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Cendoj: 46250370022014100450
Organo: Audiencia Provincial
Sede: Valencia
Sección: 2
Tipo de Resolución: Sentencia

Fecha de resolución: 03/09/2014

Nº Recurso: 182/2014

Ponente: JOSE MARIA TOMAS Y TIO

Procedimiento: PENAL - APELACION PROCEDIMIENTO ABREVIADO

Idioma: Español

AUDIENCIA PROVINCIAL

SECCIÓN SEGUNDA

VALENCIA

Datos del recurso: Apelación 182/2014

Identificación del procedimiento:

P.A. 79/2011, Instrucción núm. 14 de Valencia

P.A. 2/2012, de Penal núm. 7 de Valencia

SENTENCIA APELACION PENAL 748/14

Valencia, a 3 de septiembre de 2014


Composición de la Sala

Presidente

D. José María Tomás Tío, ponente

Magistrados

D. José Manuel Ortega Lorente

D. Juan Beneyto Mengó

Apelantes:

1.- Ministerio Fiscal:

Dña. María Pilar Tomás Gómez

Impugnantes:

Ges seguros S. A.

Abogado, D. José Vanaclid

Procurador, D. Pedro Frau Granero

Dña. Adelina

Abogado, D. Javier Boix Reig


Procuradora, Dña. Pilar Palop Folgado

D. Evelio

Abogado, D. Eliseu Frígols Brines

Procuradora, Dña. Pilar Palop Folgado

2.- D. Isidro y otros

Abogado, D. Vicente Máñez Doménech

Procurador, D. Rafael Francisco Alario Mont

Impugnantes:

Dña. Adelina

Abogado, D. Javier Boix Reig

Procuradora, Dña. Pilar Palop Folgado

D. Evelio

Abogado, D. Eliseu Frígols Brines

Procuradora, Dña. Pilar Palop Folgado

3.- D. Segundo y Dña. Laura

Abogado, D. David Enrique Prieto Ramírez


Procuradora, Dña. Guadalupe Porras Berti

Impugnantes:

Ges seguros S. A.

Abogado, D. José Vanaclid

Procurador, D. Pedro Frau Granero

Dña. Adelina

Abogado, D. Javier Boix Reig

Procuradora, Dña. Pilar Palop Folgado

D. Evelio

Abogado, D. Eliseu Frígols Brines

Procuradora, Dña. Pilar Palop Folgado

4.- Dña. Adelina

Abogado, D. Javier Boix Reig

Procuradora, Dña. Pilar Palop Folgado

Impugnantes:
Ministerio Fiscal:

Dña. María Pilar Tomás Gómez

D. Isidro y otros

Abogado, D. Vicente Máñez Doménech

Procurador, D. Rafael Francisco Alario Mont

D. Iván, Dña. Jacinta y Dña. Paloma

Abogado, D. Manuel Mellado Vivó

Procurador, D. Francisco Javier Barber Paris

D. Segundo y Dña. Laura

Abogado, D. David Enrique Prieto Ramírez

Procuradora, Dña. Guadalupe Porras Berti

5.- Apelante adherido:

D. Evelio

Abogado, D. Eliseu Frígols Brines

Procuradora, Dña. Pilar Palop Folgado

Apelante adherido al adherido:


Dña. Adelina

Abogado, D. Javier Boix Reig

Procuradora, Dña. Pilar Palop Folgado

Impugnantes:

D. Iván, Dña. Jacinta y Dña. Paloma

Abogado, D. Manuel Mellado Vivó

Procurador, D. Francisco Javier Barber Paris

D. Isidro y otros

Abogado, D. Vicente Máñez Doménech

Procurador, D. Rafael Francisco Alario Mont

ANTECEDENTES DEL PROCESO

PRIMERO.- La Sentencia recurrida de fecha 7 de enero de 2014, concluía " Que


debo condenar y condeno a Dña. Adelina como responsable directamente en concepto
de autora de un delito contra la seguridad vial del art.380.1 del C.P, en concurso con
dos delitos de homicidio por imprudencia grave del art.142. 1 y 2 y de un delito de
lesiones por imprudencia grave del art. 152. 1, 1 y 2, sin la concurrencia de
circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, a la pena de tres años de
prisión, inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante
el tiempo de la condena y privación del derecho a conducir vehículos a motor y
ciclomotores por tiempo de seis años, con la consecuencia de pérdida de vigencia del
permiso de conducir por aplicación de lo dispuesto en el nº 3 del art.47 del C.P, así
como al pago de las costas procesales causadas, incluidas las de las acusaciones
particulares, más que indemnice a D. Isidro y Dña.Flor en la cantidad de 106.556'84
euros ; a D. Iván y Dña. Jacinta en la cantidad de 106.556'84 euros ; a D. Segundo en
la cantidad de 18.405'59 euros; al Ayuntamiento de Valencia en la suma de 337'10
euros; a Mobiliario Urbano SL en 2.525' 99 euros, y a la entidad aseguradora Allianz en
la suma que en trámite de ejecución de sentencia acredite haber satisfecho por razón
de los perjuicios sufridos por la titular del vehículo 7011 BFN con el límite máximo de
1.400 euros. Todas las cantidades devengarán los intereses determinados en el
artículo 576 del la Ley de Enjuiciamiento Civil. Y para el cumplimiento de la pena
principal y responsabilidad subsidiaria que se impone en esta resolución, le abono todo
el tiempo que ha estado privada de libertad por esta causa, si no lo tuviera absorbido
en otras.

Asimismo, se declara la responsabilidad civil directa de la entidad GES, que deberá


abonar los intereses del artículo 20 de la Ley de Contrato de Seguro computados
desde la fecha del siniestro y hasta el día 13-11-2012, y la responsabilidad civil
subsidiaria de D.Evelio"

SEGUNDO.- Motivos del recurso:

1.- Ministerio Fiscal:

- Error en la apreciación de las pruebas

- Infracción por inaplicación del artículo 77 del Código Penal

- Fijación de la cuantía indemnizatoria como deuda de valor


2.- D. Isidro y otros:

- Error en la apreciación de la prueba y en la declaración de hechos probados

- Infracción del ordenamiento jurídico por inaplicación del delito del artículo 381, en
relación con el382 y 142.1 y 2 del Código Penal

- Falta de fundamentación o incongruencia omisiva en la aplicación de la pena

3.- D. Segundo y Dña. Laura:

- Infracción del artículo 66.6 del Código Penal

4.- Dña. Adelina:

- Vulneración del derecho a un proceso con todas las garantías y a la tutela judicial
efectiva

- Error en la apreciación de la prueba con vulneración del derecho a la presunción de


inocencia y a la tutela judicial efectiva

- Infracción por aplicación indebida de los artículos 380.1, 142.1 y 2 y 151 del Código
Penal

- Infracción del artículo 21.5 del Código Penal por inaplicación de la atenuante muy
cualificada de reparación del daño

- Infracción por inaplicación de la regla segunda del apartado primero del artículo 66
del Código Penal
- Vulneración del derecho la tutela judicial en relación con el deber de motivación y
del derecho a la libertad al utilizar un criterio para la graduación de la pena que incurre
en el error

5.- Apelante adherido: D. Evelio:

- Vulneración del derecho fundamental a la tutela judicial efectiva por incongruencia


omisiva al no resolver la cuestión previa sobre invalidez en la determinación de alcohol
en sangre

- Error en la apreciación de la prueba con vulneración de los derechos de la


presunción de inocencia y a la tutela judicial efectiva

- Adhesión al resto de los motivos del recurso de doña Adelina.

TERCERO.- Se recibieron las actuaciones en esta Secretaría el 27 de junio de


2014, señalándose para deliberación y resolución el 3 de septiembre siguiente, sin
necesidad de celebrar la vista solicitada por la representación de la condenada y el
responsable civil subsidiario, - considerada innecesaria por el resto de los
comparecientes y por este tribunal, que con las extensas alegaciones de los
recurrentes y los impugnantes (en total 298 folios) ha tenido suficiente para la correcta
formación de una convicción fundada-, expresando el ponente el parecer de la Sala.

