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La sociología frente a la vida colectiva.

Una presentación elemental de la sociología holista


Eduardo González Peña
Mariano Millán

1. Introducción

a) El enfoque holista

Para comprender las preocupaciones de la sociología holista quizás sea


preciso comenzar mirando fenómenos cotidianos con una lente distinta de la
habitual. Solemos sentir que cada una de las cosas que hacemos es elegida por
nosotros. Así decidimos, porque consideramos que nos gusta, usar determinadas
prendas de ropa, escuchar tal o cual música, comer ciertos alimentos, defender
una opinión política, etc. Pronto nos encontramos con que muchas otras personas
en nuestra sociedad escogen atuendos, melodías, comida e ideologías similares,
lo cual suele ser leído como una confirmación de nuestras apetencias ―si todos
optan por esto es porque es bueno‖.
Ante estas cuestiones el enfoque de la sociología holista hace una serie de
cuestionamientos que violentan en gran medida la consideración de nosotros
mismos como individuos libres, dejando por fuera de su campo de interés el hecho
de si se tratan de elecciones correctas o no, preguntándose: ¿a qué se debe que
tantos sujetos hayan elegido lo mismo? ¿Podemos atribuir tal coincidencia al
azar? ¿Y los cambios en las elecciones, esos que implican el vuelco en las
opiniones de miles y miles de personas, se producen porque casualmente todos
esos sujetos mudan sus opiniones casi al mismo tiempo? ¿Es una fatalidad del
destino o se ponen de acuerdo para hacer tal vuelco en sus inclinaciones? En todo
caso las preguntas más duras serían: ¿los individuos son quienes deciden? Si es
así: ¿en qué condiciones lo hacen? ¿Existen fuerzas ajenas a los individuos que
terminan sometiéndolos? ¿De dónde provienen?

1
Estas dudas presentadas por el pensamiento sociológico holista remiten a
una de las cuestiones fundamentales de las ciencias sociales: existe algo que va
más allá de los individuos, que es más grande y poderoso que ellos. Tal
fenómeno, por sus características empíricas, es plausible de ser conceptualizado
por la ciencia, la cual lo ha denominado ―sociedad‖.1
Para esta corriente sociológica pensar lo social exige colocarlo en un lugar
más alto y complejo que una mera suma de individuos. La convivencia de seres
humanos forja una totalidad con un orden propio, independiente respecto de las
voluntades de las personas que participan en él, envolviéndolas y haciéndolas
dependientes de tal colectividad.
En este sentido podemos ver que ―Dios‖, ―inmortalidad‖, ―libertad‖,
―humanidad‖, ―patria‖ o ―igualdad‖ son algunos conceptos que generan (o deberían
generar) en nosotros, los sujetos, cierto tipo de sentimientos y pensamientos. De
alguna forma nos gobiernan sin que lo advirtamos e incluso pueden crecer dentro
nuestro hasta convertirse en el punto de partida de sistemas de pensamiento o de
obras de arte, pero lo más interesante es que nunca dejan de ser pensamientos y
sentimientos que se nos imponen, como si fueran una herencia con el fascinante
poder de poseernos.2 Así, por ejemplo, cuando oímos el nombre de Dios
deberíamos experimentar temor y reverencia o cuando se habla de la figura de un
presidente o de un juez deberíamos sentir respeto. Es como si lo que tenemos que
pensar y sentir estuviera prescripto y trazado de antemano.
Ante ello tal vez alguno de nosotros ha sospechado, consciente o
inconscientemente, que toda nuestra educación ha consistido en injertar en
nosotros esos sentimientos y pensamientos en vez de dejar en nuestras manos su
elaboración.3 Es como si la educación se tratara de un proceso continuo de
imposición de maneras de ver, sentir y actuar a las cuales no hubiéramos llegado
espontáneamente.4

1
Varela y Álvarez Uría; ―De la humanidad a la sociedad: condiciones de posibilidad de la ciencia
social‖ en Sociología, capitalismo y democracia.
2
Stirner, Max; El único y su propiedad, pág. 70.
3
Op. cit.; pág. 71.
4
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, págs. 44/45.
2
Entonces, los pensamientos y sentimientos tan nuestros que parecen brotar
de nuestro interior, cuando analizamos las cosas de forma más rigurosa, son
manifestaciones de un orden superior. Esos contenidos de nuestra consciencia
fueron dados por el medio social, a través de una inculcación que se inicia en
nuestra infancia, para luego hundir sus raíces más o menos profundamente en
cada uno de nosotros. Es por ello que tales manifestaciones individuales deben
ser explicadas en función del orden social.
Es esperable reaccionar en contra de semejante idea sobre nosotros, puesto
que supone que somos una mediación, que amamos, luchamos y morimos
únicamente en función del todo social.5 Sin embargo, creer tener imperio sobre las
cosas, cuando en realidad no contamos con él, es una causa de debilidad
epistemológica.6
Tal vez masticando y digiriendo una de las aproximaciones sociológicas más
importantes podamos conocer sobre semejantes dudas. Después de todo, las
dudas son la base del conocimiento.

b) Importancia del enfoque holista

Las maneras de consciencia social o cosmovisiones7 que nos permiten


aprehender la realidad y dar sentido tanto a lo que se entiende por ―naturaleza‖
como aquello que consideramos ―social‖ son temas de una ciencia como la
sociología. Lo mismo podemos decir de esos fantasmas que hay en nuestros ojos,
los cuales aparecen en todos nuestros hábitos, que nos hacen actuar y reaccionar
frente a las cosas, personas y acontecimientos, de una manera casi mecánica. Es
dable recordar que la sociología reniega de la idea de una naturaleza ontológica

5
Elias, Norbert; La sociedad de los individuos, pág. 22.
6
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 33.
7
Una ―cosmovisión‖ es una visión sobre la totalidad en que se habita, que luego es enfocada
parcialmente por las distintas formas de las consciencias. Se va formando a partir de la gestación,
se continúa en la familia y en la clase social. (Dri, Rubén; Los modos del saber y su periodización,
pág. 79)
3
en nosotros, los sujetos.8 Parte de su ―objeto‖ consiste en mostrar que no hay
modos individuales de habitar y comportarse frente al mundo, a los demás, a sí
mismo y a la historia, que no son naturales ni mecánicos.
Más allá de la aparente libertad, en el medio social hay un orden oculto.
Cada sujeto es producto y parte de ese orden encubierto. Desde el momento
mismo en que nacemos, quedamos inmersos en ese orden.9 Por él es que
estamos obligados a observar unas determinadas formas de comportamiento que
ordenan los modos de convivencia entre los sujetos.10 Para explicar
científicamente ese orden, dentro de los diferentes programas de investigación
sociológica, se destaca el holismo11 porque posibilita localizar al medio social
como el factor determinante de la evolución colectiva.12
El enfoque de la sociología holista nos permite conocer la preeminencia de la
sociedad sobre el individuo y reconocer que lo social no es un mero
desprendimiento de la suma algebraica de unas abstractas naturalezas
individuales. En realidad, para cada uno de nosotros la sociedad es un elemento
que encontramos constituido y que tiene la capacidad de determinar nuestro
comportamiento. Por consiguiente es el todo (la sociedad) la que determina las
partes (los individuos).
De ser así deberíamos replantear cuestiones que entendemos como tan
propias y expulsar ciertas visiones de lo social que solemos aceptar de forma
acrítica. Para ello es necesario repensar la manera como trabajamos,
consumimos, amamos, nos divertimos, nos sentimos frustrados, hacemos
amistades, etc., descubriendo y utilizando los conceptos, categorías y lógicas
mentales de la sociología holista.

8
La naturaleza ontológica supone una especie de naturaleza inmóvil que se cree propia del ser
humano. Tal naturaleza no existe y suponen una paralización de la historia.
9
Elias, Norbert; La sociedad de los individuos, pág. 28.
10
Ídem.
11
El ―holismo‖ quiere expresar todo, entero o total y refiere a la idea de que todas las propiedades
de un sistema dado (biológico, químico, social, económico, mental o lingüístico) no pueden ser
determinados o explicados por las partes que los componen individualmente. Por lo tanto es el
sistema, el todo, el que determina cómo se comportan las partes.
12
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 67.
4
c) ¿Qué es la sociedad? Anotaciones sobre la metáfora
organicista

La sociología holista considera a la sociedad como una realidad específica.


La misma no puede ser entendida como una mera continuación de la naturaleza,
sino que representa la expresión más compleja de la misma.13 Se trata de una
combinación sui generis14 de elementos, tanto físicos como morales, que están
siempre por encima de los individuos que los componen.15 Al combinarse esos
elementos se da paso a una nueva realidad, que es necesariamente
supraindividual, es decir, se trata de un nivel de realidad diferente a los individuos
considerados de forma aislados.16 Llamaremos emergente a esta forma de
concebir la totalidad social.17
Decir que el individuo es parte de un todo mayor compuesto por otros
individuos parece ser algo obvio. Sin embargo no lo es. De hecho muchos
individuos y teorías sociales pasan por alto ese sencillo hecho,18 o simplemente no
le otorgan un status explicativo suficiente.
Para el holismo la simple suma de partes no da como resultado un todo, ya
que el último posee regularidades de índole propia, las cuales no se pueden
comprender partiendo de la observación de las piezas individuales. A su vez, los
fragmentos poseen algunas de sus propiedades por estar insertas en determinada
totalidad.
En base a la concepción anteriormente descripta, la sociología holista va a
desarrollar una serie de imágenes particulares. Así, por ejemplo, la sociedad es
descrita como un ser psíquico superior o, lo que es lo mismo, conciencia de

13
Op. cit., pág. 68.
14
En latín ―sui géneris‖ significa ―de su propio género o especie‖. Es un concepto que usa para
indicar que la cosa a lo que se refiere es de un género o especie muy singular y excepcional, por lo
tanto único e inclasificable. El término fue creado por la filosofía escolástica para indicar una idea,
una entidad o una realidad que no puede ser incluida en un concepto más amplio, es decir, que se
trata de algo único en su tipo.
15
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 68.
16
Ídem.
17
Piaget, Jean; ―La explicación en Sociología‖ en Estudios sociológicos.
18
Elias, Norbert; La sociedad de los individuos, pág. 26.
5
conciencias. Si hay una conciencia de semejante tipo se trataría entonces de una
conciencia colectiva. El holismo la detalla como el conjunto de creencias y de
sentimientos comunes al término medio de los miembros de una sociedad, pero
que tiene vida propia.19 Y es justamente de la conciencia colectiva de donde surge
la fuente que permite emanar la autoridad moral que la sociedad ejerce sobre los
individuos.20 Por lo tanto, para la sociología holista, la vida social pasa por su
totalidad y no por sus partes constituyentes. Esto significa que lo social, en tanto
colectividad humana, genera fenómenos que le son propios cuyas características
no dependen de la suma simple de sus miembros, es decir, de los individuos
aislados que componen la totalidad social.21
Quizás resulte de utilidad recordar la metáfora organicista, y más aún
orgánica, del primer pensamiento sociológico holista, quien concebía a la sociedad
como un cuerpo y a las distintas funciones y roles sociales como órganos del
mismo. Esta analogía tiene una interesante potencia por tres grandes motivos. En
primer lugar porque, como todos sabemos, muchas de las propiedades de los
órganos de nuestro organismo dependen centralmente de estar integrados al
mismo. Por otra parte, el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo requiere que
sus distintas partes cooperen armónicamente. Finalmente debemos considerar
que la vida de los órganos depende de su integración a una totalidad viviente.
Llevando esta lógica a la vida social podemos entender que los individuos
poseen una serie de propiedades (hablar determinado idioma, portar dinero, vestir
tales o cuales prendas, etc.) por el hecho de vivir en una sociedad. Al mismo
tiempo sabemos que los individuos, por cumplir distintas funciones sociales
(padre, madre, empleado, empresario, profesor, estudiante, etc.) deben
comportarse de determinado modo para no dañar a la sociedad. Por último es
preciso recordar que el conjunto de los medios que tenemos para reproducir
nuestra vida y cumplir funciones sociales (comida, vestido, abrigo, cuidado de la
salud, reproducción, etc.) dependen de nuestra participación en la vida colectiva.

19
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 157.
20
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 69.
21
Ídem.
6
Esta imagen de la sociedad como un cuerpo será retomada cuando
tengamos las herramientas metodológicas. Seguir por este camino en estas
condiciones podría implicar, sin el método, una simple idea sobre la sociedad,
como tantas otras. En cambio, una vez munidos de determinados conceptos
metodológicos podremos volver a estas cuestiones y lograr que adopten la forma
de conceptos científicos, es decir, de nociones que tengan la posibilidad de
―bajarse‖ al análisis del terreno empírico.

2. El método objetivista

a) El concepto de hecho social: exterioridad y coerción

i. Fenómenos sociales y hechos sociales

Hasta aquí hemos presentado una determinada concepción de la sociedad


que transmite el holismo. Con ello implícitamente estamos diciendo algo que
puede sonar un tanto obvio, pero que en su momento fue un gran paso para las
ciencias sociales: el objeto de estudio de la sociología es la sociedad.22 No es
poca cosa descubrir una determina realidad a ser estudiada, porque una ciencia
se define por el objeto que estudia (y el método que aplica).
Sin embargo también tenemos que hacer referencia a la unidad de análisis.
Es decir, sabemos que la sociología ―estudia‖ a la sociedad, pero esa es una
definición muy amplia. Es preciso conceptualizar de alguna manera cuál es la
unidad mínima a la que puede reducirse lo social, en qué tipo de fenómeno
emerge una materia propiamente social, que no tenga la marca de determinados
individuos. Con esto queremos decir que es necesario enfocar los fenómenos
sociales y seleccionar sólo un tipo particular entre ellos, aquellos que no dependen

22
Varela y Álvarez Uría; ―De la humanidad a la sociedad: condiciones de posibilidad de la ciencia
social‖ en Sociología, capitalismo y democracia.

