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LOS DELITOS DE DAÑOS AL PATRIMONIO CULTURAL

Por

ANDRÉS DELGADO GIL


Profesor doctor
Universidad Católica de Ávila

Revistas@iustel.com

Revista General de Derecho Penal 13 (2010)

SUMARIO: I. Cuestiones generales. II. El delito de derribo o alteración grave de edificios


singularmente protegidos por su interés cultural (art. 321). III. El delito de daños en bienes de valor
cultural (art. 323). IV. Los daños por imprudencia grave a los bienes culturales (art. 324). V.
Bibliografía.

I. CUESTIONES GENERALES

España es un país con gran cantidad de bienes culturales. Sin embargo, a lo largo de
la historia, estos bienes no han sido siempre objeto de la necesaria atención por parte de
1
los poderes públicos o de los propietarios privados .
El art. 46 CE permite constatar el interés que el Estado español tiene hoy en la
protección de su “patrimonio histórico, cultural y artístico”. El citado precepto establece lo
siguiente: “Los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el
enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y
de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad. La
Ley penal sancionará los atentados contra este patrimonio”.

Este reconocimiento expreso a la ley penal como sancionadora de los atentados


contra el patrimonio “histórico, cultural y artístico” puede resultar, según se mire,
2
innecesario . Sin duda, aun faltando esta previsión constitucional, deberá existir una
protección penal de este tipo de bienes cuando se trate de los atentados más graves
contra ellos, teniendo en cuenta, por tanto, el principio de intervención mínima del
Derecho penal. En este sentido, el art. 9.2 CE obliga a los poderes públicos a “promover

1
Vid. ANGUITA VILLANUEVA, Luis, El derecho de propiedad privada en los bienes de interés
cultural, Dykinson, Madrid, 2006, 60 y 61.
2
VAELLO ESQUERDO, Esperanza, La defensa del Patrimonio Histórico-Artístico y el Derecho
Penal, Derecho y Proceso, 1980, 687 y 698.
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las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se
integra sean reales y efectivas”. Por tanto, sin necesidad del mandato expreso del art. 46
CE, el legislador penal habría de intervenir en aquello que requiriese especial protección
con el objetivo de promover tanto la libertad como la igualdad del individuo.

Sin embargo, esta inclusión “tiene un indudable valor político-criminal, pues se


exterioriza la orientación de los contenidos que el Derecho Penal asume en el Estado de
este final del Milenio: dar contenido real a la libertad y a la igualdad, proyectándose
sobre intereses compartidos por toda la comunidad, que condicionan la existencia de los
3
estrictamente individuales” . Se trata de la plasmación del específico interés
constitucional en que exista una protección penal relativa a estos bienes y sirve, además,
4
de especial mandato al legislador ordinario .

La sanción penal a los atentados contra el patrimonio cultural se realiza en el Código


penal de dos formas diferentes. De una parte, se ha creado ex novo un capítulo en el CP
1995 (Cap. II, “De los delitos sobre el patrimonio histórico”, Tít. XVI, “De los delitos
relativos a la ordenación del territorio y la protección del patrimonio histórico y del medio
ambiente”). De otra, existen varios delitos relacionados muchos de ellos con los “delitos
contra el patrimonio” y que ya existían con anterioridad al CP 1995 y otros, de nueva
creación o no, en ubicaciones diferentes.

En cuanto a lo indicado en segundo lugar, el código contiene determinados


preceptos, fuera del Cap II, Tít. XVI, Lib. II, en los que el hecho de que la acción delictiva
recaiga sobre bienes culturales constituye una agravación. Así, dentro del Tít XIII “Delitos
contra el patrimonio y contra el orden socioeconómico”, Lib. II, los arts. 235.1 y 241
incriminan el hurto y el robo, respectivamente, cuando se sustraigan cosas de valor
artístico, histórico, cultural o científico; el art. 250.1.5 y el art. 252, referidos a la estafa y
a la apropiación indebida, cuando recaigan sobre bienes que integren el patrimonio
artístico, histórico, cultural o científico; el art. 253, apropiación indebida de cosa perdida,
cuando se trate de cosas de valor artístico, histórico, cultural o científico; el art. 289 ,
sustracción de cosa propia de utilidad social o cultural. Finalmente, el art. 625.2 (Tít. II,
“Faltas contra el patrimonio”, Lib. III) constituye una falta agravada cuando los daños
(que no pueden exceder de 400 euros) se causen en un archivo, registro, museo,
biblioteca, centro docente, gabinete científico, institución análoga o en bienes de valor

3
BERDUGO GÓMEZ DE LA TORRE, Ignacio, “Prólogo”, en Salinero Alonso, Carmen, La
Protección del Patrimonio Histórico en el Código Penal de 1995, Cedecs Editorial, Barcelona,
1997, 15.
4
ARIAS EIBE, Manuel José, El patrimonio cultural. La nueva protección en los arts. 321 a 324
del Código Penal de 1995, Editorial Comares, Granada, 2001, 18.

2
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

histórico, artístico, científico, cultural o monumental, así como en yacimientos


arqueológicos.

En el Cap. I, “De los delitos sobre la ordenación del territorio”, Tít. XVI, Lib. II, el art.
319 sanciona a los promotores, constructores o técnicos directores que lleven a cabo
una construcción no autorizada en (…) lugares que tengan legal o administrativamente
reconocido su valor paisajístico, ecológico, artístico, histórico o cultural. El art. 432.2
(Cap. VII, “De la malversación”, Tít XIX, Lib.II) prevé el delito de malversación si las
cosas malversadas hubieran sido declaradas de valor histórico o artístico. En el art. 613
(Cap. III, “De los Delitos contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto
armado”, Tít. XXIV, “Delitos contra la Comunidad Internacional”, Lib. II) se incrimina al
que con ocasión de un conflicto armado, realice u ordene realizar un ataque (…) contra
bienes culturales (…) que constituyen el patrimonio cultural o espiritual de los pueblos, y
a los que se haya conferido protección en virtud de acuerdos especiales, o bienes
culturales bajo protección reforzada, mientras que en el art. siguiente, 614 (con la misma
ubicación), lo sancionado es cualquier otra infracción (…) relativa a la protección de los
bienes culturales.

Por último, el art. 2.1 e) de la la LO 12/1995, de 12 de diciembre, de Represión del


Contrabando, dice: “Cometen delito de contrabando, siempre que el valor de los bienes,
mercancías, géneros o efectos sea igual o superior a 3.000.000 de pesetas, los que: e)
Saquen del territorio español bienes que integren el Patrimonio Histórico Español, sin la
autorización de la Administración del Estado cuando ésta sea necesaria”. Y el art. 77.7
de la Ley Orgánica 13/1985, de 9 de diciembre, de Código Penal Militar sanciona al
militar que destruyere o deteriorare, sin que lo exijan las necesidades de la guerra, (…)
“los monumentos arquitectónicos y los conjuntos de interés histórico o ambiental, los
bienes muebles de valor histórico, artístico, científico o técnico, los yacimientos en zonas
arqueológicas, los bienes de interés etnográfico y los sitios naturales, jardines y parques
relevantes por su interés histórico-artístico o antropológico y, en general, todos aquellos
que formen parte del patrimonio histórico”.

Pero, como queda reflejado, el CP 1995 ha creado un capítulo especial dedicado a


sancionar, específicamente, los atentados sobre el patrimonio “histórico” (arts. 321 a
324), guiado por el mandato constitucional del art. 46 CE. No obstante, como ha
apuntado algún autor, la Exposición de Motivos de la LO 10/1995, de 23 de noviembre,
del Código Penal, se olvida de los delitos sobre el patrimonio histórico al indicar que
“merece destacarse (…) la mueva regulación de los delitos relativos a la ordenación del

3
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territorio y de los recursos naturales”, pese a quedar ubicados todos ellos en un mismo
5
capítulo .

Respecto del criterio sistemático utilizado por el CP 1995 han surgido algunas
críticas doctrinales. En cuanto a las negativas, se ha dicho que la creación de un capítulo
específico para proteger este tipo de patrimonio no es lo más adecuado puesto que,
6
entre otras cosas, existen más preceptos fuera de él que dentro del mismo . También se
argumenta en el sentido de que sería preferible haber mantenido la técnica legislativa del
Código derogado, dado que se adaptaba a la heterogeneidad de las conductas que
7
pueden ser lesivas de nuestro patrimonio cultural .

Sin embargo, la mayoría de la doctrina ha entendido acertada la inclusión en el


Código de un capítulo independiente dedicado a la protección del patrimonio cultural. Las
razones, que asumo, pueden resumirse en las siguientes: en primer lugar, la protección
a partir de tipos agravados del anterior Código subordina la tutela del patrimonio cultural
a la del individual, siendo que el valor cultural y económico de las cosas son categorías
8
diferentes; en segundo, se cumple así el específico mandato del art. 46 CE .

El tratamiento de los delitos referidos al patrimonio cultural de forma separada a, por


ejemplo, los delitos contra el patrimonio es adecuado. Sin embargo, todo ello sin
perjuicio de apuntar las deficiencias e incoherencias que el nuevo grupo de delitos
presenta entre ellos mismos así como en relación con los tipos diseminados a lo largo
del Código.

