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Las alergias en los alimentos transgénicos

Por CATALINA RODRÍGUEZOBSERVATORIO DE SEGURIDAD ALIMENTARIA, UAB

Una de las dudas que planean sobre los alimentos transgénicos es saber si la
alteración genética inducida implica un mayor riesgo de desencadenar reacciones
alérgicas entre los consumidores. La incógnita, lejos todavía de estar resuelta, es
clave no sólo por sus implicaciones comerciales sino también por sus derivaciones
legales tanto en lo que refiere al etiquetado como a la seguridad global del
producto.

Una de las principales preocupaciones de la industria biotecnológica que


actualmente ensaya la investigación con organismos modificados genéticamente
(OGM) es asegurar la total inocuidad de los productos que pretenden introducir en
el mercado. Esta preocupación, reflejada ampliamente en la legislación europea y
de otros países en el mundo, encuentra su traducción no sólo en el aseguramiento
de la calidad del producto y del proceso empleado para obtenerlo, sino también en
la exclusión de cualquier posibilidad, por remota que sea, de alteración o
afectación del medio ambiente o de la salud de personas o animales.

En el catálogo de preocupaciones para limitar efectos adversos que pongan en


duda las consideraciones citadas, en los últimos años se ha incorporado el estudio
de la probabilidad de que los OGM sean responsables de desencadenar alguna
forma de alergia alimentaria. Si ello fuera así, el producto dejaría de tener interés
desde la perspectiva comercial ante el rechazo más que probable del consumidor.

La alergia a un OGM puede ser debida al material genético transferido, a la


formación inesperada de un alérgeno o a la falta de información sobre la proteína
que codifica el gen insertado Como es sabido, una alergia alimentaria se puede
manifestar por síntomas tan diversos como diarreas, urticaria o respiración
silbante. De su aparición son responsables unos anticuerpos concretos, las
inmunoglobulinas E (IgE), que reaccionan ante la presencia de un compuesto
alergénico (un alérgeno).

Los consumidores que padecen alergias alimentarias suelen tener un sistema


inmunitario desajustado. Esto es, que al tener un primer contacto con algún
alimento en cuya composición se encuentra un alérgeno se produce en su
organismo un exceso de inmunoglobulinas E (IgE); y que con ocasión de un
segundo contacto, la reacción se acrecienta y prosigue por medio de la liberación
de sustancias, como la histamina, que son responsables de los síntomas clínicos de
la alergia.

La utilización de productos procedentes de organismos genéticamente modificados


en nuestra alimentación es cada día mayor, por lo que es apropiado preguntarnos
si ellos podrían provocar un incremento de las alergias en los consumidores que las
padecen o peor aún, si pueden provocar alergias en quienes no las sufren.

Potencial alergénico

La lista de los principales alimentos alergénicos es muy amplia y depende de los


hábitos alimenticios de las personas, de la edad de las mismas, y hasta de la zona
geográfica donde se localizan los consumidores; además puede variar el tipo de
alergia, con el tiempo. Los niños de corta edad por ejemplo, reaccionan
preferentemente a los alérgenos animales, mientras que los adultos somos mas
sensibles a los alérgenos vegetales.

En el campo alimentario, hasta el momento se han clasificado ocho grupos de


alimentos implicados en el 80% de los casos reconocidos de alergias alimentarias.
Estos grupos son: cacahuete, soja, nuez y avellanas, leche, huevos, pescado,
crustáceos y trigo. Varios alérgenos de estos alimentos están ya plenamente
identificados.

El soporte de la alergenicidad de un alimento suelen ser las proteínas


(generalmente de la familia de las glicoproteínas). En cualquier caso, una alergia
nunca es debida a una única proteína, sino a un gran número de ellas o a simples
fragmentos peptídicos (trozos de proteína más pequeños).

En lo que a los alimentos modificados genéticamente se refiere, puede suceder


que en ellos se encuentre el transgén (material genético transferido) que codifica
un alérgeno conocido, o que produce una proteína procedente de un alimento
alergénico. Puede pasar también que para la proteína que codifica no se disponga
de ningún dato histórico, clínico o epidemiológico que mencione alguna
alergenicidad propia o de su fuente.
Cuando un transgén codifica una proteína conocida como alérgena, es muy
probable que dicha proteína, tal como la expresa el vegetal, conserve su potencial
para desencadenar una alergia.

