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El origen de la profunda tragedia americana

La crítica de la “razón occidental” en Federico Nietzsche y Rodolfo Kusch

Guillermo Andrés Vega


Estudiante de la Licenciatura en Filosofía
Fac. de Humanidades - Universidad Nacional del Nordeste

El título de este trabajo reúne a dos autores que, tras un primer vistazo, podrán
considerarse completamente heterogéneos. Por un lado Federico Nietzsche, un europeo de
la segunda mitad del siglo XIX, con ideales aristocráticos y con un profundo sentimiento de
nostalgia hacia el espíritu griego del siglo VI a. C., y por otro, Rodolfo Kusch, un pensador
argentino que ha vivido gran parte del siglo XX defendiendo la condición existencial del
indigena americano, así como también a las masas, a los pobres y a los excluidos.
¿Qué pueden tener en común estos dos autores?, y ¿qué significado guardan sus
pensamientos para nuestra actualidad? Ambas preguntas han motivado la realización del
presente trabajo, en el cual procuro poner en evidencia lo que creo son puntos de
convergencia significativos entre dos filosofías radicales y de gran vigencia.

Crítica a la “razón occidental”


Una de las afinidades más notorias entre el pensamiento de Nietzsche y el de Kusch
puede ser reconocida en la crítica que ambos autores emprenden contra la “razón
occidental”. Para Nietzsche, dicha razón está estigmatizada en una determinada manera de
comprender el mundo, bautizada en El origen de la tragedia como “socratismo”. El término
“socratismo” alude a la persona de Sócrates en tanto ésta representa el origen identificable
de los principios básicos del pensar racional. Dice Nietzsche: Sócrates es el primer modelo
de optimismo teórico, que atribuye a la fe en la posibilidad de profundizar la naturaleza de
las cosas, al saber, al conocimiento, la virtud de una panacea universal... i Esta manera de
acercarse al mundo pone en marcha un juego lógico regulado por conceptos, juicios y
mecanismos de deducción, todos ellos encaminados a establecer una distinción acertada
entre lo “verdadero” y lo “erróneo”.
Para Kusch, la racionalidad está caracterizada específicamente por la “razón técnica” y,
a diferencia de Nietzsche, señala su origen en la Europa del siglo XVI, con el advenimiento
del mundo burgués. La ciencia moderna y la puesta en crisis del Antiguo Régimen abren el
juego social a una nueva clase, la burguesía, o como gusta de caricaturizarla Kusch, la clase
de los “mercaderes”.
No interesa tanto aquí destacar tras qué acontecimientos históricos sitúan uno y otro
pensador el origen de la “racionalidad occidental" sino, más bien, las consecuencias que ha
traído aparejada la cristalización de esta manera de comprender el mundo. Tanto para
Nietzsche como para Kusch, el despliegue y consolidación de la racionalidad a lo largo de la
historia de Occidente han ido modificando poco a poco la relación del hombre para consigo
mismo y para con la naturaleza. Ambos pensadores orientarán sus esfuerzos a poner en
evidencia que tras el ascenso de una visión del mundo totalitaria y homogeneizante se
encubre la caída y desaparición de otras perspectivas culturales. Nietzsche denuncia la
muerte del espíritu trágico de los griegos del siglo VI a. C., y Kusch arremete contra la
marginación y el exterminio del primitivo espíritu americano.
Ambos autores, de manera diferente, coinciden al señalar que la racionalidad acaba con
el vínculo que liga al hombre con la naturaleza. Para Nietzsche, el instinto dionisíaco, tan
i
Federico Nietzsche. El origen de la tragedia, Bs. As., Espasa-Calpe, 1952, p. 105.-
esencial al espíritu trágico, simboliza la sujeción del hombre a los impulsos básicos en el
contexto de la naturaleza. Dice al respecto G. Deleuze: Dionysos... retorna a la unidad
primitiva, destroza al individuo, lo arrastra al gran naufragio y lo absorbe en el ser
original... ii Kusch piensa dentro de una perspectiva semejante empleando la idea del “mero
estar”. Para el filósofo argentino la existencia del indio americano se resuelve a través de una
particular forma de entenderse a sí mismo y al mundo. El “mero estar” señala un lugar, el
aquí, la parcela de tierra cultivada, la comunidad en conjunto con las fuerzas implacables de
la naturalezaiii, un todo en el que no es distinguible la relación sujeto-objeto.
A pesar de indicar ambos conceptos el vínculo del hombre con el mundo-naturaleza, el
“instinto dionisíaco” nietzscheano no es completamente comparable con el “mero estar” del
indio americano. A diferencia de aquel, en el que la voluntad se impone de manera afirmativa
sobre el dolor y el placer de la vida, el “estar” señala un estado de pasividad ante los
pliegues de la naturaleza que impulsa al aborigen a concebirse dentro de la comunidad,
dentro de la especie, a los únicos efectos de poder sobrevivir. Dice Kusch: Esta gravidez
que soportaba el natural, asigna a su cultura cierta cualidad de “yecto” entre fuerzas
antagónicas, y trae consigo un sinfín de estructuras de orden social y estético que
apuntan... a una administración de energías.iv
Mas allá de la distinción señalada entre el “instinto dionisíaco” y el “mero estar”, que
hace que estos dos conceptos no se puedan homologar totalmente, sí es posible agruparlos
en función del uso que ambos autores hacen de ellos, es decir, como opuestos a la
“racionalidad occidental”. Es así como el “instinto dionisíaco” nietzscheano se contrapone al
“socratismo” y el “mero estar” de Kusch se enfrenta con su idea contraria, el “ser alguien”.
El intelectualismo socrático será enriquecido por Nietzsche, a lo largo de su obra, con la
moral cristiana. Si el advenimiento del socratismo había acabado con el “espíritu trágico”,
del cual formaba parte esencial el “instinto dionisíaco”, el surgimiento del cristianismo
firmará su defunción tras el medioevo y principios de la modernidad.
El “socratismo” nietzscheano encuentra su imagen especular en el “ser agluien” de
Kusch. La búsqueda de seguridad tras los muros de las grandes ciudades y en medio de los
objetos que se amontonan por doquier señala el miedo del hombre ante la naturaleza, o en
términos de Kusch, ante la “ira de dios”. El “ser alguien” es la forma de vida del europeo
civilizado, es la actitud activa y transformadora con respecto a la naturaleza, es la búsqueda
de la estabilidad que proporcionan los objetos dentro de la inestabilidad del ambiente. Casi
toda la revolución técnica europea va orientada a reemplazar el mundo escamoteado. Los
objetos creados reemplazan a la naturaleza. v Y el mundo escamoteado del cual nos habla
Kusch es el mundo virulento de pestes y tormentas, el mundo en donde se manifiesta la “ira
de dios”, y al cual el indio americano se ha adaptado, no escamoteándolo, a la manera del
europeo, sino aceptándolo en su azarosa dinámica.

