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FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIA POLÍTICAS

ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

INTEGRANTES: JUAN ALEXIS

CURSO: DERECHO PENAL ESPECIAL II

TEMA: PREVARICATO – DENEGACION Y RETARDO DE JUSTICIA

Arequipa – Perú
2018
INTRODUCCIÓN

El delito de prevaricato es un delito especial propio, por cuanto requiere de una


condición especial de autoría, es decir, que el sujeto activo sea un juez o fiscal, en
cualquiera de sus niveles, sea titular o provisional. Por su parte, el bien jurídico
tutelado es la correcta administración de justicia, la cual representa un deber y
obligación por parte de los magistrados, quienes deben sustentar sus resoluciones
dentro del marco de la ley, fundando sus decisiones en los hechos probados por
las partes.
Sobre la conducta típica, el legislador ha dispuesto expresamente los supuestos
de infracción a la recta administración de justicia que se presentan como
modalidades prevaricadoras. Estos supuestos configuran como un tipo alternativo,
que operan de manera independiente. Así tenemos el “prevaricato de derecho”,
cuando la resolución resulta manifiestamente contraria al texto expreso y claro de
la ley; “prevaricato de hecho y por introducción de pruebas inexistentes”, que se
presenta si cita hechos falsos o pruebas inexistentes; y la “prevaricación por
insubsistencia normativa”, que se configura cuando se apoya en leyes supuestas o
derogadas. Desde el aspecto subjetivo se requiere la concurrencia de un actuar
“doloso”.
PREVARICATO

DEFINICION:
El fundamento de su represión reside en cautelar la correcta administración de
justicia, con la finalidad de que el juez o fiscal ejerza las facultades con las que fue
investido dentro de los límites que le imponen los deberes generales y específicos
propios del ejercicio del cargo. De tal manera, el prevaricato se presenta como un
delito especial de infracción del deber, por cuanto requiere una condición especial
de autoría, es decir, que el sujeto activo sea un juez o fiscal, en cualquiera de sus
niveles, sea titular o provisional.

ARTICULO 418 CP.


En relación a la conducta típica, el legislador ha establecido explícitamente los
supuestos de infracción a la correcta administración de justicia, los cuales se
presentan como modalidades prevaricadoras. Estos supuestos configuran como
un tipo alternativo que opera de manera independiente.
Estas modalidades prevaricadoras quebrantan el Estado de Derecho, defraudando
los principios que convergen de la recta administración de justicia. En este sentido,
la primera modalidad se refiere a la transgresión de una norma inequívoca, esto
es, de una norma cuya interpretación no otorga márgenes de dudas, criterios u
opiniones diversas; la segunda modalidad supone falsear la verdad mediante la
introducción ilegal de pruebas inexistentes, que no fueron ofrecidas, admitidas o
actuadas durante el proceso, o afirmando la existencia de hechos que no se
desprenden de los medios de prueba que obran en el expediente, y la tercera
modalidad revela una defraudación de la expectativa que tiene la sociedad en el
sistema de administración de justicia, específicamente en la confianza depositada
en el juez y el fiscal, de quienes se espera aplicarán la ley vigente al caso
concreto.
En el aspecto subjetivo se requiere la concurrencia de una actuar “doloso”, por lo
que se exige que el juez o fiscal sea consciente de que la decisión tomada se
encuentra fuera de los márgenes de la correcta aplicación del derecho que
conoce, que se fundamente en la valoración de pruebas inexistentes o hechos
falsos, o en la aplicación de una ley no vigente o inexistente en el ordenamiento
jurídico (elemento cognitivo) y que su voluntad esté dirigida a la realización de ese
tipo penal (elemento volitivo).

Para la configuración del tipo penal se requiere que los hechos denunciados se
adecuen materialmente a los componentes típicos descritos en la norma penal; en
este sentido, el primero consiste en la “condición del autor cualificado”; es decir,
que el agente delictivo sea un “juez” de cualquier grado o instancia, que tenga
competencia para ordenar la detención contra una persona o para otorgar o
conceder la libertad al detenido o preso. Por su parte, el comportamiento típico,
como segundo elemento, está definido por dos verbos rectores que se configuran
independientemente, que importan la existencia de dos modalidades delictivas que
configuran el ilícito denunciado. La primera modalidad consiste en que el agente
“ordene la detención de una persona, de manera maliciosa o sin motivo legal”.

Todo tipo de uso inadecuado de la autoridad que se dispone.


Uso en la función pública.
Otro ámbito, además del judicial expuesto, en el cual es recurrente la acción de
prevaricato es en la función pública; cuando un funcionario público, por ejemplo, el
ministro de sanidad de la nación recibe fondos públicos para hacer frente a una
obra que subsanará la crisis ambiental de una región, pero en vez de emplearlos
en tal situación, decide emplearlos para contratar nuevo personal para su cartera,
estará también incurriendo en prevaricato.

Abuso de autoridad
Siempre, la acción de prevaricación o prevaricato, será considerada como un
abuso de autoridad por parte de quien la realiza, porque en el ejercicio máximo y
pleno de sus funciones es donde ejerce la falta a sus tareas y normalmente afecta
la calidad de vida de los ciudadanos a los que debería representar.

La mayoría de las legislaciones del mundo contemplan en sus códigos penales tal
acción y por tanto está debidamente regulada para así proteger al ciudadano y a la
administración pública.