7
de la acción de personas individuales y que además tienen la capacidad de
coaccionar las prácticas de esos sujetos. Sólo de este modo, dentro de ese campo
enorme que es la sociedad, es posible organizar la investigación sociológica con
una base empírica. Para ello la sociología holista nos presenta como unidad de
análisis al hecho social.
La elección de los hechos sociales como unidad de análisis obedece a una
característica fundamental de los mismos: son exteriores e independientes
respecto a las conciencias individuales y están dotados de un poder coercitivo.23
Esta exterioridad hace que los hechos sociales sean considerados como algo de
naturaleza diferente a los fenómenos psíquicos24 y que tengan el poder de
imponerse al sujeto.
Entonces: ¿en dónde podemos reconocer, sentir, el momento empírico de un
hecho social? La sociología holista reconoce al hecho social por el poder de
coacción externa que ejerce sobre la conciencia del individuo, un fenómeno visible
en el momento en que una persona intenta ir en contra del hecho social y recibe
una sanción social.25 Es por ello que si intentamos violar un hecho social vamos a
encontrarnos con resistencias. Estas últimas nos marcan el poder de coerción que
tienen sobre los individuos. Se trata de un poder cuya base es social, de carácter
colectivo, generando que la ―acción social‖ sea siempre una acción colectiva. 26
Semejante caracterización de los hechos sociales solo pueden tener como
sustento a la sociedad misma. Es la sociedad la que produce los hechos sociales.
En este sentido la sociología holista considera la causalidad de la siguiente
manera: la sociedad produce hechos sociales y los individuos manifestaciones
particulares de esos hechos sociales. Por ello si algo es general, es decir que está
extendido en muchas partes de la sociedad, es porque es colectivo, lo que se
debe a un estado del grupo y no de las fracciones. Lo inverso, que esté en el
colectivo porque es atributo de muchas partes, no es válido sociológicamente

23
Lukes, Steven; Emile Durkheim. Su vida, su obra, pág. 11.
24
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 65.
25
Durkheim, Émile; Las formas elementales de la vida religiosa, pág. 28.
26
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 66.
8
porque invierte la cadena causal.27 Vamos a poner un ejemplo para hacer
inteligible estas cuestiones. Es un hecho muy extendido en nuestra sociedad
argentina que los padres enseñen a sus hijos a hablar en español, sin embargo no
es por esto que tal lenguaje es el que rige oficialmente en la república. En efecto la
cadena de determinaciones causales es inversa: los padres enseñan castellano a
sus hijos porque ese es el idioma de la colectividad en la que están insertos.
Debido a ello casi todos los progenitores hacen casi exactamente lo mismo. Está
generalizado en las partes porque tiene una raíz colectiva; y no al revés: es decir,
no es colectivo porque esté generalizado entre los fragmentos.
Esto también se debe a que al llegar al mundo el individuo encuentra
formadas las realidades sociales.28 Estas condiciones son extremadamente
difíciles de modificar, es decir, de hacer que sean de otra manera de lo que son.
De hecho nos vemos obligados a tener en cuenta la realidad social para tener
éxito en nuestras actividades.29 Por ejemplo, no podemos manejar exitosamente
una fábrica si no utilizamos las tecnologías que son adecuadas a la rama
productiva a la cual pertenece; no es posible tener un matrimonio exitoso si no
observamos las reglas de la vida conyugal de nuestra época y lugar, etc. Otros
fenómenos similares ocurren en infinidad de campos sociales y esto debido a la
supremacía moral y material que tiene la sociedad sobre las personas. Que los
hechos sociales sean coercitivos —es decir, que se nos impongan— es una
demostración de que constituyen una realidad que está por fuera de los individuos,
como si fueran una ―cosa‖.

ii. Concepto de hecho social

El comprender que los hechos sociales tienen una realidad objetiva, le


permite a la sociología tener un objeto que sólo pertenece a ella, es decir, una
realidad que le es propia y no es conceptualizada por otras ciencias. Sin embargo,

27
Durkheim, Émile; Las formas elementales de la vida religiosa, pág. 48.
28
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 17.
29
Op. cit., pág. 30.
9
cuando hablamos de conceptos tales como hecho social es necesario ser
cuidadoso. El uso cotidiano del término le quita precisión y le otorga un nivel de
generalidad que le permite abarcar a casi todas las actividades humanas. Es por
eso que la sociología holista necesita definir rigurosamente al hecho social.30
Científicamente hablando, los hechos sociales son maneras de hacer, de
sentir o de pensar, que tienen la particularidad de ejercer sobre las conciencias
particulares una influencia exterior de tipo coercitivo. 31 Pero, para que la definición
sea completa, luego se agrega que la coerción que poseen los hechos sociales
como atributo, puede tomar la forma contraria. Esto quiere decir que al mismo
tiempo que las instituciones sociales se nos imponen, nosotros las queremos, es
decir, nos constriñen pero les sacamos provecho. Esta doble acción puede
parecer contradictoria, pero para el holismo se trata de una contradicción
aparente. Mientras que un individuo dirige su acción en el sentido que marca el
hecho social, es decir, mientras que actúa según los hábitos impuestos
coercitivamente por medio de la educación que desde niño recibe cada sujeto en
su manera de pensar, sentir y actuar, su ser social va a ser funcional. Pero en
cuanto el sujeto se intente oponer al hecho social, va a sentir la externalidad del
poder de esta última.
Vamos a un ejemplo. Una madre ha sido formada por presión social desde
niña para que ―quiera‖ serlo y ame a su hijo. Se trata de una presión que no se
nota como tal porque el sujeto la tiene naturalizada. Es por eso que aparece como
natural que una madre quiera tener hijos. Normalmente es así, pero puede ocurrir

30
Los ―conceptos‖, según la sociología holista, vienen de modo directo de la sociedad, es decir,
son sociales en primer grado porque surgen del lenguaje común. Su función social es permitir el
acuerdo entre sujetos diferentes. Dentro del esquema de la sociología holista los conceptos son
diferentes a las categorías. Estas últimas están encargadas de recubrir y dominar a los conceptos,
por lo que cumplen un papel predominante en el desarrollo del conocimiento. Entonces las
―categorías‖ son sociales en segundo grado. Un ejemplo de esta relación entre categoría y
concepto es que, para que surja la idea de ―clase‖, es necesario que previamente exista el
concepto de grupo.
31
Hay un esmero por ser preciso en la definición de ―hecho social‖ para no confundirlos con los
fenómenos orgánicos o con los fenómenos psíquicos (los cuales tienen existencia solamente en la
conciencia individual). La definición refiere a ―toda manera de hacer, fijada o no, susceptible de
ejercer sobre el individuo una coacción exterior; o bien, incluso: que es general en la extensión de
una sociedad dada al mismo tiempo que tiene una existencia propia, independientemente de sus
manifestaciones individuales.‖ (Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 53)
10
que la madre abuse de su hijo o incluso lo mate. Es en este momento en que todo
el poder del hecho social se hace sentir. La reprobación moral de un hecho de
esta naturaleza se va a expresar bajo diferentes formas concretas, destacándose
entre ellas el castigo legal.
Con esto esperamos ilustrar el hecho de que un determinado tipo de sanción
es una forma de hacer visible la existencia del hecho social. Además indica que
las obligaciones (domésticas, cívicas o contractuales) están definidas por fuera del
individuo, por la ley o la costumbre.
Por hechos sociales, entonces, se hace referencia a fuerzas sociales que se
constituyen en la vida colectiva y que tienen la cualidad de imponerse a los
individuos. El holismo coloca los hechos sociales en un ―continuo‖32 que va de
mayor a menor exterioridad y duración de la coacción, es decir de una
consolidación más completa a una de menor envergadura:

- Los llamados morfológicos que operan sobre la forma de la vida


colectiva tales como los caminos, los medios de comunicación, etc.
- Los hechos sociales institucionalizados más o menos formales que
consisten en creencias y prácticas que tienen como sustrato a la sociedad tales
como el derecho, el lenguaje, etc.
- Finalmente se encuentran aquellos que no se encuentran
institucionalizados, pero que tienen la misma objetividad e igual ascendiente
sobre el individuo, aunque su duración y su importancia para la vida colectiva es
mucho menor. Nos referimos a las corrientes de opinión que surcan las
sociedades y también, en un nivel aún menor, a las corrientes colectivas que
son esas olas de entusiasmo experimentadas por grupos humanos reunidos en
situaciones masivas como recitales o encuentros deportivos.33
-
Respecto del problema de la coerción es importante resaltar que por esta se
pueden entender al menos cinco cuestiones:

32
Motto, Carlos; ―¿Qué nos mantiene unidos?‖, pág. 83.
33
Lukes, Steven; Emile Durkheim. Su vida, su obra, págs. 9/10.
11
- La autoridad de las reglas legales, de las máximas morales y de las
convenciones o costumbre, que se manifiesta en las sanciones que se imponen
cuando alguien intenta violarla.
- La necesidad de seguir algunas reglas, ciertos procedimientos o
determinados métodos para llevar a cabo con éxito nuestras actividades.
- La influencia causal de los factores ecológicos o morfológicos.
- La compulsión psicológica en las situaciones multitudinarias.
- La determinación cultural y la influencia de la socialización.34

Semejante amplitud hace que la definición de coerción sea un tanto


―ambigua‖,35 pero tengamos en cuenta que el sentido primario refiere a la
autoridad (manifiesta en las sanciones que se le imponen al individuo que intenta
violarla) legal, moral y de las convenciones y costumbres. El tipo de coerción de la
cual se está hablando es básicamente moral y la sociología holista se ocupa de
distinguir este tipo de presión de aquella que surge por la acción de unos cuerpos
sobre otros. Se trata de la presión de la conciencia del grupo sobre las conciencias
de sus miembros.
Por el hecho de corresponderse con las cualidades de la vida colectiva
sabemos que los hechos sociales tienen la tendencia a generalizarse, es decir, de
hacerse obligatorios. Esto es una consecuencia de su poder de expansión y no su
causa.36 Esta generalización es producida por la subordinación de las
consciencias individuales a la consciencia colectiva. Aquí es importante rescatar
que la sociología descarta a la imitación como explicación de la tendencia a la
expansión, puesto que los hechos sociales incluyen lo coercitivo. Al mismo tiempo:
¿a quién imitaba el primero en ser copiado? ¿Por qué se reproducen algunas
conductas y no otras? ¿Por qué hay más émulos en algunos momentos que en
otros? Lo que ocurre entonces puede ser conceptualizado de una manera más

34
Op. cit., pág. 12.
35
Ídem.
36
Motto, Carlos; ―¿Qué nos mantiene unidos?‖, pág. 80.
12
apropiada si consideramos la existencia de una mentalidad del grupo que se
presenta como distinta de la del conjunto de sus miembros, presionando a éstos.
Por estos motivos podemos decir nuevamente que los hechos sociales existen con
independencia de las consciencias individuales.
En resumidas cuentas: los hechos sociales son fuerzas sociales producidas
por la colectividad que tienen la cualidad de existir con exterioridad e
independencia respecto de los individuos particulares (visibles en el hecho de su
preexistencia nosotros como personas y en las enormes dificultades que se nos
erigen a la hora de intentar modificarlos) y al mismo tiempo ostentan la potencia
de coaccionarlos (palpable en las sanciones que nos imponen al intentar violar sus
reglas, aunque también en la generalidad de ciertas prácticas en el conjunto
social). A continuación nos ocuparemos de repasar los principios metodológicos
básicos para estudiar hechos sociales.

b) Tratar a los hechos sociales “como si fueran cosas”

La sociología holista está inscripta, de modo general, dentro de lo que se


entiende como positivismo. Por ello debemos mencionar que esta corriente
sociológica presenta una clara oposición a toda metafísica,37 considera a la ciencia
como único saber legítimo posible, reafirma la necesidad del desarrollo del
conocimiento en el terreno empírico-experimental y adopta el modelo
metodológico de las ciencias naturales consistente en la exterioridad y objetividad
del objeto de estudio, que existe con independencia del sujeto del conocimiento.38
Por estos motivos decimos que la sociología considera a los hechos sociales
―como si fueran cosas‖, lo que es decir como objetos y realidades externos al
investigador y que poseen una lógica propia independiente respecto de los
miembros de una sociedad.

37
El concepto de ―metafísica‖ aquí utilizado es sinónimo de conocimiento suprasensible, es decir,
no experimentable ni constatable por los sentidos. Debido a esta condición se la considera un
conocimiento provisorio e imperfecto, no científico, que tiene algo de su origen en el ―sentido
común‖.
38
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 66.
13
En tal sentido la sociología holista, al entender que el único método que
puede dar resultados objetivos es el que va desde las cosas a las ideas, construye
una primera regla fundamental que el sociólogo debe seguir para observar un
hecho social:
 CONSIDERAR A LOS HECHOS SOCIALES COMO UNA COSA.
¿Qué se quiere decir con ―cosa‖? Se está haciendo referencia a todo objeto
de conocimiento que no es naturalmente penetrable por la inteligencia39 y que nos
obliga, para su comprensión, al abandono de la introspección precisando recurrir a
la observación y la experimentación.40 La regla establece una relación de
exterioridad entre el sujeto y el objeto del conocimiento.41 Con esto debemos
entender que los hechos sociales deben ser vistos como realidades exteriores a
los individuos e independientes del aparato conceptual del observador, es decir,
deben ser tratados en calidad de ―data‖.42 Por estos motivos nuestra corriente
sociológica también es conocida como objetivismo sociológico.
Lo mencionado no quiere decir que los hechos sociales sean entidades
exactamente iguales a las cosas materiales,43 aunque se reconoce que se puede
utilizar el mismo método científico para ambos campos de fenómenos. Desde sus
comienzos esta sociología se propone extender el racionalismo científico a la
conducta humana.44 Para ello conjetura que la misma puede ser reducida a
relaciones de causa y efecto. Luego, como se asume que sólo se puede dominar a
las cosas de las cuales se conoce su naturaleza, si hemos podido establecer una
relación de causa y efecto la razón va a contar con una ―base‖ para poder
establecer reglas de acción para el futuro. En este sentido la sociología holista se
distingue por presentar un refinado y prolijo método en donde establece reglas que
la razón debe seguir para poder alcanzar el objetivo de extender el racionalismo a
la conducta humana.