HECHOS PROBADOS

Se acepta el relato de hechos probados que contiene la Sentencia recurrida, que


declara que "Se declara probado que la acusada Adelina, mayor de edad y sin
antecedentes penales, quien había obtenido la licencia de conducción de la clase B el
dia 23-11-09, sobre las 23'30 horas del día 16 de noviembre de 2010, conducía el
vehículo Renault Clio con matrícula .... HJZ, propiedad de su padre Evelio y asegurado
por la Cia.Ges Seguros y Reaseguros SA, por la Avda.Blasco Ibañez de la Ciudad de
Valencia, en la que la velocidad máxima permitida al tratarse de via urbana es de 50
kms. por hora. La acusada, con olvido de las más elementales normas de cuidado y
atención a la conducción y circulando a velocidad excesiva rebasó en fase roja el
semáforo existente en el cruce de la Avda. de Blasco Ibañez con Avda. de Cataluña,
donde, pese a observar que otros vehículos detenían su marcha, rebasó el semáforo
en fase roja y a continuación el que regula el cruce de la Avda.Blasco Ibañez con la
calle Almela i Vives continuando sin detenerse en el cruce de dicha Avenida con la
Avda. de Suecia obligando a un vehículo que circulaba con preferencia a esquivar su
paso, hasta que llegó al cruce de la Avda. Blasco Ibañez con la calle Dr. Gomez Ferrer
circulando a una velocidad no inferior a los 94'35 Km/hora y donde, pese a tener su
semáforo en fase roja, no detuvo el vehículo. La acusada colisionó en el cruce por
embestida lateral contra el turismo Seat Córdoba matrícula .... KBF propiedad de Laura
y conducido con su autorización por su hijo Segundo en el que viajaban como
ocupantes Cornelio en el asiento delantero derecho y Antonieta en el asiento trasero
izquierdo.

Como consecuencia de la colisión fallecieron Cornelio y Antonieta. El conductor del


vehículo Seat Córdoba Segundo resultó con lesiones consistentes en policontusiones,
traumatismo abdominal y contusión cervical. Estas lesiones requirieron para su sanidad
además de una primera asistencia facultativa tratamiento médico consistente en
collarín cervical, férula en pie izquierdo, y tratamiento farmacologico. A los pocos días
se produjo rotura de quiste en riñón que no requirió tratamiento médico. Asímismo se
diagnosticó con fecha 22 de enero de 2011 protusión discal entre las vértebras C5 y
C6. Las lesiones descritas sanaron a los 65 dias impeditivos con uno de
hospitalización. Al lesionado le quedan como secuelas una depresión reactiva (8
puntos), cicatriz en tercio inferior de antebrazo izquierdo, cicatriz de 2 cmts. en fosa
ilíaca, cicatriz en pie izquierdo, protusión discal C5-C6 (valorada en 5 puntos). Además
las cicatrices provocan un perjuicio estético ligero.

El vehículo matrícula .... KBF resultó con daños que han sido indemnizados por la
Cía.Allianz a su propietaria.
Asímismo resultaron dañados un quiosco de concesión municipal, dos pivotes de
Valenbici una placa de la ORA y vallado metálico de protección, bienes, alguno de ellos
de propiedad municipal por los que su titular reclama 337'10 euros. Los daños en los
elementos urbanos propiedad de Mobiliario Urbano SLU han sido valorados en 2.525
euros. La acusada Adelina resultó con lesiones leves que precisaron asistencia
facultativa. Durante la asistencia médica y estando la acusada en dependencias del
Hospital Clínico Universitario le fue practicada prueba de alcoholemia con etilómetro
digital marca Drager modelo alcotest 6510 serie Aryl 0220 a las 2'05 horas dando como
resultado 0'35 mg. de alcohol por litro de aire espirado y asimismo se practicó análisis
de determinación del nivel de alcohol en sangre sobre la muestra que le había sido
extraida con finalidad terapèutica a la 1'30 horas, sin que conste suficientemente
acreditado que la acusada hubiera dado consentimiento válido para el uso de tal
muestra.

La acusada había consumido dos cervezas entre las 22'30 y las 23'00 horas sin que
se haya acreditado suficientemente que condujera con sus capacidades psicofísicas
disminuidas por el alcohol ingerido. Cornelio había nacido el NUM000 de 1982, estaba
soltero, sin hijos, y deja a sus padres Isidro y Flor y una hermana mayor de edad que
reclaman indemnización.

Antonieta nacida el NUM001 de 1976 estaba soltera y no tenía hijos, y deja a sus
padres Iván y Jacinta y una hermana mayor de edad, que reclaman indemnización".

RAZONAMIENTOS JURIDICOS

1.- Frente a la sentencia dictada en este procedimientopor la señora Magistrada


Juez de lo Penal número 7 de Valencia, en la que condena a doña Adelina, como
responsable en concepto de autora de un delito contra la seguridad vial del artículo
380.1 del Código Penal, en concurso con dos delitos de homicidio por imprudencia
grave del artículo 142.1 y 2 y de un delito de lesiones por imprudencia grave delartículo
152.1 del Código Penal, con las penas y responsabilidad civil derivada del hecho
sancionado, declarando la responsabilidad civil directa de la entidad GES y la
subsidiaria de don Evelio; se interpusieron cuatro recursos de apelación directa y un
quinto de apelación por adhesión, identificados en el encabezamiento de la presente
resolución, que fueron impugnados respectivamente por quienes igualmente se han
reseñado en el mismo, valiéndose de los motivos que se recogen en el antecedente de
hecho segundo de esta sentencia que se dan por reproducidos y a los que hay que dar
la respuesta exigida en derecho. Debe anticiparse, no obstante, que el recurso por
adhesión y las impugnaciones a otros recursos formuladas en nombre y representación
de la compañía aseguradora declarada responsable civil directa o del propietario del
vehículo, declarado responsable civil subsidiario, únicamente se tendrán en cuenta
respecto de aquellos aspectos o motivos vinculados con el ámbito de su intervención,
esto es, el de la responsabilidad civil que se les atribuye en la sentencia combatida.

Asimismo, es justo destacar el trabajo de evaluación de la prueba, el método


expositivo y la coherencia argumental que la juzgadora de instancia ofrece en la
sentencia combatida, que se convierte en modelo de resolución y ha permitido a las
partes y a este tribunal una correcta valoración de lo presenciado, evaluado y reseñado
como presupuesto de la aplicación del derecho que se realiza.

2.- Respecto del recurso interpuesto por el Ministerio Público (11 folios de las
páginas 48 a 58 del tomo V), que se diversifica en los tres motivos reseñados, debe
significarse que:

A) Respecto del primero por error en la apreciación de la prueba, pretendiendo la


declaración de validez y ajuste a derecho de la prueba de alcoholemia practicada
mediante la utilización de sangre extraída para fines terapéuticos, no se puede más
que confirmar el pronunciamiento que la sentencia recurrida contiene, toda vez que de
la declaración prestada en el acto del juicio oral por el oficial de la policía -que requirió
el consentimiento para la utilización de la sangre extraída previamente- se desprende
con meridiana claridad que se obtuvo en contra de las previsiones legales, en tanto
que:

- No fue interesada a la persona mayor de edad que podía otorgar el consentimiento,


sino que lo hizo a su padre sin ninguna competencia para ello;

- Que a su vez fue advertida indebidamente de la eventual comisión de un hecho


ilícito si se negaba a la extracción de sangre como prueba de contraste o incluso a la
utilización de la sangre extraída con el fin de que sirviera de contraste a la prueba
practicada con el etilómetro carente de toda validación;

- Que no resulta exigible, en tanto que sería voluntaria, ni desde luego puede llevar
consigo el incumplimiento de ninguna obligación de colaborar en el esclarecimiento de
los hechos por graves que éstos hubieran sido y en contra del derecho a no declarar en
contra suya, y

- Que no consta la autorización judicial, que hubiera sido la única forma de sustituir
aquel consentimiento en los términos a que se refiere la STC 206/2007 cuando afirma
que "en relación con las diligencias de investigación o actos de prueba practicables en
el curso de un proceso penal, hemos afirmado que las intervenciones corporales
pueden conllevar una intromisión en el ámbito constitucionalmente protegido del
derecho a la intimidad personal, no tanto por el hecho en sí de la intervención, sino por
razón de su finalidad, es decir, por lo que a través de ella se pretenda averiguar, si se
trata de información referente a la esfera de la vida privada y que el sujeto puede no
querer desvelar, como la relativa al consumo de alcohol o de drogas. Esto es lo que
sucede también en el presente caso en el que se realiza un análisis de sangre al objeto
de determinar si el afectado había consumido alcohol y cuál era su grado de
impregnación alcohólica, lo que supone una injerencia en la vida privada de la
persona".

De igual forma, ha valorado la Juzgadora de instancia la imposibilidad de sustentar


sobre el resultado de la prueba la demostración del grado de intoxicación por la ingesta
de bebidas alcohólicas, afirmando que "La consecuencia es la pretendida por la
defensa, esto es, la imposibilidad de valorar como prueba el resultado del análisis
efectuado por la Sección de Toxicología, y las que se derivan de ella, en particular, el
análisis retrospectivo de alcoholemia.

