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Escuela Normal Superior Nº4 “Dr.

Antonio Sagarna”

Extensión áulica Lucas González

“Tecnicatura Superior de Enfermería”

Marco Legal

Alumna:

Prof. Sarlinga Carlos

Lucas González

2018
Introducción
La objeción de conciencia

1) Las enfermeras en el ejercicio del acto de cuidado se ven frecuentemente en

situaciones que implican dilemas éticos, porque hay conflictos entre un mandato legal y de

los principios morales, lo que originan un choque, cuando la enfermera se rehúsa a realizar

una actividad relacionada con el proceso de cuidado o/a colaborar directa o indirectamente

en un acto de cuidado o acto médico, invocando motivos éticos, religiosos, científicos o

técnicos en virtud del ejercicio de su derecho a la libertad de conciencia. Esta conducta

individual, autónoma que no persigue derogar o modificar una norma y que es totalmente

pacífica, se denomina objeción de conciencia.

La Objeción de Conciencia es un acto individual, privado, no violento, de fidelidad a unos

principios morales del fuero interno, no pretende el cambio ni la modificación de una ley,

aquí no cabe la actuación colectiva, ni el actuar en nombre de un tercero, salvo que sea a

través de un representante legal. Esta protege la autonomía de la persona, la libertad de

actuar frente a sus convicciones más íntimas. Dentro de las situaciones más corrientes a la

objeción de conciencia y que a la luz de los deberes derivados de una relación laboral

forman parte del acto de cuidado de enfermería y son conductas aceptadas por nuestro

ordenamiento jurídico, encontramos entre otros la objeción de conciencia frente al deber de

dar instrucción o aplicar algunos métodos de planificación familiar por ejemplo: dispositivo

intrauterino (DIU), anticonceptivos hormonales, anticoncepción de emergencia, cuando

estas prácticas van en contra de los principios morales del profesional de enfermería
Aquellas enfermeras que dentro de su ejercicio tengan que realizar actos de enfermería

que sean incompatibles con sus principios morales o religiosos, es decir que van en contra

de su conciencia, podrán ejercer el derecho de objeción de conciencia y en estos casos su

superior inmediato deberá buscar un profesional idóneo para dar solución a este conflicto

ético, de tal forma que el profesional pueda desarrollar su ejercicio con independencia,

autonomía y veracidad, dentro del fuero de sus principios morales. El profesional que tiene

en sus principios estas limitaciones deberá hacerlo explícito al asumir el cargo.

Otra situación es la atención de cuidado de enfermería a la mujer que ha abortado. Su

cuidado no puede negarse o ser relegado por una enfermera que no esté de acuerdo con esa

práctica, la enfermera debe tener claro que el ejercicio del acto de cuidado de enfermería

lleva implícito los principios específicos que son los contemplados en la Ley 266 de 1996 y

los principios éticos, no maleficencia, justicia, beneficencia y autonomía; por otra parte, a

la enfermera no se le puede obligar a participar en el procedimiento de un aborto aun

cuando esta conducta fuese aceptada legalmente, si ello va en contra de los principios

morales del profesional de enfermería. La Ley 26485 abala al profesional de enfermería en

la NO asistencia al aborto.

La libertad de conciencia como la mayoría de derechos, no es un derecho absoluto, tiene

límites, cuando la enfermera encuentra situaciones que riñen con sus principios éticos o

deontológicos, debe realizar un análisis para la toma de decisiones. Un aspecto que juega

un papel importante en la toma de la decisión, es el tiempo que tiene para reflexionar, si se

trata de una situación de urgencia, en la que se comprometa la vida o la integridad del

sujeto de cuidado (transfusión sanguínea, cuando el profesional de enfermería es testigo de

Jehová) el cuidador no puede alegar objeción de conciencia, para este caso, su derecho a la

libertad de conciencia queda subordinado frente al derecho a la vida y a la integridad del


sujeto de cuidado, pero si tiene un tiempo para reflexionar, el profesional de enfermería

podrá presentar la objeción de conciencia a su superior.

