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El dispositivo grupal como instrumento de intervención e investigación en el campo de la

Psicología Social

Mtro. Rolando Montaño Fraire

Resumen

Comenzando por una ubicación con respecto a la importancia de los grupos en los procesos de
constitución de los sujetos sociales, se discuten características de la psicología social de que se parte.
Se define el concepto de dispositivo y el de dispositivo grupal, para luego tratar el asunto de su
puesta en práctica, ya sea como instrumento para la intervención o con fines de investigación. En
cada caso se consideran las ventajas y particularidades del uso de dispositivos grupales, desde la
perspectiva de la psicología social.

Sobre el autor

El Dr. Rolando Montaño Fraire se especializa en autogestión grupal y ayuda mutua, particularmente
los que son conocidos como grupos de autoayuda en términos de investigación, docencia y
promoción social. Tras importantes procesos de investigación científica, la publicación de diversos
artículos sobre la materia, y habiendo coordinado los principales proyectos de apoyo social a la
ayuda mutua grupal iniciados hasta el 2008 en México, se ha establecido como uno de los principales
investigadores sobre el tema en el país e incluso en América Latina. Es Doctor en Ciencias Sociales
en el área de Psicología Social de Grupos e Instituciones; Maestro en Psicología Social de Grupos e
Instituciones y Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma Metropolitana – Unidad
Xochimilco en México.

Introducción

Todos convivimos en grupos, trabajamos en grupos, nos organizamos en grupos. Desde que
nacemos participamos en un grupo, el familiar y más tarde en otros, escolares, laborales, sociales.

Una familia que pueda considerarse óptima para el crecimiento y desarrollo de sus integrantes,
como un lugar de resguardo, apoyo moral y emocional, es aquella en la existe buena comunicación,
tolerancia, reglas claras y responsabilidades bien definidas. En familias dinámicas, fuente de
bienestar y felicidad para sus integrantes, las dificultades personales y familiares se dirimen
mediante conversaciones y discusiones abiertas. Todos participan, sea en la sobremesa, al final de
la comida u otros momentos. Cuando es así, cada integrante del grupo familiar tendrá la
oportunidad de hablar y ser atentamente escuchado. Los vínculos que el hábito de la buena
comunicación fortalece surgen del respeto y la confianza mutua, propios de habituales y
estructuradas reuniones y discusiones que se hacen base de un grupo familiar sólido,
independientemente de que sus integrantes lo comprendan o reconozcan. Es así que se logran
brindar mutuamente bienestar y constituyen juntos un medio de sostén y espacio en el que todos
se saben apoyados, pero también sistemáticamente confrontados.

Tal como sucede en la familia integrada, un círculo estable de amistades se configura como grupo
por los fuertes vínculos que hacen posible que sus integrantes reciban severos cuestionamientos,
mismos que pueden poner en entredicho incluso la propia imagen narcisista. El integrante del grupo
familiar o amistoso, al ser reconocido como partícipe por las personas que lo han visto en sus
momentos débiles, tanto como en los fuertes, actitudes mezquinas y otras loables, se consolida
como sujeto social y puede más fácilmente lograr fortaleza subjetiva. El ser tolerante y respetuoso,
fuerte y propositivo, cuando se es parte de grupos en los que circula no solamente lo positivo, sino
lo negativo de cada uno, permite además avanzar, crecer y lograr metas, personales y colectivas.

El concepto grupo, referido a la familia, el círculo de amigos, el equipo de trabajo, los compañeros
de estudio, es relativamente reciente. En cualquiera de estos grupos, donde nos constituimos como
hermanos, hijos, amigos, estudiantes, compañeros de trabajo y en suma sujetos sociales, se
establecen dinámicas particulares, propias de toda asociación de personas con fuertes lazos. Estas
hacen posible la constitución y la reorientación de cada sujeto, como producto de su propia historia
personal y participación social.

En un salón cerrado durante muchas horas, acaso por algún percance, puede constituirse lo que
aquí denominamos “grupo”: Un conjunto de personas con una tarea común. Se establece una red
de vínculos y contratos, conscientes e inconscientes. Es un pequeño espacio de acción colectiva, con
capacidad de reflexión conjunta y en el que podemos incluso vernos transformados.

En el mundo actual nos configuramos cada vez más como sujetos del mercado. Antes que otra cosa
seremos consumidores ideales si llegamos a ser individualistas a ultranza. Es por ello que la lógica
del mercado nos empuja masivamente a la adquisición de cualquier producto comercializable, sea
bien o servicio, incluso meramente un concepto. Toda actividad profesionalizada se halla sujeta, por
su carácter especializado y técnico, a su transformación en materia de consumo comercializable.

