Вы находитесь на странице: 1из 33

CRONOLOGÍA DE LA HISTORIA DEL IMPUESTO

EGIPTO

Durante los varios reinos de los faraones egipcios, los recaudadores de impuestos eran
conocidos como escribas. En un período los escribas impusieron un impuesto en el aceite
de cocina. Para asegurarse de que los ciudadanos no estaban burlando el impuesto, los
escribas auditaban las cantidades apropiadas de aceite de cocina que eran consumidas, y
que los ciudadanos no estaban usando residuos generados por otros procesos de cocina
como sustitutos para el aceite gravado.

GRECIA

En tiempos de Guerra los atenienses creaban un impuesto conocido como eisfora. Nadie
estaba exento del impuesto, que era usado para pagar gastos especiales de guerra. Los
griegos fueron una de las pocas sociedades capaces de rescindir el impuesto una vez que la
emergencia de guerra había pasado. Cuando por el esfuerzo de guerra se generaban
ingresos adicionales, los recursos eran utilizados para devolver el impuesto.

Atenas imponía un impuesto mensual de censo a los extranjeros-gente que no tenían madre
y padre atenienses- de un dracma para hombres y medio dracma para mujeres. El impuesto
era llamado metoikion.

IMPERIO ROMANO

Los primeros impuestos en Roma fueron derechos de aduana de importación y exportación


llamados portoria.

César Augusto fue considerado por muchos como el más brillante estratega fiscal del
Imperio Romano. Durante su gobierno como “Primer Ciudadano”, los publicanos fueron
virtualmente eliminados como recaudadores de impuestos por el gobierno central. Durante
este período se dio a las ciudades la responsabilidad de recaudar impuestos. César Augusto
instituyó un impuesto sobre la herencia a fin de proveer fondos de retiro para los
militares. El impuesto era de 5% para todas las herencias, exceptuando donaciones para
hijos y esposas.

Los ingleses y holandeses se referían al impuesto de Augusto sobre la herencia para


desarrollar sus propios impuestos sobre herencias.

Durante el tiempo de Julio César se impuso un impuesto de un uno por ciento sobre las
ventas. Durante el tiempo de César Augusto el impuesto sobre las ventas era de un 4% y de
un 1% para todo lo demás.
San Mateo fue un publicano (recaudador de impuestos) en Cafarnaum durante el reino de
César Augusto. Él no era de los viejos publicanos sino un contratado por el gobierno local
para recaudar impuestos.

En el año 60 D.C., Boadicea, reina de la Inglaterra Oriental, dirigió una revuelta que puede
ser atribuída a corruptos recaudadores de impuestos en las islas británicas. Se afirma que su
revuelta ocasionó la muerte de todos los soldados romanos en cien kilómetros a la redonda,
ocupó Londres y ocasionó más de 80,000 muertos. La Reina pudo reclutar un ejercito de
230,000 hombres. La revuelta fue aplastada por el Emperador Nerón, y ocasionó el
nombramiento de nuevos administradores para las Islas Británicas.

GRAN BRETAÑA

El primer impuesto comprobado en Inglaterra tuvo lugar durante la ocupación por el


Imperio Romano.

Lady Godiva

La Sra. Godiva fue una mujer anglosajona que vivió en Inglaterra durante el siglo XI. De
acuerdo con la leyenda, el esposo de la Sra. Godiva, Leofric, Barón de Mercia, prometió
reducir los altos impuestos que había establecido sobre los residentes de Coventry, cuando
ella accedió a cabalgar desnuda por las calles de la ciudad.

Cuando cayó Roma, los reyes sajones impusieron impuestos, conocidos como Danegeld,
sobre tierras y propiedades. Los reyes impusieron asimismo sustanciales derechos de
aduana.

La Guerra de los cien años (el conflicto entre Inglaterra y Francia) comenzó en 1337 y
terminó en 1453. Uno de los factores claves que renovó la lucha en 1369 fue la rebelión de
los nobles de Aquitania contra las opresivas políticas fiscales de Edward, El Príncipe
Negro.

Los impuestos durante el siglo XIV eran muy progresistas. La encuesta sobre el impuesto
de 1377 mostró que el impuesto sobre el Duque de Lancaster era 520 veces mayor que el
que gravaba al campesino corriente.

Bajo los primeros esquemas fiscales se impusieron impuestos a los acaudalados, los que
tenían cargos públicos, y el clero. Se gravó a los comerciantes con un impuesto sobre los
bienes muebles. Los pobres pagaban poco o ningún impuesto.

Carlos I fue finalmente acusado de traición, y decapitado. Sin embargo, sus problemas con
el Parlamento resultaron a causa de un desacuerdo, en 1629, sobre los derechos de imponer
impuestos otorgados al Rey y los otorgados al Parlamento.
El mandato real establecía que a los individuos se les gravaría de acuerdo con su posición y
recursos. De ahí que la idea de impuesto progresivo sobre los que tenían capacidad para
pagar se desarrolló muy temprano.

Otros impuestos notables impuestos durante este período fueron los de la tierra y otros
diversos sobre consumo. Para pagar al ejercito mandado por Oliver Cromwell, el
Parlamento, en 1643, impuso impuestos sobre consumo de artículos esenciales (granos,
carnes, etc.) Los impuestos por el Parlamento allegaron aun más fondos que los impuestos
por Carlos I, especialmente de los pobres. El impuesto sobre el consumo fue muy
regresivo, pesando tanto sobre los pobres que ocasionó los motines de Smithfield en 1647.
Los disturbios ocurrieron porque los nuevos impuestos disminuyeron la capacidad que
tenían los trabajadores rurales de comprar trigo, al extremo de que una familia de cuatro
moriría de inanición. Además del impuesto sobre consumo, fueron cercadas las tierras
comunes usadas por los campesinos para cazar, y les fue prohibido hacerlo. (¡Viva Robin
Hood!)

Un precursor del impuesto moderno que hoy conocemos, fue creado por los británicos en
1800, para financiar la guerra contra Napoleón. El impuesto fue abolido en 1816, y sus
oponentes, que pensaban que sólo debía ser usado para financiar guerras, querían que todos
los informes sobre el impuesto fueran destruídos, junto con su abolición. Los informes
fueron quemados públicamente por el Secretario del Tesoro, pero se conservaron copias en
los sótanos del Tribunal de Impuestos.

AMERICA COLONIAL

L:os colonos pagaban impuestos según la Ley de Melados, que fue modificada en 1764
para incluír derechos de importación sobre melados extranjeros, azúcar, vino, y otros
artículos. La nueva legislación fue conocida como Ley del Azúcar.

Debido a que la Ley del Azúcar no rendía cantidades sustanciales de ingresos, se añadió la
Ley del Timbre de 1765. La Ley del Timbre imponía impuesto directo sobre todos los
periódicos impresos en las colonias y la mayoría de los documentos comerciales y legales.

AMERICA POST REVOLUCIONARIA

En 1794, colonos al occidente de las Alleghenies, en oposición al impuesto de 1791 sobre


consumo, de Alexander Hamilton , comenzaron lo que es ahora conocida como “La
Rebelión del Whiskey”, un impuesto sobre consumo que era considerado discriminatorio y
los colonos se rebelaron contra los recaudadores de impuestos. Eventualmente el Presidente
Washington envió tropas para extinguir los motines. Aunque dos colonos fueron
condenados por traición, el Presidente les concedió perdón.

En 1798 el Congreso promulgó el Impuesto sobre la Propiedad, para pagar la expansión del
Ejército y la Marina en caso de una posible guerra con Francia. El mismo año, John Fries
comenzó lo que es conocido como “La Rebelión de Fries”, en oposición al nuevo impuesto.
Nadie resultó herido o muerto en la insurrección y Fries fue arrestado por traición, pero fue
eventualmente perdonado por el Presidente Adams en 1800. Sorprende el hecho de que
Fries fue el líder de una unidad de milicias llamada para suprimir la “Rebelión del
Whiskey”.

Fue en 1812 que se sugirió el primer impuesto en Estados Unidos. El impuesto estaba
basado en la Ley Británica de Impuestos de 1798 y aplicaba tasas progresivas a los
ingresos. Las tasas eran de .08% en ingresos superiores a 60 libras esterlinas, y 10% en
ingresos superiores a 200 libras esterlinas. El impuesto se elaboró en 1814, pero nunca se
impuso, porque el Tratado de Ghent fue firmado en 1815, terminando las hostilidades y la
necesidad de ingresos adicionales.

La ley de impuestos de 1861 proponía que “se gravará, recaudará y pagará, sobre el ingreso
anual de todas las personas residentes de Estados Unidos, que se derive de cualquier tipo de
propiedad, ocupación profesional, empleo, o vocación efectuada en Estados Unidos o
cualquier otro lugar, o de cualquier otra fuente.”

La Ley de Impuestos de 1861 fue aprobada, pero nunca implementada. Las tasas según la
ley eran de 3% sobre ingresos de más de $800.00, y de 5% sobre individuos viviendo fuera
de Estados Unidos.

La Ley de Impuestos fue aprobada y firmada por el Presidente Lincoln en Julio 1o de 1862.
Las tasas eran de 3% sobre ingresos mayores de $600.00 y de 5% sobre ingresos mayores
de $10,000.00. La renta o valor de renta de su hogar podía ser deducida de los ingresos
para determinar la obligación tributaria. El Comisionado de Impuestos declaró “El pueblo
de este país lo ha aceptado con júbilo, para afrontar una exigencia temporal, y no ha
provocado serias quejas en esta Administración”. La aceptación fue debida mayormente
debido a la necesidad de ingresos para financiar la guerra civil.

Aunque la gente aceptó el impuesto de buena gana, no fue alto su cumplimiento. Las cifras
dadas después de la guerra civil, indicaban que 276,661 personas llenaron en realidad las
declaraciones de impuestos en 1870, (el año que tuvo más declaraciones), cuando la
población del país era de aproximadamente 38 millones.

La ley de impuestos de 1864 fue aprobada para allegar ingresos adicionales en apoyo de la
guerra civil.

El Senador Garret Davis, al comentar el principio guía de los impuestos, mencionó el


“reconocimiento de la idea de que los impuestos deben ser pagados de acuerdo con la
capacidad de la persona para pagar”.

La tasa de impuestos para la Ley de Impuestos de 1864 era de 5% para ingresos entre
$600.00 y $5,000.00, 7.5% para ingresos entre $5001.00 y $10,000, y de 10% para ingresos
mayores de $10,000.00. La deducción de renta o valor de renta fue limitada a $200.00. Se
permitió una deducción para reparaciones.
Con el final de la guerra civil, la aceptación placentera de los impuestos se desvaneció. La
ley de impuestos de 1764 fue modificada después de la guerra. Las tasas fueron cambiadas
a un 5% fijo con la cifra de exención elevada a $1,000.00. Se hicieron algunas tentativas
para hacer permanente el impuesto, pero para 1869 “no había hombre de negocios que
pudiera pasar el día sin sufrir de esas cargas” (The Times). De 1870 a 1872 la tasa era un
2.5% fijo y la cifra de exención se elevó a $2,000.00.