39
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 15.
40
Op. cit., pág. 16.
41
Zofío, Ricardo; ―El concepto de hecho social en el objetivismo sociológico, pág. 119.
42
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 70.
43
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 71.
44
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 10.
14
La construcción del método sociológico permite desarrollar una lógica que va
a hacer posible armar y utilizar los conceptos de modo científico. Encontramos en
ese método la idea fundamental de que nuestra reflexión sólo puede volverse
impersonal por medio de la estructuración lógica, evitando que el razonamiento se
dispare caóticamente.45 Por lo tanto el pensamiento lógico le permite a la
sociología el encuentro de distintas inteligencias en forma estable y allana el
camino para encontrar un conocimiento diferente al que se puede inferir de las
apariencias sensibles.
La sociología holista entiende que operar sobre los fenómenos sociales es
medirlos, combinarlos, interpretarlos, etc., dejando de lado las abstracciones
filosóficas y las ideas de sentido común. Por lo tanto, el terreno empírico es un
elemento científico fundamental de la sociología holista. Esta conceptualización ha
llevado a la sociología a la construcción de conceptos como causa, función y
método comparado.
Se trata de un proceso inductivo en el contexto de la investigación y
deductivo en el de la comprobación.46 De esta forma, el holismo utiliza de modo
combinada dos tipos de razonamiento diferentes respecto al conocimiento:

 La inducción permite al holismo ir desde lo particular a lo universal, ya que


por medio de la observación y experimentación de los hechos particulares se
puede llegar a hacer proposiciones universales.47 Por lo tanto la inducción faculta
al científico social a hacer un pasaje que va desde los enunciados singulares a los
enunciados universales.48
 La deducción se trata de un proceso lógico que funciona como método de
demostración y que se sostiene en inferencias que permiten conocer la relación de
implicación entre los fenómenos estudiados.49 Necesita del método comparado

45
Op. cit.; págs. 91/92.
46
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 72.
47
Op. cit.; pág. 134.
48
Ídem.
49
Op. cit.; pág. 133.
15
porque debe contar con un elemento de confrontación empírica que permita
generar conocimiento y no caer en explicaciones tautológicas.50
Así las leyes son establecidas de forma inductiva y luego son comprobadas
empíricamente, lo que implica una utilización deductiva del método comparado.51
Cuando el científico social busca operar con éxito sobre los fenómenos
sociales, debe seleccionar cuáles son las características de las ―cosas‖ que quiere
estudiar, es decir debe definir las variables. Tras llevar a cabo esta acción
corresponde operacionalizar las variables, lo que significa que tiene que
establecer los criterios para hacer observaciones, registro y medición de
elementos empíricos que den cuenta de las variables seleccionadas.
Posteriormente, cuando esta información se encuentra organizada, es posible
llegar a la construcción de una explicación.52 Este último paso sólo puede llegar
mediante la observación de los valores de las variables, que permitirá descubrir y
clasificar un determinado orden de los hechos, es decir, mostrar elementos
objetivos mediante la comparación metódica de estos valores.
La sociología holista busca explicar los hechos sociales separando la causa
aparente de la causa eficiente que lo produce. Luego, en una explicación científica
completa, se debe dar cuenta de a qué necesidad social responde, es decir, qué
función cumple.53 Por lo tanto la causa determinante se la debe rastrear en los
hechos sociales antecedentes y la función en la relación que mantiene con un fin
social.54
Para descubrir las leyes que rigen las relaciones entre las variables de los
fenómenos se precisa de la observación sistemática. En las ciencias
experimentales la prueba de laboratorio constituye la forma predominante de
observación bajo control de variables. En sociología es casi imposible llegar a
producir semejantes experiencias, entonces, para realizar observaciones donde
50
Las explicaciones ―tautológicas‖ repiten un mismo pensamiento pero expresado de manera
diferente, por lo tanto no están en condiciones de generar ningún tipo de conocimiento. El
razonamiento deductivo si no cuenta con un elemento empírico corre el riesgo de caer en estériles
explicaciones tautológicas.
51
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 71.
52
Zofío, Ricardo; ―El concepto de hecho social en el objetivismo sociológico, pág. 110.
53
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 154.
54
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 72.
16
exista el control de variables se hace uso del método comparado. 55 Este es de
fundamental importancia tanto para poder aislar un vínculo necesario entre un
hecho social antecedente y uno consecuente, como para relacionar el hecho
social con la función que cumple dentro del organismo social. 56 Solo la
comparación posibilita descomponer analíticamente un todo que se le presenta al
científico como ya constituido y desligado de todo proceso histórico que lo hubiera
generado. Esto permite, por ejemplo, mostrar si los hechos sociales son efecto de
la misma causa o si existe intercalado un tercer hecho social que no se percibe
inicialmente. Para ello es necesario deducir de forma correcta la causa y luego
volver a verificar el resultado mediante nuevas comparaciones. Por estos motivos
el método comparado es el procedimiento más adecuado para llegar a expresar
de modo científico que hay de normal, de regular y de constante en los hechos
sociales. Sin embargo, para poder aplicarlo, es preciso conocer algunas reglas
metodológicas generales.

c) Reglas metodológicas

i. Despojarse de las prenociones

En nuestra vida cotidiana todos portamos con una serie de nociones sobre el
mundo social que nos permiten orientarnos en nuestro accionar. El holismo no
reniega de la utilidad de estas nociones previas para vivir en la sociedad (dado a
que se encuentran orientadas a la práctica), pero es totalmente crítico de ellas
cuando las utilizamos para hacer ciencia. En este sentido las prenociones son
descriptas como remedios destinados a satisfacer necesidades vitales y no como
productos creados metódicamente para dar explicaciones científicas.
¿Qué son o pueden ser las nociones previas? También llamadas
prenociones, tratan sobre las ideas anticipadas y elementales de las cosas o el

55
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 191.
56
Con el concepto de ―función‖ refiere a la correspondencia entre el movimiento de los órganos
sociales y alguna necesidad del organismo social.
17
primer conocimiento que tenemos sobre la realidad que no ha sido examinado
ajustándose a un método de investigación científico. Dentro del universo de las
prenociones se encuentran pequeñas ideas corrientes, que en muchos casos son
también prejuicios, y también importantes sistemas filosóficos, que suelen ser de
carácter metafísico, que hablan acerca de la historia, la sociedad, la naturaleza
humana, etc. En tanto ideas las mismas brotan de los sujetos en determinadas
condiciones y constituyen hechos sociales que se deben explicar. Sin embargo, no
pueden ser, de ninguna manera, definiciones rigurosas de las realidades que
representan idealmente. Como se puede entender éstas son ideas que van hacia
las cosas, es decir, hacen el recorrido inverso al propuesto por la sociología
holista. Por lo tanto se necesita de una ―regla‖ completamente negativa, con la
cual la sociología holista nos indica que no debemos hacer:57

 DEJAR DE LADO LAS PRENOCIONES O NOCIONES VULGARES


QUE SE TIENEN SOBRE LA ―COSA‖ O, DICHO DE OTRA MANERA,
APARTARSE SISTEMÁTICAMENTE DE LAS PRENOCIONES.
Con esa regla el holismo nos marca que a nivel epistemológico se debe
iniciar la investigación teniendo como principio que ignoramos qué es la ―cosa‖ y
por lo tanto no conocemos ninguna de sus propiedades.58 Con ella se propone
para los sociólogos el mismo estado de espíritu que tienen los físicos antes de
iniciar una investigación.59
Es una regla que choca con nuestro modo de reflexión cotidiano.
Normalmente partimos en nuestros razonamientos evitando tomar consciencia de
las prenociones que arrastramos; simplemente las utilizamos como ―base‖ para
luego hacer juicios de valor y/o para realizar análisis que sólo recurren a la
observación buscando casos que confirmen las prenociones que cargamos. 60 Esta
inversión es un verdadero problema de conocimiento, puesto que en lugar de
hablar del objeto de estudio se está hablando del sujeto de conocimiento. A su

57
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 79.
58
Op. cit., pág. 16.
59
Op. cit., pág. 90.
60
Op. cit., pág. 56.
18
vez, si lo pensamos detenidamente es como si las prenociones tuvieran la
capacidad de decirnos que es la realidad, además de prescribirnos como debe ser
y los medios que debemos utilizar en su modificación. Por lo cual se puede decir
que el medio imaginario no ofrece resistencia a la mente, la cual puede construir
un mundo ideal a la medida de sus deseos.61
Lo anterior implica la imposibilidad de llegar a conocer causalmente un
fenómeno social por medio de la introspección. Esta es incapaz de dar cuenta, por
su tamaño y su rango individual, de la concepción del grupo sobre las instituciones
sociales,62 y mucho menos la científica. En todo caso las conciencias individuales
son presionadas por la colectividad y lo que en ellas se encuentra no es la fuerza
que las presiona sino sus resultados, por lo cual es un mal camino ir hacia allí a
encontrar explicaciones de los hechos sociales.
En este sentido, la sociología holista toma como suyo el concepto de ―duda
metódica‖,63 es decir, rescata la idea de que es necesario poner en duda todos los
conceptos recibidos.64 Dejar de lado de modo sistemático todas nuestras
prenociones nos permite producir el espacio necesario para que surjan conceptos
construidos según el método científico. El Holismo advierte que se trata de una
tarea dificultosa debido a que los hechos sociales involucran sentimientos, que
nos apasionan en nuestras creencias políticas, religiosas, etc.65 Si uno toma el
aborto, por ejemplo, es claro que ninguna de las posiciones tiene una actitud ―fría‖
e indiferente frente al tema, y es habitual que una materia tan sensible en lo moral,
político y religioso despierte discusiones apasionadas. Por motivos como esos a
continuación veremos algunas instrucciones para hacer posible distanciarse,
aunque sea un tanto, de la esfera personal en la apreciación de los hechos
sociales.

61
Op. cit., pág. 58.
62
Op. cit., pág. 19/20.
63
La ―duda metódica‖ supone que para llegar a un conocimiento profundo sobre el objeto se debe
primero poner a prueba todas las ideas previas que el sujeto carga, siempre teniendo en cuenta
que los sentidos muchas veces engañan.
64
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 75.
65
Op. cit., pág. 76.
19
ii. Definición del objeto de estudio

Como ya hemos mencionado para la sociología holista el conocimiento va de


las cosas a las ideas y no al revés, lo que quiere decir que el científico se
aproxima a los objetos de conocimiento considerando que no los conoce. De este
enfoque se deriva un modo de avecinarse a los hechos que sostiene la necesidad
de comenzar por los caracteres más visibles, aquellos que es posible registrar
empíricamente.
Está claro que los elementos más visibles son aquellos menos esenciales y
por lo tanto los que cuentan con los más bajos valores explicativos. 66 Pero este es
el comienzo del proceso de investigación. Posteriormente, conforme se avance en
el trabajo científico la sociología podrá ir desde los caracteres más simples a los
caracteres más complejos y profundos. Se trata de un proceso de penetración de
lo real que va desde aquellos elementos menos explicativos hasta llegar a las
causas eficientes del fenómeno.67
Por este camino la representación científica va a construir conceptos y
categorías de hechos con homogeneidad interna, es decir, va a poder considerar
como iguales a cosas de esa naturaleza y a distinguir los elementos que poseen
diferencias entre sí. De lo que se trata, al fin y al cabo, es de agrupar los
fenómenos de un modo que se corresponda con sus características.
Por lo tanto la segunda regla es relativa al método sociológico será:

 NO TOMAR NUNCA COMO OBJETO DE INVESTIGACIÓN MÁS QUE


UN GRUPO DE FENÓMENOS PREVIAMENTE DEFINIDOS A TRAVÉS DE
CIERTOS CARACTERES EXTERIORES QUE LE SON COMUNES, Y
ABARCAR EN LA MISMA INVESTIGACIÓN A TODOS AQUELLOS QUE
RESPONDAN A ESTA DEFINICIÓN.
Como se puede entender de lo mencionado, la definición construida con los
observables empíricos erige el objeto de la investigación, es decir, la cosa. A partir

66
Op. cit., págs. 79/80.
67
Op. cit., págs. 88/89.
20
de tener un determinado grupo de fenómenos que respondan a una misma
definición, puede seguirse con la búsqueda de toda prueba y de cualquier
verificación.68 Una teoría no puede ser controlada a menos que se sepan
reconocer los hechos de los cuales debe dar cuenta. Para que la definición sea
objetiva es necesario que exprese los fenómenos no en función de una idea sino
en relación a propiedades que le sean inherentes.69
El sociólogo debe agrupar los hechos que presentan caracteres iguales,
asumiendo que es solo eso lo que inicialmente sabe sobre lo real. Tal
procedimiento es la forma indicada para hacer pie en la realidad y clasificar los
hechos según la naturaleza de las cosas. Así el signo que las hace alinearse en tal
o cual categoría puede ser mostrado a todo el mundo y, de esa forma, ser
reconocido y controlado metodológicamente por los otros.70

iii. Separar a los hechos sociales de sus


manifestaciones particulares

Para la sociología existe una diferencia radical entre los hechos sociales y
sus manifestaciones particulares. En términos conceptuales la distancia es tan
grande que quizás podríamos graficarla con una analogía muy simple de la vida
en la playa: no es lo mismo la ola que el surfista. Si queremos entender el
recorrido posible del hombre o la mujer sobre la tabla debemos conocer la
potencia de las masas de agua sobre las cuales se desplaza. No son los surfistas
quienes producen la fuerza que utilizan para hacer su deporte y por tanto, si nos
interesa medir las fuerzas debemos mirar las corrientes marinas y no las tablas y
los músculos de los atletas.
Presentábamos ese ejemplo puesto que el hecho social es una fuerza
colectiva que mueve a las personas a actuar. Cuando estas operan no están
realizando un hecho social, sino una manifestación particular del mismo. El hecho

68
Op. cit., pág. 79.
69
Ídem.
70
Op. cit., pág. 81.
21
social es independiente respecto de los individuos y los coacciona desde su
exterioridad. Las manifestaciones particulares de los hechos sociales, es decir lo
que hacemos las personas puntualmente, no son independientes de quienes las
realizamos. Vamos a poner un ejemplo. Existe un hecho social que es la clase de
sociología en la Universidad. El mismo prescribe qué tipo de temas deben tocarse,
quién o quiénes deben hablar, anotar, preguntar, etc. Ese hecho no es equivalente
al fenómeno concreto de la ―clase de sociología‖ que estamos teniendo en
determinado momento. Esa clase concreta y puntual no es externa a nosotros,
aunque el hecho social clase de sociología sí se encuentra en nuestra exterioridad
y nos coacciona. De estas observaciones se debe sacar una nueva regla
metodológica:

 SEPARAR A LOS HECHOS SOCIALES DE SUS


MANIFESTACIONES PARTICULARES
¿Cómo hace la sociología para producir esta separación? Recurre a dos
herramientas metodológicas que permiten aislar las características de la actividad
grupal respecto de los casos individuales. Una es la estadística, la otra es el
análisis cualitativo.
La estadística ha sido y es una de las principales herramientas técnicas con
las que cuenta la sociología para mostrar algunas de las características de los
grupos. Sirve para realizar una medición del grado de extensión de determinados
fenómenos en la arena social más allá de sus casos particulares. Tomemos un
ejemplo. Si nos interesa saber que legitimidad tiene un gobierno no podemos
preguntarle a cualquier persona y tomar esa opinión como la medida de lo que
piensa el grupo social sobre tal o cual gestión de lo público. Para obtener alguna
medida confiable sobre el tema es preciso hacer una encuesta, que cuente con
criterios para seleccionar los casos que integrarán la muestra. Una vez realizadas
todas las entrevistas el peso de cada réplica será amortiguado por el conjunto de
las respuestas y lo que tendremos no es solamente un montón de opiniones
individuales, sino una tendencia social que podremos expresar en determinado
porcentaje de apoyo a las políticas de un gobierno. Como puede ver el lector, es
22
muy probable que la gente individualmente no se exprese en términos
porcentuales (apoyo en un 43% al gobierno) pero ese porcentaje es el grado de
apoyo que tiene en la colectividad. Al mismo tiempo podrá verse que el sostén que
tiene en la población es el que hace que las personas tomen determinada actitud
frente a su gobierno. Si está creciendo su popularidad las personas adhieren más
y más al mismo; a su vez si está perdiendo estima social los individuos van
dejando de lado su apoyo.
La segunda herramienta técnica es el análisis cualitativo. Aquí no interesan
tanto las magnitudes como las características esenciales de un fenómeno. Lo que
interesa es aislar ciertas cualidades respecto del resto de un fenómeno y ver si
estas condiciones existen en hechos de su misma naturaleza. En el caso de
encontrar resultados afirmativos estaremos sorprendiendo lo que hay de social en
el fenómeno, que contrastará con aquellos rasgos que no se repitieron y que son
producto de sus manifestaciones particulares. En la teoría clásica existe un
ejemplo de este ejercicio metodológico: Las formas elementales de la vida
religiosa.71 Allí el autor busca en la religión más primitiva que ha encontrado,
entendiendo por ello la más simple y carente de influencia de religiones anteriores,
un núcleo de fenómenos esenciales que están presentes en la vida sacra de todas
las sociedades. Como se puede advertir, no todas las religiones son iguales, pues
responden a manifestaciones particulares, pero absolutamente todas tienen al
menos esas características que fueron halladas en Las formas… Esto quiere decir
que el hecho social ha sido aislado de sus manifestaciones particulares analizando
sus cualidades distintivas.
Esta separación de los hechos sociales respecto de sus manifestaciones
particulares se debe a una razón de peso fundamental: como los hechos sociales
no pueden ser constituidos por la acción de los individuos, un hecho social sólo
puede ser explicado por otro hecho social antecedente, por lo cual es preciso
separarlo de sus manifestaciones particulares.72

71
Durkheim, Émile; Las formas elementales de la vida religiosa.
72
Que un hecho social sea explicado solo por otro hecho social supone la fundamental idea holista
sobre la objetividad de la vida social. Tal idea implica que el orden social y el orden psicológico
23
Al mismo tiempo diremos que el holismo busca la causa de un hecho social y
su razón de ser, es decir sus funciones para la reproducción del grupo, en lo
social. El grupo piensa, siente y actúa de un modo completamente diferente a
como lo harían sus miembros si estuvieran aislados. Entonces, el origen primero
de todo proceso social de alguna importancia debe ser buscado en la constitución
del medio social que no es una simple suma de individuos, sino una combinación
que representa una realidad específica dotada de sus propias características. 73
Hasta aquí hemos dado algunas indicaciones acerca de cómo piensa el
holismo sociológico los problemas fundamentales de la sociología. A continuación
vamos a presentar, de manera abreviada, algunas consideraciones teóricas
relativas al orden y también al conflicto y cambio social.

