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El divorcio por causal de adulterio

El divorcio:
El divorcio es casi tan antigua como la institución del matrimonio. Con el divorcio
se obtiene la disolución definitiva del vínculo matrimonial declarada en sede
judicial, este puede ser interpuesta por cualquiera de los cónyuges. Mediante el
divorcio se pone fin a los deberes conyugales y a la sociedad de gananciales, si
fuese el caso; debemos tener claro que el estado civil que se obtiene con la
sentencia de divorcio es la de divorciado, más no la de soltero, quedando ambos
habilitados para un nuevo matrimonio civil, incluso con la misma persona de la
que se divorcia.
La palabra divorcio viene del latín divortium, y está compuesta por el prefijo di- o
dis-, que se refiere a la separación o discrepancia, y por la raíz verto, que significa
“dar vuelta” o “girar”.

Antecedentes históricos:
La institución del divorcio es casi tan antigua como la del matrimonio, si bien
muchas culturas no lo admitían por cuestiones religiosas, sociales o económicas.
La mayoría de las civilizaciones que regulaban la institución del matrimonio
nunca la consideraron indisoluble, y su ruptura generalmente era solicitada por
los hombres. Aunque en algunas de ellas, el nacimiento de un hijo le otorgaba al
vínculo el carácter de indisoluble.
Generalmente, el motivo más común de divorcio era el adulterio, aunque en
muchas sociedades antiguas también era motivo de muerte, como en la antigua
Babilonia, donde el divorcio podía ser pedido por cualquiera de los cónyuges,
pero el adulterio de las mujeres era penado con la muerte.
Los celtas practicaban la endogamia (matrimonio de personas de ascendencia
común o naturales de una pequeña localidad o comarca), excepto los nobles que
solían tener más de una esposa. Era habitual la práctica de contraer matrimonio
por un período establecido de tiempo, tras el cual los contrayentes eran libres,
pero también era habitual el divorcio.
En América, los Aztecas sólo podían tener una esposa y se la denominaba
Cihuatlantli, y sólo podía tener un número determinado de concubinas, sólo la
cantidad que pudiera mantener. En este contexto, no desconocían el divorcio,
pero debía lograrse por sentencia judicial, que los habilitaba para contraer
nuevamente matrimonio.
Los hombres hebreos, en cambio, podían repudiar a sus esposas sin necesidad
de argumentar la causa de tal actitud. También existía el divorcio por mutuo
disenso, pero las razones de las mujeres eran sometidas a un análisis más
riguroso que las del hombre.
También en la antigua Grecia existía el divorcio por mutuo disenso y la
repudiación, pero el hombre debía restituir la dote a la familia de la mujer en caso
de separación.
En Roma no se tenía el divorcio sino hasta el siglo II a. C. y tuvo similares
características que en Grecia, aunque las mujeres que eran ricas por herencia
de su padre y descontentas con sus esposos, solían abandonarlos y divorciarse
de ellos sin mayores inconvenientes.
En los inicios del cristianismo, el divorcio era admitido, pero con el tiempo la
iglesia lo fue prohibiendo. A partir del siglo X, eran los tribunales eclesiásticos
quienes tramitaban los divorcios, no sin grandes disputas de distintos sectores
de la iglesia cristiana. A partir del Concilio de Trento, en 1563, se impuso la teoría
del carácter indisoluble del vínculo, aunque se admitió la separación de cuerpos.
Sin embargo, la Reforma de Lutero, admitió el divorcio aunque únicamente en
casos muy graves. Esta reforma, incluso provocó que Inglaterra abrazara la
misma debido a que su rey, Enrique VIII deseaba divorciarse de su esposa,
Catalina, y la Iglesia de Roma no se lo permitía.
En España el Fuero Juzgo lo admitía en casos de sodomía del marido, inducción
a la prostitución de la mujer y adulterio de esta. Posteriormente Las Siete
Partidas lo prohibieron.
Italia en 1970 y España en 1981 fueron algunos de los últimos países europeos
en aprobarlo definitivamente.
En 1796, Francia incorporó la ruptura del vínculo matrimonial en la ley
promulgada el 20 de noviembre, que sirvió de antecedente a muchas de las
legislaciones vigentes.
El divorcio ha causado grandes polémicas en los países mayoritariamente
católicos, pues la Iglesia Católica no considera posible el divorcio de las
personas.

