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6.

- Rocas y yacimientos sedimentarios detríticos


La sedimentación detrítica tiene lugar, como ya hemos indicado, como consecuencia de la pérdida de energía del
medio de transporte, que hace que este se interrumpa, con lo que las partículas físicas que son arrastradas tienden
a depositarse por decantación. Se originan así los sedimentos, y a partir de éstos, y mediante el proceso
de diagénesis, las rocas sedimentarias detríticas. Entre ambas, rocas y sedimentos, las más comunes son las
arenas y areniscas y las rocas arcillosas (lutitas o pelitas). Además, a menudo estos materiales contienen minerales
de interés minero, que se depositan conjuntamente con el resto de la roca (caso de los yacimientos de tipo placer),
o se introducen en la misma aprovechando su alta porosidad y permeabilidad (caso del agua, del petróleo, del
gas natural).

Sedimentos y rocas sedimentarias detríticas

Son la consecuencia directa de la sedimentación de las partículas físicas arrastradas por las aguas, el viento o el
hielo. A su vez, es posible diferenciar dos formas de depósito, en función del tamaño y naturaleza de las partículas:

 Las de tamaño superior a 4 micras suelen ser granos minerales, entre los cuales los más comunes son los
de cuarzo, seguidos de los de feldespatos, así como fragmentos líticos. En el detalle, en lo que se refiere a
la naturaleza de los granos minerales, las posibilidades son prácticamente ilimitadas: granos de otros
silicatos (micas, piroxeno, anfíbol...), de óxidos (magnetita, ilmenita, cromita...), incluso de metales
nativos, como el oro; estos granos viajan arrastrados por el agua o viento, en suspensión o como carga en
fondo, y al disminuir la energía del medio de transporte se depositan casi de inmediato (proceso
físico: decantación). A estas partículas las llamamos clastos.
 Las de tamaño inferior a 4 micras suelen corresponder a minerales de la arcilla, y en este caso el transporte
se produce en suspensión coloidal, lo que hace que puedan seguir siendo transportados incluso mediante
aguas no agitadas. El depósito en este caso se produce por el proceso físico-químico de floculación, que
puede tener lugar de forma conjunta y simultánea al depósito físico de las partículas, o con posterioridad,
en zonas tranquilas. En el primer caso se origina la matriz de las rocas detríticas, es decir, la componente
intergranular fina, arcillosa, de los conglomerados y arenas o areniscas, mientras que en el segundo se da
origen a las rocas arcillosas (lutitas, pelitas).
El principal carácter diferenciador de los sedimentos y rocas sedimentarias es su tamaño de grano. En concreto,
la escala más utilizada es la de Wenworth, que diferencia entre las variedades gruesas, de diámetro superior a 2
mm (gravas, conglomerados, pudingas, brechas), las de grano intermedio (arenas y areniscas), de diámetro
comprendido entre 2 mm y 64 mm, y las de grano fino, entre 64 y 4 mm, y que corresponden a los limos y limolitas
(ver figura)
Otro carácter importante es la naturaleza de los clastos, sobre todo en las de mayor tamaño: cuando es variado
hablamos de rocas polimícticas, mientras que si corresponden mayoritariamente a un tipo litológico hablamos de
roca oligomíctica. Como componentes mayoritarios, en los conglomerados podemos tener fragmentos de rocas,
en general cuarcíticos o carbonatados, aunque pueden estar formados por rocas de naturaleza mucho mas variada;
en las arenas o areniscas el componente más común es el cuarzo, en general acompañado de feldespatos. Son
también relativamente frecuentes las denominadas arenas o areniscas calcáreas bioclásticas, formadas por la
acumulación de fragmentos de conchas de lamelibranquios, gasterópodos, etc., en medios costeros (playas).

También suele ser objeto de interés el grado de evolución de los clastos, que se traduce en su forma: los más
inmaduros suelen ser angulosos y de baja esfericidad, mientras que los más evolucionados, los que encontramos
más lejanos al área fuente, suelen ser mucho más redondeados y de mayor esfericidad, debido al efecto abrasivo
del transporte.
El hecho de que se trate de sedimentos sueltos o de rocas ya consolidadas marca también una diferencia
considerable: las gravas y arenas son los materiales sueltos, mientras que los conglomerados (o brechas) y areniscas
son rocas compactas, en las que los granos o clastos están más o menos sólidamente cementados. En las variedades
más finas, los sedimentos no consolidados reciben el nombre de limos, arcillas o lutitas, mientras que las rocas se
denominan limolitas o arcillitas, o, cuando desarrollan una cierta esquistosidad, por aplastamiento, pizarras.

Todas estas diferencias nos llevan a establecer las posibles aplicaciones de cada uno de estos tipos litológicos:

 Las gravas sueltas, sobre todo las de las riveras de ríos, o de canchales de laderas, se utilizan
como áridos de construcción, ya sean edificaciones u obras públicas, en hormigones, morteros, o
con aglomerantes asfálticos, etc.

 El mismo uso reciben algunas arenas sueltas, fundamentalmente en morteros con cemento o
cal.

 En cuanto a las rocas ya consolidadas, las areniscas bien cementadas se han utilizado también
en construcción, como "piedra de corte", debido a su fácil labra. No obstante, es una roca a menudo
muy problemática por su alterabilidad.

 Otros usos de las arenas y areniscas más puras (arenas silíceas) están en las industrias del
vidrio y del silicio.

 Por su parte, las variedades arcillosas se emplean fundamentalmente como materia prima en
la industria cerámica. En este caso, la naturaleza de los minerales que componen estas rocas y sus
caracteres texturales y estructurales permiten definir su mejor uso dentro de una amplia gama:
ladrillería, cerámica estructural, gres, etc.

 Las pizarras, por su parte, como rocas intermedias entre sedimentarias y metamórficas
procedentes de la consolidación de lutitas, se emplean para cubiertas (las de mayor calidad) y para
solados y zócalos rústicos (las de menor calidad).

Yacimientos de tipo placer

Determinados minerales de interés económico que componen las rocas son muy resistentes a la meteorización
física y química, pero a menudo en estas rocas no resulta rentable su explotación minera. Esto es debido a dos
factores: su baja ley en la misma, y la necesidad de realizar una explotación completa de la roca, incluyendo además
un proceso de concentración a menudo problemático. En los yacimientos de tipo placer se produce de forma natural
la separación y concentración de estos minerales en sedimentos no consolidados, lo que abarata muy
considerablemente su aprovechamiento minero.

Por otra parte, como en el caso anterior tenemos por un lado los placeres en sedimentos recientes, de sistemas
fluviales o de playas, y por otro, los llamados paleoplaceres, rocas sedimentarias de origen fluvial o costero que
pueden contener concentraciones detríticas del mineral o minerales de interés minero. Los primeros se explotarán
en superficie, mediante arranque y carga directos, mientras que los segundos necesitarán una minería de mayor
coste, ya sea a cielo abierto o subterránea.

La separación de la fase mineral de interés económico tiene lugar como consecuencia de la meteorización
diferencial de los minerales que forman la roca. Como ya sabemos, y en función de factores climáticos y
meteorológicos, este proceso hace que la roca se desgrane, por la destrucción de algunos de sus componentes
minerales. Los que no se destruyen, por ser resistentes a la meteorización existente en esa área y momento
geológico, son arrastrados por el agua o el viento, es decir, se movilizan, pasan a sufrir el proceso de transporte.
Es importante resaltar el hecho de que el hecho de que un determinado mineral se meteorice o no depende de las
condiciones externas imperantes en cuanto al clima o la composición de la atmósfera. Hasta fechas recientes ha
sido objeto de controversia el determinar si la uraninita presente en los yacimientos de tipo placer de la cuenca de
Witwatersrand (RSA) tenía origen detrítico o no; en la atmósfera actual eso es impensable, la uraninita en
condiciones oxidantes se meteoriza con gran facilidad, liberando U6+. Sin embargo, en la atmósfera del
Precámbrico, cuando estos yacimientos se formaron, no había apenas oxígeno, era una atmósfera reductora, en la
que la uraninita pudo actuar como mineral detrítico, al no sufrir meteorización.

La concentración de los minerales tiene lugar como consecuencia de su diferencia de densidad respecto al resto de
minerales arrastrados por el medio de transporte: estos minerales suelen ser metálicos, con lo que su densidad es
muy superior a la del resto. Ello condiciona que se concentren en puntos concretos del curso fluvial (figura), o que
el viento deje de arrastrarlos antes que al resto, o que se concentren preferencialmente en determinados puntos de
una playa.

En cuanto a los minerales que solemos encontrar formando este tipo de yacimientos, tenemos que mencionar en
primer lugar a los metales nobles nativos: oro, plata y platino son, sin duda, los más conocidos. En este caso,
además, el oro en particular se acreciona para dar origen a las pepitas, aumentando su tamaño con el grado de
evolución a lo largo del transporte. Otros minerales comunes en estos yacimientos
son: casiterita, ilmenita, rutilo, monacita, granate, entre otros. También algunas gemas, como el diamante,
el rubí o el zafiro, pueden aparecer en este tipo de yacimientos.

Pepita de oro

Otros yacimientos en rocas detríticas


Las rocas detríticas, y en particular las areniscas, a menudo contienen concentraciones de minerales de interés
minero que no se han depositado conjuntamente con la roca, sino que se han introducido con posterioridad en la
misma, aprovechando sus características de alta porosidad y permeabilidad. El origen concreto de estas
concentraciones puede ser muy variado: desde la posibilidad de que se trate de fluidos mineralizados relacionados
con procesos volcánicos que se infiltran en la porosidad de la roca, en la que se produce el depósito de los minerales
(caso de los mineralizaciones de tipo Almadén, que vemos en el tema 11), hasta casos en los que determinados
puntos de la formación arenosa actúan como trampa para iones metálicos. Estos se depositarían preferencialemente
en esos puntos al ser arrastrados en disolución por las aguas que circulan por esa formación: caso de
los yacimientos de uranio de tipo "roll-front", en los que las trampas corresponden a áreas locales con
condiciones reductoras, relacionadas con la concentración de materia orgánica (restos vegetales,
fundamentalmente), que favorecen la reducción del ión U6+, muy móvil en condiciones atmosféricas, a U4+, mucho
menos móvil. La figura adjunta muestra un esquema de este tipo de yacimientos.

En cualquier caso, los más conocidos e importantes son las denominadas "formaciones de cobre en capas rojas",
entre las que destacan, por su importancia económica, las de los distritos de Kupferschiefer (Polonia), White Pine
en Michigan (EEUU) y el cinturón cuprífero africano (Zambia-Zaire). El origen de estas mineralizaciones es
controvertido, aunque en ningún caso se consideran como sedimentarios puros, sino diagenéticos, en relación con
cuencas de tipo aulacógeno (rifts abortados).

Las rocas detríticas como almacén de fluidos

Las rocas detríticas gruesas (arenas/areniscas, gravas/conglomerados) están formadas, como sabemos, por granos,
de formas más o menos regulares, lo que hace que entre estos granos exista una alta porosidad, en la que a menudo
podemos encontrar fluidos, sobre todo agua, pero además otros, como petróleo o gas natural.

La presencia de los correspondientes fluidos en la roca obedece a distintos procesos: el agua puede ser de
infiltración de agua de lluvia, o transportada por un río bajo su cauce visible, o almacenada durante el depósito de
la roca en forma de fase intergranular. Los hidrocarburos naturales, por su parte, proceden de la liberación de la
roca madre en la que se forman, y consecuente migración, hasta acumularse en estas rocas (rocas almacén).

Los parámetros litológicos que definen la posibilidad de aprovechar el fluido son dos: la porosidad y la
permeabilidad.

La porosidad es el volumen de huecos de la roca, y define la posibilidad de ésta de almacenar más o menos
cantidad de fluido. Se expresa por el porcentaje de volumen de poros respecto al volumen total de la roca (porosidad
total o bruta).

Además de esta porosidad total, se define como porosidad útil la correspondiente a huecos interconectados, es
decir, el volumen de huecos susceptibles de ser ocupados por fluidos. Este concepto de porosidad útil está
directamente relacionado con el de permeabilidad. La diferencia entre porosidad total y porosidad útil expresa el
agua (o fluido en general) inmovilizado dentro de la roca, y recibe la denominación de "agua irreductible" de la
roca.

La porosidad útil es, en general, inferior en un 20-50% a la total, dependiendo, sobre todo, del tamaño de grano de
la roca: cuanto menor sea este tamaño de grano, más baja será la porosidad útil respecto a la total. También influye
la forma de los granos (ver figura).

La Permeabilidad representa la facilidad con la que una roca o formación permite a un fluido de viscosidad dada
atravesarla. Viene definida por la fórmula de D'Arcy:

K dp -nV
V = - ---- x ----- , y por tanto K= - -------
n dL d p/dL

donde:
v = q/A= velocidad del fluido o flujo a través de unidad de área medida en cm/sg o en cm3 x seg-1 x
cm-2
K = permeabilidad
N = viscosidad medida en centiposises (1 poise= 1 g x cm-1 x seg-1)
dp/dL = gradiente de presión del fluido en la dirección del movimiento, en atmósferas/cm3.

En estas condiciones, la unidad de medida de la permeabilidad es el Darcy, generalmente demasiado grande para
los almacenes de hidrocarburos, por lo que se utiliza el milidarcy (md).

Este parámetro depende, fundamentalmente, del tamaño medio y de la forma de los granos que constituyen la roca
(ver figura).

Si el fluido es homogéneo, y no produce ninguna acción importante sobre la roca, se habla de permeabilidad
absoluta; pero si en la roca existen varios fluidos, como es el caso de un yacimiento petrolífero, en el que podemos
tener petróleo, agua y gas, se producen interferencias entre ellos que dan origen a permeabilidades efectivas para
cada uno de los fluidos diferentes de sus permeabilidades absolutas.

Se define así como permeabilidad efectiva de un fluido la expresión de la propiedad de una roca o formación de
ser atravesada por ese fluido en presencia de uno o varios otros fluidos. Depende por un lado de las características
de la roca, y por otro, de las proporciones o porcentajes respectivos de los distintos fluidos presentes.
La permeabilidad relativa corresponde a la relación entre permeabilidad absoluta y efectiva. Para un fluido dado,
varia en función directa con la saturación de ese fluido en la roca, y se expresa en tanto por uno de movilidad de
un fluido respecto a otro.

En un sistema agua-crudo, la permeabilidad relativa del crudo es máxima, y muy próxima a 1, cuando la saturación
del crudo es máxima (100 a 70-80%), y es mínima, mientras que la del agua se hace máxima, para baja saturación
en crudo.

Como expresa la figura, la permeabilidad relativa del crudo decrece rápidamente con la disminución de la
saturación en éste, pero la del agua permanece muy baja o nula hasta saturación en agua del orden del 45%. A
partir de ese momento, crece muy rápidamente hasta alcanzar el valor 1 para una saturación del 100%.

En términos de producción, esto se traduce en que en un yacimiento petrolífero con bajo contenido inicial en agua,
se podrá extraer petróleo sin agua; al ir aumentando el grado de extracción, al alcanzar una saturación en crudo del
orden del 50-55%, se extraerá una mezcla de crudo y agua, en la que la proporción de la segunda irá aumentando
progresivamente, hasta un valor de saturación en agua del 80-90%, momento en que solamente se extraerá agua
(ver figura).

En definitiva, la permeabilidad condiciona el ritmo de extracción, así como los límites reales de la zona de la
trampa que es posible explotar, lo que explica su importancia en el estudio de los almacenes de hidrocarburos.

7.- Rocas y yacimientos sedimentarios carbonatados


Las rocas carbonatadas son rocas formadas mayoritariamente por carbonatos, cálcico (calcita en las calizas) o
cálcico-magnésico (dolomita en las dolomías). De ellas, solo las calizas tienen un auténtico origen sedimentario,
pues las dolomías se forman por procesos posteriores al depósito. Las rocas carbonatadas tienen un interés minero,
que se sustenta en sus aplicaciones directas (por ejemplo, en la fabricación de cemento). También son interesantes
desde el punto de vista geológico-minero por poder albergar concentraciones de minerales metálicos, e incluso
agua y otros fluidos (petróleo y gas).

Rocas carbonatadas

Calizas

Las calizas son rocas originadas por un proceso de sedimentación directa. Esta sedimentación puede tener diversos
orígenes, si bien la más común es la denominada precipitación bioquímica: el carbonato cálcico se fija (en general,
en forma de aragonito) en las conchas o esqueletos de determinados organismos, ya sean macroscópicos
(lamelibranquios, braquiópodos, gasterópodos...) (ver) microscópicos (foraminíferos) (ver), o nanoscópicos
(cocolitos) (ver) y a su muerte, estas conchas o esqueletos se acumulan, originando un sedimento carbonatado. El
aragonito, inestable en condiciones atmosféricas, se va transformando en calcita, y la disolución parcial y
reprecipitación del carbonato cementa la roca, dando origen a las calizas. Otra forma de depósito es la fijación del
carbonato sobre elementos extraños, como granos de cuarzo, o pequeños fragmentos de fósiles, dando origen a los
oolitos (calizas oolíticas). También las algas fijan este compuesto, dando origen a mallas de algas o estromatolitos,
que si se fragmentan y ruedan originan los pisolitos (calizas pisolíticas). Todas estas posibilidades dan origen a los
diversos tipos de calizas.

Junto con el carbonato cálcico se suele producir el depósito de otros componentes, ya sean detríticos medio-finos
(arena-limo), o finos (arcillas); el primer caso es propio de medio energéticos, caracterizados por la sedimentación
de fragmentos de fósiles, o resedimentación de fragmentos de calizas ya más o menos consolidadas. Así se originan
las denominadas calizas bioclásticas, o de intraclastos, respectivamente. En el segundo caso, se produce la
floculación de las arcillas conjuntamente con el depósito de los carbonatos, ya que ambos son propios del depósito
en aguas tranquilas, y se originan las denominadas margas, margocalizas, y calizas margosas, formadas por
proporciones variables de caliza y arcilla.

En cuanto a sus aplicaciones, son relativamente numerosas:

 La más extendida es en la industria cementera: el cemento más común, el de tipo Portland, es una mezcla
finamente pulverizada y debidamente dosificada de caliza y arcilla, que calentada en horno a temperatura
entre 1.400 y 1.500ºC reacciona para dar un producto que recibe el nombre de clinker, al cual una vez
enfriado se le adiciona una pequeña cantidad de yeso para obtener el producto final, que es el cemento.
 Otra aplicación común, aunque actualmente en retroceso, es la obtención de cal (CaO), por calcinación:
CaCO3 + calor -> CaO + CO2

Esta cal a su vez se utiliza para la limpieza y desinfección de fachadas (encalado), y como producto-base
de otras aplicaciones en la industria química.

 Otra aplicación directa es como roca marmórea, para construcción: la mayor parte de lo que los marmolistas
llaman mármoles no son tales rocas metamórficas, sino calizas poco o nada recristalizadas; tienen menor
calidad que los mármoles auténticos, si bien mayor variabilidad textural, y por tanto, mayor variedad y
vistosidad (rojo alicante, negro marquina, etc.).
 Una aplicación a resaltar, por su importancia creciente, es su utilización como lecho de procesos de
combustión de carbón rico en azufre, ya que evita la movilización de éste mediante la formación de
CaSO4 (anhidrita).
 Otra aplicación común es como árido, sobre todo para la subbase de carreteras.

Es también interesante el comportamiento de estas rocas frente a los fluidos: las calizas suelen presentar escasa
porosidad primaria, es decir, debido a la disposición original de sus elementos texturales, por lo que las calizas
sanas y no fracturadas suelen tener escasa capacidad de almacenamiento de fluidos. Sin embargo, en determinadas
condiciones (a bajas presiones y temperaturas) pueden responder a la deformación tectónica fracturándose, lo que
les confiere una cierta porosidad secundaria. Además, el carbonato cálcico es soluble en agua, sobre todo en aguas
cálidas, en las que existe ácido carbónico disuelto como consecuencia de las reacciones:

CO2 + H2O -> H2CO2

H2CO3 + CaCO3 -> Ca2+ + 2 HCO3-


Ello hace que bajo la acción del agua, ya sea superficial o subterránea, las formaciones de calizas desarrollen los
denominados procesos kársticos, que implican la formación de cuevas y cavernas, formas de disolución (lapiaces
y cárcavas) o de hundimiento superficial (dolinas), etc., así como la forma de relieve más característico, el torcal.
Además, en estas formaciones kársticas se puede acumular agua en grandes volúmenes: son excelentes acuíferos
subterráneos, aunque también son formaciones poco adecuadas para almacenar aguas superficiales, que suelen
infiltrarse con gran facilidad a través de sumideros, dolinas, etc.

