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UNIVERSIDAD CATOLICA DE COLOMBIA

MAESTRIA EN DH Y DIH

LA GUERRA JUSTA E INJUSTA EN LA OBRA DE WALZER;


APORTES PARA LA PAZ EN COLOMBIA

El presente trabajo hará un análisis desde la teoría política de Walzer, para


determinar algunos aportes a los acuerdos de paz establecidos, analizando el
contexto de la guerra y lo posterior a la misma; asimismo concretar el sentido de la
guerra interna entre las Fuerzas Militares del Estado y las FARC-EP

Gloria Alejandra Molina Bustos


LA GUERRA JUSTA E INJUSTA EN LA OBRA DE WALZER;
APORTES PARA LA PAZ EN COLOMBIA

El artículo 22° de la Constitución Política de Colombia establece la paz en deber y


derecho con un sentido imperativo que no se concreta en su aplicabilidad estatal; su sentido
del deber lo estipula de forma concreta el art. 95°inc. 6°, con el cual se entiende como un
deber de los ciudadanos en un sistema intersubjetivo. Asimismo, con lo escrito en el art. 93°
de la Constitución Nacional se abre el bloque de constitucionalidad, con el cual el Derecho
internacional entra a regir dentro del sistema interno en materia de Derechos Humanos
(D.D.H.H.); por lo cual todo aspecto descrito de la norma internacional en derecho a la paz
es de imperiosa edificación en el campo interno.

Ahora bien, con el nacimiento de los grupos subversivos en los años sesenta (60), este
derecho y deber fue cayendo por la colina del olvido, dándole paso a la guerra interna más
grande a nivel latinoamericano hasta ahora vista; con el nacimiento de grupos como las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo (FARC-EP), el Partido
Comunista de Colombia (CCP) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) Colombia se vio
en la bifurcación que generó la grieta en la paz, una grieta marcada por ideales políticos.
Entonces la idea de paz establecida en la constitución se convierte en letra muerta por su
imposible aplicabilidad. Este periodo comienza a finalizar con la implementación de los
acuerdos de Paz con el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos.

El presente trabajo hará un análisis desde la teoría política de Walzer, para determinar
algunos aportes a los acuerdos de paz establecidos, analizando el contexto de la guerra y lo
posterior a la misma; asimismo concretar el sentido de la guerra interna entre las Fuerzas
Militares del Estado y las FARC-EP.

El 24 de noviembre de 2016, Colombia establece la paz escrita con el grupo subversivo


de las FARC-EP, conjeturándose el fin a un combate de más de medio siglo; es evidente que
esta guerra interna o sedición se constituye como una falencia estatal, pues la sedición desde
la perspectiva del filósofo Platón es una enfermedad de la administración que no constituye
la Paz, cuando el mismo expresa que: “[…] esta guerra intestina, llamada sedición, que tiene

1
lugar de tiempo en tiempo en el interior de un Estado, y que todo buen ciudadano debe desear
que no nazca jamás en su patria, ó si nace verla sofocada en su raíz […]” (Platón, 1872, pág.
64).

No obstante, también podría ser vista desde la percepción de evolución de los Estados.
Walzer, por otro lado, expone los puntos sobre la guerra justa e injusta, donde explica los
factores (a) del ingreso al combate por parte de los Estados y (b) las formas con las cuales
se llega a la misma; así, dice el mismo, una guerra puede tener razones justas y medios
injustos o viceversa; esto medido desde el carácter adjetivo de la (a) y el adverbial en la (b)
(Walzer, 2001).

Ahora bien, si se determina lo explicito por Platón con respecto a la sedición o guerra
interna, el mismo filósofo centra sus aspectos en las consecuencias que traería esta para con
el Estado y no sobre las razones que tendrían los grupos subversivos con respecto al Estado;
olvidando por lo tanto lo señalado por Walzer en el factor adjetivo. En una delimitación con
el caso Colombia y las FARC-EP, es evidente que el nacimiento de este grupo se debió por
ideologías de tipo políticas, las cuales iban contra el régimen conservador de la Constitución
de 1886; ahora bien, cabe recalcar que:

En el caso de una guerra causada por las ideologías y los intereses políticos como la
guerra civil española, quienes combatieron lo hacían, al menos al inicio, por su
adscripción a un partido o a un régimen (Valero, 2013, pág. 5).