Finalmente, es importante tener en cuenta los límites que se pueden imponer al derecho de

libertad de conciencia:

Asegurar el reconocimiento y respeto de los derechos y libertades de los demás

(vida, integridad).

Preservar la seguridad, tranquilidad, salubridad que integran el orden público

justo.

Impedir el abuso de derecho.

2) La objeción de conciencia

Introducción. Entendemos a la conciencia como el marco de convicciones en materia

ética, religiosa, moral o filosófica en que se inserta la persona humana. En ejercicio de su

autonomía, obrar con libertad de conciencia se erige en un imperativo ético y unos valores

socio-jurídico que implica su protección como parte de los derechos humanos

fundamentales, en un marco de sociedades democráticas donde hoy encontramos una

enorme diversidad de cosmovisiones ideológicas y religiosas. El respeto a la libertad de

conciencia se traduce en dos dimensiones, por un lado a través del respeto de la diversidad

y las discrepancias y, por el otro, en la búsqueda de evitar la imposición de principios

morales o normativa legal ajena a las íntimas convicciones de las demás personas. La

sociedad democrática moderna tiene entre sus valores fundamentales el respeto por la moral

ajena.

Marco jurídico general. La libertad de conciencia comprende el derecho a pensar

libremente, a la libertad de creencias, ya sea en materia política, social o religiosa. En el


marco jurídico nacional lo encontramos traducido en los artículos 14 y 19 de

la Constitución Nacional (CN), que garantizan la libertad de culto y de conciencia, y a las

acciones que no perjudiquen a terceros. También encontramos garantizado este derecho en

los pactos de derechos humanos con rango constitucional, acorde el artículo 75 inciso 22 de

la Constitución Nacional. Así es que en la Declaración Universal de Derechos Humanos la

libertad de conciencia está expresamente protegida en el artículo 18; en el Pacto

Internacional de Derechos Civiles y Políticos en el artículo 18, así como en el ordenamiento

jurídico interamericano del Pacto de San José de Costa Rica en el artículo 12 (libertad de

conciencia y religión) y en el artículo 13.1 (libertad de pensamiento). La normativa busca

garantizar que la persona humana tenga derecho a formar su propio juicio y actuar acorde al

mismo, sin interferencias del Estado o de los demás. De allí que se infiere la licitud de la

objeción de conciencia, como una concreta manifestación de la libertad de conciencia.

Objeción de conciencia. Podemos entender a la objeción de conciencia como el

incumplimiento a una obligación legal, basándose en que dicho cumplimiento lesionaría sus

convicciones más íntimas en materia ética, religiosa, moral o filosófica. La Corte Suprema

de Justicia de la Nación (CSJN) la ha definido como el derecho a no cumplir una norma u

orden de la autoridad que violente las convicciones íntimas de una persona, siempre que

dicho incumplimiento no afecte significativamente los derechos de terceros ni otros

aspectos del bien común (“Asociación de Testigos de Jehová c/Consejo Provincial de

Educación del Neuquén s/acción de inconstitucionalidad”). Debe tenerse en cuenta que el

objetivo de ejercer el derecho a la objeción de conciencia no sería la obstrucción de una

norma legal, sino obtener el legítimo respeto a su propia conciencia.

Ejercer la objeción de conciencia se manifiesta en negarse a intervenir en un hecho o acto

que violente la libertad de conciencia, que a priori sea normativamente prescripto. La


persona se excusa o rechaza ejercer o participar de una acción o evento que considera

contrarios a sus ideas y convicciones éticas, morales y religiosas, enfrentándose al

ordenamiento vigente. De esta manera nos encontramos con la colisión de dos

ordenamientos diferentes. Por un lado, el ordenamiento interno, y por otro, el ordenamiento

social. La objeción de conciencia, como efecto práctico de la libertad de conciencia, tiene

proyección social en tanto impide el cumplimiento de una obligación socialmente

prescripta. Es así que la jurisprudencia y la doctrina, considerando que el límite de la

libertad de conciencia son las exigencias razonables del justo orden público, consideran que

el límite a la objeción de conciencia es que la misma no afecte significativamente derechos

de terceros o aspectos del bien común.