Ver datos de producción española

Dolomías

Las dolomías se originan como consecuencia de procesos postsedimentarios: las calizas, formadas por los procesos
antes descritos, pueden ponerse en contacto con aguas enriquecidas en magnesio, lo que da origen al proceso
llamado de dolomitización:

2 CaCO3 + Mg2+ → CaMg(CO3)2 + Ca2+

Al ser la dolomita más densa y de estructura cristalina más compacta que la calcita, este proceso implica un
aumento del volumen de huecos de la roca, es decir, de su porosidad.

Texturalmente las dolomías no presentan apenas variabilidad, al tratarse de rocas recristalizadas. Todo lo más,
pueden preservar relictos texturales de la caliza original.

En cuanto a sus aplicaciones, las dolomías se utilizan como piedra de construcción y ornamentación, y también en
la fabricación de ciertos cementos. En la industria química, en la obtención de magnesia [(OH)2Mg], que se emplea
en la preparación de revestimientos refractarios siderúrgicos. También tiene aplicación como mena del magnesio
metálico.

Las dolomías, a diferencia de las calizas, no son solubles en agua, lo que impide el desarrollo de los procesos
kársticos sobre ellas. Si tienen una cierta capacidad de almacenamiento de fluidos, relacionada con la porosidad
secundaria que desarrollan durante el proceso de dolomitización.

Ver datos de producción española

Otras rocas carbonatadas

Además de las calizas y dolomías, hay otras rocas formadas mayoritariamente por carbonatos, aunque son mucho
menos frecuentes, y a menudo están originadas por otro tipo de procesos, no sedimentarios (reemplazamientos).
Entre ellas destacan las rocas de magnesita y de siderita, de interés minero por ser importantes menas de magnesio
e hierro, respectivamente.

Yacimientos de minerales metálicos en rocas carbonatadas

Las rocas carbonatadas con cierta frecuencia contienen mineralizaciones metálicas, sobre cuyo origen ha habido
una larga y aún inconclusa polémica: se han defendido desde un origen estrictamente sedimentario para los mismos,
hasta un origen claramente postdeposicional, pasando por la posibilidad de que tengan origen diagenético.

Los más frecuentes corresponden a yacimientos de sulfuros de Pb-Zn-Cu, a menudo acompañados de fluorita y
barita, que también pueden llegar a ser mayoritarios: se conocen también con el nombre de "yacimientos de
tipo Mississippi Valley", ya que son muy abundantes en esta región del centro de los Estados Unidos. Son también
abundantes en las formaciones carbonatadas de las cordilleras alpinas europeas (Alpes, Béticas...), por lo que
también reciben el nombre de yacimientos de tipo Alpino.

Suelen aparecer encajados en formaciones carbonatadas, en forma de masas más o menos continuas lateralmente
y de potencia muy variable en el detalle, y la mineralización suele ir asociada a encajante dolomítico. Este hecho
sugiere que su origen sea posterior al proceso de dolomitización, y posiblemente esté condicionado por el aumento
de porosidad de estas rocas, que favorece la entrada de fluidos en la misma. En cualquier caso, lo que a menudo
resulta evidente es que son el resultado de la interacción entre fluidos mineralizados y la roca carbonatada; al
tratarse de fluidos por lo general ácidos, su introducción en la roca se ve favorecida por la reactividad de sus
componentes (calcita y/o dolomita) frente a la acción de estos fluidos.

Esquema de los yacimientos de Silvermines-Ballynoe (Irlanda), pertenecientes al


tipo Mississippi Valley

Otras rocas y yacimientos de origen bioquímico

Además de las calizas, hay otra serie de rocas que son producto de la acumulación de minerales que los organismos
incorporan a sus conchas o piezas esqueletales. Entre ellos tenemos las diatomitas y las fosforitas.

Diatomitas

Las diatomitas son rocas silíceas, formadas como consecuencia de la acumulación de caparazones de diatomeas,
que son algas microscópicas, propias de aguas tanto marinas como dulces, cuyo caparazón (o frústula) está
constituido por sílice amorfa. Esta acumulación se produce en medio sedimentarios extensos y poco profundos, en
los que el agua contenga abundantes nutrientes y sílice. Además, debe tratarse de medios protegidos de los aportes
terrígenos, para que la acumulación sea suficientemente rica en los restos silíceos.
Frústulas de diatomeas

La mayor o menor pureza de la diatomita condiciona sus aplicaciones. Las de mayor calidad son las más ricas en
sílice (95% SiO2), mientras que las impurezas, normalmente de carbonatos, minerales de la arcilla, óxidos de hierro,
materia orgánica, disminuyen su aplicabilidad.

Sus aplicaciones están relacionadas con sus propiedades físicas: baja densidad, alta porosidad, alta capacidad
absorbente (que aumenta al calcinar la roca), baja conductividad térmica, alto punto de fusión (entre 1.400 y
1.700ªC), y moderado poder abrasivo. Así, sus aplicaciones concretas son las siguientes: Como filtros y
clarificadores de grandes volúmenes de líquidos; en procesos químicos y metalúrgicos; en la producción de
alimentos, productos farmacéuticos, etc.; como carga, aislante, absorbente, aditivo en cementos, fuente de sílice
reactiva, entre otras.

En cuanto a producción, en España existen yacimientos de diatomitas relativamente importantes, en especial en el


Sur y Sudeste de la península, en formaciones marinas o continentales terciarias, en concreto en la Cuenca del
Guadalquivir y en la zona Prebética manchega (Sierra de Alcaraz, Albacete). Las únicas en actividad en la
actualidad son las de Albacete, con una producción anual de unas 75.000 t.

Fosforitas

Las fosforitas son rocas que contienen al menos un 20% de P2O5, en forma de flourapatito criptocristalino
("colofana"), que suelen aparecer como capas de espesor variable, de aspecto semejante al de muchas capas de
calizas fosilíferas o pisolíticas, aunque con colores más oscuros.

Su origen es aún objeto de debate, pero parece evidente que se forman bajo las siguientes condiciones: 1) presencia
de surgencias (upwellings) de aguas frías ricas en fósforo inorgánico disuelto (DIP en inglés); y 2) presencia de
una plataforma marina, somera y con aguas cálidas, en la que se produce la acumulación del fosfato orgánico. El
fósforo, un nutriente esencial, dispara la formación del fitoplancton, el cual a su vez, al ser la base de la cadena
trófica marina, multiplica la vida de organismos superiores (p.ej., peces). Tanto el fitoplancton como los peces al
morir van a parar al fondo de la plataforma, sufriendo sus partes orgánicas una degradación que supone la
acumulación de sus esqueletos. El continuo reflujo de fósforo por las surgencias produce una continua
transformación de estos esqueletos en hidroxi- y flúor-apatito. También pueden formarse como consecuencia de
procesos diagenéticos de reemplazamiento de calizas por el apatito, por sustitución del anión carbonato por el
fosfato.

Se explotan para su tratamiento con ácido sulfúrico para la obtención de fertilizantes (superfosfatos). Las
principales áreas productoras, en el Sahara ex-español (Fos-Bucraa) y en Estados Unidos (Florida y Wyoming-
Idaho). En España, fosforitas atípicas, de origen turbidítico y de edad precámbrica en la zona Norte de la Provincia
de Ciudad Real y Sur de la de Toledo (Fontanarejo-Horcajo de los Montes-Robledo del Mazo), que no han llegado
a ponerse en explotación hasta la fecha.

8.- Rocas y yacimientos de precipitación química


La precipitación química directa de los iones contenidos en las aguas que rellenan las cuencas sedimentarias da
origen a diversos tipos de yacimientos, entre los cuales los más característicos son los de evaporitas. En el resto de
los casos, y en especial en el caso de yacimientos metálicos, la presencia de estos iones en el agua de la cuenca
correspondiente a menudo está relacionada con actividad volcánica, lo que hace que este tipo de yacimientos se
agrupen como volcano-sedimentarios, o exhalativo-sedimentarios. No obstante, algunos de ellos sí se describen
como relacionados con procesos sedimentarios sin participación volcánica, como es el caso de los nódulos de
manganeso de los fondos abisales.

Las rocas evaporíticas son las principales rocas químicas, es decir, formadas por precipitación química directa de
los componentes minerales. Suelen formarse a partir del agua de mar, si bien también existen evaporitas
continentales, formadas en lagos salados, o en regiones desérticas que se inundan esporádicamente.

Se originan, por tanto, como consecuencia de la evaporación de aguas conteniendo abundantes sales en disolución.
Al alcanzarse, por evaporación, el nivel de saturación en las sales correspondientes, se produce la precipitación del
mineral que forma ese compuesto. A menudo se producen precipitaciones sucesivas: en un primer momento
precipitan las sales menos solubles, y cuando aumenta la evaporación van precipitando las más solubles.

Evaporitas marinas

Los mares contienen la mayor proporción de sales. En concreto, el contenido medio en sales de los mares es del
siguiente orden:

Ión Concentración (ppm)


Cl- 19.010
(SO4)2- 2.717
(HCO3)- 137
Na+ 10.800
Mg2+ 1.296
Ca2+ 413
K+ 407

La salinidad media del agua del mar es del orden de 3.5%, valor que es relativamente homogéneo en términos
de grandes océanos. Este valor se hace mayor en determinados casos, alcanzando valores de incluso el 30%.

Para que se pueda producir la concentración de las sales que lleve a la saturación, debe darse un mecanismo que
favorezca la evaporación del agua en volúmenes reducidos, y sin comunicación con el mar que renueve el agua de
concentración normal. Esto se produce en un tipo determinado de medios sedimentarios: las albuferas, en las que
existe un brazo de mar individualizado del mismo por una barra de arena, que permite ocasionalmente el paso del
agua, pero la aísla durante largos periodos de tiempo. En estas condiciones, y bajo una fuerte insolación, el agua
se evapora, aumentando progresivamente la concentración en sales, hasta que durante una tormenta o una pleamar
especialmente intensa vuelve a introducir agua

de mar en la cuenca, reiniciando el proceso.

En cualquier caso, el contenido medio en sales de los


mares y océanos permite establecer la naturaleza de las
sales que precipitan a partir del agua de mar: en primer
lugar se alcanza la saturación en sulfato cálcico, que es el
menos soluble, así que serán yeso o anhidrita los primeros
minerales que precipiten. A continuación se produce la
saturación en cloruro sódico, produciéndose la
precipitación de halita. Por último precipitan los cloruros
de potasio y magnesio (silvina, carnalita...), que son los
más solubles. A menudo estos minerales aparecen
constituyendo capas dentro de las formaciones
evaporíticas, con yeso en las capas basales, halita en las
intermedias, y sales potásicas y magnésicas en las más
altas (ver figura).

Sobre este modelo general, en cada cuenca concreta suele


darse un predominio de unos u otros minerales: en algunos
casos será el yeso (a menudo acompañado de anhidrita) el
mineral mayoritario, lo que permite su explotación, en
otros, el cloruro sódico (halita), y en otros, los cloruros de
potasio y magnesio [silvina (KCl), carnalita (KMgCl3 · 6
H2O), polihalita (K2Ca2Mg(SO4)4 · 2 H2O, como más
importantes].

Este último tipo constituye los yacimientos de este grupo


de mayor valor económico, los denominados yacimientos potásicos, de los que se extraen las sales potásicas o
"potasas", para su uso como fertilizante. Para que se formen este tipo de yacimientos, se requieren condiciones
geológicas y climáticas muy extremas: cuencas relativamente profundas, de ambiente marino confinado, y
sometidas a condiciones climáticas de gran aridez.

En cuanto a las aplicaciones de este tipo de rocas, son tan variadas como su propia naturaleza: las ricas en yeso se
explotan para obtener material de construcción (la escayola, obtenida por calcinación del yeso), las ricas en halita,
para obtener cloruro sódico, para su empleo industrial en la obtención de cloro y sus derivados, y sosa y sus
derivados, así como para la industria alimentaria, mientras que las sales potásicas se explotan para obtener
fertilizantes, como ya se ha expresado, y para fabricación de jabones, vidrios especiales, cerámicas.

Yacimientos importantes a nivel mundial son los de Rusia (Solikamsk en los Urales, Soligorsk en Bielorrusia),
Canadá (Saskatchewan y New Brunswick) Alemania (Hannover y Stassfurt). Es España los yacimientos
evaporíticos más importantes se localizan en las series Terciarias de la zona externa del Pirineo – Valle del
Ebro(Suria-Cardona), en la Cordillera Cantábrica (Cabezón de la Sal), y en general, en las cuencas marinas
terciarias, como la depresión del Guadalquivir.

Evaporitas lacustres

Los lagos contienen por lo general aguas dulces, pero en ocasiones pueden llegar a contener aguas ricas en sales,
que pueden ser distintas a las que encontramos en el mar, al menos cuantitativamente. En concreto, tres son los
tipos de yacimientos minerales que pueden formarse a partir de las aguas de lagos salinos intracontinentales:
depósitos de sales sulfatadas sódicas (thenardita, glauberita) o magnésicas (epsomita), depósitos de carbonatos
alcalinos (trona, natron), y depósitos de arcillas especiales (sepiolita, palygorskita). De ellos tienen importancia
sobre todo los de sulfato sódico y arcillas especiales.

Los de sulfato sódico constituyen acumulaciones estratificadas de estos minerales (thenardita y glauberita
mayoritarios, a menudo acompañados de otras sales, como halita, yeso, polihalita, y otros sulfatos más o menos
complejos e hidratados de Na, Ca y Mg, fundamentalmente, a menudos interestratificados también con niveles
arcillosos.

Se explotan para la extracción del sulfato sódico puro, que se emplea sobre todo en la fabricación de detergente
sólido, en sustitución de los fosfatos, que producen efectos medioambientales indeseados (eutrofización). También,
en la fabricación del papel kraft, y de vidrios especiales.

Las principales áreas de explotación de estos yacimientos son los lagos salinos del Norte-Centro de EE.UU. y Sur-
Centro de Canadá (el Gran Lago Salado, de Salt Lake City, Utah, como más importante), el Lago Searles. En
España existen también importantes yacimientos de este tipo, intercalados en los sedimentos terciarios de las
cuencas de Madrid (los más importantes: Villaconejos, M. y Villarrubia de Santiago, Toledo) y del Ebro
(Alcandrade-Arrúbal, La Rioja y San Adrián, Navarra).

El otro tipo de yacimientos que pueden formarse en este tipo de cuencas son los de arcillas especiales,
fibrosas (sepiolita-palygorskita). En concreto, se señala que la palygorskita es característica de ambientes
marinos, mientras que la sepiolita lo es de ambientes continentales. El origen estaría en la precipitación química
directa de este mineral en medios evaporíticos atípicos (fundamentalmente pantanos de regiones áridas)
caracterizados por la escasez de aniones cloruro y sulfato y la abundancia de cationes, especialmente Mg. Suelen
constituir masas lentejonares, de espesor y continuidad lateral variable, intercaladas entre materiales detrítico-
carbonatados, a menudo directamente relacionados con secuencias evaporíticas típicas..

Evaporitas de medios desérticos

En los grandes desiertos la meteorización química actúa generando sales solubles que quedan durante largos
periodos de tiempo sobre las rocas a partir de las cuales se forman. Pero cuando se producen lluvias torrenciales,
escasas pero no excesivamente infrecuentes en estos climas, se produce el lavado de estas sales, que forman grandes
charcas, que al cesar las lluvias se evaporan rápidamente y producen la concentración de las sales arrastradas.

En estas condiciones se forman concentraciones salinas de composición muy variable, en función de la naturaleza
de las rocas existentes en la zona. Ejemplos conocidos son el Salar de Atacama, en Chile, en el que se produce la
concentración de halita enriquecida en elementos como Mg, K, Li y B (ver la gama de productos), el Valle de la
Muerte, en el Desierto de Mojave (SE de California, EE.UU.), en el que el mineral concentrado es el bórax, o las
zonas desérticas de alta montaña (Himalaya) de Cachemira (India), en la que también se localizan lagos ricos en
depósitos de bórax.

Yacimientos de azufre

El azufre nativo a menudo se encuentra asociado a los yacimientos de yeso evaporítico, como consecuencia de la
acción de bacterias sulforreductoras, que transforman el sulfato en sulfuro, que se reduce a su vez para dar azufre
nativo. Se forman así concentraciones masivas de azufre sedimentario, que junto con las de origen volcánico
constituyen los principales tipos de yacimientos de este elemento. No se pueden considerar, por tanto, yacimientos
químicos en sentido estricto, sino bioquímico, aunque aparecen asociados a los yacimientos químicos de
evaporitas.

Es interesante describir brevemente el método de explotación utilizado para este elemento: el denominado "método
Frasch", consistente en la inyección de agua sobrecalentada o de vapor de agua en las formaciones que contienen
este elemento, debido a que éste funde a 112ºC, y a 160ºC constituye un líquido de viscosidad muy baja, que fluye
con gran facilidad y puede ser bombeado hasta superficie.

Evaporitas y halocinesis o diapirismo

Un carácter común en los yacimientos de evaporitas, que afecta a su morfología respecto a las series sedimentarias
que los albergan, es que pueden haber sufrido los efectos del proceso denominado diapirismo o halocinesis, es
decir, el movimiento de las masas salinas a lo largo de series sedimentarias para dar origen a los denominados
diapiros.

Este fenómeno está relacionado con dos características típicas de estos materiales: su baja densidad y su
comportamiento mecánico, de carácter viscoso. De esta forma, cuando una capa potente, o toda una formación de
estos materiales intercalados entre otros más densos sufre una incipiente deformación tectónica que implica la
formación de un bucle, se produce una cierta migración de material hacia la zona del bucle que incrementa
localmente el espesor de la capa o formación en ese punto. Este aumento de potencia implica también un aumento
de volumen, y a su vez, un aumento del empuje de Arquímedes producido por la diferencia de densidad entre estas
rocas y las situadas por encima y debajo, que se traduce en el desencadenamiento de un proceso de ascenso de los
materiales, formado el diapiro propiamente dicho. La morfología final de estos diapiros puede ser muy variada, en
función de distintos factores, entre los que destacan la potencia original de la capa o formación salina, y la
naturaleza y comportamiento mecánico de las rocas suprayacentes, afectadas por el proceso de halocinesis.

Este proceso es, por tanto, el responsable de que las evaporitas, a pesar de tratarse de rocas sedimentarias, a menudo
formando parte de series sedimentarias de regiones muy poco afectadas por deformación tectónica, no se
encuentren constituyendo capas horizontales, perfectamente interestratificadas en las series originales, sino
formando estas estructuras, de morfologías más o menos complejas, y que incluso pueden mostrar actividad a
escala de observación directa, como es el caso, por ejemplo, del diapiro de Cardona (Barcelona), en el que se
registran ascensos anuales de 5 a 10 mm.

Yacimientos de hierro

El hierro, en forma de óxidos e hidróxidos, constituye un metal que se acumula en determinados medios
sedimentarios, dando origen a yacimientos que llegan a ser de enormes dimensiones. En el detalle, existe una gran
variedad de tipos de concentraciones de óxidos/hidróxidos de hierro de origen sedimentario, que van desde las
grandes acumulaciones de tipo BIF, hasta las pequeñas costras ferruginosas que se forman en algunas fuentes, o
los nódulos de goethita que se forman en medios pantanosos ("hierros de los pantanos"). De entre todas estas
variedades, las de mayor interés minero son dos: las de tipo BIF, y los denominados "ironstones".

Los BIF (Banded Iron Formations) o Formaciones de hierro bandeadas, corresponden a alternancias milimétricas
a centimétricas de óxidos de hierro con jaspes (foto 1). Llegan a tener decenas de metros de espesor (foto 2), y
contienen óxidos e hidróxidos de hierro: hematites en los que no han sido afectados por metamorfismo regional, y
magnetita en los que sí han sufrido este proceso (la mayor parte).

