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El contrato por adhesión

Si seguimos la opinión de Luis Ramos (1999), encontramos que:

“(…) Esta nueva modalidad, que no debe entenderse en sentido estricto, evita las tratativas, las
contra-ofertas, las objeciones y sólo exige el destinatario de la oferta una aceptación total de los
términos ofrecidos. Es por eso una adhesión”.

Caracteres jurídicos del contrato por adhesión

Encontramos pues, que los caracteres jurídicos del contrato por adhesión son: 1) Redacción
anticipada y unilateral del contrato, 2) Negativa a toda posibilidad de discusión, 3) El contrato
está dirigido a una multiplicidad de personas, 4) El proponente goza de un poderío económico
indiscutible, 5) El destinatario deberá padecer un estado de necesidad.

(Ramos, 1999, pp. 213-214)

Cláusulas generales de contratación

En la actualidad, para proveer de mayor celeridad la celebración de contratos, se va


haciendo más usual la utilización de los llamados contratos de adhesión1 (principalmente en los
contratos de consumo), las características principales de estos contratos es que los mismos ya se
encuentran redactados y, al momento de que un consumidor manifieste su ánimo de contratar la
adquisición de un bien o la prestación de un servicio con el proveedor, es que el individuo
mencionado al inicio suscriba un contrato que cuenta con (las denominadas) cláusulas generales
de contratación (tercera característica) y por ende, éste debe decidir si se “adhiere” o no a las
estipulaciones contenidas en el mencionado contrato.

Es meritorio mencionar pues, que en la Casación N° 2047-2007-Lima, dentro de su


considerando sexto se menciona que: “Las cláusulas generales de contratación son una respuesta
a la necesidad cada vez más apremiante de desarrollar mecanismos de contratación que permitan
reducir los, así llamados, costos de transacción2 y, de esta forma, hacer menos onerosas las
contrataciones (…)”. Dicha afirmación coincide con el siguiente fundamento: “(…) Mediante la

1
El resaltado es nuestro.
2
El resaltado es nuestro
prerredacción de las cláusulas generales, que contienen los elementos comunes de todos los
contratos a celebrarse, se alcanza la celeridad anhelada, toda vez que tales elementos son
indiscutibles, a la par que conteniendo la oferta contractual no sólo las cláusulas generales sino
también los elementos propios de cada contrato, se satisface la diversificación de los contratos para
adecuarse a los requerimientos individuales de cada contratante” (De la Puente y Lavalle, 1995).

En complemento con los conceptos mencionados anteriormente, consideramos pertinente


añadir la opinión de Cárdenas (1996): “Se tratan, pues, de disposiciones generales y abstractas que
integrarán la oferta de una serie indeterminada de contratos individuales y que adquirirán fuerza
vinculante solo una vez celebrados los correspondientes contratos”.

Es por esta razón, que hay concordancia en la legislación y la doctrina respecto de que en
este tipo de contratos se pueden presentar claras situaciones de abuso3 y aprovechamiento por parte
de los proveedores respecto de los consumidores:

Tal como lo señala Llobet Aguado (citado en Alcántara, 2005):

“Así, uno de los abusos más frecuentes que pueden darse en la utilización de cláusulas generales
reside en que no se proporciona al adherente un conocimiento suficiente del contenido contractual,
por lo que presta un consentimiento aparente. Puede suceder que el contrato tipo no figure en el
documento contractual, sino que éste haga simplemente una remisión a aquél. También es posible
que el clausulado general aparezca expresamente, pero que, debido a la longitud del texto, a su
presentación poco legible y a su redacción frecuentemente oscura, el consentimiento resulte
ilusorio”.

Así, pues, en concordancia con la afirmación antes brindada, resulta pertinente indicar lo
siguiente: “Por ello, la Directiva Comunitaria 93/13/CEE sobre las cláusulas abusivas en los
contratos celebrados con consumidores, establece en el artículo 4°, que el carácter abusivo de una
cláusula contractual ‘se apreciará teniendo en cuenta la naturaleza de los bienes o servicios que
sean objeto del contrato y considerando, en el momento de la celebración del mismo, todas las
circunstancias que concurren en su celebración, así como todas las demás cláusulas del contrato,

3
Entendemos este término no como abuso del derecho o abuso de un derecho, sino que nos referimos al abuso que
puede ejercer el proveedor respecto del consumidor al momento de que este último suscriba el contrato de
adhesión.
o de otro contrato del que dependa. La apreciación del carácter abusivo de las cláusulas no se
referirá a la definición del objeto principal del contrato ni a la adecuación entre precio y
retribución, por una parte, ni a los servicios o bienes que hayan de proporcionarse como
contrapartida, por otra, siempre que dichas cláusulas se redacten de manera clara y comprensible’”
(Alcántara Francia, 2005).

Cláusulas abusivas

Para poder entender qué es una cláusula abusiva, es necesario mencionar distintos
conceptos brindados por la doctrina:

En un primer sentido, Luis Diez-Picazo (citado por Glibota, 2005) indica que:

La definición de cláusulas abusivas se refiere al contenido contractual con exclusión de las


prestaciones esenciales: los bienes o servicios que hayan de ser proporcionados y la
contraprestación que haya de pagarse por ellos, así como su equilibrio económico, son materias
que deben quedar siempre reservadas a la autonomía de la voluntad de las partes, sin que en este
punto pueda hablarse de contenido abusivo.