Asimismo, es necesario delimitar el ámbito de aplicación de la objeción de conciencia.

Este instituto no tiene como objetivo apelar al sentimiento de justicia de la comunidad

para que se modifique el ordenamiento que el objetor de conciencia considera injusto o

generar una acción colectiva de resistencia a una norma. En cambio, se trata de un derecho

que aplica a situaciones específicas y de carácter individual, en las que se encuentra

limitada por las repercusiones que tenga esta desobediencia sobre los derechos de los

demás y al hecho que solo se puede objetar ante la aplicación de una obligación concreta en

un momento determinado.

Objeción de conciencia en el derecho sanitario. El ámbito sanitario es un espacio donde

frecuentemente se encuentran tensiones entre lo normativo y la libertad de conciencia. Esta

tensión se puede identificar tanto cuando el objetor es un paciente, que se niega a cierto

tratamiento o prestación médica, así como cuando el objetor es un profesional que se niega

a proveer un tratamiento determinado.


Un ejemplo paradigmático del primer caso fue el fallo “Bahamondez”, en el que una

persona fue internada como consecuencia de una hemorragia digestiva y se negó a recibir

transfusiones de sangre, por su condición de testigo de Jehová. La solicitud de los médicos

tratantes de que se autorice tal tratamiento sirvió como base para que la Corte Suprema de

Justicia de la Nación se pronunciara y sentara las bases para el ejercicio práctico de la

objeción de conciencia, determinando que la dignidad humana prevalece frente al daño que

pudiera resultar como consecuencia de la objeción del paciente. Sin embargo, otro fue el

criterio de la CSJN ante el caso de una familia que se negó a cumplir con el protocolo

oficial de vacunación para su hijo por cuestionar la medicina científica y la

institucionalidad del sistema de Salud. Allí la Corte sostuvo que el derecho de autonomía

personal (art. 19, CN) de los padres como tutores y responsables del plan de vida familiar

encuentra límites en el derecho a la salud de la comunidad y en el interés superior del

niño y que, por lo tanto, hay que vacunarlo. De hecho, justifica el carácter obligatorio y

coercitivo del régimen vacunatorio dado que se funda en razones de interés colectivo que

hacen al bienestar general (fallo “N.N. o D., V. s/ protección y guarda de personas”).

La objeción de conciencia de los profesionales sanitarios ha sido recepcionada legalmente

a nivel nacional en el artículo 6ºde la ley 26.130, que establece el Régimen para las

Intervenciones de Contracepción Quirúrgica, donde se reconoce y regula el derecho a la

objeción de conciencia en los siguientes términos: “Toda persona, ya sea médico o personal

auxiliar del sistema de salud, tiene derecho a ejercer su objeción de conciencia sin

consecuencia laboral alguna con respecto a las prácticas médicas enunciadas en el artículo

1ºde la presente ley. La existencia de objetores de conciencia no exime de responsabilidad,

respecto de la realización de las prácticas requeridas, a las autoridades del establecimiento

asistencial que corresponda, quienes están obligadas a disponer los reemplazos necesarios
de manera inmediata”. En el mismo sentido, diversas normas referentes a salud sexual y

reproductiva provinciales han previsto la objeción de conciencia en sus enunciados.

En un reciente fallo referente al aborto no punible (fallo “F., A.L. s/medida

autosatisfactiva”), la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha exhortado a las autoridades

nacionales y provinciales a generar las soluciones normativas que garanticen, entre otras

cosas, un sistema que permita al personal sanitario ejercer su derecho de objeción de

conciencia con las siguientes características:

que ello no se traduzca en derivaciones o demoras que comprometan la atención de

la requirente de la prestación;

que la objeción sea manifestada en el momento de la implementación del protocolo

o al inicio de las actividades en el establecimiento de Salud correspondiente, de

forma tal que toda institución que atienda a las situaciones aquí examinadas cuente

con recursos humanos suficientes para garantizar, en forma permanente, el ejercicio

de los derechos que la ley le confiere a las víctimas de violencia sexual (refiriéndose

a los casos de aborto no punible determinados en el Código Penal argentino –CP–).