3. Orden social y socialización

Como ya sabrá el lector, uno de los problemas que tiene cualquier ciencia
consiste en alcanzar alguna explicación a la regularidad de los fenómenos que
estudia. Para la sociología una de sus primeras preocupaciones radica en poder
dar con una articulación conceptual que pueda expresar el desarrollo de los
procesos sociales, con los inconvenientes que esta tarea conlleva, pues tal
formulación requiere conjugar antónimos como la estabilidad y el cambio, la
coacción y la libertad, la paz y el conflicto.
La sociología holista tiene una concepción de la regularidad social que suele
acentuar los rasgos de estabilidad y orden, aunque esta aproximación es más bien
conceptual, puesto que los sociólogos de esta corriente entienden la existencia del
conflicto y tienen herramientas con las cuales aprenderla.

a) El problema del lazo social

tienen sustratos diferentes para la ciencia, que no evolucionan en el mismo medio y que no
dependen de las mismas condiciones. Este supuesto es fundamental para entender la refutación
holista de cualquier explicación de lo social que parta desde factores psicológicos o biológicos.
73
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 21.
24
En la primera estación de este recorrido por la explicación del orden social,
entendido como regularidad de la vida colectiva, debemos detenernos en la unidad
social más pequeña que identifica la sociología colectiva. Esta unidad son los
lazos sociales.
Desde tiempos inmediatamente posteriores a la Revolución Industrial y a la
Revolución Francesa el pensamiento socio-político se interrogaba, en medio de
los enormes cambios sociales que se estaban produciendo ¿cómo se ordenaba lo
social? Durante las primeras décadas la discusión se centró en dos polos. Uno era
el liberalismo, que sostenía el imperio de la libertad individual y el libre albedrío,
recibiendo la crítica conservadora, puesto que incluía el derecho a rebelión. Del
otro lado se presentaba el tradicionalismo más conservador, que erigía a la
autoridad como principio garante del orden, lo cual era criticado por su falta de
adecuación a la realidad de una progresiva liberación de la servidumbre que se
estaba produciendo en aquel momento. En tal escenario intelectual apareció una
idea que terminó por ser sumamente importante para la sociología: el orden no
podía ser garantizado por la libertad individual, ni tampoco por la autoridad
tradicional; era preciso pensar en una instancia superadora.
Esa solución conceptual era el lazo social, que consiste en la integración de
los individuos humanos en una red de personas interdependientes. Las personas
sostienen una serie de actividades en la colectividad en función de su participación
en un circuito en el cual precisan de otros y otros los precisan a ellos. Esto se ha
llamado lazo solidario.74

b) Consciencia colectiva y representaciones colectivas

Al mismo tiempo que las personas se integran a la sociedad y los grupos por
el hecho de tener una dependencia muta, los colectivos sociales tienen, como

74
Donzelot, Jaques; La invención de lo social.
25
venimos explicando, una serie de herramientas ideales que vinculan a los seres
humanos: nos referimos a la consciencia y a las representaciones colectivas.
En ambos casos contienen elementos mentales que son propios de la
colectividad y que implican, por una parte, determinadas ideas y valores sobre el
mundo y, por otra, una matriz de conocimiento. En el caso de la consciencia
colectiva es el conjunto de contenidos ideales del grupo. En general esta noción
ha ido perdiendo gravitación en la sociología a lo largo del siglo pasado. Este
desuso contrasta con el del concepto de representaciones colectivas, que son las
formas por las cuales una sociedad o grupo social piensan sobre hechos o cosas
puntuales.
Tanto la consciencia como las representaciones colectivas están construidas
conceptualmente como un emergente de la totalidad social. Sus propiedades en
términos de contenidos de ideas y de herramientas cognitivas suelen reflejar las
condiciones de la vida grupal y cómo éstas hacen frente a los distintos hechos con
los que se enfrentan. Por estos motivos no todos los grupos y sociedades tendrán
las mismas ideas acerca de fenómenos similares.
Vamos a trabajar con algunos ejemplos así quedan más claros estos
conceptos. Imaginemos que alguno de nosotros hace un viaje de tres meses por
Europa. En ese recorrido tiene la posibilidad de conocer las principales capitales,
visitar museos, asistir a espectáculos, comer en los restaurantes más
emblemáticos y quizás hasta vuelve al país con una maleta de ropa italiana,
francesa e inglesa. Seguramente no será lo mismo que cavilen sobre el viaje
personas pertenecientes a la elite de la Argentina que lo que puedan pensar los
trabajadores de nuestro país. ¿Por qué? Porque ambos grupos tienen una
experiencia distinta respecto del turismo de alto poder adquisitivo. Los potentados
de nuestra sociedad han podido hacer viajes similares y toman la travesía
comentada como una etapa muy probable de una biografía. Los trabajadores
tienen vedado, por la estructura económica, hacer un recorrido semejante y
pueden sentir que un paseo como el descripto es un verdadero privilegio y una
excepción.

26
Pasemos a otro ejemplo. Supongamos que una mujer de nuestra sociedad
llega a un país musulmán. Inmediatamente podrá ver que las representaciones
sobre los géneros y su lugar en la vida social son completamente diferentes que
en Argentina. Las sociedades islámicas tienen tradiciones muy distintas a las que
imperan aquí y de ello se derivan representaciones disímiles.
Podríamos continuar con una infinidad de casos donde es notorio que cada
grupo tiene ideas y representaciones diferentes sobre las cosas y que las mismas
se deben a la vida colectiva que se desarrolla en su interior. Pero la cuestión no
termina aquí. Tales representaciones son hechos sociales porque su elaboración
es colectiva, por tanto exterior a cada uno de sus miembros y a su vez las
representaciones se imponen a ellos. Esta coacción termina por ser otro elemento
de gran importancia en la consolidación del grupo, puesto que es el modo en que
tal colectividad se asume y toma consciencia de sí misma.
Como ya hemos mencionado, la consciencia y las representaciones
colectivas son el producto de la vida social. La forma en que se estructuran y el
papel que juegan en el desenvolvimiento de la vida colectiva están en íntima
relación con las formas que adoptan los lazos sociales. Por ello es preciso
comprender con mayor detalle las formas de la solidaridad social.

c) Las formas de solidaridad social

El holismo entiende que, dentro de las relaciones positivas y durables que se


establecen al interior de la sociedad, la solidaridad es el elemento determinante en
la unión de los segmentos y, por lo tanto, se trata en un componente clave que
posibilita la existencia de la sociedad.75 Esta solidaridad (entendida como un lazo
de reciprocidad que puede adquirir distintas formas y expresiones) es entendida
como un hecho social.76
Para la sociología holista es como si los individuos tuviéramos dos tipos de
consciencia: por un lado encontramos aquella parte que contiene los estados que

75
Osipova, Elena; ―La sociología de Émile Durkheim‖, pág. 230.
76
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 146.
27
son personales a cada uno de nosotros, y por otro, la parte que comprende los
estados comunes a la colectividad.77 La primera representa y constituye a nuestra
personalidad individual, mientras que la segunda representa a la sociedad.78
Entonces nuestra personalidad solamente puede ser fuerte en la medida en que
las ideas y tendencias comunes a todos los miembros de la sociedad no superen
en número y en intensidad a las que pertenecen a cada uno.79
En base a la diferenciación anterior la sociología holista va a distinguir entre
dos modos funcionales de integración social.80 Se trata de la solidaridad mecánica
y la solidaridad orgánica.

i. Solidaridad mecánica

La solidaridad mecánica se basa en el principio de atracción que se


establece gracias a la semejanza entre los miembros de una comunidad.81 La
fuerza de este tipo de solidaridad surge de la parte de la conciencia individual que
es común al grupo. Las ideas y tendencias comunes a toda la sociedad tienden a
sobrepasar de modo claro en número y en intensidad aquella parte que pertenece
a cada uno de los individuos en particular.82 Todo ello lleva al holismo a afirmar
que a medida que la solidaridad mecánica aumenta su potencia disminuye, en
relación inversa, la fuerza de la personalidad individual.83 Por lo tanto, el individuo
integrado en este tipo de solidaridad se encuentra ligado de forma directa a la
sociedad y su consciencia es solo una simple dependencia que sigue todos los
movimientos de la consciencia colectiva.84 Se trata de un tipo de solidaridad social

77
Op. cit., pág. 178.
78
Ídem.
79
Op. cit., pág. 198.
80
Motto, Carlos; ―¿Qué nos mantiene unidos?‖, pág. 81.
81
Motto, Carlos; ―Las dimensiones de lo social en el pensamiento sociológico de Durkheim‖, pág.
78.
82
Ídem.
83
Motto, Carlos; ―¿Qué nos mantiene unidos?‖, pág. 87.
84
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 199.
28
que procede del hecho de que un cierto número de estados de conciencia son
comunes a todos los miembros de la sociedad.85
La solidaridad mecánica es una forma de integración social que podemos
encontrar en todas las sociedades y grupos. Sin embargo, los casos
paradigmáticos son aquellas sociedades cuya estructura social se caracteriza por
contener segmentos semejantes y homogéneos entre sí,86 que poseen poca
densidad en sus relaciones y están fuertemente marcadas por los ritmos
naturales, las estaciones, la agricultura, etc. Por lo tanto se corresponde a
estructuras sociales primitivas, las cuales están formadas por individuos con
personalidades poco diferenciadas.87
A nivel jurídico88 son sociedades donde el derecho penal tiene una gran
preeminencia sobre la estructura legal. Este tipo de derecho busca castigar el
―crimen‖, es decir, los actos que hieren sentimientos que se encuentran en todos
los individuos normales de la sociedad.89 Ante una agresión de este tipo la
sociedad interviene como unidad para repudiar y castigar al infractor. El castigo es
una reacción mecánica que solo busca hacer sufrir al culpable,90 aunque en un
sentido más profundo sirve para reactualizar el valor de las representaciones
colectivas.
En sociedades donde impera este tipo de solidaridad la conciencia colectiva
suele tener una impronta religiosa que habitualmente tiñe el conjunto de la vida
moral.91 Por ello estas colectividades suelen presentar importantes cantidades de
tabúes y rituales en el desarrollo de sus actividades.

85
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 181.
86
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 70.
87
Motto, Carlos; ―Las dimensiones de lo social en el pensamiento sociológico de Durkheim‖, pág.
78.
88
El ―derecho‖ es símbolo visible del tipo de la solidaridad social, porque da una muestra de cómo
se organizan y toman forma definitiva determinados lazos morales. (Durkheim, Émile; La división
social del trabajo, pág. 144) Además el holismo visualiza al derecho como el sistema nervioso del
cuerpo social, el cual nos permite medir el grado de diferenciación funcional generado por la
división social del trabajo. El derecho también se caracteriza porque no ―pide‖ creencia en sus
disposiciones, ni tampoco su creencia está ligada a un ritual preestablecido de prácticas.
89
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 152.
90
Op. cit.; pág. 162.
91
Motto, Carlos; ―¿Qué nos mantiene unidos?‖, pág. 88.
29
Queremos recalcar que lo importante de esta explicación no radica en las
características de tales sociedades, sino la lógica de agregación social basada en
la semejanza, lo cual existe, en mayor o menor medida, en todos los
agrupamientos humanos. Al mismo tiempo esta no es la única lógica de
integración social, ni tampoco la más importante en las estructuras sociales más
modernas y complejas.

ii. Solidaridad orgánica

Así como hemos visto que la semejanza podía integrar a seres humanos en
grupos también es posible que diferencias que los complementan permitan que se
agrupen y articulen colectividades. La solidaridad orgánica se apoya sobre el
principio de la desemejanza, es decir, en nuestra necesidad en tanto individuos
incompletos de llenar estos ―huecos‖ o, lo que es lo mismo, de complementar
nuestra naturaleza.92 A la sociología holista, entonces, le preocupa la
contradicción que se produce en la sociedad moderna, por la cual el individuo es
cada vez más autónomo y se diferencia de los otros pero, al mismo tiempo, este
mismo individuo depende cada vez más de la sociedad.93 Tal contradicción es
descripta como producto de la relación que se genera entre una mayor autonomía
del individuo, por un lado, y la mayor dependencia social de éste, por el otro.94
La sociología holista establece un sentido de la división social del trabajo que
hace que la contradicción planteada más arriba sólo sea aparente. Tal división
funcional es el proceso que permite, dentro de las sociedades modernas, hacer
compatibles las necesidades de cohesión social con un crecimiento acelerado de
las individualidades. Así la división social del trabajo posibilita que aumente la
densidad y el volumen social, es decir, que se incrementen las relaciones
intrasociales sin perder la solidaridad del sistema. Esto muestra, a su vez, que la
semejanza también ocupa un rol en las estructuras donde impera la solidaridad