Las formas de relación y organización grupal, lugar de constitución de sujetos integrados a su cultura
y medio social, hoy están antes que simplemente en riesgo, ya profundamente minadas. La familia,
el trabajo en equipo, los círculos de amistad sólidos y duraderos han sido violentados. “El tejido
social se debilita. Las normas, valores y puntos de referencia se hacen borrosos y su función de
sostén y aglutinación se pierde.” (Baz, 2001:25)

Frente a este estado de cosas, la puesta en función de dispositivos grupales, para la acción a
pequeña escala, es de gran importancia. Especialmente si ésts se hace con vistas al restablecimiento
de relaciones sociales más humanas.

Con el fin de comprender mejor esta posibilidad y recurso, en este artículo se hablará del dispositivo
grupal como instrumento de intervención e investigación en el campo de la psicología social,
comenzando por una reflexión relativa a la disciplina y su campo. Se abordará el tema del dispositivo
como tal y del grupal en especial, para desembocar en la implementación de dispositivos grupales,
como instrumentos para la intervención y trabajo en comunidad, pero también como herramientas
para la investigación.

¿De qué psicología social estamos hablando?

¿Existe una psicología que no sea social? El ser humano se constituye en y por el lenguaje. Siendo el
lenguaje ese lugar de la institución, la difusión y la perpetuación del símbolo, del sentido y el medio
para la constitución del vínculo entre las personas, es posible hablar de la urdimbre del tejido social.
¿cómo podría ser de otra forma?
En la estructura psíquica del sujeto, son los vínculos con otros, lenguaje de por medio, lo que la
constituyen. Además de la díada con la madre (Caruso, 1979) del complejo de Edipo, el ser humano
es y se transforma en su relación con otros, con su medio familiar y social; con las instituciones que
los atraviesan. Para el campo de la psicología social, esos elementos diversos por los que el medio
social se constituye como la base, también influyen en el proceso interno de la psique, ya sea del
consciente o del inconsciente, en cuanto estructura y esquemas para conocer, comprender y
desenvolverse en el mundo natural y social. La psicología social por tanto abarda la
interdependencia entre procesos sociales y la experiencia de sujetos situados en condiciones
históricas particulares” (Baz, 2001:22).

El campo de una disciplina se refiere al ámbito donde se aplica profesionalmente un conocimiento


específico. Es el ámbito de la realidad, en este caso el social, el que le atañe conocer a un área
específica de la investigación científica. Es el tema o área de interés y especialización académica, el
terreno del ejercicio profesional, empleo o quehacer, la provincia o territorio de la actividad,
pensamiento, estudio o interés.

A la psicología social le atañen el lenguaje y el sentido, estos son medios que hacen posible que el
pensamiento opere y se constituya. También les son constitutivos el proceso inconsciente y el
afectivo, las relaciones objetales en el interior de la psique. (El aparato psíquico está estructurado
como grupo, (Pichón-Riviére y Kaës) y...como lenguaje Castoriadis. Trata de los discursos instituidos
y los procesos instituyentes de creación (póiesis, producción) que son el proceso de acción en el que
el sujeto participa. Aborda aquello a lo que afectivamente nos adherimos y aquello contra lo que
luchamos, a partir de los vínculos que nos constituyen. Proyectos y modos de actuar, esquemas de
comprensión del mundo que le dan sentido a la experiencia y a lo conocido y que nos configuran
como sujetos y nos guían en la acción. Por tanto, también le atañen la ética y la moral en las que
nos encontramos inscritos desde el nacimiento, irremediablemente, o bien, por elección. El campo
de la psicología social es ese proceso de relaciones, vínculos y sentido de acción e inscripción social
que nos constituye y brinda identidad. “El asunto clave es el significado que la realidad tiene para
los sujetos y la manera en que esos significados se hacen la base de conductas y acciones
específicas” (Arano, 2001:27).

Siguiendo a Pichón-Riviére, el objetivo de la acción profesional en psicología social es “operar en lo


subjetivo-social de modo tal que los sujetos fuesen cada vez menos víctimas y más artífices de su
propio destino” (Jasiner, 1992:13). En otras palabras, abocarse a “la relación entre estructura social
y configuración del mundo interno del sujeto” (Jasiner, 1992:22), o bien, abordar la relación entre
los discursos imperantes en los que el sujeto participa, y la constitución de su mundo interno y forma
de ser. En síntesis, la relación entre lo instituido, la normatividad del medio y la configuración
subjetiva se halla en acción.

“Ser sujeto es ser autónomo siendo, al mismo tiempo, dependiente” (Morin, 1994:97). Para una
“adaptación activa a la realidad” (Pichón-Riviére, 1975:11), el criterio de bienestar de los sujetos, la
participación en un grupo, especialmente para aquellos que se inclinan hacia “lo terapéutico”, es
una forma de hacer posible ese carácter activo de la adaptación. El sentido crítico y contestatario
por parte de un sujeto frente a la adopción acrítica de lo impuesto, o puede que ha entrado,
circunstancialmente, ya sea desde su nacimiento o en los momentos de su inserción en entornos
familiares, de estudio, de trabajo, de círculos de amistad. Esta adecuación o adaptación activa a la
realidad implica el aceptar que las circunstancias difícilmente pueden ser transformadas
radicalmente, pero que el valor, el coraje, la fuerza moral y el empuje para luchar contra ellas
transforma ya, de algún modo, al sujeto modificando su realidad. La participación en grupos, por
tanto, permite una adaptación pasiva a la realidad en una activa, mediante dispositivos como los
que aquí abordaremos.

