Вы находитесь на странице: 1из 64

La economía,

ciencia de los intereses


apasionados
Bruno Latour
Vincent Antonin Lépinay

La economía,
ciencia de los intereses
apasionados
Introducción a la antropolog ía
económica de G abriel Tarde

MANANTIAL
Buenos Aires
Título original: L'économie, science des intériits passio1111és.
Introduction a l'anthropologie économique de Gabriel Tarde
Éditions La Découverte, París, 2008
© Éditions La Découverte, París, 2008

TRADUCCIÓN: HEBER CARDOSO

Diseño de tapa: Eduardo Ruiz

Cet ouvrage a bénéficié du soutien de Culturesfrance opérateur du Ministere


Fran�ais des Affaires Etrangeres et Europénnes et du Ministere Fran�ais de
la Culture et de la Communication.

io, la tendencia_ a ma_tema-


Esta obra ha sido beneficiada con el apoyo de Culturesfrance, operador del Por lo. tanto, a nuestro juic rla,
Ministerio Francés de Asuntos Extranjeros y Europeos y del Ministerio
tizar la ciencia. econom . a y la tendencia a pszcologiza
, ic
Francés de la Cultura y de la Comunicación. . ona·1ia
· bles, más bien se deb en pre star un
lejos de ser me
apoyo mutuo. . pues, 1as mayores afi-.
tiene,
La doctrina del laissez-faire ·
. dad-organism0, y los embates
Latour, Bruno dm-
La economía, ciencia de los intereses apasionados: introducción a nidades con la de la sacie 1a otr a.
secuencia, afectan a
la antropología económica de Gabriel Tarde / Bruno Latour y Vincent
Antonin Lépinay. - la ed. - Buenos Aires : Manantial, 2009.
gidos contra ésta, como con
128 p. ; 17x12 cm. GABRIEL TARDE
ISBN 978-987-500-132-9

l. Economía. l. Lépinay, Vincent Antonin II. Título


CDD 330

Hecho el depósito que marca la ley 11.723


Impreso en la Argentina

© 2009, Ediciones Manantial SRL


Avda. de Mayo 1365, 6° piso
(1085) Buenos Aires, Argentina
Tel: (54-11) 4383-7350 / 4383-6059
info@cmanantial.com.ar
www.emanantial.com.ar

Derechos reservados
Prohibida la reproducción parcial o total por cualquier medio.
Índice

Dado que la economía es subje tiva, resulta


cuantificable................................................. 19

La naturaleza de la economía.......................... 53

La economía sin Provi de ncia........................... 99


Supongamos que Karl Marx hubiera publicado El
capital y que nadie le hubiera prestado atención. Un
siglo después se redescubría ese libro y entonces cau-
saba estupefacción la amplitud y la audacia de una
obra aislada, incomprendida, sin consecuencias cien-
tíficas, políticas ni sociales, una obra no desarrollada
por discípulos ni exégesis, una obra a la que no había
llegado a transformar ningún ensayo de aplicación
más o menos afortunado. ¡Qué diferente habría sido
la historia del siglo XX si el breviario de los hombres
de acción hubiera sido el libro de Tarde, Psychologie
économique, publicado en 1902, en vez del de Marx!
Pero tal vez no sea demasiado tarde para reinventar,
mediante un pc4ueño ensayo de historia-ficción, una
teoría de la economía política en la que Tarde habría
desen1peñado el papel reservado en la historia, la ver-
dadera, a los argumentos de Marx.
A prit11era vista parece en verdad difícil tomar en
serio las descabelladas manifestaciones de ese sociólo-
go sin descendencia que habla de conversaciones entre
12 La economía, ciencia de los intereses apasionados La economía, ciencia de los intereses apasionados 13

papanatas como de un verdadero "factor de produc- ree en la existencia del capitalismo, que no ve en el
ci?n"; que _niega el papel central que se le otorga al siglo XIX el aumento terrorífico del frío cálcu~o y del
tnste traba¡o; .que distingue en la noción de capital el reino de la mercadería, sino que, por el contrano, defi-
"germen" (el software) del "cotiledón" (el hardware) ne la ampliación de los mercados como el de _las pasio-
en beneficio del primero; que sigue con la misma serie- nes; que felicita a los socialistas por h~ber_!nventado
~ª~ las variaciones del precio del pan y las del pres- nuevos fervores de asociación y orgamzac1on. ¿A ese
t1g10 de los funcionarios políticos electos con instru- viejo reaccionario es al que de nuevo queremos volver
mentos a los que denomina "gloriómetros"; que toma interesante? ¿A ese trozo de arqueología económica es
como ejemplo típico de producción no, como hacen al que de nuevo queremos darle bri~lo?
todos, una buena fábrica de agujas, sino la industria Muy bien. Tengamos la honestidad d: re~onocer
del libro, interesándose tanto en la difusión de las que la lectura de El capital nos Pª;ecena b1~n per-
i~eas contenidas en las páginas como en la de las pro- turbadora si no contáramos con mas de un siglo de
~ias obras; que trata la cuestión del biopoder como comentarios. Todo parecerá extraño en la economía
s1 la economía y la ecología ya estuvieran mezcladas· de Tarde, quizá porque allí todo resulta nuevo: eso,
que pasa sin esfuerzo alguno de Darwin a Marx y d; or lo menos es lo que queremos tratar de demostrar.
Adam Smith a Cournot, sin por ello creer ni por un P
Obra escrita ' en el centro mismo
· d e la pnmera
. gran
momento en las divisiones usuales de la ciencia eco- globalización, en contacto con todas las innovacio-
nómica; que se interesa en el lujo, en las modas, en el nes técnicas de la época, involucrada por el problema
consumo, en la calidad, en los desarrollos de las mar- moral y político de la lucha de clases, profundamente
cas, en el ocio tanto como en la industria militar y en comprometida con la biosociología, basa?ª en mét?-
la colonización; que no deja de extraer sus ejemplos dos cuantitativos con los que entonces solo se pod1a
del mercado del arte, de la difusión de las ideas filosó- soñar, pero que en la actualidad :stán dis~~ni~les ~~a-
ficas, de la moral, del derecho, como si todos contaran cias a la ampliación de las técmcas de d1g1tahzac1on,
p_or i~ual en la producción de riquezas; que hace de la porque parece recién salida de l~s prensas la pre~en-
ciencia, de la innovación, de los innovadores, incluso tamos un siglo después, en medio de otra globahza-
del oci~, el fondo de la actividad económica; que dedi- ción, ;n plena crisis moral, soci~l, p~lítica y ecológi-
ca un tiempo considerable en seguir los rieles de los ca. No ofrecemos este testimomo aislado como una
ferrocarriles, el hilo de los telégrafos, las publicidades simple curiosidad para interesar a los historia~ores de
de la prensa, el auge del turismo; que, sobre todo, no la economía, sino como un documento esencial para
14 La economía, ciencia de los intereses apasionados
La economía, ciencia de los intereses apasionados 15
recup~rar de otra manera nuestro pasado y, en conse-
cuencia, para definir de otra manera nuestro futuro. l.ts ideas conducen el mundo y, más particularment~,
Al pr~ncipio pensamos en volver a publicar los dos 11 ideas que los economistas se hacen de la materia
gruesos tomos de Psychologie économique, pero fui- 1r pia de su disciplina ... ¿A qué extraña idea de la
mos superados por la fulgurante evolución del merca- d ncia y de la política corresponde? Pues son, por
do del libro, evolución en sí misma totalmente tardia- •icrto ideas, opiniones, argumentos lo que ante todo
na. Dado que la obra original se encuentra accesible s tra:a de invertir, para captar la mutación q~e Ta~d_e
como imagen en el sitio de Gallica y como texto (Word 1 hace experimentar a la teoría de la econ?mi~ poht~-

o PDF) en el excelente sitio canadiense "Les classi- ·a: ¡sí!, para él la superestructura determma en pri-
ques des sciences sociales", no tendría mayor sentido mera y última instancia" las infraestructuras, las que,
publicarlo in extenso y a un costo prohibitivo.1 Por lo por otra parte, como veremos, no existen .. _. .
tant~, decidimos publicar la introducción aparte, con Se podrá decir que es un extraño revolucionario ese
suficientes y extensas citas, para estimular a los lecto- materialista ateo que, cien años antes de la antropolo-
res a sumergirse en las versiones digitales. Asimismo, gía de los mercados, detecta en el materiali~mo_ ateo
pa~a los lectores reacios a la lectura en la pantalla, de los economistas de su tiempo, tanto de 1zqmerda
y sm voluntad de arruinar su impresora imprimien- como de derecha, una forma particularmente perver-
do los dos enormes volúmenes, hemos agregado en sa de Dios oculto. En efecto, Tarde critica a todos
la ~eb la selección de textos que, a nuestro parecer, aquellos para quienes sólo una m_il_agrosa Provid~ncia
me¡or dan cuenta de la importancia del libro.2 parece capaz de producir automaticamente'. mediante
La _rregunta que se plantea Tarde es muy simple: su mano invisible, la armonía preestablecida, la del
¿a que corresponde la sorprendente noción de eco- Mercado o del Estado, poco le importa, pues a su
no.~ía política que surgió en el siglo XVIII y que no juicio los inventores de la economía política est~n de
de¡o de ganar amplitud en el siglo siguiente? Para él, acuerdo sobre casi todo, y ante todo sobre la existen-
cia de la economía como dominio propio. Pues bien,
eso es justamente lo que Tarde cuestiona. .
l. Accesibles en http://classiques.uqac.ca/, y más particular- Ese revolucionario sin organización, sin partido,
mente par~ el texto de Tarde http://classiques.uqac.ca/classiques/ sin sucesor3 y casi sin predecesor se pregunta qué
tarde_gabnel/psycho_economique_tl/psycho_eco_tl.html.
2. Nuestra selección de fragmentos selectos se encuentra en el
sitio www.bruno-latour.fr. ·
3. Hasta donde llega nuestro conocimiento, un solo libro ha
La economía, ciencia de los intereses apasionados 17
16 La economía, ciencia de los intereses apasionados
socialistas sino entre los que creen en los mila~ros de
pasaría si fuéramos en verdad incrédulos, agnósticos una armo~ización preestablecida y los que se megan a
en materia económica. "¿Y si no hubiera en absoluto
divinidad soberana en economía?", se pregunta en el
fondo. Si de verdad se aceptara desplegar esta inma-
.
tivamente todo lo que nos ha suced1_do des e
. 1
s1g os Y
d h
que se ha resumido demasiado, muy p
. ¡- O»)
:~e
·1 ros) ·No se podría releer retrospec-
creer en los mi ag · e dos
ida-
nencia sin trascendencia alguna, ¿no se podría hacer
mente, con el nombre de "cap1ta ism .
política de nuevo? Esta política que los sectarios de
Mammon, dios de la Providencia y la Armonía auto-
mática, como los del Estado, nos prohíben practicar
desde hace tanto tiempo, sí, esta política de la libertad.
¿Liberalismo entonces? Por qué tenerle miedo a esa
palabra, siempre y cuando recordemos que su contra-
rio sólo puede ser el término "providencialismo". ¿Y
si la opción nunca hubiera sido entre las organiza-
ciones del mercado y la del Estado, entre liberales y

pretendido mostrar toda la importancia del de Tarde, el de Mau-


ricio Lazzarato, Puissances de l'invention: la Psychologie écono-
mique de Gabriel Tarde contre l'économie politique, París, Les
Empecheurs de penser en rond, 2002. Para cualquier análisis más
profundo de la filiación de Tarde y de Deleuze, es preciso referirse
a esa obra. Señalemos que Clark tradujo varias páginas de Psy-
chologie économique en su recopilación en inglés, Ferry N. Clark,
Gabriel Tarde, On Communication and Social Influence. Selec-
ted Papers, editado por Ferry N. Clark, Chicago, University of
Chicago Press, 1969. Un informe completo de la revista Economy
and Society fue recientemente dedicado a Tarde y, en especial, a
la obra en cuestión; véase la introducción: Andrew Barry y Nigel
Thrift, "Gabriel Tarde: imitation, invention and economics", en
Economy and Society, Nº 36, 2007, págs. 509-525. (Agradecemos
a Eduardo Viana Vargas por sus muy pertinentes comentarios y a
Cassiopée Guitteny por su atenta relectura.)
l. Dado que la economía es
subjetiva, resulta cuantificable

. Para comprender la antropología económica de


Tarde es preciso aceptar de entrada una inversión
ompleta de nuestras costumbres: nada en la econo-
mía es objetivo, todo es subjetivo o, más bien, inter-
ubj etivo, y ésta es justamente la razón por la que se
la puede volver cuantificable y científica ... Pero con
la condición de que se modifique, asimismo, lo que
e debe esperar de una ciencia y lo que se denomina
uantificar. Esto modificará un poco nuestros hábitos
de pensamiento.

