 1900.
14-2 PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

pu erto de Buenos Aires. En 1897 fundó el sem anario El Sol, un


vocero literario-artístico; con el correr del tiem po insertó tam bién
com entarios sobre cuestiones candentes, favorables a las luchas
obreras. La aparición de P. Gori en la A rgentina influyó sobre
A. G hiraldo, quien lo acogió como figura rectora, de dirigente
espiritual, que tanta falta le hacía desde ¡a m uerte de Leandro
Alem.67 En septiem bre de 1900 se publicó por prim era vez u n ex­
tenso artículo de A. Ghiraldo en la prensa anarquista. Intitulado
“Las ideas nuevas” apareció, a u n mismo tiem po, en La Protesta
H um ana (30 de septiem bre de 1900) y en E l R ebelde (23 de sep­
tiem bre de 1900), y polemizaba acerbam ente con el socialismo p ar­
lam entario. La adhesión de A. G hiraldo a las filas anarquistas
sorprendió y desconcertó a los socialistas, que lo consideraban adic­
to eventual a su bando, y acrecentó el prestigio y la influencia del
anarquism o.
U n a actividad ram ificada e intensa — oral y escrita— cum plie­
ron en esos tiempos u n núm ero de m ilitantes anarquistas vetera-
\ nos (que precedieron a P. Gori y no deben ser vistos como fruto
de su influencia): F. iieivi, G. Inglán, T , Ros, Orsini, J. Camba,
A ltair (M ariano Cortés), en Buenos Aires; doctor A rana, R. Ovidi
~¿ja~?eminista Virgimi~BSltSn. en"Rbsanor~v.el "v etera n o m ilitante
1 d o cto r J. Creaghe. en L uján. “ '
Este grupo grande J e m ilitantes y propagandistas procedentes en
parte de círculos intelectuales de la A rgentina, repercutió en esos
* ambientes. No extraña, por lo tanto, que a comienzos del siglo xx
se perciba bien la influencia anarquista sobre los círculos bohe­
mios,'38 y numerosos cafés sirvan de lugar de cita y reunión para
ellos. El jn á sja o ta b le fue el café de Los Inm ortales,69 pero la ten­
dencia de la actividad no consistíaen sumergirse en am bientes bohe­
mios e intelectuales sino en dirigirse a los vastos sectores obreros;
esta tendencia coincidía con las inclinaciones generales que preva­
lecían en el anarquism o del mundo.
s? H . A. Cordero, A lberto G hiraldo, Buenos Aires, Ed. C laridad, 1962, pp.
12-69.
«s "L a a n a rq u ía y la bohem ia estab an p o r las calles de Buenos A ire s ...
Escritores y artistas de las generaciones q u e cruzaban el u m b ra l d el siglo devo­
ra b a n — en los volúm enes baratos q u e venían de Barcelona— los textos de
M arx y B ak u n in , de K ropotkin y M a la te s ta ... B uenos Aires tuvo en los co­
m ienzos de nu e stra c en tu ria , no su ‘bohem ia d o ra d a ’ sino su ‘bohem ia ro ja ’.”
A. de la G uardia, R . González Pacheco, Ed. C ultu rales A rgentinas, M inisterio
. d e Educación y Justicia, Buenos Aires, 1963, p p . 19-26.
i 6L “ Los cafés, in s titu c ió n ,g o rte ñ a ”, revista T odo„e$_H isloria, m im . 21, enero
, j d e 19.69, p. 86. Sobre los calés an arq u istas a lines de la prim era ¿mB3~3ir~si-
t glo xx, véase J \ . Saldías, La inolvidable bohem ia poi teña, ed. F teela n á ^ B u fi'
•nos Aires, 1968, p p . 61-68,
EL CONGRESO ANARQUISTA INTERNACIONAL EN PARÍS:
PREPARATIVOS Y POLÉMICA

L a conexión del anarquÍsm o% rgentino con las nuevas tendencias en


líT iecto rlm arq u istá' del m undo —y la influencia de esas tendencias
sobre eí acaecer anarquista en la A rgentina— se reflejó en la agi­
tación que 'despertaron los preparativos para el congreso anarquis­
ta internacional, convocado en París p ara septiem bre de 1900. El
prim er volante referente a ese congreso, llegado a Buenos Aíres
en abril de 1899, traía la firm a de P. Delesalle, del cuerpo de re­
dacción del periódico anarquista francés Les T em p s N ouveauxi
daba cuenta de la iniciativa tom ada para re u n ir en París un con­
greso internacional de grupos socialistas-revolucionarios y anarquis­
tas, sim ultáneam ente con la celebración en la capital francesa de
la Tixposnión Internacional. L a Protesta H um ana publicó el vo­
lante y expresó su adhesión; llam ó a todos los sindicatos obreros
y. círculos anarquistas a adherirse a la iniciativa de los compañeros
franceses, comenzar los preparativos para participar en el congreso,
y enviar representantes. Asimismo inform ó que la Federación So­
cialista A narquista de A rgentina se preocupa tam bién del asunto
y rem itirá una circular a todas las. fuerzas organizadas de A rgenti­
na, Uruguay, Brasil, Chile y Paraguay,70
U n mes después llegó a la A rgentina un segundo volante, de la
Comisión Organizadora, firm ado por tres destacadas personalidades
del anarquism o europeo: F. Dóm ela Niewenhuis, F. P elloutier y
E. Pouget. Este volante explicaba con más am plitud el trasíondo
de la convocación del congreso, recordando la resolución de los
socialistas de celebrar un congreso en esa fecha y pro h ib ir la pre­
sencia de los anarquistas. Este volante detalló más la composición
de los grupos invitados: grupos obreros, socialistas revolucionarios
y com unistas-anarquistas.71
Esos volantes tuvieron repercusión positiva inm ediata en Bue­
nos Aires. El tema fue debatido en diversos grupos anarquistas,
que elígieion una comisión que asumió la tarea de concentrar los
preparativos y debates para participar en el congreso internacional
de París. Én agosto esa comisión publicó u n volante que se envió
a todos los círculos anarquistas de la A rgentina y a los sindicatos
obreros adictos a esos círculos. En el volante —que vio la luz en
La Protesta H um ana —72 se explica con am plitud detalles sobre la
“ Congreso In tern a cio n a l", La Protesta H u m a n a , 15 de a b ril de 1899.
“ Congreso R evolucionario de 1900”, La Protesta H u m a n a , 14 de m ayo de
1899.
72 “Congreso R evolucionario In tern a cio n a l” , La Protesta Plumaria, 19 de
agosto de 1899.
144 P E N E T R A C IÓ N E N LO S SIN D IC A T O S (1 8 9 9 -1 9 0 1 )

iniciativa de convocar el congreso en París, en el espíritu de esos


volantes enviados de Francia. Se exhortaba a todos ios que apro­
baban la idea a concurrir a una asamblea general, el 27 de agosto,
en Buenos Aires, donde se discutirían los medios p ara organizar
una delegación argentina o sudam ericana al congreso, así como la
lista de temas a ser abordados.
Pronto se comprobó que no había unid ad de ideas en cuanto al
valor y la vitalidad del congreso anarquista internacional. La opo­
sición provenía de los círculos anarco-comunistas adictos al perió­
dico E l R ebelde y se expresó en u n artículo editorial el 21 de
diciem bre de 1899.73 El com entario explica, desde u n comienzo,
que las ideas vertidas no son el fruto apresurado de u n único autor,
sino el resultado de consideraciones m editadas de varios círculos
que, por lo tanto, se abstuvieron de form ular opiniones durante
varios meses, cuando se realizaban los preparativos en Buenos Aires.
En opinión de esos círculos, el congreso no sólo es superfluo sino
tam bién dañino pues reclam a muchos gastos que serán cubiertos
con el dinero de las recaudaciones de anarquistas, destinadas a
la propaganda, y por lo tanto obligarán a restringirla. Además
—dice— “parécenos im propio de anarquistas esto de m andar dele­
gaciones o representantes. . . cosa que tanto huele a socialistas.. . ”
N o ven ningún sentido en la creación de comisiones de propa­
ganda nacionales e internacionales, pues “nuestros trabajos son
bien públicos y cada individuo o grupo sabe a dónde dirigirse.
Tam poco creen que sea necesario convocar u n congreso de repre­
sentantes para u n debate teórico. El camino no se encuentra en un
debate donde participan pocos —que representan presuntam ente
la opinión de muchos— “sino [en] el concurso intelectual de to­
dos los interesados, y para esto todos los puntos son b u e n o s .. . ”
El artículo finaliza subrayando el credo de esos círculos: “Lo esen­
cial es hacer conscientes y rebeldes. N o podemos precisar dónde,
cuándo ni cómo se inicia el cataclismo social, pero es seguro que
será el resultado de una suficiente y radical propaganda persuasiva
y re v o lu c io n a ria ... N ada de centralización ni m edidas que abar­
quen todo el m ovim iento.. . N uestra trib u n a está en todas partes,
basta que haya u n esclavo convencido, basta que haya u n anar­
quista.”
En 1900 prosiguieron los preparativos para el congreso y se agra­
varon las diferencias de ideas. El 8 de mayo de 1900 se realizó en
Buenos Aires una asamblea de grupos anarquistas, para discutir
el tema, y se revelaron divergencias profundas. Los anarquistas,
73 "E l Congreso R evolucionario In te rn a c io n a l”, E l R ebelde, 21 de diciem bre
de 1899.
C O N G R ESO A N A R Q U IS T A IN T E R N A C IO N A L E N FA R ÍS 145
que aprobaban la celebración del congreso, resolvieron continuar
los preparativos y exhortaron, por interm edio de la prensa anar­
quista, a que se pusieran en relación con ellos todos los adictos de
Buenos Aires y la provincia.74 En esta etapa la oposición al con­
greso rebasó los círculos de El R ebelde y se expandió a círculos de
La Protesta H um ana. Félix Basterra —en ese entonces director
de este últim o periódico— le dio expresión. E n u n artículo que
niega por principio la celebración de u n congreso anarquista inter­
nacional para debatir temas teóricos y tácticos, asum ió una posi­
ción análoga a la de E l R ebelde u n año antes.75 E n otra sección
del mismo núm ero, F. Basterra replica a la posición del director
de E l Obrero Panadero, que aprueba el congreso y polemiza acer­
bam ente con él. De este m odo — pese a la línea neutral que La
Protesta H um ana debía adoptar— el director Basterra se puso
abiertam ente de p arte de los que se oponían al congreso in ter­
nacional en París.
Antes de dos semanas, empero, un artículo editorial del director
veterano G. In g lán Lafarga, atacó airadam ente la posición de F.
Basterra.78 G. Inglán aprobó de u n m odo inequívoco la participa­
ción en el congreso y censuró a Basterra, no sólo a título personal
sino tam bién reflejando el punto de vista de la dirección de La
Protesta H um ana. En u n a introducción al editorial, se aprueba
por entero la respuesta a F. Basterra “porque ella interpreta per­
fectam ente las aspiraciones de la redacción de La Protesta H um a­
na y, por lo tanto, se adhiere a los conceptos que emite, que como
bien dice nuestro compañero, son los que siempre han sido propa­
gados por nuestro órgano”.
G. Inglán polemiza en ese artículo con los argumentos de Bas­
terra y los refuta uno tras otro, a la vez que afirm a su posición
aprobatoria de la anuencia que prevalece en la m ayoría de los
círculos anarquistas del m undo respecto al congreso, así como en­
tre las voces mayores del anarquismo.
Las diferencias de opinión que se revelaron en la redacción de
La Protesta H um ana, hicieron que el periódico rival, E l Rebelde,
volviera a escribir sobre el congreso internacional y se b urlara de
la falta de constancia de los redactores de La Protesta H um ana, cu-

m La Protesta H um ana, 13 de m ayo de 1900; "Congreso O brero In tern a cio ­


nal. G rupo iniciador", E l R ebelde, 20 de m ayo de 1900.
75 F. B asterra, “ Sobre el Congreso R e volucionario”, L a Protesta. H um ana,
27 de m ayo de 1900.
“Sobre el Congreso R evolucionario de P a rís”, L a Protesta H u m a n a , 10 d e
ju n io de 1900.
146 P E N E T R A C IÓ N E N LO S SIN D IC A T O S ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

yas posiciones variaban de un núm ero a otro,” La Protesta H u m a ­


na se apresuró en contestar explicando los cambios personales ope­
rados al rem plazar a G. Inglán por F. Basterra. Este últim o
— señala— se extralim itó en sus atribuciones cuando expuso su
criterio particular referente al citado congreso, sin cuidarse en
nada del criterio colectivo del grupo, ni de la m archa que hasta
entonces seguía La Protesta H um ana, lo cual, observado por la
agrupación editora e innúm eros suscriptores, produjo el consiguien­
te d is g u s to ... y a causa de ello fue que el com pañero Basterra,
com prendiendo la incom patibilidad entre su criterio y el de la co­
lectividad m antenedora de La Protesta H um ana, se separó de la
dirección del periódico volviendo la agrupación a encargarse de
dirigirlo y redactarlo conforme a su pensam iento.78
De paso, cabe señalar que en esta respuesta hay u n aspecto adi­
cional interesante que perm ite echar una m irada a las relaciones
internas en un grupo anarquista de esta índole. Esas relaciones se
revelan como demasiado análogas a las que prevalecen en u n p ar­
tido, en lo que concierne a la libertad de opinión cuando trascien­
de los marcos del colectivismo ideológico adm itido.
Las discusiones ideológicas entre los partidarios del congreso y
sus opositores, libradas en la prensa anarquista, no frenaron a los
adictos al congreso en 1900. A m edida que se acercaba la fecha
de su inauguración, en septiem bre de 1900, se intensificó la labor
preparatoria. Los grupos de la A rgentina no lograron financiar el
viaje de una delegación, y pidieron que compañeros anarquistas
argentinos que se encontraban en París los representaran.
Los grupos partidarios del congreso internacional en París,
fueron:
í] Las redacciones de los periódicos: 1) La Protesta H um ana; 2)
L ’Avvenire; 3) Ciencia Social; 4) El Obrero Panadero; 5) R ojo y
Negro (periódico anarquista de Bolívar).
n] Sociedades obreras: 6) Sociedad de Obreros Panaderos; 7) So­
ciedad de Picapedreros y Albañiles; 8) Círculo Internacional de
Barracas; 9) U nión O brera L iteraria de T an d il; 10) Casa del P ue­
blo de Bolívar.
ni] Grupos: 11) G rupo La Aurora, de Santa Fe; 12) A grupación
“La Protesta H u m an a” ; 13) Grupos Luz y Progreso; 14) Dispersos;
15) Desertores; 16) Artículo 248; 17) Sastres Libertarios; 18) Liber­
tarios de Mercedes; 19) N e Dio ne Padrone; 20) L ibertario de
Resistencia.
n "Sobre el Congreso R evolucionario de P a rís”, E l R eb eld e, 24 de ju n io de
1900.
ts "A claración forzosa”, l.a Protesta H u m a n a , 8 de ju lio de 1900,
C O N G R ESO A N A R Q U IS T A IN T E R N A C IO N A L E N PA R ÍS 147

.Estos grupos redactaron en conjunto una proposición para el


orden del día, que incluía los temas siguientes:
1) La huelga general; 2) L a huelga m ilitar; 3) El sabotaje y el
boicot; 4) Publicación de»un órgano anarquista en cada región;
.5) Fundación de escuelas libertarias (proposición de La Protesta
Humana); 6) Interés de los anarquistas por penetrar en las Socie­
dades de Resistencia (proposición de El Obrero Panadero)-, 7) Estu­
dio de los medios para extender la propaganda entre los campesi­
nos (proposición del grupo Artículo 248),
El Congreso Internacional en París, como se h a dicho, debía
realizarse el 20 de noviem bre de 1900, coincidiendo con la celebra­
ción de la G ran Exposición Internacional en esa ciudad. M ilitantes
anarquistas de diversos parajes del m undo comenzaron a con­
gregarse en la capital francesa, en vísperas del congreso. Los pre­
parativos se ultim aron y el orden del día ya estaba confeccionado,
con numerosos puntos de debate.7».Pera,.a últim o.-m om ento. el gor
bierno francés se abstuvo de otorgar el permiso p a ra d a celebración
del congreso y lo prohibió. Varios anarquistas llegados a París
resolvieron desconocer la prohibición y realizar varias reuniones
en domicilios privados, en los suburbios de París, para discutir los
temas más urgentes.80 En esas reunioi s e resolvió, entre otras
cosas, recom endar a los grupos anarquistas y socialistas-revolucio-
n a rio s ^ e “distintos países, la creación d e una federación entre los
grupos revolucionarios”, así como “fundar p o r m edio de congresos
provinciales o'nacionales o bien por otros métodos, comisiones n a­
cionales o provinciales de correspondencia”.
U ná_ conclusión adicional que se extrajo, y que debía llevarse
a la práctica rápidam ente, llam aba a publicar por escrito todos los
informes y artículos enviados a la oficina de enlace en París, en
el periódico anarquista francés Les Ternps N ouveaux, a fin de di­
fundirlos, y luego proceder a traducirlos a diversos idiomas.81
i» "Congreso R evolucionario de P a rís”, La Protesta H u m a n a , 24 de noviem ­
bre d e 1900.
so Ibid. Acerca de la llegada y la p a rticip a ció n de la a n arq u ista E m m a G old­
m an, de Estados U nidos, véase E m m a G oldm an, L iv in g rny Ufe, i, pp. 239-278.
si “ Congreso R evolucionario de P a rís”, La P rotesta H u m a n a , 24 de noviem ­
bre de 1900.
U n inform e sucinto y exhaustivo, con detalles adicionales, sobre las con­
clusiones a que se arrib ó en esas asam bleas de París, se h a lla en el archivo del
uso, de A m sterdam , en la colección priv ad a de D. A bad de Santillán, legajo E.:
“E n te n te entre los grupos anarquistas, 1 9 0 0 ... R e unidos los delegados en un
local privado, en el m om ento del congreso, aceptan el proyecto cíe organiza­
ción. E scribieron u n m anifiesto com prom etiendo a los grupos a entenderse so­
bre la base del com unism o y de la revolución social, y sobre los principios de
la lib e rta d y de la au to n o m ía de los grupos."
148 PENETRACIÓN E N LO S SIN D IC A T O S (1899-1901)

E n la A rgentina se publicó parte de los inform es y artículos en


L a Protesta H um ana; tiem po después, en 1902, se publicó una
com pilación de todo el m aterial, que editó la L ibrería Socioló­
gica.82 En ese libro se insertó por prim era vez el inform e enviado
al congreso sobre la actividad anarquista en la Argentina.
Este inform e incluye varias observaciones interesantes sobre la
conexión de los anarquistas con la actividad en los sindicatos obre­
ros de la A rgentina, en la década de 1890.
Sobre la fundación de la Sociedad de Obreros Panaderos y la
influencia de los anarquistas, el inform e dice: “ . . . conviene repe­
tirlo, los anarquistas no crearon sociedades de oficio ni fueron a
ellas con el exclusivo objeto de propagar los principios de una filo­
sofía trascendental, sino para luchar al propio tiem po contra las
exigencias p a tro n a le s.. . considerando que al obrar de este modo
no dejaban de ser rebeldes y que podían hacer propaganda anar­
quista con buenos resultados. Aquellos hom bres que se sacrifica­
b an sin reserva por los intereses corporativos, podían, en efecto,
exponer sus ideas de una sociedad mejor, con la certeza de ser es-
. cuchados por sus compañeros de oficio”.
”E1 estado actual del m ovim iento prueba que tenían razón.
El inform e enum era luego los logros en la actividad de los sin­
dicatos obreros, así como la obra de propaganda oral y escrita. Por
últim o, destaca: “M uchos otros hechos podríam os citar, que prue­
ban la influencia que h an tenido y tienen los compañeros en el
m ovim iento y progreso de las ideas, desde que penetraron en las
sociedades de oficio. . 83
Esas palabras, escritas a principios de 1900, nos dem uestran el
enfoque que se fue consolidando en ese tiem po, pese a las discu­
siones internas entre las diversas tendencias.

LA DISCUSIÓN ENTRE “ ORGANIZADORES” Y ‘‘ANTIORGANIZADORES’'


Y LA CON TRIBU CIÓN DE PEL LIC E R PARAIRE

E n 1899 y 1900 se agravó la discusión interna en el sector anar­


quista, entre los adictos a la “organización” y los opositores. Los
enfoques de los partidarios de la “organización” se expresaron en

82 E l Congreso R evolucionario Internacional de París, 1900, B uenos Aires,,


ed. L ib re ría Sociológica, 1902.
83 Ib id ., p p . 40-41. El inform e trae la firm a in icialada: A, S. Según M ax N e t­
tla u , el a u to r del inform e es A lexander Sadier. Véase M ax N e ttla u (m anus­
crito), cap. xi, p. 24.
D ISC U SIÓ N E N T R E “ O R G A N IZA D O R E S” Y "A N T IO R G A N IZ A D O R E S " 149

dos periódicos anarquistas —La Protesta H um ana y L ’Avvenire—


y en varios órganos de sindicatos obreros.84 La redacción de La
Protesta H um ana explicó su posición al respecto, a fines de 1899,
en Ja respuesta a u n a p reg u sta form ulada por el grupo de Prin­
cipiantes Anarquistas. D efinió su actitud en cuanto a la “organi­
zación”, en la actividad anarquista y obrera, de la siguiente ma­
nera: “Entendem os p o r organización, todo lo que sea encauzar co­
rrientes y opiniones. . . con orientación fija y determ inada, por las
circunstancias, hacia u n punto com ún: la anarquía, todo lo que
sea au n ar esfuerzos y converger energías con el m enor desgaste. . .
hacia otro p u n to común, la revolución social. Esto, en el terreno
anarquista. En el terreno de la lucha obrera, todo lo que sea aso­
ciarse los trabajadores para com batir el capital es para nosotros
organización.” 85
U na oposición m uy acerba a los enfoques de los adictos a la or­
ganización, se expresó en los periódicos anarco-individualistas, que
en esa época, empero, aparecían m uy de tanto en tanto y de un
modo irregular. E n un o de los núm eros de G erm inal (periódico
anarco-individualista), en 1899, se publicó u n artículo de G. M on­
tero, donde hace u n arreglo de cuentas histórico con la corriente
“organizadora”. El au to r opinaba que la corriente proorganización
en la A rgentina comenzó en 1896, como una “táctica nueva” dic­
tada por los jefes del anarquism o europeo, y la acusaba de despe­
ñar la propaganda, de aplastar la iniciativa, de forzar las ideas y
de provocar divisiones que socavan el m ovim iento anarquista en
la A rgentina.85 El círculo de lectores de G erm inal era reducido
y su repercusión m uy débil.
U na gravitación m ayor — por el núm ero de lectores y el alcance
de su influencia— le cupo a la posición antiorganizadora del perió­
dico anarco-comunista E l Rebelde. Se fundó en 1898 —d urante
la cam paña ideológica de referencia— y se m antuvo firme en su
posición esos años. E n 1899, aparte de artículos teóricos según esa
línea, publicó muchas noticias sobre la actividad de grupos anarco-
comunistas, partidarios de relaciones sobre la base de “grupos de
afinidades”, pero se oponían a esferas organizativas. El mismo año
se podían encontrar tam bién objeciones minuciosas a las organiza­
se "Sobre organización” , en La Protesta H u m a n a , 1 de enero de 1899; “ De­
claración de p rin cip io s”, ibid., 26 d e febrero de 1900; "Cuestiones de p ro p a ­
ganda”, ibid., 19 de agosto de 1899; “L a Iota o p e ra ia ”, en L ’A vvenire, 2 de
ju n io de 1900; "A org an izam o s”, e n El Obrero Panadero, 9 de noviem bre
de 1899; "O rganización y revolución”, en E l Obrero, 29 de diciem bre de 1900.
L a Protesta H u m a n a , 15 de o ctu b re de 1899.
86 G. M ontero, “H isto ria de u n a p ro p ag an d a o decadencia de u n id ea l”, en
G erm inal, 5 de m arzo de 1899.
150 PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

d o n es de obreros. En u n artículo teórico, que exam ina los esfuer­


zos organizativos de los trabajadores en el siglo xix, alega el autor
q ue al final de cuentas fueron todos vanos, crearon falsas ilusiones
y no depararon ningún logro a los obreros. La raíz del m al la veía
en la asfixia de cualquier iniciativa y espíritu revolucionario, por
xnedio de formas organizativas inmovilizadoras: “Cuando se cen­
tralizó y organizó a los individuos, las iniciativas y las revoluciones
se perdieron y la reacción triunfó.” 87
E n 1900 se notó u n fortalecim iento considerable de los círculos
partidarios de la organización, pero los opositores libraron las ba­
tallas finales.ss El núm ero de anarco-individualistas se redujo so­
brem anera y entre los adictos a E l R ebelde se notó tan ta debilidad
que, el 10 de junio de 1900, u n aviso hacía saber sobre el peligro
de que el periódico dejara de aparecer por dificultades financieras.
Los lectores fueron llamados a u n esfuerzo supremo, y siguió p u ­
blicándose, mas, con el correr del tiempo, volvieron a caldearse los
ánim os en torno al tema de la “organización”. Esta vez el tema
volvió a plantearse, a raíz de una serie de artículos en La Protesta
H um ana .sobre organización obrera.
A partir del 17 de noviem bre de 1900 se publicó en La Protesta
H um ana una serie de artículos, en núm ero de 12, sobre ese tema,
firmados por Pellico, el apodo de A ntonio Pellicer P araire.89 El
autor, anarquista veterano oriundo de Barcelona (23 de febrero de
1851), había sido activo, en su juventud, en 1a. Internacional espa­
ñola; luego fue exiliado y peregrinó por países latinoam ericanos:
México, C uba y cierto tiem po en Estados Unidos. En 1891 llegó
a la A rgentina y se radicó allí. De profesión tipógrafo, se dedicó
empero a una ram ificada actividad periodística en la prensa anar­
quista de España (El Productor) y de A rgentina, donde tam bién
actuó como conferenciante de sociología en círculos anarquistas.90
...La serie de artículos sobre organización obrera —por su alcance
y expresión plena, sustanciosa, del enfoque proparticipación activa
; en Jo s sindicatos obreros, así como por sus lincam ientos que eonfi-
87 D ellafrance, “Progreso y retrogreso", E l R eb eld e, 14 de agosto de 1899.
88 E. G ilim ón, op. cit., p. 25.
83 D. A bad de S antillán, La F O R A , op. cit., p. 52. Dos artículos adicionales
sobre el m ism o tem a aparecieron a comienzos de 1900 con la firm a com pleta
del au to r: A. P ellicer P araire, “ Los círculos d e estudios sociales”, e n La P ro­
testa H u m a n a , 17 de enero d e 1900; “ Las huelgas, las asociaciones de oficios”,
ibid., 18 de febrero de 1900.
B0 U n a recopilación de esa serie de conferencias se e d itó en form a de libro,
A. P ellicer P araire, Conferencias populares de sociología, im p re n ta Elzeviriana,
B uenos Aires, 1900, 105 pp. D etalles sobre la biografía de A. P ellicer Paraire,
véase tam bién en M ax N e ttla u (m anuscrito), cap. xv, p p , 12 y 15-19, uso,
A m sterdam .
DISCUSIÓN ENTRE “ ORGANIZADORES” Y “ ANTIORGANIZADORES” 151

guraban u na base principista j>ara la organización d e lo§ anarquis­


tas—~fué la contribución más im por i ante, hasta ese momento, de
u n anarquista argentino, a la teoría “organizadora” del anaiquis-
mo, y tuvo tam bién notable influencia sobre la "praxis” de ese
m ovim iento en la A rgentina.01 Por la im portancia de la serie, cabe
trascribir los principios básicos relativos a la organización obrera,
tal como se expresaron en esos artículos.
E n el com entario de introducción, el autor explica que la serie
no se centrará en la idea anarquista ni en su consolidación,
sino en los medios para m aterializarla, es decir, cómo dar “fuerza”
al ideal. En este aspecto presenta de inm ediato el punto funda­
m ental de su enfoque: “N o hay cosa alguna, desde lo infinitam ente
pequeño a lo inm ensam ente grande, que no signifique asociación
de esfuerzos, organización de elementos, fuerza.”
Además, como se h abla de in fu n d ir fuerza a u n ideal revolucio­
nario com batiente, ‘‘de ahí se sigue que para com batir las clases
opresas a las clases opresoras, se necesita de organización y fuerza
superiores a las que sirven a los gobernantes. La fuerza reside en
cada uno de nosotros, los oprim idos, pero esa fuerza es nula sin
organización”.02
El au to r arguye que una idea tan sencilla y elem ental fue rele­
gada, en el pasado, p or los enfoques extremistas e irreales, con lo
que se causó m ucho daño al desarrollo del anarquismo. En cuanto
a la teoría de la organización en sí, Pellico señala en la introduc­
ción u n enfoque principista dual, cuyas bases arrancan del enfoque
de Bakunin, de la experiencia de la fraternidad en la época de
la I Internacional. Lo form ula del siguiente modo:

L a o rg a n iz a c ió n p u e d e ser y es p e r fe c ta m e n te d u a lis ta , d iv id id a e n dos


ra m a s p a r a l e l a s . . . E n n u e s tro caso p u e d e n c o m p a ra rs e a las v ías férre a s,
q u e si so n e q u id is ta n te s u n a d e o tr a , a m b a s so n c o n d u c to ra s d e l t r e n . , .
A sí u n a ra m a d e la o rg a n iz a c ió n o b r e ra , q u e p u e d e d e n o m in a rs e re v o ­
lu c io n a ria , la c o n s titu y e n c u a n to s , p le n a m e n te c o n v e n c id o s, tr a b a ja n re c ­
ta m e n te p o r el tr iu n f o d e l id e a l, y o tr a r a m a q u e p u e d e lla m a rs e e co n ó ­
m ic a , la c o n s titu y e n la s nrasas o b re ra s q u e p u g n a n p o r m e jo r a r su c o n ­
d ic ió n .83

En el segundo artículo, Pellicer P araire aborda problemas espe­


cíficos de la ó rbita “económica”, es decir, los sindicatos obreros, y
si “F ue u n o de los inspiradores principales d e la C onferencia obrera de la
A rgentina, siendo, puede decirse, el que llevó a la fundación de la Federación
O brera". D. A bad de S antillán, L a F O R A , op. cit., p . 51.
92 “O rganización o b re ra ”, L a Protesta H u m a n a , 17 d e noviem bre de 1900.
ss Ibid.
PENETRACIÓN E N LOS SIN D IC A T O S ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

desde u n principio considera apropiado señalar el cambio operado


al respecto en el anarquism o argentino: “Por fortuna, el espíritu
de oposición a los gremios se ha desvanecido ya casi com pletam en­
te, p orque era un gran e rro r..
Pero, a.1 mismo tiempo, subraya que en su opinión no hay aún
en ía A rgentina experiencia y tradición adecuadas para la activi­
d ad en los sindicatos obreros, que los trabajadores argentinos tie­
nen m ucho p or aprender, todavía, al respecto. E n ese sentido, la
experiencia de las asociaciones obreras en los países latinos de Eu­
ropa, especialmente en España, puede servir de fuente para la ense­
ñanza. El autor afirm a que él mismo adquirió experiencia en
España no sólo como m ilitante activo en los sindicatos obreros y
en la Federación Española, sino tam bién en el ám bito de la prédica
periodística.94 De ahí que cabe ver su sugerencia no como u n a mera
improvisación intelectual, sino como el resultado de la práctica,
la observación y la prudencia.95
Pellico se esmera por recalcar que los principios del m étodo que
sugiere tienen una raíz en el m undo del pensam iento anarquista,
y que procuran evitar la creación de organismos autoritarios que
atan al obrero a instituciones disciplinarias y lo despojan de la
libertad personal, de la libertad de iniciativa, por lo que los form u­
la con las siguientes palabras: Acratísmo, L ibre Pacto, Solidaridad.
Estos principios básicos sostienen todos los componentes del mé­
todo organizativo que form ula m inuciosam ente en la continuación
de su serie de artículos. Prim ero aborda el m odelo del Pacto de
Solidaridad, como prototipo de la organización de la célula básica
del sindicato obrero, cuyas metas enum era:
1) M ejorar las condiciones de trabajo.
2) Prestarse, los asociados, m utuo y fraternal apoyo.
3) Procurarse, los adheridos, instrucción y recreo.
4) Practicar la solidaridad con todas las asociaciones obreras que
sostengan idénticas metas.
fl< I). A bad de Santillán, T.a F O R A , op. cit., p. 55; “ E n la revista Acracia de
B arcelona (1886-1888) encontram os u n a form ulación equivalente de esas ideas,
d ebida pro b ab lem en te al m ism o a u to r (A. P ellicer P araire).” Véase tam bién
M ax N e ttla u (m anuscrito), cap. xv, p. 16.
®5 “A firm am os q u e no sólo son posibles tales instituciones, sino q u e las h e ­
m os visto fun cio n ar en E spaña y p ertenecido a las m ism as.” Pellico, ‘‘O rgani­
zación obrera iv”, en La Protesta H u m a n a , 8 de diciem bre de 1900.
El adversario E l R eb eld e ten ia u n a idea inversa. En dos artículos publicados
luego —24 de m arzo de 1901 y 7 de a b ril de 1901, bajo eí titu lo "C ontestando
a Pellico”— arguye el a u to r q u e precisam ente la experiencia del pasado habla
c onfundido a Pellico. E n cuanto a la Federación E spañola (1888-1889) fracasó
y se desm oronó por cam a de los m étodos organizativos, q u e la m a n ia ta ro n y
la deform aron.
D ISC U SIÓ N E N T R E “ O R G A N IZA D O R E S” Y “ a NTIORGANIZADORES” 153

5) Encam inar todos los esfuerzos a la em ancipación social.


Acom paña la presentación de las metas con una descripción
minuciosa de los medios conocidos para alcanzarlas, acentuando
cuidadosam ente el cuidado d e los principios básicos.86 Pellico re­
calca que la realización del pacto de solidaridad depende del prin­
cipio del libre pacto, es decir, la organización libre y voluntaria a
objeto de cum plir objetivos, expuesta al cambio y a la anulación
cada vez que el obrero lo considere necesario. L a asociación no
tiene valor fuera de ello. El autor es consciente de los peligros
que acechan a los sindicatos obreros, que pueden convertirse en
organismos autoritarios donde el obrero acaso sea aprovechado por
comisiones que se asignan autoridades ilim itadas, o por individuos
que so pretexto d e la eficacia se asignan facultades de dirigen­
tes, lodo lo cual al fin de cuentas se convierte en dom inio absoluto
y en fuente de corrupción.
U no de los modos de evitarlo, es el enfoque descentralista: “No
es útil n i conveniente que unos lo hagan todo, se cuiden de todo,
dispongan de todo, sino que cada labor se encom iende a los m ejor
preparados o bien dispuestos para ella: y en el conjunto de las
actividades especiales, se encuentra la buena producción.”
Otro modo para prevenir el autoritarism o y el absolutismo, es la
celebración de asambleas generales: “Las asambleas generales en
perpetuas funciones: una especie de com una de hombres libres que
piensan, estudian, resuelven lo que más conviene a todos. . . En
consecuencia, la m ejor práctica, es ocuparnos todos juntos en el
trabajo em ancipador, y sólo cuando todos juntos no podemos hacer
tina cosa, encargar aquella sola cosa a algunos de nuestros compa­
ñeros para que la realicen en nom bre y con la adhesión de todos.”97
Después de presentar los principios básicos y modelos para la
organización de la célula fundam ental, pasa a discutir en detalle
la estructura organizativa de los sindicatos obreros y atribuye un
papel central al sistema federal, como parte integral de su concep­
ción en lo que atañe al sindicato obrero. En su opinión no tiene
sentido el sindicato obrero aislado, pues en su contra pueden alis­
tarse los empleadores y tam bién los trabajadores de la misma ram a
en otros parajes, quienes pueden ser incitados a convertirse en rom ­
pehuelgas. De ahí que . ,1a prim era labor que debe realizar una
sociedad de oficio, es federarse cotí las de su misma profesión, exis­
tentes en la región, y si no las hubiera en otras localidades, dedi­
carse a formarlas y federalizarlas”.98
95 “ O rganización obrera n i” , La Protesta H u m a n a , 1 d e diciem bre de 1900.
97 “ O rganización o b re ra rv” , La P rotesta H u m a n a , 8 de diciem bre de 1900.
98 “O rganización ob re ra v ”, L a Protesta H um ana, 15 de diciem bre de 1900.
154 PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

El autor es consciente del liecho que m uchos anarquistas des­


precian el marco federativo: “A lguna vez se ha repudiado el em­
pleo de la palabra federación y aún el principio federativo, a causa
de su empleo en los organismos autoritarios y en las constitucio­
nes de los estados.” Y desvirtúa esa oposición y tales temores m a­
nifestando:
“El principio federativo es ni m alo ni bueno, es sólo una forma
de organización como el pacto, como todo convenio..
La cuestión es saber qué contenido se pone dentro de ese marco,
por lo que: “La federación m antenida con principios liberales será
liberal, antiautoritaria y responderá a los fines em an cip ad o res...
En consecuencia debe aceptarse el principio federativo como forma
de organización obrera, como m edio de inteligenciarse, de obrar de
com ún acuerdo las varias sociedades que pactan federarse para
sum ar grandes fuerzas solidarias en sus objetivos.” 99
Desde la célula básica de la federación debe prevalecer la liber­
tad, la libertad de acción e iniciativa para el individuo y el grupo,
y la deben acom pañar en todas sus esferas, de lo contrario se des­
peñará al despotismo y al autoritarism o. Para velar por esa fuerza
la federación debe alistarse en esa dirección: “N inguna centraliza­
ción de fondos ni de poderes. . . La comisión federal no es más de
lo que debe ser: una comisión servidora de los intereses generales,
no g o b e rn a d o ra ...
”E1 libre pacto debe dejar al individuo y a la colectividad li­
b r e s ... No hay razón ni derecho en privar que unos individuos
se congreguen aparte de otros individuos, ni menos que ambas
fracciones no tengan igual derecho a formar parte de la federación.”
La libertad de asociación y de separación es siempre preferible
a los marcos rígidos y autoritarios que atraen las deformaciones del
espíritu de libertad, el absolutismo de individuos e instituciones.
En síntesis: “Lo que se necesita es acratismo, no autoritarism o.” 100
E n los últim os artículos Pellico se aboca a las estructuras federa­
tivas regionales, de la federación local, a través de la regional
hasta la universal. C ada asociación obrera, después de que empieza
a en tablar vínculos federativos con asociaciones paralelas en la lo­
calidad, se ve ante el camino de crear una federación local general.
A veces hay diferencias significativas entre las funciones y la sus­
tancia de esos dos tipos de asociaciones federativas: “La federación
del oficio responde prim ordialm ente a asegurar el éxito de las lu­
chas de los obreros contra el capital; la federación local tiene, ade­
más de la solidaridad obrera, cierto aspecto social más directo, la
o» Ib id .
100 "O rganización obrera vn", La Protesta H um ana, 5 d e enero d e 190!.
DISCUSIÓN EN TRE “ ORGANIZADORES” Y “ ANTIORGANIZADORES” 155

intervención en la cosa pública, aunque para defender los intereses


de los obreros. . . ”
Seguidam ente sugiere u n plan federativo para la federación lo­
cal, cuyo núcleo será como el de la federación del sindicato obre­
ro, el “Pacto de solidaridad” ; los “Propósitos y los medios” de este
pacto, los detalla con precisión y m eticulosidad.101
L a federación local difiere de la federación profesional, que en
su esencia tiene metas económico-profesionales limitadas. “La fe­
deración local podría considerarse de naturaleza política, si estas
denom inaciones coi respondieran a organismos em inentem ente so­
ciales. Pero la federación local se levanta ya como una potencia
revolucionaria, tratando de neutralizar y com batir a los poderes
autoritarios que se oponen al avance del proletariado.”
Pellico aprecia y cree que la federación local, cuando advenga,
constituirá por naturaleza un núcleo para la com una revoluciona­
ria, ~y se desarrollará de acuerdo a las líneas del m ovim iento de las
comunas en fn u icia y en España, en 1870. Llega más lejos aún, y
enum era inclusive núcleos para la estructuración de la sociedad
del futuro “Con ello, el obrero, lleno de ideas sanas, no yendo a
rem olque de pailidos y jefaturas políticas,, ve más claro.el porvenir,
siénte su fuerza. . . ”
Y por últim o: “La federación local, partiendo del concepto del
trabajo, y funcionando como organismo social, sienta las bases de
la sociedad del futuro.” 102
Los artículos finales, Pellico los consagra a planes detallados para
la creación de federaciones regionales basadas en una red de acuer­
dos, según el m étodo del Pacto de Solidaridad, y como ejemplo
concreto de acuerdo regional señala el suscripto en esos días por
la Federación de Estibadores y Cargadores de los Puertos Argenti­
nos con los obreros portuarios de Montevideo, en U ruguay (ene­
ro de 1901).103
La serie de artículos de Pellico finaliza con una nota sobre la
necesidad de am pliar los marcos federativos hasta dimensiones uni­
versales, en el espíritu de los valores de la I Internacional. No
aborda u n plan minucioso y utópico, sino que estima que, en el
m om ento en que advenga una federación obrera local y regional,
el espíritu social abrazará a los trabajadores de todo el m undo, en
un proceso inevitable.104
101 “O rganización o b re ra v i i i ” , L a Protesta H u m a n a , 12 de enero de 1901.
102 “ O rganización obrera ix ”, La Protesta H u m a n a , 19 de enero de 1901.
103 "O rganización o b re ra xr", L a Protesta H u m a n a , 9 de febrero de 1901.
ios "O rganización ob re ra x i i ” , La P rotesta H u m a n a , 16 de febrero de 1901.
Sobre las concepciones de A. P ellicer P araire, véase tam b ién M ax N ettlau
(m anuscrito), cap. xv, p p . 18-20.
156 PEN ETRA CIÓ N E N LO S SIN D IC A T O S (1899-1901)
Poco después de iniciarse la publicación de la serie de artículos
d e Pellico, se sumó a la polémica F. Basterra, al com batir a los
opositores a la organización, m ientras trataba de superar las dife­
rencias de opinión con adversarios a quienes separaba apenas el
m alentendido o el aferrarse estéril a una “sem ántica” distinta, pero
acerbando la discusión con los otros: "Los antiorganizadores no
han procedido de distinto modo en igual caso —es decir, al venir
a actuar como grupos, a editar periódicos, folletos, a celebrar asam­
bleas— a excepción de aquellos que titulándose tales, sólo fueron,
y son, individualistas, los que jam ás hicieron otra cosa que propa­
gar las ideas en los cafés o después de u n a jugada de naipes. .. lo
más que discutieron, pensaron y acordaron, fue u n paseo, una
diversión.”
Y al h ab lar de las metas de los anarquistas “organizadores”,
así como de sus móviles, dijo: “Nosotros debemos ser legiones. . .
y no pequeños grupos ni individualidades. En grandes masas la
propaganda es fructífera.” 105
La respuesta de quienes se oponían a la organización, a los ar­
tículos de F. Basterra y de Pellico, no se hizo esperar. En El R e ­
belde del 9 y del 14 de diciem bre de 1900, se publicó u n artículo
editorial in titu lad o “Ciclón organizador”, que polemizaba con las
“organizaciones” que predicaban la creación de esferas federativas.
El artículo se inicia con una censura a los medios repudiables de
que se valen las redacciones de La Protesta H um ana y L ’Avvenire
para apagar la voz de E l Rebelde, H abla de una cam paña de rum o­
res difundidos entre los anarquistas, sobre la supuesta desaparición
de este periódico (El Rebelde), y que por lo tanto los fondos re­
caudados a su favor fueron puestos al servicio de los intereses de
los círculos de La Protesta H um ana y L ’Avvenire. La redacción
de E l R ebelde prevé para el futuro u n despeñam iento muy grave de
las relaciones interanarquistas, que sería causada por las tenden­
cias institucionalizantes que inyectan los adictos a la organización,
que aspiran a crear "instituciones representativas”, en vez del sis­
tem a anarquista adm itido de los “grupos de afinidades” . Los dar­
dos principales de la crítica fueron dirigidos a los artículos de
Pellico, cuyas ideas fueron presentadas, con befa, como u n a clave
confusa de reglam entos y leyes que asfixiarían cualquier iniciativa
espontánea de los trabajadores. Éstos tendrían que consagrar su
tiem po a estudiar y aprender la estructura com pleja de los deberes
y derechos de las comisiones y los grupos, en vez de dedicarse direc­
tam ente a la lucha por sus necesidades. La ira m ayor se centró en
105 "O rganización y antiorganización”, La Protesta H u m a n a , 1 de diciem bre
de 1900.
ACTIVIDAD ANARQUISTA EN LOS SINDICATOS OBREROS 157

la estructura federativa recom endada por Pellico y por el congreso
de París (1900). P or últim o, en cuanto a su actitud hacia las orga­
nizaciones obreras y la actividad en ellas, se dice: "Réstanos, pues,
afirm ar que somos antiorganizadores frente a la organización de
sociedades o b re ra s .. . no aspiramos a ser los defensores del traba­
jador, queremos que él aprenda a defenderse; con él vivimos y con
él lucharemos cuando se disponga a luchar [el subrayado es mío:
I. O.], indicándole siem pre el cam ino más corto para llegar a su
completa em ancipación.” 106
En estas líneas se encierra un resum en del enfoque de los círcu­
los de El Rebelde, lo que adquiere u n significado especial si se
toma en cuenta las circunstancias en que fueron redactadas, en
vísperas del agravam iento de los conflictos laborales en la Argen­
tina, en los años 1901 y 1902.

