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LOS ORIGENES, BRAVURA,

TRAPIO http://www.ganaderoslidia.com/webroot/origenes.htm

ORIGEN Y CLASIFICACIÓN ZOOLÓGICA DEL TORO DE LIDIA

Según los mas modernos estudios paleontológicos relacionados con el origen


de los bóvidos, estos se incluyen dentro del genero Bos, entre sus
ascendientes desaparecidos, numerosas formas ancestrales, como el Bos
longifrons o brachyceros, el B. primigenius, el B. frontosus, etc. Estos se
remontan hasta el Anoplotherium, considerado como origen común o
entronque de todos los artiodáctilos.

Hay, sin embargo, quien no admire


otros ascendientes de todas las razas
actuales de toros que el uro o toro
salvaje del periodo neolítico y que ha
subsistido en algunos países hasta el
siglo XVII.

Las demás especies del genero Bos


serian razas o subespecies del Bos taurus primigenius.

El área geográfica del uro se extendía


desde el oeste de Europa (España,
Inglaterra, etc.) hasta la China, y dada tan
amplia extensión pudo muy bien ser
domesticado en varios lugares
independientemente, si bien lo seria
probablemente en Asia, como casi todos los demás animales que el hombre
utiliza en su servicio.

Del uro derivan todas las razas de toros existentes, y no del bisonte de
Europa, cuyos restos encontramos tan abundantemente en las habitaciones
del hombre troglodita. Teniendo, pues, un origen común, nada deben
extrañarnos las analogías existentes entre los toros que en estado semisalvaje
se encuentran en distintas regiones de Europa, como en Escocia y aun en
Suiza, en donde dedican estos animales a la lucha entre sí, constituyendo
típico deporte, que procuran cautamente ocultar a los extranjeros por lo que
tiene de brutal.

Según el profesor doctor Keller, de Zurich, es la raza de Hérens, a la cual nos


referimos, de origen egipcio, pues en la época de los faraones se criaban toros
en el país del Nilo para dedicarlos a la pelea, y tales animales
eran precisamente de tipo braquicéfalo como los suizos de que
hablamos Los árabes debieron difundir esta raza taurina por
el norte de África y por España, desde donde pasarían a Suiza.
Posee esta raza acentuado instinto combativo y ella seria,
según estas investigaciones, la precursor; de las nuestras de lidia. Sin
embargo, creemos que debieron llegar de Asia a España toros en estado de
mayor o menor domesticación por dos diversos conductos: uno de ellos, el ya
dicho de los egipcios, que los cartagineses y berberiscos importarían a la vez
que trajeron la oveja merina Estos toros, que se explotarían en régimen casi
salvaje por el sur y el centro de España, manifestaron bien pronto su carácter
de bravura y acometividad, que había sido la base de su selección en Egipto
como animales de pelea y que lo seria también en el futuro destino que les
esperaba en nuestro país.

La otra vía, antes aludida, de introducción en Europa y en España del ganado


bovino domesticado en Asia fue la de los celtas, que imprimieron su sello
especial a la ganadería de los países que habitaron, como sucede en el centro
de Europa, Inglaterra, Francia y el norte de España. Este ganado carecía de
bravura, y se caracterizaba por su menor tamaño y por sus cuernos de gran
desarrollo y casi verticales.

Los celtas dieron hombre al toro salvaje que encontraron en Europa, al que
llamaron auroch,palabra formada de las dos aury och, que significa salvaje y
toro, no confundiéndolo desde luego con el bisonte
de Europa, como después lo han hecho muchos
naturalistas, pues ya vemos la diferenciación en las
pinturas rupestres, en las que claramente se
perciben las dos siluetas inconfundibles de ambos
rumiantes, desaparecidos, el uro en la época antes citada y el bisonte europeo
(Bison bonasus) en la época actual; desde que se cazo uno en Lituania
durante la gran guerra europea, no se ha vuelto a ver ningún otro bisonte ni
aun en la región caucásica, que era donde estaba confinada esta especie.

Puesto que, como decimos, han sido confundidas ambas especies, haremos
una ligera descripción de cada una de ellas.

