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ESQUIZOFRENIA PARANOIDE

¿Qué es la esquizofrenia paranoide?


La esquizofrenia es un tipo de trastorno mental severo que se categoriza dentro de los
trastornos psicóticos. Consiste en una alteración persistente en la que se pueden ver afectados
procesos psicológicos como la percepción, los sentimientos, la atención y el juicio, entre otros.
En concreto, la esquizofrenia paranoide es un subtipo que se caracteriza por la presencia de
ideas delirantes o alucinaciones auditivas. Aunque en el actual manual diagnóstico DSM-5 no
aparezca como tal, en la práctica clínica se sigue utilizando esta diferenciación.
Se expresa a través de una serie de síntomas negativos (relacionados con la restricción de la
expresión emocional) y positivos (exceso de las funciones mentales normales). Los síntomas son
muy heterogéneos; los desarrollaremos en el siguiente apartado.

Síntomas de este tipo de psicosis


Como decimos, la esquizofrenia paranoide, del mismo modo que el resto de tipos, presenta
síntomas negativos y síntomas positivos a lo largo del curso. Cada grupo de síntomas es
totalmente diferente del resto.

Síntomas positivos
Los síntomas positivos (por exceso) son los que expresan distorsiones del pensamiento
inferencial: lo que también se denomina ideas delirantes. Alucinaciones, lenguaje desorganizado
y comportamiento catatónico o desorganizado son también síntomas comunes.
En concreto, en la esquizofrenia paranoide existe una preocupación por una o más ideas
delirantes o aparecen alucinaciones auditivas de manera frecuente. En este caso la presencia de
síntomas negativos es menos habitual y menos relevante a nivel clínico.

Síntomas negativos
Los síntomas negativos (por defecto) son los que en fases estables afectan a la vida diaria el
individuo que padece esquizofrenia. Consisten en la falta de interés social (asociabilidad), de
capacidad de disfrutar o de sentir placer (anhedonia) y de voluntad y motivación (avolición).
También es común que los afectados padezcan de aplanamiento afectivo y alogia. En la alogia
disminuye la fluidez de las conversaciones, mientras que en el aplanamiento afectivo existe una
falta de reacciones afectivas y se muestra indiferencia hacia lo que ocurre en el entorno.

Estos síntomas negativos son menos comunes en la esquizofrenia de tipo paranoide, de manera
que la calidad de vida tiende a ser mejor que la de las personas que sufren otros tipos de
esquizofrenias. No obstante, cada caso difiere de los demás.

Síntomas cognitivos o residuales


Los síntomas cognitivos van muy asociados al número de brotes psicóticos que la persona ha
sufrido, a la intensidad de los síntomas y al tipo de tratamiento farmacológico y psicológico que
se lleve a cabo.
Funciones como la atención, la memoria o las aptitudes ejecutivas pueden verse afectadas,
incluyendo las capacidades que permiten planificar, ejecutar, tomar decisiones y emitir juicios.

La atención sostenida y la dividida son las que más deterioradas quedan; asimismo, la memoria
autobiográfica suele estar dañada, lo cual interfiere en la rememoración de experiencias previas
y en la forma en cómo se registra y se interpreta algo que sucedió en el pasado.

Ideas delirantes: la característica de la esquizofrenia paranoide


Como hemos dicho previamente, la esquizofrenia paranoide es aquel tipo de esquizofrenia en
el que la presencia de síntomas negativos es poco común o marcada, pero las ideas delirantes y
las alucinaciones auditivas son muy evidentes.

Las ideas delirantes son creencias erróneas causadas por una interpretación errónea de
experiencias o percepciones. Con contenidos tan diversos como la religión, el propio organismo
o las referencias a uno mismo, las ideas delirantes más habituales son las de persecución.

Consecuencias de las ideas delirantes en el individuo


Si analizamos las ideas delirantes de persecución, tiene sentido que se asocien a una serie de
síntomas emocionales tales como la ansiedad, la ira, la desconfianza o el retraimiento, que
resultan muy fáciles de entender si tenemos en cuenta que la persona piensa que está siendo
perseguida por alguien.

Pese a esta sensación de ser seguido y observado continuamente, por lo general las personas
con esquizofrenia no son agresivas y probablemente no asaltarán al posible verdugo aunque
estén totalmente convencidos de que es quien le sigue.

¿Cuándo se inicia la esquizofrenia paranoide?


Los primeros brotes de esquizofrenia normalmente tienen lugar al inicio de la edad adulta.
Mientras que en hombres es más frecuente entre los 20-30 años, en las mujeres es algo más
tardío, existiendo incluso primeros episodios sobre los 35 años.

Entre las personas con esquizofrenia es habitual alternar fases de episodios psicóticos agudos
con otras de remisión. Con cada episodio agudo se van acumulando síntomas residuales que
afectan a las funciones cognitivas.

Es una enfermedad crónica que fluctúa por las fases agudas, las de estabilización y las estables.
Cuando va a volver a suceder un brote psicótico agudo aparece una serie de síntomas
prodrómicos similares a los positivos pero de menor intensidad.

La esquizofrenia paranoide tiene una edad de inicio más tardía, lo que la convierte en el tipo de
esquizofrenia con mejor pronóstico de todos ya que los síntomas negativos apenas se presentan
y los residuales son muy poco frecuentes.
¿Cuáles son las causas de este trastorno?
En cuanto a las causas de la esquizofrenia, hay gran diversidad de opiniones y de estudios que
avalan resultados distintos; esto sugiere que se da multicausalidad. De forma resumida
podemos decir que existen tres posturas que explican esto y no son excluyentes entre sí.

Factores genéticos: predisposición genética


Entre las personas con familiares de primer grado que sufren esquizofrenia, existe un riesgo más
elevado de padecerla; en concreto la probabilidad aumenta del 1 al 6%. Están saliendo a la luz
estudios que indican que la esquizofrenia podría deberse a una alteración de los receptores
dopaminérgicos del cromosoma 5, aunque queda mucho por estudiar.

Factores morfológicos y fisiológicos: ¿cerebros diferentes?


A nivel fisiológico los desequilibrios químicos en el cerebro influyen en el desarrollo de la
esquizofrenia. Está aceptado que neurotransmisores como la dopamina y la serotonina juegan
un papel importante.

Además existen estudios que muestran que la morfología cerebral podría ser algo diferente que
en personas sin el trastorno. En concreto se ha observado dilatación ventricular y menor
cantidad de materia gris en los lóbulos frontales, temporales y parietales. La reducción en
materia gris correlaciona con la duración de la enfermedad.

Factores ambientales
La falta de oxígeno durante el parto, la estación del año en la que se nace o el lugar donde nos
desarrollamos son factores que influyen en la posibilidad de padecer esquizofrenia. Nacer a
finales de invierno se considera un factor de riesgo a causa de la mayor probabilidad de que la
madre contraiga algún virus.