¿Qué es un dispositivo?

Un dispositivo es un “conjunto de piezas combinadas que se utilizan para hacer o facilitar un trabajo”
(Moliner, 1996). Es también “un mecanismo que hace actuar diversos órganos de un aparato
destinado a producir un efecto automático determinado” (Quillet, 1973:322). Tiene que ver con
disponer las cosas, es decir, poner en un cierto orden, arreglar, ordenar, determinar. El dispositivo
“es una intuición de Foucault. Incluye un armado de tácticas y estrategias; por tanto, es objeto y
operación en movimiento. También es evidencia, porque se ve, se dice, se construye”. “Es un
conjunto decididamente heterogéneo, que comprende discursos, instituciones, instalaciones
arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos,
proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas. Los elementos del dispositivo pertenecen tanto a
lo dicho como a lo no dicho” (Grosrichard, 1978:128). Mediante este conjunto heterogéneo “se
construye un discurso que puede ser un programa institucional” (Rautenberg, 2001:3). El dispositivo
es puesto en acción de un discurso.

En la práctica profesional el dispositivo es un medio y un método complejo para promover la acción.


En un proyecto de investigación, el objetivo muy bien puede ser “la desconstrucción de un
dispositivo”, para su transformación en un discurso, explicitando así lo que en éste se encuentra
implícito. Más comúnmente, el proceso de investigación puede implicar la instrumentación de un
dispositivo para hacer visible lo que se explora.

El dispositivo grupal

Curiosamente, una palabra derivada de instruir (latín instruere, preparar para la defensa):
instrumento, es algo que nos sirve para lograr un cierto resultado. Es una herramienta, mecanismo,
dispositivo, máquina mediante la que se lleva a cabo una acción y se logra un fin. Es un medio que
facilita el trabajo (Moliner, 1996)

El dispositivo grupal es un instrumento para la intervención y la investigación. En nuestra “caja de


herramientas” contamos con diversos tipos de dispositivo grupal con los que podemos trabajar.
Estos incluyen metodologías, encuadres y formas de establecer el trabajo grupal a la medida de cada
objetivo y tipo de trabajo se realizado ya sea en una comunidad determinada (intervención) o en un
proceso de investigación.

El dispositivo grupal permite a los integrantes de un grupo desarrollar una expresión y una escucha
que de otro modo no tendrían. Es el medio para decir y atender lo dicho por otros en un espacio
específico. Cada dispositivo grupal se especializa en un nivel, forma y carácter relativo a lo que los
participantes pueden escuchar de otros. Es un aparato heterogéneo y complejo. Al hacer la
interacción específica entre los sujetos, hace posible también el establecimiento de vínculos y
relaciones significativas. De igual modo posibilita procesos de subjetivación y de definición o
adecuación de identidades, según las características propias del dispositivo en cada caso.

Un dispositivo grupal de corte psicoanalítico, con fines terapéuticos, puede por ejemplo incidir
especial y particularmente en el ámbito afectivo, emocional de los participantes, permitiendo una
re-elaboración de los conflictos que son hasta ese momento parte de su ser, de su subjetividad. Se
hace posible entonces desplazarse de la repetición, mediante una expresión y puesta en escena en
el grupo de la misma. Ya que se está a la vista de todos, es posible llegar a reconocerse y reflexionar
al respecto. Se hace factible el retomar e idear alternativas, para hacerlas propias y lograr un cambio.

Un dispositivo grupal de corte socioanalítico puede permitir a los integrantes de una organización
social o empresa el reconocer y analizar en escena la dinámica de la lucha política, los intereses en
juego y las colocaciones de los sujetos en el interior de un proyecto de acción social en marcha. Hace
entonces posible la renegociación de las responsabilidades, los derechos y las prerrogativas de los
participantes; otra distribución de los beneficios; la integración de distintos objetivos al quehacer
colectivo. Con el dispositivo se puede dar lugar al reconocimiento de las dinámicas imperantes del
ejercicio del poder en el interior del proyecto u organización, así como la dirección que los discursos
y los sujetos le han dado a la acción. De modo que la dinámica, la dirección y la lógica de la actividad
y del proyecto, podrán cobrar otro rumbo y ponerse en marcha otros procesos diplomáticos de
negociación, necesarios para una más justa asignación de los beneficios y una más completa
integración de otros proyectos en la acción conjunta.

Dependiendo de las circunstancias, los objetivos y la constitución del grupo se aplica determinado
tipo de dispositivo grupal. Cada dispositivo grupal toma un carácter particular, por las necesidades
y objetivos de sus integrantes y la tarea a la que se abocan y se torna instrumental para el logro de
los propios fines de los integrantes.

