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Acta Universitatis Wratislaviensis No 3356

ESTUDIOS HISPÁNICOS XVIII    Wrocław 2010

JERZY ACHMATOWICZ
Uniwersytet Wrocławski

Coloquios apostólicos
de fray Bernardino de Sahagún
— observaciones preliminares
Palabras clave: evangelización en Nueva España — Bernardino de Sahagún — los doce
apóstoles de México — libro de coloquios.

El presente artículo aborda la problemática relacionada con un supuesto


episodio que hubiera tenido lugar en los inicios del proceso de evangelización,
en la recién conquistada nueva colonia española en América, bautizada con
el nombre de Nueva España (México). Como es sabido, tres años después
de la caída de Tenochtitlan, la capital del Imperio Méxica, llegaron a los ex
dominios aztecas, en 1524, doce franciscanos que por mandato del emperador
Carlos V y con plenas plenipotencias del papa Adriano VI iban a evangelizar
a los naturales de Indias. Aquel grupo de los frailes de la orden franciscana
recién reformada1 iba a comenzar también lo que frecuentemente en la litera-
tura se denomina como la conquista espiritual de México2.
Conforme con dos fuentes del siglo XVI3, los franciscanos al llegar a la
ciudad de México el día 18 de junio de 15244 y tras la solemne y ceremoniosa
1 J.
Achmatowicz, “Doce evangelizadores de Nueva España — contribución a la historia de
la conquista espiritual de México”, en: F. Rosiński OFM (coord.), Observare Evangelium, Wrocław,
2009, pp. 279–290.
2 R. Ricard, La conquista espiritual de México, México, 1995.
3  M. León-Portilla (ed.), COLOQUIOS Y DOCTRINA CRISTIANA Con que los doce frailes
de San Francisco, enviados por el papa Adriano VI y por el emperador Carlos V, convirtieron a los
indios de la Nueva España. En lengua mexicana y  española. Los diálogos de 1524, dispuestos
por fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores Antonio Valeriano de Azcapotzalco, Alonso
Veterano de Cuahtitlán, Martín jacobita y Andrés Leonardo de Tlatelolco, y otros cuatro ancianos
muy entendidos en todas sus antigüedades (Edición facsimilar, introducción, paleografía, versión
del náhuatl y notas), México D.F., 1986, p. 73; J. Mendieta, Historia eclesiástica indiana [1604],
México, 1993, pp. 213–215.
4 Cf. G. Baudot, “Las crónicas etnográficas de los evangelizadores franciscanos”, en: B. Garza
Cuarón, G. Baudot (coords.), Historia de la literatura mexicana, desde sus orígenes hasta nuestros

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bienvenida realizada personalmente por Hernando Cortés5, se reunieron con


los “caciques y  principales de este reino” para durante largas y  numerosas
jornadas efectuar el primer acto de conversión, a través de un debate abier-
to, diríamos casi ecuménico, un diálogo teológico e ideológico, donde inclu-
sive, en un momento, aparecen como protagonistas los sacerdotes méxicas.
Tomando en cuenta que Mendieta contaba con escritos y testimonios de fray
Bernardino de Sahagún podemos decir previamente que el evento mencionado
se sustenta solamente en el relato de este último, ya que no se ha encontrado
ninguna mención en otras fuentes de la época, un hecho más que significante.
Debido a que la problemática de los Coloquios de Sahagún está práctica-
mente ausente en nuestra literatura vamos a desarrollar en el presente trabajo
algo que se podría denominar justamente como observaciones preliminares,
abordando una serie de cuestiones previas y dejando el análisis más de fondo
para otras publicaciones6. Por lo tanto, el contenido lo presentaremos de
acuerdo con el siguiente plan:
a)  característica general de la obra analizada de Sahagún; su surgimiento,
objetivos y destino;
b)  descubrimiento del manuscrito de la obra de Sahagún y sus publica-
ciones y análisis posteriores; además de lo que antes se sabía sobre el libro;
c)  cuestión del idioma del material base de los Coloquios;
d)  característica sucinta del momento histórico de su creación .
Los datos relacionados con el porqué del surgimiento del Libro de los
Coloquios de los doce primeros misioneros de México los proporciona el
mismo Sahagún diciendo lo siguiente “Al prudente lector”:
Hará a el propósito de bien entender la presente obra, prudente lector, el saber que esta doc-
trina con que aquellos doze apostólicos predicadores [...] a  esta gente desta Nueva España
començaron a  convertir a  estado en papeles y  memorias hasta este año de mil quinientos
y sesenta y  cuatro, porque antes no vuo oportunidad de ponerse en orden ni convertirse en
lengua mexicana bien congrua y  limada: la cual se boluió y limó en este Colegio de Santa
Cruz de Tlatilulco este sobredicho año con los colegiales más habiles y entendidos en lengua
mexicana y en la lengua latina que hasta agora se an en el dicho colegio criado; de los cuales
uno se llama Antonio Valeriano, vezino de Azcapuçalco, otro Alonso Veterano, vezino de
Quauhtitlán, otro Martín Iacobita, vezino deste Tlatilulco y Andrés Leonardo, también de
Tlatilulco. Limóse asimismo con quatros viejos muy pláticos, entendidos ansí en su lengua
como en todas sus antigüedades7.

días, vol. I, Las literaturas amerindias de México y la literatura en español del siglo XVI, México,
1996, p. 306.
5 J. Mendieta, op. cit., pp. 210–213.
6 Recientemente, el 7 de septiembre de 2010, presentamos un ponencia titulada “Coloquios
apostólicos de Sahagún — primer acto del mestizaje cultural en Nueva España (1524)”, durante
el III Simposio Internacional de Hispanistas, Encuentros 2010, en Varsovia, donde detalladamente
abordamos el tema de la historicidad de lo narrado en los Coloquios.
7  M. León-Portilla (ed.), op. cit., p. 75 (mantenemos, en las fuentes del siglo XVI, las grafías
originales).

