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CENTRO DE ESTUDIOS BICENTENARIO COLECCIÓN AMÉRICA lATINA


CHILE
1810-1910-2010

CIP - Centro de Estudios Bicentenario

Knight, Alan, 1946-


Revolución, democracia y populismo en América Latina / Ajan Knight; traducción
Miriam Rabinovich.

Incluye notas bibliográficas.


Revolución, Democracia
Incluye índice onomástico

1.- América Latina - Política y Gobierno.- 2.- Democracia


3.-Populismo - América Latina.- 4.- Revolución.- 1.-t.
- América Latina.- y Populismo
CDD 22
en América Latina
320.980 2005 RCA2

Alan Knight

© Centro de Estudios Bicentenario, 2005


Correo W 30 Casilla 189, Vitacura - Santiago - Chile
http://www.hicentenariochile.cl
contacto@bicentenariochile.c1

Derechos reservados

ISBN: 95&-8147-19-5
Inscripción Registro de Propiedad Intelectual N° 150.689

Forograffa de Portada: Gentileza de diario La Tercera


Diseño de Portada: Elena Manríquez

Impreso en Andros Impresores EDICIONES


Hecho en Chile/Printed in Chile
CENTRO DE ESTUDIOS BICENTENARIO
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la tapa, puede ser reproducida, almace- SANTIAGO
nada o transmitida en manera alguna por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico,
óptico: de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor.
2005
Alan Knight
Revolución, Democracia y Populismo en América Latina

de mirar un proceso histórico tan complejo y heterogéneo. Hasta ahora la CAPÍTULO 2


Revolución -es decir, el régimen nacido de la Revolución- ha conferido un
grado de estabilidad política y continuidad histórica poco usual en Améri- LA REVOLUCIÓN MEXICANA: ¿BURGUESA?
ca Latina: un logro hecho posible por su ubicación dentro de una secuen- ¿NACIONALISTA? ¿O SIMPLEMENTE UNA "GRAN REBELIÓN"?*
cia acumulativa más amplía -Independencia, Reforma, Revolución- que
podemos interpretar tanto en términos de transformación socioeconómica
(en definitiva de un carácter "capitalista-burgués") como de integración
nacional-política, ideológica y cultural. Juntos, estos episodios y sus resi-
duos conforman el "Gran Arco" mexicano (indudablemente que Paz pre- ¿Qué clase de revolución fue la Revolución Mexicana? La naturaleza de la
feriría una "Gran Pirámide"): un edificio único en el paisaje latinoamerica- pregunta es tal que cualquier respuesta -especialmente una respuesta bre-
no con respecto a su masa y durabilidad. A la luz de esta historia tan especial, ve como ésta- debe ser tentativa, porque involucra no sólo la considera-
queda por verse si el régimen actual está perfeccionando el Arco o si, cons- ción de un amplio y complejo proceso histórico (sobre el cual puede haber
ciente o inconscientemente, está socavando sus cimientos. desacuerdos empíricos mayores), sino también la aplicación de teorías apro-
piadas o conceptos organizadores (con respecto a los cuales las presuncio-
nes a priori pueden diferir en forma radical). Los argumentos históricos,
obviamente, nunca son enteramente empíricos, y siempre dependen de la
aplicación de algunas teorías/ conceptos/"leyes" exógenas: constructos teó-
ricos abiertos (marxismo, teoría de la modernización o de la independen-
cia), el "modelo deductivo-nomológico" hempeliano, o dicho modelo
pomposamente adornado con máximas de "sentido común". Con respecto
a algunas preguntas históricas, la teoría "exógena" se da por descontada:
"los hechos hablan por sí mismos". Sin embargo, éstos son más raros de lo
que a menudo se piensa. Muchas preguntas, especialmente las preguntas
de trascendencia, demandan un cierto importe teórico, conceptual, com-
parativo. Los historiadores -y otros-que rechazan un enfoque de este tipo
(ya sea tácitamente, o en el caso de Richard Cobb, con un cierto garbo
agresivo), I salen doblemente perjudicados: (a) ellos descartan un amplio y
legítimo campo de investigación histórica y (b) se engañan a sí mismos con
que la pregonada ausencia de teorías/ conceptos/ comparaciones "impues-
tas", "extranjeras" le abre la puerta a la oscuridad, la arbitrariedad y a prác-
ticas camufladas de "sentido común".
Algunos historiadores de la Revolución Mexicana siguen este camino.
Otros, meritoriarnente, introducen teorías y conceptos generales. Pero de-
masiado a menudo lo hacen de manera dudosa. Un espectáculo común y
triste es el del historiador narrativo quien, arremetiendo desde las agu,ls

Este artículo fue publicado originalmente con el título "The Mexican Rcvolution: Bourgcois?
Nationalist? Or just a 'Great Rebellion?", en Bulletin 01 Latin. Amen"can Research; Vol. 4. ~' 2
(1985), pp. 1-37.
Richard Cobb, The Police and the People: Frenen Popular Protest, 1789-1820 (Oxford, 10i2).
pp. xvii-xix.

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,;;5
Ajan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capítulo 2. La Revolución Mexicana

poco profundas de la historia empírica (generalmente en un breve prefa- de Frank sobre la ubicuidad de! capitalismo en América Latina desde la
cio o conclusión) se aferra instintivamente a un salvavidas marxista, el cual, Conquista.f La definición de capitalismo de Cockcroft, como la de Frank,
totalmente inadecuado para ese propósito, se desinfla rápidamente, dejan- pone énfasis en las relaciones de intercambio más que en las de produc-
do a la víctima luchando por mantenerse a flote. En su reciente The Creat ción. Contrastando con esto, él considera el feudalismo como una forma
Rebellum, que figura -sin mediar disculpa a Clarendon- en otra serie más de "economía cerrada", de una manera radicalmente diferente de Kula o
acerca de "Revoluciones en el Mundo Moderno", Ramón Ruiz afirma que Banaji.? Pero, si e! mercado y la economía del dinero son lo más importan-
México no experimentó una revolución sino "una gran rebelión". El argu- te, Cockcroft también señala que su crecimiento está acompañado por un
mento que llama la atención (¿qué le habrá parecido al editor de la serie?) "correspondiente desarrollo del trabajo asalariado", que él afirma como un
se deriva del modelo de Ruiz de una revolución del siglo XX, el cual -como hecho empírico de la sociedad porfiriana: el 80% de la fuerza laboral esta-
en Rusia, China o Cuba- debe lograr "una trasformación de la estructura ba formado por proletarios agrícolas.f De donde se desprende que la eco-
básica de la sociedad", cambiando radicalmente "las estructuras de clase así nomía mexicana fue innegablemente capitalista antes, durante y después
como los patrones de riqueza y distribución del ingreso", y, además, de la Revolución. Por lo tanto, ¿qué fue lo que logró la Revolución? Logró
"modifi (cando) la naturaleza de la dependencia económica de una nación "poco más que derrocar a Porfirio Díaz y cambiar parte de la ideología del
del mundo exterior'l.é De esta manera, 1917 se convierte en la vara de medir cambio social"." No hubo "cambios radicales en la estructura de clases y en
y, comparados con los bolcheviques, los revolucionarios de México son una las relaciones de poder entre clases". Sin embargo, la Revol ución fue el pro-
alpargata vieja; simples "rebeldes": "si se le mide según los estándares de ducto de un conflicto de clases; de "explosiva confrontación entre proleta-
Lenin y sus discípulos ... (a Zapata) desgraciadamente le falta bastante para rios y capitalistas". Fue, en efecto, una fallida revolución proletario-socialis-
ser un revolucionario't.é Debemos señalar, para futura referencia, que Ruiz ta que desafió, pero no pudo derrotar, un orden establecido burgués, y que
le concede sin reparos a la Revolución Francesa el status de "revoluciona- ha dejado un legado de "intenso conflicto de clases". La tarea del historia-
ria", y que reconoce un vago parentesco entre las revoluciones francesa y dor (radical) es, por lo tanto, enfatizar el rol del Movimiento Precursor
mexicana, en el sentido de que esta última "tiene reminiscencias" de la (especialmente e! P.L.M.) Yde asirnilarlo a una inquebrantada tradición de
primera. Pero mientras en Francia la revolución "derribó al Antiguo Régi- protesta revolucionaria que va de Flores Magón pasando por Zapata y el
men y lo reemplazó con un estado capitalista manejado por la burguesía", Sindicato de Petroleros de los 1930 hasta Lucio Cabañas. La tesis de Adolfo
México no experimentó ninguna transformación tan dramática; a lo sumo, Gilly de la "revolución interrumpida" es substancialmente similar.!" Aun
se trató de una rebelión o una forma de "protesta burguesa", que sólo po- cuando esta interpretación tiene el mérito de enfatizar el rol central de las
dría "estilizar y actualizar" un capitalismo preexistente. 4 Hacia 1910, la única fuerzas populares -y de verJas actuar de manera autónoma y no como el
indiscutible revolución -acreedora de tal nombre- era una revolución so- "material inerte moldeado por la voluntad de unos pocos líderes"- es rara
cialista. La agenda de la historia -el transcurso del "tiempo mundial", para vez crítica y demasiado a menudo romántica en su descripción de dichas
usar un término que está de moda- hizo esto inevitable." fuerzas.l! Las diferencias de importancia y los antagonismos se difuminan
De esta manera se desinfla el salvavidas de Ruiz, llevándolo hacia el cuando los grupos se juntan en un mismo montón bajo la rúbrica revolu-
fondo. Otros se agarran firme y pueden verse moviendo agitadamente bra-
zos y piernas en el agua durante un tiempo.James Cockroft, por ejemplo,
está convencido de la naturaleza capitalista de la sociedad porfiriana y, por James D. Cockroft, IntellectualPrecursorsoftheMexican Reuolution, 1900-1913 (Austin and London,
1976), pp. xiv-xv, 6,14,29-30 Y 34_
lo tanto, se muestra cálidamente receptivo a la amplia especulación teórica Ibid., p. 29; cf. Witold Kula, An economic Theory oJ the Feudal Systern: towards a Model of th« Polish
Economy, 1500-1800 (LondonI976);J. Banaji, "Modes ofProduction in a Materialist Conception
on History", Capital arul Class 3 (1977): 1-44, especialmente 18-21-
Ramón Eduardo Ruiz, The Great RebelLionMéxico, 1905-1924 (New York, 1980), pp. 3-4. Cockcroft, Intellectual Precursors, pp_ 29-30.
¡bliL, p. 8.
¡bid., p. xvi.
¡/¡id., pp_ 4, 7 Y 409-410. ID Ibid., pp_ xvi-xvii;Adolfo Gilly, La Revolución Interrumpida, México 1910-1920: una guerra campe-
Theda Skocpo1, State and Social Reuolutions. A Compmutíoe Analy'is of Franee Russia and China sina por la tierra y el poder (México, 1971); y Donald Hodges y Ross Gandy, México 1910-1982:
(Cambridge, 1980), p. 23; el cual es avalado por Walter L. Goldfranck, "Theories ofRevolution Reform or Reuoluiion (London, 1983), P: 83, para un comentario empático acerca de Gilly.
and Revolution Withoul Theory", The01) and Society 7 (1979), pp_ 135-165_ 11
Gilly, La Revolución Interrumpida. p. 386.

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Capitvio 2. La Revolución Mexicana
Ajan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina

cionaria; los roles de los actores históricos como el P.L.M., y de fuerzas his- Revolución fue ... mucho menos radical que la ocasionada por las conmo-
tóricas, como el "antiimperialismo" han sido demasiado exageradas. De ciones sociales del presente siglo".15 Tampoco se ve que los campesinos
ahí que sea posible la lectura de un manuscrito histórico reconstituido para franceses del siglo XIX -los presuntos beneficiarios del cambio revolucio-
presentar argumentos conternporáneos.P Más que nada, esta interpreta- nario- hayan quedado en una espectacularmente mejor situación que sus
ción debe enfatizar el carácter fallido -o "interrumpido"- de la revolución. padres v abuelos.l'' El paralelo con México, evidente en estas conclusiones,
La revolución es importante no por lo que hizo, sino por lo que no hizo se refuerza si se incluyen los cambios políticos, lo que trae a la mente el
(no estableció el socialismo); o, por lo que, en algún momento futuro, des- agudo análisis de Tocqueville: "la Revolución tuvo dos fases claramente
pués de una larga "interrupción", todavía podría hacer. diferenciadas: una, en la cual el único objetivo pareció barrer radical-
Ruiz, Cockcroft y Gilly rechazan todos ellos la noción de que la de 1910 mente con el pasado, y una segunda en la cual se hicieron esfuerzos para
haya sido una revolución burguesa (Gilly enfáticamente repudia la idea, rescatar fragmentos de las ruinas del antiguo orden"; como resultado de lo
calificándola de una "herejía pequeño-burguesa, socialista-centrista") .13 Ruiz cual emergió "un gobierno al mismo tiempo más fuerte y más autocrático
y Cockcroft lo hacen (a) porque ellos conciben al antiguo régimen como que aquel que la Revolución había derrocado". 17
capitalista en todo caso, y (b) porque la de ellos es una exigente, simplista Por lo tanto, Ruiz no se muestra muy consecuente al otorgarle a la Re-
pero común noción de "revolución". Para ellos, así como para Theda volución Francesa el status "revolucionario" que le niega a la Revolución
Skocpol en su reciente y más bien sobrevalorado estudio comparativo, las Mexicana. En términos más generales, es no histórico y teóricamente
revoluciones son "rápidas transformaciones básicas del Estado y de las es- anquilosante esperar que la Revolución Mexicana -o cualquiera otra, espe-
tructuras de clase de una sociedad, acompañadas y en parte llevadas a cabo cialmente una revolución burguesa "tocquevilleana"- logre cambios radi-
por una rebelión de base clasista, que surge desde abajo". Para poder ser cales en las relaciones sociales (o, más específicamente, en las relaciones de
miembro de este selecto grupo (porque, como lo reconoce Skocpol, éstos producción) en un tiempo relativamente corto, por medio de medidas
son "acontecimientos que ocurren rara vez en la historia moderna del mun- políticas violentas. Hasta las revoluciones socialistas leninistas son procesos
do"), un evento con aspiraciones de revolución debe involucrar "una exitosa más que acontecimientos aislados (es decir, son procesos iniciados y marca-
transformación sociopolítica -un cambio real de estado y estructuras de cla- dos por acontecimientos destacados: en este sentido, la Revolución China
se" (cursivas en el original) .14 Ruiz y Cockcroft son, a decir verdad, aún es incluso un mejor ejemplo que la rusa). Por lo demás, las revoluciones
más exigentes (por esta razón, Skocpol está preparada para concederle a la burguesas son, en comparación, eventos dilatorias. De esta manera, la ima-
Revolución Mexicana el status revolucionario; veremos por qué en un mo- gen de Enrique Semo de sucesivas olas de revolución burguesa-ISIO, 1854,
mento). Para ellos sólo puede haber revoluciones "burguesas" y"socialis- 1910- es más convincente, realista e históricamente fiel. 18 En este caso, la
tas", y se descarta la primera posibilidad por razones empíricas y teóricas. revolución en las relaciones de producción es materia de la longue durée,
En su "teoría" hay implícita una errada noción de cómo debe ser una revo- pero ha estado salpicada y acelerada en forma decisiva por acontecimien-
lución "burguesa". Hemos señalado que Ruiz acepta que 1789 haya sido tos políticos y conflictos sociales. El paralelo con Francia -1789, 1830, 1848-
una revolución burguesa. Sin embargo, los historiadores ya no creen que es manifiesto. 19 Los historiadores no deberían estar buscando un solo gol-
1789 (es decir, el proceso de cambio iniciado en 1789 y continuado hasta, pe por nocaut revolucionario, sino la acumulación de golpes que termina-
digamos, 1815) haya destruido el "feudalismo" e instaurado el "capitalis-
mo". Con respecto a las relaciones sociales y de propiedad, la Revolución
Francesa no expropió a clases completas ni subvirtió el patrón de tenencia 15 Norman Hampson, A Social Histm» of the French Reoouuion (London, 1976),pp. 251 v 254;
Roger Price, An Economic History ojModnn Fronce, 1730-1914 (London, 1981),pp. 68 Y 83-í:Q,
de la tierra previo a 1789: "la transferencia de propiedad ocasionada por la discute que los cambios decisivos en el desarrollo socioeconómico francés sucedieron a fines
del siglo diecinueve, con el desarrollo del ferrocarril.
12 ¡bid., pp. 43 Y 226-227; Hodges y Gandy, México 1910-1982, pp. 180-181; Armando Barra, "La lti Algunos sí, los "grandes kulaks"; la mayoría probablemente no. Ver Roger Magraw, France
revolución mexicana de 1910 en la perspectiva del magonismo", en Adolfo Gilly el al., Interpre- 1815-1914: Tlte Bourgeois Centllry (Loridon , 1983), pp. 106-113.
taciones de la Revolución Mexicana (México, 1998), pp. 91-108. 17 Alexis de Tocqueville, L4ncien Régime (Oxford, 19(4), pp. 4-5.
13 Gilly, Interpretaciones, pp. 387-388. lB Enrique Semo, Historia Mexicana: economía y lucha de clases (México, 1978), p. 299.
14
Skocpol, State and social reuolulions. pp. 4-5. 19 iu«, pp. 284 Y 300.