El origen de estos yacimientos tipo BIF ha sido objeto de debate hasta fecha reciente, en que se ha establecido su
origen como probablemente relacionado con el cambio en el quimismo de la atmósfera terrestre: originalmente
ésta no contenía oxígeno, siendo por tanto de carácter reductor. En estas condiciones, el hierro presente en las rocas
era fácilmente puesto en disolución en forma de Fe2+, altamente soluble. De esta forma, los océanos terrestres
llegarían a contener grandes cantidades de hierro en disolución. Con la aparición de la vida, las bacterias primitivas
comenzarían a generar oxígeno como consecuencia de su metabolismo fotosintético, consumiendo CO2 y agua
para producir oxígeno. La concentración de éste en el aire iría aumentando, y dio origen a la posibilidad de oxidar
al hierro disuelto en los océanos, dando origen a óxidos e hidróxidos (hematites-goethita) que precipitarían para
dar estas Formaciones.

Los Ironstones corresponden a capas de espesor métrico de óxidos e hidróxidos de hierro con texturas oolíticas
que aparecen intercalados en secuencias marinas someras, de calizas limos y areniscas, de edades variadas. Su
origen es aún discutido, y podrían haberse formado como consecuencia de la erosión y redepósito de formaciones
lateríticas.

Yacimientos de manganeso

Los óxidos de manganeso constituyen yacimientos de tipología muy variada, que van desde tipologías
epigenéticas, filonianas, a claramente sedimentarias, y dentro de esta categoría podemos di ferenciar entre los
estrictamente sedimentarios, no ligados a actividad volcánica, y los claramente relacionados con ésta, que se
estudian en el capítulo 11.

A su vez, los yacimientos puramente sedimentarios de manganeso pueden ser de dos tipos claramente
diferenciados:

1. Los que se localizan en áreas marginales de cuencas euxínicas (reductoras), que constituyen acumulaciones
pisolíticas u oolíticas de estos minerales (normalmente, pirolusita y criptomelana), a menudo asociados con
carbonatos de manganeso (rodocrosita), que llegan a ser también explotables.
2. Los que se localizan en los fondos oceánicos profundos, que constituyen acumulaciones nodulares de
óxidos de Mn, a menudo con ciertos contenidos en Cr y ¿qué mas?. Su formación parece estar relacionada
con actividad hidrotermal submarina, aunque no en su proximidad inmediata.

9.- Recursos energéticos de origen orgánico

Se incluyen aquí fundamentalmente el carbón y los hidrocarburos naturales (petróleo y gas), que se forman no
como consecuencia de la acumulación de los restos inorgánicos de organismos (sedimentación bioquímica, que
hemos visto en el Tema 7), sino de la acumulación, degradación y evolución de los propios restos orgánicos de
estos organismos. La principal diferencia entre los tipos señalados es que el carbón se forma fundamentalmente a
partir de restos de vegetales superiores (hojas, tallos, troncos...), mientras que petróleo y gas se forman a partir de
microorganismos (plancton, algas, bacterias...).

Hidrocarburos naturales

El petróleo y el gas natural, los hidrocarburos fósiles, están constituidos casi exclusivamente por hidrocarburos,
es decir, compuestos orgánicos, más o menos complejos, de Carbono e Hidrógeno, mezclados en proporciones
diversas entre sí, y con otros compuestos químicos: su composición elemental se muestra en la Tabla 1.

ELEMENTO RANGO (%) TÍPICO (%)

Carbono 85-95 85

Hidrógeno 5-15 13

Azufre <5 1,3

Oxígeno <2 0,5

Nitrógeno < 0,9 0,2

Metales < 0,1

Tabla 1.- Composición elemental del crudo

En cuanto a su composición molecular, es la siguiente:

1. Hidrocarburos saturados (50-60%)


a. n-alcanos (15-20%)
gaseosos: C1 a C4
líquidos: C5 a C15
sólidos: C=>16
b. Isoalcanos (10-20%)
c. Cicloalcanos (20-40%)
2. Hidrocarburos no saturados (25-40%)
3. Resinas o asfaltenos (0-40%)

Los Hidrocarburos naturales se originan como un paso intermedio de la degradación de la materia orgánica, en
medio anaerobio, y en un rango concreto de presiones y temperaturas. El producto intermedio que da origen a estos
productos, a partir de las rocas que lo contienen, recibe el nombre de kerógeno. Los hidrocarburos se forman en
rocas arcillosas que contienen este kerógeno (rocas madre). Sin embargo, para poder ser explotables (extraíbles
por bombeo), estos hidrocarburos han de migrar a rocas porosas y permeables (las rocas almacén) y quedar
atrapados por algún mecanismo que impida que la migración los lleva hasta la superficie: las trampas petrolíferas.
Estas pueden ser de muy diversos tipos, aunque las más comunes corresponden a pliegues anticlinales. La figura
1 muestra una trampa mixta, formada por un anticlinal y un a falla, mientras que la figura 2, muestra a su vez la
distribución de las reservas mundiales de crudo en grandes yacimientos en los diferentes tipos de trampas,
observándose como la mayor parte corresponde a las estructuras anticlinales.

La explicación a esta diferencia está en que, como muestra la figura 3, los anticlinales actúan a modo de
bóvedas, abarcando una amplia zona receptora, mientras que otras, como los cambios de facies, recogen
únicamente crudo procedente de la propia capa, o de las inmediatamente adyacentes.

Los hidrocarburos en la naturaleza aparecen en tres formas principales:

 Como gas natural


 Como petróleo crudo, líquido
 Como arenas asfálticas (tar sands) y pizarras bituminosas (oil shales).
Gas Natural

El gas natural se encuentra en dos tipos de yacimientos:

 Yacimientos de gas individualizado


 Yacimientos asociados a los de petróleo, en las zonas altas de los mismos, o en disolución en la fase líquida.
Los yacimientos de gas natural están compuestos fundamentalmente por metano, que llega a constituir hasta el
100% de los mismos (gas seco). Además, puede incluir otros hidrocarburos gaseosos, como etano, propano, butano,
etc., en proporción decreciente con el número de Carbonos. Otros constituyentes, minoritarios pero frecuentes,
son: H2S, N2, He, Ar, etc.

Su poder calorífico constituye la base de su interés económico. Es variable, según la composición específica
del gas. El valor medio es de 38 a 40 megajulio/Kg, ó 9.500-10.000 Cal/gr.

El Crudo ó Petróleo líquido

Está constituido por hidrocarburos líquidos fundamentalmente, y puede tener en solución hidrocarburos gaseosos
(los denominados crudos ligeros), o sólidos (crudos pesados). La constitución típica es la que se muestra en la
primera parte del Tema. Otros constituyentes pueden ser: compuestos sulfurados en diversas formas orgánicas,
compuestos nitrogenados, también de carácter orgánico, y compuestos oxigenados, como los ácidos grasos. Sus
características físicas y económicas están muy relacionadas con la composición.

El carácter más importante de los crudos es su densidad, ya que es un reflejo directo de su composición
química. Aumenta con el porcentaje de hidrocarburos y productos pesados, en especial de resinas y asfaltenos.
Disminuye con la temperatura a la que se encontraba el petróleo en su ambiente de generación, lo que implica que
los yacimientos profundos, enterrados a mayores profundidades, contendrán crudos menos densos.

La densidad se expresa en gr/ml, o en gr/cm3, o, más comúnmente, en grados API, que evolucionan inversamente:

- 1 gr/ml (igual que el agua) = 10º API (crudos pesados)

- 0.77 gr/ml = 50º API (crudos ligeros)

Este parámetro es un criterio muy representativo de la calidad económica del crudo, y se utiliza para fijar
su precio. Los términos comerciales que se utilizan son: crudos ligeros (31.1ºAPI); medios (22.3-31.1ºAPI);
pesados (10-22.3ºAPI) y extrapesados (<10ºAPI).

Por otra parte, su principal característica desde el punto de vista económico es su poder calorífico, que
hace que sean utilizables como fuentes de energía. Este parámetro varía en función de la densidad, y, por tanto, de
la composición química concreta:

11.700 - 11.100 cal/gr. para un crudo de 0.7 a 0.8


11.100 - 10.675 cal/gr. para un crudo de 0.8 a 0.9
10.675 a 10.500 cal/gr. para un crudo de 0.9 a 0.95
Así, el poder calorífico es mayor para los crudos ligeros que para los pesados.

Como comparación, una hulla presenta un poder calorífico entre 5.600 y 8.000 cal/gr, con lo que, a efectos de
poder calorífico:
1,5 t carbón = 1 t petróleo = 1.000 m3 gas

La principal aplicación del crudo es para obtención de energía, a través de sus productos refinados:
gasolina, gas-oil (diesel), fuel-oil, keroseno, etc. Otros usos: materia prima para la
industria petroquímica (polímeros, etc.); materia prima para lubrificantes (aceites y grasas para
motores); aglomerantes asfálticos (fracciones pesadas).

Los Hidrocarburos sólidos

Se incluyen aquí los hidrocarburos naturales de carácter sólido. Pueden ser de dos tipos diferentes: hidratos de
metano, y bitúmenes y asfaltos.

Los hidratos de metano son poco abundantes, aunque actualmente se han localizado acumulaciones importantes
en el límite plataforma continental – talud, cuya importancia económica y posibilidades de explotación aún
están por determinar.

La familia de los bitúmenes es más importante, ya que aparece en dos tipos de yacimientos ya bien
conocidos: arenas asfálticas (tar sands), y pizarras bituminosas (oil shales). Los bitúmenes se pueden
definir, desde el punto de vista de explotación, como mezclas viscosas naturales de hidrocarburos de
molécula muy pesada, y productos sulfurosos minoritarios. Su alta densidad y viscosidad impide su
explotación convencional por bombeo.

Los hidrocarburos semirrefinados que se pueden extraer de los bitúmenes reciben el nombre de crudos
sintéticos. Las rocas que contienen proporciones importantes de estos bitúmenes pueden ser de dos tipos: Arenas
asfálticas y pizarras bituminosas.

Las Arenas asfálticas son rocas sedimentarias de tipo arenas gruesas, bien clasificadas, porosas y permeables,
consolidadas o no, que contienen productos petrolíferos pesados, en las que el bitumen representa del orden del 18
al 20% en peso de la roca. Su viscosidad es muy elevada, por lo que no pueden ser recuperados por medios
tradicionales. Desde el punto de vista geoquímico, están formadas fundamentalmente por asfaltenos y productos
complejos ricos en nitrógeno, azufre, oxígeno, frente a productos saturados y ligeros.

Las pizarras bituminosas son rocas sedimentarias pelíticas (arcillosas), menos a menudo carbonatadas (margas),
ricas en kerógeno y pobres en bitumen (0.5-5%), y capaces de producir hidrocarburos por pirólisis, a unos 500ºC.
Ocasionalmente reciben la denominación de "esquistos bituminosos", lo que resulta equívoco con respecto a su
naturaleza petrográfica, puesto que nunca se trata de materiales metamórficos. La materia orgánica que contienen
está formada por restos de algas lacustres o marinas. Su composición química es muy variable y compleja,
generalmente con altas relaciones H/C (1.25-1.75), y con relaciones O/C entre 0.2 y 0.02.

El carbón

El carbón es una roca sedimentaria combustible con más del 50% en peso y más del 70% en volumen de materia
carbonosa, formada por compactación y maduración de restos vegetales superiores, como consecuencia de la
evolución de esta materia orgánica de origen vegetal que se acumula en determinadas cuencas sedimentarias.

Desde el punto de vista estratigráfico, es una roca sedimentaria organoclástica de grano fino, compuesta
esencialmente por restos litificados de plantas, que aparece constituyendo secuencias características que reciben el
nombre de ciclotemas.
Ciclotemas

Composición y propiedades

Dentro de la composición química del carbón se debe diferenciar entre los datos correspondientes a la estructura
química del carbón, y los correspondientes a su composición elemental. Así mismo, es necesario diferenciar
aquellos datos relacionados con la medida de algunos parámetros de importancia tecnológica. Otros parámetros de
gran importancia en la actualidad son los referidos al contenido en elementos menores que puedan liberarse durante
el proceso de combustión, y que pueden tener efectos nocivos para la salud humana o del medio ambiente.

Los parámetros tecnológicos que se utilizan para definir un carbón son: el contenido en humedad, la proporción
de volátiles, el contenido en cenizas, y el poder calorífico.

El contenido en humedad es el contenido en agua libre, y se determina por la pérdida de peso relativa de la muestra
calentada a 107ºC durante una hora en una atmósfera inerte.

La proporción de volátiles viene dada por la pérdida de peso de una muestra seca por calentamiento a temperaturas
entre 875 y 1050ºC fuera del contacto con el aire.

El contenido en cenizas se determina por combustión en aire; el residuo, expresado como tanto por ciento con
respecto del peso original de la muestra, constituye la expresión de este parámetro. Sería un fiel reflejo del
contenido en materia mineral de un carbón, de no ser por el hecho de que en la fracción inorgánica de éste
pueden existir carbonatos y sulfuros que se descomponen a esas temperaturas.

El poder calorífico es el calor que se libera durante la combustión de una muestra de carbón. Se determina por
combustión dentro de un calorímetro.

Otra propiedad importante del carbón es su densidad, que se relaciona de forma directa con su contenido en cenizas.
Todos los procesos de lavado y concentración de carbones se basan en el aprovechamiento de esta propiedad.

Desde el punto de vista elemental, el carbón está constituido fundamentalmente por C, H y O, con proporciones
menores de N y S.

Clasificación del carbón

El carbón se clasifica según diversos criterios:


- Tipo: diferencias en el tipo y clase de material vegetal que contenga, traducida a los denominados
componentes macroscópicos del carbón: fusita, durita, clarita y vitrita.

- Rango: diferencias en el grado de evolución o carbonización que haya sufrido, debidos a las
condiciones de presión y temperatura a que hayan estado sometidos. Es la evolución de turba a
lignito, hulla y antracita.

Lignito Hulla Antracita

Densidad 1.1-1.3 1.2-1.5 1.4-1.8

Humedad (%) 20-50 3-25 3-5

%C 27-31 37-86 89-98

% Volátiles 25-55 25-50 2-14

P. Calorífico 2000-4000 3500-7500 7000-8350


Cal/Kg.

Propiedades del carbón según su rango

- Grado: clasifica el carbón en función del nivel de impurezas (cenizas) que contenga.

Origen:

El origen del carbón está en relación evidente con la acumulación de materia vegetal superior (troncos, ramas,
hojas) en cuencas marinas o continentales. Los parámetros que definen la posibilidad de acumulación de la materia
vegetal que va a dar origen al carbón son similares a los que permiten la acumulación de microorganismos para
dar lugar al petróleo:

- Medios protegidos del influjo detrítico: la abundancia de depósitos detríticos resta calidad al
carbón, y favorece la degradación de las plantas que se acumular conjuntamente.

- Profundidad adecuada del medio, para evitar oxidación y permitir la acumulación vegetal.

- pH bajo de las aguas, dado que un pH mayor de 5 produce la degradación de la materia vegetal.

- Subsidencia continuada del fondo, para mantener unas condiciones uniformes a lo largo del
tiempo.

Esta acumulación se puede producir en el propio medio de vida de las plantas, o en medios distintos al de
formación, como deltas, estuarios o albuferas. Esto permite diferenciar carbones autóctonos, formados en el propio
medio de vida, y aloctónos, formados en un medio diferente al de vida: la materia vegetal ha sufrido un transporte,
más o menos largo.

Según el tipo de medio de formación, también se diferencian los carbones límnicos (formados en medios lacustres),
y parálicos (formados en medio marino).
En concreto, los medios en los que pueden darse procesos de acumulación de materia vegetal son:

- Marismas, saladas o salobres. Son zonas con comunicación ocasional con el mar, en que se puede
producir una importante actividad biológica vegetal.

- Zonas pantanosas, ciénagas, canales, lagos y charcas intracontinentales, con vegetación de tipos
diversos (herbácea, leñosa, etc.) según su profundidad, condiciones del fondo, temperatura de las
aguas, etc.

- Manglares de las zonas tropicales.

- Ambientes fluviales y deltáicos.

Uno de los medios sedimentarios más favorables para la acumulación de materia carbonífera que da origen al
carbón son los deltas, cuyas secuencias estratigráficas normales son muy semejantes a las propias de los
ciclotemas, constituidas por alternancias de capas de carbón con material arcilloso o arenoso.

Un factor también importante es el paleoclima, o sea, el clima imperante en la época de formación del carbón. El
más favorable es el paleoclima tropical, generador de vegetaciones exuberantes.

Otra cuestión importante en cuanto al origen del carbón es la edad de las series sedimentarias en que aparece: las
plantas vasculares aparecen en el Silúrico, y pueblan la superficie de La Tierra en el Devónico. Ello implica que
los yacimientos más antiguos de carbón conocidos sean de edad Devónica. Posteriormente, se dan yacimientos de
carbón de todas las edades, pero hay períodos especialmente favorables:

% sobre Recursos mundiales


Carbonífero Inferior 1,0
Carbonífero Medio y Superior 14,5
Pérmico 24,4
Triásico 0,5
Jurásico 14,2
Cretácico 16,7
Paleógeno y Neógeno 28,7

Ello se explica por factores fundamentalmente paleoclimáticos, y de tipo de vegetación predominante en cada uno
de los períodos.

Carbonización o Coalificación

Hace más de 100 años se enunciaba la llamada regla de Hill, según la cual a medida que se profundiza en una
explotación de carbón, el contenido en volátiles disminuye. Esta idea simple es la base conceptual en la que se
apoya la evolución de la materia orgánica durante el enterramiento subsiguiente a la sedimentación. Es un proceso
esencialmente físico-químico, con participación biológica en las primeras etapas, que se conoce con el nombre de
carbonización o coalificación.

Los factores que influyen en este proceso son: temperatura, presión y tiempo. Los dos primeros están relacionados
con el enterramiento y con el gradiente geotérmico: en condiciones normales un enterramiento produce un aumento
de presión debido al peso de los sedimentos suprayacentes, y un aumento de temperatura del orden de 33ºC/Km
(gradiente geotérmico medio), si bien en zonas concretas este gradiente puede ser mucho más alto.

El factor tiempo tiene una importancia extraordinaria: la incorporación de la materia orgánica a los sedimentos se
realiza a través de geles (geopolímeros), que sufren procesos de envejecimiento que les llevan primero a
deshidratarse, luego a reordenarse y formar moléculas con mayor grado de orden, hasta dar formas cristalinas
incipientes. Este proceso puede tener lugar independientemente de la temperatura y de la presión, siendo por tanto,
solamente función del tiempo. Esto explica la formación de carbones en cuencas antiguas que no han sufrido
enterramientos importantes, como es el caso de la de Puertollano.

El principal cambio que se produce en la coalificación (ver figura) es el incremento del contenido en carbono frente
a volátiles y humedad, acompañado de pérdida de oxígeno en forma de H2O y CO2 (desde valores por encima del
20% hasta valores próximos a cero en las antracitas) y pérdida de hidrógeno en forma de agua e hidrocarburos
ligeros (desde valores del orden del 5,5% a contenidos entre el 2,5 y el 4%) . El contenido en carbono pasa de
valores del orden del 65% a por encima del 95%.

En los primeros estadios del proceso (transformación de la materia vegetal en turba) juega un papel importante la
actividad biológica - bacteriana. En estadios sucesivos los cambios son ya de tipo físico - químico.

En cuanto a las aplicaciones del carbón, actualmente se explota casi exclusivamente para obtener energía eléctrica
mediante combustión. No obstante, este proceso genera abundantes emisiones de gases de efecto invernadero y
otros de efectos tóxicos (SOx, NOx, etc.), por lo que los procesos convencionales térmicos tienden a desaparecer.
Una tecnología más limpia es la que se desarrolla en pruebas en la Central Térmica de ELCOGAS en Puertollano,
correspondiente a un proceso de Gasificación Integral con Ciclo Combinado (GICC), que produce unos volúmenes
de emisiones muy inferiores a las de los procesos convencionales.

10.- Rocas y yacimientos ortomagmáticos


La cristalización de los magmas da origen a una gran variedad de minerales, que se asocian para dar origen a
las diversas rocas ígneas, que a su vez pueden contener una cierta variedad de concentraciones de determinados
minerales de interés económico. Esta variedad está en relación con la variedad de procesos implicados en la
génesis y evolución de los magmas desde su formación en niveles más o menos profundos del planeta hasta su
cristalización en proximidad de la superficie.

El proceso magmático
Es un hecho de observación que existe una gran variedad de magmas, que dan origen a la gran variedad de rocas
ígneas que se pueden reconocer en el planeta. También es posible observar cómo en términos generales los
magmas (y por consiguiente, las rocas formadas a partir de éstos) se asocian con situaciones geodinámicas
concretas, es decir, que en situaciones geológicas equivalentes solemos encontrar los mismos tipos de rocas
ígneas. De ello se deriva la conclusión de que la formación de los magmas está íntimamente relacionada con el
marco geodinámico que se produce en los diversos ambientes derivados de la tectónica de placas.