El impuesto fue derogado en 1872 y en su lugar fueron establecidas significativas


restricciónes de tarifas que fungieron como la mayor fuente de ingresos para los Estados
hasta 1913. En 1913 se aprobó la décimo sexta enmienda, que concedía autoridad al
Congreso para gravar los ingresos de la ciudadanía derivadas de cualquier fuente.

Debe notarse que la Ley de Impuestos de 1864 fue cuestionada varias veces. El Tribunal
Supremo unánimemente apoyó el impuesto. Después de la guerra el impuesto fue declarado
inconstitucional por el mismo Tribunal, porque representaba un impuesto directo sobre el
ciudadano, que no estaba permitido según la Constitución.

1930s

Durante los 1930, los impuestos federales individuales nunca fueron mayores del 1.4% del
PDB . Los impuestos a las corporaciones nunca fueron más del 1.6 % del PDB. En 1990,
esos mismos impuestos eran 8.77 y 1.9% del PDB respectivamente.

Cambios en el Impuesto de Seguridad Social

He aquí alguna información interesante sobre la Ley de Contribuciones de la Seguridad


Federal (FICA). Gracias a Harold Eyer por señalar este sitio.

Hojas sobre hechos: Impuestos

Historia del Sistema de Impuestos de Estados Unidos.

Los sistemas de impuestos federales, estatales y locales se han señalado por cambios
significativos al paso de los años, en respuesta a circunstancias cambiantes y a cambios en
el papel del Gobierno. El tipo de impuestos recaudados, sus proporciones relativas, y la
magnitud de los ingresos recaudados son todos muy diferentes de lo que eran hace 50 o 100
años. Algunos de esos cambios podían vincularse a eventos históricos específicos, tales
como la guerra o la aprobación de la Décimo Sexta Enmienda de la Constitución, que
otorgaba al congreso el poder de gravar con un impuesto el ingreso personal. Otros cambios
fueron más graduales, respondiendo a cambios en la sociedad, en nuestra economía, y los
papeles y responsabilidades que el gobierno se ha atribuído.

Tiempos coloniales

Por la mayor parte de la historia de nuestra nación, los contribuyentes individuales


raramente han tenido algún contacto significativo con las autoridades fiscales federales, ya
que los más de los ingresos fiscales del gobierno federal se derivaban de impuestos sobre
consumo, tarifas, y derechos de aduana. Antes de la guerra revolucionaria, el gobierno
colonial tenía sólo una necesidad limitada de ingresos, puesto que cada una de las colonias
tenía mayores responsabilidades y por lo tanto más necesidades de ingresos, las que
afrontaban con distintos tipos de impuestos. Por ejemplo, las colonias sureñas gravaban
principalmente las importaciones y exportaciones, las colonias del centro a veces imponían
un impuesto sobre la propiedad y uno “por cabeza” o impuesto censual, gravando a cada
varón adulto, y las colonias de Nueva Inglaterra recaudaban ingresos principalmente a
través de impuestos sobre bienes inmuebles, impuesto sobre consumo, e impuestos basados
en la ocupación.

La necesidad que tuvo Inglaterra de pagar sus guerras con Francia la condujo a imponer
una serie de impuestos sobre las colonias americanas. En 1765, el Parlamento inglés aprobó
la Ley del Timbre, que fue el primer impuesto gravando directamente a las colonias
americanas, y después el Parlamento impuso un impuesto al té. Aunque los colonos estaban
forzados a pagar esos impuestos, carecían de representación en el Parlamento Inglés. Esto
condujo al grito de movilización de la Revolución Americana – “Impuestos sin
representación es tiranía” y estableció una preocupación persistente en cuanto a impuestos
como parte de la cultura americana.

La era post revolucionaria.

Los artículos de la Confederación, aprobados en 1781, reflejaban el temor Americano a un


gobierno central fuerte, y por tanto retuvieron mucho del poder político en los Estados. El
Gobierno Nacional tiene pocas responsabilidades, y carece de sistema de impuestos
nacional, basándose en aportaciones de los Estados para sus ingresos. Bajo esos artículos,
cada Estado era un entidad soberana y podía gravar impuestos como quisiese.

Cuando la Constitución fue adoptada en 1789, los padres fundadores reconocieron que
ningún gobierno podía funcionar si dependía completamente de otros gobiernos. Para sus
recursos, pues, se concedió autoridad al Gobierno Federal de establecer impuestos. La
Constitución dotó al Congreso con el poder de “establecer y recaudar impuestos, derechos,
impuestos sobre consumo, pagar deudas y proveer a la defensa y bienestar general de
Estados Unidos”. Siempre en guardia contra el poder del Gobierno Central para eclipsar el
poder de los Estados, la recaudación de impuestos quedó como responsabilidad de los
gobiernos estatales.

Para pagar las deudas de la Guerra revolucionaria, el Congreso estableció impuestos sobre
consumo de licores destilados, tabaco y rapé, azúcar refinada, carruajes, propiedad vendida
en subastas, y diversos docmentos legales. Aún en los primeros días de la República, sin
embargo, los propósitos sociales influyeron sobre lo que sería gravado. Por ejemplo,
Pennsylvania decretó un impuesto de consumo “para restringir su uso inmoderado a
personas de bajas circunstancias”. Los dueños de propiedades dieron apoyo adicional a ese
impuesto específico, pues esperaban así mantener a bajo nivel las tasas de impuestos a la
propiedad, ofreciendo un ejemplo temprano de las tensiones políticas que subyacen las
decisiones sobre política de impuestos.
Aunque las políticas sociales a veces gobernaron el curso de las políticas fiscales aun en
los días tempranos de la República, la naturaleza de esas políticas no se extendieron a la
recaudación de impuestos a fin de igualar ingresos y fortunas, o con el propósito de
redistribuir ingresos o fortuna. Según escribió Thomas Jefferson refiriéndose a la cláusula
del “bienestar general”:

Tomar de alguien, porque se piensa que su propia industria y la de su padre han adquirido
demasiado, a fin de salvar para otros (o sus padres) que no ejercieron la misma industria y
habilidad, es violar arbitrariamente el primer principio de la asociación, “garantizar a todos
un ejercicio libre de su industria y los frutos por ella adquiridos”.

Con el establecimiento de la nueva nación, los ciudadanos de las varias colonias tenían
ahora una adecuada representación democrática, sin embargo muchos americanos aún se
oponían y resistían impuestos que estimaban injustos o impropios. En 1794, un grupo de
granjeros del suroeste de Pennsylvania se opuso físicamente al impuesto del whiskey,
forzando al Presidente Washington a enviar tropas federales para extinguir la rebelión del
whisky, estableciendo así el importante precedente de que el gobierno federal estaba
decidido a imponer sus leyes fiscales. La rebelión del whisky también confirmó, sin
embargo, que la resistencia a impuestos injustos o más altos, que condujo a la declaración
de independencia, no se evaporaba con la formación de un gobierno nuevo, representativo.

El gobierno federal impuso los primeros impuestos directos en los propietarios de casas,
tierras, esclavos, y haciendas. Estos impuestos eran llamados directos porque son impuestos
recurrentes pagados directamente al gobierno por el contribuyente, basado en el valor del
artículo que es la razón del impuesto.. El tema de los impuestos directos, en oposición a los
indirectos, jugó un papel crucial en la evolución de la política de impuesto federal en los
años siguientes. Cuando Thomas Jefferson fue electo presidente en 1802, los impuestos
directos fueron abolidos y por los siguientes 10 años no hubo impuestos de ingresos
internos más que los impuestos sobre consumo.

Para allegar dineros para la guerra de 1812, el Congreso impuso impuestos adicionales
sobre consumo, elevó ciertos derechos aduanales, y allegó fondos mediante la emisión de
bonos de tesorería. En 1918 el Congreso abolió esos impuestos y por los siguientes 44 años
el Gobierno Federal no recaudó ingresos internos. En su lugar, el Gobierno recibió los más
de sus ingresos a través de altos derechos de aduana y la venta de tierras públicas.

La Guerra Civil.

Cuando estalló la Guerra Civil, el Congreso aprobó la Ley de Ingresos de 1861, que
restauró anteriores impuestos sobre consumo e impuso impuestos sobre ingresos
personales. El impuesto dispuso un gravamen de 3% sobre todos los ingresos superiores a
$800.00 al año. Este impuesto sobre ingreso personal fue una nueva dirección para un
sistema de impuesto federal basado principalmente en impuestos sobre consumos y
derechos de aduana. Ciertas inconveniencias del impuesto fueron rápidamente reconocidas
por el Congreso y por tanto ninguno fue recaudado hasta el año siguiente.
Hacia la primavera de 1862 se hizo claro que la guerra no terminaría rápidamente y con la
deuda de la Unión aumentando a un ritmo de $2 millones diarios, fue igualmente claro que
el Gobierno Federal necesitaría ingresos adicionales. En Julio 1, 1862, el Congreso aprobó
nuevos impuestos sobre consumo en artículos como juegos de naipes, pólvora para armas,
plumas, telegramas, hierro, cuero, pianos, yates, mesas de billar, drogas, medicinas de
patentes, y whisky. Muchos documentos legales fueron también gravados, y se cobraron
derechos de licencia sobre casi todas las profesiones y ocupaciones.

La ley de 1862 hizo también importantes reformas al impuesto federal sobre ingresos, que
presagiaron rasgos importantes del impuesto actual. Por ejemplo, se legisló una estructura
de dos niveles, con tasas de gravamen de 3% sobre ingresos de hasta $10,000.00, e ingresos
mayores gravados a un 5%. Se aprobó una deducción normal de $600.00 y una variedad de
deducciones fueron hechas adecuadas a cosas como rentas de alquiler, reparaciones,
pérdidas, y otros impuestos pagados. Además, a fin de asegurar una recaudación puntual,
los impuestos fueron “retenidos en la fuente” por los empleadores.

La necesidad de ingresos federales declinó rápidamente después de la guerra, y la mayoría


de los impuestos fue abolida. Hacia 1868, la fuente principal de ingresos gubernamentales
se derivaba de los impuestos sobre alcohol y tabaco. El impuesto sobre ingresos fue abolido
en 1872. De 1868 a 1913, casi el 90% de todos los ingresos se recaudaba de los impuestos
de consumo todavía vigentes.

La Enmienda 16.

De acuerdo con la Constitución, el Congreso sólo podía gravar con impuestos directos si
eran decretados en proporción a la población de cada Estado. De tal manera que cuando un
impuesto federal uniforme fue promulgado en 1894, fue inmediatamente impugnado y en
1895 el Tribunal Supremo lo declaró inconstitucional, porque era un impuesto directo no
proporcionado de acuerdo a la población de cada Estado.

