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NOTAS CRÍTICAS SOBRE EL DISCURSO COGNOSCITIVO DEL SENDERISMO

Luis F. Vilcatoma Salas

En las dos últimas décadas se han gestado trabajos académicos y políticos


diversos sobre la naturaleza política, social e historiográfica del llamado
“pensamiento Gonzalo”, pensamiento del senderismo que detonó el conflicto
armado interno sufrido por el pueblo peruano durante los años 80 y 90 del siglo
anterior, restando profundizar más en las claves de la gnoseología que ha guiado
el desenvolvimiento de este fenómeno letalmente sangriento que mantuvo en vilo
al pueblo peruano durante todos estos años.

¿Por qué focalizar más nuestra atención en esta dimensión del pensamiento
senderista problematizando en los pliegues más escondidos de su racionalidad?
Por una razón importante: porque el discurso senderista se perfila sobre una forma
de entender la realidad cósmica, como realidad total, y una forma de asumir el
conocimiento concreto de la misma con raíces ontológicas, epistemológicas y
cognoscitivas que no están, por si acaso, solamente en el senderismo sino en la
cultura académica y popular que se ha venido transmitiendo en la escuela, la
universidad y en el sentido común de la gente. En este entender, poner al
descubierto críticamente este trasfondo cognoscitivo es muy importante para
entender mejor la entraña del senderismo original, como para enfrentar sus
derivaciones actuales, luego de su derrota militar, en el campo magisterial y otros
donde pugna por reproducirse metamorfoseadamente como un virus resistente a
los más potentes antibióticos.

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El “pensamiento Gonzalo” instalado como el pensamiento oficial del senderismo
político en el Perú, es un pensamiento-libro copia de los textos de Mao Tse-tung
sobre la sociedad china, la guerra popular, la “revolución cultural” y otros llevados
a cabo en esa gran nación asiática en el siglo XX. Una copia que sin mayor
mediación intelectiva y práctica se introduce en la narrativa de la sociedad
peruana, su historia y sus posibilidades revolucionarias. Verbigracia, se cree
obtusamente encontrar en nuestro país las mismas características y estructura de
clases existentes en la China pre-revolucionaria: una sociedad feudal y
semicolonial; terratenientes, burguesía burocrática y capitalismo de Estado,
burguesía compradora, etc. etc.

La estructura formalmente copista que adopta el discurso escrito y oral senderista


es complementada con una incansable retahíla de citas y frases tomadas de los
textos escritos por Mao Tse-tung, repetidas incansable y religiosamente en sus
eventos internos y, cuando todavía desenvolvían vida pública antes del inicio del
periodo de violencia armada, en los escenarios de debate abierto en las
universidades, el magisterio y otros espacios encendidos de disputa política de la
izquierda.

Esta forma de pensar que es asumida erróneamente como “ideología científica”,


e impuesta religiosamente a la militancia senderista, conmina a encontrar una
verdad única en los folletos oficiales del partido que contienen el “pensamiento
Gonzalo”, y no en la realidad misma histórica y compleja; muy semejantemente a
la forma de enseñar-aprender del aristotelismo y tomismo en la Edad Media, y a la
forma como gran parte de la izquierda “marxista-leninista” peruana y
latinoamericana también adoctrinó a su militancia durante muchos años del siglo
XX, influenciada por la forma de pensar predominante en los intelectuales de la III
Internacional Comunista.

Esta forma panóptica de pensar la sociedad no nos olvidemos que es una forma
de pensar que, en el Perú, se apoyó, también, mucho en los manuales
provenientes de la Unión Soviética (materialismo dialéctico, economía política y
materialismo histórico), cuya lógica cognoscitiva de un marxismo tipo vulgata se