En el caso de las guerras producidas por ideologías políticas, como la de origen


Colombiano, es menester recalcar que los factores morales que establece Walzer son exiguos,
puesto que la política (guerra ideológica) es a la vez guerra entre dos conceptos de moralidad
aplicable; ahora bien, la teoría de la agresión de Walzer expone las razones para atacar del
Estado, en un campo de batalla de Estados o de forma internacional, siendo estas las
violaciones a los conceptos de soberanía y territorio. Pero en el caso de guerras internas no
cuenta el factor territorial, puesto que ambos son nacionales; su lucha es más por establecer
cierto tipo de soberanía sobre el pueblo, es decir, ideología política. Con esto se entiende que
las razones de la guerra sediciosa entre las FARC-EP y el Estado con su régimen

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constitucional de 1886 se basaron en puntos ideológico-políticos, por este aspecto fue uno de
los puntos que se llevaron al cabo dentro del acuerdo de paz del 2016. Pues, dice al respecto
Walzer, “la guerra es una creación social” (Walzer, 2001, pág. 55).

Si bien la guerra es una creación de la sociedad, implica los factores económicos,


políticos y morales, y los desacuerdos entre los últimos dos pueden llegar a controversias en
un manejo del Estado que se afectan en el primero; estos tres elementos son complementarios
para la administración de un Estado, pero cualquier irregularidad en la economía, sin importar
los otros dos, altera de forma más significativa el régimen estatal; la moralidad, por otro lado,
puede llegar a alterar la política, pero el caso no puede estar reverso, jamás la política puede
afectar la moralidad. Este factor moral, del deber ser, está impregnado en muchas escalas de
la existencia humana, incluso, en la guerra, donde se evidencia que puede ser justa por
razones o por medios y esto es a lo que se refiere Walzer con el termino de guerra justa o
injusta; hay que resaltar que una guerra puede iniciar por razones justas como el derecho a la
defensa, pero sus medios pueden ser injustos (daño a terceros); si se clasifica el caso
Colombia con las FARC, podríamos señalar que ha sido una guerra adjetivo justa, pero en
adverbio injusta.

Ahora bien, si Walzer analiza el factor moral de la guerra, justificándola a la misma en


razones de soberanía y territorio, esto no implica que este bien bajo el esquema jurídico, pues,
como señalan (Marín & Enciso, 2005), citando a Ferrajoli, que “el derecho es un elemento
cultural para combatir la violencia”, al igual, crítica su aspecto moral porque “han violado
sistemáticamente el derecho de los pueblos y los cánones” (P. 23). Con esto se evidencia el
largo debate en torno a la guerra justa. Asimismo, si el campo moral es ignorado por los
combatientes militares, en la exposición de Ferrajoli, entramos en un sentido de
deshumanización por parte de la guerra sobre los militares, pero, si se entiende que la moral
también se sumerge en la guerra como lo expone Walzer, se le atribuye la humanidad al
francotirador y se justifica al tiempo la guerra.

Es menester entender que la teoría de la guerra justa involucra estos aspectos de forma
continua (la justificación por un lado de la guerra y el reproche a estos teóricos por el otro),
pero el ámbito de la moralidad en medio de sus diversos campos contribuye a los cambios, a

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la reflexión o toma de consciencia o, incluso, campos políticos que contribuyen al cambio de
la paz por los mismos accionantes, pues, la guerra es el tránsito a la paz e inverso, pero no se
puede generar el giro copernicano sin la acción humana. Por lo cual, los acuerdos de paz
entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP identifican esta acción para dar el
giro de trescientos sesenta grados (360°), por lo cual se convierte en necesidad generar el
enlace entre el conflicto con la teoría de la guerra justa y al respecto dice Juan Carlos
Marulanda Hernández, en su tesis de maestría de la Universidad Nacional, los dos aspectos
que contribuyen, siendo el primero el despliegue militar y el segundo “[…]los principales
actores armados continúan autoafirmándose como actores políticos que esgrimen
justificaciones de tipo moral” (Hernández, 2013, pág. 52).