Es pertinente mencionar que, según la opinión de Alfredo Bullard (citado en Merino 2008):

Que, no obstante las evidentes ventajas de la adopción de las Cláusulas Generales de


Contratación, también pueden presentarse efectos nocivos, pues, al ser redactadas, por lo general,
por una empresa que cuenta con un ventaja estratégica frente al consumidor –dado su mayor
conocimiento de información- puede presentarse el supuesto de un abuso de dicha ventaja, sin
embargo, se sostiene que ello puede ser contrarrestado a través de la competencia efectiva entre
proveedores, pues, de la misma manera en que las empresas compiten por mejorar la calidad de
sus productos o servicios y reducir sus precios, se podría afirmar que estas también compiten por
confeccionar Cláusulas Generales de Contratación claras y comprensibles para el consumidor.
Consideramos pertinente, pues, señalar la Casación N° 2047-2007-Lima, pues
complementa la interpretación del artículo 1398° del Código Civil4: “(…) debe ser entendido en
el sentido de que es inválida la estipulación contenida en una Cláusula General de
Contratación, no aprobada administrativamente, que establece, en favor de quien la ha
redactado, la facultad de resolver el contrato, siempre que dicha facultad se sustente en
supuestos diferentes a los reconocidos en nuestra legislación positiva civil (…)” (sic). La razón
de indicar este pronunciamiento reside en que incluso en la jurisprudencia hay concordancia
respecto de que en los contratos de adhesión se pueden presentar distintas situaciones de abuso.

Control estatal sobre las cláusulas generales de contratación

Al analizar la posición de los consumidores y del Estado frente a la proliferación del uso
de cláusulas abusivas y según la opinión de Glibota (2005):

(…) El abuso que caracteriza la utilización de las condiciones generales por parte de los
predisponentes frente a los consumidores, que por lo general suscriben los contratos sin
entenderlas, sin leerlas en muchos casos, preocupados más por la relación existente entre el
producto y su precio, ha llevado a la necesidad de un control estatal, que a fuerza de ser lo más
complejo y eficaz posible se descompone en la mayoría de los ordenamientos jurídicos en tres
estadios (p. 254).

“Al regularse la Excesiva Desproporción-Lesión, el legislador se ha orientado a dos


criterios: uno objetivo, donde lo único relevante para determinar su existencia será el grado de
desequilibrio existente entre las prestaciones de las partes; y otro objetivo-subjetivo, donde
conjuntamente con la desproporción, debían observarse las conductas particulares de los actores
al momento de celebrarse el contrato (…)”, lo cual es el aprovechamiento y el estado de necesidad
apremiante que tienen cada una de las partes.

4
Al respecto, debemos indicar que, acorde con lo establecido por el Código de Protección y Defensa del
Consumidor, resultan aplicables las normas contenidas en el Código Civil si éstas no se encuentran contenidas en
la norma sustantiva mencionada al inicio.
De la misma forma, los Principios del Unidroit5 han indicado expresamente que el
aprovechamiento que ejerce una de las partes debe ser injustificado, lo cual permite reforzar aún
más la connotación de la conducta del contratante beneficiado, situación que a su vez se encuentra
estrechamente relacionada con los elementos subjetivos (referidos a la víctima) de la Excesiva
Desproporción-Lesión.

Existencia de Garantías: “La relación de consumo (…) implica desde su formación la


existencia de una serie de obligaciones que recaen en la cabeza del proveedor, y de un
conglomerado de derechos reconocidos a los consumidores” (Alcántara, 2005). Respecto de la
afirmación anterior, debemos agregar que, una de las tantas obligaciones que recaen sobre el
proveedor es la idoneidad de los productos, al respecto, debemos señalar que en artículo 20° del
CPDC6 se detalla que debe compararse la idoneidad del producto con las garantías que el
proveedor está brindando y a las que está obligado.

5
International Institute for the Unification of Private Law (Instituto Internacional para la Unificación del Derecho
Privado)
6
Artículo 20.- Garantías
(…) Las garantías pueden ser legales, explícitas o implícitas:
a. Una garantía es legal cuando por mandato de la ley o de las regulaciones vigentes no se permite la
comercialización de un producto o la prestación de un servicio sin cumplir con la referida garantía. No se puede
pactar en contrario respecto de una garantía legal y la misma se entiende incluida en los contratos de consumo, así
no se señale expresamente. Una garantía legal no puede ser desplazada por una garantía explícita ni por una
implícita.
b. Una garantía es explícita cuando se deriva de los términos y condiciones expresamente ofrecidos por el
proveedor al consumidor en el contrato, en el etiquetado del producto, en la publicidad, en el comprobante de pago
o cualquier otro medio por el que se pruebe específicamente lo ofrecido al consumidor. Una garantía explícita
no puede ser desplazada por una garantía implícita.
c. Una garantía es implícita cuando, ante el silencio del proveedor o del contrato, se entiende que el producto o
servicio cumplen con los fines y usos previsibles para los que han sido adquiridos por el consumidor considerando,
entre otros aspectos, los usos y costumbres del mercado.

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