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Alan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capítulo 2. La Revolución Mexicana

ron con el antiguo orden social. Ellos deberían evaluar su efecto repercusivo lugar de teorías basadas en el análisis de la acumulación y la lucha de cla-
individual y su relación secuencia!. Esto, en el espacio permitido, es lo que ses", se ha señalado que los exponentes de este enfoque "utilizan los con-
trataré de hacer. ceptos políticos de Poulantzas -"bloque de poder", "hegemonía", "clase
Cualquier ejercicio de este tipo, sin embargo, corre un riesgo en el gobernante", etc.- como casilleros que pueden llenarse con los conceptos
que muchos análisis marxistas/marxisantes recientes -y no solamente los relevantes de un análisis político de la estructura de clases de cualquier
de la Revolución Mexicana- han incurrido: un descenso hacia una especie estado dado".24 Algunos análisis similares de la Revolución, en los cuales
de funcionalismo marxista.s'' Conscientes de las complejidades del regis- facciones políticas como el villismo y el carrancismo son reducidos a clases
tro histórico y al no aceptar, con razón, una burda transición de "feudal" a o a fracciones de clases, generalmente sobre la base de dictámenes ideoló-
"burgués", algunos autores han multiplicado ingeniosamente sus concep- gicos sin mayor fundamento y/o una estrecha prosopografía, son también
tos explicativos, produciendo algunos híbridos grotescos como el Porfiriato bastante conocidos. Ya me he referido a este enfoque en forma crítica an-
"feudocapitalista" de Manuel Aguilar Mora.t! Juan Felipe Leal ha cons- teriorrnente.P
truido una completa cronología funcionalista del ancien regime: creación Dos variantes en particular de esta interpretación de la Revolución ba-
de un estado capitalista (circa 1854), hegemonía del segmento terrateniente sada en la "segmentación social" merecen una mayor atención. En primer
liberal, bajo una forma parlamentaria (1867-1876); crisis hegemónica (1876- lugar, está la moda de las explicaciones bonapartistas (que, nuevamente,
1880); 1880, recomposición del bloque de poder, hegemonía del segmen- muestran la influencia de Poulantzas y su escuela). 26 Según este análisis, la
to imperialista de la burguesía, dictadura del ejecutivo; 1890, irrupción de Revolución estableció un régimen bonapartista en el cual la llegada a un
la burguesía industrial mexicana, "transformación y diversificación de los punto muerto de las fuerzas de clases permitió a los líderes revolucionarios
terratenientes", y "nuevos componentes del bloque de poder"; 1908, "ex- -al "caudillisrno revolucionario" de los sonoranos- asumir el control políti-
pulsión de un sector de los terratenientes del bloque de poder".22 No sólo co en forma relativamente autónoma de las fuerzas de clases (aun cuando,
mucho de esto podría cuestionarse empíricamente, sobre todo porque se en definitiva, esto favoreció los intereses de la burguesía). 27 Acá nueva-
ven rupturas cuando hay continuidad, y por referirse a atribuciones políti- mente hay problemas serios tanto teóricos como empíricos. La formula-
cas que pueden conducir a error como, por ejemplo, la supuesta "forma ción original que hiciera Marx del bonapartismo es de por sí confusa. La
parlamentaria" de 1867-1876.23 También merece dudas teóricas el que haya burguesía, que estaba gobernando en forma "absoluta" en un momento
tomado la historia política "burguesa" convencional -a menudo muy con- dado, le entrega entonces el poder a Luis Napoleón, y todas las clases "igual-
vencional- y la haya investido posteriormente con un presunto contenido mente impotentes e igualmente mudas, caen de rodillas ante la culata del
y significado de clase. Las administraciones se reducen mecánicamente a rifle"; el Estado no es sólo "relativamente autónomo", sino, parece ser "com-
clases o a fracciones de clases: los cambios en la superestructura son atri- pletamente independiente't.P Así y todo, al mismo tiempo "el poder del
buidos a profundos movimientos sísmicos más abajo. Aun cuando puede estado no queda suspendido en el aire. Bonaparte representa a una clase
haber precedentes para ese tipo de análisis entre los clásicos del marxis- ... la de los pequeños campesinos terratenientes'V? Anteriormente, debe-
mo, por ejemplo, en Las luchas de clase en Francia, 1848 a 1850 de Marx, mos señalar, ha sido ellumpenproletariat -la "escoria, basura y deshechos de
ellos no son las autoridades teóricas de más peso. Sin embargo, este enfo- todas las clases"- el que constituye "la única clase en la que él puede basarse
que -por medio del cual las atribuciones clasistas se deducen de la lectura
de una narrativa política convencional- es bastante común, como, por ejem- '24
John Holloway y Sol Picciotto (eds.), State arul Capital: A Marxist Debate (London, 1978), p. 9.
plo, lo parecen sugerir el trabajo y la influencia de Nicos Poulantzas. "En 25 Ajan Knight, "Peasant and Caudillo in the Mexican Revolution", en DA. Brading (ed.), Cau-
dillo and Peasant in the Mexican Reoohuion. (Cambridge, 1980), pp. 39-58.
26 Nicos Poulantzas, Poder político y clasessociales en el estado capitalista (Madrid, 1973), pp. 336--341.
~o
Aidan Foster-Carter, "The Modes ofProduction Controversy", New Lefí Review 107 (1978), pp. 44-77. 2i
Semo, Historia Mexicana, pp. 240,298; Hodges y Gañid, pp. 82-89, 125-129, 167 Y 200-225;
:!!
Manuel Aguilar Mora, "Estado y revolución en el proceso mexicano", en GilIy et al., Interpreta- Anatol Shulgovsky, México en la encrucijada de su historia (México, 1977), pp. 4243 Y pássim;
dones de la Revolución Mexicana, p. 110. Steve E. Sanderson, Agrarian Populism and the Mexican Sta te: The Strug{{le for Land in Sonora
Juan Felipe Leal, "ElEstado y el bloque en poder en México: 1867-1914", Historia Mexicana 23 (Berkeley, 1981), e.g., p. 209.
(1973-74), pp 700-72l. 2R
Karl Marx, The Eighteenth Brumaire of Louis Bonaparte (Moscow, 1977), pp. 52, 103 Y 105.
~3
Cf Laurens l:\alIard Perry, Juárez and [Haz: Mnchine Politics in México (Dekalb, 1978). 29
Ibid., p. 105.

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Capitulo 2. La Revolu.ción Mexicana
Ajan Knight Revolución,Democraciay PopuJismoen AméricaLatina

una sola clase hegemónica indicaba no tanto su relativa autonomía como


en forma incorrdicional't.é'' y, una vez en el poder, Bonaparte "está obliga-
su rol como objeto y víctima del conflicto de clases. De donde se demuestra
do a crear una casta artificial", es decir, a la burocracia, que dispuesta "a lo
que las clases no se quedaron "impotentes ... y mudas ante la culata del
largo de las clases en que efectivamente se divide la sociedad", cimiente su
régimen.3! Finalmente -como lo recalcan los proponentes de esta teoría- rifle", sino que, por el contrario, actuaron activa y articuladamente en sus
lo que el bonapartismo sustenta en definitiva es el capitalismo burgués: esfuerzos para sacarse la culata del rifle de su costado. Talvez, ésta fue una
Bonaparte "siente que su misión es salvaguardar el 'orden burgués"'.32 A situación excepcional, pero duró hasta finales de los 1940, cuando la bata-
pesar de ser robusto y polémico, Ileno de paradoja y epigrama, el Dieciocho de lla por el poder del Estado se perdió y se ganó y el Estado asumió su rol
Brumario de Marx escasamente puede considerarse una obra de especula- "normal", en el cual la "relativa autonomía" (en grado debatible) fue débil
ción teórica rigurosa. Sin embargo, ha formado la base de un completo des- o no existente.
pliegue de constructos teóricos: el bonapartismo, el cesarismo, el Estado ca- Unida a esta interpretación está la noción común de un cambio mayor
pitalista "excepcional" y "relativamente autónomo", interpretaciones del -logrado por la Revo1ución- desde la hegemonía del comtrrador hacia la de
fascismo en Europa y del populismo en América Latina (para algunos, la burguesía nacional. LaRevolución puede no haber desmontado el feuda-
populismo y bonapartismo son prácticamente intercambiables). 33 No es de lismo, pero le arrancó el poder a un segmento social y se lo otorgó a otro,
sorprender, dadas estas poco sólidas bases teóricas, que estos constructos se cuyo "proyecto" difería radicalmente respecto a la política económica y las
tambaleen. Y,agravando la responsabilidad de sus arquitectos, lo peor es que actitudes hacia el comercio exterior y la inversión extranjera. Sin embargo,
abren sus puertas a todos sin discriminación. Son tantos los regímenes admi- como han debido admitir eminentes proponentes de esta interpretación,
tidos a los salones cesaristas/bonapartistas, que su misma "excepcionalidad" la recientemente instalada burguesía nacional desplegó una extrai1a
(que constituye su razón de ser teórica), comienza a merecer dudas: los esta- ambivalencia y casi no hizo su cometido: durante los 1920, crecieron el
dos relativamente autónomos abundan. Formar parte de este grupo es fácil comercio exterior y la inversión extranjera, Y también creció la dependen-
porque los criterios de admisión son muy poco estrictos. cia de los Estados Unidos.36 Lo que para ellos es un rompecabezas y/o una
El populismo, se ha argumentado convincentemente, representa un traición es, en realidad, bastante poco problemático y congruente si (a) el
deficiente concepto organizador para comprender el desarrollo histórico proyecto del régimen revolucionario se ve como esencialmente moderado,
de América Latina.é" Y en el caso específico de México, el bonapartismo pragmático y evolucionario y (b) el origen de su prosapia se acljudica al
ejerce un atractivo especial en virtud de su misma flaccidez ideológica. Sin Porfiriato y no a una mítica génesis al calor de la revolución popular. Los
embargo, hay fuertes objeciones ideológicas: no hubo ninguna "enorme revolucionarios fracasaron -a decir verdad, escasamente intentaron- rom-
burocracia, llena de galones y bien alimentada", que haya gobernado a per la "dependencia" mexicana porque nunca tuvieron la menor intención
México en los 1920. Tampoco estoy de acuerdo en que fue el estado de de hacerla. Como sus predecesores Científicos (me refiero a los Científicos
Sonora la "enorme organización burocrática y militar" que (según la teo- de los 1900) ellos buscaron solamente renegociar las relaciones de México
ría) mantuvo al imperio bonapartista en México y le confirió al estado su con el capital extranjero, en consonancia con los cambios forjados por una
relativa autonomía. 35 En términos simples, el Estado mexicano de los 1920 generación de crecimiento porfiriano. Dadas sus declaraciones y políticas
era demasiado débil como para poder colocarse por encima de las clases
sociales a la manera bonapartista; y el hecho de que no fuera el agente de
~G Arnaldo Córdova, La ideología de la Revolución Mexicana: La jormación del nuroo régimen (Méxi-
co, 1977) considera "la lucha en contra del dictador (porfiriano)" como involucrando "desde
el principio, y en la forma más coherente, una lucha en contra de la dominación extranjera":
so tu«, p. 63. sin embargo, él admite fmalmente que la revolución no cambió -ni trató de canlbiar- la
31 tu«, pp. 110-111. "dependencia económica" de México: ver pp. 248 Y260. Cf. Lorenzo Meyer, "Hisiorical roots
32 nu., p. 112. of the authoritarian state in México", en José Luis Reyna y Richards S. Weinert (cds.},
33 Poultantzas, pp. 336-341 Y del mismo autor Fascism and Dictatorship: The Third lnternaiional arul
Authoritarianisrn in México (Philadelphia, 1977), p. 17; Héctor Ag-uilar Camin, "The Rctevant
the Problem oj Fascism (London, 1974). Nótese el comentario de Marx sobre el "cesarismo":
Tradition: Sonoran Leaders in the Revolution", en Brading (ed.), Caudillo nrul Peasan l.
Eighteenlh Brumaire, p. 6. pp. 122-123, que lamenta la caídade una burguesía nacional otrora vigorosa y cita, como
34 Tan Roxborough, "Unity and Diversity in Latin American History",]oumal 01Latin American
corroboración, al comunista El Machete (en esa época, agosto de 1927, comprometido con el
Studies 16 (1984), pp. 1-26.
"frente unido" de Stalin, a pesar de Shangai).
35 Marx, The Eighteenth, pp. 104 Y no.

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Ajan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capítulo 2. La Revolución Mexicana

durante 1910-1920, Yla relativa ausencia de cualquier profunda xenofobia ciones posteriores que sí fueron exitosas. Más aún: deseo argumentar que
popular (dirigida hacia el capitalismo extranjero; otra cosa eran los una definición descriptiva válida debería contener tres elementos clave
inmigrantes españoles y los chinos) este resultado fue totalmente predecible. que se interrelacionan y son los que distinguen a una revolución (sea ésta
En este sentido, la Revolución no fue una revolución nacionalista, ni si- fallida o exitosa) de un golpe o rebelión (nuevamente fallida o exitosa),
quiera una revolución nacionalista traicionada. preservando de esta manera la especificidad de las "grandes revolucio-
Hasta ahora el argumento ha sido negativo: la degradación de la Revo- nes".40 Estos elementos son: (i) una genuina participación de las masas,
lución a mera rebelión -por muy "grande" que sea- es teóricamente con- (ii) la lucha de visiones/ideologías rivales (que pueden o no tener una
ducente a necedad; la promiscua paternidad de segmentos sociales se me- base clasista: no desearía excluir movimientos multiclasistas de tipo na-
rece una rasurada con la navaja de Occam. Ni la hipótesis del bonapartismo cionalista o religioso: el puritanismo inglés, el Risorgimento, movimien-
ni la de la revolución de la burguesía nacional son convincentes. ¿Qué tos nacionalistas anticolonialistas) y (iii) la consiguiente y seria batalla
aIternativa(s) positiva(s) se puede(n) ofrecer a modo de conceptualización por la autoridad política.
general de la Revolución, su carácter y resultados? Entre los numerosos Estos tres elementos vanjuntos. Una revolución involucra una genuina
estudios de "revolución" disponibles en la actualidad (de la mayoría de los participación de las masas (aun cuando, necesariamente, sólo una minoría
cuales prescindiré) hay dos clases diferentes de definición que parecen de ellas esté directamente comprometida). La participación debe ser "ge-
imponerse, a las que llamaré descriptiva y funcional. Más aún: los debates nuina", en el sentido que las masas no sean mera carne de cañón: debe
acerca de qué constituye una "verdadera" revolución giran sobre un (no haber un significativo grado de movilización autónoma y voluntaria. Como
reconocido) apego a estas definiciones. Una definición descriptiva dice lo dijera Trotsky en su célebre formulación: "la historia de una revolución
cómo es una revolución, qué aspecto tiene. Generalmente abarca gran vio- es para nosotros, antes que nada, una historia de la entrada por la fuerza de
lencia, un conflicto político -y posiblemente de clases- bastante serio y la las masas al terreno del dominio de su propio destino".4! Está demás decir
concomitante conmoción social. En este tipo de definición se diferencia que este estado de cosas es relativamente raro y generalmente de corta
una revolución de una rebelión menor o "cuartelazo": una útil, convencio- duración, como en el caso de México donde, muchos sugieren ahora, que
nal y antigua distinción, resumida en el famoso diálogo de Luis XVI con el nunca hubo revolución. Mientras dura, sin embargo, la movilización re-
Duque de la Rochefoucauld-Líancourt.P" De igual manera, los historiado- quiere de un conjunto de compromisos: religiosos, milenarios, nacionalis-
res de la Revolución Mexicana han distinguido cuidadosa y correctamente tas, regionales, personalistas o clasistas. Esta atracción popular puede -a
entre la Revolución y revoluciones, es decir, golpes aislados y revueltas me- ojos críticos retroactivos- parecer ingenua, engañosa e incluso indicativa
nores.38 Pero una montaña "revolucionaria" puede pujar y dar a luz a un de un lamentable falso estado de conciencia: por ejemplo, el caso de los
ratón postrevolucionario: los resultados históricos no se encuentran en di- campesinos "no revolucionarios" de Oaxaca, quienes siguieron a sus caci-
recta proporción con la violencia y las víctimas que los hicieron posibles. ques serranos a la batalla después de 1910, así como lo habían hecho en el
En el caso de Francia, por ejemplo, "hay ... cierta justificación aparente pasado en los 1870; que no tenían objetivos revolucionarios de largo alcan-
para considerar a la Revolución como un fenómeno mayormente efímero, ce, es decir, no fueron funcionalmente revolucionarios, pero desempeñaron
cuya relativa violencia, en una era acostumbrada a una mayor estabilidad un papel descriptivamente revolucionario por haber participado en forma
que la nuestra, hizo que se le adjudicara una significación más duradera de directa y efectiva en la Revolución, al servicio de lo que ellos veían como sus
la que realmente tuvo.39 Del mismo modo, hay revoluciones "fallidas", como propios intereses y sin actuar como víctimas obligadas de la leva.42 Estos
la de Taiping en 1905, descriptivamente revolucionarias, funcionalmente participantes han sido catalogados de "no revolucionarios", puesto que abra-
inefectivas, excepto (quizás) por haber preparado el terreno para revolu-
40 Crane Brinton, The Ana/muy ofReuo/ution (New York, 1965) (primera edición 1938) enfatizó el
37 Luis XVI: "C'est une révolte?": el Duque: "Non, Sire, c'est une révolution" (al escuchar de la carácter específico de las "grandes revoluciones", cuyo énfasis ha sido conservado en nurne-
caída de La Bastilla). rosas estudios siguientes: e.g., Skocpol, pp. xi y 3-5.
41
:~H Michael C. Meyer, Huerta: A Political Portrait (Lincoln, 1972), p. 157. León Trotsky, The His/ory of the Russian Reooluuon, 3 Vols. (London, 1967), Vol. 1, p. 15.
42
39
Hampson, A Social Histors, p. 256; Tzvi Medin, Ideologia y praxis politica de Lázaro Cárdenas (México, R. Waterbury, "Non-Revolutionary Peasants: Oaxaca Compared to Morelos in rhe Mexiran
1972), p. 5, plantea una idea similar sobre la Revolución Mexicana. Revolution", Comparatiie Studies in Society and History 17: 41OA22.

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Alan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capítulo 2. La Reoolucion Mexicana

zaron objetivos retrógrados, "conservadores" e incluso "no revolucionarios", liderazgo y actividad y políticas de gobierno".4G Los historiadores de la Re-
lo que en sí es verdad y válido en términos generales. Pero si, desplegando volución Mexicana, como Ruiz, presentan criterios funcionales tan exigen-
lo que Thompson ha llamado la "enorme condescendencia de la posteri- tes que la Revolución se transforma en rebelión (una pérdida de status re-
dad" estableciéramos un único criterio funcional, y luego procediéramos a volucionario que otras "grandes" revoluciones -ciertamente las de carácter
separar tirios "revolucionarios" de troyanos "no revolucionarios", estaría- "burgués"- también sufrirían si fueran similarmente inspeccionadas) a la
mos corriendo el riesgo de imponer una división arbitraria que perjudica vez que a toda una hueste de participantes revolucionarios se les niega el
enormemente la comprensión históríca.v' Porque los movimientos popu- status "revolucionario". Mientras tanto otros historiadores -como Cockcroft-
lares "conservadores", que miran hacía atrás ("reactivos", si usamos el voca- otorgan el status de "revolucionario en virtud de asimilar a los participantes
bulario de los Tilly) 44 siempre han desempeñado un papel principal en las a una norma preferida, la del P.L.M. militante, proletario, antícapiralista.t"
revoluciones, como lo han atestiguado autoridades tan diversas como Sin embargo, hay movimientos eminentemente rebeldes, como el zapatismo,
Lawrence Stone y Karl Marx:45 'Justo cuando (los vivos) parecen estar com- que no pueden ser asimilados de esta manera: no fueron ni proletarios ni
prometidos en revolucionarse a sí mismos y a las cosas, en crear algo que socialistas; y, especialmente en sus primeros años, no formularon ningún
nunca ha existido, precisamente en esos períodos de crisis revolucionaría, gran proyecto para la futura transformación de México.48 Tampoco -para
ellos conjuran ansiosamente a los espíritus del pasado para que se pongan dar otro ejemplo- fue la intención de los Cedillo el construir Jerusalén en
a su servicio, y les presten nombres, gritos de batalla y vestuario a fin de el verde y placentero Valle del Maíz. A pesar de hablar de "comunismo", los
presentar la nueva escena de la historia mundial bajo este disfraz consagra- Cedillo tenían en mente -y Saturnino Cedillo más adelante lo implementó-
do por la tradición y con este lenguaje prestado". una solución local, rural, personalista y restaurativa a sus reivindicaciones. 49
A decir verdad, una interpretación rígida de esta regla nos exigiría descar- Zapata y los Cedillo (y muchos otros como ellos) fueron, en cierto sentido,
tar el zapatismo y una hueste de movimientos populares menores que durante reforrnistas que sólo pudieron implementar las reformas que deseaban por
1910-1915 desafiaron el status quoy revolucionaron al país, pero sobre la base medio de una guerra de guerrillas revolucionaria; y la visión que los impe-
de normas y símbolos de tipo prescriptivo, inspirados en el pasado. lía (porque las visiones, mitos e imperativos morales fueron cruciales), fue
Esto plantea el segundo criterio de status "revolucionario", que puede tomada del pasado, posiblemente debidamente idealizada. Arnaldo
invocarse en detrimento de movimientos tradicionales como el zapatismo. Córdova, quien entiende esto muy bien, es lógico y congruente alcontras-
Las revoluciones son juzgadas -con razón- sobre la base de lo que logran tarja con su propia definición (funcional) de revolucióru '" "¿(Ploclemos
además de cómo son. En este sentido, 1905 y 1917 están a un mundo de hablar legítimamente de una revolución en el caso del movimien to zapatista?
distancia. Hay numerosas formulaciones de lo que una revolución debe Mucho de lo que ahora sabemos de Zapata y el Zapatismo ... parece indicar
conseguir funcionalmen te para ser una revolución en propiedad, aun cuan- que no. Ese regreso al pasado sobre el cual se basó el localismo del movi-
do muchas son variaciones sobre un mismo tema o temas. Skocpol, hemos miento, la ausencia de un proyecto nacional de desarrollo y de una concep-
señalado, combina un requisito funcional (una "rápida, básica transforma- ción del Estado son elementos que nos impiden el concebirlo como una
ción del Estado y estructura de clases de una sociedad"), con una cláusula revolución. Una revolución, sea social o política, nunca es local, nunca bus-
descriptiva ("acompañadas y en parte llevadas a cabo por una rebelión de
base clasista, que surge desde abajo"). "Una revolución", dice Huntington,
"es un cambio rápido, fundamental y violento en los valores dominantes y 41i Samuel P. Huntington, Poliiical Order in Changing Societus (Yale, 1971), p. 264.
mitos de una sociedad, en sus instituciones políticas, estructura social, 17 Ver Crawford, particularmente los caps. 6-8, y pp. 143·144 Y 177·1 H3.
4H John WomackJr., ZafJala and the MexicanRevolulion (New York, 1959), pp. 87 y393-404; Córdova,

4~{
La ideología, pp. 154-155.
E. P. Thompson, The MakingoflheEnglish Working Class (Harmondsworth, 1972), p. 15. 49 Cedillo es objeto de dos monografías excelentes: Romana Falcón, Reuoluciow » caciquismo. Sun
44
Charles Tilly, Louise Tilly y Richard TilIy, Richard Th« Rebellio1lS Cenlury, 1830-1930 (Cambridge, Luis Potosi, 1910-1938 (México, 1984) y Duclley Ankerson (Dckalb, en preparación: se deseo-
1975), pp. 51·52 Y 249. nace el título exacto). Ankcrson describe a Ccdillo como un populista agrario genuino, en
4.S
Lawrence Stone, "The English Revolution'', en Roben Foster y Jack P. Greene (eds.). contraste al político de la maquiavélica maquinaria política de Falcón; ninguno se contrapo-
Preconditions of Reoobuion in Early Modero Europe (Baltimore, 1970), pp. 59-60; Marx, Eigñtceruh ne seriamente a mi argumento, pero el de Ankerson calza mejor.
Brumnire. pp. 10·11, de donde se tomó la cita. 511 Córdova, La ideología, p. 154.

