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XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia.

Departamento de Historia
de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.

La revista Timón y el
antisemitismo mexicano. Una
mirada desde la perspectiva
del Ulises criollo.

Walter César Camargo.

Cita: Walter César Camargo (2013). La revista Timón y el antisemitismo


mexicano. Una mirada desde la perspectiva del Ulises criollo. XIV
Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de
Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de
Cuyo, Mendoza.

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LA REVISTA TIMÓN Y EL ANTISEMITISMO MEXICANO. UNA MIRADA
DESDE LA PERSPECTIVA DEL ULISES CRIOLLO.
Dr. Walter Camargo
Facultad de Filosofía y Letras y
Facultad de Educación Elemental y Especial
(UNCuyo)
wccamargo@hotmail.com

1. Las revistas periódicas en América Latina

En el presente artículo me interesó indagar acerca del valor político-ideológico


de las revistas, como ―tribunas de pensamiento‖, en las cuales han quedado huellas de
diferentes posiciones estéticas e ideológicas que conforman una parte integral del
legado del siglo XX. (AAVV, 1993; Pereyra, 1993)
En nuestro país, las Revistas tuvieron un momento de quiebre durante el festejo
del primer centenario de la Revolución de Mayo, cuando se constata la emergencia de
un campo intelectual caracterizado por la progresiva profesionalización del escritor,
como parte de un proceso general de modernización cultural de la Nación. Como señala
John King al estudiar la revista Sur, en la Argentina se produjo el paso de un escritor
político o ―caballero‖ (confinado a un pequeño grupo de familias aristocráticas, o de
amigos de las mismas) que describía la intimidad del grupo, a uno profesional
modernista. (King, 1989)
Asimismo, el surgimiento de publicaciones periódicas políticas, literarias y
culturales se relaciona con un ―florecimiento cultural‖ que se vivió durante las décadas
de 1920 y 1930 en América Latina constituyéndose en la forma predominante de la
producción y el intercambio político, ideológico y cultural de la época, desde las cuales
una nueva generación cuestionará y difundirá otras ideas junto al surgimiento de temas
y problemas derivados de la situación política. Entre estas publicaciones se generaron
muchas veces opiniones encontradas y polémicas, pero también objetivos comunes, ya
que permitió a los intelectuales encontrar un lugar privilegiado desde el cual realizar
cuestionamientos hacia la política vigente.
Al respecto debo establecer diferencias entre las llamadas revistas literarias del
siglo XIX –más específicas– y las culturales, que hicieron su aparición en América
Latina durante la segunda y tercera década del siglo XX, las cuales se caracterizaron por
dedicarse a una amplia variedad temática y presentarse como órganos de expresión de

1
grupos que defendían determinadas propuestas políticas y culturales. (Alonso, Lafleur y
Provenzano, 2006)
Además, en tanto ―documento de cultura‖, las Revistas permiten visualizar las
principales tensiones del campo cultural de un periodo determinado, puesto que al
ubicarse en la intersección de los proyectos individuales y grupales, muestran su
capacidad de reflejar las preocupaciones estéticas, políticas y de identidad. Los
intelectuales que escriben en ellas utilizan las revistas para definir su participación al
interior del campo intelectual, así como al exterior de éste, en relación a otros grupo de
poder (económico, político, sociales). Como actores sociales inmiscuidos en las
empresas editoriales, éstos buscaban expresar sus inquietudes a través de este medio de
comunicación y, simultáneamente, encontrar un espacio que legitimara la posición que
deseaban alcanzar. (Altamirano y Sarlo, 1983: 97)
En el caso latinoamericano, estas publicaciones tuvieron un carácter militante y
sirvieron para difundir y definir la acción de un grupo o partido político, motivo por el
cual encontramos en ellas de manera constante la articulación entre lo político y lo
literario, aunque varíe el peso relativo que se le dé a una u otra variable. Así, las
Revistas pueden ser analizadas como un medio significativo para la formación de
instancias culturales que favorecieron la profesionalización de la cultura. (Beigel, 2006:
37)
Por otra parte, puede indicarse que en tanto constituyen un sistema de
conexiones entre individuos o entidades sociales interdependientes, el concepto de red
ha sido utilizado como imagen metafórica o como modelo, para diferenciarlo de la
perspectiva de quienes centraban su análisis en individuos. Ellos entienden que el actor
social se encuentra relacionado dentro de un sistema de interacciones, por lo cual para
entender la opinión de un individuo es indispensable comprender su contexto relacional.
Las redes pueden ser consideradas como configuraciones transfronterizas de apoyo, por
lo que sirven para explicar las relaciones horizontales y verticales que se establecieron
entre pares políticos e intelectuales y organizaciones (sindicales, políticas, religiosas,
etc.). (Devés Valdés, 2005: 108 y ss.)
En esta oportunidad nos detenemos en la revista Timón, aparecida en México en
la década del cuarenta en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, orientada en la
defensa del nazismo. En sus páginas publicaron destacadas figuras de la cultura
mexicana, como el filósofo y educador José Vasconcelos, quien esperaba una victoria
alemana que revirtiera la penetración ideológico-política del protestantismo en América

2
Latina. El análisis de los artículos de esta publicación nos permitirá comprender
sustancialmente los argumentos, motivos y esperanzas del antisemitismo mexicano,
destacándose la figura del ilustre educador obregonista.