Pero a juicio de la resolvente que el aparato no esté homologado afecta


exclusivamente a la fiabilidad del resultado pero no implica que su uso por los
funcionarios policiales vulnere derechos fundamentales pues se emplean dichos
aparatos a los meros efectos de conocer indiciariamente la posible afectación del
conductor, y que carezcan de homologación o de verificación periódica -como se exige
respecto de los etilómetros evidenciales- no supone que se trate de instrumentos no
autorizados y que por ello el conductor no venga obligado a someterse a la prueba. En
esta linea la sentencia de la Audiencia Provincial de Valencia-Sección 3ª de fecha
09-12-1999, nº 579/1999, dijo que "ya la Circular de la Dirección General de Tráfico
96/1994 reconoce que el etilómetro Drager 7410 con el que se practicó la primera
prueba, no esta homologado, considerando su utilización perfectamente válida por
razones de comodidad, al tratarse de un aparato mas pequeño y portátil, y solo para el
caso de que el resultado sea positivo, deberá repetirse la prueba con aparato
homologado, como es el Drager 7110.

En todo caso el resultado indiciario que arrojó la prueba con el etilómetro digital no se
valora como acreditativo de tasa de alcoholemia porque carece de fiabilidad".

Por fin, no puede sustentarse la misma en la valoración de la prueba


testifical o pericial en segunda instancia, lo que supondría la sustitución por parte de
este tribunal de las funciones que el legislador y la jurisprudencia interpretativa vienen
atribuyendo en exclusiva a quien ha presenciado desde la inmediación la práctica de la
prueba, especialmente la personal, y mucho menos para incardinar sobre la misma una
calificación más grave que la contenida en la sentencia recurrida. Este motivo debe
desestimarse;
B) En cuanto al segundo de los motivos del recurso, debe igualmente desestimarse,
debiendo asumir en su integridad la fundamentación de la sentencia de 12 abril 2013
de la sección quinta de esta misma Audiencia Provincial, en la que cita sentencias
anteriores del Tribunal Supremo, en tanto que afirma que "El recurso del Ministerio
Fiscal trae a colación una debatida cuestión, cual es la aplicación del art. 382 del
C.Penal, que añade a su inicial redacción en el C.Penal de 1995 (entonces con el
número de artículo 383), la importante precisión de que la pena a que el precepto se
refiere se ha de imponer en todo caso en su mitad superior, y no con el arbitrio que el
precepto permitía en su anterior redacción.

Ha de advertirse que tanto la sentencia apelada como la petición del Ministerio Fiscal
que en este particular la recurre, se apartan de lo que la Jurisprudencia del T. Supremo
y las sentencias de las Audiencias resuelven sobre el particular. La STS 1135/2010 de
29 de diciembre, en un caso de conducción temeraria en concurso con imprudencia
con resultado de muerte y otras dos imprudencias con resultado de lesiones, señala
pena única para todas las conductas dichas en aplicación del art. 383 del C.Penal,
entonces aplicable, por ser los hechos juzgados de fecha 5 de octubre de 2007, y sobre
dicho precepto hace consideraciones por igual aplicable al vigente art. 382 de dicho
Código:... "A pesar de las críticas unánimes de la doctrina científica, es patente que
dicho precepto consagra una cláusula concursal específica. En este sentido el
legislador ha considerado que se trata de un concurso de Leyes y sanciona tan solo
uno de los hechos, el más gravemente penado. Aplica directamente la cláusula de
alternatividad y mayor rango punitivo que el art. 8.4º del C.Penal establece para
resolver el concurso de normas que se proyecta sobre el hecho enjuiciado, siendo por
ello doctrina de la Sala que el delito de peligro seguido de otro con resultado de igual o
mayor rango penal queda consumido en éste....La regla concursal específica no se ve
alterada en el caso de concurrencia de diversos resultados lesivos, pues la absorción
se producirá siempre en la infracción más gravemente penada. Realmente el art. 383
(ahora 382) consagra un concurso de normas a resolver por el nº 4 delart. 8 del C.P.,
que es la solución específica prevista en el referido art. 383 del C.P."
La Sentencia del mismo Tribunal de fecha 24 de septiembre de 2012, nº 706/2012,
confirma la condena del recurrente como autor de un delito contra la seguridad vial en
concurso ideal con doce delitos de lesiones por imprudencia grave (con aplicación del
art. 383 del C.P. vigente al tiempo de los hechos juzgados), a pena única de prisión y
privación del permiso de conducir, y sobre los preceptos objeto de reflexión dice:..."el
desliz penológico de la sentencia no ha sido objeto de impugnación. Además es fácil
concluir que la fijación concreta de la pena resulta adecuada. Así se deriva de la
reflexión que se ha hecho antes en torno al art. 152 y la necesidad de agrupar todos los
resultados lesivos en un concurso ideal..."

En punto al parecer de las Audiencias Provinciales, constituye referencia de entidad


la Sentencia de la A.P.Madrid, Sección 1, de fecha 13 de diciembre de 2012: "Ahora
bien, en cuanto a la determinación y concreción de las penas impuestas, las diversas
alegaciones de la parte apelante no pueden tener mayor admisibilidad que como
exteriorización del uso subjetivo del derecho a la defensa de los intereses de sus
patrocinados, careciendo de cualquier fundamento legal en su apreciación de tratarse
de unas penas desproporcionadas, salvo en lo que se refiere a la aplicación indebida
por la Juez a quo del art. 382 CP, que no 383 como pretende la parte apelante, y a
tenor de su redacción no variada a lo largo de las sucesivas modificaciones, a la hora
de concretar las penas imponibles del más grave ilícito concurrente: un delito de
conducción bajo la influencia de bebidas alcohólicas del art. 379 CP y dos delitos de
lesiones por imprudencia grave del art. 152.1.1º y 2 respectivamente, por cuanto siendo
más grave el primer ilícito apreciado y procediendo la imposición de la penas privativa
de libertad, atendida la gravedad de los hechos, y la prohibitiva del derecho a conducir
vehículos de motor y ciclomotores, procede imponerlas en su mitad superior. Y siendo
la pena de prisión de entre 3 y 6 meses, únicamente procede imponerla entre los 4
meses y 16 días y los 6 meses, y no siendo en modo alguno procedente ni la pena de 1
año de prisión impuesta, pues ello determinaría la imposición de la pena superior en
grado y no la legalmente prevista en su mitad superior, como la de 3 años de prisión
interesadas por la parte apelante que excede, y con mucho, de la pena superior en dos
grados a la pena tipo, por lo que procede la reducción de la extensión de la pena a tal
límite mínimo de 4 meses y 16 días atendiendo la concurrencia de la circunstancia
atenuante de dilaciones indebidas del art. 21.6 CP, y sobre la que entraremos más
adelante... En igual sentido puede verse la S.A.P. Barcelona de 28 de noviembre de
2012, nº 270/2012, que señala queel art. 382 del C.Penalestablece un régimen especial
de concurso, resuelto en la práctica como un concurso de normas, con la solución de
que un delito contra la seguridad vial de los tipificados en los artículos precedentes,
acompañado de resultados lesivos constitutivos de delito, con independencia de su
gravedad (y número como dice el Tribunal Supremo), determine la imposición de la
pena correspondiente a la infracción más gravemente penada, en su mitad superior,
obligada solución de la que se aleja ciertamente la sentencia apelada que castiga por
separado la imprudencia con resultado de muerte y la imprudencia con resultado de
delito, y la petición del recurso del Ministerio Fiscal que reclama la aplicación del
concurso entre el delito de seguridad vial y cada uno de los resultados lesivos
resultantes. El recurso del Ministerio Fiscal debe desestimarse por tanto, como el de la
defensa del acusado, y debiendo la pena señalarse con arreglo al principio de
legalidad, establecerá este tribunal la correspondiente corrección, sin necesidad de
superar, más que en lo estrictamente necesario para cumplir con el dicho principio de
legalidad, la suma de las penas impuestas en la sentencia apelada, y habida cuenta
que el resultado a sancionar en concurso con el delito contra la seguridad vial es el de
homicidio por imprudencia del art. 142, 1y 2, del Código Penal. De ello resulta por ende
una pena de prisión de dos años seis meses y un día con inhabilitación para el derecho
de sufragio pasivo por el mismo tiempo, y privación del derecho a conducir vehículos a
motor y ciclomotores por cuatro años y un día, con aplicación del art. 47 del C.Penal".
Este motivo debe desestimarse; y

C) Finalmente, el tercero de los motivos del recurso del Ministerio Público debe
igualmente desestimarse, exclusivamente por la aplicación de la doctrina sentada por la
Sala Primera del Tribunal Supremo en la sentencia 17 abril de 2007, citada por los
impugnantes, que sirvió para el pronunciamiento contenido en la sentencia recurrida,
en tanto que, junto a la extensa justificación que en la referida sentencia se contiene,
que se da por reproducida, las referidas a la que el Pleno fijó como doctrina que ha de
servir para resolver no sólo el recurso que se le planteaba sino de general aplicación,
abocando para sí la competencia unificadora, según la cual el régimen aplicable a un
accidente ocasionado con motivo de la circulación de vehículos, será siempre el
vigente en el momento en que el siniestro se produce, de acuerdo con lo dispuesto en
el artículo 1.2 de la Ley de Responsabilidad Civil y Seguro en la circulación de
vehículos a motor y en el punto tercero del párrafo primero del Anexo de la Ley
30/1995, lo que determinará que el número de puntos y criterios valorativos a tener en
cuenta para la fijación de la indemnización deben ser los concurrentes en el momento
del accidente impidiendo la irretroactividad de cualquier modificación posterior; sin
embargo, la cuantificación de los puntos que correspondan según el sistema de
valoración aplicable habrá de efectuarse no al tiempo del siniestro sino al momento en
que las secuelas del propio accidente hayan quedado determinadas, esto es, en el
momento del alta definitiva, momento en el que comienza la prescripción de la acción
para reclamar la indemnización, con independencia de que sea judicial o no la
reclamación que se ejercite. Este motivo debe desestimarse.