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Ajan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capítulo 2. La Revolución Mexicana

ea restaurar el pasado: una revolución es nacional, y por esa misma razón la cual, como lo señala Lorenzo Meyer, efectivamente había cesado de existir
torna del poder político figura como su primordial objetivo". hacia 1914).52 De esta manera, ellos contribuyeron a la creación -aunque
Según Stone y Marx, tendría que disentir. Y lo haría, en primer lugar, no a la resolución- de una situación que ha sido vista (por los proponentes
por razones semánticas de sentido común, porque el negar el carácter "re- de lo que Skocpol llama el enfoque de "conflicto político") como clara-
volucionario" del zapatismo y de la mayoría de los movimientos populares mente revolucionaria: es decir, la competencia por el poder político entre
de la Revolución Mexicana (sic) peca de pedante y conduce a error y, en fuerzas rivales, que lleva a una "soberanía múltiple"; es decir, el quiebre del
segundo lugar, porque involucra la segregación a priori de movimientos Estado.P'' México fue un ejemplo clásico de esto.
rebeldes/revolucionarios sobre la base de un criterio único, impuesto y Por lo tanto, yo justificaría el uso de "revolucionario" para describir
exagerado: el de una posición ideológica. Por consiguiente, este criterio movimientos con una amplia base popular que posean poderosas visiones
exalta la ideología, sobre la cual se basa la fundamental distinción de pro- rivales, envueltos en una lucha sostenida (política, militar, ideológica), en
gresivo/retrógrado, "proactivo/reactivo". De igual modo, no toma en cuenta una situación de soberanía múltiple. Independientemente de resultado y
el compromiso activo y la eficacia ni siquiera en términos de lucha de cla- función, la Revolución Mexicana claramente calza con estos criterios des-
ses. Los zapatistas pueden no haber tenido la sofisticación ideológica de los criptivos, por lo tanto es válido el nombre por el que se la conoce común-
Flores Magón, pero hicieron mucho más para romper el antiguo orden e mente. Pero antes de pasar al segundo y más controversial punto relaciona-
intentar la creación de algo radicalmente diferente. Yaunque ese algo radi- do con la función, será necesario darle un poco de cuerpo a la descripción
calmente diferente no era socialismo, presentaba un descarnado contraste esquemática que se ha presentado. He señalado en alguna otra oportuni-
con el status qua porfiriano inicial. El zapatismo y muchos movimientos dad que la mejor manera de analizar la Revolución Mexicana no es en tér-
menores de un tipo similar pelearon por la implementación de una visión minos de dos contendores (el antiguo régimen y la revolución), sino de
alternativa que pudiera despertar un fuerte compromiso popular (como cuatro: el antiguo régimen (porfirismo y huertismo); los reformistas libera-
igualmente lo hicieron ciertos grupos serranos). Aun cuando la visión era les (principal, aunque no exclusivamente de clase media urbana); movi-
nostálgica, la acción fue revolucionaria; a menudo revolucionaria con ple- mientos populares (subdivididos en agraristas y serranos) y, en última ins-
na conciencia de clase. Y no ha sido raro que las visiones nostálgicas y"tra- tancia, la síntesis nacional del carrancismo/ constitucionalismo, que mutó,
dicionales" se transmuten -especialmente al calor de la revolución- en ideo- sin experimentar alguna transformación genética significativa, transformán-
logías más avanzadas y radicales. De esta manera, las milenarias tradiciones dose en la coalición gobernante de los 1920.54 Se puede observar inmedia-
de los campesinados ruso y chino (como lo evidencian los raskolniki y los tamente que éstas no son categorías homólogas, por ejemplo, regímenes,
rebeldes de Taiping) alimentaron los movimientos revolucionarios del si- clases, ideologías. Son más bien actores históricos que representan conjun-
glo XX, a la vez que en México, las inarticuladas rebeliones localizadas de tos de intereses en los cuales la clase social es crucial, pero en los que tam-
1910-1915 amen udo prepararon el terreno para una protesta organizada y bién compitan otras lealtades: ideológicas, regionales, clientelistas. Son úti-
más sofisticada más adelante, especialmente en los 1930.51 Esto me lleva al les a este mismo nivel de análisis general pero, por supuesto, deben ser
tercero, último y más breve elemento de mi definición descriptiva, que tam- des agregadas para muchos otros propósitos analíticos. La clase social apa-
bién tiene que ver con la frase final de Córdova, que cité anteriormente. rece como central en algunas de estas divisiones básicas, por ejemplo, a
Puede ser efectivo qüe los movimientos populares como el zapatismo ha- nivel nacional, entre el antiguo régimen y el movimiento popular; a nivel
yan sido renuentes a tomar el poder del Estado y que esto haya comproba- local, en casos específicos como Morelos, la Laguna, el Valle de Yaqui, la
do ser una fatal debilidad. Pero su movilización de las masas rurales tras un Huasteca. Otras divisiones como, por ejemplo, entre el villisrno (una sec-
programa genuinamente popular involucró una seria confrontación con el ción hipertrofiada del movimiento popular) y el carrancismo (una catego-
Estado, y contribuyó en forma significativa a la disolución del Estado (el ría por derecho propio), no pueden ser reducidas a intereses de clases, ni

Pur ejemplo, Paul Friederich, Agrarian Reoolt in a Mexican Village (Englewood Cliffs, 1970), 52 Lorenzo Meyer, "El Estado mexicano contemporáneo", Historia Mexicana 23 (197'>-1974), p. 273.
sobre el caso de Naranja. Otro (de importancia) sería la Laguna; y (un caso menor) Ometepec 53 Skocpol, State and Social Reoolution; pp. 10-11.
(ver no. 104, donde se mencionan otros ejemplos). 5; Knight, "Peasant and Caudillo".

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Ajan Knight Revolución, Democracia y Populismo en AméJica Latina Capítulo 2. VI Revolución Mexicana

siquiera" en el análisis final", como tampoco lo puede ser la Cristiada de los quier in tento que se haga debe estar precedido de cierta clarificación pre-
1920, liminar. Podemos tratar de detener el reloj y preguntar "¿qué ha cambia-
La carencia de una clara congruencia entre facciones políticas e intere- do?", pero debemos tener cuidado en relacionar el cambio con la revolu-
ses de clases no afecta, según mi definición, el carácter revolucionario del ción, es decir, no caer en la vieja falacia de post hoc ergo propta hoc, y con ella
proceso iniciado en 1910. Lo que cuenta, en este caso, son la fuerza y auto- atribuir todos los sucesos postrevolucionarios a la revolución, aún aquellos
nomía de los movimientos populares. Creo que las recientes explicaciones que ya eran inmanentes en el México de antes de 1910. Además, tenemos
revisionistas, que niegan este rasgo de la revolución, están básicamente erra- que decidir en qué punto vamos a detener el reloj: ¿ 1917, 1920,1923, 1929,
das y, a veces, no concuerdan con la evidencia que ellas mismas han presen- 1934, 1940, 1957? Mientras más posterior sea la fecha escogida, mayor será
tado. Algunas de ellas niegan que haya habido, o condicionan seriamente el riesgo de pasar de contrabando cambios "revolucionarios" que no han
la importancia de la rebelión campesina, enfatizando, por el contrario, la sido primariamente de origen revolucionario (por ejemplo, el nacionalis-
pasividad campesina. Algunas, en cambio, enfatizan el papel revoluciona- mo económico de los 1930, que debe ser considerado en un contexto na-
rio de las clases media y acomodada, o de los ahora populares rancheros cional global, no sólo postrevolucionario). 56 Sin embargo, si el enfoque de
(pero cuidadosa aun cuando engañosamente segregando rancheros y cam- Semo es el correcto (y yo creo que sí), sería un error detener el reloj, por
pesinos ni más ni menos que por la contraseña del "comunalismo"): 55 Hay ejemplo, en 1920, por muy importante que haya sido dicha coyuntura en la
también una implicación subyacente de que para poder ser considerada cristalización del régimen postrevolucionario. Del mismo modo, sería un
como una clase "revolucionaria" el campesinado debe manifestar un nivel error el concluir un análisis general de la Revolución Francesa con Termidor,
de compromiso revolucionario -en términos de una sostenida actividad de e incluso con la Restauración (nótese la última oración del presente ensa-
la mayoría, un amplio apoyo geográfico, una conciencia de clase y sofistica- yo). Estamos, por lo tanto, frente a un problema bastante familiar: cómo
ción política- que pocas clases (burguesa, proletaria o campesina) han al- cortar el paño sin costuras de la historia. Pero el problema es especialmen-
canzado alguna vez. Por supuesto, si la vara se coloca muy alta, serán los te agudo cuando -como con la túnica multicolor de .José- el paño es rico,
campesinos los primeros que no puedan saltarla. En este sentido, los viejos abigarrado y objeto de amarga disputa. 1920, por ejemplo, puede ofrecer
historiadores "populistas" (como Tannenbaum), y -a pesar de todo lo que un buen punto de observación para juzgar ciertos cambios políticos coyun-
se podría criticar- los nuevos marxistas (Cockcroft, Gilly, Serno), por lo turales; pero incluso 1985 puede ser demasiado prematuro para llegar a
menos comprenden que la revolución fue, como lo saben muy bien los que conclusiones sólidas acerca de la significancia trascendental de la revolu-
participaron en ella, un movimiento popular de masas, que significó e! en- ción.
frentamiento de grupos, clases e ideologías hostiles y que reveló, en forma Pienso que la solución óptima es una combinación de perspectivas de
dramática, e! fracaso de! antiguo régimen. largo y corto plazo. Esta última se concentraría en los 1920 (el resultado
El carácter de la revolución -popular, ideológico, profundo- tuvo ob- inmediato) y la anterior en las consecuencias generales hasta el presente.
vias implicancias para su resultado, por lo que se puede decir que hay un Pero el análisis de las consecuencias generales se ve amenazado por una
traslapo. El no considerar o restarle énfasis al profundo carácter popular dificultad en particular a la que se debe hacer frente desde un comienzo.
de la revolución es probable que promueva una percepción de su resulta- La discusión acerca de la historia mexicana postrevolucionaria a menudo
do, que ponga el acento más en la continuidad que en el cambio. Sin em- queda confinada dentro de un chaleco de fuerza teleológico. La revolu-
bargo, el discutir el resultado de la revolución es sumamente difícil, y cual- ción pone a México en líneas de desarrollo fijas, por lo que todo avance

5~)
Estudios revisionistas recientes (cuyos méritos de emdición reconozco por completo, a pesar 56 Córdova, La ideología, p. 262, ve la "conclusión virtual" de la Revolución en 1917 y Cockcroft.
de disentir con alguna de sus conclusiones) incluyen a: Jean Meyer, La Réuolution Mexicaine Intellectnal Precursors, p. 5, se inclina a estar de acuerdo; yo finalizo mi próximo estudio de la
(París, 1973); Hans Werner Tobler, "Conclusion: Peasant Mobilisation and the Revolution", Revolución (armada) con la fecha convencional de 1920; Ruiz la alarga hasta 1923. Con rela-
en Brading, Caudillo and Peasant, pp. 245-255; lan Jacobs, Ranchero Revolt. The Mexican Reoolution ción al desarrollo del nacionalismo económico "revolucionario", ver Alan Knight, "The political
in Guerrero (Austin, 1982); Romana Falcón, "Los orígenes populares de la revolución de 1<) 1O? economy of revolutionary México, 1900·J 940", en Christopher Abel y Colin M. Lewis, latin
El caso de San Luis Potosí", Historia Mexicana 29 (1979), pp. 197-240, y del mismo autor Reoo- America, EconomicJmperiaslilm arui the State (London, 1985), pp. 288-317 (sin emhargo, hay que
lucián y caciquismo, e.g., pp. 271-273. tener cuidado: este artículo sufrió una carnicería editorial).

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Alan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capitulo 2. La Revolución Mexicana

posterior (uso el término "avance" en un sentido neutral) puede remontar- un discurso marxista, esta perspectiva necesariamente enfatiza la relatividad
se a la revolución, a la orientación e impulso que ella confirió. Hay tres de la autonomía del estado y, de esta manera, a menudo se combina con la
teleologías principales que tienen gran influencia. La primera es la antigua teoría bonapartista mencionada anteriormente. Los no marxistas, por otra
ortodoxia revolucionaria que ve a la revolución como una experiencia na- parte, a quienes la autonomía del estado no les causa ninguna incomodi-
cional única: Gesta Dei per Mexicanos. Gracias a la revolución, México se ha dad teórica, hacen un viraje casi hacia una especie de estadolatría, que aho-
dirigido -y todavía se dirige- hacia lajusticia social, el desarrollo económi- ra está presente en una gran cantidad de estudios históricos recientes.6o
co y la integración nacional. Es la perspectiva estándar usada por los candi- "Al fin de cuentas", concluye una reciente y excelente monografía, "todas
datos del PRI en sus campañas electorales. La implicancia histórica es que las complejidades de la revolución mexicana pueden ser reducidas a esta
todos los participantes en la revolución (incluyendo a los que pelearon y se única dimensión: el estado".61 Guillermo de la Peña, en su estudio
mataron unos a otros) hicieron una contribución a este feliz resultado. Esta antropológico de las tierras altas de Morelos, adopta una perspectiva más
teleología es poderosa en la retórica del régimen, aunque es menos eviden- amplia: "el tema del Estado", anuncia al comienzo, "recorre todo el libro" y,
te en la historiografía seria, a pesar de que se pueden encontrar algunos además, se extiende hacia el pasado del período colonial; el estado -o, más
elementos.P? bien, su "dominio de poder"- constituye "el poder externo que ha definido
Hay dos teleologías alternativas que representan críticas radicales a esta las metas comunitarias; desde los tributos coloniales y el control laboral, a
interpretación. Una de ellas le asigna prioridad a la marcha hacia adelante la distribución de la tierra y la recaudación de impuestos contemporánea":
del capitalismo, al cual la revolución y todos los regímenes "revoluciona- la "fuerza histórica del Estado" se puede ver "penetrando la economía y la
rios" han contribuido pese al discurso oficial. La revolución en sí fue una política, la religión y las relaciones de parentesco, la etnicidad y clase so-
revolución burguesa (por lo menos en el sentido limitado de que no fue cial".62
socialista y que quizás involucró la derrota burguesa de las fuerzas campesi- Nadie, por supuesto, duda de la importancia del estado, como tampo-
nas y proletarias, y, a veces, además en el sentido amplio de que también co de la importancia de la clase social. Como tantas preguntas históricas,
derrocó a un antiguo régimen feudal o, por lo menos, precapitalista; y/o ésta es una de hasta qué grado, aun cuando el grado no puede ser cuantifi-
que representaba el proyecto consciente de la burguesía nacional). Y los cado fácilmente. Expresada en términos simples, la pregunta se puede for-
regímenes siguientes, incluyendo el de Cárdenas, cada uno a su manera mular de la siguiente manera: ¿debería la creciente importancia del estado
han hecho avanzar este desarrollo capitalista. 58 Según esto -que podría- postrevolucionario ser considerado el evento crucial y formativo en la his-
mos llamar la escuela de la "lógica del capital"- el estado ha servido como
un agente del capitalismo nacional y/o internacional: en la jerga de un 60
Ejemplos de estadolatría: Córdova, La ideología, pp. 228-230,262,290 Y 322 (teoría del estado
debate, ha sido un estado "instrumental't.t" Una tercera teleología rival "súper poderoso"; el estado como regulador de la economía: la "casi absoluta dependencia"
que también ha tenido influencia deriva su concepto clave (el estado "rela- de los grupos sociales en el estado y la "independencia total" de éste último de éstos grupos).
tivamente autónomo") de la gran teoría. En ella el estado -con anteriori- El concepto de la Revolución como política y burocrática de Hodges y Gandy, marcada por la
"perpetuación en el poder político de una nueva clase gobernante: la burocracia" (p. 122 ff.),
dad y, por lo tanto, con relativa autonomía del capital- se convierte en el es similar. En Skocpol es evidente una grandilocuente estadolatría comparativa: e.g., pp. 35,
principal motor del desarrollo mexicano, y la creciente importancia del 285 Y 287; sin embargo, las preferencias adjetivas de Skocpol, tienden a lo subjetivo ( 'irnpre-
estado domina la historia mexicana (por lo menos, desde la Revolución) sionante" es su calificativo favorito para las consecuencias revolucionarias), hacen difícil eva-
luar cuán lejos llega la estadolatría. ¿Es éste (como yo lo considero) un nuevo culto intrépido,
en forma muy parecida a como la ascendiente clase media dominaba la o simplemente una crítica agnóstica de los antiguos, desacreditados dioses del reduccionismo
interpretación whigde la historia británica. Cuando se formula dentro de económico?
61
Jacobs, Ranchero Revolt, p. 167.
62 Cuillermo de la Peña, A Legacy ofPromises: AgriC1dture, Politics ami Ritual in the Morelos Highlands
Sí En Robert E. Quirk, The Mexican Reuolution, 1914-15: The Conuention of Aguascalientes (New ofMéxico (Manchester, 1982), pp. 8, 12 Y 253-254. Yun ejemplo entre muchos en el campo de
York, 1970), pp. 292-293. la historia del trabajo en México -Raúl Trejo Delarbe, "The Mexican Labour Movement,
50S
Anuro Anguiano, El estado y la política obrera del Cardenismo (México, 1975); Octavio Ianni, El 1917-1975·', Latin American Researcli Reoieui 8 (1976), p. 133, habla de la clase trabajadora rnol-
estado capitalista en la época de Cárdenas (México, 1977). deada por las "necesidades del estado", que busca exitosamente la "desmovilización" de los
Sil
Nora Hamilton, The Limits ofStateAutonomy: Post-reoolutionarj México (Princeton, 1982), pp. 4-15; trabajadores "sin poder", con las instituciones oficiales de los 1930 "perfeccionando" esta
ef Holloway y Picciorto, State and Capital, p. 3. relación jerárquica.

