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“AÑO DEL DIALOGO Y LA RECONCILIACIÓN

NACIONAL”
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES CONTABLES Y
JURÍDICAS
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

ASIGNATURA : TEORIA DEL PROCESO


DOCENTE : ABG.
INTEGRANTES :

GRUPO :»E»
SEMESTRE : VII
Cusco- Perú
2018
PRESENTACIÓN

Dr., docente de la Facultad de la Universidad Tecnológica de los Andes, en la


asignatura de Teoría del Proceso.

De conformidad con el syllabus de la asignatura de Teoría del Proceso, se


desarrolló la siguiente investigación monográfica, el mismo que lleva el siguiente
título “” .Esperando que dicha investigación monográfica cumpla con las
exigencias para que de esta manera poder obtener un opinión favorable.

Con tal fin ponemos el mismo a su consideración.


PRICIPIO DE DIRECCION JUDICIAL DEL PROCESO
El principio de dirección judicial del proceso recibe también el nombre de
principio de autoridad del juez. Su presencia histórica en el proceso civil se
explica como el medio a través del cual se empiezan a limitar los excesos del
sistema privatísticos, aquél en el cual como ya se expresó el juez tiene durante
el desarrollo de la actividad procesal un rol totalmente pasivo, previsto solo para
legitimar la actividad de las partes. En nuestra opinión, el principio de dirección
judicial es la expresión que mejor caracteriza al sistema publicístico. En él, como
sabemos, se privilegia el análisis e importancia del proceso desde la perspectiva
de su función pública, es decir, como medio utilizado por el Estado para hacer
efectivo el derecho objetivo y concretar finalmente la paz social en justicia.
CHIOVENDA: el juez no puede mantener la actitud pasiva que tuvo en el proceso
de otros tiempos, sino que debe estar provisto de autoridad.
En aplicación de este proceso, el juez se convierte en director de proceso,
provisto de una serie de facultades para dejar de ser un “CONVIDADO DE
PIEDRA”. Es por ello que este principio consiste en otorgar al juez la aptitud
necesaria para conducir autónomamente el proceso sin necesidad de
intervención de las partes para la consecución de sus fines.
JUAN MONROY GÁLVEZ: El principio de dirección judicial del proceso recibe
también el nombre de principio de autoridad del juez. El Principio de Dirección
de dirección judicial es la expresión que mejor caracteriza al sistema
publicístico, aquel en el cual como ya se expresó el juez tiene durante el
desarrollo de la actividad procesal un rol totalmente pasivo, previsto solo para
legitimar la actividad de las partes.
Juez la persona que está investida por el Estado de la potestad de administrar
justicia. Podemos considerar que la Dirección del proceso es un deber, no de
carácter funcional, sino de carácter procesal.
DEBERES PROCESALES DE DIRECCIÓN:
• Mantener la igualdad entre las partes
• Excusarse mediando causal (tercero en la relación litigiosa)
• Prevenir y sancionar todo acto contrario al deber de veracidad, probidad, lealtad
y buena fe.
• Procurar la conciliación de las partes
Llamado también en la doctrina, Principio de Autoridad convierte al Juez en el
conductor del proceso, otorgándole atribuciones e imponiéndole deberes que se
encaminan al logro y alcance de los fines del proceso que conoce. Hay quienes
consideran que constituye un intermedio entre el juez dictador y el juez
espectador; que manifiesta la concepción publicista que tiene la normatividad
procesal vigente.
Al respecto, se ha señalado que: “Si bien es cierto que el artículo II del Título
Preliminar del Código Procesal Civil referido al principio de dirección e impulso
oficioso del proceso, privilegia su importancia desde la perspectiva de su función
pública, sin embargo, no es menos cierto, que este principio no descarta la
actividad procesal de las partes, dado que estas en ningún momento dejan de
ser las principales interesadas en lo que se resuelva, constituyéndose de esta
manera en las impulsadoras naturales del proceso, cuya iniciativa deviene en
indispensable no solo para solicitar al juez la providencia que corresponda al
estado del proceso sino también para exponerle los hechos en que sustentan su
petición.”
El principio de dirección judicial del proceso delega en la figura de juez
constitucional el poder-deber de controlar razonablemente la actividad de las
partes, promoviendo la consecución de los fines del proceso de manera eficaz y
pronta.
El principio de dirección judicial del proceso se redimensiona en el proceso
constitucional, en la medida en que la jurisdicción constitucional no es simple
