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HISTORIA Y EVOLUCIÓN DE LA POLÍTICA CRIMINAL EN EUROPA

El término de Política Criminal se atribuye por unos a Quistorp, por otros a


Kleinshrod y otros a Feuerbach, y comienza a extenderse a partir de 1800 y desde
entonces se hace presente en el derecho penal; Para este ultimó quien a principios
del siglo XIX fue uno de los primeros en emplear esta expresión lo definió como el
conjunto de procedimientos utilizados en un momento dado para combatir la
criminalidad.
La Política Criminal consiste en descubrir y organizar racionalmente las muchas
soluciones posibles con los diversos problemas de fondo y de forma que tiene el
fenómeno criminal.
Toda política criminal es necesariamente sustentada y apoyada por una filosofía
penal, una reflexión sobre los fundamentos de la justicia, la legitimidad y los límites
del derecho de castigar, los derechos del hombre, el tratamiento de la sociedad a
los delincuentes y el rol de la moral en la regulación de la vida colectiva.
La evolución subsiguiente del término muestra el influjo que en él tienen penalistas
y correccionalistas que resultaron ser los más ocupados del tema, sumergidos los
primeros en el delito, casi exclusivamente, y los segundos en la rehabilitación del
delincuente, sin ocuparse de la correlación existente entre la criminalidad y el
desarrollo, ignorando sobre todo que la modificación de la estructura de la sociedad
resulta un elemento esencial en la reducción de la criminalidad a una extensión
soportable; hay que apuntar que si bien la resocialización o readaptación se afirma
como medios de combate contra la criminalidad los favorables y desfavorables
resultados obtenidos en la realidad han hecho surgir un movimiento de Política
Criminal radical, que no es nuevo, que pide la abolición del derecho penal.
En 1927, Emilio Langle en “La teoría de la Política Criminal”, nos brinda valoraciones
y aportes novedosos, trascendentes y avanzados para la época, al expresar “. . . la
importancia que la Política Criminal tiene como formalizador de los medios de lucha
contra el delito, su índole pragmática, la conveniencia de diferenciarla de otras
disciplinas entre ellas de la criminología, sociología criminal y su finalidad critica
legislativa, añade que debe utilizar los resultados obtenido por la experiencia
inspirarse en los sistemas científicos más adelantados, estudiar la legislación penal
comparada, considerar los precedentes legislativos y las instituciones arraigadas en
la conciencia jurídica de la nación”.
Asimismo en 1960, P. Conill plantea variaciones a la corriente tradicional de una
Política Criminal estrecha penalmente concebida, al manifestar que en la
consideración del acto delictivo deben tenerse en cuenta otros elementos que los
meramente enlazados con la voluntad del delincuente, concluyendo con la
apreciación de “que la Política Criminal se deriva de los textos legales lo que es sólo
un aspecto y no siempre el más señalado.
A partir de 1960, las Naciones Unidas recomienda enfocar la Política Criminal como
parte de la política general y añade que debe ser debidamente integrada con las
demás, relacionada con objetivos democráticos debiendo incluir todo aquello que
pueda prevenir la criminalidad, apuntando además que debería formularse un
modelo de Política Criminal. Este planteo de no fácil materialización, ambicioso
además en lo relativo a la confección del modelo teniendo en cuenta las diferentes
posiciones y desigual desarrollo existente en todos los países, tiene el mérito de
mostrar la existencia la posibilidad de una Política Criminal más amplia que la
penalmente concebida en épocas anteriores.
En este sentido en calidad de propuesta teórica señala López – Rey, que: Los
elementos esenciales aceptables del desarrollo, en que todos los otros se resumen,
“son los derechos de libertad, igualdad, dignidad y seguridad y que los cuatro
constituyen a su vez la base de toda Política Criminal ya que su preservación en los
planes sociales, económicos, industriales y demás, reducirán la criminalidad.”
Hoy día, aunque no sin contar con criterios en contra, se afirma y se destaca la
correlación desarrollo-Política Criminal, y en torno a ella se plantea: “Que los
códigos penales al ser la expresión legal de la criminalidad deben prepararse en
consonancia con la evolución del desarrollo, al ser la codificación penal, una tarea
socio-política, que requiere profunda y detenida indagación factual, que los
programas de prevención de la criminalidad deben ser coordinados y/o de muy
diversa preparación y profesión a fin de que se puedan tener en cuenta los múltiples
aspectos que inciden en la correlación desarrollo-criminalidad, concluyéndose
entonces que la Política Criminal no puede dejarse ya solamente en las manos de
los integrantes del sistema de justicia penal y los elementos a ellos vinculados sino
que se requiere la coordinación e intervención de una variedad de profesionales.
En la actualidad existe una corriente que con bastante arraigo sostiene que: “Todo
cambio debido al desarrollo requiere atención penal y criminológica teniendo en
cuenta la necesidad de investigar dado que en la misma se entrelazan una
pluralidad de aspectos y no debe simplificarse a que el aumento o disminución de
la criminalidad dependen de la índole del desarrollo que se pretenda; que en la
referida correlación el funcionamiento de la justicia penal juega un papel positivo o
negativo según aquél sea bueno o malo y que la efectividad de la Política Criminal
demanda una adecuada coordinación y planificación”.
Como propuesta en el plano internacional otros elementos surgen y se incorporan
a la Política Criminal de los momentos actuales, encontrándose entre los más
destacados: “El respeto que se pide a los derechos humanos, el costo de la Política
Criminal, la realización de su planificación como parte de la planificación del
desarrollo nacional, la promoción de la participación de la comunidad local, regional,
en la justicia, así como la de instituciones variadas en su formulación al haberse
evidenciado que esta no puede ser estimada como un monopolio de penalistas,
procesalistas y demás profesionales del derecho penal o procesal, el desarrollo y el
distingo que se establecen entre países desarrollados y en vías de desarrollo sin
que ello signifique que en todo caso es de menos criminalidad en los primeros que
en los segundos, a pesar de sostenerse por algunos que el desarrollo es un
elemento condicionador de la criminalidad.
La Política Criminal se hace necesaria, en virtud de la existencia del fenómeno de
la criminalidad, que es su razón de ser, pero también requiere transformarse en
virtud de la infuncionalidad que pueden presentar las medidas que con el objetivo
de la protección de la sociedad y de los bienes jurídicos y colectivos son tomados
frente a dicho fenómeno y su desarrollo, se ocupa de cómo construir del modo más
adecuado el derecho penal, a fin de que pueda corresponder a su misión de
proteger la sociedad.
Tradicionalmente ha venido considerándose la Política Criminal como crítica y
propuesta de reforma de las normas penales, en sentido amplio así como la
organización adecuada y el perfeccionamiento del dispositivo estatal de
persecución penal y de ejecución de la pena, decía Göppinger . Mientras que Liszt
estimaba que la Política Criminal nos revela cual es el que debe regir
pronunciándose además por la opinión de crítica y reforma, al considerar que la
Política Criminal debía promover reformas que deben establecerse en el derecho
positivo a fin de conseguir mejores resultados en la lucha contra el delito.
Se la ha definido también la Política Criminal como un conjunto sistemático de los
principios fundados en la investigación científica de las causas del delito y de los
efectos de la pena, según los cuales el Estado ha de llevar a cabo la lucha contra el
delito por medio de la pena y de las instituciones con ella relacionadas.
En la lucha contra el delito. Lange, tras sostener que la Política Criminal aspira a
“combatir el delito, inquiriendo sus causas y proponiendo los remedios oportunos”,
dice que desempeña dos funciones: es crítica y legislativa; debe ocuparse de la
averiguación de las “causas de los delitos, medios eficaces para la lucha contra él
y reforma legislativa inspiradas en ese sentido práctico”.