;-')
(~
(
Ajan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capitulo 2. La Revolución Mexicana

toria moderna mexicana? En otras palabras, ¿es el estado el concepto clave duo que actúa sobre otros (más de lo que se actúa sobre él), que posee
organizador para comprender dicha historia? Yo sostengo que aquellos que objetivos, intereses y poderes que se desarrollan rápidamente. No es ese
han virado hacia la estadolatría han ido demasiado lejos, y que no se gana estado liberal y pluralista (la arena neutral donde los interesen chocan y se
nada al intercambiar el reduccionismo clasista por la estadolatría y que, a resuelven); ni tampoco se trata del clásico estado "instrumental" marxista,
decir verdad, probablemente hay mucho que se pierde. Hay tres objecio- que sirve los intereses de clase, porque dichos intereses rara vez se especifi-
nes que se pueden formular a ésta, la teleología que está más de moda en la can. Más bien se trata de un actor independiente, es decir, muy relativa-
actualidad. En primer lugar, le imparte una linealidad del tipo liberal whig mente e incluso absolutamente autónomo, la plana mayor histórica que no
a la historia moderna de México, en el sentido de que todos los aconteci- se puede desagregar y detrás de la cual no se puede discernir nada o a
mientos mayores, en todos los períodos, están enganchados a este básico nadie. Los grupos de interés de la teoría pluralista, las clases sociales mar-
motor de cambio. Y el motor sigue funcionando en una dirección que ha xistas, no intervienen; o si lo hacen es en calidad de suplicantes y beneficia-
permanecido bastante invariable, es decir, hacia la centralización, el corpo- rios de los favores del estado o como víctimas de su ira. En sus versiones
rativismo y la burocracia. En segundo lugar, esta visión exagera empírica- extremas, este estado antropomórfico realmente asume forma humana y
mente el podery rol del estado, especialmente en el primer período (aproxi- se supone que "el destino de México se hace y deshace en Los Pinos y en los
madamente, antes de 1940). Sus proponentes proyectan su lectura del departamentos de gobierno y que la gente no es más que la materia prima
moderno estado mexicano -con su desarrollada burocracia y estructuras con la que el gobernante -sabio o no- moldea la historia de la nación". 64
corporativas, presupuesto masivo, ubicua presencia económica y neta lon- Los estadólatras tienen una concepción errada del rol del estado mexi-
gevidad- hacia una era pasada en que dicho tipo de estado no existía, cuan- cano. Antes de 1940 (para definir una especie de línea divisoria) el estado
do el leviatán de hoy era eljurel del pasado. Ni tampoco necesariamente se era más débil y, a menudo, mucho más débil de lo que ellos suponen; des-
previó la generación del Leviatán. No debemos pasar por alto -como nos pués de 1940, fue mucho menos autónomo. A decir verdad, sería difícil
recordara Maitland- que las cosas ahora seguramente ancladas en el pasa- encontrar un estado en América Latina que, en los últimos cuarenta años,
do fueron alguna vez parte de un futuro incierto. haya tan invariable y exitosamente formulado políticas favorables a la acu-
El estado sonorano de los 1920 fue precario: su autoridad era desafiada mulación de capital y a los cimientos socio políticos que la sostienen (este es
por caudillos y por la Iglesia Católica; su supervivencia estaba sujeta al favor un punto al que volveré para concluir). Todas las tres te\eologías, por lo
de Washington; su carácter, según James Wilkie, era todavía básicamente tanto, deben ser rechazadas. No hay justificación para homogeneizar todo
"pasivo".63 Incluso la presidencia de Cárdenas -vista, con toda razón, como el período postrevolucionario. La revolución no estableció un rumbo fijo e
un período clave en el desarrollo del estado moderno- comenzó con un inmutable para el país. Más bien, en el corto plazo (considerando los 1920
cisma de tipo mayor dentro del aparato del estado y terminó con la como punto de observación), la revolución efectuó ciertos cambios impor-
traumática elección de 1940, cuando el Presidente saliente, para ir a la se- tantes, algunos de los cuales no pudieron deshacerse. Además, en el largo
gura al optar por un sucesor de tipo moderado, se encontró con una seria plazo, la revolución hizo posible algunos procesos posteriores, a la vez que
oposición -un voto de mayoría en contra del candidato oficial- y un legado cerró definitivamente otros. En otras palabras, creó ventanas de oportuni-
de amargura y desasosiego políticos. 1940 reveló las limitaciones, así como dad, aun cuando si dichas oportunidades se iban a aprovechar dependería
las fortalezas del estado revolucionario en su proceso de madurez (y, a de- de eventos posteriores, que serían en sí producto de los conflictos sociales y
cirverdad, si Cárdenas hubiera optado por Múgica en vez de ÁvilaCamacho, políticos. La primera tarea, por lo tanto, es especificar qué había cambiado
es decir por su candidato preferido en vez del candidato seguro, estas limi- irrevocable y significativamente hacia los 1920, y luego considerar cómo las
taciones se habrían revelado de manera aún más drástica). opciones siguientes -en las esferas de reforma agraria, construcción del
En tercer lugar, y relacionado con esto, la estadolatría concibe el esta- estado, nacionalismo económico- se presentaron, aceptaron o rechazaron. 65
do en términos antropomórficos: es una entidad separada, como un indivi-

64 Serno, Historia Mexicana, pp. 157-159.


63 Jarnes W. Wilkie, The Mexican Reoolution: Federal Expenditure and Social Change Sinee 1910 6S Hamilton, The Limits of Stcie Autonomy, p. 271, yuxtapone "opciones estructurales y limitacio-
(Berkeley, 1970), pp. 37 Y62-65. nes", sin embargo las últimas predominan en su análisis.

74 75
Alan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capítulo 2. La Revolución Mexicana

Desde los 1920, hay dos clases de cambios que son evidentes. A nivel ciones."! Sin embargo, las consecuencias prácticas de esta limitada pero
formal -el nivel de las leyes, decretos, políticas oficiales y provisiones cons- significativa reforma formal dependieron en gran medida del eontexto in-
titucionales-, el grado de cambio real puede ser fácilmente exagerado. Es formal en el cual se dio, y al cual me referiré en un momento. Si considera-
cierto que la nueva Constitución prometió cosas hermosas, "antecediendo mos exclusivamente las cifras de la reforma formal (cuya exactitud podría
a la... constitución soviética", y el nuevo régimen estuvo saturado de retóri- ser cuestionadal/f sólo tendremos una parte de la historia.
ca populista. 56 Pero, como ha ocurrido tan frecuentemente en el pasado, Entre las restantes políticas "revolucionarias", el rol del nacionalismo
había divergencias entre retórica y realidad. Debido a que en los 1860 y económico, como lo he señalado anteriormente, es fácilmente exagerado.
1870 los revolucionarios victoriosos heredaron un país que estaba postrado Aparte de las recurrentes escaramuzas con las compañías petroleras (tanto
y un gobierno caótico, ellos pusieron a un gobierno fuerte y a la recons- en los 1920 como en los 1930,el petróleo fue un caso especial), los sonoranos
trucción económica (una frase recurrente en el período post 1917, tal como no mostraron una disposición a "estrujar" al capital extranjero, o cambiar
lo había sido exactamente cincuenta años antes) por encima de la fideli- radicalmente las relaciones económicas mexicanas con el "núcleo" capita-
dad constitucional y las reformas prometidas. 57 Casi no se cumplió la pro- lista. Por el contrario, durante una gran parte de los 1920, el mayor com-
mesa maderista "Sufragio Efectivo, No Reelección" -y menos todavía si pre- promiso reformista del gobierno -en términos retórieos yprácticos- se podía
ferimos la traducción hecha por Womack: "Un voto real y no al gobierno encontrar en su anticlericalismo y, relacionado con éste, en su compromiso
de caciques".58 Las elecciones todavía se arreglaban, los caciques -como con la educación pública. Estos temas gemelos ocuparon un lugar impor-
"Don Melchor" de Paracho- seguían gobernando y la versión sonorana de tante (mucho mayor que el de otros temas "socioeconómicos") en el Con-
una "reelección" sólo se evitó con las balas de Toral.69 Tampoco las realida- greso Constitucional de 1916-17;dominaron la política de la década siguien-
des de la política laboral -tipificadas por Morones y el CROM- fueron un te, especialmente después de 1926; y todavía dominaban la escena política
fiel reflejo del Artículo 123. En el sector agrario llegó la reforma: entre cuando el maximato llegaba a su fin.73 En el corto plazo (es decir, en los
1915 y 1928 se distribuyeron 5,3m hectáreas a más de medio millón de veinte años que siguieron a la caída de Huerta), el principal legado de la
beneficiarios en alrededor de 1.500 comunidades. 70 Aun cuando hacia 1930 revolución en la esfera de política formal de gobierno fue, por consiguien-
la propiedad ejidal constituía sólo un 6,3% de la propiedad agrícola nacio- te, un virulento anticlericalismo combinado con una ideología de agresiva
nal (en términos de superficie) 09,4% (en términos de valor), había esta- construcción del Estado. Esto fundamenta, en vez de contradecir, el punto
dos donde los respectivos porcentajes eran mucho más altos (Morelos: 59 y que señalé anteriormente: el estatalismo sonorano se derivaba precisamen-
62; Yucatán: 30 y 15; el Distrito Federal: 25 y 13; Tlaxcala: 19 y 21). Por te de su conciencia de la debilidad del estado, su carencia de apoyo
consiguiente, especialmente en los estados de la meseta central, la reforma institucional e ideológico (quizás, de hegemonía ideológica). Las políticas
agraria había modificado en forma substancial las relaciones de tenencia de construcción del Estado son en sí una pobre evidencia de la fuerza del
de la tierra y poder aun antes de las amplias reformas cardenistas. Las afir- Estado. Además, se podría argumentar que la respuesta sonorana -el
maciones de un franco continuismo agrario podrían merecer ciertas obje- anticlericalismo- agravó el problema en igual medida en que contribuyó a
resolverJo. Por lo tanto, se nos pide creer que Leviatán gobernó en un país
donde "reinaban la pobreza, la anarquía y la violencia" y que, de 1928 a
()(¡
Frank R. Brandenburg, The ¡'vla/¡ingoJ Modern México (Englewood C1iffs, 195.5), pp. 55·56. 1935, "vivió en un estado de permanente crisis política". 74
1;7
Par)', [uárez and Diaz; pp. 349-350; Córdova, La ideología, pp. 268-275.
(jH
Womack, Zapata, pp. 54-55. Por consiguiente, las políticas formales desplegaron una indiferencia
@
Carleton Beals, Mexican Maze (Philadelphia, 1931), pp. 205-213, ofrece un clásico, si bien al interés "rnaderista" por un gobierno representativo (de ahí la "cruzada"
sobredibujado, retrato del típico cacique revolucionario, Don Melchor.
7" Lorenzo Meyer, Historia de la Revolución Mexicana. Período 1928-34: El conflicto social y los gobier-
!lOS del niaximato (México, 1978), p. 188. n Francois Chevelier, "The Ejido and Political Stability in México", en Claudio Véliz (ed.), The
71
Ibid., pp. 174-175. Las cifras acá sugieren que antes de 1934 las propiedades destinadas a la Politics oJConJormity in Latin America (Oxford, 1967), pp. 159·161.
agricultura perdieron alrededor de un quinto de su área cultivada de acuerdo con el progra· 73
Charles C. Cumberland, Mexican Revolution. The Constiiutionalist l-éars (Austin, 1972), pp. 349-
ma de la reforma; puesto que se pueden hacer comparaciones burdas. esto indica un resulta- 351; E. V. Niemeyer Jr .. Reoolution at QUITétaro: The Mexican Cosntitutional Convention oJ 1916-17
do similar al de la Revolución Francesa. Ver Harnpson, A Social History, pp. 251·255, 261, Y (Austin, 1974), pp. 355-363 sobre el resurgimiento del anticlericalismo después de 1931.
l,lagraw, France 1815-1914, pp. 17, 24. 74 Meyer, Cristiada, !l, p. 381.

76
Ajan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina CajJítulo 2. La Revolución Mexicano

de 1929 de Vasconcelosjj " y un mayor compromiso con unjacobinismo revolución (1920 fue el annus mirabilis del entrismo) y, a menudo, el aban-
impopular que con la reforma laboral o agraria. Pero las políticas formales dono de aspiraciones políticas. A la familia Terrazas se le permitió el regre-
no constituían todo el cuadro. A decir verdad, mi argumento a favor de un so a México, pero como empresarios, no políticos.79 Los terratenientes de
estado (relativamente) débil, más objeto pasivo que sujeto activo, requiere Chiapas se aferraron al poder político y económico, pero (como veremos)
que se le dé predominancia a otros factores: fuerzas informales (no oficia- en un ambiente radicalmente cambiado.
les) y tendencias que surgieron sin mediar orden de gobierno y, a decir En resumen, se eliminó a la elite política porfiriana como entidad dife-
verdad, sin mediar orden (consciente) de nadie. La revolución -en otras renciada y coherente.P'' O desapareció o adoptó nuevas costumbres y con-
paradójicas palabras- tenía una cara "burkeana" así como unajacobina. Es- venciones políticas "revolucionarias", o intercambió la política por los ne-
tos cambios "burkeanos" informales y no oficiales, para propósitos analíticos, gocios. En cuanto al Ejército Federal, desapareció por completo, un raro
pueden dividirse en políticos y económicos (aunque en la práctica, están evento en la historia militar de América Latina. Aquellos pocos Federales
constantemente entrelazados, como veremos). Políticamente, la revolución uniformados que sobrevivieron lo hicieron en virtud de un inicial e inusual
destruyó mucho del antiguo orden. Es verdad que después de 1914-15 esto compromiso con la revolución.Í" Como institución, el antiguo ejército
obedeció a una política consciente, cuando los constitucionalistas -y sus su- porfiriano se desvaneció. En su lugar, surgió un nuevo ejército conglome-
cesores como Carrillo Puerto en Yucatán- sistemáticamente purgaron a sus rado de proveniencia revolucionaria, que, aun cuando pronto adquirió
enemigos.76 Pero estas purgas oficiales vinieron años después de represalias muchos de los defectos militares de sus predecesores (que fueron inmedia-
populares espontáneas. Durante 1910-15 el cacique nacional. Díaz y su cama- tamente evidentes en las campañas contra Villa, Zapata y otros después de
rilla de Científicos había sido derrocada; los gobernadores porfirianos ha- 1915), desempeñó sin embargo un papel político diferente. Al contrario
bían caído junto con muchos (no todos) los caciques locales, especialmen- del ejército de Díaz, el ejército de la revolución era extremadamente políti-
te al norte del Istmo, y con ellos se fueron muchos de sus partidarios co e irritable, y siguió siendo así hasta los 1930 (aquí, nuevamente, debe-
acomodados. La contrarrevolución de Huerta (porque eso es lo que fue) mos hacer notar una importante limitación al poder e independencia del
estimuló un breve renacimiento de estos intereses, lo que sólo contribuyó a gobierno nacional). Además, aunque los militares a menudo pudieron lo-
hacer más segura su posterior caída.?? Algunas familias y funcionarios grar un modus vivendi con los intereses creados locales -defendiendo a los
porfirianos sobrevivieron especialmente en las regiones como los Altos de terratenientes de los agraristas, por ejemplo- también había bolsillos de
Jalisco, donde estuvieron relativamente tranquilos, o como Chiapas, donde populismo que perduraban: en Morelos, donde dominaban los ex zapatistas:
los rebeldes mapaches tenían la fuerza para rechazar las incursiones revo- en San Luis, donde los veteranos de Cedillo garantizaban su poder local;
lucionarias.F' Pero hasta el sobrevivir requería de la adquisición de nuevas en los agraristas armados que pelearon por Obregón en 1923; en la liga de
técnicas políticas que a veces consistían en la deliberada colonización de la campesinos armados de Tejeda.82 Un ejército profesional relativamente
dócil-el de Díaz-le dio paso a huestes politizadas díscolas y heterogéneas
7S
John Skirius,10sé Vasconcelos y la cruzada de 1929 (México, 1978).
7" Mark Wasserman, "Persistent oligarchs: vestiges 01" the Porfirian elite in revolutionarv
C. M. Joseph, Reuolution from unthout Yucatán, Mexico and the United States, 1880-1924 (Cambridge, 79

1982), pp. 204-205, ilustra la política de proscripción de Carrillo Puerto: un particularmente Chihuahua, México, 1920-35", artículo entregado en el VI Congreso de Historiadores Mexi-
exhaustivo, pero no enteramente excepcional, ejemplo de la limpieza revolucionaria. canos y Estadounidenses, Chicago, septiembre de 1981; yver Ruiz, pp. 336-369.
77 so Hodges y Candy, pp. 93-97, dudan del uso de "modelos elitistas" que, ellos argumentan, care-
Analizo esto más profundamente en Alan Knigh; The Mexican Reoolution, 1908-20 (Cambridge,
1986, 2 Vols.): ver Vol. n.
cap. 2 partes i ii. y cen "de dimensión económica". Ellos podrían estar en lo correcto. En este caso, sin embargo,
7R yo debo señalar que la expulsión de la elite política porfiriana (así: no "la clase dirigente
Ann L. Craig, The FirstAgranstas. An Oral History al a MexicanAgrarian Refonn Mooement (Berkeley,
1983), pp. 37-38, 40-41 Y 46-50, muestra que "relativamente poco cambió" en las regiones de porfiriana") tuvo repercusiones importantes y directas en la esfera "económica",
Los Altos antes de los 1930, y que "el sistema pre-Revolucionario de tenencia de tierras había RJ Y. debido a que muchos de los federales convertidos revolucionarios eran villisras (como Felipe
sobrevivido dos décadas de contienda civil; sin embargo, incluso acá los dueños del poder Ángeles y.Juan Medina), fueron eliminados en la última fase del conflicto después de 1914.
local y la propiedad estaban enfrentado presiones nuevas y crecientes. El cuadro es amplia- 1'\2 Hans Werner Tobler, "Las paradojas del ejército revolucionario: su papel en la reforma agra-
mente corroborado por Tomás Martínez Saldaiia y Leticia Gándara Mendoza, Política y Socie- ria, 1920-35", Historia Mexicana 21 (1971 l, 38-79; Womack, Zapata and (he Mexiran Reoolution.
dad en México: el caso de los Altos dejalisco (México, 1976), pp. 63-88. Sobre Chiapas, ver Thomas pp. 365-369, 374; Ankerson; Joseph, Reuolution, pp. 263-273; Friedcrich, Agrm-ian Rroott.
Louis Benjamín. "Passages lO Leviathan: Chiapas and the Mcxican State, 1891-1947" (Michigan pp. 100-110; HeatherFowlerSalamini, AgrarianRadicalismin Veracruz, 1920-38 (Lincoln, 19(8),
State University Ph.D., 1981), pp. 143-168 Y 173-174. pp. 35-45.