LA ACTIVIDAD ANARQUISTA EN LOS SINDICATOS OBREROS

El enfoque de La Protesta H um ana y L ’Avvenire era totalm ente


distinto; la disparidad con respecto a E l R ebelde se ahondó en
1900. En julio y agosto se publicaron en La Protesta H um ana
artículos editoriales que se abocaban a la necesidad de convertir
el periódico en u n sem anario regular, y la fundam entacíón prin ­
cipal se basaba en la conveniencia de respaldar a los sindicatos
obreros. Se señaló que en el pasado los sindicatos obreros se abste­
nían de insertar avisos e inform ación en La Protesta H um ana, por
el hecho de que la aparición no era regular o, cuanto mucho,
veía la luz cada quincena. La falta de inform ación sobre asambleas
obreras, huelgas, etc., alejaba los obreros del periódico. Por otro
lado, ante la creciente im portancia del m ovim iento obrero, corres­
pondía adecuar el periódico a las necesidades de los trabajadores
y sus sindicatos, más aún si “el campo del m ovim iento gremial y
o b re ro . . . hoy para nosotros está poco menos que olvidado”.
Además, la redacción consideró oportuno prevenir que: “Si con­
tinuam os como hasta aquí, sin orientación, sin organización, los
acontecimientos pasarán sobre nosotros, y no nos quedará más que
la triste lam entación del im potente.” 107
Sobre la naturaleza de los acontecimientos que se avecinaban,
leemos en La Protesta H um ana, del 16 de septiem bre de 1900:
10 » "C iclón organizador”, E l R eb eld e, 14 d e diciem bre d e 1900.
io t "La Protesta H um a n a a sus constantes lectores”, L a Protesta H um ana,
5 de agosto de 1900,
158 PEN ETRA CIÓ N EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

“ U na nueva época de m ovim iento y organización gremial princi­


pia a desarrollarse en esa ciudad, la aguda crisis por que atraviesa
la clase obrera desde algunos meses, no podía dar otro resultado
que este despertar obrero,” 108
Varios meses después, a íines de 1900, en los albores del auge
de los conflictos laborales, prevé La Protesta H u m a n a : “Es seguro
que se aproxim an días de prueba para la clase trabajadora de este
país, y los libertarios no debemos perm anecer alejados de la orga­
nización obrera, como por lo general lo estamos, sino como obre­
ros que somos, en ella y muy adentro orientando a los trabajadores
en sus luchas.” 109
E n 1901 se fortaleció y arraigó entre los anarquistas pro organi­
zación, de todos los grupos, la tendencia a actuar intensam ente
en los sindicatos obreros, sobre el trasfondo de una inclinación cre­
ciente en ese sentido en la m ayoría de los círculos anarquistas del
m undo. Un núm ero notable de artículos encaró el tema en La
Protesta H um ana, L ’Avvenire y El Obrero,110 E ntre los muchos
artículos que se publicaron en La Protesta H um ana sobresalieron
dos, por los argumentos nuevos que ofrecían. El prim ero, el 2 de
febrero de 1901, firm ado por Liberto: “Asociación, huelgas, refor­
mas.” El autor no sólo apoya clara e inequívocam ente la organi­
zación obrera, sino que tam bién añade: “Todas las reformas que
pueda conseguir el proletariado, y no por lo que ellas en sí valen,
sino por las siguientes razones: ganando pequeñas victorias, los
trabajadores aspiran a conseguir mayores. .. Practicando la unión
y la solidaridad, los trabajadores se dan cuenta de la inm ensa fuer­
za que poseen. Las reformas, si no sirven para em ancipar m aterial­
m ente a los obreros, ejercen en cambio una influencia regeneradora
en la m entalidad del proletariado.”
De aquí, un paso claro y lógico para aprobar las huelgas parcia­
les; “Las huelgas habitúan a los trabajadores a luchar con sus pro­
pias fuerzas, sin esperar nada de elementos extraños, contra la
explotación capitalista.”
A todos esos argumentos, el autor añade: “Hay otro razonam ien­
to m uy superior aún a todos éstos, por el cual los anarquistas de­
bemos ser partidarios de las luchas y de las asociaciones de traba­
jadores. . . La asociación obrera de hoy (nos referimos a la que ha

i»8 "M ovim iento social”, La Protesta H u m a n a , 16 de septiem bre de 1900.


r ° 9 “ M ovim iento social", La Protesta H u m a n a , 17 d e noviem bre de 1900.
n o “ G ii anarchice e i sin d icati” , L ’A vvenire, í de febrero de 1901; R . M ella,
"E xperiencia decisiva” , E l Obrero, 21 de julio d e 1901; " In g la te rra ”, La P ro­
testa H u m a n a , 20 de ju lio de 1901; “ E spaña”, La Protesta H u m a n a , 24 de n o ­
viem bre de 1901.
A C TIV ID A D ANARQUISTA EN LOS SINDICATOS OBREROS

com prendido su verdadero fin), es, pues, algo así como ei esbo­
zado modelo de lo que será la sociedad com unista anárquica del
m añana.”
Las conclusiones a extraer, por lo tanto, son inequívocas: “Los
anarquistas debemos ser partidarios de la organización de los tra­
bajadores, participar en sus ludias, estar a la cabeza de sus movi­
mientos . . . ”
Poco después de publicarse este artículo, apareció en La Protesta
H um ana u n com entario interesante, especie de examen de concien­
cia, sobre los errores cometidos por los anarquistas en Buenos Aires.
El au to r P. G uaglianone, quien había sido muy activo en la pro­
paganda anarquista en la A rgentina durante los últim os años, se
volcó a la actividad en M ontevideo, y desde allí envió su artículo,
donde critica “el estado de estancam iento en que se halla la pro­
paganda”. Ello se debe, a su parecer, al despeñam iento que se
inició varios años antes, y cuyos culpables principales eran los ele­
m entos anarquistas “charlatanes y macrocéfalos”, que sem braron la
confusión y el desconcierto en las filas anarquistas con una desati­
nada teoría sobre “ la sociología singular” y u n individualism o
íilosólico-nietzscheano, sin haber visto en su vida la tapa de un
libro de Nietzsche. . . “Este elem ento disolvente fue el que im pidió
una lucha que tendía a revestir grandes proporciones. Ellos se de­
clararon enemigos de la organización, ellos predicaron contra las
federaciones — en las cuales tampoco nosotros creimos ayer, cuando
ellos nos las p in taro n como focos de a u to rita rism o .____ y ellos
im pidieron poder realizar una obra práctica de lucha obrera. En
efecto, la mayoría de los así llamados anarquistas, creyeron que en
las sociedades gremiales no debían entrar sino para disolverlas, y
que los anarquistas no debían fundar asociaciones gremiales. . . Es
a algunos anarquistas a quienes en parte se debe culpar que en
la A rgentina no existe hoy una federación obrera.”
El autor censura tam bién los errores en la actividad anarquista
propiam ente dicha: “Hoy en Buenos Aires, no hay u n buen local
de conferencias: [En Buenos Aires, donde hay miles y miles que se
llaman anarquistas!” Y finaliza con una exhortación patética a los
compañeros anarquistas de Buenos Aires: "¡H ay que comenzar de
nuevo!” 111
La redacción de La Protesta Plumaria añade al artículo una aco­
tación, en la que acepta la acerba crítica, pero objeta el llamado
a empezar de nuevo, pues: “la obra está ya comenzada y bien en­
cauzada”. En efecto, los defectos principales que señalara el autor,
n i X>. G uaglianone, “ L a p ro p a g an d a a n arq u ista en la A rg en tin a”, en La
Protesta H u m a n a , 9 de m arzo de 1901.
£££ 9P 08
160 PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

ya estaban por ese entonces en proceso de enm ienda. Varios días


después de publicado el artículo, se supo de la fundación del C írcu­
lo Internacional de Estudios Sociales, una de cuyas metas prim or­
diales era; “poseer u n local que sirva para facilitar a los trabaja­
dores y sus hijos la educación. .. y dar el mayor im pulso a la pro­
paganda de las ideas libertarias”.112
Pero, lo más im portante en esos días, fue el progreso de la inte­
gración anarquista en la actividad de los sindicatos obreros, al to­
m ar parte intensa en los preparativos del congreso general de los
sindicatos obreros de la Argentina, convocado para el mes de mayo,
y en cuyo orden del día figuraba el punto refativo a la creación de
la federación obrera (véase más arriba).
Antes de abocarnos al congreso de sindicatos obreros, pasaremos
revista, sucintamente, al desarrollo de las relaciones entre anar­
quistas y socialistas en esa época, que posibilitó la cooperación
entre esas corrientes rivales en los preparativos y la celebración del
congreso.

RELACIONES ENTRE ANARQUISTAS Y SOCIALISTAS

De 1899 a 1901 las relaciones entre socialistas y anarquistas eran


más complejas que en el pasado: aparte de las rivalidades y las
discrepancias, se dieron tam bién algunos casos de aproxim ación.
Por un lado proseguían las discusiones acerbas en la prensa, y en
los periódicos de ambas corrientes se publicaban artículos de po­
lémica acérrim a;113 tam bién tenían lugar asambleas de discrepan­
cia airada, griterías y a veces inclusive riñas. A comienzos de 1900
se supo de un incidente grave, en una asamblea socialista, donde se
vio enredado F. Basterra. H abía querido discutir con los oradores
que proferían insultos, a su entender, contra los anarquistas, subió
al escenario pero fue obligado a descender por la fuerza; a raíz
de ello se desató u n a riña, que finalizó con la intervención poli­
cial.114 F. Basterra se refirió al incidente en u n extenso artículo,
"C írculo In tern acio n al d e E studios Sociales”, L a Protesta H u m a n a , 20 de
a b ril de 1901.
113 “ Los socialistas a u to rita rio s”, L a Protesta H u m a n a , 29 de o c tu b re de
1899; F. B asterra, “ Las reform as legalitarias” , ibid., 26 de noviem bre de 1899;
F. Basterra, ‘'D iscutam os, p u e s” , ibid., 10 de diciem bre d e 1899; “ Se necesitan
a n arq u istas”, L a V anguardia, 10 de ju n io d e 1899; “A la v a n g u ard ia ”, La
Protesta H um ana, 7 de enero de 1900.
111 “ M ovim iento o b rero ” , La Prensa, 19 de febrero de 1900; “Sin m otiv o ”,
L a Protesta H u m a n a , 4 de m arzo de 1900; “E l m eeting socialista”, E l R ebelde,
25 d e febrero de 1900.
RELACIONES ENTRE ANARQUISTAS Y SOCIALISTAS 161
*
que publicó La Protesta H um ana, y m enciona el enojo que le causó
el orador, al decir: “Los propagadores de la violencia son los peo­
res enemigos de la clase trabajadora.”
Pese a las palabras polémicas del artículo, asoman empero tonos
de desilusión por el despeñam iento de las perspectivas de aproxi­
mación que se vislum braban en el pasado, sobre todo en la posi­
ción de J. Ingenieros, considerado en cierto sentido u n proanar­
quista.115 F. Basterra am onesta severamente a los socialistas que
polemizan con los anarquistas, sin molestarse siquiera de leer lo
que escriben: “D e todos los que nos critican, censuran e injurian
no se saca m edia docena que conozcan la cuarta parte de nuestras
obras y de nuestros periódicos doctrinarios. En las discusiones p rin ­
cipian m irándonos como a locos o delincuentes, y concluyen reco­
nociéndonos una inteligencia superior y unos ideales justos y be­
llos, demasiado justos, dem asiado b e llo s .. 116
C abe subrayar que las diferencias y contradicciones entre anar­
quistas y socialistas en esa época, no se circunscribieron al dom inio
teórico abstracto, sino que se proyectaron en enfoques concretos
para caracterizar las metas de las huelgas, que empezaron a ser un
fenómeno abundante.117 Los socialistas procuraban lim itar los pa­
ros a la lucha legal p o r reformas; los anarquistas adictos a los
círculos de E l Rebelde, en cambio, reclam aban que “las huelgas
deben ganarse por todos los medios”, inclusive por la violencia más
extrem a.118
Cabe recordar, empero, que los círculos de E l R ebelde consti­
tuían sólo una parte del sector anarquista, una parte que en esos
días gravitaba poco. En cuanto a la m ayoría del anarquism o —los
círculos proorganización— , seguía velando por u n a term inología
“revolucionaria”, de u n lado, aunque del otro se m ostraba pro­
pensa a la contemporización, a las huelgas parciales, a las reformas
pequeñas. Esta doblez se reflejaba bien en la polémica acérrima
entre P. G uaglianone y José Ingenieros en vísperas de celebrarse el

n * “A narquism o, socialism o e in te lec tu a lid a d científica”, La P rotesta H u ­


m ana, 18 de m arzo de 1900.
n e F. B asterra, “ Dos p a la b ra s”, prólogo a l folleto de J. Grave, Socialismo y
anarquism o, E dición B iblioteca “ E l o brero p a n a d e ro ”, Buenos Aíres, 1900.
111 “T ra s la ley de conversión de 1899, las huelgas se m u ltip lic an y se ex­
tienden p o r la R epública, ¿Pero, cuál es la fin alid ad d e la huelga? Los socia­
listas la q u ieren como m étodo p rim e ro — y p rim a rio — p a ra la form ulación
del reclam o inm ed iato y su conquista posible. Los anarquistas, como el m é­
todo de trasform ación del régim en s o c ia l... D istintas y contrarias las concep­
ciones socialistas y las an arq u istas acerca del m étodo d e la h u e lg a .” D. Cúneo,
Juan B . Justo, op. cit., p. 258.
118 "Las h uelgas”, E l R ebelde, 22 de a b ril de 1900.
,i u a PENETRACION E N LO S SIN D IC A T O S ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

££^(5ifgr^8> de la Federación en 1901. Inició la discusión P. Guaglia­


none, con un artículo en La Protesta H um ana, enviado desde
M ontevideo,119 con una crítica a las posiciones teóricas reformistas
“bernsteinianas” que predicaba J. Ingenieros, el socialista concep-
tuado en el pasado como proanarquista.
Guaglianone, dirigiéndose a Ingenieros, censura su vuelco, pero
recalca que no debe extrañar, "pues tú nunca fuiste revolucionario,
ni cuando publicabas La M ontaña, con la cual, ju n to con Lugo-
nes, hiciste obra de chichoneo revolucionario únicam ente”.
A este ataque, contestó José Ingenieros: “Por más que quieras
seguir cacareando que ustedes son revolucionarios y nosotros archi-
dorm ideras, el hecho es que los inteligentes de tus filas se vuelven
poco a poco, y sin darse cuenta de ello, reformistas, nada más que
reformistas por ahora, lo mismo que nosotros. . . No me dirás que
las sociedades de resistencia que organizas en M ontevideo, tienen
p or objeto convertirse en batallones el día de la revolución so­
cial . . . Lo único que harás, será alguna huelguita para m ejorar las
condiciones de tra b a jo .. . A quí suelo ver a m enudo a Gori, que
está en el mismo orden de ideas. . . Ustedes se siguen llam ando
anarquistas pero, en realidad, h an dejado de ser lo que eran an­
te s ... En otras palabras el anarquism o de los pocos anarquistas
inteligentes y estudiosos ha evolucionado, de la misma m anera que
el socialism o... Espero encontrarte algún día en el camino a Da­
masco.” 120
Estas palabras de J. Ingenieros no carecían de asidero. En 1900
y 1901, los anarquistas y los socialistas actuaban paralelam ente en
los sindicatos obreros, lo que se debía en prim er térm ino a los en­
foques que se consolidaron en el sector anarquista “proorganiza­
ción” (al que nos referimos am pliam ente) y tam bién en el sector
socialista, donde se fortalecieron tendencias de protesta social y
de lucha obrera más enérgica; las manifestaciones de disgusto por
los apremios sociales en la A rgentina, se hicieron cada vez más
análogas.121 Las grandes huelgas de esos años hicieron que los anar-

“A p ropósito de u n a declaración b e rn stein ian a ”, La Protesta H u m a n a ,


20 de a b ril de 1901.
i 2« D. Cúneo, Juan B. Justo, op. cit.., p. 245.
i2i P o r ejem plo, en el articulo "L a m iseria en B uenos A ires”, p ublicado por
el A B C del Socialismo núm . 46, 18 de noviem bre de 1900, que describe con to­
nos fuertes los aprietos de las clases pobres e n Buenos Aires, encontram os el
siguiente párrafo: "N osotros no nos felicitam os d el avance de la m iseria, desea­
ríam os que nadie sufriera privaciones, pero eso sucederá el d ía en que el p u e ­
blo no m endigue u n a lim osna q u e siem pre es h u m illan te , sino cuando conquiste
su lib e rtad económica: cuando, dueño de las m áquinas y de las tierras, trabaje
p a ra el bienestar social.”
E l. P R IM E R CO NG RESO D E LA * F O A 163

quistas y los socialistas cooperaran en la lucha contra los emplea­


dores, aunque en m edio de objeciones m utuas y de rivalidad.
A narquistas y socialistas rivalizaban ahora por la influencia sobre
círculos análogos; sus fuerzas eran bastante parejas. En esa realidad
asom aron revelaciones contradictorias, cuando cada bando se esme­
raba por exhibir su poderío; de ahí 1a. organización de demostra­
ciones separadas el 1 de mayo de 1901.122 P or otra parte, empero,
se celebraron asambleas de protesta y manifestaciones conjuntas:
la cam paña anticlerical (véase arriba), la antim ilitarista, contra la
desocupación, contra la política social del gobierno (véase arriba).
Sobre este trasfondo se hizo factible tam bién una aproxim ación
en u n intento conjunto de crear u n a federación general de los
trabajadores.

EL PR IM E R CONGRESO DE LA F O A ’

El 25 de mayo de 1901, en el salón de la “Sociedad Ligure”, calle


Suárez 776, Buenos Aires (Boca), tuvo lugar la inauguración del
Congreso O brero Gremial, con la asistencia de unos 50 delegados,
en representación de 27 sociedades obreras de la capital y del
interior.12’ E n tré los delegados figuraban m ilitantes de diferentes
i ” La Protesta H u m a n a , 5 de m ayo de 1901,
123 T rascribim os seguidam ente el d etalle de la lista de los sindicatos y sus
representantes en el Congreso:
De la capital: 1) Sociedad de A lbañiles, V íctor C olom bo y P ablo Franz;
2) Artes Gráficas, L uis Magxassi y T o rre n s Ros; 3) C onstructores de C arruajes
y Carros, Pedro P o n ti y Francisco Cruces; 4) E banistas (central), R am ón V idal y
C ristóbal M óntale; 5) E banistas (oeste), Nicolás M oglia y E d u ard o Peuche;
6) H ojalateros, D om ingo L arrossi; 7) M ecánicos y Anexos, Francisco C úneo y
D ante G aríag n in i; 8) Mimbreros, Angel F e rraro ti y José Cavalleri; 9) M arm o­
leros, P ed io B arsanti y Ja im e B arba; 10) Panaderos, Anselm o Banet: y F ra n ­
cisco Berri; 11) Picapedreros, T im o teo D i T u lio y A. Gosdia; 12) Yeseros, L ean­
dro Cánepa; 13) Z apateros, José Riza» y Pedro López de la Osa; 14) T a la b a r­
teros, E rnesto Negri y Ju a n O ldani; 15) Veleros, A lfom breros y Anexos, C, San
Clem ente y José Real,
Del in terior: 16) A lbañiles de L a P la ta , J u a n Mosca y A gustín Bernasconi;
17) Albañiles de Q uilines, Alfonso Lozza; 18) A lbañiles de Rosario, Pedro G u-
diei y R . B arbarosa; 19) A lbañiles de Pergam ino, F. Reyles y C. G rivioti;
20) Albañiles de BanfieW , B autista R iela y José Costa; 21) Descargadores de
San Nicolás, A drián P atro n i; 22) Panaderos de Chivilcoy, José Basalo y H éctor
M attei’, 21) Panaderos de La P la ta , josé Boeris y José Pesce; 25) F erro carri­
leros de Rosario, G. Inglán L afarga y P. G ori; 26) T rab a ja d o re s en M adera de
Rosario, Leoncio Baje; 27) O breros d el P u e rto de La P lata, N. Beribio y
N. Pobues.
Véanse al respecto "E l Congreso O b re ro ”, en L a Organización Obrera núm . 6,
ee& sp z q PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

corrientes ideológicas y políticas. Sobresalieron por su filiación y


m ili ta n d a ácrata; Pedro Gori, G. Inglán Lafarga, H éctor M attei,
A drián T roitifio, Luis Magrassi, T orrens Ros y José Basalo; por su
filiación socialista: A drián Patroni, Francisco Cúneo, Pedro Bar-
santi, Pedro P onti y Francisco Cruces. H ubo tam bién delegados de
distintas condiciones sociales a la de sus representados. Por ejem­
plo Pedro Gori, poeta y abogado, por los ferroviarios de Rosario;
H éctor M attei, de profesión tenedor de libros, por los panaderos
de La Plata.
El congreso se celebró los días 25 y 26 de mayo, y el 2 de junio.
El resultado de sus trabajos lo detallam os a continuación:
Primera sesión: Se exam inaron los m andatos de los delegados, se
form uló el reglamento de discusión, estableciéndose que se votaría
por delegados y no por secciones (ello posibilitó a delegados de
asociaciones que tenían enfoques ideológicos distintos, votar por
separado en casos de divergencias). Ju n tam en te se nom bró una
comisión para resum ir el orden del día, que fue preparado ante­
riorm ente. Se hizo un gran esfuerzo por reducir el orden del día
propuesto, que contaba con 32 puntos.124

ju n io de 1901 y “Congreso N acional G rem ial", en E l Obrero núm . 40, 8 de j u ­


nio de 1901.
Según M ax N e ttla u (m anuscrito, cap, xv, p. 28), en el archivo de la iisg,
A m sterdam , fu n cio n ab an en esa época en Buenos Aires 22 sindicatos obreros,
9 en R osario, 2 en L a P la ta y en C órdoba; e n otras 9 ciudades»,.fedeiaciones.
obreras locales, así como sindicatos de albañiles y p anaderos lugareños e a djb.
versas ciudades d el in te rio r.
Se deduce que el congreso no representó a todos los sindicatos, sino a la
m ayoría de los sindicatos obreros que fu n c io n a b an en ese entonces en la A r­
gentina.
124 El ord en d e l d ía fue p re p a ra d o p o r u n a com isión n o m b rad a en la sesión
p re p a ra to ria d el 2 de m arzo de 1901 y en base a las proposiciones de los
sindicatos q u e p a rticip a ría n . T rascribim os el o rd e n d el d ía d el congreso, tal
como se publicó en L a Protesta H u m a n a del 11 d e m ayo de 1901:

1. A p ertu ra del Congreso;


2. Com isión de poderes;
3. Elección de la mesa;
4. R eglam ento d e discusión.

Proposiciones:

5. Federación ob rera: proposición de los delegados;


6. O rganización grem ial: proposición d e las sociedades: Z apateros (capital),
P anaderos (La P la ta y Chivilcoy);
7. ¿Cuál es el m ejor m étodo de p ro p a g an d a p a ra o b ten e r b u e n resultado
en la organización obrera?;
E L PR IM E R CONGRESO DE ? A FOA 165

Segunda sesión: Antes de pararse a trata r el prim er tem a (todo


referente a la Federación Obrera), el presidente de la Sesión, T .
Ros, dio lectura a la siguiente declaración de principios, propuesta
p o r Artes Gráficas (dos de sus delegados eran anarquistas):

Considerando que el congreso obrero reunido en este local se compone


de sociedades de resistencia, o por mejor decir, de colectividades obreras

8. Form ación de u n com ité de organización o b rera: Asociación de Artes


Gráficas (capital);
9. O rganización de los trab ajad o res del cam po: O breros Mecánicos y anexos
(capital);
10. Jo rn a d a de 8 horas: O breros de la M adera (R osario, S anta Fe), Zapateros,
H ojalateros, Gasistas y anexos (capital);
11. R educción de horas de trab ajo : O breros M ecánicos y anexo3 (capital).
P anaderos de L a P lata;
12. A bolición del trab ajo a destajo: O breros M ecánicos y anexos. H o ja la te ­
ros, Zapateros, del M im bre (capital) y O breros d e la M adera (Rosario);
13. A bolición del trab a jo p a ra m enores d e 13 años e n los talleres in d u stria ­
les: O breros de la M adera (Rosario);
14. A bolición del trab ajo noctu rn o : O breros P anaderos (La P la ta , San N i­
colás, Chivilcoy);
15. R eglam entación de la h igiene en los talleres y fábricas: O breros Mecá­
nicos y anexos, H ojalateros, Gasistas y anexos, del M im bre (capital)-
16. A rb itraje en las divergencias e n tre obreros y patrones: proposición de
Z apateros (capital);
17. Instrucción de P atrocinio: O breros Mecánicos y anexos (capital);
18. L egislación sobre el trabajo: O breros Mecánicos y anexos, H ojalateros,
Gasistas y anexos (capital);
19. A ccidentes d e trab ajo : proposición d e la Asociación d e A rtes G ráficas
(capital);
20. A um ento de salarios: O breros de la M adera (Rosario), H ojalateros (capital);
21. Descanso dom inical: O breros Panaderos (capital, L a P lata);
22. ¿Qué a ctitu d debe asu m ir la F ederación e n Caso de H uelga?; O breros
Mecánicos y anexos (capital);
23. Boicot y huelga: O breros M ecánicos y anexos (capital);
2-1. H u elga general: O breros panaderos, albañiles (capital), panaderos (La
P lata);
25. T ru ck system (suspensión de vales a los obreros): O breros Mecánicos y
anexos (capital);
26. Cooperativas obreras: O breros T alab a rtero s, M ecánicos y anexos, A lb añ i­
les (capital);
27. Socorro M utuo: O breros A lbañiles (capital);
28. Bolsa de T ra b a jo : O breros M ecánicos y anexos, Zapateros (capital);
29. ¿Es necesaria la personería juríd ica? O breros M ecánicos y anexos (ca­
pital);
30. L a Organización, órgano de la Federación: O breros M ecánicos y anexos
(capital);
31. C onm em oración del 1 de m ayo: O breros Mecánicos y anexos (capital);
32. Asuntos varios.
Ib t> P E N E T R A C IÓ N E N LO S SIN D IC A T O S (1899-11)01)

írrgBi^Pdris para la ludia económica del presente; * y teniendo en cuen­


ta que en el seno de estas colectividades caben todas las tendencias polí­
ticas y sociales (según el texto del periódico L a O rg a n iza ció n : “Caben
perfectamente cuantas tendencias político-sociales haya”), el congreso de­
clara: Q u e n o tie n e c o m p ro m is o s d e n in g u n a d a s e con el P a r tid o So cia ­
lis ta n i con el A n a r q u is ta , ni con partido político alguno, y que su orga­
nización, desarrollo y esfera de acción es completamente independiente
y autónoma. Por lo tanto, la organización que este congreso acuerde es
pura y exclusivamente de lucha y resistencia,125

Esta declaración fue aprobada por unanim idad y aclam ada por
la num erosa barra que concurrió al congreso. La declaración, que
expresa una tendencia a la contemporización entre las diversas
corrientes ideológicas, creó una atmósfera cómoda desde los comien­
zos del congreso y puso cimientos im portantes para su éxito.1211
La comisión encargada de inform ar sobre el prim er tema presen­
tó su dictamen, aconsejando la formación de la Federación Obrera
según las bases propuestas por la Asociación de las Artes Gráficas.
Inform ó F. Cúneo (socialista de Mecánicos y Anexos), dem ostrando
la imprescindible necesidad de la formación de la federación, y las
ventajas que traerá ai proletariado, ejem plificando con lo que acon­
tecía en otros países. Se entabla u n debate anim ado y expectante.
A. P atroni (socialista, Descargadores de San Nicolás) y D. Garfag-
nini (anarquista, Mecánicos y Anexos) aprueban las palabras de
Cúneo. Los delegados de los ebanistas de la capital, sección oeste

* Al com parar diversos textos de esta resolución, com probé q u e hay d ife­
rencias en tre el que se p u b licó en el periódico La Organización y en L a P ro­
testa H um ana, que se trascribe a rrib a . Eli el prim ero el texto insertado dice:
“ la lucha económ ica para el p r e s e n t e ...”
125 “Congreso O brero G re m ia l”, L a Protesta H u m a n a , 1 de ju n io de 1901;
“ Congreso O brero G rem ial” , E l O brero, 8 de ju n io de 1901; “El Congreso O b re­
r o ”, L a Organización, ju n io de 1901.
C abe señalar que los textos de La Organización y E l Obrero son idénticos,
pero difieren del texto de La Protesta H um ana.
El texto copiado por S. M a io lta , es ig u al al de esos dos textos (véase p. 108),
E l texto copiado por D. A bad de S antillán, La F O R A , p. 68, coincide con el de
L a Protesta H um ana.
A las diferencias en los textos nos referim os en el escrito. Son leves y no se
las puede asignar u n significado trascendente.
126 La declaración fue red actad a y p resen tad a p o r representantes anarquistas
(T . Ros y L. ¡Vlagrassi) del Sindicato de A rtes Gráficas. De esto se deduce
que la afirm ación del histo riad o r J. O ddone (en su libro G rem ialism o prole­
tario) en el sentido de que los anarquistas vinieron a im p o n er en el nuevo
organism o sus principios, y que "el congreso p u d o , debido al espíritu de tra n ­
sacción que anim aba a los delegados socialistas, em peñados en llevar a buen
térm ino la obra iniciada” (p. 83) no tiene m ucho asidero. La anuencia a la
contem porización se puso de relieve en las dos partes.
E L P R IM E R CO NG R ESO D E L A F O A 167

(socialistas) com baten la federación, apoyándose en el escaso nú­


mero de obreros asociados y dicen que en vez de la federación debe
formarse u n comité de organización obrera. G. Inglán (anarquista,
director de La Protesta H um ana, Ferrocarrileros de Rosario) de­
m uestra la necesidad de la federación, bajo cuyos auspicios fun­
cionará el comité de organización. T erm inada la discusión se vota
la propuesta, siendo aprobada por 23 votos contra 3. La federación
toma el nom bre de Federación O brera A rgentina. Éste es un nuevo
ejemplo del espíritu que anim aba los debates, donde los bandos
se dividieron no según la pertenencia a las corrientes ideológicas.
Al respecto deseo señalar el apoyo pleno a la creación de la fede­
ración, form ulado por los voceros influyentes del anarquism o/ y
las diferencias de opinión entre los delegados socialistas.
Tercera sesión: Se discuten las cláusulas que fijan cómo será
adm inistrada y dirigida la federación. Hay dos propuestas para la
forma en que debe regirse; una de Artes Gráficas, que expone que
se rija por u n comité federal, form ado por u n delegado de cada
sección federada, y u n comité ejecutivo, nom brado por el congreso.
Esta proposición es apoyada por Cúneo, Cruces (socialistas), F. Ci-
m inaghi (anarquista) y otros. La otra consistiría en la formación
de un comité de relaciones, que serviría de interm ediario entre las
relaciones de las secciones federadas. Ros, Inglán y. M attei (anar­
quistas) lo defienden. Por la prim era, el comité federal resuelve
las cuestiones de la federación, por la segunda, las resuelven las
secciones y el comité se encarga de ejecutarlas. Se suscita un largo
debate; finalm ente, de las dos mociones se hace una, que es apro­
bada por unanim idad; “Para la m archa regular de la federación
se acuerda nom brar un comité federal compuesto por u n dele­
gado de cada sección federada, y un comité adm inistrativo nom bra­
do en el seno del congreso.”
Tam poco en este caso las diferencias de opinión se dividieron
según la pertenencia a corrientes ideológicas; pero ahora sobresa­
lieron divergencias en el bando anarquista (Ciminaghi, contra
otros).
Cuarta sesión: (Preside Cúneo.) Se acuerda que la federación ten­
d rá un periódico de propaganda, que se in titu lará La Organiza­
ción Obrera, en remplazo del actual La Organización, que dejará
de aparecer cuando comience a publicarse aquél. Se acuerda la fun­
dación de la bolsa de trabajo, de la que se encargará cuanto antes
el comité federal. El congreso hace votos para que desaparezca el
sistema de explotación conocido por “T ru c k system” (sistema d e ­
vales a los obreros). Se pronuncia a favor de la reducción de la
jornada de trabajo, de la igualdad de sueldos para obreros de am-
££Z 9P VQ
168 PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

bos sexos, etc. Luego se entra a tratar el tema: arbitraje. Inglán


—relato r— inform a en contra, y aconseja al congreso a p ronun­
ciarse desfavorablemente. Se abre el debate: De la Osa (Zapateros,
cercano a los anarquistas) se pronuncia a l'avor; Ciminagiii (Pa­
naderos de San Nicolás, anarquista) en contra. Se entabla una
calurosa discusión. Barsanti, Garfagnini (anarquistas), C úneo (so­
cialista) y otros, hablan en favor. F. Berri (anarquista), Boeris,
Bernasconi y otros, en contra. P. Gori consume el últim o turno y
se pronuncia a favor, presentando la siguiente moción:

L a F e d e ra c ió n O b r e ra A rg e n tin a , a f ir m a n d o la n e c e s id a d d e e s p e ra r
s o la m e n te d e los o b re ro s la c o n q u is ta in te g r a l d e los d e re c h o s d e los
tr a b a ja d o r e s , se re se rv a e n a lg u n o s casos re s o lv e r los c o n flic to s e co n ó m ico s
e n tr e el c a p ita l y el tra b a jo p o r m e d io d e l ju ic io a r b itr a l, a c e p ta n d o sólo
p o r á r b itr o a a q u e lla s p e rso n a s q u e p r e s e n te n se ria s g a r a n tía s d e r e s p e to
p o r los in te re s e s d e los tra b a ja d o re s .

L a votación de esta m oción se hizo con gran escrupulosidad, y


su resultado fue de 21 votos en pro, 17 en contra, 4 abstenciones.
Fue uno de los debates más interesantes y acalorados en el con­
greso. Su repercusión se prolongó m ucho tiempo después en el sec­
tor anarquista. L a m oción contem porizadora que se aprobó —y que
preparó el anarquista P. Gori— desagradó a la mayoría de los
anarquistas participantes y provocó bataholas (volveremos al tema
más adelante).
Quinta sesión: Se discute el asunto “Institución del Patrocinio” ;
inform a D. G arfagnini (anarquista, Mecánicos), diciendo que el
patrocinio es u na institución que defiende los derechos de los tra­
bajadores y que esa defensa puede hacerse extensiva a que las
leyes le sean favorables, teniendo los obreros el derecho de llevar
a juicio sus patrones sin pago de gastos. Los compañeros Bernas­
coni (socialista, Albañiles de La Plata) e Inglán (anarquista) se
oponen; Ros (anarquista, Artes Gráficas) declara que lo cree inútil,
pues piensa que hay abogados amigos que defienden gratis a los
trabajadores. Se vota y es aprobado.
A nim ado debate suscita el tema sobre legislación del trabajo, otra
cuestión de batalla. Inglán inform a sobre este punto y aconseja al
congreso que se pronuncie en contra, pues dice que todo lo que
no consiguen los trabajadores por su conciencia y su organiza-
ción, no se lo dará la ley. Luego tuvo lugar u n entusiasta debate
entre los delegados que creen en las ventajas que acarreará a los
obreros la reglamentación del trabajo (Cúneo, socialista; Garfag­
nini, anarquista) y los que niegan toda eficacia a las leyes que
dictan los gobiernos. Por últim o se aprueba la siguiente moción
E L P R IM E R CO NG RESO D E L A F O A 169

de G aríagnini y Barsanti, a la que se adhiere Gori: “El Congreso


declara que es necesario prom over una enérgica agitación para ob­
tener de los patronos que sean responsables en los accidentes de
trabajo; la prohibición del trabajo de las mujeres, en lo que pueda
constituir un peligro para la m aternidad y ataque a la m oral, y la
prohibición del trabajo de los niños menores de 15 años.”
Esta resolución contem porizadora satisfizo a los anarquistas, pues
se suprim ieron todos los elementos relativos a leyes del Estado y
a la lucha política, y en cambio restaba lo principal: “la lucha
directa" entre los obreros y sus empleadores.
Acto seguido se habló extensam ente sobre huelga general, apro­
bándose la siguiente moción: ‘‘La Federación O brera Argentina,
reconociendo que la huelga general debe ser la base suprem a de la
lucha económica entre capital y trabajo, afirm a la necesidad de
propagar entre los trabajadores la idea de que la abstención gene­
ra l del trabajo es el desafío a la burguesía im perante, cuando
se dem uestre la o p o rtunidad de prom overla con probabilidad de
éxito.”
La resolución — pese a su form ulación m oderada, pues habla
de la huelga general no revolucionaria— no satisfacía a los socia­
listas, aunque muchos de ellos la apoyaron en el congreso. En el
sector socialista hubo acaloradas discusiones después del congreso
(como se indica seguidamente). Igualm ente el congreso aprobó por
unanim idad que debe emplearse como medio de lucha el boicot y
el sabotaje.
En lo que se relaciona con el 1 de mayo, Inglán Lafarga opina
que debe dársele el carácter de protesta y no de fiesta; Cim inaghi
expresa opiniones coincidentes con Inglán Lafarga; P. G ori declara
que poco im porta cómo se llame: manifestación, afirmación, fiesta;
baste que la agitación en ese día sea poderosa para poder reafirm ar
lo declarado por el congreso, que es lo siguiente: “La f o a proclam a
la abstención general de los trabajadores en el 1 de mayo, como
alta protesta contra la explotación capitalista y afirm ación solemne
de las reivindicaciones del proletariado.”
El congreso tam bién debatió tópicos relativos a la instrucción y
educación (aunque el tem a no estaba incluido en el orden del día
elaborado por la comisión preparatoria); sin muchas discusiones se
aprobó u na resolución. Es llam ativo que los textos de informes
entregados a periódicos distintos, después del congreso, difieran en­
tre ellos. La Protesta Plumaria escribe: “Se vota igualm ente la ins­
talación de escuelas Ubres" (el nom bre difundido de las escuelas
anarquistas); La Organización y El Obrero, en cambio, señalan
que se resolvió crear “escuelas teórico-prácticas”.
170 PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS (I 8 9 9 -1 9 0 1 )
££Z 9P 98
Las diferencias de texto son significativas. Se puede suponer que
expresaron interpretaciones diversas sobre las resofuciones. Esas di­
ferencias subsistieron tam bién después del congreso, como lo evi­
dencia la publicación del texto completo de las resoluciones en el
vocero de la federación: La Organización Obrera (núm. 1), agosto
de 1901 (su creación se resolvió en el congreso; en su redacción
había u n a tendencia notablem ente anarquista, desde un comienzo,
como se verá más adelante). En esa publicación, la resolución
núm . 16 habla de la creación de “escuelas libres”, como apareciera
en La Protesta Humana,
O tro teuia debatido en el congreso, fue "el socorro m u tu o ”. En
este asunto se aprobó la moción presentada por Cúneo (socialista)
y G arfagnini (anarquista), diciendo que las secciones son autóno­
mas de tener socorro m utuo o no por su cuenta. La federación
aconseja que se excluya de las sociedades de resistencia, pero reco­
m ienda las sociedades obreras creadas con ese fin.
Luego el congreso empezó a discutir el tema de personería jurí­
dica, pero no se continuó en ello debido a lo avanzado de la hora.
, La prosecución del congreso se pospuso para el domingo 2 de
junio de 1901.
El domingo 2 de junio de 1901 se inició la sexta sesión del con­
greso, bajo la presidencia de José Basalo, en el local del C entro
Socialista, México 2070, Buenos Aires. Los delegados de los alba­
ñiles piden u n a reconsideración de la resolución tom ada por el
congreso, en sesiones anteriores, sobre el socorro m utuo. Por espí­
ritu de tolerancia el congreso accede a discutir el asunto de nuevo.
Finalm ente apruébase una moción de G arfagnini, que dice: “El
congreso, reconociendo en el socorro m utuo un medio ineficaz para
el regular funcionam iento de las asociaciones federadas para la
resistencia, deja a criterio de cada gremio la institución o no del
socorro en su seno.”
Sobre el régimen de personería jurídica, origínase un prolongado
debate. El congreso se pronuncia, en general, contrario, pero es­
tima prem atura su discusión y encarga al comité federal la reali­
zación de un detenido estudio de ello.
Séptima sesión: Se tratan varios puntos, entre ellos el trabajo
de la m ujer en las fábricas y talleres cuyas condiciones peligrosas
relata Garfagnini. O tro asunto: u n pedido de los obreros del puer­
to de La Plata trata la actitud a asum ir por las organizaciones
obreras con los traidores en las huelgas. Por moción de Patroni se
aprueba lo siguiente: “Procurar que en los talleres y en las fábri­
cas los obreros asociados obstaculicen y desprecien a los traidores.”
Cabe señalar que esta resolución — propuesta por u n socialista—
E L P R IM E R CO NG R ESO D E L A F O A 171

tendrá significado práctico bien pronto, en las campañas internas


desatadas entre obreros y rompehuelgas. Los que la lleven a la
práctica, empero, serán sobre todo los anarquistas.
O tro asunto: C aja de socorros para auxiliar a las víctimas de los
movimientos obreros. Inglán, Ciminaglií, T ro iü ñ o (anarquistas) y
P atroni (socialista) se pronuncian contra la formación de una caja
especial destinada a ese objeto por los abusos a que podía dar
lugar. Cruces (socialista), G arfagnini (anarquista) se declaran favo­
rables. Finalm ente se aprueba una moción por la cual se declara
que la federación practicará la solidaridad con las víctimas de la
propaganda (es decir, con todos los que sufran consecuencias por
su participación en el m ovimiento).
O rigina u n extenso debate la contribución de las asociaciones a
la federación y la representación que tendrían ante ellas. Inglán La­
farga estima injusto que las organizaciones pequeñas deban abonar
igual cuota que las grandes; así tam bién que unas y otras tengan la
misma representación, y por esas consideraciones se declara favora­
ble a la representación proporcional, Berri (anarquista), Patroni
(socialista) apoyan; Garfagnini (anarquista) y otros se declaran en
contra. A propuesta de Inglán se vota y aprueba la moción de que
las secciones federadas tendrán u n delegado por cada 300 socios en
el comité federal, no pasando de tres delegados, aunque las secciones
cuenten m ayor núm ero que 900 socios. Se resuelve que las cotiza­
ciones sean de cinco centavos por socio y que el m onto total de
la contribución de una organización a la caja federal no sea mayor
de 25 pesos mensuales.
Octava sesión: Se tratan varios asuntos actuales que quedaron
pendientes de las sesiones anteriores. Sobre los estatutos de la fe­
deración se resuelve que el comité federal los confeccionará y pa­
sará a la aprobación de las secciones.
Acto seguido se nom bra el comité adm inistrativo de la federación
por escrutinio secreto. Son elegidos D. G arfagnini (anarquista),
22 votos; Pedro Barsanti (socialista), 21 votos; Francisco Cúneo
(socialista) 19 votos; T orrens Ros (anarquista) 17; Luis Magrassi
(anarquista) 16; F. Cim inaghi (anarquista) 15; F, Berri (anarquis­
ta) 13; José Basalo (en 1902 se definió anarquista) 12; Francisco
Beyles (indefinido) 9; H éctor M attei (anarquista) 8. La elección
depare) «na m ayoría evidente a los anarquistas y sus adictos en
la comisión adm inistrativa de la f o a . La votación fue secreta y
personal y es mi testimonio fiel de la influencia del anarquismo
activo en los sindicatos obreros, en esta etapa.127
i'-” Los resultados de la elección del consejo adm inistrativo, tam bién desba­
ra ta n los puntos de vista de J. O ddone respecto al congreso y a la posición
0 P 98
PENETRACIÓN EN LOS SINDICATOS ( 1 8 9 9 - 1 9 0 1 )