3.- Respecto del recurso interpuesto por don Rafael Francisco Alario Mont, en
nombre y representación de don Isidro y otros (20 folios en las páginas 59 a 68 vuelto
del tomo V), igualmente se diversifica en tres motivos a los que debe hacerse
referencia:

El primero de ellos, merece la misma respuesta que la ofrecida en el apartado A) del


fundamento anterior respecto de la validez de la prueba de determinación alcohólica
con la trascendencia que se deriva para la calificación de los hechos por la vía del
artículo 379 del Código Penal;

En cuanto a la pretendida infracción de normas del ordenamiento jurídico por


considerar que el delito cometido tiene un encuadre más ajustado en las previsiones
del artículo 381 del Código Penal, la distinción entre esta modalidad agravada respecto
de la recogida en el artículo 380 aplicado consiste en la apreciación de un "manifiesto
desprecio por la vida de los demás" a diferencia de la conducción "con temeridad
manifiesta y puesta en concreto peligro de la vida o la integridad de las personas". La
opción por la segunda se realiza en tanto que en la valoración de la conducta de la
condenada no se ha apreciado la concurrencia al menos del dolo eventual que pudiera
haberse representado la misma para que el desprecio por la vida ajena fuera tan
manifiesto que ineludiblemente hubiera tenido que producir el resultado derivado de
aquella conducta, independientemente de cuál fuera el que finalmente se produjo por
lamentable y grave que desde luego fue. Esa labor valorativa que la Juzgadora de
instancia sustenta en el conjunto de las circunstancias concurrentes, no alcanza a
descubrirle como infractora del ordenamiento jurídico al pertenecer al ámbito de lo
valorativo, sustentado en elementos objetivos que pueden razonablemente ser
acogidos y, en tal sentido, debe considerarse como ajustado al tipo aplicado del artículo
380 del Código Penal. No parece descabellado pensar que la conducción en zona
urbana durante un recorrido superior a los 600 m, en vía amplía de tráfico
habitualmente abundante, a una velocidad que podía duplicar el límite reglamentario,
traspasando un buen número de semáforos en fase roja, habiendo propiciado la
maniobra esquiva de otro vehículo en el cruce precedente y siendo conductora novel
con menos de un año de licencia habilitante, permitiría estimar que nos encontramos
ante una conducción del "con manifiesto desprecio a la vida de los demás", en tanto
que ampararía un supuesto de dolo eventual, no tanto por lo que pudiera declarar
persona alguna, como por el desprecio a las normas reguladoras de un tráfico
normalizado en el tiempo y lugar en que se produjo, de cuyo desprecio cabría deducir
que asumía las consecuencias necesariamente dañosas y lesivas que habrían de
producirse. Sin embargo, tampoco resultan irrazonables, en base a la valoración y
jurisprudencia que cita y transcribe la Juzgadora de Instancia, los argumentos que en la
sentencia recurrida se ofrecen, en tanto que, como señala la sentencia del Tribunal
Supremo 1209/2009, el plus exigido en el artículo 381 debe referirse a la creación de
un peligro concreto, que la sentencia del mismo Tribunal 890/2010 acaba identificando
como "delitos concebidos en la doctrina como tentativas de homicidio con dolo
eventual, al estimarse que el manifiesto desprecio supone una objetivación del dolo
basada en el alto nivel de riesgo que genera la conducta, de tal modo que no se puede
alegar que se esperaba o se confiaba de forma racional en que no se produjera el
resultado", lo que significa que el manifiesto desprecio por la vida de los demás que
integra el elemento subjetivo del injusto debe ser abarcado por el intelecto del sujeto
activo, bien de forma dolosa o con arreglo a culpa consciente o con previsión, de
manera que el autor se represente la posibilidad de un accidente mortal como probable,
sin que tal consideración le disuada de la ejecución del acto temerario. Es por ello que
la Juzgadora de instancia acaba afirmando que ese plus en el presente caso no
concurre, pues no resulta de las diligencias practicadas en el plenario que, además del
vehículo embestido, hubiera otras personas que se encontraran en riesgo, llegando
incluso a aminorar la velocidad y realizar maniobra de frenado, dejando pasar a tres
vehículos que circulaban por la avenida de Aragón en la confluencia con la avenida de
Cataluña, si bien continuó su recorrido obviando la luz roja del semáforo, todo lo cual le
llevaba a excluir el "manifiesto desprecio por la vida de los demás", cuya valoración
tampoco resulta irrazonable y debe mantenerse; y

C) Finalmente en cuanto a la determinación o individualización de la pena, ya


partir de la apreciación de las circunstancias concurrentes tenidas en cuenta por la
Juzgadora de instancia, no puede atribuirse arbitrariedad alguna cuando se ha
optado por una pena intermedia dentro de los límites inferior y superior por
el que podía imponerla, en tanto que condenar a la conductora a una pena
de prisión de tres años entre la horquilla de dos años, seis meses y un día y
cuatro años, constituye una ajustada elección, pues ni optó por la menor debido a
la gravedad de la conducta y del resultado producido, ni por la más alta reservada
para otros supuestos que pudieran igualmente incorporar un mayor desvalor
y unas consecuencias más perversas todavía.

4.- Respecto del recurso de apelación interpuesto por doña Guadalupe Porras
Berti, en representación de don Segundo y de doña Laura (8 folios en las páginas 69
a 76 del tomo V), igualmente debe afirmarse:

A).- No se advierte infracción de lo dispuesto en el artículo 66.6 del Código Penal


que se denuncia por no haberse impuesto la pena privativa de libertad en la extensión
máxima prevista por la ley, consistente en la de prisión de cuatro años, en tanto que el
mandato legal deja al arbitrio del juzgador de instancia su imposición "en la extensión
que estime adecuada, en atención a las circunstancias personales del delincuente y a
la mayor o menor gravedad del hecho". No puede negarse que el hecho tiene una
gravedad considerable y entre las circunstancias personales de la conductora se
destacan en el recurso su falta de empatía, arrepentimiento o aproximación a la víctima
o a sus familias. Sin embargo, la imposición de la pena en su mitad superior y dentro
de esta en un tercio más que la mínima prevista, a partir de los razonamientos que se
exponen en el fundamento de derecho Cuarto de la sentencia combatida, permiten
estimar cumplido el deber de motivación que la discrecionalidad exigía, razón por la
que procede desestimar dicho motivo; y

B). - En cuanto al alcance de la responsabilidad civil por las lesiones y secuelas


derivadas al recurrente, la única prueba válida practicada se encuentra en el informe
forense ratificado y ampliado contradictoriamente en el acto del juicio oral, así recogida
en el relato de hechos probados de la sentencia recurrida, en el que se describe como
secuela "una depresión reactiva" valorada en ocho puntos, entre otras secuelas. Ni
puede considerarse como documento válidamente aportado para acreditar una lesión
mayor el que se acompaña extemporáneamente con el escrito del recurso, obrante al
folio 77 del tomo V, emitido con posterioridad al acto del juicio, ni desde luego se ha
llevado a cabo la impugnación del informe de sanidad tenido en cuenta por la
Juzgadora de instancia mediante la presentación de algún informe contradictorio, ni
puede exigirse que se posponga para el momento de la ejecución de la sentencia la
determinación del alcance de las lesiones sufridas, lo que podría haber realizado
mediante la reserva de las acciones civiles, como alternativa a la contradictoria
justificación de una mayor entidad de las sufridas que las informadas por el señor
médico forense. Por tanto, este motivo debe desestimarse.