Careciendo de los fondos de un impuesto sobre ingresos y con rígida resistencia contra
toda otra forma de impuestos internos, desde 1896 hasta 1910 el Gobierno Federal
dependía fuertemente de altas tarifas para sus recaudaciones. La Ley de Ingresos de Guerra
de 1899 trató de levantar fondos para la Guerra Hispano-Americana mediante la venta de
bonos, impuestos sobre instalaciones de recreo usadas por los obreros, y prodigó impuestos
sobre la cerveza y el tabaco. Inclusive se creó un impuesto para la goma de mascar. La ley
expiró en 1902, de manera que las entradas de impuestos federales descendieron de un
1.7% a un 1.3% del PDB.

Mientras que La Ley de Ingresos de Guerra volvió a fuentes tradicionales de ingresos de


acuerdo con la decisión de 1895 del Tribunal Supremo en cuanto a impuesto sobre
ingresos, el debate sobre fuentes alternativas de ingresos se mantuvo intenso. La nación se
hacía crecientemente consciente de que las altas tarifas e impuestos sobre consumo no eran
política económica sana y frecuentemente gravaban desproporcionalmente a los menos
favorecidos. Se presentaron propuestas por congresistas de áreas rurales para reinstaurar el
impuesto sobre ingresos, pues sus electores temían un impuesto federal sobre las
propiedades, especialmente sobre la tierra, como reemplazo por los impuestos sobre
consumo.

Eventualmente el debate sobre el impuesto a ingresos enfrentó a congresistas del sur y del
oeste, representando áreas mayormente agrícolas y rurales contra el industrial noreste. El
debate produjo un acuerdo que pedía un impuesto, llamado impuesto al consumo, que se
impondría a los ingresos de los negocios, y una enmienda constitucional que permitiera al
Gobierno Federal gravar con impuestos los legítimos ingresos individuales,
independientemente de la población de cada Estado.

Hacia 1913, 36 Estados habían ratificado la Enmienda Constitucional 16. En Octubre el


Congreso aprobó un nuevo impuesto sobre ingresos con tasas comenzando por un 1% y
subiendo hasta un 7% para contribuyentes con ingresos que excedieran $500,000.00.
Menos de un 1% de la población pagaba impuesto sobre ingresos por aquel entonces. El
modelo 1040 fue establecido como la declaración normal de impuestos que, aunque
cambiada en muchas formas a través de los años, permanece en uso hoy día.

Uno de los problemas con la ley de impuesto sobre ingresos fue cómo definir ingreso
“legítimo”. El Congreso resolvió este problema enmendando la ley en 1916 y suprimiendo
la palabra “legítimo” al definir ingresos. Como resultado, todos los ingresos estaban sujeto
a gravamen, aunque fuera obtenido por medios ilegales. Algunos años después el Tribunal
Supremo declaró que la quinta enmienda no podía ser usada por contrabandistas y otros que
derivaban ingresos con actividades ilegales, a fin de eludir el pago de impuestos. En
consecuencia, muchos que infringieron varias leyes asociadas con actividades ilícitas, y
pudieron escapara a la justicia por esos crímenes, fueron encarcelados por evasión de
impuestos.

Con anterioridad a la promulgación del impuesto sobre ingresos, muchos ciudadanos


pudieron proseguir sus asuntos financieros sin conocimiento directo del Gobierno.
Individuos ganaban sus salarios, los negocios ganaban sus utilidades, y la fortuna era
acumulada o gastada con poca o ninguna interacción con entidades gubernamentales. El
impuesto sobre ingresos cambió fundamentalmente esta relación, dando al Gobierno el
derecho y la necesidad de conocer todas las formas de la vida económica de individuos o
negocios. El Congreso reconoció la inherente intromisión del impuesto sobre ingresos en
los asuntos personales de los contribuyentes y así, en 1916, proveyó a los ciudadanos con
algún grado de protección, al requerir que la información de impuestos sobre ingresos fuera
mantenida confidencial.

La primera guerra mundial y los 1920s.

La entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial incrementó grandemente la


necesidad de ingresos y el Congreso respondió aprobando la Ley de Ingresos de 1916. La
Ley de 1916 aumentó la menor tasa de impuestos de un 1 a un 2 por ciento, y elevó la tasa
mayor al quince por ciento en contribuyentes con ingresos de más de $1.5 millones de
dólares. La ley de 1916 también impuso gravámenes en haciendas y ganacias comerciales
excesivas.
Impulsado por la Guerra y mayormente financiado por el Nuevo impuesto sobre ingresos,
hacia 1917 el Presupuesto Federal era casi igual al presupuesto total de todos los años entre
1791 y 1916. Con necesidad de aún mas ingresos, la Ley de Ingresos de Guerra disminuyó
las exenciones y aumentó grandemente las tasas de impuestos. En 1916, un contribuyente
necesitaba un ingreso gravable de $1.5 millones para pagar una tasa de 15%. Hacia 1917,
un contribuyente con sólo $40,000.00 afrontaba una tasa de 16% y el individuo con
$1.5 millones . afrontaba una tasa de impuestos de 67%.

Otra ley sobre ingresos fue aprobada en 1918, que una vez más aumentó los impuestos, esta
vez elevando la tasa más baja hasta un 6%, y la más alta a un 77%. Estos cambios
aumentaron el ingreso de $716 millones en 1916 a 3,600 millones en 1918, que
representaba alrededor de un 25% del PDB. Sin embargo, aún en 1918, sólo un cinco por
ciento de la población pagaba impuestos sobre ingresos, y aún así el impuesto sobre
ingresos cubría una tercera parte del costo de la guerra.

La economía floreció durante los 1920s, a lo que siguieron recaudaciones crecientes del
impuesto sobre ingresos. Esto permitió al Congreso disminuir los impuestos cinco veces,
finalmente regresando a la tasa menor de un 1% y a disminuyendo la mayor a un 25%,
reduciendo la carga del Presupuesto Federal como parte del PDB a un trece por ciento. Al
disminuir las tasas de gravámenes, y declinar las recaudaciones de impuestos, la economías
se fortaleció aún más.

En Octubre de 1929 el desplome del mercado de valores marcó el inicio de la gran


depresión. A, reducirse la economía, se redujeron también los ingresos del Gobierno. En
1932 el Gobierno Federal recaudó sólo $1.900 millones, comparado con $6.600 millones en
1920. Ante los crecientes déficits presupuestales, que alcanzaron $2,700 millones en 1931,
el Congreso siguió la prevaleciente sabiduría económica de ese tiempo, y aprobó la Ley de
Impuestos de 1932, que aumentó dramáticamente las tasas de impuestos una vez más. Esto
fue seguido de otro aumento de impuestos en 1936 que mejoró nuevamente las finanzas
gubernamentales a tiempo que debilitaba más la economía. Hacia 1936 la tasa de impuestos
más baja había alcanzado un 4% y la máxima hasta un 79%. En 1939 el Gobierno codificó
sistemáticamente las leyes de impuestos de forma que todas las subsiguientes legislaciones
impositivas hasta 1954 enmendaron ese código básico. La combinación de una economía
deprimida y los repetidos aumentos de impuestos elevaron la carga de impuestos
gubernamentales a un 6.8% del PDB hacia 1940.

El Impuesto de Seguridad Social

El estado de la economía durante La Gran Depresión condujo en 1935 a la aprobación de la


Ley de Seguridad Social. La ley proveía pagos conocidos como “compensación por
desempleo”, a los trabajadores que hubieran perdido sus trabajos. Otras secciones de la ley
daban ayuda pública a los ancianos, los necesitados, los incapacitados y a ciertos menores.
Estos programas fueron financiados por un impuesto de 2%, mitad del cual sería deducido
directamente del pago del empleado y la otra mitad recaudado de los empleadores a favor
de los empleados. Este impuesto era recaudado de los primeros $3,000 del salario o sueldo
del empleado.
La Segunda Guerra Mundial

Aún antes de que Estados Unidos entrará en la Segunda Guerra Mundial, los crecientes
gastos para la defensa y la necesidad de dineros para ayudar a los oponentes a la agresión
del Eje, condujo a la aprobación en 1940 de dos leyes de impuestos que aumentaron los
impuestos personales y de corporaciones, a las que siguió un nuevo aumento de impuestos
en 1941. Hacia el fin de la guerra, la naturaleza del impuesto sobre ingresos había sido
cambiada fundamentalmente. La reducción en los niveles de exención significaba que los
contribuyentes con ingresos gravados de sólo $500.00 tenian la más baja tasa de impuestos
de un 23%, mientras que contribuyentes con ingresos de más de $1 millón afrontaban una
tasa de un 94%. Esos cambios de impuestos aumentaron las recaudaciones de $8,700
millones en 1941 a $45,200 millones en 1945. Aun con una economía estimulada por la
producción de tiempos de guerra, los impuestos federales como parte del PDB crecieron de
un 7.6% en 1941 a un 20.4% en 1945. Más allá de las tasas y recaudaciones, sin embargo,
otro aspecto que cambió en el impuesto sobre ingresos fue el aumento en el número de
contribuyentes de 4 millones en 1939 a 43 millones en 1945.

Otro rasgo importante que cambió en el impuesto sobre ingresos fue la vuelta a la retención
de ese impuesto como se había hecho en la Guerra Civil. Esto facilitó grandemente la
recaudación del impuesto tanto para el contribuyente como para la Oficina de Ingresos
Internos. Sin embargo, también redujo grandemente la percepción del contribuyente de la
cantidad de impuesto que estaba siendo recaudada, es decir, redujo la transparencia del
impuesto, lo que facilitó aumentar impuestos en el futuro.

Desenvolvimientos después de la Segunda Guerra Mundial.

Las rebajas de impuestos que siguieron a la Guerra redujeron la carga de impuestos


federales, como proporción del PDB, de un máximo de 20.9% en 1944 a un 14.4% en
1950. Sin embargo, la Guerra de Corea creó una necesidad de ingresos adicionales que,
combinada con la extensión de la cobertura de la Seguridad Social a personas
autoempleadas, significó que para 1952 la carga de impuestos había regresado a un 19.0%
del PDB.

En 1953 la Oficina de Recaudaciones Internas recibió un nuevo nombre: Servicio de


Recaudaciones Internas (IRS). El nuevo nombre fue escogido para enfatizar el aspecto de
servicio de su trabajo. Para 1959, el IRS se había convertido en la organización de
contabilidad, recaudación y procesamiento de declaraciones más grande del mundo. Se
introdujeron computadores para automatizar y hacer más eficiente su trabajo y para mejorar
el servicio a los contribuyentes. En 1961 el Congreso aprobó una ley requiriendo que los
contribuyentes individuales usaran su número de seguridad social como una forma de
identificar su declaración de impuestos. Para 1967, todas las declaraciones de impuestos
personales y de negocios se procesaban por medio de computadores, y para los últimos
1960s el IRS había desarrollado un método computadorizado para seleccionar las
declaraciones de impuestos que debían ser examinadas. Esto hizo que la selección de
declaraciones para ser auditadas fueran más justas para el contribuyente y permitió al IRS
enfocar sus recursos de auditoría sobre aquellas declaraciones con más probabilidad de ser
auditadas.
A través de los 1950s, la política de impuestos fue crecientemente vista como un
instrumento para aumentar las recaudaciones y cambiar los incentivos en la economía, pero
también como herramienta para estabilizar la actividad de la macroeconomía. La economía
permaneció como objeto de ciclos de auge y desplome y muchos políticos aceptaron sin
reparos la nueva política económica de aumentar o disminuir los impuestos y gastos para
ajustar la demanda agregada y asi suavizar el ciclo de negocios. Áun así, sin embargo, la
máxima tasa de interés en 1954 permaneció a un 87% de impuesto sobre ingresos. A
tiempo que el impuesto sobre ingresos experimentó algún tipo de revisión o enmienda, casi
todos los años, desde la gran reorganización de 1954, algunos años marcaron cambios
significativos. Por ejemplo, la Ley de Reforma de Impuestos de 1969 redujo las tasas de
impuesto sobre ingresos para individuos y fundaciones privadas.