Así, aunque posteriormente trataré otras, las referencias singulares que acompañan
al objeto del delito y que lo caracterizan son diferentes según se analice un precepto u
otro. Fuera del Cap. II, Tít. XVI, Lib. II, y referidas a los delitos contra el patrimonio, los
arts. 235.1 , 241 y 253 se refieren a la “cosas de valor artístico, histórico, cultural o
científico”; los arts. 250.1.5º y 252 a los “bienes que integren el patrimonio artístico,

5
Así, RODRÍGUEZ NUÑEZ, Alicia, “Algunos problemas en la protección penal del patrimonio
cultural”, Revista de Derecho penal y criminología, UNED, número extraordinario 1, 2000, 401 y
402.
6
PÉREZ ALONSO, Esteban Juan, “Los delitos contra el patrimonio histórico en el Código penal
de 1995”, Actualidad Penal, 1998-2, 615 y ss.
7
CARMONA SALGADO, Concepción, en Cobo del Rosal (Coord.), Derecho Penal español.
Parte Especial, Dykinson, Madrid, 2005, 683.
8
Ambas razones pueden verse en RODRÍGUEZ MOURULLO, Gonzalo, “El objeto de protección
en los delitos contra el patrimonio histórico”, Estudios penales en homenaje al profesor Cobo del
Rosal, Dykinson, Madrid, 2005, 776 y ss.; TAMARIT SUMALLA, Josep María, en Quintero
Olivares, Gonzalo, Comentarios a la Parte Especial del Derecho Penal, Thomson-Aranzadi,
Navarra, 2009, 1150; SUÁREZ LÓPEZ, José María, en Cobo del Rosal, Manuel (Dtor.),
Comentarios al Código Penal, Tomo X, Vol. II, Centro de Estudios Superiores de Especialidades
Jurídicas, Madrid, 2006, 123.

4
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

histórico, cultural o científico”; el art. 289 a la “cosa propia de utilidad social o cultural”; la
falta del art. 625.2 (por remisión al art. 323), a los daños causados en “un archivo,
registro, museo, biblioteca, centro docente, gabinete científico, institución análoga o en
bienes de valor histórico, artístico, científico, cultural o monumental, así como en
yacimientos arqueológicos”. En otras ubicaciones, el art. 319 a los “lugares que tengan
legal o administrativamente reconocido su valor paisajístico, ecológico, artístico, histórico
o cultural”; el art. 432 a las cosas declaradas de “valor histórico o artístico”; los arts. 613
y 614 a los “bienes culturales”. En la Ley de Represión del Contrabando se citan los
“bienes que integren el Patrimonio Histórico Español” y en el Código penal militar “los
monumentos arquitectónicos y los conjuntos de interés histórico o ambiental, los bienes
muebles de valor histórico, artístico, científico o técnico, los yacimientos en zonas
arqueológicas, los bienes de interés etnográfico y los sitios naturales, jardines y parques
relevantes por su interés histórico-artístico o antropológico y, en general, todos aquellos
que formen parte del patrimonio histórico”.

De otra parte, ya en el Cap. II, Tít. XVI, Lib. II, el art. 321 se refiere a los “edificios
singularmente protegidos por su interés, histórico, artístico, cultural o científico” (también
el art. 322, aunque no lo indica expresamente); los arts. 323 y 324 a los daños
ocasionados en “un archivo, registro, museo, biblioteca, centro docente, gabinete
científico, institución análoga o en bienes de valor histórico, artístico, científico, cultural o
9
monumental, así como en yacimientos arqueológicos” .

Ciertamente no puede negarse la abstracción de todos estos términos (lo artístico,


histórico, cultural, científico, monumental, paisajístico, ecológico, ambiental, técnico,
antropológico). Sin embargo, ello no puede significar una apreciación inocua por el
mundo jurídico, fundamentalmente si tenemos en cuanta uno de los principios básicos
10
del Derecho: la seguridad jurídica . Se utilizan referencias diferentes en los preceptos
localizados dentro y fuera del Cap II, Tít. XVI, Lib. II, lo que implica una falta de
concordancia. Pero es que también son diversos los términos en los tipos del Cap. II.

Probablemente la nota más cercana a la unificación sea el empleo del término


11
“cultural” , dotada de mayor amplitud que las demás y, en este sentido, porque puede

9
Por otra parte, el art. 1.2 de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español,
alude, como pertenecientes al Patrimonio Histórico Español, a “los inmuebles y objetos muebles de
interés artístico, histórico, paleontológico, arqueológico, etnográfico, científico o técnico”. También
a los “sitios naturales, jardines y parques, que tengan valor artístico, histórico o antropológico”.
10
ANGUITA VILLANUEVA, op. cit., 61 y 62.
11
ANGUITA VILLANUEVA, op. cit., 63.

5
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abarcar al resto. Por ello, en este trabajo me referiré, tratando de englobar todas las
12
referencias del legislador, a los bienes culturales o al patrimonio cultural .

Dicho lo anterior, es coherente la petición, de lege ferenda, de modificar la rúbrica del


Cap II, Tít. XVI, Lib. II CP 1995. Lo “cultural” se define en el Diccionario de la Real
Academia como “perteneciente o relativo a la cultura”. Y ésta, a su vez, en su tercera
acepción, como “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de
desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” (por lo que,
como se demuestra, comprende varios de los términos utilizados por el legislador penal).
De otra parte, lo histórico es aquello “perteneciente o relativo a la historia”. Y, ¿acaso no
es la historia una parte de la cultura de un país? De esta forma, la rúbrica del Cap. II
podría referirse al “patrimonio cultural”.

Otra de las deficiencias e incoherencias que la protección penal del patrimonio


cultural presenta es la diferente redacción de los preceptos penales en lo relativo a la
necesidad o no de una declaración previa administrativa.

Algunos delitos no parecen exigirlo. Así sucede en los tipos agravados de hurto y
robo (arts. 235.1 y 241), apropiación indebida de cosa perdida (253), sustracción de cosa
propia de utilidad social o cultural (289), la falta contra el patrimonio del art. 625.2, el
delito del art. 614 y, por último, en los arts. 323 y 324 CP 1995.

Pero, en otros casos, la redacción del precepto conduce a entender la necesidad de


una previa declaración administrativa. Los tipos agravados de estafa y de apropiación
indebida se aplican sobre “bienes que integren el patrimonio artístico, histórico, cultural y
científico” (arts. 250.1.5 y 252, respectivamente); también se refiere a los “bienes que
integren el Patrimonio Histórico Español” el art. 1.2 e) de la LO 12/1995, de 12 de
diciembre, de Represión del Contrabando; el art. 319 dice los “lugares que tengan legal
o administrativamente reconocido su valor paisajístico, ecológico, artístico o cultural”; el
art. 432.2 prevé el delito de malversación cuando las cosas malversadas “hubieran sido
declaradas de valor histórico o artístico”; el art. 613 menciona los “bienes culturales bajo
protección reforzada”; finalmente, el art. 321 alude a los edificios “singularmente
protegidos por su interés histórico, artístico, cultural y científico”, mientras que el art. 322
se refiere únicamente a los edificios singularmente protegidos”.

En definitiva, en algunos tipos delictivos es necesaria una declaración previa


administrativa (aunque las fórmulas empleadas para ello son también diversas), mientras
13 14
que otros aluden, únicamente, al valor o la utilidad “cultural” de los bienes .

12
También se inclina por estos términos, ARIAS EIBE, op. cit., 33-38.

6
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

Una vez apuntado todo lo anterior, conviene acotar el objeto del presente trabajo. Me
interesa el análisis de los específicos delitos de daños al patrimonio cultural contenidos
en los arts. 321 , 323 y 324 CP 1995, dejando a un lado la prevaricación específica
15
contenida en el art. 322 .

Para ello, antes de estudiar cada uno de estos delitos por separado, procede apuntar
el bien jurídico protegido en todo el Cap. II, Tít. XVI, Lib.II.

Conviene comenzar señalando que el citado Cap. II, “De los delitos sobre el
patrimonio histórico” (arts. 321 a 324) se localiza en un Título, el XVI, “De los delitos
relativos a la ordenación del territorio y la protección del patrimonio histórico y del medio
ambiente”, que contiene otros tres capítulos más. El Cap. I, “De los delitos sobre la
ordenación del territorio” (arts. 319 y 320), el Cap. III, “De los delitos contra los recursos
naturales y el medio ambiente” (arts. 325 a 331) y el Cap. IV, “De los delitos relativos a
la protección de la flora, fauna y animales domésticos” (arts. 332 a 337 ), además de un
capítulo, el V, referido a las “disposiciones comunes” (arts. 338 a 340).

La vinculación entre grupos de delitos no parece difícil. El patrimonio cultural se


integra en el medio ambiente y de otra parte, las normas urbanísticas contienen medidas
destinadas a salvaguardar los bienes culturales. En definitiva, se justifica un Título con
16
grupos de delitos relacionados entre sí aunque, sin duda, con autonomía .

En cuanto al específico bien protegido en el Cap. II, la cuestión podría centrarse en si


el art. 46 CE, al declarar el interés relevante por el patrimonio cultural (además de
indicar que la Ley penal sancionará los atentados contra este patrimonio) está creando
un bien jurídico nuevo o si, por el contrario, lo único que hace es resaltar una especial
faceta del patrimonio, la cultural.