Ahora bien ¿qué es un magma, y cómo y porqué se forma? Como definición básica, un magma es un fundido,
que en general está formado por una fase líquida mayoritaria, a la que acompaña una fase sólida (cristales o
fragmentos de rocas) y otra gaseosa, y que se encuentra a temperaturas entre 1.500 y 800ºC. La fase líquida suele
estar formada por silicatos fundidos con proporciones muy variables de cationes: Mg, Fe, Ca, Na, K... Magmas
menos comunes son los formados por carbonatos (magmas carbonatíticos), o los formados por sulfuros (magmas
sulfurados).

El porqué se forman los magmas está relacionado con cambios puntuales en la termodinámica del interior del
planeta: en condiciones normales, las capas superficiales de la Tierra (litosfera) están en estado sólido, debido a
que a pesar de encontrarse a temperaturas lo bastante altas como para estar fundidos, la presión es también
bastante alta como para incrementar el punto de fusión de los minerales lo suficiente como para evitar esta
fusión. Por tanto, para que se produzca fusión ha de producirse una pérdida de presión, o un cambio en la
composición de la roca que rebaje el punto de fusión de los minerales que la componen, o un incremento
sustancial de la temperatura. El primer caso es posible por una descompresión debida a la formación de fracturas
profundas, que liberen la presión interna de la roca, y además favorezcan el ascenso del magma. El segundo caso
también se da, y suele ser consecuencia de la adición de volátiles a la roca (agua, CO2...) durante procesos
geológicos concretos (sobre todo, la deshidratación de corteza durante la subducción). El tercer caso se produce
como consecuencia de la formación de las denominadas plumas mantélicas (puntos calientes), que son
fenómenos que incrementan la temperatura de áreas profundas del planeta de cierta extensión. Otra posibilidad
en este mismo sentido es que el incremento de temperatura que origina la fusión esté relacionado con los
procesos tectónicos y magmáticos asociados al metamorfismo regional, en bordes destructivos de placas.

El proceso de fusión raramente es una fusión completa de una porción de roca más o menos voluminosa, sino
que suele ser una fusión parcial, en la que se va produciendo de forma progresiva la fusión de los componentes
minerales menos refractarios de entre los que componen la roca. Esto es especialmente cierto en los magmas
máficos, procedentes de la fusión parcial del manto superior, mientras que en los magmas félsicos, de afinidad
granítica, lo que se suele producir es un fundido de composición determinada a partir del conjunto de la roca, en
función de su composición concreta, y de las condiciones de presión y temperatura existentes durante el proceso
de fusión. Esto es debido a que estos magmas se suelen formar como consecuencia de procesos de anatexia, es
decir, de fusión local de rocas de la corteza, inducida por fenómenos asociados por lo general a metamorfismo de
alto grado.

Resulta evidente que durante esta variedad de procesos, y en función de las distintas variables que hemos
mencionado, se puede originar una gran variedad de magmas, de composiciones distintas en el detalle. A estos
magmas formados "in situ", y que aún no han sufrido los procesos de diferenciación que veremos a continuación
se les denomina magmas primarios.

Una vez formados, estos magmas tienden a ascender, como consecuencia de su densidad, menor que la de las
rocas que las rodean, y de la expansión volumétrica que sufren, a la que contribuye la liberación en los mismos
de una fase gaseosa más o menos abundantes. La ascensión puede ser más o menos lenta, desde las velocidades
supersónicas que son capaces de llevar hasta la superficie magmas del manto superior cargadas de fragmentos de
éste de diámetro decimétrico, hasta velocidades lentas, combinadas con estancias en cámaras magmáticas
intermedias que incrementan el tiempo de residencia del magma en capas más o menos profundas.
A su vez, el ascenso puede implicar la llegada del magma hasta la superficie, dando origen a los
fenómenos volcánicos, o hasta su proximidad, originando las rocas subvolcánicas, o puede ser que el magma
quede emplazado en niveles relativamente profundos de la corteza, dando origen a las rocas plutónicas. Estos
factores implican diferencias en la velocidad a que se produce el enfriamiento del magma: en los procesos
volcánicos esta velocidad es máxima (debido al contraste entre la temperatura del magma y la del ambiente
atmosférico), lo que produce las texturas típicas de estas rocas, porfídicas y parcialmente vítreas. En las rocas
subvolcánicas el enfriamiento es algo más lento, lo que hace que no suelan contener vidrio, aunque sí desarrollan
texturas porfídicas, y/o de grano fino. En las rocas plutónicas el enfriamiento es lento (el contraste con la
temperatura de las rocas en las que encajan es aún menor), lo que favorece la formación de cristales regulares y
de grano medio o grueso.

Pulsar aquí para ver la variedad de procesos magmáticos

Por otra parte, durante el ascenso se producen una serie de procesos que cambian la composición del magma, y
que se conocen con el nombre genérico de diferenciación. Los principales mecanismos de diferenciación son los
siguientes:

 Cristalización fraccionada. El magma primario puede contener cristales, o puede ser que éstos se formen
durante el ascenso, si éste es lo suficientemente lento. Cuando estos cristales tienen una densidad distinta
a la del magma, y en condiciones favorables (sobre todo, residencia en cámaras magmáticas intermedias),
se puede producir la separación de estos cristales, o bien por acumulación en la parte superior de la
cámara (los de feldespatos, que suelen ser los menos densos) o en su fondo (olivino, piroxeno, que suelen
ser los más densos). Esto origina la segregación de determinados componentes minerales, cambiando la
composición del magma residual.
 Asimilación. Durante el ascenso el magma puede fundir rocas con las que se pone en contacto,
incorporando los fundidos correspondientes a su composición, que variará de acuerdo con la composición
de las rocas asimiladas.
 Mezcla de magmas. Ocurre fundamentalmente durante la residencia en cámaras magmáticas, como
consecuencia del aporte de nuevas porciones de magmas primarios, que cambian la composición del
magma allí acumulado.
Como consecuencia de estos procesos de diferenciación se originan los denominados magmas
diferenciados o derivados, cuya composición puede ser muy diferente a la del correspondiente magma primario.
Todos estos factores (modo de formación, mayor o menor ascenso en la corteza, grado de diferenciación) son los
responsables de la gran variedad de rocas ígneas que conocemos.

Otra cuestión importante en las rocas ígneas es el orden de cristalización de sus minerales, identificable en
muchos casos por las relaciones texturales que se establecen entre ello. Este orden de cristalización está
determinado por dos factores principales: la termodinámica del proceso de cristalización, y la composición
concreta del magma que cristaliza. El primer factor fue estudiado por Bowen, que observó que la cristalización
de los minerales durante el enfriamiento de un magma sigue, en términos generales, una secuencia determinada,
que se puede subdividir en dos grandes ramas (Figura): la denominada rama discontinua (minerales
ferromagnesianos), y la rama continua (plagioclasas), que convergen en un tronco común, que corresponde a la
cristalización de feldespato potásico y finalmente cuarzo, siempre los últimos en cristalizar. Es lo que se conoce
con el nombre de Serie de Bowen. La mayor o menor evolución de la serie depende fundamentalmente del
contenido inicial en sílice, debido a que las reacciones (p.ej., olivino -> piroxeno -> anfíbol) implican un
consumo creciente de este componente (Mg2SiO4 + SiO2 -> 2MgSiO3).
Por otra parte, la composición del magma impone restricciones a este secuencia, de forma que si éste es pobre en
sílice y rico en Mg, Fe, Ca (magmas máficos) solamente cristalizarán los primeros términos de las dos series
(olivino, piroxeno, plagioclasa cálcica), mientras que en los magmas más ricos en sílice y pobres en Mg y Fe
(magmas félsicos) se formarán esos minerales durante los primeros estadios de la cristalización magmática, pero
reaccionarán con el fundido sucesivamente para dar términos más evolucionados de la serie, y la roca finalmente
estará formada por cuarzo, feldespato potásico, plagioclasa sódica y biotita. En las rocas formadas a partir de
magmas de composición intermedia encontraremos, por tanto, plagioclasa intermedia, anfíbol y piroxeno como
minerales característicos (ver figura).

Rocas plutónicas

Las rocas plutónicas son el producto de la cristalización de magmas a profundidades considerables en la corteza
terrestre. Son rocas caracterizadas por texturas granudas, de grano medio-grueso, y con una mineralogía variable,
que permite su clasificación detallada, al ser estudiada mediante microscopía petrográfica. En concreto, su
clasificación se lleva a cabo mediante el cálculo de una serie de parámetros de abundancia mineralógica, y el
empleo de diagramas de clasificación, los más usuales de los cuales son los de Streckeisen (1966), que se
muestran (simplificados) en las figuras abajo expuestas. Los parámetros utilizados son:

M: % de minerales ferromagnesianos (Sumaolivino+piroxeno+anfíbol+biotita)

Q: Contenido (%) de cuarzo, recalculado a 100% con los parámetros A y P

A: Contenido en feldespato alcalino (Sumaalbita + feldespato potásico) recalculado a 100% con los
parámetros Q y P (si la roca contiene cuarzo) o F y P (si contiene feldespatoide)

P: Contenido en plagioclasa, recalculado a 100% igual que el parámetro A

F: Contenido en feldespatoide recalculado a 100% igual que el parámetro Q

Las rocas con parámetro M igual o mayor a 90% se clasifican como ultramáficas, y su clasificación detallada se
basa en los contenidos en olivino, ortopiroxeno y clinopiroxeno (ver figura siguiente).
Si el valor del parámetro M es inferior al 90% se clasifican en el doble triángulo QAPF de la figura siguiente.

Las texturas de las rocas plutónicas son granudas o granulares de grano medio a grueso, con peculiaridades
propias de cada tipo de roca, como vemos a continuación. Si quieres ver algunas texturas propias de rocas
plutónicas pulsa aquí.

De entre la variedad de rocas plutónicas existentes, destacaremos para su descripción detallada las más comunes,
o aquellas de más común aplicación industrial: granito, sienita, diorita, gabro y peridotita.

Granito

El granito es la roca plutónica por excelencia, hasta el punto de que en el mundo industrial se denominan granitos
a todas las rocas plutónicas, independientemente de su composición real. En sus términos más precisos, el granito
es una roca relativamente escasa, aunque difícil de diferenciar en el campo de sus términos más próximos, sobre
todo de la granodiorita, por lo que a menudo estas rocas plutónicas de tonalidades claras se describen con el
nombre genérico de granitoides.

Desde el punto de vista de su composición mineralógica, lo más característico de los granitoides es su alto
contenido en cuarzo, que implica un valor del parámetro Q entre 20 y 60%. Los feldespatos son también
componentes mayoritarios de estas rocas, y suelen ser plagioclasa sódica (oligoclasa) y/o feldespato potásico,
generalmente ortoclasa y/o microclina. Además, es frecuente que contengan biotita y/o anfíbol, y en ocasiones
moscovita (granitos de dos micas). Como minerales accesorios suelen incluir circón, apatito, y minerales
metálicos entre los que predominan la magnetita, la ilmenita y la pirita.

La textura granítica, propia de estas rocas, es una de las más características de las que presentan las rocas
ígneas: es una textura holocristalina, hipidiomorfa, granular de grano medio, en la que la plagioclasa y la biotita o
anfíbol suelen ser idiomorfos, y el cuarzo y el feldespato xenomorfos e intergranulares, debido a la secuencia de
cristalización (serie de Bowen).

En el campo, el granito aparece formando macizos rocosos que pueden llegar a ser de miles de kilómetros
cuadrados, con contornos en general curvilíneos, a menudo festoneados por la denominada aureola de
metamorfismo de contacto. Es frecuente que a gran escala estos macizos están afectados por una red de fracturas
que puede no ser deformacional; de hecho, en ocasiones se origina simplemente por la contracción ligada al
enfriamiento del macizo (diaclasamiento). Este proceso suele dar origen a una fracturación concéntrica (tipo
capas de cebolla), que suele ser paralela a los contactos externos del macizo (y a menudo también a la superficie
topográfica) y a una fracturación groseramente radial.

A nivel de afloramiento, suele dar origen a un relieve característico, el denominado berrocal, formado como
consecuencia del desarrollo del proceso de meteorización favorecido por la fracturación que suele afectar a este
tipo de rocas, que suele individualizar paralelepípedos de roca a partir de los cuales, por erosión diferencial de
vértices y aristas, se forman los bolos (p. ej., La Pedriza, en la Sierra de Guadarrama).

En cuanto a su aplicación, el granito es una de las rocas más empleadas en la industria de la construcción, sobre
todo en forma de placas pulidas para revestimiento de exteriores e interiores. También en grandes bloques se
utiliza como elemento arquitectónico de tipo sillería, mientras que triturada, o cuando está ya triturada de forma
natural por la tectónica, se emplea como árido, e incluso directamente como balasto para líneas férreas. Incluso
las arenas que se forman por alteración sobre sus afloramientos se pueden aprovechar para la construcción.

A este respecto de la aplicación, hay que resaltar que el objetivo primordial de la explotación del granito es la
obtención de grandes bloques comerciales, de varios metros cúbicos, para el posterior serrado y pulido de las
placas. Esto no siempre es posible, debido a diversos factores que veremos a continuación, lo que hace que
existan algunas (aunque escasas, sobre todo los tectonizados para áridos) explotaciones de granito para otros
fines. Los factores que definen la explotabilidad del granito como roca de construcción son, fundamentalmente,
los siguientes:

 El grado de fracturación que lo afecte. Es un factor decisivo, ya que si está afectado por una fracturación
muy intensa será aprovechable como árido, mientras que los afectados por fracturación muy espaciada
servirán para su explotación en bloques.
 El grado de alteración que afecta a los minerales que componen la roca. Es de importancia primordial
para poder utilizarla, puesto que si está muy alterada tenderá a sufrir procesos de desgranado, o no
admitirá un pulimento adecuado.
 La homogeneidad textural, ya que si el granito presenta variaciones bruscas en su textura dificultará
enormemente su aprovechamiento. Estas variaciones texturales son muy variadas, incluyendo los
gabarros (acumulaciones esferoidales de minerales oscuros), las cintas (acumulaciones planares de
minerales primarios o secundarios), los fenocristales, los cambios de tamaño de grano, entre otros.
 La presencia de minerales oxidables (p. ej., sulfuros), que puedan producir efectos indeseados sobre las
placas o bloque en general una vez instalados.
 En general, determinadas características petrofísicas pueden afectan a la calidad del material: la
heladicidad o resistencia a las heladas, el coeficiente de absorción de agua, la calidad del pulido, la
resistencia al ataque químicos, etc.
 Por último, la mayor o menos vistosidad de la roca, en término de coloración (diferente a la más común,
gris), tamaño de grano grueso y homogéneo, presencia de irisaciones en los feldespatos... condiciona el
mayor o menor precio del producto en el marcado.
Si quieres hacer una visita virtual a una de las mayores canteras del granito, la del Monte Airy, en Carolina del
Norte (USA), pulsa aquí.

Sienita

La sienita es, desde el punto de vista geológico, un granitoide pobre en cuarzo y con un claro predominio del
feldespato alcalino frente al cálcico. Suela estar formada precisamente por feldespato alcalino (ortoclasa) junto
con plagioclasa de composición sódica (albita-oligoclasa) y suele contener algún mineral ferromagnesiano como
la biotita o el anfíbol. Además, puede contener una cierta cantidad de cuarzo, o, alternativamente, de
feldespatoide (sienitas nefelínicas). Su textura está dominada por los cristales del feldespato alcalino, y es una
textura granular hipidiomorfa heterogranular (sin llegar a ser porfídica), en la que el feldespato constituye los
granos mayores y el resto (plagioclasa, cuarzo o feldespatoide, biotita, anfíbol) suelen ser de menor tamaño.

Desde el punto de vista industrial, la sienita es un granito que suele presentar propiedades interesantes: o bien un
color rojo más o menos intenso, debido a la presencia de abundantes exoluciones de hematites en el feldespato
potásico, o bien irisaciones intensas, de color azulado, en el feldespato. Esto confiere a estas rocas, a igualdad de
otros parámetros (grado de fracturación, de alteración, etc.) mayor interés que a otros granitoides.

Diorita y gabro

La diorita y el gabro son rocas con importantes semejanzas tanto desde el punto de vista geológico como
industrial. Desde el punto de vista geológico constituyen las rocas gabroídicas, y su diferenciación mutua
solamente se puede realizar mediante microscopía petrográfica, si bien con frecuencia las dioritas son de
tonalidades más claras que los gabros. Desde el punto de vista industrial corresponde al grupo de
los granitos oscuros, muy apreciados en el arte funerario.

Están formadas mayoritariamente por plagioclasa y clinopiroxeno (augita). La diferencia fundamental entre
ambas rocas es que en la diorita la composición de la plagioclasa es de An<50 (oligoclasa-andesina), mientras
que en el gabro es de An50 (labradorita-bitownita-anortita). Esta diferencia suele ir acompañada de otras: en la
diorita además de plagioclasa y clinopiroxeno pueden aparecer cuarzo, biotita y anfíbol, mientras que en los
gabros podemos tener ortopiroxeno y olivino acompañando a los minerales principales. Como accesorios, en
ambos casos podemos encontrar óxidos como magnetita, cromita, ilmenita, sulfuros como pirrotina y pentlandita,
etc.

En el campo, los gabros suelen aparecer, como los granitos, formando macizos intrusivos de cierta importancia.
No desarrollan las formas más típicas del berrocal, debido a que suelen presentar una mayor densidad de
fracturación, y su alteración superficial suele ser más rápida que la de los granitoides. También es normal que
presenten una aureola de metamorfismo de contacto.

Desde el punto de vista industrial ya se ha comentado que son los granitos de colores oscuros. A menudo las
dioritas presentan tonalidades grises oscuras o verdosas, a menudo jaspeadas (caso del "negro ochavo", variedad
comercial explotada en la zona de Barcarrota, Badajoz), mientras que los gabros suelen ser de coloración
homogénea. Estas tonalidades oscuras hacen que sean muy apreciados tanto para construcción, combinado con
otros colores, como en el arte funerario.

El principal problema que suelen presentar estas rocas es que sus afloramientos suelen estar afectados por una
fracturación relativamente densa, que dificulta su explotación industrial.
Peridotita

La peridotita es una roca ultramáfica, formada por más de un 90% de minerales ferromagnesianos, oscuros, que
suelen ser olivino y piroxeno (orto- y clino-). Además pueden contener algo de plagioclasa, y minerales
metálicos como cromita, que puede llegar a concentrarse en yacimientos de interés económico.

Las texturas son variables, en función del tipo de peridotita: las hay formadas por acumulación de cristales en
cámaras magmáticas, que desarrollan las llamadas texturas cumulíticas, en las que uno de los minerales
(fundamentalmente el olivino) aparece formado el armazón general de la roca, con otros minerales
(clinopiroxeno) intergranulares. En otros casos la textura es holocristalina equi- o ligeramente inequigranular,
hipidiomorfa, con piroxeno subidiomorfo y olivino xenomorfo.

Las peridotitas aparecen constituyendo dos tipos diferentes de macizos rocosos, de origen muy diferente: o bien
forman parte de láminas ofiolíticas, formadas por obducción o acreción de litosfera oceánicas en corteza
continental (caso de los macizos máficos del NO peninsular, p. ej., Cabo Ortegal, Bragança, Morais), o bien
forman macizos de gran extensión, que representan diapiros del manto, encajados tectónicamente en niveles muy
superficiales de la corteza (Serranía de Ronda).

Una constante en este tipo de rocas es que suelen estar serpentinizadas: el olivino es un mineral muy inestable en
las condiciones de la superficie del planeta, tendiendo a transformarse en serpentina. Esto transforma a estas
rocas, en mayor o menor grado, en serpentinitas, que veremos en el capítulo de rocas metamórficas.

Cuando no aparecen serpentinizadas, las peridotitas son rocas con posibilidades industriales, derivadas de su
característico color negro o verde oscuro. No obstante, la serpentinización parcial que las afecta y la inestabilidad
del olivino en ambiente atmosférico suelen dificultar su aprovechamiento.

Rocas subvolcánicas

Las rocas subvolcánicas se pueden considerar como un caso particular dentro de las plutónicas, ya que son rocas
que también cristalizan bajo la superficie de la Tierra, aunque en condiciones de menor presión y temperatura (a
profundidades someras), lo que hace que su enfriamiento sea más rápido, dando origen a texturas características,
diferentes a las propias de las rocas plutónicas.