Por otra parte la función práctica de la Política Criminal es, en último término,
posibilitar la mejor estructura de estas reglas positivas y dar las correspondientes
orientaciones tanto al legislador que ha de dictar la ley, como al juez que ha de
aplicarla o la administración ejecutiva que ha de materializarla. Por ello coincidimos
con Moreno Hernández en que: “La Política Criminal comprende los sectores
legislativos, el judicial (o procesal) y el ejecutivo (ejecución de penas), en los cuales
se ejercita el Iuspuniendí que corresponde a cada uno de los órganos del Estado.
Por razón de la consideración de estos sectores, se suele también hablar de una
Política Criminal legislativa, de una Política Criminal judicial y de una Política
Criminal ejecutiva, que se corresponderán, en materia legislativa, con el Código
Penal, Ley de Procedimiento Penal y Ley de Ejecución de Sanciones”.
Las definiciones que se incluyen no son todas las que podríamos aportar dado que
alrededor de la Política Criminal y en su evolución, influyéndose entre sí y para el
posterior desarrollo o para la decadencia de alguna de ellas, abundan las
formulaciones, lo que es totalmente legítimo dado que en su elaboración es
determinante la posición y actitud del autor, es decir, si es pasiva, acrítica,
desinteresada de influir en la práctica, contemplativa o.. Prevención y lucha contra
el delito, sus causas y efectos; obtención y realización de criterios directivos para la
configuración, interpretación, aplicación y reforma de las normas penales.
Elaboración y exposición sistemática y organizada de criterios directivos, de
estrategia, tácticas sociales, métodos y principios con que el Estado se enfrenta al
delito, y pretende conseguir el control óptimo, de éste, vinculado con las ciencias
penales, el sistema de Justicia Penal, las investigaciones criminológicas y la
realidad social, económica, política, cultural, es decir, al desarrollo y evaluación del
marco social de referencia, lo que equivale a decir que sus vías, métodos y
contenido puede no ser siempre el mismo aún en una misma sociedad o territorio.
Determinación de la necesidad de la pena, sus fines y de la criminalización y
descriminalización.
Elaboración de criterios éticos, económicos, políticos y sociales que orientaran la
lucha contra el delito sus causas y efectos.
Estos objetivos evidencian la vinculación de la Política Criminal con la Criminología
que investiga el fenómeno criminal bajo todos sus aspectos con la Política Social,
cuya función práctica es transformar las condiciones de vida y de bienestar de la
población e influir en la reproducción de la estructura social, en las concepciones,
comportamientos y relaciones sociales y con el Derecho Penal, que establece los
preceptos positivos con que la sociedad afronta el fenómeno criminal.
De esta forma: “los fines de la justicia no están dados solamente por la rehabilitación
o resocialización del delincuente, sino además por lograr una justicia que a nivel
penal preserve derechos fundamentales, tales como igualdad, seguridad, dignidad
y libertad.”
En los textos especializados se encuentran coincidencias al señalar las
características de la Política Criminal, entre estas podemos mencionar que debe
ser:
Pluralista: Porque en la actividad delictiva influyen múltiples factores relacionados
también con situaciones o condiciones diversas, que demandan tener en cuenta
varios métodos y varias vías o caminos para la obtención del fin propuesto.
Dinámica: Porque debe tener en cuenta los cambios sociales y las variaciones que
surgen y se producen tanto en la naturaleza, la sociedad como en el individuo.
Multidisciplinaria: Porque debe ser una obra colectiva de politólogos, criminólogos,
economistas, sociólogos, médicos, psicólogos y de juristas, dado que no debe
depender sólo de las apreciaciones de estos últimos sino de las de un colectivo.
Realista: Porqué debe basarse en hechos observados y comprobados en forma
científica, y adecuarse a las necesidades de la colectividad de forma que pueda
llevarse a cabo con los medios disponibles o con los que se puedan crear, es decir,
no debe ser empírico ni improvisado.
Democrática: Debe evolucionar desde el humanismo individual, al socialismo
humanista.
Política: Debe dedicarse a poner fin a las injusticias culturales, políticas, sociales y
económicas.
Internacional: Debe tener en cuenta las experiencias y resultados de otras latitudes
y países.”
Además se aduce que su contenido, finalidad y factibilidad exigen un estudio previo
que permitan el conocimiento y planificación de las tendencias de la criminalidad,
de sus diversas modalidades en diversas áreas, educacionales, económicas y de
emigración, entre otras.
En este sentido, las Naciones Unidas en su resolución 36/21, de 1981, sobre justicia
penal, le pide a los gobiernos que se lleven a cabo los necesarios esfuerzos para
establecer sobre tal base, una justicia penal teniendo en cuenta factores políticos,
económicos, culturales, sociales y otros a fin de establecer una justicia penal
basada en los principios de una justicia social.
Bajo este prisma el Comité de Prevención y Control del Crimen de las Naciones
Unidas, en marzo de 1984 adoptó los Principios Rectores en Materia de Prevención
del Crimen y Justicia Penal en el contexto del desarrollo y de un nuevo orden
internacional, en los que sumariamente resume lo hasta aquí expuesto y en especial
la correlación planteada sosteniéndose al respecto que:
• Los cambios en la estructura social y económica deben ir aparejados con
reformas pertinentes de la Justicia Penal a nivel nacional e internacional.
• Deben erradicarse las injusticias socioeconómicas.
• La búsqueda de nuevos rumbos debe tener en cuenta los Principios de la Carta
de las Naciones Unidas.
• Se insiste en la necesidad de una planificación de la Política Criminal como
aspectos no sólo de la nacional como un todo, sino también en relación con la de
sus diversos sectores.
• La prevención del crimen debe estimarse como instrumento de Política Social.
• Existe una evidente correlación entre criminalidad, desarrollo y justicia penal.
• Periódicamente debe llevarse a cabo una reevaluación de la política y prácticas
en materia criminal.
• Debe establecerse acceso ilimitado a la justicia penal, así como asegurar en ésta
la participación de la comunidad, tener debidamente en cuenta los derechos
humanos, crear una justicia social penal.
• La prevención del crimen sea eficaz en la formulación del sistema penal y en su
funcionamiento han de tenerse muy presente el estudio cuidadoso de los costos
directos e indirectos del crimen, así como las consecuencias sociales que
entrañan su aumento.
• la tecnología debe utilizarse, pero no hacer uso indebido de ella.
• es preciso una mayor cooperación internacional, nacional y regional.
• debe crearse una jurisdicción penal internacional (que no significa la creación de
una Corte Internacional de Justicia Penal).

HISTORIA Y EVOLUCIÓN DE LA POLÌTICA CRIMINAL EN MÈXICO


Feuerbach asume la paternidad del término ahora tan debatido de Política Criminal,
incorporándolo para siempre en la enciclopedia de las ciencias penales. A partir de
entonces y de comprender su concepto, efectos y alcances, las culturas
occidentales hemos impulsado los contenidos de esa política, que por definición, es
– o debiera ser- función exclusiva y permanente del Estado.
El propio feuerbach se refirió a esta disciplina como la sapiencia del Estado
Legiferante. Población, territorio y sus circunstancias geopolíticas y gobierno,
acumulan una sabiduría expresa, un conocimiento real y objetivo de su propia
cultura y modo de vida y reaccionan en consecuencia, a través del marco normativo
que se dan, a fin de ordenar la conducta de los individuos y los grupos que informan
a una sociedad determinada.
El Estado traza e impone coercitivamente, un orden preciso, a partir de esa fuente
específica de conocimiento, que se recoge de la cultura social de la que abreva y a
la que vuelca su esfuerzo sintetizador, de orden estrictamente cognoscitivo de la
realidad imperante y se convierte en la tesis pública, invariable y firme, que se aplica
cotidianamente, en el esfuerzo estatal de prevenir y reprimir las manifestaciones
antisociales, propias o autóctonas del conglomerado social a que respondan.