Los bisontes son animales bien caracterizados por tener 14 pares de costillas,
mientras que los bueyes solo tienen 13. Tienen abundante pelo, que forma en
el tercio anterior una gran melena que cae sobre cuernos y ojos, mucho mas
abundante en el bisonte americano que en el europeo; su cabeza es ancha y
mas convexa y pesada que en el toro, con fuerte musculatura sobre la cerviz,
que forma una ligera joroba en el bisonte europeo y una muy desarrollada en
el americano. Los cuernos del bisonte son mas pequeños y arqueados y finos
que en el toro.

El auroch era un animal tan grande como el


bisonte y mucho mas que el toro actual, pues
alcanzaba una talla de 1,85 metros de altura a
la cruz; su cola era mas larga y peluda que la
del bisonte; carecía de joroba, y sus cuernos
eran mucho mas desarrollados y mas
potentes que los del bisonte.

El uro no tenia el cuerpo cubierto de


tan abundante pelo como el bisonte, ni
formaba melena, ni era erizado en la
primera mitad de su línea dorsal, ni se
presentaba colgante sobre la papada. Cuéntese que fue muerto el ultimo
hallado en el bosque de Jaktorowka (Polonia) en el año 1630.

CLASIFICACIÓN ZOOLÓGICA DEL TORO DE LIDIA.

El orden de los ungulados pertenece al subreino de los animales metazoarios,


tipo vertebrados, claw mamíferos, subclase monodelfos (Eutheria). La
subfamilia de los bovinos comprende, además del toro (Bos taurus L.), el uro
y bisonte ya descritos (B. primigenius Boj., y Bison bonasus L., y Bison bison
L.). EI toro se caracteriza dentro del grupo por ser, en una palabra, un auroch
degenerado, reducido de tamaño y a la domesticidad completa en las razas
domesticas, o a la incompleta, que es propia de las razas bravas.

Son también especies de cavicórnidos, mas o


menos afines al toro, el búfalo verdadero (Buffelus
bubalis L.), ya que así se llama también
impropiamente al bisonte americano (Bison bison
L.). El búfalo solo existe en África (Synceros Hog.
caf~er) y en la India (Buffelus Rut), donde se le usa como animal lechero y de
trabajo, a pesar de su fiereza natural, pues es la especie mas peligrosa de la
fauna asiática, después del tigre; es de costumbres acuáticas, de color negro y
de cuernos enormes y planos. La especie Anoa depressicornis Smith es otro
búfalo de menor tamaño, domesticado en Filipinas, en donde se le llama
carabao, de cuernos mas cortos y caídos hacia detrás, de pelo escaso y de
color negro o pío.

Los bueyes de joroba, o cebúes (Bos indicus L.), son animales fácilmente
domesticables, de coloración gris, cuerpo pequeño y orejas colgantes, gran
papada y fino pelo. El yak (Poephagus Gray) vive en el Tibet y esta
domesticado también; posee largos cuernos y abundante pelo por la papada y
abdomen. Es de color negro o pío, y es de una gran rusticidad y muy propio
para los países fríos. Los llamados bueyes de la India (Bibos Hog.) son el
gaur, de tamaño excepcional; el gayal y el buey banting, que viven en los
grandes bosques, en donde se les caza; son de colores análogos a los
anteriores, y se usan en Asia y Oceanía como animales de trabajo y de
carnicería.

Todas estas especies, menos los búfalos, se cruzan con el toro con mas o
menos facilidad y con fecundidad mas o menos limitada, lo cual nos da la
clave para conocer el parentesco o afinidad entre todas ellas, ya que la mayor
o menor analogía idioplasmica es la única norma aceptable para definir las
especies, menor que el criterio morfológico ordinariamente seguido por los
naturalistas como mas expeditivo, sin duda alguna.

Pero aun hemos de seguir subdividiendo la especie toro en


nuestro país, de acuerdo con todo anteriormente expuesto al
hablar del origen del toro español. Aquellos animales
llegados a España por conducto de los celtas se han
perpetuado sin perder sus primitivos rasgos característicos,
y pudiendo constituir en la actualidad una raza que
denominaremos Bos taurus celticus, esparcida por el norte
de España y Portugal, que no produce toros de lidia y si toros de gran valor
zootécnico como productores de carne, trabajo y leche. El tamaño de esta raza
no pasa de ser mediano; su color es bermejo o rojo mas o menos intenso o
rodado, amarillo (marelo) y leonado; sus cuernos son de gran tamaño, largos,
delgados y casi verticales.