Antecedentes Legislativos en el Perú


El Código Civil Peruano de 1852:
No contemplaba el divorcio vincular como institución jurídica, aunque
nominalmente empleaba dicho término para definir luego lo que en efecto sería
la separación de cuerpos:
"Art. 191.- Divorcio es la separación de los casados, quedando subsistente el
vínculo matrimonial".
Era el art. 192 el que expresaba taxativamente las trece causales, por las cuales
podía obtenerse este divorcio-separación:
1. El adulterio de la mujer.
2. El concubinato, o la incontinencia pública del marido.
3. La sevicia o trato cruel.
4. Atentar uno de los cónyuges contra la vida del otro.
5. El odio capital de uno de ellos, manifestado por frecuentes riñas graves o
por graves injurias repetidas.
6. Los vicios incorregibles de juego o embriaguez, disipación o prodigalidad.
7. Negar el marido los alimentos a la mujer.
8. Negarse la mujer, sin graves y justas causas, a seguir a su marido.
9. Abandonar la casa común o negarse obstinadamente al desempeño de
las obligaciones conyugales.
10. La ausencia sin justa causa por más de cinco años.
11. La locura o furor permanente que haga peligrosa la cohabitación.
12. Una enfermedad crónica o contagiosa.
13. La condenación de uno de los cónyuges a pena infamante.

El Código Civil Peruano de 1984:


Nuestro Código Civil, mantiene la línea divorcista del Código precedente, no
introduce modificaciones sustanciales, algunos aspectos se han flexibilizado con
las modificaciones realizadas por la Comisión Revisora encargada de aprobar el
Proyecto del Código. Situación distinta es la planteada por las normas de
Derecho Internacional Privado sobre divorcio, cuyas innovaciones legales serán
motivo de comentario posterior.
Respecto a la receptividad de la institución por nuestro sistema jurídico, hemos
de mencionar que el Código Procesal Civil ha introducido modificaciones en el
procedimiento, que favorecen las acciones convencionales, las que actualmente
son más expeditivas. Por el contrario, las de causal específica se encuentran
sujetas al proceso de conocimiento, el más lato del sistema procesal, en
comparación con el anterior régimen que establecía las reglas del juicio de menor
cuantía para su trámite.
Parecería, por los cambios operados, que el sistema procura favorecer los casos
de disolución del matrimonio a través de la vía convencional, dificultándose aún
más el tradicional camino del divorcio sanción, consagrado desde antaño por la
legislación nacional.

Vías legales para acceder al divorcio en el Perú:


La primera de éstas es directa, mediante una demanda de divorcio absoluto,
para la cual debe invocarse cualquiera de las diez causales previstas en el art.
333 del Código Civil. Acreditada la causal, la sentencia disuelve de manera
inmediata y total el vínculo matrimonial.
La segunda, por Conversión, es a través de una previa demanda de separación
de cuerpos, la cual puede tener dos matices: Por cualquiera de las diez causales
antes referidas.