Desde el punto de vista composicional, son equivalentes a las plutónicas, por lo que pueden tener la misma gama
de composiciones mineralógicas que éstas. Se suelen nombrar con el nombre de la roca plutónica (o volcánica)
equivalente, con el prefijo pórfido (p. ej., pórfido granítico, o pórfido andesítico), o con nombres que aluden a
términos texturales (ver más abajo).

Aparecen formando intrusiones que raramente alcanzan grandes volúmenes. La morfología de estas intrusiones
permite diferenciar entre diques (morfología tabular, y discordantes con la estratificación de la roca en la que
encajan), sills (también tabulares, y concordantes o subconcordantes con la estratificación), lacolitos (masas de
cierto volumen, subconcordantes y de morfología lenticular, con muro plano y techo convexo hacia arriba),
o lopolitos (intrusiones también concordantes en forma de cubeta, cóncavas hacia arriba).

La textura de las rocas subvolcánicas puede ser muy variada. La más frecuente es la textura porfídica de matriz
microcristalina, que indica una presencia de fenocristales en el magma, y una cristalización rápida pero no tanto
como la de una roca volcánica, en la que la matriz suele ser vítrea o criptocristalina. Otras texturas que pueden
presentar son:

 Granofídica: es típica de rocas subvolcánicas silíceas, félsicas, equivalentes a los granitos en sentido
estricto. Es una textura holocristalina hipidiomorfa inequigranular (o incluso porfídica) formada por
cristales mayores de plagioclasa con cuarzo y feldespato potásico intergranulares que desarrollan
intercrecimientos gráficos. La roca subvolcánica de composición granítica y textura granofídica recibe el
nombre de granófido.
 Dolerítica: es característica de rocas subvolcánicas máficas, equivalentes al gabro. Es una textura
holocristalina, hipidiomorfa, inequigranular, en general de grano fino-medio, formada por un entramado
de plagioclasa idiomorfa con piroxeno xenomorfo intersticial. La roca subvolcánica de composición
gabroídica y textura dolerita recibe el nombre de diabasa o dolerita. Pulse aquí para ver una
reconstrucción 3D de una textura dolerítica o aquí para ver un ejemplo de Almadén.
 Ofítica: aparece en el mismo tipo de rocas que la anterior, y es holocristalina con tendencia
panidiomorfa, inequigranular a porfídica, de grano medio-fino, formada por grandes cristales de piroxeno
que engloban pequeños microlitos de plagioclasa. La roca subvolcánica de composición gabroídica y
textura ofítica recibe el nombre de ofita. Pulse aquí para ver un ejemplo.

Su aplicación industrial suele ser limitada, debido sobre todo al escaso volumen que presentan. Ocasionalmente
pueden servir para la obtención de áridos, o, muy excepcionalmente (cuando aparecen en grandes masas con
escasa fracturación, circunstancias ambas poco comunes en este tipo de roca), como roca ornamental.

Yacimientos metálicos de origen ortomagmático

Los minerales metálicos acompañan, como hemos visto, a las rocas intrusivas como minerales minoritarios, en
forma de óxidos o de sulfuros, fundamentalmente, que cristalizan a la vez que el resto de componentes
silicatados de la roca. En el detalle, pertenecen a varios subtipos (ver figura):

 Yacimientos formados por inmiscibilidad líquida. Los magmas máficos a menudo contienen altas
proporciones de sulfuros metálicos, que pueden individualizarse debido a que son inmiscibles con el
magma silicatado. Se forman así yacimientos de sulfuros de Ni-Co-Cu-Fe, formados por minerales como
pirrotina, pentlandita, calcopirita..., a menudo enriquecidos en elementos del grupo del platino.
 Yacimientos formados a partir del propio magma silicatado. Existen tres grandes subtipos:
o Formados por cristalización simple. En determinados casos, no es necesaria una segregación que
produzca la concentración del mineral en cuestión: es el caso de los diamantes, cuyo alto valor
económico hace que a pesar de encontrarse en muy bajas concentraciones, sea explotable.
o Formados por cristalización más acumulación. En la mayor parte de los casos, además de la
cristalización del mineral hace falta un mecanismo que produzca un aumento de su concentración
que lo haga explotable. El principal mecanismo es la cristalización fraccionada acompañada de
acumulación preferencial por densidades en la cámara magmática. El caso más extendido de este
tipo corresponde a yacimientos de cromita en rocas máficas y ultramáficas, en los que de nuevo
suelen darse concentraciones interesantes de elementos del grupo del platino.
o Formados por cristalización más acumulación y segregación. El caso más favorable para la
explotación es aquel en el que los minerales metálicos llegan a separarse físicamente del resto del
magma, por mecanismos diversos, fundamentalmente bajo la acción de esfuerzos tectónicos.
Algunos yacimientos de magnetita corresponden a esta tipología.
Yacimientos de inmiscibilidad líquida. Son, como su denominación indica, producto de la segregación a partir de
un magma de dos líquidos: uno silicatado y otro sulfurando. Esto se debe a que a altas temperaturas estos dos
componentes son miscibles, pero al bajar la temperatura, y si la cantidad de componente sulfurado es suficiente,
puede producirse la desmezcla de los dos líquidos. Cuando el volumen de líquido sulfurado es pequeño, la
segregación se produce como gotitas a partir de las cuales se produce la cristalización de los sulfuros, que quedan
diseminados dentro del conjunto de la roca ígnea. Pero si el volumen del líquido sulfurado es suficiente, puede
llegar a constituir una bolsada capaz de migrar independientemente del líquido sulfurado, y cristalizar aparte,
dando origen a un verdadero yacimiento.

Desde el punto de vista mineralógico están formados por sulfuros de hierro (pirita, pirrotina), níquel
(pentlandita), cobalto (cobaltina) y cobre (calcopirita, bornita), como minerales más abundantes, a menudos
acompañados también de magnetita. Como elementos en trazas a menudo presentan contenidos interesantes en
elementos del grupo del platino, lo que aumenta el interés económico de estas mineralizaciones. A menudo la
segregación son es perfecta, por lo que suelen presentar ganga de los silicatos formadores de la roca magmática.

Aparecen siempre en relación con rocas intrusivas máficas o ultramáficas, de tipo gabro o peridotita. En unos
casos encajan en la propia roca máfica, y en otros encajan en las rocas del entorno, o en el propio contacto entre
la roca intrusita y el encajante. Suelen constituir bolsadas de volumen variable, alcanzando tonelajes que
raramente superan el millón de toneladas de todo uno.

Ejemplos de mineralizaciones de este tipo serían las de Sudbury en Ontario (Canadá), Norilsk en Rusia, o las
recientemente descubiertas entre Badajoz y Huelva (Aguas Blancas).

Yacimientos formados por cristalización simple. La cristalización directa de minerales de interés económico a
partir de un magma solo genera un yacimiento cuando ese mineral tiene un valor económico extremadamente
alto, puesto que el mineral queda disperso en el conjunto de la roca, y su extracción presenta un coste muy alto.
Es por ello que solamente se consideren dentro de este grupo los yacimientos de diamantes, cuyo valor justifica
la explotación de rocas con contenidos en el mineral de escasos kilates por tonelada.

Los yacimientos de diamantes se encuentran albergados por unas rocas muy características, llamada kimberlitas,
que corresponden a rocas volcánicas explosivas de origen muy profundo, que encajan en formaciones por lo
general antiguas, propias de zonas de cratón (NO de Australia, Sudáfrica, África Central, Siberia). En estas zonas
las kimberlitas aparecen como chimeneas profundas y estrechas (diatremas), agrupadas en conjuntos. Por otra
parte, no todas las kimberlitas contienen diamantes.
Yacimientos formados por cristalización más acumulación. En este caso, a la cristalización del mineral sigue una
acumulación preferencial del mismo, normalmente por diferencia de densidad: se trataría de una cristalización
fraccionada de estos minerales de interés minero, concretamente de cromita en los yacimientos más
característicos del grupo: la cromita cristaliza a partir del magma, y por su mayor densidad tiende a hundirse en
el fundido, acumulándose en la parte baja de la cámara magmática.

Las acumulaciones de cromita que constituyen este tipo de yacimientos corresponden a bolsadas (pods en su
denominación en inglés) con dimensiones métricas o decamétricas, que aparecen más o menos concentradas en
localidades dentro de un macizo intrusivo por lo general máfico (gabros, peridotitas). En estas bolsadas o pods la
cromita es el mineral más abundante, y puede estar acompañada por otras menas como la magnetita, o por los
silicatos formadores del conjunto de la roca (olivino, piroxenos). A menudo estas concentraciones de cromita
contienen también concentraciones de interés de elementos del grupo del platino.

Pertenecen a este tipo los yacimientos del Complejo de Bushveld (Sudáfrica), o el denominado Gran Dique de
Rodesia (Zimbabwe).

Yacimientos formados por cristalización más acumulación y segregación. Los minerales menos valiosos que se
originan a partir de la cristalización del magma necesitan un proceso aún más efectivo de concentración, que
produzca un yacimiento explotable por tener suficiente volumen y contenidos. La magnetita, el apatito, o la
ilmenita cristalizan a partir de prácticamente cualquier magma, y si son suficientemente abundantes pueden
llegar a concentrarse por cristalización fraccionada, dando lugar a masas pequeñas, que alcanzar sus mejores
características desde el punto de vista de su posible explotación minera cuando además son segregadas del
conjunto magmático. Esta segregación origina bolsadas o rellenos de fracturas dentro de la propia roca intrusiva
o en su encajante, en las que el mineral de interés aparece fuertemente concentrado, y con volumen suficiente
como para constituir masas de gran tonelaje.

Algunos ejemplos de este tipo de yacimientos son los de magnetita de Kiruna (Suecia), o los de apatito de
la Península de Kola (Rusia), o los de ilmenita de Columbia Británica.

11.- Rocas y yacimientos ligados a volcanismo


El volcanismo incluye en el detalle una gran variedad de procesos, en función de la naturaleza del magma que
llega a la superficie, de la forma en que es extruído a la superficie, de los volátiles que acompañan a la roca, así
como del hecho de que el proceso se produzca en un medio subaéreo o subacuático. Esto da origen a la gran
variedad de rocas y yacimientos minerales que encontramos asociados a los procesos volcánicos.

Fenómenos volcánicos
El volcanismo es la manifestación en superficie de los procesos magmáticos. El principal fenómeno volcánico es
la erupción, es decir, la salida a la superficie del planeta del magma Hay una gran variedad de factores que controlan
la salida: unos son propios de la composición del magma; otros son externos a la naturaleza del magma: tipo de
accidente por el que se produce la salida del magma, carácter subaéreo o submarino de la erupción, etc. Todo ello
condiciona la naturaleza del proceso eruptivo, así como de las rocas que se forman durante éste.

Variabilidad composicional

La composición del magma que alcanza la superficie condiciona el proceso eruptivo de diferentes formas:

 El mayor o menor contenido en sílice (es decir, que el magma sea de tendencia félsica o máfica) condiciona
su viscosidad: los magmas félsicos son siempre más viscosos que los máficos, debido a que en ellos se
originan minerales de estructura más compleja que en los básicos. A su vez, los magmas menos viscosos
suelen dar origen a erupciones tranquilas, con flujo de lava continuo, no acompañado de emisiones
violentas, mientras que los más viscosos suelen dar lugar a erupciones mucho más violentas, debido a la
dificultad del magma para fluir produce interrupciones del flujo de la lava que se resuelven de forma
explosiva.
 El contenido en volátiles también condiciona la violencia de las erupciones. Los magmas ricos en volátiles
dan origen a procesos eruptivos violentos, debido a que su liberación provoca este tipo de fenómenos. Las
rocas resultantes de estos procesos suelen ser muy vesiculares, tipo pómez.
En definitiva, estos dos factores controlan la mayor o menor explosividad del volcanismo, que se traduce en la
formación de distintos tipos texturales: rocas compactas, resultado de la cristalización de lavas, y rocas
fragmentarias (piroclásticas), resultado de la acumulación de material explosivo (ver figura). Por otra parte, la
propia composición del magma da origen a distintas litologías, formadas por asociaciones minerales diferentes, lo
que permite una clasificación de las rocas volcánicas equivalente a la de las rocas plutónicas.

Localización de las erupciones

La localización espacial, tectónica y/o geográfica, del volcanismo es también un factor condicionante del tipo de
erupción:

 Las erupciones se pueden localizar a lo largo de importantes accidentes tectónicos: fallas, lo que da origen
al denominado volcanismo fisural, alineado a lo largo de esos accidentes. Por el contrario, el volcanismo
central no muestra esta distribución, ya que su relación con accidentes tectónicos es menos estrecha.
 Por otra parte, el volcanismo puede tener lugar en medio subaéreo o en medio submarino. El primer caso
da origen a aparatos volcánicos muy bien estructurados, pero que no suelen preservarse, pues son destruidos
por la acción de la erosión. Por su parte, el volcanismo submarino no suele originar estos edificios
volcánicos vistosos, sino estructuras características, como las lavas almohadilladas (pillow-lavas). En
cualquier caso, la acumulación de lavas puede dar lugar a islas oceánicas, cuya elevación sobre el nivel del
fondo marino puede alcanzar más de 10 Km., como es el caso de las islas Hawai o las Canarias. Menos
común es el volcanismo bajo casquetes polares, o bajo glaciares, que origina la fusión del hielo
suprayacente (ver un caso real).
 Un tipo especial de volcanismo tiene lugar cuando el magma alcanza niveles muy superficiales, encajando
en sedimentos empapados en agua. En este caso, el magma llega a vaporizar el agua, produciendo unas
características erupciones ultraexplosivas: el denominado volcanismo freatomagmático.

Tipología de las erupciones volcánicas

En función de todos estos factores, el volcanismo tiene lugar de formas muy diferentes, que se clasifican de acuerdo
con su semejanza con erupciones históricas:
 Hawaiano: es el volcanismo más tranquilo, caracterizado por le emisión de lavas muy fluidas, pobres en
gases y de composición máfica: es típico de los basaltos de islas oceánicas, como por ejemplo, los de
las islas Hawai, de donde toma el nombre. Los edificios volcánicos a que da origen son de tipo "en escudo",
de gran extensión areal y escasa altura, debido a que la lava fluye hasta grandes distancias respecto al punto
de emisión. Uno de los volcanes hawaianos más característicos es el Kilauea.
 Estromboliano: en este caso los magmas son también muy fluidos, pero van acompañados de un alto
contenido en gases, que favorece la actividad explosiva intermitente, alternando con periodos de emisión
tranquila de lavas. Los edificios volcánicos característicos son de tipo cono compuesto o estrato-volcán, en
el que alternan capas de lavas y de piroclastos. El nombre alude al volcán de Estrómboli, en la isla italiana
del mismo nombre. Ver un esquema.
 Pliniano: Característico de magmas viscosos y ricos en gases, lo que hace que estos últimos presenten una
alta resistencia a quedar liberados, hasta un punto de sobrepresión interna que recibe el nombre de nivel de
fragmentación, en el que se produce la ruptura de la roca en pequeños fragmentos (piroclastos). Como
consecuencia se producen erupciones muy violentas, acompañadas de altas columnas eruptivas, que se
organizan en edificios volcánicos de tipo cono de cenizas, acumulaciones escarpadas de material
piroclástico que no suelen alcanzar tamaños importantes. El nombre alude a la descripción de Plinio el
Viejo de la erupción del Vesubio que arrasó Pompeya y Herculano, y que le mató.
 Vulcaniano: Es un proceso eruptivo muy similar al anterior, caracterizado por la periodicidad de las
erupciones. Se produce con magmas muy viscosos, que solidifican rápidamente, taponando el conducto
volcánico, con lo cual las erupciones han de comenzar rompiendo estos tapones. Toma el nombre del
volcán Vulcano, en las islas Eolias (Italia).
 Peleano: Cuando los magmas viscosos llegan a formar pitones (agujas) que ascienden por la presión de la
lava ascendente, la fracturación de estos pitones permite la salida de las denominadas nubes ardientes,
grandes coladas piroclásticas que arrasan el entorno del aparato volcánico. En otros casos pueden llegar a
producirse gigantescas explosiones que destruyen completamente el edificio volcánico. Recibe el nombre
de la erupción del Mont Pelee, en la isla de La Martinica, que en el año 1908 arrasó la ciudad de San Pedro.
 Freatomagmático o hidromagmático: las erupciones freatomagmáticas son consecuencia, como ya
hemos visto, de la interacción entre el magma y un acuífero. Se produce así gigantescas explosiones
subterráneas, que dejan en superficie su traza en forma de una zona deprimida rodeada de un anillo de
materiales proyectados por la explosión; estos edificios característicos reciben el nombre de maares. Ver
un esquema.

Estructuras volcánicas

En los edificios volcánicos podemos encontrar toda una gama de estructuras, que resultan características de
determinados ambientes o procesos. Entre ellas podemos destacar las siguientes:

 Estructuras de enfriamiento superficial: las lavas subaéreas, al enfriarse en contacto con el aire, tienden
a arrugarse dando formas características, que reciben distintos nombres en función de su aspecto: lavas
cordadas, pahoehoe, aa.
 Disyunción columnar: Como consecuencia del proceso de enfriamiento, a menudo las coladas de lava
masivas de cierta potencia se fracturan en columnas verticales de sección subhexagonal.
 Lavas almohadilladas: son exclusivas del volcanismo submarino, y consisten en tubos de lava similares a
almohadas. Estas se producen por el flujo de la lava a partir de puntos de rotura de las canalizaciones.

Tipología de los productos eruptivos

En función de todas estas características, los materiales que se acumulan como resultado de la actividad volcánica
pueden ser de los siguientes tipos:
 Rocas porfídicas: la solidificación de lavas suele dar lugar a rocas porfídicas, formadas por fenocristales
de naturaleza variada (cuarzo, feldespato potásico y biotita en las riolitas; plagioclasa y anfíbol o piroxeno
en las andesitas; olivino, piroxeno y plagioclasa en los basaltos), en una matriz criptocristalina o vítrea.
 Obsidiana: es una roca fundamentalmente vítrea, aunque puede contener algunos fenocristales.
 Perlita: es una roca volcánica vítrea en la cual se desarrollan fracturas curvas a subcirculares, que aíslan
núcleos de vidrio intacto.
 Pómez: roca extremadamente rica en vacuolas, como consecuencia de la liberación de gases. Como estas
rocas se forman como consecuencia de procesos explosivos, suelen formar acumulaciones escoriáceas,
caóticas.
 Bloques y bombas: son también productos de erupciones explosivas, de diámetro superior a 64 mm. Se
diferencian en que los bloques son de formas angulosas, debido a que son expulsados por el volcán en
estado sólido, mientras que las bombas suelen presentar morfología fusiforme, que adoptan durante el
vuelo. También pueden presentar una morfología tipo "hogazas de pan".

 Lapilli: es otro piroclasto, de tamaño medio comprendido entre 64 y 2 mm. Suele estar formado por
fragmentos de la propia roca volcánica, porfídicos o vítreos.

 Cenizas volcánicas: son los piroclastos de grano más fino, de diámetro medio inferior a 2 mm.

A su vez, los materiales piroclásticos pueden originarse como consecuencia de dos mecanismos: por evolución de
nubes ardientes (coladas u oleadas piroclásticas), o por colapso de la columna eruptiva (piroclastos de caída).
Los primeros suelen ser masivos, a menudos soldados, finamente laminados, y de depositan preferentemente en
zonas de topografía deprimida, mientras que los segundos suelen ser materiales suelos, caóticos, sin laminación
clara, y se depositan en estratos perfectamente paralelos a la topografía.

Algunos ejemplos de la zona volcánica de Cabo de Gata: pulse aquí.

Clasificación de las rocas volcánicas

Las rocas volcánicas se clasifican en primer lugar en función de su tipología: rocas piroclásticas,
lávicas, pumíticas (pómez), obsidiana… A su vez, existe una clasificación granulométrica para las rocas
piroclásticas (explicitada básicamente en el punto anterior: diferencia entre bombas y bloques, lapilli y cenizas
volcánicas), y una clasificación de base mineralógica para las rocas porfídicas.

La clasificación mineralógica de las rocas porfídicas es similar a la que ya hemos visto para las rocas plutónicas:
se basa en el cálculo de los parámetros QAPF (M no suele ser nunca superior a 90 en las rocas volcánicas) y con
estos parámetros la clasificación es similar a las variedades plutónicas, variando los nombres de las rocas que caen
en cada campo: riolita en vez de granito, basalto en vez de gabro, etc. (ver figura).