Después de aparecer esta raza, que es desde luego la mas antigua, como se
deduce por las pinturas rupestres conocidas, apareció la raza brava venida de
Egipto, algo mas corpulenta que la anterior, de colores mas
oscuros, negro, retinto y colorado, con cuernos robustos,
como corresponde al toro de lidia, y línea dorsal algo ensillada
o cóncava. Podemos llamar a esta raza Bos taurus africanus,
y son subrazas de la misma la extremeña, la .andaluza, la
ribatejana de Portugal, etc.

Por ultimo, esta raza africana sufrió importantes modificaciones biológicas,


bien por acción de algunas mutaciones que el medio extremado de la región
central española provocara, bien por cruzamiento con el auroch que entonces
existía en España, y se produjo un nuevo tipo de toros, que puede
considerarse como propio de una tercera raza, que llamaremos Bos taurus
ibericus, este es de formas robustas, de mayor talla, de coloraciones oscuras
(con raya dorsal mas claro o amarillenta) o berrendas, y de cuernos análogos
a los de la raza anterior, pero aun mayores. Esta raza, menos brava, da
excelentes toros de trabajo y también de lidia, sobre todo si son cruzados con
los andaluces. Son subrazas de las que describimos la barqueña,
colmenarena, la morucha de Salamanca, etc.

Sansón, en su clasificación del ganado vacuno, solo considera en España una


raza de toros, la ibérica, aunque este autor dice bien claramente que no
conoce ni tiene datos acerca de las razas españolas. En cambio, el ilustre
zoólogo español señor Pérez Arcas ya nos hablaba hacia el ano 1870 de las
razas avilesa, gallega y de lidia en su notable libro de historia natural,
coincidiendo en el fondo con nuestra clasificación.

Como consecuencia de cuanto queda expuesto, he aquí la ficha zoológica del


toro de lidia como animal metazoario:

Tipo Vertebrados
Clase Mamíferos
Subclase Monodelfos
Orden Ungulados
Suborden Artiodáctilos
Sección Rumiantes
Familia Cavicornios
Subfamilia Bovinos
Genero Bos
L-Especie Bos taurus
L-Raza Bos taurus africanus
Andaluza, navarra,
Subraza o variedad
etc
Fuente: "El Cossío"

LA VISIÓN HISTÓRICA

Según historiadores, el toro primitivo ibérico


desciende del uro salvaje que habitaba en el centro
de Europa. Al transcurrir del tiempo el uro se
transforma, en la Península Ibérica, en el toro de
lidia, al ser domado para el espectáculo de las
corridas de toros, cuando un arte singular, la
tauromaquia o la ciencia de torear, aparece. Sin
embargo, es a partir del siglo XVIII cuando asoman
las ganaderías organizadas para la producción del
toro de lidia, constituyendo la bravura la
característica esencial del toro ibérico.

Cuando los pobladores de la península ibérica vieron por primera vez un uro,
era imposible que imaginaran que aquel 'bicho' con dos cuernos enormes y
más de 600 kilos de peso fuese el antecedente de la Fiesta por antonomasia
de nuestro país. Los orígenes de este bóvido son
confusos, pero ya Julio César lo describió en sus
crónicas como 'urus'. Con el tiempo, el uro Se
extinguió. Allá por la Edad Media casi no se
podía encontrar, pero en España el germen ya
estaba plantado.

El Toro bravo

Raza característica de los bóvidos que sólo existe en la Península Ibérica, en


el sur de Francia y en aquellos países de Latinoamérica en los que los
españoles lo exportaron después del descubrimiento.
Sus orígenes se remontan hasta el plioceno inferior, cuando ya existen ramas
diferenciadas de bovis, capra, antílope y bos. Del periodo paleolítico medio de
la edad de piedra data el aurochs —del que procede todo el ganado vacuno
actual—, y descienden el Bos primiginius y el Bos brachyceros, que en el
neolítico dieron lugar al uro primitivo, reproducido muchas veces en las
cuevas del Levante y norte de España y del sur de Francia (Véase Arte
paleolítico). Los primeros datos históricos que lo mencionan aparecen
recogidos en códigos asirios, 1.000 años antes de Cristo, que aluden a las
cacerías de estos animales salvajes.
En España, el toro vivió en estado semisalvaje hasta el siglo XVII. El toro
actual, el de nuestros días, es el resultado del trabajo de selección efectuado
desde principios del siglo XVIII por los ganaderos de distintas regiones
españolas mediante la prueba de la tienta a fin de elegir para su reproducción
ejemplares en los que concurran determinadas características, aquellas que
permitieran el ejercicio de la lidia, es decir, la sucesión de suertes que se
ejecutan en las corridas de toros desde que el toro sale al ruedo hasta que,
una vez que el diestro le ha dado muerte, es arrastrado por las mulillas. Estas
características han variado tanto a lo largo de los siglos como el toreo mismo,
manteniéndose como sostén del mismo un único denominador común: la
bravura del toro.