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reprodujo en la lectura “estudio” del pensamiento teórico del maoísmo originario y
de algunos textos de Carlos Marx y Lenin (algunos, porque los textos clásicos de
formación fundamentales no fueron tocados jamás, como los Grundisse, La
Ideología Alemana y especialmente El Capital de Carlos Marx). José Carlos
Mariátegui siguió el mismo camino en esta lectura esclerotizada de los textos
marxistas de la izquierda tradicional hasta aproximadamente los años 80 del siglo
XX, donde la situación comienza a cambiar, salvo para Sendero Luminoso quien,
ante el desarrollo que experimenta la teoría científica y la praxis política
empujadas por los cambios que suceden en el mundo global, especialmente en el
“tercer mundo”, protagoniza una huida teórica y práctica hacia atrás, es decir hacia
el atrás de la ideología y la política de izquierda predominante en los ámbitos más
encallecidos y atrasados del movimiento comunista internacional post Revolución
Bolchevique y Lenin.

El pensamiento senderista, en consecuencia, es un pensamiento marcado


fuertemente por el dogmatismo que, por las características anotadas, es un
dogmatismo colonial de retórica salvacionista que convierte la teoría crítica
moderna en una teoría colonial asentada en exterioridades y exclusiones
absolutas de lo diferente sociocultural y, políticamente hablando; de reduccionismo
vulgar; de códigos semióticos fijos (imaginarios, discursos) y chino-maniáticos
(imitación a ultranza del modelo chino de la “banda de los cuatro”) y de un sentido
de clase social que no se condice con la afirmación del sujeto ético inmanente y
libre.

Esta forma de pensar del “pensamiento Gonzalo” transformado en senderismo,


tanto del senderismo que levantó victorias falsas en el periodo de la confrontación
militar interna con el Estado burgués, como actualmente en el senderismo redivivo
hiper-pragmático luego de su derrota militar, deriva inexorablemente en la
construcción de una narrativa histórica de secuencias, engranajes fácticos y
reproducciones fenomenológicas fijas, sin fisuras ni desviaciones que siguen un
patrón universal único. Línea de pensar en la que aseguran, por ejemplo, que el
“reparto de la tierra”, como en la época colonial, continúa siendo el asunto más

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importante en el interés de los imperialismos: “insistimos en que la contradicción
naciones oprimidas, por un lado, y por el otro superpotencias imperialistas y
potencias imperialistas es la principal y de gran trascendencia para la revolución
mundial” (Entrevista del Siglo. p: 47).

Reiterando, se trata de un pensamiento donde el movimiento de los factores


sociales es un movimiento de “cosas”, al estilo del positivismo durkeimianio ( los
sujetos sociales son entendidos como “cosas” no como sujetos sociales
subjetivados). Por ende, el cambio al que aspira el senderismo es un cambio de
“cosas” o de seres humanos “cosas” u objetividades manipulables sin historia, que
cambian linealmente sin cambiar en el fondo. Un pensamiento ordenado y
aplanado, con diferencias ontológicas bien delimitadas y marcadas, y resoluciones
precisas y anticipadas; con etapas y fases (ej. los modos de producción que se
suceden, las “reestructuraciones” del Estado nacional, las etapas en la
preparación de su “guerra popular”) que siempre tienen un punto de inicio y
término pre-concebidos, y contradicciones naturalizadas y bien determinadas que
siempre deben existir y que si no existieran hay que inventarlas, donde siempre
triunfa la “verdad proletaria”. Un pensamiento sin claro-oscuros, márgenes de
duda, ambigüedades, vacíos. Todo es o no es (es “negro” o “rojo”), en una suerte
de lógica aristotélica del “tercero excluido”, porque sólo se puede avanzar con
enemigos pre-constituidos y sustancializados (derechismo, izquierdismo,
revisionismo) identificados e identificables en el formato de contradicciones
mecánicas y abstractas que maneja el senderismo en cuestión.

Además, en esta racionalidad dogmática el capitalismo sólo es lo que se constata


empíricamente, lo material, lo fenomenológico, y no las relaciones sociales
inmateriales e inmanentes a los fenómenos sociales e individuos. El senderismo
no tiene ni idea de que el poder debe ser fundamentalmente cuestionado desde el
adentro del mismo poder, el poder subjetivado sustento de la hegemonía del poder
material capitalista colonial y eurocéntrico en el lenguaje de ese gran sociólogo
peruano recientemente fallecido, Aníbal Quijano.