Comenzando en los finales de los 1960s., y continuando a través de los 1970s., Estados
Unidos experimentó persistentes y crecientes tasas de inflación, llegando últimamente a un
13.3% en 1979. La inflación tiene un efecto destructor en muchos aspectos de la economía,
pero también puede crear caos en un sistema de impuestos sobre ingresos, a menos que se
tomen precauciones adecuadas. Específicamente, a menos que las coordenadas del sistema
de impuestos, es decir, los niveles impositivos y sus exenciones determinadas, deducciones
y créditos, sean reguladas para la inflación, un alza continua del nivel de precios moverá a
los contribuyentes a más altos niveles de contribución al reducir los valores de sus
exenciones y deducciones.

Durante este tiempo los impuestos sobre ingresos no tenían regulados los indices de
inflación y, movidos por una inflación creciente, y a pesar de repetidas leyes de
disminución de impuestos, la carga de impuestos se elevó de un 19.4% del PDB a un 20.8%
del PDB. Combinados con altas tasas de impuestos, inflación creciente, y una pesada carga
regulatoria, esta alta carga de impuestos causó que la economía disminuyera seriamente su
actuación, todo lo cual creó las bases para la rebaja de impuestos de Reagan, también
conocida como La Ley de Recuperación Económica de 1981.

La rebaja de impuestos de Reagan.

La Ley de Recuperación Económica de 1981, que disfrutó de fuerte apoyo bipartidista en el


Congreso, representó un cambio fundamental en el curso de la política federal de impuesto
sobre ingresos. Promovida inicialmente durante muchos años por el entonces
representante Jack Kemp (R-NY) y el entonces senador Hill Roth (R-DE), presentaba una
reducción de un 25% en los niveles de impuestos, implementados en un plazo de tres años,
y con indices de inflación de ahí en adelante. Esto disminuyó en un 50% el nivel más alto
de impuestos.

La Ley de 1981 también presentó un abandono dramático en el tratamiento de los


desembolsos para plantas y equipos que hacían los negocios, es decir, recuperación del
costo de capital, o depreciación del impuesto. Hasta entonces, la recuperación del costo de
capital trataba, en términos generales, de seguir un concepto conocido como depreciación
económica, que se refiere al descenso que tienen en el valor de mercado los recursos de
producción después de un período específico de tiempo. La Ley de 1981 desplazó
explícitamente el concepto de depreciación económica, creando en su lugar el Sistema de
Recuperación Acelerada de Costos, que redujo grandemente la pérdida de incentivos que
afrontaban las inversiones de negocios, y finalmente preparando el camino para el
subsiguiente auge en la formación de capital. En adición a la acelerada recuperación de
costos, la Ley de 1981 instituyó un Crédito de impuestos de un 10% de la inversión, para
estimular la formación adicional de capital.

Antes de la rebaja de impuestos de 1981, y en muchos círculos aún después, la opinión


prevaleciente era que la política de impuestos es más efectiva cuando modula la demanda
agregada que cuando la demanda y la oferta no concuerdan, esto es, cuando la economía va
hacia la recesión o cuando se sobrecalienta. La rebaja de impuestos de 1981 representó una
nueva forma de considerar la política de impuestos, aunque era de hecho un regreso a una
forma más tradicional, o neoclásica, de perspectiva económica. La idea esencial era que los
impuestos tienen su primero y principal efecto en los incentivos económicos que afrontan
individuos y negocios. De modo que la tasa de impuesto del último dólar ganado, esto es, el
dólar marginal, es mucho más importante para la actividad económica que la tasa de
impuestos que afronta el primer dólar ganado o que la tasa de impuestos media.
Reduciendo las tasas de impuesto marginal, se creía que las fuerzas naturales del
crecimiento económico estarían menos restringidas. Los individuos más productivos
dirigirían entonces más energías hacia actividades productivas que hacia el ocio, y los
negocios tomarían entonces ventaja de muchos más oportunidades lucrativas. También se
pensaba que al reducir las tasas de impuesto marginal, ampliaría la base impositiva puesto
que entonces los individuos dirigirían más de sus ingresos y actividades hacia formas
sujetas a impuestos que hacia las exentas.

La rebaja de impuestos de 1981 representó el alejamiento de previas filosofías políticas


sobre impuestos, una explícita y deseada y la segunda por implicación. El primer cambio
fue el nuevo enfoque sobre las tasas del impuesto marginal e incentivos, como factores
claves en como el sistema de impuestos afecta la actividad económica. El segundo
alejamiento político fue apartarse del impuesto sobre ingresos e ir hacia el impuesto sobre
consumo. El cobro de costos acelerado fue una manifestación de este cambio en el lado de
los negocios, pero el lado individual también vió un cambio significativo en la
implementación de varios preceptos para reducir el impuesto múltiple sobre el ahorro
individual. La Cuenta de Retiro Individual, por ejemplo, fue promulgada en 1981.

Simultáneamente con la promulgación de las rebajas de impuestos en 1981, el Consejo de


la Reserva Federal, con el completo apoyo de la Administración Reagan, alteró la política
monetaria a fin de traer la inflación bajo control. Las acciones de la Reserva Federal
disminuyeron la inflación más rápido y más lejos de lo que se previó en aquel momento, y
una consecuencia fue que la economía cayó en una honda recesión en 1982. Otra
consecuencia del colapso de la inflación fueron los niveles de gastos federales , que por
haber sido considerados a un nivel superior a la prevista inflación, resultaron ser muchos
más altos en términos ajustados a la inflación. La combinación de las rebajas de impuestos,
la recesión, y el aumento por una vez de gastos federales ajustados a la inflación, produjo
déficits presupuestales históricamente altos que, a su vez, condujeron a un aumento de
impuestos en 1984 que se igualaban a algunas de las rebajas de impuestos dispuestas en
1981, especialmente del lado de los negocios.
Al bajar la inflación y entrar en efecto más y más de las rebajas de impuestos de la Ley de
1891, la economía comenzó un fuerte y sostenido modelo de crecimiento. Aunque la
penosa medicina de la desinflación hizo lento e inicialmente escondió el proceso, los
efectos beneficiosos de las rebajas de la tasa marginal y las reducciones de los incentivos
negativos a la inversión se enraizaron, según lo prometido.

El sistema de Seguridad Social se mantuvo esencialmente igual desde su promulgación


hasta 1956. Sin embargo, a partir de 1956 la Seguridad Social comenzó una casi continua
evolución al irse añadiendo más y más beneficios, comenzando con la adición de los
beneficios del Seguro de Incapacidad. En 1958 se extendieron los beneficios a los que
dependían de trabajadores incapacitados. En 1967, los beneficios de incapacidad fueron
extendidos a viudas y viudos. Las enmiendas de 1972 proveyeron beneficios automáticos
de costo de la vida.

En 1965 el Congreso promulgó el programa de Cuidados Médicos, que proveía para las
necesidades médicas de personas de 65 o más años, independientemente de sus ingresos.
Las enmiendas crearon también el Programa de Ayuda Médica, que provee asistencia
médica para personas de bajos ingresos y recursos.

Por supuesto, la expansion de la Seguridad Social y la creación de Cuidados Médicos y


Ayuda Médica requirieron impuestos para ingresos adicionales, de forma que el impuesto
básico sobre la nómina se aumentó repetidamente a través de los años. Entre 1949 y 1962 la
tasa de impuesto sobre la nómina ascendió continuamente desde su tasa inicial de 2 por
ciento a un 6 por ciento. Las expansiones de 1965 condujeron a mayores aumentos en la
tasa combinada de impuestos a la nómina subiendo a un 12.3% en 1980. De forma que en
31 años la carga máxima de impuestos de la Seguridad Social aumentó de unos meros
$60.00 en 1949 a $3,175.00 en 1980.

A pesar del aumento de la carga del impuesto sobre la nómina, las expansiones de
beneficios que el Congreso promulgó en años anteriores llevaron a profundas crisis de
fondos en el programa de Seguridad Social en los primeros 1980s. Eventualmente el
Congreso legisló algunos pequeños cambios programáticos en los beneficios de Seguridad
Social, junto a un aumento en la tasa de impuesto sobre la nómina hasta un 15.3% en 1990.
Entre 1980 y 1990, la carga máxima de impuesto sobre la nómina más que se duplicó hasta
$7,849.00.

La Ley de Reforma de Impuestos de 1986.

Siguiendo a la promulgación de los cambios de impuestos en 1981, 1982 y 1984, había un


sentimiento creciente de que el impuesto sobre ingresos necesitaba de una revisión más
fundamental. El auge económico que siguió a la recesión de 1982 convenció a muchos
dirigentes políticos de ambos partidos que tasas de impuestos más bajas eran esenciales a
una economía fuerte, a tiempo que el constante cambio de la Ley hizo llegar a muchos una
apreciación de la complejidad del sistema de impuestos. Más aún, los debates durante este
período llevaron a un entendimiento general de las distorsiones impuestas a la economía, y
la pérdida de empleos y salarios, que surgían de las muchas peculiaridades en la definición
de la base de impuestos. Se desarrolló una nueva y más amplia filosofía de la política de
impuestos de que el impuesto sobre ingresos mejoraría grandemente si se rechazaban todas
estas disposiciones especiales y se disminuían aún más las tasas de impuestos. De forma
que en el mensaje de 1984 sobre el Estado de La Unión, el Presidente Reagan abogó por
una reforma total del impuesto sobre los ingresos, de forma que tuviera una base más
amplia y tasas más bajas, y fuera más justo, más simple y más consistente con la eficiencia
económica.

La culminación de este esfuerzo fue la Ley de Reformas de Impuestos de 1986, que


disminuyó la más alta tasa de impuesto estatutorio desde un 50% a un 28%, a la vez que el
impuesto sobre las corporaciones fue reducido de un 50 a un 35%. El número de niveles de
impuestos fue reducido y la exención personal y las cantidades de deducción normal fueron
aumentadas y reguladas de acuerdo con la inflación, aliviando así a millones de
contribuyentes de cualquier carga de impuesto federal. Sin embargo, la Ley también creó
nuevos impuestos mínimos alternativos, personales y de corporaciones, que demostraron
ser demasiado complicados, innecesarios y económicamente dañinos.