VOLVER A LOS VALORES

De manera muy clásica, Tarde comienza por defi-


nir el valor. Pero enseguida nos obliga a cambiar de
dirección. Porque el valor es una dimensión eminen-
temente psicológica que depende de la creencia y del
deseo; es cuantificable porque posee una cierta inten-
sidad:
21
Dado que la economía es subjetiva ...
20 La economía, ciencia de los intereses apasionados
d tida está sólidarnen-
111 n rginalisras, cuyo punto e?ª~ d s no hay que
[El valor] es una cua lidad que le atribuimos a las · d. ·d ax1m1za ore
cosas, como el color, pero que en realidad, a l igual t • anclado en m 1v1 uos m d d, Tarde En
. d 1 · ·nalida e · ·
que el color, sólo existe en nosotros como una ver- r ¡mvocarse acerca e a ong1_ . "social" y "psi-
dad totalmente subjetiva . Consiste en el acuerdo de ·fcero, éste nunca opone los ~d¡et1vos idas críticas de
los juicios colectivos que aplicamos a la aptitud de ·ológico". A pesar de las bien cono~esigna corno un
los objetos para ser más o menos creídos, deseados Durkheim en su contra, lo que Ta~de 1 o individual
o disfrutados por una mayor o menor cantidad de f ·nómeno psicológico nunca remite a a g "intra-
personas. Esta cualidad pertenece, pues, a la especie
d · entonces
o interno al sujeto -lo que enomm~ a que nada se
singular de aquellas que, a l dar la impresión de pre- psicológico, de lo que a menudo ª ~m más de social
sentar numerosos grados y subir o bajar esta escala "inter-
l) uede decir- , sino siempre a lo que ay .
, denomma
sin cambiar esencialmente de naturaleza, merecen el
·n nosotros, que por esta ~azon es más ajeno a
nombre de cantidad (PE-1, pág. 63). 1
)sicológico".
\ En consecuencia, nada económicos
, ·d de agentes ,
El punto resulta fundamental y Tarde lo mantiene u antropolog1a que 1a J _ea , l ulos tendnan
recortados del mundo social, cuyos ca e "" timidad"
desde el primer artículo que publicó cuando era juez . · d L s palabras m
fronteras bien d elimita as. a . ror· en lo
en la pequeña ciudad de Sarlat: si se pretende hacer · d os a er · .
y "subjetividad" no de b ~n m ue1~n el "gran núme-
de las ciencias sociales verdaderas ciencias, es preci-
más íntimo de nosotros siempre rema . logismo, lo
so acceder a lo que tienen de cuantificable que, para- , , d · lo de socio
dójicamente, es interno a las subjetividades. 2 Pero si ro " · Despues de mas e undºf sig
·¡ pren er
d a Tarde
q ue hace que nos sea tan i ici coro . d. ·duo sino
bien esa consigna puede recordar la posición de los . d d 1 in iv1 ,
es que nunca opone la socie a a y otro sólo
. .d a que una
q ue ' por el contrario, con s1 er . . . es parciales,
· · t b1hzacion
son agregados prov1sonos, es a o a los concep-
l. Todas las citas, salvo indicación en contrario, son de la ver- nudos en redes que escapan por enter
sión original de Psychologie économique tal como figura en Ga lli- tos de la soe10. 1og1a
, usua 1.3
ca. Las itálicas son siempre del autor. Dado que la edición original
fue publicada en dos volúmenes, indicaremos al final de cada cita dor retros-
PE-1 para referirnos al primer volumen y PE-2 para el segundo. T de a 1 fun da
3. Esto nos ha permitido ver en ar véase Bruno
2. Desde el artículo "La croyance et le désir" en La Revue phi- d b te punto,
ectivo de la teoría del actor-re ; so re esd tion to Actor-Net-
losophique, que precede en un año su primera aplicación en "La P s ·/
. t he ocia . An
La tour, Reassem bl mg . mtro
. uc 2005 [era d. cast ..·
psychologie en économie poli tique", en la misma revista (tomo work Theory, Oxford, Oxford Umvers1ty Press,
XII, septiembre de 1881).
Dado que la economía es subjetiva ... 23
22 La economía, ciencia de los intereses apasionados
Esta primera definición del quantum propio de los
En efecto, lo que a su juicio funda la ciencia social
valores le permitirá a Tarde desplegar, en lugar de la
es un tipo de contaminación que va siempre, punto
l' onomía, un tejido de relaciones cruzadas en el que
por punto, de individuo a individuo, sin nunca dete-
s >bre todo no hay que precipitarse para reconocer las
nerse en ellos. La subjetividad designa siempre la
¡ue son literalmente económicas y las que s~lo llega-
naturaleza contagiosa de los deseos y las creencias
rían a serlo metafóricamente. Por el contrano, Tarde
q~e saltan de un individuo a otro sin nunca pasar
no dejará de mostrar que la economía-disciplina corre
-este es el punto esencial- por la intermediación de
1 riesgo de perder toda objetividad científica P?r9ue
un contexto o de una estructura social. Las palabras
e equivoca simultáneamente acerca _d~ sus limites
"social", "psicológico", "subjetivo" e "intersubjeti-
- demasiado restrictivos- y de sus amb1c10nes -dema-
va" son pues, en líneas generales, equivalentes; todas
e!las desig~an un modo de recorrer, una trayecto- iado vastas-.
na, que exige, para que se las pueda seguir, nunca
suponer la existencia previa de una sociedad o de
DOS ERRORES A EVITAR
~na inf~aestructura económica, de un plan de con-
¡unto _diferente al pulular de sus integrantes. La gran Procedamos lentamente para captar de forma ade-
venta¡a de esos modos de recorrido es que sitúan de
cuada la origin.a lidad de su posición. La noción de
entrada a plena luz los medios prácticos mediante
valor se explaya en primer término a todas las evalua-
los que se efectúa el contagio, la contaminación de
un punto a otro, lo que Tarde llama "rayos imitati- ciones de creencia y deseo:
vos" en su libro Las leyes de la imitación obra que Esta cantidad abstracta se divide en tres grandes
lo hará célebre. 4 ' categorías que son las nociones originales y capitales de
la vida en común: el valor-verdad, el valor-utilidad y el
valor-belleza (PE-1, pág. 63).
Reensamblar lo social. Una introducción a la teoría del actor-red El carácter cuantitativo de todos los términos que
Buenos Aires, Manantial, 2008]. ' acabo de enumerar es tan real como poco visible; se
4. Hoy en día sólo se encuentra la reedición de Gabriel Tarde
[1890], Les lois de l'imitation (prefacio de Jean-Philippe Antaine)
París, Les Empécheurs de penser en rond, 2001. La reedición d; de Bruno Karsenti), París, Kimé, 1993 [trad. cast.: L:1s leyes de la
1993 tiene la ventaja de la excelente introducción de Bruno Kar- imitación: estudio sociológico, Madrid, Daniel Jorro, 1907].
senti: Gabriel Tarde [1890], Les lois de l'imitation (introducción
24 La economía, ciencia de los intereses apasionados
Dado que la economía es subjetiva ... 25
encuentra implicado en todos los juicios humanos. No
existe hombre ni pueblo que no hayan buscado como Sin embargo, de todas esas cantidades, una sola,
precio a sus denodados esfuerzos, un cierto creci~iento la riq ueza, ha sido captada con claridad co~o tal Y en
de la riqueza o de la gloria o de la verdad o del poder consecuencia ha parecido digna de ser ob¡eto de una
o de la perfección artística, y que no luchen contra el ciencia especial: la Economía política. Pero, en efecto,
peligro de una disminución de todos esos bienes. Todos aunque ese objeto, a causa de su s!g_~o m~netano, ~e
hablamos y escribimos como si existiera una escala de preste a especulaciones de una prec1s1011 mas matem,a-
esas diversas magnitudes, en la que colocamos más tica a veces incluso ilusoria, cada uno de los otros ter-
arriba o más abajo los distintos pueblos e individuos mi;os también merecen ser estudiados por una ciencia
haciéndolos subir o bajar continuamente. Por lo tanto' aparte (PE-1, pág. 67).
todos estamos implícita e íntimamente persuadidos d;
que todas esas cosas, y no sólo la primera, en el fondo Esta cuestión del "signo monetario" debe ser con-
son verdaderas cantidades. Desconocer ese carácter ver- siderada con el mayor cuidado. En efecto, Tarde evita
daderamente cuantitativo, si no mensurable de hecho y aquí dos errores simétricos que a menudo acostu~bra-
de derecho, del poder, de la gloria, de la verdad, de la mos cometer: tomar la economía por una especie de
belleza, es ir, pues, contra el primer sentimiento cons- reducción que congelaría la subjetividad en objetivi-
ta~te_ del género humano y darle una quimera como dad· o a la inversa, extender esta primera "reducción"
ob¡envo a l esfuerzo universal (PE-1, pág. 67). a toda; las actividades, incluso las más "elevadas", cre-
yendo dar muestras de un incisivo e_spíritu crítico. _
Existe, pues, un fondo cuantitativo esencial en
Ahora bien, ninguna vez en ese libro Tarde se que¡a
todas nuestras evaluaciones, sean cuales fueren nues-
de que los economistas, "al ignorar la riqueza de la
tros objetos, y la ciencia social debe considerarlas a
humana subjetividad", se esforzarían por "cuantifi-
todas. Pero, desafortunadamente -agrega de inmedia-
carlo todo" aun a riesgo de "amputar" así lo humano
to-, la economía política ha confundido dos géneros
de sus "dimensiones moral, afectiva, estética y social".
de cuantificación diferentes por completo: el que es
Su crítica es exactamente contraria: los economistas
"real y poco registrable" y el que es "cómodo y regis-
no cuantifican lo suficiente todas las evaluaciones a
trab!e" sólo ?ebido a la extensión de una pequeña
las que tienen acceso. O, más bien, no se r~montan lo
cantidad de mstrumentos de cálculo entrecruzados
con las pasiones. bastante lejos, de manera continuada, hacia el entre-
cruzamiento de los tensores y los vectores de deseo
y creencia que caracterizan el fondo, si así se puede
decir, de la materia social.
27
Dado que la economía es subjetiva ...
26 La economía, ciencia de los intereses apasionados
ensión metafórica o, más bien, su
Pero el economista desdeña ver que tampoco exis- q111· resulta su exr_ . d d la parte es tomada
. ., tonim1ca on e
te riqueza, agrícola, industrial u otra, que no se pueda 11 l nccion me ' . Tarde propone, pues,
d Por el contrario,
considerar desde el punto de vista de los conocimientos ¡111r 1to o. , t das las evaluaciones, pero
que implica, ·o de los poderes que otorga, o de los dere- , l •nder la economi_a ª1 o pequeña cantidad de
chos de los que es fruto, o de su carácter más o menos , ¡· ·
111 imitarse
a seguir a muy ¿·¿ d hemos apren ¿·¿1 o
estético o antiestético (PE-1, pág. 67). .
i valuaciones que,
por como i a '
1 • ntar en metálico.
El error simétrico consistiría en creer que Tarde ex-
tiende las cuantificaciones de las riquezas usualmente
DEJAR DE CONFUNDIR
aceptadas en economía, para analizar metafóricamen- EL DERECHO CON EL REVÉS
te las verdades, las glorias, los poderes, las morales,
los derechos o las artes, al modo de Pierre Bourdieu, . ué unto evita esos dos
multiplicando los términos de capital, interés, cál- Sólo si se entiende hastla q Pt.ficación por una
. ontra a cuan i '
culo o beneficio, adornados o no con el calificativo rrores (la queia c f, . de los cálculos de rique-
., eta orica
"simbólico" .5 Una vez más se trata de lo inverso: parte, la extens1on m d , <lito por la otra) se apre-
la raíz cuantificable que permitirá fundar una ver- za a las demás form~s. \~~e d y la fecundidad de esta
dadera ciencia económica se encuentra en primer ia la audacia, la origina 1 a
lugar en esos juegos complejos de confianza y des- declaración:
confianza, y solamente después, por comodidad y ., . ue or el contrario, si en
simplificación, es trasladada al caso relativamente Es mi intenc1on mos~rar qll ' p a leyes verdaderas y,
, \' . se qU1ere egar .
simplificado del "intercambio de bienes". Casi se econom1a po iuca . ntíficas es preciso,
. daderamente c1e ' 1
en consecuencia, ver 1 .e siempre útil pero a go
podría decir que, en la economía generalizada que , d . 1 dar vuelta e ropa¡
por as1 ec1r o, 1 er el revés del erec h o,
d
propone, la economía política de las riquezas es la
gastado de las. viejas escue as\, pon pedirle a la cosa sig-
¡ que ocu tan Y
poner de re1ieve 0 . 1 mente humana 1a
nificada la explicación di el s_1g~(~{/ pág. 110).
. 'ón del matena socia
exp l1caC1 '
5. Sobre este punto, véase la crítica de Olivier Favereau,
"L'économie du sociologue ou penser (l'orthodoxie) a partir de 1' ue los economistas se
Pierre Bourdieu", en Bernard Lahire (dir.), Le Travail sociologique ¿Cómo se puede exp icar qtremo acerca del dere-
de Pierre Bourdieu. Dettes et critiques, edición revisada y aumen- hayan equivocado hasta ese ex
tada, París, La Découverte, 2001, págs. 255-314.
28 La economía · · d
, czencza e los intereses apasionados
Dado que la economía es subjetiva.. . 29
cho y del revés de su ciencia ;i L ,
iard e se Junta
ne T' • con lo ue 1· a razon, que p ropo- dl<'i ón de que se encuentre lo suficientemente rodea-
mercados no han dejad dq d os antropologos de los 1lt I e.le instrumentos, de modos de cálculo que tornen
década: ninguna rel . ? e emostrar desde hace una visibles y legi bles diferencias sin ellos inapresables .
., ac1on es económ. . 1
s10n de las técnicas de cálculo d ica sm ~ exten- I•'. onomizar no es revelar el fondo antropológico de
el sentido más amplio de la e e lo~ _ec~nom1s:as_, en 1, humanidad; siempre consiste en organizar de una
na económica inventad xl p~es1on. La d1sc1pli- 9
1 i rta manera una materia que se le escapa. Tampoco
b '
cu re un continente· 1 f b .
ª en e siglo XVIII d
' no es- t·s, como veremos, descubrir la verdadera naturaleza
, ' o a nea en tod
o, mas bien, lo organiza 1 . as sus partes humana.
Para retomar la fu erte ' o ~~nqmsta, lo coloniza. Para comprender en qué el.. trabajo de los econo-
la economía como d . ~xl1:'res1on de Michel Callon mistas formatea relaciones que, sin ellos, tendrían otra
formatea la econom ' iscip ma es la que performa y' orma, es preciso captar bien el pequeño suplemento
. ia como cosa· "W':- h
mies, no economy" 7 C . . it out econo- que aporta la invención de dispositivos de cálculo y,
. ontranamente a 1 b.
na d as del siglo XVIII t 1 as ro mso- ' n particular, patrones como la moneda.10
bien Karl Polanyi 8 el 'h a cbomo lo ha bía demostrado
vuelve economista' S. om bre no nace economista: · se La riqueza es algo mucho más simple y mucho más
. m em argo, lo hace con la con- fácilmente mensurable, pues implica grados infinitos y
muy pocos tipos difere ntes, cuya dife rencia va borrán-
dose. De manera que la sustitución gradual de la noble-
6. Nicholas Thomas Entan led O . za por la riqueza, de la aristocracia por la plutocracia,
Culture, and Colonialis;t in th gp fi b¡ects. Exchange, Material
vard University Press, 1991; T~m:t~ c, Cambridge (Mass.), Har-
tiende a volver al estado social más sometido al número
Egypi, Techno-Politics Mod . y Muchell, Rule of Experts: y la medida (PE-1, pág. 72).
fornía Press 2002· J ' 1· Elernrhty, Berkeley, University of Cali-
NG ' ' u ia yac ar Mark f .
Os, Economic Development d' h ets o D1spossession:
(NC) D k , an t e State m C · D
' u_ e University Press, 2005. airo, urham
7. M1chel Callon (dir) Th 9. Sobre esta controvertida cuestión de la performación, véase
Blackwell, 1998. ·' e Laws 0 / the Markets, Oxford, Donald MacKenzie, Fabian Muniesa y Lucia Siu (dir.), Do Econo-
. 8. Karl Polanyi, La Grande Ti . mists Make Markets? On the Performativity o( Economics, Prin-
tiques et économiques de notr t ransfom?at1on. Aux origines poli- ceton, Princeton University Press, 2007.
e emps, Pans G ¡¡- d
caSt : La gran trans'onna · - . l , ' ª imar , 1983 [trad. 10. Sobre la noción de dispositivo de cálculo, véase Michel
. '' C1on. os orzgene p ['"
nuestro tiempo, México D. F. Fond s o 1t1cos y económicos de Callon, Yuval Millo, Fabian Muniesa (dir.), Market Devices (Socio-
' o de Cultura Económica, 2007].
logical Review Monographs), Oxfo rd , Wiley-Blackwell, 2007.
31
Dado que la economía es sub;etiva .. .
30 La economía, ciencia de los intereses apasionados
. do la reproducción de
· s han estud 1a , •
Si bien es preciso toda la sutileza de Proust para q ue los economista 1 ·ones sobre las practl-
d , darnos ecc1 . .
situar en una escala de valor las diferencias de rango las riquezas. p o nan b 1 fe (retiros med1tac10-
. d a sem rar a ' 1
cas apropia ~s par . . , sobre las lecturas, as
entre Swann y Madame Verdurin, esta atención a los nes obligatonas, pred1cac;n) y d etas que la debilitan
detalles ya no es necesaria para clasificar a los multimi- conversaciones, las clases e con u
llonarios del mundo -cualquier periodista de Fortune (PE-1, pág. 74, nota).
lo logrará sin esfuerzo- cuando las medidas se hagan
bajo la forma de créditos y capitales. Pero cuidado, esto labra valorímetro para califi-
no quiere decir que nos hayamos vuelto plutocráticos, Introduzcamos l~ ?ª ermiten hacer visibles
que el reino de la mercancía se haya ampliado, que ar todos los disposinvos ql ue p forman el fondo de
· · · de va or que ·
las cifras en cantidades monetarias muerdan la infraes- Y legibles los 1uicios · á economia. , Es posible imag1-
tructura real y material que sustenta la economía-cosa. lo que Tarde d enon:imar, la época actual, que ve
En absoluto: al volverse "más simple" la medida, el nar sin esfuerzo su mteres parad 1 , di·ce de audiencia,
· 1 formas e m
"estado social" se ha tornado reflexivamente más fácil multiplicarse b aJO as d marketing las star
1 encuestas e '
de identificar. Conviene, pues, distinguir con cuidado de los son d eos, as l 1 •ficaciones las subas-
os as casi '
dos tipos de medidas, la que captaría el estado real, que academy, los concurs '1· en el mouse, etc., nuevas