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El pensamiento senderista, en resumen, es un pensamiento caracterizado por ser
lineal, evolutivo y positivista.

Esta linealidad y evolutividad positivista, para tomar cuerpo en la praxis política


voluntarista del senderismo, necesita traducirse en un discurso sustancialmente
ideológico e hiperactivo de su dirigencia y militancia. Un discurso de seguridades
absolutas y verdades mesiánicas irrecusables, de fácil formato expresado en
esquemas y descripciones superficiales y rústicas sin profundidad teórica. La
manualización dogmática se reproduce, en consecuencia, hasta en los intersticios
subjetivos y psicológicos más raigales de una militancia política pequeño
burguesa, marginal y eventualmente desclasada que necesita ansiosamente de
seguridades ideológicas para asumir cuasi religiosamente las tareas de una
“revolución” violenta sobrepuesta a las reales condiciones de la sociedad peruana.

El ideologismo con el que opera el senderismo que fractura la realidad total,


separa las imbricaciones y disuelve las totalidades, cosifica las relaciones sociales
(las vuelve cosas) y al cosificarlas separa cognoscitivamente lo que está unido (ej.
la sociedad y el Estado, la base y la superestructura, el partido y el pueblo, el
liderazgo y las “bases” del partido, la cultura de la economía, la cultura de la
política) produciendo lo que en la teoría marxista se conoce como fetichismo en
todos los ámbitos del saber. En la política, en consecuencia, el senderismo
fetichiza el pensamiento de Mao Tse-tung, fetichiza al líder, fetichiza al partido
político, fetichiza la “guerra popular” y, semejantemente al Rey Midas, fetichiza
todo lo que cae en el ámbito de su mirada política y empírica. La fetichización
separa la idea de las cosas (la realidad efectiva) y en esta separación las ideas
dominan a las cosas, como el pensamiento que fijamente se sobrepone a la
realidad (el pensamiento de Mao impuesto como un corsé para dar cuenta de la
realidad peruana, por ejemplo); o separa los efectos de las causas donde los
efectos dominan a éstas (ej. el dinero fruto de la actividad humana termina
dominando a su productor, el ser humano); en un procedimiento absolutamente

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anticientífico y peor aún anti-dialéctico. Las relaciones sociales se convierten en
“cosas” y las “cosas” que se separan de la totalidad, como el partido político, cobra
vida propia, domina a la militancia y termina siendo objeto de veneración
supersticiosa y muchas veces, como en el senderismo tanático. En demiurgos que
crean y soportan todo.

Uno de los orígenes del fetiche, como en este caso, se encuentra en la


incapacidad del senderismo para determinar concretamente las condiciones
específicas de las relaciones sociales en cada periodo histórico del país.

No se puede obviar el hecho de que la fetichización en el mundo capitalista es un


fenómeno estructural que afecta prácticamente todas las relaciones humanas
(más ejemplos: la fetichización del currículo en la educación, de las capacidades
curriculares formativas, de la evaluación, de la tecnología, de los textos escolares),
lo que no es óbvice para su desenmascaramiento, denuncia y lucha para la
desfitichización especialmente en el campo de la cultura, la educación y la política,
especialmente en la formación de una política emancipadora de izquierda. El
senderismo, en lugar de ello, profundiza la fetichización empezando en su propia
vida política e intentando su proyección al conjunto del cuerpo social. En términos
más amplios surge aquí una pregunta necesaria: ¿Es posible combatir la
fetichización del mundo capitalista con la fetichización de una izquierda que
pugna por negarlo? Para el senderismo y todo aquel que piense con fetiches, por
lo indicado, sí es posible.

