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LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN:

EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN

Al referirnos a la Reconciliación, debemos decir que -como sacramento de


curación- se constituye en un medio por el cual Cristo se acerca a nosotros no sólo
para restaurar la gracia que se nos ha dado en la Iniciación Cristiana, sino también
para ayudarnos a “hacer nuestros” los dones que se nos entregaron en este camino
de integración al Misterio Pascual. Pues este sacramento tiene una tarea específica:
cuando por nuestro pecado personal manchamos la gracia del Bautismo,
rompiendo al mismo tiempo la comunión eclesial, nos otorga un remedio en el
espíritu; siendo así un momento de reencuentro que el Señor nos ofrece.
Sin embargo, esto lo podremos entender en la medida en que vayamos
superando esa visión limitada que muchas veces se nos ha transmitido de este
sacramento, particularmente centrada en la imagen de juicio. Pues la
Reconciliación no es un simple momento para confesar nuestras faltas y sentirnos
culpables por ellas, debe ante todo ser una experiencia de encuentro con el Dios
misericordioso, capaz de hacernos experimentar su abrazo y su alivio a cuantos
estamos heridos por el pecado.
Podríamos decir que al celebrar este sacramento y hablarle al sacerdote de
nuestras faltas, no deberíamos dedicarnos sólo a decir lo que hicimos mal, sino más
bien a abrir las áreas de nuestra vida que más necesitan de la gracia del Señor. No
porque tengamos que disminuir la sinceridad de nuestro reconocimiento, sino
porque debemos quitarle el peso de juicio que tanto nos daña.
Para ejemplificarlo, tomemos una de las indicaciones dadas en el Ritual de la
Penitencia: El sacerdote, si lo juzga oportuno, lee o recita de memoria algún texto de la
Sagrada Escritura, en el que se proclama la misericordia de Dios y la llamada del hombre a
la conversión1. Es decir, seremos capaces de abrirnos a un camino de auténtica
conversión en la medida en que sintamos la misericordia con la que Dios se acerca
a nosotros para levantarnos y sostenernos. Escuchar primero su Palabra es
entender que lo fundamental consiste en sentirse acogido por su gracia; ya que si
nos pide confesar nuestras faltas, es sólo para que dejemos que Él las transforme
con su amor.
En síntesis, […] la penitencia es un segundo bautismo, como se le ha llamado en la
antigüedad cristiana, una retoma de la dinámica bautismal, una toma de fuerzas en el
Espíritu y un envío para anunciar, de nuevo, las maravillas de Dios2. Por lo cual, si
entramos en la dinámica del Padre, que nos ofrece siempre una nueva oportunidad
para ser restaurados, entenderemos que Él es plenamente consciente de nuestras
flaquezas y por ello estará siempre a nuestro lado para levantarnos cuantas veces
lleguemos a caer; pues nos dará siempre su fuerza para que continuemos en este

1 Ritual de la penitencia. Reformado según los decretos del Concilio Vaticano II, aprobado por el episcopado español y
confirmado por la Sagrada Congregación para el Culto Divino: Barcelona: Coeditores Litúrgicos, 20052, n. 87, p. 48.
2 DE CLERCK, Paul; Para comprender la Liturgia. Sus dimensiones teológica, eclesial y cultural, México: Buena Prensa,

2011, p. 219.
camino de configuración con Cristo; ya que como lo dice el mismo Señor: […] yo no
me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta
y viva3.

3Ez 33, 11; Biblia de Jerusalén Latinoamericana en letra grande. Nueva edición revisada y aumentada, Bilbao: Desclée
De Brouwer, 2007, p. 1300.