Al term inar la sesión, a propuesta de Inglán, se form ula la si­


guiente declaración: “El Congreso Obrero Gremial, celebrado en
la R epública A rgentina, ai clausurar sus sesiones, saluda al prole­
tariado universal que lucha por su emancipación, se solidariza con
sus esfuerzos y hace votos por la redención del género hum ano, por
m edio de la revolución social.”
Algunos delegados consideran inconveniente su parte final. M at­
tei m anifiesta que al hablar de revolución social “no se pretende
la revuelta y el m otín, sino que se da a ella el significado filosó­
fico, esto es, de trasíormación de la actual sociedad en otra más
hum ana y más justa”. Estímase satisfactoria esta explicación, con
lo que luego de aprobada la declaración, clausúrase el Congreso
O brero.128
Pasamos revista con am plitud a los debates del congreso y sus

ten id a p o r los anarquistas. E n su lib ro G rem ialism o proletario dice: “ Las reso­
luciones del congreso no satisfacieron los propósitos sectarios de los a n a rq u is­
tas, q u e siendo m inoría no p u d iero n im p o n er to talm en te sus p retensiones’'
(p. 83).
Ya S. M arotta, en su libro E l m o vim ien to sindical argentino, tom o i, dis­
cute con J. O ddone al respecto y dice: “No tiene el a u to r de estas páginas
interés en tom ar la defensa de los anarquistas. C onsidera justiciero, no obs­
tante, destacar que si h u b o en delegados socialistas ‘e sp íritu d e transacción’ el
mismo existió en algunos anarquistas. N o parece exacta la afirm ación d e que
constituían u n a m inoría. T a n to las resoluciones aprobadas, como la com po­
sición del com ité adm inistrativo, con m ayoría a n arq u ista, p ro b a ría n lo con­
tra rio ” (p, 121).
En base a las com probaciones de n uestro estudio sobre los debates d el con­
greso, nos inclinam os a acep tar to talm en te la o p in ió n de Sebastián M arotta
en el tem a respectivo.
128 Este estudio sobre los debates d el Congreso O brero y sus resoluciones se
basa en reseñas publicadas e n diversas fuentes, a saber:
1) “Congreso O brero G re m ia l”, La Protesta H u m a n a , 1 de ju n io de 1901;
2) “ Congreso O brero G rem ial”, La Protesta H u m a n a , 8 de ju n io de 190.1;
3) “E l Congreso O b re ro ”, L a Organización, B uenos Aires, ju n io de 1901
(núm . 6);
4) "Congreso O brero G rem ial", E l O brero, Buenos Aires, 8 de ju n io de 1901
(núm . 40);
5) “A cuerdos tom ados en el Congreso O b re ro ”, La O rganización■ Obrera,
Buenos Aires, agosto de 1901 (núm . 1);
0) “Principales acuerdos, declaraciones y resoluciones de la f o r a ” (suple­
m ento de La Patagonia A rgentina, folleto e ditado p o r la Federación O b re ­
ra Local Bonaerense, Buenos Aires, 1922).
T am b ién se basa en los siguientes libros:
1) S. M arotta, op. cit., tom o x, p p. 106-114;
2) I). A bad de Santillán, L a F O R A , op. cit., p p . 67-75;
3) D. A bad de S antillán, E l m ovim iento anarquista, op. cit,, p p . 78-80;
4) J. O ddone, G rem ialism o, op. cit., p p . 83-86;
5) M ax N ettlau (m anuscrito), en el use, A m sterdam , cap. xv, p p . 28-29.
EL PR IM E R CONGRESO DE LA FO A 173
resoluciones, a fin de: a] D ar una imagen detallada del fenómeno
singular que fue la gran cooperación entre representantes obreros
socialistas y anarquistas, que se reflejó tanto en los enfoques con­
juntos de la discusión sobre la estrategia a seguir en las luchas
obreras como en la disposición a contem porizar en la form ulación
de las resoluciones y las declaraciones; b] P lantear la línea de in ­
fluencia a que llegaron m ilitantes anarquistas en los sindicatos
obreros» que se reflejó en el núm ero de delegados anarquistas» en
su participación anim ada en los debates, en los logros que alcan­
zaron al im prim ir su sello en la form ulación de resoluciones, las
cuales, en su mayoría, se vieron influidas de u n modo notable por
los enfoques anarquistas.
A nuestro criterio, el Congreso O brero Grem ial, del 25 d e mayo
de 1901, inició un nuevo capítulo en la historia del anarquism o de
la A rgentina. La irrupción de los anarquistas en la palestra de 1a,
vida económico-social recibe u n a m ención adicional, y el anarquis­
m o se convierte, en la A rgentina, en u n factor que es imposible
ignorar en el proceso del desarrollo socioeconómico de los años
siguientes.
Exam inam os hasta ahora dos procesos que se forjaron por sepa­
rado, aunque paralelam ente, y por fecundación m utua indirecta.
Uno: el despeñam iento de las relaciones laborales en la Argentina,
a fines del siglo xix y comienzos del xx, y el agravam iento de los
conflictos laborales y las huelgas a m edida que se fortalecía la ten­
dencia entre los obreros a asociarse en sindicatos obreros (socieda­
des de resistencia) en la cam paña contra los empleadores.
El segundo proceso arranca del desarrollo interno en el anarquis­
mo. Destacamos la consolidación de la corriente “proorganización”,,
su evolución como tendencia que irrum pe hacia la introm isión
creciente en las luchas de los obreros dentro de los sindicatos obre­
ros. Este proceso —nutrid o por cambios ideológicos en la Argen­
tina y fuera del país— se robusteció entre los anarquistas argenti­
nos y logró éxitos notables, sobre todo la posición de hegemonía
del anarquism o en el Congreso de la Federación O brera (f o a ). L os
dos procesos se n u trían en el pasado de factores distintos, que sólo
en parte eran comunes. En 1901 los dos procesos se encontraron y
entrelazaron, uno con otro.
cW-7 SURGIM IENTO DE LA HEGEMONÍA ANARQUISTA
EN X A FOA (MAYO DE 1901-ABRIL DE 1902)

DISCUSIONES ENTRE LOS ANARQUISTAS, A RAIZ DEL CONGRESO DE LA FO A

Los anarquistas —que participaron en el Congreso O brero que


puso las bases de la Federación O brera— tenían motivos para sen­
tirse contentos de las deliberaciones y de las resoluciones que, en
su mayoría, se ajustaban a las inclinaciones de su preferencia. Pero
no pensaban lo mismo los círculos anarquistas que no participa­
ro n en el congreso y a quienes El R ebelde servía de vocero. En
u n artículo que ése periódico dedicó al congreso, a comienzos de
ju nio,1 se criticó acerbamente el carácter de los debates y de las
resoluciones, a la vez que se censuró en especial a los anarquistas
que accedieron a tom ar parte. En sus prim eras frases, declara:
“No somos contrarios a ninguna obra que em prendan los anar­
quistas con el laudable propósito de arrancar las masas obreras de
la influencia de los socialistas legalitarios.” Pero la participación
en ese congreso no podría llevar a tal cosa: “ . . . Por eso debemos
decir que en el reciente congreso ha resultado desde cualquier
punto de vista infructuosa la obra de los anarquistas”.
El au to r ignora y niega todas las revelaciones de cooperación y
de enfoques cercanos entre anarquistas y socialistas en tal congreso,
y lo considera sólo u n a tribuna donde com batieron tendencias riva­
les y contendientes, en la que cada u n a luchó con porfía y sin
concesiones por sus propias formulaciones. P or lo tanto consideró
que todo lo que se convino para crear u n a Federación Obrera, se
desvanecerá en la realidad al tropezar con las divergencias exis­
tentes:
“Las sociedades influidas por los socialistas acatarán y ejecutarán
—obedeciendo a una convicción formada antes del congreso y no
destruida por éste— las deliberaciones de carácter legalitario: el
arbitraje, la legislación de trabajo y otros, e igualm ente las socie­
dades donde predom ine el elem ento anarquista ejecutarán las deli­
beraciones de índole revolucionaria: la huelga general, el sabotaje,
i "E l Congreso O b rero ”, en E l R eb eld e, 9 de ju n io de 1901. Cabe señalar
que cu 1901 se advirtió u n a recuperación en los círculos de E l R ebelde. Pese
al auge de la actividad de los adictos a la organización, sus círculos conser­
van la independencia. La p ru e b a es q u e la circulación de E l Rebelde, aum entó
a 3 000 ejem plares en ese entonces. P o r eso asignam os significado a la crítica
q u e form uló el sector rival entre los anarquistas.
[174]
D ISC U SIO N E S E N T R E ANARQUISTAS 175
e t c . . . ” Por lo tanto; “ . . .la obra del congreso nos parece inútil
y más que inútil, engañosa”.
Pero la crítica más acérrim a va dirigida contra los anarquistas
que Lomaron parte en el congreso, opinando que: "Los anarquis­
tas que h an intervenido en el congreso hubieran hecho obra real
y más práctica reuniéndose aparte de los socialistas y tratando de
acarrear el mayor núm ero posible de sociedades obreras a su lado.”
De todas las resoluciones del evento, la que se refiere al arbitraje
se hizo acreedora a la crítica más enérgica; pero el periódico no
menciona que los anarquistas participantes se opusieron y votaron
en contra y lanza sus dardos a P. Gori, el redactor de la resolu­
ción: “ . . .a nosotros nos parece que Gori, al defender y apoyar el
arbitraje, no sólo se colocó en terreno vidrioso. ,. sino que estuvo
muy legalitario [es decir socialista]. Como nosotros, pensarán los
delegados anarquistas que no lo apoyaron. .
En esta últim a oración, por cierto, tuvo razón el au to r del
artículo en El Rebelde: el disgusto en los círculos anarquistas “or­
ganizadores” dom inó no sólo a los adversarios de P. Gori en el
congreso, sino tam bién a muchos otros anarquistas. Incluso un
adicto entusiasta a la idea de la organización, como A, Pellicer
Paraire, consideró oportuno form ular en seguida una severa crítica
desde las páginas de La Protesta H um ana contra la discusión del
tema del arbitraje en el congreso y contra el texto de la resolución
que se aprobó.2
P. Gori, al com probar cuán acérrim a era la oposición a su po­
sición al respecto em prendió u n a cam paña de esclarecimiento en
defensa de sus puntos de vista. U na colaboración detallada y alec­
cionadora sobre u n a de las asambleas en esa campaña, se publicó
en La Protesta H um ana con la firm a de G. I. (el director: G. In ­
glán),3 en donde se pueden deducir los argum entos de P. Gori en
defensa de su tesis. Al ligar el tema a su posición en lo referente
a la lucha obrera, dijo P. Gori: “Reconociendo a los trabajadores
el derecho a poseerlo todo, debían lim itarse a ir consiguiendo cada
vez algo más. H asta cierto punto, por eso había defendido él el
arbitraje en el Congreso Obrero, con las consiguientes reservas, y
sólo como recurso propio de emplearse en extremadísimos y deci­
sivos momentos de la lucha proletaria, aun cuando lo rechazaba

2 “ ¿Que es el a rb itraje , de hecho? U na farsa, e n el m u n d o burgués g u b e r­


nam ental. proteger y apoyar al fuerte contra el d é b il ... El a rb itra je oficial en
los asuntos obreros es sim plem ente u n a can allad a.” Pellico, “El a rb itra je ”, en
La Protesta H um ana, 1 de ju n io de 1901.
3 G, I., ‘X a conferencia del dom ingo” , e n l a Protesta H um ana, 24 de agosto
de 1901.
e ^ p 89 H E G EM O N ÍA ANARQUISTA EN LA FO A ( 1 9 0 1 - 1 9 0 2 )

como principio y como medio de solucionar los conflictos entre el


capital y el trabajo. Expuso que creía peligroso y aun autoritario
q u e la Federación O brera A rgentina, por la influencia del doctri-
narism o anarquista, hubiera tenido que renunciar a un recurso que
pudiéram os llam ar de últim a hora, y que empleado con las consi­
guientes precauciones, alguna vez podía evitar a los trabajadores
derrotas catastróficas. Desde este pu n to de vista y considerando que
cuairdo el arbitraje no pudiera ejercerse de potencia a potencia
entre obreros y patrones, podrían intervenir en la solución del con­
flicto personas hum anitarias y de la completa confianza de los tra­
bajadores no ministros, ni personajes oficiales.
Después de las palabras de Gori se desató u n a discusión y algu­
nos de sus compañeros (S. Locascio, Tellarico, S. Zeo, C im inaghi,
Ros) se pronunciaron contra la posición de Gori, pero, en opinión
del autor del artículo, sus razones no fueron convincentes, pese a
ser ruidosas. M anifiesta: "En general las ideas vertidas por el com­
pañero G ori. . . satisiacieron a los compañeros.”
De esta observación de G. I. (G, Inglán) se puede deducir que
P. Gori logró acercar a su posición a los redactores de La Protesta
Plumaria y por su interm edio tam bién a otros m iem bros activos. Su
posición se fortaleció más aún cuando tuvo la oportunidad de pro­
barla en la práctica, du ran te su arb itraje en el conflicto laboral en
el ferrocarril de Pringles.4

FO R T A LE C IM IE N TO DE LA POSICIO N ANARQUISTA
EN LOS SINDICATOS OBREROS

Pese a la crítica de E l R ebelde, que suponía perjudicial la parti­


cipación de los anarquistas en el congreso y en la federación junto
con los socialistas, y pese a las divergencias de opinión internas,
en el sector anarquista —respecto a la resolución del congreso so­
b re el arb itraje— la creación de la federación fue u n aporte posi­
tivo para fortalecer la posición general de los anarquistas. H ubo
m uchas revelaciones en ese sentido. U na fue la circunstancia de
que la m ayor parte de los cargos im portantes en las instituciones
* L a m aterialización del sistem a de a rb itraje , e n la práctica, en el conflicto
de Pringles, no convenció a los circuios de E l R ebelde. E n ese m ism o núm ero,
q u e da cuenta del éxito de G ori, q u ien logTÓ el cese de la huelga p o r m edio
d el a rb itraje , con el triu n fo de los huelguistas, se inserta u n a rticu lo " T r iu n ­
fo d e u n a h u elg a”, E l R eb e ld e , 1 de septiem bre de 1901, q u e censura el a rb i­
tra je p o r razones principistas; “D e a rb itra je ”, en E l R eb e ld e , 1 d e septiem bre
FO RTA LECIM IEN TO DE LA POSICIÓ N ANARQUISTA 17 7

de la federación fueron ocupadas por activistas del anarquismo. En


la Comisión Adm inistrativa de la Federación, por ejemplo, se en­
contraban Luis Magrassi (anarquista), y D ante G arfagnini (anar­
quista), en los cargos de secretarios; F. Berri (anarquista), tesore­
ro; Héctor M attei (anarquista), contador. T am bién tenían mucho
peso, igualmente, en la Comisión de Propaganda.
Pero el fortalecim iento más significativo se notó en la am plia­
ción de la influencia directa eri los sindicatos.5 tJll ejem plo des­
collante lúe el de la yigorjzación de la hegemonía anarquista en el
sindicato de obreros portuarios, en la época posterior al Congreso
dé la f o a . Como se recordará, en las dos grandes huelgas de los
portuarios de Buenos Aires, a comienzos de 1900 y de 1901, no
resaltó la influencia de los propagandistas anarquistas. Más aún;
a comienzos de 1901, aú n era dable leer quejas en La Protesta
H um ana, en L ’Avvenire y en E l R ebelde por el hecho de que los
portuarios de Buenos Aires no perm itían que los activistas del
anarquism o operaran entre ellos durante la gran huelga.6 Esta
situación cambió radicalm ente en la concatenación de los aconte­
cimientos que se produjo en 1901. A m ediados de abril se supo
de la tendencia a crear u n a sociedad de resistencia de los obre­
ros del puerto de Buenos Aires, y en el núm ero de La Protesta
H um ana del 20 de abril se publicó un aviso del grupo anarquista
de L ’Avvenire, que llam aba a los anarquistas que trabajaban en el
puerto a concurrir a la asamblea de fundación y participar activa­
m ente en la creación de la sociedad.7 El interés especial del grupo
anarquista formado por italoparlantes se explica por el hecho de
que la mayoría de los trabajadores portuarios eran “extranjeros”
(muchos de ellos, italianos). U na confirmación de ello lo da un
artículo publicado en La Prensa sobre el gremio de los estibadores
de Buenos Aires.8 El hom bre que contribuyó en especial a la crea­
ción del sindicato de portuarios y que estuvo a su frente en un
principio, fue el anarquista Ros, quien al parecer contaba con capa­
cidad organizativa y dirigente, por lo cual, en poco tiempo, convirtió

s D. C úneo, en su libro Juan B. Justo y las luchas sociales a l referirse a la


época p o sterior a la creación de la federación, dice (pp. 259-260); “ Los a n a r­
quistas se h a n hecho fuertes en los sindicatos. Las m ayorías son s u y a s ... El
anarqu ism o vence nu m éricam en te al socialismo en las agrupaciones de la Fe­
deración O b re ra.”
6 La Protesta H um ana, 2 de febrero de 1901; E l R eb eld e, 16 de febrero de
1901; L ’A vvenire, enero de 1901.
7 La P rotesta H u m a n a , 20 de a b ril de 1901; E l R eb e ld e del 21 de abril de
1901, p u b lic ó u n aviso sim ilar.
8 “Los obreros y el trabajo, x ix ”, í.a Prensa, 7 de septiem bre de 1901.
178 HEGEMONÍA ANARQUISTA EN LA FOA ( 1 9 0 1 -1 9 0 2 1
)Eó 9P 68
al sindicato en u n factor de gravitación en el puerto de Buenos
Aires.0
A fines de 1901 la influencia anarquista parece haberse consoli­
dado en el sindicato de portuarios, y en sus asambleas usaron de
la palabra propagandistas del anarquismo que no form aban parte
de esa profesión, como ser P. Gori y A. M ontesano.10 La actitud
radical y combativa del sindicato empezó a percibirse y los em­
pleadores trataron de contrarrestarla despidiendo a los operarios
activos, pero no tuvieron éxito. El sindicato logró la adhesión
firm e entre los trabajadores portuarios.11 T am bién entre otros obre­
ros portuarios del país se notó u n ferm ento dinám ico y fue visible
la actividad de los propagandistas anarquistas. En especial resal­
taron los portuarios de Bahía Blanca. Cabe señalar que m ientras
en la mayoría de los puertos la influencia anarquista aum entaba,
no pasaba lo mismo en Rosario, la ciudad que había sido el foco
de la agitación y acciones anarquistas ese año: los anarquistas no
consiguieron unificar a todos los portuarios, bajo su conducción, y
en el puerto local funcionaba u n a Sociedad de Estibadores de la
Ribera, que colaboraba con los empleadores y com batía con energía
al sindicato anarquista de Estibadores Revolucionarios, haciendo lo
posible por obstruir sus pasos.12

LAS GRANDES HUELGAS. LA PR IM E R A VÍCTIM A


ENTRE LOS TRABAJADORES

A la posición de los anarquistas en los sindicatos obreros se dio


mucho relieve du rante los dram áticos acontecimientos que se pro­
dujeron en las ,dos..huelgas p a n d e s que_tuvi.er.Qn litigar en la se­
gunda mitacl de 1901.
La prim era estalló en agosto, en el sur de la provincia de Buenos
Aires. T uvo por protagonistas a los trabajadores que tendían una
vía férrea en el ramal de Bahía Blanca a Pringles. Los huelguistas
sobresalieron p or su espíritu de lucha, a la que se aprontaron
concentrados en sus campamentos, a lo largo de la línea del ferro-
o "Ros, u n o de los m ejores organizadores q u e h u b o en el país, levantó en el
pu e rto una poderosa organización q u e contó en seguida con varios m illares de
m iem bros.” D. A bad de S antillán, “ L a P ro te sta ”, op. cit., p. 39.
10 "M ovim iento social”, en La Protesta H u m a n a , 9 de noviem bre de 1901.
11 La Organización Obrera, septiem bre de 1901.
12 “ Desde R osario”, en La Protesta H u m a n a , 30 de noviem bre de 1901;
R eview o f the R iv e r Píate, 27 de ju lio de 1901 (sobre la in fluencia de los
"ag ita d o res” en tre los obreros del p u e rto de San Nicolás).
I .AS GRANDES H U E L G A S 179

carril.13 El conflicto, en esencia, iba dirigido contra el director lo­


cal, que se había conducido groseram ente con los obreros y los
engañaba de continuo. Los obreros reclam aron negociar con el
director del Ferrocarril del Sur y nom braron como su represen­
tante e interm ediario al abogado anarquista P. Gori, quien viajó
especialmente de Buenos Aires para ese fin. La negociación entre
los bandos se realizó con éxito y el director de la compañía, el
inglés H enderson, reveló disposición a acceder a las dem andas de
los huelguistas. El 5 de septiem bre se realizó la negociación y la
huelga term inó con la victoria de los huelguistas. P. Gori tuvo
una oportunidad de probar prácticam ente la eficacia del arbitraje.
Cabe destacar la gran solidaridad de la población de Bahía Blanca
hacia los huelguistas.11
La segunda gran huelga, en cuyo trascurso sobresalieron los anar­
quistas, estalló en octubre en Rosario, en la empresa de azúcar
R efinería Argentina. La concatenación de los acontecimientos fue
la siguiente (según la crónica publicada en La República): 1 000
obreros de la empresa pararon el trabajo, exigiendo un aum ento
de salario y la dism inución de las horas de labor. El directorio de
la empresa quiso evitar la huelga y la organización obrera, ame­
nazando con despidos. Pese a las amenazas los huelguistas realiza­
ron una asamblea general, donde el orador principal fue R. Ovidi,
famoso propagandista anarquista de Rosario. La asamblea eligió
una delegación de negociaciones, de la que Ovidi form aba parte.
Al mismo tiem po aparecieron el jefe de policía y su ayudante, y
ofrecieron su mediación. Cuando se presentó la delegación, el
jefe de policía arrestó a R. Ovidi, acusándolo de ser un anarquista
conocido y agitador obrero. La noticia del arresto de R. O vidi se
propagó como reguero de pólvora y los obreros se aglom eraron al
lado del carro policial que trasportaba al preso con la intención de
liberarlo. D urante el desorden que se desató el jefe de policía mató
de un balazo al obrero Cosme Budeslavich, u n inm igrante polaco-
austriaco de 30 años de edad, llegado poco antes a la ciudad y
que trabajaba como elevadorista en la refinería. El pretexto de la
policía fue que se trataba de un “anarquista peligroso”. El perió-

13 E l Obrero, de septiem bre d e 1901, al in fo rm a r sobre la huelga (en el


artículo "Ecos de u n a h u e lg a ”) su m in istra los siguientes datos: "C erca de
2 500 obreros arm ados coa carabinas y otras arm as se establecen en cam pa­
m entos dispuestos a vender caras sus vidas, si acaso fu e ra n atacados p o r las
tropas, bom beros y policías enviados p o r el g obierno.”
ir L a Prenso, 24-29 de agosto d e 1901; 31 de septiem bre de 1901; 5 de
septiem bre de 1901. “ La h uelga de B ahía B lanca”, L a P rotesta H um ana,
31 de agosto de 1901. "Ecos de u n a h u e lg a ”, E l Obrero, 6 de septiem bre de
1901. S. M arotta. o/a cit,, p. 138.
ees
lou
Qp 06 H E G E M O N ÍA A N A R Q U IS T A E N L A F O A (1 9 0 1 -1 9 0 2 )

dico La R epública señala: “Estamos en condiciones de asegurar


q ue Budeslavich no era conocido afiliado a ningún centro obre-
' ro .” 15 Cosme Budeslavich fue la prim era víctima, en Jas campañas
obreras de la A rgentina.16 La noticia de su m uerte desató olas
: de protesta y enojo, que abarcaron a todos los círculos de traba­
jadores en el país, sin diferencia de corrientes ideológicas. En
Rosario, el 21 de octubre se realizó una protesta con la presencia
de 6 000 personas, en la que participaron conjuntam ente socialis­
tas y anarquistas. En casi todas las ciudades grandes se procla­
m aron huelgas generales de solidaridad por un día y se realizaron
asambleas de protesta.”
A fines de 1901, cuando empezaba el verano, volvieron a m u lti­
plicarse las huelgas en los puertos, sum ándose en esta oportunidad
los obreros del Mercado C entral de Frutos. Los paros fueron de
grandes dimensiones. Se ejerció presión para paralizar de inm e­
diato el trabajo en los depósitos. Los obreros organizados en so­
ciedades de resistencia im pidieron por la fuerza los intentos de
traer rompehuelgas. La huelga en el puerto y el daño al comercio
prom ovieron 1a convocatoria urgente de reuniones de la Cám ara
M ercantil, que pidió la participación del gobierno. Pai'alelamente
se realizaban negociaciones con el representante de los obreros, el
abogado socialista Alfredo Palacios, en una atmosfera tensa y
agitada.
Los representantes de los empleadores proferían acusaciones con­
tra “las bases de instigación a las huelgas”, aprovechadas para “fi-

15 La crónica de L a R epública (diario burgués rosarino), fue citada to talm en te


en La Protesta H um a n a d el 26 de octu b re de 1901.
Plácido G rela, en el articulo titu lad o “ El m ovim iento obrero en R osario"
en el núm . 49 de la revista T odo es H istoria (mayo de 1971) describe la
liuelga y los tum ultos, y afirm a q u e el a u to r de la n o ta e n L a R epública
es Florencio Sánchez, uno de los intelectuales a n arq u istas m ás destacados, quien,
con el correr del tiem po, a d q u iriría fam a como dram atu rg o . Sobre la huelga
en R osario y el asesinato del obrero Budeslavich véase tam bién E. G ilim ón,
op. cit., pp. 34-35.
10 G. Inglán, d irecto r de La Protesta H u m a n a , dedica a este aconteci­
m iento u n a rtícu lo e d ito rial en el n úm ero del 2 de noviem bre de 1901, titu lad o
"L a p rim e ra vícliina”: “ E n R osario d e Santa Fe lia caído acribillado a balazos
p o r el jefe de policía, u n o b r e r o ... es la p rim e ra víctim a in m ed iata del
grandioso m ovim iento obrero que a q u í n a c e ... N ecesitaba este herm oso m o­
vim iento que viene a o rie n ta r a las m asas p ro d u cto ras de este país, ser regado
con la sangre de los m ártires p a ra producirse lozano y f e c u n d o ...”
17 Sobre los tum u ltos en R osario y las huelgas generales, véanse O. Cúneo,
Juan B . Justo, pp. 260-61; S. M arotta, op. cit., p. 137; D. A bad de S antillán,
L a F O R A , op. cit., p. 80; D. A bad de S antillán, E l m ovim iento anarquista,
op. cit., p. 90; E. G ilim ón, op, cit., pp. 34-35; 1\ G rela, “ E l m ovim iento obrero
en R o sa rio ”, T odo es H istoria, m im , 49, mnvo de 1971,
LAS GRANDES H U E L G A S 181

ncs egoístas”,18 Finalm ente, el paro de los peones de las barracas


culm inó con un convenio m ediante el cual se fijaba u n horario de
trabajo más cómodo. Pero, la huelga de los estibadores de Buenos
Aires y Rosario prosiguió sin dejai' de recibir la adhesión de otros
puertos ubicados a lo largo del río Paraná. El intento del Sindica­
to de T rabajadores Católicos, encabezado por el padre Grote, de
aportar rom pehuelgas en el puerto de Rosario, no tuvo éxito por
la resistencia enérgica de los obreros del Sindicato de Estibadores
Revolucionarios,19 La posición firme de los estibadores en los puer­
tos, su éxito al evitar la acción de los rompehuelgas, y la imposi­
bilidad de obligarlos a aceptar un convenio ventajoso para los
empleadores hicieron que la Cám ara M ercantil pidiera en una car­
ta urgente al presidente de la R epública que tome medidas enér­
gicas contra los huelguistas, pues causaban m ucho daño al comer­
cio, La carta atacaba acerbam ente a la Federación Obrera, d i­
ciendo:

La vasta Federación Obrera ha sido organizada desde esta capital bajo


el pretexto de favorecer al proletariado y con la intención de parali­
zar el trabajo en un momento dado, para poder así imponer sus exi­
gencias al agricultor, al industrial, y al comercio exportador. Para lograr
este propósito, se han construido centros de resistencia que en cada
localidad impiden, por medio de amenazas, que se radiquen y trabajen
en ella los obreros que no forman parte de dichos centros y aceptar las
condiciones que le son impuestas.20

La carta llam aba al gobierno a defender “La libertad de tra­


ía L a Prensa, 14 de febrero de 1901.
r8 "Los «eutros católicos y las sociedades de resistencia”, en La Organización
Obrera, noviem bre de 1901. Este artícu lo se refiere a los círculos católicos que
sirven a los em pleadores, y dice: “ Desde q u e la clase tra b a ja d o ra h a e ntrado
de lleno a estu d iar y d e fin ir su situación, la b urguesía ju stam en te a la r m a d a ...
se ha entregado en brazos d el clero. . . El clero, a l form ar los centros católicos,
no h a hecho o tra cosa q u e tener una reserva de obreros incapaces de com ­
p re n d e r que se están p e rju d ica n d o a sí m is m o s ..."
Sobre los objetivos de los C írculos de O breros Católicos que funcionaban en
la A rgentina desde comienzos de la década de 1890 y re u n ía n a m iles de tra ­
bajadores en distintos lugares, leemos en su R eglam ento de in stitu ció n : A rtícu ­
lo !: F in de los círculos obreros:
‘‘Estas asociaciones se fu n d a n en la R e p ú b lic a A rgentina, con el fin de
defender y prom over el bien estar m ate ria l y e sp iritu a l de la clase obrera, en
m arcada oposición a la funesta p ro p a g an d a del socialism o y de la im piedad,
que m ediante prom esas engañosas d e efím era felicidad, llevan al o brero a su
ru in a tem poral eterna, y acarrean a toda la sociedad m ales incalculables." Véa­
se J. A. A lsina, E l Obrero, op. cit., pp. 116-117.
20 “E l triu n fo de la federación y la C ám ara de com ercio", La Organización
Obrera, diciem bre de 1901.
iñ: 9 P 1-6 HEGEMONÍA ANARQUISTA FN I,A FOA (1901-1902)
b ajo ”, es decir la protección de los rom pehuelgas y la adopción
de m edidas legales y policiales contra los obreros que lo im pe­
d ían .21 La disconform idad por la expansión de las huelgas y las
protestas contra quienes las respaldaban, adquirieron expresión en
la prensa local a fines de 1901. En el diario La Nación tomó forma
u n a línea antiobrera enérgica, a partir de noviem bre de 1901.22
El vocero de los círculos comerciales, T h e Revieio of the R iver
Píate, vociferaba cada semana, a p artir de octubre, contra la ola
de huelgas que anegaba al país, y prevenía contra la “plaga del
anarquism o” que se expandía por la Argentina, así como contra
el fortalecim iento de la Federación O brera, influenciada por agi­
tadores anarquistas, que pretendían im poner condiciones a los em­
pleadores y agravar la tensión en las relaciones laborales.23

CAM BIO DE ACTITUD DE LOS SINDICATOS SOCIALISTAS HACIA LA FOA

La intensificación de la influencia anarquista en la f o a que se


juzgó ya a fines de 1901 como de matiz anarquista, y el auge de
la tendencia a agravar las relaciones laborales así como a am pliar
los alcances de las huelgas, no podía menos que suscitar el res­
quem or y la resistencia de los sindicatos socialistas, que formaban
p arte de la federación. El desagrado era notable a fines de 1901
pero en verdad se inició al finalizar el I Congreso, el 2 de junio
de 1901. La prim era expresión al respecto fue el desconocimien­
to de la resolución del congreso que ordenaba suspender la p u ­
blicación del periódico La Organización apenas apareciera el vo­
cero de la federación, La Organización Obrera. Doce sindicatos
obreros: 1) Obreros Constructores de C arruajes y Carros; 2-5) E ba­
nistas (cuatro secciones); 6) Marmoleros; 7) Picapedreros; 8) Tala-
JJU 'JEas huelgas en la R e p ú b lic a ”, en La Prensa, 24 de diciem bre de 1901,
22 "G u erra a La N ación", en La P rotesta H u m a n a , 30 d e noviem bre de 1901,
Este artículo insinúa que la línea agresivam ente a n tio b re ra se inició con el
n om bram iento de A níbal L atin o como nuevo d irecto r d el d iario. Véase "La
N ación”, L a Organización Obrera, 30 de noviem bre de 1901.
23 "La depravación del anarq u ism o se ve agravada p o r los p ro ductores de
huelgas, personas que no tra b a ja n pero q u e a lie n ta n el descontento de los tr a ­
bajadores. Esto infesta tam b ién el carácter d el a n a r q u i s t a ...” The. R ev ie w of
the R iv er Píate, 26 de octu b re de 1901. Véase asim ism o ibid., 7 de diciem bre
de 1901, 14 de diciem bre de 1901, 21 de diciem bre de 1901.
Sobre el em peoram iento en las relaciones laborales y su conexión con la
fundación de la f o r a , escribe Pellico (A. P ellicer P araire) en “ U n año m ás”.,
al com entar los Inm ultos de 1901 en A lm a n a q u e Ilustrado de "La Qiiestione
Sociale” p a ja el año 1902 (Buenos Aires, L ib rería Sociológica, 1902), pp, 9-1,0,
L O S SIN D IC A T O S SO C IA LISTA S Y LA F O A 183

barteros; 9) Sastres; 10) Peluqueros; 11) C arpinteros (de Rosa­


rio); 12) Cigarreros (de Rosario) —que en el pasado editaban La
Organización y que tenían una evidente orientación so c ia lista -
declararon en septiem bre de 1901 que se arrepentían de haber
consentido con la resolución del congreso, y que: . .han creído
prem aturo ese paso forzado y en consecuencia h an considerado
necesario que La Organización continuara apareciendo, tal como
lo había hecho hasta ah ora”.24
En ese núm ero del periódico, publicado después del I Congre­
so, no se n o ta la m enor sim patía hacia la federación y sus acti­
vidades, y poco a poco empezó a asomar una línea hostil, que
insinuaba los albores de una ru p tu ra interna.
U na segunda revelación de esta tendencia se publicó en noviem ­
bre de 1901, cuando se formó el Com ité de Propaganda Gremial,
cuyo carácter de fracción sectaria en la Federación de Sindicatos
era evidente; a los sindicatos que decidieron seguir publicando
La Organización se sum aron otras tres asociaciones obreras: Alba­
ñiles, Toneleros, M aquinistas Bonsack; la noticia sobre esta orga­
nización despertó en seguida una reacción enérgica en un artículo
de La Protesta H u m a n a que la repudió como sectaria y divisio-
nista, y la supuso el resultado de una resolución secreta de los
dirigentes del P artido Socialista tras el congreso clel partido en
L a Plata, el 7 de ju lio de 1901. El autor del artículo m enciona esa
resolución con las siguientes palabras: “Valerse de todos los medios
a nuestro alcance para cam biar la m archa actual de la Federación
O brera Argentina, y encam inarla por el sendero político para ser­
virnos de ella como escalón en las próximas elecciones; y si los
medios tomados al efecto no dieran el resultado apetecido, tratar
de form ar otra federación que se pueda adaptar a nuestros m e­
dios de lucha.”
El au to r alega, asimismo, que desde tiempo atrás se percibía
que algo iban tram ando los socialistas contra la federación: “Que
algo se tram aba contra la federación, era fácil adivinarlo en la
constante ausencia de algunos delegados socialistas a las reuniones
del consejo federal.”
El núm ero de La Organización Obrera del 25 de noviembre
ele 1901 —al inform ar sobre la reunión del comité federal del
21 “A todos los obreros", en La Organización, septiem bre de 190!.
25 A. K rata, "Socialerías: El com plot contra la federación”, en La Protesta
H um ana, 7 de diciem bre de 1901.
U n a reacción de fu ria p o r el acto divisionista de los 11 sindicatos obreros
culpables de que siguiera apareciendo L a Organización se insertó en el p e rió ­
dico de los trabajadores panaderos. Véase "H o jean d o la p re n sa ”, en E l Obrero,
22 de septiem bre de 1901.
?£7 0P 76
■'134 H E G E M O N ÍA A N A R Q U IS T A E N L A F O A (1 9 0 1 -1 9 0 2 )

5 de octubre— destaca que Cúneo, Costa, P atroni y Barsanti (to­


dos socialistas) faltaban continuam ente a las reuniones, por lo
q ue se dispuso cambiarlos de funciones en la comisión adm inis­
trativa. Pero no hay ninguna prueba de que ello form ara parte
de u n plan para socavar a la federación, ni tam poco hay prueba de
que hubo una resolución secreta como la señalada más arriba. Sea
como fuere, es evidente que entre los dirigentes socialistas preva­
lecía disconformidad por la influencia anarquista de esos m om en­
tos en la federación y en el sector obrero.
U na evidencia directa del estado de ánim o de los dirigentes so­
cialistas, es la carta de A drián Patroni, de Rosario, fechada en
noviem bre de 1901 y publicada en La Vanguardia,26 A. P atroni
llegó a Rosario en esos días, ju n to con J. B. Justo y E. Dickman,
líderes del Partido Socialista, a fin de tranquilizar los ánim os de
los trabajadores que estaban alborotados por los acontecimientos
de octubre (la huelga de la refinería y el asesinato del obrero
Budeslavich), y que se inclinaban a proclam ar una serie de “huel­
gas generales revolucionarias”. Esos dirigentes descubrieron, asom­
brados, hasta qué punto se arraigó la propaganda anarquista entre
los trabajadores de esa ciudad y cuán am plia era su influencia.2Í
A. Patroni, que lo recalca en su carta, procura explicar el éxito
de los anarquistas en su esfuerzo por influir sobre los trabajadores:
'T i anarquism o es sugestivo y fácil de ser abrazado por los obre­
ros sentim entales.”
Las consignas de los anarquistas eran sencillas y entusiastas, pero
su influencia crecía principalm ente porque “el propagandista anar­
quista aparece ante los trabajadores inconscientes como u n sujeto
ajeno a toda am bición estrecha, un héroe o víctima de perse­
cución”.28

26 A. P a lro n i, "Los sucesos de R osario”, en La V anguardia, 20 de nov iem ­


bre; d e 1901.
27 E. D ickuiaini describe esta visita en su lib ro autobiográfico y define a
R osario como la Meca del anarquism o argentino. E n esa ocasión refiere ei
episodio en q u e se im pidió a J. B. Ju sto e n tra r a la sede socialista de la
c iudad d onde se realizaba u n a asam blea de obreros an arq u istas que d e lib e ra ­
ban sobre la “ huelga g e n era l”. E. D ickm an, op. cit., pp. 431-32; D. Cúneo,
Juan II. Justo, op. cit., p. 261, tam bién m enciona este episodio.
28 A. P a tro n i, “ Los sucesos de R o sario ”, en La V anguardia, 20 de noviem ­
bre de 1901.
D ardo C úneo en su libro Juan B . Justo y las luchas sociales trata de señalar
tam b ién Jas razones de la influencia a n a rq u ista err los sindicatos: “C uentan
ellos [los anarquistas] a su favor, con las condiciones de la re alid a d arg en ­
tin a y la com posición de su clase trab ajad o ra. M ientras el socialism o surgió
prom ovido p o r los alem anes d el V orw árts y los exilados de la C om una, q u e ­
riéndose p a rtid o y m ovim iento a im agen de los p a rtid o s de la socialdem o-
L A A C TIV ID A D A N A R Q U IS T A E N 1901 185

Según lo dicho más arriba, es razonable suponer que entre los


dirigentes socialistas se infiltró la certeza de que los propagandistas
anarquistas logran socavar el piso socialista en los sindicatos obre­
ros, que sus perspectivas de ejercer influencia son escasas allí don­
de deben colaborar con los anarquistas, y que era preciso rivalizar
con ellos en propaganda. Pero no se tiene ninguna prueba de
que en esa etapa existiera el propósito de dividir la federación.
Por el contrario: hay noticias sobre agitación entre los socialistas
y diferencias en cuanto a la colaboración con los anarquistas en
la federación general, que perduraron hasta la víspera del II Con­
greso de la f o a , en 1902. Pero antes de abocarnos a reseñar los
acontecimientos de 1902, conviene exam inar la evolución operada
en el sector anarquista después de crearse la Federación Obrera.

LA ACTIVIDAD ANARQUISTA EN 1901

El traspaso del centro de gravedad de la actividad anarquista a


los sindicatos obreros, en 1901, no redujo el alcance de la labor
de los grupos y círculos anarquistas, en sus diversas corrientes. Por
el contrario: se advirtió con claridad una tendencia a la intensi­
ficación. E n abril se reunieron alrededor de 100 anarquistas acti­
vos, por iniciativa del grupo L ’Avvenire, para deliberar sobre la
am pliación de la actividad anarquista en la capital y en los subur­
bios: Boca, Barracas, Belgrano, C aballito, Flores, etcétera.

L a p r im e r a id e a que su rg ió £ue la d e c re a r g ru p o s e n to d o s estos p u n ­


tos, c re a rlo s ta m b ié n e n l a c iu d a d , re la c io n a rlo s e n tr e sí y e m p re n d e r
ju n to s u n a c a m p a ñ a d e p r o p a g a n d a : c o n fe re n c ia s , r e u n io n e s , r e p a r to de
p u b lic a c io n e s , e tc . . . E n la im p o s ib ilid a d d e c re a r a llí la fo rm a c ió n d e ta ­

tu a d a de ía E uropa in d u stria l, eí anarq u ism o se com unica fácilm ente e n tre los
italianos y los españoles de la inm igración aldeana de u n a E uropa ag raria y
feudal, y el tra b a ja d o r criollo, en cuyas sangres persisten las nostalgias de la
edad de oro del cam po argentino. E l artesano, pro tag o n ista n a tu ra l d el a n a r­
quism o, es m ayoría en los cuadros de los oficios argentinos. El proletario, tro p a
m arxísta, es m in o ría. El a narquism o vence, n u m éricam ente, al socialismo en
las agrupaciones de la Federación O b re ra ” (pp. 259-260).
Esas notas p a ra explicar u n p ro b lem a ta n com plejo, son dem asiado sim ples
a u n q u e encierran varios elem entos correctos. La diferenciación en tre el p ro le ­
tario in d u stria l y los artesanos n o logra ex plicar el éxito de los an arq u istas
en ciertos sindicatos, y de los socialistas en otros. L a e stru ctu ra de los sin d i­
catos de la f o a era análoga en ese sentido. U n a explicación m ás p en etran te
del éxito de los anarquistas en los sindicatos obreros, la ofrece J. M. Solo-
m onoff, Ideologías del m ovim iento obrero, p p . 200-201.
186 H EG EM O N ÍA ANARQUISTA EN LA FO A (1901 -1902)
££2 3P £6
les grupos. . . se pensó que en la reunión podría formarse uno solo con
carácter de volante, con la misión de preocuparse de la organización de
reuniones de propaganda en la ciudad y alrededores.29

Esta asamblea finalizó con una resolución referente a la creación


del “grupo volante”, e hizo un llam ado a todos los anarquistas
conscientes en Buenos Aires para poner de relieve una actividad
propagandística por todos los medios posibles: “R eúnanse los com­
pañeros en sus casas, en los salones de los cafés, donde puedan,
dense cita, conózcanse, agrúpense, formen pequeños centros de pro­
paganda, de ilustración y la idea m archará victoriosa adelante.” 30
H ubo un despertar de la actividad de propaganda y ese año se
form aron nuevos grupos. La prim era y más notoria fue Los Caba-
lleros del Ideal, en el barrio de Almagro. Este grupo, formado en
abril, reveló mucho brío tanto en la convocatoria a asambleas y
en la organización de fiestas 31 como en la habilitación de una
escuela diurna y vespertina para niños y adultos, en la sede del
grupo.32 Otros grupos activos que surgieron ese año en Buenos
Aires fueron: Defensores de Nuevas Ideas,33 El Grito del O bre­
ro,34 y Germ inal, en el barrio de la Boca.35 Junto con esos grupos,
asomaron ese año varios otros de carácter muy especial, lo que
probaba la variedad de la actividad y su alcance: u n grupo de
jóvenes anarquistas, asumió el nom bre curioso de El Colmo de la
Desgracia y se abocó a prom over los entretenim ientos y la cultura,
sobre todo en el dom inio del teatro y la música.36 Otros grupos
tam bién se dedicaron a la labor cultural y artística: El Porvenir
Social, que se centró tam bién en la actividad entre los jóvenes,37
y Academia L ibre de Ciencias y Letras.38
E n esa época se supo asimismo del intento de organizar u n grupo
anarquista para el asentam iento agrícola. Ese grupo, cuya asam-
29 “Para activar la p ro p a g an d a ”, La Protesta H u m a n a , 6 de a b ril de 1901.
3" Ibid.
ai D ebe señalarse q u e ese g rupo realizó u n a re u n ió n festiva artística la
noche err q u e se in au g u ró el congreso de los trabajadores en B uenos Aires,
el 25 de m ayo, lo que pru eb a q u e en la práctica se cum plía el p rin cip io de
"acción p a ra le la ” de anarquistas y sindicatos obreros, p redicado p o r Pellico.
32 L a Protesta H u m a n a , 25 de m ayo de 1901,
33 La Protesta H u m a n a , 18 de m ayo de 1901.
3-i La Protesta H u m a n a , 10 de agosto de 1901.
3s L a Protesta H u m a n a , 30 de noviem bre de 1901; El Rebelde, 23 de ju n io
de 1901.
3« La Protesta H u m a n a , 1 de ju n io de 1901, 29 de ju n io de 1901; La Prensa
del 2 de m ayo de 1901, describe la m anifestación a n a rq u ista d el 1 d e mayo
y destaca la orquesta de ese grupo que iba al fren te de los m anifestantes.
37 La Protesta H u m a n a , 7 de septiem bre de 1901 y 9 de noviem bre de 1901.
35 La Protesta H u m a n a , 7 de septiem bre de 1901.
LA A C TIV ID A D A N A R Q U IS T A EN 1901 187

blea constituyente se celebró el 15 de septiem bre de 1901 en Bue­


nos Aires, publicó el siguiente aviso en la prensa anarquista: "El
G rupo Colonizador T ierra y L ibertad se propone fundar una colo­
nia agrícola industrial en la form a más anárquica que práctica­
mente perm ita el m edio am biente burgués.” E xhortaba a los com­
pañeros a sumarse al grupo, a contribuir para la formación de un
fondo com ún que ad q u iriría tierras y medios de producción.89
U n aporte im portante para consolidar la actividad anarquista
en la capital, fue la habilitación de u n club espacioso adecuado
a las asambleas, las fiestas y las entrevistas; lo com praron en con­
junto los grupos L ’Avvenire y L a Protesta H u m an a.10 T am bién
fue ram ificada la labor de los grupos adictos a El Rebelde, como
se deduce de las informaciones publicadas en ese periódico. U na
sección especial, in titu lad a “M ovim iento anarquista”, insertaba no­
ticias sobre las actividades y obraba como enlace y coordinador (sin
recurrir a personal, ni a comisiones o células federativas del tipo
preferido por los “partidarios de la organización”).41 Igual que en
el pasado, las tareas anarquistas no eludieron el interior y la prensa
anarquista insertaba inform aciones cuantiosas sobre, el surgim iento
de nuevos grupos anarquistas,42 aparte de los veteranos, que per­
duraron especialmente en las grandes ciudades.
En base a lo dicho, puede resuarnse^señalando que en 1901 la.
actividad anarquista en la Argentina se h allaba en un curso de
lórtalfcim iento y am pliación en.casL todos Jos. Jerrenos. Cabe pun­
tualizar que, hasta fiin's de_ 1 9 0 1 ,. _los anarquistas disfm laban^de
libertad de acción com pleta en J a ...Argentina,..de libertacL.de_ex­
presión oral y escrita, aunque minca-pudieron. operar a su antojo
y se vieron expuestos a intentos de restricciones. Peí o . esas, restric­
ciones no tuvieron u n carácter de política oficial, legal, y la ú nica

so G rupo colon izad or T ierra y L ib ertad , El Rebeld e, 29 d e septiem bre


de 1901.
111 La Protesta H u m a n a , 29 de ju n io de 1901.
« E l R ebelde, 19 de enero de 1901.
« Rosario: D ignidad O brera, I,a Venganza será T e rrib le , Los N áufragos de
la Vida, L ibertad y A m or, In d ep en d ien te, l a Protesta H u m a n a , 3 de agosto
de 1901; Las L ibertarias, La Protesta H u m a n a , 13 de ju lio de 1901; El J u s ti­
ciero, El Rebelde, 3 de m arzo de 1901. B ahía B lanca: G rupo de conscientes,
La Protesta H u m an a, 25 de m ayo de 1901. M endoza: C írculo de E studios So­
ciales, La Protesta H u m a n a , 18 de m ayo de 1901. Bolívar: B iblioteca de E stu ­
dios Sociales, L a Protesta H u m a n a , 2 de febrero de 1901.C añuelas: C entro
O brero L ibre, La Protesta H u m a n a , 2 de febrero y 2 de m arzo de 1901. T res
Arroyos: Los L ibertarios, La Protesta H u m a n a , 9 de m arzo de 1901. B anfiekl:
Ju v e n tu d A narquista C om unista, E l R eb eld e, f> de mayo de 1901. San Nicolás:
Círculo de E studios Sociales, L.a Protesta Plumaria, 25 de m ayo de 1901. T a n ­
dil: Circulo de E studios Sociales, El Rebeld e, 30 de noviem bre de 1901.
££Z
TS8
sp ^6 H E G E M O N ÍA A N A R Q U IS T A EN LA F O A (1 9 0 1 -1 9 0 2 )

tentativa de prom ulgar una ley —la del senador M, Cañé— se


congeló y guardó (véase más arriba).