92
Op. cit., pág. 86.
93
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 76.
94
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 199.
30
orgánica, pues el individualismo moral consistente en la dignidad y valores del
individuo constituyen un hecho social de primera importancia.
La estructura social de una sociedad donde impera la solidaridad orgánica es
caracterizada por la sociología holista como un organismo donde existen un
conjunto de órganos y cada uno tiene un rol específico. El individuo depende de la
sociedad porque está en manos de los órganos que los componen.
Por lo tanto, para la sociología holista la solidaridad orgánica presupone que
los individuos difieren unos de otros y que cada uno tiene su propia esfera de
acción, es decir, que cada cual tiene su propia personalidad. El aumento de la
personalidad individual implica que la conciencia colectiva se tiende a retirar para
que pueda surgir con fuerza la conciencia individual con funciones no
reglamentadas. De esta forma la consciencia colectiva termina ocupando una
parte restringida en las sociedades más avanzadas. Es por ello que ésta se va
haciendo cada vez más débil y deja de vincular a los individuos a sus fines
trascendentes y a la propia sociedad. La conciencia colectiva también sufre un
proceso de cambio desde su tradicional forma religiosa a una que expresa valores
de tipo laicos
El sistema social en donde se impone la solidaridad orgánica es aquel en el
cual se han desarrollado, dentro de su cuerpo, funciones diferentes unidas por
relaciones definidas.95 Por ello, la solidaridad orgánica se desenvuelve en una
sociedad donde los segmentos han desarrollado una especialización funcional y
mantienen relaciones específicas.96 Todo esto implica un alto desarrollo de la
división del trabajo social.97 Al mismo tiempo, a medida que las sociedades se
vuelven más densas en sus relaciones, la división del trabajo social se hace más
importante en la función del mantenimiento de la cohesión, integración y equilibrio
de la sociedad en su conjunto.98
De esta forma la sociología holista demuestra que la división social del
trabajo tiene un efecto que excede el campo económico y que la función de la

95
Motto, Carlos; ―¿Qué nos mantiene unidos?‖, págs. 88/89.
96
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 70.
97
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 144.
98
Archenti, Nélida y Aznar, Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 80.
31
división del trabajo social es, sobre todas las cosas, la de crear sentimientos de
solidaridad social, es decir, su función social es de carácter moral. Dicho de otra
forma, la función esencial de la división social del trabajo es generar solidaridad
entre individuos, algo que está íntimamente relacionado con la moral colectiva. 99
Ello hace posible la aparición de grupos cohesionados en las sociedades
―superiores‖, lo que a su vez permite un aumento de la densidad material de esa
sociedad.
En estas estructuras sociales complejas y diferenciadas, en donde se
distinguen órganos bien definidos, uno de ellos toma la función de coordinarlos y
subordinarlos. Como veremos más adelante, ese órgano central es el Estado. Éste
último ejerce sobre el resto del cuerpo social una acción reguladora, como la del
cerebro sobre los órganos del cuerpo humano.
A nivel jurídico encontramos la preeminencia del derecho civil, consistente en
la reparación del daño.100 Este fenómeno deriva de la necesidad funcional
generada por la disparidad al nivel de las consciencias. El cambio en el derecho,
en relación a la solidaridad mecánica, se debe a la existencia de un cuerpo social
complejo en donde el derecho represivo no es suficiente para regular las
relaciones entre los distintos órganos. Por estos motivos el derecho restitutivo es
un producto de la diferenciación funcional generado por la división social del
trabajo.101 Además hay un cambio radical en la naturaleza de las penas: la
sociedad no castiga para vengarse sino para defenderse y regular.102
Con estos elementos tenemos algunas pautas acerca de los modos en que
la sociología concibe la integración social. Sin embargo, aún quedan por verse
cómo es que se explica el hecho de que las personas renuncien a sus apetitos
más carnales y se encuentren felices de hacerlo. Para ello habrá que explorar en
torno al fenómeno de la moral.

d) La moral

99
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 438.
100
Op. cit., págs. 184/185.
101
Op. cit., pág. 192.
102
Op. cit., pág. 162.
32
Sabemos que el concepto de ―solidaridad‖ es fundamental en el
aseguramiento de las condiciones de existencia de la sociedad.103 Ahora bien,
para que la solidaridad pueda convertirse en esa ―fuerza centrípeta‖ 104 que
requiere el orden social, el holismo entiende que tiene que existir un determinado
tipo de orden moral, el cual tiene una íntima relación con la solidaridad.105
En sí misma la moralidad trata de una serie de pensamientos sublimes,
sentimientos elevados, máximas edificantes, principios eternos, etc., que dan
origen a un sistema en donde cada uno de los individuos debe estar moldeado
según el adecuado ordenamiento social. Por lo tanto la moral tiene la función de
cerrar la puerta a una subjetividad ilimitada entre los individuos y evitar su
correspondiente resultado social. Esa función hace de la moral el mínimum
indispensable para que la sociedad pueda ser viable. 106 Además la moral tiene un
papel en el proceso de socialización de los sujetos, al ayudar a regular y
armonizar los comportamientos de los individuos integrados en la sociedad. 107 De
ese modo permite que se establezcan relaciones de dependencia y de
restricciones, que vinculan a cada individuo con otros, y crea una fuerza que
sujeta a cada uno de ellos a la totalidad que forman todos colectivamente.108
La moralidad, frente a los sujetos, se presenta como una cosa inviolable y
obligatoria, es decir, un Absoluto.109 El hecho que la moral opere como un
Absoluto permite que el sujeto se sienta más fuerte para poder vencer las
inclinaciones egoístas que pueden generar fricciones con los demás. De alguna
forma, la moral se vuelve ―sagrada‖. Al alcanzar esa última condición pasa

103
Funes, Ernesto; ―Estudio preliminar: un llamado a la solidaridad‖, pág. 18.
104
Op. cit., pág. 23.
105
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 144.
106
Op. cit., pág. 133.
107
De modo general el proceso de socialización conlleva tanto la integración como la regulación de
los individuos, es decir, la construcción de semejanzas y la vinculación de las desemejanzas
adquiere singular importancia la moral. (Motto, Carlos; ―¿Qué nos mantiene unidos?‖, pág. 92)
108
Funes, Ernesto; ―Estudio preliminar: un llamado a la solidaridad‖, pág. 23.
109
La noción de ―Absoluto‖ refiere a una idea suprema e incondicionada y que por lo tanto excluye
toda relación de condicionamiento, limitación o restricción.
33
comportarse como una cosa que los sujetos tienen interiorizada y que los hace
más poderosos, más grandes, más autorizados.
El carácter de Absoluto de la moral crea una diferenciación cualitativa de los
valores morales con respecto a cualquier otro valor que puedan perseguir los
sujetos.110 Esta diferencia cualitativa se explica al analizar la moral como un
sistema de reglas. El holismo remarca que en todos los aspectos de la vida
necesitamos reglas para obtener resultados ventajosos de nuestra acción, es
decir, para lograr consecuencias utilitarias. La moral es uno de esos sistemas de
reglas, pero que se diferencia de los otros porque para funcionar no precisa el
deseo utilitarista, es decir, de la búsqueda de beneficios individuales en nuestra
acción.111 Ello implica que no se puede poner en una balanza el valor moral, es
decir, nada es capaz de compensar la introducción de la inmoralidad. Un individuo
puede sopesar, por ejemplo, entre valores industriales y valores ecológicos,
buscando un equilibrio entre los dos. Pero este tipo de balance no es posible en el
campo moral, porque la verdadera acción moral (en el principio de la acción)
excluye consideraciones como el miedo al castigo o de interés utilitario. Esto se
debe a que las reglas morales deben ser amadas por sí mismas.
Para la sociología holista esta particularidad cualitativa de las reglas morales
se sostiene mediante dos tipos de ideas diferentes y complementarias: por un lado
se encuentra la idea de bien que implica el acto moral, la cual es la clave para que
el individuo lo pueda desear;112 y, por otro lado, se localiza la idea de deber, la
cual trae aparejada el sacrificio de nuestro egoísmo y permite una elevación del
individuo sobre sí mismo.113
El holismo sostiene que ambas ideas tienden a formar o a conservar los
lazos sociales. La causa de esta funcionalidad es el propio origen social de las
fuerzas que surgen de estas dos ideas. En ninguno de los dos casos son nociones
trascendentales, sino que son relativas al medio social, es decir, al tiempo y

110
Durkheim, Émile; Educación y sociología, págs. 31/32.
111
Op. cit.; pág. 36.
112
Esto quiere decir que para el sujeto se interese en realizar tal o cual acción moral es necesario
que la sensibilidad colectiva ya esté constituida de tal forma que permita al individuo desearla.
113
Zofío, Ricardo; ―Durkheim: la bancarrota del reformismo sociológico‖, pág. 71.
34
espacio histórico-social. Al centrarse en la naturaleza histórico-social de los
sistemas morales, la sociología holista descarta considerar la moral como si fuera
el desprendimiento de la idea, es decir, como si tratara de un sistema de
preceptos relacionados con las ideas y no con las cosas sociales. Los estudios de
la sociología holista demuestran que la moral evoluciona según la organización
social y el tiempo histórico, es decir, la determinación de lo que se puede hacer
varía en cada tiempo y lugar. Por ejemplo, los griegos y los romanos tenían su
propio tipo de moral, la cual es diferente de la actual. Así también hoy en día es
normal que las familias se sientan obligadas a ayudar a los hijos que los padres
consideran más débiles para sobrevivir en ―la vida‖. En las sociedades americanas
previas a al conquista europea con asiento andino, este tipo de razonamiento era
considerado inmoral, lo moralmente correcto era ayudar a quién tenía más
condiciones para sobrevivir. Por lo tanto, se trata de consideraciones morales
totalmente opuestas sobre una misma realidad que expresan realidades históricas
y sociales diferentes. Ello permite al holismo sostener que en toda sociedad los
mandatos morales no obedecen funcionalmente a las categorías abstractas de la
lógica (y mucho menos a mandatos divinos), sino que son el producto de la
consciencia colectiva y existen en función de asegurar la correcta convivencia
social. Por consiguiente, al mismo tiempo que no puede haber moral sin sociedad,
la moral es una de las condiciones de existencia de lo social.114
Para poder formar o conservar los lazos sociales es necesario que se
establezca un círculo virtuoso de retroalimentación entre ambos sistemas de
ideas. La idea de bien surge del sistema moral y marca la idea del deber que se
expresa de forma concreta en un sistema de reglas cuya funcionalidad es reforzar
el acatamiento a las reglas de la moral. Si se mantiene en funcionamiento este
círculo virtuoso la regla se transformará en un fin en sí mismo, siendo esto último
el objetivo (como veremos más adelante) de la moral laica.

114
Funes, Ernesto; ―Estudio preliminar: un llamado a la solidaridad‖, pág. 23.
35
Moral
(Norma)

Idea de Bien

Idea de Deber
(Sistema de Reglas)

También hay que agregar que gracias a este círculo virtuoso es posible que
el individuo alcance la ―felicidad‖, ya que el holismo entiende que ésta última se
hace real solo si no se exige más de lo que puede ser acordado. Además evita
que los sujetos tengan por entidad rectora a la búsqueda de la felicidad en sí
misma, lo cual sería optar por un principio en sí mismo indeterminado, caótico,
experimental, no del todo lógico como si lo puede ser la obligación o el deber.
En resumen, la sociedad —en tanto poder moral superior—115 es la única
que puede evitar la búsqueda de fines inaccesibles que acto seguido lleven a la
decepción. La consciencia moral permite de esta forma la imposición a los
individuos de determinadas funciones, las cuales son la base para que se
sostenga el orden social. Así, la articulación de la convivencia de los sujetos
necesita ser equilibrada de una forma que resuma las necesidades e inclinaciones
individuales con el mantenimiento y el funcionamiento del todo social. Para lograr
ello de alguna forma el sujeto se tiene que hacer ―cómplice de su destino‖ 116 y
temer a su propia consciencia. En ese proceso es fundamental la educación.

e) La educación

115
Durkheim, Émile; Educación y sociología, pág. 40.
116
Bourdieu, Pierre y Saint Martin, Monique; ―Las categorías del juicio profesional‖, pág. 9.
36
Como toda ciencia práctica la sociología holista se interesa por la educación
porque tiene un problema a resolver: dentro del proceso de individualización
progresiva que implica la modernidad se deben encontrar los medios para
instaurar una libertad de consciencia que no se ponga en contra de la sociedad.
Ello ha impulsado un enorme esfuerzo teórico del holismo para dar origen a una
forma de pedagogía que se adapte a las nuevas exigencias históricas, permitiendo
hacer lugar a un orden social nuevo, más funcional y eficaz.
Sabemos que la moral debe transformarse en las guías para la acción –de
cómo se debe proceder– del sujeto. Estos medios de orientación deben ser
incorporados por el individuo en el proceso de educación para poder dar como
resultado un sujeto autónomo, es decir, una persona que se pueda gobernar a sí
misma.117 Así se puede decir que el individuo solo se transforma en un sujeto
autónomo cuando ha hecho plenamente suyas las reglas morales de la
modernidad.118 En este proceso la cultura se apropia del sujeto, quién interioriza
los dispositivos necesarios para desarrollarse dentro del seno de una determinada
sociedad.
Entonces podemos decir que la sociología holista supone que el orden social
sólo puede mantenerse trabajando activamente sobre los sujetos. De materia
informe que son los individuos, la sociedad los transforma en determinados tipos
de sujetos por medio de su integración a los patrones culturales del pasado.119
Ese proceso de integración que describe la sociología holista contiene la idea de
que un individuo educado es un sujeto cultivado/disciplinado. 120 Ello genera que
ese individuo, al mismo tiempo, se trate de un ―sujeto del saber‖ que está ―sujeto al
saber‖.121 Así el individuo al nacer se encuentra con una realidad exterior (la

117
Dubet, Françoise y Martucelli, Danilo; En la escuela. Sociología de la experiencia escolar, pág.
33.
118
Ídem.
119
Ortega, Félix; ―Presentación de la edición castellana‖, pág. 14.
120
Pineau, Pablo; ―La escuela en el paisaje moderno. Consideraciones sobre el proceso de
escolarización‖, pág. 237.
121
Ídem.
37
sociedad) que lo transforma y lo vuelve un sujeto por medio de un proceso de
educación que se realiza de afuera hacia dentro.122
Asimismo el proceso de interiorización antes descripto permite a los sujetos
ser libres. Esta última condición se logra cuando el sujeto acata la norma, es decir,
en el momento en que se apega a la moral.123 De hecho, para la sociología holista,
la reglamentación (moral) de la conducta está lejos de ser una limitación a la
libertad individual y se la considerada como una conquista social imprescindible
para la libertad.124 Esto implica que el ámbito social sea el único en donde la
libertad es posible.
Entonces podemos decir que el holismo supone que la libertad está en
relación directa con el aumento de la densidad social. Este incremento crea una
base para una vida más libre y compleja, donde la razón va desplazando a los
instintos. Se trata de un crecimiento del poder de la razón que a su vez necesita
del desarrollo de la sociedad, porque la mayor densidad moral siempre depende
de un incremento de la concentración material que posee una sociedad.125 De esa
forma la libertad individual sólo puede ser entendida como un producto histórico de
la sociedad. Es por ello que el holismo reniega de cualquier idea de libertad que
suponga a ésta última como un elemento previo a la sociedad. No se puede ser
libre más que en sociedad, es decir, la libertad individual siempre supone de otros
igualmente libres.
Por lo que podemos ver la teoría pedagógica de la sociología holista está
fuertemente cruzada por un objetivo: lograr realizar el principio de la personalidad
autoreflexiva.126 Desde la óptica del holismo ser educado, ser moral, es una