La fetichización que acompaña al dogmatismo colonial trae aparejado el “culto a


la personalidad” del líder. Del líder “mito” por encima del cuerpo partidario o de la
“masa” social de seguidores en el espacio gremial; con cualidades especiales
sobrenaturales. Del que posee la sabiduría suprema irrebatible que sólo hay que
conocer, estudiar y practicar, como la sabiduría del “pensamiento Gonzalo”, que
en circunstancias definitorias, como la captura de Abimael Guzmán, se cae como
un castillo de naipes. Alrededor del líder el colectivo político fetichizado construye

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lo que el senderismo llama “condiciones subjetivas” que ”dependen principalmente
de preparar y hacer la revolución...” (Memorias, p: 126); condiciones, por lo
demás, atribuidas solamente al interno del partido pero no al conjunto de las
clases y sectores sociales del país. El “mito” del líder como el “mito” de la “guerra
popular” y otros “mitos” gestados por el senderismo “pensamiento Gonzalo”,
siendo así, excluyen la investigación y descripción marxista de la lucha de clases
en la dialéctica de la historia, como una exclusión más de la investigación
científica. Ciertamente, la ausencia de interés en la investigación científica a que
conduce la mitologización de la realidad es, también, consecuencia del
pensamiento estructuralista manualista y dogmático de la realidad social, sujeta a
leyes independientes de la voluntad del género humano. Como la sociedad se
desenvuelve por leyes “objetivas” inmanentes no se necesita de mayor
investigación porque todo está ya conocido y determinado de ante mano en los
paquetes cognoscitivos fabricados por el senderismo. La investigación es reducida
a panfletos doctrinarios destinados al convencimiento ideológico cuasi religioso
movilizatorio de emociones y lealtades irracionales; y la conciencia de clase se
convierte, así, en una conciencia imputada (externa y extraña) al sujeto social que
va de afuera hacia el adentro de su propia subjetividad.

El pensamiento senderista ontológicamente (doctrina del Ser) es esencialista y


fatalista. Es esencialista porque la realidad tiene una esencia que no se modifica
es decir que es fija e insustituible aunque se puede destruir (resultado de las
contradicción) pero al destruirse se construye otra esencia fija e inmutable como el
“poder popular” que pregonaban en sus escritos o el “nuevo Estado”. La lucha
“dialéctica” (así entre comillas) es, en consecuencia, la lucha entre esencias
dualizadas y externalizadas duras. Sólo se puede destruir la esencia de las
realidades desde afuera mediante la fuerza, principalmente la violencia (“mito”
político de la violencia a la que llaman “guerra popular” pero que adviene en
terrorismo), o formas subliminales de la misma como son la amenaza, el chantaje,
la prepotencia, la agresión física, el insulto y la insidia que hoy practican en las
filas magisteriales.

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Siendo así las esencias en el pensamiento ontológico senderista se destruyen o
se defiende ¿por quién? Políticamente por el partido y en el partido. Estas
esencias enclaustradas como las clases sociales pre-constituidas sólo pueden ser
politizadas (adoctrinadas) y movilizadas desde el afuera de su propia identidad.
Como las unidades cerradas y esencializadas no tienen movimiento propio o auto-
movimiento, deben ser representadas desde su exterior por el partido o por lo que
tenga otro nombre ahora, luego de su derrota militar. La alianza de clases, de lo
que han escrito en sus documentos, en este pensar, es una alianza de identidades
fijas, entre unidades concluidas y empaquetadas (clase obrera, campesinado,
pequeña burguesía y en cierto modo la burguesía nacional como parte de esta
alianza), que resulta siendo una alianza abstracta e imaginada porque el partido
en sí mismo lo sintetiza todo desapareciendo el sujeto social autodesarrollado
como lo primordial para la revolución.

Los componentes de la estrategia política senderista, en esta línea idealista


subjetiva y positivista de pensamiento, son también unidades cerradas y
diferenciadas aunque coordinadas en su diferenciación (los planes políticos, las
tácticas, las consignas, los eventos políticos, etc.), donde la subjetividad
voluntarista que se “imputa” (se atribuye, se impone) a la realidad empírica,
termina en fracasos y derrotas innegables siempre atribuidas a factores externos
como el “revisionismo”, el “oportunismo” o la reacción derechista. El
“revisionismo”, por ejemplo, para este pensamiento idealista subjetivo es una
introducción desde el afuera del partido político identitario y no una gestación
dialéctica al interior de una unidad total contradictoria en sí misma desde el inicio
de su formación.