CAMBIOS EN LA RELACIÓN HACIA . LOS ANARQUISTAS

Los prim eros síntomas de cambios en la política oficial hacia los


anarquistas, se revelaron en la prim era m itad del año 1900, pero
la línea no se aiianzó hasta íines de 1901, En agosto de 1900, cuan­
do los ánimos de Europa y América se enardecieron contra los
anarquistas, a raíz del asesinato del rey de Italia, H um berto I, en
Monza, perpetrado por el anarquista Bresci, la revista popular
de Buenos Aires, Caras y Caretas, insertó un artículo que reseña
el “Anarquismo en el R ío de la P lata”, y lo hace con un espírilu
liberal y tolerante. La reseña incluye muchos porm enores sobre
las publicaciones anarquistas, su actividad y activistas (tam bién
trae 24 fotografías de m ilitantes anarquistas activos). La nota co­
mienza con las siguientes palabras:

En nuestra patria, lo propio que en Norteamérica y en Inglaterra, países


donde se goza de amplia libertad, se han refugiado numerosos anarquis­
tas, que aunque aquí fragüen algunos de sus condenables proyectos —re­
cuérdese que Vaillaiu vivió algún tiempo en Buenos Aires y dio diversas
conferencias— no los realizan nunca entre nosotros, como si respetasen,
reconocidos, la hospitalidad que se les ofrece, como a todos los hombres
del globo. Debe recordarse, no obstante, que los anarquistas en la Ar­
gentina son “teóricos” por regla genera!, y que ningún socialista-anar­
quista, de los que entre nosotros residen, acepta crímenes de los Rava­
chol, Henry, Caserío y Bresci, por útiles que puedan considerarlos para
la propaganda de sus creencias, y que cuando tan lamentables hechos se
produjeron, la prensa anarquista protestó contra ellos, diciendo que por
semejante camino no se llega a convencer a nadie, sino a la obstrucción
de la propaganda normal/13

Con igual espíritu se insertan valoraciones a las teorías anar­


quistas: “Los anarquistas del Plata rechazan la lu d ia política, te­
niendo la convicción de que el Estado, cuando la conservación se
10 manda, otorga la m ejora que se im pone seriamente, y aseguran
que van a la revolución social, la que — según el criterio de los re­
feridos hakuninianos— se hará igual hoy que m añana, cuando los
cerebros hayan evolucionado lo suficiente y los prejuicios se hayan
43 “ El anarquism o en el R ío de la P la ta ”, en Caras y Caretas, Buenos Aires,
11 de agosto de 1900.
C A M B IO S E N LA R E L A C IÓ N H A C IA LO S A N A R Q U ISTA S 189

descartado en paite, que es a lo que tienden en su propaganda


filosófica, com batiendo ai mismo tiem po el alcoholismo, la hara­
ganería y el delito.
“Hay que confesar que si todos los anarquistas del Plata opi­
naran dé ésta manera, no hay motivo para que sean molestados
p o r la policía, y residían tan inofensivos como los que creen en la
metémpsicosis,” 44
Cabe señalar que Caras y Caretas no fue la única revista que
encaraba con liberalidad y m oderación a los anarquistas argen­
tinos en esos días de tem pestad en el m undo. T am bién u n diario
prestigioso y de mucha difusión como La Prensa, al inform ar so­
bre el crim en de Monza que costó la vida del rey H um berto I,
así como sobre las revelaciones y las repercusiones en el m undo,
se privó por completo de ligar esos hechos con los anarquistas en
la Argentina. En toda esa época ni una sola línea de La Prensa
llama a revisar el trato con los anarquistas de la A rgentina.46
Pero la posición de La Prensa y Caras y Caretas no era la de
todos. Al parecer se oyeron muchas otras voces contam inadas de his­
teria antianarquista (como la que se expandiera por Europa), y
llam aron a tom ar medidas preventivas y de represión en la Argen­
tina contra los anarquistas locales.46 La torm enta en la prensa y
en ciertos círculos revivió el debate en el Comité de Negocios Cons­
titucionales, en cuanto al proyecto de ley contra los extranjeros,
de M. Cañé. Esta vez se le añadió u n proyecto más am plio y de­
tallado, del Poder Ejecutivo, que presentó el m inistro de Interior,
F. Yofré. Este proyecto de ley, a inversa del de M. Cañé contaba
con una mención explícita respecto al ingreso de anarquistas.47
** Es Le articulo, pese a su tono a paciguador y tolerante, irritó a los circuios
a narquistas y u n a sem ana después se p u b licó u n a réplica e n L a P rotesta H u ­
m ana d el 18 de agosto d e 1900. E n la sección “ N otas varias” se cuenta cómo
se recogió el cuantioso m ate ria l d etallad o sobre los an arq u istas en la A rgentina.
Según se Ice, la gente de Caras y Caretas p id ió u n año antes m ate ria l d o c u ­
m en tad o y fotografías de los an arq u istas, alegando que p u b lic a ría n u n a im e s
ligación seria sobre el anarquism o. Los interrogados creyeron que era u n a o p o r­
tu n id a d p a ra hacer p ro p a g an d a y accedieron. Pero la p u blicación d el m ateria!
en ese mom ento, cuando todo el m u n d o se ocupa en “la revelación de los
secretos del an arq u ism o ” , sólo tenía u n a m eta sensacionalista; la publicación
de nom bres y fotografías de an arq u istas, p o r o tra p a rte , p odía ser perjudicial.
E» cuanto a la tendencia p re su n tam en te ap aciguadora y tolerante, tam bién se
señala con disgusto: “ No somos n i buenos n i m alos, n i m edianos n i terribles,
ni inofensivos; somos lo que el a m b ien te nos hace.”
-15 L a Prensa, 30 de ju n io y 13 de agosto de 1900.
1(5 J. R eguera, “ Pasó la borrasca” , en El R ebelde, 26 de agosto de 1900. En
este artículo se m encionan varios diarios y periodistas que atacan a los anar­
quistas.
y! A rtículo 2". “El Poder E jecutivo p o d rá p ro h ib ir la e n tra d a al país de
]<!<( HEGEM ONÍA ANARQUISTA EN LA FO A (1901-1902:
0P S6 ' , ,
Las noticias sobre estas deliberaciones en los circuios gubernam en­
tales, que procuraban evitar la entrada de anarquistas al país, fue­
ro n saludadas con el beneplácito del diario de los círculos comer­
ciales: Rcviciü of the R iver Píate™ Este diario no se conformó,
empero, y al mes exigía, en un artículo dedicado especialmente
al debate sobre los anarquistas, que se adopten medidas preven­
tivas y de disuasión contra ellos.'19 En cuanto a la susceptibilidad
por las acciones de los anarquistas en la A rgentina — así como al
clima de pavor que dominó a representantes de países extranje­
ros— da testimonio un inform e confidencial telegráfico enviado
por el diplomático británico en el país, sir G. B arrington, al m i­
nistro de Relaciones Exteriores, M arqués de Salisbury, el 20 de
agosto de 1900,50 Debido al interés especial del informe, lo trans­
cribimos totalmente:

Señor: Tengo el lionor de informar a su señoría que el barón Werthern,


quien en la actualidad tiene a su cargo la legación alemanaaquí, me
mostró ayer en la tarde un papel que recibió del cónsul alemán en
Rosario.
Parecía ser una copia de una circular manifiesto impresa por alguna
sociedad anarquista y escrita en español, pero cuyo origen italiano puede
inferirse por algunos de los términos empleados. Estaba escrito en tinta
roja y daba una lista de los siguientes soberanos: el difunto rey H u m ­
berto; el rey Víctor M anuel: el emperador Francisco José; la reina V ic ­
toria; el rey Leopoldo; el emperador G uillerm o; el emperador Nicolás
y la reina W ilhelm ina.
Ante cada nombre aparecía una nota breve y groseramente ofensiva,
y el papel los condenaba a muerte a todos, así como a los capitalistas
que engordan con la sangre del pueblo. Concluye con la frase: |Viva la
anarquía! y I,a ropa de luto pronto saldrá cara, y se daba a entender que
lo firmaban "Los libertadores”, Sección Argentina. La fecha era Buenos
Aires, julio 30 de 1900.

cualquier extranjero que se encuentre en las circunstancias siguientes: a) . . . :


b) Haber tomado parte en asonadas o acontecimientos anarquistas en su pro­
pio país o en cualquier otro; c) Estar afiliado a alguna de las sociedades se­
cretas, conocidas umversalmente con el nombre de anarquistas." (Proyecto del
Poder Ejecutivo, cap. i: De la admisión de extranjeros en el territorio de la
República.) C. Sánchez Viamonte, Biografía de una ley anliargentina, Buenos
Aires, Nuevas Ediciones Argentinas, 1956, pp. 18-19.
>3 “The law of strangers”, T h e Review o f the R iv er P íale , 4 de agosto
de 1900.
49 “The nnarchists”, T h e Rerñeru of the R iv er Píate, 15 de septiembre
de 1900.
so A. G. Barrington to the M arquess of Salisbury, Buenos Aires, 20 de agosto
de 1900, Public Record Office, en los legajos del Ministerio de Relaciones E x­
teriores, f . o. 6/4G4.
C A M 1U 0S EN' LA R E L A C IÓ N HACIA LOS A N A R Q U ISTA S 191

U n rasgo bastante particular era que bajo el nombre del difunto rey
Humberto aparecía uiia cruz negra, bajo el del rey Víctor Manuel estaba
escrito "4 meses” con letra pequeña y tinta negra, y “ 1 mes” y “2 meses”
marcaban de manera sim ilar los nombres del rey Leopoldo y del empe­
rador Guillerm o, respectivamente.
Creo que no hay duda de la existencia de un considerable número de
anarquistas aquí, en su mayoría italianos. T en go entendido que l a po li­
cía estima su número en unos seis m il, de los que un m illar son consi­
derados como peligrosos y se afirma que los asesinos de la emperatriz de
Austria y del rey de Ita lia lian vivido, ambos, en este país. Según me
contó el barón W ertbern, un detective especial saldrá boy para Ro sario .51

Pocos días después retornó la calma a la Argentina. De la prensa


se esfumaron los llamados a em prender acciones contra el anar­
quismo. El representante británico no volvió a abordar el tema
en sus informes. E n la Comisión de Negocios Constitucionales del
Senado, se estancó de nuevo el debate sobre la ley contra los ex­
tranjeros. Sólo la policía siguió considerando con severidad el fac­
tor anarquista: em prendió una linea de hostigam iento, aunque
siempre se trataron de medidas de iniciativa local, sin m anifesta­
ciones públicas.
La prim era noticia de violencias policiales contra los anarquis­
tas provino de la localidad de Bolívar, donde fueron arrestados
cuatro anarquistas por rep artir volantes en un acto de recordación
del rey H um berto. El director de L a Protesta H um ana, G. Inglán,
que en ese entonces residía en dicha localidad, replicó en un ar­
tículo publicado en el periódico anarquista local R ojo y N egror-
Pronto se produjeron ataques tam bién en diversos recodos de Bue­
nos Aires. A. G hiraldo, entonces director de la revista literario-
artística E l Sol, publicó una “C arta abierta al jefe de policía de
Buenos Aires, doctor F. Y. Beazley”, donde protesta por el arresto
de dos obreros por ser anarquistas. Era una detención ilegal, efec­
tuada sin autorización judicial legal de ninguna clase. Los arres­
tados no fueron registrados en el registro de la policía, para no
perm itir huellas formales. No fue el único acto de violencia a n ti­
anarquista. Poco antes fueron confiscados todos los ejemplares de
si Sobre la seriedad atribuida en Londres a ese informe se puede deducir:
a) Acotación anotada al margen del pliego por el destinatario (el Ministerio o
un alto funcionario de la cancillería): “parece no haber duda de la existencia,
aquí, de un peligroso cuerpo de anarquistas”; b) L a respuesta telegráfica de
Londres a Buenos Aires, %7 de septiembre de 1900: ‘‘telegrafíen cualquier in ­
formación posterior de importancia, especialmente si cualquier anarquista viaja
a Europa y su destino”.
52 G. Inglán, “Nuestro encarcelamiento”, en Rojo y N egro, Bolívar, agosto
de 1 POO.
e ^ 9P 96 H E G E M O N ÍA A N A R Q U IS T A E N L A F O A (1 9 0 1 -1 9 0 2 )

E l Sol (núm. 98, del 24 de octubre de 1900), y se detuvo a un


joven que tenía un ejem plar de L ’Avvenire. La policía no tenía
derecho a realizar esos arrestos, pues contravenía los derechos de­
fendidos por la ley de libertad de expresión y organización. La
ca n a abierta menciona una lisia extensa de arrestos, cometidos en
los últim os tiempos, y afirm a que esas m edidas no acallarán la
voz de la idea anarquista, sino que la intensificarán, pues la vio­
lencia “de arriba" despierta indefectiblem ente la violencia “de aba-
jo ”.M El m étodo de hostigamientos por m edio de arrestos, se ex­
presó de un modo peculiar: la detención era por tiem po breve, el
arrestado era fotografiado, le tom aban impresiones digitales y se
lo ponía luego en libertad. De este modo la policía evadía las
limitaciones legales. Uno de los objetivos consistía en acosar al
m ovimiento de actividades anarquistas en la R epública.6*

RESQUEMORES Y M IEDO POR LA VIOLENCIA ANARQUISTA

En 1901 se m ultiplicaron y agravaron los enfoques recelosos y hos­


tiles respecto a los anarquistas por parte de diversos círculos de
la Argentina. Ya a principios de año reanudáronse las voces en la
prensa llam ando a lim itar el ingreso de anarquistas. Descuella en­
tre todos E l Diario, que exigía acelerar las deliberaciones en la
Comisión de Negocios C onstitucionales del Senado y prom ulgar
una ley que prohibiera el ingreso de anarquistas al país.5* H abía
asimismo un trasíondo internacional, pues en ese entonces la pren­
sa publicaba noticias sobre las inclinaciones, en los países euro­
peos, a prom ulgar leyes contra el anarquism o.58
En abril de 1901 volvieron a enardecerse los ánim os en torno
a un “com plot anarquista”, esta vez directam ente ligado a la Ar­
gentina, donde presuntam ente había siclo orquestado. El 18 de abril

53 El Sol, 16 de noviembre de 1900. Véase también A. Ghiraldo, Los nuevos


caminos, Madrid, 1918, pp. 69-79.
61 Sobre el arresto de F. Basterra en San Nicolás de los Arroyos, véase
‘‘La mazorca”, en La Protesta H u m a n a , 1 de diciembre de 1900; E l R eb eld e,
4 de noviembre de 1900.
5S “Todos los días llegan expulsados de los países vecinos y de Europa,
ladrones, regis irados, anarquistas... La policía argentina no puede molestarlos
en lo más mínimo, porque las leyes de la nación protegen a todo el mundo...
E l proyecto de Gané u otro que lo sustituya simplificando las cosas, deben
ser obra inmediata para el Congreso en sus primeras sesiones del próximo
período.” (Extracto de E l D iario, citado por E l Sol, 1 de febrero de 1901.)
se “ P royectos lib e rtic id a s ” , e n La Protesta H um ana, 9 d e fe b re ro d e 1901.
R E SQ U E M O R E S Y M IE D O P O R L A VJOLBKCIA A N A R Q U IS T A 193

de 1901, se publicó u na noticia sensacional referente a u n “aten­


tado” anarquista internacional, cuyo foco estaba en Rosario, San­
ta Fe, de donde p artió u n anarquista llam ado Rom agnoii, que
habría de asesinar al em perador G uillerm o de Alem ania; los pre­
suntos documentos hacían sospechar de la com plicidad de P. Gori.
Dos días después se com probó que era una m era patraña,67 pero
aún así se advirtió el estado d e ánim o prevaleciente.
Síntom as de susceptibilidad y el m iedo a alguna influencia anar­
quista secreta se revelaron pocos meses más tarde, a comienzos de
julio de 1901, a raíz de los disturbios en Buenos Aires resultantes
de u n proyecto del gobierno d e unificación de deudas de las pro­
vincias a gobiernos y bancos foráneos. Esos disturbios — encabe­
zados p o r estudiantes de la U niversidad de Buenos Aires— deri­
varon en actos de violencia contra entidades, diarios y estadistas
(Carlos Pellegrini) y provocaron la aplicación del estado de sitio
en Buenos Aires, declarado después de u n corto debate en el C on­
greso, en una sesión extraordinaria.58
D u ran te un debate tenso se oyeron juicios que veían en los
disturbios síntomas de u n a revolución social, provocados por “ele­
m entos p e rtu rb a d o re s... m al avenidos con el orden social”. T an to
las palabras del Presidente ■—en su carta al Congreso— como las
palabras d e ap ertu ra de J. V. González, en nom bre de la Comisión
de Negocios Constitucionales,59 y el resto de los participantes del
debate, todos endilgaron a los “anarquistas” la culpa de ser los
instigadores de los disturbios: “ ...lo s que venidos del extranjero
se preparan en las sombras de la anarquía para destruir hoy con
piedras y m añana con b o m b a s .. . ” (palabras de Varela Ortiz).ss
Además, el últim o participante en la discusión (doctor Arge-
rich), afirm ó que lo propuesto por el gobierno (estado de sitio) no
es suficiente para contrarrestar a los provocadores de disturbios
“anarquistas”, y reclam ó la prom ulgación de “leyes especiales”.e!
Debe señalarse que en esas presunciones de que los “anarquistas”
eran los agitadores de los disturbios estallados a raíz de la “ uní-
5" “E l complot anarquista”, en L a Prensa, 18 y 19 de abril de 1901; “De
•sfentadis cieiinopolis policial”, en L a Protesta H u m a n a , 20 ele abril de 1901;
“Periodistas venales y policías criminales”, en E l R eb e ld e, 5 de mayo de 1901;
"El complot c o n u a el sentido común”, en E l Sol, 24 de abril de 1901.
58 Diario de Sesiones, Cámara de Diputados, Congreso Nacional, República
Argentina, 1901, pp. 165-8(5.
5» Ibid., pp. 266-67, 270-71. Una acotación similar sobre el fermento social,
figura también en el mensaje del Presidente en mayo de 1902. Véase M.
Mabragaña, op. cit., vi, p. 23.
<¡o Diario de Sesiones, Cámara de Diputados, Congreso Nacional, República
Argentina, p. 281.
61 Ib id ., p. 286.
194 HEG EM O N ÍA ANARQUISTA EN LA FO A ( 1 9 0 1 - 1 9 0 2 )
ZZZ 8P Z6
ficación de deudas”, participaron tam bién Review of the River
P ia le 62 y al parecer otros periódicos. Sin embargo, no hay el me­
n or indicio de algo así en La Prensa.63
U n vistazo a la prensa anarquista de esos días, desvirtúa por
com pleto las acusaciones formuladas en el Congreso y en los dia­
rios. T odos los periódicos anarquistas, sin excepción, afirm aron
que los anarquistas no tenían ninguna conexión con los disturbios,
estallados sobre u n trasfondo em inentem ente político, extraño por
entero al anarquismo. Tres días después del debate en el C on­
greso, L a Protesta H um ana reaccionó de la siguiente m anera:
“Ayer, en vista de que continuaban los tum ultos de muchachos
contra eso de la unificación, que a los trabajadores n ad a nos im ­
porta, el gobierno ha declarado el estado de sitio por seis meses.” 61
Varios días después El R ebelde insertó u n a respuesta directa a
la acusación sobre la presencia de los anarquistas en los tum ultos,
y lo hizo con palabras inequívocas:

...lo s anarquistas, que miramos con desprecio los bochinches políticos,


de la noche a la mañana, aparecemos como autores de un movimiento
ñ o ñ o , en el c u a l n o h e m o s participado, que no podemos participar, lo
d e m o s tra re m o s c o n d a to s y pruebas más adelante, cuando dejen de so­
p l a r los v ie n to s de fro n d a . Entre tanto dejamos constancia de que los
cargos la n z a d o s so b re n o so tro s, d e sd e las dos cámaras, son completamente
falsos. Y e sto n o se crea q u e lo decimos por temor a pasar por revo­
lu c io n a rio s ; p re c is a m e n te lo q u e queremos afirmar, es que som os revolu­
cionarios p o r e x c e le n c ia , p e r o no bochincheros. Nuestra revolución es
o tra cosa m u y d is tin ta a la fie b re momentánea que produce cuatro g rito s
sin c o h e re n c ia , y m e d ia d o c e n a d e corridas por las c alles.05

Podemos añadir que tam bién L a Vanguardia., del P artido Socia­


lista, desm intió los rum ores en el sentido de que anarquistas y
socialistas radicalizados organizaron los tum ultos callejeros, y sub­
rayó: “Los socialistas —y todos los ciudadanos conscientes— hemos
presenciado lo acaecido como espectadores.” 66
«2 "Consolidation and after”, T h e R ev ie w o f th e R iv e r P íate, 13 de julio
de 1901. Sobre la participación de elementos definidos como "anarquistas”, re­
lata también el político conservador G. Ibarguren, La historia que he vivido,
Buenos Aires, Ed. Peuser, 1955, p. 133.
«3 “Estado de sitio”, en La Prensa, 5 de julio de 1901.
f>1 "Estado de sitio”, en La P rotesta H u m a n a , 7 de julio de 1901. Conceptos
del mismo espíritu publicó también E l Obrero, de los panaderos, el 4 de agos­
to de 1901, “Bajo el estado de sitio”.
"Bochinches políticos”, en E l R eb e ld e , 14 de julio de 1901. Réplicas a
las acusaciones de agitación anarquista pueden leerse en El Sol, 8 de julio
de 1901, "El libro de unificación”.
Gí> “La agitación popular”, en La V anguardia, 13 de julio de 1901.
RESQUEMORES Y M IE D O PO R I.A VIO LElTfclA A N A R Q U IS T A 193

Creemos digno de crédito el desm entido de los anarquistas (y


socialistas) de alguna participación en esos tum ultos. No hay nin­
guna razón para suponer que tenían lazos con u n tema tan polí­
tico y extraño a sus intereses. Las sospechas formuladas en el Con­
greso y en la prensa, prueban el clima de histeria antianarquista
que prevalecía en los círculos gobernantes del país en esos días,
y que los llevó a ver “agitadores extraños” y “anarquistas” en
cualquier revelación de protesta y ferm ento social. Ello nos parece
comprensible, por la incapacidad que los caracterizaba para valo­
rar correctamente la realidad social del país y los elementos que
operaban en él. Debido a su experiencia en rechazar el “problem a
social” real que em peoraba en los últim os años, y a la negativa a
cualquier cambio en el régimen, les resultaba más cómodo encon­
trar “víctimas expiatorias” en presuntos agitadores extranjeros anar­
quistas, a quienes podían culpar por la intranquilidad; por supues­
to, no enfrentaban las raíces de los problem as y no podían encontrar
soluciones. Este enfoque motivó deformaciones en la apreciación de
los problemas sociales por parte de la élite gobernante y condujo
a un despeñam iento pronunciado de las luchas sociales.
En m edio de esta atmósfera, llegó la noticia sobre el atentado
al presidente de Estados Unidos, MacKinley, com etido por el anar­
quista Czolgosz, el 6 de septiem bre de 1901, y se agudizó la his­
teria antianarquista que ya reinaba en los círculos de la capa
gobernante del país. Ese estado de ánim o se afianzó sobre el tras-
fondo de tendencias análogas de gobiernos europeos. En tales días
se supo de una entrevista de m inistros de relaciones exteriores de
Alemania, Francia, Rusia para intercam biar ideas sobre la adop­
ción de medidas contra los anarquistas, como ser la prohibición
total de la prensa anal-quista y el rápido curso de los procedim ien­
tos de extradición.87 En Inglaterra, el difundido sem anario T h e
Economisl publicó u n artículo enérgico contra los anarquistas, y
pidió una cruzada m undial para combatirlos m ediante la coopera­
ción de los distintos gobiernos.68 A una cooperación de esta índole

fiT "F ra u d a . La prensa a n a rq u ista ”, La Prensa, 26 de septiem bre de 1901.


';s " . . . l i a sido levantada ía p ied ra de la sociedad m ás baja, con lo que no
sólo salieron las ranas, lo q u e es correcto y hum an o , sino q u e tam bién salieron
los escorpiones, y puesto que su noción del uso de la lib e rta d es picar, cons-
tituven u n peligro p ú b lic o ... Las policías de todos los estados civilizados p u e ­
den ponerse de acuerdo sin escrúpulos y sin tem er objeciones de la gente
respetable. En todas partes puede reforzarse la vigilancia: cada a n arq u ista puede
ser puesto bajo vigilancia en todos los países y d o n d eq u iera que se form e « n a
conspiración o los anarquistas converjan en un p u n to , el soberano am enazado
podrá ser prevenido p o r los m edios oficiales.” "The recent attem pt. of assassi-
n a tio n ”, T h e Krnnom ist, 14- de septiem bre d e 1901.
e e s ?§>686 H E G E M O N ÍA A N A R Q U IST A E N L A F O A (1 9 0 1 -1 9 0 2 )

en tre los gobiernos del continente americano, llam ó la Segunda


C onferencia Panam ericana reunida en la ciudad de México, en di­
ciem bre de 1901, al resolver sobre el “T ra ta d o de extradición y
protección contra el anarquism o”, cuyo artículo 13 establece:

L a e x tr a d ic ió n d e to d o in d iv id u o c u lp a b le d e a cto s d e a n a rq u is m o p u e ­
d e p e d ir s e s ie m p re q u e la le g isla c ió n d e los E sta d o s —r e q u ir e n te y r e ­
q u e r id o — h a y a e sta b le c id o la p e n a p a r a d ich o s acto s,62

Con este trasfondo y clima, se notó a fines de 1901 una intensi­


ficación de la política de persecuciones y hostigam iento por parte
de la policía, sin fundam ento judicial alguno. Con el objeto de de­
tectar y acusar a los anarquistas la policía de Buenos Aires creó
una “sección especial”. U na pequeña inform ación en La Protesta
H um ana señala: “Según los rotativos, desde el 1 de octubre la ter­
cera'g u ard ia de la c a p ita l... se subdividirá y m ultiplicará para
vigilar, seguir constantem ente y recoger lo que los anarquistas pien­
san y hacen.” í0
La policía de Buenos Aires no era exclusiva en su política an ti­
anarquista inflexible. Recordemos, por ejemplo, la m uerte del obre­
ro Budeslavicli, cometida por u n oficial de policía de Rosario em­
pecinado en perseguir a los dirigentes obreros anarquistas. El endu­
recim iento del com portam iento policial se extendió tam bién contra
la actividad de los sindicatos obreros; las persecuciones andanar-
quistas, a fines de 1901, coincidían con las persecuciones contra
dirigentes trabajadores y elementos activos en las huelgas.

LA ACTITUD ANARQUISTA HACIA E L TERROR Y LA VIOLENCIA


EN LAS LUCHAS SOCIALES

A raíz del cambio notable que se operó en las relaciones del orden
institucional económico-social (así como de la política gubernam en­
tal) para con el anarquism o, entre 1900 y 1901, conviene exam inar
Segunda Conferencia Internacional A m ericana. C iu d ad de M éxico 1901-
1902 (texto castellano). E dición hecha b a jo la dirección d e la Secretaria G ene­
ral, M éxico, 1902, p. 106. El texto fin al d e l tratad o se ap ro b ó el 24 de enero
de 1902. Sobre la reacción a n a rq u ista a l d eb ate sobre el tra ta d o d e extradición
en la C onferencia Panam ericana, véase G. In g lán L afarga, “ E l congreso de los
infusorios”, en L a Protesta H u m a n a , 2 d e noviem bre de 1901. “Es ridiculo, p o r
tan to , pensar que con algunas m edidas a rb itraria s tom adas contra las hom bres
q u e p ro p ag an u n a idea, se m a ta a ésta.”
™ "N o tas” , en La Protesta H um ana, 12 de o ctu b re d e 1901.
ACTITUD A N A R Q U IST A H A C IA E L T E R S fc R Y L A V IO LE N C IA 197

de qué m odo se conducían Jos propios anarquistas en aquella épo­


ca, Al estudiar esta cuestión debemos tom ar en cuenta la división
del sector anarquista en diversas corrientes, pues por encima del
radicalismo que caracterizaba a todas resaltaban diferencias sus­
tanciales, en cuanto a sus enfoques y estilos, entre los círculos p ar­
tidarios de E l Rebelde, por u n lado, y La Protesta H um ana ...y
L ’Avvenire , por el otro, cuando se trataba de la concepción rela­
tiva a la lucha contra el régim en existente y al terror. E l R ebelde,
desde su aparición, sobresalió como adicto a la violencia en la
lucha contra el régimen, a la vez que justificaba sin reticencias
las acciones de “terror personal”. E n 1900, antes aun de que se
asesinara al rey H um berto I de Italia, El R ebelde tuvo ocasión
de aprobar el terror personal. Ello ocurrió al conocerse la n o ti­
cia del atentado a la vida del príncipe de Gales. E n u n artículo
al respecto justificaba por com pleto el hecho considerándolo un
acio de protesta, a la vez que culpaba a la sociedad burguesa de
que, con sus arbitrariedades, em pujaba a la gente sensible a obrar
de ese m odo. Asimismo, añadía: “No somos los anarquistas los cul­
pables. . . m ientras haya verdugos, habrá vengadores.” 71
Después del asesinato de H um berto I, com etido por el anarquis­
ta Bresci el 29 de ju lio de 1900 en Monza, el problem a del terror
personal pasó a ocupar u n lugar principal en los ejem plares del
periódico. El prim ero de los artículos sobre el tem a llevaba u n
título muy significativo: “Bresci m ártir.” El autor, por cierto, no
exhorta desembozadamente a m atar reyes, pero justifica sin ate­
nuantes el suceso. Y puesto que la prensa en general tiende a pre­
sentar a Bresci como delincuente, él lo define como m ártir.72 En
este espíritu escribió, tras cierto tiem po, el publicista anarquista
S. Locascio, quien inclusive elogió a los terroristas que mataban
a reyes, afirm ando que seguían u n rum bo histórico. A su juicio, el
rey, en su posición au to ritaria a ultranza, se aparta del pueblo y se
convierte indefectiblem ente en u n enemigo. “Y como enemigo se lo
aplasta cual a un rep til venenoso. . . H oy uno, . . y mañana q u i­
zás un pueblo los aplasta a todos.” 73
En esa época E l R eb elde publicó una serie de artículos sobre
los atentados políticos en el siglo xix (entre ellos, tam bién los anar­
quistas); como conclusión destacaba q u e el terror, cuando estalla,
presta ayuda a la propaganda. Sin em bargo desm entía que el terror
“es organizado” de antem ano y negaba los cuentos sobre “echar
suerte”, según los cuales los anarquistas escogían a alguno de sus
tí J. Claro, “ S ipido”, E l R eb e ld e , 6 de m ayo d e 1900.
« D. Vroche, “ Bresci m á rtir" , E l R eb eld e, 12 de agosto d e 1900.
73 S. Locascio, “Ju sticia h istórica", E l R eb e ld e , 26 de agosto de 1300.
H EG EM O N ÍA ANARQUISTA EN LA LOA ( 1 9 0 1 - 1 9 0 2 )

m iem bros para la ejecución de tal acto. T a l paso sería de por sí


coercitivo y opuesto al espíritu del anarquismo. El terror personal
es siempre u n acto espontáneo de protesta, que comete u n a per­
sona sensible contra la injusticia.74
Este enfoque aprobatorio del terror y la violencia en las luchas
sociales, subsistió en el periódico tam bién en 1901. E n uno de sus
núm eros del mes de mayo (antes del atentado en Buffalo, contra
el presidente MacKinley), se insertó u n artículo sobre el “Procedi­
m iento de 1a. revolución”, donde el autor, Felipe Layda, menciona
u n a conversación en París con el pensador anarquista J. Grave.

Felipe Layda: Dígame usted su parecer sobre los atentados que algunos
jóvenes vienen haciendo contra personajes de la vida política.
J. Grave: Puedo responder a usted, que ni los condeno ni los aplaudo.
Sé como usted de los crímenes que estos personajes cometen en el ejercicio
del poder; pero también sé que los asesinatos a que usted se refiere no
son actos revolucionarios.
F. Layda: Pero si es verdad que la Revolución ha de venir, de alguna
manera hay que hacerla...
J. Grave: S í, pero yo creo que la Química con la Electricidad es la
encargada de hacerla. No sé cómo pensará la generación que la realice,
pero en mi concepto habrá una conspiración que tenga por objeto hacer
volar, en un mismo día y a una misma hora, el Vaticano con cinco o
seis mil peregrinos dentro, éstos tan culpables del mal como el Papa,
y seis y ocho Congresos de Legisladores, también con ellos adentro, de
distintas naciones. Hecho lo cual, todo político y todo clérigo temblarán
y cambiarán instantáneamente de oficio... Después de todo, la Revolu­
ción así hecha será menos terrorífica que las revoluciones pasadas y las
guerras que presenciamos. . .

L a crueldad de las palabras estremeció al autor, quien dice por


últim o:

Callé ante tan atrevido procedimiento de hacer una revolución; y si


bien en el fondo es bastante más justo que todos los procedimientos usa­
dos por los conspiradores políticos, quedé con la duda de que fuera prac­
ticable.75

No tenemos confirm ación alguna de que esta conversación se


haya realizado realm ente. Pero si J. Grave —conocido por su posi­
ción am bivalente en cuanto al tema— dijo o no lo que se le atri-
7í "L o s a te n ta d o s p o lític o s d e l sig lo x ix ” , E l R e b e ld e , 9 d e se p tie m b re de
1900. E sta c o n cep c ió n c o n c u e rd a co n la s c o m p ro b a c io n e s d e l in v e s tig a d o r, d o c ­
to r Z. Iv ian sk y . V éase E l terror personal, op. cit., p p . 9-10 y 36.
F . L a y d a , " P ro c e d im ie n to d e la re v o lu c ió n ” , E l R eb e ld e , 2,5 d e m ay o
d e 1901.
A C TITU D ANARQUISTA H A C IA EL T E R R O » Y l.A Y iU-Li',riuu\ i 17Z7

buye, nos im porta que la conversación se haya publicado, pues


prueba el estado de ánim o que prevalecía entre la gente de E l R e­
belde,76 No sorprende entonces que al producirse el atentado del
anarquista Czolgosz contra el presidente norteam ericano MacKin­
ley, el periódico saludara el hecho y sin reticencia se identificara
con el culpable.77
En vez de 1a. prédica sin atenuantes que caracterizaba los núm e­
ros de El R ebelde, se advierte contención y am bivalencia en La
Protesta H um ana al juzgar los actos de terror personal. Después
del asesinato del rey H um berto 1, La Protesta H um ana publicó las
reacciones despertadas por la persecución antianarquista pero no.
se identificaba con Bresci. En ese núm ero tam bién se insertó una
noticia dando cuenta que los grupos de anarquistas de Buenos
Aires habían publicado u n a declaración señalando que el asesinato
de reyes no es u n resultado directo de la doctrina anarquista, ya
que tam bién otros movimientos de la sociedad m oderna obraban
cíe ese modo. O m iten decir que atribuyen la culpa del acto desespe­
rado a la injusticia existente en el régimen, y despojan de cargos
al ideal y a la doctrina del anarquism o, pese a que el atentador se
considera anarquista.78

76 S o b re esta a c titu d l i a d a la v io le n c ia y e l te r ro r , p o r p a r te d e in te le c ­
tu ales a n a rq u is ta s , d ic e e l co n o cid o in v e s tig a d o r Z. Iv ia n sk y e n su tr a b a jo :
“ E x h o rta b a n a ‘la p r o p a g a n d a p o r m e d io d e la a c c ió n ’ c u a n d o e n v e rd a d es­
ta b a n e n tre g a d o s p o r e n te r o a la p ro p a g a n d a y n o a la acció n . P e r o la acció n
se llev ab a a la p rá c tic a p o r las m a n o s callosas d e los re b e ld e s, m a ltr a ta d o s y
h a m b rie n to s . V erem o s q u e se c re a b a u n a d is p a rid a d g ra n d e e n tr e el b r illo
d e la co n sig n a y las accio n es sa n g rie n ta s , q u e c a u s a b a n v íc tim a s in o c e n te s .1’
C om o e je m p lo d e la tr a g e d ia d e la in te le c tu a lid a d p e r d id a , tra sc rib e las p a la ­
b ras de F ra n cisco F e r re r : "M e lla m a n a n a r q u is ta p o r u n a fra se e n la q u e
h a b lé d e ‘id eas d e la d e s tru c c ió n e n el p e n s a m ie n to ’. P e ro to m e n n o ta de
q u e a u n q u e son ‘id eas d e d e s tru c c ió n e n el p e n s a m ie n to ’, los p e n s a d o re s c
in te le c tu a le s p r e f ir ie r o n el p e n s a m i e n t o ... íu e r o n sus a lu m n o s, los q u e lo
lle v a ro n a cabo y p a g a r o n c o n la v id a ” (p p . 08-69).
71 “Ladrad p e r r o s ”, e n E l R ebelde, 14 d e s e p tie m b r e d e 1901; "L o s actos d e
re b e lió n in d iv id u a l”, e n E l R eb eld e, 30 d e n o v ie m b re d e 1901,
<8 "N o so tro s n o se m b ra m o s m á s q u e la esp e ra n z a d e re d e n c ió n d e s p e rta n d o
las co n cien cias a d o rm e c id a s d e l p r o le ta r ia d o m íse ro y v ilip e n d ia d o , in f ilt r á n ­
d o le el c o n o c im ie n to d e su s d e re c h o s y d e s t in o s ... E l re y H u m b e r to , d ic e n , n o
era el re sp o n s a b le d e to d o a q u e l m a l q u e e n s u n o m b r e h a c ía n los m in istro s,
¡Sea así! P e ro e n to n c e s d e b e n los a n a r q u is ta s se r c o n sid e ra d o s com o re s p o n s a ­
bles d e to d o lo q u e e l in d iv id u o e je c u ta e n n o m b r e d e la a n a r q u í a . . . ¡N o s­
o tro s, p ro c la m á rn o slo a lto ! N o reco n o cem o s com o p r in c ip io el d e re c h o a m a t a r , ..
L a v io le n c ia v ie n e d el p a s a d o , y las d o m in a c io n e s q u e h ic ie ro n d e e lla u n
sostén la e n g e n d r a r o n . . . ”
E sta c irc u la r se p u b lic ó e n L a Protesta H u m a n a e l 19 d e ag o sto d e 1900;
“ I n d ifesa d e u n id e a l” , L ’A vv en ire , 4 d e a g o sto d e 1900; “ E n d efen sa d e u n
id e a l”, R ojo y N egro, B o lív a r, agosto d e 1900.
e esjp o cn H E G E M O N ÍA A N A R Q U IST A EN LA F O A (1 9 0 1 -1 9 0 2 )

D ebe señalarse que, en lo referente al terror, como a la cuestión


de la actividad en los sindicatos obreros, los adictos a L a Protesta
Humaría y a L ’ iv v e u u e siguieron la línea que distinguió en esa
época a los anarquistas de Europa. En enero de 1901 se publicó
en prim era p lana y en forma destacada, un artículo del español
11. .Mella, donde subestima el valor de los actos de terror y los
supone meros actos demostrativos, que no pueden prom over el
progreso de la sociedad.
R, M ella atribuye m ucha im portancia al estilo de vida anarquis­
ta p ara cam biar el aspecto de la sociedad: “L a propaganda por la
conducta es el m ejor instrum ento de trabajó rev o lu cio n ario ..
Además: “Más resultados efectivos ha dado la propaganda de ideas
i y de conducta en estos últim os tiempos, que todos los hechos vio­
lentos de que irreílexibiem ente se hace por algunos el panegíri­
co. . . ” Y finaliza recalcando lo que había dicho u n año antes: “. . .A
los que piden constantemente: ¡Hechos! ¡Hechos! ¡Hechos!, respon­
demos: Sí, hechos que se deriven del ideal y al ideal se ajusten.” 78
Palabras en ese espíritu —de oposición a los actos d e terror—
fueron dichas en esa época, en reuniones de activos anarquistas en
Europa, y recibieron am plia difusión en La Protesta H um ana.80
Sobre el trasíondo de la tendencia general a objetar los actos de
(error, que asomó entre los teóricos anarquistas más descollantes, se
com prende la objeción de P. Gori al atentado contra Mackinley,
form ulada en La Prensa apenas llegó la noticia a la A rgentina. En
la entrevista, P. Gori puso en duda que el atentado sea anarquista
y confesó que carecía de sentido, pues al visitar Estados Unidos
com probó que sus leyes son liberales, “lo que no justifica esos es­
tallidos personales”. Pero en seguida añadió: “Como hom bre que
estudia la sociología, no desconozco que la miseria, que es tam bién
crónica en las grandes ciudades americanas, puede haber determ i­
nado la violencia en u n ham briento.” 81
T am b ién se dejaban oír voces distintas entre los adictos a La
Protesta H um ana. U na de ellas pertenecía a F. Basterra quien,
como se recordará, al adoptar una posición independiente, asume
u na línea propia en lo concerniente al Congreso A narquista In ter­
nacional. A su vez, en Los T iem pos N uevos del 1 de septiem bre
de 1900 aborda el tema “El anarquism o y la violencia”. Allí alude
a la “revolución como u n a fatalidad de las malas condiciones. . .

73 R . M ella, “ L a p ro p a g a n d a p o r la c o n d u c ta " , e n La Protesta H u m a n a ,


12 d e e n e ro d e 1901.
so “ M e e tin g a n a r q u is ta e n L o n d re s ”, e n La Protesta H u m a n a , S d e ju lio
d e 1901.
P . G o ri, “ U n a o p in ió n ” , e n La Prensa, 7 d e s e p tie m b r e d e 1901.
ACTITUD A N A R Q U IST A H A C IA E L TERROR Y L A V IO LE N C IA 201

Y ja] la violencia personal, como otra fatalidad de la im pulsividad


producida por una autointoxicación en el trabajo excesivo, adqui­
rida o recibida de padres o a b u e lo s.. . ” 82
El misino F. Basterra, u n año más tarde, al saberse del atentado
contra el presidente MacKinley, no se estremeció ni lo objetó. Se
refiere al presidente corno a u n a nueva víctima de la política beli­
cosa de la que él mism o fue responsable y a resultas de la cual per­
dieron la vida miles de personas en las tierras de Cuba. El crimen
110 tiene conexión con las ideas anarquistas: “las ideas no m atan”.
Czolgosz quiso vengar la sangre de las víctimas de las guerras, y no
había otro modo de hacerlo,83 por lo que “el hecho es c o rre c to ..
hallamos natural el acto de Czolgosz”.
Sobre el estado de ánim o de otros intelectuales que se aproxi­
m aron al anarquism o, nos enteramos al leer la opinión de A. Ghi­
raldo, quien en esos días inició su actuación directa en las filas anar­
quistas. El 5 de octubre de 1901 pronunció un discurso en Rosario
y, al referirse al asesinato del presidente MacKinley, señaló: “tenía
que ser así”, pues el presidente era el responsable por la guerra
estadounidense-cubana, qtie causó m uchas víctimas; el acto de ma­
tarlo era u n caso de “violencia de abajo”, para contrarrestar la “vio­
lencia de arrib a”. Sólo era una reacción en cadena provocada por
el régim en existente.84
De un modo análogo lo juzgó el periodista E. Gilim ón; en un
artículo de alcance literario, describió el atentado del anarquista
contra un jefe de Estado. El autor del atentado pronuncia durante
el juicio un discurso de defensa que libera de responsabilidad a la
ideología anarquista y endilga la culpa a la violencia que guarda
en su seno el régim en burgués.85
El Obrero, periódico del sindicato de trabajadores de panaderías,
propenso en general a la línea de La Protesta H um ana, adopta una
posición cuidadosa y prudente. El crim en de Buffalo es presenta­
do como u na tragedia, donde cayeron dos víctimas: u n a representa

S2 F . B a ste rra , " E l a n a r q u is m o y la v io le n c ia ” , e n Los T ie m p o s N uevos (1),


1 d e s e p tie m b re d e 1901.
ss F. B a s te rra , “ Czolgosz — M a c K in le y ” , e n L a P rotesta Llum ana, 14 d e s e p ­
tie m b re d e 1901.
si El discurso se publicó como artículo en L a Protesta H u m a n a del 12 de
o c tu b re de 1901. A. G hirald o , “ D e la violencia".
65 " L a id e a a n a r q u is ta n o es la q u e a rm ó m i b ra z o , p o r q u e n o es idea
m a ta d o ra . Q u ie n lo arma es la idea burguesa, que aún no p u e d o d e se c h a r
de m í. Es la id e a b u rg u e s a q u e a p r o n ta b u q u e s y tro p a s p a r a s o m e te r a q u ie n
no o b e d e c e ... Y b ie n , este h o m b r e q u e h e r í, n o m e o b e d e c í a ... ib a en c o n tra
de m is i n t e r e s e s . . . " E . G ilim ó n , “Idea q u e mata”, e n L a N ueva Era, Buenos
A ires, 15 d e s e p tie m b re d e 1901, p . 5.
H E G E M O N ÍA ANARQUISTA EN LA F O A (1901-1902)

a la autoridad, la otra a la libertad y al trabajo. En cuanto al


atentado en sí, señala: “Nosotros no condenamos el hecho, pero
tam poco lo aplaudim os.” 86
Esta tendencia distinguió en ese entonces a la mayoría de los
activistas en los sindicatos obreros. Pero en octubre de 1901 se ope­
ró u n cambio. Los choques entre la policía y los trabajadores en
la gran huelga de la R efinería A rgentina en Rosario, donde el
obrero B udeslavidi fue m uerto por u n oficial de policía, provoca­
ro n u na nueva actitud por parte de los círculos anarquistas de los
sindicatos obreros. El nuevo tono -—que era com ún antes— asomó
en un comentario editorial de La Protesta H um ana.

