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Andrés Gerardo Gutiérrez García

Primero de Teología

1 Cor 12, 12-26 El símil del cuerpo


«El cuerpo humano, aunque tiene muchos miembros, es uno; es decir:
todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, forman un solo cuerpo.
Pues así también es Cristo.

Porque hemos sido todos bautizados en un solo Espíritu, para no formar no


más que un cuerpo entre todos: judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos
bebido de un solo Espíritu.

Así también, el cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de


muchos.

Si dijera el pie: “Puesto que no soy mano, no pertenezco al cuerpo”,


¿dejaría por eso de formar parte del cuerpo? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde
quedaría el oído?; y, si fuera todo oído, ¿dónde estaría el olfato?

Ahora bien, Dios colocó cada uno de los miembros del cuerpo donde quiso.

Si todo fuera un solo miembro, ¿dónde quedaría el cuerpo? Por tanto,


aunque los miembros son muchos, el cuerpo es sólo uno. Y no puede el ojo decir a
la mano: “¡No te necesito!”, ni la cabeza a los pies: “¡No os necesito!”

Pensemos que los miembros del cuerpo que consideramos más débiles,
son indispensables; y que solemos cubrir con mayor dignidad a los que nos
parecen los más viles. Así, a nuestras partes menos honrosas las vestimos con
mayor recato, pues nuestras partes honrosas no lo necesitan. Dios ha formado el
cuerpo dando más honor a los miembros que arecían de él, para que no hubiera
división alguna en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocuparan lo
mismo los unos de los otros.

Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él; si un miembro es


honrado, todos los demás toman parte en su alegría».

La visión que san Pablo nos ofrece de la Iglesia nos permite ver con mayor
claridad la realidad de ésta y evitar puntos de vista parciales o reductivos. En esta
parte de su carta a los corintios se propone explicitar cómo es la Iglesia usando la
analogía con el cuerpo humano, en el cual notamos que sus partes no son
homogéneas sino heterogéneas. Es un solo hombre, un solo cuerpo humano, pero
en el que cada parte cumple una función distinta e importante a su manera y la
cual no puede ser realizada por otra.
Entresacando líneas de pastoral de esta perspectiva de la Iglesia, considero
que se puede aplicar muy bien a una diversidad de funciones o tareas en la
actividad pastoral concreta, en la que no sólo es una accesorio sino una necesidad
la participación de todos los fieles cristianos según su condición y posibilidades.
El sacerdote en la parroquia es cabeza, es quien toma iniciativa de la
conducción de toda la actividad del cuerpo, él convoca a todos los agentes de
pastoral a organizarse, a ordenar su actividad en búsqueda de un fin para el
mismo cuerpo, es quien suscita a los agentes a obrar en lo que hace falta (sin que
ello signifique que lo haga todo él).
El cuerpo tiene boca, quienes colaboran con el sacerdote para llevar la
catequesis y Evangelio a otros. Tiene manos para manipular objetos y utilizarlos
para construir, es necesario que aquellos que tenga cierto carisma para realizar
cierto tipo de actividades ofrezcan su talento en favor de todo el cuerpo. Los pies
mueven al cuerpo de un lugar a otro, así que aquellos que pueden llevar al cuerpo
de la parroquia a mejores circunstancias se pongan en marcha. Los ojos y los
oídos pueden llevarle noticias al cuerpo de lo que está fuera de ella o hasta lo que
pasa dentro, para conocer lo que es necesario hacer o en qué hay que poner
atención.
La Iglesia es lugar también para que haya diversidad de acción en favor de
la misma y riqueza de aportes y de recursos humanos.