Conclusión. Como hemos observado, la objeción de conciencia es derecho vinculado a la

dignidad de la persona, que encuentra sus límites en la afección de los derechos de terceros

y el bien común. Este instituto que fue construido en la Argentina jurisprudencialmente, es

ampliamente recepcionado e, incluso, como hemos observado, se ha reflejado

normativamente.

Proyecto de Ley

Posted on 21 mayo, 2017 by Campaña


El 5 de marzo de 2018 se presentó por séptima vez consecutiva en la Cámara de Diputados

de la Nación el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) redactado

por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Su Nº de expediente es el: 0230-D-2018. El Proyecto, que propone la despenalización y

legalización del derecho al aborto en Argentina, cuenta con la firma de más de 70

lesgisladorxs de todos los arcos políticos y fue girado a las Comisiones de Legislación

General; Legislación Penal; Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia; y Acción Social y Salud

Pública.

PROYECTO DE LEY DE INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO

Artículo 1°: En ejercicio del derecho humano a la salud, toda mujer tiene derecho a

decidir voluntariamente la interrupción de su embarazo durante las primeras catorce

semanas del proceso gestacional.

Artículo 2º: Toda mujer tiene derecho a acceder a la realización de la práctica del aborto

en los servicios del sistema de salud, en un plazo máximo de 5 (cinco) días desde su

requerimiento y en las condiciones que determina la presente ley, la ley Nº 26.529 y

concordantes.

Artículo 3º: Sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo primero, y más allá del plazo

establecido, toda mujer tiene derecho a interrumpir su embarazo en los siguientes casos:

1. Si el embarazo fuera producto de una violación, con el sólo requerimiento y la

declaración jurada de la persona ante el profesional de salud interviniente.

2. Si estuviera en riesgo la vida o la salud física, psíquica o social de la mujer, considerada

en los términos de salud integral como derecho humano.


3. Si existieren malformaciones fetales graves.

Artículo 4º: Previamente a la realización del aborto en los casos previstos en la presente

ley, se requerirá el consentimiento informado de la mujer expresado por escrito.

Artículo 5º: El sector público de salud, las obras sociales enmarcadas en las leyes 23.660

y 23.661, las entidades de medicina prepaga y todos aquellos agentes que brinden servicios

médico-asistenciales independientemente de la figura jurídica que posean, incorporarán

como prestaciones médicas básicas obligatorias a brindar a sus afiliadas o beneficiarias, la

cobertura integral de la interrupción legal de embarazo prevista en los arts. 1 y 3 en todas

las formas que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda.

Artículo 6°: En todos los casos las Autoridades de cada Establecimiento Asistencial

deberán garantizar la realización de la interrupción del embarazo en los términos

establecidos en la presente ley y con los alcances del art. 40 de la ley 17.132, art. 21 de la

ley 26.529 y concordantes.

Artículo 7º: Las prácticas profesionales establecidas en la presente ley se efectivizarán sin

ninguna autorización judicial previa.

Artículo 8°: Si la interrupción voluntaria del embarazo debe practicarse a una persona

adolescente, entre los 13 y los 16 años de edad, se presume que cuenta con aptitud y

madurez suficiente para decidir la práctica y prestar el debido consentimiento.

La persona mayor de 16 años, conforme a lo establecido en el artículo 26 in fine del

Código Civil y Comercial de la Nación, tiene plena capacidad para ejercer los derechos que

otorga la presente ley. Si la IVE debe practicarse en una persona menor de 13 años de edad

se requerirá su consentimiento con la asistencia de al menos uno de sus progenitores o

representante legal. En ausencia o falta de ellos se requerirá la asistencia de las personas

indicadas en el artículo 4 del decreto reglamentario del Programa Nacional de Salud Sexual
y Reproductiva, el art. 7 del Decreto 415/2006 reglamentario de la ley 26.061 y el artículo

59 del Código Civil.