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Coloquios apostólicos de Bernardino de Sahagún     13

También el mismo Sahagún describe detalladamente en el “Prologo” a su


libro las circunstancias del encuentro de los doce con principales y sacerdotes
méxicas, comentando que, tras unos días de descanso dedicados a informarse
sobre “costumbres y  ritos idolátricos” (informaciones proporcionadas tanto
por tres franciscanos que llegaron a la ciudad de México unos nueve meses
antes8 como por Cortés y  otros españoles), logran gracias a  la gestión del
mismo Gobernador iniciar su labor apostólica con los “principales desta ciu-
dad de México y muchas de las ciudades comarcanas”:
Desque estuvieron juntos el mismo señor don Hernando Cortés delante de los doze religiosos
(por lengua de su intérprete) los hizo un largo razonamiento en que los dio a  entender qué
personas eran aquellas y de quién avían sido enviadas y a qué , y el respecto y obediencia que
los avían de tener. [...] De allí en adelante aquellos varones apostólicos començaron a juntar
todos los días a todos los principales y hablaronlos muy por extenso (por medio de intérpretes)
de la causa de su venida y de las cosas de nuestra sancta fe catholica, según en el presente
volumen se contiene9.

Por cierto, lo que primero debe inquietar de estas palabras a  cualquier


lector es la pregunta por el valor histórico de ellas, por la historicidad de la
narración de Sahagún. En otras palabras, surge la cuestión si acaso realmente
tuvo lugar un evento de tal importancia y  dimensión espiritual10. La expe-
riencia de este supuesto evento, recogida en antiguos “papeles y materiales”
  8 Eranfranciscanos flamencos Pedro de Gante, Juan de Tecto y Juan de Aora, quienes des-
embarcaron en Vera Cruz el 15 de agosto de 1523, llegando a Tenochtitlan en la mitad de sep-
tiembre y estando la ciudad en escombros e insana, se instalan temporalmente en Texcoco (véase
J. Mendieta, op. cit., pp. 605–611); recordemos que dos sacerdotes acompañan a Cortés en su
epopeya mexicana: padre Juan Díaz, un sacerdote secular originario de Sevilla, y fray Bartolomé de
Olmedo, de la orden de la Merced, capellán de Cortés y su consejero para asuntos religiosos; ade-
más, antes de la llegada de los franciscanos flamencos llegan, probablemente al principio de 1521,
dos sacerdotes más: Pedro Melgarejo de Urrea y Diego Altamirano, dos franciscanos: que “Actúan
como hombres de confianza de Cortés y se entregan más a los placeres de diplomacia secreta que
a las obras de evangelización” (Ch. Duverger, La conversión de los indios de Nueva España, con
el texto de los Coloquios de los Doce de Bernardino de Sahagún (1564), México, 1996, p. 24). De
hecho, los cronistas franciscanos nada mencionan de ellos y, en cambio, harto espacio dedican a sus
hermanos flamencos.
  9  M. León-Portilla (ed.), op. cit., p. 73.
10 Véase nota 6. Este tema fue abordado también por autores como: J.M. Póu y Martí, “Libro
perdido de las pláticas o coloquios de los doce primeros misioneros de México” [Edición y estudio
preliminar], en: Miscelánea Francesco Ehrle, v. 3, Roma, 1924, pp. 281–333; Z. Nuttall, “Libro
perdido de las pláticas o  coloquios de los doce primeros misioneros de México” [Edición, pro-
logo y  notas], Revista Mexicana de Estudios Históricos, t. 1, 1927, núm. 4, 5, 6; W. Lechmann,
[Traducción (sólo de la versión náhuatl) y  estudio preliminar del Libro de Coloquios de fray
Bernardino de Sahagún] Sterbende Götter un Christliche Heilsbotschaft. Wechseelreden indianis-
cher Vornehmer und spanische Glaubenapostel in México, 1524, “Coloquios y  doctrina cristia-
na”, des fray Bernardino de Sahagún, aus dem Jahre 1564. Spanisher und mexicanischer Text mit
deutscher Übersetzung von Walter Lehmann, Aus dem Nachlass herausgegeben von Gerd Kutcher,
Stuttgart, 1949; A.M. Garibay, Historia de la literatura náhuatl, México, 1953–1954, t. II, pp.
237–241; M. León-Portilla, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, México 1956, pp. 137–
144; J.G. Durán, R.D. García, “Los «Coloquios» de los «Doce Apóstoles» de México”, Teología,
Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, no 34, 1979, pp. 131–185; J. Klor de Alva,

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se convierte en el mencionado año 1564 en un grueso libro dividido en dos


tomos. El primero, que contiene coloquios y pláticas como tales, consta de 30
capítulos, de los cuales se preservaron solamente los primeros trece. De estos
que se salvaron se otorga un significado particular al capítulo sexto y sépti-
mo, donde se expone el punto de vista indígena frente al planteamiento evan-
gelizador de los doce. De los capítulos faltantes podemos considerar como
relevantes otros seis capítulos debido a su tono posiblemente agudo de pro-
fundas confrontaciones de creencias y modos de ver el mundo11. El segundo
libro contenía veintiún capítulos, siendo su contenido meramente doctrinal,
tomando en cuenta títulos de sus capítulos y el aviso general proporcionado
por su autor12. De la versión en náhuatl se preservaron también trece capítulos
y  el principio del decimocuarto. Afortunadamente se salvó el índice de las
materias tratadas en cada capítulo, por lo cual se pueden adivinar de manera
aproximada sus posibles contenidos y seguir el hilo conductor y la lógica de
la predica franciscana.
Es interesante observar que el proyecto de Sahagún iba a tener éxito ya
que se menciona como un libro aprobado y pertinentemente verificado y cen-
surado en la parte introductoria del único libro de nuestro autor que fue publi-
cado en su vida, es decir, en la Psalmodia, que salió de la imprenta en la
ciudad de México en 158313. A la vuelta de la portada se ubica la licencia del
Virrey donde, entre otras cosas, leemos:

“Historicidad de los Coloquios de Sahagún”, Estudios de cultura náhuatl, México, nº 15, 1982, pp.
147–184; M. León-Portilla, COLOQUIOS..., passim; Ch. Duverger, op. cit., pp. 9–12.
11  M. León-Portilla (ed.), COLOQUIOS..., pp. 76–77: “— Cap. quinze, en que les dan
a entender qué dioses eran los que adorauan. — Cap. diziseys, de la alteración que vuo entre los
principales y sátrapas de los ydolos tomada ocasión de lo que se dixo en el capítulo precedente:
conviene a saber que sus dioses no fueron poderosos para los librar de las manos de los españo-
les. — Cap. veinte, declaración del capítulo pasado, en que se muestra que sus dioses no pudieron
liberarlos de las manos de los españoles, porque eran siervos del verdadero Dios Todopoderoso
y los ayudó. — Cap. veinte y uno, en que se pone plática que hizieron los señores y sátrapas a los
doze, rendiéndose por siervos de Dios y renegando de sus dioses. — Cap. veinte y nueve, en que
se pone que los doze mandaron a los señores y sátrapas que truxiesen a su presencia los ydolos,
y todas sus mugeres y hijos. — Cap. treinta, de la plática que les hizieron después de auer hecho
lo que arriba se les mandó”.
12  Ibidem, p. 75: “El segundo libro trata del cathecismo, que es la doctrina cristiana; contiene
veinte y un capítulos, en los quales se pone el cathecismo y doctrina cristiana con que todos los
adultos que se quieren baptizar han de ser primeramente instruidos.” Mencionemos de paso que
Sahagún tenía previstos otros dos tomos, uno que iba a  tratar sobre la historia de la predicación
franciscana desde 1524 hasta 1564; proyecto abandonado por saber del trabajo de Motolinía que tra-
taba de lo mismo, y el cuarto tomo iba a contener “postilla de todas las epístolas y evangelios de las
dominicas de todo el año” en lengua náhuatl; proyecto que su autor iba a realizar en un libro aparte,
considerando sus Coloquios y Doctrina cristiana como un volumen suficientemente abultado.
13 Véase J. García Icazbalceta, Bibliografía Mexicana del siglo XVI, México, 1981, p. 323.
El título completo de este libro era: Psalmodia cristiana, y sermonario de los Sanctos del Año, en
lengua mexicana: copuesta por el muy. R. Padre Fray Bernardino de Sahagun, de la orden de sant
Francisco. Ordenada en cantares o Psalmos: paraque cantan los indios en los areytos, que hazen
en las Iglesias [EN MEXICO. Con licencia, en casa de Pedro Ocharte. M.D.LXXXIII. Años].

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Coloquios apostólicos de Bernardino de Sahagún     15

Por cuanto se me ha hecho relación: que Fr. Bernardino de Sahagún, de la orden de sant
Francisco compuso un Libro, intitulado Colloquios de Doctrina: con que los primeros doze
Frailes de la dicha orden, que vinieron a  esta nueua España, instruyen, y  enseñaron a  los
naturales Della [...] por la presente doy licencia a Pedro Ocharte, Impressor de libros, para
libremente pueda imprimir el dicho libro de Colloquios [...].

La licencia lleva la fecha de 19 de junio de 1583, cosa bastante extraña,


tomando en cuenta lo ordenado por la cédula real del 22 de abril de 1577
donde textualmente se pone embargo a toda la obra de Sahagún:
[...] habemos entendido que Fr. Bernardino de Sahagún de la Orden de S. Francisco ha com-
puesto una Historia Universal de las cosas más señaladas desa Nueva España, lo cual es una
computación muy copiosa de todos los ritos, y ceremonias é idolatrías que los indios usaban
en su infidelidad, repartida en doce libros y en lengua mexicana; aunque se entiende que el
celo del dicho Fr. Bernardino había sido bueno, y con deseo que su trabajo sea de fruto, ha
parecido que no conviene que este libro se imprima ni ande en ninguna manera en esas partes,
por algunas causas de consideración; así os mandamos que luego que recibais esta nuestra
cédula, con mucho cuidad y  diligencia procureis haber estos libros, y  sin que dellos quede
original ni traslado alguno, los envieis á buen recaudo en la primera ocasión á nuestro Consejo
de Indias, para que en él se vean; y estareis advertido de no consentir que por ninguna manera
persona alguna escriba cosas que toquen a supersticiones y manera de vivir que estos indios
tenían, en ninguna lengua, pro que así conviene al servicio de Dios Nuestro Señor y nuestro14.

Luego aparece una reseña hecha por mandado del arzobispo de México
Pedro Moya de Contreras:
[...] vi y examiné con cuidado este libro de los colloquios de Doctrina Cristiana: con que los
primeros doze Religiosos de la orden de sant Francisco instruyeron a los Indios desta nueua
España [...] Y de lo que siento es [...] ser libro católico, y limpio de toda sospecha y error,
o heregia [...] es obra que se deue imprimir15.