5.- Respecto del recurso de apelación interpuesto por doña Pilar Palop Folgado,
en nombre de doña Adelina (79 folios obrantes en las páginas 79 a 118 del tomo V),
debe igualmente precisarse que:

A) La vulneración del derecho fundamental a un proceso con todas las


garantías y a la tutela judicial efectiva que recoge el artículo 24 la Constitución la
sustenta la dirección letrada de la recurrente en la "reunión de la fiscalía con el perito
agente de la guardia civil NUM002 y con los instructores del atestado de la policía local
de Valencia que ya habían declarado como testigos en el mismo procedimiento".
Expone a continuación una suerte de denuncia velada sobre preguntas sospechosas,
presentación de fotos que no están en el informe, actuación subrepticia y sigilosa,
forzada y propiciada desde un despacho oficial, todo ello generador de una
desigualdad en el proceso y una vulneración de la buena fe procesal a que se refiere el
artículo 11 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, interesando como consecuencia la
nulidad de la prueba pericial y testifical vinculada con aquella entrevista. En la
Sentencia recurrida, la Juzgadora ya valoró ésta cuestión afirmando: "Alegó la defensa
la nulidad de la prueba pericial practicada por el Agente de la Guardía Civil al haberse
tenido noticia de que de forma previa a su intervención en el juicio pero con
posterioridad al inicio de las sesiones se había entrevistado con el Ministerio Fiscal en
una reunión a la que también habían sido convocados los Agentes de la Policía Local
propuestos como testigos. A juicio de la resolvente no se ha producido vulneración de
normas procesales que provoque indefensión en tanto el informe ya había sido rendido
y obraba en autos y del mismo se había dado traslado a las partes. Dicho informe fue
ratificado por el Agente la Guardía Civl que fue extensamente interrogado por
acusaciones y defensas con plenas posibilidades de contradicción. Y ninguna razón se
ha alegado para dudar de la fiabilidad del Agente de la Guardía Civil y mucho menos
de su sinceridad".

No acaba de comprenderse cuál sea la razón de la vulneración de tal derecho


fundamental al proceso con todas las garantías de la tutela judicial efectiva, en tanto
que, conocedor de la misma, no hubiera impugnado en el acto del juicio la veracidad de
los testimonios o de los informes periciales respectivamente emitidos. El derecho de
todo proponente de un medio probatorio a conocer el contenido que pudiera clarificar e
incluso beneficiar la respectiva posición procesal de los intereses que defiende en
modo alguno constituye una desproporción ni desigualdad de partes, sino más bien la
garantía de poder examinar a los mismos con conocimiento de lo que han percibido y
pueden testificar o/y de lo que han examinado desde sus conocimientos técnicos y
pueden informar, exponiendo las razones de ciencia que justifiquen aquélla condición.
No acreditada alteración alguna del contenido de la pericia o del testimonio emitido,
que pudiera generar el convencimiento de cualquier clase de manipulación o alteración
falsaria de su función en el proceso, y sometida su pericia a contradicción en el juicio,
difícilmente puede prosperar la vulneración constitucional que se denuncia, la que por
otra parte parece desactivada cuando se aprecia una coherencia lógica entre los
informes anteriores y los emitidos en el acto del juicio, aun cuando fueran con
expresiones y términos más comprensibles para los inexpertos o carentes de
información técnica apropiada, aunque éste no sea el caso del recurrente. Este motivo
debe desestimarse;

B) En punto a la errónea la apreciación de la prueba con vulneración de los


derechos fundamentales de la recurrente a la presunción de inocencia y a la tutela
judicial efectiva, que a lo largo de su extensa y minuciosa exposición se vincula
también con la inadecuada utilización de la regla de juicio del in dubio pro reo y con la
competencia relativa a la valoración de la prueba practicada en el acto público y
contradictorio del juicio, es necesario referirse con carácter prioritario al alcance y
naturaleza que tengan tales principios.Siguiendo la doctrina clarificadora de la STS de
5-12-05, se puede afirmar que, siendo la Constitución norma jurídica suprema de
aplicación directa e inmediata (máxime en materia de derechos y garantías
fundamentales) obliga a los distintos órganos de la jurisdicción ordinaria a reinterpretar,
conforme al principio de constitucionalidad de las normas jurídicas, los preceptos que
afecten o puedan afectar a la tutela judicial efectiva del derecho constitucional a la
presunción de inocencia, de modo que aquellos preceptos resulten compatibles con
aquella súper Ley. Por tanto, atendiendo al derecho constitucional a la presunción de
inocencia presente en el art. 24.2 CE, se impone reinterpretar el "dogma" de la libre
valoración con las pautas ofrecidas por el Tribunal Constitucional, singularmente en la
ya histórica sentencia de 27.8.81, complementada en la de 26.7.82, lo que, en
definitiva, impone un modelo constitucional de valoración de la prueba e implica que
para que se dé un Fallo condenatorio es preciso deslindar como fases perfectamente
diferenciadas, dentro del proceso de análisis de las diligencias, las dos siguientes:

1.ª) Una primera de carácter objetivo, que podría calificar de constatación de


existencia o no de verdaderas pruebas, fase en la que a su vez habría que diferenciar
dos operaciones distintas:
a) precisar si en la realización de las diligencias probatorias se han adoptado y
observado las garantías procesales básicas; y

b) precisar si, además, tales diligencias probatorias suponen o aportan objetivamente


elementos incriminatorios o de cargo.

2.ª) Una segunda fase de carácter predominante subjetivo, para la que habría que
reservar "strictu sensu" la denominación usual de "valoración del resultado o contenido
integral de la prueba", ponderando en conciencia los diversos elementos probatorios,
en base a los cuales se forma libremente la conciencia del Tribunal.

En la primera fase operaría la presunción de inocencia, en la segunda el principio ""in


dubio pro reo"". Así, la presunción de inocencia se desenvuelve en el marco de la carga
probatoria y supone que no es al acusado a quien corresponde demostrar que es
inocente frente a la acusación que contra él se formula, sino que es a quien la mantiene
a quien compete acreditar la imputación mediante las correspondientes pruebas,
practicadas con validez jurídica y que puedan objetivamente reputarse como pruebas
de cargo; y, por su parte, el principio ""in dubio pro reo"", presuponiendo la previa
existencia de la presunción de inocencia, se desenvuelve en el campo de la estricta
valoración de las pruebas, es decir de la apreciación de la eficacia demostrativa por el
Tribunal a quien compete su valoración en conciencia para formar su convicción sobre
la verdad de los hechos (art. 741 Lecrim).

La importancia de esta distinción es fundamental en la práctica, dado que al


Juzgador de instancia compete realizar en toda su extensión el íntegro proceso de
análisis de las diligencias probatorias practicadas, comprensivo, por tanto, de las dos
fases indicadas. De igual manera, se estima obvio afirmar que compete al Tribunal de
la apelación, Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional, concretar si en las
resoluciones judiciales impugnadas se ha realizado escrupulosamente el análisis o
examen que aquella primera fase "objetiva" impone y, en caso negativo, es de su
propia incumbencia el corregir los posibles errores judiciales que se hayan cometido,
con las diversas consecuencias jurídicas inherentes en una y otra forma de control.
Ello es aplicación ineludible del derecho constitucional a la presunción de inocencia,
como asimismo que el escrupuloso respeto por el Juzgador de instancia de tal principio
debe llevar a éste, cuando de tal examen resultare la inexistencia de "pruebas de
cargo" obtenidas con las garantías procesales, a la libre absolución del acusado. No
hacerlo así sería un "error judicial" revisable por las vías indicadas. Sin embargo,
respecto de la segunda fase, dentro de la que se califica como predominantemente
subjetiva, es en la que el Juez de instancia valora el resultado de la prueba,
ponderando en conciencia los distintos elementos probatorios presentes en las
actuaciones, y forma, ya en base a tales datos objetivos, libremente su convicción, con
la importante precisión de que también en esta segunda fase sigue operando, respecto
del Juzgador de instancia, el derecho constitucional analizado, pero ahora ya con la
clásica formulación de """in dubio pro reo""".

En este sentido habrá que señalar que dicho principio es una condición o exigencia
subjetiva del convencimiento del órgano judicial en la valoración de la prueba
inculpatoria existente aportada al proceso, de forma que si no es plena la convicción
judicial se impone el fallo absolutorio.

Por tanto, debe distinguirse el principio ""in dubio pro reo"" de la presunción de
inocencia. Esta supone el derecho constitucional imperativo de carácter público, que
ampara al acusado cuando no existe actividad probatoria en su contra; y aquel es un
criterio interpretativo, tanto de la norma como de la resultancia procesal a aplicar en la
función valorativa, o lo que es lo mismo, si a pesar de toda la actividad probatoria, no le
es dable al Tribunal subsumir los hechos acaecidos en el precepto o no queda
convencido de la concurrencia de los presupuestos negativos y positivos del juicio de
imputación, el proceso penal debe concluirse, por razones de seguridad jurídica, con
una declaración negativa de culpabilidad, al ser menos gravoso a las estructuras
sociales de un país la libertad de cargo de un culpable que la condena de un inocente
(STS 20.3.91).
Es decir, que la significación del principio ""in dubio pro reo"", en conexión con la
presunción de inocencia, equivale a una norma de interpretación dirigida al
sentenciador, que debe tener en cuenta al ponderar todo el material probatorio y tiene
naturaleza procesal (SSTS. 15.5.93 y 30.10.95), por lo que resultará vulnerado cuando
el Tribunal determine la culpabilidad del acusado reconociendo las dudas sobre la
autoría del mismo o sobre la concurrencia de los elementos objetivos del delito, pero no
resulta aplicable cuando el órgano jurisdiccional, en uso de las facultades otorgadas
por el art. 741 Lecrim, llega a unas conclusiones, merced a la apreciación en
conciencia de un bagaje probatorio de cargo conducente a afirmaciones incriminatorias
llevadas a la resolución.

