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LA LECTURA, ALIMENTO VITAL

Sin duda alguna, una de las mejores cosas que me han sucedido en la vida ha sido aprender a leer. A día de hoy
puedo decir orgulloso que la actividad de la lectura es un hábito en mi rutina diaria. Y que me supone una
fuente de satisfacción y bienestar personal.

Podría contarles cómo el hábito de la lectura favorece la concentración, el desarrollo emocional, las relaciones
sociales, el desarrollo de la imaginación o que, incluso, es un indicativo de éxito profesional. ¡Pero no lo voy a
hacer! Hoy quiero contarles el importante papel de la lectura en el ámbito de las enfermedades
neurodegenerativas, el estrés y la capacidad oratoria.

Leer habitualmente previene de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson. Esto es


así porque mientras leemos con atención, en nuestro cerebro se desencadena un complejo proceso. ¿En qué
consiste este proceso? Se produce el reconocimiento de la forma de las letras, la inferencia del significado de
las palabras, la ordenación de las ideas, la interrelación de conceptos, la activación de la memoria y la
imaginación… Cosa que implica a diferentes áreas del cerebro y el establecer millones de conexiones
neuronales. Todo esto permite que acumulemos capacidad intelectual. A esta acumulación de capacidad
intelectual los neurólogos la llaman reserva cognitiva.

¿Qué ocurre cuando alguien que ha leído habitualmente, padece una enfermedad neurodegenerativa? Pues
que su cerebro cuenta con el recurso de poder compensar. ¿Qué significa esto? Quiere decir que su cerebro es
capaz de poner en funcionamiento otra área distinta a la dañada para llevar a cabo la misma función.
¡Impresionante!, ¿no creen?

Leer, además, es una actividad que reduce el estrés. Esto es así porque requiere que focalicemos nuestra
atención. Además, y por regla general, leemos en silencio, en una posición cómoda y estática. Un estudio del
Laboratorio de la Mente de la Universidad de Sussex demostró que es más relajante que escuchar música…
incluso más relajante que caminar. Para mí leer una novela, una obra de teatro, una biografía… es una especie
de meditación. Una meditación con un beneficio extra. ¡Me aporta la experiencia de vida de sus
protagonistas!¿Cómo podemos potenciar el efecto desestresante de la lectura? ¡Practicándola antes de iros a
dormir! Media hora antes. La Sociedad Española de Neurología califica la actividad de la lectura, antes de ir a
dormir, como una buena rutina de higiene del sueño.

Otro beneficio de leer es que mejora la competencia oradora de las personas. Recuerdo el impacto que me
causó la primera vez que leí la frase del gran orador romano, Cicerón en la que afirma: “A hablar no se aprende
hablando, se aprende leyendo”. Para Cicerón, el arte de un orador es directamente proporcional a la cantidad
de lectura acumulada. Porque leer enriquece nuestro vocabulario y mejora nuestra sintaxis permitiéndonos
desarrollar nuestras ideas de manera clara y rica en matices. Porque nos proporciona historias, conocimiento y
un arsenal retórico que nos permite embellecer el desarrollo de nuestros argumentos. La lectura es la mina
donde extraemos el material precioso que nos permite comunicarnos con eficacia, llegando a la inteligencia y
al corazón de nuestro interlocutor o nuestra audiencia.

Lograr que la lectura se haya convertido en un placer es para mí un motivo de alegría. Y valoro mucho el que
esta actividad no solo prevenga de enfermedades neurodegenerativas sino que además capacite al cerebro
para compensar en caso de quedar dañado, tenga un efecto desestresante y provea de recursos que me
permiten ser un orador más que competente. De todo ello podemos disfrutar con tan solo media hora de
lectura al día justo antes de irnos a dormir. ¡Navegando viento en popa y a toda vela por las historias de
cualquier buen escritor! ¡Enriqueciéndonos con su arte! La lectura es un alimento que permite a nuestro
cerebro poder disfrutar la vida en plenas facultades. ¡No desaprovechemos una oportunidad así!