tas los esp10na1e · s, los c ics. "volver el esta d o
podría llamarse la medida medida [mesure mesurée], ' d " y valiosos para .
para distinguirla de la que formatea el mundo social, " tomas de atos mu , l edida". Casi se
. , t"do al numero y a m ..
que podría llamarse la medida mensurante [mesure social mas sorne i d 1 f lto' suerte al anticipar en
, d · e a Tar e e a . · "
mesurante]. Esta distinción permite advertir que exis- podna ecir qu . d d "cuali-cuanntanvos
. l l tipo e atas .
ten muchos otros instrumentos disponibles para hacer todo un s1g o e , . d . f mación y comunica-
verdaderamente cuantificable la economía. q ue las nuevas
. .
tecnicas e m º1~fi de "literario" y
h Se lo ca i ca
ción multip1ican oy. •fi an deseos y creen-
, se cuanti car ,
Pues bien, la gloria de un hombre, no menos que su es cierto: quena que . d época -que conocia
crédito, no menos que su fortuna, es susceptible de au- cias cuando las est_a?í~t1cf ~ns:i:~to de Estadísticas del
mentar o disminuir sin cambiar de naturaleza. Es, pues, bien, puesto que d1_n?1a e excesivamente rudimen-
una especie de cantidad social (PE-1, págs. 70-71). Ministerio de Ju st icia- eran l la de digitalización
l s La actua o
tarias para captar o . l gumento de Tarde.
Los sacerdotes y los religiosos han estudiado los nos vuelve más atentos a ar
factores de la producción (léase reproducción) de las
creencias, de las "verdades", con no menos cuidado
33
Dado que la economía es subjetiva ...
32 La economía, ciencia de los intereses apasionados
. ., , lo demandan aparecer
CÓMO PRECISAR LAS CANTIDADES 1i¡ os de cuant1ficac1on ~ue s~go de renuencia para ir
,1 plena luz, dado que existe a

Pero tengamos cuidado de comprender bien su pen- , buscarlos.


. ba d e que ex1•ste •ma
, vasta reserva
samiento: todo es número, potencialmente, porque los La me¡or ~r,ue los demás instrumentos
valorímetros sólo recogen, concentran, extraen y sim- d cuantificaoon son todol deramente cuantificable
disponibles para hacer ver a
plifican pesos sutiles, innumerables "duelos lógicos"
que ocurren constantemente en nosotros en ocasión de la economía.
nuestros encuentros con los seres con los que estamos os metros: cada especie de esta-
Existen muchos otr b •a de la popularidad
vinculados y a los que necesitamos para existir. Dicho , . El aumento o Ia a¡ . d
d1st1ca es uno. ' . .d on bastante exact1tu
de otra manera, Tarde no pretende que los dispositi- ' bl 1cose m1 en c
de un hom b re pu, _ (PE-1 pág. 77, nota).
vos de cálculo puestos en acción por los economistas mediante la estad1st1ca e1ectora 1 '
performen lo social como un molde de gofre lo haría
.d ropio es la intercom-
con una pasta, en sí misma informe, que colarían con Lo que cuenta, en sentl o p ' se halla de nin-
cucharón. Existe de antemano, si se nos permite decir- 1 • · · Ese proceso no
paración de os JUICIOSd. 1 oneda como tal; se lo
lo, en la pasta un tipo de quantum particular que sólo · cula o a a m
guna manera vm 1 1 rímetros o en todos los
tiene una relación indirecta con lo que los economis- reencuentra en todos os va ~e seguir con facilidad la
tas llaman lo cuantificable. Ese carácter indirecto es gloriómetros. Por eso se -~ue dos dominios que un
justamente lo que explica por qué a menudo se han . . omparaoon en d
creciente mterc 'a pero que Tar e
equivocado al querer volver su disciplina más científi- . bablemente separan '
economista pro . . d•ficultad por ejemplo la
ca y por qué han tomado el revés por el derecho. Una puede mantener ¡untos sm i '
vez más, no se trata de quejarse de los economistas y prensa y la moneda:
de su manía cuantificadora que aplicaría a todos los
sa tiene como efecto darle
temas los mismos estándares de comprensión. Por el (... ) el desarrollo de la pren, de cantidad cada vez
contrario, es preciso lamentar, afirma Tarde, que no les un caracter
a los valores mora . t"ficar cada vez mejor su
, d pio para ¡us 1
tengan el suficiente gusto por la cuantificación para mas acusa o y pro d b1·0 Este último, que
., el valor e cam .
buscar en cada tipo de práctica los tensores que le son comparac1on con f los siglos anteriores
., d b" ' muy con uso en .
particulares. Tarde pretende que los propios fallos en tamb1en e 10 ser d se fue precisando a medi-
la cuantificación por parte de los economistas reve- al uso corriente de la mone dª: ·ficó Entonces pudo
da que la moneda se expan io y um .
lan un montón de cosas interesantes sobre los otros
35
Dado que la economía es subjetiva ...
34 La economía, ciencia de los intereses apasionados . bºeto a especulaciones de
d,1" " digna de servir de o l peculaciones, Tarde
dar nacimiento, por primera vez, a la economía políti- ' , ,, y entre esas es .
ca. Asimismo, ante la prensa cotidiana, las nociones de
1111 nuevo genero . ' . 1 'a de las ciencias, caso
. locar la socio ogi . 'fi
valor científico o literario de los escritos, de la celebridad 1111nca omite co ¡ , d la literatura cientl ca,
tro ogia e ·,
y la reputaci.ón de las personas seguían siendo bastante tí pico de una r:i_e ible or la propia extension
vagas, pues la sensación de sus aumentos y disminucio- t \ll C se vuelve visible y leg d p mina la credibilidad,
. da que se eno 1
nes graduales apenas estaba naciendo; pero con el desa- d . esta cuasimone lquier otra parte, a
. ·or que en cua .
rrollo de la prensa, esas ideas se precisan, se acentúan, se d nde se 1uega, meJ d finamente diferen-
vuelven dignas para servir como objeto a especulaciones r pia producción de los gra os
1 •
filosóficas de un nuevo género (PE-1, pág. 76). t iados de creencia.
,¿· de un hombre
Se advierte la originalidad de ese paralelismo: Tarde , crece el ere ito ·
;Cómo nace, como 1 b ·dad y su gloria? Bien
no dice que la prensa esté sometida a "la influencia , f s O su ce e n
ba¡·o todas sus orma d1·versas formas de pro-
deletérea de los poderes del dinero"; el vínculo de los . rse en esas
vale la pena interesa d . , de riquezas y en su
, la pro ucc1on
dos dominios no pasa por la etapa obligada de la bús- d ucción ' as1 comos· en les" que regulan 1a
h "leyes natura
queda de fuerzas ocultas en las infraestructuras; como valor venal. ( ... } t ay 1 , los en mayor o menor
, d 1 cua es arttcu 1
veremos, para Tarde no existe infraestructura alguna. fa bricacion e ta es o 1 d' minución de su va or
1 nto o a is .
El vínculo entre ambos dominios es infinitamente más cantidad y e aume . . , las que regulen la apan-
, 0 ex1st1nan ·, d l
íntimo. Tarde compara dos modos de trayectoria y venal ¿por que n o la disminuc1on e
' . . 1 aumento 1 d
ción el crec1m1ento, e 1 1hombre de la lea ta
de contaminación en los que ambos, el primero desde '. 1 or ta o cua '
entus1asrr:o popu ar p blo de su fe religiosa, d,e su con-
hace varios siglos, el segundo ante su vista, permiten monárqmca de un pue . '. . es' (PE-1 pag. 73).
identificar mediante qué instrumentación, qué equi- es o cuales 111st1tuc1on . '
fi anza en tal
pos se pasa de una cuantificación local, individual e
incómoda a una cuantificación generalizada, rápida . rdad cuantificar, lo que es el
Si se quiere en ve h que buscar todos
y reflexiva. El crédito y la credibilidad necesitan ins- · · entonces ay ..
fondo de to d a ciencia, en vez de utilizar
trumentos de contabilidad o, para emplear un térmi- . 'bles de quantum, .fi
los tipos d isponi . dos los demás. La cuanti -
no que no es de él, pero que define con exactitud el uno solo para analizar t?, un buen analizador de
movimiento de la intercomparación, necesitan metro- cación de la gloria ta~bien el: es de la fe o la fe, del
logía. Los valorímetros componen poco a poco cade- la riqueza, como la nq~eza
nas metrológicas que vuelven la intercomparación de . smo y así sucesivamente.
entusia ,
las subjetividades cada vez más "precisa", "acentua-
37
Dado que la economía es subjetiva... .
36 La economía, ciencia de los intereses apasionados
.d o más bien, registra
\o que mi e , ·,
CUANTIFICAR: SÍ, PERO CORRECTAMENTE t1 , , l" I ·nte, pero_ f cilitar su captacion,
\1 111 ,111 ' ra simphficadad parla -~n con lo que indican
. clase e re ao ,.
Comprendemos ahora la confusión de los econo- "" 111•11 , mn guna los sempiternos cntl-
mo lo creen ,
mistas tal como los entiende Tarde: si bien tuvieron 1, l iírc . N o, co , porque "el corazon
. de la econom1a, l .
razón al querer cuantificar, situaron mal la fuente que , , humanistas . l ' l ulo" sino a a inver-
da reducirse a ca c d
habría podido permitirles finalmente volver más segu- \,111 11 :1n no pue , humano calcula y compara to o
ra su disciplina. Su error consistió en que tomaron ' 1 orque el corazon b l y mediante otras for-
' otra a anza
como una "medida medida" la "medida mensurante" , 1 11 ·rnpo, pero en l ºbles y contrastadas. Por eso,
permitida por la extensión de las cadenas de intercom- '" ,s le pesar, menos eg1 . y propone que nues-
. , l frase anterior f d
paración, extensión en sí misma debida a un fenóme- 1.irdc connnua a h . l verdadera uente e
., d splace ac1a a
no enteramente diferente del que creían observar. En 11,1 atencion se e