El esencialismo conduce, igualmente, al misionismo ideológico y político. Así el


denominado “pensamiento Gonzalo” señala lo siguiente: “como enseñara Marx el
proletariado tiene la misión histórica que le corresponde por su organización,
disciplina, ideología y combatividad, cualidades que hacen del proletariado la clase

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revolucionaria por excelencia y única capaz de dirigir la guerra de los pueblos y
clases oprimidos contra sus opresores “ (Memorias, p: 107). Un misionismo auto-
atribuido por Abimael Guzmán a sí mismo y por extensión al partido político en
calidad de “representante” de las clases explotadas y “crisol” de una supuesta
revolución proletaria mundial.

El senderismo está preñado de un maximalismo ideológico: “La ideología del


proletariado, la gran creación de Marx, es la más alta concepción que ha visto y
verá la Tierra: es la concepción, es la ideología científica…instrumento teórico y
práctico para transformar el mundo. Y todo lo que él previera hemos visto cómo
se ha ido cumpliendo” …es ideología pero científica…es la única ideología
todopoderosa porque es verdadera y los hechos históricos lo están
demostrando…y nuestro problema hoy es enarbolarlo (el M-L-M), defenderlo y
aplicarlo…el problema está en la aplicación de la verdad universal” (ibid. p. 3); un
“marxismo-leninismo” sin Marx y sin Lenin, que en el fondo denota un acendrado
terror por la ciencia real al reemplazarla por la “ideología científica”, porque la
ciencia y sus resultados son transitorios y relativos y no absolutos
(epistemológicamente sólo es ciencia el conocimiento que reúne condiciones para
ser superado), y lo que el senderismo quiere y necesita, por el contrario, son
absolutos. El combate al “revisionismo” que efectúa con obstinación el senderismo
al final de cuentas es el combate a la ciencia, a lo científicamente nuevo
descubierto por la investigación científica, y a lo que Abimael Guzmán en su locura
llama “montón de basura”.

El Marxismo-Leninismo le interesa al senderismo sólo en cuanto le garantiza


orden vital en su proyecto político, donde todo debe tener un espacio o casilla
formal, fácilmente ubicable, con contornos nítidos empíricamente evidenciables,
de manera tal que lo que no tiene estas características debe ser desechado o
eliminado. Para ello entonces le funciona como anillo al dedo el discurso simplista,
plano, agresivo, radicalista y formalmente coherente, con una lógica aristotélica
implacable en su maximalismo ideológico como en su pragmatismo político
utilitario, caso de los paros magisteriales que propugna donde levanta

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reivindicaciones remunerativas y rechaza las evaluaciones docentes, solamente
como un medio para el avance de sus objetivos políticos en circunstancias de
derrota de su estrategia militarista.

La palabra “vigencia de Mariátegui” esconde lo que no cambia. Es una ideología


del no cambio, sólo de aplicaciones. Abimael como sus seguidores, tienen terror al
cambio real autogenerado y emancipador. Las unidades ontológicas, así
encuadradas, deben ser defendidas en su identidad inamovible. No se estudia a
Mariátegui en el contexto de su vigencia. El Mariátegui que construyen es un
Mariátegui abstracto de vigencia metafísica porque se tiene terror a la
discontinuidad. Es un evolucionismo lineal donde el “desarrollo” de su
pensamiento sigue siendo su vigencia, es decir su inmovilidad.