En este caso el documento lleva la fecha de 5 de julio de 1578, y  está


firmado por doctor Ortiz de Hinojosa. Podemos suponer que esa opinión tan
favorable se debe a que la cédula real, recién mencionada, aún no había sido
divulgada pertinentemente en Nueva España. No obstante e  independiente-
mente de los procedimientos debidamente cumplidos, el libro de Coloquios
se quedó fuera de imprenta, para luego desaparecer en fecha y circunstancias
desconocidas. Sabemos solamente que todavía a finales del siglo XVII estaba
en México, sea su manuscrito original, sea una copia, ya que Betancurt nos
deja noticia de este libro, comentando que Sahagún:
(Hizo) una Postila de los evangelios y epístolas, de lenguaje muy proprio y elegante, donde he
aprendido muy elegantes períodos: está en este tomo la noticia de la venida de los primeros
padres, y todas las pláticas y demandas y respuestas que tuvieron con los sátrapas y sacerdotes

14 Ch. Duverger, op. cit., p. 39.


15 J. García Icazbalceta, op. cit., pp. 322–323.

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fingidos de los ídolos acerca de los misterios de la fe, en castellano y mexicano, en dos libros,
que el uno tiene treinta capítulos y el otro veinte y uno16.

Los Coloquios los vuelve a  mencionar el famoso erudito, bibliógrafo


e  historiador mexicano Joaquín García Icazbalceta, en su obra magistral:
Bibliografía mexicana del siglo XVI17. He aquí, donde al confeccionar los
escritos de Sahagún hace mención de aquel libro, sirviéndose de la licencia
y reseña recién citadas, colocadas en la parte introductoria de la Psalmodia.
Recientemente, alrededor de 1922, el manuscrito del libro fue descubier-
to en el Archivo Secreto Vaticano, por un investigador franciscano Pascual
Saura18, que descubrió el libro de los Coloquios poco antes de su muerte,
por lo tanto no pudo llevar a cabo su publicación. Ésta fue realizada por José
Póu y Martí en 1924; contenía su estudio preliminar, donde –entre otros– se
pronuncia de manera más bien negativa sobre la historicidad de la narración
de Sahagún19. La publicación mencionada contenía solamente la versión cas-
tellana de las pláticas y  unas reproducciones fotográficas de la versión en
náhuatl.
Cuatro años después Zelia Nuttall, la arqueóloga y  antropóloga estado-
unidense, reconocida investigadora de los códices prehispánicos, publicó en
México ambas versiones completas, agregando un corto prólogo20. Después
de esta publicación no hubo más ediciones en los países hispanohablantes
hasta finales de los 7021. Antes, Walter Lechmann, el estudioso mexicanista
alemán preparó una edición de los Coloquios, traduciéndolos del náhuatl al
alemán, que fue publicada como su obra póstuma en 194922.
En 1979, dos investigadores de la Facultad de Teología de la Universidad
Católica Argentina, publicaron la versión completa española junto con un
estudio del material presentado, titulado “Los primeros albores de la predi-

16 
Ibidem, p. 338. Agustín de Betancurt (1620–1700) alcanzó el grado de bachiller. Vistió el
sayal franciscano en el convento de Puebla de los Ángeles, llegó a ser una de las grandes figuras de
la Provincia del Santo Evangelio. Profesor de teología. Predicador general jubilado. Cronista ofi-
cial de la Provincia, Definidor y maestro de lengua mejicana. Obras: Menologia, Teatro mexicano:
descripción breve de los sucesos ejemplares históricos y políticos del nuevo mundo occidental de
las Indias (1698); la cuarta parte del libro trata de la provincia franciscana en México y se publi-
có de modo independiente en 1697 con el título Crónica del Santo Evangelio de México; véase:
M. Marzal, Historia de la antropología indigenista, Barcelona, 1993, pp. 273–274.
17 J. García Icazbalceta, op. cit., p. 339. El autor trata aquí de solucionar cierta contradicción:
Sahagún dice que había compilado las pláticas, como testigo de vista, teniendo lugar aquel hipoté-
tico evento en 1524 y llegando Sahagún a México en 1529.
18 Véase M. León-Portilla (ed.), COLOQUIOS..., p. 21, donde se proporciona la exacta ubica-
ción del documento: armario I, volumen 91, Códice Misceláneo, del folio 26 r. al 41 v.
19 Véase J.M. Póu y Martí, op. cit., p. 295.
20  Z. Nuttall, op. cit., p. 102–105.
21  Hay que mencionar que antes se han publicado pequeños fragmentos de los Coloquios
en: A.M. Garibay, op. cit., t. II, 1954, pp. 237–241; M. León-Portilla, La filosofía náhuatl..., pp.
137–144.
22 W. Lechmann, op. cit.

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Coloquios apostólicos de Bernardino de Sahagún     17

