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UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

FACULTAD DE ARTES
ESCUELA DE ARQUITECTURA
Administración y Gestión
Pablo Andrés Enríquez Martínez
ENSAYO
Del metro y otros amores inconvenientes

El metro, como solución o parte de un sistema que solucione la movilidad de los bogotanos, ha sido
un tema que se ha tocado desde 1863, cuando se inauguró la primera línea de metro en la ciudad
de Londres y demostró los beneficios de contar con un sistema de transporte masivo en ciudades
en expansión. Sin embargo, a pesar de los múltiples intentos por desarrollarlo en la capital
colombiana, nunca se pudo concretar. Ni durante las alcaldías de Carlos Sanz de Santamaría y
Fernando Mazuera en la década de los 40, ni durante la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla,
caracterizada por una prolífica administración en cuanto a obras civiles se refiere, ni en las
subsecuentes alcaldías de reconocidos hijos de las familias Barco, Castro, Pastrana, Mockus,
Peñalosa, incluso Moreno, Garzón y Petro, nunca, en ninguna de ellas, el proyecto consolidado del
metro para Bogotá se hizo realidad.
Han pasado décadas y la ciudad pasó de unos pocos miles de habitantes a contar con mas de 8
millones de almas que pisamos suelos bogotanos y se sigue insistiendo en la idea de un metro.
Mientras tanto, a nivel de la calle, la ciudad se ha transformado de manera significativa y expandido
de manera muy particular, desordenada para algunos o simplemente consecuente a un proceso
expansivo muy natural en cuanto a desarrollo urbano no planificado para otros.
El hecho es que las dinámicas de la ciudad tal como está, requieren, sí, de una solución al caótico
tráfico, pero tal solución debe ser un modelo de intervención a una ciudad ya consolidada y el metro,
históricamente, ha demostrado ser un modelo de transporte que funciona en ciudades en
expansión, crecientes, que se desarrollen alrededor de este medio de transporte y que solucionen
problemas futuros.
Bogotá es una ciudad ya consolidada, con necesidades de expansión pero que ya tiene un orden
establecido, una forma definida, unas necesidades expuestas y el metro no es la solución al
problema de transporte público de la ciudad, ni lo será nunca. Coincido plenamente con la idea del
profesor Antanas Mockus al decir que: “El metro no va a resolver un carajo. Va a ser un símbolo y
como símbolo va a resolver la necesidad de símbolos. Pero la cantidad de gente se va a subir en el
metro es poquitica comparada con la cantidad de gente que hay que transportar”. Ni subterráneo
ni elevado, el metro será un lujo innecesario que solo servirá de modelo para exponer en fotografías
retocadas para impulsar el turismo en la ciudad. Bogotá no necesita de un metro, Bogotá necesita
seguir desarrollando los modelos de transporte que resultaron ser exitosos y no dejarlos morir.
Transmilenio está funcionando a más de su máxima capacidad con tan solo el 30% de las rutas y
troncales que estaban previstas para el año 2016 y que jamás se construyeron, por necedad, envidia
política, terquedad y corrupción de 2 o 3 mandatos que no hicieron absolutamente nada por tratar
de mejorar la movilidad de la capital. Parece increíble que, teniendo la infraestructura, el corredor
ferro vial, la capacidad, las estaciones listas, no se haya pensado en el tren de cercanías como una
verdadera alternativa que haría del metro un proyecto innecesario.
Obras son amores, reza el adagio popular, pero el metro no será uno de esos amores convenientes.
ilusionará a muchos al principio, pero con el tiempo terminará decepcionando a unos y será incluso
odiado por otros, y querido por unos pocos.
Bogotá tiene otras necesidades y maneras mas efectivas de solucionar su problema de transporte.
No necesariamente construyendo mas vías, pero si optimizando las que tenemos. Mejorando los
sistemas actuales, terminando de desarrollar Transmilenio, en términos generales, modernizando y
optimizando la infraestructura urbana, pero adicionando un componente adicional: haciendo que
la gente se apropie de la ciudad, pues en la calle se respira odio y resentimiento, rabia e impaciencia.
Bogotá necesita de bogotanos que amen su ciudad porque hoy por hoy, sin importar lo que se haga
a nivel de infraestructura, la gente ya lo odia. Esta es la nueva ciudad de la furia, como escribiría
Cerati hablando de Buenos Aires.
Los bogotanos (de nacimiento o foráneos) ya no tenemos el mismo amor por esta ciudad que nos
da todo. La ciudad nos ama, pero es un amor no correspondido. Sin embargo, exigimos de ella
siempre lo mejor para nuestra conveniencia. Sin importar lo que se haga, al no apropiarnos de esta,
nuestra ciudad, al no sentir un ápice de pertenencia por nuestra capital, difícilmente lograremos
alcanzar los niveles de desarrollo necesarios para estar al nivel social, cultural y de infraestructura
de otras capitales mundiales.