2. El contexto mexicano de los años cuarenta y la Segunda Guerra Mundial

El periodo que comprende la Segunda Guerra Mundial, que coincide con la


publicación de Timón, representa un momento significativo de la historia de México, en
el cual el movimiento iniciado por Francisco Madero llegó a su meseta revolucionaria y
posteriormente dio paso a la institucionalización del sistema político, donde se
privilegió el pragmatismo político antes que el ímpetu transformador, poniendo a su vez
los cimientos del sistema político mexicano que perdura hasta hoy.
Al respecto Octavio Paz lo destaca como modelo de estabilidad política en
América Latina, pues México no ha sufrido golpes de Estado, ni proliferaron dictaduras
de tipo personal (cesarista), sino que dominó la política una estructura burocrática
impersonal. (Paz, 1981: 129) Así, en lugar de la exclusión o el aniquilamiento, se
encuentra un Estado dado a la cooptación e incorporación de los opositores, en un
ambiente autoritario, pragmático y moderado. De este modo, el régimen mexicano ha
afrontado y, al parecer, ―…resuelto uno de los problemas más difíciles que se les
plantean a los regímenes no democráticos: el de la renovación de la elite y sucesión del
ejecutivo‖. (Knigth, 2003: 330)
Los civiles se hicieron del poder amparados en la Constitución de 1917. Las
sucesiones presidenciales se convirtieron en ―corteses negociaciones‖, a través de la
implementación de un sistema dual: el PRI y el Presidente de la nación en cumplimiento
de sus funciones. Sin el segundo, el primero no existiría; a su vez, el PRI es el sustento
social y político del régimen presidencialista. De modo que el poder residía en la
cumbre, pues los presidentes gobernaban por seis años no renovables (legado de la
Revolución) y durante ese tiempo eran la autoridad suprema. De modo que el Presidente
y el Partido encarnan la totalidad de México: ―[e]l PRI no es un partido político
mayoritario; es la Unanimidad. El presidente no sólo es la autoridad política máxima: es
la encarnación de la historia mexicana, el Poder como sustancia mágica trasmitida desde
el primer Tlatoani a través de virreyes y presidentes‖. (Paz, 1981: 145)
Por su parte, el pueblo presentaba apatía por el sistema y si bien el voto era
obligatorio el porcentaje llegó en ocasiones al 43%. Sin embargo, el grupo gobernante

3
se encargó de hacer sentir que representaba a todos los mexicanos a quienes dividió en
tres sectores: los campesinos, los trabajadores y el denominado sector popular. La
estructura partidaria proporcionaba, representación simbólica al menos, a amplios
estratos de la población y contribuía a explicar la aceptación pasiva, aunque no la
aprobación entusiasta, de que gozaba el régimen.
En estos años, la estabilidad política de México dependía de tres condiciones: el
equilibrio entre los grupos constitutivos, la distribución de recompensas materiales bajo
el patrocinio del Estado (subvenciones, control de precios) y el cultivo de una relación
mutuamente aceptable con EE.UU., una especie de distensión bilateral, donde había que
evitar enfrentamientos directos.
Durante los años que nos interesan se destacó la gestión de Lázaro Cárdenas,
considerada como la primera revolución pacífica de la historia mexicana. Para algunos
autores este sexenio representó el periodo en la historia en el cual ―...la Revolución
pareció convertirse en un proceso de realización verdadero, bajando de los cielos
mitológicos a los cuales la elevaron las odas retóricas‖. (Medin, 1997: 5) Otros, en
cambio, consideran que su política fue ambivalente y su gobierno ―…fue siempre más
ambiguo de lo que los primeros planteamientos de las grandes reformas nos dejan
entrever‖. (Niblo, 2000: 7-8)
Durante su gestión se apoyó en el movimiento obrero para lo cual se creó la
Confederación de Trabajadores de México (CTM) liderada por Vicente Lombardo
Toledano. El sindicalismo industrial, junto con los campesinos y el Ejército,
constituyeron los pilares de su gobierno. En materia económica el programa estuvo
orientado a satisfacer las demandas de los campesinos, marcado por un acentuado
nacionalismo. Para ello buscó la liquidación de los latifundios, y, en relación con los
obreros, se prometieron contratos colectivos de trabajo y salarios mínimos. Para cumplir
con sus objetivos, en 1936, emprendió un cambio en el programa financiero del gasto
público: se destinaron importantes sumas de dinero a lo social, tales como obras de
infraestructura, educación, y agricultura. (Knight, 2001: 294)
Durante su gestión se nacionalizaron los Ferrocarriles y grandes extensiones de
tierra. En efecto, fue significativa su política ejidal, ya que el programa de la reforma se
aceleró: se entregaron 18.000.000 has. entre 750.000 familias. Se creó para apoyarlos el
Banco Nacional de Crédito Ejidal. A pesar de ello ¾ partes de la tierra continuaba en
manos de pocos hacendados.