Este esfuerzo de la actividad pública, bien pronto llamó la atención de especialistas
y enterados, tanto de las trincheras del penalismo, cuanto de los frentes
estrictamente políticos. Aquellos, los penalistas, quisieron encontrar en la política
criminal, finalmente, un principio de orden a sus pensamientos y estructuras
enteramente abstractas, en torno al delito, la pena y el delincuente, antes dispersos
y carentes de guía o destino cierto; estos, los políticos responsables de la
construcción ideológica que cimentaran la actividad de un gobierno, vieron a la
política criminal, como un instrumento valioso para sus propósitos de gobernabilidad
y de oferta legitimadora al poder público.
Para ilustrarnos, es necesario presentar algunas posiciones doctrinarias.
Franz von Liszt, asumió la política criminal con la categoría de ciencia y la definió
como la disciplina que se ocupa de las formas o medios a poner en práctica por el
Estado para una eficaz lucha contra el delito, auxiliándose, siempre, por la
criminología y la penología.
Por el contrario, Jiménez de Asúa nos dice en su Tratado, que la Política Criminal
parece considerarse más como arte legislativo y que podría definirse como el
conocimiento de aquellos medios que el legislador puede hacer, según la
disposición de cada Estado, para impedir los delitos y proteger el derecho de sus
súbditos.
Bajo estas dos concepciones, probablemente antagónicas se debatió y se debate
la disciplina a que hacemos referencia ahora. Pero una cosa es innegable: La
Política Criminal es hoy por hoy, uno de los medios más importantes y valiosos para
fundar la revisión crítica de nuestras leyes y nuestras instituciones, partiendo, así
de la dogmática penal, para encontrar los defectos y las formas en que éstos pueden
corregirse.
Con una adecuada planeación de la política criminal el Estado se puede dotar un
poderoso instrumento que si no propiamente desaparezca la criminalidad, por lo
menos disminuirá enormemente, lo que a su vez le permitiría atender otras
responsabilidades de gobierno.
ACTUALIDAD DE LA POLITICA CRIMINAL DE NUESTRO PAIS.
Indudablemente, El Estado de Derecho Mexicano, no es perfecto, pero es algo más
que la sola proclamación constitucional. El propósito de la Constitución mexicana
no es prometer un Estado ideal, perfecto, no garantiza la felicidad, tampoco asegura
una igualdad perfecta, pero sí asegura el vigilante mantenimiento de la paz social y
la seguridad jurídica, poniendo como base las garantías individuales de cada uno
de sus gobernados.
La política criminal mexicana sigue la corriente que se asienta en la existencia del
Estado de Derecho y por ello, reconoce como imprescindibles a los principios
universales de nullum crimen sine lege, corolario de nuestra garantía de legalidad,
consagrada en el artículo 14 constitucional; en la responsabilidad individual, que
reconoce nuestro Derecho Penal, así como en la legalidad del proceso y la
independencia judicial. No deja de lado a la víctima del delito y propugna por su
protección, poniendo el acento en los grupos vulnerables o marginados de la
sociedad. Como vemos, nuestras reformas constitucionales recientes, se inscriben
en esos propósitos fundamentales.
Esta tesis es la que recoge la aspiración mexicana por su sentido humanista,
moderado, pragmático y con claro acento en la prevención del delito, aunque sin
abandonar la represión del delito mayor.
Comentemos los progresos y rezagos de nuestro Derecho punitivo.
El código penal que nos rige desde 1931, con todo y sus múltiples reformas, tuvo
vigencia ambivalente durante casi siete décadas y durante ese periodo histórico, las
aspiraciones de nuestra Política Criminológica parecieron ser las mismas, o bien,
con sus matices, se adaptaron a épocas muy diversas, como lo fueron los últimos
despliegues del siglo XX.
La exposición de motivos de ese código penal Histórico, planteó, desde el ya lejano
1931, las siguientes orientaciones generales: Eliminar los residuos de sistemas
feudales (privilegios, formulas, ritos, verbalismo) y hacer leyes claras, prácticas y
sencillas; adaptar las leyes a las necesidades y las aspiraciones reales (biológicas,
económicas, sociales y políticas).
Con maestría planteó un desiderátum aún vigente, veamos: No sujetar servilmente
la Ley a la realidad actual y a la fuerza de los hechos y de las costumbres
imperantes, porque eso sería fomentar el estancamiento, el retraso y el retroceso,
sino hacer de la legislación una fuerza viva y una orientación de progreso social. El
hombre no puede aumentar o disminuir las fuerzas naturales; pero sí puede
encausarlas y acelerar o retrasar su movimiento.
Nuestra legislación se interesó y se manifestó en torno a las concausas del delito y
en su propia Exposición de motivos expuso, con el lenguaje de su época, pero con
plena actualidad, que se debía: Procurar la uniformidad de la legislación en toda la
República. Consagrar como funciones del Estado las que son de interés colectivo y
reclaman la intervención y vigilancia del poder público:

 Control de los medios de producción mediante vigilancia


directa, administración nacional, socialización o
nacionalización, según lo permitan las posibilidades (leyes
agrarias y Derecho industrial);
 Coordinación de las energías productivas del país, facilitando
la organización de la fuerza humana y el aprovechamiento de
los recursos naturales, y
 Realización de las funciones esenciales del Estado moderno
(Política económica, fiscal, agraria, criminal,
Educativa, sanitaria, de comunicaciones, de regadío,
etc.).
Recordemos ahora y comparemos con ésos párrafos, el texto vigente del artículo
25 de la Constitución de la República, que fue reformado en 1983, establece:
Corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional para garantizar que éste
sea integral, que fortalezca la soberanía de la Nación y su régimen democrático y
que, mediante el fomento del crecimiento económico y el empleo y una más justa
distribución del ingreso y la riqueza, permita el pleno ejercicio de la libertad y la
dignidad de los individuos, grupos y clases sociales, cuya seguridad protege esta
constitución.
El Estado planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica
nacional, y llevará a cabo la regulación y fomento de las actividades que demande
el interés general en el marco de libertades que otorga esta constitución.
Al desarrollo económico nacional concurrirán, con responsabilidad social, el sector
público, el sector social y el sector privado, sin menoscabo, de otras formas de
actividad económica que contribuyan el desarrollo de la Nación.
El sector público tendrá a su cargo, de manera exclusiva, las áreas estratégicas que
se señalan en el artículo 28, párrafo cuarto de la Constitución, manteniendo siempre
el gobierno federal la propiedad y el control sobre los organismos que en su caso
se establezcan.
Basta comparar ambos textos, el de la exposición de motivos y el del precepto
constitucional transcrito en algunos de sus párrafos para constatar la congruencia
en los propósitos; en el primer caso – la exposición- se buscaba disminuir la
actividad antisocial, mientras que el texto fundamental, anhela un desarrollo justo
de la Nación: sin embargo en ambos está implícito el mismo propósito: El bienestar
que evita la práctica criminal.
La propia exposición de motivos de 1931, que hemos venido revisando, nos deja
diversos principios de Política Criminológica moderna, que hoy por hoy debemos
asumir y tomar en cuenta.
Aquí nos dice que: El delito es principalmente un hecho contingente. Sus causas
son múltiples: es una resultante de fuerzas antisociales y encontramos entre las
más conocidas al desempleo, la falta de oportunidades, la carencia de educación,
la insalubridad y promiscuidad, en una palabra, la falta de desarrollo que conduce
al delito.
También menciona que, la pena es un mal necesario y se justifica sólo en conceptos
parciales, como la intimidación, la ejemplaridad, la expiación en aras del bien
colectivo, la necesidad de evitar la venganza privada, etc. Pero la pena se sostiene,
fundamentalmente, por la necesidad de conservación del orden social.
PROPUESTA DE UNA POLITICA CRIMINAL DE RESULTADO Y NO DE PRESON
Es necesario el diseño de una política criminal democrática, con objetivos de corto,
mediano y largo plazo y manteniendo las políticas a través del tiempo. En este
sentido ha sido sin duda un gran acierto, la preocupación que ha demostrado el
Estado Mexicano, en atención a la creación de una Política Criminal moderna,
acorde con las demandas en materia de criminalidad; si bien es cierto que el sólo
hecho de hacer o reformar leyes no es toda la tarea de la Política Criminal, también
lo es que en la medida que la sociedad se transforma y evoluciona, sus
ordenamientos jurídicos (leyes, cuerpos de justicia, instituciones, etc.,) también
deben hacerlo.