El Divorcio en el Código Civil


En relación a las acciones por causal, es el art. 333 del C.C. el que señala las
diez causales por las que en nuestro país, puede obtenerse el divorcio. Son las
siguientes:
Las diferencias en cuanto al régimen anterior, se hallan en el inc. 5" referido al
abandono injustificado (antes llamado malicioso) de la casa conyugal, en tanto
se admite que pueda ser no continuado, siempre que sumados los períodos de
apartamiento estos excedan los dos años. Una causal que se introduce por la
Comisión Revisora, incorpora expresamente en el inc. 9" a la homosexualidad
sobreviniente al matrimonio como motivo de divorcio, innovación que no
representa, como algunos han sostenido, una mayor apertura divorcista, por
cuanto, en la práctica, los Tribunales la consideraban incursa dentro de otra
causal, la conducta deshonrosa. El inciso ha variado su texto, distinguiendo
claramente, a diferencia del anterior, la condena a pena privativa de la libertad
mayor de dos años, por delito doloso excluyendo expresamente al delito culposo;
del mismo modo, la norma del art. 338 impide accionar por esta causal, cuando
el delito fue conocido por el otro cónyuge antes de contraer matrimonio.
Con referencia a la caducidad de la acción por divorcio, la legislación anterior
establecía plazos de prescripción, que en términos eran semejantes a los
actuales para las distintas causales, pero que requerían para su aplicación de la
invocación expresa de la parte interesada, en la medida que la prescripción era
susceptible de ser renunciada incluso tácitamente cuando había sido ya ganada,
por lo que muchas demandas de divorcio por causal, a pesar de haber
transcurrido el plazo de ley podían ser declaradas fundadas. Actualmente, la
caducidad plantea otras posibilidades, porque al fenecer no sólo la acción sino
también el derecho, es declarada por el juez de oficio o a petición de parte.
El art. 354 regula lo relativo al proceso de conversión de separación de cuerpos
a divorcio, estableciéndose que cualquiera de los cónyuges puede pedir se
declare la disolución del vínculo luego de transcurridos seis meses de la
declaración de separación convencional. Al haberse derogado el D.L. 310 que
establecía la consulta obligatoria de la separación de cuerpos y la modificatoria
expresa del art.354 del C.C., en la actualidad el cómputo del término legal se
realiza desde la notificación de la sentencia de primera instancia.
En relación a la separación por causal, se limita la solicitud de disolución al
cónyuge inocente, negándosela al culpable, prohibición expresa que no existía
antes y que, por una interpretación literal del texto del art. 276 del Código de
1936, se admitió algunas veces en la jurisprudencia que cualquiera de los
cónyuges, incluso aquél a quien le hubiera sido imputable la separación, podía,
vencido el plazo de ley, solicitar la conversión a divorcio.
Los arts. 356 al 359 establecen algunas reglas que deben observarse en este
tipo de procesos; el art. 360 señala que las disposiciones de la ley sobre divorcio
y separación de cuerpos se limitan al ámbito civil, dejando íntegros los deberes
que la religión impone.

Los Tipos de Divorcio


Un divorcio puede ser obtenido de dos formas:

• Divorcio por Mutuo Acuerdo, cuyo procedimiento se


condiciona a la decisión de ambos cónyuges de poner fin al vínculo matrimonial,
caso en el que se habrá de recurrir a las disposiciones contenidas en la Ley
29227. Un Divorcio por mutuo acuerdo siempre y cuando hayan transcurrido más
de dos años desde que se celebró el matrimonio. Adicionalmente se deberán
cumplir los siguientes requisitos:
• Que la pareja no tenga hijos menores de edad o mayores con incapacidad
al momento de presentar la solicitud de Divorcio. En caso de tenerlos, es
necesario que, de manera previa, se haya determinado el ejercicio de los
regímenes de patria potestad, alimentos, tenencia y visitas; ya sea por medio de
conciliación extrajudicial o por sentencia judicial firme.
• Que los cónyuges carezcan de bienes sujetos a Sociedad de
Gananciales; o si los hubiera, que exista escritura pública de Sustitución o
Liquidación del Régimen Patrimonial, inscrita en los registros públicos.
• De cumplir los requisitos señalados, se podrá recurrir ante alguna
municipalidad autorizada por el Ministerio de Justicia, o una Notaría; para que en
un plazo aproximado de tres meses, declare disuelto el Vínculo Matrimonial
Es la solicitud formal y escrita a través del cual ambos cónyuge solicitan al
Notario o al Alcalde o al Juez, se declare disuelto el vínculo matrimonial luego de
comprobada las exigencias de ley.
La solicitud de separación convencional y divorcio ulterior se presenta por
escrito, señalando nombre, documentos de identidad, último domicilio conyugal,
domicilio de cada uno de los cónyuges para las notificaciones pertinentes, con la
firma y huella digital de cada uno de ellos. El contenido de la solicitud deberá
expresar de manera indubitable la decisión de separarse.
A la solicitud deberá adjuntarse los siguientes documentos:
• Copias simples y legibles de los DNI de ambos cónyuges; Copia certificada
del Acto a de la Partida de Matrimonio, expedida dentro de los tres (03) meses
anteriores a la fecha de presentación de la solicitud.
• Declaración jurada con firma y huella digital de cada uno de los cónyuges
de no tener hijos menores de edad o mayores con incapacidad.
• Copia certificada del Acta o de la Partida de Nacimiento, expedida dentro
de los tres (03) meses anteriores a la fecha de presentación de la solicitud, de
los hijos menores o hijos mayores con incapacidad, si los hubiera.
• Copia certificada de la sentencia judicial firme o del acta de conciliación
respecto de los regímenes del ejercicio de la patria potestad, alimentos, tenencia,
y de visitas de los hijos menores o hijos mayores con incapacidad; si los hubiera.
• Copia certificada de la sentencia judicial firme o del acta de conciliación
respecto de los regímenes del ejercicio de la curatela, alimentos y visitas de los
hijos mayores con incapacidad, si los hubiera.
• Copias certificadas de las sentencias judiciales firmes que declaran la
interdicción del hijo mayor con incapacidad y que nombran a su curador.
• Testimonio de la Escritura Pública inscrita en los Registros Públicos; de
separación de patrimonios; o declaración jurada, con firma e impresión de la
huella digital de cada uno de los cónyuges, de carecer de bienes sujetos al
régimen de sociedad de gananciales.
• Testimonio de la Escritura Pública inscrita en los Registros Públicos de
sustitución o liquidación del régimen patrimonial, si fuera el caso.
• Declaración jurada del último domicilio conyugal, de ser el caso, suscrita
obligatoriamente por ambos cónyuges.

• Divorcio por Causal, en el que, al no existir acuerdo de los


cónyuges, uno de ellos deberá invocarlo por vía judicial aduciendo una de las
causales previstas en el Artículo 333° del Código Civil. Dependerá de las
circunstancias de cada caso, la elección por una de las dos vías que ofrece el
ordenamiento jurídico peruano para la tramitación del Divorcio. Ello no solo
determinará los plazos, sino también los costos, costas y demás atingencias que
rodean un procedimiento.
En el caso de tramitar el Divorcio por Causal, este se tramita solo a través de la
vía Judicial y se deberá peticionar al Juez competente para que en su momento,
declare Disuelto el Vínculo Matrimonial en razón de haber sido probada la causal
invocada como justificante del divorcio. Teniendo en cuenta que la demanda de
Divorcio por Causal se tramita como un Proceso de Conocimiento, el trámite
tarda un aproximado de dos años en resolverse.
Es la solicitud que hace solo de los cónyuge al Juez para declare la disolución
del vínculo matrimonial si se ha comprobado en juicio la existencia de una causa
establecida en la ley que autoriza el divorcio.

Adulterio:
Etimológicamente la voz adulterio deriva del latín ad alterius thorum ire que
significa andar en lecho ajeno. A decir de los hermanos Mazeaud, éste constituye
la violación de una obligación esencial del matrimonio: la fidelidad. Sin embargo,
no cualquier acto de infidelidad podrá configurarlo. Nuestros Tribunales exigen
para su tipificación "el acceso carnal que uno de los cónyuges mantiene con
tercera persona" (Ej. Supr. Del 14 de junio de 1982)

Por ejemplo el marido puedo invocar la infidelidad como causal de divorcio y no


cuestionar la filiación del menor ya que quiere al menor como si fuera su hijo. El
accionar del cónyuge es facultativo por lo tanto el hijo que nació durante el
matrimonio continuará amparado por la presunción legal.
En consecuencia, hay que distinguir entre lo que sería la falta a los deberes de
fidelidad que puede dar lugar a demandar el divorcio por la causal de adulterio y
por otro lado lo referente a los alcances de la presunción de paternidad.