122
Ortega, Félix; ―Presentación de la edición castellana‖, pág. 14.
123
Se trata de una idea similar a la concepción religiosa de la libertad. En la versión religiosa sólo
se es libre en cuanto se sigue la ley de dios, es decir, la libertad sólo es posible si se hace la
voluntad de dios. Por supuesto que no se trata de una casualidad, en realidad indica el carácter
social de esa idea religiosa que encarna fuerzas colectivas, introduce en las consciencias
individuales la idea de lo común y las vincula con algo superior.
124
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 421.
125
Los cambios generados por el aumento en la densidad social son temas del apartado 4 de la
presente obra.
126
Hunter, Ian; Repensar la escuela. Subjetividad, burocracia y crítica, pág. 92.
38
obligación de los ciudadanos para con la sociedad.127 Se asume que si el individuo
es sometido al método (universal) correcto de enseñanza va a constituirse en un
sujeto moral más allá de su voluntad o de otras variables.128 La pedagogía moral
apropiada permite que el sujeto controle de forma adecuada su cuerpo y su
mente, es decir, el surgimiento del sujeto necesita de una intervención firme y
decidida que elimine las tendencias insociables del individuo para dar paso al
buen ciudadano, responsable y virtuoso. Para ello es preciso descubrir cuáles son
los mecanismos más convenientes para normalizar las conductas mediante la
aplicación del poder,129 por lo que la educación debe ser entendida como una
actividad política, ya que forma a los ciudadanos. Por lo tanto se apunta a imponer
una disciplina, cuya función primordial es prevenir y encauzar por medio de
modelar un sujeto socializado, es decir, un sujeto moral.130 También se trata de un
tipo de pedagogía que necesita imponerse a las formas de educación previas,131
para asegurarse el triunfo de la racionalidad sobre la emoción, de los valores
universales sobre los particularismos nacionales y religiosos.132 Para todo lo
anterior la administración secular necesita de ―una alianza de tecnologías
burocráticas y pastorales‖133 que permita a la escuela transformarse en el puente
que vincule a los niños con la sociedad por medio de su formación moral a cargo
de expertos.134
Así claramente podemos ver lo que describíamos en páginas anteriores: para
el holismo el fenómeno de la moral se despega de cualquier definición

127
Pineau, Pablo; ―La escuela en el paisaje moderno. Consideraciones sobre el proceso de
escolarización‖, pág. 239.
128
Op. cit.; pág. 240.
129
La sociología holista entiende el poder como una coacción normativa que la sociedad ha
transferido a determinados segmentos de ella. No debemos suponer que se trata de un elemento
negativo, ya que permite disciplinar a los individuos. De hecho, el equilibrio que la sociedad —que
las tareas se realicen de forma eficaz, coordinadas y organizadas— necesita de la disciplina. El
ejercicio del poder no tiene por qué producir conflicto o desigualdad si refleja las disparidades
naturales de los individuos, ya que esas son desigualdades ―normales‖. (Archenti, Nélida y Aznar,
Luis; Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico, pág. 68)
130
Ortega, Félix; ―Presentación de la edición castellana‖, pág. 16.
131
Hunter, Ian; Repensar la escuela. Subjetividad, burocracia y crítica, pág. 98.
132
Dubet, Françoise y Martucelli, Danilo; En la escuela. Sociología de la experiencia escolar, pág.
31.
133
Hunter, Ian; Repensar la escuela. Subjetividad, burocracia y crítica, pág. 92.
134
Op. cit.; pág. 98.
39
trascendental, porque es un hecho social.135 El orden social no es un producto
derivado del estado de naturaleza o generado por un contrato voluntario, sino que
es resultado de la interiorización moral de los individuos, es decir, del
asentamiento de manera profunda e íntima en la mente de un pensamiento o un
sentimiento sobre la moral.136 Por lo tanto el orden social se produce gracias al
ajuste de las acciones individuales que se da como producto de la socialización de
los actores.137
Sin embargo debemos señalar que, aunque la sociología holista hace un
enorme esfuerzo por dejar de lado las teorías esencialistas del ser humano, existe
un acercamiento implícito hacia la posición que supone que el individuo
abandonado a sus propios impulsos, es un ser egoísta, amoral, insociable y
bárbaro.138 De ese supuesto implícito se trasluce una antropología latente: la
naturaleza humana es de ser social.139 Y justamente la educación tiene por
objetivo convertir a los individuos en seres sociales.140 Así, la educación moral se
puede describir como un ejercicio de poder sobre un individuo potencialmente
conflictivo.141 En este sentido, y utilizando la terminología de la sociología holista,
los individuos con problemas de conducta tienen problemas de adaptación al
medio social y, por esa razón, son organismos enfermos.142
De esta manera podemos ver que la noción de socialización es pensada por
el holismo como una causa y un efecto al mismo tiempo, como un objeto
desarrollado por lo social y como una explicación de ese universo social. 143 Las
conductas se justifican por la socialización de los actores, por la realización de

135
Pineau, Pablo; ―La escuela en el paisaje moderno. Consideraciones sobre el proceso de
escolarización‖, pág. 242.
136
Dubet, Françoise y Martucelli, Danilo; En la escuela. Sociología de la experiencia escolar, pág.
64.
137
Op. cit.; pág. 63/64.
138
Ortega, Félix; ―Presentación de la edición castellana‖, pág. 16.
139
Dubet, Françoise y Martucelli, Danilo; En la escuela. Sociología de la experiencia escolar,pág.
64.
140
Durkheim, Émile; Las reglas del método sociológico, pág. 45.
141
Ortega, Félix; ―Presentación de la edición castellana‖, pág. 16
142
Pineau, Pablo; ―La escuela en el paisaje moderno. Consideraciones sobre el proceso de
escolarización‖, pág. 240.
143
Dubet, Françoise y Martucelli, Danilo; En la escuela. Sociología de la experiencia escolar, pág.
64.
40
esquemas y de modelos interiorizados, que deben, a su vez, ser explicados por la
naturaleza de una sociedad producida por la acción socializada. 144 Las
dimensiones esenciales de la acción se encuentran a la vez en la subjetividad del
actor y en la objetividad del sistema.
De alguna forma el sujeto debe depender del objeto en función de asegurar
un orden social. La pedagogía propuesta por el holismo para lograr tal fin supone
una fundamentación laica de la moral. Esto se debe a que, en algún momento de
la historia de la civilización occidental, la moralidad vio desvanecer su anclaje en
un objeto inmutable como era Dios, es decir, perdió el Absoluto que daba sentido
a un determinado tipo de moral (la religiosa). Por lo tanto, uno de los problemas
fundamentales que se le plantea a aquellos que sostienen una enseñanza moral
con fundamentos laicos es cómo reemplazar a la figura de Dios y su poder
paternal.
Sabemos que nada por sí mismo es un Absoluto, lo que lo eleva a la
condición de tal es su imposición en la consciencia del sujeto. Es preciso que el
sujeto sienta sobre su consciencia una presión, un poder extraño, y que no sólo lo
experimente como fuerza que se le impone, sino que además lo reconozca
formalmente, lo acepte y se someta a ese Absoluto. El mero temor no explica
semejante comportamiento. Si bien se trata de un comienzo, siempre va
acompañado de la tentativa de liberarse.145 En cambio, cuando el objeto además
de temido también es honrado, se convierte en una potencia de la cual el individuo
no puede sustraerse y se transforma en un Absoluto.146
La moral laica busca lograr que las reglas se amen por sí mismas y esto
porque se ama a la sociedad que las origina, en su forma concreta de Nación. El
concepto de Nación tiende a situarse por encima de los intereses de clase y
religiosos porque de hecho no es otra cosa que la forma práctica que toma la
sociedad. Ligada de modo intrínseco al concepto de Nación se encuentra la idea
de Patria, que es casi su sinónimo.

144
Ídem.
145
Stirner, Max; El único y su propiedad, pág. 78.
146
Ídem.
41
En sociedades secularizadas únicamente por medio de la educación moral
laica se puede inculcar el temor y la honra a un nuevo Absoluto llamado Patria. 147
Este horizonte moral laico, que se desarrolla dentro de la solidaridad orgánica,
permite al sujeto lograr su progreso personal. El mandato es servir al Estado-
Nación, el cual ocupa el papel de dios terrenal o ideal supremo y ante el cual se
deben sacrificar los intereses particulares y egoísmos.
Entonces podemos finalizar volviendo a la idea de la actividad educativa
moral como una práctica política, donde el merito de cada individuo se deriva de
su calidad como ciudadano, es decir, que establece como el valor supremo de la
moral laica al ser buen ciudadano. El holismo remarca que la construcción de los
conceptos de Patria y Nación es una tarea de todos los días, la cual se desarrolla
de modo especial en la escuela laica.148 Aquí se organiza un culto laico a nosotros
mismos, en tanto sociedad nacional, gracias a sus ceremonias y sus héroes,
asimilándose a las formas de la Iglesia.149 Mediante la noción de Patria, la
colectividad forma un sistema moral que hunde sus raíces en el pasado para
proyectarse en las consciencias de los individuos presentes.

f) La religión

147
Para ello un Estado Nación necesita obtener el dominio no solo material sino también simbólico
de determinado territorio, es decir, la idea de Nación implica conjugar elementos materiales e
ideales. Dentro del segundo grupo de elementos la educación juega un rol central como difusor de
símbolos, valores y sentimientos de pertenencia a una comunidad diferenciada por tradiciones,
etnias, lenguaje y otros factores de integración, que configuran la identidad colectiva. Para lograr el
control simbólico por parte del Estado es necesaria la ampliación de sus aparatos, lo cual implica la
apropiación y conversión de intereses ―civiles‖ o ―comunes‖, en objeto de su actividad. Este
proceso conlleva un creciente involucramiento de sus instituciones en áreas problemáticas, lo cual
trae aparejado la utilización tanto de la coerción como del consenso para imponerse. Es por ello
que la cristalización de un sistema educativo moderno es parte constitutiva de la construcción de
un Estado-Nación con aspiraciones de organizar el conjunto de la vida social.
148
Si para la sociología holista la educación (moral) es un proceso social que se desarrolla de
forma básica en la escuela y a su vez la sociedad es sinónimo de Estado-Nación, rápidamente se
llegará a la conclusión de que la escuela debe ser estatal. (Pineau, Pablo; ―La escuela en el paisaje
moderno. Consideraciones sobre el proceso de escolarización‖, pág. 242)
149
Hay un nexo metódico entre los supuestos del pensamiento teológico y del pensamiento
político. Los conceptos sobresalientes de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos
secularizados, donde el Estado ha ido ocupando los papeles antes asignados a dios. (Schmitt,
Carl; Teología política, pág. 54)
42
La sociología holista ha sido pionera en considerar a los fenómenos
religiosos como hechos sociales. Aquí nos centraremos en los elementos de la
religión que permiten pensarla como un factor de integración social.150
En primer lugar es importante resaltar que la definición de los fenómenos
religiosos implica una serie de creencias obligatorias ligadas a determinadas
prácticas también obligatorias. Esto quiere decir que la vida religiosa involucra un
conjunto de personas que creen ciertas cosas y que llevan adelante una serie de
acciones en común que están prefijadas, organizadas y son sistemáticamente
observadas por los fieles.
En este sentido la religión es producida y reproducida continuamente
mediante los ritos que constituyen el culto. La reunión de personas con creencias
similares hace inevitable que pensemos en la integración social por semejanzas,
es decir en la solidaridad mecánica. A su vez tal aglomeración humana, en sus
rituales, se encuentra y reencuentra periódicamente con los elementos de la
consciencia colectiva y sus representaciones sociales sobre lo sagrado y lo
profano, lo bueno y lo malo, etc.
Estos elementos ideales son forjados en procesos conocidos como
efervescencia colectiva, que es el fenómeno de fusión de las consciencias
particulares con la de la colectividad, que está presente y se ve reforzada en el
culto. De esa forma, la potencia del grupo inunda a los individuos, quienes por no
reconocer como social el impulso recibido terminan por atribuirlo a símbolos
exteriores al proceso.
En segundo lugar la religión, como venimos explicando, construye un
universo simbólico y también moral. Por esos motivos es un mecanismo de gran
importancia en el proceso de integración social, pues produce los elementos con
los que identificarse y toda una serie de valores que permiten equilibrar las ideas
del deber y del bien en el accionar de los sujetos.

150
Para una lectura más completa del fenómeno religioso puede leerse Millán, Mariano;
―Consideraciones sobre el problema religioso en Durkheim‖.
43
Sin embargo la religión presenta deficiencias normativas como elemento
moral y amalgamador de los lazos sociales en las sociedades modernas, donde
impera la solidaridad orgánica.
Quedan en el tintero dos cuestiones de centralidad sociológica. La primera
es que la religión está enfocada a la integración por medio de la solidaridad
mecánica; la segunda es que la lógica de sus representaciones no se corresponde
con el estado actual de las matrices cognitivas de la modernidad. En este segundo
punto la ciencia es mucho más acorde a una sociedad industrial donde impera la
especialización y los saberes técnicos tienen gran importancia en la asignación de
las funciones sociales.

g) El Estado

Para que la solidaridad orgánica sea posible, dentro de una estructura social
compleja se necesita contar con un órgano articulador de los valores morales y
sentidos solidarios de la sociedad. Ese organizador general es el Estado.151
En tanto poder director de la sociedad, la primera y principal función del
Estado es hacer respetar las creencias, las tradiciones y las prácticas
colectivas.152 Es decir, la función del Estado es defender la conciencia colectiva.153
Así la conciencia colectiva puede contar con un órgano consciente o un ―cerebro
social‖.154 Por lo tanto el Estado vendría a ser el órgano reflexivo de la sociedad y
podría ser asimilado a la parte consciente del cuerpo.155 Su función es elaborar las
―ideas difusas‖156 y modificarlas, generando a su vez una reacción en el

151
Lukes, Steven; Emile Durkheim. Su vida, su obra, pág. 5.
152
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, págs. 160/161.
153
Op. cit.; pág. 161.
154
Op. cit.; pág. 160.
155
Durkheim, Émile; ―Séptima lección. Moral cívica (continuación): formas del Estado. La
democracia‖, pág. 142.
156
La sociología holista distingue dos tipos diferentes de pensamiento social. Uno es el que
estamos describiendo como perteneciente al Estado y el otro tipo es el llamado ―difuso‖, el cual
viene de la masa colectiva y se encuentra disperso en las conciencias individuales. Este tipo de
pensamiento se caracteriza por ser irreflexivo y puede ser asimilable al inconsciente.
44
pensamiento difuso.157 Al poseer semejante función, el Estado ejerce sobre las
consciencias individuales una autoridad que encarna a la consciencia colectiva y
se convierte en un factor autónomo de la vida social, con la capacidad de producir
movimientos espontáneos.158
Esta capacidad del Estado Democrático moderno le permite que todos los
objetos de importancia social puedan ser alcanzados por su acción. Su esfera de
actividades y de influencia sobre el resto del cuerpo social es mucho más amplia
que en otras épocas. Esto lo diferencia de su predecesor, el Estado restrictivo.159
El poder del Estado se encuentra en condiciones de descender sobre las diversas
capas de la sociedad debido a que ha dejado de replegarse en sí mismo, lo que le
permite tener al alcance de su acción todo tipo de objetos.160 En este aumento de
la capacidad de acción del Estado tiene una gran importancia el crecimiento de la
conciencia pública sobre toda clase de usos, tradiciones, reglas, etc., hechos
sociales que previamente a ese crecimiento funcionaban en forma autónoma. Al
tratarse de un tipo de Estado que se encuentra como orientado hacia el exterior,
posee condiciones para ubicarse de tal forma que le permita estar informado de lo
que ocurre en la sociedad.161 Por lo tanto un Estado fuerte tiene que tener una
gran extensión de la consciencia gubernamental y registrar una gran comunicación
con la masa de consciencias individuales. De hecho, la extensión paulatina de la
consciencia gubernamental, es un rasgo distintivo de la democracia.