efecto, creyeron que el progreso de la economía debía 1<t I s las medidas:


ser un progreso en la frialdad, en la distancia y en la . e el valor, del cual la mone-
objetividad ... N o es menos cierto· qu0 no es na d a, absolutamente
da no es más que e1 s1gnb, . , n de cosas rodas ellas
com mac10 d y
nada a no ser una d ideas y volunta es,
Ser tan objetivo y abstracto como se pudiera: ése , d cias y eseos, l d
b·¡etivas e creen . . . s de los va ores e
era el método ... El idea l consistía en disimular perfec- u , l s d1sm111uc1one
que los aumentos Y_ a l oscilaciones del barómetro,
tamente bajo abstracciones tales como crédito, servicio, la Bolsa, a d1ferenc1a de . as consideración de sus ca u-
trabajo, las sensaciones y los sentimientos ahí ocultos, odrían explicarse sm la a o de desaliento
de modo que nadie los percibiera en ese lugar, y tratar no P os de esperanz . .
sas psicológicas, acces , de una buena o mala noticia
esas abstracciones como objetos, objetos reales y mate- del público, pro~~gac1on l íritu de \os especuladores
riales, análogos a los objetos tratados por el químico y que cause sensac1on en e esp
el físico y, como ellos, sometidos a la ley del número y la (PE-1, pág. 109).
med ida. De esa manera, el capítulo de la moneda y las
finanzas, donde ese doble ideal parece realizarse, donde . d ta inversión del derecho
He ahí ahora explica da es ando en su momen-
todo parece numerable y mensurable, como en la física , d' enten erse, cu
y la química , fue en todo tiempo el cantero predilecto y el reves quepo ia un desafío gratuito por parte
del jardín de los economistas (PE-1, pág. 109). to la presentamos, como
de Tarde.
Como medida mensurante, la moneda es por supues-
39
Dado que la economía es subjetiva ...
38 La economía, ciencia de los intereses apasionados
·erto de la sociología aún por n~cer
No se trata en absoluto de que los economistas hayan 1·p ira do en el des_1. l l ' .cos pero ganana al
t fis1cos a os ogi ' . · l
desconocido del todo ese aspecto subjetivo de su tema m ·rced a 1os me a l orno ciencia socia y
<ladero ugar c ,
[... ],siempre se lo consideró como el revés y no como el it¡)arecer en su ver l s d·1visiones, sus teonas,
· usua es su ·
derecho de la ciencia económica. Sus maestros creyeron ,,\ ver sus nociones . . ' h rmanas que se ilumrna-
equivocadamente, lo repico, que la preocupación domi- ~ ntroladas por las c1enoas , e con la de ellas (PE-1,
nante, si no exclusiva, por el lado exterior podía por sí , con su luz y la ilum1nanan
nan
sola elevar sus observaciones a la dignidad de un cuerpo pág. 68 ). .
científico. Aun cuando debieron considerar el lado psi- , . - la historia intelectual de nm-
cológico de los fenómenos que estudiaban, los móviles Es inutil senalar que . to y que durante
ó en seno ese pac .
del trabajador y las necesidades del consumidor, por l'una manera tom . , l .d bastante estrafalana
ejemplo, concibieron un corazón humano tan simplifi- ' . , evalecio a ea I ·1
un siglo mas pr , d. ci lina (economics) m1 ag~osa-
cado, tan esquemático, por así decirlo, un alma huma na de que la econom1a- _is p 1 bsuelo un contmen-
tan mutilada que ese mínimo de psicología indispensa- , d b1erto en e su .
mente habna escu , osa (economy), regida por
ble tenía el aspecto de un simple postulado destinado
te conge1a d o, a
1 economia-c
d , 1 inaudita capaci a e
·d dd
a sostener el desarrollo geométrico de sus deducciones . fl ºbl
\ yes 111 ex1 es, que ten na a .d
t ras constru1 as por
(PE-1, págs. 109-110). superestruc u ¡
ongelar to d as las , , la única entre as
fí, economia sena 11
Si lo hubiéramos citado al principio, ese parágrafo encima de ell a. ti a d . t'fica porque sólo e a
. . l verda cien i , . 1
habría pasado como la queja habitual contra la manía ienc1as socia es en . l y objetivo del a ma
habría llegado al núcleo raciona
cuantificadora de los economistas, cuando tenemos
que comprenderlo, por el contrario, como un llamado humana_:1
a buscar en todas partes y sobre todo en otras partes
los valorímetros capaces de captar las "almas huma- UN ERROR DE TEMPERATURA
nas" cuando evalúan sus bienes y sus males, cuando
creen, cuando desean, cuando rezan, cuando quieren, . . vación de Tarde para que
¿Cómo resumir la mnoue se trata claramente de
cuando se entremezclan. Sobre esta nueva y desfasada
aprendamos a recor~ar q puJ· ándola por entero
base, Tarde les propone a las diferentes ciencias socia- nom1a pero em
les una especie de new deal: cuantificar 1a eco ; . dio paradójicamente,
b. . ·dad umco me , .
a la intersu iet1v1 . ''fica' Al evitar otro error ep1s-
(.. .] la Economía política así rodeada perdería, por de volverla algo c1ent1 b. , . como veremos, un grave
cierto, su misterioso aislamiento de bloque errático temológico que es tam ien,
41
la economía es subjetiva ...
Da d o que b'1
40 La economía, ciencia de los intereses apasionados . udita intens1·d a d , de am
. ., -
l-.. ) de pasiones de una masas una especie de rehg1on
error político: el de creer que, cuanto más se multipli- ·iones de conqui_stas prod1g1ferv~r proselitista descono-
can los valorímetros y las cadenas metrológicas, más nueva, el sooahsmo_, y u~ . He ahí los intereses, los
se desplaza la .historia económica desde las pasiones ciclo desde la pnm1t1va 1, es1\e hay que hacer concor-
intereses apasionados, a os 9_ s también igualmente
hacia la razón, de lo irracional a lo racional, del calor los mterese ' . liga-
de las negociaciones tradicionales al "horror econó- dar entre ellos y con. 1· multimillonanos coa
d cap1ta 1stas peranza
mico" de los mercados "neoliberales". apasiona d os, e II s embriagados por Ia es der
dos, no menos que e o de la vida, por la sed de po
de vencer, por el orgullo
¿Se llegará a decir que el progreso de la razón, pre-
(PE-1, pág. llG).
sunto acompañante del progreso de la civilización, se , p d mos definirla
encarga de realizar poco a poco la abstracción imagina- l onomia? o e
·Qué es entonces_ a ec . reses apasionados.
da por los economistas, así como de despojar al hombre
' h~ra como la ciencia de lo~:;;: no viene a decirnos
concreto de todos sus móviles para la acción, excepto
No nos confundamos. , económica calcula-
el móvil del interés personal? Pero nada permite esta
suposición y no hay un solo aspecto de la vida social en que lamentablement_e, ~a razo:ncontraría defor_~a-
el que no se vea crecer y desplegarse la pasión al mismo dor~ y capaz de raciocmal se or pasiones, coahcio-
tiempo que la inteligencia. [ ... ] Así sucede en el mundo da secuestrada, perturba a p que impedirían ~ue
económico y en ninguna parte, ni siquiera aquí, percibo ne~, contaminaci~nes,. rum~~;; que, si por un mila-
rastros de una transformación que congele al hombre
en un sentido cada vez menos pasional y cada vez más
sus cálculos den ¡~sto, no hacernos de todo e:e
gro imposible llegaramos ª, <lesos finalmente la :ªzon
raciona l [... ] (PE-1, pág. 115). fárrago irracional, recobrarliam onomía es irracion_al,
. N , t do en a ec ' mico
económica. ¡ o., ?
omia es, si se
. quiere extraecono
' . ) porque
La economía reciente, la que Tarde observa desde todo en 1a econ . d de ese ténnmo . . . 11
su cátedra en el College de France, la de la lucha de (en el sentido banahz~ o asmoso desarro o
clases, de la primera gran globalización, de la migra- , hecha de esas pasiones_ cuyo ? que amplificar el
ción masiva de la especie humana, la de las innovacio- es ta XIX hizo mas •
durante el siglo no b. n ese entrecruzamien-
nes frenéticas puntuadas por las grandes exposiciones . 11 Ahora ie '
entrecruzamiento.
universales, del recorte de los imperios coloniales, no
ofrece de manera alguna el espectáculo de un adveni- . .d d económica, es
ultuoso de la acnv1 a
miento de la razón. Más bien ofrece el espectáculo: 11. "¡Y ese mundo tum
43
a economía es subjetiva ...
42 La economía, ciencia de los intereses apasionados Da d o que l
han estado frente a
n compra d or, • l
r un vende d or y u d 'dos entre sí por a guna
to fue al mismo tiempo entrevisto por los economis- do , h b esta o um . d d
frente sin antes a er . tal vecindad, conc1u a a-
tas y, cosa sorprendente, de inmediato huyeron de él ente sentimen ' . • · , y en
relación enteram ·dad de civ1hzac1on ,
con horrqr, como si hubieran visto la cabeza de la ¡- · sa comum • · ·
nía comunión re ig10 , 1 do cada uno por un 111v1-
Gorgona. , · estar esco ta · yo
segundo lugar, sm . i os correligionarios, cu .
sible cortejo de as,oc1ados, ~:s ~n '1a discusión del precio
Al concebir al hamo aeconomicus (sic), los economis- ensamiento peso sobre e . uso muy a menudo en
tas hicieron una doble abstracción. En primer término, ~ del salario y finalm:nte 1~ im!ent~ individual. En efec-
una de ellas, muy abusiva, es la de haber concebido a detrimento de su mteres est~:ct:imera mitad del siglo XI?<
un hombre sin nada de humano en el corazón y luego, to nunca, incluso durant~ p de la historia del trabaJO
otra, representarse a ese individuo como despegado de --e'1 único período, sm en:1, ~r;~;era parecía aniquilada en
cualquier grupo, corporación, secta, partido, asociación, en la que toda corporac10 tó libre de todo compr_om1-
sea cual fuere. Esta última simplificación no es menos Francia-, el obrero se presencamaradas, en presencia de
mutiladora que la otra, de la que deriva. Nunca, en nin- so formal o moral con sus l margen de obligaciones
guna época de la historia, un productor y un consumi- b . , por entero a l so
un patrón tam ien b .d d frente a sus co ega
d eglas de ur am a
estrictas o e~ (PE-l págs. 115-116).
incluso a sus nva 1es ,
decir, punzante y profundo, sufriente y laborioso, es el que será
•fi. , 1os·' (·cómo pudo
los vincu ,
regido por una deducción geométrica de fríos teoremas a la Ricar-
do, aplicables a ignoro cuál hombre de madera, esquemático o Es preciso cuantl car d , decir que la econom1a
, Se po ra . s
mecánico! Le corresponde a la psicología económica reintegrar a olvidarse esa tarea. , de las convenc10ne ,
su verdadero lugar, el primero, todo el lado llamado sentimental de . 1 la econom1a 'd ·a
instituc1ona ' que h ños como una ev1 enc1
la producción, del reparto, del consumo de las riquezas; le corres- acepta desde hace mue o_s ~o pero el libro de Tarde
ponde estudiarlo en la vida de las antiguas corporaciones, donde . broglios.12 ¡Por c1er ,
se manifiesta con tanta pintoresca originalidad, y en la vida de las ta1es im
nuevas, donde estalla con mayor vigor aún. En Estados Unidos, en
h Economic Institutions of Capi-
el país más utilitario -se nos dice-, en el más avanzado en la vía
12- Oliver E. Wil\iamson,_T el Contracting, Nueva York, The
del progreso económico, es donde se han imaginado las huelgas . Firms Markets, Relat1ona "The Economics of Con-
ta l 1sm.
simpáticas, las huelgas hechas por obreros que no tienen ningún
interés en ellas, sino que las sufren, simplemente para solidarizarse
' Payton Young,
Free Press, 1985; He¡ nrfyEcononúc Perspectives, Nº 10, 19 , al
. n" en]ourna o . Eymard Duvernay,
!
96 ágs.
-,
con camaradas cuya suerte les interesa. Y en ninguna parte como ven no , . D uy Fran<,OIS . ' mero
en esa tierra de elección del interés bien entendido se han visto 105-122; Jean-P1erre up , ,, n Revue Économ1que, nu
. des convennons , e
tantos sacrificios pecuniarios consagrados a una idea, una cuestión 'Téconom1e , 406
especial 40, 1989, pags. 1- .
de principios, una simpatía" (PE-1, pág. 117).
Da d o que la
economía es subjetiva ...
45
.
\
44 La economía, ciencia de los intereses apasionados Tarde comienza por distinguir
detengamos en ella. f . , de la naturaleza de los
data de 1902! ¿Por qué perdimos un siglo? Más aún • l , no en unct0n ·, del
dos ps1co og1as, 1· sino en func1on
cuando llega mucho más lejos que los prudentes e se las ap ica, 11
objetos a los qu tenemos con e os.
investigadores de hoy, que se conforman con corre- de proximidad que man
gir el sistema ptolomeico del mercado puro y perfec- gra do
. l' ica de las
. ntemente ps1co og ,
to agregándole una multitud de epiciclos que giran La naturaleza emine l nomía política solo es
en todos los sentidos (los contratos, la confianza, la d l s que a eco .
ciencias sociales; e a \u ar a menos cuestionam1entos
información, las reglas, las normas, las coaliciones). una rama, habn~ dado. d g dos psicologías que se acos-
Pues bien, al igual que un Copérnico cuyo libro nadie . se hubieran d1st1ngu1 o l l 1 Conviene destacar
s1 dº una so a. •· · \
habría leído, Tarde ya ha colocado en otra parte el turnbra a confun ir en d er o bien cosas natura es,
foco cuantitativo. En ese "invisible cortejo de asocia- que los objetos del yo pue f::o interno herméticamente
dos" no figura ninguna Providencia ni, en especial, insondables a fondo en su otras mentes donde el yo se
la de la razón armonizadora. La amb ición de Tarde, Ce rrado ' o bien otros yoes,
. . , d se y apren
de a conocerse meior a