A México se le conoce como un país de leyes, porque cuenta con un sistema jurídico
bien estructurado, para apoyar la planeación del desarrollo nacional y la conducción
de la administración pública, de los sectores sociales y privados.
Sin embargo, a pesar de que se cuenta con estas leyes, los ciudadanos están
frustrados con las fallas de las políticas gubernamentales.
La seguridad pública se ha constituido en los últimos años en un tema relevante de
la agenda de la política nacional. Tal preocupación ha generado la publicación de
diversas leyes, entre las cuales se encuentra la Ley General que Establece las
Bases de Coordinación del Sistema Nacional de Seguridad Pública13,
ordenamiento jurídico que da vida institucional a la instancia gubernamental
destinada a enfrentar el problema que representa el incremento tanto de la
frecuencia como de la violencia empleada en la comisión de delitos.
Además, existen fundamentos legales encaminados precisamente a la planeación
de la política criminal, con el único propósito de prevenir los delitos, tales
fundamentos los encontramos en la Ley de Planeación, Ley Federal de la Policía
Federal Preventiva, Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, entre otras. Así
también en la reforma Constitucional de junio de 2008, se reformaron diversos
artículos remarcando y transformando sobre todo el sistema de Justicia Penal de
nuestro país, principalmente los artículos del 14 al 22, y en cuales se incluyeron una
serie de ordenamientos con los cuales se modificaron los procedimientos relativos
a la impartición de justicia y se dio paso a la transformación al Sistema Acusatorio
Adversarial de juicio oral, que será el nuevo modelo a seguir en todo el territorio
mexicano.
Estas reformas sin duda alguna son un gran avance en materia de Política Criminal.
Este es un claro ejemplo, de que se busca no solo castigar o reprimir sino prevenir
el delito.
ANÁLISIS DE LOS PLANES NACIONAL Y ESTATAL DE DESARROLLO EN LO
REFERENTE AL COMBATE DEL CRIMEN
El análisis de la política del gobierno federal con la que se combate el crimen
organizado se fundamenta en la definición de políticas públicas como cursos de
acción gubernamental para la resolución de problemas públicos acotados (Canto
Chac, 2002). Por otra parte, la política de seguridad nacional se considera como
una "política de Estado", lo cual implica el ejercicio de la "razón de Estado" para la
preservación de éste, en un entorno institucional que obliga a que el gobierno actúe
con apego estricto a la ley, con eficiencia y legitimidad (Guerrero, 1997; Uvalle,
1993; Foucault, 2010).
El presente trabajo se ubica en el perfil de herramienta para la evaluación de
políticas públicas y, en particular, para la etapa de diseño (policy-design). El diseño
de la política es posterior a la incorporación del problema a la agenda de gobierno,
a la toma de decisión y a la formulación de la política (policy-making); la evaluación
del diseño de la política pública valora el producto del policy-making a partir de
cuestionar el problema público acotado, el cual se atiende con la política e
instrumentos de política para ello (Cabrero, 2003: 32; Howlet, 1995: 56). El diseño
de la política pública está vinculado directamente con la implementación, pero como
es un elemento en sí mismo, los análisis pueden ser complementarios o
independientes. En este artículo sólo se aborda el diseño de la política, dejando de
lado su implementación. Cabe también señalar que este trabajo se ubica en un área
organizacional-administrativa, ya que se enfoca a la normatividad que determina los
instrumentos de política para decidir lo que se puede hacer o exigir en su ejercicio
(Aguilar, 2009: 13).
Respecto a la política de combate al crimen organizado en México, este artículo se
limita al gobierno de Felipe Calderón, en un periodo que va de 2006 a 2011. Sin
embargo, como no existe una estrategia explícita sobre esta lucha en el gobierno
federal, se han investigado la normatividad, los planes y los programas
gubernamentales para inferir la estrategia e identificar los objetivos de estas
políticas.
Desde el inicio de su gestión, Felipe Calderón Hinojosa señaló que la demanda
principal de las familias mexicanas era la seguridad, por lo que encomendaría a los
titulares de las secretarías de la Defensa Nacional (Sedena), la Marina (SEMAR), la
SSP y la PGR, la mayor responsabilidad en el combate contra la delincuencia, el
narcotráfico y el crimen organizado. A partir de entonces, el propósito de la política
de seguridad se basó en actuar frontalmente contra la delincuencia. Y, en función
de las dependencias a las que el presidente Calderón encargó este mandato, la
política se consideró como un compromiso de seguridad nacional y no sólo de
seguridad pública.
Dicha política colocó como objetivo la seguridad de las familias, y si bien cumplía el
mismo papel en la ley de seguridad nacional, nunca se estableció una estrategia
clara para alcanzar lo planteado. Es decir, no existe una política pública concreta
que coordine los esfuerzos gubernamentales e intergubernamentales. Por esta
razón, aquí se ha recurrido a la normatividad, los planes y programas
correspondientes a la acción gubernamental para inferir cuál es la política del
gobierno federal en su batalla contra el crimen organizado. Así es como se discute,
en función de la normatividad aplicable, si el combate al crimen organizado es un
asunto de seguridad pública o de seguridad nacional, cuestionando la relación entre
estos ámbitos; en segundo lugar, se analizan los planes que estructuran las políticas
de seguridad nacional y de seguridad pública: el Plan Nacional de Desarrollo y los
planes sectoriales correspondientes. Finalmente, en tercer lugar, se expone y
analiza la estrategia derivada del segundo punto.
LA PREVENCIÓN COMO ELEMENTO INHIBIDOR DEL CRIMEN
La delincuencia organizada transnacional es una amenaza importante para la
seguridad pública y constituye una barrera para el desarrollo social, económico y
político de todas las sociedades en el mundo. Este es un fenómeno multifacético
que se manifiesta en diferentes tipos de delitos como el narcotráfico, la trata de
personas, el tráfico ilícito de migrantes, el tráfico de armas, el blanqueo de dinero,
entre otros.
La delincuencia organizada se ha influenciado por la globalización, que ha
provocado profundos cambios en la vida de los pueblos, de las sociedades y de los
estados. Como sabemos, las fronteras entre los países son más permeables y el
tránsito de personas, bienes, servicios y recursos es cada vez más ágil. Este
proceso, que facilita el comercio y la integración entre las personas, también implica
cambios en la dinámica de la delincuencia y la violencia, pues las mismas
tecnologías que permiten mejoras sustanciales en la vida de las personas también
son utilizadas por aquellos que violan la ley, cometen delitos y desafían la justicia.
Por lo tanto, crece la importancia de la cooperación internacional y del intercambio
de experiencias en materia de justicia penal y prevención del delito. Es esencial una
acción articulada para hacer frente, con mayor eficacia, a los grupos delictivos
dispersos en todo el mundo, que a menudo tienen grandes habilidades de
comunicación y de organización.
Buscando respuestas coherentes y eficaces a estos problemas, la Oficina de
Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha estado trabajando
estrechamente con gobiernos, organizaciones internacionales y la sociedad civil
para fortalecer las estructuras institucionales y el imperio de la ley, para un control
más efectivo la delincuencia organizada y del narcotráfico.
Con base en la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia
Organizada Transnacional, UNODC presta asistencia a los gobiernos para aplicar
los artículos de la Convención y tipificar como crímenes, en su legislación interna,
los delitos relacionados con la delincuencia organizada.
En el mismo sentido, la Oficina también ha apoyado la adopción de medidas
destinadas a la asistencia judicial recíproca, con el fin de facilitar los procedimientos
de extradición, cooperación policial, asistencia técnica entre países y la capacitación
de funcionarios del sistema de justicia penal.
