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IMPUESTOS COLONIALES QUE SE CREARON EN LA REAL AUDIENCIA DE QUITO

El impuesto del almojarifazgo de Indias, cobrado tanto en Sevilla como en los puertos
americanos sobre la totalidad de las mercancías intercambiadas entre España y sus colonias,
excepto armas, municiones, azogues y demás pertrechos remitidos por la Real Hacienda.
Inicialmente sólo por las exportaciones se pagaba un 7,5% (2,5% a la salida de Sevilla y el 5% a
la llegada a América); al final quedó en un 32,5% (15% a exportaciones y 17,5% a las
importaciones). Entre 1566 y 1591 el gravamen se elevó hasta el 15%. Era una importante
fuente de ingresos para los Virreyes.

El derecho de palmeo (volumen ocupado por la mercancía en el navío en metros cúbicos), que
supuso que los productos más finos y caros – telas de lujo – se vieron beneficiados frente a los
voluminosos y baratos, lo que primaba la reexportación de manufacturas extranjeras en
perjuicio de las españolas, de origen agrario fundamentalmente. La plata importada terminaría
en Europa pagando los productos de exportación. Como no se podía controlar el fraude se
volvió a cobrar por el número de piezas con independencia de su volumen o valor. Finalmente,
en 1720, los derechos de aduanas se volvieron a cobrar de nuevo por su volumen o peso,
cualquiera que fuera su valor.

También existía el derecho de tonelada; cantidad fija por tonelada de carga que se cobraba a
todos los navíos que viajaban en calidad de registros sueltos.

El derecho de extranjería era un gravamen de tres ducados de plata por cada tonelada de
carga aplicada a todas las embarcaciones extranjeras fletadas en la Carrera de Indias.

El derecho de San Telmo era el destinado al sostenimiento de la Escuela de Navegación del


mismo nombre en Sevilla.

Annata era el impuesto aplicado a las rentas generadas por ocupar cargos de diversa índole
que se calculaba en función de las ganancias obtenidas en un año.

En 1631, se creó la media annata, que consistía en el pago de la cantidad equivalente al sueldo
de medio año y afectaba tanto a los oficios seculares como a los beneficios eclesiásticos.

Estanco: Impuesto que se pagaba al adquirir un objeto de lujo como, el tabaco,


el aguardiente y los naipes.

Diezmo: Impuesto del 10% de las ganancias recaudadas por la Iglesia que era cobrado
directamente por los funcionarios civiles de la Corona, a condición que ésta se encargara de
erigir, dotar y mantener las iglesias y parroquias y otras obras de la Iglesia Católica. Este
impuesto, correspondiente al 10 por ciento aproximado de los ingresos anuales, era cobrado a
hacendados y propietarios de inmuebles rurales.

Alcabala: Gravaba todas las transacciones de bienes (sin perjuicio del almojarifazgo), que es
comparado con el impuesto general a las ventas. El vendedor estaba obligado a pagarlo. Se
exceptuaban instrumentos de culto, medicinas, el pan, las mulas, libros y aves de caza y Felipe
II las extendió a las armas, y que también estaban exentas las dotes matrimoniales, alquileres
de tierras, sucesiones, alquileres de casas, censos e hipotecas subieron del 2 al 4% para crear la
Armada de Barlovento con el objeto de vigilar las rutas del Caribe que subieron del 2 al 4%.

La Bula de la Santa Cruzada fue impuesta en América por el Papa Gregorio VIII, y era pagado
por las principales ciudades del Virreinato.

Cabezón: contribución cobrada en razón de las tierras agrícolas no trabajadas (afectaba a los
hacendados).

La producción minera contribuía también con el derecho de Cobos o de ensayador, fundidor y


marcador mayor. Este impuesto fue establecido por Carlos V en beneficio de su secretario
Francisco de los Cobos y ascendía al 1,5% del valor del mineral antes de quintarse. En 1552 fue
recuperado por la Corona. Era un impuesto que se cobraba por todas las barras fundidas en la
casa de quintos para hacer monedas.

