Вы находитесь на странице: 1из 2

Chassin, Joelle.

“El rol de los alcaldes de indios en las insurrecciones andinas (Perú en el siglo
XIX). Boletín del Instituto Francés de Estudios Andinos. No. 37:1(2006)
Los curacas fueron reemplazados con los alcaldes de indios como intermediarios entre los
indígenas y el Estado. Este texto versa sobre estos representantes del poder, cuyo papel es
observado durante la insurrección de Huánuco, en la cual son convocados en nombre del “Rey
Inca”, memoria que es incitada por los criollos para inducir a la lucha.
El cabildo indígena estaba compuesto de dos alcaldes ordinarios y dos o cuatro regidores
elegidos cada año. Con las reformas borbónicas la responsabilidad fundamental de cobrar los
tributos fue transferida a estos alcaldes, lo que tendió a fortalecer su autoridad frente al curaca.
Así, el poder político formal se desplazó al cabildo progresivamente hasta que en 1808 el virrey
Abascal prohibió la actividad de cobro de tributos por parte de otros actores.
En Huánuco, región de frontera y con una población polarizada entre criollos e indígenas, en
tiempos de carnaval en 1812 se desató la insurrección. Esta constituyó una Junta compuesta por
criollos y algunos miembros del clero, que invitaron a los habitantes a formar un ejército y
enviaron delegados para convencer a los pueblos de pasar a su bando. La insurrección se
radicalizó y los alcaldes indios fueron convocados en nombre del “Rey Inca”, el rey Castel que
no era otro que Juan José Castelli, portavoz de la primera junta de Buenos Aires. Fue claramente
una insurrección discordante de pueblos indios conducidos por sus alcaldes, que esperaban a
un inca, quien era un porteño jacobino, liderados por criollos y una línea de clérigos que
predicaban la rebelión.
Los dirigentes utilizaron los pasquines como medio para extender la rebelión, sobre todo los
religiosos, quienes los escribían en quechua y en español e incluso llegaron a leerlo frente a los
comuneros. La rebelión se puso en marcha con la acción de los criollos que convocaron a las
comunidades para obtener tropas. En este proceso, religiosos como fray Marcos Durán Martel
convencieron a las autoridades indias a entrar a la rebelión circulando bandos y cartas de
convocatoria con un lenguaje de hermandad entre criollos e indios.
Asimismo, fue importante el mito y el rumor. La fuerza de la palabra que era mal interpretada,
modificada y yuxtapuesta, dando la imagen de un Rey Castel que no existía, pues al tiempo que
este había sido derrotado en Charcas, enviado a juicio por la Junta y, finalmente, fallecido el
mismo año, aparecía redactando bandos, prometiendo liberar a los indios de los crímenes
cometidos por los chapetones, anunciado la renuncia del Rey de España o su muerte,
exhortando a la práctica de las danzas tradicionales, entre otras cosas. Castelli era el justiciero y
combatiente, el nuevo rey de sangre inca: un “horizonte de espera”.
Los indios recuerdan los agravios que les han hecho los chapetones y realizan represalias como
el saqueo de propiedades porque “ya era otro tiempo”, uno en que serían gobernados por una
autoridad propia o elegida (“el Rey Castel”) y no serían más una multitud que fácilmente es
engañada por los criollos, sino una que expresa su posición contra la autoridad ilegítima. A pesar
del tono general, hubo quienes titubearon motivados por el alto riesgo de la decisión. La
cohesión de la comunidad alrededor de los alcaldes dio lugar a pequeñas unidades de milicias
que participaron en la rebelión y también en ajustes de cuentas entre las propias. No todas las
comunidades aceptaron la insurrección, algunos alcaldes enviaron a sus mensajeros por noticias
y avisaron al subdelegado, otros tuvieron que ser forzados a participar mediante cartas y
violencia, sobretodo en el sur y el noroeste de Huánuco.
Con el tiempo la rebelión fue radicalizándose, en especial luego de la derrota en Huánuco,
momento en que los criollos perdieron el control de la misma. Los alcaldes fueron juzgados
posteriormente por la destrucción de iglesias, sacrilegios, derrumbe de imágenes de santos,
antropofagia y hasta por la realización de una ofrenda humana propiciatoria1. Sin embargo, al
mismo tiempo, algunos alcaldes también intentaron controlar los desmanes e incluso se
presentaron ante los responsables criollos para retirar a sus pueblos de la insurrección, decían
asimismo haber protegido iglesias y edificios públicos asumiendo el papel que de ellos se
esperaba.
De esta forma, se puede observar durante la insurrección de Huánuco que los alcaldes indios
pueden organizar rebeliones como protagonistas de la lucha por el poder local, pero tienen una
debilidad inherente al hecho de representar unos intereses particulares en la comunidad a la
que pertenecen, lo cual lleva a enfrentamientos internos. Intentaron protegerse de los
acontecimientos tanto como sacarles partido, pero no escaparon a la obligación de cumplir
ciertos roles. Asimismo, fue importante la apropiación de un título inca por un jefe criollo como
resorte simbólico para movilizar a los indígenas.
Preguntas:
1. ¿En qué medida los alcaldes indios constituyen una diferencia en cuanto a los
intereses que representan dentro de la comunidad? ¿Cuánto difieren de los caciques al
respecto de sus intereses particulares internos?
2. ¿Qué tan importante es el factor mesiánico como canalizador de críticas y acciones en
contra de la autoridad y el orden establecido?

1
Un especial caso puesto que la víctima en cuestión fue una mujer llamada María Bartola que aconsejó
al alcalde, su yerno, de no rebelarse contra los europeos, situación por la cual se cambió de alcalde y se
decidió matarla.

Похожие интересы