El dispositivo grupal responde a criterios específicos de organización (en cuanto al tiempo, el


espacio, la materia de la que se habla, las reglas, los fines y las tareas). Comprende criterios de
operación para abordar una tarea de manera particular. Es un encuadre mediante el cual –como ya
lo hemos dicho- se ejercen la escucha y la expresión con relativa libertad e independencia. de las
restricciones que impone el cuidado permanente de la estrategia para la acción política y la
protección de la colocación de la propia persona, común en situaciones sociales. Frecuentemente,
aunque no en todos los casos, implica un lugar donde los sujetos pueden expresarse y decir más de
lo que, en un momento dado, sería inconveniente expresar en otro ámbito.

El objetivo del dispositivo grupal es el establecimiento en sentido amplio de una comprensión mutua
y, con ella, de la construcción recíproca de los sujetos. Cada dispositivo comprende formas de
interacción e incluso roles; una normatividad explícita o implícita de lo que es propio hablar; una
regulación de las formas de interacción que, en alguna medida, son más flexibles o abiertas que las
del entorno social circundante. En algunos casos, el entorno permite a los integrantes en alguna
medida, vislumbrar y reconocer la constitución subjetiva propia.

Sin importar el dispositivo de que se trate, el grupo se hallará sujeto a instituciones y diversos
discursos. La dimensión institucional del grupo, en algunos encuadres, toma mayor relieve según el
trabajo que los participantes realizaron. En cierta medida ello se hace posible, dentro del grupo el
desenmascaramiento del autoritarismo y la promoción de la democratización.
El grupo, como formación privilegiada para el desenvolvimiento de la subjetividad colectiva, permite
cuestionar “la lógica que reduce lo subjetivo a lo individual y lo colectivo a lo social” (Baz, 2001:21).

Instrumentación del dispositivo grupal

El poder implica situación estratégica; es anulador de derechos. “El juego del secreto en el poder
está en la posibilidad de anticiparse a los otros” (Rautenberg, 2001:10). En cuanto al equipo
coordinador de un grupo, el manejo de la información y los intercambios que se reservan, puede
ser una forma estratégica de establecer el trabajo grupal, así como de ofrecer calculadamente,
interpretaciones o intervenciones con un fin específico. Sin embargo, es difícil que esta forma de
operar no esté a su vez vinculada con un ejercicio de poder y control del espacio grupal. Para el
equipo de coordinación este puede ser un acto consciente o inconsciente. La justificación técnica y
teórica de estas modalidades de acción, mediante las que se reserva información y se llega a
decisiones mediante discusiones sin el grupo, puede ser enteramente válida. Pero es importante
tomar en consideración a los coordinadores de grupo como sujetos: temores, necesidades y su
narcisismo.

La estrategia de coordinación que implica el discutir confidencialmente la información, aunque sea


con el objeto de llevar a cabo acciones encaminadas a generar un efecto particular en el trabajo del
grupo, está estrechamente vinculada con formas ordinarias de ejercicio del poder. Dichas formas,
aunque sean propias de la lógica de acción de coordinación grupal, a veces pueden ejercer acción
de dirección y control ajena a los objetivos de apoyo técnico profesional para el desarrollo del
trabajo grupal.

El coordinador, monitor, facilitador o profesional que trabaja con grupos puede, antes que nada,
apoyar el establecimiento y sostenimiento del encuadre. Empero, el sostenimiento imaginario de
un saber especializado del profesional “psi” que coordina un grupo y de su colocación profesional
puede encaminar la acción en otras direcciones, propias del medio profesional. Estas formas de
coordinar, en las que abiertamente se maneja la información proponen tentativamente
interpretaciones pueden implicar un manejo más difícil, cuidadoso, sutil, diestro del saber
profesional. Sin embargo, es mediante este tipo de trabajo que puede lograrse el trabajo de
coordinación. Madurar una interpretación, una apreciación sobre el proceso, clima o situación del
grupo, y poder utilizarlas según este tipo de manejo abierto, puede ser muy difícil, pero el evitar
tanto la imagen del uso del secreto y el ejercicio del poder como recurso consciente o inconsciente,
brinda la posibilidad de establecer una relación muy distinta con el grupo y un desempeño más
eficaz como coordinadores.

Uno de los objetivos básicos del trabajo profesional en psicología social es el incidir en el proceso
social, apoyarlo, introducir elementos y herramientas. El trabajo grupal no es sólo una excelente
forma de conocer y reconocer los elementos en juego, las características de la situación con la que
se trabaja, las perspectivas subjetivas de los sujetos, sino que también es, al mismo tiempo, una
manera de incidir en ese proceso. Cada pequeño grupo, conforme a un encuadre específico, y
pensado con fines particulares, es también un pequeño laboratorio donde saltan a la luz las
dinámicas sociales y subjetivas de los participantes. Como pequeños gimnasios (del griego gimnós,
desnudo, un lugar para ejercitarse en algo al desnudo) en ellos se pueden proponer y ofrecer
elementos, estrategias de acción y formas de organización que, en su momento, pueden hacerse
parte de ese medio social o de los modos de actuar y abordar situaciones de los sujetos.
En el trabajo profesional, que se realiza con la aplicación de dispositivos grupales, “ayudar al grupo
a pensar” es una labor primordial que se realiza mediante el cuidado del encuadre. El apoyar el
establecimiento de una forma de trabajo y una normatividad para lo decible. El sostenimiento de
una expresión abierta y una escucha cuidadosa entre los participantes.