Como precisa la STS 27.4.98, el principio ""in dubio pro reo"" no tiene un valor
orientativo en la valoración de la prueba, sino que envuelve un mandato: el no afirmar
hecho alguno que pueda dar lugar a un pronunciamiento de culpabilidad si se abrigan
dudas sobre su certeza, mediante la apreciación racional de una prueba en sentido
incriminatorio, constitucionalmente cierta y celebrada en condiciones de oralidad,
publicidad, contradicción e inmediación, esto es, en las condiciones de un proceso
justo.

En definitiva, a pesar de la íntima relación que guardan el derecho de presunción de


inocencia y el principio ""in dubio pro reo"", y aunque uno y otro sean manifestación de
un genérico favor rei, existe una diferencia sustancial entre ambos, de modo que su
alcance no puede ser confundido. El principio ""in dubio pro reo"" solo entra en juego
cuando, practicada la prueba, ésta no ha desvirtuado la presunción de inocencia.

Dicho en otros términos, la aplicación de dicho principio se excluye cuando el órgano


judicial no ha tenido dudas sobre el carácter incriminatorio de las pruebas practicadas.
Por ello, no puede equipararse la duda externamente derivada de existir dos versiones
contrapuestas -como ocurre en casi todos los procesos de cualquier índole- a la que
nazca en el ánimo del Juez, cuando, oídas por él directamente las personas que,
respectivamente, las sostienen, llega la hora de acoger una u otra, ya que solo y
exclusivamente en ese momento decisivo debe atenderse al principio pro reo,
inoperante cuando el Juez ha quedado convencido de la mayor veracidad de una de
las versiones, es decir, que, a través del examen en que se constata esa situación de
versiones contradictorias tan frecuente en el proceso penal, el Juez puede
perfectamente valorar la prueba, esto es, graduar la credibilidad de los testimonios que
ante él se viertan y correlacionar toda la prueba, sentando la culpabilidad del
denunciado.

La presunción de inocencia exige comprobar si hay prueba en sentido material


(prueba personal o real); si ésta prueba es de contenido incriminatorio; si ha sido
constitucionalmente obtenida, esto es, si accedió lícitamente al juicio oral; si ha sido
practicada con regularidad procesal; si es suficiente para enervar la presunción de
inocencia; y, finalmente, si ha sido racionalmente valorada por el Tribunal sancionador:
Mas allá no se extiende el control cuando de vulneración de presunción de inocencia se
trata. El intento de que esta Sala vuelva a valorar la prueba personal al margen del
principio de inmediación está condenado al fracaso.

Por ello, el derecho a la presunción de inocencia alcanza sólo a la total carencia de


prueba y no a aquellos casos en los que en los autos se halle reflejado un mínimo de
actividad probatoria de cargo, razonablemente suficiente y producida en el juicio oral
con las sabidas garantías procesales (STS 26.9.2003).

Es preciso recordar el ámbito del control en relación al derecho a la presunción de


inocencia, siguiendo la STS de 30 de abril de 2008.

Con las sentencias 364/2007, de 25 de abril, y 548/2007, de 12 de junio, debemos


reiterar que una denuncia de esta clase, en cuanto viene a suponer la afirmación de
que se ha condenado sin prueba de cargo, y que por tanto la condena carece/carecería
del indispensable soporte probatorio, exige de esta Sala la verificación de un triple
objetivo:

a) En primer lugar, debe analizar el "juicio sobre la prueba", es decir, si existió prueba
de cargo, estimando por tal aquella que haya sido obtenida con respeto al canon de
legalidad constitucional exigible, y que, además, haya sido introducida en el Plenario de
acuerdo con el canon de legalidad ordinaria y sometido al cedazo de la contradicción,
inmediación e igualdad que definen la actividad del Plenario;

b) En segundo lugar, se ha de verificar "el juicio sobre la suficiencia", es decir, si


constatada la existencia de prueba de cargo, ésta es de tal consistencia que tiene la
virtualidad de provocar el decaimiento de la presunción de inocencia; y

c) En tercer lugar, verificar "el juicio sobre la motivación y su razonabilidad", es decir,


si el Juzgador de instancia cumplió por el deber de motivación, es decir, si explicitó los
razonamientos para justificar el efectivo decaimiento de la presunción de inocencia, ya
que la actividad de enjuiciamiento es por un lado una actuación individualizadora, no
seriada, y por otra parte es una actividad razonable, por lo tanto la exigencia de que
sean conocidos los procesos intelectuales del Órgano sentenciador, que le han llevado
a un juicio de certeza de naturaleza incriminatoria para el condenado, es no sólo un
presupuesto de la razonabilidad de la decisión, sino asimismo una necesidad para
verificar la misma cuando la decisión sea objeto de recurso, e incluso la motivación
fáctica actúa como mecanismo de aceptación social de la actividad judicial.

En definitiva, el ámbito del control en relación a la presunción de inocencia se


concreta en verificar si la motivación fáctica alcanza el estándar exigible y si, en
consecuencia, la decisión alcanzada por el Tribunal sentenciador, en sí misma
considerada, es lógica, coherente y razonable, de acuerdo con las máximas de
experiencia, reglas de la lógica y principios científicos, aunque puedan existir otras
conclusiones, porque no se trata de comparar conclusiones, sino, más limitadamente,
si la decisión escogida por el Tribunal sentenciador soporta y mantiene la condena.

Así, puede decirse que los Tribunales de apelación, de Casación o incluso el Tribunal
Constitucional, en cuanto controlan la motivación fáctica de la sentencia sometida a su
respectivo control, actúan verdaderamente como Tribunales de legitimación de la
decisión adoptada en la instancia, en cuanto verifican la solidez y razonabilidad de las
conclusiones alcanzadas, confirmándolas o rechazándolas --STS de 1 de diciembre de
2006--.

Dicho más sintéticamente, el ámbito del control en relación al derecho a la


presunción de inocencia debe abarcar el examen de las cuestiones siguientes:

a) Si existió prueba de cargo constitucionalmente obtenida.

b) Si fue legalmente introducida en el proceso y sometida a los principios que regulan


el Plenario.

c) Si debe estimarse como suficiente desde las exigencias derivadas del derecho a la
presunción de inocencia y, finalmente,

d) Si fue prueba racionalmente valorada, con la conclusión de no ser arbitraria o


ilógica la conclusión.

I. La valoración de la prueba.

Sin duda que es conocido por la dirección letrada de la recurrente que el Tribunal de
apelación, pudiendo revisar la exactitud de los hechos que se declaran probados en la
Sentencia combatida, tiene vedada toda posibilidad de evaluar de manera distinta a la
que corresponde y se expone en la Sentencia por la Juzgadora de Instancia, salvo que
aprecie que en la misma se produce algún error, omisión o contradicción entre los
hechos que se declaran probados y los que se deducen de la prueba practicada en el
acto público, oral, solemne y contradictorio del juicio bajo la inmediación privilegiada del
Juez que la presencia.

La parte recurrente sostiene como motivo de recurso que la Juez sufre error en la
apreciación de la prueba y ello le lleva a infringir un precepto legal, por cuanto, a su
entender, no hay un mínimo de actividad probatoria capaz de vencer el principio
constitucional de inocencia que viene amparando a la acusada.
La extensa y pormenorizada evaluación que la Juzgadora ofrece sobre las
cuestiones controvertidas en la instancia (regulación semafórica, cálculo de velocidad,
consumo e influencia del alcohol) hacen desmoronarse tal denuncia, aunque se
reproduzcan los argumentos.

II. La inmediación.

La cuestión que surge de inmediato es la de decidir qué juego ofrece y/o debe
ofrecer la inmediación en orden a la valoración de la prueba. Al decir del Grupo de
Investigación Penal en su trabajo sobre "99 cuestiones básicas sobre la prueba en el
proceso penal", "del manojo de funciones que desempeña el principio de "inmediación",
interesa subrayar particularmente que ése facilita la relación del juez con las fuentes de
prueba; o sea: el juez debe formar su criterio con materiales de primera mano. Ahora
bien, el susodicho principio origina problemas cuando de las pruebas declarativas se
trata.