Mantener la segunda opción significaría que prevalece el interés individual frente al


general y que la protección penal de los bienes culturales es el reflejo de la tutela de los

13
Aunque en algunos casos se mencione el valor artístico, histórico, cultural y científico, en otros
la utilidad social o cultural, etc. Pero, pese a la falta de concordancia entre los diversos preceptos,
creo que todos ellos pueden reconducirse al más general de bienes “culturales”.
14
Sobre la falta de concordancia de los preceptos se pronuncia CONDE-PUMPIDO TOURÓN,
Cándido, en Conde-Pumpido Ferreiro, Cándido (Dtor.), Código penal comentado. Con
concordancias y jurisprudencia. Tomo II, Editorial Bosch, Madrid, 2004, 980 y 981.
15
El art. 322 CP 1995 dice: “1. La autoridad o funcionario público que, a sabiendas de su
injusticia, haya informado favorablemente proyectos de derribo o alteración de edificios
singularmente protegidos será castigado además de con la pena establecida en el artículo 404 de
este Código con la de prisión de seis meses a dos años o la de multa de doce a veinticuatro
meses. 2. Con las mismas penas se castigará a la autoridad o funcionario público que por sí
mismo o como miembro de un organismo colegiado haya resuelto o votado a favor de su
concesión a sabiendas de su injusticia”.
16
Puede verse, en este sentido, CONDE-PUMPIDO TOURÓN, op. cit., 979.

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17
bienes patrimoniales en su conjunto . Sin duda, el anterior CP sostenía este esquema.
También el CP 1995 parece acogerlo, al menos en parte, al aplicar diferentes
agravaciones cuando se trata de bienes culturales. Se ha dicho por parte de la doctrina
que esta forma de protección del patrimonio cultural sólo toma en consideración el
componente patrimonial y no otros más importantes, como que “representan el acceso a
la cultura o el desarrollo de la personalidad, defraudando las expectativas levantadas por
el artículo 46 de la Constitución y, en definitiva, no captando su caracterización esencial
18
de interés colectivo y no exclusivamente de interés patrimonial” .

Parece claro que el art. 46 CE posee un contenido material que define el bien jurídico
19
protegido en los delitos del Cap. II, Tít. XVI, Lib. II: se trata de un interés colectivo ,
20
distinto del interés personal patrimonialista .

En este sentido, la protección (en general) de estos bienes limita el derecho a la


propiedad privada recogida en el art. 33 CE. Si el apartado primero de este precepto
reconoce el derecho a la propiedad privada, el segundo lo subordina a la función social
21
del mismo . Además, el art. 128.1 CE proclama que “toda la riqueza del país en sus
distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Por
tanto, el propietario de los bienes culturales que los destruya, inutilice o dañe podrá
también ser sancionado a partir del art. 289 CP 1995.

Se trata, por tanto, de bienes con una dimensión colectiva, lo cual implica el carácter
de indisponible por parte del propietario y, además, que el valor que subyace no es
económico sino cultural.

No obstante, pese a que lo protegido en los arts. 321 y ss. CP 1995 es, en primer
22
término, el valor cultural de determinados bienes, ello es compatible, aunque

17
SALINERO ALONSO, Carmen, La Protección del Patrimonio Histórico en el Código Penal de
1995, Cedecs Editorial, Barcelona, 1997, 179.
18
QUINTERO OLIVARES, Gonzalo, “Delitos contra intereses generales o derechos sociales”, en
Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, 1983-6, 580.
19
SALINERO ALONSO, op. cit., 172.
20
Así, por ejemplo, BAUCELLS LLADÓS, Joan, en Córdoba Roda, Juan y García Arán,
Mercedes, Comentarios al Código penal. Parte Especial. Tomo I, Marcial Pons, Madrid/Barcelona,
2004, 1366.
21
En cuanto a la relación entre función social de la propiedad y bien jurídico protegido, vid.
GONZÁLEZ RUS, Juan José, “Puntos de partida de la protección penal del patrimonio histórico,
cultural o artístico”, ADPCP, 1995-48, 46 y 47.
22
Así, MUÑOZ CONDE, Francisco, Derecho penal. Parte Especial, tirant lo blanch, Valencia,
2009, 559. En este sentido, señala RENART GARCÍA, Felipe, El delito de daños al patrimonio
cultural español. Análisis del art. 323 del Código penal de 1995, Editorial Comares, Granada, 2002,
234, que “no es el objeto en sí lo que merece protección sino el valor inmaterial de cultura ínsito en
él”.

8
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

23
permanece en un segundo plano , con la tutela del aspecto patrimonial de estos bienes
culturales. Esto implica que, por ejemplo, en caso de error sobre el carácter del bien,
24
subsista el dolo de los delitos o faltas de daños .

Pero la remisión del art. 46 CE a la Ley penal para sancionar los atentados contra el
patrimonio cultural no excluye la capacidad sancionadora de la Administración. Dado el
principio de intervención mínima y el carácter de última ratio del Derecho penal, sólo los
25
ataques más graves contra los bienes culturales deben ser sancionados penalmente ,
lo cual no quiere decir que haya que reducir “la cantidad de derecho penal”, sino
reducirla “allí donde no sea preciso y concentrar la energía punitiva allí donde la
26
sociedad (…) y, en general, los valores superiores del ordenamiento lo demanden” .
Los arts. 321 y ss. CP constituyen un ejemplo de la necesidad de intervención por parte
del legislador penal.

En definitiva, una vez señalado todo lo anterior, la creación de un capítulo específico


relativo a los delitos contra el patrimonio cultural es positiva. Sin embargo, existen
incoherencias, como ya he indicado, en la regulación del grupo de delitos: por ejemplo,
en la propia rúbrica del capítulo. No sólo merece reformarse la calificación de este tipo
de bienes (no sobre el patrimonio “histórico”, sino sobre el patrimonio “cultural”, por lo ya
explicado), sino que, en realidad, los arts. 321 y ss. se limitan a tipificar “daños” contra el
patrimonio cultural y, además, no todos ellos (también los arts. 289 #(§000139) 289# y
27
625.2 recogen daños sobre bienes con relevancia cultural) .

En mi opinión, sería preferible una rúbrica que indicara algo así como: “De los daños
contra el patrimonio cultural”. De esta forma se apreciaría que lo tipificado son los daños
y no otros comportamientos contra el patrimonio cultural. Además, éste vendría
caracterizado, de forma general, por su valor cultural, con un significado más amplio que
el de “histórico”. Finalmente, el cambio de la preposición “sobre” por la de “contra”
parece también preferible para identificar el bien jurídico protegido (el valor cultural de los
bienes).

23
Así lo indica, por ejemplo, MUÑOZ CONDE, op. cit., 559.
24
Vid. BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1366.
25
Vid., en este sentido, SUÁREZ LÓPEZ, op. cit., 124 y SALINERO ALONSO, Carmen, op. cit.,
134.
26
Vid. QUINTERO OLIVARES, Gonzalo, “El principio de intervención mínima y algunos delitos
patrimoniales y societarios”, en Quintero Olivares, Gonzalo y Morales Prats, Fermín (Coords.), El
Nuevo Derecho Penal Español. Estudios Penales en Memoria del Profesor José Manuel Valle
Muñiz, Aranzadi, Navarra, 2001, 1698.
27
Se pronuncia también en este sentido SALINERO ALONSO, op. cit., 295 y 296.

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II. EL DELITO DE DERRIBO O ALTERACIÓN GRAVE DE EDIFICIOS


SINGULARMENTE PROTEGIDOS POR SU INTERÉS CULTURAL (ART. 321)

El art. 321 , primero del Cap. II, Tít. XVI, carece de antecedentes en la regulación
anterior. Dice este artículo:
“Los que derriben o alteren gravemente edificios singularmente protegidos por su
interés histórico, artístico, cultural o monumental serán castigados con las penas de
prisión de seis meses a tres años, multa de doce a veinticuatro meses y, en todo caso,
inhabilitación especial para profesión u oficio por tiempo de uno a cinco años.

En cualquier caso, los Jueces o Tribunales, motivadamente, podrán ordenar, a cargo


del autor del hecho, la reconstrucción o restauración de la obra, sin perjuicio de las
indemnizaciones debidas a terceros de buena fe”.

Se trata, como opina la doctrina mayoritaria, de un delito de resultado consistente en


el derribo o alteración de un edificio singularmente protegido, por lo que se admiten las
28
formas imperfectas de ejecución, ya sea tentativa acabada o inacabada . Como señala
la STS 25.05.04 es posible también la comisión por omisión, puesto que cabe el derribo
o alteración del edificio omitiendo voluntariamente los cuidados o reparaciones
necesarios para su mantenimiento, de forma que, finalmente, resulte destruido.

En relación con el sujeto activo del delito, puede observarse ya la defectuosa técnica
legislativa. Las interpretaciones pueden ser de dos tipos. De una parte, podría
argumentarse que en el art. 321 no se exige una especial cualificación, quedando
configurado, por tanto, como un delito común. De otra parte, una de las penas previstas
es la de “en todo caso, inhabilitación especial para profesión u oficio por tiempo de uno a
cinco años”, por lo que podría entenderse que sujeto activo ha de ser algún profesional
de la edificación, teniendo en cuanta, además, que el actual art. 321 procede del art.
305.2 ACP 1994, ubicado en un artículo relativo a los delitos contra la ordenación del
territorio y que el art. 305.1 ACP 1994 es hoy, con redacción prácticamente igual, el art.