Así como “el dispositivo psicoanalítico opera bajo la premisa fundamental de decir la verdad”
(Rautenberg, 2001:16) depende del dispositivo grupal de que se trate y del grado en que con él se
aborden los conflictos psíquicos de los participantes, que se operará también según la premisa
fundamental de “decir la verdad”.

El profesional que instrumenta un dispositivo de trabajo grupal busca propiciar una situación para
la interacción de un pequeño grupo de personas que, sobre un asunto dado, llevan a cabo un intenso
trabajo de pensamiento en común. Este trabajo puede ser más o menos de carácter “terapéutico”
o “clínico”, y estar por tanto relacionado íntimamente con elementos afectivos o emocionales de
los participantes. El que la reflexión y el pensamiento se den “en compañía de un grupo”, no implica
que este proceso se dé solamente a nivel consciente. En el proceso de reflexión e interacción
intervienen conceptos, afectos, reacciones, formas de ser, fantasías, intereses, colocaciones de los
sujetos, estrategias de acción. Influyen en este mito la acción social de los sujetos al exterior del
grupo, como la configuración subjetiva de los integrantes, al tiempo que la construcción de la
identidad, los ejercicios de interacción y la validación social del sentir, saber, actuar, las historias
subjetivas.

“Para ser nosotros mismos nos hace falta aprender un lenguaje, una cultura, un saber, y hace falta
que esa misma cultura sea suficientemente variada como para que podamos hacer, nosotros
mismos, la elección dentro del surtido de ideas existentes y reflexionar de manera autónoma”
(Martínez, 2001:10). En otras palabras, cada uno de los integrantes de un grupo está fuertemente
marcado tanto por el inconsciente, como por el consciente. Al establecer una circulación
fantasmática y pactos (unos tácitos y otros inconscientes). La comunicación concurre en distintos
ámbitos, mediante lenguajes y modos de expresión, diferentes, y ello independientemente del tipo
de dispositivo grupal que se ponga en acción. Para cada dispositivo, la incidencia del trabajo
realizado en los procesos de subjetivación o elaboración del conflicto interno varía.

Entre los diversos dispositivos comúnmente utilizados para el trabajo grupal se hallan los siguientes:
Grupo de discusión. Entrevista grupal semi-estructurada. Entrevista grupal con enfoque operativo.
Grupos de apoyo. Grupos de ayuda mutua. Grupos de reflexión. Grupos de encuentro. Grupos
Ghestalt. Psicodrama. Grupo focal. Técnicas grupales de la psicología organizacional.

El dispositivo grupal como instrumento de intervención

Se interviene “para” algo; no “para” el interés personal, político, profesional o investigativo. Se


interviene con la comunidad, aún en el caso de una investigación de gabinete.

La instrumentación de un dispositivo grupal es una forma de trabajo en comunidad cuyo objetivo


no es simplemente de participación, sino de carácter profesional, ya que se realiza con base en un
conocimiento especializado y en recursos específicos para la acción que no son del dominio general.
Esta intervención del profesional hace posible ofrecer a la comunidad herramientas para su
organización y los recursos para que los propios integrantes de un grupo puedan decir y ser
escuchados suficiente como para llegar a la resolución de sus problemáticas o fines. También es
una forma de ofrecer modalidades de operación y estrategias que faciliten procesos de reflexión. La
integración de conocimientos actualizados en ciencias sociales es esencial para el adecuado
desarrollo de planes de trabajo, estrategias de acción, y para la selección y adecuación de
dispositivos aplicables a casos concretos. Sin embargo, la esencia del proceso no estriba en la
técnica, sino en la posibilidad de llegar a un proceso de reflexión con respecto al sentido de la acción;
el carácter de los integrantes; sus objetivos; los valores y principios que definen un proyecto propio;
los intereses diversos que obstaculizan el camino trazado.

La clínica en psicología social, con grupos e instituciones es precisamente un trabajo que puede
realizarse mediante la implantación de dispositivos grupales. Si de algo puede servir el conocimiento
sistematizado, teorizado que se logra en sociología, psicología social y disciplinas afines, es su
aplicación práctica. Y no nos referimos de ningún modo a una ingeniería social, sino a los medios
por los cuales el proceso histórico (de evolución y aprendizaje) de cualquier comunidad puede y
debe ser complementado y apoyado, en sus transformaciones, con base en los frutos del estudio
sistemático y los resultados de la investigación.