cación evangélica en el Nuevo Mundo”23. Recientemente en 1986 se publica


por primera vez el libro completo de la obra de Sahagún, que contiene ambas
versiones, la española y náhuatl, la traducción de ésta, basada en una detenida
paleografía del original y  finalmente la reproducción completa del material
encontrado en el Archivo Secreto Vaticano. Esta edición monumental junto
con su introducción24 y notas, particularmente relevantes en cuanto todas las
aclaraciones de los conceptos, metáforas y disfrasismos de la versión náhuatl,
fue preparada por uno de los más grandes nahualtlatos contemporáneos,
Miguel León-Portilla.
Finalmente, hay que mencionar que la versión española completa de los
Coloquios la encontramos también en el libro de Duverger, publicado en fran-
cés en 198725, y además hubo una publicación del material completo, tradu-
cido al inglés, realizada por Klor de Alva en 198026.
Como hemos dicho Sahagún encuentra material para su libro en unos anti-
guos “papeles y memoriales” descubiertos repentinamente en 1564, probable-
mente en la biblioteca del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco27. Recordemos
textualmente lo que decía a propósito el sabio franciscano, refiriéndose a la
doctrina predicada por los doce: “[...] a estado en papeles y memorias hasta
este año de mil quinientos y  sesenta y  cuatro, porque antes no uvo oportu-
nidad de ponerse en orden ni convertirse en lengua mexicana bien congrua
y limada”28. He aquí donde surge la pregunta ¿en qué idioma fueron escritos
estos “papeles y memorias”? Al respecto encontramos opiniones bien dividi-
das, quizá por el contenido bastante confuso del fragmento citado. En reali-
23 J.G. Durán, R.D. García, op. cit.; el estudio mencionado se encuentra en las pp. 131–152.
Siendo un aporte muy interesante esa obra lleva algunas imprecisiones. Por ejemplo los autores
mencionan a pie de página, en la nota número 7 que “Con el mismo título, El libro perdido de las
pláticas o coloquios de los doce primeros misioneros de México, se reimprimieron en el apéndice
documental del tomo I de la Revista Mexicana de Estudios Históricos [...]”. Al parecer los autores
desconocen el hecho de que esta publicación se hizo gracias al esfuerzo de Zelia Nuttall. También
en la misma nota encontramos un error bien extraño, cuando los autores hablan de un tal Miguel
Ángel Portilla quien “[...] ha ofrecido una versión parcial del texto náhuatl, en La filosofía náhuatl
estudiada en sus fuentes [...] México 1966; 130–133”. Primero, se trata ni más ni menos de Miguel
León-Portilla y además la obra mencionada tuvo su primera edición en 1956. La confusión con el
nombre tal vez se debe al hecho de omitir (quizá por casualidad) la obra de Ángel María Garibay K.,
Historia de la filosofía náhuatl, quien retoma el tema de los coloquios de Sahagún: “[...] al ocuparse
en la segunda parte de su Historia de la filosofía náhuatl (1954), de las obras que se elaboraron
en los tiempos posteriores a la Conquista. Analiza allí Garibay el contenido de lo que conocemos
de este manuscrito, ofrece asimismo traducción al castellano de unos pocos párrafos para ilustrar
precisamente por qué, en su opinión, no puede atribuirse autenticidad histórica a estos Colloquios”
(M. León-Portilla (ed.), COLOQUIOS..., p. 27).
24  M. León-Portilla (ed.), ibidem, pp. 15–29.
25 Ch. Duverger, op. cit., pp. 53–87.
26 J., Klor de Alva, “Fray Bernardino de Sahagún «The Aztec-Spanish Dialogues 1524»”,
Alcheringa, Ethnopoetics, v. 4, núm. 2, Boston University, 1980, pp. 52–193.
27 Véase J. Achmatowicz, “Fray Juan de Zumárraga ¿Fanático destructor o  benefactor?
Equipaje intelectual y  espiritual versus la «leyenda negra» de la evangelización franciscana en
Nueva España”, Estudios Latinoamericanos, núm. 28, Varsovia, 2008, pp. 166–178.
28  M. León-Portilla (ed.), COLOQUIOS..., p. 75.

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dad, difícilmente se puede inferir si dichos documentos fueron una especie de


minutas hechas en español y luego traducidas a un náhuatl literario o fueron
escritas en un náhuatl tosco, pasando luego por los arreglos de los colaborado-
res de Sahagún en consulta con los cuatro viejos sabios méxicas. La cuestión
tiene su relevancia particular, pues en el primer caso habría que preguntar por
el motivo de una traducción al náhuatl del documento hecho en castellano.
Al consultar la bibliografía correspondiente a nuestro tema, encontramos
que los investigadores teólogos argentinos, Durán y García ponen esta cues-
tión en tela de juicio, argumentado razonablemente a  favor del castellano,
como idioma fuente de la documentación encontrada por Sahagún:
Los primeros escritos que originaron los “coloquios” (relaciones, notas o memoriales) deben
haber sido escritos en 1525 o 1526 a raíz de la llegada de los Doce y de los comienzos de
su obra. Estos materiales fueron redactados en castellano, “si mucho se estira la hipótesis”,
acaso en latín, “pero no en náhuatl”. La razón es obvia: en aquellos momentos ninguno de los
religiosos sabía lengua mexicana29.

A su vez, Klor de Alva, al publicar su artículo en 1982, se pronuncia clara-


mente a favor del español como idioma fuente del libro de Sahagún, pues dice:
Sahagún no especificó en qué lengua fueron escritos los “papeles y  memoriales” que tenía
sobre las primeras pláticas. Si estos datos fueron conservados en español en su mayor parte,
como es de suponerse, entonces la versión en castellano de los Coloquios, escrita por
Sahagún, debe ser la más fiel aunque menos detallada30.

En cambio, Miguel León-Portilla plantea con una seguridad avasalladora


algo totalmente contrario, porque constata que:
Lo que encontró nuestro fraile, en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco (probablemente en
su biblioteca, aunque él no lo precisa), fueron unos apuntes en náhuatl más o menos tosco,
dejados allí de tiempo atrás por alguno de los que habían participado en esos diálogos31.

Finalmente Duverger en su monografía sobre la conversión de los indíge-


nas en Nueva España, independientemente de poner mucho color a las circuns-
tancias del descubrimiento de esos “papeles y materiales”, considera que “Lo
más probable es que desde el principio existieran en los archivos franciscanos
las minutas de las famosas conversaciones sostenida con los aztecas en 1524”
y que luego han sido traducidas en “lengua mexicana bien congrua y limada”32.
Creemos, que el argumento levantado por Durán y  García, siendo rele-
vante resulta incompleto, pues si consideramos, como ellos y  muchos más,

29 J.G. Durán, R.D. García, op. cit., p. 146; no encontramos ningún argumento de peso para
colocar la fecha de aquellos papeles fuera del 1524, fecha de llegada de los doce, los que conforme
con el testimonio de Sahagún, a poco andar se pusieron a debatir con los “principales y sátrapas”
del desaparecido Imperio Méxica.
30 J. Klor de Alva, “Historicidad de los Coloquios...”, p. 163 (subr. J.A.).
31  M. León-Portilla (ed.), Coloquios..., p. 20.
32 Ch. Duverger, op. cit., pp. 50–51.