tanto más radical en la medida en que no se apoya en refleja exteriorizan .º demás. Estos últimos o ietos
S
í mismo al descubrir a los . mpo sui· etos al igual que
ninguna escuela, consiste por cierto en hacer girar los \ ismo ne l -
del yo, que son a m .ón entre ellos y el yo comp e
ciclos de intereses apasionados en torno de otro sol, y él dan lugar a una relac1 d1· ferencia clara, marcada-
' · \ que se
éste ilumina y quema, ilumina porque quema. tamente excepciona ' l . nes habituales de I yo co n
mente, respecto de las re ª%~nerales, plantas, e incluso
los seres de la. naturaleza, esultan los únicos objetos que
ACERCARSE EN VEZ DE ALEJARSE animales infenores. l--_-1 R. uesto que la naturakza
son captados por sud m~=n~r; ~ene conciencia el suieto
Pero, para captar ese punto, todavía es preciso íntima es la rn1sma e d; el yo mira los minera~e~ o los
aceptar la renuncia a una última pretensión episte- que los mira . Pero, cuan . les cualesquiera, orgamcas o
astros, sustanoas matena han roducido esas for1:1a_s
mológica, la de la distancia. Llegado a ese punto,
inorgánicas, las fu_erzas q:er hipó~esis, y sólo es perc1b1-
Tarde, siempre cortés, se permite una ligera ironía
sólo se pueden ad1vm(;~:1 págs. 110-111).
ante las acrobacias de los economistas para alejarse do su signo exterior '
al máximo de los fenómenos que tienen justamente
Tarde se vuelve a encontrar
la oportunidad de frecuentar de cerca y que deberían, En toda la obra de . l mundo humano
en consecuencia, saltarles a los ojos. La argumenta- r endente diferenoa entre e
esta sorp
ción, completamente contraintuitiva, merece que nos
46 La economía, ciencia de los intereses apasionados
Dado que la economía es subjetiva... .47
,
y el natural, diferencia que no coincide en absoluto
con la distinción usual entre el mundo simbólico, por entero en términos de ex:en~1on
l lc' la naturaleza por·miento
. en nociones geometncas,
un lado, y el mundo material, por el otro. En efecto, y de puntos en m~v1 1'camente psicológico, no se
• t mbien comp e sy
recordemos qae para Tarde "todo es sociedad": las uyo ongen, a . d d alistas muy experto '
estrellas, las células, los cuerpos, los agregados políti- , la mlfa a e an l .o
revela
por mas
otra que an 0 imp 1·1ca en nada su natura eza ps1c -
parte,
cos, las tormentas dentro de las cabezas. Por lo tanto, lógica (PE-1, pág. lll).
para él, "material" quiere decir ante todo "social" .
13
¿Sería sociobiologista (o, como se decía en esa época, e los economistas estén equi-
bio-sociólogo)? ¿Habría cometido el pecado de natu- Tarde no pretende qu h s como a las cosas
1 osas umana
ralización? ¿O, peor aún, de darwinismo social? No, vacados al tratar as c d lo humano "esca-
1
porque existe una diferencia de captación y no de naturales con e pr etexto bºe que . ºdad" como se d.ice
l • la O ¡etivi , .
naturaleza entre los objetos llamados materiales y los paría a la natura eza y d b en grado que hay
d Reconoce e u . 1 ,
sujetos de la sociedad: a los primeros los vemos de tan a menu o. f' .
s en isica, e
n química en 610 ogia,
'
lejos, a grandes rasgos y desde el exterior, mientras excelentes razone , . . de seres a la manera
P ara consiºd erar 1as asociac10nes ºd
.
a fuerzas extenores
que a los segundos los vemos de cerca, en poca canti- d , t. as someti as .
dad y desde el interior. de nubes esta is ic . esta perspectiva en
q . p si adoptamos d d
ue las ngen. ero d os captarlos es e
que no po em
Se comprende, pues, muy bien que, cuando se trata muchos casos es por f I de poder penetrar en
, fi . nte a a ta d
de estudiar las relaciones del yo con los seres naturales una cercama su cie ' " . " como el de to as
. . d A que su ongen ' 1 .
y de fundar las ciencias físicas, incluida también la bio- su intimida . un . l ' . esté hecho de re ac10-
logía, el yo se esfuerza, con buen método, por olvidarse
, d a psico ogico y 1
las mona as, se1 " vista . des de le¡·os y en b oque, no
de sí mismo lo máxino posible, por poner lo menos de nes su "natura eza ' h bría ninguna venta-
sí mismo y de las impresiones personales que recibe del P ' 1 E todo caso, no a I y
arece ser o. n ·a epistemo . lo'gica , en suponer o.
exterior en las nociones que se hace de la materia, de la
ja ninguna gananci 1 . , que produce estu-
fuerza y de la vida, por resolver, siempre que sea posi- si~ embargo extrae esta conc us10n
pefacción:

13. Ése es el punto fundamental de este extraño libro de meta- 1 razón para que, llegado el momen-
d . a1guna
Pero, ¿hay . recíprocas de los yoes, es
física inspirado en Leibniz: Gabriel Tarde (1895), Monado!ogie et s relac10nes . , a
sociologie, París, Les Empecheurs de penser en rond, 1999.
to de estu iar a . . iales el yo contmue tr -
decir, de fundar la,s c'.enc1as ~~~pte ~orno modelo de sus
cando de huir de s1 mismo y
. 49
48 . fa es subjetiva ...
Dado que la
econom .
q ue está a
le1 ado de
l
La economía, ciencia de los intereses apasionados
carse o a
instrumento acer
, m. co ,
nuevas ciencias las ciencias de la naturaleza? Mediant ·
ellos , o d1·f'1c1·1, t
c
nt
l

e1
ú eo d uro , : s i en
e

cl P_ .
el más excepcional privilegio, ocurre en el mundo social u
A ,
,,\ )1
e stá el n ,
on d
T r
r p sio a d
d_e 1a p
e

s, por
que se puede ver con claridad en el fondo mismo de e

mos asociado
o
an nuevo
o
los seres cuyas relaciones estudia, que se pueden cono- 1siempre t d ·1 tingui
do cu lq 1 gla
1111 ngrcg a tructura , r
u e ra s

otra, ley es ' es


a e s es

cer los mecanismos ocultos de los actores, y ¡se privaría


d' e1a
s

graciosamente de esa ventaja, para modelarse al modo 111111 par t , y Po r la


a ign orar
lo que los mo
a-
e
s o6 1" ig de la ev .
nrque stamo . ululación
a d os
l
del físico o del naturalista, quienes, al no poseerla, están e
s

'.11-s \� el inte��\:S 1::i:: lóico . Para ���i 1� ú��:


e a
obligados a prescindir de ella y suplantarla como pue­
\11ac1onei y ., un �eme
s

. ella
dan! (PE-1, pág. 111).
e t ructura
¡la n o o n gn oranc1 a,
es

vu e lt s, d
d nu st a
e s
o
artefacto · do gran-
i
"¿Huir de í mi mo ?" Se enti nd l h orror qu
a r
ur o, un ncia dema ia
e

1 n o r ec
e

. a debida a nue tra di ta


s s e e e e

intió Durkh eim cuando tomó conocimiento de lo ent


s

qué orpr nd
s

n1.1sm
s

adelante
s s s es

. má u_nto
e

tr abaj o de u antece o r. .. Si exi te p ara Tarde un p


.·Ex pondrem , a Tarde deducirá de es
s

s
( le .. .l
s s s s o s

en-
e

e rror que e de be vitar, e el d e to mar "los hech o poh, t c ci• ales i·gu si
social es
s

como co a ", mientra que si, en las otra s


e

s
s

s
s

s
con cuenci· a
que para la m
se
s

ay o n , a
i
d e la s ciencias o
s

paradoj a inc
omprens "
s

ib l
s
e


ciencia , tomamo la co a "como co a " es a f alta ,
do , cien a
ños de p ues

emos que
, a la inv�r a :
omp�::d
s s s s s s s s s

de algo m j or. ¿Cómo lo ociólogo y, má o rp ren­ n t , c , odo l partido po ible d


Por el mom
o
a. t
e s s s s s
e
r
• capta. r los
s

d ntemente aún, lo economi tas cay eron en la locura ta , extra


lo conomi· . eg1 " qu permit
e
e s s
e
v:,·1 b1e�es,
s

de quer er imitar a lo fí ico y los biologi ta mediante p


s e

l pegan a los
" e xc pci
s e e


n
u nos a
on a
q
s s s s s

un e fuerzo de di tanciamiento totalmente a rtificial, oc lt s n . an,


e e

" m eani mo les" que ve


es
o dn
e natura
u
y
s s

mientra lo a bios que imitan v nderían al padr e y " l


gos. Grac :
s

upo
s

sin ten er que


e

�ar fo:ma a o ap
s s s e r e
s
ia s

la madr e p o r encontrar e finalmente cercanos a las con


s
e

a y una
s

ociolo gí
es

,
a
-
s
ur a,
por añadid � trascenden
e

artícula , la célula , la rana , lo órg a no , en cuy a gio, inv nt


_ a
ual q ier
n
es e privil
ar u s

_ r c -
s s s s s s s
p e

íntima a ociación p rocuran mezclar e co n ay uda de ran presci da de fren


e u
e
mía qu pod , Gorgona quier ser mi· ra
n d i d
s s

u in trum nto ? ¿Po r qué lo econo mi ta e ca p an, ·


e

c1a . La cabez
e

, e'l no hui· ra, ..•· .


a d
0
s s s e s s s s s

conomistas n
e

toma ndo una di tancia que cualquier inve tigado r onom1a,


t e . Ante la ec g n ta r -, l
s s

qui ier a abolir, aun a ri go de p erder la o ñada oca­ , p , n


s1 o e

P ero - e pod , rocuraron imitar, p u


s

ra r e u e u a
p
s es s s

ión de comp rend r lo ocial, mi ntra que los otro , ¿ or q 1 u pro y ct


s

son tontos,, p e los ale1· aba tanto de s


s e s e s s t e o e

lo verdader o a bio , p rocuran, po r el co ntr ario, a 1ogia qu


epi temo
s s s s

cualquier p recio, mediante la inv nción de toda cla e


s

e s
Dado que la economía es subjetiva... 51
d L a economía,
50 . ciencia d e los intereses
. apasionados
¿Toda una disciplina, millares de departamentos,
e cuantificación, ere end . . . •ntenares de millones de Master in Business Admi-
tas, cuando de hecho Y º, imitar las ciencias exac- l
d o scien
. d i de éstas, Lmvertian el m ovimiento
. . de libi- 11istration (MBA) para protegerse de la expoliación
mucho a la de Kari Po~ respuesta de Tarde se acerca d ·1 "poder absoluto"? ¿Todo eso para resguardar
en la misma fuente med~nyi Y, por ?tra parte, abreva la propiedades? ¿La invención de toda una ciencia
Se necesitan poderos iante una cita de Sismondi 14 impersonal para evitar que se haga distinción entre
as razones !' · · 1 s personas? ¿Una ciencia desinteresada en el inte-
suspenda todo sent"d , po iticas para que se
1 . i o comun y se . . rés, enteramente basada en la defensa de los intere-
os prmcipios metodol ' . mviertan así todos
ogicos. es? Se entiende el motivo, pero, por piedad, recla-
ma Tarde, que no se confunda esta solución cómoda
~·Po r que, 1os economistas . con las exigencias de una ciencia que merecería algo
la ciencia por el !ad , consideraron el objeto de mejor. Ahora es necesario invertir la inversión, volver
I fimatenaP. s· . ismond1. respon-
de ra.
, . "D e la ciencia
. 0
demas a poner la economía sobre sus pies y finalmente ha-
economía política por as dnan~as, dice, nació la de la
' un or en m 1 cer que camine sobre sus dos piernas: las ideas que
natura 1 de las ideas. Los filósof vers? a de la marcha
conóucen al mundo (y en particular las de los econo-
a_l pueblo de las expoliaciones ~s quenan poner a salvo
neron que, para hacerse es el poder absoluto; sin- mistas que implementan las pasiones y los intereses) y
los príncipes de su inte , cuchar, era preciso hablar a los valorímetros que reflexionan sobre su movimiento
res y no de 1 ..
procuraron hacerles , a ¡ust1c1a y del deber· para acentuar su legibilidad. Que se deje de confun-
ver cuales 1 ,
causas de la riqueza de 1 _era n a naturaleza y las dir la economía-disciplina -nunca esa expresión fue
c · as nac1one
ompart1rla sin destruirla,, H _s, para enseñarles a más justa- con la economía-cosa. Hay que elegir entre
por las que, desde sus co ·. e ah1 una de las razones la economics y la economy. La segunda sigue siendo
to mo, un color tan po . .m1enzos . ' 1a econom1a , política
siempre un continente desconocido, puesto que la pri-
·, smvo e hizo .
tracc1on de cualquier conside . , ' por pre¡uicio, abs- mera, ocupada en performarla, no ha dejado de huir
co y moral (PE-1, pág. 136). rac1on de orden psicológi-
de su verdadera composición.