4
En materia económica su medida más notoria fue la expropiación del petróleo a
compañías extranjeras. Se creó una corporación gubernamental llamada Petróleos
Mexicanos (PEMEX), dirigida por antiguos sindicalistas. Con esta decisión, el
Presidente recibió el apoyo de los partidarios del nacionalismo económico, la izquierda
y de los conservadores de tradición nacionalista. (Niblo, 2000: 12)
En cuanto a su política internacional y la defensa de la soberanía mexicana, el
mencionado Paz destaca su oposición al Fascismo y al Nazismo, así como a la invasión
de España a Etiopía. Además, le dio asilo a León Trotsky (1879-1940) y recibió a los
refugiados españoles de la Guerra Civil y luego otros europeos. (Paz, 1981: 30) México
fue uno de los pocos países no comunistas que mantuvo relaciones de ayuda y
cooperación con la República Española. Margarita Carbó estudió la ayuda militar que el
gobierno mexicano ofreció a su par español, por tratarse de ―un gobierno amigo
legalmente constituido‖. (Carbó, 2002: 26)
Sin embargo, los problemas más significativos de su gestión estuvieron en la
política interna. La orientación ideológica del Presidente y el rumbo que dio a algunos
aspectos de su gestión, como la educación, le ganaron opositores importantes. Cárdenas
pretendió avanzar en la consecución de una enseñanza socialista para todo México. Tzvi
Medin advierte que todas esas iniciativas constituían la continuación y el incremento de
lo ya emprendido por Vasconcelos. Lo que sucedió fue que, ―…en el deseo de pintarlos
del rojo socialista se desfiguraron y se convirtieron en incomprensibles para los propios
maestros que no comprendían qué se quería y qué se esperaba de ellos‖. (Medin, 2000:
187-88) Los padres de familia –dice Ramón Ruiz– sacaban a sus hijos de las escuelas
que tildaron de ―casas del diablo‖. Por su parte, muchos intelectuales tampoco
estuvieron de acuerdo con la educación socialista que consideraron ―…dictaduras
ideológicas sancionadas por la ley, en concordancia con la orientación política del
Estado‖. (Ruiz, 1977: 67)
En este marco el surgimiento de la oposición se volvió más fuerte y clamorosa.
Aparecieron grupos apoyados desde Europa por las potencias fascistas, así como
también por la España de Franco.1
El cardenismo se había iniciado con una gran agitación en los centros urbanos.
El decidido apoyo del Gobierno a las organizaciones obreras y campesinas, además de

1
Sobre el crecimiento de los grupos franquistas y fascistas en México ver: Medina, Luis. (1978) ―Del
cardenismo al avilacamachismo‖. En: Historia de la Revolución Mexicana, México, El Colegio de
México, Nº 18, p. 42 y ss.

5
la libre actuación de los grupos de izquierda en manifestaciones públicas y actos
masivos, y la ya mencionada educación socialista incomodó a los sectores medios y
empresariales de México. Así, surgieron grupos de oposición en tres líneas de acción
principalmente: religiosa, civil y política. (Angiano, 1999: 75; Pérez Monfort, 1993: 45)
Para Paz la época de Lázaro Cárdenas fue un periodo de ascensos
revolucionarios, donde la idea del desarrollo económico era también y sobre todo una
idea social, pues ―se concebía el desarrollo como una función social cuyo directo
beneficiario sería el pueblo‖. Sin embargo, a pesar del carácter popular del cardenismo,
―México no conoció una reforma democrática que correspondiese a las reformas
sociales. Al contrario, el Partido malogró esa posibilidad y convirtió a las
organizaciones obreras y campesinas en sus apéndices‖. (Paz, 1981: 130-31.)2
Su sucesor fue Manuel Ávila Camacho (1940-1946), quien llegó al poder gracias
a la presunción de los miembros más influyentes del PRM, acerca de que luego de los
años reformistas de Cárdenas, México necesitaba un periodo de estabilidad y no de
revolución.3 La nueva administración frenó las medidas consideradas revolucionarias.
El principal interés del Gobierno fue la industrialización, que se logró por medios
liberales ortodoxos.4 Arnaldo Córdova sostiene que el progreso de la burguesía nacional
se menguó, hasta su desaparición en la etapa posterior, cuando se acentuó la
dependencia económica, política, cultural y social de Estados Unidos. (Córdova, 1992:
13)
Ávila Camacho repartió 3 millones de hectáreas y se preocupó por mejorar la
producción del ejido. En el campo hubo una modernización de obras de regadío,
semillas, fertilizantes, con apoyo de EE.UU. Las obras hidráulicas fueron dirigidas
hacia las grandes haciendas del norte y no hacia los ejidos del centro y sur. El cambio
económico fue acompañado por uno ideológico hacia la derecha. En la educación se
trató que revertir la tendencia marxista de la administración anterior y la oposición a la
Iglesia, a través de una nueva era en las relaciones entre esta institución con el Estado
mexicano.