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Alan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capítulo 2. La Revolución Mexicana

que sólo se pudieron domar y disminuir en número en forma gradual. y, dos a trabajar usando inapropiados sistemas caciquisras al tratar de
aunque Amaro comenzó la tarea, no fue sino hasta los 1940 cuando final- implementar sus reformas.f Pero esto no fue una vuelta al caciquismo del
mente triunfó la profesionalización y la fuerza militar quedó confinada a su Porfiriato. Los lazos entre patrono y cliente (que son el sello de cualquier
rol teórico de ultima ratio.83 En realidad, al revisar cómo la revolución de- sistema caciquista o caudillista) son, hasta cierto extremo, políticamente
molió las instituciones del antiguo régimen, es irónico el notar que la que neutrales: pueden servir diferentes fines, instituciones e individuos. En esos
se vio enfrentada al ataque más sistemático (la Iglesia Católica), fue la que tiempos, al contrario de lo que sucedía en la época de Díaz, estos lazos
sobrevivió con más vigor, lo que constituye una indicación de la continuada unían a segmentos de la población con asociaciones masivas que aspiraban
legitimidad de la Iglesia, comparada con la de los caciques y generales del a tener un status nacional: el PNA, LNDR, la ACJM.88 Por muy poco demo-
Porfiriato, y la ineficacia del anticlericalismo revolucionario. cráticas que hayan sido estas asociaciones, con respecto a su organización
A medida que los antiguos puntos de referencia políticos se iban bo- interna y su funcionamiento externo, transcendieron sin embargo las es-
rrando, se erigían nuevas estructuras a menudo en forma aislada y sin pla- trechas camarillas del Porfiriato y se convirtieron en inequívocos legados
nificación previa. A pesar de su indiferencia al principio de "No Reelec- de la revolución de masas (como una mirada comparativa a Brasil, por ejem-
ción", los sonoranos presidían una forma de gobierno en la cual la plo, puede confirmar). 89 Yle dieron al México postrevolucionario el carác-
circulación de las elites era mucho más rápida que en el pasado.f" Se po- ter de "sociedad de masas", para usar el término de Córdova.
dría argumentar que esta rotación más que el resultado de una política Unido a esto estaba la retórica populista del régimen. Al decir "populis-
consciente fue la consecuencia inevitable del carácter hobbesiano de la ta" no me refiero a un complejo específico de alianzas de clases (complejo
política postrevolucionaria. Ahora en un contexto de movilización masiva y cuyo carácter es objeto de mucho debate y hasta podría ser ilusorio). 90 Es
revueltas militares recurrentes -una "guerra de todos contra todos"- y en mucho más simple: me refiero a la retórica demótica y a veces agitadora de
ausencia de un estado Leviatán controlador, el ejercicio del mando fue fre- los nuevos líderes revolucionarios que se presentaban, como lo hizo muy
cuentemente ingrato, brutal y corto. El asesinato se encargó de llevar a su especialmente Obregón, como hombres del pueblo, para el pueblo: fran-
fin a Zapata, Carranza, Villa, Obregón, Carrillos Puerto, FieldJurado, qui- cos, abiertos, honrados, comprensivos y hasta plebeyos. De ahí los discursos
zás a Flores y Hill, así como a muchos líderes menores. Los conatos revolu- de campaña y apretones de mano de Obregón; o el hábil uso de símbolos
cionarios de 1923,27 Y 29 fueron complementados con una violencia polí- populares de Carrillo Puerto en Yucatán.i" Finalmente, el indigenismo ofi-
tica local y endémica. 85 Un factor que contribuyó a la inestabilidad política cial también iba a transmitir un mensaje similar de empatía populista e
fue el genuino grado de movilización de masas, evidente en los embrionarios integración nacional a la población más marginal de México. Por supuesto,
partidos, los sindicatos, las ligas de campesinos. Éste no fue un pluralismo mucho de esto fue retórica hueca. Pero incluso la retórica hueca tiene
decoroso y democrático. Los católicos peleaban con los anticlericales, los significancia: el discurso popular de la revolución contrastaba con la retóri-
agraristas con los guardias blancos. "No es exageración", según un historia- ca abiertamente elitista y racista del Porfiriato en su madurez.F Este viraje
dor, "el hablar de una abierta y permanente guerra de clases -aun cuando retórico puede a su vez relacionarse con el cambio en el ánimo popular
generalmente era local y desorganizada- que abarcó extensas áreas del cam-
po mexicano (entre 1920 y 1940)".86 El charrismo infectaba los sindicatos 87
Joseph, Reoohuion; pp. 208·213, 271·272 Y303.
e incluso reformadores acérrimos -corno Carrillo Puerto- estaban obliga- 88 Jean Meyer, The Cristero Rebellion: The Mexican People Between Cñurck and Sta/e, 1926·29
(Cambridge, 1976), pp. 21-24,36 Y75·82.
8Y Thomas E. Skidmore, "Workers and Soldiers: Urban Labor Movernents and Elite Responses
en La elección presidencial de 1940 fue la última en despertar un temor genuino a una interven· in Twentieth-Century Latín América", en E. Bradford Burns y Thomas E. Skidrnore (Eds),
ción militar; de ahí en adelante, la colaboración con EE.UU. en tiempos de guerra aceleró el Elite, Masses, and Moderniza/ion in Latin America, 1850·1930 (Austin, 1979), pp. 99·103.
proceso de profesionalización y la consolidación institucional del régimen "revolucionario" 90 Roxborough, "Unity and Diversity", pp. 6-12.
disuadieron el desafío militar. 91 Linda B. Hall, ÁlvamOlmgón: Pmuer and Reuolution in Mexico, 1911-1920 (Texas,A&M University
HI Peter H. Smith, Labennths o/ Poioer: Political Recruitment in Tuentieth-Ceniury Mexico (Princeton, Press, 1981), pp. 210·232;]oseph, Reoolution. pp. 188·227, especialmente p. 221.
1979), pp. 172-176. 92 Un trabajo reciente de Stabb, Powell y Raat matiza la leyenda negra del racismo porfiriano, y
,'í;1 Ernest Gruening tiene buenos ejemplos, Mexico and its Heritage (London, 1928), pp. 319·331 apunta a un indigmismoemergente. Sin embargo, éste último, fue una ortodoxia escasamente
Y 393 ss. establecida en 1910; es más, estos estudios se concentran en importantes voceros en lugar de
1)(1
David L. Raby, Educación y reoolucián social en A'léxico (México, 1974), p. 127. la opinión general: ver mi The Mexican Reuolution, Vol. 1, cap. 1.

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Ajan Knight
Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capítulo 2. La Revolución Mexicana

introducido por la revolución de 1910. En ese momento, y repentinamen-


o el peronismo.P'' A decir verdad, se puede ir aún más lejos: en muchos
te, los despreciados "pelados" del Porfiriato se habían transmutado en gue-
aspectos (ideológicos, emocionales, generacionales) el cardenismo fue el
rrilleros revolucionarios ("ya no somos muñecos de trapo", como procla-
último estertor de la vieja causa revolucionaria an tes de que un nuevo
maban los campesinos insurgentes de Papantla, según la balada); los liderazgo, abrazando un nuevo proyecto, tomara el control del país duran-
plebeyos de Guadalajara invadían el paseo de los domingos, convirtiéndolo te los 1940.
en una especie de chanvari mexicano; los de Torreón viajaban en los tran- Las consecuencias políticas de corto plazo de la revolución, fueron, por
vías sin pagar y caminaban con aire arrogante por la calle, forzando a los lo tanto, profundas: las antiguas instituciones fueron hechas añicos y nacie-
ciudadanos respetables a bajar de la vereda al barro de la calle. Era, como ron organizaciones de masas; las elites rotaron y hubo un cambio de retórica.
lo describiera un testigo presencial, algo parecido al Magnifica: "repletó a Todo contribuyó en el corto plazo (es decir, hasta los años treinta y posible-
los pobres de todo lo que es bueno y los ricos han sido despedidos sin mente los cuarenta) a un debilitamiento y no a un fortalecimiento del esta-
nada".93 Gustara o no, esta plebe contenciosa ya no podía ser ignorada; do, en comparación con su predecesor porfiriano. Los sonoranos, al presidir
debía ser tomada en cuenta, conciliada, domada. Derrotado, Federico un sistema de gobierno hecho de retazos políticos, estuvieron en deuda con
González Garza cavilaba sobre la historia de la Revolución Francesa y el caciques, generales yWashington D.C. (Cárdenas también tuvo que confron-
fracaso de los villistas en amarrar a las masas a su causa por medio de una tar a gobernadores disidentes de Sonora a Chiapas: estuvo agudamente cons-
legislación apropiada; y Salvador Alvarado se propuso hacer esto precisa- ciente de la presión de los Estados Unidos; su sucesor fue elegido entre di-
mente con los indígenas de Yucatán.94 sentimiento, violencia y corrupción oficial).96 Aun cuando el estado
Además, por muy hueca o cínica que haya llegado a ser, la retórica revolucionario aventajaba a su predecesor porfiriano en fuerza potencial, su
populista que la movilización de masas había estimulado podía, a su vez, autoridad efectiva era circunscrita y en ocasiones precaria (posiblemente por-
estimular una mayor movilización de masas. La razón de esto es que dada que durante el peligroso período de transición de construcción de.estado, el
una constante reiteración de valores populistas y objetivos revolucionarios, proceso en sí suscitó antagonismo y resistencia). El punto hasta donde el
la brecha entre retórica y práctica quedó fuertemente iluminada, y ofrecía potencial se materializó, la transición se completó y el riesgo se superó puede
una invitación permanente a aquellos que deseaban conciliar práctica y ser debatible, pero yo lo ubicaría en los 1940, no en los 1930 ni, mucho me-
retórica. Los antirreeleccionistas de los 1920 intentaron llevar a cabo tal nos, en los 1920. La imagen de un estado bonapartista, urdiendo la trama de
reconciliación en el campo de la política electora, pero sin éxito. Sin em- una sociedad civil es inapropiada para el México anterior a 1940.
bargo, con el comienzo de la depresión y el renovado conflicto social del Estos cambios políticos fueron profundos pero cabe preguntarse si fue-
Maximato, los esfuerzos para alinear la realidad con las reiteradas prome- ron, como a veces se señala, los únicos cambios significativos que emergieron
sas sociales del populismo revolucionario probaron ser más eficaces. El de la Revolución.P" si fue efectivo que las estructuras económicas -las rela-
Cardenismo no fue un clon revolucionario, pero sí llevaba en su interior ciones de producción- sobrevivieron intactas desde los tiempos de Porfirio;
los genes de la revolución popular y -como lo sugiere otra breve mirada si desde una perspectiva de reforma agraria, por ejemplo, "la Revolución
comparativa al resto de América Latina- habría sido inimaginable sin la había sido prácticamente inútil" (antes de Cárdenas) ;9R si sólo en el caso
precedente movilización política de 1910-34. El cardenismo, como muy bien excepcional de Morelos "se podría decir que la vieja estructura de propie-
señala Hamilton, fue una especie diferente de "populisrno" que el varguismo dad rural se había transformado palpablemente"; y si, por consiguiente,
"en el resto del campo mexicano la hacienda -la hacienda colonial que se

9:}
Vicente T. Mendoza, Lirica narrativa de Mexico: El corrido (México, J 964), p. 75 (Papantla); E. 9S
Harnilton, The Limits o/Stale Autonomy, pp. 137-139.
Brondo Whitt, La División del Norte por un testigo presencial (México, 1940), p. lf (¡\'lagnijicat); 96 Sanderson, Agrarian Populism; pp. 110-113; Benjamin, "Passages to Lcviathan", pp. 225-230;
94
para más ejemplos: Knight, lv[exican Reuolution, Vol. 1. cap. 4, parte viii; Vol. Il, cap. 2, parte i.
Ariel José Con treras, México 1940: industrialización y crisis fJolítica (México, 1977).
Friederich Katz, The Secret War in Mexico: Europe, The United States and the Mexican Revolution 97
Aguilar Mora, "Estado y Revolución", pp. 120-121; Cockcroft, Intellectunl Precursors, p. «vi;
(Chicago, 1981), pp. 285-287; Alvarado a Carranza, 25 de enero de 1916, en Isidro Fabela,
Córdova, La ideología, pp. 32·33; Katz, The Secret \Var, pp. 569, 576 Y578, se acerca a esta posi-
Documentos Histáricos de la Revolución Mexicana, Revolución y Régimen Constitucionalista (México,
1958,5 Vo15.),V, pp. 22.23. ción por los menos por el período' hasta 1920.
98
Arnaldo Córdova, La política de masa del Cardenismo (México, 1974), p. 14.

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Alan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capiiulo 2. La Revolución Mexicana

había consolidado en el siglo XIX- continuaba siendo la unidad producti- ma de haciendas, dada su lógica y carácter econórnicos.U" Tampoco estos
va dominante".99 ejemplos fueron raros o excepcionales: la experiencia de Rosalie Evans,
En términos estructurales, como ya lo he admitido, la hacienda conti- comprometida en lo que finalmente fue una fatal lucha con los agraristas
nuaba siendo poderosa. La reforma agraria oficial estuvo lejos de destruir- locales en Puebla, se repitió por todo el país duran te los 1920 y 1930, cuan-
la. Sin embargo, hasta la reforma agraria oficial había hecho significativos do las regiones de desafección agraria, aun cuando fueron tranquilizadas
avances, no solamente en Morelos (y, quisiera argumentar que incluso los en forma temporal, renovaron su participación en los viejos conflictos de la
avances ostensiblemente modestos podían socavar la lógica de la produc- revolución.F"
ción de hacienda. En otras palabras, la hacienda no tuvo que ser eliminada La revolución, de esta manera revirtió la tendencia porfiriana hacia la
como unidad territorial antes de que su viabilidad básica se erosionara). concentración de la tenencia de la tierra y, no menos importante, puso en
También vale la pena destacar que la tendencia iba hacia la disolución de movimiento un largo proceso de movilización agraria. El poder y la legiti-
las haciendas. Por muy gradual que haya sido, esto representó un giro de midad de la clase terrateniente -que habían sustentado al gobierno
1800, después del sostenido período de consolidación de la hacienda du- porfiriano- nunca se recuperaron. Terrazas -culpando a agitadores "co-
rante el Porfiriato.lOo Por el contrario, después de 1910, la hacienda era munistas"- no se había atrevido a armar a sus peones en autodefensa en
considerada el blanco principal; 101 e incluso si sobrevivió territorialmente, 1910-11 (y sus sucesores reconstruyeron el imperio de la familia en otros
por el momento estaba "bajo sitio". En gran parte de Tlaxcala (donde du- rubros, de acuerdo con los usos y costumbres postrevolucionarias. Lo mis-
rante la revolución "el sistema de haciendas había dejado de existir tempo- mo sucedió con los Figueroa de Guerrero; la supervivencia de las familias
ralmente"), los terratenientes volvieron y se encontraron con un nuevo no necesariamente implica la continuidad de la estructura social). 105 En
ambiente -"ellos habían perdido prestigio ... y habían sido incapaces de re- More!os, los dueños de las plantaciones le atribuían la beligerancia de los
cuperar el antiguamente seguro apoyo del estado y del gobierno federal y campesinos a la decadencia de la religión. RosaJie Evans deploraba la pér-
experimentaron grandes dificultades para recuperar sus tierras de las ma- dida de deferencia (evidente, también, en comunidades donde el agrarismo
nos de líderes campesinos más conscientes y experimentados". 102 También estaba mayormente ausente) y la consiguiente altivez de peones que algu-
en la distante región de Chiapas, la administración mapache pro terrate- na vez fueron dóciles.106 Los sentimientos radicales o igualitarios produci-
nientes que tomó el poder en 1920 tuvo que enfrentar una situación nueva dos -o revelados- por la revolución de 1910 tornaron imposible el dominio
en la cual "la vasta mayoría de la población que anteriormente había estado a la antigua de los terratenientes. Era un mundo al revés, y aun cuando se
excluida de la participación política, se había politizado". Por consiguien- arregló en parte después de 1915, nunca volvió a ser el mismo.
te, "la política en Chiapas en los 1920 fue enormemente diferente de lo
que había sido antes de la revolución", y yo quisiera señalar que este hecho
ostensiblemente político acarreó importantes consecuencias para el siste- W3 Benjamin, "Passages to Leviathan", pp. 167-179.
IU4 Rosalie Evans, en D.e. Pettus (ed.), The Rosalie Evans LettersIrom Mexico (Indianápolis, 1926).
Asgar Simonsen me ha hecho notar que Ometepec, escenario de una reforma agraria debido
"" Mever, Historia de la Revolución Mexicana ... El conflicto social, pp. 174-175. a una revuelta campesina en 1911, se convirtió en el centro de la protesta agraria después de
nm La tendencia a concentrar tierras durante el Porfiriato fue general, pero no uniforme; en la revolución; el estudio de Friederich de Naranja y el de Buve de Tlaxcala revelan una conti-
algunas regiones (partes de Michoacán; la sierra de Hidalgo) las haciendas fueron parceladas nuidad similar. Y,como lo ilustra The First Agraristas, de Craig, también se desarrollaron pro-
en pequeñas propiedades. Sin embargo, la parcelización de este tipo de propiedad no se testas agrarias de importancia en regiones que habían estado en relativa tranquilidad durante
debe confundir con la parcelización de los cultivos (por acuerdos de leasing o mediería) los la revolución armada.
que, aunque eran comunes (por ejemplo en el Bajío), representaban un incremento en las 105 José Fuentes Mares, Y México se reJugióen el desierto (México, 1954), pp. 241,244-245; Wasserman,
utilidades del terrateniente/arrendador, no una abdicación del control de los terratenientes. "Persistant oligarcas''; Ian Jacobs, "Rancheros of Guerrero: the Figueroa brothers and the
'''1 Jan Bazant, Cinco haciendas mexicanas: Ires siglos de vida rural en San Luis Potosí (México, 1975), revolution"; in Bradíng, Caudillo and Pesant, pp. 89-91, concluye su análisis de una familia
pp. 182-183. (revolucionaria) con un claro ejemplo de cómo "las nuevas estructuras ... no siempre involucran
1iJ~ Simon Miller, "An agrarian economy under siege: The Porfirian hacienda in the Mexican el reclutamiento de nuevos hombres".
Revolution'', disertación dada en el taller mexicano de la Conferencia de la Sociedad para 106 Womack, Zapata, pp. 41-42; Y cf. Anita Brenner, Idols Behind Altars (NewYork, 1929), pp. 225·
Estudios Latinoamericanos, Cambridge, abril 1984; Rayrnend Th.J Buve, "Peasant Movements, 226; in D. e. Pettus, The Rosalie Evans Leuers, pp. 71, 78 Y 154 Y Luis Conzález y González,
Caudillos and Land Refonn During the Revolution (1910-17) in Tlaxcala, México", Boletín de Pueblo en vilo: Microhistoria de San José de Gracia (México, 1972), pp. 133 Y 137·138, sobre la
Estudios Latinoamericanos y del Caribe 18 (1975), 148-149. pérdida de deferencia.