Condiciones y castigos
Para que haya prevaricato deben existir los siguientes componentes: la persona
que desempeña la prevaricación debe ser un funcionario o una autoridad pública,
la misma debe encontrarse en el ejercicio vigente de su cargo y que la resolución
injusta se dicte sabiendo perfectamente que lo es, es decir, debe ser evidente el
dolo.

Cumpliéndose tales cuestiones y comprobándose fehacientemente los hechos, el


funcionario en cuestión podrá ser demandado, procesado y por supuesto si las
pruebas lo avalan ser condenado por la justicia con la pena que impone la
legislación de su nación por tal falta, que puede ir desde la inhabilitación para
ejercer como funcionario nuevamente o la prisión efectiva.
Lamentablemente, el caso del prevaricato resulta ser muy corriente en todo el
mundo, independientemente de se trate de países desarrollados o
subdesarrollados, ahora bien, es más frecuente en estos últimos sí, pero es una
práctica extendida, y como decíamos muy lamentable, ya que los funcionarios que
asumen su cargo con un compromiso de ser servidores públicos para mejorar la
vida de los ciudadanos que los eligen de manera directa o indirecta, terminan
contradiciendo este compromiso y por supuesto defraudándolos por exponer estas
conductas asociadas a lo ilegal.

El prevaricato es una enorme lesión a las garantías y los derechos de los


ciudadanos y que se ve además agravado porque el funcionario ha sido elegido
muchas veces por los propios afectados.

El único remedio efectivo es sin dudas la existencia de castigos ejemplares, es


decir, cuando un funcionario comete prevaricato y se prueba, debe ser castigado
por la justicia, de manera contundente y correspondiente, porque si esto no
sucede en efecto, el resto de los funcionarios pueden caer en la tentación, algo
que suele pasar, y como saben que no habrá castigos a la vista, incurren en el
delito sin demasiados temores.
CONCLUSIONES

PRIMERA.- Un Estado de Derecho es aquel en el que se respeta la Constitución


Política y las leyes que de ella emanan, con la finalidad de mantener la paz social.
En este proceso es vital la labor que desempeñan los magistrados jueces y
fiscales, de cualquier nivel o jerarquía, quienes deben actuar con ética en todas
las funciones que desempeñan, debiendo aplicar en las resoluciones que emiten
la ley que corresponde al caso concreto y fundando sus decisiones en los pruebas
que obran en el expediente, a efectos de cautelar la correcta administración de
justicia.

SEGUNDA.- En simples palabras, cuando un funcionario del Estado nacional falta


al deber por conseguir un beneficio propio o simplemente por ignorancia de las
reglas. No obstante, no hay excusa posible para que un juez no conozca las reglas
que se ponen en juego en su trabajo. La conducta ética debe ser intachable para
aquellos que trabajen en la justicia, así como también la objetividad, la
independencia en las decisiones tomadas y la responsabilidad.
ARTÍCULO 422. CP

Retardo en la Administración de Justicia

El Juez o Fiscal que no expida dentro de los plazos señalados en la ley las
resoluciones que corresponda a cada vía procedimental o que retarde la
expedición de resoluciones dentro de los plazos máximos exigidos por ley, será
reprimido con pena privativa de libertad no menor de dos ni mayor de cuatro años
a la Sección III del Capítulo III De los Delitos Contra la Administración de Justicia
del Código Penal, tipificado como delito al Retardo en la Administración de
Justicia, el mismo que figuraba como título pero no existía ningún artículo al
respecto; por lo que se llena un vacío en la Sección III.

Este proyecto de ley va a permitir que los justiciables tengan la oportunidad de


controlar sus procesos y evitar que se prolonguen en el tiempo, contando con una
norma legal que pueden utilizar en caso exista un Juez o Fiscal que deniegue o
retarde la administración de justicia

a permitir que todos los Jueces y Fiscales tomen conciencia de la labor que tienen
y la potestad exclusiva de administrar justicia; siendo beneficioso para la buena
imagen que debe proyectar el Poder Judicial que debe demostrar a la ciudadanía
que sí se puede contar con un Poder del Estado que obra con rectitud, y además
hacer realidad los principios procesales en la administración de justicia, que se
sustenta en que todo proceso judicial, cualquiera sea su denominación o
especialidad, debe ser sustanciado bajo los principios procesales de legalidad,
inmediación, concentración, celeridad, preclusión, igualdad de las partes, oralidad
y economía procesal, dentro de los límites de la normatividad que le sea aplicable.
CONCLUSIÓN
Cuarta.- Es por todas estas consideraciones que, siendo de orden público y de
ineludible cumplimiento las normas que garantizan el debido proceso, es una
preocupación de la ciudadanía y de los justiciables la correcta administración de
Justicia y el destierro de la lentitud de los procesos judiciales, así como el excesivo
tiempo de duración de los juicios.
por lo que se hace necesaria que se incorporen sanciones para los Jueces y
Fiscales de todas las instancias que no cumplan con los plazos previstos en el
Código Civil, Código Penal, Código Procesal Civil, Código Procesal Penal y Ley
Orgánica del Poder Judicial, debiendo ser los ejecutores de estas sanciones
personas diferentes a un Juez jerárquicamente superior; siendo la propuesta
legislativa tipificar como delito el retardo en la administración de justicia y que se
ponga en conocimiento del Ministerio Público las demoras y el prolongado retardo
en la administración de Justicia, para que proceda de acuerdo a sus atribuciones,
bajo apercibimiento de aplicárseles el artículo 424 del Código Penal en caso de
omisión de ejercicio de la acción penal.