El respeto a los derechos humanos requiere la construcción de un sistema de
justicia penal justo y eficaz, capaz de controlar la delincuencia dentro de los límites
planteados por el Estado de Derecho. La UNODC apoya a los gobiernos en el
desarrollo de estrategias para la reforma de todos los aspectos del sistema de
justicia penal, con especial énfasis en ayudar a los grupos vulnerables,
especialmente mujeres, jóvenes y niños.

La UNODC también trabaja con proyectos sobre justicia de menores, reforma penal
y apoyo a las víctimas y a testigos de delitos. Estas acciones resultan en una amplia
gama de manuales y herramientas de evaluación (en inglés) que abarcan todas las
esferas del sistema de justicia penal, basadas en normas internacionales y
estándares definidos por las Naciones Unidas.
La UNODC desarrolla proyectos y presta asistencia técnica en los siguientes temas:
 Justicia de menores
 Reforma penal
 Reforma de la justicia penal
 Justicia restaurativa
 Alternativas a la prisión
 Apoyo a las víctimas
 Violencia de género
 Monitoreo de desempeño del sistema de justicia penal
Las actividades de proyectos en diferentes países incluyen una serie de
intervenciones, tales como:
 Educación y formación
 Consultoría
 Reformas legislativas
 Suministro de recursos a las organizaciones no gubernamentales
 Preparación de informes y manuales sobre las mejores prácticas en el área
Comisión de Prevención del Delito y Justicia Penal
La Comisión de Prevención del Delito y Justicia Penal es el órgano principal del
sistema de las Naciones Unidas para formular políticas y recomendaciones sobre
cuestiones de la justicia penal, incluida la trata de seres humanos, los crímenes
transnacionales y los aspectos de la prevención del terrorismo. La Comisión
supervisa el uso y la aplicación de las normas de las Naciones Unidas relativas a
estas cuestiones y guía el desarrollo de políticas para abordar nuevas cuestiones.
La Comisión ofrece a los Estados miembros un foro para el intercambio de
conocimientos, experiencias e información para el desarrollo de estrategias
nacionales e internacionales. La Comisión también coordina esfuerzos con otros
organismos de las Naciones Unidas con mandatos en materia de prevención del
delito y justicia penal, como el Consejo de Seguridad de la ONU, la Conferencia de
Estados Partes en la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia
Organizada Transnacional y la Conferencia los Estados Partes en la Convención de
las Naciones Unidas contra la Corrupción.
Análisis de la prevención en nuestro país
Luego de tres años de la implementación del Programa Nacional para la Prevención
Social de la Violencia (PNPSVD) en los ámbitos estatal y municipal, diversas
preguntas demandan respuestas precisas para poder fortalecer y consolidar esta
política: ¿qué retos enfrentan los gobiernos estatales y municipales para la
ejecución exitosa de las acciones preventivas delineadas desde el PNPSVD y con
qué fortalezas cuentan? ¿Qué resultados inmediatos perciben los beneficiarios
directos a partir de su participación en las diversas acciones preventivas que se
llevaron a cabo entre 2013 y 2016? Éstas fueron las preguntas guía de la serie de
investigaciones Prevención del Delito en México: ¿Cómo se implementa?
El documento presenta una evaluación cualitativa de un conjunto de acciones
implementadas en el municipio de Guadalajara y financiadas por el subsidio
denominado Programa Nacional de Prevención del Delito (Pronapred)- Se
concentró en recoger las experiencias y el punto de vista de diferentes actores
involucrados en estas acciones: funcionarios a nivel estatal y municipal que fueron
clave para los procesos de implementación; operadores de estas acciones –
asociaciones civiles, consultores–, y su personal en terreno; beneficiarios directos
– integrantes de las poblaciones definidas como prioritarias por el Programa
Nacional para la Prevención Social de la Violencia (PNPSVD)–; y miembros de las
comunidades donde han tenido lugar las mismas. Esta evaluación también se basó
en la observación in situ y la revisión minuciosa de la documentación relativa al
proceso de implementación de las acciones que se llevaban a cabo en el municipio
de Guadalajara hacia finales 2015, lo que permitió una comprensión más fina no
sólo de las mismas acciones y sus alcances, sino de los múltiples desafíos que
debemos atender si queremos fortalecer la joven política de prevención en México
y posibilitar su consolidación.
Algunos de los principales hallazgos de esta evaluación fueron:
 La ausencia de mecanismos de focalización impide que las acciones
Pronapred lleguen a la población más vulnerable a la violencia y el delito.
 La falta de esquemas de operación sostenible en la atención de factores de
riesgo provoca que las acciones Pronapred se vean confinadas a lo que dura
su ejecución anual: un tiempo no mayor a cinco meses.
 Una vez concluidas las acciones Pronapred, en los nueve meses (por lo
menos) que transcurren entre las actividades de un año y el siguiente, no se
da seguimiento a sus beneficiarios.
 La ausencia de esquemas homologados en la producción de información de
calidad sobre el ciclo de implementación de las acciones Pronapred dificulta
su monitoreo y evaluación y, por lo tanto, la posibilidad de conocer su
potencial de incidencia en la prevención de la violencia y la delincuencia, así
como en la configuración de entornos de convivencia pacífica.
 No se cuenta con una política local de prevención que defina líneas
estratégicas y de acción a las que se vinculen las acciones Pronapred a la
luz de problemas específicos de violencia y delito.
 Las débiles capacidades institucionales para la gestión de la prevención a
nivel municipal y estatal dificultan los procesos de ejecución y coordinación
de las acciones Pronapred, así como los consensos para empujar mejoras
en su implementación y en su contribución a los objetivos del PNPSVD.

PREVENCIÓN DESDE EL ENFOQUE INDISCIPLINARÍO


“Prevención”, según la Real Academia Española (RAE), proviene del latín
praeventio que significa: “(1) Acción y efecto de prevenir; además, (2) Preparación
y disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo o ejecutar algo”.
Coincido con el catedrático alemán Winfried Hassemer, al decir que: “La prevención
en el derecho penal actual no se puede apoyar en la expresión ‘curar en vez de
castigar’. Más bien las raíces están en lo ‘moderno’: surgimiento de las ciencias
sistémico-empíricas del hombre y la sociedad; conciencia cientificista; intervención
estatal científicamente aconsejada con mecanismos personales y sociales.
Orientación preventiva del derecho penal es orientación a controles sociales más
allá del derecho penal propiamente tal” [Bustos Ramírez et al., Prevención y Teoría
de la Pena 115 (1995)].
Por otra parte, el autor Diego Manuel Luzón Peña sostiene que “[p]revención
general significa intentar evitar la comisión de delitos por parte de la generalidad de
los ciudadanos, es decir, con independencia de si en concreto ha delinquido ya
alguna vez o no” [Mir Puig et. al., Derecho Penal y Ciencias Sociales 141 (1982)].
En otras palabras, de lo que se trata es de dar un enfoque global a la prevención
del delito, que vaya más allá del enfrentamiento, caso a caso, de posibles conductas
delictivas.
En relación a este tema, existen dos corrientes doctrinales: los defensores de la
prevención especial y los que abogan por la prevención general del delito. En la
primera, se pretende que con la intervención del derecho penal, pues quien cometa
un delito no vuelva a delinquir. En otras palabras, de lo que se trata es de reprimir,
caso a caso, la criminalidad. Desde este enfoque, el Estado desempeña un papel
protagónico en la persecución y corrección de la conducta delictiva [Bustos
Ramírez, supra.]. Esta arista de la prevención del delito no convence del todo,
mucho menos si nos limitáramos a ella como la única línea de enfrentamiento a la
criminalidad.
En primer lugar, porque la misma tiene lugar después de producido un hecho
delictivo, por lo tanto, no estaríamos hablando de tal prevención porque al tomar
como punto de partida la comisión previa de un delito podríamos estar cayendo en
un espiral poco alentador de delito-prevención-delito. En segundo lugar, el costo de
combatir la comisión de actos delictivos, según esta vertiente doctrinal, presupone
una carga económica para el Estado, porque es precisamente este quien tiene la
responsabilidad de velar por la ejecución de la pena, ya impuesta por un juez. En
este caso, la función preventiva del derecho penal dependería del encausamiento a
las personas.