Necesitamos de un criterio (lógico o científico o de experiencia común) para pasar de


lo percibido a lo interpretado, criterio que solemos extraer del baúl de nuestra cultura y
experiencia previa (o sea, de lo que se ha llamado "trasfondo"). En ocasiones se trata
de criterios tan obvios y automatizados que no requieren explicitación (aun cuando de
manera cautelar conviene emparejar siempre el "hecho percibido" y el "hecho
interpretado", incluso si no se enuncia el vínculo inferencial). Pero como los
"trasfondos" (de los que somos portadores los individuos concretos) varían e incluyen
un variable bagaje de prejuicios, por regla general las inferencias han de ser
claramente identificadas, expresadas y susceptibles de un control racional.

En la sentencia combatida se recogen tales como:

"Que el vehículo que se observa en los videos NUM003, NUM004, y


NUM005 es el vehículo conducido por la acusada se estima acreditado por los
siguientes motivos:
..porque aunque la acusada recordaba escasos datos del momento previo al
accidente si recordaba que circulaba por Blasco Ibañez desde Manuel Candela de
manera que el recorrido que captan las imágenes coincide con el que siguió, de lo que
se tiene que si la imagen del archivo NUM005 señala la hora 23:36:17 en el cruce de
Blasco ibañez con calle Clariano, que por dicho cruce hubo de pasar la acusada como
ella misma admitió según el recorrido que tiene reconocido, y que el accidente ocurre a
las 23:37:05, su vehículo tenía que ser alguno de los que se aprecian en el lado
izquierdo de la grabación;

..porque, como ratificó en el plenario el Oficial 20.206 es el único vehículo con las
características del conducido por la acusada que se aprecia en las imágenes;

..porque el testigo D.Rodolfo que se hallaba en un semáforo posterior al que se


observa en el archivo NUM005 (según el sentido de marcha hacia Viveros) asegura
que el vehículo que vio accidentado era el mismo que le había sobrepasado cruzando
en rojo cuando estaba detenido en la intersección de Blasco Ibañez con Almela i Vives
y que no pasó otro;

..y, fundamentalmente, porque la acusada no negó expresamente que el vehículo


estudiado por los agentes fuera el suyo, no hubo otro vehículo accidentado que
procediera de la misma Avenida y el que conducía la acusada quedó perfectamente
identificado como implicado en el siniestro. Es de advertir que no se trata de averiguar
por las imágenes cuál sea el vehículo que impactó contra el Seat Córdoba como si se
desconociera del mismo todo dato, pues se sabe cuál es, y de lo que se trata es de
reconstruir su circulación en los instantes previos al accidente. Y con los datos que se
conocen de marca, modelo y color del vehículo, recorrido que habría seguido y hora,
minuto y segundo exactos del impacto es posible concluir y así se estima acreditado
que el vehículo que se observa en las imágenes que se visualizaron en el plenario es el
Renault Clio conducido por la acusada.
Pese a lo alegado por las defensas el estudio de las imágenes se ha realizado sobre
todas las que quedan guardadas, no es que se hayan perdido imágenes sino
simplemente que otras cámaras que también cubren la zona por su sistema de
funcionamiento no las graban lo que no supone que sobre el material que existe el
examen sea parcial o incompleto".

"A juicio de la resolvente los cálculos efectuados por el perito de la defensa no son
acogibles pues parte de un dato que no se ha corroborado por prueba objetiva
objetiva alguna y es que el semáforo de Biasco Ibañez-Gomez Ferrer sufriera un
desfase entendido como "desajuste" de 22 segundos, que además supondría, como el
propio informe destaca, que la fase verde del semáforo que afectaba al Seat Córdoba
solo duró cinco segundos -de las 23'36'50 a las 23'36'55-, situación anómala que los
peritos de la Sección de Tráfico descartaron tajantemente".

"La evidencia resultante del cálculo sobre las fases semafóricas realizado en el
plenario por los peritos de la Sección de Tráfico a partir de un cambio de fase visionado
en las imágenes y que no fue objeto de discusión, hace prevalecer, frente a la
interpretación del perito de la defensa, lo manifestado en el plenario por el Agente de la
Guardia Civil quien refirió haber visionado también las grabaciones con anterioridad y
para la emisión de su informe, ofreciendo como explicación a la imagen que se aprecia
que no se trata de otro vehículo que pasa sino del mismo vehículo Seat Córdoba
implicado cuya trayectoria quedó desviada en dirección hacia el rio a consecuencia del
impacto. A juicio de la resolvente esta es la explicación más acorde a la naturaleza de
las cosas, pues no parece razonable que pese a la aparatosidad de la colisión y los
cambios de dirección que tomaron los vehículos tras la embestida pasara un tercer
conductor como si nada hubiera sucedido sin realizar maniobra evasiva y ni siquiera
accionar el freno.

En definitiva, la prueba -testifical, documental y pericial- lleva a la convicción de que


la acusada rebasó varios cruces en fase roja, y en rojo estaba para su dirección el de
Blasco Ibañez-Dr.Gomez Ferrer cuando lo traspasó, y circulaba a excesiva velocidad,
conclusión que se corrobora por medio del visionado de las cámaras de grabación, del
testimonio de los Agentes de Policía Local que comprobaron el correcto funcionamiento
de los semáforos la misma noche de los hechos y que analizaron los registros de las
cámaras de tráfico y del informe elaborado por los funcionarios de la Sección de
Tráfico del Ayuntamiento de Valencia y sus aclaraciones y explicaciones en el
plenario".

"La primera conclusión que se obtiene es que en todo caso la acusada circulaba una
velocidad excesiva, superior a la permitida casi en un 20% tomando en consideración
el informe presentado a su instancia lo que de por sí ya revela que conducía creando
un riesgo evidente para la seguridad de los demás usuarios".

"La conclusión obtenida en el informe del Agente de la Guardia Civil, ratificada por su
emitente en el plenario y no desvirtuada por prueba bastante, es clara: la acusada
circulaba a velocidad comprendida entre 94'35 Kms/h y 115'66 Kms/h. El limite inferior
de este rango supone que la acusada casi doblaba el limite máximo de velocidad para
la via que es de 50 Kms/h".

III. La valoración de la prueba: "más allá de toda duda razonable".

Este Tribunal ha de compartir los criterios valorativos expresados por la Juez "a
quo", pues de la lectura de la sentencia se aprecia la argumentación lógica, sin que
conste ninguna circunstancia que haga irrazonable la apreciación de las pruebas.
Como ha señalado el Tribunal Supremo en sentencia de 28-10-2000, "apreciación de
prueba que, aunque diga la Ley que ha de ser "en conciencia", no ha de carecer de
apoyo de pautas y directrices objetivas que se plasmen en la apreciación lógica y
racional de las mismas, excluyendo que se aprecien solo por íntimos criterios
personales del juzgador, lo que, si a ello se limitaran, podría impedir la comprensión de
sus razones por el grupo social en que la sentencia se dicte, por un juzgador que ha de
estar al servicio de ese grupo en la aplicación de las normas de comportamiento y
sanciones de su incumplimiento de que legítimamente se ha dotado (STS 16-1-1997).
De la presunción de inocencia deriva un estándar de prueba en negativo : la
hipótesis de la culpabilidad debe -por lo menos- ser más probable que la hipótesis de la
defensa. El principio constitucional no impone un estándar que vaya más allá. Tan es
así que hasta nuestro TC (tan proclive a alternar la cal con la arena) ha reconocido "el
derecho a no ser condenado por hechos que no queden constatados más allá de toda
duda razonable" (STC 70/2007).

El meollo del susodicho estándar reside en el sintagma "duda razonable". Las


pruebas no sustentan la decisión del juez en términos de absoluta necesidad; si la
culpabilidad debiera inferirse deductivamente de las pruebas, todo proceso acabaría
con la absolución.

No por nada, entonces, la duda recibe el calificativo de "razonable", no el de


"racional" o "lógica". Entre "razonable" y "racional" (o "lógica") media una diferencia
análoga a la que distingue la prueba empírica de la demostración matemática. En
parámetros racionales o lógicos, siempre habría lugar para la duda (ausencia de
certeza absoluta) en las inferencias inductivas que fundamentan una resolución
condenatoria. Pero no hay de qué alarmarse; porque el estándar de la "duda
razonable" autoriza al juez a condenar únicamente cuando la culpabilidad ha recibido la
plena confirmación de las pruebas presentadas por la acusación y ningún desmentido
en base a lo argumentado por la defensa.

IV. Las consecuencias para la decisión de este Tribunal.

La consecuencia de la doctrina y jurisprudencia resumida en los fundamentos


anteriores nos lleva necesariamente a examinar si en la valoración puntual y metódica
que el Juzgador de instancia ofrece en la Sentencia combatida, puede advertirse que
ha llegado al convencimiento condenatorio más allá de la duda razonable que era
exigible.

