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Egocentrismo y Gracia

Cuando uno es niño o adolescente resuenan los sermones de los padres, al pasar el
tiempo se le da sentido a ese amor que dicen tenernos, Dios obra de la misma forma, pero
supone nuestra humildad para darnos cuenta, y aquello lo vuelve un tanto complejo, porque
muy pocos aceptan que Dios conduce nuestras vidas, en función de su gracia, su amor, su
bondad y su voluntad.
Puesto que aquello se contrapone a nuestro ego propio, el cual tiende a culparlo
cuando ocurren dolores o sufrimientos, porque de forma análoga, yo puedo agradecerles el
sermón a mis padres o enrostrarle mis logros y sus errores, lo mismo ocurre con Dios. Quien
agradece, está en gracia, y Dios lo bendice más aún, porque el árbol que da fruto, se poda
para que pueda dar más fruto, en cambio el que se enaltece por sus logros y le enrostra a Dios
las cosas, cae en una peligrosa soledad, fruto de su propia soberbia, pues ante aquello suelen
venir más cosas negativas, dado que Dios es Padre y te quiere enseñar, “Dios no quiere el
mal (sufrimiento), pero lo permite porque sabe que es una consecuencia inevitable de la
creación” (pp.97).1 pero el germen de rebeldía ya nos nubla cada vez más, por tanto la lejanía
se acrecienta, perdiendo la gracia.
Dios es pura Gracia y el Ser Humano es puro Ego, cuando aquello se equilibra, hay
estabilidad en cambio cuando aquello está desparejo, para un lado o para el otro; hay
conflictos internos que tienden a inquietar, por eso la rebeldía indiferente y total de algunos,
o también los años de vacío de Teresa de Calcuta, porque como dice San Pablo, "ya no soy
yo, es Cristo quien vive en mi" (Gal 2,20) pero aquello es fruto de una opción libre, y vaya a
saber uno, quien puede comprender, vivir y transmitir eso; puesto que es lo que vivió el
mismo Cristo.
Cuando vemos a Cristo en la cruz podemos ver, y hasta sentir cual es el “camino, la
verdad y vida” (Jn 14,6) de un cristiano, por lo que el sufrimiento forma parte del camino de
aquel que forma parte de la iglesia de Cristo. Así recordando el hermoso pasaje bíblico
“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único” (Jn 3,16). Podemos tener en cuenta
que todo lo que pasamos en nuestra vida, es un camino, que, si lo caminamos junto a Cristo,
el sufrimiento se transformará en amor, en un amor puro y lleno gracia.

1
González-Carvajal, L. (1989) Esta es nuestra fe, Teología para universitarios. Colección Pastoral. 13ª edición.
Editorial SAL TERRAE, Santander

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