EL TORO, UN ELEMENTO DE DIVERSIÓN Y DE ALIMENTO.

En la península ibérica se dieron varias casualidades. para que al uro original


se le cruzara hasta llegar al toro apto para la lidia. El cruce del uro salvaje
junto con el uro domesticado proveniente de Asia dio como resultado otra
especie. Esta característica hizo que el toro fuese más valorado aquí que en el
resto del mundo. Y más con el aislamiento al que se vio some​tida la península
durante el período de Al-Andalus. El toro era un símbolo mitológico y
venerado en algunas culturas. Ahora pasa a ser dominado, que no
domesticado.
Los antiguos pastores se dieron pronto cuenta de lo indómito del animal. El
toro comenzó a ser reclamado para fiestas populares, en recuerdo a las épocas
en las que se cazaba y reunía al animal para obtener su carne. En estos
primitivos encierros estuvo el origen de la Fiesta. Se tiene constancia de
juegos de toros ya en 1215, en la localidad segoviana de Cuéllar .

"Al mejor trapío suele corresponder la mejor bravura", asegura José Antonio
Del Moral, en su libro "Cómo ver una corrida de toros", aunque se hace
necesario señalar que esta afirmación es un tanto polémica. El diccionario
describe al trapío como "aire garboso".
Cuando se refiere a los toros de lidia tiene que ver con su presencia. Se dice
que un toro tiene trapío cuando su estampa, su planta, su presencia causa
respeto independientemente de su tamaño. El toro con trapío debe tener peso
acorde con su alzada, carnes justas y musculadas, las propias de un ser
atlético; pelo brillante y limpio, fino y bien sentado; morrillo grueso, patas
finas, pezuñas redondeadas y pequeñas, cornamenta bien conformada y
limpia, cola larga y espesa. Ojos negros, vivaces, sin defectos.

Trapío

El trapío corresponde al fenotipo, es decir, a la apariencia externa y al


comportamiento del animal.
Según José María de Cossío, se llama trapío de una res "al conjunto de
caracteres de apreciación visual que hacen juzgar de su aspecto, estampa y
probables condiciones de lidia", si bien por antonomasia por trapío se
entiende el buen trapío. En el toro de trapío se exige energía y viveza de
movimientos que indiquen su nervio, piel fina o aterciopelada que
transparente su potente musculatura, que haga aparecer al animal flaco sin
estarlo. Este toro será de esqueleto fino, que se reflejará en su cabeza, cabos
(extremos de las patas) y pequeñas pezuñas; será de cuello proporcionado.
Los cuernos estarán bien puestos y serán de tamaño medio.
La cabeza en el toro deberá ser más bien pequeña que grande; la frente o
testuz será ancha y cubierta de pelo rizado; las orejas, situadas debajo de los
cuernos, no deben ser grandes y sí vellosas y movibles, indicando nerviosidad
y nobleza, y no padecer sordera ni parálisis.
Los cuernos serán fuertes y bien pulidos, puntiagudos, bien dispuestos (con
dirección lateral primero, luego hacia delante y finalmente hacia arriba y de
color oscuro); el hocico, también oscuro, fino y fresco; los ojos, brillantes y
encendidos, y más bien grandes que pequeños. El cuello, en general, deberá
ser grueso y corto.
Según la inclinación de la espalda, se deducirá la aptitud más o menos
corredora del bicho. La cruz, rubios o agujas, es el punto de unión del cuello
con la línea dorsal. Según sea más o menos patente se llama a los toros altos o
bajos de agujas. El dorso deberá ser recto; los lomos amplios y musculosos. El
vientre de escaso desarrollo, galgueño, aunque bien conformado, y los
órganos genitales machos, de normal desarrollo y bien descolgados.
La grupa deberá estar bien desarrollada y las ancas (extremidades
posteriores) no serán muy salientes ni tampoco muy próximas. En las patas,
tanto el antebrazo como el brazuelo deben ser largos y musculosos. El tendón
flexor, despegado y bien desarrollado, así como la rodilla y la canilla gruesas y
robustas. Las pezuñas o pesuñas serán pequeñas, duras, casi pétreas,
brillantes, sin hendeduras y de color oscuro.
El nacimiento de la cola se llama penca o muslo, el cual debe ser de alta
inserción, bien poblado en su borla o terminación, que sobrepasará los
corvejones (articulación en la parte inferior de la pata y superior de la caña o
canilla.