157
Durkheim, Émile; ―Séptima lección. Moral cívica (continuación): formas del Estado. La
democracia‖, pág. 142.
158
Durkheim, Émile; La división social del trabajo, pág. 161.
159
Si bien gobernar fue siempre función de un órgano específico, esa función se ha ido
modificando a lo largo de la historia. Esas variaciones se han ido cristalizando en determinadas
formas en que el órgano gubernamental se comunica con el resto de la social. La forma restrictiva
del Estado históricamente se materializó en el Estado Absolutista, el cual se caracteriza por estar
sustraído de la mirada del resto de la sociedad. En este tipo de Estado la consciencia
gubernamental está muy concentrada en los límites del gobierno. La cantidad de objetos que
puede alcanzar con su acción es muy limitada. Dicho de otro modo, por poderoso que sea contra el
individuo en particular, esta forma de Estado tiene una importante impotencia para organizar la
sociedad. Por lo tanto se le escapan los campos de la religión, de la economía y de la educación,
del mismo modo que los intereses locales y regionales son abandonados a su suerte, mientras el
derecho funciona de modo autónomo porque se basa en la costumbre.
160
Durkheim, Émile; ―Séptima lección. Moral cívica (continuación): formas del Estado. La
democracia‖, pág. 146.
161
Op. cit., pág. 149.
45
Al mismo tiempo, para el holismo, la democracia162 es la forma política por la
cual la sociedad alcanza su más pura consciencia y donde somete cada vez más
cosas a la deliberación colectiva.163 Ocurre que así como el Estado sabe lo que
ocurre en la sociedad, esta última también percibe lo que ocurre en el Estado.164
Es más, para aquellos que componen la sociedad, el gobierno se aglutina en un
grupo de individuos que han perdido su carácter tradicional de seres sagrados y
que, al mismo tiempo, tienen una particular claridad para desarrollar el
pensamiento social.165 Al presentarse esas características, el pensamiento
irreflexivo puede incidir fuertemente sobre el Estado, ya que sus demandas
sociales probablemente afecten la concepción e instrumentación de las políticas
estatales de reforma social. Eventualmente tal funcionamiento es capaz de
generar que un problema social complejo sea retroalimentado, es decir, que se
aumenten las dificultades que trae aparejada tal situación al funcionamiento de los
órganos sociales.166 Esta característica hace que la relación entre pensamiento
difuso y Estado deba ser mediada por instituciones intermedias.

h) Las instituciones intermedias

162
El sentido de ―democracia‖ no hace hincapié en el número de gobernantes y/o en los títulos que
ellos ostentan. Para el holismo no se trata de contar cuantos gobernantes tiene un Estado sino de
analizar cómo se comunica el órgano gubernamental con el resto de la nación. En realidad, la
sociología holista entiende a la democracia como la forma política por la cual la sociedad alcanza
la más pura consciencia de sí misma, ya que da espacio para la deliberación, la reflexión y al
espíritu científico en la marcha de los asuntos públicos. Por lo tanto lo que define la existencia de
democracia es la existencia o no de instituciones capaces de asegurar una estrecha comunicación
entre el Estado y la sociedad. Desde este punto de vista hay más democracia en el siglo XVII
(absolutista, pero que da inicio a lo que un siglo más tarde se conocerá como Iluminismo) que en el
siglo XVI (supuesto renacimiento de la democracia). Debemos agregar que para el holismo la
democracia tiende a ir dejando atrás la inconsciencia, las costumbres irreflexivas y los prejuicios.
De hecho la democracia es una necesidad en una sociedad compleja, ya que dentro de este tipo
de sociedad se va imponiendo cada vez la necesidad de la reflexión para conducirla, y que es el
régimen político que se adecua a los principios morales y a las ideas modernas sobre el individuo.
(Durkheim, Émile; ―Octava lección. Moral cívica (continuación): formas del Estado. La democracia‖,
págs. 152/153)
163
Op. cit., pág. 153.
164
Op. cit., pág. 149.
165
Op. cit., pág. 144.
166
En semejantes condiciones los posibles defectos en la concepción de las políticas estatales
pueden derivar en conflictos políticos y económicos. Al mismo tiempo esos conflictos pueden
generar fallos en el funcionamiento de los órganos.
46
Finalmente, para terminar de presentar el conjunto básico de instrumentos
conceptuales que tiene la sociología holista para analizar el orden social, nos
detendremos en lo que se ha denominado como instituciones intermedias.
Debido al imperio de la división del trabajo social las sociedades modernas
son cada vez más diversificadas, complejas y de mayor tamaño. Las gradaciones
sociales se tornan cada vez más intrincadas y la falta de sincronización entre los
distintos roles se vuelven frecuentes. Ante tal fenómeno, como es de esperar, la
regulación de las relaciones entre las funciones es cada vez más dificultosa,
puesto que los vínculos entre las mismas están sujetos a cambios permanentes.
Como se puede ver, esta cuestión es un verdadero problema cuyo asiento se
encuentra en la estructura social. No es posible modificarlo mediante la voluntad
individual, ni tampoco a través del accionar de un órgano localizado como el
Estado, puesto que éste se encuentra bastante distante del conjunto de las
funciones sociales, que operan en un territorio mucho más vasto.
La solución conceptual a este problema radica en poder pensar la necesidad
de instituciones intermedias, es decir articulaciones sociales que no sean parte del
Estado pero que se erijan por encima de las funciones de las cuales han brotado.
Tales instituciones pueden contribuir a clarificar y fijar criterios para enlazar
algunos roles y cristalizar en normas las pautas de las relaciones entre las
distintas funciones.
Quizás bajando algo del nivel de abstracción se comprenda la propuesta. En
las sociedades contemporáneas se desarrolla una plétora de funciones cuya
diversidad va en aumento. Cada década vemos florecer nuevas ramas
empresarias, nóveles oficios y ocupaciones. Las relaciones entre éstas y las
compañías de antaño que sobreviven a las distintas épocas es algo que siempre
implica una importante fuente de tensión debido a la incertidumbre que impera en
relaciones nunca antes vistas. Al mismo tiempo, los vínculos entre patrones y
empleados que se desarrollan en las nuevas actividades económicas suelen ser
de lo más injustos.
¿Cómo solucionar tales problemas de integración social? Recurriendo al
asociacionismo. La formación de agrupamientos entre quienes participan de las
47
distintas funciones existentes permite regular, con mayor claridad, las relaciones
entre los distintos oficios. Al mismo tiempo tal medida de articulación tiene el
efecto de producir un sentido moral entre quienes participan de la conjunción de
los grupos sociales, haciéndoles notar la dependencia mutua y las necesidades de
las otras partes del vínculo.
En nuestro ejemplo las asociaciones de empresas, de profesionales, etc.
contribuyen a la regulación de las relaciones entre las personas y las funciones
que se encuentran en la economía. Con ello se evita una lucha de todos contra
todos, haciéndole ver a cada parte lo inevitable de cooperar con el otro y de tejer
entre ellos un lazo moral que incluye la posibilidad de hacer renuncias a ciertos
beneficios y de considerarse satisfecho por haber realizado acciones de esa
naturaleza.
Hasta aquí hemos recorrido, a gran velocidad, una serie de conceptos que le
permiten a la sociología holista abordar el orden, es decir de la regularidad y
estabilidad, de la vida social. Sin embargo esta corriente sociológica no se ha
detenido en esta parte de la vida social. Fenómenos como el conflicto y los
cambios sociales también han recibido una importante atención.

4. Conflicto y cambio social

Siempre que nos sentemos a estudiar los aportes de esta corriente


sociológica debemos tener presente el aserto de que los hechos sociales son
fuerzas sociales que se nos imponen a los individuos y que proceden de la vida
colectiva. En la sección anterior nos propusimos presentarles algunas
herramientas teóricas para abordar el orden social. Es decir, recorrimos los
instrumentos con los cuales se han conceptualizado los hechos sociales que
integran a los individuos a los grupos y que le dan cierta estabilidad a las
sociedades. Ahora nos dedicaremos a desplegar algunos conceptos para entender
el conflicto y el cambio social. Esto significa que a partir de este momento

48
caminaremos sobre los hechos sociales, es decir fuerzas sociales, que producen
conflictos y también cambios en la sociedad.
A partir de esta indicación metodológica corresponde entender el primer
punto que se debe tomar en consideración: los conflictos no son personales, ni se
producen por el sentimiento de enemistad de las personas. A la inversa, podemos
decir que el conflicto es una situación objetiva, que tiene causas colectivas y que
su solución sólo puede ser social. En todo caso los sentimientos hostiles proceden
de las colectividades enfrentadas y sus miembros no hacen más que ser
impulsados por esas potencias.

a) El estado del lazo social

Los lazos sociales, como venimos mostrando, son la unidad mínima a lo que
puede reducirse la vida social. Estos permiten a las personas ubicarse en el
conjunto de la sociedad, integrarse a diferentes circuitos y, lo que es más
importante, hacen real la vida de las personas, en el sentido de que dotan a su
existencia de cierto sentido, objetivos, etc. El conjunto de lazos socializan a las
personas, otorgándole el cúmulo de las herramientas con las cuales llevan
adelante sus relaciones con los demás.
La ―salud‖de los lazos sociales en uno de los temas más complejos de las
ciencias sociales, porque son el centro de la vida en colectividad. Naturalmente
que las cualidades de los lazos no pueden mantenerse siempre estables y, lo que
es más complejo, su estado óptimo es acorde a las circunstancias históricas
particulares, por lo cual ciertas formas de relaciones que son funcionales en
determinados momentos, en otros, obstaculizan el funcionamiento social.
El lazo social tiene dos aspectos en relación que permiten integrar los
individuos a los grupos. El primero es mediante la vinculación con los ideales
sociales, pues toda sociedad precisa algún grado de obediencia a ciertas
ideologías por parte de sus miembros. El segundo a través de la moderación de
sus deseos, ya que también es necesaria la capacidad de morigerar los apetitos
para evitar disputas entre los sujetos.
49
Como se entiende de los párrafos antecedentes no existe una medida justa
de involucramiento y moderación social. Cada época, según otros tantos hechos
sociales, precisa un orden determinado y éste se puede sostener como necesario
solamente por el tiempo en que las circunstancias lo requieran.
Hay momentos en que es más funcional el involucramiento más intenso con
determinadas ideas y otros en que tal cosa constituye un obstáculo para la vida
colectiva. Por ejemplo, en momentos de revoluciones sociales el apego intenso de
las personas hacia la ideología es muy preciso, pero esa inclinación en épocas de
relativa pacificación social solamente puede traer conflictos sociales
inconducentes a un cambio social.
Al mismo tiempo existen procesos en los cuales la moderación de los deseos
más estricta puede ser funcional, por ejemplo en una guerra cuando se precisa
restringir el consumo de la población. Mientras que en otros momentos tal cosa
puede ser un verdadero obstáculo para la vida colectiva, como en períodos de
ampliación de la capacidad productiva de una sociedad, puesto que tal fenómeno
sin la ampliación del consumo redundaría en la creación de enormes cantidades
de mercancías imposibles de vender.
El problema es sumamente interesante y concierne al centro de la
sociabilidad. Aquí nos detendremos en señalar que tanto un exceso de regulación
como una carencia en la misma pueden producir el debilitamiento de los lazos
sociales.
En el caso de la vinculación a través de los ideales sociales la sobre
abundancia puede conducir a un altruismo extremo en el cual no exista lugar para
la individualidad. En estas circunstancias los grupos sociales corren el riesgo de
desintegrarse o de aislarse socialmente. Por otra parte, cuando existe una
situación de escasez de presencia de los ideales sociales, los lazos suelen
encaminarse hacia situaciones donde el egoísmo pone en peligro la vida colectiva,
puesto que cada individuo busca su bienestar sin comprender los vínculos que lo
unen con los demás.
Respecto de la moderación de los deseos, cuando esta se vuelve extrema el
fatalismo se apodera de la sociabilidad anulando la posibilidad de que los
50
individuos apetezcan y, por tanto, dejan de producir sociabilidad para cumplir con
tales deseos. Del otro lado, cuando la moderación de los deseos es muy lábil,
florece el fenómeno tan común de la anomia, es decir la carencia de normas. Esta
implica una gran desprotección de los sujetos, quienes pueden desear cualquier
cosa, inclusive aquellas que no serán posibles, llevándolos a producir conductas
inconducentes y posteriormente a la frustración.
Estas cuestiones generales son parte de los problemas del conflicto y el
cambio social. Para adentrarnos en estas cuestiones también es preciso conocer
los instrumentos conceptuales de las formas anormales de división del trabajo
social, el desacople como problema del lazo social y el cambio social por aumento
de la densidad social.