La Ley de Reformas de Impuestos de 1986 fue esencialmente neutra en cuanto a ingresos,


es decir, no tenía el propósito de aumentar o disminuir los impuestos; pero pasó de los
individuos a las corporaciones algunas de las cargas impositivas. Mucho del aumento del
impuesto sobre los negocios fue el resultado de un aumento en el impuesto sobre la
formación de capital de negocios. Logró algunas simplificaciones para los individuos a
través de la eliminación de cosas tales como promedio de ingresos, la deducción por el
interés del consumidor, y la deducción de los impuestos locales y estatales sobre ventas.
Pero en muchos aspectos la Ley añadió complejidad al impuesto sobre negocios,
especialmente en el área de impuestos internacionales. Algunas de las disposiciones de
demasiado alcance de la Ley condujeron también a una baja en los mercados inmobiliarios,
que jugaron un papel importante en el subsiguiente colapso de la industria de Ahorros y
Préstamos.

Contemplada en un contexto más amplio, la Ley de Impuestos de 1986 representó el


penúltimo pago de un proceso extraordinario de reducción de tasas de interés. En el período
de 22 años de 1964 a 1986, la máxima tasa de impuesto individual fue reducida de un 91 a
un 28 por ciento. Sin embargo, a causa de que los contribuyentes de mayores ingresos
escogían cada vez más el recibir sus ingresos en forma sujeta a impuestos, y a causa de la
ampliación de la base de impuestos, la progresividad del sistema de impuestos en realidad
aumentó durante este período.

La Ley de Impuestos de 1986 también representó un regreso temporal en la evolución del


sistema de impuestos. Aunque llamado impuesto sobre ingresos, el sistema federal de
impuestos ha sido en realidad, por muchos años, un impuesto híbrido de ingreso y
consumo, con el balance inclinándose hacia un impuesto de consumo ol alejándose de él,
con muchas de las principales leyes de impuestos. La Ley de Impuestos de 1986 inclinó el
balance, una vez más, hacia el impuesto sobre ingresos. De mayor importancia en este
sentido fue el regreso a referencias a la depreciación económica en la formulación del
sistema de recuperación de costo de capital, y las significativas nuevas restricciones en el
uso de las Cuentas de Retiro Individual.

Entre 1986 y 1990 la carga de impuesto federal se elevó, como parte del PDB, desde un
17.5 a un 18 por ciento. A pesar del incremento en la carga general de impuestos, déficits
federales persistentes, debido a todavía mayores niveles de gasto gubernamental, crearon
presiones casi constantes para aumentar los impuestos. De forma que en 1990 el Congreso
aprobó un significativo aumento de impuestos presentando una tasa de impuestos máxima
de 31 por ciento. Poco después de su elección, el Presidente Clinton insistió en que el
Congreso aprobara un segundo gran aumento en 1993, en el cual la máxima tasa de interés
fue elevada a 36% y aun fue añadido un sobrecargo de 10%, dejando la máxima tasa de
impuestos efectiva en un 39.6 por ciento. Claramente, la tendencia hacia menores tasas de
interés marginales había sido revocada, pero, como resultó más tarde, sólo
temporalmente.

La ley de Alivio al Contribuyente de 1997 hizo cambios adicionales al código de


impuestos, dando una modesta rebaja de impuestos. La pieza central de la Ley de 1997 fue
un significativo nuevo beneficio impositivo a ciertas familias con niños, a través del
Crédito de Impuestos por Niño. Sin embargo, el factor realmente significativo de este alivio
impositivo fue que el crédito era reintegrable a familias de más bajos ingresos. Es decir, en
casos en que la familia hubiera pagado un impuesto “negativo”, o recibido un crédito en
exceso de su responsabilidad anterior a la ley. Aunque el sistema impositivo había otorgado
anteriormente créditos impositivos personales, como el Crédito Sobre el Ingreso Ganado, el
Crédito Impositivo por Niño comenzó una tendencia en la política de impuesto federal. Los
alivios impositivos anteriores fueron generalmente otorgados en la forma de tasas de
impuesto menores o aumentos en deducciones o exenciones. La Ley de 1997 lanzó una
moderna proliferación de créditos impositivos individuales y especialmente créditos
reintegrables que son, en esencia, programas de gastos funcionando a través del sistema
impositivo.

Los años inmediatamente posteriores al aumento de impuestos de 1993 vieron también


continuar otra tendencia que fue, una vez más, cambiar de nuevo el balance del híbrido
impuesto ingreso-consumo hacia el impuesto sobre consumo. En este caso el movimiento
fue enteramente en la parte individual, en la forma de una proliferación de vehículos
impositivos para promover ahorros de propósito específico. Por ejemplo, Las Cuentas de
Ahorros Médicos fueron promulgadas para facilitar el ahorro en gastos médicos. Se
promulgó una cuenta de retiro individual (IRA .Individual Retirement Account) para la
educación, en la Sección 529 del Programa de Tutoría Calificada, con el objeto de ayudar a
los contribuyentes a pagar futuros gastos de educación. Adicionalmente, se promulgó una
nueva forma de vehículo de ahorro, llamada ROTH IRA, que se diferenciaba de otros
vehículos de ahorro como el IRA tradicional, y planes 401(k) basados en el empleador, en
que las contribuciones eran hechas en dólares posteriores al pago de impuestos y en que las
distribuciones estaban libres de impuestos.

A pesar de las más altas tasas de impuestos, otros aspectos fundamentales de la economía
tales como la baja inflación y las bajas tasas de interés, un mejor cuadro internacional con
el colapso de la Unión Soviética, y la llegada de informaciones tecnológicas
cuantitativamente nuevas, condujeron a fuertes resultados económicos a través de los
1990s. Esto, a su vez, llevó a un aumento extraordinario de la carga impositiva agregada,
con los impuestos federales, en razón del PDB, llegando a una cima de postguerra de 20.08
en 2000.

La rebaja de impuestos de Bush

Hacia 2001, los ingresos totales de los impuestos habían producido un supuesto superávit
unificado de presupuesto federal de $281,000 millones, con un acumulado superávit
proyectado de $5.6 billones. Mucho de este superávit reflejaba una creciente carga
impositiva como parte del PDB, debido a la interacción de resonancias crecientes de los
ingresos y una estructura de progresivas tasas de impuestos. En consecuencia, bajo la
dirección del Presidente Bush, el Congreso detuvo los proyectados aumentos futuros de la
carga de impuestos, aprobando la “Ley de Alivio de Impuestos y Reconciliación” de 2001.
La pieza central de la rebaja de impuestos de 2001 fue la recuperación de algo del terreno
perdido en los 1990s en cuanto a menores tasas de interés de impuestos. Aunque la tasa de
reducciones tendría efecto en un período de varios años, la máxima tasa de interés caerá de
un 39.6 a un 33 por ciento.

La rebaja de impuestos de 2001 representó una vuelta a un número de tendencias distintas


en la política de impuestos. Por ejemplo, amplió la Ley de Crédito de Impuestos de Apoyo
Infantil, de $500.00 a $1,000.00 por niño. También aumentó el Crédito de Impuestos a los
Niños Dependientes. La rebaja de impuestos de 2001 también continuó a moverse hacia un
impuesto de consumo, expandiendo una serie de incentivos de ahorros. Otro rasgo de la
rebaja de impuestos de 2001, particularmente digno de mención, es que pone los impuestos
de haciendas, regalos y saltos generacionales en un curso de eventual abolición, que es
también otro paso hacia un impuesto al consumo. Un rasgo nuevo en la rebaja de impuestos
de 2001, comparada con la mayoría de las grandes leyes de impuestos, es que está casi
desprovista de clásulas de impuesto a negocios.

La rebaja de impuestos de 2001 dará fuerza adicional a la economía en los próximos años, a
medida que sus disposiciones se vayan haciendo efectivas y, en verdad, un argumento para
su aprobación ha sido siempre el que es una forma de seguro contra un revés económico.
Sin embargo, ignorada por la Administración Bush y por el Congreso, la economía ya
estaba en descenso mientras la Ley estaba siendo debatida. Afortunadamente, el descenso
fue breve y poco profundo, pero ya está claro que las rebajas de impuestos que fueron
aprobadas y entraron en efecto en 2001, jugaron un papel significativo en apoyar la
economía, abreviar la duración del descenso, y prepararla para una recuperación
robusta.

Una lección del descenso económico fue el peligro de considerar una economía fuerte
como cosa dada. El fuerte crecimiento de los 1990s condujo a hablar de una “nueva
economía” que muchos estimaban estaba virtualmente a prueba de recesión. La popularidad
de este supuesto era fácil de entender cuando se considera que sólo ha habido una muy leve
recesión en los 18 años previos. Tomando a pecho esta lección, y a pesar de los crecientes
beneficios de la rebaja de impuestos de 2001, y las tempranas señales de recuperación, el
Presidente Bush hizo un llamado, y el Congreso aprobó, una ley de estímulo económico. La
ley incluía una extensión de los beneficios de desempleo para ayudar a aquellos
trabajadores y familias que estaban tensos debido a la depresión. La ley también incluía
una disposición para proveer una temporal pero significativa aceleración de las concesiones
por depreciación en las inversiones comerciales, asegurando así que la recuperación y
expansión serán fuertes y equilibradas. Es interesante que la disposición sobre
depreciación significa también que el impuesto federal sobre los negocios ha vuelto a su
tendencia hacia un impuesto sobre consumo, haciéndose paralelo una vez más a la
tendencia del impuesto individual.
Desde cuándo hay impuestos?

1. Objetivos

2. Contenidos

3. Recordemos que…

4. Glosario

5. Sugerencias de uso para Educación Primaria

6. Sugerencias de uso para Educación Secundaria

1 Objetivos
Al final de la sesión, los alumnos serán capaces de:

 Comprender que, a lo largo de la Historia, siempre se ha necesitado dinero para pagar los gastos del
Estado y que, por eso, se han creado los impuestos.
 Valorar que uno de los principios fundamentales de la democracia es que sólo se pueden establecer
impuestos con la aprobación de los representantes elegidos por los ciudadanos. Por eso, según la
Constitución española, los impuestos tienen que establecerse por ley aprobada en el Parlamento.

2 Contenidos

2.1 Grecia

2.1.1 Grecia Antigua

2.1.2 Grecia Clásica

2.2 Roma

2.3 La Edad Media

2.4 Las Cortes

2.5 Las Monarquías Absolutas

2.6 El Parlamento actual


2.1 Grecia

2.1.1 Grecia Antigua

Grecia, organizada al principio como múltiples Estados en un territorio accidentado y disperso, verá
aparecer, porque tendrá necesidad de ella, una Hacienda Pública elemental.

En la época de las monarquías hereditarias, había una nobleza poderosa, porque poseía la tierra. Y sólo
podía ser ciudadano el que contribuía con bienes propios a determinados gastos públicos o sociales.
Tener o no tener derechos políticos dependía, por ejemplo, de poder mantener un caballo de guerra.