Bravura, instinto de defensa

La bravura, otra característica esencial del ganado de lidia, no fue


consustancial al toro en sus orígenes, sino un evento cultural del ser humano,
digno de toda admiración, asegura Del Moral. Como fuerza de brutos definen
algunos diccionarios la bravura; y como acción de acometer resueltamente y
con constancia, otros. A la bravura se le ha considerado como un instinto de
defensa provocada por la cólera del toro en el instante de ser molestado, o
como miedo o cobardía ante lo desconocido, o como una misteriosa y natural
violencia del toro que ataca a cuanto se mueve o le excita.
Una de las características de la bravura es crecerse al castigo, en lugar de
huir. El toro verdaderamente bravo, explica el autor español, antes de
acometer a su presa, le avisa. Jamás ataca a traición. Se cuadra y se coloca en
rectitud ante quien quiere ahuyentarle, le mira fijamente, adelanta las orejas,
levanta la cabeza y, a veces, retrocede o avanza a leves pasos antes de
arrancarse.
Igualmente, debe embestir con prontitud, con nobleza, sin cabecear,
siguiendo con fijeza al objeto que persigue para cornearlo, sin cansarse,
aunque nunca logre alcanzar a su enemigo.
Del Moral, en el tratado antes citado, describe al toro de lidia: "Entre todas
las criaturas del reino animal no hay ninguno que reúna caracteres tan bellos
y a la par misteriosos como el toro bravo. Algunos son agresivos y fieros, otros
tienen el encanto de la nobleza y la fidelidad, unos atraen por su fuerza, por la
armonía de su estampa o su pelaje, y también los hay majestuosos y altivos."
Solo el toro de lidia es, al mismo tiempo, poderoso, arrogante y armónico,
bondadoso y agresivo; algo así "como un guerrero que lleva escrito en sus
genes el mensaje de la bravura y tiene una crianza lujosa hasta su madurez,
justo el momento en que debe morir".

Para el veterinario Sanz Egaña la bravura es "un instinto defensivo, o, mejor


aún, un instinto de liberación que se manifiesta por una reacción de carácter
voluntario frente a un estímulo exterior". El toro responde por reflejo
mediante dos componentes distintos: uno de excitación y otro motor, acusado
por reacciones exteriores precisas y ordenadas. La bravura se hace ostensible
para el espectador mediante la embestida, cuya rectitud y fijeza ha de ser
denominador común de su comportamiento, pero puede observarse en otros
muchos detalles en el curso de la lidia. Así, al salir de chiqueros, al arrancarse
con viveza ante los capotes desde cualquier terreno y rematar en tablas, sin
intentar nunca saltar la barrera; al entrar a los capotes sin levantar las manos
(patas delanteras) ni puntear ni derrotar en el engaño ni cortar la salida en la
terminación del pase; al arrancarse de largo ante el caballo, bajar y remeter la
cabeza contra el peto, soportando el castigo de la vara sin cabecear, sino
metiendo los riñones y levantando el tercio posterior para intentar el derribo
del enemigo; no cortar la salida ni berrear en los pares de banderillas y
embestir por derecho y templado a la muleta sin salir suelto tras el remate del
pase ni acortar el recorrido ni abrir la boca en el transcurso de la faena de
muleta, para cuadrar bien y pronto a la hora de la muerte. En tiempos se
decía de un torero era bravo cuando poseía una valentía singular.

