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Introducción

La cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos


distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a
una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los
modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de
valores, las tradiciones y las creencias y que la cultura da al hombre la capacidad
de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres
específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A
través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el
hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto
inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente
nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

La importancia de la cultura radica en el hecho de que cada uno de nosotros se


siente representado por un grupo de tradiciones, elementos, formas de
pensamiento, formas de actuar que son parte de la sociedad o del grupo social en
el cual desarrollamos nuestra vida cotidiana y que nos dan una idea de
pertenencia. De este modo, es muy difícil que alguien de nacionalidad alemana se
sienta parte de la cultura india porque las representaciones culturales de cada
sociedad son muy distintas y tienen que ver con las especificidades del lugar, del
ambiente, del momento, del grupo social, etc.
Conclusión

La existencia de culturas diferentes ha existido siempre. Esto no es nuevo. Pero


ha sido relativamente llevadero hasta ahora porque los distintos ámbitos culturales
se mantenían relativamente estancos los unos respecto de los otros y nunca se
habían visto en un contacto tan inmediato como ahora. En el pasado las tensiones
interculturales solo aparecían en los lindes que separaban las grandes áreas
culturales.

Los historiadores y los antropólogos conocen bien las tensiones y los conflictos
que han surgido siempre en las zonas limítrofes entre áreas regidas por culturas
distintas. Y saben también que la magnitud de esas tensiones depende en gran
medida de las diferencias entre las culturas de los vecinos. Cuanto más diferentes
esas culturas, mayor probabilidad de tensión, conflicto o guerra.

El hecho nuevo ahora es que el mundo se está interconectando a gran velocidad.


Cada día millones de personas entran en relación con otros tantos millones que
viven con arreglo a prescripciones culturales distintas, en lugares remotos. Cada
área cultural recibe a diario y a gran escala los efluvios y las peculiaridades de
otras culturas diferentes a la propia.

La globalización no es algo que únicamente tiene efectos sobre las economías.


Los tiene también sobre las culturas. Por esto, para que afloren tensiones
interculturales ya no es necesario que exista una proximidad geográfica porque
ahora tienen lugar con independencia de las distancias geográficas que separan a
los pueblos. En ningún otro momento de la historia había existido tanta diversidad
cultural, ni tampoco fricciones tan profundas, masivas e inmediatas con efectos
que ya no son locales sino globales.

El gran cambio del siglo XXI se fraguará como resultado de las transformaciones
económicas, tecnológicas y científicas pero sobre todo estará caracterizado
fundamentalmente por el hecho de que las distancias físicas se habrán
volatilizado, creando un nuevo escenario en el que deberán cohabitar cada vez
más estrechamente todas las culturas.