Aplicaciones de las rocas volcánicas

Toda la variedad de rocas descritas pueden tener aplicaciones industriales más o menos importantes:

 Las rocas porfídicas, al tratarse de rocas compactas, aunque a menudo afectadas por disyunciones más o
menos regulares, no suelen tener otra aplicación que como árido de machaqueo. En concreto, algunos
basaltos son excelente materia prima para áridos especiales, como el balasto de ferrocarril.
 Las rocas de tipo piedra pómez de naturaleza silícea son materia prima para la industria cementera, ya que
por su naturaleza vítrea y su composición reaccionan con la cal para dar compuestos con propiedades
hidráulicas: son los denominados cementos puzolánicos o puzolanas. También tienen aplicaciones menores
en la industria textil, para el lavado a la piedra de prendas vaqueras, y en la higiene doméstica.
 La obsidiana es una piedra semipreciosa, apreciada para la elaboración de objetos decorativos.
 La perlita es un vidrio volcánico parcialmente hidratado, rico en sílice, que es susceptible de ser tratado por
expansión. Este material ya tratado tiene varias aplicaciones en construcción: árido ligero en hormigones,
aislante acústico, aislante criogénico. También se utiliza en procesos de filtrado y en suelos artificiales,
para horticultura.

Yacimientos minerales relacionados con el volcanismo

El volcanismo es un mecanismo descrito tradicionalmente como generador de acumulaciones metálicas: muchos


yacimientos de sulfuros guardan relaciones cuanto menos de proximidad geográfica con rocas volcánicas, lo que
sin duda es una indicación de su vinculación genética. De todos los tipos con los que se ha establecido relación
con volcanismo, el caso más claro probablemente corresponde a los yacimientos de tipo Kuroko o tipo Faja Pirírica
ibérica (p.ej., Riotinto, Tharsis), es decir, yacimientos de sulfuros polimetálicos masivos, con pirita como mineral
mayoritario. En muchos otros casos la vinculación con el volcanismo es menos evidente, y se describen como
yacimientos sedimentarios con posible influencia de procesos volcánicos.

En todos los casos, cuando se habla de relaciones entre volcanismo y yacimientos minerales la base empírica es
que el proceso de volcanismo aporta elementos químicos, entre ellos metales pesados, que por lo general se liberan
al medio. Esto es un hecho de observación, y en ocasiones vemos en la prensa noticias alarmantes sobre las
emisiones de estos elementos de mayor o menor toxicidad a la atmósfera (CO2, SO2). Incluso en alguna ocasión se
han publicado en la prensa los kilogramos de oro que un volcán está emitiendo, como si el volcán emitiese monedas
de este metal. Lo cierto es que estas emisiones se producen en forma gaseosa, y que es necesario algún mecanismo
geoquímico que fije los metales para que pueda formarse un yacimiento, evitando la dispersión de los metales.

El descubrimiento en determinados puntos de los fondos oceánicos de los denominados "black smokers",
chimeneas de descarga de sistemas hidrotermales submarinos ha permitido observar de forma directa la formación
de estas concentraciones.
Algunos ejemplos de la región de Cabo de Gata (Almería): pulsar aquí.

Yacimientos de tipo Kuroko

Los yacimientos de tipo Kuroko (o tipo Huelva, ya que la Faja Pirítica Ibérica es la mayor concentración mundial
de este tipo de mineralizaciones) son concentraciones sedimentarias (o volcano-sedimentarias, como se denominan
preferentemente) de sulfuros polimetálicos, por lo general dominados por pirita, a la que suelen acompañar otros
como calcopirita, esfalerita y galena. Además es frecuente que contengan ciertos valores de metales preciosos (Au,
Ag) que añaden interés económico a su explotación minera.

Aparecen constituyendo formaciones de potencia variable (por lo general de varias decenas de metros) y extensión
variable (incluso kilométrica), que se encuentran intercaladas en secuencias marinas detríticas con abundantes
intercalaciones volcánicas. Su tonelaje suele ser muy elevado (superior a los 50 Mt), lo que permite su explotación
minera.

En detalle la tipología de estas mineralizaciones puede ser muy variable, en función de diversos caracteres, entre
los que sobresale la mayor o menos lejanía (distalidad) o cercanía (proximalidad) con respecto al área de descarga
de las emisiones hidrotermales al medio marino. Otro carácter interesante suele ser su recristalización metamórfica,
que produce el aumento de su tamaño de grano, favoreciendo la explotación minera y, fundamentalmente, la
concentración de cada mineral.

La mineralogía habitual de estos yacimientos incluye siempre pirita como fase más abundante, acompañada por
calcopirita, esfalerita, galena y barita. Es relativamente frecuente la separación en cuerpos mineralizados con
mineralogías diferenciadas: las denominadas “black ores”, constituidas mayoritariamente por galena y esfalerita,
junto con barita subordinada, y las denominadas “yellow ores”, con pirita y calcopirita como minerales
fundamentales. A menudo el yeso y el azufre nativo forman parte más o menos marginal de este complejo sistema.
Como minerales minoritarios dentro de las mineralizaciones principales podemos encontrar otros sulfuros afines,
como pirrotina, marcasita, arsenopirita, bornita, o metales nativos como oro y plata, siempre en contenidos
relativamente bajos (valores del orden de 10-20 gr/t). También son frecuentes en el sistema los niveles
de chert ferruginoso, que aparecen interestratificados en la secuencia volcánica relacionada.

Es frecuente que estos yacimientos se encuentren fuertemente afectados por la deformación tectónica: se forman
en medios oceánicos, lo que implica que para que lleguen a aflorar deben haber sido afectados por un proceso
orogénico de cierta intensidad.

Su formación ocurre en determinados ambientes geodinámicos: en el caso de Japón es clara su relación con
procesos destructivos de tectónica de placas, ya que se localizan precisamente a lo largo de uno de estos límites de
placa. Esta relación no es tan clara en el caso de la Faja Pirítica Ibérica, en la que el magmatismo no parece ser el
característico de esta localización geodinámica, y más parece relacionado con un proceso de rifting.

En cualquier caso, es evidente siempre la relación entre los yacimientos y un magmatismo volcánico, a menudo
máfico, aunque en el caso de la Faja pirítica ibérica la relación más clara se da con el de naturaleza félsica.
Otros yacimientos de filiación volcánica

Como ya hemos mencionado, además de los de tipo Kuroko existe un cierto número de yacimientos, de naturaleza
diversa, que distintos autores consideran relacionados con volcanismo. Desde yacimientos de arcillas especiales,
producto de alteraciones específicas de rocas volcánicas (caso de las bentonitas de Cabo de Gata, Almería), hasta
yacimientos de sulfuros metálicos atípicos, como es el caso de los de cinabrio de Almadén, o los de óxidos
metálicos (Fe, Mn, entre otros) que frecuentemente se encuentran intercalados en series con rocas volcánicas más
o menos abundantes. De entre estos tipos destacaremos los de mercurio de Almadén, las formaciones bandeadas
de hierro (BIF en la terminología anglosajona), y, por su singularidad, las coladas de magnetita de la zona de El
Laco (Chile), que constituyen un caso único de mineralizaciones de origen volcánico directo.

Yacimientos de mercurio de Almadén

Los yacimientos de mercurio de Almadén constituyen un caso único a nivel mundial, debido a varios factores:

1. La enorme concentración puntual que representan de un elemento escaso, como es el mercurio


2. La variedad de tipologías que presentan, que va desde mineralizaciones típicamente estratoligadas,
encajadas en rocas cuarcíticas, hasta mineralizaciones claramente discordantes, epigenéticas
3. El carácter monoelemental de todos los tipos de mineralizaciones, independientemente de su tipología: en
todos los casos el mercurio es el único metal que aparece concentrado, sin que existan elementos asociados,
ni siquiera de entre los más afines desde el punto de vista geoquímico (As, Sb, Au, Ag...)
4. Su relación espacial, y más que probablemente genética, con un volcanismo alcalino intraplaca, relación
ésta entre sulfuros estratoligados y volcanismo alcalino que no es común en otros casos.

De entre los distintos tipos de mineralizaciones existentes en el distrito, las más importantes son sin duda las
estratoligadas, encajadas en la denominada Cuarcita de Criadero, de edad Silúrico basal, que se han explotado en
las minas de Almadén, El Entredicho y La Vieja Concepción. En estos casos, la mineralización de cinabrio aparece
diseminada en la ya mencionada Cuarcita de Criadero, y esta siempre está en contacto con la denominada "roca
frailesca", toba de lapilli de naturaleza basáltica, sistemáticamente muy alterada, que constituye diatremas
formadas por mecanismos eruptivos explosivos. Los contenidos en mercurio en la cuarcita decrecen al alejarnos
del contacto con esta "roca frailesca", evidenciando la relación genética con esta roca peculiar.

Formaciones bandeadas de hierro

El termino Banded Iron Formation (BIF; Formación Bandeada de Hierro) ha sido definido en su forma más simple
como rocas sedimentarias químicas conteniendo por lo menos un 15% de hierro, o como unidades estratigráficas
laminadas con al menos 15% de hierro, donde las rocas laminadas son capas de mineral de hierro, de cuarzo,
de chert, o de carbonato. Sin embargo es importante distinguir entre dos tipos principales: 1) BIF tipo Lago
Superior, de origen sedimentario químico; y 2) BIF tipo Algoma. Son estas últimas las que nos interesan en este
capítulo, dada su asociación con el vulcanismo. Las BIFtipo Algoma se relacionan con rocas volcánicas y
sedimentarias (tipo grauvacas), en secuencias principalmente del Arqueozoico. Se localizan estratigráficamente en
cinturones de rocas verdes (greenstonebelts), y se caracterizan por una laminación fina de chert ferruginoso,
conteniendo hematites y/o magnetita. A estas facies ferruginosas se pueden asociar, además, facies sulfuradas (con
pirita y calcopirita y otros sulfuros de hierro y cobre), carbonatadas (p.ej. siderita), y silicatadas
(p.ej., stilpnomelana). Su origen puede relacionarse directamente con el vulcanismo a través de
fenómenos exhalativos en condiciones submarinas, donde las facies sulfuradas serían ‘proximales’ con respecto al
foco emisor, y las oxidadas ‘distales’. El que la mayoría de estas BIF sean de edad arqueozoica no significa que se
encuentren limitadas a esta edad, ya que también existen ejemplos de formaciones tipo Algoma en el Paleozoico
(p.ej., Cordillera de Nahuelbuta, Chile).

Óxidos de Manganeso
Los óxidos de manganeso constituyen yacimientos de tipología muy variada, que van desde tipologías
epigenéticas, filonianas, a claramente singenéticas, estratoligadas. En el caso de los yacimientos singenéticos, en
algunos la relación con actividad magmática no es evidente, por lo que se pueden considerar como yacimientos
sedimentarios de precipitación química (ver Tema 8). Pero en otros casos, sí hay una relación genética clara entre
yacimientos de esta naturaleza y actividad volcánica. Dos casos que se pueden estudiar en España son los
yacimientos de óxidos de manganeso de la Faja Pirítica Ibérica (Huelva-Sevilla), y los de óxidos de Fe-Mn de la
región volcánica de Campos de Calatrava (Ciudad Real).

En el primer caso, se trata de mineralizaciones estratoligadas de óxidos y carbonatos de manganeso, relacionados


lateralmente con los sulfuros masivos.

En el segundo, las mineralizaciones, constituidas por óxidos de hierro y manganeso, tienen una entidad mucho
menor, y solamente han sido explotadas durante la Segunda Guerra Mundial, por la mayor demanda de este
elemento, y porque contienen cierta proporción de metales como cromo y níquel, que, al igual que el manganeso,
se aplican como blindaje de carros de combate.

Los yacimientos de magnetita de El Laco (Chile)

Se describe aquí un caso singular de mineralización metálica de origen directamente volcánico: se trata de una
colada lávica de magnetita existente en la Cadena Andina chilena, en la Región de Antofagasta. El yacimiento, con
unas reservas del orden de 1.000 Mt con 50% Fe, se encuentra asociado a un complejo eruptivo andesítico-
riodacítico, con actividad intermitente desde el Mioceno hasta la actualidad, que se localiza sobre materiales
detríticos del Paleozoico.

La mineralización está formada casi exclusivamente por magnetita, que acusa un proceso de transformación
parcial, a alta temperatura, por hematites, y un proceso supergénico de formación de goethita y maghemita. Desde
el punto de vista geoquímico, la magnetita muestra valores muy bajos en los elementos traza que normalmente se
encuentran asociados al hierro en las mineralizaciones de este mineral de origen ortomagmático (V, Cr y Ti), lo
que hace su origen controvertido, entre los defensores de un origen puramente magmático, y los defensores de
procesos de removilización magmática de hierros sedimentarios a partir de la serie paleozoica.

12.- Procesos tardimagmáticos y yacimientos asociados


Durante la cristalización de un magma se produce la incorporación de determinados elementos químicos a los
minerales que lo componen, pero no de todos. Hay elementos que, por su tamaño iónico o incompatibilidad
geoquímica con otros, o porque tienden a formar minerales de bajo punto de fusión, quedan fuera del sólido que
se forma por cristalización magmática. Estos elementos evolucionan de formas diversas para dar una cierta
variedad de rocas y yacimientos, entre los que se encuentran fundamentalmente las pegmatitas, las rocas y
yacimientos neumatolíticos y los yacimientos hidrotermales. Su cristalización se puede producir de dos formas:
reemplazando en mayor o menor grado a componentes de determinadas rocas, o rellenando con fluidos zonas
de fractura o formando diseminaciones. El primer caso corresponde a los procesos de reemplazamiento
metasomático, mientras que el segundo da origen a los denominados filones.

Rocas y yacimientos pegmatíticos

Las pegmatitas son el resultado de la cristalización final de magmas en un ambiente rico en volátiles, que favorece
la migración iónica, y permite la formación de cristales de gran tamaño, que en ocasiones pueden llegar a alcanzar
varios metros cúbicos.
Las pegmatitas presentan una gran variabilidad composicional, que está en función del tipo de roca (normalmente
plutónica) con la que están relacionadas genéticamente. Las mas frecuentes son de composición granítica,
asociadas a granitos y granitos alcalinos, y están constituidas mayoritariamente por cuarzo, feldespato potásico
(microclina u ortoclasa), plagioclasa sódica (albita) y mica blanca (moscovita), junto a otros minerales que pueden
ser mas o menos abundantes: turmalina, apatito, fluorita, lepidolita, berilo, topacio, corindón, monacita, casiterita,
uraninita, torbernita, así hasta 300 especies mineralógicas descritas en un solo macizo pegmatítico.

Pueden tener interés económico, debido a sus posibles altos contenidos en minerales tipo gema (esmeraldas,
aguamarinas, topacios, rubíes...), y minerales con contenidos en elementos raros (Li, U, Th, Tierras Raras) y otros
(Sn, W, F). También los minerales comunes de estas rocas suelen tener interés económico, ya que tanto sus grandes
cristales de cuarzo pueden ser utilizados para el tallado de lentes, como los de feldespato para la producción de
cerámica, y los de mica para el aislamiento eléctrico.

Las pegmatitas suelen aparecen en la zona periférica de macizos de rocas plutónicas, constituyendo diques, sills y
masas irregulares, de dimensiones muy variables: hasta más de 1 Km. de longitud. Suelen mostrar zonaciones
composicionales, con núcleo interno de cuarzo masivo, y zonas periféricas feldespáticas y moscovíticas.

Desde el punto de vista textural son rocas granudas de grano muy grueso: se han descrito cristales de moscovita
de hasta 10 m de longitud en estas rocas, y de feldespato potásico de varios m3.

Rocas y yacimientos neumatolíticos

Las rocas (o yacimientos) neumatolíticas, son intermedias entre las pegmatitas y las rocas hidrotermales. Son rocas
de reemplazamiento metasomático, es decir, producto del reemplazamiento a alta temperatura de una roca por
otra, por disolución parcial de la original, y depósito a partir de los fluidos mineralizantes. Las temperaturas
características de formación se sitúan entre 600 y 400ºC.

Su composición es muy variable, en función de la de los fluidos, y de la roca a la que reemplazan, con la que suele
producirse mezcla química. Las más conocidas e interesantes desde el punto de vista minero son los
denominados skarns , producidos por la interacción entre fluidos derivados de granitos, y, principalmente, rocas
carbonatadas (calizas o dolomías). Se forman así unas rocas de mineralogía especial, ricas en silicatos cálcicos
(epidota, anfíboles y piroxenos cálcicos, granates cálcicos), y que pueden contener concentraciones de minerales
metálicos de interés económico: scheelita, casiterita, fluorita, calcopirita, blenda, galena, magnetita, hematites.

Por lo general constituyen masas irregulares en la zona de contacto entre las rocas intrusivas y las encajantes. Su
morfología es irregular, aunque se encuentra condicionada por la zona de contacto entre ambas rocas (ver figura).
Su textura es característica de sistemas de reemplazamiento, con sustituciones seudomórficas, diseminaciones
irregulares, relleno de fracturillas, etc.

Otro tipo de yacimiento neumatolítico de interés minero es el denominado greissen. Corresponden estos
yacimientos a zonas de alteración relacionadas con granitos, y que por lo general afectan a zonas periféricas o
apicales del propio granito. En estas zonas se produce una destrucción del feldespato potásico, con formación de
mica blanca microcristalina (illita), y con entrada de abundante sílice que se deposita en la roca en forma coloidal
(calcedonia), en lo que de denomina proceso de silicificación. La casiterita y la wolframita suelen ser las principales
menas metálicas asociadas a estos yacimientos. A menudo los greissen se asocian a yacimientos típicamente
filonianos: casos de Panasqueira (Portugal) y Piaotan (China): figuras.

Esquemas geológicos de los yacimientos de tipo greissen de Panasqueira (Portugal) y


Piaotan (China), en zonas de cúpula granítica y con complejos filonianos asociados

Yacimientos hidrotermales

Los yacimientos hidrotermales, comúnmente también conocidos como filonianos (vein deposits), se clasifican
según su temperatura de formación (que suele estar entre los 400 y los 100ºC), y en función de la mayor o menor
proximidad a la roca ígnea de la que derivan. No es una clasificación rigurosa, ya que no siempre es posible
determinar con exactitud la temperatura a la que se han formado, ni la distancia a la roca ígnea de la que derivan,
que puede no reconocerse, o puede ser difícil de establecer con precisión entre varias próximas. Una clasificación
más conveniente se basaría en su mineralogía, pero ésta puede ser tan variada que invalida cualquier intento de
clasificación sistemática en este sentido.

Las mineralizaciones hidrotermales están constituidas fundamentalmente por cuarzo y/o carbonatos diversos, entre
los que cabe destacar calcita, dolomita, y siderita, minerales que suelen constituir la gangao parte no explotable en
los yacimientos de interés minero. Entre los minerales de interés minero (o menas) que pueden estar presentes en
este tipo de rocas o yacimientos, podemos citar barita, fluorita , y minerales sulfurados, como pirita, calcopirita,
blenda, galena, cobres grises (tetraedrita y tennantita), argentita, platas rojas (proustita-pirargirita), cinabrio, y un
largo etcétera de minerales, entre los que se encuentran también la plata y el oro nativos.

Los yacimientos filonianos constituyen el relleno de fracturas abiertas en la roca, que suelen presentar
disposiciones planares de dimensiones muy variables (filones en sentido estricto). Otras morfologías incluyen el
entrecruzado de vetillas (stockwork) y las diseminaciones de mineral, características ambas de los yacimientos de
tipo pórfido cuprífero. También son relativamente frecuentes los cuerpos irregulares, que pueden formarse tanto
por fenómenos de reemplazamiento como por relleno de cavidades. Las texturas son características de la
cristalización en espacios abiertos: geodas, drusas, crecimientos paralelos, concentraciones nodulares, etc.

De entre los distintos tipos de yacimientos hidrotermales, destacaremos dos tipos por su importancia económica:
los yacimientos de pórfidos cupríferos (+/- Mo) y los epitermales de metales preciosos (Au , Ag). Tienen también
su importancia, aunque menor en la actualidad, las mineralizaciones filonianas de metales de base (Pb-Zn-Cu), y
de estaño-wolframio . También llegan a alcanzar considerable interés minero algunas mineralizaciones de hierro
de carácter hidrotermal asociadas a intrusiones, como pueden ser las de Kiruna (Suecia) o las existentes en la
denominada “Franja Ferrífera de Chile”.