Esta forma que tiene el senderismo de interpretar la concepción ideológica y


política que renuncia a la ciencia convirtiéndola en ideología, le da la seguridad
ideológica y psicológica (en que se asienta desesperadamente) de verdades
absolutas, abstractas y universales, con una visión autoritaria bajo la forma de una
pedagogía política arcaica caracterizada por una “idea crítica” de negaciones
absolutas y doctrinarismo vulgar. En este aspecto se puede decir, asimismo que el
senderismo es irracional

La dialéctica para el senderismo, tal como se ha venido adelantando, es una


dialéctica entre unidades cerradas que se resuelve en expulsiones o masacres y
no en síntesis. Es una “dialéctica” donde sólo hay tesis y antítesis pero no síntesis,
en un proceso motorizado por contradicciones entre unidades cerradas y externas
entre sí, negando absolutamente la dialéctica marxista. Le interesa la división y
contradicción entre unidades (ej. entre la “línea roja” y la “línea negra” en el
partido) por sus efectos nuevos pero no lo nuevo mismo. Sólo quiere un unitarismo
impuesto que diluye la política en el colectivo político y, en estos días, verbigracia
en el magisterio. Al mismo tiempo dice buscar lo “nuevo” pero utilitaria y
externamente, sólo como un medio para reforzar o recrear lo antiguo. En este

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sentido es una seudo-dialéctica oportunista y utilitaria. Se lee los textos para
aplicar fórmulas abstractas a la realidad histórica concreta, pero no para entender
la realidad en su propia sustancia ontológica. Esta forma de pensar constriñe la
realidad a un encasillado esquema pre-existente y limita el manejo de la táctica,
como lo que ha venido sucediendo o sucederá en el magisterio donde tiene alguna
influencia y donde esta forma de pensar y asumir la realidad siempre pierde en el
manejo táctico con la consiguiente derrota del magisterio.

En esta peculiar “dialéctica” pre-marxista, la lucha entre líneas siempre es entre


“dos líneas”. No hay líneas intermedias o claro oscuros. La línea “correcta” es
siempre la línea dogmática original, la propuesta y defendida por el “pensamiento
Gonzalo” o quien haga sus veces. Empero, la lucha entre las líneas no es
alrededor de los tópicos esenciales de la teoría marxista (la dialéctica, el poder, el
Estado, el capital y el capitalismo) sino de quién es más “marxista-leninista” o, en
su caso, maoísta dogmático. Por esta ruta los supuestos de los que parte el
debate ideológico no ingresan al escenario del debate, porque la “línea roja” del
partido es auto-existente y pre-establecida (tiene una vida ex-ante)
metafísicamente y no puede ser discutida. En el magisterio, según esta seudo
dialéctica de tufo aristotélico hay también dos líneas: la “sindical clasista”
supuestamente representada por ellos y la “revisionista traidora” constituida por la
dirigencia del CEN del SUTEP, como entidades unitarias en conflicto antagónico
donde la “línea sindical clasista” (la supuesta “línea roja”) es la esencia verdadera
y la otra (la supuesta “línea negra”) la esencia falsa que debe ser aplastada.
Esencias que no forman parte de un solo todo. Son “todos” identitarios diferentes
y separados, por lo que la esencia “clasista” debe ineluctablemente derrotar a la
esencia anti-clasista del “revisionismo”. Y así, como sacaron la consigna aquella
durante el conflicto armado interno de “batir” (limpiar) el campo de semifeudales,
feudales y terratenientes, ahora se pretende “batir” el magisterio limpiándolo de
“revisionistas” y “socialdemócratas” representados por el CEN del SUTEP para
continuar avanzando en sus propósitos políticos voluntaristas.

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Similarmente, el enemigo para el pensamiento senderista es unitario en un bloque
objetivo y dado que se embosca: “En cada uno de los puntos de la reconstitución
partidaria se enfrentarán la concepción proletaria y las posiciones no proletarias; la
lucha será dura y profunda, será vital para la revolución peruana y en ella el
marxismo-leninismo triunfará” (Memorias, p: 182).