2
Para ampliar la etapa cardenista ver: Romero Flórez, Jesús. (1971) Lázaro Cárdenas. Biografía de un
gran mexicano. México: Costa Amic; Krause, Enrique (1987). Lázaro Cárdenas. General misionero.
México: Fondo de Cultura Económica.
3
Ver: González del Rivero, Leticia (1994). Disidencia, Estados Unidos y las elecciones de 1940. Tesis de
maestría en Historia, México: Universidad Iberoamericana.
4
Al respecto Henry Bamford Parkes considera que los logros de la Revolución habían sido menores que
lo que esperaban sus defensores en cuanto a los aspectos materiales. (Parkes, 1982: 424 y ss.).

6
En cuanto al contexto internacional, México tomó partido por los aliados en la
Segunda Guerra Mundial. La política del ―buen vecino‖ de Franklin Delano Roosevelt
había hecho disminuir el sentimiento negativo hacia EE.UU., decisión que tuvo efectos
importantes sobre la economía mexicana cuyo resultado se conoció como el ―boom de
guerra‖. Esto fue posible porque la izquierda perdió fuerza, como reflejaron las
elecciones de 1946.
Lázaro Cárdenas, la única figura importante del grupo pro-revolución, se retiró a
la vida privada. El PRI eligió como Presidente al Secretario de Gobernación de Ávila
Camacho, Miguel Alemán (1946-52), primer presidente que no había participado de la
Revolución y que fue parte de una nueva generación que tomó esa lucha más como un
episodio de la historia que un recuerdo personal. Dio a México una administración de
hombre de negocios dedicados a un rápido progreso material. Este gobierno se
caracterizó –según Knight– tanto por la avaricia del Presidente y su grupo, como por los
acuerdos con extranjeros. (Knight, 2001) Por tal motivo, Felicitas López Portillo
sostiene que aún es dificultoso analizar este periodo, contraponiéndolo al de Cárdenas.
(López Portillo, 1995: 13)

3. El campo político mexicano y los simpatizantes nazismo alemán

En Europa el estallido la Segunda Guerra Mundial tendría enormes repercusiones en


la política de América Latina. Detrás del conflicto bélico había otro de tipo político,
pues la guerra enfrentaba dos modos distintos de entender el mundo y la política. Los
gobiernos de los países aliados sostenían gobiernos democráticos y liberales, mientras
que en el eje predominó el fascismo y el nazismo antidemocrático.

De esta manera lo entendieron los hombres del cuarenta en América Latina y la


guerra se presentó como un enfrentamiento entre totalitarismo y democracia. Al igual
que en la Primera Guerra y la Guerra Civil Española, la opinión pública estuvo dividida
en un país donde las colectividades extranjeras europeas son numerosas y los intereses
económicos y culturales que lo vinculaban con Europa pesan sobre la política.
Antes del inicio de la Segunda Guerra, la reconstrucción de Alemania logró la
admiración no sólo de los simpatizantes del nazismo, sino también la de algunos
funcionarios mexicanos y la de buena parte de la opinión pública nacional. Además,
había que añadir que el tradicional antiyanquismo mexicano recargaba la balanza de
favoritismos sobre el lado alemán.
7
Los éxitos organizativos, las grandes manifestaciones, la reducción del desempleo,
el apoyo a las comunicaciones, los carreteras y el desarrollo de las Olimpiadas de 1936,
en fin, todos los logros del gobierno nacionalsocialista en Alemania recibieron una gran
cobertura noticiosa tanto en periódicos como en documentales exhibidos en la ciudad de
México.
Esto, sin duda, impresionó a buena parte de la población. Pero lo que comprobaba la
eficacia del sistema nazi, según sus defensores, eran sus éxitos bélicos mismos que
también recibieron una amplia difusión.
Esta situación alarmó a Estados Unidos y a un sector de su prensa, que vivió una
paranoia. Del mismo modo algunos periódicos mexicanos que recibían sus noticias
directamente de las agencias norteamericanas también siguieron este juego alarmista. A
partir de 1938 se creó en México la Liga no Sectaria Antinazi con miembros
prominentes de la administración cardenista como Luis I. Rodríguez, Alejandro
Carriela, Javier Icaza y Vicente Lombardo Toledano. La creación de esta liga indicaba
que la preocupación por la influencia nazi en territorio mexicano también llegaba a
círculos gubernamentales importantes.
Un informe de la actividad nazi en México fue presentado a la Secretaría de la
Gobernación en mayo de 1940 basado en el libro Secret armies de James Spievach que
seguía la línea paranoica del periodismo norteamericano. Con el título ―El nazismo en
México‖, mencionaba las instituciones alemanas en México, como la legación, el
Centro Alemán (Deutsche Volksgemenschaft), el Grupo Regional (Landesgruppe), las
juventudes hitlerianas y el Colegio Alemán.
También mencionaba las diversas publicaciones con las que contaba la colonia
alemana y la forma en que se vendía la propaganda de las diversas casas comerciales y
empresas alemanas a la prensa mexicana. A su vez, afirmaba que, a través de la
sociedad germano-mexicana Alexander von Humbolt y la Sociedad Alemana
Mexicanista, se realizaban labores de propaganda político-cultural. En su primera parte,
dicho informe sólo confirmó lo que ya se sabía sobre la colonia alemana en México, sus
actividades sociales, su colonia y su importante económica. En la segunda hablaba del
espionaje y de los ―trabajos subversivos‖ de los alemanes en el territorio mexicano.
Se mencionaban los vínculos nazis de Nicolás Rodríguez con movimientos de
extrema derecha en EE.UU.; de las relaciones entre Román Yocupicio, gobernador de
Sonora, con Heinrich Northe, que era el primer secretario de la legación alemana; de la
presencia del coronel Von Menck en la organización de las policías cedillistas y de la