. 14. Karl Polanyi (1945) L


gmes politiques et écon . ' a Grande Transformation A .
1983. om1ques de notre temps ' p ans, . ~x on-
, Galltmard,
2. La naturaleza de la economía

Al invertir la inversión realizada por los economis-


tas de una ciencia inventada por razones demasiado
estrechamente políticas, Tarde abre un continente
que, un siglo después, aún sigue siendo ampliamen-
te desconocido, el de los apegos a los bienes y los
males, con los que quiere constituir el corazón de la
disciplina que pretende refundar y a la que denomina
"psicología económica". Pero, ¿dónde situar ese con-
tinente? Seguramente no por debajo del derecho, de
la moral, de la estética, de las costumbres, al modo de
una infraestructura cuya fría objetividad obedecería
a leyes calculables. Por cierto, claro que existen leyes,
cálculos, objetivaciones, pero todo eso circula como
el resto -ahora lo hemos comprendido-, por conta-
gio, a lo largo de redes de intercomparación, hasta
donde haya economistas, profesionales y aficionados,
hasta tanto se inventen, desarrollen y mantengan las
técnicas contables. 1 Todo ese equipamiento se agrega

l. Mucho antes del desarrollo de la sociología de la conta-


55
La naturaleza de la economía
S4 La economía, ciencia
· · de los intereses apasionados
¡11ilular de las sociedades vivas, cuyo entrecruzamien-
a las asociaciones de personas b . . . . 11, l ·je el mundo, no es caótico, pero termina por crear
en parte simplifica y ienes cuyos ¡u1c10
s· b . y en parte complica aún más 1111 •rferencias, ritmos, amplificaciones, con la condi-
. m em argo, s1 ya no se cree 1 ; 11ún de que se acepte discernir tres etapas en esta
ciplina haya captado el .d que a economia-dis-
mía-cosa que se h fsent1 o profundo de la econo- pr liferación: la repetición de una primera diferencia,
a con ormado con f II\ oposición creada por la repetición y, finalmente,
acer para elaborar una . . . ormatear, ¿cómo
h 1: adaptación que permite salir provisoriamente de
a la vez el traba¡· o de fo c1enc1asdoc1al capaz de captar
. rmateo e las e· · · as oposiciones gracias a nuevas diferenciaciones.
micas y lo que const an t emente escap ienc1as econó- .
ormateos?2 ª a esos mismos ' uidémonos de leer en ese movimiento un regreso
f a la dialéctica de Hegel. 4 Ninguna ley superior lleva
ese mundo hacia un desenlace mediante el juego de
la contradicción. Contrariamente a lo que dicen los
LA INVENCIÓN ANTES cuadernos del joven Marx, ninguna aventura del suje-
DE LA ACUMULACIÓN to ni del objeto se juega en esas cuestiones del capital
y el trabajo. No olvidemos la frase de Tarde contra
La solución de Tarde a esta cualquier filosofía de la identidad así como de la con-
cernos bastante deseo pregunta puede pare- 5
ncertante· cons·st l
sumergir la econom'ia en ese movim.
. 1 e en vo ver a tradicción: "Existir es ser diferente".
as mónadas que desar 11 ' iento general de En consecuencia, la ley suprema no es para él la
1 ro o en sus otros libros.3 El negación -y menos aún la negación de la negación-,
sino la invención, la que una vez repetida con obsti-
nación suscita innumerables luchas, de las que sólo
bilidad por parte de mvesnga
. . dores A
Peter Miller, Accounting as a S . ~orno nthony Hopwood y
Cambridge Cambridge U . . ocia and Institutional Practice
. ' mvers1ty Pre 1994 ,
su importancia . ss, , Tarde ya seña laba
4. "Hay allí una dialéctica social que puede recordar las tría-
2. Sobre esta dialéctica del " d das de Hegel, salvo que no exige en absoluto la violación de las
Michel Callen "La so . 1 . encua re y del desborde" véase
. ' c10 og1e peut-elle . h. l' ' leyes de la lógica común y supone solamente la distinción entre la
m1que des externalités' E . 1 ennc ir analyse écono-
. ssa1 sur a not' d lógica individual y la lógica social. Es, si se prefiere, una secuencia
ment "' en D. Foray y ] M . . . ion e cadrage-déborde-
. auesse (dll's ) ¡ . de dramas en tres actos, cada uno de los cuales consiste en una
manees. Approches interd· . ¡· . . ' nnovat1ons et perfor-
1999. isc1p ma1res, París, Éditions de l'EHESS exposición, un nudo y un desenlace". PE-2, págs. 209-210.
5. Gabriel Tarde, Monado logie et sociologie, op. cit., pág. 73.
3. En particular en Monadologie et SOCIO
. log1e,
. op. cit. '
5 6 La economía, ciencia de los intereses apasionados
La naturaleza de la economía 57
se sale mediante otras invenciones.6 Cincuenta años
desaparece todo intercambio posible y, con cada nuevo
antes de Joseph Schumpeter, ochenta años antes del deseo diferente q ue aparece, la vida del intercambio se
desarroll~ de la economía del cambio técnico 7 Tarde aviva. Por otra parte: una creciente ca ntidad de ejemp la-
coloca la mnovación y la secuencia de invenciones en res semejantes de ca da deseo considera do aparte; pues,
el centro de su doctrina Seguid las innovaciones desde sin esa semejanza, desaparece toda industria posible y,
las mallas_~ejidas en el cerebro de los individuos, cere- cuando más se extienda esa semejanza o se prolongue,
bro tamb!en concebido -según hemos visto- como más se ampliará o se consolidará la producción (PE-1 ,
una multitud de neuronas; analizad mediante qué págs. 165-166) . •
canales se diseminan; documentad los conflictos que
suscitan ~uando entran en lucha con las innovacio- La noción de acumulación no hace justicia a ese
nes anten~rmente repetidas; observad cómo terminan proceso de diferenciación. Describe una fase -pero
por combmarse, amontonarse y ajustarse y tendréis solamente una fase- de la industria en cuyo curso sólo
to~ a. la economía, ya se trate de nuevas c~nvicciones se encuentra activo el operador de la repetición . Y
rehg10sas_, nue_vas plantas, nuevos códigos jurídicos, sólo marca un momento -necesario, por cierto- del
fer~o_carnles, mstrumentos financieros u opiniones desarrollo que le permite crecer a los mercados, pero
pol1t1cas. nunca cambiar de sendero. 8 Resulta también el pro-
ducto de una ciencia económica, comenzando por la
E~ suma, el problema se res ume a esto: aprehender sociología económica, que trata los seres -humanos y
lo mas estrechamente posible la génesis de las invencio- bienes, servicios y tecnologías- como intercambiables,
nes Ylas leyes de sus imitaciones. El progreso económico puesto que se los ve de lejos, sin captar las pequeñas
supone dos cosas: por una parte, una cantidad creciente diferencias que explican que el cambio no sea un cho-
de deseos diferentes; pues, si n diferencia en los deseos que exógeno que cae sobre la cabeza de capitalistas
'
monomaníacos. Es lo que Tarde critica en Darwin:
6. La teoría de René Girard, quien ve en Tarde a un o de sus
predecesores, só lo captó justamente de la imitación un o de los tres
a_specros -el del conflicto mimético-- e ignoró todos los demás que
m
s embargo, Tarde había propuesto; véase, por ejemplo, René
8. Sobre la noció n de dependencia del sendero, noción tan pro-
Girard, Ach_ever Clauzew1tz, París, Éd itions du Cerf, 2007.
pia de Tarde, véase Richard R. Nelson y Sydney G. Winter, An
. 7. Domm1que Foray Y Christopher Freeman, Technologie et
n chesse des nat1ons, París, Economica, 2006. Evolutionary Theory o( Economic Change, Cambridge (Mass.),
Belknap Press of Harvarcl Un iversity Press, 1982.
58 La economía, ciencia de los intereses apasionados La naturaleza de la economía 59
Su error[ ... ) me parece que fue apoyarse mucho más Cuando, en el momento decisivo, en un ca mp de
en la competencia _vita l, forma biológica de la oposición, batalla, un golpe de vista justo del genera l hace que la
q_ue en el cruzamiento y la hibridación, formas bio ló- vacilante victoria se incline hacia uno de los lado , el
gicas de la adaptación y la armonía. Una función tan triunfo se debe a esta súbita idea, no a la acumulación
unporta?te como la producción de una nueva especie de esfuerzos anteriores. Y cuando, entre mi l investiga-
no podna ser una función continua y cotidiana mien- dores, uno solo, mediante una súbita intuición, descu-
tras que. ,la simple producción de un nuevo individuo , la bre la clave del enigma que se les planteaba a todos,
generac1011, es una función intermitente. Un fenómeno no conviene atribuir el mérito del descubrimiento a
excepcional, y no un fenómeno cotidiano, debe estar en los prolongados y estériles esfuerzos de los demás, ni
1~, base de esta novedad específica. Y [... ] una hibrida- siquiera a la antigüedad e intensidad de los suyos pro-
c1011 fecunda, f?r excep~ión, es mucho más propia que pios, a menudo menores que las de los demás (PE-1,
una acumulac1011 hered1tana de pequeñas variaciones pág. 224).
venta¡osas: por competencia y selección, para explicar
la formac1on de nuevos tipos vitales (PE-1, pág. 10).
La acumulación no es una buena candidata y el
esfuerzo por sí solo no garantiza nada: ¿qué les queda
Si la acumulación no es el punto de entrada perti- a los economistas para explicar las formas de la eco-
nente para comprender la dinámica de la economía Ja nomía? El genio, por supuesto, pero un genio que se
mirada se debe dirigir a otros Jugares. La interfer~n- logra ante todo por la interferencia de todas las líneas
c~a y la intersección de las líneas de deseos que atra- de imitación. El genio no garantiza nada: es lo que se
viesa~ a los individuos son mucho más apropiadas ha observado, de ninguna manera lo que se anticipa.
para 1_~fo~mar sobre la probabilidad de los puntos de A posteriori, la configuración única que da nacimien-
mf1ex10n . En eso consiste el problema de la noción to a la solución de un problema matemático recalci-
de acumulación: no proporciona información sobre trante, o el golpe de vista del general que salva de la
las intensidades de la economía.
muerte a sus tropas, eso es lo que resulta genial. En
absoluto el autor del teorema o el general en sí mis-
mos . Tarde menciona muy a menudo el genio como si
Je concediera importancia a la envoltura de la persona
9. Ése es . todo el sentido de los trabajos de Franck Cochoy, "genial", pero se trata de un modo de decir y de una
Une soc1olog1e du packaging ou l'éme de Buridan face au marché manera de evocación de la capacidad de composición
París, PUF, 2002. '
de líneas de influencia. El genio no es un punto de par-
60 La economía, ciencia de los intereses apasionados La naturaleza de la economía 61
ti?a, ta~~oco un Jugar de acción o un sitio donde se de la producción es otro contrato, no menos inicial, no

de pas1on. Resulta, más ajustadamente, un momen- menos fundamental, el contrato de préstamo. Mediante
to mcandescente que sólo puede ser descripto, nunca el intercambio, se presta un servicio recíproco, pero des-
re~rea?º· Tam~oc_o _en ese ca_so, Tarde opone el origen confia ndo mutuamente, en un toma y daca; en el présta-
m1stenoso del md1v1duo ge111al a la imitación servil de mo, existe la confianza (PE-1, pág. 376).
los ?1º?~los anteriores. Cambia de nivel: el genio es
es_e i?d1~1duo en e] cual las multitudes de repeticiones De esta manera, entre la fe y la invención se lee
e_ im1tac1_ones (esas tempestades dentro de una cabeza) una relación muy singular: el mismo movimiento de
t1ene1:_, s1 se nos permite decirlo así, vida propia.10 relación y reunión de entidades hasta entonces sepa-
Senaler.nos de paso que el intercambio, que tan a radas. Es preciso confianza para que nazcan las pri-
m_en~do sirve_ de basamento a las robinsonadas eco- meras transacciones; hay que aflojar la crispación del
no~ICas del siglo XIX, no consigue derecho de ciuda- Horno oeconomicus acerca del afán de lucro, puesto
da111a en la economía de Tarde. El intercambio existe que asimismo son necesarias la pasión y la toma de
por supu~sto, pero está reducido a su justo papel en l; riesgo para llevar la economía hacia nuevas vías a tra-
genealogia de los mercados. Lo que pone en marcha vés del surgimiento de pequeñas diferencias. La con-
un_mercado,_ lo que construye una economía no es fianiza, como la invención, opera agregados nuevos,
el mtercamb10, que no es más que un juego de suma pliega la economía en cierto sentido, que luego será
c~ro; ~:' por el co~trario, la puesta en común, la coor- confirmado por la repetición.
dmac10n de energias hasta entonces dispersas. A la fe "Diferencia y repetición" es al mismo tiempo
y la co?fianza T~rde les otorga el papel principal en el título de la tesis de Gilles Deleuze y el principio
ese caracter comun. fundamental de Tarde. 11 La invención produce las
diferencias; la repetición permite sus difusiones; los
Sólo queda dicha la mitad de la verdad cuando se ve conflictos son inevitables; ninguna armonía preesta-
en el c_ont~ato de intercambio el hecho económico esen- blecida permite la solución (lo veremos más adelan-
cial e uucial. En verdad, el intercambio sólo favorece y te): es necesario inventar aún otras soluciones para
desarrolla directam ente el consumo • El agente d 1recto
. engendrar provisoriamente otras innovaciones, las