Derrama: contribuciones que daban a la Corona los súbditos cuando aquélla se encontraba en
guerra.

Gabella: impuesto aplicado a la venta de sal.

Quinto Real: el 20% de la producción minera le pertenecía al Rey, durante el siglo XVIII el
quinto se rebajó al 10% para fomentar la legalización de la producción de plata. Si la Corona lo
cedía a particulares para su explotación eran para que éstos contribuyeran al mencionado
quinto. Se aplicaba a los metales preciosos, plomo, hierro, cobre o estaño y se hacía efectivo
en la Caja Real del distrito a que perteneciera la mina. Renta muy cuantiosa.

Sínodo: porcentaje del tributo que se orientaba a sostener al cura doctrinero.

Tributo indígena: pagado por los indios de manera comunal, los nativos tenían esa obligación
en su condición de vasallos del Rey. El virrey Francisco de Toledo fue quien regularizó el cobro
de tributo en la segunda mitad del siglo XVI a través del patronato. Era un impuesto que
pagaban los indígenas a través de especies o dinero, o también podía ser
mediante algún trabajo, fue otro impuesto que obligaba a todos los indios varones entre 25 y
55 años, en el caso peruano se rebajó a los 18 años, quedando exentos los caciques y los
Alcaldes ordinarios durante el tiempo que permaneciesen en al cargo. Este tributo podía
satisfacerse en metálico o en especie; las prestaciones laborales como forma de contribución
se prohibieron en 1549. El pago en especie se hacía por medio de metales preciosos o
productos agrícolas, el pago en metálico osciló entre los 5 u 8 pesos anuales.

La sisa era un impuesto temporal a los comestibles (carne y vino) destinado a la conservación
de los acueductos de Santa Fe y de Chapultepec (México) y de los conductos subterráneos que
distribuían el agua potable en la ciudad. Aparte se aplicó el impuesto de la sisa de la Plaza, del
vino de la Cárcel, de la Salud (para pagar la peste declarada en Málaga), del vino de Lérida
(para pagar el sitio de Lérida de 1644), del vino de Olivenza, el vino de tres millones, de la
bajada de Medidas y del Error de Medidas.
Otros impuestos: Los bienes mostrencos, sobre los muebles y semovientes, los oficios
renunciables y la avería de plata y la Unión de Armas, las derramas para los indianos, para
obras públicas los pontazgos, peajes y prorratas de indios.

Hacienda ingresaba por impuestos y tributos, composiciones de tierras, donativos, etc. Su


cobro recaía directamente sobre la Corona.

Otro impuesto era el de las tierras; en 1591, el Rey ordenó que todos los propietarios
presentaran los títulos que acreditaban su propiedad, en caso contrario, las tierras volverían a
la Corona para nuevos repartos. La finalidad recaudatoria que perseguía esta medida tomó
forma en la composición de tierras. Se trataba del pago a la Hacienda de ciertas cantidades de
dinero a cambio del título de confirmación de tierras poseídas legalmente, así como las
obtenidas por métodos ilegales.

La provisión de empleos públicos fue otra fuente de ingresos. Durante el siglo XVII fue
bastante frecuente que corrió paralelo a la venta de oficios.

El impuesto del papel sellado (1640) que obligaba a la utilización de papel impreso con escudo
real, año y precio para consignar todos los actos jurídicos.

También había impuestos que gravaban las rentas estancas que proporcionaban el uso de los
naipes, el azogue o el tabaco.

Las rentas eclesiásticas también ingresaban las arcas de Hacienda, la bula Eximie Devotionis de
Alejandro VI en 1501, que concedió a la Corona la gestión de los diezmos eclesiásticos para
atender las necesidades de la labor evangelizadora, aunque los indios quedaron exentos de
este impuesto. A las Arcas Reales llegaban los dos novenos de dichos diezmos. Fue impuesto
por los Reyes Católicos, consistía en que el 10% de la producción de la tierra o beneficio se
dedique a la Iglesia Católica, la cobranza de los diezmos arrendándose al mejor postor.