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Capitulo 2, La Revolución Mexicana
Alan Knight Revolución, Democracia y Populisrno en América Latina

tar peones endeudados, comprobaron que el sistema se estaba desmoro-


La principal pérdida de la clase terrateniente fue política más que eco-
nando en medio de la revolución.l+' Por supuesto, no todos estos cambios
nómica. Los oligarcas terratenientes ya no gobernaban el estado de la Fe-
fueron permanentes, Y la revolución no eliminó el sistema de peonaje en-
deración. A lo sumo, colaboraban con generales revolucionarios cooptados
deudado -del tipo sureño y servil- de una vez por todas. Le tocó a Carrillo
y realizaban esfuerzos para contener los desafíos de los grupos reciente-
Puerto el eliminar "el último reducto de esclavitud" en Yucatán (la mal
mente movilizados. La devolución masiva por parte de Carranza de tierras
afamada plantación de Catmís), y de realizar esfuerzos "para organizar la
confiscadas permitió una recuperación territorial, por lo menos en el pa-
pel. Pero al estar la riqueza terrateniente divorciada del poder político, mano de obra del campo yucateca y transformarla en trabajadores agricul-
quedó severamente desmejorada.l'F De igual manera, hasta estas modestas tores sindicalizados". Dichos esfuerzos culminaron -aunque en forma un
112
violaciones al monopolio territorial de los terratenientes (y hacia 1934 un tanto imperfecta- con la reforma cardenista de los 1930.
quinto de la tierra en manos privadas había sido enajenada bajo la "modes- En México central, la eliminación de los intereses terratenientes fue
ta" reforma de los sonoranos) podían tener un impacto desproporciona- más lejos y más rápido en Morelos, donde los hacendados perdieron más
do.1°8 La razón de esto fue que la clase terrateniente porfiriana había de- de la mitad de sus tierras y además tuvieron que vérselas con la competen-
pendido de un creciente monopolio de la tierra (y el agua) con el apoyo cia que había surgido del campesinado reconstituido. La víaJunker hacia
del poder político; con el monopolio infringido y el poder debilitado los el capitalismo agrario, que parecía haberse abierto durante el Porfiriato se
intereses terratenientes se vieron seriamente amenazados y obligados a ele- cerró a favor de una vía de agricultores (el desarrollo del capitalismo sobre
gir entre la extinción y la rápida adaptación al cambio en el medio ambien- la base de la agricultura campesina y la kulaikización).1I3 O, mejor dicho, a
te. Dondequiera que los terratenientes porfirianos hayan sobrevivido, por favor de ninguna vía en especial, ya que no está claro que el campesinado
lo tanto, lo hicieron en virtud del cambio, no el conservatismo (un caso re constituido de Morelos haya proporcionado una vía apropiada para llc-
clásico es William Jenkins de Atencingo). 109 La supervivencia de individuos
o familias no debería cegamos con respecto al cambio colectivo inducido
por la revolución. 111 Ver el informe del agricultor estadounidense J. Harvey de Tezonapa, Veracruz, 2 de agosto de
1912, archivo del Departamento de Estaelo, RG 59,812.000/4779, sobre su inhabilidad para
Los terratenientes porfirianos habían contado con una combinación reclutar peones desde el pueblo de Oluta, como lo había hecho antes en época de fiesta,
de coerción directa (o "extraeconórnica") especialmente en las regiones ahora que la "fuente de terror local" -la guarnición militar- había sido eliminada,
de peones endeudados del sur, y de monopolio territorial, que a su vez 112 Joseph, Reuolution, pp, 103-105, 213-214 Y298, El accionar del cónsul de Estados Unidos en
Progreso fue prematuro en vez de totalmente errado cuando en 1917 informó que "los sindi-
dependía del poder legal, financiero y político. Ambos factores fueron
catos de trabajadores ejercían una fuerte influencia política e industrial y r¡ue uso de peones
significativamente afectados por la revolución. Luis Felipe DomÍnguez li- parecía estar efectivamente abolido": A, Gaylord Marsh al Departamento de Estado, 31 de
beró a los peones de las tristemente famosas monterías de Chiapas; Salva- mayo ele 1917, archivos del Departamento de Estado, RG 59,812.000/20993,
dor Alvarado hacía alardes de haber liberado a 100.000 peones en III ¿El modelo porflriano involucró una "víaJunker" al capitalismo agrario? El que se haya pro-
ducido una rápida concentración de tierras sugeriría que si, pero (como señalaré más adelan
Yucatán.l!" Los hacendados en los Estados Unidos, acostumbrados a reclu- te) la estructura interna de las haciendas porririanas inhibicron el progreso hacia el trabajo
asalariado libre -en algunos y talvez en muchos casos, De ahí la ambivalencia de analis;as
como Roger Bartra, quien, en su interesante artículo "Peasanrs and Political Power in Méxi-
107
Katz, The Secret War, pp. 256-257; Meyer, Hístoria de la Revolución Mexicana ... El conflicto social, co: A Theoretical Approach", Latin American Perspectives 5 (1975), pp, 127 Y 129, primero
p, 187, nota correctamente que "a comienzos de los 1930 la característica principal de la argumenta que la "agricultura mexicana de comienzos de siglo se estaba desarrollando de
escena rural mexicana era la contradicción entre la posición económica dominante de los una manera que podría llamarse la versión porflriana de la 'víaJunker''', luego observa que
terratenientes y su falta de legitimidad política", "los latifundios utilizaban la sobre explotación de la fuerza laboral (incluso usando formas
108
¡bid" p, 193; Yver nota 71. feudales), Así cerraron la puerta a la posibilidad de un desarrollo tipo "[unker" en la agricul-
109 David Ronfeldt, Atencigo: The Politics oJ Agmrian Strugg;le in a Mexican Ejido (Stanford, 1973), tura". Este segunda posición es inequívocamente discutida por Marco Bellingeri y Enrique
Anita Brenner notó que sin sus vastos acres, algunos terratenientes "lucraron enormemen- Montalvo, "Leo in en México: la vía junher y las contradicciones del porfiriato", Historias 1
te", ya que los puso en una posición industrial y los alivió del peor problema laboral. Otros se (1982), pp. 15.29, Comu muchas interrogantes históricas, ésta oscila entre lo típico y lo atípi-
resignaron a la agricultura intensiva en lo que quedaba, al mismo tiempo virando hacia el co y, actualmente, nuestro nivel de conocimiento empírico no nos pcrrnite una respuesta
comercio y la manufactura"; The Wind That Swcpt Mexico: The History oJ the Mexican Revolution confiable. Bellingeri y Montalvo ciertamente han destacado las barreras que yacen e n el cami-
1910-42 (Austin, 1984; primera edición 1943), p. 91. no de una suave transición "Junker", y que, se argumenta en este trabajo, la Revolución ayudó
110 Benjamin, "Passages to Leviathan", p. 132;Joseph, Revolution, p, 104; Gruening, Mexico and its
a demoler.
Heritage, p, 139, nota el fin del uso de peones en el infame Valle Nacional de Oaxaca.

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Alan Knight Revolución, Democracia y Populisrno en América Latina Capítulo 2. La Revolución Mexicana

gar al cap ita lis m o.J!" Desde 1940, por cierto, dicho campesinado des, y esto es válido tanto para los hacendados preporfirianos como para
reconstituido -receptor de concesiones de tierra desde la revolución- ha los porfirianos.U? Lo que es más discutible e interesante es la filosofía que
servido los intereses de la acumulación de capital y la industrialización. subyacía a la producción de hacienda, especialmente al ir creciendo la de-
Previamente, sin embargo, el lugar del campesinado dentro de tal proyecto manda del mercado en el último cuarto del siglo XIX. Comentaristas como
capitalista había sido incierto o anómalo. La reforma agraria, en otras pala- Molina Enríquez, que denunciaron las grandes extensiones de tierra y la
bras, podía significar diferentes cosas en diferentes momentos, y es un nue- mentalidad "feudal" de los hacendados porfirianos estaban equivocados,
vo error teleológico el asumir que toda reforma agraria -incluyendo la de pero no totalmente equivocados (en realidad, sería extraño si tantos co-
los 1920 y la de los 1930- haya sido igualmente funcional para el desarrollo mentaristas, mexicanos y extranjeros, contemporáneos y posteriores, hu-
del capitalismo. 115 bieran estado tan invariablemente equivocadosj.U'' La escala y esfuerzos
Si desde el punto de vista del capitalismo la reconstitución del campesi- aparentemente autárquicos de las haciendas porfirianas denotaban no al-
nado por parte de la revolución fue ambivalente, su impacto sobre el siste- gún tipo de mentalidad feudal/señorial, sino más bien una respuesta eco-
ma de haciendas fue mucho más definido y, se podría argumentar, incluso nómicamente racional a las circunstancias: circunstancias de demanda cre-
crucia!' Por otra parte, este impacto no se confinó a regiones de agrarismo ciente, capital limitado, tierra inicialmente barata (que se fue encareciendo
excepcional (como Morelos). En una gran parte del país las haciendas esta- con el tiempo), mano de obra inicialmente cara (que se fue abaratando
ban enfrentando el desafío del campesinado "externo", que ambicionaba con el tiempo, el crecimiento de la población y el despojo campesino) y,
tierras de las haciendas (desafío que variaba en intensidad de lugar en lu- sobre todo, un clima político-legal altamente favorable.
gar),junto con amenazas más insidiosas, indirectas y omnipresentes, que La expansión de las propiedades por lo tanto no sólo aumentó los re-
emanaban de la revolución y estaban dirigidas a la filosofía misma de la cursos (tierra y -a veces lo que era más crucial aún- agua), sino que tam-
producción latifundista. Para poder apreciar esto, debemos volver al bién generó una creciente oferta de mano de obra. Esta fue tal que a fines
Porfiriato. El dinámico crecimiento de la demanda y la inversión que afec- del siglo XIX la necesidad objetiva de peonaje endeudado estaba disminu-
tó al México rural a fines del siglo XIX tuvo lugar en una sociedad que ya yendo en muchas partes de México.119 En Morelos, la sanción más fuerte
poseía las existentes unidades territoriales bien definidas.U" Las grandes aplicada por los terratenientes no fue la coerción sino que el tener que
propiedades agrícolas estaban bien establecidas (aun cuando esto no quie- dejar la hacienda.P" Además, el despojo de sus tierras a los aldeanos y pe-
re decir que todas las propiedades hayan sido grandes, o que las propieda- queños minifundistas eliminó la competencia en la producción de cultivos
des no se hayan comprado, vendido, heredado, parcelado o consolidado) y de primera necesidad, mientras que aranceles favorables impedían el in-
se habían beneficiado de las políticas de desamortización iniciadas por los greso de grano de otros países. Las grandes propiedades agrícolas (y "gran-
liberales en los 1850, así corno de las leyes de colonización del período de'
de" en este contexto era relativo a las condiciones locales) garantizaba de
Díaz. Está totalmente claro (y no vale la pena extenderse en este punto)
esta manera mano de obra barata, precios altos y buenas utilidades. Pero -se
que las haciendas operaban dentro de un mercado y que buscaban utilida-
produjo un familiar dilema económico- estas ventajas individuales traían

II~ Considero el de Morelos como el mejor caso de una completa reforma agraria postrevolu-
cionaria: las consecuencias se proponen en Womack, Zapata, pp. 372·375. Aunque, cfr. Arturo 117 Más que citar el extenso corpus de la obra de Enrique Semo,Jan Bazant, David Brading, Char-
Warrnan, ... Y venimos a contradecir: Los campesinos de More/os y el estado nacional (México, 1976), les Harris, Harry Cross, Marco Bellingeri, John Tutito, Simon Miller y otros, recordaría el
pp. 165-168,178-183. Barta, "Peasants and political power", toma la clásica visión marxista de comentario de John Coastworth: "no se ha encontrado ningún propietario que tenga los
que la reforma agraria, al bloquear la "descampesinización", creó "un obstáculo al desarrollo atributos del tipo aristócrata, ansioso de prestigio, simplón en el manejo económico, que
capitalista en la agricultura": ver pp. 127·128. Magraw, France 1815-1914, pp. 15 Y5E>-57, sugie- alguna vez se pensó era el típico hacendado español-americano": "Obstacles to Economic Growth
re un paralelo francés. in Nineteenth-Century México", American Historical Reuieui 83 (1978), p. 87.
liS Ver el resumen en David Goodrnan y Michael Redclift, From Peasant to Proletarian: Capiialist 118 Andrés Molina Enríquez, Los grandes problemas nacionales (México, 1909), pp. 81-103; Edith
Deoeicpmerü and Agrarian Transitions (Oxford, 1981), pp. 185·213. Boorstein Couturier, "Modernización y tradición en una hacienda: San]uan Hueyapán, 1902-
¡Ir; La relativa ausencia de tierra disponible,junto con el creciente monopolio de los terratenien- 11", Historia Mexicana 18 (1968), pp. 35-55.
tes sobre los recursos, descartó cualquier aplicación general del principio Chayanov: los agrio 119 Friederich Katz, La servidumbre agraria en México en la época porfiriana (México, 1980), pp. 37·
cultores campesinos raramente se encontraban en posición de competir exitosarnente contra 38; Warman, ... y venimos a contradecir, p. 89.
la producción de las haciendas (como lo habían hecho, por ejemplo, en el período colonial). 120 Warman, ... y venimos a contradecir, pp. 70 Y72.

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Capítulo 2. La Revolución Mexica no
Ajan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina

aparejadas desventajas colectivas, sobre todo para la continuación del desa- ficativo comercio exterior (como sucedía con las economías medievales),
rrollo capitalista del cual los porfirianos (incluyendo a la mayoría de los sería imposible que hubiera una base para el desarrollo capitalista, aun en la
terratenientes) estaban a favor. Dicho desarrollo requería el crecimiento línea del "desarrollo hacia fuera". El desarrollo capitalista requiere de la
de una vigorosa clase social de kulaksy/o la proletarización del campesina- kulaikización y/o la proletarización no sólo por razones de definición, sino
do (a decir verdad, histórica y teóricamente, ambas tendencias parecen también como un requisito básico para la creación de un mercado interno,
de acumulación de capital y de industrialización. El "desarrollo hacia fue-
conspirar).121 Para muchos definitivamente se requieren estas tendencias,
ya que teóricamente el capitalismo está constituido por relaciones de pro- ra" trabajó precisamente dichas áreas -como Argentina y el sur de Brasil-
donde las ganancias de exportación facilitaron una expansión del mercado
ducción que incluyen la mano de obra asalariada libre: el producir para el
interno (en sí basada en la inmigración europea y, por lo tanto, salarios en
mercado ese antiguo axioma frankiano no puede por sí solo denotar capi-
dinero más altos); no -como en el litoral de Perú o Centroamérica- donde
talismo.122 (Debe agregarse que, dado que la agricultura no es enteramen-
la demanda de mano de obra podía ser satisfecha con salarios de subsisten-
te análoga a la industria, podría no experimentar el mismo grado de com-
pleta proletarización: en otras palabras, los campesinos pueden sobrevivir cia y algunas formas de mano de obra contratada. 125
El México de Porfirio se parecía a los segundos ejemplos. El sur -el
dentro de sociedades demostrablemente capitalistas posiblemente como
"proletarios disfrazados" .123 La existencia de campesinos en el México México bárbaro- desarrolló algunas formas de peonaje endeudado, que
en algunos casos tuvieron un cercano parecido con la esclavitud. 126 Mien-
moderno no hace a México "feudal" o "precapitalista", así como la existen-
tras tanto, en las haciendas tradicionales de México central, la transición
cia de proletarios en el México de los Habsburgo tampoco lo hizo "capita-
lista".) Pero dejando las definiciones de lado hay un argumento de tipo al trabajo asalariado libre (o kulaikización) fue bloqueada por los impe-
rativos de la producción latifundista. Aquí, los terratenientes más "pro-
práctico que debería causar una impresión aun en quienes no están intere-
gresistas" favorecieron ya veces estimularon un cambio de las formas "tra-
sados en polémicas sobre definiciones. En ausencia de una significativa
dicionales" de remuneración (pago con trabajo, por medio del cual los
kulaikización y/o proletarización, la magnitud del mercado seguiría sien-
peones recibían terrenos a cambio de trabajo en la hacienda, pagos en
do muy reducida, ya que la gran mayoría de la población dependería de la
especie, incluyendo pagos teóricos en efectivo que eran contrapesados
agricultura de subsistencia y el pago en especie, y las transacciones de im-
con la "compra" de productos de subsistencia) hacia un salario en dine-
portancia del mercado estarían confinadas a las ciudades y al comercio inter-
ro. Esto era enteramente lógico, dado que la oferta de mano de obra
nacional: estas fueron las circunstancias que prevalecían en México o Chile
estaba creciendo, por lo menos en México central, mientras que subían
alrededor de 1850.124 Aun cuando estas circunstancias permitirían un signi-
los costos de oportunidad de ciertas formas "tradicionales" de remunera-
ción, por ejemplo, tierra y alimentos de primera necesidad. Sin embargo,
121
Goodman y Redclift, From Peasant to Proletarian; pp. 100-105; de Alain janvry, The Agrarian
a pesar de estar convirtiéndose a la modalidad de pago de salario, los
Question and Reformism in Latin America (Baltimore, 1981), pp. 10&-109. terratenientes estaban poco dispuestos a reajustar los salarios de acuerdo
122 "La sola aparición de la circulación de las materias primas y de dinero circulante no bastan con los precios: los salarios adolecían de "rigidez al alza". POI- lo tan to, a
para proveer las condiciones históricas para la existencia de capital"; "la cooperación capita-
lista ... presupone la existencia de un trabajador asalariado libre, que vende su capacidad de
trabajo al capital"; "el proceso que allana el camino al sistema capitalista ... transforma a los
actuales productores en trabajadores asalariados"; etc, Karl Marx, Capital, 2 Vols. (London,
mía mexicana en este período, la evidencia disponible apunta en la misma dirección.
J.M. Dent & SO!1S, 1957), r. pp. 156-351; n, pp. 791-792.
Coatsworth, "Obstacles to economic growth", p. 82 nota una caída clel 50% en el ingreso per
123 Luisa Paré, El proletarindo agrícola en México:¿ campesinos sin tierra o proletarios agrícolas? (México,
capilareal en México entre 1800 y 1860,mientras que su El impacto económico de Lasferrocarntrs
1977) adopta esta postura con respecto a México; S. Amin y K Vergopoulos, La question paysanne
en el porfirialo (México, 1976,:2 vols.) ilustra la dramática expansión del mercado hecha posi-
el le cnpiialisme (París, 1977) hacen lo mismo globalmente; ver especialmente pp. 184-204 para
un análisis convincente del "campesino" moderno como trabajador al detalle de Jacto. Por ble después de los 1870.
12; William Glade, The Latui American Economies: A sludy oftheir Lnstüuiional Eoolution. (New York,
supuesto que esta desviación de la carta de Marx es contenciosa: Goodman y Redclift, From
Peasant lo Proletarian, pp. 96-98. 1969), pp. 306-310 Y 319-321.
126 Ajan K.night, "Peonage and Unfree labour in Nineteenth-Century México", ponencia presen-
124 Arnold Bauer, Chilean Rural Society (Cambridge, 1975) ha puesto énfasis en las restricciones
tada en la History Workshop Conference on Slavery ancl Unfree Labour, Oxford, abril de
del mercado a comienzos del siglo diecinueve en Chile, incluso en tiempos del supuesto
"boom" exportador, aunque no conozco ningún estudio equivalente completo de la ccono- 1985.