pacificadora de intereses de contenido y alcance subjetivos, sino del orden
público constitucional en conjunto. Con relación a la Constitución, la jurisdicción
constitucional no actúa ni puede actuar como un órgano neutro, sino, por el
contrario, como su principal promotor.
Artículo II.- La dirección del proceso está a cargo del Juez, quien la ejerce de
acuerdo a lo dispuesto en este Código.
El Juez debe impulsar el proceso por sí mismo, siendo responsable de cualquier
demora ocasionada por su negligencia. Están exceptuados del impulso de oficio
los casos expresamente señalados en este Código.
Se le asigna al juez el deber de la dirección e impulso del proceso, por sí mismo,
siendo responsable de cualquier demora ocasionada por su negligencia.
Tradicionalmente se consideraba que el proceso era exclusividad de las partes,
quienes tenían poder omnímodo no solo con el objeto litigioso sino con el
desarrollo del proceso, de tal forma, que solo la parte interesada, ante
irregularidades formales del proceso, podía cuestionarla. El juez no podía
denunciarlo de oficio porque se decía que este debería permanecer extraño al
proceso, a fin que no pierda su imparcialidad. Bajo el principio de no intervención
del Estado, se concibió al juez como un mero espectador de la contienda, con el
único compromiso de pronunciar un veredicto al final del proceso, pero, este
criterio fue superado por una posición jerárquico-autoritaria del juez en el
proceso. Se empezó a hablar del juez-director, como una creación de la doctrina
para atemperar el rigor del juez- espectador. El juez director es el juez que es y
sabe ser el centro del proceso; de ahí que también este principio reciba el
nombre de principio de autoridad, sin embargo este nombre se ha dejado de
lado, por la deformación que podría provocar la idea del juez dictador o
autoritario, situación que difiere del rol protagónico y principal que se le asigna
en el proceso.
El principio de dirección del proceso es la expresión del sistema publicista,
aparecido junto con el auge de los estudios científicos del proceso, caracterizado
por privilegiar el análisis de este desde la perspectiva de su función pública, es
decir, como medio a través del cual el Estado hace efectivo el derecho objetivo
vigente, concretando de paso la paz social en justicia.
No se trata simplemente de sustituir la actividad de las partes por la del juez sino
que es preciso desplazar al centro de gravedad del proceso, hacer del juez ese
centro, manteniendo incólume el poder de disposición del derecho material a las
partes e incluso la iniciativa de éstas para el inicio del proceso.
Por otro lado, el juez en la dirección del proceso debe operar bajo el principio de
preclusión, que no permite retroceder a etapas ya cumplidas, esto es, extinguida
la oportunidad procesal para realizar un acto, este acto ya no podrá realizarse
más.
La dirección del proceso puede definirse como el conjunto de actos que
corresponde cumplir para colocar al proceso en cada una de las etapas que lo
integran, resolver las diversas situaciones que en ellas se susciten, reexaminar
actos defectuosos o injustos, comunicar a las partes o a los terceros las
resoluciones que se dicten, formar materialmente el expediente, dejar constancia
escrita de actos verbales, expedir certificados o testimonios y asegurar la eficacia
práctica de la sentencia definitiva. En resumen podemos decir:
a) la intervención del juez en el proceso ha estado marcada en su desarrollo
por dos posiciones antagónicas: la privada, que exalta el principio de no
intervención del Estado, del juez espectador; y la pública, que enarbola una
posición jerárquico autoritaria del órgano jurisdiccional respecto del conflicto y
los justiciables.
b) la conducción actual del proceso civil está influenciado por una
concepción publicista que confiere poderes vastos y hasta discrecionales al juez
para el desarrollo formal del proceso, conservando siempre las partes su poder
dispositivo sobre el objeto litigioso.
En relación al impulso procesal por parte del juez, se dice que este es una
manifestación del principio de dirección del proceso y por tanto de la orientación
publicista. Consiste en la aptitud que tiene el juez para conducir autónomamente
el proceso -vale decir sin necesidad de intervención de las partes- a la
consecuencia de sus fines. No está de más recordar que dentro de una
estructura procesal dispositiva, hay un cerrado monopolio de las partes respecto
del avance del proceso, el impulso procesal busca precisamente quebrar dicha
exclusividad".