El adulterio como acto consumado:

Se trata de la realización del acto sexual con persona distinta al cónyuge, soltera
o casada, pero siempre del sexo opuesto, en razón de que la ley nacional
sanciona como causal distinta al homosexualismo. De la misma manera,
quedarán excluidos otros tratos sexuales de carácter patológico como la
necrofilia, la zoofilia o bestialismo, etc. En otros sistemas, es el caso del francés,
este tipo de comportamiento ha sido considerado dentro de la causal de injuria
grave, mas nuestra doctrina lo incorpora a otra, la conducta deshonrosa.

La necesidad del elemento objetivo que representa la cópula sexual entre el


cónyuge culpable y el otro sujeto, hace que no pueda calificarse como adulterio
su tentativa, los contactos sexuales que no hayan llegado a ello, u otro tipo de
intimidades; tampoco lo serán los actos de ligereza o mala conducta
exteriorizados socialmente, que no revelen la existencia de una relación sexual.

Puede sostenerse, entonces, que no toda violación de la obligación de fidelidad


conyugal da lugar a esta causal, ni siquiera cualquier tipo de relación sexual
extramatrimonial, ya que como se ha referido las de carácter patológico están
excluidas, sólo el acto sexual, libremente practicado por el cónyuge infractor con
persona de diferente sexo, puede ser considerado adulterio.

La intencionalidad en el adulterio:
En el agente debe existir la voluntad consciente y deliberada de violar el deber
de fidelidad, de tal manera que el acto cometido por un demente o por alguien
que sufre profundos trastornos de su conciencia, por efectos de drogas o del
alcohol, no permite que tenga lugar. La voluntad no puede estar viciada al tiempo
de la consumación del acto, por lo que la violación que pueda sufrir la cónyuge
no podrá ser considerada adulterio, tampoco si ha existido coacción por parte
del otro cónyuge.

Es sólo en la concurrencia de ambos elementos, de naturaleza objetiva uno


(cópula sexual) y subjetiva el otro (intencionalidad), que puede configurarse el
adulterio.

Solo existe adulterio cuando se encuentra vigente el matrimonio; el acto sexual


anterior no es falta ante el otro cónyuge, en la medida que aún no existe el deber
legal de fidelidad que se establece con el matrimonio.

Igualdad de los cónyuges ante el adulterio:


El adulterio es una de las faltas conyugales más graves que puede cometerse
durante el matrimonio, siendo sumamente reprochable su comisión por
cualquiera de los consortes.
Colin y Capitant nos dirán: "Es evidente que la mujer no es menos ultrajada que
el marido por la traición de aquél que le ha prometido fidelidad"

Asimismo, Mazeaud expresa: "En la esfera moral, la falta del hombre es tan
grave como la de la mujer; por tanto, debe ser sancionada con igual severidad".

La prueba del adulterio y los alcances de la presunción


legal de paternidad:
En el adulterio, la falta cometida por la mujer genera riesgos de contenido jurídico
distintos a los del varón, ya que si como resultado de sus relaciones adulterinas
la cónyuge quedara embarazada, la ley presume que el hijo nacido durante el
matrimonio, tiene como padre al marido (Presunción pater is est quem nuptiae
demonstrant) como lo establece el art. 361 del C.C.

Al respecto notables cambios serán los que produzcan la modificación del


artículo 363" del Código Civil realizada por la Ley N" 27048, publicada el 6 de
enero de 1999; que autoriza también en los casos de negación de paternidad
matrimonial la admisión de la prueba biológica, genética u otras de validez
científica con igual o mayor grado de certeza; añadiéndose la evidencia biológica
como una causal de contestación de paternidad.