8
admiración que sentía José Vasconcelos por el Tercer Reich. Finalmente llegó a la
conclusión de que ―el nazismo en México tiene unos 5.000 contribuyentes de clase
media, acaudalados y millonarios, por lo que cree que el servicio nazi se financia a
través de la colonia alemana‖. (AGN, Cárdenas, exp. 704.1/124.1)
La actitud del gobierno fue cautelosa, especialmente porque sectores de la prensa
norteamericana lo consideraban procomunista por sus medidas de gobierno, situación
que se atizaba por la neutralidad que mantuvo hasta 1943. Por eso, pese a que consideró
que se trataba de exageraciones, éstas bien podían traer graves consecuencias. Por ello,
en mayo de 1940, un boletín de la Presidencia de la República declaró que tanto la
prensa como los funcionarios públicos ―deben ser muy cuidadosos en torno al rumor de
la quinta columna y que el gobierno procederá con toda energía contra los elementos
que pretendan comprometer la política de neutralidad del gobierno de México‖. (AGN,
Cárdenas, exp. 704.1/124.1)
La influencia del nazismo en México se dio fundamentalmente en la esfera
ideológica y en sectores de clases media y aristocrática. Si pensamos que la proporción
de clase media de México entre 1930 y 1940 era apenas del 8 al 9 % de la población
total del país, difícilmente podríamos creer que su presencia fuera determinante en el
proceso ideológico de México. Además, había que contar que no toda la clase media
siguió las doctrinas del nacionalsocialismo. Un alto sector de esa pequeña burguesía se
alió a la tendencia reformista del presidente Cárdenas, y otra buena parte se vinculó a
otras tendencias menos comprometidas políticamente. Desde esta perspectiva, es
posible poner en duda el vigor de la penetración ideológica nazi en México, tal como lo
afirmaban sus principales vociferantes.
Además, había que tomar en cuenta que se trataba de una ideología y unos modelos
de acción que resultaban poco accesibles al miembro común y corriente de la sociedad
mexicana. Su transmisión, en un alto porcentaje, se hacía en alemán, idioma poco
difundido en territorio mexicano. El manejo de conceptos difícilmente traducibles y la
identificación con realidades bastante ajenas a las mexicanas hacían que las doctrinas
nacionalsocialistas fuesen de difícil asimilación. (Pérez Monfort, 1993: 69-74)

4. La revista Timón y su recepción en México

Con la ayuda de los comerciantes alemanes en México —los que, al publicarse la


revista, anunciaban allí sus productos y mercancías— el agregado de prensa de la

9
Embajada nazi en la ciudad de México, Walter Dietrich, dispuso los fondos necesarios
para que el 22 de febrero de 1940 apareciera el primer número de Timón, cuya edición
se prolongó por 17 números.
La redacción de la revista fue ubicada en la calle San Juan de Letrán, núm. 68, es
decir, en el corazón de la capital mexicana. La mayor parte de los 17 números tiene
cubiertas de índole política; un soldado alemán en guardia, Hitler dando una patada a
Inglaterra sobre el mapa de Europa, bombas magnéticas de Alemania, el Tío Sam y la
tormenta europea, entre otras. Fue editada, en edición rústica de mil ejemplares, por la
Casa Edimex, editorial de la que no existen mayores referencias en la actualidad y de la
que no circula más ningún título.5
La temática del Timón fue variada y buscó complacer al vulgo a quien estaba
destinado. Aparte de dar noticias de Hollywood, del cine alemán, la ópera, filatelia,
adelantos de la técnica y ciencias alemanas, trozos de varias novelas de Cervantes, Gide
y otros, hay escasas noticias sobre la política en México. Se leen también noticias sobre
varios acontecimientos en los países iberoamericanos, pero la mayor parte de las
informaciones, artículos firmados y no firmados, fotos y observaciones acerca de la vida
política trata de la guerra en Europa, del avance de Alemania en todos los frentes
militares, los planes nazis en el futuro próximo y lejano después de la ―victoria final‖, la
vil y cobarde Inglaterra, la actitud de los Estados Unidos hacia el conflicto europeo, la
superinfluencia judía en las democracias del Occidente, etcétera.
La revista publicó columnas que aparecen en la mayoría o en casi todos los números
de Timón: ―Libros e ideas‖, ―Política internacional‖ o ―Panorama internacional‖, ―La
Semana de México‖ o ―La Semana Nacional‖, ―Centelleos‖ y ―Documentos para la
Historia‖, casi todas de fuentes nazis o fascistas.
El contenido del Timón es violentamente antialiado, es decir, antipolaco, antifrancés,
antiinglés y, claro está, antijudío. Obsérvese un hecho de sumo interés e importancia:
Vasconcelos era muy antiyanqui, pero en la primera mitad del 1940 los Estados Unidos
todavía no han declarado la guerra a las potencias del Eje, y la postura del director de la
revista Timón hacia los norteamericanos es bastante tibia. Trata —al igual que los nazis
en aquella época— de convencer a Estados Unidos que más vale no entrar en la guerra,
que Hitler era un genio militar y que la ―victoria final‖ de Alemania ya estaba