Naturaleza y Vida
La oposición que tanto Nietzsche como Kusch emprenden contra la racionalidad
occidental no es fruto de ningún capricho. Ambos advierten de manera clara las
consecuencias que trae aparejada esta forma de comprender el mundo en compañía de
pretensiones totalizadoras. Para Nietzsche lo que se pierde con el socratismo es la dimensión
impulsiva del hombre. Los instintos más elementales son negados y desplazados para que las
ii
Gilles Deleuze. Nietzsche y la filosofía, trad. Carmen Artal, Barcelona, Anagrama, 1998, p. 21.-
iii
Cfr., Rodolfo Kusch. América profunda, Bs. As., Biblos, 1999, p. 90.-
iv
Ibid., p. 89.-
v
Ibid., p. 116.-
grandes verdades morales y filosóficas, frutos de la labor imperturbada de la razón, se
consoliden. La embriaguez dionisíaca posibilitadora del arte trágico es descartada en pos de
un descarnado intelectualismo. Sin embargo, Dionysos sigue existiendo en el trasfondo
humano, con ello se explica el sentido de la “mala conciencia”. Esta aparece cuando se
niegan los instintos. Muy a pesar suyo el hombre los sigue sintiendo, pero para no
doblegarse en su satisfacción ha inventado el sentimiento de culpa, la conciencia de lo
prohibido, es decir, la mala concienciavi. La vida así concebida pierde valor y ello se
manifiesta en sus productos culturales: la moral, la ciencia, la religión, la filosofía.
Para Kusch, el arribo a América de la razón técnica, la transformación del mundo
natural por el mundo de los objetos y el desarrollo de los grandes centros urbanos significó
no sólo que la razón europea había llegado para quedarse, sino también que una concepción
de la vida y del mundo corría peligro de desaparecer. Sin embargo, a pesar del extermino de
los pueblos indígenas americanos y de la proliferación de la moral burguesa por toda
América, el trasfondo sigue perteneciendo al “mero estar” del indio americano. Dice Kusch,
con respecto a este trasfondo que aún prevalece en algunas zonas de nuestro país y del
continente: Es un sustrato que se mantiene ignorado y que no se registra más que en el
plano folclórico o etnográfico, pero ofrece su resistencia sorda y medida hasta llegar a
tener su éxito... vii Y al igual que el insoslayable “instinto dionisíaco”, el “mero estar” del
indio americano persiste al desarrollo cultural del hombre blanco descendiente de europeos y
le recuerda constantemente que otra manera de valorar la vida existía a su llegada. A pesar
del esfuerzo tecnológico, del desarrollo de las grandes metrópolis, de la alocada carrera de
los mercaderes, la civilización no puede dejar de disimular la existencia de ese bajo fondo
humano, arraigado en el “mero estar” y que se manifiesta en los descendientes de
aborígenes, en el indigente que ronda las grandes ciudades, en los excluidos. Disimular el
“hedor” de América es una empresa sin sentido, pues siempre estará presente en el miedo
inconsciente de perder la seguridad que proporcionan los objetos y la ciudad. Dice Kusch:
Es el miedo a la ira de dios desatada como pestilencia y desorden, que en América se nos
muestra a nuestras espaldas con toda su violencia y que nos engendra el miedo de perder
la vida por un simple azar.viii Y, así como para Nietzsche la mala conciencia del hombre
moderno es el resultado de la sublimación de los instintos básicos y la traba para el
renacimiento del espíritu trágico, para Kusch el miedo original ante la inseguridad de la
naturaleza florece en el inconsciente del hombre de ciudad, y resulta propicio para el
crecimiento de la civilización y la búsqueda de la aparente seguridad que transmiten los
objetos en detrimento de la forma de vida del indio americano.