La guerra ha comenzado por los de arriba, y con los mismos caracteres


violentos que en otros países, donde los trabajadores lian contestado a
las provocaciones de fuerza con la misma fuerza.
U n obrero ha sido asesinado por u n funcionario policial, y con el
asesino no se han usado procedim ientos puestos en práctica con delin­
cuentes comunes. ..
Ese asesínalo inm une y esos aplausos a su autor, dejan la puerta
abierta a todas las violencias. En lo sucesivo no tendrá 1a. burguesía por
qué lam entarse si los trabajadores, antes de ir a la huelga p ara conseguir
las mejoras que nadie, ni hom bres ni instituciones qu ieren concederles,
se provean de buenos revólveres como lo hacen los obreros norteam eri­
canos y los mineros de Francia, para precaverse de los posibles asesína­
los de que pudieran ser víctimas.87

Pero no sería exacto presentar la aprobación de la violencia (si­


quiera como medio de defensa) en los círculos anarquistas activos
en sindicatos obreros, sólo como u n a reacción a las violencias poli­
ciales. Ya hemos señalado el estilo violento de E l Rebelde. T am ­
bién en La Protesta H um ana hubo llamados a las armas, antes de
que los obreros empezaran todavía a armarse, en u n a colaboración
de J. E. M artí, en la prim era página del núm ero del 10 de agos­
to de 1901. El escrito, sobre la agravación de las campañas obreras
en el futuro cercano, opina que la burguesía em puja a la lucha vio­
lenta, por lo que urge prepararse y armarse:

Sin alardear de bravucones, debemos considerar al m áuser como u n ele­


m ento de prim era n ec esid ad ... Hagamos economías, para ad q u irir in d i­
vidual y silenciosamente un m á u s e r ...88

86 "La tragedia de Búffalo”, en E l Obrero, 22 de septiembre de 1901.


87 G. Inglán, "L a prim era victim a”, en La P rotesta H u m a n a , 2 de noviem ­
b re de 1901.
88 J. E. M artí, “ En g u a rd ia ”, en La Protesta H um ana, 10 de agosto de 1901.
CONFLICTOS LABORALES F.N TA PR IM E R # MITAD DE 1 9 0 2 205

E l Sol hizo más aún para crear u n clima previo de terror y vio­
lencia en el sector obrero. D urante los días de ánim os enardecidos
por el atentado contra el presidente norteam ericano Mackinley, la
redacción del periódico editó un folleto titulado: M anual del per­
fecto dinamitero. En el prólogo, se lee:

E l País de hace cuatro días hace notar, y con m ucha razón por cierto,
la falla de revolucionarios de acción en Buenos Aires, de propagandistas
de hecho, de anarquistas dignos de tal nom bre, dotados de energía sufi­
ciente como para arrojar u n a bomba en el S e n a d o .. . Al mismo tiempo
que se perm ite dirigir algunos dardos irónicos contra los jóvenes teori­
zantes de las más modernas ideas sociológicas, sin darse cuenta que de
entre éstos surge H enry [E. H enry: el terrorista francés]. A pesar de todo
esto, creernos efectivam ente que se im pone entre nosotros la propagan­
da por el hecho, y es con el objeto de concurrir con nuestro esfu e rz o ...
que la biblioteca acaba de lanzar una edición del M a n u a l d e l p e r fe c to
dinam -itero (176 páginas).89

Ejemplares de este fo lleto— así como de El R ebelde y El Sol, de


estilo violento— se distribuyeron librem ente en la A rgentina y lle­
garon por supuesto a círculos no anarquistas, con lo que fortalecie­
ron la imagen atem orizadora del anarquism o en la sociedad argen­
tina, no sólo en los círculos de la élite gobernante.
E n 1901, por cierto, se produjeron varios pasos de virtual despe­
ñam iento en las tensiones sociales del país: I) Agravación de los
conflictos laborales; 2) la prim era víctima hum ana en dichos con­
flictos; 3) acentuación de las corrientes anarquistas radicales en los
sindicatos obreros; 4) aum ento del miedo al anarquism o debido a
los actos terroristas en el exterior; 5) intensificación de la prédica
por la violencia entre los anarquistas de la Argentina. Sobre este
trasfondo general se iniciaron los tum ultos de 1902, año en que lle­
garon a su cúspide las tensiones sociales en las relaciones de traba­
jo. El país nunca antes había sido testigo de tal tirantez.

CONFLICTOS LABORALES EN LA PRIMERA MITAD DE 1902

El año 1902 se inició con graves conflictos laborales en los grandes


puertosJ...priiiiersi-en .eULe. R osario y luego érf él de Buenos.Aires.
En Rosario, los obreros declararon la huelga parcial a comienzos
de enero, con miras a convertirla en general sí no se satisfacían

s» E l Sol, 15 de septiem bre de 1901.


eg&9P zov H E G E M O N ÍA A N A R Q U ISTA EN L A F O A ( 1 9 0 1 - 1 9 0 2 )

sus exigencias. Juau Bialet-Massé (quien fuera nom brado por el go­
b ierno, en 1904, para investigar la situación de los trabajadores
en el interior) íue testigo ocular de la huelga y la comentó del
siguíenie modo:

Justa, a m ás n o p o d e r ser, en el fo n d o , p u e s to q u e re c la m a b a n d is m i­
n u c ió n d e lloras d e trabajo y a u m e n to d e su e ld o , te n ie n d o e n t a n ru d o
tr a b a jo la jo rn a d a d e sol a sol, c o n bolsas d e 1Ü0 y m ás kilo s, y u n j o r ­
n a l d e 2.50 a 3.00 pesos.
Pero la forma fue brutal, dirigida por el anarquismo, que imperaba
entonces en las clases obreras del Rosario, como único señor... En tal
huelga hizo su aparición el garrote, y 110 se economizó la amenaza... Los
patrones, por su parte estaban resueltos a mantener sus expoliaciones. . .
decían que estaban amparados por la ley y contaban con la policía. . . 90

Las graves contradicciones entre los bandos llevaron a extrem ar


la huelga y el 13 de enero estalló la huelga general. Fue u n paro
tempestuoso que duró 24 horas, lleno de violencias y choques en­
tre huelguistas y policía; u n obrero, M arco Fernández, fue m uerto
y muchos sufrieron heridas.91 La huelga general, que estalló por
inspiración del anarquism o, cjue tenía m ucha influencia en los
sindicatos obreros de Rosario, no pudo d u rar más de 24 horas, y
finalizó con una avenencia respecto del salario entre los huelguistas
y empleadores en el puerto rosarino. La huelga general —y su
carácter violento— no agradaba al P artido Socialista, que se apre­
suró a publicar u n a circular donde “lam enta los recientes sucesos
de Rosario y declina toda participación en aquel m ovim iento” .02
Paralelam ente al m ovim iento de Rosario, estalló tam bién un
paro en el puerto de Buenos Aires. El 8 de enero de 1902 La Pren­
sa ya empezó a publicar noticias sobre el curso de la huelga en el
puerto, reflejando gradualm ente la situación general. Según esas
descripciones, los huelguistas revelaron una posición enérgica con­
tra los intentos de introducir rom pehuelgas por la fuerza, con la
protección policial. Hubo reyertas con los rompehuelgas y la po­
licía, y los huelguistas lograron evitar que trabajaran. Entre los
dirigentes del paro había tam bién socialistas activos aparte de
anarquistas, cuya influencia tam bién aquí crecía de continuo.®3 La

80 j . Bialet-M assé, E l estado de las clases obreras argentinas a comienzos del


siglo x x , ed. U niversidad N acional de C órdoba, 1968, p. 453.
L a Prensa, 14 d e enero de 1902.
02 La Prensa, 16 .de enero de 1902; T h e R eview of th e R iv e r P íate, 18 de ene­
ro d e 1902.
93 E n los días de la h uelga se p ublicó u n a rtícu lo extenso en el periódico
an arq u ista en lengua ita lia n a, d ando cuenta de u n a particip ació n intensificada
CONFLICTOS LABORALES EN L A PR IM ER #. M IT A D DE 1 9 0 2 205

energía de los huelguistas rindió frutos y los empleadores accedie­


res a satisfacerlos después del prim er día de paro. Las negociacio­
nes entre los huelguistas y la C ám ara Sindical de la Bolsa comen­
zaron el 9 de enero y finalizaron al día siguiente, cuando se
aceptaron casi todas las reclamaciones de los obreros: la jornada
de trabajo se reduciría a 9 horas y el salario se elevó a 4.00 pesos.
La única compañía que no participó en las negociaciones y no ac­
cedió a los pedidos obreros fue la M ihanovich.94
Los puertos del país 1 1 0 supieron de sosiego tam poco después de la
prim era ola de huelgas del mes de enero. E n febrero de 1902 estalló
una huelga parcial de foguistas y m arineros en el puerto de Buenos
Aires, quienes luchaban por m ejorar sus condiciones laborales antes
de renovar el convenio anual. L a m ayoría de los empleadores ac­
cedieron a las dem andas obreras (la única sociedad que se opuso
volvió a ser M ihanovich, que no quería reconocer los sindicatos
obreros).05 A comienzos de marzo de 1902 estalló otra huelga en el
puerto de Buenos Aires; esta vez son los obreros de las barracas de
la Boca y del R iachuelo los que protestan por la violación de los
acuerdos (firmados apenas dos meses antes), a raíz de lo cual vol­
vieron a trabajar 10 horas diarias y el sueldo se redujo a 2.50 pesos.
Para presionar sobre los huelguistas no sólo se contrató a trabaja­
dores no organizados del interior sino que se utilizó la violencia
policial, en favor, claro está, de los empleadores y rompehuelgas.
El paro duró dos días, y a pesar de los daños causados al comercio,
los patrones se m antuvieron inflexibles, sin que se lograran ven­
tajas concretas para los obreros.06
Seguían las huelgas en Buenos Aires, cuando se dislocaron las
relaciones laborales en el puerto m eridional de Bahía Blanca, don
de los obreros pedían una jo rn ad a de 8 horas. Los empleadores
trajeron rom pehuelgas de E ntre Ríos y Corrientes, lo que desem­
bocó en reyertas y choques violentos. Según L a Prensa, la policía
hizo fuego contra los huelguistas cuando gritaron “Viva la an ar­
quía". T ras tres días de tum ultos, la policía aplacó el paro por la
fuerza y cometió muchos arrestos. Según La Prensa, los culpables
de la huelga eran “cinco personas. .. agitadores de tendencias an ar­
quistas”.97 La población de Bahía Blanca se mostró solidaria con
de anarro-socialistas en la huelga. “ A ggitazioni e scioperi”, L ’A vvenire, 11 de
enero de J902. Cabe reco rd ar q u e en 1901 se fu n d ó el Sindicato de O breros del
P u erto , encabezado p o r el a n a rq u ista T . Ros (véase m ás arriba).
o* La Prensa, 9-10 de febrero de 1902; T h e R eview o) the R iv er Piale, II de
enero de 1902.
m La Prensa, 18-19 de febrero de 1902.
L a Prensa, 5-9 de m arzo de 1902.
oí La Prensa, 19-21 de m arzo de 1902; E l Obrero, 23 de m arzo de 1902
206 H E G E M O N ÍA A N A R Q U IST A EN LA F O A ( 1 9 0 1 - 1 9 0 2 )

los huelguistas y la conducta de la policía despertó enojos, que se


expresaron en una protesta de los comerciantes de la ciudad.88
E l mes de marzo se inició relativam ente calmo, en lo que atañe
a conflictos laborales en Buenos Aires y en el resto de la R epúbli­
ca. La Organización Obrera —periódico ele la Federación O brera—
3o explica: “En este mes parece que el m ovim iento obrero ha
entrado en un período de calma, luego de la gran agitación que
reinó en los meses anteriores. Pero no vaya a creerse que ésta es
una calma de m u e rte ... Es u n mes que el elem ento obrero se ha
tom ado p ata prepararse convenientem ente y que en el próxim o
tendrá expresión, a pesar de ser el que verá celebrarse nuestro
Congreso” (el II Congreso de la f ü a ) . 9s
A principios de abril, por cierto, empezó u n a ola tempestuosa
de huelgas en Buenos Aires, sobresaliendo la de los cocheros con­
tra las ordenanzas de la M unicipalidad, que pretendía obligarlos
a p o rtar “libreta de filiación” en la cual figurara su retrato, y donde
el empleador pudiera anotar sus observaciones sobre la conducta
del trabajador. Es decir, que de una mera “cédula de identidad” se
convertía en una “libreta de honradez y buena conducta”. El sindi­
cato de cocheros proclamó la huelga en el curso de una asamblea
general el 1 de abril en la am plía sala del Skating R ing de Buenos
Aires. En la asamblea disertó el anarquista A. G hiraldo, director
de El Sol, quien Hamo a rom per las libretas dem ostrativam ente.100
Pero al día siguiente se com probó que 1 10 había unidad de ideas
entre los cocheros, y un gran núm ero siguió trabajando. E n tre los
huelguistas eran muy activos varios propagandistas anarquistas fa­
mosos, como ser F. Basterra, Orsiní, A. Montesano, quienes habla­
ron muchas veces en las asambleas. La sede central del comando
de la huelga se encontraba en el Skating Ring, pero la policía pro­
hibió en pocos días las reuniones, alegando que el lugar se había
tornado un centro de propaganda anarquista, no u n lugar donde
se encontraban los huelguistas. Los obreros solicitaron con éxito
que el diario La Prensa les cediera sus locales. Cabe destacar la
posición neutral del diario en sus informes sobre la huelga, así
como su anuencia a publicar la palabra de sus voceros, incluso de
anarquistas famosos como F. Basterra, de quien insertó extractos
d el,artícu lo “C ontra violencia, razón”, que se refiere a los suce­
sos de la huelga y repudia la brutalidad de la policía. La huelga

S. M aiolia, op. cit., pp. 1-12-43.


‘‘M ovim iento o b re ro ”, La Organización Obrera, m arzo de 1902.
100 L a Prensa, 1 de a b ril de 1902; La Protesta H um ana, 5 de a b ril de 1902;
A. G hiraldo, “ A bajo la lib reta", E l Sol, 1 de a b ril de 1902- S. M arotta, op. cit.,
p. 142.
CONFLICTOS LABORALES E N L A F R IM E R i# M ITA D DE 1 9 0 2 207

duró 10 días y ab undaron los tum ultos y la violencia de todos los


bandos: los huelguistas, la policía, los rompehuelgas, etc. Por ú lti­
mo los obreros consiguieron una postergación en la obligación de
portar la libreta.103 £1 propósito no se abolió, pero, ante el estado
de ánimo enardecido, la M unicipalidad se privó de aplicar la orde­
nanza, en tanto que los obreros resolvieron no m ostrar la libreta
si les era pedida; el asunto se estancó. La huelga term inó días antes
de iniciarse el II Congreso de la f o a . Antes de abordarlo, exam ina­
remos varios aspectos adicionales de las huelgas que lo precedieron.
La opinión de la prensa ante la ola de huelgas en la prim era
m itad de 1902 no era uniform e. Algunos diarios la vincularon d i­
rectamente con la pobreza objetiva de las clases obreras, otros la
supusieron el resultado de la agitación intencional contra el régi­
men (“agitadores profesionales extranjeros”). L a Prensa se m antuvo
fiel a la línea que la caracterizara en los últim os años, cuando
criticó la falta de una política social por parte del gobierno y jus­
tificó en general las huelgas, a la vez que señalaba las molestias
cansadas por la protesta obrera. Al com entar la huelga de los tra­
bajadores portuarios escribió:

No responden a instigaciones tumultuarias ni a espíritu de rebeldía, sino


obligados por la necesidad extrema ante la insuficiencia del salario para
cubrir las exigencias más perentorias del presupuesto doméstico, reducido
ya a su más mínima expresión.102

Con espíritu distinto —y desde un ángulo diferente— encaró Re-


vieiú of the R iver Píate la expansión de los paros. A su criterio,
las huelgas últim as eran producto de agitadores: “E n la actualidad,
Buenos Aires está lleno de descontentos cuya única m eta en la vida
es causar problem as y sacar lo que se pueda de las huelgas, los cua­
les, siendo por lo com ún de una clase ignorante, son fácilmente
guiados.” Esos elementos están detrás de las huelgas y hay que ac­
tuar contra ellos por m edio de leyes adecuadas, que perm itan a la
policía operar con eficacia.103
101 “ H uelga de los cocheros", e n L a Prensa, 1 de a b ril de 1902; "M ovim iento
obrero, c ap ita l”, eu L a O rganización O brera, abril de 1902; “Sciopero légale?”,
en L 'A w e n ir e , 12 de a b ril de 1902. E ste a rtícu lo se escribió con m otivo de la
(melga d e ios cocheros, y se expresan m editaciones sobre la a c titu d legal d u ­
rante las huelgas, a raíz de la violencia policial, en especial contra los anar­
quistas. “L ’anarcliico e la bestia negra che la polizia insegue senza p o s a . . . ” El
a u to r extrae la conclusión d e q u e las huelgas legales n o te n d rá n éxito. Los
obreros no lograrán satisfacciones a sus exigencias, si no revelan fuerza: “ N o é
la forza de la ragione q u e vale, é la ragione de la forza."
í °- “De a ctu alid ad ", en L a Prensa, tí d e enero d e 1902.
ios T h e Tievieiv o f the R iv e r P íate, 5 de a b ril de 1902.
208 H EG EM O N ÍA ANARQUISTA EN LA FOA (1 9 0 1 4 9 0 2 )

L a Nación tam bién reveló un punto de vista análogo, pues desde


fines de 1901 asumió la línea em inentem ente antiobrera. En un
artículo contra la ola de huelgas, publicado en julio, censura el
carácter violento que asumen las huelgas, echando la culpa “a
ciertos elementos agitadores que no prosperan sino en las grandes
ciudades y q ue m edran de los conflictos entre los obreros y sus
patrones”.104
El diario E l Pueblo, de M ar del Plata, llegó más lejos y negó
que haya pobreza entre los obreros; afirm ó que la situación de los
trabajadores en la A rgentina es buena, y, en u n artículo titulado
“El hongo de las huelgas en Buenos Aires”, sostiene que los paros
son producto de la agitación de los anarquistas. De ahí que el
único modo de combatirlos es la prom ulgación de leyes que lim i­
ten su actividad y trabe el ingreso de extranjeros.105

EXHORTACIÓN A LA. HUELGA GENERAL

Las huelgas de 1902, así como las reacciones que provocaron, tenían
un rasgo distintivo del que habían carecido todos los paros que se
habían producido hasta ese año, esto es, sobresalían por su. tenden­
cia a las huelgas generales. E n casi todos los grandes actos de pro­
testas que estallaron desde los inicios de 1902, la tendencia que
mencionamos no dejaba de estar presente. Esta inclinación no era
casual, si se piensa en el aum ento de la influencia anarquista en
los sindicatos obreros.106 Desde 1901 los anarquistas de la Argen­
tin a se dedicaron a exhortar intensam ente a la huelga general. En
la prensa anarquista de todas las corrientes y matices ideológicos,
abundaron en 1901-1902 los artículos teóricos sobre las ventajas de
la huelga general como m edio eficaz en la lucha obrera contra el
régim en económico y político existente, a la vez que Instrum ento
i»?* E l artículo es m encionado en "A propósito d e huelgas” , La P rotesta H u ­
m ana, 2 de agosto de 1902.
105 “ E l hongo de las huelgas e n Buenos Aires” , en E l P ueblo, M ar d el P la ­
ta, 16 de m arzo de 1902. T h e R eview o f the R iv e r P íate d el 1 de febrero de
1902, encara la ola de huelgas en ese e sp íritu : “ Las cosas a n d a n m uy m al en
el m ercado d e trab ajo , lo que hizo q u e el Congreso tom ara m edidas q u e p e r­
m itiera n tra b a ja r a quienes quisieran h a c e r lo ... Las huelgas c o n tin ú a n ... los
trabajadores se ven im pedidos p o r las am enazas d e los holgazanes y de los a n a r­
q u is ta s ... Buenos Aires se ha convertido e n el vivero de la hez d e E uropa y
la policía se e n cu e n tra i m p o t e n te ...”
106 “ D e la h u elg a p arcial de u n grem io, se pasó a la to ta l de todos los o b re ­
ros d e u n m ism o oficio. Y de aquí empezó a g e rm in ar la idea de la huelga
general.”
EXHORTACIÓN A LA HUELGA GENERAL 209

idóneo para prom over la em ancipación de los obreros y realizar la


revolución social,107
Al pregonar la huelga general como el medio más eficaz en la
lucha obrera, la prensa anarquista se plegaba a la corriente m un­
dial de los diarios del anarquism o. La idea de la huelga general
—de raigam bre anarquista antigua, form ulada ya en la época de
la I Internacional— conoció u n renacim iento a comienzos del si­
glo xx, sobre todo por influencia del m ovim iento obrero francés
en la década de 1890. Las enseñanzas respectivas sirvieron de base
para una apreciación teórica renovada, a fines del siglo xix; eso
se reflejó en diversos artículos e informes enviados para la discu­
sión en el Congreso A narquista Internacional que debía realizarse
en París, Esos artículos destacan la evolución operada en la concep­
ción de la huelga general, como fruto de la experiencia, y form ulan
varios pensamientos estratégicos generales que luego se difundieron
por medio de la prensa anarquista.108
Además se sabe que en deliberaciones confidenciales celebradas
en París y luego en Londres, con la participación de numerosos
pensadores y m ilitantes anarquistas europeos, se adoptó la reco­
mendación de la “huelga general” como un medio para la lucha
de los sindicatos obreros sometidos a la influencia anarquista, así
como una meta revolucionaria de los círculos anarquistas en todas
partes.100 Cabe suponer que la ola de huelgas grandes y generales
que estalló en Europa en aquella época,110 se vio influida en grado

1()7 “La huelga general” , en L a Protesta H u m a n a , 26 de enero de 1901; “ Más


sobre la huelga general", ibid,, 9 de febrero de 1901; “ Por la huelga general” ,
ibid., 16 de febrero de 1901; ‘‘L a urgencia de la h uelga general”, ibid., 23 de
febrero de 1901; López M ontenegro, “ La h uelga general”, ibid., 2 de m arzo
de 1901; “Ixjs socialistas contra la h uelga general”, ibid., 13 de a b ril de 1901;
Pellico, “ A confesión de p a rte ”, ibid., 20 de a b ril de 1901; “ La h uelga general”,
ibid., 14 de septiem bre de 1901; “ La h uelga general”, ibid., 12 de o ctubre, 9 de
noviem bre y 23 de noviem bre de 1901; P . K ropotkin, “Son prácticos los a n a r­
quistas” , ibid., 8 de febrero de 1902; "L a huelga g e n era l”, ibid., 15 de febrero
de 1902; "La huelga general”, 12 de a b ril, 19 de a b ril, 1 de m ayo, 10 de m ayo de
1902; López M ontenegro, “Defensa social”, E l R eb eld e, 29 de m arzo de 1902; "L a
razón de la fuerza”, ibid., 23 de agosto de 1902; “G li anarchici e i sin d ic a d ”,
L ’A vvenire, 2 de febrero de 1901; “ Agitazioni e scioperi” , ibid., 11 de enero
de 1902; 1. Alonsini, "L a h uelga general”, E l Obrero, 21 de m arzo de 1901;
"La huelga general”, ibid., 5 de agosto de 1902. Adem ás d e todos esos artículos
se publicaron m uchos otros sobre las huelgas generales en E uropa, en esa época.
i o s ibid,
lns) “En Londres, M eeting a n a rq u ista ”, en L a P rotesta H u m a n a , 13 de ju lio
de 1901.
n o Pellico, “El actu al m ovim iento o b re ro ” , en L a P rotesta H u m a n a , 30 de
m arzo de 1901; L. B onafulla, "D esde F ra n c ia ”, ibid., 80 de m arzo de 1901; R.
Mella, "La agitación o b rera en E spaña”, ibid., 22 de ju n io de 1901; " Ita lia y
210 H E G E M O N ÍA A N A R Q U IST A EN L A F O A ( 1 9 0 1 - 1 9 0 2 )

sumo por esta tendencia de los anarquistas. Las noticias sobrejiuel-


gas generales en Europa llegaron a A rgentina e influyeron ...sin
duda sobre el ánim o de los trabajadores. Contamos con informes
detallados de la influencia ejercida por las noticias sobre la huel­
ga general en Barcelona, que estalló en febrero de 1902. Esa huelga
tuvo en seguida m ucha publicidad en la prensa general,111 artícu­
los de aprecio e identificación en los periódicos anarquistas, y supo
asimismo de la edición de un boletín diario especial (auspiciado
por La Protesta H um ana) para difundir noticias cotidianas sobre
el curso de la huelga.112 El com entario de D. Abad de Santillán,
— “el ejemplo de la gran huelga de B arc elo n a... había repercutido
intensam ente en las filas obreras de la A rgentina”—113 me parece
muy justificado, conforme a los datos que obran en nuestro poder.
En todas partes donde había anarquistas activos en la huelga, aso­
m aban las tendencias a convertirla en una huelga general.

TENSIONES EN LAS RELACIONES DE SOCIALISTAS Y ANARQUISTAS EN LOS


SINDICATOS OBREROS

El fortalecim iento de la tendencia hacia la “huelga general” entre


los anarquistas activos en 1902, la intensificación de la propagan­
da en ese sentido en los periódicos y la tentativa de llevarlo a la
práctica a principios de año en Rosario (el 13 de enero), llevó
a una disparidad ideológica seria entre socialistas y anarquistas en
los sindicatos de la f o a , y se agudizaron las diferencias tácticas
en cuestiones diarias^ Los socialistas de la A rgentina se oponían
p o r'p rin cip io a la huelga general. Esta oposición en el pasado se
expresó reiteradam ente y fue un m otivo de polémica con los anar­
quistas.114 Pero en el I Congreso de la f o a los socialistas accedieron
E spaña” , E l Obrero, 23 de febrero de 1902. Véase tam bién la observación de
H . H obsbaw m , en su libro L a b ouring m an, p. 132.
n i La Prensa, 20-23 de febrero de 1902. Este d iario le dedicó m uchas co­
lum nas.
n a “ B arcelona”, La P rotesta H u m a n a , 22 de febrero de 1902; “Los sucesos
de B arcelona”, E l Obrero, 23 de febrero de 1902; R . M ella, “Después de la
h u e lg a ”, L a Protesta H u m a n a , 28 de ju n io de 1902.
113 JD. A bad de S antillán, M o vim ien to anarquista, op, cit., p p . 84-85; S. Fany
Sim ón, “A narchism a n d anarcho-sindicalism in L atin A m erica”, en T h e His-
panic A m erican H istórica! R ev ie w (1946), vol. 26, pp. 40-41.
i n P ara u n a expresión evidente d el enfoque socialista en el sentido de que no
hay perspectivas de éxito p a ra la h u elg a general, véase en “H uelga general: teo;
ría y práctica", La Organización (6), ju n io de 1901. “ La huelga general favorece a
los p atrones", La Vanguardia, 19 de o c tu b re de 1901; sobre la polém ica entre
TENSIONES ENTRE SOCIALISTAS Y ANA R Q U ISTA S XI l

a concillarse con los anarquistas, en una cláusula que aprueba la


huelga general y ve en ella; “la base suprem a de la lucha económi­
ca. . Según esa cláusula, se recurriría a la huelga general “cuan­
do se demuestre la oportunidad de prom overla con posibilidad de
éxito” (véase más arriba el inform e sobre las deliberaciones del Con­
greso). Este texto era m uy nebuloso y dio lugar a interpretaciones
contradictorias, en cuanto a la “o p o rtu n id a d ... con probabilidad
de éxito". De aquí las divergencias apasionadas sobre la agrava­
ción de las huelgas hasta convertirlas en huelgas generales.
La actitud hacia la “huelga general” era uno de los temas que
dividía a anarquistas y socialistas en la f o a , pero no era el único;
el clima de cooperación que caracterizó el curso del congreso en
1901 no perduró. Como se recordará, las tendencias separatistas ya
asomaron en 1901, al resolver los sindicatos obreros socialistas se­
guir editando La Organización y crear u n comité de propaganda
gremial. A comienzos de 1902 se supo de otra etapa en las ten­
dencias divisionistas en la f o a , cuando los sindicatos obreros so­
cialistas resolvieron fundar un organismo federativo paralelo: la
Unión General de T rabajadores.115 No todos los adictos activos
socialistas en los sindicatos obreros se m ostraron d e acuerdo con
tales pasos; a comienzos de 1902 había socialistas que siguieron
actuando en la f o a y se resistían a los propósitos divisionistas de
los círculos de La Organización.
Apenas se supo del deseo de fundar u n organism o federativo
paralelo y rival de la f o a , ésta, por interm edio de su comisión ad­
ministrativa, publicó una declaración extensa dirigida a los traba­
jadores de la A rgentina, en el núm ero de enero de La Organización
Obrera, entre cuyos firm antes se encontraba Francisco Cúneo, un
socialista.110 En ese manifiesto, la comisión adm inistrativa censura
las tendencias de círculos de La Organización, de crear u n a nueva
federación, viendo en ella “ una cam paña partidista, interesada, per­
niciosa”, sin la m enor justificación objetiva para las necesidades
organizativas y la lucha de los obreros.
El manifiesto plantea seguidam ente u n a pregunta:

anarquistas y socialistas sobre la h uelga general, véase “L a h uelga general”, La


Protesta H um ana, 26 de enero d e 1901; “Más sobre la h u elg a general", ibid.,
9 de febrero de 1901; “Los socialistas contra la h uelga general”, ibid., 13 de
ab ril de 1901.
l i s Sobre las etapas del alejam iento del g rupo L a O rganización de la FOA,
véase "L a O rganización”, La V anguardia, 26 de o ctubre de 1901; ibid., 14 de
diciem bre de 1901; S. M aro tta, op. cit., t. i, p p . 120-21 (sobre las tendencias a
crear u n a organización p a ralela, la UOT).
n e "L a Federación O brera A rgentina a todos los obreros de la R epública",
ea La Organización Obrera, enero de 1902.
212 H E G E M O N ÍA ANARQUISTA EN LA FO A ( 1 901 -1902)

¿Es q u e l a F e d e ra c ió n O b r e r a A r g e n tin a lia d a d o m o tiv o s im p o s ib le s de


c o n c ilia c ió n , q u e f u n d a m e n te n la n e c e s id a d d e le v a n ta r u n n u e v o c u e rp o
fe d e ra tiv o ? Si los h u b ie ra , se h a b r ía n e s ta m p a d o d e m a n e r a p re fe re n te :
n i n g u n a c o n s id e ra c ió n h a y a l re sp e c to e n su e x p o sic ió n . E x tr a o fic ia lm e n ­
te se lia p r o p a g a d o la e sp e cie d e q u e n u e s tr a fe d e ra c ió n es l ib e r ta r ia ; y
a u n q u e n o sabernos to d a v ía q u e e llo sea d e sd o ro so y c o n tr a r io a los p r i n ­
c ip io s e m a n c ip a d o re s q u e su s te n ta m o s, q u e e llo sea u n a ta q u e a lo s altos
fin e s d e la fe d e ra c ió n , n e g am o s e n a b s o lu to l a v e r a c id a d d e l a e s p e c i e . . ,

El m anifiesto arguye que el cuadro falso sobre la im agen de la


federación, se ofreció intencionadam ente; “Se ha querido crear una
atmósfera en el sentido de que nuestra federación era partidista,
para levantarse ellos como partido opuesto.”
Y eso, sin base real. El m anifiesto recalca el clima de coopera­
ción y contemporización que caracterizara al congreso constitu­
yente de la federación, y señala la existencia de ese clima en la
actividad de la misma. Como prueba, el autor destaca; “Prim ero,
que nadie podrá probar que se haya hecho parcialidad ni p arti­
dismo nunca, y segundo, que form an en la federación lo mismo
libertarios que socialistas.. . ”
No hay ningún justificativo para la división ni para crear un
palco separado, añade el manifiesto, “si la federación adm ite todas
las sociedades obreras, sin sujeción ni cohibición alguna”. Y afirma
que la conducta del círculo de La Organización es “obra p arti­
dista, exclusiva, sujeta a directivas de partido”.
Pero aún así, el m anifiesto previene que no se debe acusar de
divisionismo al P artido Socialista en su totalidad: “N o queremos
envolver a la obra de unos cuantos a todo un partido, ni podría­
mos hacerlo cuando tantos socialistas form an en nuestra organiza­
ción, y cuando nuestra federación no excluye ni rechaza a corpo­
ración alguna aunque se distinga por partidaria de alguna escuela
socialista, porque es m eram ente obrera, de lucha económica, y
basta.”
La federación nueva, en cambio, “se levanta precisam ente por­
que quiere ser exclusiva y sujeta a las conveniencias partidistas, no
del P artido Socialista en general, sino de u n a parte de esa agru­
pación”.
El m anifiesto es una revelación singular y especial de coopera­
ción entre anarquistas y socialistas en la f o a , en l a lucha contra
un grupo socialista divisionista, así como un testimonio de las di­
sensiones internas en el P artido Socialista.117 Esta cooperación se

i 17 A m i parecer, ra d ic a en esto el comienzo de la d isp u ta que, con el correr


del tiem po, llevó al P a rtid o Socialista a escindirse e n tre socialistas y sindica-
TENSIONES ENTRE SOCIALISTAS Y ANA R Q U ISTA S 213

mantuvo tam bién en febrero de 1902, cuando el P artido Socialista


desautorizó oficialm ente la actividad del grupo La Organización
por medio de una declaración publicada en La Vanguardia del 8 de
febrero: “Creemos que tanto socialistas como anarquistas, tienen
ancho campo donde trabajar y pueden m uy bien aunar sus fuerzas
sin perder nada de sus respectivos principios de táctica, tanto en
la federación como dentro de las sociedades de resistencia.” 118
Pese a esa declaración y a las revelaciones señaladas más arriba
sobre la cooperación entre anarquistas y socialistas en la f o a , no
reinaba la arm onía en las relaciones entre los círculos de unos y
otros. En los números de La Protesta H um ana,, de comienzos de
1902, puede leerse sobre ataques m utuos en torno a cuestiones d i­
versas: reacciones contra los infundios de La Vanguardia en per­
juicio de P. Gori (a raíz de las discrepancias sobre la huelga de
Barcelona), actitud hacia las elecciones celebradas en marzo de
I902.,l!) Puede suponerse, por lo tanto, que pese a la cooperación
en la f o a con algunos socialistas, no cesó el odio ni la desconfianza
entre las dos corrientes, cada una de las cuales se em peñaba en
ampliar su posición en la federación.120 En vísperas del II Congre­
so de la fq a , en abril de 1902, se creó u n a situación de equilibrio
d elm d u entre las tendencias opuestas, de cooperación y escisión,
de comprensión y hostilidad, en la que cualquier elem ento p ertu r­
bador podía desbaratar ese equilibrio.
Eso ocurrió ciertam ente en el II Congreso: la cooperación entre
anarquistas y socialistas se anuló, por causa de u n tem a lateral, casi
formal: la aprobación de las credenciales de los delegados.
Cabe señalar que la resolución que causó la desavenencia fue
aprobada por el comité federal (donde form aban parte tam bién los
socialistas). A fines de febrero, cuando se deliberaba sobre los prepa­
rativos para el II Congreso, se redactó así la siguiente disposición:

listas en 1906. El análisis de este tem a trasciende los m arcos d e m i trabajo,


p o r lo que m e lim itaré apenas a señalarlo,
n a "A la v a n g u ard ia”, La Organización Obrera, febrero de 1902.
l is "P artid o de hipócritas", L a Protesta H u m a n a , 8 de febrero d e 1902;
“El socialismo se im p o n e ... a los pillos”, ibid., 22 de febrero de 1902; “T r a ­
bajadores no votéis”, ibid., 5 de m arzo de 1902; "D esagradecidos”, ib id ., 12 de
abril de 1902. D. A bad de S antillán, ''L a P ro te sta ”, en Certam en internacional
rfe "La Protesta”, p. 40 (sobre los ataques de L a V anguardia contra P. Gori),
120 J. O ddone, en su libro G rem ialism o proletario argentino, a l a n aliza r esta
época, culpa por entero a los anarquistas p o r el em peoram iento de las re la ­
ciones y recalca que los socialistas son inocentes (véase p. 93). D e acuerdo con
lo dicho más arriba, nos parece que las observaciones de O ddone son ten d e n ­
ciosas y parciales, y que la agravación de las relaciones, si fue prem ed itad a,
devino de la conducta de los dos bandos, tan to el a n arq u ista com o el so-
214 H E G E M O N ÍA A N A R Q U IST A EN LA FO A (1 9 0 1 -1 9 0 2 )

P u e d e n p a r tic ip a r e n d ic h o co n g reso to d as la s so c ied a d es g re m ia le s d e la


R e p ú b lic a , a u n q u e n o s e a n a d h e rid a s a la fe d e ra c ió n , s ie m p re q u e c u e n ­
te n p o r lo m e n o s c o n 25 asociados. C a d a so c ie d a d , in d is tin ta m e n te , tie n e
d e r e d i o a dos re p re s e n ta c io n e s . L os re p re s e n ta n te s d e la c a p ita l d e b e n
p e r te n e c e r a las m ism a s so c ied a d es q u e r e p re s e n ta n . L a s so c ie d a d e s del
i n te r i o r q u e n o q u ie r a n n o m b r a r d ir e c ta m e n te sus d e le g ad o s, p u e d e n
n o m b r a r a c u a lq u ie ra , sie m p re q u e p e rte n e z c a a a lg u n a so c ie d a d a d h e r i­
d a a l c o n g re so .121

El, II CONGRESO DE LA FOA

El II Congreso de la Federación O brera A rgentina tuvo lugar los


días 19-21 de abril, en el salón Vorwárts de Buenos Aires. Acudie­
ron 86 delegados en representación de 47 sociedades122 (incluso los
121 I.a Organización Obrera, m arzo de 1902.
122 La nóm ina de las sociedades de la c ap ital y del in te rio r, a dheridas al
Congreso:
C apital: 1) Mecánicos; Ignacio O rom í; 2) C aldereros; D ante G arfagnini, M a­
nuel Lisso; 3) Cepiüeros, Juan L ugoni, Carlos Caries; 4) Panaderos, Ju a n
Calvo, A drián T ro itiñ o ; 5) A lbañiles: A gustín B ernasconi, E steban O lgiatti;
C) C onductores de Carros: Santos M ontaííal, (osé López; 7) T alab artero s: Luis
Paggi, J u a n A ldani; 8) H ojalatero s y Gasistas, Blas C astelano, V icente Sanz;
9) F undidores, Isidro lasú a. G o m b an M arti; 10) C arpinteros de Instalaciones;
B aldom ero R ip o ll, C. M agistrati; 11) C onstructores de C arruajes, Pedro P onti,
L uis Roselli; 12) Sociedad “ U nión de C ocheros”, J u a n E zquire, J. M. H er-
m ida; 13) Zapateros, José Rizzo, J u a n Gómez; 14) Bronceros, A lfredo Cara-
m ella, A lfred C uareta; 15) T a b a q u ero s U nidos, Jo a q u ín L una, M. Villalva;
16) E banistas, L uís B ofli, L. L aith o n ; 17) U n ió n F raguaderos: J. M. Pérez,
R . M artínez; 18) A paradores de Botas, E ugenio A cerbi, P. Felisoni; 19) M ar­
m oleros, D om ingo M artínez, D om ingo N ieri; 20) T rab a ja d o re s de las Barracas
del M ercado C entral de F rutos, E m ilio R odríguez, D om ingo de Arm as; 21) H o r­
neros, J. S. B ruiner, Á ngel Bespasiano; 22) Artes Gráficas, José Basalo, j.
T o rre a s Ros; 23) O breros d el P u erto , Francisco )anin, Andrés Freire; 21) P in to ­
res: J u a n Aliverto, A ntonio V aiela; 25) M aquinistas, César Passerini, Pedro T a-
g liarini; 26) C arpinteros de R ib era , A gustín G andolfo, J u a n R etto.
In terio r: 27) P anaderos (Santa Fe), Francisco B erri, V icente P erduca; 28) A l­
bañiles (La Plata), J u a n T ossini, J u a n Mosca; 29) P anaderos (C am pana), An-
thelm o B ru n et, D om ingo V illanueva; 30) Z apateros (La P lata), J u a n F errari,
José C hichi; 31) P anaderos (Chivilcoy), P edro C arbonell; 32) P anaderos (La
P lata), J. B. C arri, C. A rienti; 34) T ra b a ja d o re s d e l P u erto (La P la ta ), J. Pobes,
P. Saurelli; 35) Sociedad Cosm opolita de Peyrano, R om eo Bianghi; 36) A lba­
ñiles (Rosario), V. B ajatida, J. Fea; 37) P anaderos (Paraná), I. M erlino, Jo a q u ín
H u c h a; 38) Panaderos (San Ju a n ), J u a n C im inaghi, José M ella; 39) Panaderos
(Córdoba), R. Albizú, M. A. Castro; 40) P anaderos (M endoza), H écto r M attei;
41) P anaderos (B ahía Blanca), G regorio In g lán , L. M agrassi; 42) T ipográfica
(La P lata), José Franco, H . M orral; 43) C igarreros de hojas de R osario, E nrique
Royes, V, M azzalupi; 45) Sastres (La P lata), A ntonio De G iorgio, F. Santolí-
EL SEGUNDO CONGRESO DE L A FO A 215

sindicatos cuyo periódico La Organización declaró im practicable la


federación y consideró nom inal su existencia). Su prim era tarea
consistió en designar la comisión verificadora de poderes y fueron
electos J. Aliverto y A. Caram ella (socialistas), Gregorio Inglán La­
farga (anarquista). Su despacho originó un debate largo y acalo­
rado. Provocó enconada discusión la credencial del delegado A. ¡.
Torcelli (socialista, de oficio periodista, socio de la Sociedad de
Estibadores de La Plata), quien investía la representación de los
panaderos de La Plata.
Se hizo observar que el delegado Torcelli, contrariam ente a lo
resuelto por el comité federal (véase más arriba), no pertenece ni
ejerce el oficio de la sociedad de la cual es socio. (Según lo resuelto
por el comité federal, las sociedades del interior que m andaban
representantes indirectos, podían ser representadas en el congreso
por cualquier obrero de la capital, siempre que estuviera asociado
y su asociación federada. Torcelli vivía en La P lata y por eso no
podía ser representante indirecto, fo rm a lm e n te ...) Al votarse la
credencial de Torcelli, fue im pugnada por 34 votos contra 33.
En la segunda sesión se pidió reconsiderar la resolución tomada
respecto del delegado Torcelli. T ras larga discusión y acordarse la
reconsideración, se votó otra vez y T orcelli fue rechazado por 37
votos contra 34.
Tam bién fueron im pugnados los poderes de H éctor M attei, de­
legado por la Sociedad de Panaderos de Mendoza. Se pasó a dis­
cutir lo referente al delegado M attei y se presentaron dos mocio­
nes. La prim era, considerando que el delegado M attei estaba en las
mismas condiciones que el delegado Torcelli, pidió que se acepten
o se rechacen las dos. La segunda afirm aba que el delegado M attei
era socio de la sección Oficios Varios de la C apital, adherida a la
federación,123 y que como tal podía representar sociedades del in­
terior, en representación indirecta; por todo ello pide que sea acep­
tado. Puestas a votación las dos mociones, obtiene la prim era 34
votos y la segunda 37. Fue adm itido entonces el delegado M attei
y se rechazó por tercera vez a Torcelli.
Igualm ente m otivaron objeciones las credenciales de A. Patroni
(socialista), Albizú y Castro que aparecían como representando a la
Sociedad de Panaderos de C órdoba. La federación sólo tenía cono-

quido; 46) U nión O b rera (C am pana), V. Casanova, A. Mosca; 47) Estibadores


(Villa C onstitución), C opertm o Gris, J. E spañol; 48) E stibadores (San Nicolás),
Nicolás C am podóníco. Véase La Organización Obrera, ab ril, 1902.
123 L a sección O lid o s V arios fue creada p o r resolución del com ité federal,
de fecha 5 de octu b re de 1901. P u e d e n ingresar en ella los obreros q u e así lo
quisieren siem pre que el grem io a q u e pertenecen no esté organizado.
2 Ifi HEG EM O N ÍA ANARQUISTA EN LA FO A ( 1.90 ! ~191U

cim iento de los dos últimos. Se enviaron telegramas a Córdoba,


pidiendo aclaraciones. En la apertura de la tercera sesión se leyó
u n telegram a de los panaderos cordobeses, aclarando que los dele­
gados eran Albizú y Castro. Con eso se puso térm ino al debate y
A. Patroni quedó excluido como delegado.
Delegados de la m inoría en el asunto Torcellí pidieron una cuar­
ta votación, exigiendo que se adm ita a M attei y Torcelli, “pues
de lo contrario el fracaso del congreso era u n hecho”. Se abrió
discusión. Algunos opinaron que sería m ejor u n acuerdo, pero la
mayoría protestó por la im posición perentoria de la m inoría. Al­
gunos delegados reclam aron que se siga con el orden del día, y
entonces estallaron en ira los de la m inoría. Todos los partidarios
de la admisión de Torcelli se levantaron de sus asientos, vocife­
rantes, y abandonaron el recinto del congreso tras escenas tempes­
tuosas.
Al restablecerse u n poco la calma, hubo quienes propusieron pos­
tergar la sesión hasta el día siguiente y otros reclam aban que con­
tinuara. La m ayoría se pronunció por continuar. Se hizo u n recuen­
to de delegados y se notó la presencia de 28 sociedades, en tanto
que 19 se habían ausentado.124
Acto seguido se acordó m andar una com unicación a la prensa
diaria y a las sociedades obreras explicando el motivo de la división.
Se hizo constar que la razón no era otra que la circunstancia de que
los partidarios de T orcelli se encontraron tres veces en m inoría.
El congreso abordó luego el debate sobre el orden del día, pre­
parado de antem ano. El secretario de la federación dio lectura a
la “M emoria anual de la comisión adm inistrativa de la federa­
ción”, en la que se relató la cam paña contra la federación em pren­
dida por la publicación La Vanguardia y se detallaron los trabajos
de propaganda y organización en que tomó parte la federación o
que los inició.
La cuarta sesión comenzó el 20 de abril a la m añana, sin las
19 sociedades que se habían retirado; se hallaban presentes 46 de-

>s* L a Organización O brera, a b ril de 1902, p ublicó la siguiente nóm ina de


los sindicatos que se ausentaron:
C apital: 1) M ecánicos, 2) C aldereros, S) P anaderos, 4) H ojalateros, 5) F u n d i­
dores, 6) U nión Cocheros, 7) Zapateros, 8) T ab a q u ero s U nidos, 9) Fraguadores,
10) M arm oleros, 11) Artes Gráficas, 12) O breros del P u e rto , 13) M osaiqueros.
Interio r: 14) P anaderos de Santa Fe, 15) P anaderos de C am pana, 16) P a n a ­
deros de Chivilcoy, 17) O breros del p u e rto de La P la ta , 18) A lbañiles de R o­
sario, 19) P anaderos de P aran á, 20) Panaderos de San J u a n , 21) P anaderos de
C órdoba, 22) Panaderos de Mendo7,a, 23) P anaderos de B ahía B lanca, 24) Ci­
garreros de R osario, 25) Z apateros de R osario, 26) U n ió n O brera de C am pana,
27) Estibadores de Rosario.
EL SEGUNDO CONGRESO DE L A FO A 217

legados de 31 sociedades (tres sociedades se agregaron). Se rechazó


la moción de los delegados zapateros y albañiles de La P lata (pro­
ponían suspender el congreso para otra ocasión en vista de los
hechos ocurridos la noche anterior) y tampoco se dio curso a un pe­
dido de que se invite a los delegados ausentes a volver al congreso.
Luego se trató la celebración del 1 de mayo. Se leyó una nota del
comité federal del P artido Socialista, invitando a la federación a
adherirse a la m anifestación que ese partido iniciaba. Se resolvió
no adherirse, porque el P artido Socialista A rgentino era un partido
político. Puesta a discusión, después de u n largo debate, se aprobó
por unanim idad la siguiente moción:

El congreso, considerando que el 1 de m ay o representa un a fecha de


d u elo y de reivindicaciones para las clases trabajadoras, rechaza toda
adhesión a partidos políticos, e invita a todas las sociedades exclusiva­
m en te obreras gremiales —y a los obreros en general— a que lo conme­
m o re n dignamente, adhiriéndose a la iniciativa de la f o a .
Las sociedades adheridas al congreso, en el caso de no poder concurrir
a la manifestación iniciada por la f o a , no concurrirán tampoco a otras
que iniciara cualquier otra agrupación.