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pesar de la inflación de precios, los salarios sólo subieron vacilante y sean patentemente no capitalistas, es decir, en las cuales el trabajo asalaria-
modestamente (lo mismo, en apariencia, fue lo que sucedió en las minas do libre esté ausente, sea muy limitado, o que donde pareciera existir fuera
durante la revolución) .127 Como consecuencia, los trabajadores rurales su- puramente formal. 132 Esto puede ser problemático en el caso de empresas
frieron un severo deterioro en sus estándares de vida, a lo cual respondieron individuales (como San Antonio Tochatlaco), pero es un problema con el
volviendo a las tradicionales regalías: pagos en especie, avances en efectivo que se puede vivir: mientras las utilidades se acumulen, la empresa prospe-
contra compra de alimentos. Los hacendados se encontraron permitiendo rará y las "contradicciones" demostrarán no ser terminales. Pero las conse-
que las deudas se acumularan a pesar de ellos mísmos.P" En San Antonio cuencias para la economía como un todo son serias. Bajo tales condiciones,
Tochatlaco, una hacienda orientada a la producción comercial cuya adminis- que no son las de libre mercado, la ganancia individual no redundará enel
tración era progresista, hubo un intento de eliminar los pagos en especie y desarrollo colectivo. Se pueden discernir problemas -o "contradicciones-
deudas, que se frustró: hacia los 1900, ambas modalidades debieron ser en tres áreas.
reimplantadas.F" Como resultado, las robustas utilidades de las hacien- En primer lugar, el monopolio terrateniente de los recursos y la asocia-
das durante los 1900 dependieron no sólo de la creciente sed de pulque da supervivencia -e incluso refuerzo- de relaciones de producción pre-ca-
de Ciudad de México, sino también de su capacidad para reducir los cos- pitalistas inhibieron la racionalización de la producción agrícola. Nueva-
tos monetarios por medio de un aumento en los pagos no monetarios a la mente, esto no es cosa de mentalidad "feudal" o "de patrón". Los
apremiada fuerza laboral. Aun cuando una concentración en los balan- terratenientes porfirianos innovaron e invirtieron (algunos profusa y
ces de las haciendas (estados financieros de egresos e ingresos), del tipo jactanciosamente) 133 donde el hacerla parecía ser rentable. Pero la inver-
que los estudios de casos de haciendas frecuentemente presentan, en este sión generalmente estaba dirigida hacia el transporte, el procesamiento y
caso podría sugerir que se trataba de empresas "capitalistas" altamente el riego. Mientras fuera posible asegurarse mano de obra barata (incluso,
exitosas. Sin embargo, si en los cálculos se incluye la fuerza laboral (las en cierto sentido, gratis, dado el bajo costo de oportunidad del pago en
relaciones de producción) aparece revelada una significativa y creciente tierras, hubo pocos incentivos para mecanizar el trabajo agrícola. Compa-
dependencia en formas no capitalistas (¿feudales?) de remuneración. 130
rados con sus pares de los Estados Unidos, los productores de grano mexi-
Esto podría servir para explicar que las deudas hayan prevalecido en las
canos gozaron de mayores utilidades sobre la base de menor productivi-
otras haciendas de la región, a pesar de la relativamente abundante ofer-
dad.134 De ahí la crítica de Raigosa a la agricultura porfiriana: "a salario
ta de mano de obra y de la renuencia de los hacendados a tener trabaja-
bajo, agricultura pobre y producto caro". 135 En segundo lugar, la baja pro-
dores endeudados. 131
ductividad y los salarios bajos (o salarios en especie) constriñeron el creci-
Debido a que los estudios sobre la hacienda a menudo se concentran
miento del mercado nacional, requisito crucial para la industrialización.
en las relaciones externas de la empresa (su rol en el mercado, su balance
Por otra parte, la gran masa de peones, empujados al margen de la subsis-
formal) y no exploran las relaciones internas de producción, es difícil decir
hasta qué punto el ejemplo dado anteriormente es típico. Obviamente, como
lo indican casos que van desde Europa Oriental al Caribe y México, las 13" "Puramente formal" en el sentido que el sueldo en efectivo puede consistir en crédito recicla-
utilidades pueden aumentar sobre la base de relaciones de producción que do a través de la misma hacienda, y los avances en efectivo pueden -de acuerdo a la forma
clásica del peonaje oprimido por lasdeudas- servir para mantener una fuerza de trabajo casi
en calidad de siervos. Así, no sólo los siervos y esclavos, pero también algunos "proletarios"
'"' Katz, Servidumbre Agraria, pp. 13 Y34. Durante la inflación revolucionaria, las compañías mi- ostensibles, pueden de hecho no alcanzar los requisitos de la definición de "trabajador asala-
neras preferían repartir ayuda en forma de caridad en vez de aumentar los salarios, e.g. Naval riado libre", (que "debe ser doblemente libres: libre para acceder a la tierra y libre del control
Report, Manzanilla, 9 noviembre 1915,Archivos del Departamento de Estado, RG 59,812.00/ de un empleador en particular"), a pesar de que sus patrones puedan estar teniendo buenas
16843. ganancias en el mercado. La cita esde "Coffee and rural proletarization: a comment on Bergad",
'"' Katz, Seroidumbre agraria, pp. 83-103, presenta el informe Galindo de 1905 sobre el peonaje en Joumal oJLatin American Stlldies16 (1984): 144, de Torn Brass.
la región de Puebla-Tlaxcala, indicando este fenómeno. 133 Womack, Zapata, p. 49; Warman, .. , y venimos a contradecir, pp. 62-63; Joseph, Reoolution,
'"" Ibui., 40. 100·101, informa de la intención; para la historia completa, agudamente analizada, pp. 29, 34: Barbara Louise Margolies, Princes oJ the Earth: Subcultural Diversity in a Mexican
ver Marco BeIligeri, "L'economia dellatifondo in México: I'hacienda San Antonio Tochatlaco Mllnicípality (Washington, 1975), pp. 19-22.
dal 1880 al 1920", Annali della Fondazione LuigiEinalldi 10 (1976), 287-428. I:H Fernando González Roa, El aspecto agrario de la revolución mexicana (México, 1919), p. 200.
,:lO BeIlingcri, "Lenin en México", pp. 370·380 Y409·413. m Moisés González Navarro, Historia Moderna de México. El Porfiruüo: La vida social (México, 1970),
1:\, Katz, Seroidumbre agraria, pp. 38-39,87,89 Y98-99. p.218.

l)l)
Capítulo 2. La Revolución Mexicnna
Ajan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina

capitalistas de producciónl4l En forma similar, los arreglos políticos que


tencia, mostraba lo que un empresario alemán (escribiendo después de la
subyacían a este patrón de desarrollo (sobre todo al garantizar la posición
revolución pero expresando sentimientos aun más aplicables al período
monopólica de los terratenientes) han sido descritos en diversas oportuni-
pre-191O) llamó "verdarnmte bedúrfnislosigkeit" (maldita pérdida de ga-
dades: en términos de la "revolución desde arriba" de Barrington Moore,
nas de tener cosas) .136 De ahí que la industria textil enfrentara una crisis
en la cual las elites preindustriales y la agricultura "represiva con la mano
de sobreproducción que, a su vez, agravó la "cuestión social": las fábricas
de obra" eran preservadas por un proyecto de "modernización conservado-
particulares fracasaron por falta de un mercado masivo. 137 Ya pesar de que
ra" o, en términos de las diferentes alianzas bosquejadas por Arnin, caracte-
los bajos salarios impedían que el sector rural proporcionara un mercado
rizadas por "precios altos para los bienes de primera necesidad y conse-
para los bienes industriales, la baja productividad, combinada con una com-
cuentemente, salarios más caros, utilidades más bajas (y la liberación) .., de
petencia imperfecta que forzaba al alza los precios de los artículos de pri-
los beneficiarios de este monopolio terrateniente de la obligación de tener
mera necesidad (ciertamente hacia 1900, si no antes), estrujaba los salarios
que mejorar las técnicas de producción bajo el estímulo de la competencia
e ingresos disponibles.l'f
Finalmente, la estructura de la producción agrícola inhibió el desarro- de la cual ningún industrial puede escapar".142
Estas limitaciones o contradicciones no fueron terminales. No hay evi-
llo capitalista desviando recursos hacia el ineficiente y monopólico sector
agrario. El monopolio de los terratenientes aseguraba utilidades, ya sea como dencia de que la "revolución desde arriba" porfiriana estuviera inhe-
productores directos (los hacendados de Morelos y puntos hacia el sur) o rentemente condenada alrededor de 1910.143 Se requirió una crisis política
arrendadores (los hacendados de Guerrero o el Bajío). 139 Era económica- -se podría argumentar, una gratuitamente autoinducida crisis política- para
mente racional (no atavísticamente feudal) el comprar tierra antes que in- derrocar el régimen y permitir que los conflictos políticos emergieran. En
vertir en industria o comercio (que dependían fuertemente -mas no exclu- ausencia de tal crisis, la "revolución desde arriba" sin duela habría seguido
sivamente- del capital extranjero). ¿Por qué invertir en ferrocarriles aI6%, adelante, con contradicciones y todo, como lo han hecho otras por genera-
preguntaba un diputado en 1878, cuando se podía obtener fácilmente un ciones. Pero, igualmente, no hay prueba de que el régimen porfiriano no
12% en otras áreas; o cuando, se podría agregar, los productores mexica- podría haber superado dichas contradicciones por medio de una reforma
nos de maíz podían contar con más de un 50% en los 1900?140La misma preventiva: el interés terrateniente estaba demasiado afianzado, era demasia-
rentabilidad de la producción agrícola del latifundio, a menudo citada como do profundo para permitir los cambios radicales que una política de genuina
prueba de su carácter "capitalista", ejercía un efecto macroeconómico per- reforma habría conllevado. En otras palabras, de no haber habido revolu-
judicial al desarrollo capitalista. En términos neoclásicos, el retorno obte- ción, la clase terrateniente habría sobrevivido, como lo hizo en otros lugares
nido por un factor de producción (la tierra) distorsionaba el mercado en en América Latina, hasta que los acumulativos cambios políticos, económi-
perjuicio de los consumidores, los asalariados y los industriales. Por otra cos y demográficos aseguraran que las reformas vendrían oficialmente, casi
parte, la extracción que hacían los terratenientes de una "plusvalía absolu- consensualmenteJ44 Como un desafío a los intereses creados, como una
ta de la tierra" inhibió la acumulación de capital y la transición a relaciones

141 Karl Marx, Capital (Moscow, 1966), libro 1Il, cap. xlv, especialmente pp. 760-762.
1% Stuart Chase, MéexicoA Study oj Tuo Amcricas (New York, 1931), p. 313. 142 Barrington Moore Jr., Social Origins 01 Diclalorship and Democracy: Lord and Peasant in th» Mah!l1g
137 Rodney Anderson, Outcasts in their own Land: Mexican Industrial Workers, 1906-1911 (Dekalb, 01 the Modern World (Hammondsworth, 19(9), pp. 433-436; Amin y Vergopuolos, La questiol1
1976), pp. 29-31, 251; Cónsul Bonncy al Departamento de Estado, 2 de noviembre de 1912,
archivo del Departamento de Estado, RG 59 812.00/5446. paysanne, p. 33.
113 Ruiz, The Creat Rebellion, pp. 12,24-25, Cockcroft, Iniellectual Pretursors, pp. xv-xvi, 53-:)4, entre
138 Katz, Servidumbre agraria, pp. 34-35;.John H. Coatsworth, "Anotaciones sobre la producción de otros análisis, parecen exagerar la inevitabilidad estructural de la Revolución.
alimentos durante el Porfiriaro", Historia Mexicana 26 (1976), pp. 167-187; González Roa, El 144 Las reformas agrarias bolivianas y peruanas, por ejemplo, involucraron no t.anto el desmem-
aspecto agrario, p. 97; Margolies, Princes 01 the Earth, p. 28. bramiento de haciendas rentables y productivas (como aquellas de Morelos) a favor de \lI1
139 La forma económica y el contexto social de producción de las haciendas variaban de región campesinado militante "externo", sino la emancipación de las ataduras "feudales" de un cam-
en región (como aquí se sugiere); y estas diferencias fueron importantes determinantes de la pesinado "interno". Igualmente. tuvieron lugar en un momento en que sus víctimas terrate-
"ecología de la revolución" después de 1910. Sin embargo, para otros propósitos analíticos nientes, lejos de constituir una clase "hcgemónica" (como se podría argumentar que lo eran
-e.g. macroeconómicos- las que merecen énfasis son las características comunes de la pro- los terratenientes porfirianos), estaban bajo el ataque de poderosos intereses políticos y eco-
ducción de la hacienda. nómicos urbanos. (Me refiero a la reforma agraria en la sierra peruana, no en la costa).
140 Charles C. Cumberland, Mexico: The Struggíe for Modernity (Oxford, 1968), p. 212.

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94
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AJ;¡n Knight Revol ución, Democracia y Populismo en América Latina Capítulo 2. La Revolución Mexicana

confrontación entre clase y clase y como un quiebre con el pasado, la refor- una consecuencia del conservatismo "revolucionario", y de ahí la ausencia
ma agraria, por ejemplo, de Bolivia en los 1950 o de Perú en los 1960, no de cambio social, sino más bien como el repudio de las bases hacia un cam-
pueden compararse con las de México entre 1910y 1940. bio que fue dramático pero no por eso menos bienvenido. Y mucho de este
Con respecto a las limitaciones y contradicciones agrarias del Porfiriato, cambio fue sin planificar e impersonal, y parecía hecho por remotas deida-
la Revolución tuvo un impacto decisivo aunque no inmediato. Entre sus des jugando insensiblemente con los destinos humanos como en las histo-
principales efectos estuvo el debilitamiento y finalmente la destrucción del rias de Azuela y las de Hornero.
sistema de hacienda. Esto no quiere decir que los líderes revolucionarios Los terratenientes, que a menudo experimentaron la pérdida de su
hayan sido ardientemente agraristas, o que el campesinado haya emergido peso político, también confrontaron amenazas a su supervivencia econó-
como el beneficiario indiscutible de la revolución. Por el contrario, mucho mica. La destrucción física originada por la Revolución (y que afectó más a
del debilitamiento y destrucción fueron no planeados (e incluso lamenta- la agricultura que a la industria) no debe ser subestimada. "Las ruinas de
dos por los líderes), y no fue sino hasta mediados de los 1930 que la política propiedades otrora prósperas se podían ver a lo largo de toda nuestra ruta"
oficial se comprometió plenamente con los objetivos agraristas. Tampoco de Ciudad de México al norte hacia Querétaro, observó un viajero en los
el deceso del sistema de hacienda favoreció uniformemente a los campesi- 1920 y registró cuadros similares en el Istmo y al norte del Bajío. 149 Lo que
nos, algunos de los cuales perdieron la seguridad relativa que les daba el es más importante, la antigua lógica de la agricultura de hacienda ya no era
status de "acasillado", y otros que por medio de la adquisición de inadecua- aplicable: los antiguos monopolios de la tierra habían sido erosionados (in-
dos terrenos ejidales cambiaron dominación por el hacendado a la del ca- cluso una reforma agraria modesta podía lograr eso); la mano de obra se
cique ejidal.145 De ahí se desprende que en algunos distritos la reforma había hecho más costosa y más díscola; el estado ahora intervenía por me-
agraria haya sido impuesta sobre un campesinado recalcitrante. 146 A pesar dio de la distribución de la tierra (por muy incompleta que haya sido), la
de esto, sería un inmenso error el negar los cambios agrarios que la revolu- legislación laboral (por muy cosmética que haya sido) y los impuestos. En
ción puso en movimiento. Las revoluciones, en su sentido "funcional" se muchos estados, la inseguridad física y económica de la hacienda se perpe-
supone que afectan las relaciones entre clases sociales de alguna manera tuaba por las continuas batallas con los agraristas locales. 150 De esta mane-
significativa: no son (para usar la frase de Mao) "cenas de gala ... o dedicar- ra, aun en ausencia de una reforma arrolladora como la que caracterizó a
se a los bordados", ni tampoco son prolijos ejercicios de distribución del Morelos.P! estaba operando una serie de presiones más insidiosas. Tanto
producto social, al estilo de los socialdemócratas. 147 No está claro que el la deferencia como la abundancia de la mano de obra se vieron complica-
campesinado francés haya estado en mejores condiciones que una genera- das por la revolución. "Esencialmente", observa Gruening, "los hacenda-
ción después de la Revolución de las que estuvo una generación antes, pero dos no objetaban tanto el tener que renunciar a unos pocos acres de sus
eso no quiere decir que poco haya cambiado o que la Revolución no haya inmensas propiedades sino que a perder sus siervos. Eso fue lo que signifi-
sido una revolución. Como en México un siglo después, los campesinos có inevitablemente la restauración de las tierras comunitarias." 152 Las tie-
franceses cambiaron un amo (el seigneur) por otro (el usurero). En partes
del sur de Francia "había pocos sentimientos de simpatía hacia una revolu-
ción que era considerada como anticlerical y 'del norte"'. 148 La impopula- 149 A. F. Tschiffely, TschiJJely'sRide (London, 1952), pp. 232, 256,263-254.
ridad de la revolución (mexicana), en la actualidad enfatizada (y posible- '50 Evans y Friederich dan buenos ejemplos. La propiedad rural, notó un observador a comien-
zos de los 1930, era "ahora un activo desperdiciado"; las haciendas habían "entrado en días
mente exagerada) por historiadores revisionistas, es mejor verla no como malos"; e incluso donde los hacendados se aferraban a su patrimonio, los involucró en "un
interminable juego que les rompía el corazón"; R.H.K. Marret, AnEye-witness oJMéxico (London,
1939), pp. 14. 16,96. Talvez Marret puede haber protestado mucho; pero también, además,
11', Warrnan, ... Yvenimos a contradecir, pp. 68-69, 124-126 Y204 sobre la promesa de los realeños de hacen lo mismo aquellos que argumentan por la preservación del status qua rural hasta me-
Morelos (peones "confiahles"): y ibid., pp. 158-161, 182 Y 192, Y Benjamín, "Passages to diados de los 1930.
Leviathan", p. 249, para ejemplos del nuevo caciquismo del ejido. 'Sl Para fines de 1933 (esto es anterior a las reformas cardcnistas), los ejidos abarcaban casi la
1·''; E.g., Craig, TheFirstAgraristas. pp. 126. mitad del área total de Morelos (47%) Y por lo menos cuatro quintos de las tierras cultivables
117 Mao Tse-Tung, "Repon on an Investigation of the Peasant Movement in Hunan", in Selected del estado: Eyler N. Simpson, The Ejido: Mexico's Way Out (Chapel Hill, 1937), pp. 622-623; sin
\v(rrks oJ Mllo 7se-Tung, 3 Vols. (Peking, 1967j, Vol. 1, p. 28. embargo cf., también pp. 573-574.
'¡R Magraw,Fmnce 1815-1914. pp. 28 Y111. l52 Gruening, México and its Ileritage, p. 145.

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Capitulo 2. La Revolución Mexicana
Alan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina

rras del interior de San Felipe del Progreso (en el norte del estado de Méxi- fortunas.157 Mientras tanto, aquellos que no se habían movido (y que en
co) pasaron la revolución en un estado de "tranquilidad intranquila", oca- algunas oportunidades habían prosperado) lo habían hecho no tanto so-
sionalmente perturbada por violencia agraria. Hacia 1920 las haciendas bre la base de un monopolio territorial y apoyo político (el cual a pesar de
tuvieron que vérselas con el agrarismo organizado, las primeras reformas la cooptación de generales revolucionarios nunca fue tan fuerte como en
oficiales y circunstancias económicas apremiantes: una de las haciendas, los tiempos de Díaz), sino que por medio de la racionalización económica
Tepetitlán, fue a la bancarrota y pasó a las manos de su banco en 1929. y la innovación. El camino hacia adelante fue señalado por terratenientes
"Ahora, se podría decir que la hacienda esté en decadencia", se lamentaba emprendedores como WiIliamJenkins, quien sutilmente contrapesó la agi-
su administrador, "porque teníamos al movimiento agrario encima; la ha- tación agrarista, llevó a cabo nuevas alianzas con los políticos revoluciona-
cienda no estaba funcionando como en los viejos tiernpos.P'' Quejas simi- rios y progresivamente se desprendió de sus extensos acres, a la vez que
lares emanaban de estados como Chiapas y Guerrero (ninguno de los dos retuvo el control del crucial y central complejo industrial de Atencingo. 158
fueron estados con reputación de agraristas), donde los gobernadores Vidal Jenkins, en otras palabras, intercambió tierra local por un monopolio indus-
y Castrejón fueron respectivamente acusados de acelerar la reforma agra- triallocal (el "trueque" que los intereses foráneos, también en el mercado
ria, incitando a la organización agrarista y subiendo las cuentas por im- del azúcar, lograron en Cuba durante el mismo período).159 0, expresado
puestos de los hacendados. "En las propiedades especialmente, en los esta- con una terminología diferente, se cambió de la extracción de una plusvalía
dos de Chiapas y Oaxaca", se decía, "ha habido un fuerte aumento no sólo absoluta a una plusvalía relativa: es decir, se transformó en un capitalista
en la tasa, sino también en la revisión de avalúos (fiscales) de propiedades agrario con todas las de la ley.160 En México, por lo tanto, al igual que en
tanto urbanas como rurales".154 En el caso de San Antonio Tochatlaco, los otros lugares en América Latina, la consecuencia económica mayor y más
impuestos y los salarios subieron con la revolución, lo que hizo que la em- clara de la reforma agraria fue la racionalización de la agricultura latifundis-
presa fuera escasamente viable. 155 ta: la conversión forzada de hacendados "tradicionales" (es decir "feudales",
De esta manera, bastante antes de que Cárdenas tomara la ofensiva "semifeudales" o "precapitalistas") en modernos empresarios capitalistas. Fue
contra las grandes haciendas comerciales de Yucatán, la Laguna y el valle una conversión que contaba con el favor de los líderes revolucionarios, a
del Yaqui, y al hacerla llevara las cifras de la reforma formal a niveles sin pesar de que no lo expresaran con tales palabras. Cárdenas protegió a
precedentes, las haciendas en todo el país habían estado sometidas a pre- Jenkins; Calles, él mismo, un buen exponente de la agricultura comercial,
siones inexorables. Algunos terratenientes huyeron durante la revolución señalaba enfáticamente que "los latifundistas ganarán al conceder tierras a
para no regresar jamás; algunos emigraron (de Morelos aJalisco, por ejem- las aldeas de la República, de manera que ellos (los latifundistas), al explo-
plo); otros fueron obligados a vender sus tierras en forma parcial o total tar la parte de las tierras que les quede, se conviertan en verdaderos empre-
por la presión campesina o las fuerzas de mercado; en el Bajío, donde la sarios agrícolas ... y dejen de ser explotadores de hombres". 161 Es decir, la
revolución aceleró la parcelación, o en la Sierra Alta de Hidalgo, donde las explotación proseguiría a través del anonimato del mercado más que a tra-
ventas preventivas hechas por hacendados en situación desmejorada con- vés de palpable monopolio y coerción.
tribuyeron a la formación de una nueva clase media de campesinos. 156Un
buen número de terratenientes, empujados hacia las ciudades y despoja-
dos de su patrimonio se establecieron en el comercio e hicieron nuevas 157 En Flavia Derossi, The Mexican Entrepreneur(París, 1971), se pueden encontrar varios ejemplos
de supervivencia y diversificación de la elite; ver pp. 22-23, 157 Y 259.
I',H Ver Ronfeldt, Atencigo, passim.
159 Juan Martínez Alier, Haciendas, Plantaiicms and Collectiue Faros: Agrarian Class Sacie/les (London,
m Margolies,Pnnces vJthe Earth; pp. 35. 39.
IS'1 Benjamin, "Passages to Lcviathan", pp. 188-195 (incluyendo la cita del cónsul americano en 1977), pp. 100-101.
160 De Janvry, TheAbrrmian Question, cap. 6, especialmente pp. 211-218. El énfasis que pone De
Salina Cruz, p. 191);Jacobs, Ranchero Revolt, pp. 145-157.
Janvry en el vínculo causal entre la reforma agraria y el desarrollo capitalista (no pequeño en
m Bellingeri, "Lenin en México", pp. 382·387.
el sector "no reformista") es adecuado; lo que no significa que su tipoJogía de reformas
156 Me refiero a la parcelación de la propiedad, no solamente al cultivo. Ver D. A. Brading, Ha-
(p. 206)sea correcta o que su inferencia del motivo a partir del resultado (nota 173, abajo),
ciendas and Ranchos in the Mexican Bajío León 1700-1860 (Cambridge, 1978), pp. 208-216; han
J. Schryer, The Rancheros 01 Pisaflores: The History oJ a Peasant Bourgeoisie in Ttoentieih-Century sea válida. Las dos parecen necesitar aclaración.
1"1 Ronfeldt, Atencigo, pp. 19-29; Córdova, La ideologia, p. 317.
Mexico (Toronto, 1980), pp. 37, 42, 51, 64-65,78,80-82,93.

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Ajan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capítulo 2. La Revolución Mexicana

Aun cuando Calles, Cárdenas y otros trabajaron para apresurar esta mo, el que "continuamente ... transforma la división del trabajo dentro de
transición, ellos no la pusieron en movimiento, ni sus esfuerzos oficiales la sociedad, incesantemente cambiando masas de capital y masas de trabajo
fueron los más eficaces. La disolución de los grandes latifundios, que co- desde una rama de producción a otra ... (y) da origen a cambios en el
menzara en medio del caos de la revolución y que no tuvo precedente en trabajo, a un flujo de funciones y a una multifacética movilidad del trabaja-
América Latina en ese entonces formó parte (la más importante) de una dor".155 La creación de estas condiciones, repito, fue no tanto el resultado
convulsión general socio económica caracterizada por la rebelión armada, de esfuerzos conscientes, sino de luchas colectivas cuyo resultado fue im-
la movilización popular y trastornos económicos (inflación galopante ade- previsto y no planeado. La falta de acento de Skocpol sobre los elementos
más de destrucción física). Los exterratenientes de Morelos o el Bajío (como que tienen que ver con los elementos intencionales de la revolución, se
los padres de Abascal, el líder sinarquista) tuvieron sus contrapartes de "clase justifica ampliamente en el caso de México. 156De esta manera, tal como la
media" como Lombardo, Toledano y Gómez Morín, a quienes la convul- mentalidad "señorial" del Porfiriato (y de antes) reflejaba las condiciones
sión revolucionaria les había cortado sus seguras amarras económicas. 162Y materiales prevalecientes y las relaciones sociales, también el despiadado
también hubo comunidades campesinas que adquirieron una nueva flui- empresarismo de los 1920, captado por Blasco Ibáñez, fue un fiel espejo de
dez, una nueva movilidad espacial (cuando los refugiados huyeron de su época.167
Morelos hacia Guerrero, o abandonaron las montañas y se fueron a los' La revolución -se dice a menudo- tuvo mucho de neoporfiriana. A
lagos de Michoacán o buscaron refugio y trabajo en los Estados Unidos) nivel muy general, esto puede ser verdad. Se continuó con los objetivos
que experimentaron la declinación de antiguas costumbres -religiosas, amplios del régimen porfiriano: construcción del estado y desarrollo capi-
sexuales, familiares- y que comenzaron a experimentar con nuevas activi- talista. Pero dichos objetivos fueron continuados por otros medios, en cir-
dades económicas, como la orgía de quema de carbón de Tepoztlán.l'f La cunstancias radicalmente cambiadas y, por lo tanto, su prosecución fue
innovación económica que fuera forzada sobre los terratenientes del mucho más eficaz. Una excesiva concentración en los cambios formales (le-
Porfiriato también fue igualmente impuesta sobre el campesinado. De esta yes, decretos, reformas oficiales) y un correspondiente descuido de los cam-
manera, más que la mayoría de las consignas revolucionarias, la ética de bios informales fácilmente conduce a un malentendido: a la conclusión
trabajo y reconstrucción incansablemente predicada por los sonoranos y ultratocquevilliana de que fue poco el cambio inducido por la revolución
sus subalternos estaba de acuerdo con la realidad y, quizás, encontró oídos o, por lo menos, que mientras más cambiaron las cosas más siguieron tal
receptivos. "Olvídense de la Revolución", le dijo el nuevo presidente muni- cual. Pero para continuar con el patrón porfiriano de desarrollo grosso modo
cipal de Azteca a la gente, "Lo hecho, hecho está. El que está muerto, muer- -la construcción del Leviatán capitalista- la revolución tuvo que llevar a
to está. Los que quedan son los que quedan. Así es que adelante y pónganse cabo cambios mayores; tuvo que darle al gobierno una base institucional
a trabajar, Hagan carbón y vayan a venderlo." Y la gente lo hizo: "creímos más firme y, sobre todo, tuvo que resolver las sofocantes contradicciones de
en Montoya y nos pusimos a trabajar para mejorar las cosas" .164 la agricultura porfiriana. A pesar de que algunos revolucionarios con altu-
Del remolino de la revolución, por lo tanto, emergió una sociedad que, ra de miras deseaban tanto los fines como los medios (Alvarado con su
comparada con los años anteriores a 1910 era más fluida, móvil, innovadora ataque al peonaje endeudado; Calles y su consejo a los latifundistas), la
y con una mayor orientación hacia el mercado. Si esto suena como una
situación idílica friedmanita, no lo fue tal. De igual manera para los campe-
165 Marx, Capital; Vol. 1, p. 525.
sinos y los terratenientes desarraigados, el cambio fue brusco, violento y 166 Skocpol, State and social revolutions, pp. 14-18. Se debe agregar que la atribución que hace
estuvo lejos de ser idílico. Sin embargo, fue friedmanita en cierto sentido, Skocpol de explicaciones "intencionadas" y "voluntaristas" a otros teóricos/historiadores de
ya que la revolución favoreció las condiciones apropiadas para el capitalis- la revolución es considerablemente exagerada; y el que le reste énfasis a dichas explicaciones
conduce directamente a la posición estadólatra criticada antes en este documento (en térmi-
nos burdos: el descontento popular no cuenta mucho, en la medida que el aparato estatal
permanezca inmune a las crisis generadas externamente). Sin embargo, esta posición no se
lI;~ Jean Meyer. El Sinurouismo: Un fascismo mexicano? (México, 1979), pp. 37-39,43-44,61-63. deriva en forma lógica de una crítica a la intencionalidad. Y,podemos notar, que ahora el
Ib:\ Oscar Lewis, Pedro Martinex: A Mexuan Peasnt and his Farnily (London, 1969), pp. 150,156,174- caso central de Skocpol (Sudáfrica) parece apoyar menos su tesis que cuando fue escrita: con
175; Beals, Mexican Maze, pp. 206-208; Pueblo en uilo, pp. 133,137-138. suerte, terminará refutándola.
11;' Lewis, Pedro Martinez, p. 174. 167 V. Blasco Ibáñez, Mexico in Reoolution (New York, 1920), p. 8.

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Copitulo 2. La REvolución Mexicano
Alan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina

tura campesina que sobre la base de las grandes propiedades agrícolas: la


mayoría no tuvo esa posición, y el cambio se produjo en forma no planifica-
"vía Junker" quizás no tenía salida ni en la Rusia zarista ni en el México
da, especialmente en los primeros años. Fue sobre todo la fuerza de la mo-
porfiriano.l7l De ahí que la "nacionalización" de la tierra -teóricamente
vilización y rebelión popular la que quebró el cascarón del antiguo régi-
conseguida después de 1917- haya constituido un programa "radical de-
men y obligó a los gobernadores, terratenientes y empleadores a tener en
mócrata burgués", que favoreció a la industria".J72 Un razonamiento simi-
cuenta las nuevas circunstancias.
lar estuvo detrás de la reforma agraria del siglo XX en América Latina, por
Debido a que estas nuevas circunstancias tuvieron que ver con el au-
lo menos en lo que respecta a algunos de sus protagonistas y a la mayoría de
mento de la producción comercial, la movilidad laboral y la acumulación
sus efectos objetivos. DeJanvry hace una observación que quizás sea dema-
de capital es totalmente válido e! considerar a la revolución mexicana en
siado radical: "todas las reformas agrarias en América Latina, con excep-
cierto sentido como una revolución burguesa. No es porque esto haya sido
ción de la de Cuba y posiblemente la de Nicaragua han tenido el propósito
el trabajo consciente de la burguesía (y mucho menos de la burguesía na-
final de fomentar el desarrollo de! capitalismo en la agricultura" .173 En el
cional); ni tampoco porque haya instantáneamente transmutado el bajo caso particular de México, la reforma agraria finalmente benefició a la in-
metal del feudalismo en el oro puro del capitalismo (porque, como se seña- dustria al profundizar al mercado interno (esto fue ciertamente efectivo
lara anteriormente, las revoluciones burguesas son, por su naturaleza mis- hacia los 1930, si no antes), al transferir capital de la tierra hacia la indus-
ma, fenómenos acumulativos), sino más bien porque le dio un impulso tria, como ya se ha mencionado, y al hacer que la agricultura fuera más
decisivo al desarrollo del capitalismo mexicano y de la burguesía mexicana, eficiente y, por consiguiente, capaz de producir alimentos baratos, exporta-
que el régimen precedente había sido incapaz de dar. Este impulso, el más 174
ciones y una transferencia neta de recursos del campo a la ciudad. Se
poderoso de una serie que se remontaba hasta 1854 (¿o incluso 1810?), dio puede argumentar, en términos más generales, que la revolución también
por resultado una burguesía que, en definitiva, fue más capaz de llevar a proporcionó las estructuras políticas dentro de las cuales estos procesos
cabo su "proyecto" político y económico: "la diferencia entre la burguesía podrían desarrollarse sin grandes perturbaciones. La revolución agraria,
mexicana y la de otros países latinoamericanos es que la primera perdió sus en resumen, sentó las bases para el rápido crecimiento capitalista de la
facultades revolucionarias después de haber hecho amplio uso de ellas,
última generación.
mientras que las otras nunca han conducido y nunca conducirán una revo- Estas nuevas circunstancias, sin embargo, no fueron evidentes sino des-
lución burguesa. Este es el secreto de la estabilidad del régimen burgués de pués de los 1940. y constituiría una especie de burda teleología, de la espe-
México y la explicación, no de su carácter excepcional, sino de sus diferen- cie que he criticado, el considerar el patrón de desarrollo como fluyendo
cias comparado como países como Brasil, Argentina, Chile, etc.".168 ineluctable mente de la revolución de 1910. Por el contrario, como lo seña-
La idea de que una revolución popular agraria que lleve a una extendi- lara Hamilton, la revolución significó la apertura de varias "opciones es-
da reforma agraria sea catalogada de "burguesa" es históricamente bastan- tructurales": eventos futuros, conflictos futuros, determinarían las opcio-
te lógica, pero requiere de un breve comentario final. La participación cam- nes que se iban a tomar y las que se iban a descartar. El "proyecto" posterior
pesina en revoluciones "burguesas" ha sido tema de repetidos comentarios a los 1940 -la "revolución preferida"- se escogió finalmente en parte, pero
y análisis: "la Reforma ... es la revolución burguesa Nº 1", dijo Engels con no totalmente, por medio de una decisión consciente. Se buscaron opcio-
una simplicidad que desarma, "y su episodio crítico fue la guerra campesi- nes alternativas. Se podría argumentar que el cardenismo fue uno de estos
na".169 Dobb atribuyó los orígenes del capitalismo inglés a la diferencia- casos. Quizás, como también lo ha señalado Hamilton, el cardenismo cho-
ción entre el campesinado de fines del medioevo y al crecimiento de "una có con los "límites de la autonomía del estado". Sin embargo, aun dentro
especie de clase [social] de kulaks", que comparó con su equivalente ruso de estos confines el cardenismo fue divergente del "proyecto" de Alemán y
del siglo XIX. 170 Lenin también llegó al convencimiento de que el capita-
lismo se desarrollaría más rápida y seguramente sobre la base de la agricul-
1il Amin y Vergopulos. La question paysanne. pp. 105-115.
172 Ibid., p. 112; Bellingeri y Montalvo, "Lenin en México", pp. 17-18.
173 De janvry, The Agrarian Question, p. 202.
158 Semo, Historia Mexicana, p. 305
174 Knight, "Political Econorny ofRevolutionary México", pp. 306-307, donde se citan varias fuen-
169 Frederick Engels, The Peasarü War in Gennany, (Moscow, 1977), p. 188.
170 Maurice Dobb, Studies in the Deoelopment ofCaPitalism (London, 1972),pp. 60-61. tes de irnportancía.

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Alan Knight Revolución, Democracia y Populismo en América Latina Capindo 2. La Revolución Mexicana

sus sucesores: tal como Goldwater, treinta años después, Cárdenas ofreció ductor") es aplicable a México y tiene implicancias políticas. 177 Se conecta,
una alternativa, no un eco.175 O, para expresarlo en los cautelosos térmi- por ejemplo, con la continuada retórica agrarista y-en el caso de Echeverría-
nos de Semo, las reformas de Cárdenas "muestran tendencias hacia la supe- la práctica agrarista del régimen. 178 Las consecuencias de largo plazo de la
ración de los límites burgueses". 176 Esto sería especialmente válido en ma- revolución pueden ser un estado Leviatán y un capitalismo dinámico, pero
teria de reforma agraria, donde las políticas de Cárdenas fueron más allá ellas son en sí los productos históricos de una experiencia nacional clara-
de la destrucción de la hacienda "tradicional" (por lo tanto, por implican- mente diferenciada, moldeada no sólo desde arriba sino también desde
cia, más allá de las reformas que después llevaría a cabo la revolución boli- abajo, por los levantamientos populares de 1810, 1854yJ910. Ni la repre-
viana) y atacó empresas capitalistas como las plantaciones de la Laguna o sión ni la cooptación pueden eliminar este pasado. Sería por lo tanto aven-
Nueva Lombardía. Aun cuando la reforma agraria y otras fueron posterior- turado el afirmar que todas las "opciones estructurales" creadas por la revo-
mente integradas a un proyecto de acumulación de capital, industrializa- lución han sido agotadas, que ya se gastó el legado de la revolución, que
ción, y "autoritarismo modernizado", no fue ésta su intención subjetiva ni ahora el resultado está claro, fijo, inmutable y unilineal. La reforma agraria
tampoco sus consecuencias objetivas, durante el período cardenista. Y dado se dio por terminada (por Calles) en 1930; la revolución se ha dado por
que esta alternativa radical fue, en términos de ideología, liderazgo e inspi- muerta en numerosas oportunidades desde entonces. Podemos legítima-
ración, una hija de la revolución, se debe admitir que la revolución conte- mente hacer comentarios sobre las consecuencias de corto plazo de la revo-
nía dentro de sí el potencial genético para una variedad de retoños. El lución, pero corremos un riesgo al tratar de resumir su significancia histó-
proyecto posterior a la década de 1940 -por ejemplo, el proyecto de Ale- rica de largo plazo, Como dijera Mao, cuando se le preguntó cuál había
mán- fue quizás el nieto de la revolución, pero también fue hijo de la Gue- sido e! resultado de la Revolución Francesa: "Es demasiado pronto para
rra Mundial y de la Guerra Fría. Como e! estalinismo, el alemanismo fue opinar".
una posibilidad revolucionaria, no una certidumbre revolucionaria.
La monolinealidad y la teleología deberían descartarse porque
distorsionan nuestra comprensión de los períodos históricos -de la revolu-
ción, del cardenismo- pero también porque pueden convertirse en
anteojeras para nuestra percepción del presente. Si el pasado está tan
inmensamente "sobredeterminado", se podría presumir que igualmente lo
está el aquí-y-ahora. Sin embargo, curiosamente los que destacan la domi-
nación absoluta de estado y capital desde cerca de 1920, son a menudo los
más ansiosos de encontrar grietas contemporáneas en el status quo, a través
de las cuales se podrían filtrar las corrientes radicales. Sería mejor que re-
conocieran que el predominio de estado y capital nunca ha sido monolítico,
que la historia postrevolucionaria de México ha sido plena de conflicto
dialéctico y cambio -no de un progreso unilineal- y que dicha historia ha
dejado su impronta en la sociedad contemporánea. Los campesinos (espe- I77 Amin y Vergopoulos, La question paysanne, p. 58 Cf. Bartra, "Peasants and Political Power",
pp. 140-144, YParé, pp. 162-171 quien, en forma similar, deriva las conclusiones políticas de la
cialmente los ejidatarios) pueden considerarse los sucedáneos de los prole- supervivencia de actitudes/retórica/instituciones/ políticas del "campesinado" (al que Bartra
tarios, pero la reconstitución de! campesinado que hiciera la revolución ha coloca en la "estructura de mediación", a pesar de la incorporación de campesinos (incluso
dejado un legado organizacional e ideológico que no puede ser ignorado. como proletarios deJacto) en un sistema de capitalismo agrario. Hodges y Gandy, pp. 210-211,
hace alusión a este problema y asume la posición extrema de que la constante recreación del
Según algunos, la formulación de Amín ("objetivamente proletarizado, a campesinado por el régimen (qua campesinos, no proletarios) desafia la lógica del capital y
nivel de conciencia de clase, el campesino sigue siendo un pequeño pro- representa la necesidad "política de una base campesina" de la burocracia; de esta forma la
división primaria en el seno de la sociedad mexicana no es la clásica entre trabajadores y
capitalistas, sino más bien entre "capitalistas y burócratas" (pp, 219, 225). No puedo estar de
175 Harnilton, The Limits of State Aulonomy, pp. 280-286, es una delicada discusión. acuerdo.
! 7G Scmo, Historia Mexicana, p. 303. 17H Sanderson, Agrarian populism, cap. 7.

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