b) Formas anormales de división del trabajo social

El reparto y organización de las funciones sociales, es decir la división del


trabajo social, es una de las cuestiones más importantes de la vida social. El
funcionamiento de éste hecho social es el factor de mayor preminencia al
momento de analizar el grado de armonía o conflicto que existe en una sociedad.
En relación a ello aquí mencionaremos algunos hechos sociales relativos a la
división del trabajo social que producen conflictos sociales. Es importante volver a
recalcar que aquí nos vamos a referir a fuerzas procedentes de la colectividad,
que se imponen a los individuos en virtud de su potencia.
La primera de estas fuerzas es la división anómica del trabajo social. Como
su nombre lo indica, anomia significa una situación de carencia de normas. La
división del trabajo que está bajo los efectos de la anomia se caracteriza por la
debilidad o carencia de regulación de las relaciones entre funciones sociales. Este
es un problema central de las sociedades modernas: ¿cómo regular un proceso
social que es más y más cambiante? ¿Qué normas se pueden establecer, y ser
duraderas, en una sociedad basada en el cambio y la diferenciación?
La sociología holista ha trabajado sobre estos problemas desde su fundación
y continúa haciéndolo hasta el presente. La primera cuestión a tener en cuenta es
51
que, para comprender los procesos sociales se debe considerar un grado de
incertidumbre cada vez más elevado. La segunda ha sido vislumbrar las distintas
formas en que esa situación se podía normativizar y, para ello, le recomendamos
a quién esté leyendo que vuelva hacia el apartado 3.
Pese a las posibles soluciones en el terreno de la práctica social, la
sociología ha podido conceptualizar el fenómeno de la anomia. Como venimos
explicando, esta fuerza se impone sobre todo desde el advenimiento de las
sociedades industriales, las migraciones, la política de masas. Las
transformaciones en las sociedades, ocurridas desde fines del siglo XVIII, han
establecido un ordenamiento social que incluye una dinámica de cambios casi
permanentes en las funciones sociales y en su distribución. Como se puede
entender, las mutaciones en los roles familiares, laborales, educativos, por caso, a
la que terminan sujetas las personas hace que se considere sumamente difícil el
proceso de regulación de tales relaciones.
En este sentido, la anomia no se debe a la mala voluntad de los sujetos, al
deseo de imponerse sobre otros sin ninguna mediación. La división anómica del
trabajo es un producto genuino de la sociedad moderna, es una fuerza que opera
en su interior y que produce efectos desintegradores. La carencia de normas, o su
débil influencia sobre la moral de los individuos, produce lazos sociales muy poco
organizados, donde afloran las diferencias entre las funciones como rivalidades. A
partir de allí la ruptura de la solidaridad social y el crecimiento de los sentimientos
de hostilidad es un proceso casi imposible de evitar. Esta conceptualización le ha
permitido a la sociología holista tener una aproximación al fenómeno de la lucha
de clases entre trabajadores y patrones. La idea básica es que en principio, sin
reglamentación ni instituciones intermedias, se producirían choques entre los
grupos del mundo laboral. Sin embargo, el desarrollo de articulaciones como
sindicatos, asociaciones empresarias y también corporaciones mixtas permite
organizar de modo estable las relaciones entre las funciones, morigerando la
disputa y haciendo sentir la mutua dependencia entre las partes, lo que redunda
en un efecto moral sobre los grupos antes contendientes.

52
Pero la anomia no es la única forma en la cual la división del trabajo pueda
ser presa de fuerzas desintegradoras. Otro hecho social de importancia a la hora
de analizar la conflictividad social son las situaciones en las cuales los roles y
funciones sociales ya no se adecúan con la realidad de los grupos que los
encarnan. Entonces, el conservar estas distribuciones de manera excesivamente
coactiva produce un fenómeno desintegrador que se denomina división del trabajo
coactiva. Tal proceso es una fuerza de la colectividad, que es defendida por
quiénes se benefician de ello, pero no se debe solamente a la presión de esos
individuos, sino que tiene sus raíces en antiguas relaciones entre los grupos
sociales tales como la conquista y la esclavitud.
Si comparamos este hecho social con el que consideramos anteriormente
podemos encontrar una diferencia fundamental: en el caso de la anomia faltaban
las normas o éstas eran muy lábiles; en el de la división coactiva del trabajo nos
encontramos con que las reglas están presentes, pero son sumamente rígidas y
no se corresponden con el funcionamiento social. Por estos motivos esta fuerza
colectiva relega a varios grupos de individuos a ocupar roles sociales que no están
en consonancia con los procesos sociales más amplios. Existen innumerables
ejemplos de situaciones que pueden ser conceptualizadas bajo el nombre de
división coactiva del trabajo, como las ocurridas con el régimen del apartheid en
Sudáfrica hasta 1995 o la de EE.UU. hasta la década de 1960, cuando la lucha
por los derechos civiles comenzó el largo proceso de poner fin a las normas
racistas en muchas ciudades de ese país.
Finalmente, puede ocurrir que aun cuando los lazos sociales se encuentran
debidamente reglamentados, es decir en casos donde no hay anomia ni tampoco
una división coactiva del trabajo, el proceso de articulación de roles y funciones
sociales también tenga fallas colectivas. Esta situación puede deberse a una
tercera forma anormal que es la división discontinua del trabajo, la cual se
caracteriza por la incorrecta y/o insuficiente fluidez de los contactos entre
funciones. Ocurre cuando determinadas fuerzas de la colectividad no se han
desarrollado de un modo acompasado, entonces persisten situaciones en las
cuales las relaciones entre distintas funciones se llevan a cabo con mucha
53
dificultad. En tales condiciones el mayor problema consiste justamente en esta
discontinuidad, en un flujo sin suficiente volumen como para anudar a los
individuos y hacerles sentir la potencia moral de una cooperación continua y bien
regulada.
Esta conceptualización nos permite entender de alguna manera ciertas
situaciones como aquellas en las cuales determinadas poblaciones se encuentran
casi ―desconectadas‖ respecto del resto de las ciudades de un país, debido en
algunos casos a la carencia de rutas, en otros a lo estacionario de sus actividades
más importantes, etc. En estas condiciones nuevamente es preciso ver que el
problema no radica en las consciencias individuales, sino que hay hechos sociales
de gran importancia, algunos morfológicos, que hacen dificultosa la
interdependencia. Ésta existe, pero no es lo suficientemente densa como para
denominarla una cooperación regular. En estas condiciones suelen emerger
conflictos entre ―lo local‖ y ―lo nacional‖ o entre distintas localidades, que en
realidad no han profundizado sus relaciones y por ello no pueden sentir la potencia
de un vínculo más estrecho sobre ellas.

c) El desacople como problema del lazo social

Para la sociología, el cambio social es un proceso teleonómico, es decir,


carece de planificación consciente por parte de los individuos. Tales
transformaciones pueden producirse de una manera armónica o, como sucede la
mayoría de las veces, de un modo más bien desequilibrado. Cuando ocurre de
ese modo podemos encontrar que, por un lado, se erigen funciones sociales que
se han desarrollado ganando en diversidad en su interior y muchas veces
modernizándose, mientras que, por separado, otras continúan en estados
anteriores de su evolución.
Tal desacople es uno de los principios básicos de los procesos de cambio
social a largo plazo y produce un enorme y complejo racimo de fuerzas sociales
de tendencias desintegradoras o, como suele ocurrir, que mantienen en tensión al
orden social, complejizándolo aún más.
54
Este desacople también puede ser entendido como la carencia de
sincronización entre la evolución social de distintas partes de la colectividad. Muy
comúnmente podemos observar que ciertas zonas urbanas, mayormente las
portuarias o las grandes capitales, tienen un ritmo de vida muy acelerado y una
diversificación ocupacional, afectiva, cultural, etc. mucho mayor que ciertas zonas
más mediterráneas o agrarias, donde las ―novedades‖ no llegan con tanta
frecuencia y el ritmo de vida es mucho menos acelerado que en las metrópolis.
Este desfasaje se pone en evidencia cuando estos dos segmentos de la sociedad
entran en contacto. Una forma de vinculación es el caso de las funciones
económicas, donde pueden ocurrir hechos sociales de anomia o también de
discontinuidad. Otro fenómeno frecuente es el de los vínculos políticos, donde
quedan en evidencia distintas racionalidades en la forma de constituir los grupos
que disputan el gobierno de una sociedad.
En el caso argentino, por ejemplo, este tipo de asincronía ha sido pensado
para dar una explicación al surgimiento del peronismo. Según Gino Germani, el
fundador de la carrera de Sociología de la UBA, el apoyo obrero a un caudillo
militar como Perón se inscribía en el universo de la consciencia colectiva de los
trabajadores rurales del país que habían llegado en los años previos a Buenos
Aires para engrosar las filas de la clase obrera y desconocían las ideas socialistas
de los trabajadores urbanos.167
Otro ejemplo, con un desenvolvimiento por entero distinto, fue el caso de
Rusia a principios del siglo XX. Una sociedad que seguía gobernada por una
autocracia anterior a la ilustración del siglo XVIII, con un incipiente desarrollo de la
industria y una vida agraria absolutamente atrasada, ingresó en la guerra con las
principales potencias capitalistas europeas en 1914. La acumulación de
asincronías era enorme y su orden social colapsó en 1917, dando origen a la
revolución social más importante de la pasada centuria.
Lo que nos interesa rescatar de esta explicación es que se encuentran
grupos sociales con diferentes normatividades y, por el hecho de convivir en el

167
Germani, Gino; ―El surgimiento del peronismo: El rol de los obreros y de los migrantes internos‖.
55
espacio de una misma colectividad nacional, deben integrarse de alguna manera.
Este es un proceso de reacomodamientos que reconoce largos plazos, pues
resulta preciso que el juego de interdependencias entre los grupos produzca una
cooperación estable, que suele basarse en alguna mixtura entre los grupos,
aunque tan convergencia no siempre es simétrica.

d) Cambio por aumento de la densidad social

Existen cambios sociales de largo plazo, que implican transformaciones de


grandes magnitudes y afectan a una enorme masa de individuos. La
industrialización, el surgimiento del capitalismo o la globalización son ejemplos de
este tipo de procesos.
Para explicar parte de estos fenómenos la sociología holista ha desarrollado
una serie de herramientas conceptuales. La más importante es la del cambio por
aumento de la densidad social. Con esta noción se está intentando captar el
aumento en el conjunto de las interacciones sociales dentro de un grupo, al tiempo
que también entre los segmentos de las sociedades. Esta nueva vinculación hace
que los fragmentos sociales tengan mayor tonicidad en sus relaciones, puedan
abandonar su aislamiento y, con ello, la autosuficiencia.
De alguna manera, lo que está tratando de explicar la sociología holista es
que las sociedades con mayores relaciones dentro y entre los grupos suelen
desarrollar estructuras sociales diferentes de aquellas que tienen menos
vincularidad. Esta conceptualización nos permite entender las causas de ciertas
diferencias entre ordenamientos sociales, tales como puede ser la ciudad de
Buenos Aires y un pueblo de 500 habitantes en la montaña. Ambos grupos tienen
diferentes cantidades y también cualidades de relaciones en su interior y hacia
afuera, lo que redunda en vidas colectivas muy dispares.
Esta distancia entre tipos de estructuras sociales es la clave para
comprender los cambios sociales en gran escala. Tales mudanzas de las lógicas
de una colectividad se producen en la medida en que crecen sus
interdependencias. Estas transformaciones son hechos de la vida colectiva, que
56
dependen de los ritmos de las fuerzas sociales que los hacen comenzar procesos
de integración. Impulsos de este tipo pueden provenir del comercio mundial, de las
guerras y la conquista, de la formación de los Estados nacionales, u otros
fenómenos de gran envergadura.
Una vez comenzados, estos desarrollos terminan por modificar enormemente
el conjunto de la vida colectiva. El aumento de las relaciones en el interior de los
grupos produce el crecimiento de la diferenciación de funciones y la división del
trabajo social. En esos períodos se registra el paso de un tipo de integración por
semejanzas, la solidaridad mecánica, a otro anclado en la diversidad funcional, la
solidaridad orgánica. Al mismo tiempo, las relaciones entre grupos contribuyen a la
ampliación de los universos simbólicos y culturales, donde viejas tradiciones dejan
el paso a formas de vida colectiva más heterogéneas, con reglamentaciones
menos rígidas aunque con un grado muy alto de interdependencia, dado que los
segmentos sociales han perdido la vieja autarquía.
Estos conceptos pueden ser de utilidad si alguno de nosotros tuviese que
pensar el proceso de integración del espacio territorial que hoy es Argentina en un
Estado-Nación. Desde 1810 hasta casi 1880 distintos grupos sociales
desarrollaron una enorme cantidad de pujas para articular una unidad territorial. La
resultante ha sido que se han integrado muchos segmentos sociales en una
colectividad nacional y, a partir de allí, se han ido desarrollando las
interdependencias. Con ello viejas regiones autárquicas han visto fenecer antiguas
industrias artesanales que fueron derrotadas en la competencia del mercado
mundial. Aquellas zonas del país se reorganizaron a lo largo de las décadas para
tener otros tipos de tareas en la división del trabajo social en la Argentina
moderna.
Algo similar ocurre en el contexto global desde hace más o menos cinco
siglos en nuestro planeta. Década tras década, el conjunto de la vida económica
de cualquier país se encuentra significativamente más conectado y dependiente
de las otras naciones de la tierra. No hay Estados autárquicos y, a través de los
años, el orden mundial va asignando ciertas tareas, y no otras, a cada uno de los

57
países. De alguna manera en el mundo existe una división internacional del
trabajo.
Como se puede entender, tal proceso no ha implicado igualdad y tampoco
justicia en esta distribución. Sin embargo, la sociología holista se enfocará, más
que nada, en cómo los procesos de diferenciación e integración se han llevado a
cabo.

5. Conclusiones

Con este recorrido por los fundamentos de la sociología holista esperamos


haber dejado en claro los principales conceptos de esta corriente. Quizás sus
conquistas teóricas puedan resumirse en los siguientes puntos:
- La sociedad y su movimiento permanente es una realidad objetiva,
más allá de las voluntades y deseos individuales.
- En el estudio de la sociedad es preciso encontrar la forma de
localizar sus fuerzas, que se imponen a los sujetos. Esto son los hechos
sociales.
- En la investigación de los hechos sociales es necesario abandonar
las ideas previas que tenemos sobre ellos, definirlos a partir de sus
características exteriores y separarlos de sus manifestaciones particulares.
- Para entender el orden social es preciso considerar las fuerzas
sociales que tienden a potenciar la integración social: los lazos sociales, la
consciencia y las representaciones colectivas, las formas de solidaridad social, la
moral, la educación, la religión, el Estado y los órganos intermedios.
- Para comprender el conflicto y el cambio social resulta necesario
tomar en cuenta las fuerzas sociales que producen enfrentamientos y
transformaciones: el estado del lazo social, las formas anormales de la división
del trabajo social, el desacople y el cambio por aumento de la densidad social.
El enunciado de las herramientas holistas deberá hacernos recordar que esta
corriente sociológica toma como su unidad de análisis al hecho social sin caer en
58
la simplificación de quitarle sus caracteres sociales específicos.168 De esa forma
nos permite reconocer el carácter sui generis de los hechos sociales, que los
hacen propiamente sociológicos, y no reducir su extrema complejidad a sus
condiciones elementales físicas u orgánicas.
Para finalizar debemos señalar que aquí pretendimos haber rescatado el
poderoso esfuerzo de la sociología holista por expulsar de las ciencias sociales al
perro Cerbero que obstruye el conocimiento mediante sus tres cabezas: las ideas
confusas, los prejuicios y las emociones. En este sentido el holismo nos acercó
instrumentos conceptuales de fundamental importancia para desencantar el
mundo social y con ello poder desterrar los fantasmas en los ojos e ídolas de
aquellos que quieren hacer ciencia social.

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