Los gastos corrientes del Estado se iban cubriendo con los productos del patrimonio real y sólo en
ocasiones extraordinarias se acudía a las contribuciones.

Llevaban los griegos el comercio en la sangre, quizá no tanto como los fenicios, pero, en cualquier caso,
gustaban de intercambiar lo que les sobraba por aquello de que carecían. Y estos intercambios entre las
distintas ciudades griegas favorecían una saneada fuente de ingresos: las aduanas.

Siempre la propiedad, en especial la de la tierra, ha experimentado sobresaltos. No iban a ser menos los
nobles terratenientes griegos. El arconte Solón, con sus profundas reformas sociales, les mermó sus
facultades dominicales, suprimió la esclavitud por deudas, promovió la pequeña propiedad y creó unos
impuestos equitativos y justos. Pero, por desgracia, estas medidas no tuvieron efectos duraderos.

Poco a poco, los ciudadanos griegos sintieron que las rentas de los bienes de la Corona no bastaban
para atender a todos los gastos colectivos. Y ellos querían para sus actos de culto religioso el máximo
esplendor, para las fiestas la mejor música, para sus calles o ágoras limpieza y embellecimiento. Se hizo
necesario acudir a los impuestos indirectos , esto es, a los que gravan los gastos y consumos
familiares. La relación entre ingresos y gastos públicos aparecía por primera vez en la historia de la
Humanidad.

2.1.2 Grecia Clásica

Atenas encabeza la liga de Estados, que le pagan una cuota anual para construir navíos y equipar
soldados: el tesoro de Delos. Un hombre culto, inteligente y emprendedor va a conducir los destinos de
Grecia: Pericles. A Pericles corresponde el mérito de proteger las ciencias y las artes, de realizar
reformas ejemplares y de rodearse de eficaces colaboradores. Las tierras recién conquistadas se
reparten entre los campesinos asalariados y se dictan disposiciones para remediar la pobreza de
amplios sectores de la población.

El Tesoro es trasladado de Delos a Atenas. Pericles decide que no sólo ha de emplearse para fines
militares, sino también para la construcción de edificios públicos. El Partenón, junto con los Propileos y
el Erecteión, embellece la ciudad, pero también mitiga el paro.

Al mismo tiempo, el sentido comunitario de los atenienses hizo que el Tesoro Público fuese una especie
de bolsa común para distribuir bienes entre el pueblo. Los ciudadanos acomodados que asistían a los
juegos de las fiestas oficiales debían dar dos óbolos para que los pobres pudiesen disfrutar igualmente
de los espectáculos. Y cuando esto no bastaba, se repartía lo que sobraba cada año del presupuesto
del Estado.

Estos repartos y los partenones que surgen en todas las acrópolis de Grecia reducen los fondos
públicos y los dejan sin reservas para casos de necesidad o para gastos de guerra. En tales ocasiones
no hubo más remedio que establecer impuestos directos , los que gravan la renta o el patrimonio de
los ciudadanos.
Es de notar que la democracia ateniense no concebía los impuestos directos como los únicos
equitativos, y así en épocas de paz recaudaba impuestos indirectos , como los que recaían sobre el
mercado y el consumo. Los derechos de aduanas nunca superaron el 2,5 por 100, lo que permitió la
afluencia al recién construido puerto del Pireo de todos los productos de los demás países.

Estas prestaciones tributarias no libraban a los ciudadanos pudientes de la obligación de financiar coros
que participaban en las fiestas organizadas por el Estado, o equipar y mantener un navío de combate en
tiempos de guerra.

Ningún ciudadano debía pasar hambre o miseria y el Estado pagaba médicos y profesores. Se asignó
un sueldo a los que ejercían funciones públicas.

2.2 Roma

El destino de Roma como conquistadora y gobernadora de pueblos determinará algunos de los rasgos
más característicos y constantes de su Hacienda Pública. Así, el arrendamiento de las tierras de
dominio publico aportadas por las victorias de las legiones representará una importante fuente de
recursos.

Hasta aquí la Hacienda Pública de Roma era eminentemente patrimonial, pues las rentas de sus bienes
constituían la principal fuente de sus ingresos. Ideal en pocas ocasiones alcanzado a lo largo de la
Historia, porque el patrimonio público, el patrimonio de todos, no tiene la importancia que sería
necesaria para atender las necesidades colectivas con sus productos. Por ello, siempre ha habido que
acudir a los tributos.

No menos sustanciosos para las arcas del Estado eran los botines arrebatados a los vencidos y los
tributos que estos debían pagar a Roma.

Durante la etapa republicana, por lo general, el ciudadano romano no pagaba impuestos directos. Pero
con ocasión de guerras había de realizar determinadas prestaciones monetarias que tenían el carácter
de préstamos forzosos, pues eran reembolsadas con las ganancias de las propias guerras.

En el gobierno republicano, el rey había sido sustituido por dos cónsules, que ejercían el poder civil y
militar. Junto a ellos, los pretores administraban justicia y los cuestores organizaban la Hacienda. Se
clasificaba a los contribuyentes según la importancia de sus patrimonios, ganados, industrias..., pero en
la mayoría de los casos se imponían las cargas en cantidades iguales por cabeza ( capitación ).

A lo largo del tiempo, fueron muchos los tributos que estableció Roma. Sobre las ciudades pesó un
impuesto territorial que se repartía en proporción al valor de los bienes inmuebles. Ciertas provincias
recaudaban los diezmos o décimas partes de los frutos de la tierra y enviaban su importe a la capital del
Imperio.

En las vías romanas se cobraban portazgos –derechos para entrar en las ciudades- y pontazgos –
derechos para pasar por los puentes-. Se exigió un gravamen sobre las herencias entre parientes
lejanos. Se cobraron tasas sobre el precio de venta de los esclavos y por darles la libertad. Impuestos
sobre las ropas de las elegantes romanas y sobre objetos muebles.

Se arrendaba la recaudación de los tributos y los recaudadores hacían pingües negocios. En la época
del Imperio se llegó a explotar con impuestos a las provincias y ciudades, que a menudo no podían
pagar. Octavio, Marco Aurelio y Adriano, tuvieron que perdonar repetidas veces estas obligaciones
tributarias.

2.3 La Edad Media


En los azarosos tiempos que siguieron a la desaparición de la autoridad y unidad de Roma, muchos
hombres libres confiaban sus pequeñas propiedades y ellos mismos se entregaban a un gran señor
latifundista a cambio de protección.

Junto a esta costumbre se difundió la de los soberanos, que concedían a sus súbditos y funcionarios
grandes porciones de terreno para compensarles por los servicios civiles o militares prestados.

Hacia el siglo VIII ambos fenómenos se fundieron en una forma única de contrato o relación personal: el
vasallaje.

El poder político estaba ligado a la propiedad territorial y al número y fidelidad de los vasallos que
poseía cada señor, con lo que podía ocurrir, y de hecho ocurrió, que muchos señores feudales eran más
poderosos que el mismo rey.

Los vasallos, a cambio de la protección del señor, debían prestar a éste numerosos servicios, sobre
todo el de combatir a su lado en las frecuentes guerras contra belicosos vecinos, y tenían que pagarle
cuantiosas rentas. Y si en la época imperial romana habían aumentado los tributos en dinero, estas
rentas medievales se pagaban generalmente en especie.

Importa advertir que estas llamadas “rentas” tenían mucho de “tributos”, porque se imponían por los
señores feudales.

Los derechos y prerrogativas de los señores feudales, incluido el rey, alcanzaban a las exacciones o
gravámenes que se percibían por las explotaciones de minas, molinos, hornos, fraguas, bosques,
pastos, ríos navegables, por la caza y la pesca. Constituían verdaderos monopolios señoriales, cuyos
ingresos han de considerarse patrimoniales.

Pero se llegó a más. Dentro del dominio eminente del señor o soberano estaban incluidas las personas.
Dedicarse al comercio o a la industria y ejercer un oficio eran tareas que pertenecían al señor feudal, por
lo que era necesario su permiso o su licencia para poder realizar tales actividades. Este permiso o
licencia llevaba consigo el pago de una cantidad. Se trata de las regalías , que se amparan en las
prerrogativas de la Corona respecto de sus súbditos.

En el último escalón de la jerarquía humana estaban los siervos de la gleba, adscritos a la tierra.
Estaban obligados a prestaciones gratuitas de trabajo para el mantenimiento de los caminos, la
reparación del castillo feudal, el cultivo de las tierras del señor, tributos de peaje, rentas de todo tipo.

Estos colonos llevaban al castillo del señor sacos de grano, toneles de vino, tinajas de aceite, gallinas,
cerdos, ovejas. Y si no lo hacían a su debido tiempo y voluntariamente, las huestes del señor se
encargaban de requisarles sus productos a la fuerza.

Cuando esta clase de ingresos, y los obtenidos mediante la venta de bienes patrimoniales no bastaron
para atender a los gastos públicos y privados del rey, fue necesario acudir a los subsidios o auxilios de
los súbditos. Así se reanudaría la historia del impuesto.

2.4 Las Cortes

El pueblo, harto de las exigencias de los reyes, se rebelan en ocasiones de forma tumultuosa. Los
reyes, ante la oleada de alzamientos populares, ceden en ocasiones y aceptan consultar a sus súbditos
a la hora de imponer tributos y de decidir la aplicación de los mismos. Comienzan a ser pagados los
tributos para atender determinados gastos públicos. Y el contribuyente se va a convertir en el principal
protagonista de la resistencia frente al rey.
Ejemplos típicos de estas limitaciones del poder real se dieron en las Cortes reunidas en León (año
1188) y en la Carta Magna de Inglaterra (año 1215), que proclamó el principio de que el impuesto ha de
ser consentido por quien tiene que pagarlo.

A España llega un día un emperador educado en el extranjero. Su política imperial exige enormes
dispendios y subsidios. Las Cortes de Castilla y León, compuestas de procuradores elegidos por las
ciudades, se muestran resistentes a admitir nuevas exacciones. Las quince principales ciudades
castellanas se alzan en rebelión en la Junta de Ávila. Una de sus quejas: “Las imposiciones y cargas
intolerables que han padecido estos reinos.”

El ejército real sofocaría el movimiento comunero. Pero la lucha de los monarcas con las Cortes no
siempre favoreció a los primeros, que muchas veces tuvieron que plegarse a las condiciones acordadas
por las Cortes si querían obtener las sumas que necesitaban.

En acuerdos de este tipo entre los gobernantes y las Cortes está el origen remoto del Presupuesto
público , como documento que aprueba el Parlamento y por el que se autoriza al Gobierno a recaudar
determinados ingresos y a realizar determinados gastos a lo largo del año. La historia de la soberanía
popular tiene mucho que agradecer a la historia del Presupuesto.

Con este control del Parlamento, la Hacienda Pública corre menos peligro de ser utilizada por reyes y
gobernantes a su capricho, y se introduce un cierto orden en la obtención de ingresos y en la realización
de gastos.