En esta resolución, lo mismo que todas las otras en este congreso,


aprobadas en ausencia de las 19 sociedades escindidas, y que fueron
lomadas por delegados en su mayoría de tendencia anarquista, so­
bresale la negativa al apaciguam iento. La mayoría refleja, a partir
de ese momento, los titubeos de los anarquistas activos en los sin­
dicatos obreros en lo referente a los problem as en debate.
La quinta sesión comenzó en la tarde del 20 de abril, con la
presencia de 52 delegados de 34 sociedades. En vista de los comen­
tarios publicados por la prensa (en especial en E l País) respecto
a lo acaecido en la sesión de la noche anterior se resolvió enviar
notas aclaratorias a todos los diarios. Luego se dio lectura a la
"Memoria de la comisión adm inistrativa de la Federación O brera”,
sobre las condiciones económicas de la R epública Argentina.
Acto seguido se hizo u n examen detallado de los puntos com­
prendidos en la orden del día, se comenzó a tratarlos y se apro­
baron, después de discutirlas, las siguientes mociones:
Sobre agencias de colocaciones: “El congreso declara que siendo
las agencias de colocación nocivas para la clase obrera — pues son
agencias de estafas disfrazadas— deja a cargo del comité federal
que estudie los medios y la forma en que debe promoverse una
fuerte agitación contra ellas y, como uno de los medios más eficaces
para combatirlas, recom ienda a las sociedades iniciar en cada locali­
dad las gestiones tendientes a la fundación de bolsas de trabajo,”
218 H E G E M O N ÍA A N A R Q U IS T A E N L A F O A (1 9 0 1 -1 9 0 2 )

Sobre Abolición de trabajo nocturno y trabajo a destajo se ra ti­


ficó la resolución tom ada en el congreso anterior.
Sobre trabajo en comandita se aprueba que: “ . . . e l trabajo en
com andita es la form a más infam e de explotación, pues convierte
a unos obreros en explotadores de otros, y como u n deseo m ani­
fiesta que es incom patible pertenecer a una sociedad obrera y
tom ar trabajos en esta form a”.
Sobre propaganda antimilitarista, se aprobó lo siguiente: “El con­
greso obrero, considerando que el m ilitarism o es contrario a los
intereses de la hum anidad, hace votos para que se haga la mayor
propaganda posible contra tan bárbaro sistema, a fin de que el ma­
yor núm ero de jóvenes reclutas vaya a cruzar la frontera antes de
vestir la odiosa librea del asesino asalariado y legal.”
Movidos por la imperiosa necesidad de acrecentar las fuerzas
sindicales, los delegados abordaron el problem a de las federaciones
locales para las reivindicaciones de índole social, y sancionaron con
ese objeto que “ . . .para poder defender m ayorm ente los intereses
de los trabajadores, m ejorar sus condiciones morales y económi­
cas. . . es necesario la constitución de federaciones locales y de
oficio".
En lo que concierne a la fundación de un diario obrero se estimó
necesario que las organizaciones sindicales contaran con u n órgano
de expresión diario en la prensa. A tal efecto, se aconsejó el nom ­
bram iento de una comisión especial, que con la comisión adm inis­
trativa debería abocarse a los trabajos tendientes a su concreción
(la comisión —compuesta por Inglán, H erm ida y Cim inaghi— fue
elegida en la últim a sesión del congreso).
Se pasó luego a tratar los medios de lucha económica. Algunos
delegados inform aron sobre las últim as huelgas, entre ellas la de
los cocheros, y consideraron que casi todas tuvieron resultados sa­
tisfactorios. Los representantes opinaron que era necesaria una
fuerte organización para hacer triunfar, con medios revoluciona­
rios, el único m étodo de lucha: la huelga general. A propósito, se
form ularon las siguientes declaraciones: “El Estado, al enviar la
policía y la tropa contra los obreros en huelga, declara la guerra
al trabajador. Éste tiene entonces el derecho de defenderse, incluso
por m edios extremos, como la huelga general.” Seguidamente, el
congreso aprobó la siguiente moción:

E l c o n g reso d e c la ra q u e la s h u e lg a s d e b e n te n e r e l m a y o r c a r á c te r d e
re siste n c ia p o sib le , y re c o m ie n d a p a r a el é x ito d e las m ism a s la o rg a n iz a ­
c ió n e ilu s tra c ió n d e los tra b a ja d o re s , re c o n o c ie n d o co m o b a se s u p re m a
d e la lu c h a e c o n ó m ic a la h u e lg a g e n era l.
EL SEGUNDO C O N G R ESO DE L A F O A 219

Sobre “arbitraje” se discutió mucho y se presentaron dos mocio­


nes. La prim era: “El congreso, reconociendo pernicioso el arbi­
traje, anula las disposiciones tornadas en el anterior y pasa al orden
del día.” La segunda: “El congreso declara dejar am plia autono­
mía a las sociedades federadas, de recurrir o no al arbitraje en caso
de que lo creyeran conveniente.” Esta segunda m oción fue apro­
bada por 32 votos contra 11. Esta votación atestigua que los ex­
tremistas e inflexibles se hallaban en m inoría, en tanto que la m a­
yoría se inclinaba más a las concesiones en problem as de disputa.
En la sexta sesión del congreso (20 de abril) estaban presentes
44 delegados de 26 sociedades (algunos ya se habían vuelto a sus
lugares de origen). Se renovó la consideración del boicot y el sa­
botaje como medios de lucha sindical, proclamados útiles por el
1 Congreso de la Federación O brera Argentina. Los sindicatos
acumularon experiencias y chocaron con la resistencia patronal y
estatal, sufriendo u n gran núm ero de procesos y arrestos.125 Los
delegados expresaron su adhesión y solidaridad con las víctimas y
reafirmaron:

...Q ue el boicot y el sabotaje son de resultados eficaces para la causa


obrera y cabe emplear todos los medios disponibles para proteger a las
víctimas que ocasione la propaganda de ese sistema de lucha.

El tema del cooperativismo fue tratado por prim era vez en este
congreso, pues en el prim ero figuraba en el orden del día (pun­
to núm. 26) pero no llegó a tratarse. Las vacilaciones ideológicas
entre los anarquistas eran muy grandes y los ecos no se acallaron
tampoco después del congreso (véase arriba). E n esa etapa de las
deliberaciones, se consolidó el texto siguiente: “El congreso consi­
dera que las cooperativas de producción sólo deben aceptarse como
medio accidental de defensa y recom ienda la creación de coopera­
tivas de consumo que puedan emanciparse de los interm ediarios,
que nos explotan y envenenan.”
Se discutió después el tema: “A ctitud que deben asum ir las so­
ciedades gremiales ante la acción deletérea de los centros católi-
125 “H e aquí algunos datos h asta noviem bre de 1902: F ue detenido G. A.
Cartei, secretario de la Sociedad de M aquinistas Bonsak, p o r h a b er declarado
el boicot a la cigarrería L a P o p u lar; fu ero n detenidos Francisco B erri y Ju a n
Calvo por hacer p ro p ag an d a del boicot a la pan ad ería La Princesa, declarado
por la Sociedad d e Panaderos', siendo ellos secretario y gerente de la m ism a,
respectivam ente; fueron tam bién detenidos Sam uel G aray, A lberto L om bet y
Tiziano A ldiguieri, p o r h a b er re p a rtid o m anifiestos aconsejando el boicot a la
misma p an ad ería. Así tam bién en Chivilcoy, R osario, B ahía B lanca, Córdoba,.
Mendoza, etc. Los trabajadores su friero n prisiones p o r in citar al boicot." O.
Abad de SantiOAn, La F O R A , op. cit., p . 87.
220 H E G E M O N ÍA ANARQUISTA E N LA .FOA ( 1 9 0 1 - 1 9 0 2 j

eos,” Sobre este tem a se aprobó lo que sigue, tras u n a larga discu­
sión: . .Las sociedades católicas de obreros deben ser combatidas
por las sociedades gremiales y por todos los obreros conscientes en
general, pues sus resultados son perniciosos para 1.a clase trabaja­
dora.”
E n las últim as sesiones, el 21 de abril, se trataron los temas si­
guientes: “Instrucción y educación obrera”, acción m oral de la
misma, crim inalidad. E n el curso de la discusión se demostró que
“ . . . e l obrero que pertenece a alguna sociedad emplea su tiempo
disponible para ocuparse en los intereses de la asociación, y no va
a almacenes a embriagarse. Por consiguiente se em ancipa del vicio:
además con el trato continuo entre compañeros se instruye y por
lo tanto está menos expuesto a d e lin q u ir.. . ” Asimismo se exami­
naro n los tópicos: “Accidentes de trabajo, higiene en los talleres,
trabajo de mujeres y niños.” Sobre el trabajo de la m ujer se
resolvió tam bién que sean adm itidas en las actuales sociedades
obreras, sin pagar cuotas.
Por prim era vez en u n congreso d e la federación se encaró el
problem a de la organización de los trabajadores agrícolas. Tras
una discusión prolongada, se resolvió: “El congreso recom ienda al
comité federal que haga una propaganda a fin de que los traba­
jadores del campo se organícen en sociedades de resistencia.”
En la séptim a sesión (la últim a), el 21 de abril se presentaron
y debatieron “los estatutos de la Federación O brera A rgentina”.12'’
El contenido conciso de las disposiciones principales dice:

N o podrán form ar parte de la federación entidades obreras con menos


de 25 socios, las que deberán contribuir a la caja federal con u na cuota
mensual de 5 centavos por asociado, hasta 500 socios, y de 2 centavos
por cada socio que exceda de esta cantidad. Las que tengan entre 25 y
500 socios estarán representadas ante el comité federal por dos delegados,
las de mayor núm ero por tres. T odos los años la federación realizará un
congreso. P ara dar cum plim iento a las resoluciones del comité federal
el congreso elige u n a comisión adm inistrativa de 12 miembros. El dele­
gado al congreso anual será socio y deberá ejercer el oficio de los afilia­
dos cuya asociación representa. En el caso de que u n a asociación lejana
no pudiera enviar delegados a la misma, puede encargar a individuos
socios que ejercen el oficio de u n a asociación gremial federada de la
localidad donde tiene lugar el congreso.

128 Los estatutos fueron elaborados y redactados p o r la com isión ad m in is­


trativ a, conform e a la resolución d el I Congreso. Los pub licó el núm ero 1 de
La Organización Obrera y se enviaron a todos los sindicatos p a ra su exam en
y discusión. Luego fueron elevados p a ra su aprobación al II Congreso.
EL SEGUNDO CONGRESO DE LA FO A 'A íl

Luego fueron elegidos los miem bros de la comisión adm inistra­


tiva: Garfagnini, 27 votos; Ros, 27; Passerini, 25; Basalo, 24; Oro-
mi, 24; Magrassi, 23; Jan in, 23; M artí, 22; R ipoll, 20; M attei, 20.
La mayoría de los electos eran conocidos p o r su actividad o ten­
dencia anarquista, y su elección simboliza la etapa concreta del
vuelco evidente de la federación: de entidad general, pasó a ser
de orientación anarquista.127
Este vuelco asomó en la práctica en todo el curso del congreso:
los debates y resoluciones estaban marcados por las concepciones
anarquistas. Su comienzo, como se recuerda, arranca con el inciden­
te de la escisión de los 35 delegados socialistas, que representaban a
19 sindicatos. C uando se separaron los socialistas, el congreso no
sólo se reveló como exclusivamente anarquista sino que tam bién

12? El II Congreso finalizó, como era h a b itu a l tam bién e n otros congresos,
con varías declaraciones generales. U na d e ellas re p u d ia b a el clim a bélico que
creaban ios gobiernos d e C hile y A rgentina (debe acotarse que, en esos días,
se extinguía el clim a de guerra) y dirig ía saludos fraternales a los obreros
chilenos. Véanse las reacciones y observaciones con respecto a los estatutos en el
artículo de Pellico en L a Organización Obrera, septiem bre-noviem bre de 1901.
Para la reseña del curso del II Congreso se re cu rrió a las siguientes fuentes:

1) "El Congreso O b re ro ” ,L a P rotesta H um ana, 26 de a b ril de 1902;


2) “El Congreso O b re ro ”,L a Protesta H u m a n a , 17 de m ayo de J902;
3) "El Congreso O b re ro ”,L a Protesta H u m a n a , 24 de m ayo de 1Ü02;
4) "II Congreso O brero G rem ial de la Federación O brera A rg en tin a” , La Or­
ganización Obrera (9), ab ril, 1902;
5) El R ebelde, 10 de m ayo de 1902; 24 de ju n io de 1902 (inform e idéntico
al de ia P rotesta Humana)',
6) ‘‘El Congreso O b re ro ” , El Obrero, 29 de a b ril de 1902;
7) La Prensa, 20 de a b ril de 1902. H a b la sobre la división en la Federación
y dice; “E sta escisión fue m otivada p o r la intransigencia de los dos g ru ­
pos an arq u istas y s o c ia lis ta s ...”

Una descripción detallada sobre el curso d el congreso, basada en los in fo r­


mes de La Protesta H u m a n a , se e n cu e n tra tam b ién en: S. M arotta, o p. cit.,
pp. 121-133; D. A bad de S antillán, L a F O R A , op. cit., p p . 80-93. En este ú ltim o
libro es dable leer, asim ism o, u n a valoración num érica sobre el alcance de los
sindicatos obreros que se re tiraro n del congreso y los que qued aro n . Según esa
estimación, la división indica las siguientes dim ensiones: N úm ero de socios que
reúnen todas Jas sociedades re tirad a s del congreso: 1 780; n úm ero de socios
que reúnen las sociedades qu e p erm anecieron en el congreso: 7 630 socios. Sin
embargo, a) El a u to r no indica el origen de esas cifras, y es difícil fiarse e n su
credibilidad, b) Las cifras pertenecen sólo a los sindicatos d e la capital, d e m odo
que quizás sirvan como in d ic a d o r general p a ra juzgar la p ro p o rció n de re ti­
rados y restantes. Esas proporciones c am b iarían em pero luego.
Véase D. A bad de Santillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., p p . 80-84. A lgu­
nas anotaciones sobre el II Congreso d e la f o a , e n M ax N e ttla u (m anuscrito
en el iisg), xv,' p. 29-30.
222 H E G E M O N ÍA A N A R Q U IST A E N L A F O A ( 1 9 0 1 - 1 9 0 2 )

se esfumó cualquier posibilidad de convertir a la federación en un


organism o general que abarcara a todos los sindicatos obreros de
la Argentina, donde operaran tendencias dispares, anarquistas y
socialistas. El suceso tuvo repercusiones históricas y perpetuó la
división ideológica en los sindicatos obreros, du ran te los años sub­
siguientes.
¿Acaso la escisión de los delegados de las 19 organizaciones era
inevitable? ¿O fue un acto premeditado?
Los bandos rivales se acusaron recíprocam ente y se atribuyeron
designios maliciosos, que habrían provocado prem editadam ente la
escisión. La Organización Obrera, de la federación, habla en mayo
de 1902 de “alevosía socialista”, m encionando a Progreso de la
Boca (diario independíem e de ese barrio), " .. .q u e en sus núm e­
ros 315, de fecha 4 de mayo y 318, del 25 de ese mes, donde se
ratificó —dice— que el retiro de los delegados de filiación socialis­
ta del congreso obrero, no había sido por cuestión de T orcelli. .
sino que había sido acordado de antem ano por el comité ejecutivo
del Partido Socialista, con el fin de dem ostrar a la burguesía que
el P artido Socialista no tiene afinidad en ningún terreno con los
anarquistas”.128
Inform aciones contradictorias, que acusan por la división a la
dom inación anarquista en la federación, se publicaron en La Or­
ganización y La Vanguardia; el historiador socialista J. Oddone,
basándose en esto, repudia la conducta de los anarquistas en el
congreso: “Decididos a im ponerse por el núm ero a los delegados so­
cialistas, se pusieron con tiem po en contacto con las sociedades del
interior, gestionando las futuras delegaciones que las sociedades
otorgaron ignorando el uso que los solicitantes hacían de ellas.
H icieron más: en su ceguera sectaria, designaron delegados de so­
ciedades inexistentes, fraguaron delegaciones, falsificaron poderes,
en un proceder indecente e innoble. . .
La parcialidad y tendenciosidad de esas acusaciones (tanto de
anarquistas como de socialistas), las vuelven no fidedignas para
explicar la escisión; por falta de datos exactos nos circunscribi­
remos a exponerlas unas frente a otras. Para trata r de com prender
la división, recurrirem os a varios datos de trasfondo que facilita­
rán el entendim iento de las causas así como su carácter. Nos refe­
rimos anteriorm ente a las tendencias opuestas en las relaciones
anarco-socialistas en la federación, que no faltaron desde su creación
en mayo de 1901, y señalamos el “equilibrio delicado” en vísperas
del II Congreso. Ese “equilibrio”, a nuestro parecer, se creó por
128 “ Para la h isto ria ”, La Organización Obrera, m ayo 1902.
12a ). O ddone, G rem ialism o, op. cit., p. 93.
EL SEGUNDO CONGRESO DE LA FO A 223

la tendencia en el consejo federal de la f o a de p o s i b i l i t a r que to­


dos los sindicatos obreros del país participaran en el II Congreso,
fueran socios o no de la federación, incluso si se habían separa­
do.130 Semejante apertura del congreso, debía generar p o r la fuerza
tendencias contradictorias.
Anarquistas y socialistas (de diverso tipo, incluso adictos a La
Organización que querían la división) vieron la ocasión d e enfren­
tarse y de ejercer su influencia. Por un lado, entonces, se aflojó
el propósito separatista, mas por el otro creció la ansiedad por
ocupar posiciones y de ahí la susceptibilidad en cuanto a cargos
representativos, a problemas de mayoría o m inoría. De ahí tam ­
bién los reglamentos para definir explícitam ente cómo elegir de­
legados.131
En la controversia sobre la credencial de Torcelli y H. M attei,
la mayoría anarquista actuó según los reglamentos del consejo fe­
deral, a los que se ajustaba f o r m a l m e n t e . (Ver reglam entos más
arriba.) La credencial de Torcelli era defectuosa, según los regla­
mentos, pues representaba a un sindicato obrero del interior, sin
formar parte de él; por otro lado, no era asociado al sindicato obre­
ro de Buenos Aires, donde se realizaba el congreso, según el requi­
sito reglamentario. M attei, en cambio, sí era socio de e s e s i n d i c a t o
(oficios varios), pero precisamente la escrupulosidad en las cláusu­
las del reglam ento por parte de los anarquistas, despertaba sospe­
chas; no se trataba p o r cierto de fidelidad a los reglamentos, sino
q u e había una lu d ia por la hegemonía, un problem a d e mayoría
y m in o ría ... La votación agregó algo más: la m inoría socialista
era grande, y la m ayoría anarquista era pequeña, lo que explica
la insistencia en 1 10 renunciar a ninguna posición representativa,
Sea como fuere, el congreso exhibió que 1 10 había el m enor vestigio
de deseo de contem porizar, tal como ocurrió en el I Congreso;
la mayoría anarquista tampoco dio el m enor paso, no hizo el me­
nor gesto para halagar a la m inoría socialista, y viceversa.
Con esta realidad se desmoronó pronto el “equilibrio delicado”
frente al prim er obstáculo. El separatismo arrastró a todos los de­
legados socialistas (incluso m ilitantes dedicados a la f o a , como
Francisco Cúneo), y se fueron del congreso.
Los anarquistas no se alarm aron por la separación y siguieron
debatiendo los puntos del orden del día. T am bién se puede supo­
ner, razonablemente, que el alejam iento les satisfacía. Lo prueban

130 ‘‘Asamblea del com ité fed eral”, en La Organización Obrera, febrero 1902,
marzo 1902.
131 Ibid., m arzo 1902.
HEGEMONÍA ANARQUISTA EN LA FOA ( 1 9 0 1 - 1 9 0 2 )

los com entarios en La Protesta H um ana que saludaron alborozados


el suceso y lo llam aron "escisión benéfica”.132
A nuestro parecer, el II Congreso fue una tentativa de eludir
u n a realidad complicada, en medio de un clima de rivalidad por
la hegemonía con fuerzas casi iguales. La escisión, por lo tanto, no
fue un accidente imprevisto, pero tampoco hay que verla como el
producto de una prem editación alevosa. Fue la consecuencia for­
zosa de un proceso inevitable, en el que el incidente Torcelli no
pasó de ser u n pretexto, pues en el orden del día del congreso po­
dían haberse dado igualm ente otros pretextos.

i32 "incisión benéfica, observador”, La Protesta H u m a n a , 10 de m ayo de


1902; "C om batiendo u n peligro” , ibid., 26 de a b ril de 1902.
V. LA GRAN CONFRONTACIÓN Y LA PROMULGACIÓN
DE LA LEY DE RESIDENCIA •
(MAYO DE 1902-DICIEMBRE DE 1902)

ACTIVIDAD DE LOS ANARQUISTAS EN LOS SINDICATOS OBREROS


DESPUÉS DEL II CONGRESO DE LA FOA

La separación ele los 19 sindicatos obreros socialistas de la f o a no


convirtió a la federación en u n organismo anarquista exclusivo.
Los propios activistas anarquistas no la consideraban de ese modo
y la siguieron viendo como u n a esfera obrera que les ofrecía posi­
bilidad de actividad y propaganda, y se esmeraron por discernir
escrupulosamente entre las posiciones ideológicas que podían ser
aprobadas en u n círculo anarquista, y los enfoques o resoluciones
que se tom aban en una esfera trabajadora de esta naturaleza. U na
expresión de sem ejante discernim iento puede verse en uno de los
ejemplares de L a Protesta H um ana publicado casi al clausurarse el
II Congreso, en respuesta a las críticas form uladas por u n m ilitante
desde un punto de vista anarquista por el texto "tib io ” en la cláu­
sula sobre las cooperativas.1 El periódico adm ite que la resolu­
ción no se ajusta a la concepción anarquista pura, pero explica
que se trata de u na resolución tom ada por u n congreso obrero y
alega: "H ay diferencia entre u n congreso obrero y uno anarquista;
en un congreso obrero no puede prevalecer u n criterio em inente­
mente anarquista.”
Esta respuesta se explica sobre el fondo de un enfoque teórico
más general, que reconoce la vitalidad de la actividad anarquista
dentro de esferas gremiales. U na expresión de este enfoque la da
un editorial en el núm ero d e La Protesta H um ana que apareció en
seguida después de finalizar el II Congreso, Desde u n comienzo
plantea la cuestión básica:

¿Cómo re a liz a r e sta t a n d e c a n ta d a re v o lu c ió n social, q u e . . . a b ra paso


al socialism o a n á rq u ic o ?

Y después de indicar varias posibilidades no satisfactorias, así


como enfoques irreales (tanto de los reformistas como de los revo­
lucionarios extremistas) argum enta:

1 "S o b re cooperativism o”, en La Protesta H u m a n a , SO de m ayo d e 1902.


[2251

11 f de 233
226 L A GRAN C O N FR O N T A C IÓ N ( M A YO -D IC IE M B R E DE 1 9 0 2 )

C re o e q u iv o c a d o , d a ñ in o e l c o n c e p to d e n o c o n s id e r a r a p to s p a ra p re ­
p a r a r e l p o rv e n ir , a to d o a c to o to d a in s titu c ió n q u e n o s e a n c o m p le ta ­
m e n te a n a rq u is ta s ,

¥ seguidamente, am plía su enfoque:

N o p o d re m o s r e s tr in g ir n u e s tra c o tid ia n a l a b o r a la fo rm a c ió n y a l soste­


n im ie n to d e p e q u e ñ o s n ú c le o s d e a n a rq u is ta s p a r a a y u d a r a la p ro p a g a n ­
d a o r a l y e sc rita d e n u e stro s p r i n c i p i o s , . . s in o q u e d e b e re m o s e x te n d e r
a q u é lla h a s ta el p u n t o d e h a c e r s e n tir c a d a u n o d e n o so tro s su in flu e n c ia
e n tr e el e le m e n to q u e fre c u e n ta m o s y c o n el c u a l c o n v iv im o s: el tr a b a ja ­
d o r e n tr e sus c o m p a ñ e ro s d e fa tig as, el a r tis ta e n tr e los a rtista s, los h o m ­
b re s d e c ie n c ia e n tr e to d a s sus r e l a c i o n e s .. .
H a y c e n te n a re s d e aso c ia cio n e s e n las c u a le s p o d e m o s y d e b e m o s e n ­
t r a r [ja ra h a c e r s e n tir la b e n é fic a in f lu e n c ia d e n u e s tro s id ea les.

Pero, al mismo tiempo, el artículo reitera la im portancia de ve­


lar por las células separadas:

N o q u ie re d e c ir esto q u e 110 c o n sid e ra m o s c o n v e n ie n te la f o rm a c ió n y el


m a n te n im ie n to d e n ú c le o s c o m p u e sto s p u r a y e x c lu s iv a m e n te p o r a n a r­
q u ista s , c u y a e sp e c ia l m is ió n sea la d e v e la r in c e s a n te m e n te p a r a q u e
n o se d e s fig u re e l id e a l. C re em o s q u e tale s n ú c le o s p u e d e n se rv ir d e cri­
sol d o n d e ir p u r if ic á n d o s e d e los d e tr ito s q u e p u d i e r a n h a b e r s e a d h e rid o
a l ro z a r c o n g e n te s q u e s ie n ta n d e m o d o m u y d is tin to d e n o s o tro s . . . 2

Creemos que estas líneas ocultan el enfoque básico que guiaba


la actividad anarquista de ese año. En eso se refleja la teoría del
progreso por líneas paralelas, que Pellico expresó en su artículo
(ya mencionado) y que se n u tría de la tradición anarquista euro­
pea de la Alianza bakuniniana en los tiempos de la I Internacional.
U na evolución muy significativa en el dom inio de las relaciones
internas, dentro del sector anarquista, se operó apenas finalizó el
II Congreso de la f o a , cuando se acercaron los círculos de E l R e­
belde a la actividad de los sindicatos obreros y a la f o a . U n pri­
m er indicio evidente fue el inform e sobre el II Congreso, que el
periódico copió textualm ente de La Protesta Plumaria y que pre­
sentó con 1111 acápite llamativo:
E s ta n d o d e a c u e rd o e sta R e d a c c ió n c o n lo p u b lic a d o p o r n u e s tro colega
L a P ro te s ta H u m a n a , r e f e r e n te a l C o n g re so O b re ro , lle v a d o a c a b o en
a b r il ú ltim o , y n o te n ie n d o n a d a q u e o b s e rv a r e n lo e x p u e s to p o r él
(h a s ta e l p re s e n te ) r e p ro d u c im o s t e x tu a lm e n te lo q u e h a s ta la fe c h a llev a
p u b lic a d o .3

2 “ El anarq u ism o ", en La Protesta H u m a n a , 26 de a b ril de 1902.


3 "E l Congreso O b re ro ”, en E l R ebelde, 10 de m ayo y 24 de ju n io de 1902.
DESPUÉS D EL II CONGRESO DE LA FO A 227

No cabe duda que un factor que apresuró esta aproxim ación,


fue la separación de los sindicatos socialistas de la f o a . E n un
artículo con impresiones sobre el congreso,4 se expresa complacen­
cia por el alejam iento de esos sindicatos, cuyo único propósito

—en opinión del autor— consiste en dar u n m atiz político a la
federación y convertirla en un instrum ento al servicio del Partido
Socialista. “Pero la federación com prendió que la em ancipación
de los trabajadores no reside en la política, y h a despreciado, como
se merece, los buenos deseos de los farsantes.”
El autor exalta la m archa de la Federación y sus sindicatos por
el camino de la lucha económica directa, por el progreso m aterial
y moral de los trabajadores.
El acercamiento entre los grupos anarquistas que en el pasado
lucharon am argam ente en torno a esos problemas, se vio acompa­
ñado por la dism inución de divergencias, sobre todo respecto a un
punto de discordia principal: el tópico de la organización. U na
noticia breve insertada en La Protesta H um ana, es m uy insinuante:

A iniciativa del Centro Caballeros del Ideal y del Círculo de Estudios


de la Boca tuvo lugar el domingo pasado una reunión de los susodichos
grupos, a objeto de poner fin a las divergencias surgidas entre el com­
pañero Spartaco Zeo (de los círculos de El Rebelde) y el grupo L’Avve­
nire, con motivo de la cuestión de táctica (organización y antiorganiza­
ción) , polémica que trascendió más allá de lo necesario.
Con satisfacción ponemos en conocimiento de los compañeros que la
engorrosa cuestión ha sido resuelta del modo más satisfactorio para am­
bas partes.5

Informaciones más precisas publicó El Obrero, vocero del sindi­


cato de obreros panaderos, anarquista, que desde u n principio era
activamente adicto a la organización. U n artículo de polémica con
El Rebelde sobre la vitalidad de la federación, dice:

Es sabido por todos que en el campo antiorganizador se ha operado una


gran evolución. Negaban la eficacia de las sociedades de resistencia...
hoy reconocen que para luchar con ventaja contra la prepotencia capita­
lista es necesario organizar al proletariado. .. Ingresan en las sociedades
obreras y toman parte activa en ellas.

Pero el acercamiento no era completo, según se desprende de lo


que dice el articulista:

* “Im presiones d el Congreso O brero", e n E l R ebelde, 31 de m ayo de 1902.


6 La Protesta H u m a n a , 19 de a b ril d e 1902.
228 LA GRAN CONFRONTACIÓN (M AYO-DICIEM BRE D E 1902)

Manifiestan todavía, sus escrúpulos: aceptan la organización de las so­


ciedades de resistencia, pero no la federación de las mismas. . . 6

Sea como fuere, au n esta aproxim ación parcial fue im portante, a


nuestro entender, y señaló u n vuelco significativo en las relaciones
entre los rivales dentro del sector anarquista. A p artir de entonces
empezó a reducirse la prolongada discusión en el anarquism o de la
Argentina, entre los “organizadores” y los “antiorganizadores”, y
por últim o desapareció. T odos los círculos anarquistas (excepto los
anarco-individualistas) se dedicaron con insistencia a la actividad^
en los sindicatos. No desapareció la diferencia respecto a la orga­
nización, la iniciativa, la espontaneidad, la violencia, etc., pero ya
no fueron fuente de contradicciones internas considerables, como
en el pasado. Los anarquistas trasfirieron el centro de gravedad de
su actividad a la lucha contra el enemigo externo: el gobierno, íos
empleadores, la Iglesia, el ejército, etc. T am bién contra sus rivales
ideológicos en el m ovim iento obrero: los socialistas y las organi­
zaciones católicas. Se inició para ellos u n a época de lucha cruel,
precisam ente en el año 1902.

ANARQUISTAS ACTIVOS Y CÍRCULOS ANARQUISTAS EN 1902

Es cierto, tras el II Congreso de la f o a las luchas obreras se tor­


naron el campo de acción principal de la mayor parte de trabaja­
dores anarquistas. En esta realidad, empero, no contaron con la
presencia de P. Gori, el hom bre que en los últim os cuatro años
bregó por ello sin tregua y cuya contribución a sem ejante activi­
dad, en ese m om ento, podía haber sido m uy valiosa. P. Gori se
vio obligado a abandonar la A rgentina, por disposición médica, a
comienzos de 1902, y volvió a Italia. H asta el últim o m om ento dé
su estada participó con afán en el quehacer obrero y en huelgas, y
la víspera misma de su partida trató de apoyar la huelga de Ro­
sario, antes de la proclam ación de la huelga general.7 L a posición
notable q ue alcanzó por su actividad en la Argentina, se expresó
en una conmovedora despedida organizada por círculos como La
Societá Científica y el Círculo de Prensa. P. Gori, en el acto de
marras, habló de los círculos que no estaban presentes en la re­
unión, pero con los cuales actuó; en su discurso envió u n saludo
“a la América que piensa y trabaja” .8 N o cabe eluda que la partida
6 "E scrúpulos de los antiorganizadores” , en E l O drero, 29 de a b ril d e 1902.
7 “ Rosario. La huelga de estibadores” , en L a Prensa, 11 de enero de 1902.
s "C onferencia de P. G o ri”, en La Prensa, 13 de enero de 1902.
ANARQUISTAS ACTIVOS Y CÍRCULOS ANAK.Quiai.fvo

de P, Gori en 1902 significó una pérdida p ira el m ovim iento anar­


quista, y su influencia m oderadora por cierto faltó en las grandes
tempestades en la f o a y en las luchas de los trabajadores.
Pero el m ovimiento anarquista en la A rgentina, en ese entonces,
ya se había ram ificado y entrelazado en muchos dom inios de su
actividad, a la vez que contaba con muchos m ilitantes aptos para
la conducción de las campañas sociales,® P or lo tanto, pese a la
partida de Gori, el alcance de la acción anarquista en 1902 no se
redujo; por el contrario fue u n año de m ucha intensidad, tanto
en los sindicatos obreros como en los propios circuios anarquistas.
En 1902 prosiguió, a u n ritm o intensificado, la creación de círcu­
los de discusión, de propaganda y de instrucción, cum plieron una
labor estable, sólida, e incluso adquirieron sedes perm anentes o,
también, se esfumaron al poco tiem po. Sea como fuere, se trató
de un año activo.
En especial descolló la labor de los grupos más antiguos, que
celebraban asambleas y reuniones artísticas, cuyos ingresos se des­
tinaban a la propaganda, sobre todo a la financiación de ediciones
de folletos y libros; en este dom inio sobresalió el grupo Los Caba­
lleros del Ideal, que con sus actividades perm anentes adquirió re­
nombre tam bién entre los círculos no anarquistas; aun La Prensa
insertaba en sus colum nas noticias sobre la actividad que desple­
gaba.10 Otro grupo veterano, que obraba de m anera parecida, era
el Defensores de Nuevas Ideas. Este grupo se destacó por las asam­
bleas de esclarecimiento, actos artísticos, representaciones teatrales,
etc., que congregaban a m ucho público y que deparaban ingresos
que se destinaban a la propaganda y eran divididos por igual para
los periódicos L ’Avvenire y La Protesta H um ana, así como para El
Rebelde.11 ,■
El grupo anarquista italiano L ’A w en ire evidenció una actividad
esencial: a comienzos de año, en febrero, trató de crear una federa­
ción de los grupos anarco-socialistas en Buenos Aires,12 Para ello
se convocó una asamblea general el 29 de febrero y en el orden
del día figuraba, detalladam ente, el punto relativo a la federación,

9 D. Abad de S antillán en u m era u n a larga lista de discípulos de P. G ori


(aunque cabe señ alar q u e sólo p a rte de ellos recibieron su influencia y p u e d en
ser tenidos en cuenta como sus condiscípulos y condm iadores). E l m ovim ien to
anarquista, op. cit., p p . 77-78.
10 “ /Asociaciones y grem ios” , en La Prensa, 1 de ju n io , 7 de ju lio y 31 de
agosto de 1902.
” La Protesta H um ana, 24 de m ayo de 1902; 15 de noviem bre de 1902; El
Rebelde, 12 de enero de 1902; 31 de m ayo d e 1902; La Prensa, 13 de ju lio de
1902; 28 de septiem bre d e 1902.
i 2 l.a Protesta H um ana, ¡5 de febrero de 1902.
230 LA GRAN CONFRONTACIÓN (MAYODICIEM BRE DE 1 9 0 2 )

u n plan para h ab ilitar filiales nuevas en diversos barrios de la


capital y para form ar u n consejo central coordinador de todas las
tareas, que h ab ían llegado a u n grado muy ramificado. La vas la
actividad del grupo L ’Avvenire, du ran te todos esos años, adquiriría
u n impulso considerable en noviembre, a p a rtir de la habilitación
del centro de propaganda; el día en que estalló la huelga general,
el círculo se aprestaba a celebrar una gran asamblea de militantes
dedicados a la propaganda, en Buenos Aires, para recaudar fondos
destinados a ese objeto.13
O tro círculo que se hizo famoso por su actividad vasta y espe­
cial, fue Los Libertarios de Corrales. M antuvo m ucho tiem po la
Escuela L ibertaria, para jóvenes y adultos. La financiaba por me­
dio de contribuciones y con reuniones artísticas, cuyos ingresos
consagraba a esa m eta.14
En 1902 surgieron tam bién grupos nuevos, que pronto se hicie­
ron de renom bre por su actividad. El más destacado fue La An­
torcha, creado expresam ente para prom over el “anarco-comunis-
m o”. Ello im plicaba cierto cambio, pues en los últim os años la
actividad se centraba en grupos que se autodenom inaban “anarco-
socialistas”. U no de los hom bres más activos en esos grupos fue
Spartaco Zeo, de quien se dijo que logró contem porizar con adic­
tos a la “organización” y partidarios de la “antiorganización” (ver
más arriba). A La A ntorcha le cupo un papel unificador entre los
anarco-comunistas y entre todos los grupos anarquistas de Buenos
Aires. Se contó entre los más activos, como se desprende de las
abundantes noticias publicadas.15
Asimismo había otros grupos, menos conocidos pero al parecer
intensos: Los M alhechores H onrados, que en su breve existencia
contó con u na sede perm anente y publicó u n a revista;16 El Sol,
en el este de Buenos Aires; La Em ancipación H um ana, T ierra y
Libertad, Los Conscientes, G erm inal,17 todos de la capital.
En el in terior funcionaron grupos en los siguientes parajes; R o­
sario, O radores Libertarios y Solidaridad; M ar del Plata, Los Hijos
del T rabajo; Zárate, La Idea Avanza; Mendoza, Pensam iento y

13 E sta asam blea, p o r supuesto, fue diferida. A ún nos referirem os al signifi­


cado de este hecho.
w L a Prensa, 27 de m ayo de 1902.
is La P rotesta H u m a n a , 26 de julio de 1902; 8 de noviem bre de 1902; 15de
noviem bre de 1902; E l R ebelde, 24 de ju n io de 1902; La Prensa, 6 de agosto
de 1902.
L a Protesta H u m a n a , 15 de febrero de 1902; 22 de febrero de 1902.
i? L a Protesta H u m a n a , 8 de noviem bre de 1902 ; 21 de ju n io de 1902;El
R eb eld e, 23 de agosto de 1902, 17 de ju lio de 1902; L ’A vvenire, 7 de noviem ­
bre de 1902.
LA ACTIVIDAD DE LA CASA DEL PUEBLO 231
Acción; San Nicolás, N uestro Ideal es A n trq u ía. H u b o otros gru­
pos más pequeños en B aníield, Pergam ino, Santa Fe y La Plata.18
La actividad en el in terio r se estim uló intensam ente por medio
de giras de propaganda, cum plidas por hom bres talentosos y des­
tacados, como ser: P. G uaglianone, F. Basterra, D. G arfagnini, Vir­
ginia Bolten, G, Inglán, A. M ontesano, O. R istori.18 Solían reco­
r r e r distintas localidades en nom bre del comité federal de la f o a y
fundaban sindicatos obreros, a la vez que realizaban encuestas so­
bre la situación d e los obreros y encaraban las posibilidades d e
organización. Los emisarios de la f o a pronunciaban conferencias,
en los sindicatos obreros y en los circuios anarquistas. Esta conju­
gación se em prendió después del II Congreso.20

LA ACTIVIDAD DE LA CASA DEL PUEBLO EN BUENOS AIRES

En 1902, cuando reanudó su actividad la Casa del Pueblo, adqui­


rió nuevo ímpetu la propaganda en Buenos Aires. Hasta 1899 se
hicieron intentos, en ese sentido, pero no tuvieron éxito (véase ca­
pítulo II). Otras tentativas, en 1900, tam bién se vieron frustradas
por dificultades financieras y por la hostilidad policial.21 Pero no
obstante los anarquistas lograron erigir casas del pueblo en Rosa­
rio y en Bahía Blanca, en el interior del país. Sobre la labor de
la Casa del Pueblo en Rosario se publicaba» con frecuencia, una
información minuciosa en La Protesta H u m a n a : cartas de Rosario,
balance de cuentas y noticias de la actividad.22 U na im agen aná­
loga se obtiene de la labor de la Casa del Pueblo en Bahía Blanca.23
Las necesidades acrecentadas de la propaganda en Buenos Aires

M La Protesta Plumaria, 9 de agosto de 1902; 23 de agosto de 1902; E l R e ­


belde, 24- de ju n io de 1902.
n> La Protesta H u m a n a , 19 de a b ril de J9Q2; 25 de o ctubre de 1902; 1 de:
diciembre de 1902; L a Prensa, 16 de o c tu b re de 1902.
20 “G ira de p ro p a g an d a ” , La Organización Obrera, o c tu b re d e 1902.
E n septiem bre de 1900 se form ó u n g rupo p o r iniciativa de Ros y ex h o r­
tó a crear u n fondo m onetario p a ra erig ir la Casa del Pueblo, p o r m edio de la
venta de acciones de 10 pesos cada u n a a los adherentes. U n p la n d etallad o
se publicó en u n a c ircular “A los lib e rtario s” (una copia d e la c ircular se h alla
en el archivo de la use, en la colección de M. N e ttla u , legajo 1900), El p la n ­
te pareció dem asiado “in stitucionalizado" (fondos, base ju ríd ic a, reglam entos,,
etcétera) a los m iem bros anarquistas, suscitó oposición y fue d ejado de lado.
22 La Protesta H u m a n a , 12 de enero de 1901; 26 d e enero d e 1901; 30 de
enero de 1901.
23 La Protesta H u m a n a , 30 de m arzo de 1901; L a A gitación (B ahía Blanca),.
1 de diciem bre d e 1901.
a q o
404 I.A GRAN CONFRONTACIÓN (M AYO-DICIEM BRE DE 11*02)

— debido al alcance m ayor de la actividad en los sindicatos obre­


ros, después de crearse la f o a — hicieron sentir la falta de una sede
central que englobara instituciones vitales: salas de reunión, bi­
blioteca, oficinas de los sindicatos, sede para que se reúnan los
trabajadores, etc. El tem a se discutió en el Com ité Federal en 1901
y se resolvió procurar la com pra de una casa en la capital.24
L a iniciativa recibió u n gran im pulso en abril de 1902, durante
la huelga de los cocheros de Buenos Aires, Un hom bre, el ingenie­
ro Peduzzi, puso a disposición de los huelguistas la sala grande del
“Skating R ing”, en la calle Charcas, que no se usaba en esa época
y era de su propiedad. Los huelguistas convirtieron el Skating
R ing en la sede del consejo obrero, donde celebraron asambleas
generales y donde funcionaba el com ando de la huelga en los pri­
meros días después de su estallido. Las asambleas en esa sala am­
plia —q ue daba cabida a cientos de huelguistas— motivó que la
policía iniciara una cam paña de hostigam iento cuya consecuencia
inm ediata fue que, ocho días después, prohibiera las aglomeracio­
nes so pretexto de falta de servicios sanitarios adecuados. , . Des­
pués de que este hostigam iento dejara de ser unilateral, la policía
“cercó” el local y, en consecuencia, el comando de la huelga tuvo
que cam biar de lugar su sede.25
Pese al im portante papel que desempeñó la sala del Skating
Ring, y al carácter de Casa del Pueblo que se le otorgó, no todos
los anarquistas de la f o a estaban conformes. La gente de La Pro­
testa H um ana, por ejemplo, recelaba del ingeniero Peduzzi, quien
procuraba obtener ventajas para la “empresa privada” de otra per­
sona; paralelam ente, desde marzo de 1902 los adictos a La Protesta
H um ana se esmeraban por erigir la Casa del Pueblo.26 Sobre el tras-
fondo de iniciativas paralelas y contradictorias de círculos distin­
tos entre los anarquistas, se resolvió convocar u n a reunión para
d ebatir el tema en mayo de 1902.27 En esa reunión se comprobó
que había dos grupos que pretendían, sim ultáneam ente, la misma
acción y que se recelaban m utuam ente, razón por la cual se nom­
bró u n comité conjunto, pero la ejecución se dem oró,28 a la vez

La Protesta H um ana, 28 de diciem bre de 1901.