Casos en que no procede la acción de divorcio por


adulterio

Nuestra ley impide expresamente al cónyuge que provoco, consintió o perdono


el adulterio iniciar la acción por esta causal; lo que también ocurre cuando el
ofendido cohabita con el infractor luego de haber conocido de la infidelidad que
había sufrido.
La falta conyugal puede ser dispensada en cualquier momento, incluso luego de
interpuesta la demanda, en tal caso el actor se encuentra imposibilitado de
continuar el proceso.

Los autores Juliana Sarmiento y Eusebio Carbo en relación al adulterio


provocado, señalando: "No puede solicitar el divorcio con base en esta causal,
el cónyuge que haya facilitado la realización de los hechos que la constituyen”.

Se provoca el adulterio si uno de los cónyuges, de manera consciente, coloca al


otro en circunstancias propicias para su comisión.

No hay derecho a solicitar el divorcio, si cualquiera de los cónyuges, por ejemplo,


contrata a un tercero con el propósito de que seduzca al otro, haciéndolo caer
en la infidelidad para pedir el divorcio, o cuando uno de los esposos induce al
otro al comercio carnal, con el fin de lograr algún beneficio de carácter económico,
Social o político"

El adulterio consentido
Razones de orden ético, hacen que la ley prohíba a los cónyuges invocar un
hecho propio como causal de divorcio, similar preocupación se revela cuando al
cónyuge que consintió, provoco o perdono el adulterio de su consorte se le
impide fundar su acción en esos hechos. Así, se comprende que es el agravio
generado en el inocente por la comisión de la falta conyugal, el que torna
insoportable la vida en común, siendo ello lo que subjetivamente amerita el
divorcio o la separación; sin cuyo elemento la demanda resulta improcedente.

Es necesario distinguir los conceptos de consentimiento y perdón del adulterio.

El art. 336 del C.C. prevé ambos pero como dos supuestos distintos, que si bien
tienen el efecto común de impedir iniciar o proseguir la acción, poseen a su vez,
al menos a nivel teórico, caracteres propios. El consentimiento supone la
aquiescencia del cónyuge en la ilicitud de la conducta del otro, en esa medida es
coetáneo al desarrollo de la falta conyugal. En tanto que el perdón se constituye
por un acto de declaración de voluntad posterior, que retroactivamente dispensa
las faltas conocidas hasta ese momento.

La acción en el presente caso no prospero por declararse fundada la excepción


y prescripción. No obstante cabe precisar que el adulterio consentido, provocado
o perdonado, previstos en el art. 336 del C.C, no están sujetos a los plazos que
establece el art. 339, por cuanto sin necesidad de que medie termino de
caducidad alguno, aquellos hechos se hallan impedidos expresamente por la ley
de ser fundamento de una acción de divorcio, que de existir y ser acreditados en
el proceso han de conducir a que se declare improcedente la demanda, en el
caso de autos, la demandada invoco en su defensa la prescripción y no el otro
argumento, el fallo se amparó en ella a efectos de evitar que prospere un divorcio
ilegitimo.

El perdón y la reconciliación
El perdón supone un acto unilateral, por el cual el cónyuge agraviado renuncia
al derecho de invocar culpas que ha dispensado. La reconciliación en cambio
implica una concurrencia de voluntades, la del inocente que perdona, y la del
culpable que acepta ese perdón, con el fin de reanudar la vida en común, en ese
sentido es bilateral. De ahí que la reconciliación incorpore siempre al perdón,
mientras que este no necesariamente esta seguido del primero.

En cuanto a los efectos, el perdón solo dispensa aquellos hechos que fueron
materia de él, mientras que la reconciliación borra toda falta producida y conocida
hasta ese momento, en tanto es la expresión de una voluntad común que desea
reanudar la vida conyugal, por lo que, habrán de entenderse superadas las
dificultades que existieron.