Pórfidos cupríferos

Los pórfidos cupríferos son yacimientos de gran tonelaje (106-109 t) y bajas leyes de cobre (0.2-c.2%Cu). Aparte
del cobre estos yacimientos pueden presentar cantidades variables de molibdeno y/o metales preciosos (Au+Ag),
susceptibles de ser recuperados económicamente. Se asocian a rocas intrusivas generalmente félsicas de
composición granodiorítica, aunque los pórfidos del Pacífico oriental (desarrollados en arcos de islas) suelen
asociarse a facies intermedias (intrusivos dioríticos). Presentan un modelo zonal (figura 1) de alteración
hidrotermal con un núcleo de alteración potásica (feldespato K, biotita, que grada hacia fuera hacia una alteración
fílica (= cuarzo-sericítica). En su zona periférica encontramos facies argílicas (intermedia o avanzada)
y propilítica (con clorita, epidota, calcita). La secuencia de alteración (figura 2) es la siguiente: 1) formación de las
zonas de alteración potásica y propilítica; 2) desarrollo de la alteración fílica (hacia fuera y arriba); y 3) formación
de facies de alteración argílica en la parte superior del sistema. Esta última puede ser avanzada, implicando la
presencia de minerales tales como caolinita y alunita. Se reconoce un solape temporal y espacial en esta secuencia.
De 1 a 3 la participación de aguas meteóricas en el sistema hidrotermal es cada vez más importante. De hecho, la
parte superior del sistema hidrotermal entra de lleno en el campo epitermal (alteración argílica avanzada), y en la
misma pueden formarse mineralizaciones auríferas, en un ambiente más superficial (desde unos 2 Km. de
profundidad hasta la superficie).
Existen grandes provincias metalogénicas de pórfidos cupríferos, entre las que resaltan las de la cadena
andina (Chile - Perú principalmente, destacando el yacimiento de Chuquicamata) y la del SO de los Estados
Unidos. Dado que los pórfidos son de emplazamiento somero (epizona), es raro encontrar yacimientos más
antiguos que mesozoicos, y de hecho, la mayoría de estos yacimientos son de edad cenozoica. La razón es simple
y radica en la efectividad de los procesos erosivos, que habrían desmantelado los de mayor antigüedad.

Mineralizaciones epitermales de metales preciosos

Como señalábamos anteriormente, en ocasiones el ambiente superior de un sistema hidrotermal puede dar origen
a mineralizaciones epitermales de metales preciosos . Esto último asumiendo que las facies plutónicas del sistema
tipo pórfido cuprífero constituyen las raíces magmáticas superficiales (epizona) de un sistema volcánico en
superficie. Los yacimientos epitermales de metales preciosos se forman, como su nombre lo indica, en un rango
bajo de temperaturas (50-300ºC), en asociación con manifestaciones volcánicas tipo aparato central, calderas, o
campos geotérmicos. Son yacimientos de baja ley (algunas decenas de g/t de Au; aunque esto puede ser
extremadamente variable) y se clasifican en dos tipos: 1) sulfato ácido; y 2) sercita-adularia (Figura 3). El primer
tipo se encuentra relacionado con clásicos fenómenos volcánicos tipo aparato central o calderas, sistemas ricos en
azufre (generadores de grandes cantidades de ácido sulfúrico) que dan origen a facies de alteración tipo argílica
avanzada. Otras facies que reconocemos en ellos incluyen la silicificación y la propilitización . El tipo sericita-
adularia se encuentra más bien relacionado con manifestaciones tipo campo geotérmico, y las facies de alteración
presentes son principalmente del tipo potásico (adularia) y clorítica. Un tercer tipo, si así podemos denominarles,
corresponde al de los denominados yacimientos epitermales tipo “Carlin”, que toman este nombre de la faja de
mismo nombre en el Estado de Nevada (USA). Se asocian principalmente a facies carbonatadas, en sistemas
estructuralmente extensionales. Así como los yacimientos tipo sulfato ácido son fácilmente detectables por las
importantes anomalías de color que generan (rojos, amarillos, verdes), los Carlin son prácticamente “invisibles”.
Solo los resaltes generados por la silificación de las calizas (jasperoides) constituyen una muestra más o menos
visible de éstos.

Pulse para ver figura en detalle

Un ejemplo español: las mineralizaciones de oro en relación con el volcanismo de Cabo de Gata (Almería).
Pulsar para seguir enlace

Otras manifestaciones tardimagmáticas

Hasta ahora se han descrito los principales tipos de rocas y yacimientos que se originan como consecuencia de la
actividad tardimagmática. Además otros dos fenómenos que pueden tener este mismo origen: las alteraciones de
origen endógeno y las manifestaciones de actividad tardimagmática más o menos reciente.

Al primer caso (alteraciones endógenas) pertenecen toda una gama de procesos o fenómenos que afectan a la
composición mineralógica (y a menudo también al quimismo) de las rocas: se trata de procesos de tipología
metasomática, pero de menor temperatura que los de tipo neumatolítico, que a menudo guardan relación genética
con procesos hidrotermales típicos. Algunos de estos procesos son los de silicificación (introducción y/o
neoformación de sílice a partir de los minerales preexistentes en una roca), argilitización (formación de minerales
de la arcilla), cloritización, alunitización, adularización. Suelen ser consecuencia de la interacción de soluciones
de tipo hidrotermal con rocas de composición adecuada, que reaccionan con estos fluidos dando origen a las
asociaciones minerales características de cada caso. Una breve descripción de los distintos tipos sería la siguiente:

o Alteración potásica: caracterizada por la presencia de feldespato potásico y/o biotita secundaria
(anhidrita también puede estar presente). En términos fisicoquímicos esta alteración se desarrolla
en presencia de soluciones casi neutras y a altas temperaturas (400º-600ºC).
o Propilítica: caracterizada por la presencia de clorita, epidota, calcita, y plagioclasa albitizada.
Generada por soluciones casi neutras en un rango variable de temperaturas.
o Alteración fílica, también denominada cuarzo-sericítica o simplemente sericítica: caracterizada por
el desarrollo de sericita y cuarzo secundario. Es el resultado de una hidrólisis moderada a fuerte de
los feldespatos, en un rango de temperatura de 300-400ºC.
o Alteración argílica, también denominada argílica intermedia: caracterizada por la presencia de
caolinita y/o montmorillonita.
o Argílica avanzada: caracterizada por la destrucción total de feldespatos en condiciones de una
hidrólisis muy fuerte, dando lugar a la formación de caolinita y/o alunita.
o Silicificación: caracterizada por la destrucción total de la mineralogía original. La roca queda
convertida en una masa silícea. Representa el mayor grado de hidrólisis posible. Los rellenos
hidrotermales de espacios abiertos por cuarzo “no son” una silificación.
Este enlace te muestra algunas de las reacciones típicamente relacionadas con estos procesos.
Las manifestaciones de actividad tardimagmática suelen ser emisiones de aguas o de gases a temperaturas y/o con
composiciones anómalas. A su vez, pueden ser de dos tipos, en función de su posibilidad de ser aprovechadas:
emisiones directas en la superficie, y manifestaciones subterráneas (energía geotérmica).

Las manifestaciones superficiales pueden ser muy variadas: desde las más conocidas y espectaculares, como los
geysers, o las emanaciones de gases en el entorno de edificios volcánicos recientes (fumarolas, solfataras), a las
fuentes termales.

Las manifestaciones subterráneas corresponden a la denominada energía geotérmica, contenida en los acuíferos
localizados a profundidades inferiores a unos 2.500-3.000 m. con aguas a temperaturas por encima de los 150ºC,
que pueden ser explotados comercialmente para la obtención de energía eléctrica. La elevada temperatura a la que
se encuentra este agua está en relación con la presencia de un foco de calor activo, relacionado normalmente con
esta actividad tardimagmática.
.

13.- Metamorfismo y yacimientos minerales


El metamorfismo es un proceso de transformación de rocas o yacimientos minerales preexistentes, que ocurre
en relación con el aumento de presión y/o temperatura que tiene lugar en determinados puntos de la corteza
terrestre. Como consecuencia, se forman rocas nuevas (las rocas metamórficas), con texturas, estructuras y
composiciones mineralógicas diferentes a la de la roca original. Desde el punto de vista de la formación de
yacimientos, el metamorfismo no presenta excesivo interés, si bien es cierto que da origen a algunos minerales y
rocas de cierto interés minero, y modifica la textura y mineralogía de mineralizaciones preexistenes.

Rocas metamórficas de interés minero

Como consecuencia de los procesos de metamorfismo regional se originan dos tipos de rocas que se explotan en
canteras: los mármoles y las serpentinitas. Menor interés presentan otras rocas como los neises.
El mármol es la roca metamórfica con mayor interés minero. Se forma como consecuencia del metamorfismo de
calizas, bajo condiciones de metamorfismo tanto regional como de contacto, que inducen la recristalización de la
calcita a alta temperatura. Este proceso transforma las variadas texturas originales de las calizas en texturas
granoblásticas de tamaño de grano muy variable, que puede llegar a ser de varios milímetros, lo que se traduce en
una mayor resistencia mecánica y homogeneidad de la roca.

Conviene resaltar el hecho de que el término geológico de mármol no es equivalente al empleado en la industria,
que suele incluir las calizas marmóreas en sentido amplio, es decir, calizas compactas, que suelen presentar una
mayor heterogeneidad texturas y estructural, y peores características de comportamiento mecánico y físico químico
que los mármoles auténticos.

El mármol está compuesto mayoritariamente por calcita granoblástica, pero pueden contener además otros
minerales, tales como micas (mármoles cipolínicos), dolomita, brucita, vesubianita, wollastonita, diópsido,
tremolita, grafito, pirita.

Un hecho a resaltar en el estudio de los mármoles es que su homogeneidad puede no ser completa: además de los
mármoles homogéneos, blancos o grises tipo Macael, existen otros que presentan heterogeneidades, más o menos
desarrolladas, que van desde bandeados o foliaciones tectónicas, marcadas por lo general por acumulación de
minerales oscuros, y que son típicas de mármoles formados por metamorfismo regional, a formas o cambios de
coloración más o menos irregulares, difusas, que pueden ser producto de inhomogeneidad de la roca caliza original.
Esto permite una clasificación industrial de estas rocas según su tonalidad, en monocromos (o sencillos), cuando
presentan una sola tonalidad, y polícromos (o compuestos), caso de presentar varios colores. La mayor parte de los
mármoles monocromos se presentan en tonalidades blancas, amarillentas, verdosas, o negras, mientras que los
polícromos se denominan según su tonalidad dominante. Los mármoles polícromos o compuestos presentan
inclusiones de otros minerales, generalmente micas, cuarzo y serpentinas, en agregados o vetas que adoptan
morfologías diversas y les confieren diversas tonalidades. Basándose en su estructura, se clasifican en veteados,
caso de presentar colores listados; arborescentes, si las bandas de colores se ramifican; y brechiformes, en el caso
que estén constituidos por fragmentos angulosos. Un caso particular de los mármoles brechiformes lo constituyen
los brocateles, cuyos fragmentos presentan tonalidades distintas.

Un carácter a controlar para definir la explotabilidad de una masa marmórea es su fracturación. Al ser rocas
afectadas por procesos tectónicos, a menudo están muy fracturadas, lo que dificulta su extracción en bloques
comerciales, y favorece el desarrollo de fenómenos kársticos, que igualmente dificultan la explotación.

También la presencia de minerales oxidables es un carácter geológico de interés minero, pues éstos pueden producir
importantes problemas estéticos en el material instalado.

Las aplicaciones concretas del mármol son en general conocidas: chapado de exteriores e interiores, elementos
arquitectónicos auxiliares (p.ej., escalinatas), complementos decorativos (estatuas), arte funerario. Hay que
recordar que el granito está reemplazando en muchas de estas aplicaciones al mármol, por su mayor resistencia y
durabilidad, sobre todo en exteriores y suelos.

Explotaciones importantes de mármoles a nivel mundial se localizan en Italia (zona de Carrara, prácticamente
agotada) y en España (zona de Macael, Almería).

La serpentinita es otra roca metamórfica de interés ornamental, de color verde, y con tonalidades variadas, claras
y oscuras, que se forma por el metamorfismo regional de rocas magmáticas ultramáficas (peridotitas).
Desde el punto de vista mineralógico, está constituida muy mayoritariamente por minerales del grupo de la
serpentina (antigorita), que suelen estar acompañados por otros filosilicatos afines, como el talco, por minerales
opacos, como magnetita o cromita, y por carbonatos ricos en Mg (magnesita-dolomita).

Sus caracteres estructurales y texturales pueden ser muy variados, mostrando formas más o menos irregulares, que
en unos casos ofrecen caracteres estéticos positivos, mientras que en otros impiden totalmente la explotación
minera. En especial, la fracturación es el principal factor negativo para este tipo de aprovechamiento.

La serpentinita, por sus caracteres mecánicos (sobre todo, por su baja dureza) se agrupa con los mármoles ("mármol
verde"). Sus aplicaciones son similares: revestimientos, elementos auxiliares (columnas, zócalos), etc.

En España existen importantes macizos serpentiníticos, agrupados en tres áreas: los macizos máficos-ultramáficos
gallegos, la Serranía de Ronda (Málaga) y las pequeñas masas existentes entre los materiales metamórficos de
Sierra Nevada (Granada-Almería).

Los neises son rocas que pueden formarse por distintos mecanismos, que se pueden agrupar en dos: el
metamorfismo de alto grado de rocas pelíticas, que da origen a los denominados paraneises, y la deformación
tectónica (por lo general acompañada de metamorfismo) de rocas graníticas, que origina los
denominados ortoneises. Estos últimos son los que presentan mayores posibilidades industriales, por ser rocas
compactas y competentes, susceptibles incluso de pulimento.

Están formados mayoritariamente, al igual que los granitos, por cuarzo, feldespato potásico, plagioclasa, mica
(biotita a menudo acompañada de moscovita), como minerales mayoritarios más comunes, que pueden estar
acompañados de muchos otros (granate, anfíbol, cordierierita), y de los accesorios comunes en este tipo de rocas
(apatito, esfena, circón, pirita).

Sus texturas y estructuras están dominadas por la presencia de una foliación o bandeado, marcado por reorientación
mecánica y/o recristalización de minerales laminares (micas), por la granulación del cuarzo, y por la rotación de
los granos de feldespato, que suelen dar origen, por su mayor resistencia al aplastamiento, a formas ocelares
(augen). El resultado es el bandeado neísico típico, con alternancias claro-oscuras y nódulos claros, de feldespato.

Los neises se agrupan con los granitos en cuanto a su explotación minera y aplicaciones industriales. Como carácter
específico, hay que señalar que el hecho de que sea una roca bandeada afecta a su instalación en obra y a su
aprovechamiento, que estarán condicionados por este factor.

Minerales industriales de origen metamórfico

El metamorfismo origina otras muchas rocas, aparte de las descritas, en general sin aplicación industrial directa.
Sin embargo, en algunos casos estas rocas pueden contener concentraciones de minerales de interés económico,
susceptibles de extracción minera y concentración. Algunos de los más significativos son: granate, corindón,
grafito, asbestos, nesosilicatos de aluminio (andalucita- sillimanita- distena).

El granate se forma en muchas rocas metamórficas de origen pelítico (esquistos en sentido amplio, neises), aunque
también aparece en algunas rocas ígneas, y, debido a su escasa alterabilidad, suele concentrarse en sedimentos
aluvionares. En las rocas metamórficas solo llega a ser aprovechable cuando es muy abundante, o cuando la roca
está afectada por un proceso de alteración que haya destruido al resto de minerales.
Un factor importante que afecta a su explotabilidad es el contraste de densidad entre el granate y el resto de
minerales que componen la roca, que suele permitir una separación mineralúrgica de bajo coste.

Las aplicaciones del granate están relacionadas con sus propiedades de: dureza y densidad relativamente altas,
resistencia química, y no toxicidad, que permiten que tenga cinco campos principales de aplicación: abrasivo para
eliminación de óxidos sobre superficies metálicas (decapar), revestimientos abrasivos, filtrado de aguas, corte por
chorro de agua, y pulido.

En España se explota en Níjar (Almería), pero no en rocas metamórficas, sino a partir de una roca volcánica
excepcionalmente rica en este mineral, y fuertemente alterada, lo que permite la liberación natural del mineral. A
nivel mundial, el mayor productor es EE.UU, a gran distancia de otros como Australia, India y China.

El corindón se forma fundamentalmente como consecuencia de metamorfismo de contacto a partir de rocas


arcillosas alumínicas, junto con otros minerales típicos de este ambiente (sillimanita, piroxeno). También se forma
en otros tipos de ambientes, sobre todo en pegmatitas, de donde proceden los cristales de calidad gema (rubí, rojo,
y zafiro, azul). El esmeril, por su parte, es un agregado microcristalino de corindón con otros minerales, como
hematites, magnetita, cuarzo y/o espinela.

El corindón se emplea fundamentalmente como abrasivo para pulido, en todo tipo de procesos industriales. Esto
se debe no solo a su gran dureza (9 en la escala de Mohs, el segundo mineral más duro tras el diamante), sino
también a su elevado punto de fusión (1.950ºC), y a la forma de sus granos, controlada por la partición perfecta
que suelen presentar, y que favorece esta aplicación. También se emplea en la fabricación de ladrillos refractarios.

Por su parte, el esmeril es un abrasivo de menor calidad, que se utiliza fundamentalmente como aditivo en
revestimientos, como antideslizante.

Zimbabwe y la República de Sudáfrica son los principales productores a nivel mundial de corindón, mientras que
Turquía y Grecia lo son de esmeril. En España no existen explotaciones mineras de ninguno de los dos. Por su
parte, las variedades gema se obtienen de yacimientos fundamentalmente de tipo pegmatítico, o concentrado en
aluviones, de Sri Lanka, Birmania, Tailandia, entre otros.

El grafito es el producto de la recristalización metamórfica de la materia orgánica contenida en las rocas afectadas
por metamorfismo regional o de contacto. Cuando este proceso se produce sobre capas de carbón, o sobre rocas
que contienen hidrocarburos líquidos (petróleo) se producen yacimientos de interés económico de este mineral,
que también pueden tener su origen en otros procesos: grafito magmático, pegmatítico, hidrotermal...

Sus aplicaciones más conocidas en la actualidad son las relacionadas con la fabricación de objetos y elementos
ligeros pero de alta resistencia, como material deportivo (esquís, raquetas), o piezas de automoción (barras
protectoras). También, como elemento moderador en reactores nucleares, como aditivo lubricante, o en la
fabricación de carbono activado, entre otros usos.

Los principales países productores de grafito son China, Corea del Sur e India. En España se explota o se ha
explotado hasta fecha reciente en Gadamur y Puente del Arzobispo (Toledo).

La denominación de asbesto se refiere a un grupo de minerales caracterizados por presentar una estructura fibrosa,
y que corresponden al grupo de los anfíboles, o de la serpentina. En concreto, se trata de seis variedades
mineralógicas: crisotilo (variedad de serpentina), crocidolita (variedad del anfíbol riebeckita), amosita (variedad
del anfíbol grunerita), y los asbestos de los anfíboles antofilita, tremolita y actinolita, que no tienen nombres
específicos.

De esta forma, cada uno de estos "asbestos" presenta en el detalles propiedades diferentes, lo que condiciona sus
aplicaciones concretas, relacionadas fundamentalmente con el origen etimológico de la palabra asbesto, que
proviene del griego y significa "incombustible": se emplean como aislantes térmicos, si bien la toxicidad de algunos
de ellos (fundamentalmente de la crocidolita) ha hecho decaer de forma muy severa estas aplicaciones. También
se emplean como aditivo en cementos (fibrocementos), entre los cuales el más conocido es la uralita.

Su origen está en relación con el metamorfismo regional de rocas básicas o ultrabásicas. En concreto, los asbestos
suelen formarse como relleno de venas durante estos procesos, de forma que las fibras de asbesto crecen
perpendidularmente a las paredes la fractura, con lo cual la longitud de las fibras, que es un factor económico muy
importante, está condicionado por el espesor de estas venas.

Los principales países productores de asbestos son Rusia, Canadá, Brasil y Zimbawue. Como ya se ha indicado,
su consumo a nivel mundial ha descendido debido a las consideraciones sobre sus efectos sobre la salud.