EL TORO BRAVO: UNA HERENCIA HISPANA

por Mario Carrión

Con pasos
lentos, seguros
y marchosos y
bamboleando
un musculoso
cuerpo de
donde
sobresale un
masivo
morrillo que
soporta una
testuz armada
con una
mortífera
cornamenta, perfecta arma natural de defensa y ataque, el toro ibérico
rodeado por un harén de vacas marcha tranquilo en el campo, como a
sabiendas de que su genética bravura y las de sus compañeras, que pudiera
haber causado su extinción, por el contrario se convirtió en la razón de la
supervivencia de su especie.

El salvaje toro bravo o de casta, original de la Península Ibérica, y que hoy


subsiste en esplendoroso cautiverio en sus dehesas, las de Francia, México y
las de varios países de Hispanoamérica en donde la fiesta brava se efectúa,
nos ofrece un caso peculiar de la domesticidad de una especie salvaje. El
hombre, desde tiempos prehistóricos, ha manejado a placer el reino de los
animales, para ajustar la existencia de estos a sus necesidades, unas veces
domesticando las especies salvajes, otras eliminándolas cuando han existido
conflictos territoriales o coexistiendo cuando estos conflictos han sido pocos o
no existentes. El toro bravo, además de ser un caso especial de supervivencia
en una época cuando la humanidad no sentía la responsabilidad moral de
conservar las otras especies, forma parte de nuestra cultura por el papel
estelar que juega en la tauromaquia y por su simbolismo que se refleja en
nuestra lengua, arte y folklore. Por estas razones el toro bravo es el sujeto de
este artículo, en donde elaboraré sobre sus orígenes, su evolución que va de
ser un animal salvaje regido por las leyes naturales, a ser una especie
protegida por razones comerciales. También mencionaré características que
definen al toro bravo, y analizaré algunos de los métodos de su crianza con los
que se intentan perpetuar, aumentar y modificar los genes bravos de esta
especie.

Zoologicamente el ganado bravo se clasifica como perteneciente a la especie


bos-tauros del género bovino de la familia cavicornia, lo mismo que cualquier
otro ganado vacuno que hace milenios fue domesticado para abastecernos de
carne, leche y fuerza para el trabajo y el transporte. No se sabe cuando en el
desarrollo de la humanidad unas manadas de toros fueron domesticadas y el
por que otros grupos permanecieron en estado salvaje. Fueron las innatas
características de las diferentes manadas del ganado salvaje lo que determinó
su domesticidad o la proximidad territorial de estas al hombre? No lo
sabemos, pero el hecho es que ambos grupos de toros bravos y mansos
coexistían separadamente al mismo tiempo, y que esta separación los dotó
con una diversidad genéticas que los distinguirían a la manera como los lobos
se diferencian de los perros. La descendencia del toro bravo actual se asocia
con un tipo de ganado salvaje que placía desde los tiempos prehistóricos por
los campos de Europa.

Existen referencias a la bravura y al simbolismo místico y religioso de estos


animales en las diferentes culturas europeas, asiáticas y africanas. A las
manadas que se afincaron en la Península Ibérica los celtas los llamaron
auroch, que proviene de los vocablos celtas "aur"{salvaje} y "och"{toro}.
Ilustraciones de estos toros salvajes fueron ya plasmadas en la Cueva de la
Vieja de Alpera en Albacete, España, en la era paleolítica. Hay pocas
referencias históricas de las costumbres del toro bravo y del aprovechamiento
que de este animal hizo el hombre anteriormente al advenimiento de las
corridas de toros en España. Existen datos que aluden a que los romanos
cazaban a estos toros para que los gladiadores pelearan con ellos en sus
circos. También se utilizaban para ritos religiosos y para alancearlos como
entrenamiento para la guerra. La primera corrida histórica aconteció en el
año 1133 y desde entonces estas funciones se repetían a menudo requiriendo
un abastecimiento continuo de toros para poder celebrarlas.

Se desconoce de como al comienzo de la era taurina se suplía esa demanda.


Se especula que al principio se hacían redadas para cazar vivas a las reses y
llevarlas a las plazas. Este método aparentemente no era suficiente para
suplir la demanda, y por primera vez la historia anota que en el año 1616 el
ganadero Francisco Menese lidió toros en Madrid y que los señores Antonio
Moscadero y Francisco Reoli criaban ganado bravo en la provincia de Toledo.
Así esta fecha marca la aparición de los ganaderos de reses bravas, que de
aquí en adelante explotarían comercialmente la bravura y la mejorarían por
un procedimiento de selección genética. Hoy el toro bravo constituye un
patrimonio zootécnico exclusivamente hispano.