En ese sentido, véase de la redacción de la norma que no hace referencia a una


facultad, sino a un deber, el mismo que se va a reafirmar posteriormente, en el
inciso 1 del artículo 50 del CPC, cuando enfatiza que el juez dirige el proceso,
velando por su rápida solución, adoptando las medidas convenientes para
impedir su paralización.

Ese deber aparentemente se contradice con la posibilidad que tiene el juez de


declarar el abandono de oficio (ver el artículo 346 del CPC), sin embargo ello no
es así. Hay que precisar que el deber de impulsar de oficio el proceso se agota
en la imposibilidad de realizar alguna actuación procesal, cuya realización
dependa exclusivamente de la parte o las partes; en tanto ello no suceda, el
deber del impulso del proceso por el juez seguirá inmanente. Por citar, si el
proceso se paraliza porque la parte actora no cumple con señalar la dirección
clara y precisa para el emplazamiento del demandado (por citar, omite señalar
el número del departamento o del interior del inmueble para la notificación) o no
cumple con la publicación de los edictos. En dichos supuestos, operaría el
abandono, siempre y cuando transcurra el plazo legal de los cuatro meses, pues
se trata de actuaciones cuya realización no depende de la actividad del juez sino
del diligenciamiento de la parte actora.
Esto implica que agotado el plazo para la contestación de la demanda, sin que
ésta se haya materializado, el juez de oficio, tiene el deber de declarar la rebeldía
del demandado y señalar fecha para audiencia y no esperar que la parte actora
lo solicite para continuar con el trámite del proceso; salvo los casos que por Ley
estén exceptuados del impulso de oficio, como ocurre en los procedimientos de
divorcio por causal o en la responsabilidad civil de jueces (véanse los artículos
480 y 509 del CPC ).
Apréciese que la norma en comentario, hace referencia a la responsabilidad que
se puede atribuir al juez, "cuando la demora del proceso sea ocasionada por su
negligencia"; en ese sentido, hay que precisar que la Ley Orgánica del Poder
Judicial atribuye responsabilidad disciplinaria al juez que no observe los plazos
legales para proveer escritos o expedir resoluciones dentro de los plazos fijados
(ver el inciso I del artículo 201); sin embargo, la demora en el proceso ocasionada
por su negligencia, podría extenderse hacia la responsabilidad civil del juez,
siempre y cuando el ejercicio de su función jurisdiccional cause daño que
demande reparar. Sobre el particular, véase la redacción del artículo 509 del
CPC que cataloga de conducta dolosa, "si el juez deniega justicia al rehusar u
omitir un acto', criterio que consideramos sea redefinido hacia la responsabilidad
objetiva del Estado, ante la inejecución de los deberes expresos de los jueces
(ver el artículo 50 del CPC), como lo sostenemos en el comentario pertinente a
dicha norma.
Es importante precisar que el impulso de oficio no es una regla general aplicable
a todo proceso civil, sino que de manera excepcional se puede exceptuar de
dicho impulso a los casos expresamente señalados en este Código, como la
prescripción adquisitiva, rectificación o delimitación de áreas o linderos (ver el
artículo 504 del CPC), la responsabilidad civil de jueces (ver el artículo del 509),
en los procesos de divorcio por causal (ver el artículo 480 del CPC), entre otros.1

PRINCIPIO DE CONCENTRACION
Este principio es un complemento del principio anterior que se ha glosado y
conforme al cual el proceso debe realizarse dentro del menor número de actos
procesales sin perjuicio de la normal regularidad procesal de todos y cada uno
de los actos. Es concentración en la medida que algunas veces y según la
naturaleza del proceso en una sola audiencia se realizan varios actos como
sucede por ejemplo en la actuación de los medios probatorios, audiencia en la
que se ejercita la declaración de parte, la declaración de testigos, y la pericia.
Alzamora Valdez, al referirse a este principio afirma que “la concentración
impone como regularidad procesal que el juicio se desarrolle sin interrupciones,
que no proliferen las cuestiones incidentales y que la sentencia revele todo lo
que ha sido cuestión del debate procesal”
El principio de concentración es una consecuencia lógica del principio de
inmediación anteriormente. Cualquier organización judicial fracasaría si la
participación obligada del más importante de sus personajes -el juez ocurriese
en un número indeterminado de actos procesales. Es imprescindible regular y
limitar la realización de estos, promoviendo su ejecución en momentos estelares
del proceso para darle factibilidad a la necesaria presencia del órgano
jurisdiccional.
Tal acumulación de actos procesales, forma de audiencias, no solo determinará
que el juez pueda participar de todas ellas, sino que, además, le otorgará una
visión de conjunto del conflicto que va a resolver.
DEVIS ECHANDÍA comenta este principio de la siguiente manera: “Para esto se
deben procurar los medios de que la relación nacida del proceso, que, como
veremos, se denomina jurídico-procesal y tiene su propia fisonomía, se
desenvuelva sin solución de continuidad y de manera de evitar que las
cuestiones accidentales o incidentales entorpezcan el estudio de lo fundamental
del juicio; lo cual solo se obtiene restringiendo el derecho de interponer recursos
o incidentes de previa definición, lo que está muy lejos de existir en nuestro
procedimiento, pues, por el contrario, se les da a las partes demasiada facilidad
para postergar la solución definitiva del litigio y hacerlo interminable". 2

1 http://blog.pucp.edu.pe/blog/seminariotallerdpc/2009/10/15/principios-
2http://files.uladech.edu.pe/docente/17906995/TEORIA_GENERAL_DEL_PRO

CESO/Sesión%2003/PARTE3.pdf