Este segundo punto que señala Hernández es muy importante, pues el conflicto nació
por cuestiones políticas y se termina por las mismas razones; el punto dos (2) del acuerdo
centra la participación política como contribución a la paz, configurando, por lo tanto, la
veracidad de la política y su relación con la guerra justa la evidencia como el fin de los medios
de la guerra interna; las demás relaciones del acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia
con las FARC-EP son soportes para que este surja: el cese al fuego bilateral del punto tres
(3) evidencia el primer paso y se conecta con la implementación del punto cinco (5) sobre
víctimas para poder generar paso a la restitución de tierras del punto uno (1) con este se
suaviza la tensión y da lugar al punto cuatro sobre las drogas ilícitas. Entonces la lógica del
acuerdo se convierte en un esquema que va desde el 2 como eje piramidal de 3, 5, 1 y 4. Para
lograr la paz la política da lugar al cese al fuego y con ello se inicia a reparar las víctimas,
catalogando desde el concepto y clasificando a las mismas, con ello las tierras (deben) caen
sobre los propietarios legítimos; una vez ellos con sus tierras, la facilidad de erradicar la
droga ilícita se hace más evidente.

Esto constituye la política como una especie de sinónimo de la guerra, con la diferencia
de que los medios son diferentes, más en un conflicto de carácter interno; puesto que,
menciona al respecto Gonzalo Sánchez Gómez que “[…] las armas aparecen como el
lenguaje duro de la política, y las guerras como el modo privilegiado de hacer política, la
política a su vez no puede ser pensada sino como un campo de batalla […]” (Gómez, 1990,

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pág. 8); por lo tanto, las consideraciones de la guerra justa e injusta de Walzer donde se ven
inmersos los campos morales restituyen un factor político de encuentro. Las políticas como
medio de continuar un conflicto, por otro lado, deja aniquilado los sentidos del adjetivo, pues,
no hay combate en armas, pero las fases de corrupción pueden identificar el sentido del
adverbio, como medio injusto de formar política.

Ahora bien, con la firma final de los acuerdos de paz entre el gobierno de Juan Manuel
Santos y las FARC-EP, estos mismos pasan a constituirse, para su implementación, en una
variedad de normas de orden imperativo, con ello los asociados al Estado de Colombia
ratifican de forma expresa el fin de uno de los conflictos armados de carácter interno a nivel
latinoamericano; no obstante, se puede señalar que:

La Ley, de acuerdo con esta perspectiva1, no sería un elemento para la instauración de


la paz y la convivencia, pues detrás de la ley, la guerra continúa desplegándose y
expresándose a través de todos los mecanismos y dispositivos de poder (Hincapié,
2002).

Es entonces cuando se entiende que los factores de guerra justa e injusta sobre el
sentido de adjetivo y adverbio no sólo se puede aplicar en un sistema de moralidad sobre la
guerra, puesto que la política se transforma en un punto de partida de la misma y a su vez
uno de finalización; los acuerdos como ley aplican a determinar que el adverbio no se
constituya de forma injusta, es decir, que no se caiga, políticamente, en medios injustos, pues,
las razones justas, en un sistema democrático como Colombia, se basan en el sistema de
gobierno. Así, con los acuerdos de paz, el punto dos sobre implementación política, sostiene
sustancialmente los demás puntos sobre el mismo.

1
Con esta perspectiva el autor hace referencia al pensamiento del filósofo Michel Foucault,
pues el mismo determina que las estructuras jurídicas, la organización del poder, las leyes es decir, las
leyes como medios para continuar la guerra para el dominio.

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