Para confirmar si efectivamente se desencadena una alergia, se pueden realizar


pruebas inmunoquímicas con muestras de sueros procedentes de pacientes
alérgicos a esta proteína. Un suero que, por tanto, es rico en IgE específicas. Este
tipo de estudio, por ejemplo, se ha llevado a cabo con soja modificada que expresa
la albúmina 2S de la nuez del Brasil.

El suero de estos pacientes reacciona igual con la albúmina 2S procedente de la


soja modificada que con la albúmina 2S de la nuez del Brasil. En este caso, la
transgenésis no hace sino transferir la alergenicidad de un alimento a otro a través
de la proteína alérgena conocida. Esto es lógico, si tenemos en cuenta que cuando
se modifica genéticamente un alimento, no se hace sino inducir a que en el ser vivo
de recepción se produzcan proteínas procedentes de otros seres. Desde este punto
de vista, es esencial que se haga indicar cuál es la procedencia, puesto que de esta
forma los consumidores podrán identificar, leyendo la etiqueta, si pueden o no
consumir el alimento en cuestión.

El verdadero problema se presenta cuando la fuente del transgén no tiene ningún


pasado de alergenicidad y por consiguiente no se dispone de suero para efectuar el
test de comprobación. Para tratar de solucionar este inconveniente los
investigadores han propuesto distintas aproximaciones:

Buscar homologías de secuencia entre la proteína extraña introducida en el


alimento y los alérgenos conocidos. El hallazgo de una secuencia homóloga se
considera entonces como una presunción de alergenicidad.

Analizar las propiedades físico-químicas de las proteínas. En este caso se parte del
principio de que la alergenicidad es esencialmente imputable a la molécula
proteica intacta. Es decir, que cuanto más resistente es una proteína a la acción de
las enzimas digestivas, tanto más probable es que sea absorbida intacta, por la
mucosa intestinal, siendo en consecuencia activa como desencadenante de una
reacción alérgica.
La concentración en el alimento. Se trata de un criterio de predicción
independiente de las características intrínsecas de la proteína. En la soja, la leche o
el cacahuete, por ejemplo, la proteína alergénica puede variar desde unas pocas
unidades por ciento al 80% de las proteínas totales.

Peligro actual Hasta ahora, la tendencia ha sido creer que no hay que temer a
eventuales riesgos alérgicos ligados a la presencia de una proteína extraña si ésta
representaba menos del 1% del contenido proteico total. Es lo que ocurre con los
actuales alimentos formados por OGM o procedentes de ellos, donde la proteína
de interés suele representar entre el 0,01% y el 0,4%.

Esta consideración, sin embargo, se ha visto que no es suficiente. Es por ello que
tratar de predecir si una proteína introducida en un OGM es o no alergénica,
constituye todavía un problema. Pero no es el único: falta por estudiar si la
inserción del transgén en el genoma de la planta puede interferir con el buen
funcionamiento de otros genes que regulan funciones muy distintas y si esa
interferencia podría repercutir, por ejemplo, en la expresión de alérgenos
naturales de la planta anteriormente no expresados o débilmente expresados.

La falta de técnicas más fiables para predecir de modo objetivo el potencial


alergénico de un OGM, obliga a plantear estrategias alternativas de evaluación
aplicables sólo tras su salida al mercado y, por tanto, tras haber comprobado que
no existe ningún otro tipo de riesgo ni para la salud humana ni ambiental. Esta
estrategia pasa por efectuar un seguimiento de tipo epidemiológico después de la
comercialización de dichos productos a fin de recoger datos sobre la aparición de
efectos inesperados a largo plazo en la salud de los consumidores.

Bibliografía

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Barros C. E Segura I., Criterios sobre el posible concepto de "alimento nuevo". En


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Jean-Michel Wal. OGM y Alergias: ¿Constatar o Predecir?. Rev. Mundo Científico


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Fuente

http://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/ciencia-y-
tecnologia/2002/12/04/4332.php