Doctrinalmente, a la prevención general se le atribuyen dos vertientes: la prevención
general “negativa” y la prevención general “positiva”. Si bien es cierto, ambas parten
de darle un enfoque global a la prevención del delito, estas se diferencian entre sí.
La primera, es llamada por el catedrático Alemán, Claus Roxin: prevención general
intimidatoria [Roxin, Culpabilidad y Prevención 102, 104, 183 (1981)]. Ésta parte de
la idea de difundir en la sociedad el temor sobre las consecuencias jurídico-penales
que conllevaría quebrantar la norma penal [Bustos Ramírez, supra.]. Es decir, lanzar
un mensaje de advertencia a la sociedad que intimide y coaccione la psiquis de sus
individuos antes de delinquir. No obstante, recordemos que no todos los delitos se
comenten por intención o teniendo el sujeto la posibilidad de realizar este ejercicio
reflexivo previo a la comisión del delito; por lo tanto, el análisis de esta vertiente
estaría limitada a delitos que se cometen con intención criminal.
Por último, la prevención general positiva parece ser la de mayor aceptación
doctrinal. Consiste en difundir los valores y principios que motivan la intervención
del Estado y sobre los cuales descansa el derecho penal. Se trata de la
interiorización del derecho por las personas. Es decir, salvaguardar las relaciones
jurídicas desde la función ética y social del derecho y la aceptación por parte de los
individuos acerca de las razones que fundamentan la intervención del Estado
[Bustos Ramírez, supra. en pp. 49, 51 y 55].
Como diseñar una política criminal
Primero hay que efectuar un diagnóstico por áreas de problemáticas y de
instituciones y organizaciones sociales, no limitadas sólo al delito, aunque las cifras
de este son fundamentales.
El diagnóstico nos permitirá comparar la situación existente con una situación
normal, que en este caso sería la ideal). De allí surgirán los pasos a seguir en la
planificación y posterior ejecución de un plan, por ejemplo, un Plan Director de
Política Criminal.
La Política Criminal Integral procurará que el delincuente no pueda delinquir
(Prevención Situacional), pero fundamentalmente procurará que el niño o joven,
especialmente el marginal, no se convierta en delincuente; que otros no se hagan
adictos a las drogas; que se reduzca la circulación ilegítima de armas de fuego, que
se refuercen los sistemas educativos y recreativos para la niñez y la juventud; que
se brinde apoyo a la familia de bajos recursos; que se organicen los barrios y las
comunidades participativamente y que en cada zona creen esquicios de prevención
en coordinación con la policía; que se involucren todos en recuperar el espacio
urbano muchas veces “desertizado” por haber sido abandonado por los vecinos y
copado por los delincuentes.
Deben también ser objeto de análisis las instituciones vinculadas a la minoridad,
frecuente “semillero” del delito adulto. Reestructurados integralmente los servicios
penitenciarios (legislación, reglamentación, infraestructura, capacitación y selección
del personal, metodología de tratamiento, etc.) y creados los postpenitenciarios para
asegurar una adecuada reinserción social. Puestas en marcha medidas y sanciones
penales no privativas de libertad para delitos menores, pero con un tratamiento
educativo y correctivo, modernizada la justicia, frecuentemente morosa e ineficiente,
etc.
La elaboración de un Plan Director de la Política Criminal debe buscar, además, el
consenso con todos los sectores políticos y sociales, comprometiéndolos en los
mismos objetivos, para así conformar una política de Estado y no en una política del
gobierno de turno.
El Plan debe contar con un presupuesto e identificar las fuentes de financiamiento
y además contar con un organismo de conducción del más alto nivel (científico y
funcional) y con instrumentos de evaluación para analizar los resultados y corregir
las desviaciones.
A modo de cierre valga señalar que en un estudio promovido por el Banco
Interamericano de Desarrollo se estableció, luego de estudiar seis países de Sud y
Centroamérica, que la violencia y el delito llegaban a consumir hasta el 25% del
Producto Bruto Interno.
VIOLENCIA Y POLÍTICA CRIMINAL
Concepto y análisis del término violencia
La violencia se define como todo acto que guarde relación con la práctica de la
fuerza física o verbal sobre otra persona, animal u objeto originando un daño sobre
los mismos de manera voluntaria o accidental. El elemento principal dentro de las
acciones violentas, es el uso de la fuerza tanto física como psicológica para el logro
de los objetivos, y en contra de la víctima.
Existen diferentes tipos de violencia que generalmente se practican sobre las
personas más vulnerables, como por ejemplo las mujeres, los niños, los ancianos,
grupos religiosos, etc. A continuación se muestran algunos de ellos:

Violencia familiar: es aquella que se da por alguno de los integrantes del grupo
familiar sobre otro, ocasionando una lesión no accidental en el aspecto físico y
psíquico. Cabe destacar que este tipo de violencia es penado por la ley, sin embargo
es un delito que no suele ser denunciado, ya que la victima siente temor y vergüenza
de denunciar a un miembro de su propia familia.
Violencia laboral: es toda acción ejercida dentro del contexto laboral que
manifieste abuso de poder por parte del empleador, del personal de mayor jerarquía
o de un tercero vinculado con el trabajador. Suele manifestarse a través del maltrato
verbal, recurrente y sostenido sobre un trabajador o trabajadora; el acoso sexual y
la agresión física.
Violencia docente: este tipo de violencia se origina en las aulas de clases, siendo
el causante el propio personal docente del centro educativo. En muchas ocasiones
esta violencia es realizada con el objeto de mantener el poder y el orden dentro del
grupo.
Suele manifestarse a través de calificativos humillantes, y discriminación ya sea por
su condición social, académica o sexual. Es importante resaltar que las victimas no
solamente son los alumnos y sus padres, también pueden ser los mismos
compañeros que integran el personal administrativo y de servicio del colegio.
Lamentablemente en la actualidad, la violencia docente ha tenido un importante
crecimiento con el paso del tiempo.
Violencia en la comunidad: es aquella que se origina dentro de la misma
comunidad y que se encuentra relacionada con los pocos o escasos valores
inculcados, y el mal concepto de la conducta insana de las personas que viven
dentro de esa comunidad. Este es un fenómeno que existe desde hace tiempo y
que con el transcurso del tiempo se ha ido incrementado, teniendo un impacto
negativo en el desarrollo del individuo dentro de la sociedad.
Esta clase de violencia se manifiesta a través de actos como robos, hostigamiento
a los habitantes, agresiones sexuales, etc.
Violencia institucional: son todas aquellas acciones u omisiones, en donde los
servidores públicos de cualquier orden de gobierno practiquen actos
discriminatorios, con la finalidad de dilatar, obstaculizar o impedir el ejercicio y
disfrute de los derechos humanos de todos los individuos, así como su acceso al
goce de las diversas políticas implantadas por el estado.
El por que de la violencia en la manifestación del crimen
No existe un único factor que explique las distintas manifestaciones de violencia.
Ahora bien, hay crímenes que resultan más difíciles de entender pues escapan
totalmente a la razón. Por ejemplo, cuesta asimilar el que un individuo se acerque
a un desconocido y lo apuñale hasta matarlo o que alguien pase en automóvil por
delante de una casa y se ponga a disparar sin ningún motivo.
Algunas personas sostienen que la violencia es inherente al hombre. Sin embargo,
hay quienes consideran que este rasgo no forma parte de la naturaleza humana
(véase el recuadro “¿Somos violentos por naturaleza?”).