Los nesosilicatos de aluminio andalucita, sillimanita y distena son variedades polimorfas, que se forman por
metamorfismo de rocas alumínicas, pelíticas, bajo diferentes condiciones de presión y temperatura (ver figura).
Existe otra variedad sintética, que es la mullita, que se forma en condiciones de alta temperatura y baja presión,
que raramente se dan en la naturaleza (figura típica: la 2.1 de Velho vale). Algunos, como la andalucita, pueden
también formarse bajo otras condiciones más propicias a la formación de yacimientos, como las condiciones
hidrotermales. En las rocas correspondientes están acompañados siempre de otros minerales como cuarzo y micas,
a lo que pueden acompañar otros como granate, estaurolita, etc., dependiendo de la composición concreta de la
roca y de las condiciones a las que haya estado sometida. No obstante, en los casos en que son explotables suelen
aparecer concentrados en bolsadas de cierto volumen.

Se emplean para la obtención de cerámicas especiales, refractarias, que se utilizan en la industria metalúrgica
(revestimientos de hornos, moldes). Algunos de estos minerales tienen variedades de calidad gema, que no suelen
tener origen metamórfico, sino hidrotermal.

Los principales países productores de estos minerales son la República de Sudáfrica, Francia y España para
andalucita, EE.UU. e India para distena, e India para sillimanita. En España son relativamente abundantes, en los
distintos terrenos metamórficos (Macizo Ibérico, Zona Bética, Pirineos), pero no llegan a presentar interés minero.

Yacimientos metálicos relacionados con metamorfismo


El metamorfismo puede afectar a los yacimientos de minerales metálicos, produciendo en los mismos cambios más
o menos significativos. En especial, cuando el metamorfismo va acompañado de una deformación tectónica
importante puede llegar a transformar completamente el yacimiento, en cuento a su disposición geométrica,
mineralógica e incluso petrológica. En los casos más "suaves", produce o puede producir una recristalización de
las menas, que implica un aumento del tamaño de grano que favorece el proceso de beneficio minero. Por ejemplo,
en el caso de las Formaciones Bandeadas de Hierro ("banded iron formations", BIF), el metamorfismo regional
induce una recristalización del mineral precursor (p.ej., goethita) a magnetita, y del chert original a cuarzo
recristalizado poligonal, granoblástico.

14.- Exploración Minera


La explotación de los yacimientos minerales, como veremos en el tema siguiente, es una actividad de alto riesgo
económico, ya que supone unas inversiones a largo plazo que muchas veces se sustentan en precios del producto
minero sujetos a altas oscilaciones. A su vez, la exploración supone también un elevado riesgo económico, derivado
éste del hecho de que supone unos gastos que solamente se recuperan en caso de que la exploración tenga éxito y
suponga una explotación minera fructífera. Sobre estas bases, es fácil comprender que la exploración supone la
base de la industria minera, ya que debe permitir la localización de los recursos mineros explotar, al mínimo coste
posible.

Para ello, debe cumplir dos objetivos básicos:

1. Identificar muy claramente los objetivos del trabajo a realizar


2. Minimizar los costes sin que ello suponga dejar lagunas

Para ello dispone de una serie de herramientas y técnicas básicas, que son las que vamos a sintetizar a continuación.

Metodología de la investigación minera

La base de cualquier trabajo bien hecho es la planificación de las actividades a realizar. Esto es especialmente
importante en la investigación minera, por las razones ya expuestas. Así, en Investigación Minera se suele
subdividir el trabajo en tres etapas claramente diferenciadas, de forma que solamente se aborda la siguiente en caso
de que la anterior haya cumplido satisfactoriamente los objetivos previstos. Aunque pueden recibir distintos
nombres, en términos generales se trata de una fase de preexploración, una de exploración propiamente dicha y
otra de evaluación. Si incluso ésta última alcanza los resultados previstos se realiza un estudio de viabilidad
económica.

Como objetivos generales de cada una de estas etapas se pueden fijar los siguientes:

Preexploración: Tiene por objeto determinar si una zona concreta, normalmente de gran extensión,
presenta posibilidades de que exista un tipo determinado de yacimiento mineral. Esto se establece
en función de la información de que disponemos sobre ese tipo de yacimiento y sobre la geología
de la región de estudio. Suele ser un trabajo fundamentalmente de gabinete, en el que contaremos
con el apoyo de información bibliográfica, mapas, fotos aéreas, imágenes de satélite, etc., aunque
puede incluir alguna salida al campo para reconocer las zonas de mayor interés.

Exploración: Una vez establecidas las posibilidades de la región estudiada, se pasa al estudio sobre
el terreno. En esta fase aplicaremos las diversas técnicas disponibles para llevar a cabo de forma lo
más completo posible el trabajo, dentro de las posibilidades presupuestarias del mismo. Su objeto
final debe ser corroborar o descartar la hipótesis inicial de existencia de mineralizaciones del tipo
prospectado.

Evaluación: una vez que hemos detectado una mineralización de interés minero, es decir, en la que
observamos caracteres que permiten suponer que pueda llegar a ser explotada, pasamos a llevar a
cabo su evaluación o valoración económica. A pesar de lo que pueda parecer, los datos de ésta no
son aún concluyentes, y debe ir seguida, en caso de que la valoración económica sea positiva, de un
estudio de viabilidad, que contemple todos los factores geológicos, mineros, sociales, ambientales,
etc., que pueden permitir (o no) que una explotación se lleve a cabo.

Para cumplir con cada uno de estos objetivos disponemos de una serie de herramientas, unas para aplicar en campo
y otras en gabinete.

Herramientas y técnicas de exploración minera

La exploración minera se basa en una serie de técnicas, unas instrumentales y otras empíricas, de coste muy diverso.
Por ello, normalmente se aplican de forma sucesiva, solo en caso de que el valor del producto sea suficiente para
justificar su empleo, y solo si son necesarias para complementar las técnicas que ya se hayan utilizado hasta el
momento. Las técnicas serían las siguientes:

Recopilación de información

Es una de las técnicas preliminares, de bajo coste, que puede llevarse a cabo en la propia oficina, si bien en algunos
casos supone ciertos desplazamientos, para localizar la información en fuentes externas (bibliotecas, bases de
datos…). Consiste básicamente en recopilar toda la información disponible sobre el tipo de yacimiento prospectado
(características geológicas, volúmenes de reservas esperables, características geométricas…), así como sobre la
geología de la zona de estudio y de su historial minero (tipo de explotaciones mineras que han existido, volumen
de producciones, causas del cierre de las explotaciones…). Toda esta información nos debe permitir establecer el
modelo concreto de yacimiento a prospectar y las condiciones bajo las que debe llevarse a cabo el proceso de
prospección.

En esta fase resulta muy útil contar con el apoyo de mapas metalogenéticos que muestren no solo la localización
(y tipología) de yacimientos, sino también las relaciones entre ellos y su entorno. En este sentido, resulta muy útil
la representación gráfica en éstos de metalotectos o provincias metalogenéticas.

Teledetección

La utilización de la información de los satélites artificiales que orbitan nuestro planeta puede ser de gran interés en
investigación minera. Sigue siendo una técnica de relativamente bajo coste (condicionado por el precio de la
información a recabar de los organismos que controlan este tipo de información) y que se aplica desde gabinete,
aunque también a menudo complementada con salidas al campo.

La información que ofrecen los satélites que resulta de utilidad geológico-minera se refiere a la reflectividad del
terreno frente a la radiación solar: ésta incide sobre el terreno, en parte se absorbe, y en parte se refleja, en función
de las características del terreno. Determinadas radiaciones producen las sensaciones apreciables por el ojo
humano, pero hay otras zonas del espectro electromagnético, inapreciables para el ojo, que pueden ser recogidas y
analizadas mediante sensores específicos. La Teledetección aprovecha precisamente estas bandas del espectro para
identificar características del terreno que pueden reflejar datos de interés minero, como alteraciones, presencia de
determinados minerales, variaciones de temperatura, humedad…

Geología
El estudio en mayor o menor detalle de las características de una región siempre es necesario en cualquier estudio
de ámbito minero, ya que cada tipo de yacimiento suele presentar unos condicionantes específicos que hay que
conocer para poder llevar a cabo con mayores garantías de éxito nuestra exploración, así como otras que puedan
emprenderse en el futuro. Es un estudio que se lleva a cabo durante las fases de preexploración y exploración, ya
que su coste aún suele ser bastante bajo. Tiene también un aspecto dual, en el sentido de que en parte puede hacerse
en gabinete, a partir de los datos de la recopilación de información y de la teledetección, pero cuando necesita un
cierto detalle, hay que complementarla con observaciones sobre el terreno.

Dentro del término genérico de geología se engloban muchos apartados distintos del trabajo de reconocimiento
geológico de un área. La cartografía geológica (o elaboración de un mapa geológico de la misma) incluye el
levantamiento estratigráfico (conocer la sucesión de materiales estratigráficos presentes en la zona), el estudio
tectónico (identificación de las estructuras tectónicas, como fallas, pliegues, que afectan a los materiales de la
zona), el estudio petrológico (correcta identificación de los distintos tipos de rocas), hidrogeológico (identificación
de acuíferos y de sus caracteres más relevantes), etcétera. En cada caso tendrán mayor o menos importancia unos
u otros, en función del control concreto que presente la mineralización investigada.

Geoquímica

La prospección geoquímica consiste en el análisis de muestras de sedimentos de arroyos o de suelos o de aguas, o


incluso de plantas que puedan concentrar elementos químicos relacionados con una determinada mineralización.
Tiene su base en que los elementos químicos que componen la corteza tienen una distribución general
característica, que aunque puede ser distinta para cada área diferente, se caracteriza por presentar un rango de
valores definido por un distribución unimodal log-normal, En otras palabras, la concentración "normal" de ese
elemento en las muestras de una región aparece como una campana de gauss en un gráfico semilogarítmico. Sin
embargo, cuando hay alguna concentración anómala de un determinado elemento en la zona (que puede estar
producida por la presencia de un yacimiento mineral de ese elemento), esta distribución se altera, dando origen por
lo general a una distribución bimodal, que permite diferenciar las poblaciones normal (la existente en el entorno
de la mineralización) y anómala (que se situará precisamente sobre la mineralización).

Así, las distintas variantes de esta técnica (geoquímica de suelos, de arroyos, biogeoquímica) analizan muestras de
cada uno de estos tipos, siguiendo patrones ordenados, de forma que se consiga tener un análisis representativo de
toda una región, con objeto de identificar la o las poblaciones anómalas que puedan existir en la misma, y
diferenciarlas de posibles poblaciones anómalas que puedan ser una indicación de la existencia de
mineralizaciones.

El coste de estas técnicas suele ser superior al de las de carácter geológico, ya que implican un equipo de varias
personas para la toma y preparación de las muestras, y el coste de los análisis correspondientes. Por ello, se aplican
cuando la geología ofrece ya información que permite sospechar con fundamento la presencia de yacimientos.

Geofísica

Dentro de esta denominación genérica encontramos, como en el caso de la geología, toda una gama de técnicas
muy diversas, tanto en coste como en aplicabilidad a cada caso concreto. La base es siempre la misma: intentar
localizar rocas o minerales que presenten una propiedad física que contraste con la de los minerales o rocas
englobantes. Igual que para localizar una aguja en un pajar un imán es una herramienta de gran utilidad, éste mismo
imán no nos servirá de nada si lo que hemos perdido entre la paja es una mina de lapicero de 0.5 mm.

Así, las diversas técnica aplicables y su campo de aplicación puede ser el siguiente:

Métodos eléctricos: Se basan en el estudio de la conductividad (o su inverso, la resistividad) del


terreno, mediante dispositivos relativamente simples: un sistema de introducción de corriente al
terreno, y otro de medida de la resistividad/conductividad. Se utilizan para identificar materiales de
diferentes conductividades: por ejemplo, los sulfuros suelen ser muy conductores, al igual que el
grafito. También se utilizan mucho para la investigación de agua, debido a que las rocas que
contienen agua se hacen algo más conductoras que las que no la contienen, siempre y cuando el
agua tenga una cierta salinidad que la haga a su vez conductora.

Métodos electromagnéticos: Tiene su base en el estudio de otras propiedades eléctricas o


electromagnéticas del terreno. El más utilizado es el método de la Polarización Inducida, que
consiste en mediar la cargabilidad del terreno: se introduce una corriente eléctrica de alto voltaje en
el terreno y al interrumpirse ésta se estudia cómo queda cargado el terreno, y cómo se produce el
proceso de descarga eléctrica. Muy utilizado para prospección de sulfuros, ya que son los que
presentan mayores cargabilidades. Otras técnicas: polarización espontánea, métodos
magnetotelúricos, etc.

Métodos magnéticos: Basados en la medida del campo magnético sobre el terreno. Este campo
magnético como sabemos es función del campo magnético terrestre, pero puede verse afectado por
las rocas existentes en un punto determinado, sobre todo si existen en la misma minerales
ferromagnéticos, como la magnetita o la pirrotina. Estos minerales producen una alteración del
campo magnético local que es detectable mediante los denominados magnetómetros.

Métodos gravimétricos: se basan en la medida del campo gravitatorio terrestre, que al igual que en
el caso anterior, puede estar modificado de sus valores normales por la presencia de rocas
específicas, en este caso de densidad distinta a la normal. El gravímetro es el instrumento que se
emplea para detectar estas variaciones, que por su pequeña entidad y por la influencia que presentan
las variaciones topográficas requieren correcciones muy detalladas, y por tanto, también muy
costosas. Esta técnica ha sido utilizada con gran efectividad en la detección de cuerpos de sulfuros
masivos en la Faja Pirítica Ibérica.

Métodos radiométricos: se basan en la detección de radioactividad emitida por el terreno, y se


utilizan fundamentalmente para la prospección de yacimientos de uranio, aunque excepcionalmente
se pueden utilizar como método indirecto para otros elementos o rocas. Esta radioactividad emitida
por el terreno se puede medir o bien sobre el propio terreno, o bien desde el aire, desde aviones o
helicópteros. Los instrumentos de medida más usuales son básicamente de dos tipos:
Escintilómetros (también llamados contadores de centelleo) o contadores Geiger. No obstante, estos
instrumentos solo mide radioactividad total, sin discriminar la longitud de onda de la radiación
emitida. Más útiles son los sensores capaces de discriminar las distintas longitudes de onda, porque
éstas son características de cada elemento, lo que permite discriminar el elemento causante de la
radioactividad.

Sísmica: La transmisión de las ondas sísmicas por el terreno está sujeta a una serie de postulados en
los que intervienen parámetros relacionados con la naturaleza de las rocas que atraviesan. De esta
forma, si causamos pequeños movimientos sísmicos, mediante explosiones o caída de objetos
pesados y analizamos la distribución de las ondas sísmicas hasta puntos de medida estratégicamente
situados, al igual que se hace con las ondas sonoras en las ecografías, podemos establecer
conclusiones sobre la naturaleza de las rocas del subsuelo. Se diferencian dos grandes técnicas
diferentes: la sísmica de reflexión y la de refracción, que analizan cada uno de estos aspectos de la
transmisión de las ondas sísmicas. Es una de las técnicas más caras, por lo que solo se utiliza para
investigación de recursos de alto coste, como el petróleo.

En definitiva, la geofísica dispone de toda una gama de herramientas distintas de gran utilidad, pero que hay que
saber aplicar a cada caso concreto en función de dos parámetros: su coste, que debe ser proporcional al valor del
objeto de la exploración, y la viabilidad técnica, que debe considerarse a la luz del análisis preliminar de las
características físicas de este mismo objeto.

Calicatas

A menudo, tras la aplicación de las técnicas anteriores seguimos teniendo dudas razonadas sobre si lo que estamos
investigando es o no algo con interés minero. Por ejemplo, podemos tener una anomalía geoquímica de plomo y
una anomalía de geofísica eléctrica, pero ¿será una mineralización de galena o una tubería antigua enterrada? En
estos casos, para verificar a bajo coste nuestras interpretaciones sobre alineaciones de posible interés minero se
pueden hacer zanjas en el terreno mediante pala retroexcavadora, que permitan visualizar las rocas situadas justo
debajo del suelo analizado o reconocido. Además, estas calicatas permitirán obtener muestras más representativas
de lo que exista en el subsuelo, aunque no hay que olvidar que por su pequeña profundidad de trabajo (1-3 metros,
a lo sumo) siguen sin ser comparables a lo que pueda existir por debajo del nivel de alteración meteórica, dado
que, como vimos en el apartado correspondiente, precisamente las mineralizaciones suelen favorecer la alteración
supergénica.

Sondeos mecánicos

Los sondeos son una herramienta vital la investigación minera, que nos permite confirmar o desmentir nuestras
interpretaciones, ya que esta técnica permite obtener muestras del subsuelo a profundidades variables. Su principal
problema deriva de su representatividad, pues no hay que olvidar que estas muestras constituyen, en el mejor de
los casos (sondeos con recuperación de testigo continuo) un cilindro de roca de algunos centímetros de diámetro,
que puede no haberse recuperado completamente (ha podido haber pérdidas durante la perforación o la extracción),
y que puede haber cortado la mineralización en un punto excepcionalmente pobre o excepcionalmente rico. No
obstante, son la información más valiosa de que se dispone sobre la mineralización mientras no se llegue hasta ella
mediante labores mineras.

Los sondeos mecánicos son un mundo muy complejo, en el que existe toda una gama de posibilidades, tanto en
cuanto al método de perforación (percusión, rotación, rotopercusión), como en lo que se refiere al diámetro de
trabajo (desde diámetros métricos a milimétricos), en cuanto al rango de profundidades alcanzables (que puede
llegar a ser de miles de metros en los sondeos petrolíferos), en cuanto al sistema de extracción del material cortado
(recuperación de testigo continuo, arrastre por el agua de perforación, o por aire comprimido). Todo ello hace que
la realización de sondeos mecánicos sea una etapa especialmente importante dentro del proceso de investigación
minera, y requiera la toma de decisiones más detallada y problemática.

Interpretación de resultados

A la vista de los hasta ahora expuesto, el proceso de exploración minera consiste en una toma de datos continua
que hay que ir interpretando sobre la marcha, de forma que cada decisión que se tome de seguir o no con las etapas
siguientes esté fundamentada en unos datos que apoyan o no a nuestra interpretación preliminar.

De esta forma, cada etapa de la investigación que desarrollamos debe ir encaminada precisamente a apoyar o
desmentir las interpretaciones preliminares, mediante nuevos datos que supongan una mejora de la interpretación,
pero sin buscar sistemáticamente la confirmación a toda costa de nuestra idea: la cabezonería puede ser muy costosa
para la compañía, aunque sin ella a menudo no habría investigación minera.

En definitiva, la interpretación de los resultados debe ser muy detallada, y debe buscar las coincidencias que
supongan un apoyo a nuestras ideas, pero también las no coincidencias, que debe analizarse de forma especialmente
cuidadosa, buscando la o las explicaciones alternativas que puedan suponer la confirmación o el desmentido de
nuestras interpretaciones, sin olvidar que al final los sondeos confirmarán o no éstas de forma casi definitiva.
15.- Explotación Minera

La explotación de un yacimiento minero supone la existencia de una concentración de un mineral, elemento o


roca con suficiente valor económico como para sustentar esta explotación minera con un beneficio industrial para
la empresa. Para que esto se produzca, se ha de cumplir la ecuación:

Valor Producción = Costes + Beneficios

El valor de la producción se obtiene mediante la valoración económica del yacimiento, de acuerdo con los datos
del estudio de investigación minera, y por tanto, dependen de la naturaleza y características de la mineralización,
que serán unas determinadas. De forma que para poder cumplir con esta condición, tenemos que analizar los costes
que implica la explotación minera del yacimiento.

Este factor, el coste, depende de muchos factores. Algunos de ellos no son modificables: si el yacimiento se localiza
a gran distancia de centros de transporte o de consumo, tendremos un coste de transporte a asumir (y minimizar en
lo posible). Otros dependen de decisiones a tomar: por ejemplo, la decisión de abordar una explotación a cielo
abierto o subterránea incide de forma decisiva sobre este factor de coste. No obstante, rara vez tomamos este tipo
de decisiones libremente, ya que suelen estar condicionadas por factores propios de mineralización: profundidad a
la que se encuentra, geometría (horizontal o vertical, mayor o menor espesor). En cualquier caso, en la toma de
decisiones implicada en el diseño de una explotación minera siempre tenemos un mayor o menor grado de libertad,
que nos permite evaluar distintas alternativas, y elegir la más adecuada para cada yacimiento, de forma que la
ecuación se cumpla (lo cual no siempre ocurre, naturalmente).