En todos los supuestos contemplados en los artículos que anteceden serán de aplicación la

Convención de los Derechos del Niño, la ley 26.061 y los artículos pertinentes del Código

Civil y Comercial de la Nación, en especial en lo que hace a su interés superior y el derecho

a ser oído.

Artículo 9°: Si se tratare de una persona con capacidad restringida y la restricción no

tuviere relación con el ejercicio de los derechos que otorga la presente ley podrá prestar su

consentimiento informado requiriendo si lo deseare la asistencia del sistema de apoyos

previsto en el art. 32 Código Civil y Comercial de la Nación.

Si se tratare de una persona declarada incapaz judicialmente deberá prestar su

consentimiento con la asistencia de su representante legal o a falta o ausencia de este, la de

un allegado en los términos art. 59 Código Civil y Comercial de la Nación.

Artículo 10°: Quedan incluidos en los derechos y beneficios comprendidos en la presente

ley, las personas con capacidad de gestar de acuerdo en lo normado en la ley de identidad

de género n° 26.743.

Artículo 11°: Derogase el Art. 85 inc. 2 del Código Penal de la Nación.

Artículo 12°: Deróguense los Arts. 86 y 88 del Código Penal de la Nación.

Artículo 13°: De forma.

FUNDAMENTOS DEL PROYECTO DE LEY

La creación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito,

fue decidida por más de 20.000 mujeres reunidas en el XIX Encuentro Nacional de Mujeres

realizado en Mendoza en 2004. Iniciada el 28 de Mayo de 2005 por más de 70

organizaciones de mujeres de todo el país, es actualmente asumida por una amplia alianza a
nivel nacional, que incluye más de 300 organizaciones, grupos y personalidades vinculadas

al movimiento de mujeres, organismos de derechos humanos, al ámbito académico y

científico, trabajadores de salud, sindicatos y diversos movimientos sociales y culturales,

entre ellos redes campesinas y de educación, organizaciones de desocupados, de fábricas

recuperadas, grupos estudiantiles y religiosos. Organizaciones y personalidades que

asumimos un compromiso con la integralidad de los derechos humanos, y defendemos el

derecho al aborto como una causa justa para recuperar la dignidad de las mujeres y con

ellas, la de todos los seres humanos.

Las organizaciones de este gran arco de alianzas consideramos que los derechos sexuales

y los derechos reproductivos son derechos humanos y deben ser reconocidos como

derechos básicos de todas las personas. Para eso, es necesario garantizar el acceso universal

a los servicios públicos que los sostienen. Nuestro lema -así como nuestro trabajo de años-

es integral: “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal

para no morir”. Esto implica la exigencia hacia el Estado de realizar modificaciones en los

sistemas de Educación, Salud, Seguridad y Justicia, y también, por supuesto propiciar en la

sociedad profundos cambios culturales.

En el año 2015, el Ministerio de Salud de la Nación reconoció que “en la Argentina se

realizan entre 370 y 522 mil interrupciones de embarazos por año (Mario y Pantelides,

2009). Estas cifras son estimativas ya que, por tratarse de una práctica clandestina, no se

dispone de datos precisos. La única información disponible al respecto es el número de

hospitalizaciones producidas en los establecimientos públicos por complicaciones

relacionadas con abortos. No obstante, este dato no distingue entre abortos espontáneos y

provocados, por lo que representa solo una fracción de los que ocurren anualmente. Según

datos de estadísticas hospitalarias del Ministerio de Salud de la Nación sobre el sistema


público de salud, en 2011 se registraron en el país 47.879 egresos hospitalarios por abortos,

de los cuales el 19% correspondió a mujeres menores de 20 años. En 2012 murieron en