Y una vez que el rey se acostumbra a ver limitado su poder por los acuerdos de las Cortes en materia
de impuestos, está naciendo el poder legislativo independiente del propio monarca, que se confía a la
representación popular.

2.5 Las Monarquías Absolutas

Los señores medievales se han ido doblegando poco a poco bajo la autoridad del rey que, con un
ejército más poderoso, ha derribado sus fortalezas.

Se forman grandes naciones, unidas y sometidas a la soberanía absoluta de un monarca. España


entera reconoce a los Reyes Católicos, Francia a Luis XI e Inglaterra a Enrique VII.

Estos reyes y sus sucesores se esfuerzan por construir Estados fuertes, para lo cual juzgan
imprescindible gobernar con mano firme, en nombre, eso sí, del bien común. Y en nombre de ese bien
común y de esa necesidad de un Estado fuerte, tratarán de lograr una Hacienda Pública con más
medios, con una mejor organización y con un principio de autocontrol.

No del todo sofocadas las guerras en el interior de cada nación, surge el enfrentamiento entre naciones
por apetencias territoriales y conflictos de intereses económicos o dinásticos. Y mantener un ejército
exige considerables recursos financieros, que la Hacienda Pública obtiene recaudando tributos, no
siempre equitativos.

Otros gastos públicos vienen motivados por la ampliación de la Administración pública, el mantenimiento
y boato de la corte, el aumento de la población y el crecimiento de las ciudades. Al mismo tiempo,
surgen los hombres de negocios y las actividades artesanales y comerciales experimentan un sustancial
incremento.

En esta situación la Hacienda Pública necesita contar con una extensa organización burocrática para
cobrar los impuestos, para contraer deudas cuando los gastos superan a los ingresos, para administrar
los recursos públicos, para examinar y vigilar la actuación de sus recaudadores y pagadores.
Para hacer frente a los gastos colectivos no bastan los impuestos directos , que se reducían casi
exclusivamente a los que gravaban a los propietarios de tierras. Hay que multiplicar los impuestos
indirectos , que recaen sobre toda clase de artículos y productos de consumo.

Se implanta el impuesto del “papel sellado”, que gravaba todos los documentos oficiales. De él será
heredero el Impuesto de Timbre del Estado, que durante tantos años ha proporcionado importantes
ingresos al Tesoro Público, y aún hoy día perduran figuras tributarias muy semejantes.

Se prohíbe la fabricación y/o la venta de la sal, el plomo, el tabaco, etcétera, por los particulares, y se
constituyen los correspondientes monopolios fiscales con las consiguientes rentas para la Hacienda
Pública. Entre estas rentas llamadas “ estancadas ”, está la de la lotería.

Otros gravámenes se creaban atendiendo propuestas de los llamados “arbitristas”: personas que
inventaban soluciones disparatadas para arreglar la situación de la Hacienda Pública.

También surgieron tributos que venían a sustituir –en dinero- las antiguas obligaciones –en especie- de
los nobles o señores feudales, como la de preparar, mantener y avituallar tropa armada. Pero la mayoría
de las exacciones eran de carácter indirecto, pues recaían sobre el consumo de las personas que
entonces era de artículos de primera necesidad.

2.6 El Parlamento actual

Así como el despotismo ilustrado sostiene: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, las Constituciones
políticas actuales mantienen el régimen parlamentario y proclaman que todo, incluida la Hacienda
Pública, sea para el pueblo y con el pueblo. Por eso, junto al principio de la soberanía popular,
proclaman el derecho de todos a participar en las funciones de gobierno por medio de unos
representantes democráticamente elegidos.

El pueblo aprueba por mayoría una Constitución y se somete a sus normas. Y encarga a sus
representantes que legislen de acuerdo con ella y que controlen las tareas del Gobierno que tenga su
confianza. Las Cortes promulgan leyes que regulan los tributos a recaudar, los gastos públicos a realizar
y los recursos que los ciudadanos pueden interponer en defensa de sus derechos ante posibles errores
o extralimitaciones de la Hacienda Pública.

La Hacienda Pública adquiere plena consideración en el Estado que se organiza y rige según una
Constitución política. Y si esa Constitución establece la división de poderes –ejecutivo, legislativo,
judicial-, la igualdad de todos ante la Ley, la distribución de los tributos según la capacidad económica
de quienes tienen que pagarlos, la asignación equitativa de los gastos públicos, estaremos ante un
planteamiento justo de la actividad de la Hacienda Pública.

El Parlamento, o sea la representación de todos los ciudadanos, tiene confiada la función de dictar
leyes, entre las que se encuentran las tributarias y presupuestarias. Leyes que son aprobadas
democráticamente y obligan por igual a legisladores y legislados.

Así vemos regulados nuestros deberes para con la Hacienda Pública como nosotros mismos hemos
querido al refrendar una Constitución y al votar en las elecciones generales una determinada opción en
cuanto a los bienes y servicios públicos que deseamos recibir del Estado y en cuanto a los tributos que
estamos dispuestos a pagar al Tesoro Público.

Por su parte, los Tribunales de Justicia velan por la correcta aplicación y el estricto cumplimiento de las
leyes, entre ellas las financieras y fiscales, y juzgan y sancionan a los que se apartan de sus
disposiciones.

Pero la misión de los Parlamentos modernos no acaba con la discusión y votación de las leyes sobre
Presupuestos y tributos, sino que, mediante interpelaciones, ruegos y preguntas al Gobierno, pueden los
diputados y senadores controlar la actividad de las oficinas de la Hacienda Pública, para que la
Administración pública respete los derechos de los contribuyentes y cumpla sus obligaciones para con
ellos.

Asimismo, al final de cada año, el Tribunal de Cuentas, que depende del Parlamento, examina y
comprueba la gestión del Gobierno: cómo ha ejecutado lo dispuesto en las leyes de Presupuestos y en
las tributarias. Después el Parlamento aprobará o no la actuación de la Hacienda Pública a lo largo de
los doce meses transcurridos.

Todas estas funciones tan relevantes son hoy propias de los Parlamentos. La Constitución española no
ha dudado en incorporarlas a su texto y en encomendarlas a las Cortes Generales.

3 Recordemos que…
La necesidad de obtener ingresos suficientes para sufragar los gastos del Estado ha originado, a lo
largo de la historia, la creación de innumerables impuestos.

Roma estableció para sufragar sus inmensos gastos (militares, de infraestructuras) un tributo especial a
las tierras conquistadas, el “tributum o estipendium”, que gravaba la tierra y otro que recaía sobre las
personas, “tributum capitis” que, generalmente, se exigía a todos por igual.

En la España musulmana, los tributos se diversificaron. Se establecieron impuestos sobre las cosecha,
sobre transacciones económicas, sobre derechos de paso, rebaños, tierras, edificaciones. Hubo dos
impuestos muy importantes: los derechos de aduana (almojarifazgo) y las gabelas que se pagaban al
comprar o vender algo.

En los reinos cristianos, se cobraban impuestos en razón de las necesidades que el Rey tuviera: hacer
una guerra, construir un puente, etc. Por tanto, las Haciendas eran perentorias, es decir el impuesto
venía a establecerse por la necesidad y, por tanto, no era necesario hacer un documento de previsión
de gastos e ingresos (presupuesto).

El origen remoto del Presupuesto público se encuentra en los acuerdos entre el Rey y las Cortes por los
cuales éstas autorizaban al Rey a recaudar determinados ingresos y a realizar determinados gastos.

4 Glosario
 Alcabala: Tributo que pagaba el forastero por los géneros que vendía.
 Almojarifazgo: Derecho que se pagaba por los géneros o mercaderías que salían del reino, por los
que se introducían en él, o por aquellos con que se comerciaba de un puerto a otro dentro de
España.
 Diezmo: Impuesto que consiste en una décima parte de los frutos o productos de la tierra. Fue
eclesiástico –con las “primicias”- y en España se suprimió en 1837.
 Gabela: Impuesto que se pagaba cada vez que se compraba o vendía algo.
 Pontazgo: Derechos que se pagan en algunas partes para pasar por los puentes.
 Portazgo: Derechos que se pagan por pasar por un sitio determinado de un camino.
 Puertas (Derecho de): El que se pagaba por la entrada de productos y mercaderías en las
poblaciones y que venían a ser una imposición sobre el consumo. Se recaudaba en fielatos o
“aduanas interiores”. Constituía un obstáculo para la libre circulación de mercancías y servicios.
 Regalías: Derechos o tributos que cobraban los reyes por la cesión del aprovechamiento de
determinados bienes (aguas, montes, salinas, mina, caza, etcétera) y por autorizar el ejercicio de
industrias o actividades por los particulares. Más tarde vienen a confundirse con las tasas de
nuestros días. Esta acepción financiera de la “regalía” no debe confundirse con la prerrogativa del
rey en ciertos asuntos religiosos frente a la autoridad eclesiástica.
 Renta estancada: La que procede de un artículo cuya venta exclusiva se reserva el Gobierno.

5 Sugerencias de uso para Educación Primaria

5.1 Antes de empezar

5.2 Exposición del profesor

5.2.1 Nómadas: cazadores y recolectores. Transición a la vida sedentaria

5.2.2 La antigüedad clásica: Grecia y Roma

5.2.3 La Edad Media. Al-Ándalus. El feudalismo. Las ciudades o burgos

5.2.4 La Edad Moderna

5.2.5 La Edad Contemporánea

5.2.6 La Situación actual. La Constitución de 1978

5.3 Actividades para el tercer ciclo de Primaria

5.3.1 Asterix y Obelix en Hispania

5.3.2 Uso del diccionario

5.3.3 Un ejercicio de simulación: Educación para la comunidad

5.3.4 Robin Hood: el bandido que redistribuyó los impuestos

5.1 Antes de empezar


 ¿Qué son los derechos humanos? ¿Sabes qué diferencia hay entre súbdito y ciudadano?
 ¿Qué diferencia hay entre monarquía absoluta y monarquía constitucional?
 Para la mentalidad medieval, ¿de dónde surge el poder del Rey? Los estados modernos y
democráticos se fundamentan en el imperio de la ley: ¿Qué implica esta afirmación? ¿Cómo se
garantiza que se cumpla.

5.2 Exposición del profesor

5.2.1 Nómadas: cazadores y recolectores. Transición a la vida sedentaria

Los hombres primitivos y las mujeres primitivas que habitaban la Tierra se alimentaban de plantas que
recogían, de animales que cazaban y de peces que pescaban.

Otra necesidad que tenían era la de abrigarse con las pieles de los animales y la de refugiarse en las
cuevas para protegerse del frío, la nieve, la lluvia e incluso resguardarse de los ataques de los animales
salvajes.