5
Terminado de imprimir en agosto de 1971, el libro está encuadernado en un paupérrimo cartoncillo
azulado y fehacientemente transmite la sensación de ser una obra surgida en la clandestinidad y en
circunstancias editoriales muy adversas.

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asegurada. La misma propaganda está destinada también a los mexicanos. Del
contenido del Timón se puede comprender que sería mejor para México prepararse para
un régimen nazi o pro nazi. Los mexicanos leen en la revista que en Alemania hay
abundancia de víveres, que la ciencia y técnica alemanas son las más desarrolladas en el
mundo entero, que el soldado alemán es el más noble y capaz de todos los otros
ejércitos, y así por el estilo.
La revista contiene muchos artículos no firmados, en su mayoría pro nazis, o
documentos sacados de los archivos militares alemanes, o de las oficinas de propaganda
alemana. En total hubo unos 60 colaboradores, entre los cuales encontramos antiguos
militantes de la campaña presidencial vasconcelista como Andrés Henestrosa; al
hispanista Alfonso Junco, creador de semblanzas y fisionomías literarias; al refugiado
republicano español Benjamín Jarnés, al cronista de temas literarios hispánicos Eduardo
de Ontañón, biógrafo de Fray Servando Teresa de Mier; a Rafael Aguayo Spencer,
estudioso de las obras de Lucas Alamán y Vasco de Quiroga; al bibliotecario David
Arce, responsable de una bibliografía ineludible del propio Vasconcelos; a José Calero,
uno de los pocos colaboradores de la revista que estudiaron en Colegio Alemán; al
poeta, soldado y exiliado político Adolfo León Osorio; y, en fin, a personalidades
variopintas como el Dr. Atl, María Elena Sodi de Pallares y Francis de Miomandre, más
una extensa lista de nombres que hoy poco o nada nos dicen. Entre los periodistas de
mayor presencia en la prensa de derecha estuvieron Carlos Roel, quien en otra revista de
extrema derecha mexicana La Reacción defendía ya antes la guerra el racismo nazi,
además de Antonio López Estrada, Antonio Islas Bravo y Pedro Zuloaga.
La mayoría de las fotos en Timón son de origen alemán, italiano o japonés.
Muestran el heroísmo de los soldados del Eje. Los mapas sobre el estado de las
campañas militares en Europa se publican con títulos alemanes, y la redacción de Timón
ni siquiera se molestaba en traducirlos al español. Aun los anuncios comerciales de la
crema Nivea, crema para los dientes y otros, llevan fotos cuyas caras son claramente
teutónicas, es decir, enviadas directamente de Alemania.

5. La pluma de un intelectual revolucionario

La Revista Timón fue un espacio desde la cual los simpatizantes de la Alemania


nazi podían hablan de los ―grandes adelantos económicos, sociales y políticos‖ que