Poco fructífero sería no poner en práctica mecanismos que hagan posible aprovechar este
conocimiento para coadyuvar y complementar los procesos relativos al desarrollo social. Sin
embargo, en ciencias sociales la aplicación del conocimiento es una oferta, una propuesta, una
invitación. Es importante reconocer que tales acciones nos llevan a una interacción entre las ciencias
sociales y sus campos de estudio. Es un trabajo conjunto que relaciona unos sujetos con otros; que
establece la comunicación entre ámbitos sociales; la aplicación de unos saberes en interacción con
otros. Se trata de una complementariedad en la que las dos partes se ven modificadas, y en
ocasiones totalmente transformadas.

Un dispositivo adecuado al ámbito, diseñado e instrumentado ética y profesionalmente, puede ser


un medio idóneo, para potenciar el proyecto de un grupo. El secreto consiste en no hacer cosas para
las personas, sino con ellas.

Ya en la práctica pueden estar implícitos, sin que el profesional lo advierta, intereses ajenos y
conceptos que encaminarán a los integrantes del grupo en otra dirección cualquiera, en lugar de
apoyar la consecución de sus propios proyectos, perspectivas y objetivos. Un problema fundamental
en el diseño de las ofertas que un profesional hace, es que muchas veces éste se halla también
llevando a cabo un trabajo de acción política propio. Dichas acciones pueden o no haberse
explicitado. Entonces el interventor puede a partir de su historia personal, su formación y su propia
ubicación cultural, teórica y política, estar ejerciendo un activismo. Se convierte así en el
instrumento a partir del cual alguna o varias instituciones, de las que forma parte, inciden en la
realidad sobre la que se actúa.

Es de primera importancia que el profesional pueda reconocer su sentir, con respecto a la


problemática que se le presenta y sobre la cual se le solicita operar, es decir, que trabaje para
reconocer el deseo propio, antes que intentar imponerlo. El análisis de la implicación puede requerir
la ayuda de un observador externo, o bien de algún tipo de supervisión profesional o de otro equipo
(menos involucrado en el proceso).

“La intervención grupal constituye desde luego un rubro amplio que cobija una heterogeneidad de
prácticas y de marcos conceptuales” (Baz, 2001:30). “Responde a modelos de acción psicosocial que
están activamente involucrados con el acontecer social y los procesos de subjetivación que lo
acompañan. El sentido de lo grupal, como experiencia que activamente hay que construir, supone
condiciones para apostar a las formas colectivas como lugares de creación de vínculos y de apertura
de posibilidades en función de la puesta en común de ciertas tareas.” (p. 26).

Una frase característica del pensamiento social actual: “Detrás de nosotros estamos ustedes” nos
habla del hecho de la constitución social de los sujetos, manifiesta en la interrelación que establecen
entre sí cuando unen fuerzas con fines específicos. Esta forma del pensamiento y expresión, tan
presente hoy en los discursos políticos, la letra de canciones y otras expresiones, pone de manifiesto
que en la cultura popular y el imaginario social tienen su contraparte conceptos propios de la
psicología social, por lo que la implementación de sus instrumentos de trabajo, particularmente de
dispositivos grupales, adecuados al medio y necesidades sociales, es algo que se logra con base en
discursos y un sustrato que le es “natural”.

El proyecto de investigación Entornos grupales autogestivos para la ayuda mutua, del que soy
titular, me ha permitido echar mano de herramientas útiles para el trabajo profesional, aplicando
dispositivos de trabajo grupal, así como investigar a lo largo ya de siete años, el dispositivo grupal
integrado al modelo de trabajo de Alcohólicos Anónimos, que es aplicado a diversas problemáticas
por distintas organizaciones. Este trabajo, realizado con base en una metodología cualitativa de
investigación participativa, ha hecho posible delimitar claramente ese dispositivo a través de sus
modos de operación, premisas e incluso implicaciones ideológicas y filosóficas.

Algunos productos de esta investigación se pueden consultar en las referencias integradas a la


bibliografía. Cabe agregar, por otra parte, que se ha producido un modelo laico para el trabajo de
grupos de ayuda mutua, el cual es aplicado hoy por grupos activos. Algunos, fueron iniciados con un
proyecto de formación de Grupos de Pares de Reflexión y Ayuda Mutua, en colaboración con el DIF-
DF en el año 2000. Otros, más recientemente, con el Proyecto de Gestión y Fomento de Grupos de
Ayuda Mutua para Personas con Experiencias de Violencia Familiar, diseñado y coordinado por mí
para la Dirección de Prevención a la Violencia Familiar del Gobierno del DF (se han establecido ya
nueve grupos; dos tienen más de seis meses operando). Al terminar el año 2001 habrá al menos 16
grupos activos, uno por cada delegación, que serán modelo para otros que sean gestionados por el
personal al que se está formando con ese fin.