Según un gran número de especialistas, existen muchos factores y circunstancias
que pueden inducir a alguien a cometer un acto de violencia irracional. Un informe
publicado por la academia estadounidense del FBI (Buró Federal de Investigación)
llega a decir: “La persona que está en su sano juicio no comete un homicidio”. Es
posible que algunas autoridades no concuerden del todo con esta afirmación, pero
sí concuerdan con lo que da a entender. Por algún motivo, el agresor ya no piensa
con normalidad. Algo ha afectado su raciocinio, de modo que es capaz de actos
impensables. ¿Qué factores pueden contribuir a que un individuo decida matar a
alguien sin ninguna razón aparente? Examinemos algunas de las posibles causas
mencionadas por los expertos.
La desintegración familiar
¡Despertad! entrevistó a Marianito Panganiban, portavoz de la Oficina Nacional de
Investigación de las Filipinas, quien comentó respecto a los antecedentes de los
homicidas irracionales: “Provienen de familias rotas. Carecen de amor y afecto. No
tienen principios morales por los que guiarse y, por tanto, se descarrían”. Muchos
investigadores señalan que, por lo general, los criminales más agresivos han
crecido en un entorno familiar violento en el que las relaciones interpersonales
dejaban mucho que desear.
El National Center for the Analysis of Violent Crime, de Estados Unidos, hizo público
un informe que enumeraba ciertos factores que ayudan a identificar a los jóvenes
con propensión a cometer delitos violentos en los centros educativos. Según el
informe, la vida familiar de tales jóvenes suele tener las siguientes características:
una relación turbulenta entre padres e hijos; padres incapaces de darse cuenta de
los problemas de sus hijos; distanciamiento entre los miembros de la familia; padres
que ponen poca o ninguna restricción a sus hijos, y, por último, hijos
extremadamente reservados que llevan una doble vida a espaldas de sus
progenitores.
Hoy en día, muchos niños sufren a causa de la ruptura de su familia. Otros tienen
padres que apenas les dedican tiempo, de modo que crecen sin la atención y la
instrucción moral que necesitan. Algunos expertos creen que, debido al entorno que
les rodea, estos niños no desarrollan la capacidad de establecer vínculos afectivos,
por lo que les resulta más fácil acabar con la vida de otras personas, a menudo sin
ningún remordimiento.
Los grupos extremistas y las sectas
Los hechos indican que algunos grupos extremistas, así como algunas sectas, han
desempeñado un papel fundamental en la comisión de ciertos crímenes. Un chico
de raza negra de 19 años de Indiana (EE.UU.) apareció muerto en un lado de la
calle con un tiro en la cabeza. El muchacho acababa de salir de un centro comercial
y caminaba de regreso a su casa cuando un joven lo eligió al azar y le disparó. ¿Por
qué? Supuestamente porque quería ingresar en una organización que defendía la
supremacía blanca y deseaba ganarse el tatuaje de una tela de araña con el que
dicho grupo premiaba a quienes asesinaban a alguien de raza negra.
Tanto en el atentando con gas nervioso perpetrado en el metro de Tokio en 1995,
como en el suicidio colectivo de Jonestown (Guyana) y el fallecimiento de 69
adeptos de la Orden del Templo Solar (en Suiza, Canadá y Francia), se observa la
influencia de alguna secta. Estos ejemplos demuestran cuánto logran influir ciertos
grupos en la forma de pensar de algunas personas. De hecho, líderes carismáticos
han inducido a la gente a hacer cosas “impensables” tentándolas con supuestas
recompensas.
La violencia y los medios de comunicación
Según algunos observadores, hay indicios de que varios medios de comunicación
modernos fomentan la conducta agresiva. Estos sostienen que contemplar
constantemente las escenas violentas que aparecen en la televisión, las películas,
los videojuegos e Internet insensibiliza la conciencia e induce a cometer delitos
violentos. El doctor Daniel Borenstein, presidente de la Asociación Americana de
Psiquiatría, señaló: “Ahora mismo existen más de mil estudios, respaldados por más
de treinta años de investigación, que demuestran que hay una relación causal entre
las violentas imágenes que emiten los medios de comunicación y el comportamiento
agresivo de algunos niños”. Delante de un comité del Senado de Estados Unidos,
el doctor Borenstein testificó: “Estamos convencidos de que la repetida exposición
al entretenimiento violento en todas sus formas tiene significativas repercusiones en
la salud pública” (véase el recuadro titulado “Los videojuegos violentos: el punto de
vista de un médico”).
A menudo se citan ejemplos para demostrar la veracidad de tales afirmaciones. En
el juicio del hombre que mató a sangre fría a la pareja que contemplaba la salida
del Sol en la playa —suceso al que aludimos en el artículo anterior—, los abogados
de la acusación presentaron pruebas de que el asesino se había inspirado en una
película violenta que solía ver vez tras vez. Y en el caso del tiroteo escolar en el que
perecieron quince personas, incluidos los autores de la tragedia, se dijo que estos
últimos pasaban muchas horas todos los días jugando con videojuegos violentos,
además de ver reiteradamente películas que exaltaban la violencia y el asesinato.
Las drogas
En Estados Unidos, el número de homicidios cometidos por adolescentes se triplicó
en un período de ocho años. Según las autoridades, ¿a qué se debe dicho
aumento? Entre otras razones, a las pandillas, en especial a las que trafican con
crack. De los más de quinientos asesinatos perpetrados recientemente en Los
Ángeles (California), “la policía atribuye el 75% de ellos a las pandillas”.
Un informe publicado por la citada academia del FBI señala: “Las drogas están
implicadas en una exorbitante cantidad de homicidios”. Algunas personas cuyo
raciocinio está afectado por el consumo de estupefacientes cometen asesinatos
bajo los efectos de estas sustancias. Por otro lado, los traficantes protegen su
negocio utilizando la violencia. Así pues, es obvio que las drogas constituyen una
importante razón por la que la gente comete crímenes horrendos.
La fácil obtención de armas destructivas
Como se mencionó en el artículo anterior, un solo hombre armado provocó en
Tasmania (Australia) la muerte de 35 personas y dejó heridas a diecinueve. El
asesino empuñaba armas semiautomáticas de estilo militar, razón por la que
muchos concluyen que el aumento de los delitos violentos se debe también a la
facilidad con que se obtienen este tipo de aparatos.
Según cierto informe, en 1995 hubo en Japón tan solo 32 muertes por armas de
fuego, relacionadas en su mayoría con ajustes de cuentas entre mafiosos. En
cambio, en Estados Unidos se produjeron más de quince mil asesinatos con esta
clase de armas. ¿A qué se debe la diferencia? A juicio de algunos especialistas, a
que en Japón existen leyes estrictas que regulan la tenencia de armas.
La incapacidad de afrontar los problemas
Al escuchar la noticia de un cruel asesinato, algunas personas quizá reaccionen
diciendo: “¡El que lo hizo debe de estar loco!”. Sin embargo, no todos los individuos
que comenten tales actos están trastornados, aunque muchos sí tienen problemas
para afrontar las presiones de la vida. De ahí que los expertos apunten que la
conducta violenta también puede deberse a ciertos defectos de la personalidad del
agresor. Entre estos se cuentan los siguientes: las deficiencias de aprendizaje; la
dificultad para relacionarse con los demás; los trastornos psicológicos debido al
maltrato físico o el abuso sexual; las tendencias antisociales; la aversión a un
determinado sector de la sociedad, como por ejemplo, las mujeres; la falta de
remordimiento, y el deseo de manipular a otros.
Algunas personas llegan a abrumarse tanto por su problema, sea cual sea, que su
mente se altera y se comportan de forma extraña. Este fue el caso de una enfermera
que tenía un ansia patológica de llamar la atención. Para saciar tal ansia, inyectaba
un relajante muscular a los niños pequeños a fin de provocarles un paro respiratorio.
Entonces disfrutaba de la atención que se le brindaba cuando los “salvaba”.
Lamentablemente, no siempre logró que los niños volvieran a respirar, de modo que
fue condenada por asesinato.
Como hemos visto, existen varios factores que pueden inducir a la gente a cometer
delitos violentos. No obstante, la lista quedaría incompleta si no mencionamos otra
importante razón.