La crianza del ganado es el único caso de domesticidad cuyo proceso en vez


de amansar el instinto salvaje de una especie lo preserva y lo modifica. Existe
una polémica de como clasificar al toro bravo, si como animal doméstico o
salvaje. Es doméstico ya que, como los otros bovinos, las reses de lidia
dependen totalmente para su subsistencia del hombre, quien determina el
medio ambiente donde vive y su dieta manejando su evolución por medios de
manipulación genética, con el propósito de beneficiarse económicamente de
su bravura. Por otro lado se rompe el molde de domesticidad, ya que sus
criadores tienen que evitar que estos animales se acostumbren al contacto
con el hombre, con quien tarde o temprano se tendrán que enfrentar en los
ruedos. Para evitar ese contacto al ganado bravo se le mantiene en el campo
en grandes haciendas rodeadas por cercas alambradas que retienen al toro
dentro y al hombre, que no tenga una misión que cumplir en la hacienda,
afuera. En este aspecto la vida y la conducta del ganado bravo se asemeja a los
animales salvajes que hoy viven protegidos en la reservas naturales, aunque a
estos se les permite que evolucionen naturalmente con la mínima
intervención humana.

Durante la Edad Media y al principio de la Edad Moderna las referencias


sobre las ganaderías bravas son apenas asteriscos históricos. Sin embargo con
la fiesta de toros establecida en toda España en el siglo XVIII, la importancia
económica del ganado bravo aumentó y las ganaderías se multiplicaron.
Consecuentemente la historia de la ganadería brava toma forma y los datos
son más directos y comunes. Las estadísticas empezaron a recopilarse en el
1768 cuando el Conde de Aranda, Primer Ministro de Carlos III, ordenó a
todas las autoridades del Reino que remitieran al Consejo de Castilla una
relación del "número de vacas y toros de lidia que existieran en sus
comarcas". En 1905 se creó La Unión de Criadores de Reses de Lidia con la
misión de defender los intereses de los ganaderos y mejorar la castas brava
del toro. Esta asociación publica anualmente un libro mostrando el árbol
genealógico, los cruces genéticos y otros datos relacionados con cada
ganadería brava española.

En la evolución del toro de lidia el término "casta", arriba mencionado, tiene


capital importancia. Es un concepto algo intangible que en los estudios
zoológicos del ganado bravo se define como "conjunto de sucesión de
individuos de la misma especie, de origen común y caracteres similares
transmisibles por herencia." Existen una variedad de castas de ganado bravo
cuya distinción se basa en el tipo, conformación y condiciones de lidia, pero
todas las castas tienen en común que sus miembros despliegan la
acometividad defensiva de su territorio y la ofensiva en terreno neutral.
Durante los tres últimos siglos se han reconocido varia castas. La navarra que
producía toros de poca alzada pero cornalones y nerviosos, las castas
castellanas de jijona y Paso Portillo y otras de diferentes regiones españolas
también que dejaron poco rastro en las ganaderías modernas. Estas
heredaron los genes bravos de los toros provenientes de la casta cartujana de
Andalucía. El ganado cartujano desarrolló más corpulencia y poseía una
alegre y codiciosa pero franca embestida, que satisfacía a los toreros por su
bravura con nobleza y a los públicos por esas condiciones más por la emoción
proveída por su corpulencia. Los frailes cartujos, afincados en la región
andaluza fueron los creadores de esta casta y los primeros que en sus grandes
latifundios consistentemente criaron toros bravos para llevarlos a las plazas
hasta que muchas de sus propiedades fueron confiscadas en el siglo XIX.
Entonces sus ganaderías pasaron a manos privadas de nobles y aristócratas,
que eran quienes poseían los latifundios que son necesarios para la cría de
este ganado. Ya en ese mismo siglo fueron famosas las ganaderías de
Gallardo, Espinosa, Vásquez, Vistahemosa y Cabrera de origen cartujano, y
analizando los árboles generológicos que aparecen en los tratados taurinos,
encontramos que la sabia brava que fluye en la mayoria de las ganaderías
modernas también es de casta cartujana, mientras que la sangre de las
restantes castas corre por las venas del ganado de apenas una docena de
ganaderías. Por ejemplo la legendaria y famosa ganadería de Miura es de
casta cartujana vía cabrera, y la hoy popularísima ganadería de Juan Pedro
Domech es de origen cartujano-vazqueño también.