28
Sobre que se trata de un delito de resultado, vid. VERCHER NOGUERA, Antonio, en Del
Moral García, Antonio y Serrano Butragueño, Ignacio (Coords.), Código penal (Comentarios y
jurisprudencia), Comares, Granada, 2002, 2050 y CONDE-PUMPIDO TOURÓN, op. cit., 981.
Respecto de que, por consiguiente, no se plantean problemas para admitir formas imperfectas de
ejecución, puede verse, CASO JIMÉNEZ, Teresa del, en Sánchez Melgar, Julián (Coord.), Código
Penal. Comentarios y jurisprudencia, Sepín, Madrid, 2006, 1629; BAUCELLS LLADÓS, op.cit.,
1368; TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1150; SALINERO ALONSO, op. cit., 305; SUÁREZ LÓPEZ,
op. cit., 139; STS 25.05.04.

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Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

319. Y los únicos sujetos activos del art. 319 CP 1995 son los promotores, constructores
29
o técnicos directores .
30
La mayoría de la doctrina entiende que el delito del art. 321 es un delito común . A
diferencia del art. 322 en que el sujeto activo ha de ser necesariamente la autoridad o
31
funcionario público, en el tipo del delito en estudio el sujeto activo es “indiferenciado” .

Sin embargo, aunque se alcance esta conclusión, en ocasiones se argumenta que,


pese a la ausencia de una mención específica, la ley piensa en el constructor. Se dice
que el art. 321 no diferencia entre los sujetos activos y que, de lege lata, por tanto, ha de
tratarse de un delito común pero que, no obstante, la fijación de la pena de inhabilitación
especial para profesión u oficio “en todo caso” parece evidenciar que le legislador estaba
pensando más en profesionales de la edificación que en personas ajenas a este ámbito
32
. Pero, de otra parte, también se apunta y es compartible, que esta interpretación no
33
cuenta con apoyo legal , por lo que debe ser rechazada. Finalmente, algunos autores
concluyen que existe un desajuste entre la letra y el espíritu de la ley y que sólo desde
34
un punto de vista formal cabría negar que se trata de un delito especial .

En mi opinión, puesto que en el art. 321 no existe una mención específica a los
constructores (como sucede, por ejemplo, en el art. 319), éstos no pueden ser los únicos
sujetos activos. Ello no quiere decir que en ningún caso puedan serlo. Precisamente,
cuando sean ellos los que realicen la conducta tipificada, serán incriminados además de
con la pena de prisión de seis meses a tres años y con la de multa de doce a veinticuatro
meses, con la de inhabilitación especial para profesión y oficio. El “en todo caso” puede
interpretarse en el sentido de que, siendo profesionales de la construcción, si cometen el

29
El art. 305.2 ACP 1994 se localizaba, con la misma redacción (salvo en la conjugación de los
verbos “derribar” y “alterar”) que el actual art. 321, en el Cap. I, “De los delitos sobre la ordenación
del territorio”, Tít. XIII, “De los delitos relativos a la ordenación del territorio y a la protección de los
recursos naturales y de la vida silvestre”, Lib. II. Vid. Anteproyecto de Código Penal 1994, Informe
del Consejo General del Poder Judicial y voto concurrente formulado, Consejo General del Poder
Judicial, Madrid, ¿1991?, 78.
30
Vid. VERCHER NOGUERA, op.cit., 2050; TERRADILLOS BASOCO, Juan María, en Arroyo
Zapatero, Luis, Berdugo Gómez de la Torre, Ignacio, Ferré Olivé, Juan Carlos, García Rivas,
Nicolás, Serrano Piedecasas, José Ramón y Terradillos Basoco, Juan María (Dtors.), Comentarios
al Código Penal, Iustel, Madrid, 2007, 723. Entiende que se trata de un delito especial
GUARDIOLA GARCÍA, Javier, “De la sustracción de cosa propia a su utilidad social o cultural”, en
Quintero Olivares, Gonzalo y Morales Prats, Fermín (Coords.), El Nuevo Derecho Penal Español.
Estudios Penales en Memoria del Profesor José Manuel Valle Muñiz, Aranzadi, Navarra, 2001,
1395.
31
TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1151.
32
Vid. SALINERO ALONSO, op. cit., 305.
33
TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1151.
34
Así, CARMONA SALGADO, op. cit., 684 y 685.

11
RGDP 13 (2010) 1-27 Iustel

delito del art. 321 siempre serán incriminados con las penas previstas de prisión y multa
35
más la de inhabilitación . En definitiva, se trata de un delito común. Pero la inadecuada
técnica legislativa hace que sea necesaria toda la interpretación precedente. Por otra
parte, sin embargo, esta generalización evita problemas de participación propios de los
36
delitos especiales .

En cuanto a si el propietario de un edificio singularmente protegido que realiza la


conducta típica de derribo o alteración grave del mismo puede quedar incriminado de
acuerdo con el art. 321 CP, las posiciones son, al menos, dos. De una parte, puesto que
el art. 321 es un delito común, también puede ser sujeto activo el propietario del edificio
37 38
. De otra, que lo aplicado en su caso sea el art. 289 .

Creo que, si el propietario realiza la conducta del art. 321, existirá un concurso de
leyes que habrá que resolver, de acuerdo con el art. 8.1 CP, en favor del art. 289 por ser
39
el precepto especial .

En cuanto al objeto material del delito, el precepto alude a los “edificios singularmente
protegidos por su interés histórico, artístico, cultural o monumental”.

En principio, la palabra “edificio” parece restringir el objeto material, dejando fuera del
alcance del precepto algunos bienes inmuebles como, por ejemplo, un acueducto o un
arco. Así se ha apuntado por algunos autores teniendo en cuenta para ello que el
Congreso de los Diputados rechazó una enmienda del Grupo Popular en la que se
proponía alterar este término por los de “bienes inmuebles”, bastante más amplios y
40
comprensivos, sin mayor esfuerzo interpretativo, de los anteriores ejemplos . Sin
41
embargo, también se ha argumentado que la citada enmienda se propuso en relación
42
con el entonces art. 305.2 ACP 1994 , referido a conductas lesivas para el bien jurídico
“ordenación del territorio”. El actual art. 321 constituye una segregación del aludido art.

35
En parecido sentido se pronuncia BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1367.
36
SALINERO ALONSO, op. cit., 305 y 306 y STS 25.05.04.
37
Por todos, TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1152.
38
Así, SALINERO ALONSO, op. cit., 305, nota 564 bis y BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1367.
39
En sentido diferente, dice ARIAS EIBE, op. cit., 123 y 124, apelando también al concurso de
leyes, que el art. 8.1 CP “nos llevaría a tener que aplicar, en dicho supuesto, el artículo 321 o el
323, llegado el caso, y no el 289, y ello dado el carácter especial que presentan aquellos respecto
a este precepto”.
40
Vid. TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1152.
41
SALINERO ALONSO, op. cit., 307.
42
Ya he indicado que el art. 305.2 ACP 1994 se localizaba en el Cap. I, “De los delitos sobre la
ordenación del territorio”, Tít. XIII, “De los delitos relativos a la ordenación del territorio y a la
protección de los recursos naturales y de la vida silvestre”, Lib. II.

12
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

305 y, por tanto, necesita ahora una interpretación de acuerdo con su nueva ubicación y
con el diferente bien jurídico amparado.

Algún autor entiende que el término edificio” es equiparable al de “construcción”, “al


menos en relación a los delitos previstos en el art. 319.1 y 2” y que, por tanto, “cabría
43
hacer extensivo este último término al objeto material del tipo del art. 321” . De esta
forma, ciertamente, quedarían incluidos en el tipo los mencionados acueductos o arcos,
por ejemplo, y el precepto no quedaría restringido a los edificios en sentido estricto.

En mi opinión, podría argumentarse también que el término “edificio” hace referencia


a una “construcción fija, hecha con materiales resistentes, para habitación humana o
44
para otros usos” y que la “construcción” es la “obra construida o edificada” . De esta
forma, objeto del delito será todo aquello que pueda considerarse “construcción”, vocablo
45
bastante más amplio que el de edificio . El bien jurídico protegido en los preceptos del
Cap. II, Tít. XVI (el valor cultural de determinados bienes) permite interpretar el término
de esta forma. ¿Por qué razón se protegería en el art. 321 al castillo o a la iglesia de
valor cultural y no al acueducto? No obstante, no creo que pueda entenderse que los
objetos materiales sean, sin más, los bienes inmuebles: no parece que el principio de
46
legalidad lo permita . Ello provoca, no obstante, que, por ejemplo, las cuevas, abrigos y
47
lugares que contengan manifestaciones de arte rupestre (art. 40.2. LPHE ) no
constituyan el objeto del delito en el art. 321 ; son bienes inmuebles pero no
construcciones (ni edificios en sentido estricto).

Pero, además, los edificios entendidos en el sentido de construcciones han de estar


“singularmente protegidos por su valor” cultural.

Ya he adelantado que algunos preceptos referidos a la protección penal del


patrimonio cultural requieren, dada su redacción, una previa declaración administrativa
de los bienes mientras que otros no; y que los del art. 321 se encuentran, como opina la
48
doctrina mayoritaria, en el primero de los casos .