Violencia institucional como freno a la violencia intersubjetiva


Es la forma humillante de violentar los derechos humanos, con acciones y distintos
motivos que con el tiempo se han ido incrementando en diferentes lugares y
circunstancias, como en diferentes tiempos de vida del ser humano, donde se
manifestaba la violencia por el color de piel, la nacionalidad o lugar de nacimiento,
el estado social, como el factor monetario, la calidad de vida, la ropa o hasta la forma
de alimentarse, el género y la indicación sexual, entre otros factores dando a
entender que el individuo, seres humanos, personas independientes, no son dignos
de iguales condición.
La violencia institucional es un concepto que amplía y define cualquier uso indebido
de poder o fuerza como la discriminación llegando a causar hasta la pérdida de la
vida, ya sea por medio del asesinato o la tortura física como la psicóloga, el
aislamiento, esto incluye la detención por parte de algún ente judicial o institución
de funciones públicas, es decir, que funcionarios pueden llegar a violentar los
derechos humanos, usando la fuerza corporal, con armas mediante el apoyo de la
ley como fuerza de seguridad, son actos violentos que pueden hacerse
individualmente como colectivo, haciéndolo rutinario de manera ilegal, así sea de
manera intencional.
Los servidores de la ley pública o privada que están sujetos a la orden del gobierno
deben ser sancionados por la discriminación y que en cuyo caso impidan un goce
natural como tener derechos constitucionales como ciudadanos de una nación y
como seres humanos, impidiendo o negando los derechos políticos, de constitución,
de la atención para prevenir e investigar los diferentes tipos de violencia para llegar
a un futuro la erradicación de la misma.
En Buenos Aires, se nombró el 8 de Mayo día internacional contra la violencia
institucional en el año 2013 y fue incluido en el calendario escolar para así
conmemorar las diferentes violaciones de gravedad contra los derechos humanos,
como el suceso conocido como la masacre de Budge, donde tres jóvenes perdieron
la vida a manos de las fuerzas policiales de Bonaerense, donde se le dio a conocer
esta forma de actuar de los agentes de las fuerzas de seguridad policial como gatillo
fácil.

La violencia en nuestro país


La violencia, siendo por naturaleza un instrumento, puede considerarse racional
cuando sea efectiva en alcanzar el fin que pueda justificarla. Tomando en cuenta
que cuando actuamos nunca sabremos con certeza las eventuales consecuencias
de lo que estamos haciendo, la violencia puede ser racional solamente que persiga
objetivos a un corto término. La violencia no promueve causas, ni busca la historia
ni la revolución, pero puede, por cierto, servir para dramatizar agravios y llevarlos a
la atención pública; se requiere de la violencia, en algunas ocasiones, para que
pueda ser escuchada la voz de la moderación.
Y, la violencia, la contrario de lo que sus profetas tratan de decirnos, es un arma
mucho más efectiva para las reformas que lo que pudieran ser los revolucionarios
(las vehementes denuncias que a menudo hacen los marxistas de la violencia no
nacen de motivos humanos, sino de su conciencia política que siempre han tenido
de que las revoluciones no son el resultado de una acción violenta o una
conspiración). México nunca hubiera tenido las profundas reformas políticas, desde
1917, sin el movimiento estudiantil de 1968 y el levantamiento de Chiapas en la
época de Carlos Salinas.
No obstante, el peligro de la práctica de la violencia, aún cuando se oriente
conscientemente buscando logros a corto plazo, siempre resultará que los medios
habrán de apabullar el fin que se pretenda. Si los éxitos no se logran rápidamente,
el resultado no sólo será una derrota sino la introducción de la práctica de la
violencia en todo el cuerpo político. La acción será irreversible y el regreso al estado
en que se encontraban las cosas en caso de una derrota es siempre improbable. La
práctica de la violencia, como en toda acción, cambiará el mundo, pero lo más
probable es que el cambio tenga como resultado un mundo más violento.
Entre más grande sea la burocratización de la vida pública, mayor será la atracción
a la violencia, porque en una burocracia muy desarrollada no queda nadie con quien
se pueda argumentar o ante quien se puedan presentar los agravios o a quienes las
presiones de los poderes puedan advertir lo que eso significa y tomar de ello
consejos. La burocracia es la forma de gobierno en que a todos se les priva de
libertad política, o del poder para actuar; porque la regla que rige ante nadie es que
no hay reglas, y cuando todos están igualmente sin poderes tenemos una tiranía sin
que exista un tirano. La característica esencial de las rebeliones estudiantiles es la
de que están dirigidas contra la burocracia dominante. Esto explica lo que a primera
vista parece tan perturbador. Las grandes maquinarias de los partidos han tenido
éxito para negar la voz a los ciudadanos, no obstante que en nuestro país la libertad
de expresión y de asociación están establecidas en la Constitución.
Lo que hace al hombre un ser político es la facultad de actuar. Le permite unirse
con sus iguales para actuar en concierto y lograr los fines y proyectos que nunca
ante habían tenido, para embarcarse en algo nuevo.
Todas las propiedades de la creatividad adscritas a la vida en manifestaciones de
violencia y poder pertenecen a la facultad de acción. Y, pienso, puede fácilmente
demostrarse que ninguna otra habilidad humana ha sufrido tanto por el progreso de
la actualidad.
El progreso —tal como ahora lo entendemos— significa crecimiento, el proceso
continuo de uno más y más de más grande y más grande. Un país es más grande,
es mayor, si crece en población, en objetivos, en posesiones; esta grandeza, en
esos términos, necesitará una administración y con ella el poder anónimo de los
administradores. Necesitamos una democracia participativa de los ciudadanos, esto
podría ser para México un nuevo ejemplo, si no, vamos a ser una civilización de
primates, de changos.
Este nuevo ejemplo que pedimos difícilmente podría ser puesto en práctica con la
violencia; creo que en gran parte la glorificación que se hace en México a la
democracia se debe a la severa frustración de la facultad de acción. Es una verdad
que los movimientos estudiantiles como el Yo Soy 133 hacen pensar y sentir a las
personas que están actuando de común acuerdo de una manera en que difícilmente
pueden hacerlo. No sé si estas cosas son el inicio de algo nuevo, del nuevo ejemplo
o los dolores agudos de la facultad de la humanidad que está en camino de perder.
Como están las cosas en este momento en que vemos a los superpoderes
pasmados bajo el monstruoso peso de sus negocios y empresas multinacionales,
pudiera parecer, pensamos, que el nuevo ejemplo tendría oportunidad de
levantarse, si acaso, en un país con tantas carencias como México, o tal vez en
sectores bien definidos en grupos sociales de los grandes países.
Para los procesos de desintegración, puestos de manifiesto en los años recientes,
vemos como están decayendo en México los servicios públicos, las escuelas y la
policía, el servicio de correos del país y el sistema de transporte sobresaturado, las
muertes del crimen organizado y los accidentes en las carreteras y los graves
problemas de tráfico en las ciudades, todo lo que concierne a los servicios masivos
que trata de prestar el gobierno a la sociedad. La enormidad está afectada por la
vulnerabilidad, y si no podemos saber con certeza cuándo y dónde vendrá el punto
de quiebre, podemos observar, hasta el punto de medirlo, cómo la fuerza y
capacidad de recuperación se está destruyendo, goteando si se quiere gota a gota,
de nuestras instituciones políticas que se supone están para servir las necesidades
políticas de nuestra sociedad, hacer posible un gobierno representativo con una
verdadera democracia, sin embargo, realmente no lo hacen porque no hay lugar
para que todos puedan participar, no caben todos.
De nuevo, no podemos saber a dónde llevarán a México estos acontecimientos,
pero podemos ver las roturas en la estructura de poder que se están abriendo y
ampliando. Y sabemos —o debemos saber— que toda disminución del poder es
una invitación abierta a la violencia, porque sólo aquéllos que tienen el poder y ven
que se les va de las manos siempre encontrarán difícil resistir la tentación de
sustituir la violencia por ese poder.