Conclusión
Ante lo expuesto queda claro que dentro del pensamiento de Nietzsche y el de Kusch la
crítica a la racionalidad tiene un lugar preponderante. La misma se desenvuelve,
metodológicamente hablando, con características similares, y esto se evidencia, por ejemplo,
en la vuelta que ambos autores realizan a estados socio-culturales anteriores al desarrollo y
consolidación de la razón burguesa. Tanto la antigüedad clásica como las culturas
precolombinas del Perú guardan en el seno de su historia el espejo de agua en el cual
abrevan ambas filosofías: la naturaleza humana y su relación con el mundo.

vi
Cfr., Federico Nietzsche. La genealogía de la moral, trad. Sánchez Pascual, Madrid, Alianza, 2000, pp.
108, 109.-
vii
Rodolfo Kusch, Op. cit., p. 141.-
viii
Ibid., p. 28.-
Es posible inferir de la lectura de El origen de la tragedia y de América profunda que
existe un camino alternativo al señalado por el “socratismo” y por el “ser alguien” de la
moral burguesa. Otra forma de entender la vida y de conducirse, a la que no se ha calificado
por la historia oficial como civilización, fue y es aún posible, lo que transforma al mundo
actual, dónde la racionalidad occidental y la moral de los mercaderes se han sedimentado, en
una construcción histórica que nada tiene de natural. Al contrario, todo lo construido en
nombre de la razón, de la civilización y del mercado supone un desplazamiento de las
condiciones primigenias por las que los hombres se relacionan entre sí y con el medio
ambiente.
Las filosofías de Nietzsche y de Kusch no nos han legado sólo una profunda crítica al
desenvolvimiento de la civilización occidental, pleno de racionalismo y mercantilismo, sino
que también han dejado una sensación de esperanza a todos aquellos que hacemos filosofía
en Latinoamérica. Una esperanza basada en la seguridad, hoy día muy resistida, de que otro
tipo de vida y de desarrollo cultural es posible.

ABSTRACT

Federico Nietzsche, un europeo de la segunda mitad del siglo XIX, con ideales
aristocráticos y con un profundo sentimiento de nostalgia hacia el espíritu griego del siglo
VI a. C., y Rodolfo Kusch, un pensador argentino que ha vivido gran parte del siglo XX
defendiendo la condición existencial del indigena americano, así como también a las masas, a
los pobres y a los excluidos. ¿Qué pueden tener en común estos dos autores?, y ¿qué
significado guardan sus pensamientos para nuestra actualidad? Este trabajo pretende dar
respuestas a estas preguntas siguiendo la crítica que ambos autores realizan a la “razón
occidental”.