Todos estos grupos son abiertos, de ingreso permanente, sin fecha de terminación y efectúan una
reunión a la semana. Operan sin coordinación profesional, con la dirección de sus propios
participantes, aunque en sus reuniones iniciales cuentan con el apoyo de uno o dos monitores o
facilitadores que les ofrecen materiales, estudios de caso, formas de trabajo y comentarios sobre la
operación y aplicación del modelo al final de cada una de las primeras ocho reuniones. A través de
éste y otros proyectos, y con base en los resultados de investigación obtenidos, se ha formado a
más de 200 profesionales de nivel licenciatura y alrededor de 150 estudiantes de la Licenciatura en
Psicología de la UAM-Xochimilco, todos ellos con respecto al tema de grupos de ayuda mutua,
colaboración profesional con los mismos y gestión y fomento de nuevos grupos (laicos). Se anexan
al presente ensayo las primeras páginas del proyecto activo con el Gobierno del DF, sin el
cronograma y presupuesto. También se anexa la portada e índice del manual de trabajo para grupos.
Ambos se ofrecen como ilustraciones de un dispositivo grupal para la intervención en psicología
social. Además de las referencias asentadas en la bibliografía de este artículo, pueden consultarse
algunos artículos al respecto en la siguiente página Web de Internet:

Por último, se puede decir que el trabajo realizado hasta ahora ilustra la forma en que la
investigación y las herramientas de trabajo del psicólogo social, pueden estar íntimamente
vinculadas a la implantación de dispositivos grupales. Por supuesto, ésta no es excepción en el
campo.

El dispositivo grupal como instrumento de investigación

“El hombre es un ser psíquico e histórico social, imaginación e imaginario (social).” (Castoriadis,
XXXX:139).

Cabría agregar que, para la investigación en psicología social, “un dispositivo grupal es un recurso
de carácter metodológico técnico que permite instrumentar el momento empírico de la
investigación” (Baz, 1996:60). “Como individuos somos portadores, constitutivamente, de un
universo de significaciones producto del orden social y la cultura a la que pertenecemos” (ibid., p.
83). Somos sujetos producto de nuestro entorno simbólico y del sentido. Como peces en el agua,
entramos al lenguaje desde el nacimiento, nos desenvolvemos en él. La topografía institucional y
política nos sobredetermina y constituye subjetivamente. Este es el carácter del mundo donde “el
grupo va a potenciar la puesta en juego de formas de funcionamiento social” (p. 71) como un recurso
inapreciable para la investigación en psicología social.

Un problema de investigación bien definido, guiado por la observación y basado en las premisas, el
marco teórico y la hipótesis permite recuperar, para su análisis, los materiales producidos en
“grupos espontáneos”, o bien elegir la modalidad de trabajo grupal más pertinente. Es a partir de la
construcción del objeto de estudio por parte del investigador, luego de procesos de observación y
análisis iniciales, a los que se agregan entrevistas grupales o distintos tipos de trabajo grupal, que
se puede definir con mayor claridad el tipo y carácter de dispositivo grupal idóneo para la
exploración del tema específico de que se trate.

En la construcción de su objeto de estudio, el psicosociólogo ofrece un potencial de cambio social,


a través de discursos explicativos y propuestas de organización y acción. El dispositivo grupal puede
ser no solamente una herramienta privilegiada para la investigación en este campo, sino un
producto de los procesos de investigación directamente aplicable como instrumento para el trabajo
profesional de intervención en el campo de la psicología social.

No hay nada más práctico, diría Lenin, que una buena teoría y desgraciadamente “es una vieja y
perniciosa tradición el separar la teoría de la práctica” (Baz, 1996:36). En psicología social,
especialmente la que aquí nos ocupa, la investigación es un proceso de acción en la comunidad. La
exploración del objeto de estudio necesariamente implica alguna forma o nivel de participación por
parte del investigador, dada la necesidad de conocer y reconocer los múltiples elementos en juego.
(Procesos de subjetivación que se establecen a partir de lo social; discursos; lenguaje; proyectos;
atravesamientos institucionales; clima afectivo y demás componentes necesarios de considerar.)

Georges Devereux (1977) nos ha hecho ver que, dadas las características del campo de estudio, el
investigador mismo y lo que sucede en su interior es un importante elemento a tener en
consideración. La apreciación de la implicación del investigador en el campo de estudio y proceso
de investigación es un elemento de la metodología cualitativa característica de esta especialidad.

Como nos lo han demostrado grandes exponentes originarios de la investigación cualitativa (Levi-
Strauss, Freud, Piaget), el trabajo a realizar en ciencias sociales es un complejo proceso
hermenéutico del que eventualmente pueden surgir, como producto, interpretaciones que ofrezcan
una luz (tenue o deslumbrante), para la comprensión de procesos sociales y subjetivos.