Como parte de su cultura los conquistadores importaron a América la


tauromaquia llevando allí ganaderías bravas para proveer la materia prima
para las corridas. Curiosamente la razón de la importación de las primeras
cabezas de ganado bravo a México no estaba relacionada con la fiesta brava.
Unos años después de la conquista de México, los frailes dominicanos
estaban teniendo problemas para defender sus sembrados de las intrusiones
de los indios que poblaban el Valle de Toluca. Para defender esos campos
decidieron construir una doble cerca y encerrar entre ellas al ganado bravo
importado de España. Sin embargo en 1527, José Gutiérrez Altamira, primo
de Cortez fundó la primera verdadera ganadería mexicana en el Rancho
Atengo, en el mismo Valle de Toluca, con 24 toros y 50 vacas también traídas
de España. En la actualidad México es el país después de España que cuenta
con más ganaderías bravas. Aunque estas fueron formadas con ganado
español y de cuando en cuando ha habido algún cruce con el ganado original,
el toro mexicano ha mantenido tanta independencia genética que se puede
decir que existe una casta mexicana. En Perú el ganado bravo fue implantado
en 1540 y en Colombia, Ecuador y Venezuela en este siglo actual, aunque en
estos últimos países existía un ganado criollo que tenía cruce bravo. A
diferencia de México el ganado bravo en América del Sur continúa teniendo
una dependencia genética de las castas españolas, pues vacas y toros
rutinariamente son importados para refrescar la sangre de las ganaderías
indígenas. También, desde hace una veintena dee años, reses bravas de casta
mexicana, descendientes del auroch, el salvaje toro celta, ahora naturalizadas
americanas, pacen en haciendas californianas.

Pasemos ahora a exponer algunos de los métodos que los ganaderos


implementan para mantener la bravura innata de su ganado. Lo primero que
se necesita para criar toros son grandes haciendas cercadas y dividas en
diferentes cerrados. Siguiendo el criterio de cada ganadero las vacas son
separadas en grupos que comparten ciertas características genéticas para ser
cubiertas por un semental del mismo linaje para mantener estática la casta, o
bien por otro de diferente origen, con el propósito de introducir un cambio
genético que debería manifestarse en las crías del lote. Después del destete,
los añojos son herrados y separados hasta cumplir los dos años cuando
tendrán que pasar la prueba de bravura, llamada tentadero. El tentadero de
macho se hace a campo libre, donde el eral, después de haber sido separado
de la manada tiene por su propio albedrío que embestir al picador con cierto
preconcebido estilo y sin manifestar dolor. Su grado de bravura determinará
si vive una vida regalada por dos años más para morir luego gallardamente en
el ruedo, o si del tentadero va directamente al matadero para ser vilmente
apuntillado. Muchos ganadero están eliminando el tentadero de macho,
rigiéndose solo por el linaje familiar del animal para lidiarlo en la plaza, ya
que el resultado de su buena o mala lidia solo afectará a la reputación
temporal del ganadero, pero no a la casta de la manada, pues los toros
destinado a la lidia no padrean. En cambio la tienta de las vacas y de los
sementales es primordial para el futuro de la ganadería. La tienta de ambos es
muy similar. En una placita situada en la hacienda se recrean las condiciones
de una lidia real. Después de las eralas pasar la prueba con el picador, los
toreros las torean para que el ganadero estudie sus condiciones. En los libros
que el ganadero mantiene con el historial de cada becerra entra las notas de la
reses. Si la nota de la res es aceptable y las notas de sus antecesores también
las fueron, entonces a la vaca se le asigna a un semental para que por una
docena de años procreen otros tantos ejemplares para perpetuar la bravura
de la raza. Existen muchas variables que el criador de reses bravas tiene que
considerar para mantener el balance genético de su ganado. Un error en
selección puede destruir o retrasar una ganadería que necesitó varias
generaciones para formarse. Se dice que para sobresalir como ganadero de
toros bravos se requiere dinero, afición, muchos conocimientos, intuición y
sobre todo suerte. El ganadero tiene el poder de decidir si una res muere en el
matadero por mansa, o termina sus días en un harén bovino, para que sus
genes bravíos contribuyan a perpetuar la peculiar bobina casta hispana.