La Prensa, 1 de a b ril de 1902; 4 d e a b ril de 1902; 7 d e a b ril d e 1902; 8 de
a b ril de 1902. U u a descripción detallada tam bién e n el periódico de la Casa
del Pueblo, E l Trabajo (Buenos Aires), 26 de ju n io de 1902, p . 6.
2|5 D. A bad de S antillán, E l m ovim ien to anarquista, op. cit., pp, 88-89. Según
su descripción, ya en m arzo de 1902 se p u b licó u n llam ado con las firm as de
A. Bernasconx, M, Pavas, J. Pavlovich, F. B asterra, G. In g lán L afarga, A. Mon-
tesano.
La Protesta H tunana, 30 de m ayo de 1902.
23 “Sobre la Casa del P u e b lo ”, La Protesta H um ana, 21 de ju n io de 1902.
I.A ACTIVIDAD DE LA CASA DEL PUEBLO 2,5 $
8
que se intentaba empezar la Casa del Pueblo en el local del Skating
Ring. T am bién La Prensa inform ó sobre la habilitación de la Casa
del Pueblo en el local citado, en la calle Charcas: anunció que allí
funcionarían, a partir del 25 de mayo de 1902, oficinas de sindica­
tos obreros y u n a bolsa de trabajo.29 Poco después, el 26 de junio
de 1902, la comisión de la Casa del Pueblo publicó u n órgano ti­
tulado El Trabajo, que perm itía saber el carácter de la empresa, su
índole y sus planes. El artículo editorial en ese núm ero —"La Casa
del Pueblo y su im portancia en la vida pública”— declara que:

La Casa del Pueblo está abierta para todos los asalariados, sin distinción
de nacionalidad ni de opinión. N o se exigen profesiones de f e . . . La
Casa del P u e b lo no puede ser —y no es— la expresión de u n p a rtid o . . .

En cuanto a los propósitos del periódico, se dice en términos


generales, sin m encionar el térm ino ¡anarquismo!; “Agruparemos
las ideas que germ inan aisladas e inconexas en nuestras fila s ...
haremos co m p re n d er.. . la falsedad de instituciones como la R eli­
gión, el Estado, la Patria, la Propiedad, la F a m ilia ..
El periódico ofrece asimismo un program a de instrucción para
los obreros, y en u n artículo extenso traza u n bosquejo de la U ni­
versidad Popular, que debiera ser la fuente de instrucción de los
trabajadores, sin el formalismo ni el dogmatismo que caracteriza
ban a la universidad de esa época. Al final, los estudiosos que
desean prestar su apoyo, son llamados a acudir a la Casa para
agruparse en grupos afines y com partir el trabajo inherente a la
Universidad Popular. En el mismo núm ero se inform a igualm ente
sobre la asamblea extraordinaria de socios, que resolvió crear las
instituciones de la Casa del Pueblo, a saber: la Comisión General
Administrativa, que redactará los estatutos de la Bolsa de T rabajo,
fijará días especiales para las reuniones de cada gremio. La asam­
blea eligió tam bién tres delegados para apersonarse a la Federación
Obrera Argentina con el objeto de tram itar u n acuerdo.
Por lo tanto se com probó que la iniciativa y la obra no estuvie­
ron coordinadas con los afiliados activos en la f o a , y sin embargo
otro artículo en ese periódico insinúa relaciones hostiles en el seno
de esos círculos30 hacia los promotores de ía Casa. La tensión en­
tre los grupos prom otores de la Casa del Pueblo, encabezados por
28 “Asociaciones y gremios”, L a Prensa, 27 de mayo de 1902.
so “ . . . E s o s pocos m iserables que aprovechando la inm erecida posición que
ocupan en la Federación O brera A rgentina y que disponiendo a su a rb itrio
de la prensa lib e rtaria h a n com batido la g ran iniciativa de la Casa d el Pueblo
con viles insinuaciones, calum nias y p repotencias.” "A los amigos d e la Casa del
Pu eblo”, El T rabajo, 26 de ju n io de 1902.
234 LA GRAN C O N FR O N T A C IÓ N (M A Y O -D IC IE M BR E DE 1 9 0 2 )

Peduzzi, y los miembros activos de la f o a se expresó tam bién en la


prensa anarquista y sirvió de pretexto para las divergencias. El
R ebelde reflejó prim ero la posición que aprobaba sin reticencias
la iniciativa de la Casa del Pueblo. C uando se supo de su concreción
criticó a los afiliados a la f o a que “en nom bre de una mentida
libertad quieren coartar la espontánea iniciativa de individuos
que saliéndose de lo rutinario quieren producir algo que mueva
y q ue haga retem blar los órganos sensitivos de la masa oprim ida”.31
Pero ya en el núm ero siguiente El R ebelde se abstuvo del apoyo
sin tapujos a los prom otores de la Casa del Pueblo e insertó dos
cartas, que representaban posiciones contradictorias respecto al
tema. U na acusaba a los prom otores de tal empresa de engañar
al público, de corrupción; la otra, saludaba la iniciativa y exhor­
taba a erigir una sede del consejo que perm aneciera abierta no
sólo para los anarquistas.32
Si en E l R ebelde había vacilaciones, en La Protesta H um ana no
se ocultaba la censura a la forma y al contenido de la adm inistra­
ción de la Casa del Pueblo, sobre todo por el hecho de que se die­
ron demasiadas atribuciones a una sola persona —el ingeniero
Peduzzi—, cuyos móviles parecían nebulosos, por lo que acechaba
la amenaza de corrupción y fraude.83 A. G hiraldo trató de acercar
a los bandos rivales, reducir las desavenencias y atraer a todos los
anarquistas de Buenos Aires en apoyo de la Casa del Pueblo: lo
in ten tó en u n discurso que pronunció el 3 de agosto de 1902.34
Pero no tuvo éxito. Las discrepancias siguieron socavando las rela­
ciones y obstruyeron cualquier actividad. A fines de agosto se
anunció que Peduzzi y sus amigos fueron apartados de la comisión
directiva de la Casa y que se negociaba con el sindicato de panade­
ros para que la compre.38 Al mes, sin embargo, se resolvió no com­
p ra r el edificio del Skating Ring, por ser inapropiado y requerir
muchas inversiones para su reparación. El inform e de la comisión

“ Casa del P u e b lo ”, E l R eb eld e, 24 de jim io de 1902.


32 “ Casa del P u e b lo ”, E l R eb eld e, 17 de ju lio de 1902.
33 La Protesta H u m a n a , 7 de ju n io de 1902; D. A bad de Santillán, M ovi­
m ie n to anarquista, op. cit., p. 89.
s* “ H oy p o r hoy hay q u e unirse, congregarse a lrededor del proyecto dándole
cada u n o la v italid ad de que disponga y an tep o n ien d o a sus cálculos egoístas
la herm osa idea d e s o lid a rid a d ... ¿Q ué se h a solicitado? La adhesión de los
obreros p a ra co n stru ir esta casa. ¿Q ué se h a logrado? L a desunión entre sus
lilas. ¿Y p o r qué? P o rq u e no se tiene confianza, se dice p o r u n lado, en los
iniciadores de la idea; p o rq u e hay prom esas m entidas o engañosas, y especu­
lación, se exclam a p o r o t r o . . . ” A. G hirald o , ‘‘Casa del P u e b lo ”, E l Sol, 15 de
agosto de 19Ü2.
“ M ovim iento o b re ro ”, La Protesta H u m a n a , 23 de agosto d e 1902.
AM PLIACIÓN DE LA ACTIVIDAD j#<A R Q U IST A 235

renunciante acusó a su grupo de defraudación de d in e ro 36 y así


terminó este capítulo que al comienzo despertara tantas esperanzas
pero que luego desembocó en escándalos que enturbiaron las rela­
ciones entre los anarquistas,37 El episodio —que preocupó al movi­
miento du ran te varios meses.— tuvo pasajes turbios, pero resaltó
en ese período la dinám ica de crecim iento del anarquism o en la
Argentina.

AMPLIACIÓN DE LA ACTIVIDAD ANARQUISTA, PROBLEMAS,


TEMORES Y LOGROS

La am pliación de la actividad anarquista y su ram ificación en los


sindicatos obreros, acrecentó el núm ero de círculos y de personas
que se autodeíinieron anarquistas; pero este hecho no siem pre sa­
tisfizo a una parte de los anarquistas veteranos, sobre todo en los
círculos de los “puristas” anarco-comunistas, adictos a E l Rebelde.
Temieron que la am pliación socavara la calidad y redujera el gra­
do de conciencia dej circulo de activos. U n articulo de censura
acerba, publicado en E l R ebelde, dio expresión a ese pensar; criti­
caba a los presuntos “anarquistas” que se hab ían sum ado últim a­
mente a las filas sin saber nada sobre la teoría anarquista y sin
estar dispuestos a llevar un estilo de vida propio d e anarquistas.
Con sarcasmo, el articulista se b u rla del tipo de actividad que los
distingue;

Con ir de reunión a un club, a hablar... o a hacer, para lucirse, la


oposición a un compañero. . . no gana la anarquía un palmo de terreno.
Menos gana todavía con esos “viva” y esos “muera” que en ocasión se
oyen, a u sanza de partidos políticos... De solidaridad no hablamos; cada
uno va por su lado. . .

A continuación critica la hipocresía de ciertos círculos de anar­


quistas vocingleros, que se conform an con gritos: "¡Viva la anar­
quía. . .! y después. . . a engañar al com pañero.. . a em borrachar­
se lo más anárquicam ente p o sib le ... a jugar el producto del tra­
bajo. . . y siempre Viva la anarquía.” El artículo term ina con una
“Sobre la Casa del P u e b lo ”, L a Protesta H u m a n a , 27 d e sep tiem b re de
1902.
3? Respecto al lu gar de este suceso e n la vid a d el m o v im ien to , sirve de
prueba el exam en m in u cio so d e la i n f o r m a c i ó n s o b r e el queh acer anarquista
en el p eriódico d el anarq u ism o f r a n c é s Les T e m p s N o u v ea u x , d el 20-26 d e
septiem bre de 1902, p p . 2-3.
236 I,A GRAN C O N FR O N T A C IÓ N (M A YG-DICIEM ERE DE 1902)

crítica im placable: “decididam ente, de entre los titulados anarquis­


tas, hay m ucha escoria, m u ch ísim a .. , ” 38
Este estado de ánim o — y temores en cuanto a la am pliación ace­
lerada del anarquism o, a raíz de la actividad en los sindicatos
obreros y en las esferas generales— se acentuó sobre todo entre los
adictos a E l Rebelde, pues, si bien habían decidido actuar en los
sindicatos, vieron alejarse a los grupos anarquistas de la tradición
de los “grupos de afinidad”, por lo cual en especial criticaron a
las esferas de la federación.39
O tra apreciación respecto del crecimiento producido por la ac­
tividad desplegada en los sindicatos y en la federación, fue expre­
sada por La Protesta H um ana y L ’Avvenire, quienes lo considera­
ron un fenómeno positivo y los llenó de optimismo:

L o s h echos, n o las teo rías, tie n d e n c a d a d ía a c o n v e rtir a las sociedades


d e re siste n c ia en a g ru p a c io n e s re v o lu c io n a ria s , a p ta s, n o só lo p a r a m e jo ­
r a r e n algo la s itu a c ió n e c o n ó m ic a y m o ra l d e los tra b a ja d o re s , sin o q u e
ta m b ié n p a r a lib e ra rlo s d e to d a tu te la e c o n ó m ic a , p o lític a y r e l i g i o s a .. .
D ifíc ilm e n te p u e d e a c tu a lm e n te el a n a r q u is ta e n c o n tr a r u n l u g a r m ás
a p to p a r a p r o p a g a r n u e s tro id e a l. L o s h e c h o s e n c á rg a m e d e d e m o stra r
l a b o n d a d d e n u e s tro id e a l y d e la tá c tic a a él a te n i d a .10

En los círculos de L a Protesta H um ana cundió la certeza de que


la actividad anarquista en esferas amplias, como los sindicatos obre­
ros, obligan a m oderar las esperanzas:

C ie rto q u e n o p o d e m o s p r e te n d e r , a l in g re s a r e n a g ru p a c io n e s q u e no
e stá n e x c lu s iv a m e n te c o m p u e sta s p o r a n a rq u is ta s , q u e re c h a c e n to d a r e ­
g la m e n ta c ió n , to d o a u t o r i t a r i s m o .. . p e r o n u e s tr a l a b o r e stá p re c isa m e n te
e n d e m o s tra rle s q u e si q u ie r e n se r lógicos, c o n se c u e n te s c o n sus p ro p ó s i­
tos, d e b e n se r e n e m ig o s d e to d o g é n e ro d e a u to r i t a r i s m o . . . 41

Los enfoques y actitudes “m oderados” qtie se revelaron en círcu­


los de La Protesta H um ana y L ’Avvenire —al am pliarse la activi­
dad y la colaboración en los sindicatos obreros— creó la impresión,
entre algunos de los dirigentes socialistas, que se había iniciado el
“desarrollo” de los anarquistas hacia el enfoque socialista. E. Dick-
m an lo señaló en una carta a L a Vanguardia, pero en seguida le
contestó La Protesta H um ana negando la presunta "aproxim a­
ción” de anarquistas al socialismo y afirm ando, en cambio, que la

88 Lydia F. Pelea, "H ablem os cla ro ”, e n E l R eb eld e, 20 de febrero de 1902.


39 “Federación y libre acu erd o ”, en E l R ebelde, 29 de m arzo de 1902.
40 “Form as de p ro p a g an d a ”, en L a Protesta H u m a n a , 24 de m ayo de 1902.
41 “E l a n arq u ism o ”, en La Protesta H um ana, 30 de agosto de 1902.
AM PLIACIÓN DE LA ACTIVIDAD ANARQUISTA 237

actitud actual de entrelazar la actividad anarquista con la lucha


obrera, es el camino correcto del anarqusim o:

Dickman pretende dem ostrar nuestra pretendida evolución valiéndose


del gastado argum ento de que los anarquistas ayer éramos adversarios de
las sociedades obreras, pero podríam os dem ostrarle que todo el movi­
miento obrero de E sp a ñ a , es obra de los anarquistas, podríam os igual­
mente probarle que en Francia y en Italia, en N orteam érica y aún en
Bélgica, etc., se debe el nacim iento del m ovim iento obrero a la actividad
y a la propaganda de los anarquistas.
Aquí mismo en la A rg e n tin a. . , debe recordar Dickman que los prim e­
ros ensayos de organización y las prim eras agitaciones obreras se deben
a los anarquistas.
Podrá citarnos Dickm an que aquí y en otros países hubo individuos y
periódicos que declarándose anarquistas com batieron la organización gre­
mial; no lo negamos. Se explica ello por la c o n fu sió n ... al lado de esos
periodiquines. . . podríam os citar muchos otros redactados y m antenidos
por el elemento verdaderam ente consciente, que nacieron propagando la
organización o b r e r a .. . í2

T al posición inequívoca adicta a la actividad anarquista en las


campañas obreras, expresada por La Protesta H um ana, reflejaba
sin duda el pu n to de vista de la mayoría de los anarquistas activos,
si se toma en cuenta el alcance de la actividad de los anarquistas
en los sindicatos obreros después del II Congreso de la f o a . La
mayoría abrum adora de los propagandistas anarquistas conocidos,
se entreveraron de alguna m anera en la labor de los sindicatos y
figuraban entre los oradores en asambleas obreras; pero todo esto
no redujo su acción en los círculos anarquistas. Esta tarea intensa
rindió frutos y se reflejó claram ente en la actividad de los sindica­
tos de la f o a .
En la m anifestación del 1 de mayo de 1902 se pudo com probar
hasta qué punto había aum entado la actividad en los sindicatos
obreros de la f o a . E n esta ocasión los afiliados a la f o a fueron
llamados, como se recuerda, a participar en una m archa de pro­
testa separada y no sumarse a la m anifestación del P artido Socia­
lista. Cada una de las corrientes en que se escindió el I I Congreso
de la f o a , por consiguiente, tuvo oportunidad de calcular el n ú ­
mero de sus adictos. Según el testim onio de L a Prensa y observa­
dores objetivos, la m anifestación de la f o a superó cuantitativam en­
te a la del socialismo. La estimación osciló entre 10 000 y 15 000

<2 "Controversias y rectificaciones”, en La Protesta H u m a n a , 26 de julio de


1902.

118 de 233
.2 3 8 L A GRAN C O N FR O N TA C IÓ N (M A Y O -D IC IE M BR E DE 1 9 0 2 )

personas (contra 4 000 o 5 000 en la del P artido Socialista).43 Tres


meses después, los sindicatos de la f o a dem ostraron hasta dónde
eran capaces de convocar a miles de obreros en manifestaciones de
protesta m ultitudinarias, en las calles de Buenos Aires. Se trató
d e una protesta contra la desocupación, coordinada con los sindi­
catos socialistas. La m anifestación — iniciada espontáneam ente en
diversos recodos de la capital— im presionó sobrem anera por su
organización ejem plar y por las inmensas m ultitudes que afluían,
desde diversos puntos de partida, de u n modo en extrem o coordi­
nado.41

ORGANIZACIONES ADICIONALES EN TR E OTROS CÍRCULOS OBREROS

Cabe señalar el proceso paralelo en la organización que se operó


entre los sindicatos obreros sindicalistas. Los representantes de
ellos, poco después que se separaron del I I Congreso de la f o a ,
celebraron u na asamblea el 18 de mayo de 1902 y resolvieron: 1)
N o aprobar las resoluciones del II Congreso de la f o a ; 2) Llam ar a
sus sindicatos a retirarse de la federación; 3) Organizar u n comité
de propaganda gremial; 4) Publicar u n periódico independiente de
esos sindicatos obreros.
Poco tiem po después de la asamblea, y según lo acordado, el
:22 de ju n io de 1902 se constituyó definitivam ente —por parte de
los sindicatos— con ramificaciones en toda la R epública, el orga­
nism o sobre cuyas bases emergerá meses después la U nión General
de Trabajadores, entidad federativa adversa a la f o a .46
De este m odo se puso la m arca definitiva a la división entre las
dos corrientes centrales del m ovim iento obrero argentino. Esta di­
visión se ahondó a raíz de los acontecim ientos turbulentos de la
segunda m itad de 1902.
« La Prensa, 2 de m ayo de 1902. U n a descripción plástica de las dos m a­
nifestaciones es su m in istrad a p o r el periódico Indep en d ien te P ortavoz (Buenos
Aires, 3 de m ayo de 1902). T a m b ié n a q u í se señala el gran n ú m ero de partici­
p an tes en la m anifestación de la f o a . Cabe destacar que la llam an “ la de los
a n a rq u ista s”.
La c ircular de la com isión ad m in istrativ a d e la fo a , llam ando a los obreros
a p a rtic ip a r en la m anifestación del 1 d e m ayo, está p lag ad a de propaganda
a n arq u ista, a u n q u e no se m enciona la p a la b ra anarquism o. U n ejem p lar ori­
g inal de la circular ‘‘A los trabajadores", 1 de m ayo de 1902 se encuentra en
el archivo del use, en la colección d e M ax N e ttla u , legajo 1900-1910.
44 “ Los m eetings”, L a Prensa, 4 de agosto de 1902; “Los m ítin e s”, La Pro­
testa H u m a n a , 9 de agosto de 1902.
45 S. M arotta, op. cit., t. I, pp. 131-32.
ORGANIZACIONES ADICIONALES 239
Paralelam ente a las federaciones generales, azotadas por las esci­
siones por motivos ideológicos, se afianzaron en 1902 los lazos fe­
derativos en varios gremios im portantes, en prim er térm ino el de
los obreros portuarios. A comienzos de abril se celebró en La Boca
el 1 Congreso de Estibadores de la A rgentina y del Uruguay. Estu­
vieron presentes 25 delegados, dos de los cuales representaban a los
obreros de este gremio en el Uruguay. Se resolvió u n pacto de
confederación de los estibadores de los puertos de estos dos países;
al mismo tiem po fue recibida con sim patía la idea de adherirse a la
Federación O brera A rgentina, aun cuando fue com batida por el
delegado de R osario,46 E n los meses siguientes se fortaleció la in­
fluencia anarquista y la cooperación de esta federación con los
sindicatos de la t o a creció. Los miembros centrales eran los anar­
quistas Ros y F. Janin. Se trataba de una federación fuerte, que con­
taba con 3 OüO miembros, y que logró consolidarse financieram ente
por medio de cuotas de socios recaudadas ordenadam ente. Este fon­
do se utilizó durante huelgas del gremio y para ayudar a otros
huelguistas,'-17
El 31 de agosto los obreros agrícolas celebraron u n congreso re­
gional en Pergamino; participaron, además de los representantes
de esa localidad, los delegados de Rosario y La Plata, Alsina, San
Nicolás, C am pana y Baradero. El congreso se atuvo a las luchas
gremiales de los campesinos y elaboró u n reglam ento para el tra­
bajo de los operarios en m áquinas trilladoras y exigió la reducción
de las horas de trabajo y un m ínim o de 3.50 pesos por jornada. El
congreso estimó urgente la unión de los trabajadores de la zona,
cuya clase de cultivos son los mismos. Constituyó la Federación del
Norte, de la Costa de la Provincia de Buenos Aires y Sur de Santa
Fe, que tendría un comité perm anente en Pergamino. C abe desta­
car la posición neutral del congreso, en lo que concierne a la des­
avenencia que dividió a la federación general y que se expresó
en la siguiente resolución:

En vista de existir d o s federaciones obreras — f o a y Com ité de P ro p a­


ganda Gremial— el congreso deplora la división y se abstiene de aconsejar
el ingreso de los centros a ninguna de esas federaciones, m ientras no
¡layan unido sus fuerzas y constituido u n a sola federación.48

¡o l a Protesta Plumaria, 19 de a b ril de 1902; S. M arotta, op. cit., p. 39.


"M ovim iento obrero (inform aciones sobre el fondo de los obreros p o rtu a ­
rios)”, en La Protesta H u m a n a , 6 de septiem bre de 1902. Inform aciones sobre
el balance del sindicato y los fondos depositados en bancos, véanse e n La Orga­
nización Obrera, 25 de ju n io de 1902; D. A bad de S antillán, M o v im ie n to anar­
quista, op. cit., p, 81 (influencia de los an arq u istas sobre los obreros portuarios).
4S S. M arotta, op. cit., p p . 139-141.
240 LA GRAN CONFRONTACIÓN (M AYO-DICIEM BRE DE 1902)

Otras federaciones gremiales, fundadas en 1902, fueron la Fede­


ración de Obreros Albañiles (se creó el 7 de septiem bre de 1902, en
la convención de delegados de las organizaciones de albañiles de la
capital, de La Plata, Quilines, San Nicolás, Chivilcoy, Bolívar, Lo­
mas de Zamora), que tam bién estuvo fuera de la f o a en esa época;
en noviem bre de 1902, en días de lucha obrera intensa, se creó
la Federación de Rodados, que reunió a todos los obreros del tras­
porte y cum plió un papel im portante en la intensificación de los
conflictos laborales (a esta federación nos referiremos con amplitud
cuando examinemos los acontecimientos de noviem bre de 1902).
U n fenómeno singular es la integración en la lucha obrera de
varias cooperativas de producción de trabajadores. Los anarquistas
evidenciaron una actitud am bivalente ante este hecho: por u n laclo
negaban las cooperativas en los artículos ideológicos en La Pro­
testa H um ana (nos referirem os a los mismos más adelante); por el
otro, los sindicatos de la f o a aprobaron en el II Congreso u n a reso­
lución aprobatoria de las cooperativas (aunque con reticencias).
E n la práctica, existían entonces varias cooperativas en Buenos
Aires, como las describe D. Abad de Santillán:

La cooperativa más famosa fue la G erm inal de tabaqueros, en Buenos


Aires. U na vez en marcha y libre de deudas, se proponía destinar el pro­
ducto de sus dividendos en u n 10 % para escuelas libertarias; 30 % Pal'a
los gremios que quisieran independizarse del mismo modo que los ci­
garreros y con idénticos fines, un 10 % para las víctimas del capitalismo
y u n 1 0 % para la prensa o b re ra . . . En junio de 1902 un grupo de
10 com pañeros form aron u n a panadería cooperativa G erm inal, en sus
estatutos se estampó la prohibición de adm itir asalariados en su s e n o ...
En octubre del mismo año se instaló en La Boca otra panadería coopera­
tiva con el nom bre de El Porvenir, los obreros del puerto le proporcio­
n aron 500 pesos. De los beneficios se proponía rep artir el 20 % para
escuelas libertarias, 15 % para las víctimas del capitalismo, 15 % para
los periódicos obreros, 40 % para el fondo de reserva y 10 % de amor­
tización del capital in v e rtid o . .. T am bién los zapateros de Buenos Aires
habían instalado u n a cooperativa productora de calzado.'19

LAS LUCHAS DE LOS TRABAJADORES PANADEROS

En 1902 se introdujo u n elemento exclusivo en las luchas de clases


entre obreros y empleadores, en oportunidad de aplicarse clrástica-

49 D. A bad de Santillán, M o vim iento anarquista, op. cit., pp. 86-87.


LAS LUCHAS DE LOS TRABAJADORES PASTADEROS 241

mente el boicot por p aite de los sindicatos obreros de tradición


anarquista antigua: el sindicato de obreros panaderos de Buenos
Aires, por ejemplo, proclam ó u n boicot, en enero de 1902, contra
la panadería La Princesa, debido a que los propietarios de tal
negocio (que sobresalían por su trato severo con los trabajadores)
se negaron a p erm itir que los miembros activos del sindicato en­
traran a las instalaciones de la panadería y organizaran a los ope­
rarios. El objeto del boicot consistió en obligar a los dueños d e la
panadería a firm ar u n acuerdo laboral, reconociendo el derecho de
los obreros a estar afiliados al sindicato. D e este modo se inició
una prolongada campaña, que deparó violencias y choques graves
entre trabajadores y prom otores del boicot, por u n lado, y la poli­
cía y rom pehuelgas por el otro. El em peoram iento de la situación
se produjo en febrero de 1902, cuando fueron arrestados dos secre­
tarios del sindicato de obreros panaderos — F. Berri y J. Calvo—■
a quienes se acusó de “coacción”, u n a acusación confusa sin asi­
dero legal claro.50
El arresto deparó una protesta enérgica del sindicato de pana­
deros y de otros sindicatos d e la f o a , que vieron en esa m edida
una introm isión arb itraria y parcial de la policía en el conflicto
laboral, a la vez que su apoyo a u n acto evidente de venganza de la
patronal contra los operarios que aplicaban el boicot. El hecho
exaltó los ánim os y acrecentó la tensión entre los obreros d e pana­
derías, a la vez que intensificó su lucha contra los dueños de la
panadería La Princesa.51
En julio de 1902 aum entó el m alestar entre los obreros panaderos
y asumió u n carácter general de predisposición a la lucha renovada
por m ejorar las condiciones de trabajo. Los logros de la huelga
anterior, en 1901, fueron abolidos por la mayoría de los em plea­
dores. En u n a circular de la comisión del sindicato, que exhortaba
a la lucha, se inform aba sobre el em peoram iento de las condiciones
laborales en las panaderías, hasta llegar virtualm ente a la servi­
dumbre. En algunas panaderías se im pedía a los obreros volver
después del trabajo a sus hogares, se los obligaba a pernoctar en el
lugar de trabajo. Las exigencias de los operarios fueron: 1) "Puerta
abierta” para volver a la casa en las horas de reposo, para descan­
sar y dorm ir; 2) Suplem ento de salario de $ ,1.20 por jornal, ade­
más de un kilogram o de pan por persona; 3) "T rab a jo organizado”

so “E n la R ep ú b lica A rgentina no existe delito de coacción, según decla­


ración de los abogados de La Prensa”; E l O brero, 23 de febrero de 1902.
51 "Sobre el boicot y la situ ac ió n ”, e n L a P rotesta H u m a n a , 22 de febrero
de 1903; La Organización Obrera, febrero de 1902: "E l boicot a la panadería.
La Princesa”, en E l Obrero, 23 de febrero de 1902.
242 LA GRAN CONFRONTACIÓN (M AYO-DICIEM BRE DE 1902)

en las panaderías, es decir, recibir sólo a obreros organizados en


el sindicato. Los patrones rechazaron totalm ente el pedido de los
trabajadores.
Estos empleadores, creyendo que el llam ado a la huelga “era
lanzado por un grupo de exaltados”, se sorprendieron el 26 de ju­
lio cuando la huelga fue total y a los panaderos se sum aron en
seguida tam bién los repartidores de pan. Ese día pararon alrededor
de 7 000 obreros. La huelga fue general y se prolongó cuatro días,
y fue la liuelga más im portante en la historia de los panaderos. La
policía se puso de parte de los em pleadores desde un prim er mo­
mento, dando un paso que encolerizó los ánimos al autorizar a
los rom pehuelgas y a los patrones la portación de armas para su
defen sa62 y a poner guardia policial junto a las panaderías que
trataron de trab ajar con rompehuelgas. D urante la “huelga gene­
ra l” se sufrió la falta de pan en Buenos Aires y los aledaños. Sólo
trabajaron cuatro panaderías (entre ellas la cooperativa Germinal,
autorizada especialmente por el comité de huelga, que proveyó
de pan a los huelguistas y a los vecindarios obreros). El 30 de julio
finalizó el paro y comenzó una huelga parcial, es decir, pararon
las panaderías cuyos dueños no querían firm ar el acuerdo. Al tercer
día de huelga parcial firm aron sólo 80 dueños de panaderías. En
general, los propietarios se m ostraron inflexibles y contaron con
la ayuda d e la M unicipalidad, que puso a su disposición 800 m u­
nicipales, inexpertos, para que trabajaran en las panaderías. En
cierto m om ento el jefe de policía, Beazley, trató de m ediar, pero
sin éxito, pues los dueños de esos establecimientos no evidenciaron
n inguna flexibilidad, ni quisieron reconocer el sindicato de sus tra­
bajadores ni aceptaron el reconocim iento del principio de “lugar
de trabajo organizado”. Los huelguistas, a su vez, tam bién pusie­
ro n de relieve su espíritu combativo: todos los días se reunían en
la Casa del Pueblo (que volvió a cum plir su papel como durante el
paro de cocheros) y celebraban asambleas, reuniones y debates. En
esas asambleas daban el tono los anarquistas activos y a veces se
aprovechaba la tribuna para predicar la teoría anarquista.33 Al
proseguir la huelga se acentuó la falta de pan en la capital, pero
los dos bandos no parecían dispuestos a transigir. U n grupo de
32 "E l p a n ", La Prensa, 26 de ju lio de 1902. “ A propósito de huelgas. Permiso
policial a los em pleadores y rom pehuelgas p a ra q u e p o rte n arm a s”, La Protesta
Hum aría, 2 de agosto de 1902; la reacción; “L a violencia d e abajo esta justifi­
cada siem pre con la violencia de a rrib a ."
53 “L a h u elg a”, E l O brero, 5 de agosto de 1902. “ El dom ingo h u b o una
re u n ió n en la Casa d el P ueblo, donde cam biábam os im presiones m ien tras escu­
chábam os varios oradores q u e nos ilu stra b a n en las teorías d e l socialismo li­
bertario."
LAS LUCHAS DE LOS TRABAJADORES ÍANADEROS 243
obreros se organizó en una cooperativa para hornear pan; un nú­
mero creciente de panaderías, en cambio, trabajaban con rompe­
huelgas y bajo protección policial. Hubo actos de violencia y cho­
ques entre huelguistas y rom pehuelgas, y prevalecía u n a gran
tensión.0i
Un vuelco drástico, que enardeció los espíritus y elevó la tensión,
se produjo el 9 de agosto de 1902, cuando el juez doctor N avarro
y 30 policías armados em bistieron las oficinas del sindicato d e obre­
ros panaderos y realizaron u n allanam iento. E n el mismo edificio
funcionaban las oficinas de 18 sindicatos obreros adicionales de la
f o a y el allanam iento se hizo extensivo tam bién a ellos. La in ter­

vención policial fue grosera y violenta, las habitaciones fueron vio­


lentadas y se tornó de ellas todos los materiales: libros de actas,
libros de caja, listas de socios, talonarios de recibos, circulares con
o sin dirección, etcétera.63
El atropello a las oficinas de los sindicatos de la f o a y el allana­
miento señalaron una nueva etapa en el escalonam iento de la lucha
que libraban las autoridades y la policía contra las. asociaciones
obreras radicales, cuyo trasfondo fueron las huelgas grandes y pro­
longadas de 1902. Pero el pretexto directo para el allanam iento se
originó en u n incidente que ocurrió poco antes y en cuyo trascurso
fueron asesinados dos obreros panaderos que trabajaban como rom ­
pehuelgas d u ran te el paro en La Princesa. Los asesinos desapare­
cieron en seguida sin. dejar rastros. Los rumores pretendieron que
se trataba de elementos extremistas del sindicato. El 7 de agosto se
produjo otro incidente sangriento: fue atacada otra panadería y
su dueño, así como un rom pehuelga, sufrieron heridas graves. Los
rumores propagados volvieron a acusar al mismo círculo.60
Pero no había prueba alguna. La policía arrestó arbitrariam ente
a todos los elementos centrales del sindicato, entre ellos a F. Berri,
su secretario, y al director de E l Obrero. Los presos fueron tortu­
rados a fin de sonsacarles confesiones y se ios m antuvo incom uni­
cados durante muchos días; se realizaron búsquedas en sus domici­
lios, pero fue en vano: no se encontró ningún indicio de ía iden­
tidad asesina. T am poco se halló ningún vestigio de vinculación

In fo rm a c ió n so b re el c u rso d e la h u e lg a , e n e s p íritu d e s im p a tía h a c ia


los huelguistas, s e s u m in is tró en La Prensa lodos los días de p a r o . La Prensa,
26 de julio de 1902; 7 de agosto de 1902.
ss La Prensa, 9 de agosto de 1902; La Organización Obrera, agosto, 1902.
Suplemento “A tropello in au d ito — M anifiesto de p rotesta".
se T h e Revieio o f íh s R iver P íate, 9 de agosto d e 1902. Este periódico acusa
a los huelguistas de perpetrar asesinatos y p id e que e l gobierno tom e m edidas
enérgicas contra ellos (inclusive penas de m u erte que sirvan de ejem plo).
244 LA GRAN CONFRONTACIÓN (M AYO-DICIEM BRE DE 1 9 0 2 )

entre el sindicato y los delincuentes.57 El juez investigador, doc­


tor Navarro, en su afán de encontrar pruebas de la confabulación
en tre los asesinos y el sindicato que dirigía la huelga, resolvió dar
el insólito paso de violar las oficinas y apoderarse de documentos
y listas. La oportunidad le pareció propicia a la autoridad poli­
cial para tom ar tam bién las listas de los otros sindicatos de la f o a ,
como m edida preventiva.
El atropello despertó u n a tem pestad pública de grandes dimen­
siones, no sólo en los círculos de la f o a , directam ente concernien­
tes. La Prensa, en u n com entario extenso sobre el allanam iento y
sus móviles, pese a su deseo de perm anecer im parcial y objetivo
en esa lucha entre las fuerzas policiales y los sindicatos, no esca­
timó críticas al describir la brutalidad del procedim iento.58 La
protesta y la furia entre los obreros fue general; 42 sindicatos de
orientación ideológica variada y de las dos esferas federativas ex­
h o rtaro n a u n a m anifestación general de los trabajadores de Bue­
nos Aires. La dem ostración se realizó el 17 de agosto de 1902, tuvo
proyecciones im presionantes por su alcance y orden ejemplares, así
como p or la coparticipación de anarquistas y socialistas. Usaron
de la palabra P. Guaglianone, M ontesano, Basterra (todos ellos
anarquistas), Dickm an y R epetto (socialistas).59
El enojo y la tem pestad de ánim o dieron lugar a u n a demos­
tración de protesta gigantesca, que puso de relieve el poderío de
los trabajadores de Buenos Aires. Pero, fuera de eso, no había nin­
gún paso que pudiera significar u n avance directo en la lucha que
libraban los obreros panaderos. L a cam paña se extinguía lenta
aunque constantem ente. A p a rtir del 10 de agosto, el comité de
huelga empezó a d ar ayuda financiera a los huelguistas. Las con­
tribuciones eran nimias: $ 0.20 por día, que no bastaba para aten­
der las necesidades m ateriales más elementales. De u n modo for­
m al, la huelga se prolongó hasta el 24 de agosto; dos días antes
de su term inación se produjeron los últim os destellos de lucha y se
anunció el deseo de reanudar la huelga general, pero fue en vano.

s? “ In quisición p o lic ial”, en La Protesta H u m a n a , 2 de agosto d e 1902; "Ac­


tu a lid a d — Extravíos d eplorables” , en La Prensa, 8 d e agosto de 1902.
#* “ La f o a alla n ad a p o r la ju stic ia ”, en L a Prensa, 9 de agosto de 1902.
59 “I.a m anifestación o b re ra ”, en La Prensa, 18 d e agosto de 1902; La Pro­
testa H u m a n a , 23 de agosto de 1902; A. G luraldo, “E l a te n tad o a n tia n a rq u ista ”,
en E l Sol, 15 de agosto de 1902. U na rép lica furiosa contra el juez N avarro se
expresó en u n a circular enérgica in titu la d a "Ju stic ia ”. Lo que d istingue a esta
c ircular es la nóm ina d e 500 nom bres d e m iem bros activos de 12 sindicatos
obreros de l a f o a , dispuestos incluso a p u b lic a r sus dom icilios (el juez N a­
v arro ya los conocía, de c ualquier m odo). Véase la c ircular "Ju stic ia ” en la
colección p rivada de M ax N ettlau , legajo 1902, archivo irse, Am sterdam .
LAS LUCHAS DE LOS TRABAJADORES PANADEROS 245

La huelga duró 27 días y finalizó^con u n revés; la m ayoría volvió


al trabajo, sin ninguna m ejora en sus condiciones.60
El fracaso de la huelga revivió discusiones aletargadas entre los
anarquistas, y El R ebelde insertó u n artículo acusando del fracaso
a la tendencia proorganización que prevalecía en el anarquismo.
Los líderes, que obraron según métodos “legalistas” y negociaron
con los empleadores, cuando no con la policía, fueron la causa,
decían, de que la huelga se prolongara muchos días y deform ara el
espíritu de lucha de los huelguistas.
El au to r se mofa de las reuniones y deliberaciones en la Casa
del Pueblo; “No es encerrándose en u n determ inado local, ni m u­
cho menos jugando a los cobres o a la pelota como se ganan las
h u e lg a s ...” T am b ién afirm a que la distribución de los, dineros
de huelga es perniciosa, y dice que desde que empezó su reparto
los huelguistas dejaron de pensar en medios de lucha, concentrán­
dose en cambio todo el día en discusiones del m onto a ser repar­
tido y dando lugar a reyertas entre los obreros en vez de pelear
con los empleadores y de aplicar la violencia, contra las panaderías
que trabajaban con rom pehuelgas y protegidas por la policía.
“Los trabajadores, en tales casos, a la violencia y a la fuerza de
arriba, debemos oponer toda la fuerza y la violencia de abajo.”
El artículo term ina con la esperanza de que la enseñanza extraí­
da del revés sufrido, haría que los obreros, en las huelgas subsiguien­
tes, lucharan “prescindiendo por completo del legalitarism o”.91
T am bién La Protesta H um ana exam inó el fracaso del paro y
quiso sacar enseñanzas. La conclusión a que arribó es que la culpa
se debe a la suspensión de la huelga general y a la realización de
una huelga sólo parcial, todo lo cual perm itió a los empleadores
organizarse. Sólo la huelga general posibilita a los huelguistas dic­
tar sus condiciones y vencer.*2
La huelga de los obreros panaderos fue la lucha más tempes­
tuosa en agosto de 1902, pero no la única; paralelam ente hubo
paros m etalúrgicos (empezaron en marzo, cuando hicieron huelga
los fundidores de Vasena). U na de las razones centrales del paro
fue la negativa de los empleadores a reconocer el sindicato. Las
huelgas, no generales, term inaron sólo con victorias en algunas de
las empresas.'63

eo "L a huelga de los p a n ad ero s” , en La Prensa, 22 de agosto de 1902; " T er­


m inaron las dos h u elg as”, ibid,, 24 de agosto de 1902.
*J “U na hu elg a leg a litaria ”, en E l R ebelde, 13 de septiem bre de 1902.
62 "L a h uelga de p a n ad e ro s” , e n L a Protesta H u m a n a , 23 de agosto de 1902.
«* “M ovim iento o b re ro ”, en L a Protesta H u m a n a , 9 de agosto de 1902; La
Prensa, 15 de agosto de 1902; 24 de agosto de 1902
246 LA GRAN CONFRONTACIÓN (M AYO-DICIEM BRE DE 1 9 0 2 )

El problem a de la desocupación tam bién fue un motivo de exal­


tación. En agosto de 1902, igual que u n año antes, se realizó una
m anifestación de cesantes. Cabe señalar que ésta otra vez se orga­
nizó m ediante la cooperación anarquista-socialista. Si bien la ini­
ciativa fue de los socialistas, los anarquistas dieron su anuencia,
au n q u e con reticencias.'04 La m anifestación de los desocupados y
la asamblea contra Navarro im presionaron sobrem anera por su am ­
p litu d y por la capacidad de congregar m ultitudes en u n orden
ejem plar.05
L a clase trabajadora argentina vivió agitada sin tregua en 1902,
y su ánim o radical-combativo se fue fortaleciendo en una serie
de huelgas grandes, a la vez que en el trascurso de la aplicación de
nuevos métodos de lucha obrera. Los círculos empleadores y gu­
bernam entales que percibieron el fervor radical combativo, reaccio­
naron con furia y siguieron ignorando las raíces de los problemas
sociales, de los apremios económicos y de las disparidades sociales
que se am pliaban. La prensa conservadora, en su mayoría, siguió
presentando a las huelgas como producto de intrigas de “agitadores
profesionales”, y reclam aba extrem ar los castigos para contrarres­
tarlas.66 Las autoridades — que ya en 1901 em plearon a la policía
contra los huelguistas— tom aron m edidas más rigurosas en 1902 y
em itieron reglam entos legales más severos contra los agitadores que
incitaban a la huelga,67 m ostrándose anuentes a em plear la fuerza
contra los que suponían centros de agitación. El ataque violento a
las oficinas de la f o a y la búsqueda en ellas, fueron el síntom a más
notable de ese enfoque. E n la segunda m itad de 1902, la relación
entic las autoridades y los huelguistas se volvió más severa, la.dis­
paridad e n ü é obreros y em pleadores creció y se acumuló una carga
grande de m aterial explosivo, que estalló en el mes de noviem bre,
en la ronlrontación social de mayores dimensiones en la Argen­
t in a y en América Latina toda hasta ese entonces.

** E n u n a rtícu lo editorial, L a Protesta H u m a n a llam a a los anarquistas a


to m a r p a rte en la m anifestación de los desocupados; expresa que a u n q u e no
cree q u e Ue las dem ostraciones vendrá la salvación, “pero si es im posible hacer
la revolución, hay que hacer algo p a ra elevar la m oral de los cesantes”. “Los
desocupados”, L a Protesta H u m a n a , 1 de agosto de 1902.
*5 La Prensa, 4 de agosto de 1902.
os T h e R eview o f the R iv e r P íate, 14 de ju n io de 1902; 5 de a b ril de 1902;
18 de octubre de 1902.
“ En 1902 se incorporó a l código u n a disposición q u e dice: ‘El que ob li­
gare con violencia o am enazas a tom ar p a rte en u n a huelga, será castigado
con arresto de tres meses a u n a ñ o ’.” A. Palacios, La F O R A , Buenos Aires,
1920, p. 41.
247
LAS HUELGAS EN LOS GRANDES PUERTOS
DURANTE E L MES DE NOVIEM BRE

La ola de huelgas en noviem bre de 1902, que se convirtió en una


huelga general entre el 22 y el 24 de ese mes, empezó con la lucha
de la Federación de Estibadores para reducir el peso d e las bol­
sas de cereales a 65-70 kilogramos. Ese reclamo ya se había presen­
tado años antes, pero sin éxito, y la federación, m ejor organizada
y contando además con los estibadores de los puertos uruguayos,
eligió la época de la exportación de lana y d e granos como m o­
m ento oportuno para la renovación de su batalla.68 Ese añ o era
particularm ente apropiado, pues a los puertos afluían muchos pro­
ductos; tras dos años difíciles, la cosecha h ab ía sido m uy buena y
se cifraban grandes esperanzas.®9
Los preparativos para la confrontación se iniciaron poco después
de crearse la federación, y el 14 d e septiem bre la misma envió
u n a circular-aviso al comercio exportador, agentes m arítim os, aco­
pladores, contratistas, etc., com unicándoles que dicha federación
había i-esuelto señalar como fecha el ] de noviem bre próxim o para
la lim itación de setenta kilos máximos de peso de bolsas de cerea­
les, tasajo, carbón, etc. .. El comité federal de la f o a , en su re­
unión del 18 de octubre, se solidarizó con la lucha de la Federa­
ción de Estibadores, y le brindó su respaldo. En el núm ero de
noviem bre de La Organización Obrera, se insertó un artículo que
exam inaba la historia de la lucha de los estibadores para reducir
el peso de las bolsas que cargaban y polemizaba al mismo tiempo,
con el argum ento de los comerciantes, en el sentido de que los
im portadores de África del Sur exigían bolsas pesadas;

Si b ie n es c ie r t o . . . que d e l África del Sur s o lic ita n las b o lsa s d e 90 k 1


g ram o s, T íáy q u e te n e r p ré s e n te que el g o b ie rn o inglés d is p o n e d e l ele­
m e n to cafre, a quien e q u iv a le n los camellos de su e jé rc ito . Pero nos­
o tro s re iv in d ic a m o s e n é rg ic a m e n te n u e s tro derecho a la v id a , y e l d e ser
c o n sid e ra d o s co m o seres h u m a n o s , así c o m o c o m p a d e c e m o s a aquellos p o ­
b res n e g ro s .70

«8 Figuero, Las huelgas en la R ep ú b lica A rgentina, Buenos Aires, 1906, p. 65.