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vivía aquel país. Nos interesa destacar la participación del educador José Vasconcelos
por la relevancia que tuvo su figura y obra en el campo cultural revolucionario.
La admiración que Vasconcelos sentía por la nueva Alemania fue acompañada
del giro en su pensamiento caracterizado por sus críticas al comunismo, se acercamiento
a la Iglesia y sus objeciones a la penetración económico-política de Estados Unidos en
México. Sus relaciones con la comunidad alemana en México databan desde la
fundación de la Sociedad México-alemana Alejandro von Humbolt en 1934. Dicha
sociedad, de la que Vasconcelos era miembro destacado, se dedicaba a la divulgación y
al estudio de la obra del varón alemán, aunque también era uno de los múltiples
organismos a través de los cuales la legación alemana distribuía propaganda a favor del
nacionalsocialismo. Un último elemento también parecía ser de peso para inclinar la
balanza vasconcelista a favor de Hitler. Decía en su Breve Historia de México, al hablar
del posible ingreso de México en la Segunda Guerra Mundial: ―un gesto de pudor hacía
que la gente recordase que Alemania nunca nos había inferido agravio alguno.‖
(Vasconcelos, 1952: 556)
Entre los meses de febrero y junio de 1940, cuando salieron los números de la
revista, según Itzhak Bar-Lewaw, ―…nuestro don José era un agente de la propaganda
nazi-hitleriana de la peor especie‖. (Bar-Lewaw, 1971: 152-55)
La derrota electoral de 1929 a manos del candidato de Calles y el intento fallido
de levantar en armas al pueblo mexicano hicieron que este pensador modificara sus
ideas hasta llegar a posiciones muy diferentes a las que había sostenido en la década del
veinte.
El ―maestro de la juventud‖, el creador del lema de Universidad de México ―por
mi raza hablará el espíritu‖, para la década del cuarenta es ya un ultramontano en
opinión de Christopher Michael Domínguez. En ese contexto se explica su participación
en la revista Timón. (Domínguez, 1999: 47-193)
Según el mencionado Itzhak Bar-Lewaw: ―Vasconcelos pensaba seriamente que
Hitler ganaría la guerra en Europa, y que en México habría un régimen pro nazi bajo la
presidencia…. –ustedes adivinan ya– de José Vasconcelos‖. Aunque no halló pruebas
directas de que Vasconcelos fuera agente pagado por los nazis, no le quedaron dudas de
que él y su revista fueron instrumentos de la propaganda del III Reich. Pero
Vasconcelos siempre negó su apoyo al nazismo. (Rosas, 2009 y Bar Lewaw, 1971: 153
y 156)

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Noé Jitrik encuentra llamativo que este antisemitismo no lo llevó al Fascismo,
del cual siguió condenando su autoritarismo y la fantochada militarista. Sin embargo, el
advenimiento de Hitler y su prédica antisemita parecieron no merecerle objeciones,
puesto que no las expresó y calló intencionalmente. (Jitrik, 2000: 481)
Su participación en la revista se vio reflejada en artículos firmados por él, en
editoriales y fotos en las cuales se ve al autor en la Embajada alemana en México,
rodeado de personalidades nazis. (Bar Lewaw, 1971: 154-55)
Vasconcelos firmó artículos sobre la excelencia de los tristemente célebres
Protocolos de los Sabios de Sión. En el número 14de la revista del 25 de mayo de 1940,
Vasconcelos publica un artículo ―En defensa propia‖ donde cita un capítulo de los
Protocolos: ―El dominio de la prensa por Israel ha sido sabiamente previsto y ordenado
por el programa mundial judío, y en los Protocolos de los sabios de Sión constan y los
transcribo al respecto... —I. La ensillaremos y como a yegua fogosa, cogeremos corta la
rienda... —II. No llegará noticia alguna a conocimiento de los pueblos que no haya
pasado antes por nuestra censura. —III. Literatura y periodismo son dos potencias
educadoras sumamente importantes, y por esta razón nos adueñamos de la mayoría de
los periódicos y revistas...‖ Y Vasconcelos añade por su propia cuenta: ―No podían
expresarse los judíos más claro en su programa mundial.‖ (Vasconcelos, 1940a)
En otro artículo firmado por José Vasconcelos en la revista Timón (número 16,
el 8 de junio de 1940) bajo el título ―La inteligencia se impone‖, afirma lo siguiente:
―Hitler, aunque dispone de un poder absoluto, se halla a mil leguas del cesarismo. La
fuerza no le viene a Hitler del cuartel, sino del libro que le inspiró su cacumen. El poder
no se lo debe Hitler a las tropas, ni a los batallones, sino a sus propios discursos‖ y
luego agregó sobre el líder alemán: ―representa, en suma, una idea, la idea alemana,
tantas veces humillada antaño por el militarismo de los franceses, la perfidia de los
ingleses. En contra de Hitler, es verdad, se hallan combatiendo Democracias‘
gobernadas por civiles. Pero son democracias de nombre‖. (Vasconcelos, 1940b)
En ―Ante el destino‖ (Editorial, número. 14, del 25de mayo de 1940), la revista
declara: ―Lo que si va apareciendo evidente, aun para los empecinados, es el triunfo de
Alemania sobre sus rivales y el cambio histórico que en consecuencia va a operarse en
el mundo... ¡Pero ganaremos con la victoria alemana!‖. Es consciente el filósofo
mexicano de que Alemania no ―va a constituirse en campeón de Latinoamérica‖. Porque
―Es ley de la Historia que cada pueblo conquiste su propia libertad (…) Y ahora
nosotros en la América española pensamos en que una nación inspirada logra siempre

13
aprovechar los grandes cambios históricos en beneficio de su futuro‖. (Vasconcelos,
1940c)
También están presentes una serie de artículos anti-aliados llevan por títulos: ―El
lobo londinense con piel de oveja‖, ―Un mundo más feliz eliminando el poderío
británico‖, ―Inglaterra se va‖, ―Mucho de lo que puede ocurrir en el mundo si Albión es
vencida‖, ―En cualquier parte del mundo donde hay un negocio, ahí habrá un inglés‖,
entre otros. Los títulos de los mismos reafirman el pensamiento de Ulises mexicano y
no necesitan comentario, fijando con claridad la dirección del pensamiento
vasconceliano de ese momento.