. 10. A esta _originalidad de Tarde se dedica particularmente el 11. Gilles Deleuze, Différence et répetition, París, PUF, 1968
libro de Maunz10 Lazzarato, Puissances de l'invention, op. cit. [trad. cast.: Diferencia y repetición, Madrid, Ju car, 1988].
62 La economía, ciencia de los intereses apasionados
La naturaleza de la economía 63
que, al repetirse, producirán otras diferencias y d
ciclo recomenzará. Tal es el ritmo fundamental, In , d , 0 a especie establecida
·i6n de es~ecie ª¡genero o n~fi~:n~:e una está incluida en
base continua, los únicos factores que permiten dark 0
·ntre dos ideas, que sig, (. d · ado o deter-
realismo a la actividad económica. Lo que nos sed ertenece al numero m etermm
In _otr;, q;:~ real) de las cosas similares,_y, percibidai5
preciso seguir para establecer una ciencia económica m111a o, . ·¡ que la otra la propos1c1on genera '
son los "estados anímicos" y los "duelos lógicos". ·n tanto szmz ares,
comprende y contiene (PE-1, P g ·
á
s 289-290).

De vendedor a cliente y de cliente a vendedor, de con-


Para Tarde -y esto es lo que nos resulta tan difícil-,
sumidor a consumidor y de productor a productor, ya
sean competidores o no, se opera un continuo e invisible h matena . econ o'm1·ca resulta una fuerza
. real porque
d
pasaje de estados anímicos, un intercambio de persuasio- 't'S una potencia . retonca.
, · . se trata. ciertamente
., , ebien
per-
nes y excitaciones -mediante la conversación, los periódi- suas1on,. , d e silogismo y de conv1cc1on.• O, masuerde ,
la retórica ;,lcanza allí tal potencia porqU<~ m , '
cos, el ejemplo- que precede a los intercambios comercia-
les, a menudo es lo único que los hace posibles, y siempre
contribuye a regular sus condiciones (PE-2, pág. 30).
;or así deci;lo, en la capacidad de las p~op1as
l calcular 12 A causa e ese
%º:;~
das para eva ~ar { 61 s" el. añadido de instrumentos
El tejido de vectores y tensores que define los ape- ele "fuerzas ca cu a e , , . de tener tal
el 'l ulo de cadenas metrolog1cas, pue el
gos de las personas y los bienes se compone -y en e ca c ,performativa, explicativa,
capacidad . - que h as ta pue en
ello se encuentra toda la originalidad de Tarde- de
argumentos cuyas premisas y encadenamientos for-
man silogismos prácticos que son, de hecho, todo el
contenido de la economía. f or tomar en serio, en ir al fondo de
12. Tarde se es uerza P . . , "Detengá monos a
. , 6 1. 1 fuerza de conv1cc1on.
· ª
una .expres10n 1anacaracteres ' . e·1v os de la moneda y las trans-
d 1st111 .
Ya sea por sugerencia autoritaria o por demostración, considerar aun os, · s opera d as por su a clvenimiento. Mediante
.
sólo podemos comunicarle a los demás nuestros pensa- formac10nes econom1~a . s ecto ele física social que
mientos (lo que es equivalente a donar bienes, comienzo ella, la economía polmca reviste un 1~tprimeros sociólogos. La
d . ñó no s111 excusas, a .
unilateral del intercambio de bienes) con la condición de se u¡od y enga , , , n la fuerza noción esencia 1
. e ese caracter comun co ,, ' . fi . L
presentarlos en su aspecto mensurable y cuantitativo. Si mone1 f,a .nen d ser una pos1·6·1·c1 i I a el ' u na virtualidad 111. 111ta.
. a
se trata de hacer entrar por la fuerza, mediante demos- de a 1s1ca, e 'bTd ' .
11 d de una cierta can 1 t'dad de mov1m1ento en
tración, nuestro juicio en la cabeza de otro, es preciso fuerza. fies ·c1la elposi ª
el c1· ecciones· 1a mone d a es la posibilidad de una"
una m 111 a e ir ' . · fi ·d d de compras
un silogismo más o menos explícito, es decir, una rela- cierta cantidad de valor obte111da por una 111 111 a
(PE-1, pág. 301).
65
La naturaleza d e la econ omía
64 La economía, ciencia de los intereses apasionados obre el precio real. Cuan- 1
1

