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Tratados de Libre Comercio

La firma del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, Estados Unidos, y la República
Dominicana (DR-CAFTA, por sus siglas en inglés), marcó un tránsito en el modelo
económico de la región, en la cual la principal apuesta para el crecimiento macro sería la
apertura al comercio y el fomento de las inversiones extranjeras utilizando como estrategia
la firma de acuerdos comerciales y de inversión. Ya sean estos de carácter regional o bilateral.
Todo junto al proceso de reducción del aparato estatal.

Previo a la aprobación del DR-CAFTA, los sectores a favor y en contra señalaban escenarios
totalmente opuestos. Por un lado, se habló de que los TLC significaban nuevas oportunidades
de inversión y empleo. Mayores oportunidades de ingresar productos a mercados
internacionales y de adquirir mejores mercancías a precios más favorables.

En el otro extremo se hablaba de una privatización de los servicios públicos, descalabro de


la economía campesina, y flexibilización laboral; entre otros aspectos.

En marzo de 2015 se cumplen 10 años de la aprobación en el Congreso del DR-CAFTA en


un ambiente álgido de movilización del movimiento social, que incluso llevaron a la muerte
de un campesino en Colotenango, por parte de las fuerzas de seguridad del Estado.

En estos casi nueve años de vigencia, los datos sobre la balanza comercial con los principales
socios no convencen acerca de cuánto beneficio ha traído la firma de los TLC. Ni tampoco
las cifras de empleo o los costos de los productos (más si se habla de bienes esenciales).
Además, otros factores externos como la crisis económica mundial que surgió en 2008,
contribuyeron a desvincular el análisis del comportamiento del comercio exterior del país,
con los TLC.

No obstante, algunos hechos dan cuenta de algunos impactos negativos de los TLC. Quizás
previstos por algunos, pero para la mayoría fueron vistos como hechos aislados y daños
colaterales. Por ejemplo, las demandas al Estado de Guatemala (por empresas relacionadas
al sector eléctrico, ferroviario y el sector laboral estadounidense); y la aprobación de la Ley
Monsanto que generó alarma y fuerte rechazo en la población por situaciones relacionadas a
la sanidad en los alimentos, la privatización de las semillas y la patentización de la
biodiversidad.
En tanto las inversiones en territorios rurales, principalmente relacionadas a la explotación
de recursos naturales, son la expresión de esa estrategia de apertura al comercio y las
inversiones que más rechazo y conflictividad social ha generado en los últimos años, pero
que no siempre se analiza relacionandóla con los TLC.

En la otra cara de la moneda, se encuentran sectores económicos que han sido considerados
como ganadores de los TLC. Dentro del sector económico nacional se han percibido como
ganadores al sector agroexportador, el sector avícola (sobre todo de producción de pollo). Y
en menor medida el sector textil, con escaso crecimiento a pesar que fue uno de los que más
apostó al TLC. Ganadores pero aun con dudas si son sectores con la capacidad y condiciones
de sostener sus beneficios, dado que constantemente buscan nuevos acuerdos o beneficios
fiscales (Ej. Acuerdo de Asociación o Ley de Inversión y Empleo).

Ante este panorama, y a diez años de aprobado el DR-CAFTA, surgen distintas interrogantes
para la reflexión. ¿Han sido realmente los TLC la materialización del actual modelo
económico?, Están realmente los TLC relacionados con la actual situación económica del
país (en sus principales componentes: inversión, empleo, agricultura y recursos naturales).

Ante los pocos y cuestionados resultados de los TLC, ¿es posible pensar en revertir la
estrategia de impulso de los TLC o pensar en renunciar a los acuerdos actuales?

Y observando la respuesta de organizaciones sociales y comunidades rurales frente al


impulso de la inversión nacional y extranjera en proyectos de extracción de recursos
naturales. En dónde se debe centrar las acciones y los impulsos ¿en la resistencia y disputa
del territorio y los recursos? ¿En mejorar los aspectos económicos y comerciales contenidos
en los convenios de inversión y comercio? O quizás ¿revisando los aspectos de los tratados
relacionados a medio ambiente y derechos humanos?

En un diálogo con distintas organizaciones y distintos enfoques de pensamiento buscaremos


analizar los diez años del TLC a través de un foro-desayuno. Además se presentará un
balance sobre los tratados comerciales, realizados por la Red Centroamericana de Monitoreo
del Libre Comercio. La invitación está abierta a toda persona con el deseo de aportar al
debate.