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que la narración de Sahagún refleja hechos históricos, forzosamente tenemos


que asumir la presencia y participación de importancia primordial de intérpre-
tes. Si hubiera sido así, no se podría descartar que ellos mismos eran autores
de aquellas “minutas, relaciones, notas o memoriales”, perfectamente hechas
en ¡náhuatl! La cuestión de la hipotética presencia de intérpretes, asunto clave
en cuanto la ponderación de la historicidad del contenido de los Coloquios, la
abordamos en nuestro material mencionado en la nota 6. Aquí, quisiéramos
analizar sucintamente otro argumento a favor de la redacción en castellano de
los antiguos “papeles y memorias”.
Ninguno de los autores aquí analizados toma en cuenta un aspecto “técni-
co” de tales documentaciones como es la escritura. Pues, considerando como
idioma fuente del material encontrado por Sahagún el idioma náhuatl, tendría-
mos que pensar en el “trasvase” del náhuatl en lo que Garibay había denomina-
do como la “luminosa prisión del alfabeto”33. En otras palabras, documentos
hechos en náhuatl presuponen técnicamente la posibilidad de escribir en este
idioma, cosas muy dudosa a la altura de 1524. Simplemente y conforme con
nuestros conocimientos, el proceso de adaptación y del acomodo del náhuatl
hablado a la escritura con el alfabeto latino iba a iniciarse recientemente des-
pués de esta fecha, y principalmente estaba a cargo de los frailes menores34.
Quizá podríamos suponer que en el momento de la llegada de los doce
hubo algunos avances en este campo, debido a la presencia previa de los tres
franciscanos flamencos. Se sabe perfectamente su afán por iniciar inmedia-
tamente el proceso de la inculturación cristiana, lo que desde un principio
significaba el manejo del idioma o  idiomas encontrados en Nueva España,
y  el aprender, por la parte más hábil e  inteligente de su grey indiana, leer
y escribir. En realidad lo iniciaron pronto:
Venidos pues, á las Indias, comezaron luego á deprender la lengua de los naturales, y á recoger
algunos niños hijos de principales, en especial en Tezcuco, adonde hallaron acogida en casa
del señor, y  que les dió un apocento, y  holgaba que industriasen á los de su casa y  á otros
niños que se allegaban [...]35.

El cronista anota a propósito grandes méritos en este campo de Pedro de


Gante, el único de los tres que puso raíces profundas en Nueva España, ya que

33 A.M. Garibay, op. cit., t. I, 1953, p. 15; véase también: M. León-Portilla, El destino de la
palabra — de la oralidad y los códices mesoamericanos a la escritura alfabética, México, FCE,
1997, p. 16.
34 Cf. ibidem, pp. 19–115; M. León-Portilla, Literaturas indígenas de México, México, FCE,
2003, pp. 135–190; idem, “Literatura en náhuatl clásico y en las variantes de dicha lengua hasta el
presente”, en: B. Garza Cuarón, G. Baudot (coords.), Historia de la literatura mexicana, desde sus
orígenes hasta nuestros días, vol. I: Las literaturas amerindias de México y la literatura en espa-
ñol del siglo XVI, México, Siglo Veintiuno Editores, 1996, pp. 131–183; J. Achmatowicz, Nican
Mopohua — główne źródło studiów nad objawieniami guadalupańskimi w Meksyku w 1531 roku,
Wrocław, 2010, pp. 254–273; idem, “Poesía náhuatl: arqueología de una tradición oral”, Estudios
Hispánicos, XVI, Wrocław 2008, pp. 123–134.
35 J. Mendieta, op. cit., p. 606.

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sus dos compañeros perecieron durante la desastrosa expedición de Cortés


a Honduras (1524–1526), escribiendo de él lo siguiente:
Fué él primero que en esta Nueva España enseñó a leer y escribir, cantar tañer instrumentos
musicales, y  la doctrina cristiana, primeramente en Tezcuco á algunos hijos de principales,
antes que viniesen los doce, y después en México, donde residió cuasi toda su vida [...]36.

Este proceso de inculturación tuvo un significado propio, donde el recur-


so de saber leer y  escribir, luego conocer español y  latín, representaba un
papel primordial para la visión global de la misión evangelizadora de las órde-
nes mendicantes en el Nuevo Mundo, particularmente de los franciscanos37.
Por lo tanto, aquel proceso tuvo que iniciarse realmente muy tempranamente,
tomando en cuenta la copiosidad de artes (gramáticas), diccionarios y sermo-
narios en lenguas nativas, publicados en México, a partir de 1537, cuando se
inicia la labor de imprenta traída por el primer obispo de México, fray Juan
de Zumárraga OFM38.
Con razón entonces subraya León-Portilla que:
El aprendizaje del alfabeto se inició desde los años que siguieron a la conquista, en las escue-
las que abrieron los frailes adjuntas a sus conventos. Allí no pocos jóvenes y adultos, sobre
todo de lenguas náhuatl, mixteca y  en varias de la familia maya, hicieron suyo el conoci-
miento. Dueños del alfabeto, produjeron entonces “transcripciones” de la tradición oral y del
contenido de los libros picto-gráficos39.