43
Así, SALINERO ALONSO, op. cit., 307 y 308. Recuérdese la procedencia del actual art. 321.
El art. 305.1 CP 1994 se refería a la “construcción”.
44
Vid. el diccionario de la Real Academia Española.
45
En sentido contrario, sin embargo, TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1152 y TERRADILLOS
BASOCO, op. cit., 724.
46
Dice, BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1369, que el objeto material del delito son los “bienes
inmuebles”. Por otra parte, VERCHER NOGUERA, op. cit., 2050, apunta que el legislador debió
utilizar un concepto más amplio que el de edificio, “tal como el de bien inmueble”.
47
Ley 16/1985 , de 25 de junio, del Patrimonio histórico español.
48
Sobre la necesidad de la previa declaración administrativa, vid. TERRADILLOS BASOCO, op.
cit., 724; TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1152; BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1369; CONDE-

13
RGDP 13 (2010) 1-27 Iustel

Los términos de la expresión “singularmente protegidos” son los mismos que


encontramos en el art. 9.1 LPHE: “gozarán de singular protección y tutela los bienes
integrantes del Patrimonio Histórico Español declarados de interés cultural por ministerio
de la esta Ley o mediante Real Decreto de forma individualizada”. Por tanto, las
49
construcciones protegidas son las declaradas de interés cultural .

Ciertamente, el art. 46 CE contempla la protección del patrimonio cultural “cualquiera


que sea su régimen jurídico o su titularidad”. Quizá por eso algún autor ha entendido que
50
no es necesaria una declaración previa administrativa . Sin embargo, una interpretación
gramatical impide interpretar el art. 321 de esa manera dado que el tipo se refiere,
expresamente, a los edificios “singularmente protegidos”, lo que exige una decisión
individualizada protectora.

Cuestión diferente es que los bienes puedan tener valor cultural con independencia
de la declaración administrativa que, sin duda, tendrá un valor declarativo y no
constitutivo. Que el acto administrativo únicamente constata el valor cultural del bien
51
puede verse en lo siguiente . De una parte, la LPHE recoge el derecho pero también la
obligación de todas las personas a proteger los bienes culturales (arts. 8.1 y 10 LPHE
52
). La Administración reconoce así que no tiene medios para conocer todos los ataques
a estos bienes ni cuáles de ellos han de ser protegidos, señalando así que la relevancia
del bien es anterior al acto administrativo. Por otra parte, si se reconociera el carácter
constitutivo se indicaría que es la Administración de cada momento la que decide qué es
cultura.

En definitiva, pese a que los bienes culturales no requieren de un acto administrativo


previo que así los declare, la protección penal del art. 321 circunscribe su ámbito de

PUMPIDO TOURÓN, op. cit., 982; MUÑOZ CONDE, op. cit., 560; CASO JIMÉNEZ, op. cit., 1629;
RODRÍGUEZ RAMOS, Luis, en Rodríguez Ramos, Luis (Coord.), Código Penal. Concordado con
jurisprudencia sistematizada y leyes penales especiales y complementarias, La Ley, Madrid, 2007,
794.
49
La LPHE establece que los bienes del Patrimonio Histórico Español se dividen, atendiendo a
su relevancia cultural, de mayor a menor, en: 1º. Bienes de Interés Cultural, 2º. Bienes muebles del
Inventario General, 3º. Los demás bienes del Patrimonio Histórico Español. Vid. ANGUITA
VILLANUEVA, op. cit., 70, donde pueden verse ejemplos de la legislación autonómica.
50
Así, VERCHER NOGUERA, op. cit., 2050 y 2051.
51
Las argumentaciones siguientes pueden verse en ANGUITA VILLANUEVA, op. cit., 71.
52
Dice el art. 8.1 LPHE: “Las personas que observen peligro de destrucción o deterioro en un
bien integrante del Patrimonio Histórico Español deberán, en el menor tiempo posible, ponerlo en
conocimiento de la Administración competente, quien comprobará el objeto de la denuncia y
actuará con arreglo a lo que en esta Ley se dispone”. El art. 10 LPHE señala: “Cualquier persona
podrá solicitar la incoación de expediente para la declaración de un bien de interés cultural. El
organismo competente decidirá si procede la incoación. Esta decisión y, en su caso, las
incidencias y resolución del expediente deberán notificarse a quienes lo instaron”.

14
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

actuación a los edificios “singularmente protegidos”, lo que exige la declaración


53
administrativa previa .

Por otra parte, se plantean dudas acerca de los bienes sobre los que no ha recaído
todavía una resolución administrativa pero sí se ha incoado expediente administrativo.

El art. 11 LPHE dice que “la incoación de expediente para la declaración de un bien
de interés cultural determinará, en relación al bien afectado, la aplicación provisional del
mismo régimen de protección previsto para los declarados de interés cultural”.

Creo que si la expresión “singularmente protegidos” del art. 321 exige una declaración
previa administrativa de bien de interés cultural a partir de lo establecido en el art. 9
LPHE, y el art. 11 de la misma norma otorga el mismo régimen de protección a los
edificios cuya declaración de bien de interés cultural esté en trámite, ha de concluirse
que si se realiza la conducta típica en edificios pendientes de obtener la declaración
54
administrativa también será de aplicación el art. 321 CP 1995 .

Se está analizando en el art. 321 una expresión (“singularmente protegidos”)


relacionándola con determinados preceptos extrapenales y llegando a conclusiones
respecto de lo que significa de acuerdo con lo establecido en la LPHE . Sentado esto, si
la misma Ley de Patrimonio prevé para los bienes en trámite de obtención de la
declaración de bien de interés cultural el mismo régimen de protección que para estos
últimos, parece que la cuestión queda resuelta. Además, la protección otorgada a los
bienes en esta situación de trámite se funda en la tutela de los presuntos valores
culturales de los que puede ser portador el bien, evitando así actuaciones que pudieran
55
hacerlos desaparecer .

Sin embargo, la doctrina mayoritaria entiende, alegando en algunos casos razones


56 57
político criminales , de seguridad jurídica o, simplemente, indicando que entonces no
58
se trata de un edificio singularmente protegido , que las conductas de derribo y
alteración grave de edificios cuya declaración de interés cultural esté en trámite, pero
todavía no concedida, no encajan en el art. 321 CP 1995. Se apunta también que una

53
También, en este sentido, SALINERO ALONSO, op. cit., 309.
54
También se pronuncia en este sentido CONDE-PUMPIDO TOURÓN, op. cit., 982.
55
Así, GUISASOLA LERMA, op. cit., 493.
56
SALINERO ALONSO, op. cit., 309. También señala la autora razones de seguridad jurídica.
57
BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1370.
58
TERRADILLOS BASOCO, op. cit., 724.

15
RGDP 13 (2010) 1-27 Iustel

59
conclusión en otro sentido constituiría una interpretación extensiva o ampliatoria
60
contraria al principio de intervención mínima .

Ciertamente, los inconvenientes que surgen de la interpretación literal del tipo del art.
321 en relación con el art. 11 LPHE pueden resultar, en algunos casos, llamativos.
Podría ocurrir, por ejemplo, que después de la incoación del expediente para la
declaración de un bien de interés cultural no llegase a dictarse la resolución
administrativa declarando ese interés y, sin embargo, en el intervalo, se aplicase el art.
321 CP 1995.

En mi opinión, si lo anterior llegara a ocurrir, en el momento en que constara la


resolución administrativa en el sentido de no declarar de interés cultural un determinado
bien, habría que revisar el expediente penal. Resultaría entonces que ya no se daría la
singular protección que requiere el tipo del art. 321 CP 1995. No obstante, habría que
verificar si, aun faltando la declaración administrativa pero manteniendo el valor cultural
61
que se protege, sería de aplicación el art. 323 CP .

En todo caso, algunas de las críticas doctrinales que se sostienen en el sentido de no


aplicar el art. 321 cuando todavía no ha recaído resolución administrativa no me parecen
inoportunas. Sin duda, la seguridad jurídica se resiente. Pero creo que no es posible,
atendiendo al principio de legalidad, otra interpretación del precepto.

Sin embargo, de lege ferenda, sería preferible otra redacción del art. 321 que,
manteniendo, en su caso, la necesidad de la declaración administrativa previa, resolviera
la situación para los casos en que no se hubiera dictado todavía la resolución. El
precepto podría decir, en lugar de “edificios singularmente protegidos”, “edificios que
hubieran sido declarados de valor cultural”, como sucede, de forma muy parecida, por
ejemplo, en el art. 432.2 CP 1995. De esta forma, la interpretación literal del precepto no
alcanzaría a los bienes que, habiendo iniciado el expediente, no hubieran alcanzado aún
la declaración posterior, puesto que el tipo exigiría la efectiva resolución administrativa
previa.

59
TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1152; SUÁREZ LÓPEZ, op. cit., 131.
60
ROMA VALDÉS, Antonio, “Los delitos sobre el patrimonio histórico”, en Delitos y cuestiones
penales en el ámbito empresarial, V, editorial Expansión, Madrid, 1999, 458.
61
La mayoría de los autores que sostienen la no aplicación del art. 321 en caso de no existir
resolución administrativa declarando un bien de interés cultural, aunque habiéndose incoado el
expediente para ello, entienden la necesidad de calificar estos casos conforme al tipo del art. 323
CP. Vid., por todos, TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1153.

16
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

En cuanto a la acción típica, ésta consiste en derribar o alterar gravemente edificios


singularmente protegidos por su valor cultural. Otras conductas podrán ser calificadas de
acuerdo con el art. 323, como veremos.

En cuanto al primero de los términos, no plantea excesivos problemas a la hora de su


interpretación y, en este sentido, la doctrina se muestra pacífica. “Derribar” significa
62
“arruinar, demoler, echar a tierra muros o edificios” . Además, la demolición puede ser
63
tanto total como parcial . No obstante, la demolición parcial de un edificio singularmente
protegido podría quedar recogida en el concepto de alteración grave, prevista también en
este mismo precepto. De otra parte, hay que entender que los únicos derribos tipificados
son los ilegales, esto es, aquellos que no cuentan con la correspondiente autorización
64
administrativa .