Otra imposición eclesiástica fue la mesada eclesiástica.

Las Cajas Reales ofrecen los quintos o diezmos reales de la plata acuñada, mientras las cecas, a
través de los impuestos deseñoreaje y braceaje o amonedación dan el volumen de plata
amonedada. Por lo tanto había diferencias que eran productos del impago fiscal o no
amonedado.

Impuestos en 1702: alcabala, cientos, almojarifazgo, puertos secos, puertos altos, diezmos de
la mar, diezmos de Portugal, las lanas, la sosa y barrilla de Murcia, sobre el cacao, y el
chocolate, la extracción y regalía de Sevilla, la renta de la pasa, de la pimienta, sobre la goma y
polvos azules, sobre el papel y el tabaco, las salinas, sobre las minas, la media anata, el papel
sellado, renta de los naipes, de los millones, renta de la abuela, de la población, de la seda,
renta sobre el azúcar, servicio y montazgo, el fiel medidor, la capitación y los cuatro medios
por ciento. Los cuatro impuestos más importantes del clero eran: tercias reales o dos novenos,
el subsidio, el excusado y la cruzada. A través de los siglos, la principal demanda hecha sobre
las rentas reales (impuestos) venía de los juros.
Para los curas había tercias reales, bula de cruzada, vacantes mayores y menores, mesadas,
medias anatas. Luego había impuestos de ámbito local.

Se pagaban impuestos al salir de España, al llegar a las colonias, y al volver a España. De una
colonia española a otra también se pagaban impuestos.

En resumen, había que pagar el 35% en impuestos, sumando los impuestos de la ida y de la
vuelta. Los criollos de españoles en las colonias españolas no pagaban impuestos como los
nobles y caballeros en España. El impuesto por traer un esclavo filipino era de 50 pesos.

El impuesto de Los Millones era durante los siglos XVI y XVII un impuesto indirecto sobre la
alimentación instaurado por Felipe II y aprobado por las Cortes de Castilla el 4 de abril de 1590.
En un principio este impuesto se creó como respuesta temporal al desastre de la Grande y
Felicísima Armada (Armada Invencible) para construir una nueva Armada y costear el esfuerzo
militar que llevaba a cabo en ese tiempo España fuera de sus fronteras. El impuesto consistía
en proveer a la corona para tales efectos de ocho millones de ducados al año por seis años (de
1590 a 1596) extraídos a los contribuyentes castellanos a través del vino, la carne, el aceite y el
vinagre. El impuesto fue renovado por las Cortes en 1596. Este impuesto también fue usado
por los sucesores de Felipe II: Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Así con Felipe III correspondía a tres
millones de ducados al año, al final de su reino se redujo a dos millones. Gobernando Felipe IV,
en 1624 se renovó en las Cortes dos millones de ducados al año, que fue aumentado en 1626 a
cuatro millones de ducados al año con nuevas cargas al papel, sal y embarque en puertos; en
1632 se renovó por dos millones y medio de ducados al año; en 1649 subieron nuevamente a
cuatro millones anuales. A partir de 1655 la renovación del impuesto era prácticamente
automática y a partir de 1668 la renovaba la Junta de asistentes a Cortes.

La complejidad del sistema fiscal hizo que para el cobro de estos servicios de millones se
establecieran los llamados cientoscomo elevación del tipo teórico de las alcabalas. Este nuevo
impuesto supuso un mayor empobrecimiento de la población castellana a lo largo del siglo XVII
al subir el precio de las materias básicas. Si bien era uno de los pocos impuestos de los que la
nobleza no estaba exenta, en origen fue la alternativa propuesta por la oposición de la nobleza
a impuestos directos sobre las clases privilegiadas. También se aplicaba sobre el vino, vinagre,
aceite, carne, jabón y velas de sebo.