nuestro país 33 mujeres a causa de embarazos terminados en aborto. Dos de ellas eran

adolescentes menores de 20 años y 7, jóvenes de entre 20 y 24 años (DEIS, 2013)”. Y

especificó también el Ministerio de Salud de la Nación que “En 2013, el 50% de las

muertes por embarazo terminado en aborto correspondió a mujeres de 15 a 29 años, entre

ellas nueve de adolescentes de 15 a 19 años (DEIS, 2014). En un contexto que muestra una

elevada proporción de partos ocurridos en instituciones de salud (99%) y de partos

atendidos por profesionales capacitados (98%) (DEIS, 2013), la Argentina tiene el

potencial necesario para disminuir considerablemente la tasa de mortalidad materna y las

amplias brechas que existen en la materia. Sin embargo, las inequidades en el acceso a

servicios, en la disponibilidad de recursos humanos y físicos adecuados y en la calidad de la

atención sanitaria, impactan de diferente forma sobre las razones de la mortalidad materna

y generan un riesgo desproporcionado para las mujeres que viven en las jurisdicciones más

pobres del país”.

Por otro lado, la tasa de mortalidad materna era, en 2006, de 44 por 100.000 nacidos

vivos, y se mantuvo estable en años posteriores. Sin embargo, la OMS estima un fuerte

sobre registro, por lo que para el 2010 la ubica en 77 por cien mil nacidos vivos. Se

considera que cerca de un tercio (26,7%) de las muertes maternas se deben a

complicaciones derivadas de abortos realizados clandestinamente. Nuestro país presenta

estadísticas de crecimiento poblacional similar a la de países desarrollados, dado que la tasa

de natalidad de 18.4 por mil: sin embargo, en cuestiones de mortalidad materna Argentina

se encuentra hoy entre el grupo de países considerados de media y alta mortalidad materna.
Este panorama se complejiza por la heterogeneidad al interior de Argentina. Un estudio

realizado en profundidad para 6 provincias argentinas muestra grandes diferencias entre

provincias: en el caso de la Ciudad de Buenos Aires era de 14 por 100 mil pero en el caso

de Formosa llegaba al 166 por 100 mil, casi 12 veces más alto. Las jóvenes hasta 20 años

explican el 23% de las muertes maternas, las mujeres de entre 20 y 34 años, el 53,8% y las

mujeres de 35 años o más, el 35% restante. El 26% de las muertes ocurren después de la

semana 20 de gestación.

3) La Libertad de Conciencia se encuentra contemplada dentro de nuestra Constitución

Nacional en el Artículo 18, como un derecho fundamental en el cual se garantiza la libertad

de conciencia. “Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni

compelido a revelarlas, ni obligado a actuar contra su conciencia”.

La Corte Constitucional ha dicho: “Esta libertad implica dos efectos: que cada individuo

tiene derecho a regular su vida de acuerdo con sus creencias y que el Estado no tiene

facultad para imponérselos; él debe tener en cuenta tales creencias para permitirle ejercer su

libertad…”. Esta libertad de conciencia está también respaldada por el Artículo 13, ibídem,

en el cual se hace referencia a la libertad e igualdad de todas las personas y a la prohibición

y discriminación por razones de religión, opinión política o filosófica, en el Artículo 16,

ibídem, en el cual se consagra que todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de

su personalidad que también se conoce como autonomía personal y en el Artículo 19,

ibídem, el cual garantiza la libertad de culto. Los derechos en mención son inalienables e

inherentes a la persona y de aplicación inmediata. La trasgresión de estos derechos

menoscaba la dignidad del ser humano.


El artículo 18 de la Constitución dispone que nadie será obligado a actuar contra su

conciencia, de acuerdo con el texto se reconoce en forma tácita el derecho de toda persona

a repudiar derechos y a objetar deberes; de aquí se desprende la desobediencia a una norma

o a una ley también conocida como desobediencia civil y a rehusar a una acción o un acto

por considerar que transgrede los principios morales de una persona.


Conclusión
Bibliografía

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