El segundo de los comportamientos incriminados en este artículo es la “alteración


grave”. Esta hipótesis, sin duda, plantea bastantes más problemas de interpretación.

El Diccionario define “alterar” como “cambiar la esencia o forma de algo”, pero


65
también como “estropear, dañar, descomponer” , lo cual evidencia la dificultad para su
determinación teniendo en cuenta, además, que el art. 323 CP 1995 recoge los “daños”
66
a bienes de valor cultural .

Para valorar el carácter grave de la alteración (ya se trate de cambios en aquello que
constituye la naturaleza del edificio o de otro tipo de daños) hay que atender a los daños
sufridos por los elementos que le confieren la característica de edificio singularmente
protegido por su valor cultural o, dicho de otra forma, la gravedad se mide atendiendo al
grado de afectación del bien jurídico protegido. Además, relacionado con la anterior, la
67
gravedad está relacionada con las dificultades en la restauración de lo dañado . En
parecido sentido puede verse la valoración de la gravedad en la STS 25.05.04. Así, se
dice respecto de ésta que ha de ser “cuantitativamente importante” y, de otra parte, “ha
de ser cualitativamente relevante en cuanto a la finalidad que esta norma penal tiene: la
protección del interés histórico o asimilados expresados en la norma, de modo que caso

62
Vid. el diccionario de la Real Academia Española.
63
Vid., por todos, SALINERO ALONSO, op. cit., 306.
64
Así, también, SUÁREZ LÓPEZ, op. cit., 131.
65
Vid. el diccionario de la Real Academia Española.
66
Vid. SALINERO ALONSO, op. cit., 306 y TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1151.
67
En este sentido se pronuncian, por ejemplo, TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1151; SALINERO
ALONSO, op. cit., 307; SUÁREZ LÓPEZ, op. cit., 134 y BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1368.
MUÑOZ CONDE, op. cit., 560, sólo se refiere al segundo de los criterios indicados.

17
RGDP 13 (2010) 1-27 Iustel

de alteración parcial, ésta afecte a la parte del edificio en la que ese interés protegido se
68
concreta” .

Cuestión diferente es, una vez interpretado el concepto de “alteración grave”


(“alteración” en los dos sentidos ya indicados y “grave” de la forma expuesta), qué
precepto será el aplicable en el caso de que la alteración del edificio no tuviera ese
carácter.

En principio, entiendo que habría que poner en relación los verbos típicos utilizados
en el art. 321 con los “daños” del art. 323 CP 1995, lo cual no resulta sencillo y concluye
verificando la defectuosa correlación entre ambos preceptos. La alteración del art. 321
significa tanto el cambio sustancial en la esencia del edificio como la realización de otro
tipo de daños. Sin embargo, en el art. 323 están previstos únicamente los daños,
asimilables sólo al segundo de los significados del precepto anterior. Entiendo, por tanto,
que “alterar” y “causar daños” han de significar, al menos en alguna de sus acepciones,
69
cuestiones diferentes . El primero de ellos (alterar) engloba al segundo pero contiene
otro significado.

Así, los daños graves en un edificio singularmente protegido están incriminados en el


70
art. 321, mientras que los daños no graves, podrían serlo a partir del art. 323 . De otra
parte, el cambio en la esencia del edificio que pudiera entenderse como grave está
previsto en el art. 321; pero ese mismo cambio, cuando no fuera grave, no podría
reconducirse al art. 323 puesto que el término empleado en este precepto no lo incluye.

Sin embargo, tampoco la previsión a partir del art. 323 cuando se trate de daños no
graves a un edificio singularmente protegido resulta posible. Esta solución sería correcta
en caso de que las penas establecidas en este precepto fueran inferiores a las del art.
321. Sin embargo, observando las penas del art. 323 se comprueba que al menos el
límite inferior de la privativa de libertad es más elevada en este precepto que la prevista
en el art. 321. Resultaría que los daños graves a un edificio singularmente protegido
podrían sancionarse de forma menos severa que los daños no graves a estos mismos
objetos materiales.

68
Recogen los requisitos indicados en la STS 25.05.04 RODRÍGUEZ RAMOS, op. cit., 794 y
CLIMENT DURÁN, Carlos, Código Penal con jurisprudencia sistematizada, tirant lo blanch,
Valencia, 2006, 987.
69
Así lo entienden también, aunque con matices, BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1368 y
SALINERO ALONSO, op. cit., 306.
70
A esta conclusión llegan, entre otros, BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1368 y CARMONA
SALGADO, op. cit., 685 y 686.

18
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

En mi opinión, cuando la alteración no sea grave (en cualquiera de las acepciones del
verbo “alterar”), habría que acudir a las sanciones de tipo administrativo recogidas en la
71
LPHE y no al art. 323 CP 1995 . Cuando la alteración no grave signifique causar
daños no graves en el edificio, porque las penas del art. 323 son superiores a las del art.
321; y cuando la alteración no grave implique un cambio en la esencia de la cosa no
grave porque el art. 323 no se refiere a estos supuestos.

Sin embargo, los problemas en la determinación del precepto aplicable no concluyen


aquí. La remisión a la LPHE tampoco resulta sencilla. El art. 76.1. g) sanciona, como
infracción administrativa, “el derribo, desplazamiento o remoción ilegales de cualquier
inmueble afectado por un expediente de declaración de Bien de Interés Cultural”.

El derribo previsto en esta norma no plantea especiales problemas. Vendría referido a


la demolición de elementos del edificio singularmente protegido pero que, aunque
contienen el valor cultural que los caracteriza, no son significativos. La dificultad se haya
en la interpretación de los términos “desplazamiento o remoción” y en si estos vocablos
significan cosas parecidas a la alteración.

Entiendo que el legislador ha establecido que los daños penalmente relevantes a


edificios singularmente protegidos son los que suponen derribo o alteración grave y no
otros (teniendo en cuenta la pena del art. 323). Siendo así, la interpretación de los
términos “desplazamiento o remoción” deberá hacerse en el sentido de englobar la
alteración no grave de los elementos del edificio. Desplazar, que supone “mover o sacar
a alguien o algo del lugar en que está” y remover, que implica “pasar o mudar algo de un
lugar a otro”, implican el cambio no grave en la esencia de una cosa así como otros
daños no graves al edificio.
72
Se trata, ciertamente, de una interpretación forzada de los términos pero necesaria
dada la defectuosa coordinación entre los arts. 321 y 323 CP 1995. De lege ferenda,
sería preferible que las penas de prisión y multa de estos preceptos se intercambiaran.
De esta forma, la alteración no grave quedaría prevista en el art. 323; esto es, al menos
los daños no graves, diferentes a los cambios no graves en la esencia de los elementos
del edificio, estarían recogidos en el art. 323 CP 1995.

71
Así, VERCHER NOGUERA, op. cit., 2050; SUÁREZ LÓPEZ, op. cit., 136 y 137; GUISASOLA
LERMA, Cristina, Delitos contra el patrimonio cultural: artículos 321 a 324 del código penal, Tirant
lo blach, Valencia, 2001, 459 y ss.; SALINERO ALONSO, op. cit., 306 y 307; STS 25.05.04.
72
Dice BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1368, que “en ninguna de las infracciones previstas en el
art. 76 LPHE se tipifica la acción de “alterar”, “causar daños” o cualquier otra en la que pueda
subsumirse”.

19
RGDP 13 (2010) 1-27 Iustel

Por otra parte, dentro del tipo subjetivo, el art. 321 contempla únicamente la comisión
dolosa de las conductas allí recogidas, sin que pueda descartarse la concurrencia de
73
dolo eventual . El dolo debe abarcar el conocimiento de que se está derribando o
alterando un edificio y, además, la condición de la singular protección del mismo dado su
valor cultural. De esta forma, el conocimiento equivocado de alguno de estos elementos
deberá reconducirse a los supuestos de error de tipo. Si fuera invencible determinaría la
impunidad mientras que si el error es invencible sería punible en caso de que se
admitiera la incriminación por imprudencia.

Lo anterior requiere el análisis de la posibilidad de comisión imprudente del


comportamiento descrito en el art. 321. En principio, esta posibilidad resulta dudosa,
dado que el art. 324 CP 1995 reproduce la conducta incriminada en el art. 323 y, por
tanto, parece referirse únicamente a ella.

En este sentido, algún autor ha descartado la posibilidad de que el art. 324 sea
aplicable a los edificios singularmente protegidos del art. 321, dado que el primero tiene
74
un “objeto material distinto, que puede, incluso, ser de naturaleza mueble” y que los
únicos comportamientos imprudentes penados en el art. 324 son los del artículo
75
inmediatamente precedente . Se argumenta también que si el legislador hubiera
querido incriminar la comisión imprudente de todas las conductas del Cap. II, Tít. XVI, lo
hubiera hecho de forma expresa, como sucede en, por ejemplo, el art. 331 CP. En este
último precepto se sanciona la comisión por imprudencia grave en relación con,
explícitamente, todos los hechos previstos en el Cap. III, Tít XVI, esto es, con los delitos
76
contra los recursos naturales y el medio ambiente .