Pasando al tema del poder para el senderismo el poder es una cosa, un fetiche
(“salvo el poder todo es una ilusión”) como se señaló. No tiene en cuenta que el
poder político es una relación mezclada con el quehacer de conjunto de la
sociedad compleja y densa, donde se trasunta en dominio ideológico (lo malo
cuestionable) y hegemonía, junto a una argamasa de situaciones “buenas” no
confrontadas y experimentadas por el ser humano satisfactoriamente. Vivimos con
el poder; compartimos y nos ligamos con el poder. Incluso dependemos del poder.

El poder para Abimael se reproduce siempre en los mismos términos. No cambia.


Es más, los movimientos del poder son digitados. El poder no tiene
automovimiento y se legitima por la demagogia y la mentira de quienes lo ocupan.
Siempre actúa por dictados internacionales del imperialismo básicamente
norteamericano. Internamente el poder es vacío. Todo se mueve por factores
externos en una separación mecánica de la base respecto a la superestructura. El
poder así considerado sólo está en el Estado y el Estado es una “cosa” o
máquina-instrumento de las clases dominantes que debe ser destruida para ubicar
en su lugar otra máquina-Estado al servicio de la alianza obrero-campesina.

Reiterando, el Estado para el pensamiento senderista es una máquina


instrumento que cumple tareas encomendadas por la burguesía con políticas
planas, sin discontinuidades ni contradicciones. No tiene contradicciones
inmanentes ni responde a ellas. Si es una máquina ¿cómo podría suceder ello? Es
una máquina que debe ser negada. El fetiche debe ser eliminado para, en su
lugar, colocar otro fetiche: el “Estado proletario y campesino”. En consecuencia, en

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la lucha sindical no se puede transar con el Estado burgués. Sólo hay que
destruirlo o derrotarlo con las masas en la calle, transitoriamente en tanto llega la
hora de su eliminación luego de superar el “recodo”.

En este análisis desaparece la diversidad social y cultural. No aparecen, por


ejemplo, las etnias con su propia realidad. La otredad cultural es uniformizada con
las clases sociales tradicionales. Así se señala que “la educación política del
campesinado se hace, pues, combatiendo en la lucha diaria todas las ideas
burguesas y pequeño burguesas que lo desorientan, y fortaleciendo las posiciones
ideológicas de la clase obrera…en esta tarea de desarrollo de la conciencia
clasista del campesinado, de introducir en él la ideología proletaria, importante
papel corresponde a la formación de cuadros campesinos salidos de sus propias
filas para que transmitan a sus hermanos y experiencia y lucidez política”
(Memorias, p: 221). Este pensamiento niega del plano el factor étnico“. Además
se agrega la siguiente disparatada: según la creencia de los habitantes de la
cultura andina, el desarrollo de los fenónemos y de las cosas se da en círculos,
conceptos que la historia y la ciencia ha desechado por no ajustarse a la realidad,
ya que para éstas, el desarrollo se da en flujos y reflujos, en forma de espiral y
determinados por las contradicciones internas” (Roldán, s/n).

La cultura andina para sendero es arcaica y fuente de sospechas (Degrégori) y al


no condecir con su dogmatismo, debe desaparecer.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA:

 Campos, Miguel (22012). Vida y obra del Presidente Gonzalo a los 20 años de su detención. Puka
Amauta. Chimborazo-Ecuador.
 Degrégori, Carlos Iván. (2016). Qué difícil es ser Dios. El Partido Comunista del Perú-Sendero
Luminoso y el conflicto armado interno: 1980-1999. IEP. Lima-Perú.
 Ediciones Bandera Roja (s/f). Julio Roldán, entre mito y realidad. Veleidades de un advenedizo.
 Guzmán Reinoso, Abimael (1988). La entrevista del siglo.
 Guzmán Reinoso, Abimael e Yparraguirre Revoredo, Elena. (2014) Memoria desde Némesis 1993-
2000. Pc del P.
 Roldan, Julio (1990). “Gonzalo”: el mito (Apuntes para una interpretación del PCP). Lima-Perú.

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 Yparraguire Revoredo, Elena (compiladora) (2009). Abimael Guzmán Reinoso. De puño y letra.
MANOALZADA. Lima.

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