6. Conclusión

En la Revista Timón podemos visualizar las principales tensiones del campo


cultural del periodo de preguerra mexicano. Sus autores intentaron expresar sus
inquietudes ideológicas pese a la resistencia que encontraron. Esta publicación, que fue
concebida como una revista semanal de cultura política disimulada bajo la fórmula de
refinada publicación familiar, se transformó un espacio impreso dedicado especialmente
a un público de clase media.
Tuvo como meta, ante la opinión pública de este país, conferir aceptabilidad al
programa político y a la ideología que propugnaban el triunfo de la Alemania nazi como
resultado inexorable de la Segunda Guerra Mundial. Triunfo que significaría, sobre
cualquier otro factor, la única opción de México para librarse del tradicional dominio
económico y político de Estados Unidos. Sin embargo, la difusión de sus ideas no fue
masiva y la recepción de las mismas sólo encontró eco en un pequeño sector de la
sociedad.
Por otra parte, la Revista fue el punto de contacto entre individuos provenientes
de diferentes áreas y líneas de pensamiento, es decir, coincidieron periodistas y
escritores antiimperialistas, germanófilos, antisemitas, hispanistas y anticomunistas.
Timón da cuenta entonces de un espacio de frontera ideológica, con participación de ex
vasconcelistas como Andrés Henestrosa, admiradores de la obra del ―Maestro de la
Juventud‖ como David Arce, hispanistas como Alfonso Junco o Eduardo de Ontañón;
así como también otros admiradores de la cultura alemana como José Calero. Es decir,
se trató de un grupo heterogéneo, con pocas figuras de renombre, pero que nos permite

14
comprender cuáles fueron los grupos del México de la década del cuarenta propensos al
fascismo.
El cuadro de opositores a Lázaro Cárdenas que mencionamos, ubicados en
muchos casos en la derecha mexicana, no se volvió mayoritariamente nazi o
admiradores de Hitler. Son varios los factores de esta situación, como la presencia e
influencia de Estados Unidos en México, destino en el que la clase dirigente, sectores de
la prensa y muchos opositores encontraban las soluciones para los males mexicanos.
Sólo un grupo mínimo de la clase media, donde el nacionalismo era más fuerte, se
orientó y simpatizó con Timón, pues veían en Alemania un escudo protector contra la
penetración yanqui. A su vez, la falta de alternativas que ofrecía el sistema político
azteca, que ya configuraba el característico autoritarismo de partido único, alentó a
miembros del Partido Antirreleccionista, quienes se sentían birlados en las elección de
1929, a abrazar la causa del totalitarismo fascista. Sin dudas que la cercanía de la
Guerra Civil Española también influyó, sobre todo en quienes le reprochaban a
Cárdenas su apoyo a la causa republicana. Estos hombres encontraron en las potencias
del Eje un buen antídoto contra el socialismo presidencial o simplemente simpatizaron
con los monárquicos peninsulares. Sin dudas que las posibilidades no se agotan aquí y
es posible encontrar otras explicaciones para comprender las simpatías del nazismo
mexicano, por lo que el tema requiere de una mayor precisión que escapa a nuestro
trabajo.
Finalmente cabe preguntarse: ¿Por qué Vasconcelos un héroe de la Revolución y la
cultura de América Latina apoyó esta causa? ¿Por dinero? ¿Por haber sido simplemente
agente nazi? ¿Por venganza en contra de las autoridades mexicanas que, según él, le
impidieron la Presidencia en 1929? ¿Por odio a los norteamericanos en particular, y a
los judíos y anglosajones en general? ¿Pensaba Vasconcelos realmente llegar a ser
presidente de México después de la victoria de Hitler?
La amargura personal de este oaxaqueño influyó en su derrotero ideológico al igual
que la desilusión en el sistema político nacional, que no había seguido el ejemplo
maderista y encumbró lo que para él representaba lo peor de la Revolución. El
abandono de su causa democrática era evidente en la década del treinta, así como el
fortalecimiento de una concepción antropológica negativa del pueblo mexicano. Por lo
cual, la suerte de su patria quedaba atada a la presencia de una figura fuerte, apoyada en
un sistema de tinte autoritario para dirigir a unas masas incapacitadas para gobernarse
por sí misma. Habían despreciado al Ulises mexicano, por lo que no tenían otra opción

15
que un dictador para progresar y defenderse de los enemigos externos.6 (Camargo,
2011)
Sin embargo, fueran los que fueran los motivos personales de José Vasconcelos, no
cabe ninguna duda que la revista Timón, bajo su dirección personal, y los artículos allí
publicados por él y por la mayoría de sus colaboradores, constituyen una mancha en la
vida de este escritor mexicano.

6
Este cúmulo de ideas fueron expresados también por el autor en sus Memorias: Ulises criollo (1935), La
Tormenta (1936), El desastre (1938), El proconsulado (1939) y La flama: los de arriba en la revolución
(1959). (Vasconcelos, 1982a, 1892b y 1959).

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