De ser así, la única posibilidad de previsión de las conductas imprudentes en relación


con el art. 321 sería por la vía del art. 267 CP. Este último artículo dice que “los daños
causados por imprudencia grave en cuantía superior a 80.000 euros, serán castigados
con la pena de multa de tres a nueve meses, atendiendo a la importancia de los
mismos”. De esta forma, los daños por imprudencia grave sancionados en relación con
el derribo o alteración grave de edificios singularmente protegidos serían, sólo, aquellos
que superaran los 80.000 euros.

73
Por todos, TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1153.
74
Así, TERRADILLOS BASOCO, op. cit., 725.
75
Vid. CONDE-PUMPIDO TOURÓN, op. cit., 981.
76
Vid. TERRADILLOS BASOCO, op. cit., 725.

20
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

77
Sin embargo, aunque vuelve a ponerse de manifiesto la mala técnica legislativa ,
pese a que el art. 324 reproduce el objeto material del art. 323, éste permite incluir gran
78
parte de los atentados contemplados en el art. 321 .

El art. 324 dice: “el que por imprudencia grave cause daños, en cuantía superior a
400 euros, en un archivo, registro, museo, biblioteca, centro docente, gabinete científico,
institución análoga o en bienes de valor artístico, histórico, cultural, científico o
monumental, así como en yacimientos arqueológicos, será castigado con la pena de
multa de tres a 18 meses, atendiendo a la importancia de los mismos”.

Los edificios singularmente protegidos estarían incluidos en los bienes de valor


cultural a los que se refiere el art. 324. De esta forma, tanto el derribo del edificio
singularmente protegido realizado con imprudencia grave como la causación, también
con imprudencia grave, de otro tipo de daños diferentes al cambio en la esencia del
mismo estarán previstos en el art. 324CP 1995 siempre que los daños superen los 400
79
euros . Por otra parte, si la imprudencia no fuera grave, las conductas quedarían
80
impunes al no preverse esta posibilidad .

Por último, el párrafo segundo del art. 321 CP prevé la posibilidad de que los Jueces
ordenen, a cargo del autor del hecho, la reconstrucción o restauración de la obra.

La redacción de este párrafo es prácticamente idéntica a la del apartado tercero del


art. 319, con la salvedad de que éste se refiere a la “demolición de la obra” y el art. 321 a
“la reconstrucción o restauración de la obra”, según se trate de derribo o alteración
grave.
81
Esta medida está genéricamente prevista en el art. 112 CP , que hace referencia,
no obstante, al “culpable” y no al “autor”. La mención al autor y no a otros partícipes,

77
Vid. ARIAS EIBE, op. cit., 148.
78
En este sentido se pronuncia también gran parte de la doctrina. Vid. TAMARIT SUMALLA, op.
cit., 1153; CARMONA SALGADO, op. cit., 687; SUÁREZ LÓPEZ, op. cit., 138; BAUCELLS
LLADÓS, op. cit., 1371 y 1372; SALINERO ALONSO, op. cit., 310; MUÑOZ CONDE, op. cit., 560 y
561. También en la STS 25.05.04 se argumenta de forma parecida: “ha de concurrir dolo, es decir,
ha de actuarse con el conocimiento de que concurren en el hecho los elementos objetivos de la
infracción penal (…), elemento común a todos los delitos de carácter doloso. La conducta que
estamos examinando [art. 321 CP 1995], si fuere cometida mediante imprudencia grave, también
sería constitutiva de delito por lo dispuesto en el art. 324 CP”.
79
Al art. 324 CP 1995 volveré a referirme más adelante, en un apartado propio.
80
Por todos, BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1380 y 1381.
81
El art. 112 CP establece: “la reparación del daño podrá consistir en obligaciones de dar, de
hacer o de no hacer que el Juez o Tribunal establecerá atendiendo a la naturaleza de aquél y a las
condiciones personales y patrimoniales del culpable, determinando si han de ser cumplidas por él
mismo o pueden ser ejecutadas a su costa”.

21
RGDP 13 (2010) 1-27 Iustel

como los cómplices, del art. 321 debe ponerse en relación con el “culpable” del art. 112
82
y, por tanto, hacer extensible la previsión a cualquier partícipe declarado culpable .

Además, el párrafo segundo del art. 321 supone una concreción de lo establecido en
el art. 112 CP. Para el caso de derribo o alteración grave de un edificio singularmente
protegido las medidas específicas que podrán ordenarse serán las de reconstrucción o
83
restauración. En definitiva, el legislador ha querido concretar las medidas , dado que
tanto la reconstrucción como la restauración suponen las mejores alternativas para
salvaguardar el patrimonio cultural frente a otras previstas con carácter general en el
84
Código .
85
Sin embargo, la previsión del art. 339 CP , ubicado en el Cap. V, “Disposiciones
comunes”, del mismo Tít. XVI, puede conllevar que el apartado segundo del art. 321
86
resulte innecesario . El art. 339 ya no se refiere a medidas generales sino, entre otras,
a aquellas necesarias para la protección de los bienes culturales, lo que lleva a entender,
implícitamente, que esas medidas serán las de reconstrucción o restauración del edificio
en el caso del art. 321.

De otra parte, el apartado segundo del art. 321 obliga expresamente al juzgador a
motivar la medida en caso de que se establezca, lo cual demuestra la precaución del
87
legislador “al tratarse de un órgano, el penal, no especializado en la materia” .

III. EL DELITO DE DAÑOS EN BIENES DE VALOR CULTURAL (ART. 323)

El art. 323 CP 1995 dice: “Será castigado con la pena de prisión de uno a tres años y
multa de doce a veinticuatro meses el que cause daños en un archivo, registro, museo,
biblioteca, centro docente, gabinete científico, institución análoga o en bienes de valor
histórico, artístico, científico, cultural o monumental, así como en yacimientos
arqueológicos.
En este caso, los Jueces o Tribunales podrán ordenar, a cargo del autor del daño, la
adopción de medidas encaminadas a restaurar, en lo posible, el bien dañado”.

82
Vid. SALINERO ALONSO, op. cit., 310.
83
GUISASOLA LERMA, op. cit., 534.
84
SUÁREZ LÓPEz, op. cit.,139.
85
El art. 339 CP dice: “Los Jueces o Tribunales, motivadamente, podrán ordenar la adopción, a
cargo del autor del hecho, de medidas encaminadas a restaurar el equilibrio ecológico perturbado,
así como adoptar cualquier otra medida cautelar necesaria para la protección de los bienes
tutelados en este Título”.
86
Vid. SUÁREZ LÓPEZ, op. cit., 139.
87
Así, SALINERO ALONSO, op. cit., 310.

22
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

Sirven ahora las consideraciones ofrecidas en el análisis del art. 321 en relación al
sujeto activo. Se trata de un delito común, que puede ser realizado por cualquiera. No
obstante, si quien ejecuta la acción es el propietario del bien se aplicará el art. 289 dado
88
el concurso de normas que se produce . Además, el art. 323 recoge también un delito
de resultado que admite las formas imperfectas de ejecución y posibilita la comisión por
89
omisión .

El objeto material del delito recae ahora en archivos, registros, museos, bibliotecas,
centros docentes, gabinetes científicos, instituciones análogas o en bienes de valor
histórico, artístico, científico, cultural o monumental, así como en yacimientos
arqueológicos.
90
Se trata de un objeto material mucho más amplio que el encontrado en el art. 321.
91
En este sentido, el art. 323 constituye el tipo básico de los delitos contra los bienes
culturales, mientras que el art. 321 debería ser, dada la concreción del objeto material y
la acción típica, un tipo cualificado. No obstante, recuérdese lo ya indicado acerca de la
pena más elevada en el art. 323 y la necesidad, por lo expuesto, de intercambiarla de
lege ferenda con la del art. 321.

Como ha argumentado algún autor, la configuración definitiva del objeto del delito ha
92
respondido a sucesivos impulsos legislativos . El resultado, recogido hoy en el art. 323
CP 1995, consiste en una enumeración de bienes sobre el que se hace necesaria una
interpretación restrictiva por la que se exija en todos los casos una cierta afectación al
93
valor cultural de los lugares citados .

En efecto, la referencia en primer lugar al “archivo, registro, museo, biblioteca, centro


docente, gabinete científico, institución análoga” y, a continuación, unidos a través de la
conjunción “o”, los “bienes de valor histórico, artístico, científico, cultural o monumental”
junto con los “yacimientos arqueológicos”, parece no requerir que los primeros presenten
el valor cultural requerido en los segundos. Sin embargo, esta interpretación no sería
coherente con el bien jurídico protegido en los delitos de este capítulo. Así, los daños
producidos en cualquiera de los lugares mencionados en el comienzo del art. 323 que no

88
Vid. BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1374.
89
Vid. SALINERO ALONSO, op. cit., 313.
90
BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1376.
91
En este sentido también SÁNCHEZ GARCÍA DE LA PAZ, Isabel, en Cobo del Rosal, Manuel
(Dtor.), Comentarios al Código Penal, Tomo X, Vol. II, Centro de Estudios Superiores de
Especialidades Jurídicas, Madrid, 2006, 157.
92
Vid. RENART GARCÍA, op. cit., 401 y 402.
93
Por todos, TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1156 y BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1377.

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tengan un cierto valor cultural o que, aun teniéndolo, se produzcan en sitios concretos de
estos lugares no afectados por el valor cultural, no serían constitutivos del delito previsto
en el art. 323 CP 1995.