«9 El corresponsal de T h e E conom ist empezó su inform e, desde Buenos Aires,
el 6 de noviem bre de 1902, con las siguientes palabras: “E sperando la cosecha
es la m ejor expresión en la que se p u e d e p e n sa r p a ra d escribir con precisión la
posición actu al a q u í.” T h e E conom ist, 20 de diciem bre d e 1902.
i» “La cuestión de los obreros de ios puertos”, en L a O rganización Obrera,
25 de octubre de 1902. E n el m ism o n ú m ero tam b ién se p u b lica una circular de
la Federación de E stibadores: “A los com pañeros estibadores y obreros en ge­
neral de todos los pu erto s d e las R epúblicas A rgentina u O rien tal del U ru-
248 LA ORAN CONFRONTACIÓN (M AYO-DICIEM BRE DE 1 9 0 2 )

A fines de octubre creció la tensión: por u n lado se notó la in ­


clinación febril de los portuarios a lanzarse a la huelga. T am bién
se Ies sum aron obreros de los depósitos del M ercado C entral de
Frutos, con iguales exigencias. Por otro lado se revelaron entre los
círculos comerciales deseos de confrontarse con los obreros, a fin
de rom per su fuerza organizada en la federación, donde sobresalía
la influencia anarquista.71
C uando estalló la huelga del 1 de noviem bre y se conoció su
gran alcance, se redujeron las inclinaciones agresivas de los comer­
ciantes y sus representantes en la C ám ara de Comercio evidencia­
ro n disposición a las negociaciones con los huelguistas; pero los
obreros se m ostraron intransigentes y no accedieron a reducir sus
exigencias: llam aron a sus compañeros a no cargar bolsas de más
de 70 kilogramos de peso.72 La huelga se expandió con prontitud.
El 4 de noviem bre se dejó sentir ya la influencia d añ in a en el
puerto de Buenos Aires. Los buques que trasportaban bolsas pe­
sadas no fueron descargados y tampoco se cargaban em barques de
bolsas de más del peso requerido. A raíz de los grandes perjuicios
al comercio, la Cám ara de Comercio nom bró u n a comisión para
negociar con los huelguistas y creció la anuencia a acceder a sus
demandas, pero pidiendo u n a tregua de od io días para cambiar
los embalajes y reducir las bolsas.
Los huelguistas en principio se negaron a tal requerim iento,
pero el 7 de noviem bre se realizó una tempestuosa asamblea de
portuarios de Buenos Aires y se aprobó u n a resolución de apaci­
guam iento: conceder u n a tregua de sólo cuatro días. En el ínterin
se comprobó que el pedido de los im portadores sudafricanos era
una valla muy seria, pues la C ám ara de Comercio alegó que si
aceptaba los reclamos de los estibadores se paralizaría el comercio
con África del Sur,73 y el m inistro de A gricultura, en una etapa

guay” , a quienes llam a a m antenerse firm es e n la cam paña que em pezaría el


1 de noviem bre de 1.902.
71 "Se lia p lan te ad o la cuestión en la Cám ara de Com ercio y, puesto que
las opiniones están divididas, es p ro b ab le q u e no sean garantizadas las d e ­
m andas de ia S o c ie d a d ... H ay cientos de desem pleados e n ei país, y si el
gobierno proporciona a los hom bres suficiente protección como p a ra p e rm itir­
les tra b a ja r esto h a ría posible re sq u eb ra jar considerablem ente 3a Federación
de Estibadores, que en sus dem andas h a conseguido triu n fo tras triu n fo en
las últim as fechas.” T h e R ev ie w o f th e R iver P íate, 1 de noviem bre de 1902.
E. G ilim ón, en su libro H echos y com entarios, tam bién señala la tendencia
de la Cám ara de Com ercio a q u e b ra r el sindicato de obreros portu ario s, e x ­
puestos a la in fluencia a n a rq u ista (pp. 35-36).
?2 B cviem o f th e R iver P íate, 8 de noviem bre de 1902-
7’ "El mercado sudafricano pide granos ensacados en bultos de 200 libras
o, digam os, unos 92 kilos, pero no es posible que nosotros los em barquem os
LAS HUELGAS EN LOS GRANDES TUERTOS i! 19
*
avanzada de las negociaciones se entrevistó con representantes de
los estibadores (Ros y Carballo: los dos anarquistas) y los puso al
tanto de las dificultades que podían crearse al comercio. Por ú l t i m o
sugirió un arreglo que tom aba en cuenta el m áxim o ele las exigen­
cias de los huelguistas (la anuencia a que las bolsas pesadas sean
llevadas de a dos, y que las bolsas con trigo se carguen en el puerto
en bolsas de 70 kilogramos, las que deberían cambiarse en el buque
por otras más pesadas).71 Esta proposición iba a ser presentada a la
asamblea general de portuarios, el 25 de noviembre. E n el ínterin
se enredaron otras luchas y se complicó la tendencia contem pori­
zadora: en su lugar se p rodujo u n escalonamiento precipitado, que
derogó tocios los arreglos previos y arrastró a los portuarios a la
confrontación con los empleadores en una huelga general.
M ientras se realizaban las negociaciones en Buenos Aires, es talla-
así, pues los estibadores re h ú san m an e jar n ada que pese m ás de 70 k ilo s ...
Este problem a de los estibadores es de tal m ag n itu d q u e p id e u n a in te rv en ­
ción gub ern am en tal, ya que si h a de p erm itirse que estos individuos im pongan
sus dictados sobre el comercio, éste se h a rá im p o s ib le ... Si el com ercio h a de
ser legislado p o r la m afia de los e stib a d o re s ... en pocos años no será posible
n in g ú n com ercio si ah o ra nos som etem os calm adam ente a sus im posiciones,”
R evievj o f th e R iv e r P iale, 22 de noviem bre de 1902, p. 886.
Sobre la im p o rtan cia creciente del com ercio con Á frica d el Sur, puede leerse
en los datos de A rg en lin ia n year book, 1903 lo que concierne a la exportación
(valores de dólares de oro).

1895 1898 1899 1900 1901 1902

8 010 518 118 953 365 3 240 270 2 891 259 8 285 387

Desde el ángulo d el m onto, la exportación a Á frica del Sur en 1902 ocupaba


el séptim o lugar.
** E n la p roposición de arreglo d el m in istro de A gricultura, se decía: "1) H a ­
cer desde ya el trab a jo de carga con bolsas o fardos, cuyo peso no excede de
70 kg. h asta el b u q u e , p u d ien d o cam biarse en las bodegas los envases p o r otros
que tengan el peso usado h asta ah o ra (92 kg); 2) A carrear bolsas q u e excedan
70 kg, em pleándose dos o m ás hom bres, p a ra cada u n a de aquéllas en p ro ­
porción a l peso; 3) Se concibe u n p la n de u n mes q u e vencerá el 25 de d i­
ciem bre próxim o, p a ra c o n tin u a r cargando en la m ism a form a de envase y
p e s o ..." L a Prensa, IR de noviem bre d e 1902.
Respecto d e l curso de la huelga y de las negociaciones, véase La Prensa,
2 de noviem bre de 1902; 4 /8 de noviem bre de 1902; 9 /16 de noviem bre de
1902; véase tam b ién "E n los p u e rto s”, en La Protesta H u m a n a , 8 de noviem ­
bre de 1902.
Sobre el entusiasm o por el arreglo y la sensación de victoria de ¡os h u e l­
guistas a m ediados de noviem bre, d a n testim onio las siguientes líneas p u b lic a ­
das p o r La Protesta H u m a n a , 15 d e noviem bre de 1902, en la sección "M o ­
vimiento o b rero ”: "P u ed e decirse q u e el m ovim iento de los estibadores h a te r ­
m inado favorablem ente a los obreros, p o r lo m enos e n lo q u e se refiere al
puerto de la capital."

124 de 233
250 LA GRAN CONFRONTACIÓN (M AYO-DICIEM BRE DE 1 9 0 2 )

ron otros conflictos laborales en los puertos de C am pana y Zárate,


sobre el río Paraná, en cuyo trascurso intervino la policía y arrestó
a 25 obreros, a raíz de lo cual se desató una huelga general local,
en protesta p o r tal actitud, y se produjeron choques con las fuer­
zas policiales, todo lo cual dejó u n lam entable saldo de heridos.75
El 9 de noviem bre la f o a envió a Basterra (el conocido anarquista)
a averiguar las causas de los sucesos. Su inform e se publicó parcial­
m ente en La Prensa 76 y culpaba en él a la policía de la provincia
de Buenos Aires de haber provocado los tumultos.
E n un esfuerzo por calmar los ánim os en Cam pana, se reunieron
representantes de la f o a con la policía de la provincia y concorda­
ro n respecto a la conducta de las dos partes (huelguistas y policías)
para evitar que se agrave la situación en el lugar. Pero las autori­
dades no cum plieron el acuerdo y la tensión se hizo creciente. En
el ínterin se creó u n foco de torm enta adicional cuando el gobierno
m andó marinos y bomberos a poner en funcionam iento el frigorí­
fico local, paralizado p o r la huelga.77 Este paso del gobierno, abier­
tam ente en contra de los huelguistas, suscitó la protesta enérgica
de la f o a . U na delegación de representantes del sindicato de esti­
badores, entre ellos el dirigente anarquista T . Ros, se entrevistó
con el m inistro del Interior, J. V. González, le expresó los reclamos
de los obreros de C am pana y condenó el empleo de los marineros
en la función de rom pehuelgas.78 El m inistro prom etió hacer lo

75 Sobre la concatenación d e los sucesos en C am pana y Z árate, véase La


P rotesta H u m a n a , 8 de noviembre de 1902; 15 de noviem bre d e 1902; R eview
of th e R iv e r P íate, 15 de noviem bre de 1902.
U na descripción de los hechos en Zái-ate y C am pana se en cu en tra tam bién
e n el inform e que envió el cónsul b ritánico en B uenos Aires, A. Ros, quien
se refiere a la h uelga de pro testa de los obreros frigoríficos e n C am pana:
" . . . D onde hay dos b u q u e s listos p a ra cargarse y la to ta lid a d del perso n al de
700 hom bres aban d o n ó el trab ajo p o r tem or a las represalias. M uchos d e los
agitadores iban arm ados y las cosas se p resen ta ro n serias p o r uno o dos d í a s . . . ”
A . R os to M arquess of Lansdoum , Buenos Aires, 19 de noviem bre de 1902
(e. o. 118/225, P u b lic R ecord Office, L ondres).
■'■ “Los sucesos de C am p an a”, La Prensa, 11 de noviem bre de 1902.
'n “E l gobierno proporcionó protección policiaca y m andó u n cuerpo de
bom beros y de ingenieros p a ra p o n e r en funciones la m a q u in a ria de refrige­
ración d e m anera que los cientos de toneladas d e carne alm acenadas n o se
echaran a p e rd er. Se h a n co n tratad o hom bres de relevo y el trab ajo h a sido
reanudado. Las dem andas de los agitadores in clu ían el reconocim iento de sus
sindicatos y u n a p aga m ayor. La com pañía reh u só term in an tem e n te a te n d e r la
p rim e ra dem anda pero estaba bien dispuesta a d iscu tir la s e g u n d a ..." A . Ros
to the M arquess o f Lansdow n, B uenos Aires, 19 de noviem bre d e 1902 (f . o .
118/225, P u b lic R ecord Office, L ondres).
78 “La h uelga de C am p an a”, e n L a Prensa, 14 de noviem bre de 1902; The
Standard, Buenos Aires, 15 de noviem bre de 1902.
LAS HUELGAS EN LOS GRANDES PUERTOS 251
*
posible para lograr una contemporización, pero m ientras tanto fi­
nalizó la huelga en el frigorífico de Cam pana, el 18 de noviembre,
al volver los obreros a sus trabajos sin ningún logro.79
Grandes huelgas estallaron a comienzos de noviem bre de 1902
tam bién en Rosario y B ah ía' B lanca,' en cuyos puertos cesó total o
parcialm ente el trabajo; 80 pero el paro que tuvo la m ayor influen­
cia sobre el escalonamiento de los conflictos laborales, fue el de los
peones del M ercado C entral de Frutos, en Buenos Aires.
Estos peones h ab ían trabajado hasta 1901 en condiciones muy
difíciles, por u n sueldo nim io y en jornadas de 14 horas. Gracias
a la iniciativa y ayuda de algunos compañeros del C entro Socia­
lista de Barracas del Sur, pudo reunirse a los trabajadores en una
sociedad de resistencia. Esta entidad organizó en diciem bre de 1901
una huelga, para exigir la reducción de la jornada de trabajo y el
aum ento en los salarios. P araron 6 000 obreros y lograron reducir la
jornada a 10.5 horas, a la vez cpie se aum entó el salario en un 50 %.
D urante 1902, los m ilitantes anarquistas en ese suburbio obraron
contra la posición que se h ab ían granjeado los socialistas y poco a
poco los alejaron. M iembros de la f o a —en particular T . Ros—
hicieron lo posible por plegar ese organismo a la Federación de
Estibadores, en el mes de octubre, antes de la gran lucha de estos
trabajadores por la reducción del peso de las bolsas. El 1 de no­
viembre, después de u na serie de asambleas se trató la cuestión de
plegarse a la huelga de los estibadores. Los socialistas, aún con in ­
fluencia, se opusieron a p articipar en la huelga de la federación.
Las discusiones internas no rindieron frutos y la huelga se postergó
para m ediados de noviembre. En el ínterin la federación logró éxi­
tos notables en su lucha, lo que elevó el prestigio de los anarquistas
entre los peones del M ercado C entral, que aprobaban la participa­
ción en las luchas de la Federación de Estibadores y de la f o a . En
otra asamblea, el 15 de noviembre, los anarquistas activos Ros,
Troitiño y Locascio lograron que se adhirieran a la f o a a la vez
que consolidaron un núm ero de exigencias para presentar a los
empleadores, cuyo rechazo justificaría la huelga. Las exigencias se
centraron en cuatro puntos: 1) Abolición del trabajo a porcentaje
y a destajo; 2) C uatro pesos diarios como m ínim o para los peones
del mercado y las barracas; 3) Nueve horas de trabajo diario;

58 “Sobre la term in ación d e la huelga", en T h e S tan d ard , 19 de n oviem bre


de 1902; S. M arotta, op. cit., p p . 145-46 (sobre C am pana).
80 “Sobre la h u elg a d e R osario”, en T h e S ta n d a rd, 11 d e n oviem bre d e 1902;
ibid., 18 d e n oviem bre de 1902; “ Sobre la h u elga d e B ah ía B la n ca ”, e n
Protesta H u m a n a , 15 de n o v iem b re d e 1902; S. M arotta, op. cit., p. 46.
La
LA GRAN CONFRONTACION (M AYO-DICIEM BRE DT. 191)2)

4) 2.50 pesos cíe salario diario a los menores de 15 años de edad;


5) Reconocim iento de la sociedad por parte de los patrones.
La opinión pública juzgó esas exigencias como justas, y los obre­
ros más explotados se granjearon la sim patía general. Pero los
empleadores, miembros de la C ám ara de Comercio (círculos de
exportadores y dueños de depósitos), a punto de rendirse a la pre­
sión de los estibadores, querían ignorar los reclamos de quienes se
habían sumado a últim o m om ento a la huelga y rechazaron sus
pedidos. El rechazo sublevó a los peones del M ercado C entral de
Frutos y, el 16 de noviembre, en una tempestuosa asamblea se re­
solvió declarar la huelga.81

PARALIZACIÓN DEL PUERTO DE BUENOS AIRES,


POSICIÓN DE LOS EMPLEADORES Y DE LAS AUTORIDADES,
HUELGAS DE SOLIDARIDAD

Después de dos semanas de paralización parcial por la huelga de


los estibadores otra huelga paralizó com pletam ente el puerto de
Buenos Aires cuando se vislum braba la reanudación de las activi­
dades con miras a u n arreglo. La paralización del puerto hirió di­
rectam ente la m édula de la actividad económica de la República
en esa tem porada y causó muchos daños a los intereses de los círcu­
los económicos más influyentes. Pero, como es obvio, tam bién el
gobierno se vio perjudicado directam ente por el descenso pronun­
ciado de los ingresos aduaneros. La réplica enérgica no tardó en
llegar. T an to los em pleadores como los grandes exportadores y los
elementos gubernam entales estaban interesados en concluir cuanto
antes el conflicto y reanudar el funcionam iento portuario. El ca­
m ino de las negociaciones no les pareció conveniente y se planteó
el de la solución violenta. H acía ya tiem po que se oían voces lla­
m ando a em plear la fuerza y el diario de los círculos comerciales
pedía explícitam ente aplastar a la Federación Obrera, “vivero del
anarquism o” 82 que respaldaba a la huelga. La idea en boga era que
s i “H u elg a general d e los p eon es en las Barracas y e l M ercado Central",
en L a Prensa, 17 de n oviem b re d e 1902. Sobre los d esarrollos en tre los obre­
ros, véase e l artícu lo retrospectivo d el socialista M antecón, "Los anarquistas y
la h u elg a de n oviem bre d e 1902”, e n La Vanguardia, 15 de agosto d e 1903;
R eview o f the R iv e r P íate, 22 d e n oviem b re d e 1902; " T h e strikes”, en The
Standard, B u en os Aires, 18 y 19 de n oviem b re d e 1902; J. O d d one, Gremia­
lism o, op. á t., p. 111,
82 “La acción d e la F ederación Obrera ha colm ad o ya todas las m edidas, y
corresponde al G obierno in terven ir y acabar con este vivero d el a n arq u ism o. . .
«
PARALIZACION DEI, TUERTO DE BUENOS AIRES 253

las huelgas portuarias estallaran en lo más candente de la tempo­


rada, para aprovechar la necesidad de los círculos comerciales de
poner térm ino rápido a la huelga y extorsionarlos para lograr con­
diciones ventajosas en las negociaciones,83 Pero esta vez los círculos
de la Cámara de Comercio resolvieron enfrentar por la fuerza la
huelga de los peones del M ercado C entral de Frutos y llam aron en
su apoyo al gobierno. Se nom bró u n a comisión reducida, encabeza­
da por Carlos L ix Klett, que dirigía la cam paña en contacto perm a­
nente con el gobierno. E n una prim era etapa se pidió que el gobier­
no pusiera en funcionam iento los depósitos por m edio de rom pe­
huelgas. El m inistro de Finanzas accedió a ese pedido y m andó que
se enviaran 120 obreros de aduana a los almacenes del Mercado
Central. La orden se cum plió enérgicam ente y 10 obreros de aduana
que se negaron a hacerlo, fueron despedidos de su empleo. Los obre­
ros de aduana, pocos y sin experiencia en el duro trabajo d e los
depósitos, no pudieron resolver el problem a causado por la huelga,
que se expandió con rapidez; se procedió entonces a reclutar des­
ocupados. La solidaridad con los huelguistas, en los suburbios obre­
ros, im pidió reclutar trabajadores lugareños y se propuso traerlos
desde Corrientes. E n el ínterin, para h ab ilitar siquiera parcialm ente
los depósitos y cargar las m ercaderías que debían ser exportadas,
se siguió trayendo a policías, a unidades de bomberos, tropas de
m arina e inclusive a grupos de presos. Esas fuerzas gubernam entales
Sólo hay u n a m anera d e solu cion ar las actuales d ificu ltad es y es la d e que
todos los patrones se u n a n y lu ch en contra los s in d ic a t o s ... A sim ism o, deben
plantear el asu n to en el C ongreso de m od o q u e se trate a los agitadores en
forma a p r o p ia d a ... E l o b jetivo p rin cip a l es aplastar el p od er d e la Federación
de O breros, q u e se ha v u elto u n p o d er den tro d e l estado gracias a la toleran ­
cia de las au torid ad es.” T h e R eview of the R iv e r P íate, 15 d e n oviem bre de
1902, p . 842.
83 Esta ap reciación ten ía u n a base razon ab le tam b ién a. raíz d e la tentativa
de huelgas en el p u erto d u ran te los liltim o s tres años, realizadas todas en lo
más intenso de la tem porada. La N ación lo destaca en u n artícu lo d el 19 de
noviem bre de 1902, d o n d e dice: "Se com p ren d e — y en esto se sig u e la táctica
' habitual— que la ép oca elegid a para la h u elga n o es d eterm in ad a p o r una
casualidad, sin o q u e se ha esperado el m o m en to de ap rem io para contar con
la prob ab ilid ad de u n é x ito seguro, a favor d e l apuro d e la estación, cuando
llegan d e la cam p aña largos convoyes d e ferrocarril atiborrados de p rod u ctos
para la ex p o rta ció n .”
En el m ism o esp íritu lo juzgó tam b ién e l có n su l b ritán ico en B u en os Aíres,
quien a ñ a d ió (a su in fo rm e d el 19 d e n oviem b re d e 1902): "Vale la pena ob ser­
var que en m i n o ta com ercial n ú m . 20 d el 21 d e d iciem bre d el año pasado
[1901] h ice un in form e m u y p arecid o a l q u e sigue. Las organizaciones lab ora­
les han estado a cu m u la n d o recursos d u ran te la tem porada de vacaciones para
estar en p o sició n de in sistir en sus térm inos en la época d e trab ajo.” A . Ros
to Mar quess o f Lansdou ni, B u en os Aires, 19 de n oviem bre de 1902 ( f . o. 118/225.
p . r . o . Londres).
254- LA GRAN CONFRONTACION (M AYO-DICIEM BRE DE 1 9 0 2 )

—en p arte armadas— fueron empleadas como rom pehuelgas y ex­


h ibieron u n a presencia am enazadora en los suburbios obreros, ju n ­
to al puerto.8* No pudieron em pero solucionar la paralización
portuaria, las mercaderías se acum ularon y al tercer día de paro
ya había 5 500 vagones esperando ser descargados en los depósitos,
m ientras la m ercadería seguía afluyendo. Pero en cambio lograron
enardecer a los trabajadores de los suburbios y em pujaron a los
sindicatos obreros a organizar actos de protesta y solidaridad.
El prim er sindicato que se adhirió a la huelga de los peones del
Mercado C entral, fue la Federación de Estibadores, pese a estar a
punto de salir victoriosa de la huelga que realizaron dos semanas
antes. Fue u n acto de evidente solidaridad, como protesta por la
introm isión gubernam ental contra los peones y con la certeza de
que su solidaridad confería perspectivas en la confrontación.85
La huelga de solidaridad de los estibadores atrajo d e inm ediato
la adhesión de la federación de rodados, creada poco antes y con la
que los estibadores tenían firm ado un “pacto de solidaridad”. Pero,
para com prender el carácter de esta adhesión, conviene exam inar
sucintam ente el gremio de los cocheros, que desde principios de
año iba adquiriendo un matiz pronunciadam ente anarquista.
Como se recordará, estalló u n a huelga de cocheros, en abril,
donde fueron muy activos los propagandistas del anarquism o, y que
finalizó con u n a postergación tem poraria del reglam ento de la
“lib reta”, contra cuya im plantación clam aron los cocheros. Poco
después de finalizar la huelga, renació en la M unicipalidad el de­
seo de im p lan tar tal libreta y, a principios de octubre, el sindicato
de cocheros lanzó u n llam ado a todos los m iem bros del gremio
para que firm aren un pedido al concejo m unicipal, con la dem anda
de abolir totalm ente las amenazas de resucitar la “libreta”.86
E n octubre se acentuó en el gremio el espíritu combativo y ra­
dical. A m ediados de noviembre, cuando estallaban los conflictos
obreros, se reunieron los representantes de los sindicatos de coche­
ros de Buenos Aires y form aron una federación general del gremio,

s í T h e Standard , B uenos A ires, 19 y 20 de n oviem bre d e 1902; “La huelga


d e los p eon es de B arracas”, en La Prensa, 18 y 19 d e n oviem b re d e 1902;
“M em oria de ¡a fo a a l T ercer Congreso A n u al", en El Sol , 1 d e ju lio d e 1903;
A. ñ o s to M arquess o f Lansdow n, B u en os A ires, 19 d e n oviem bre de 1902,
f . o . 118-225, P u b lic R ecord O ffice, L ondres (In form e al cón su l b ritánico en
B uenos Aires).
85 “Los estibadores no p o d ía n con tin u ar trabajando sin p erju d icar la causa
de los p eon es barraqueros. P o r solid arid ad d e clase, p u es, se d eclararon en
h u e lg a .’’ “La h u elga general de B u en os A ires”, en L a Protesta H u m a n a , II de
en ero d e 1903.
86 “Los conductores de carros”, en La Organización Obrera, octu bre d e 1902.
PARALIZACIÓN DEL PUERT® DE BUENOS AIRES 255

a la que llam aron Federación de Rodados, y resolvieron sumarse a


la f o a , pese a las voces d e disgusto proferidas por algunos, círculos
socialistas en su seno.87 La creación de la federación —im buida de
uri carácter radical (la mayoría de sus adictos activos eran anar­
quistas)— sirvió de im pulso para lanzarla en seguida a la lucha
obrera en los puertos. El artículo núm . 1 del R eglam ento Federal
decía:

E n los casos en que l o s capitalistas o empresarios traten de m alograr un


movimiento producido en cualquier localidad, empleando rompehuelgas,
o los gobiernos hagan lo mismo valiéndose de la p o licía o del ejército, se
producirá la huelga general del gremio.

U na situación exactam ente así se creó pocos días después de


creada la federación. N o debe extrañar que se viera arrastrada a
la lucha de los obreros portuarios, m áxim e por el hecho de que su
adhesión podía in fluir directam ente, ya que el paro de los rodados
al puerto agravaría la huelga y acrecentaría la fuerza de presión
de los huelguistas. Apenas los estibadores declararon la huelga,
hizo otro tanto la Federación de Rodados.88
L a adhesión de esos sindicatos a la huelga d e los peones b arra­
queros fue u n acto de solidaridad obrera evidente, y se granjeó el
aprecio general de todos los trabajadores. Perm itió com prender
que sí era factible respaldar debidam ente a los obreros q u e lucha­
ban en el pu erto contra la coalición del gobierno y los em plea­
dores.89
Con esas resoluciones, la paralización total del puerto fue un
hecho. Lo que tem ían los hom bres de la C ám ara M ercantil y lo
que trataron de evitar, se produjo: el puerto se cerró, los barcos
fondeados no fueron atendidos, en los m uelles se aglom eraron m i­
les de carros con productos agrícolas, cesó la exportación y la im-

87 “ M ovim iento o b re ro ”, e n L a P rotesta H u m a n a , 8 de n oviem bre d e 1902;


"M ovim iento ob rero”, ibid,, 15 d e n oviem bre d e 1902.
“Los carreros, a irea n d o m ercadería, h u b iera sid o a lg o así com o u n in su lto
a los estibadores, d a d o q u e am bos trabajos se com p lem en tan . C om p ren d iend o
así y resp etan d o el p acto de u n ió n q u e carreros y estibadores ten ían prestable-
cido, se resolvieron p o r la h u elg a .” “La h u elg a gen eral de B u en os A ires”, en
La Protesta H um ana; “La h u e lg a ”, en E l G rem io (órgano de la Sociedad de
R esistencia d e la U n ió n de Cocheros de B u en os Aires), 15 d e febrero d e 1903;
"Be B u en os A ires”, en L a A gitación, S antiago de C hile, 29 d e d iciem bre de 1902.
89 In clu so la circu lar d el P artid o Socialista — q u e ap areció varios d ías d es­
pués y criticaba el d esp eñ am ien to d e sucesos en n oviem bre— no censura esa
huelga d e so lid arid ad y dice: “La h u elg a d e los estibadores y carreros fu e un
acto in te lig en te de verdadera p r á c t ic a ..." J. O d d one, op. cit., p . 111; "La
h uelga general de B u en os A ires”, e n L a R eb e lió n , 14 d e d iciem bre d e 1902,
256 LA GRAN CONFRONTACIÓN ('MAYO-DICIEMBRE DE 1 9 0 2 )

portación, los ingresos aduaneros se redujeron, el am biente de cri- {


sis se reflejó en el rápido ascenso del precio del oro."0 i

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E L liSCA LON AM IENTO DEL CONFLICTO Y LA PROCLAM ACIÓN
DE LA HUELGA GENERAL

■ H em os tratado de trazar un bosquejo esquemático de los sucesos,


hasta el 20 noviembre. Nos parece que su rasgo característico es
el escalonamiento de los conflictos laborales en circunstancias de
m uy poca comunicación entre los dirigentes obreros y los em plea­
dores. Cada uno de los bandos aportó m ucho para el despeñam ien­
to de las relaciones. No creemos, en este caso, que haya habido
acciones intencionales de prom over u n conírontam iento de gran
m agnitud. A nuestro parecer, los elementos activos en esta contien­
da se vieron sorprendidos por el alcance y la rapidez con que estalló
la confrontación.
En el sector obrero los anarquistas fueron u n factor de tensión
y, como ya se h a dicho, hubo u n a am pliación muy significativa
del alcance de su actividad y de su intensidad en los sindicatos
obreros. En los últim os meses venían insistiendo en la im portan­
cia de la “huelga general” como el m edio más eficaz para la lu­
cha obrera. Como fueron palabras se puede atribuirles u n valor
que modeló el estado de ánim o de los anarquistas y que los lle­
vó a u n a anuencia rápida de agudizar los conflictos laborales y
convertirlos en huelgas generales. Pero no se puede señalar la
consolidación de u n a técnica intencional, ni pasos planeados de
antem ano para llegar a la huelga general y al enfrentam iento. A
m i entender, los propios anarquistas se sorprendieron de la verti­
ginosidad con q ue fueron atrapados en un conflicto laboral de
tan grandes dimensiones. Sólo pocos, num éricam ente, participa­
ron de un m odo activo y directo en las huelgas de los portuarios.
La mayoría seguía llevando su estilo de vida habitual, y no tenía
noción de la concatenación de acontecim ientos que hizo eclosión
el 20 de noviem bre, pues carecía de com unicación con los activos
en las huelgas.
U na evidencia interesante de la falta de comunicación interna
en el bando anarquista se revela en una circular publicada el 20
de noviembre, la cual se titulaba “A todos los compañeros de la

s>o “P u b lic feeling”, en T h e Standard, B uenos Aires, 21 de noviem bre de


1!)02 .
EL ESCÁLONAM IENTO DEL CON FLICTO 257

capital”, firm ada p or el grupo Iniciador; llam aba a "todos los gru­
pos libertarios de la capital”, a u n a gran asamblea el 23 de noviem­
bre (jel día que estallaría la huelga general!) para “debatir la
recaudación de fondos con m iras d e crear u n centro de propagan­
da lib e rta ria .. . ” 91
La circular n i siquiera insinúa la inm inencia d e la huelga gene­
ral que abrazaría a los obreros dos días m ás ta r d e .. .
Paralelam ente, no h ab ía u n plan preparado de antem ano para
agravar el conflicto hasta la confrontación; no otra fue tam bién la
actitud del otro polo del conflicto, esto es, los em pleadores y el
gobierno, que pasaron de una posición m oderada y propensa a las
contemporizaciones (a principios del conflicto) a u n enfoque en­
colerizado e inflexible en la segunda etapa d e la huelga d e los
peones barraqueros. L a rapidez con que el paro se expandió los
encolerizó y atemorizó. Por falta de experiencia en negociaciones
para solucionar conflictos laborales, se dejaron atrap ar por la creen­
cia de que cualquier m edio de opresión es bueno para aplastar
pronto el fenómeno.
El m inistro del Interior, J. V. González, lo confiesa en sus me­
morias, ocho años después.92 Estaban ante u n a encrucijada: aplicar
"el estado de sitio” y aplacar la disconform idad por algún tiem po
(hasta que desapareciera) o prom ulgar leyes que frenaran las huel­
gas y distanciaran a los agitadores. Se escogió el segundo camino.
Sin experiencia n i posibilidades para com prender u n fenómeno
social de esta índole, lo creyeron el resultado de la actividad de
agitadores. N o era difícil señalarlos: la C ám ara d e Comercio los
vigilaba desde hacía tiem po, la prensa conservadora no cesaba de
censurarlos,93 sobresalían por su actividad radical, todos eran (o
fueron considerados) “anarquistas” y “extranjeros”. Es decir, no se
trataba de ciudadanos argentinos (pues, por ser anarquistas no les
interesaba la ciudadanía pese a residir d u ra n te m uchos años en
el país).
No debe extrañar, p or lo tanto, que se recurriera al proyecto
de ley de expulsión de extranjeros, propuesto por el senador Cañé
en 1899, y estancado desde entonces en las comisiones del C on­
greso. El factor que acicateó al gobierno, en ese caso, fue 1a. Cám a­
ra de Comercio, cuyo com ité de acción para tratar los aspectos
relativos a la huelga se dirigió al m inistro del In terio r y a la Co­

9i Un e jem plar orig in al de esta c ircu lar se e n cu e n tra en la colección de


Max N ettlau , legajo A rg en tin a 1902, archivo i i s g , A m sterdam .
82 D. A bad de S antillán, H istoria A rgentina, t. m , op. cit.., pp. 669 670.
os T h e R eview o f the R iver r ía te , 1 d e febrero d e 1902; 15 de m arzo de
1902; 5 de a b ril de 1902.
258 LA g r a n c o n fro n ta c ió n (m a y o -d ic ie m b re d e 1902)

m isión del Senado para reclam ar la prom ulgación rápida de la ley


proyectada por Gané.94
Los rum ores que hablaban de presiones sobre el gobierno (apar­
te de su propia inclinación) para que se prom ulgue una ley contra
extranjeros, como u n instrum ento de lucha contra los “prom otores
de huelgas” y los anarquistas, se propagaron de inm ediato por las
calles de Buenos Aires y provocaron la escalada decisiva. L a f o a
reaccionó inm ediatam ente y el mismo 20 de noviem bre su comité
adm inistrativo, en com ún acuerdo con los estibadores y los coche­
ros, lanzaron u n manifiesto declarando la huelga general. E n ese
m anifiesto declararon que la huelga se im pone fatalm ente en. vir­
tud del proceder del gobierno. El día 21, el com ité federal de la
f o a celebró una asamblea y en ella aprobó la conducta del comi­

té adm inistrativo.95

LA M ARCHA DE LA HUELGA GENERAL. LOS DIAS 20-22 DE NOVIEMBRE

Al d ía siguiente de la proclam ación de la huelga general, varios


; gremios se adhirieron, y el 22 de noviem bre el núm ero de huel-
: guistas ya se estim aba en 20 000. La Prensa la consideraba la huel-
; ga más grande hasta ese entonces.96
El público trabajador se m ostraba sim patizante con la huelga y
los huelguistas. A un los sindicatos obreros católicos —siem pre dis­
puestos a rom per las huelgas— esta vez vacilaron en cuanto a su
actitud, y hubo voces que justificaron el paro, pese a la gran in­
fluencia de los anarquistas.91

a* “H ay u n a tu e rte agitación p a ra o b ten e r la sanción del Congreso a lo que


se h a llam ado la ‘Ley de residencia’. La m edida, cuya constinacionalidad está
e n serias dudas, capacitaría a las auto rid ad es a disp o n er de m uchos de los
a n arq u istas principales q u e son responsables d e las huelgas. A yer en la tarde,
u n a delegación del M ercado C entral de Abastos tuvo audiencia con el m inistro
del U lterior con el fin de q u e use su in fluencia p a ra q u e se p onga a discusión
la ley de inm ediato, e ib an acom pañados p o r el m in istro de Finanzas, D r. Ave­
llaneda. La m ism a delegación se entrevistó con la C om isión de A suntos Cons­
titucionales d el Senado.” T h e Standard, Buenos Aires, 21 de noviem bre de 1902.
95 “ M em oria d e la f o a al T erc er Congreso A n u a l’’, en E l Sol, 1 de julio
de 1908; “La h uelga general de Buenos A ires", en La Protesta H u m a n a , 11 de
enero de 1903; J. O ddone, G rem ialísm o, op. cit., p. 112; “ Lo sciopero generale”,
e n L ’A vvenire, 21 de noviem bre de 1902.
“jam á s en la R ep ú b lica A rgentina se p ro d u jo u n m ovim iento o brero de
: defensa y dé protesta d e las proporciones y la trascendencia del a c tu a l.” “A ctua­
lid a d ~ La h u e lg a ”, La Prensa, 21 d e noviem bre de 1902.
9* H . Spalding, La clase trabajadora, op. cit., p. 529.
LA M ARCHA DE LA H U E ltjA GENERAL 259

La atmósfera en los barrios obreros y de inm igrantes —Boca y


Barracas— se acaloró en el trascurso de la Iiuelga; en ¡as calles
reinaba u n clima de pr«revolución: grupos de huelguistas y sus
mujeres se concentraban en las calles produciéndose choques con
la policía y con los rom pehuelgas. En los suburbios obreros se oía
gritar: “Viva la an arq u ía” y “Viva la revolución social”.98
Graves choques sangrientos se produjeron en Zárate, entre h uel­
guistas y rom pehuelgas; se hicieron varios disparos de armas de
fuego y algunos obreros sufrieron heridas. L a policía arrestó a los
organizadores de la huelga en Zárate y afirm ó que todos eran anar­
quistas. E n Buenos Aires el puerto paró p o r com pleto el 22 de
noviembre; la policía no pudo cum plir con la protección a los
pocos rom pehuelgas y fueron trasladadas a la ciudad varias un id a­
des del ejército, apostándoselas en los barrios obreros. El estacio­
nam iento de ios soldados caldeó aú n más los ánimos. El jefe de
policía autorizó a los rom pehuelgas a p o rtar armas. E n el segundo
día de huelga ya se supo de tiroteos entre obreros y rompehuelgas.
Las m edidas de opresión intensificaron la tensión y cada d ía se
plegaban nuevos sindicatos obreros. El 23 de noviem bre —aparte
de los portuarios de Buenos Aires y de Paraná, así como d e los
cocheros— ya estaban en huelga los panaderos, zapateros, albañi­
les, sombrereros, fideeros, fosforeros, tejedores, mecánicos y fundi­
dores. La huelga se expandió tam bién a otros puertos: Rosario,
Bahía Blanca, La Plata, V illa Constitución. Sin embargo, fracasó
el intento de prom over u n paro paralelo en M ontevideo. Las se­
des de los sindicatos obreros de Buenos Aires estaban repletas,
se realizaban en ellas reuniones tempestuosas y la m ayoría de los
oradores eran activos del anarquism o (O. Ristori, S. Locascio, F.
Basterra, M ontesano y otros), que exhortaban a extrem ar y exten­
der la huelga.
Los daños directos a la economía se percibieron ya en los prim e­
ros días, cuando dism inuyó de u n m odo abrupto el ingreso en la
aduana: de 300 000 pesos diarios, se redujo a 50 000. En la bolsa
de comercio se seguía con alarm a el desarrollo d e la huelga. Pre­
valecía un clima de pánico y miedo; la opinión general era que se
debía obrar de inm ediato y con m ano dura. U na encuesta de La
Prensa dem ostró que u n a parte de los comerciantes del ram o de
frutos, en vista de la expansión de la huelga, estaban dispuestos a
discutir u n aum ento de salario, pero todos se oponían a reconocer
a los sindicatos obreros y negociar con ellos. M ientras tanto, el
miedo se extendió a la iDoblación. En el centro de la ciudad, en

“s La Prensa, 21 y 22 de noviem bre de 1902.

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260 T.A GRAN CONFRONTACIÓN (M AYO-DICIEM BRE DE 1902)

los barrios habitados por la clase opulenta, reinaba el pánico cuan­


do se propagó el rum or de que 30 000 obreros armados, d e la Boca
y Barracas, se aprontaban a invadir el centro y llegar a la casa de
gobierno. El m iedo a la revolución social pendía en el aire.93
La prensa profirió prim ero llamados a la m oderación en cuanto
a las huelgas, y pedía buscar el cam ino hacia la negociación de­
cente entre obreros y empleadores y abstenerse de medidas de opre­
sión.100 Pero pronto esas voces fueron apagadas por la furia y la
histeria que causaba la im potencia gubernam ental, por reclamos
airados a aplastar pronto a los propagandistas extranjeros, los anar­
quistas, “los empresarios de huelgas”, sea por la aplicación del
estado d e sitio sea por la prom ulgación de una ley contra los ex­
tranjeros.101
«9 “Las huelgas”, en La Prensa, 21, 22 y 23 d e noviem bre de 1902; “ Crónica
d e u n m es”, ibid,, 1 de enero de 1903; T h e Standard, 21 y 22 de noviem bre de
1902. L a h u elg a tam b ién fue descrita en u n a corresponsalía e n el sem anario
londinense T h e E conom ist, 3 de enero de 1903, Buenos Aires, 22 de noviem bre
d e 1902; D. A bad de S antillán, H istoria argentina, op. cit., t . I I I , p, 462; Solida­
ridad, R osario, 22 de noviem bre d e 1903 (sobre la h uelga general en Rosario).
100 "N os proponem os llam ar la atención sobre la gravedad del m ovim iento
p a ra q u e se le preste la atención q u e se m erece y se le bu sq u en los derivativos
p ru d e n te s q u e p u e d an con d u cir a soluciones e quitativas y c o n c ilia to ria s... ”
“A ctualidad: L a h u e lg a ”, L a Prensa, 21 de noviem bre d e 1902.
La N ación tom ó prim ero u n a línea m oderada. E l 21 de noviem bre de 1902
p revino contra m edidas extrem as q u e p u e d a n agravar la tensión: "A q u í han
residido los a n arq u istas m ás tem ibles y se h a n re tira d o sin e n co n trar m edio
p a ra sus declam aciones.”
m i "L a generalización de la h uelga h a ab ierto p o r fin los ojos de las a u to ­
ridades y el pro b lem a de o b ten er u n a ley del congreso que faculte a l gobierno
a ex p u lsar del país a los ex tran jero s indeseables se h a puesto a discusión de
nuevo. Creem os que esta vez, algo se h a rá al respecto. Los fom entadores d e las
num erosas huelgas se están volviendo dem asiado poderosos y es absolutam ente
necesario q u e algo se h aga para atajarlos. N o puede dejarse a m erced de unos
cuantos anarquistas italianos el com ercio d el p a í s . . . ” T h e R eview o f th e R iver
P íate, 22 de noviem bre de 1902.
E ste estado de ánim o se expresa tam b ién en u n a corresponsalía desde Buenos
Aires, del 22 de noviem bre d e 1902, que se p ublicó en el sem anario londinense
T h e E conom ist, el 3 d e enero de 1903: “ Q ue la h uelga es p rin cip alm en te obra
d e agitadores extranjeros - . . es evidente. D e n tro de los últim o s diez años este
p aís se h a convertido en el R efu g iu m P e c ato riu m de la hez crim in al d e l sur
de E uropa, y ya es n o tab le la contam inación de la clase baja p o r 1a in stila­
ción de este veneno ex tran jero . La. in flu e n cia de estos elem entos extranjeros
perniciosos se nota especialm ente en este c a s o .. . ”
L a Prensa tam bién ataca a los agitadores (22 de noviem bre de 1902, 23 de
noviem bre de 1902). T h e Standard, 22 de noviem bre de 1902, llam a al gobierno
a tom ar m edidas: “D e m an e ra d e c ap a citar al gobierno a a d o p ta r m edidas tan
rigurosas como sea necesario p a ra volver los sentidos a los hom bres, esos hom ­
bres descam inados y em baucados p o r algunos anarquistas y los llam ados refor­
m istas sociales.”
EL PROYECTO DE LEY DE RESIDENCIA 261

El desarrollo de las huelgas portuarias y la de los depósitos de


mercancías, hasta llegar a la huelga general que amenazaba con pa­
ralizar la economía del país, configuró u n vuelco que no agradaba
al P artido Socialista, quien el 22 de noviem bre clamó por u n esfuer­
zo que frenara el despeñamiento. E. D ickm an m enciona ese esfuerzo
en sus memorias: "El P artido Socialista aconsejaba sensatez y m o­
deración a los obreros y al gobierno. Pero los anarquistas im pe­
dían que los oradores socialistas hablaran en las asambleas de los
huelguistas.” 102
En la esfera de esfuerzos para evitar la agravación del conflicto,
el comité del P artido Socialista resolvió nom brar una comisión
(compuesta por Eneas A rienti, Francisco Cúneo y Celyndo Castro)
para apersonarse ante el presidente de la R epública y plantearle:
1) la necesidad de que el gobierno desautorice los rum ores que
circulaban, atribuyéndole el propósito de dictar u n a ley de resi­
dencia y decretar el estado ele sitio, rum ores que habían exasperado
el ánimo de los trabajadores, im pulsándolos al m ovim iento huel­
guista; 2) la necesidad de que el gobierno retirara las tropas que
había puesto en rem plazo de los huelguistas, a fin de que el con­
flicto surgido fuera resuelto exclusivamente por patrones y obre­
ros; 3) la necesidad de que el gobierno se penetrara de la justicia
que asistía a los cargadores de frutas en sus reclamaciones y com­
prendiera que la