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Sacristán.

Hombre al servicio de
Dios
Constructores del Reino

Susana Cortés
Cuántas veces hemos entrado a un templo y vemos con alegría que todo está limpio, que todo en
orden, que en el momento de las celebraciones litúrgicas el sacerdote tiene todo lo necesario,
etcétera; esto no se puede lograr sin la ayuda de personas generosas que entregan su vida a las cosas
de Dios. En nuestras parroquias conocemos a estas personas como sacristanes.
¿Quién es el sacristán?

Se dice de aquel intendente al cual se le confiere el cuidado de la sacristía, la iglesia y lo que ella
contiene. En tiempos antiguos, muchos deberes del sacristán fueron realizados por los conserjes
(ostiarii); posteriormente, por los mansionarii y los tesoreros. Los decretos del Papa Gregorio IX, “ De
officio sacristæ“, hablan del sacristán como si éste tuviera un oficio honroso anexo a cierto beneficio,
y menciona que este deber era cuidar los vasos sagrados, las vestimentas, las luces, entre otros tantos
objetos.
Hoy el sacristán es elegido o designado. El “ cæremoniale episcoporum” prescribió que en la catedral
y las iglesias colegiales, el sacristán deba ser un sacerdote, y describe sus tareas respecto a la sacristía,
la Sagrada Eucaristía, la pila bautismal, los óleos sagrados, las reliquias sagradas, la decoración de
la iglesia para las diferentes épocas y festividades, la preparación de lo necesario para las diversas
ceremonias, la pregustación en la Misa pontificia, el sonar de las campanas de la iglesia, la
conservación del orden, y la distribución de las Misas; y, finalmente, sugiere que se designen uno o
dos canónigos cada año para supervisar la tarea del sacristán y sus asistentes. También se menciona
en los decretos al cuasi-sacristán, quien era el asistente del sacristán, y estaba sujeto al archidiácono,
y con tareas muy similares a las del sacristán. Ahora, dicho oficio casi no tiene ningún beneficio, pero
es usualmente una posición remunerada. El Concilio de Trento deseaba que, de acuerdo con los viejos
cánones, los clérigos deberían ocupar dichos oficios; pero en la mayoría de las iglesias, tomando en
cuenta la dificultad de tener clérigos, hombres laicos realizan las tareas del sacristán y del cuasi-
sacristán.
Dionisio Cristóbal Ortiz

Sacristán de San Juan Bautista

“Llevo seis años de sacristán en esta parroquia. Antes trabajaba en otra, de voluntario. Mis inicios
fueron en rectoría de los Sagrados Corazones, donde duré ocho años. Trabajaba en la construcción,
específicamente en el yeso, en el Sagrado Corazón; entré como pintor y en esos tiempos se lesionó el
sacristán y yo veía al padre muy apurado en preparar la liturgia, y le pregunté que si podía ayudarlo
en algo, y me dijo que sí; entonces fue como empecé. Nadie me enseñó, solo aprendí.
Después de que se retiran los padres Claretianos de la diócesis (que eran los encargados de los
Sagrados Corazones), regresé a mi oficio de la construcción. Por ese tiempo caí en una enfermedad,
y como pertenezco a la Parroquia de Fátima empecé a ir diario a Misa, para pedir por mi salud. Ya
recuperado, en agradecimiento presté mis servicio como voluntario durante tres años, después de un
retiro de la Escuela de la Cruz. Un buen día Mons. Higinio me dijo que en la Parroquia de San Juan
necesitaban un sacristán; me presenté y fui aceptado.

Es un trabajo maravilloso, comprometido con Dios; a diario le pido que me ayude a no flaquear y a
seguir con mi labor. Aquí tengo muchos amigos que me ven con amabilidad y respeto, y trato de
servirles de igual modo.
Invito a las personas, que ya lo hacen, que tomen como un llamado de Dios el ser sacristán, para
ayudar en su parroquia”.
José Pérez

Sacristán de La Inmaculada Concepción


“Llevo diez años de servicio como sacristán. Empecé después de que hice un retiro espiritual; me invitó
el padre Esteban Salazar, acepté, y aquí estoy desde entonces. Fui aprendiendo poco a poco, solo. El
trato con la gente es amable y cordial, al igual que con los sacerdotes y vicarios que han pasado por
aquí.

Después de aquel retiro se me despertó la inquietud de servir en el altar, primero en el equipo de


liturgia y, posteriormente, me invitaron a participar como sacristán.

Mi servicio es para Dios, siempre le he pedido que me ayude para seguirle sirviendo”.
Esven Javier Ovejero González

Sacristán de Santa María Goretti

“Llevo apenas dos meses como sacristán; anteriormente, por cuatro años presté mis servicios en la
Parroquia de San Isidro Labrador.

Al principio, iba a la parroquia con otros amigos; me llevaba bien con el sacerdote. Primero, ayudaba
nada más en los bautismos, y poco a poco me fui quedando como suplente del sacristán, hasta que
me quedé de planta.
Aprendí del sacristán que está en el Santuario. El trato con la gente es de respeto; pero a algunas
personas no les gusta lo que hago, porque a veces quieren respuestas que no tengo o cuando les digo
que el padre no está, ellos piensan que se los niego, pero no es así.
Estoy aquí porqué se hacer el trabajo, y pues en esta época que es difícil encontrar trabajo, qué mejor
que tenerlo cerca de Dios.

Aparte de ser sacristán soy músico, y se me acomodan las dos actividades en cuestión de horarios.
Aprende uno muchos valores aquí; que todo puede tener una esperanza mientras se tenga fe, Dios
nos da fuerza para seguir adelante.
Sigan yendo a las parroquias, no pierdan la constancia”.