Además, puesto que el art. 323 se refiere a los “bienes” en general, objeto del delito
serán tanto los bienes inmuebles como los bienes muebles. En ambos casos, como
queda indicado, necesariamente tendrán que tener cierto valor cultural.

La cuestión siguiente será determinar si es necesaria para la aplicación del art. 323 la
declaración de Bien de Interés Cultural (arts. 9 y ss LPHE) o estar incluido en el
Inventario General de Bienes muebles no declarados de interés cultural (arts. 26 y ss.
PPHE). Dada la redacción del precepto, y a diferencia de lo ocurrido en el art. 321, se
impone ahora entender protegidos los bienes en razón a los valores que encierran, sin
94
que se precise una previa declaración administrativa . No obstante, la declaración
previa puede servir en algunos casos para confirmar el valor cultural del bien concreto.
Se trata, por tanto, de conceptos normativos pendientes de valoración cuyo alcance
corresponderá fijar al juez.

En cuanto a la acción típica, consiste en “causar daños”. Esta referencia al


comportamiento punible coincide con la prevista en el art. 263 CP 1995 (tipo genérico de
daños), en el que tampoco se indica, como ahora, qué ha de entenderse por “daños”.
Hay que tener en cuenta que el tipo del art. 263 es residual respecto de otras
modalidades de daños y que la especialidad en el delito del art. 323 viene dada por el
95
objeto material y no por la acción . En cuanto a la definición de daños, baste ahora
señalar, de acuerdo con la doctrina mayoritaria, que consisten en la destrucción total o
96
parcial o en el deterioro de los bienes .

Otro indicio de la mala técnica legislativa en la regulación de los delitos contra los
bienes culturales podemos encontrarlo en la relación entre la falta del art. 625.2 y el art.
323. El art. 625, ubicado entre las faltas contra el patrimonio (y no el patrimonio cultural)
sanciona en su apartado primero los daños cuyo importe no supere los 400 euros. En el
apartado segundo se agrava la sanción del apartado anterior “si los daños se causaran
en los lugares o bienes a que se refiere el artículo 323”.

La cuestión entonces será determinar si la incriminación del art. 323 exige unos
daños superiores a 400 euros pese a no decirlo expresamente su tenor literal. La

94
Así lo entiende también la mayoría de la doctrina científica. Por todos, SALINERO ALONSO,
op. cit., 315.
95
Vid. RENART GARCÍA, op. cit., 270.
96
Vid. QUINTERO OLIVARES, Gonzalo, Comentarios a la Parte Especial del Derecho Penal,
Thomson-Aranzadi, Navarra, 2009, 749.

24
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

solución a esta pregunta no resulta sencilla y en este sentido la doctrina se muestra


dividida.

De una parte, podría argumentarse que la misma existencia del art. 625.2 implica que
97
los daños a que se refiere el art. 323 son los que superan los 400 euros ya que, de otro
98
modo, se dejaría sin aplicación la falta prevista .

Sin embargo, se aduce también que esa interpretación contradice el criterio según el
cual la significación de la conducta debe valorarse atendiendo al valor cultural del objeto
99
dañado y que, por tanto, ha de aplicarse en todo caso el art. 323, quedando la falta
“para los casos en que sustancialmente se afecta al valor económico de la propiedad,
100
aunque ésta lo sea de bienes que encierran determinados valores culturales” . Se
alega también que la falta queda ubicada entre los delitos contra el patrimonio y no
contra el patrimonio cultural y que, por tanto, el art. 625.2 no constituye la falta correlativa
del delito previsto en el art. 323. En este sentido, se aboga por la supresión del apartado
segundo del art. 625 “por su carácter distorsionador y, fundamentalmente, por propiciar
interpretaciones que desvirtúan la voluntad del constituyente de proteger el Patrimonio
101
Histórico per se” .

En mi opinión, pese a que deberían prevalecer en la interpretación del art. 323 las
últimas tesis citadas, no pueden hacerlo dada la existencia y literalidad de la falta del art.
625.2 CP 1995. La presencia de la falta restringe ciertamente el ámbito del tipo del art.
323 y ello puede resultar contrario a la consideración que merece el bien cultural con
independencia de su valor económico. Sin embargo, han de valer las interpretaciones
que condicionan la aplicación del art. 323 a que los daños superen los 400 euros. Ello es
102
así debido al principio de legalidad . No obstante, sería preferible, de lege ferenda, la
supresión del apartado segundo del art. 625 CP 1995, lo que provocaría que el delito del
art. 323 se aplicase con independencia del valor del daño.

Finalmente, se prevé en el precepto la posibilidad de que los jueces o tribunales


ordenen, a cargo del autor del daño, la adopción de medidas encaminadas a restaurar,
en lo posible, el bien dañado. Se parece este párrafo segundo al también segundo
párrafo del art. 321 CP. Se trata de una consecuencia del delito de naturaleza civil que

97
Vid. en este sentido MUÑOZ CONDE, op. cit., 562 y CASO JIMÉNEZ, op. cit., 1633.
98
BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1376.
99
TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1156.
100
TERRADILLOS BASOCO, op. cit., 727
101
Vid. RENART GARCÍA, op. cit., 288 y 289.
102
Estoy de acuerdo, por tanto, con SALINERO ALONSO, op. cit., 316, cuando alega el principio
de legalidad penal.

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RGDP 13 (2010) 1-27 Iustel

forma parte de la reparación aludida en el art. 110.2. Pueden verse, en este sentido, los
comentarios al párrafo segundo del art. 321. La novedad es que ahora no se dice “sin
perjuicio de las indemnizaciones debidas a terceros de buena fe” aunque se puede
103
extender, por analogía, a los supuestos del art. 323 .

IV. LOS DAÑOS POR IMPRUDENCIA GRAVE A LOS BIENES CULTURALES (ART.
324)

El art. 324 dice: “El que por imprudencia grave cause daños, en cuantía superior a
400 euros, en un archivo, registro, museo, biblioteca, centro docente, gabinete científico,
institución análoga o en bienes de valor artístico, histórico, cultural, científico o
monumental, así como en yacimientos arqueológicos, será castigado con la pena de
multa de tres a 18 meses, atendiendo a la importancia de los mismos”.
En este artículo se reproduce casi literalmente el contenido del art. 323, admitiendo la
comisión imprudente de daños sobre los bienes de valor cultural.

Ya he apuntado en el análisis del art. 321 CP 1995 que los edificios singularmente
protegidos estarían incluidos en los bienes del valor cultural a los que se refiere el art.
324 y que tanto el derribo del edificio singularmente protegido realizado con imprudencia
grave como la causación, también con imprudencia grave, de otro tipo de daños
diferentes al cambio en la esencia del mismo, estarán previstos en el art. 324CP 1995
siempre que los daños superen los 400 euros.

Son dos los elementos esenciales de este tipo imprudente: de una parte, la
imprudencia tiene de ser grave y, de otra, la cuantía de los daños ha de ser superior a
400 euros según la literalidad del precepto.

En cuanto a que lo sancionado sea la imprudencia grave, si bien se han propuesto


diferentes definiciones doctrinales, puede decirse que existirá cuando se omita la
diligencia más elemental sin la adopción de los cuidados básicos suficientes para impedir
el resultado. En todo caso, esta gravedad deberá ser apreciada por el juzgador en el
caso concreto. De no darse, la imprudencia será impune al no existir una falta que
104
sancione los mismos supuestos .

103
Así, BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1380.
104
En este sentido también BAUCELLS LLADÓS, op. cit., 1380 y 1381.

26
Delgado Gil – Los delitos de daños al patrimonio cultural

De otra parte, los daños a los bienes de valor cultural cometidos con imprudencia
grave por importe igual o inferior a 400 euros también serán impunes al no preverse una
105
falta en este sentido .

El límite de 400 euros ha sido recibido con agrado por algunos autores al entender
que en caso de que los daños con imprudencia grave se produzcan en bienes sin valor
cultural, el delito previsto en el art. 267 únicamente sanciona cuando la cuantía de los
mismos sea superior a 80.000 euros. Lo cual implica, se afirma, que “prácticamente
106
cualquier daño en los referidos bienes [de valor cultural] resulte punible como delito” y,
además, que el art. 324 tiene gran relevancia, dado que de otro modo únicamente
podrían sancionarse los casos de daños superiores a 80.000 euros en virtud del art. 267,
107
reduciéndose entonces de modo relevante la tutela de los bienes de valor cultural . Por
otra parte, también se ha argumentado que el art. 324 supone un tipo agravado en
relación con el art. 267, no sólo porque la pena es superior en el primero de los casos
108
sino, además, porque la cuantía de 80.000 euros se rebaja a 400 .

Sin embargo, pese a que dado el principio de legalidad y la literalidad del precepto
son compartibles en alguna medida las explicaciones doctrinales anteriores, puesto que
el bien jurídico protegido tiene que ver con el valor cultural del bien dañado y no con su
estimación económica, debería desaparecer, de lege ferenda, el límite cuantitativo del
precepto, sancionando así la imprudencia grave con independencia de que el daño
109
supere o no determinadas cuantías .

105
TAMARIT SUMALLA, op. cit., 1157.
106
MUÑOZ CONDE, op. cit., 563.
107
CONDE-PUMPIDO TOURÓN, op. cit., 986.
108
VERCHER NOGUERA, op. cit., 2057.
109
Se pronuncia en este sentido RENART GARCÍA, op. cit., 421.

27