“Los métodos cualitativos implican un interés por el sentido que los sujetos atribuyen a su
experiencia [...] suponen una intención de realizar una lectura interpretativa de la trama de
significaciones construidas socialmente” (Baz, 2001:18). En psicología social se busca argumentar y
explorar las hipótesis y líneas de indagación con base en métodos cualitativos para el análisis del
discurso y los múltiples elementos en juego en el proceso social. El uso de dispositivos grupales es
un medio para establecer escenarios de observación y registro del discurso y del proceso propio
para la investigación en este campo.

En este proceso es necesario decidir, por una parte, lo que se va a observar y cómo se va a observar
y, por otra, la manera en que se utilizarán las observaciones, el material, el texto y las anotaciones
producidas. Mediante la construcción de un esquema analítico para la interpretación (Baz, 2001:18)
se definen las categorías para el análisis del texto y el proceso grupal. Por ejemplo, con un marco
psicoanalítico, algunas categorías de análisis pueden ser: los procesos de identificación; procesos
proyectivos; el narcisismo de los participantes (y del equipo coordinador); el ideal del yo; la
transferencia y la contratransferencia. Para una concepción de grupo operativo: la tarea; el
emergente; etcétera.)

En el proceso de observación y en el análisis se deberán tomar en consideración el contexto de


producción; la situación específica en la que se desenvuelve el grupo; la concepción de dispositivo
grupal con la que se arma el grupo; la forma de registrar la producción del grupo. Especialmente
deberá decidirse si se realizará una observación y análisis únicamente de los procesos de interacción
observables y manifiestos, o bien del plano latente y de los mecanismos inconscientes.

“La cuestión de los grupos ... ha ocasionado un auténtico desborde disciplinario y una multiplicación
de los referentes teóricos ... que han tenido que convocarse para dar cuenta de los procesos en
juego.” (Baz, 2001:5)

Algunos de los autores más importantes para el tema se enlistan para su consideración y posible
consulta: W.R. Bion, S.H. Foulkes, R. Bejarano, D. Anzieu, R. Kaës, Pichón-Riviére, Kurt-Lewin, J.
Bléger, A. Bauleo, J.C. De Brasi, A.M. Fernández.

Tomando en cuenta el campo de estudio, para el análisis de lo que se juega en la acción social, la
utilización de dispositivos grupales es un medio privilegiado que permite poner en escena y hacer
observables para el investigador justamente aquellos elementos que requieren de su análisis.

(Una breve nota con respecto a un tema al que frecuentemente no se le asigna la importancia
debida en el trabajo de investigación, realizado mediante dispositivos grupales. La grabación, por lo
menos en audio del trabajo grupal permite la posterior transcripción y análisis detallado del texto
producido. Aunque obtener autorización para realizarla puede ser problemático, es un asunto
primordialmente de la forma en que se plantea y negocia su autorización con los integrantes del
grupo. La grabación es una excelente herramienta para un trabajo de investigación que sea menos
una apreciación personal, con respecto a la experiencia de trabajo grupal del sujeto investigador,
que un proceso cuidadoso y riguroso de análisis, tanto del grupo como del propio sujeto
investigador y de su interacción en el campo de estudio y para la reflexión conceptual y la
teorización. Otra herramienta útil al mismo fin y más frecuentemente reconocida en cuanto a su
importancia es el trabajo en equipo, con por lo menos un integrante observador del proceso que se
aboque, también, a la observación del propio equipo.)

Conclusiones

El sujeto social se constituye en el pequeño grupo de personas con estrechos vínculos. La psicología
social trata sobre el mundo de relaciones y el sentido donde las personas se constituyen en un
entramado de “atravesamientos”, tanto en lo racional como en lo afectivo, de manera consciente o
inconsciente; en interdependencia con procesos sociales y condiciones históricas particulares. El
trabajo con grupos es algo propio de esta psicología, en cuanto quehacer profesional y como ámbito
de estudio.

Para apoyar a sujetos que lleguen a ser artífices de su propio destino y superen los conflictos
internos y sociales en los que se vean implicados, la implantación de dispositivos grupales es una
herramienta muy útil para el trabajo profesional. Al apoyar el establecimiento y sostenimiento de
un espacio para el trabajo grupal se ofrece un espacio para pensar juntos en el que se propicia la
construcción mutua de los sujetos participantes y la integración de modalidades de organización e
interacción. El dispositivo grupal potencia la acción de los sujetos y la transformación de
subjetividades.

Al hacer posible una escucha y expresión abiertas el dispositivo grupal se hace además un medio
excelente para la puesta en escena y observación de complejos procesos sociales de los cuales los
sujetos somos portadores. Para el trabajo hermenéutico del investigador psicosocial, encaminado a
la comprensión de procesos complejos, el grupo es un espacio en el que se hace posible el análisis
no solamente de los procesos de interacción observables y manifiestos, sino del plano latente y de
los mecanismos inconscientes en juego. Se hacen palpables también los “atravesamientos”
discursivos e institucionales, el imaginario social y el mundo fantasmático en el que se desenvuelve
la acción de los sujetos y la forma de establecer vínculos, acuerdos, pactos inconscientes,
adhesiones, etcétera.