Debe afirmarse que la alternativa ofrecida por la recurrente, vinculada con la mayor
credibilidad de su versión, sostenida por un informe pericial discordante y valorado
suficientemente por la juzgadora, nos traslada a la pretensión de sustituir la versión
objetiva e imparcial del Juzgador de instancia por la interesada y particular, aunque
legítima, de su propio relato de los hechos, que tampoco pueden suplirse por la
coartada pretendida en la presentación de testigos tan contradictorios, tal como han
sido valorados por el Juzgador de instancia, sobre todo frente al reiterado y categórico
conjunto probatorio traído al juicio oral y valorado extensamente.

Por todo ello, no puede desconocerse que la prueba sobre la realidad de lo


acontecido la sustenta la juzgadora de instancia, tras una meticulosa valoración de la
que se practicó en el acto del juicio, tanto en las declaraciones de los intervinientes,
como en la evaluación de los informes periciales relativos a la regulación semáforica en
el cruce donde se produjo la colisión, extraída de la previa investigación, corroborada
en el acto del juicio por los agentes policiales que las confeccionaron y en las
declaraciones de los testigos que en el mismo depusieron, cuya evaluación compete en
exclusiva a la Juzgadora que la presenció desde la privilegiada posición que la
inmediación le otorgaba, aunque con habilidad el letrado recurrente pretenda hacer
recaer sobre la correcta consignación en el documento constituido por los informes y
los videos a los que se hace referencia en la sentencia como si fuera prueba
documental sujeta a una nueva evaluación en esta alzada, para concluir, entre otras
innumerables afirmaciones menores, que ni existe prueba de la identificación de la
conductora de uno de los vehículos que colisionaron, ni siquiera de que fuera el
vehículo de la recurrente el que llegó a colisionar con el Seat Córdoba donde viajaban
el conductor lesionado y los acompañantes fallecidos, que el verdadero infractor era
precisamente el conductor de ese último vehículo por un particular examen que el
perito de parte realiza de uno de los videos donde percibe la iluminación y descubre la
fugacidad de otro vehículo que pudiera haber sido el de la colisión, intercalando entre
las mismas una posible "falsedad" del testimonio de los testigos que afirmaron ver lo
que no pudieron ver, algunos como Benedicto y Rodolfo ajenos a todo interés, que no
pudo alcanzarse la determinación del punto de colisión, ni de la velocidad a que
pudiera circular su defendida, para acabar concluyendo con contradicciones y
omisiones en la valoración de la prueba, que debieran propiciar la nulidad por falta de
motivación o la absolución por la irrazonabilidad de las pruebas practicadas con la
consecuente absolución de su defendida. De la rápida y esquemática consignación de
los elementos entresacados del motivo del recurso planteado, se descubre una
interesada, parcial e impropia valoración de la prueba, sobre todo la de carácter
personal, frente a la documentada y adecuada evaluación que realiza la Juzgadora de
instancia, razón por la cual debe también desestimarse este motivo;

C) Como el tercero de los motivos del recurso estaba vinculado y dependía de la


apreciación del anterior y ha sido desestimado, procederá por lo mismo desestimar el
de la infracción legal por aplicación indebida de los artículos 380.1, 142.1 y 2 y 151 del
Código Penal;

D) Ninguna razón asiste tampoco a la recurrente para interesar la aplicación de


atenuante alguna, ni siquiera la de reparación del daño, efectuada por la Compañía
aseguradora con la consignación de las cantidades indemnizatorias que tuvo por
conveniente hacer dos años después de la ocurrencia de los hechos, y desde luego de
ningún modo con la consideración de muy cualificada, que sin duda parece justificarse
con la pretensión de obtener la reducción, al menos en un grado, de la pena a imponer
por aplicación de la regla segunda del artículo 66.1 del Código Penal. Cita la sentencia
recurrida otras tantas del Tribunal Supremo, como las de 20 noviembre 2000, 18
febrero 2003o 23 marzo 2004, en las que, de manera contundente, se recoge la
doctrina de que tal atenuante "sólo será aplicable cuando la conducta reparatoria no
constituya una obligación ex lege o resulte incorporada al tipo penal como subtipo
atenuado, en cuyo caso la trascendencia penológica viene contemplada ya en la ley
penal. Es de todo punto lógico que para que se pueda apreciar la atenuante ha de
concurrir un proceder personal del sujeto activo del delito, en tanto que su aplicación no
se puede hacer depender del cumplimiento por parte de una Compañía aseguradora de
responsabilidades civiles de sus obligaciones contractuales, pues lo normal y esperado
es que concurra tal cumplimiento, siendo anómalo precisamente el incumplimiento. De
no entenderse así, estaríamos en un automatismo ciertamente paradójico, donde la
consecuencia de un simple cumplimiento obligacional-contractual implicaría la
apreciación de la atenuante ex artículo 25.1 del Código Penal, circunstancia totalmente
ajena al espíritu de la norma". Por ello, deben desestimarse los motivos cuarto y quinto
del recurso de apelación interpuesto, en cuanto que la infracción por inaplicación del
artículo 21.5 precedía a la reclamación de la apreciación de una minoración
importante de la pena señalada, la que por otra parte tampoco daría lugar
automáticamente a la referida reducción por el mayor arbitrio que los tribunales tienen
concedido en el artículo 66.2 cuando se trata de delitos imprudentes, por mucho que en
el presente se esté calificando la conducta por la vía del artículo 380 en relación con los
artículos 142 y 152, de homicidio y lesiones imprudentes;

E) La falta de motivación, que se denuncia como último argumento del recurso de la


defensa de la condenada, en relación con la determinación y graduación de la pena,
carece igualmente de fundamento, en tanto que la pena imponible por el juego del
singular concurso recogido en el artículo 382 del Código Penal, una vez excluida de
manera generosa la aplicación del tipo agravado del artículo 381, es la correspondiente
a la mitad superior de la fijada en el artículo 380 y por tanto entre dos años, seis meses
y un día y cuatro años, cuya superación del límite mínimo también resulta benévola
teniendo en cuenta que en esta modalidad concursal se está propiciando una
consideración objetivamente injustificada frente al régimen punitivo de los dos delitos
de homicidio por imprudencia, junto con el de lesiones imprudentes, de no haberse
cometido mediante la conducción de un vehículo a motor con temeridad manifiesta y
concreto peligro para la vida o integridad de las personas, lo que no deja de ser incluso
sorprendente y así lo advierte una importante porción de la doctrina.

6.- Respecto del recurso adhesivo, interpuesto por doña Pilar Palop Folgado, en
nombre de don Evelio, tal como se advirtió en el primero de los fundamentos de esta
resolución, únicamente se puede tener en cuenta respecto de aquellos particulares
vinculados con el ámbito de su intervención, esto es, el de la responsabilidad civil que
se le atribuye en la sentencia combatida. En consecuencia, al no recoger motivo alguno
vinculado directa ni indirectamente con la responsabilidad civil, que debe atender con
carácter subsidiario por su condición de titular del vehículo con el que se cometieron los
hechos punibles, procederá su íntegra desestimación.
7.- La improcedencia manifiesta del recurso planteado por doña Pilar Palop
Folgado, en nombre de don Evelio, justifica la imposición de las costas del mismo al
apelante, declarando de oficio las costas causadas por el resto de los recursos
interpuestos.

Por virtud de lo anterior y en aplicación de la Ley,

LA SALA DECIDE

PRIMERO.- Desestimar los recursos de apelación interpuestos por el Ministerio


Fiscal, por don Rafael Alario Mont, en nombre y representación de don Isidro y otros,
por doña Guadalupe Porras Bertí, en representación de don Segundo y doña Laura,
por doña Pilar Palop Folgado, en nombre de doña Adelina, y por dña. Pilar Palop
Folgado, en nombre de don Evelio, contra la sentencia de 7 enero 2014, dictada por la
señora Magistrada Juez de lo Penal número 7 de Valencia en este procedimiento.

SEGUNDO.- Confirmar íntegramente la referida resolución.

TERCERO.- Declarar de oficio las costas causadas en estos recursos, excepto las
producidas por el recurso interpuesto pordoña Pilar Palop Folgado, en nombre de
Evelio, que se le impondrán al mismo.

Contra esta sentencia no caben recursos.

La Sentencia se notificará por escrito a los ofendidos y perjudicados por el delito,


aunque no se hayan mostrado parte en la causa.
Cumplidas que sean las diligencias de rigor, con testimonio de esta resolución,
remítanse las actuaciones al Juzgado de origen para su conocimiento y ejecución,
debiendo acusar recibo.

Así, por esta nuestra sentencia, de la que se unirá certificación al rollo, lo


pronunciamos, mandamos y firmamos.