Sin embargo, ¿podemos suponer que en el momento de la llegada de los


doce hubiera tenido posibilidad de transcribirlo del náhuatl conforme con las
reglas del alfabeto latino? Nos parece tal suposición muy dudosa, simple-
mente por falta de tiempo. El periodo que separa la llegada de los supuestos
protagonistas de los Coloquios de la llegada de los franciscanos flamencos,
son alrededor de nueve o  diez meses, y  no hay pruebas fehacientes de que
estos últimos, los únicos que en aquel entonces podían hacerlo, lograron edu-
car hábiles intérpretes y más hábiles aún escribanos. Tomemos en cuenta que
cuando los doce llegan a México y durante un mes entero recorren el camino
desde la costa hasta la capital de la colonia, se espantan profundamente por la
cantidad de muestras de las prácticas idolátricas, y se quedan extrañados por
la falta de resultados algunos de la labor de sus hermanos flamencos:
Y otro año siguiente, cuando llegaron los doce apostólicos varones [...] viendo que los templos
de los ídolos aun se estaban en pié, y los indios usaban sus idolatrías y sacrificios, preguntaron
á este padre Fr. Juan de Tecto y sus compañeros, qué era lo que hacían y  en qué entendían.
A lo cual el Fr. Juan de Tecto respondió: “Aprendemos la teología que de todo punto ignoró

36 
Ibidem, p. 608.
37 Véase
J. Achmatowicz, “Doce evangelizadores...”, pp. 267–294.
38 J. García Icazbalceta, op. cit., pp. 23–55; J. Achmatowicz, “Fray Juan de Zumárraga...”,
pp. 159–166.
39  M. León-Portilla, Literaturas indígenas..., 2003, pp. 137–138.

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S. Agustín”, llamando teología á la lengua de los indios, y dándoles á entender el provecho


grande que de saber la lengua de los naturales se había de sacar40.

Vemos entonces que el proceso de la alfabetización de la oralidad del


mundo indígena apenas se estaba iniciando en la fecha de los supuestos
Coloquios, por consiguiente el material fuente del libro de Sahagún pudo
haber sido escrito solamente en castellano.
Finalmente unas palabras sobre el momento en el que se escribió el libro
mencionado. Pensamos que fue un momento muy particular, marcado por
una tendencia general del ocaso del poder, influencias y  privilegios de los
religiosos regulares en Nueva España. Por un lado, tenemos indicios de un
viraje cada vez más profundo en la política de la Corona española hacia las
Indias durante el reinado de Felipe II, cuando —entre otros— las penurias
fiscales y un endeudamiento crónico del estado español conducen a lo que se
denomina como la hispanización de las colonias de ultramar. Por otro lado,
se desarrolla en estos años el Concilio Tridentino (1545–1563). Recordemos
aquí que:
Desde los primeros años de la conquista habían gozado en México las órdenes religiosas grandes
privilegios concedidos por diversas disposiciones de los Pontífices y ejercían la administración
espiritual de los indios con casi total independencia de los obispos. Aquellos privilegios habían
sido muy necesarios en su época, no sólo por falta del clero secular, sino también porque mien-
tras se entendía en la conversión de los indios eran considerados éstos como neófitos, y no con-
venía mudarles gobierno ni administración; pero andando el tiempo y afirmados muchos en la fe,
los obispos llevaban pesadamente tan amplias exenciones que a la verdad eran un gran estorbo
para el buen regimiento de sus diócesis. De ahí nacían continuas competencias de jurisdicción
que agriaban los ánimos; y temiendo los regulares que las diligencias de los obispos en la Corte
dieran por resultado la disminución de los privilegios, determinaron enviar procuradores, y fue-
ron nada menos que los tres provinciales: Fr. Francisco de Bustamante, de los franciscanos, Fr.
Pedro de Peña, de los dominicos, y Fr. Agustín de Coruña, de los agustinos41.

Todo esto ocurre en 1561, y  lo interesante es que la decisión sobre el


nombramiento de esta delegación en representación de los regulares provocó
inmediatamente una reacción del Cabildo, que por las “grandes discordias que
había entre religiosos, prelados y clérigos”, presumía cuál pudo haber sido el
objeto de esta delegación. Reunido y presidido por el Arzobispo Montúfar el
14 de noviembre resuelve ni más ni menos que éste fuera en persona a la Corte
para oponerse a  las pretensiones de los religiosos, considerando todo este
asunto como algo muy grave y peligroso. Un mes después, el 12 de diciembre
el Cabildo decidió que fuese a España el canónigo de la Catedral de México,
Alonso Bravo de Lagunas, quien posiblemente se embarcó junto con los pro-
vinciales el día 9 de enero de 1562. En esta fecha se embarcan también los
provinciales, que llegaron a la Corte en mayo del mismo año. Sin embargo,
como señala Icazbalceta eso ocurre:
40 J. Mendieta, op. cit., p. 606.
41 J. García Icazbalceta, op. cit., p. 145.

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[...] cuando el negocio que se le había encomendado tomaba carácter nuevo y  mucho más
difícil, con la publicación a  principios de 1564 de los decretos del Concilio Tridentino que
restringían mucho los privilegios de los regulares, y señaladamente disponían que estuvieran
sujetos al Ordinario cuando ejercían ministerio de curas.

Hay que agregar que es el momento cuando se vuelve a buscar urgentemente


alguna solución del problema del pago de diezmo por los indígenas, problema
que se arrastraba desde los mismos principios del régimen colonial en Nueva
España:
Durante algunos años e problema del diezmo no se abordó nuevamente, hasta la llegada de
fray Alonso de Montúfar como arzobispo de Nueva España en 1554. Este personaje retomó
con singular celo la propuesta de que los indios pagaran diezmo, en gran parte por la nece-
sidad de financiar su propio proyecto como arzobispo. Su intención seguía claramente los
señalamientos del Concilio Universal de Trento, así como los del Concilio Mexicano de 1555:
proyectaba asentar la autoridad episcopal y regalista de la Iglesia española, asegurar la obser-
vancia de la legislación canónica, así como garantizar el sostenimiento de aparato ceremonial
y el respeto de las devociones populares. Para lograr esas metas el arzobispo procuró reducir
el poder e influencia de las órdenes al interior de las comunidades indígenas. [...] En concreto,
Montúfar procuró restar a la iglesia misional sus prerrogativas y privilegios. Todo lo cual se
encontraba a tono con los intereses de la Corona castellana42.