Cuando las plantas, la caza o la pesca de un lugar se agotaban, aquellas personas se desplazaban o
emigraban a otra zona o región en la que hubiera abundantes alimentos. Pero un buen día se dieron
cuenta de que podían cultivar plantas o criar animales sin tener que emigrar a otros lugares. Así, se
hicieron agricultores y ganaderos sedentarios, es decir, dejaron de desplazarse para satisfacer sus
necesidades básicas. Ello dio lugar a poblaciones, con necesidades de protegerse (soldados,
murallas…), de tener servicios (agua, seguridad interna...). Prestaciones que cuestan dinero y que es
recaudado por el gobernante para emplearlo en el mantenimiento de estos servicios.

El concepto de dinero ha evolucionado a lo largo de la historia de la Humanidad. Al principio, las


personas intercambiaban lo que cada una producía; así, por ejemplo, el pescador le daba pescado al
agricultor y, a cambio, el agricultor le daba frutas y hortalizas al pescador. Como no siempre el bien que
necesitaba una persona le era entregado a cambio de lo que él mismo producía y podía darle, se
inventó el dinero con el que se puede adquirir cualquier cosa y que vale para cambiarlo por lo que sea;
así comenzó el comercio.

5.2.2 La antigüedad clásica: Grecia y Roma

Avanzando de un salto muchos siglos de historia de la humanidad, encontramos en la Grecia clásica,


con la ciudad de Atenas a la cabeza, una civilización superior a todas las que habían existido y en ella
surge una primera idea de la democracia y también de la Hacienda Pública como fondo común. Un
hombre muy sabio que vivió entonces, llamado Pericles, decidió que el dinero público no debe ser sólo
para gastos militares sino también para construir edificios y para distribuir bienes entre el pueblo. En
esta época se establecieron impuestos directos sobre el dinero y los bienes de los ciudadanos (renta y
patrimonio) y también impuestos indirectos sobre el mercado y sobre las compras de bienes por las
personas (consumo).

Tras los griegos llegaron los romanos, un pueblo conquistador, con un gran sentido práctico y que se
distinguió por la construcción de importantes obras públicas, como las calzadas y los acueductos (en
España conservamos muchas de sus obras, como el acueducto de Segovia). Los romanos conquistaron
a los griegos, pero respetaron su cultura e incluso copiaron muchas cosas de ellos.

Roma obtenía mucha riqueza por el alquiler de todas las tierras que iba conquistando y también por el
botín, es decir, el dinero y los bienes que quitaba a los pueblos vencidos en las batallas. Pero además
estableció varias clases de impuestos. Las Provincias conquistadas tenían que pagar un impuesto
directo sobre la tierra y el suelo ( estipendium o tributum) y también sobre los frutos o productos de la
tierra (éste se llamaba diezmo , porque era la décima parte de esos productos). También se estableció
un impuesto directamente sobre las personas ( tributum capitis ), que generalmente se exigía a todos
por igual, es decir, que todos pagaban la misma cantidad con independencia de que fueran más ricos o
más pobres (¿os parece justo el sistema?). En las vías o carreteras se cobraban los portazgos , que
eran cantidades que había que pagar para entrar en las ciudades. Otros impuestos recayeron sobre las
herencias, las ventas de esclavos o los objetos de lujo.

5.2.3 La Edad Media. Al-Ándalus. El feudalismo. Las ciudades o burgos

Tras la caída del Imperio Romano y la invasión de los pueblos germánicos empieza una nueva época
que se conoce como la Edad Media. Durante un tiempo en España gobernaron los visigodos, que
mantuvieron casi igual la Hacienda pública que habían creado los romanos. Pero pronto se implantó en
Europa el feudalismo, resultado de la división del gran imperio romano en muchos pedazos de tierra,
que se llamaban feudos, y cada uno era de un señor o noble, que era el señor feudal.

Como eran tiempos peligrosos de desórdenes y guerras, la gente necesitaba protección y acudía para
ello a los señores feudales, que a cambio de esa protección, les exigían luchar a su lado en las
frecuentes guerras y pagarles grandes tributos generalmente mediante entrega de las cosechas, vino,
aceite y animales, ya que entonces el dinero -las monedas que circulaban- eran escasas. El poder de
estos señores feudales sobre los bienes e incluso la vida de la gente era casi absoluto (diferencia entre
esclavos, vasallos y ciudadanos). Nadie podía dedicarse al comercio o ejercer un oficio sin su
autorización, y la gente más pobre eran los siervos, que eran como esclavos obligados a trabajar la
tierra sin derecho a nada.

En España, como sabéis, los pueblos musulmanes llegados de África en el siglo VIII, estuvieron durante
varios siglos en gran parte del territorio. Su Hacienda llegó a ser muy rica, pues además de las rentas
propias del emir o del califa (que eran como sus dirigentes), establecieron impuestos sobre las
cosechas, las mercancías, los rebaños o las tierras y también impuestos directos que debían pagar las
personas no musulmanas que vivían en su territorio. Hubo dos impuestos muy importantes que después
los exigieron también los cristianos: los derechos de aduana ( almojarifazgo ) y las gabelas que se
pagaban al comprar y vender algo.

Con el tiempo, la gente empezó a unirse, a protestar y a rebelarse contra el poder de los señores
feudales y reyes, poniendo condiciones para el pago de los tributos que los reyes tuvieron que aceptar
en ocasiones, como ocurrió con las Cortes que se reunían en España o con el ejemplo de la Carta
Magna en Inglaterra, según la cual los impuestos tienen que ser aceptados por la gente que ha de
pagarlos.

Además, las personas empezaron a escapar del poder de los señores feudales y fueron surgiendo las
ciudades y, con ellas, una nueva clase social formada por artesanos, comerciantes y banqueros, que se
llamó burguesía. Con el crecimiento de las ciudades y las nuevas necesidades que en ellas surgieron,
se fue haciendo importante la Hacienda municipal, independiente de la del rey, cobrando tributos (por
ejemplo, la alcabala ) para canalizar el agua, para hacer las calles o para construir sus murallas.

5.2.4 La Edad Moderna

Cuando los señores feudales fueron sometidos por los reyes y los pueblos y territorios se unieron para
formar grandes naciones, comenzó una nueva época, la Edad Moderna, que en España se inicia con los
Reyes Católicos (siglos XV y XVI). Durante este tiempo, los reyes intentan construir Estados fuertes con
Haciendas Públicas más ricas.

Las guerras entre los Estados siguen ocasionando grandes gastos, pero también la Administración
pública, el aumento de la población y el crecimiento de las ciudades. Para pagar todo esto no bastaba
con los impuestos directos que pagaban los propietarios de las tierras, sino que hubo que crear
muchos impuestos indirectos , sobre todo, para gravar el consumo.
Se estableció un impuesto sobre el papel sellado para los documentos oficiales y sobre la fabricación y
venta de sal, plomo, tabaco, etc ( rentas estancadas ). Junto a estos recursos, hay que tener en cuenta
la importancia que en España tuvo, tras el descubrimiento y conquista de América, la llegada de gran
cantidad de metales preciosos (oro y plata).

Además, la gente fue dándose cada vez más cuenta de la necesidad de defender sus derechos. En
España hubo una revuelta popular muy importante, la de los Comuneros de Castilla (siglo XVI), que
estuvo motivada, en gran parte, por el malestar por los nuevos impuestos que se establecieron a la
llegada del emperador Carlos V.

5.2.5 La Edad Contemporánea

Más adelante, estalló en Francia la Revolución (1789) motivada, en parte, por la resistencia de dos
estamentos sociales (clero y nobleza) a pagar los mismos impuestos que el pueblo llano. La Revolución
francesa trajo consigo la aprobación de la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano,
abriendo un nuevo camino para la humanidad y la etapa histórica que se conoce como Edad
Contemporánea.

En la misma época se produjo la independencia de los Estados Unidos (siglo XVIII), que era entonces
una colonia de Inglaterra, y una de las causas de la rebelión fueron los fuertes impuestos que Inglaterra
cobraba a los americanos.

5.2.6 La Situación actual. La Constitución de 1978

Hoy las cosas han cambiado mucho. En España, como en otros países democráticos, tenemos una
Constitución aprobada por el pueblo (1978), el cual elige libremente a sus representantes para el
gobierno del Estado, de las Comunidades autónomas y de los pueblos y ciudades.

Esos representantes elegidos por nosotros son quienes aprueban en las Cortes las leyes, entre ellas,
las que establecen los impuestos y demás tributos y los Presupuestos, donde se deciden los gastos
públicos que se van a realizar (para construir carreteras, hospitales, colegios y demás bienes comunes)
y los ingresos que hacen falta para pagarlos.

5.3 Actividades para el tercer ciclo de Primaria

A continuación se sugieren distintas actividades. Los criterios de búsqueda de actividades puede ser de
distinto tipo: el área o materia, el tipo de actividad (individual o grupal) y el nivel educativo para el que se
propone.

Además, se puede proponer la lectura de algunos de los artículos que figuran en la bibliografía (por
ejemplo, “Así fueron... los tributos medievales españoles”). Algunos de estos artículos pueden apoyar la
realización de las actividades propuestas.

5.3.1 Asterix y Obelix en Hispania

Área : Conocimiento del medio


Tipo : Individual
Nivel : Tercer ciclo de Educación Primaria
• Haz una relación de todos los elementos que son necesarios para la construcción de las empalizadas,
acequias, calzadas, etc. Señala qué impuestos establecerías y sobre qué bienes para financiar dichas
obras.

Nota: Se puede leer el artículo “Así era... la Administración Tributaria en la España romana” que figura
en la bibliografía.
Todos hablamos con donaire y elocuencia sobre nuestros derechos y sobre por qué
deben ser respetados, pero el discurso es más exangüe, cuando no amargo, si de
hablar de nuestras obligaciones se trata.

¿Qué es un impuesto?
Podemos decir que impuesto y tributo son sinónimos; el DRAE define el primero
como un «tributo que se exige en función de la capacidad económica de los
obligados a su pago», y tributo, como la «obligación dineraria establecida por la ley,
cuyo importe se destina al sostenimiento de las cargas públicas».

Un poco de historia
Todas las civilizaciones antiguas intentaban satisfacer a sus exigentes deidades con
fantásticos tributos. Ya en el Génesis, José conminaba al pueblo de Israel a dar la
quinta parte de todos sus frutos al faraón.

El antiguo Egipto: Registros describen los viajes bienales que hacía el faraón por su
territorio para recolectar impuestos.

La antigua Grecia: Desarrolló un sistema tributario de cierta sofisticación. Por


ejemplo, hubo un impuesto denominado eisphorá que pagaban los más acaudalados
para costear gastos de guerra.

El Imperio Romano: Los primeros impuestos que se cobraron fueron derechos


aduanales denominados portorium. El tesoro público se llamaba aerarium —de ahí
proviene nuestro erario— el cual se acumulaba a partir de la recaudación de
impuestos.
La Edad Media: La mayoría de los impuestos desaparecieron y fueron sustituidos
por contribuciones en trabajo y especie. Perduraron los de tránsito de pasajeros,
mercancías, ferias y mercados.

La formación de los Estados-nación en los siglos XV y XVI y la consecuente


expansión ultramarina de España y Portugal provocaron que la base de recaudación
del sistema tributario se ampliara y se volviera más compleja.