La Corte Suprema ha considerado que la procreación del menor implica un acto


de reconciliación y, por lo tanto, con el han sido dispensadas todas las faltas
anteriores a ella.
La reanudación de la vida en común, rebasa los alcances de un simple perdón;
la reconciliación se ha hecho manifiesta mediante la procreación, ya que como
señala Planiol "generalmente el nacimiento de un hijo legítimo, hace presumir la
reconciliación con tal que la fecha de concepción sea posterior al momento en
que fueron conocidos los agravios por el cónyuge"

Caducidad de la acción
El actual Código, a diferencia del anterior, no establece términos de prescripción
sino de caducidad de la acción por divorcio. El art. 339 señala para el caso de
adulterio dos plazos:

1. Seis meses de conocida la causa por el ofendido.


2. En todo caso, cinco años de producida esta.

El plazo vence a los seis meses de conocida la causa por el cónyuge ofendido y
en todo caso cinco años de conocida ésta, art. 339 del Código Civil Peruano.
En este caso el cónyuge ofendido tiene sólo seis meses para interponer la
demanda de divorcio por adulterio o infidelidad. Después de este plazo prescribe
la acción.

Sin embargo, aquí hay que tener en cuenta algo muy importante, si se trata de
un adulterio continuado, por ejemplo, si la cónyuge culpable comete infidelidad
en distintos períodos y con diferentes hombres. En este caso la acción caduca
cuando se termina la última relación.
Con referencia a los cinco años de conocida ésta, ponemos un ejemplo de
caducidad de la acción o plazo para interponer la demanda de divorcio por
adulterio.

La demandante apareja a la demanda cuatro partidas de nacimiento de los hijos


extramatrimoniales de su esposo, 2005, 2013, 2014 y 2015. En este caso no se
produciría la caducidad a los cinco años de haber nacido el primer hijo, sino
producido el nacimiento del último hijo, art. 339 del Código Civil Peruano.
Mientras que no se compruebe que se ha puesto fin a las relaciones adulterinas
no cesa la prescripción.

La causal de adulterio no es en sí la inscripción de los menores en el Registro


Civil sino las relaciones extramatrimoniales del cónyuge infiel.

¿EN EL DIVORCIO POR ADULTERIO SE PUEDE INDEMNIZAR


AL CÓNYUGE INOCENTE O AFECTADO?
Sí, en este caso se trata de un daño moral causado al cónyuge inocente.
Por ejemplo: se está casado hace 15 años, el padre o la madre se ha quedado
al cuidado de los hijos, ha tenido que postergar su vida profesional por el cuidado
de la familia, y ahora el esposo o la esposa lo deja por estar con otra persona.

Tanto la falta del hombre o de la mujer a los deberes de fidelidad en el matrimonio,


debería ser sancionada por igual, salvo que haya perdón, lo que es una decisión
muy personal. Todos podemos equivocarnos o confundirnos, sin embargo,
tendremos que hacernos cargo de las consecuencias de nuestros actos.
Bibliografía
- Código Civil Peruano
- Libro Divorcio y Jurisprudencia en el Perú, de Carmen Julia Cabello.
Segunda edición 1999, CAPITULO I, EL DIVORCIO EN LA
LEGISLACION NACIONAL, Antecedentes legislativos, Aspectos
generales del divorcio en el Código Civil de 1984, Vías legales para
acceder al divorcio en el Perú, El divorcio en el Código Civil, CAPITULO
II, CAUSALES DE DIVORCIO EN EL PERU, El adulterio, Definición, El
adulterio como acto consumado, La intencionalidad en el adulterio,
Igualdad de los cónyuges ante el adulterio, La prueba del adulterio y los
alcances de la presunción legal de paternidad, Casos en que no procede
la acción de divorcio por adulterio, El adulterio consentido, El perdón y la
reconciliación, Caducidad de la acción.