Es interesante tener presente que el arzobispo Montúfar desde su llegada


entra en un conflicto abierto con los franciscanos, sea limitando sus trabajos
del “apostolado etnográfico”43, sea siendo protagonista del escándalo de pro-
porciones en 1556, cuando durante la misa solemne presenciada por todos
personajes importantes de la Nueva España junto con el virrey, escucha viru-
lentas acusaciones de apoyar idolatría, vertidas desde el púlpito por el provin-
cial de franciscanos, el padre Bustamante44.
Justamente cerca de la fecha del descubrimiento de los antiguos “papeles
y memoriales” tienen lugar los hechos que llevan a Mendieta a escribir que:
[...] ya parece que del todo ha cesado, ya murió el primitivo espíritu; ya de los naturales recién
conversos no hay el concurso que solía a la iglesia de Dios para oir su palabra, para confesar
su fe y su doctrina, y para recibir sus santos sentimientos; [...] de cuándo acá tanta resolución
y mutanza adonde la viña de Dios solía ser tan fructífera y abundante [...]45.

Por cierto, es una carta dirigida a  Francisco Bustamante, Comisario


General de la orden franciscana en México, y  escrita en el “monasterio de
Toluca, primero día del año de 1562” el mismo año cuando, como recién men-
cionamos, las tres principales figuras de las órdenes mendicantes en México
42 E. Ruiz Mendrano, “Proyecto político de Alonso de Zorita, oidor en México”, en: A. de
Zorita, Relación de Nueva España, México, 1999, p. 81.
43 Véase J. García Icazbalceta, op. cit., p. 289, donde se describen los problemas que tuvo
Alonso de Molina para imprimir su diccionario magno náhuatl-español y español-náhuatl, dando
la siguiente característica de Montúfar: “[...] prelado de carácter violento, y  muy contrario a  los
religiosos, aunque religioso él mismo [...]”.
44 Véase J. Achmatowicz, Nican Mopohua..., pp. 46–47 y 84–88.
45 J. García Icazbalceta, Colección de documentos para la historia de México, México, 2004,
t. II, p. 517.
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Coloquios apostólicos de Bernardino de Sahagún     23

se dirigen a España para defender su posición frente a  los planes tanto del
poder eclesiástico secular como civil. Entre los hechos mencionados hay que
recordar la llegada en 1563 un visitador que para los frailes va ser el símbolo
de la “era de Mamón”:
El visitador Valderrama, enviado por Felipe II a  causa de las diferencias entre la Audiencia
y el virrey, llegó a la ciudad de México el 31 de julio de 1563. Entre los problemas que debía
afrontar se encontraban los relativos a la administración indígena, que incluían asuntos de forma
de gobierno, evangelización, servicio laboral, cobro de tributos, el futuro del sistema de enco-
mienda, las posibles pérdidas de Corona [...] y, por último, las acusaciones de fraude, las viola-
ciones a lo dispuesto por el rey y la economía de favoritismo practicada por algunos burócratas
coloniales46.

Finalmente llega el año de 1564 (¡sic!), fatídico para las órdenes men-
dicantes, que marca el desastre completo sobre lo que se hizo con la labor
evangelizadora durante el primer periodo colonial en Nueva España, cuando
muere el virrey Luis de Velasco, el viejo:
[...] en cuya muerte comenzó á caer de su estado el tiempo dorado y flor de Nueva España, y á
derrumbarse la cerca ó albarrada, que juntamente con haber proveído tan fieles guardas como
las que se han nombrado, levantó y edificó el invictísimo y felicísimo Emperador Carlos V para
defensa, amparo y guarda de esta viña del Señor, con las santísimas leyes, cédulas y mandatos
que para este fin ordenó, sabiendo cuán rodeada tenían esta viña multitud de fieras y animalias de
rapiña con demasiada ansia de aprovecharse de ella y devastalla y destruilla, como de otras poco
antes había. Y así fue que abierto un portillo de esta cerca con la llegada de un visitador que venía
á acrecentar tributos y á apellidar dinero y mas dinero, entró tan rota batida por la viña adelante
del puerco montés y la bestia fiera de la desenfrenada codicia, que creciendo en aumento mas
y mas de cada día, de tal manera ha ido cundiendo y enseñoreándose de la viña [...]47.

Esta muy abreviada característica del momento en que se inicia el trabajo


de Sahagún sobre aquellos diálogos apostólicos muestra un momento crítico
respecto al protagonismo político e ideológico de la orden de San Francisco,
lo que creemos que constituye un buen punto de partida para un reflexión más
a fondo, en torno a los motivos que en su más profundo fuero interior motiva-
ron, en aquel entonces, a Sahagún.

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A. de Zorita, op. cit., p. 28.
47 J. Mendieta, op. cit., p. 559.

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Apostles Coloquios of Bernardino de Sahagún


— preliminary remarks
Key words: evangelization in New Spain — Bernardino de Sahagún — twelve apostles of
Mexico — Libro de Coloquios.

Abstract
The article focuses on the presentation of the circumstances of creating and the content of
the so-called Libro de Coloquios by Bernardino de Sahagún, in full measure. The book was known
already in the 17th century and was mentioned in Bibliografia mexicana del siglo XVI by Joaquin
García Icazbalceta. The author minutely relates how the book of Sahagún was found in the 20th
century and talks about the main publications concerned with it. Then, he deals with the problem
of the language of the source which was at the service of Sahagún in his book composing. The
author shows that this source could have been written only in Náhuatl language, given the condi-
tions taking place in Mexico in 1524. Finally, the author presents the situation in which Franciscan,
Dominican and Augustinian orders found themselves when serious conflicts between them and
institutionalized church power as well as colonial and imperial secular power began to grow since
the second half of the 16th century.

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