no de las menos lamentables, s economistas, todos están


incluso volverse fuerzas de producción. 13
Dado que las . d o la fe de antiguos ·
do sigu1en . áticamente detenrn-
mónadas calculan todo el tiempo y de todas las man - ' . d el precio autom d ,,
persuadidos e_ que_ o de la oferta y la deman a es
ras posibles el añadido de esas minúsculas prótesis qu · nado por "el libre ¡ueg d da que esa creenaa
son los dispositivos de cálculo implica una tan prodi- . . . no se pone en u
la justicia misma, blezcan sin protesta,
.b a que se esta .
giosa amplificación de las evaluaciones. Toda la astucia genera l contn uye t . mento
. l precios exorb1tan-
genera ' ,
de Tarde consiste en agregar a la mezcla de cálculos el incluso con el asen 11 . . pública rechazana en
, fimos que la conc1enc1a
papel decisivo de las teorías y las doctrinas. tes o 111 , , _3 9).
En ninguna otra parte se aprecia mejor su genio en otros tiempos (PE-2, pags. 38
acción que en el tema, tan manido, del "justo precio". r T de las ciencias hacen más
En ningún momento cree posible apelar a la naturaleza Como siempre en arl ' do lo implican, lo plie-
-al derecho natural- para establecer la diferencia con - egan a mun ' l
q ue conocer: se. agr n numerosos puntos mientras o
el "precio real", pero tampoco nunca recurre única- gan , lo complican e ero nunca se debe suponer que ¡
mente a la objetividad de los mercados para definir ese simplifican en otros, p l eliminar la moral, a
n el as para
precio. se puede con fi ar e . . . . ~¡ Aunque se lograse,
-d " d 1usticia socia · .d. l
"molesta i ea e . •fi . - hacer coinci ir as
Al considerar como precio natural o normal el precio -, n cientl cista, l
a fuerza de pretensio . . b1·etiva y la natura eza
al que llega la competencia más libre, la más desenfre- la ciencia o •
nada, los economistas creyeron eliminar de esa manera
relaciones d e fuerza, . .de ue millones de desvia-
la molesta idea del justo precio. Pero, en realidad, de de las cosas, esto no -impd~ f qncias indignaciones lle-
. · · equenas i ere ' " ·
ese modo no hacían prec isamente más que justificar los ciones, 1uic1os, p d tra manera el precio
en a evaluar Y e nmarcar e o . ,,
precios reales, a menudo los más abusivos, formados g. as •fi do" mediante
. el ""1usto precio .
ba jo el dominio tiránico del más fuerte. Y el infortu- 1usti ca
nio es que esta manera de ver, que es en sí misma, en . , o ne ar la acción de la idea que
el fondo, una manera inconsciente de concebir el justo Por otra parte, (c~m ha~e sobre la justicia en mate-
precio mientras se lo niega, ejerce, así, una cierta acción, cada época o cada pa1s s: d consumo la moral es,
. , A é genero e l
ria de precio. ¿ qu . . de por moral la reg a
• si se ent1en l
P ues ' totalmentef a¡ena, l
da de a con
ducta en virtud de as
.d ,
13. Por eso, Tarde se lanzará a una recomposición completa superior y pro un . que guían la v1 a.
de la lógica, tan extraña corno su reconstitución de la economía . . l s1ones mayores
conv1cc1ones y as pa. , de esas convicciones y de esas
política. Gabriel Tarde, La Logique sociale, París, Les Ernpecheurs y si se hace abstracc1on
de penser en rond, 1999. '
66 L economía,
� ciencia de los int
pasiones do• minan
ereses apasionado
te s 67
s
que , so rda s o consc1en
La naturaleza de la economía
fuerzas sociales e ·
in
que se explica en divid ª es J P_o_r excelenci res, son la, , l()n, multiplicidad y repetición, per o sin ningún plan,
econom�1a po J1t1ca a, ¿qué es
? (PE-Z, pág. 37 lo ninguna dialéctica, ninguna finalidad. Justamente, co n
).
Ú'[�da conseguir los seres vivos, nuestro s prójimo s, es necesario sobre
á enfriar l°es mt
Imag m a r una ec ereses apasio na iodo no comenzar po r separar lo que o rg aniza de lo
o n o mt'a p do
mente so bre in or nn sab·ta, _q ue que es o rg anizado. Tarde es uno de lo s escas os pens a­
d ividuo s reine fría.
finalmente ra c o dores del siglo XIX que "encasilla" el da rwinism o sin
?abl�s, regido s por una i nales y razo-
1mag�na r un sis bue. na ?o be n 1ofocar de inmediato sus descubrimientos mediante el
tema ecoló � an za, es como
tas, sm virus y sm amma les,
sin plan- gregad o de una trascendencia artificial: la ev olución
sin lo mbric!gº
creado ra, lo óptim o, la selección de los más aptos.15 En
efecto, existe allí o tr a o riginalidad de Ta rde: naturali­
UN DARWINISM zar, según su criterio , siempre quiere decir deso bjetivar
O SOCIAL para "intersubjetivar" y, al mismo tiempo, sustraer la
PERO INVERTID
O actividad eco nómica a la pretensión cientificista. Po r
Com� se habrá eso, en seguida ve cómo extraer el veneno de Darwin y
en Darwm que advertido' el. modelo se Ins
en He 1 e b pira m ás conserva rlo sólo como remedio para la grave enferme­
da mitad
del siglo X� ·e! : Je:a�á q ue toda la segun­ dad que co nsiste en ver en lo vivo , según la expresión
d rw1man
Engels o Bergs a, co mo Sp norteamericana, un intelligent design, el "designio de
on · Per o T:
arde compr encer.'
grac·tas a su met . en de de entr una inteligencia".
afísica de
la difierenc1a, qu ada,
mo, ese remedi e el darwinis· Bien sabemos que la piedra de t oque, tanto en eco­
o últimO c
lisn:1 , pro nto se ontra cualq
co nvierte n un u1e
· r providenci nomía como en bio lo gía, es siempre la cuestión de la
º
s c1al, desde : veneno, el darwin a- c o mpetencia, la c ompetición, la agresión. Siempre se
el momento e
q e se le agreg ismo
c1amente, adem
?
ás de las món �ª an subrepti­
za, un plan d
e conjunto' una � f? una estructura posti-
a Idad.14 T
odo es inve
n- da adelante por Pierre Sonigo. Véase, por ejemplo, Jean-Jacques
Kupiec y Pierre Sonigo, Ni Dieu ni gene, París, Seuil, 2000.
14. Esta crític 15. Resulta interesante ver que los memético -esta ciencia
como se advierte a resulta de actu�lidad, incluso aproximativa de lo "mismo" [du "meme"] por imitación de la ge­
en en biolog1a
y de la informaci la crítica ?el providen cialismo ,,
nética, ciencia del "gen"- también invocan a Tarde. Susan Black­
ón en Ja teoria con de la estr uctu ra
temporan
, ea de Jos gene more, The Meme Machine (lntroduction by Richard Dawkins),
s Jleva-
Oxford, Oxford University Press, 1999.
69
La naturaleza de la economía
68 La economía, ciencia de los intereses apasionados
- y por cierto, · está bien que
·ión misma de las especies. , hasta su extremo por el
podrá detectar el falso y el verdadero darwinista segi'.111 . a paradoja haya sido \\evada en la actualidad, sigue
el placer que exprese en justificar o no la competen i:1 ·n puesto que, -, ·al
1io de un D arw1 ' .d la selecc1on na tu 1 , '
económica mediante historias de lobos, zorros, bono- !:',Cl ¿ blec1 a que '
S
iendo una ver da esta. . .o' n depuradora, no crea
bos o mantas religiosas .. .1 6 d e\im111ac1 ·
excelente agente e de explicar, \as renovac10-
Ahora bien, con perfecta seguridad Tarde siem- nada y postula \o que pret:~e variaciones individuales,
pre impide que se confunda la competencia con algo nes vivientes, ba¡o \a forro . nes de \a vida se oculta
as creac10 f d
que no sea un momento particular entre invención y y que el secrew d e es fundidad del óv ulo ecun a-
adaptación .17 No existe ninguna ambigüedad por su ante nuestra v1s_ta en_ \a pro\ hoque exterior de orga111s-
. t1r en e c
do en vez de cons1s ,
parte sobre este punto: tanto los economistas como
los naturalistas, todos ellos deben ser sometidos a
mosque combaten entre s1. l-1-} propagación gradual de
r 1 .Acaso no se ve que . , l a desencadenado
revisión para captar lo que la "naturaleza" puede en L··· l . ¿ la selecc1on 1 H
la competencia vita 1y e I naciones y las clases? a
verdad ofrecernos. apetencias feroces entre dasd saturada del derecho de
· soe1e a , · ara
sido necesaria una d .d de esas hipotes1s, p
Sin duda, este error no es propio de los economistas; la fuerza, bien o mal de uc1 o de atentados contra el
lo han tomado de los naturalistas, seducidos durante
l1acer posible esta
·¿
enorme sum
e con e n
l ªombre de política colo-
mucho tiempo, magistralmente en verdad, por la idea débil o el venc1 o qu ' s estad istas europeos ya
paradójica de ver en la batalla continua de los seres vi- . \ o de lucha de clases, nuest_ro •fi an anticipadamente
vos, la causa fundamental de los progresos de la vida, rna teóncos ¡ustl c
practican o nuestros
en el asesinato generalizado de los individuos, la crea- (PE-l, págs. 87-88) . .
. bra de una connivencia con
Como se ve, n1 som. 1 . .o' n de la lucha por
bio og1zac1 .
16. En esto consiste todo el sentido del libro de Karl Polanyi, los fantasmas d e una medio siglo y la mag1s-
La Grande Transformation, op. cit., en haber segu ido cómo la , . o esperar 1 .
la vida. Sera prec1s_ a volver a encontrar e mismo
naciente ciencia económica de hecho retomaba, bajo la apariencia
tral obra de Pola~~1 par 1terrible sofisma d~ una
de una biología new look, las teorías del derecho natural. · d. c1on contra e · ·, ual-
17. "Es posible sorprenderse[ ... ] al escuchar bastante a menu- nivel de m igna_ . . ficada por una v1s1on ig ,
do a los mismos escritores ensalzando a la vez las bondades de la economía mentirosa iu~tl 1 ,a Pero Tarde llega mas
competencia y las del intercambio", expresa divertido (PE-2, pág. mente mentirosa de la io ogb1_; quiere remediar los
. ues tam ien l
65). "En resumen, la competencia se encuentra lejos de merecer lejos que Po lany1, P, la propia natura eza,
los himnos entusiastas entonados en su honor por generaciones de de la biolog1a y purgar
economistas" (ídem, pág. 86). erro res
71
La natura leza de la economía
70 La economía, ciencia de los intereses apasionados
. n o de lo que el economi-
y no solamente la economía, de cualquier providen- 111 imal y al ser vivo al{ª ~umanos. Si hay algo que
cialismo: ·i mo quiso ha~er co~1 º-~car la guerra y la supervi-
' L rde no permite es iustl h zo se aplica a las
, tos· ese rec a
[El error] de ninguna manera está so lamente en fa l- v ' ncia de los mas ap . o a los hombres. Eso
. les tanto com l
sear la mente, sino en pervertir el corazón. Consiste en plantas, a los anima l fliºctos no existan. Por e
.
no qmere ecir
d · que os con ,
. d del libro. Jamas con ia
f'
creer, en el fondo, que, tras la tela en la que se tejen los
.
·ontrano, con or
f man la mita
l , armoniosa que ape e,
l
acontecimientos humanos, existe una especie de ironía
mefistofélica, desconcertante, que se divierte haciendo en las delicias de una ec~ ogiah na a la gran paz
. l ba1eza urna '
nacer el bien del mal y el mal del bien, en dotar de salu-
Para termmar conLos a
con ic
n· tos están en todas par- .
dable fecundidad el od io asesino, la exasperación y el de la natura 1eza. , . , optimum garantiza
conflicto belicoso de los egoísmos y las rapacidades, y los guia nmgun , .
tes pero na d a ' , No hay dialectica,
en convertir en perjudiciales el amor, la fe, el desinte- ' · · d los mas aptos . .
la supervivenc'.a e. . M fi to' feles ni más Dios que
rés, la abnegación. Desoladora doctrina cuya verdad dencia m e
tampoco P rovi . ' l o quiere decir re b a1ar,
s ·
debiera deplorarse, enseñándola, si fuera verdadera,
Diablo. Naturalizar, para ~' nl f idad económica
pero que, al demostrarse su fa lsedad, debe ser extirpada el contrario, a ac iv . ., d
radicalmente, porque es un estímulo al mal proclamado sino elevar, por 1·f . , de multiphcac1on, e
de pro i eracion, d l
por ella y porque paraliza los impulsos generosos, a los hasta el gra d O . . , 1· el contenido e os
., permitira exp icar b.
que les produce impotencia (PE-2, págs. 87-88). invenc1on, que l í. ma de intercam 10.
bienes y no simplemente a , or
Se mide una vez más, como en la cuestión del justo
precio, la eficacia de una sociología que sigue siempre REDISTRIBUIR LOS FACTORES
el camino material recorrido por las ideas: para "de- DE PRODUCCIÓN
sencadenar apetencias feroces" y cometer "atentados
contra el débil o el vencido" es preciso una "doctrina", . · (pero no socia/-
manera darwmiana d
y, por lo tanto, investigadores, pensadores, medios de En efecto, esa b. l entrelazamiento e
. . ) de conce ir e h
comunicación, cadenas metrológicas. Doctrina tanto ni neo-darwmiana l cierto sentido ace
, de la natura eza en .
más "desoladora" ya que no se conforma, como di- una economia d lo que en su tiem-
cen los críticos habituales de la selección natural, con de Tarde el observadorb~tento leogías ni biopolíticas.
, aban 10tecno .
rebajar lo humano al rango de lo animal, sino que -lo po aun no se 11 am h n plural- no tienen
Como las naturalezas -a ora e
que es casi peor a juicio de Tarde- también rebaja al
73
La naturaleza de la economía
72 L a economía, ciencia de los inte reses apasionados
.
¿Se trata solamente de la reproducción de la s riqu e·
finalidad ' puesto que todas . . zas? Me gustaría que fuera así, pero con la condición de
dentes de aba¡·o po , d . son mvenc10nes pro
h ' r as1 ec1rlo n d 1 . hacer un análisis completo de las causas de esta repro·
umanos agregarles fines. ' a a es impide a los
ducción. Distinguir la tierra, el capital y el trabajo no es
muy revelador. Si se va hasta el fondo de esas cosas, se
El término idea l al que se di .· encuentra que ellas se resuelven en sí mismas en repe·
que aún no tenga una . uge la humanidad aun-
conc1enc1a p · d ' ticiones de diversas naturalezas. ¿Qué es la tierra si no
una parte, componer con la ¡- ;ec1sa e ello, es, por el coniunto de fuerzas físico-químicas y vivientes que
de todas las floras d 1 1 e ite e todas las faunas y
e P aneta un , · actúan unas sobre las otras, unas por las otras, y que
seres vivos que con . d armonico concierto de
d fi sp1ren, entro de . consisten, unas, calor, luz, electricidad, en combinacio·
e nes, con los prop· fi un mismo sistema nes y sustancias químicas, en repeticiones irradiantes
. ios nes del ho b 1·6
perseguidos· y por ot m re, 1 remente de vibraciones etéreas o moleculares; las otras, plant9-S
' ' ra, captar toda 1 f
as sustancia inorgá • < s as uerzas, todas
cultivadas y animales domésticos, en repeticiones no
1 < meas, para somet 1
to, como simples med· 1 eras en su conjun- menos irradiantes y expansivas de generaciones confor·
ios, a os fines
gentes y consonantes d e 1a v1.d a Es entonces
• conver- mes al mismo tipo orgánico o una nueva raza creada
e punto de vista de es t' . . preciso colocarse en por el arte de los ¡ardineros y los criadores? (PE-1, págs.
d1er hasta qué punto las e eermmo .dist ante para compren-
la economía polític _oncepc1ones fundamentales de 143-144).
278). a exigen ser revisadas (PE-1, pág.
Se aprecia cómo Tarde resuelve el problema de la
naturalización: acercándose a \as innovaciones, las
A esa revisión se ¡- repeticiones, las adaptaciones de las propias cosas,
économique. Cuando ap 11ca Tarde en Psychologie
, . vue ve a sume . 1 . . proponiéndoles como él mismo dice, nuevas costum·
econom1ca en el fl · . rgir a act1v1dad
· , u¡o universal de 1 , bres. De ahí la consecuencia, sorprendente para el lec·
nmgun momento . as monadas en
. piensa que se p d ' tor de hoy, tan dispuesto a buscar los factores de pro·
as mvenciones d 1 , ue an comprender
1 . e a econom1a co ducción en el capital y el trabajo, de verlos a ambos
a amplr(icación de 1 . . mo otra cosa que
1. C , as mvenc1ones d 1
e ual es, a su juicio el . . e a naturaleza. redistribuidos.
ción? El acople d 1, . pnn~1pal factor de produc-
. e as mvenc10 h ¿Qué es el trabajo si no un coniunto de activida·
mnumerables invencione d nes umanas con las des humanas condenadas a repetir indefinidamente una
nada unifica. s e esta naturaleza a las que
cierta serie de actos aprendidos, enseñados por el apren·
dizaie, por el eiemplo, cuyo contagio tiende incesante·
La naturaleza de la economía 75
74 La economía, ciencia de los intereses apasionados
ciones que propagaron de un interlocutor a otro la idea
mente a irradiarse también? Y el propio capital, ¿qu '
de un nuevo producto por comprar o producir y, con
es si_ no, en lo que tiene de esencial según mi opinión,
esta idea, la confianza en las cualidades de ese producto
u_n cierto grupo de determinadas invenciones, pero con- en su próxima disponibilidad, el deseo, en suma, de
sideradas como conocidas por su explotador es decir 0
consumirlo o fabricarlo. Si el público nunca conversara,
c?!no trasmitidas de los inventores a él por u~a repetí~ la exhibición de mercaderías sería casi siempre un tra -
c1on mtelectual cada vez más generalizada y vulgariza-
bajo en vano, y las cien mil trompetas de la propag~nda
da? (PE-1, pág. 144).
sonarían inútilmente. Si solamente durante ocho d1as se
detuvieran las conversaciones en París, pronto se adver-
Se podría de~ir que Tarde ama la investigación, tiría la singular disminución de la cantidad de ventas en
pero no el traba10. En 1902 elogia la civilización del los comercios. No existe, pues, más poderoso director
ocio, de los cafés, de la conversación, de la moda de del consumo ni, en consecuencia, más poderoso factor,
las bar~tijas, del turismo ... En la propia época e~ la aunque indirecto, de la producción, que la cháchara de
q~e s~- impone la ley de hierro del tedio y de la meca- los individuos en sus horas de ocio (PE-1, pág. 195).
mz~~10n, y muy pronto la especialización y segmen-
tac10n del trabajo, elogia el ocio, la cháchara de las Marx no habría apreciado esas expresiones. Por cier-
clases ociosas, como en ese pasaje sorprendente sobre to, pero ¿qué dirían hoy los especialistas del mark~ti~f!
u~o de sus temas recurrentes favoritos, la conversa- viral, que calculan, con balancines de extrema sens1b1h-
c1on como factor esencial de producción: dad las menores variaciones de los humores en los blogs
' , ,
más narcisistas? Digámoslo una vez mas: en su epoca
La conversación es un tema que interesa eminente-
mente al economista. No existe una relación económica Tarde no poseía el medio para demostrar que las cuan-
en_tre los hombres que no esté acompañada en primer tér- tificaciones a las que aspiraba eran posibles, pero ahora
~mno por un intercambio de palabras verbales o escritas, la digitalización generalizada permite volver sobre sus
impresas, telegrafiadas, telefoneadas. Incluso cuando un hipótesis iniciales acaso con mayor provecho.
viajero realiza intercambios de productos con isleños
cuya_ lengu_a ignora, esos trueques sólo tienen lugar por
medio de signos y gestos que son un lenguaje mudo. Por LAS TENDENCIAS DEL CAPITAL
lo demás, esas necesidades de producción y consumo, de
venta Y compra, que se satisfacen mutuamente mediante ·Una chocante inversión de los valores que inverti-
el intercambio, cerrado gracias a conversaciones ·cómo c . 1 ;>
• ;> ' ( ría la dura realidad de las infraestructuras matena es.
nacieron. Muy a menudo también gracias a conversa-
77
La naturaleza de la economía
76 La economía, ciencia de los intereses apasionados
. , ,,, Uno puede imaginarse a
·El "capital conledon . d . do a man-
Pero Tarde no invierte nada, puesto que no hay, segi'.111 1 l do a Tar e y nen
él, infraestructura ni superestructura, puesto que r · 1 enin en Zurich, eyen ·d' l imagen botánica
, . te esta n icu a .
distribuyó previamente los factores de producción al c.líbula batiente an . , del imaginario de los
, 1. e án \e¡os se esta h
localizar en las sutiles variaciones de la creencia y d 1 Y buco ¡ca. u ·n pl.1oneS de las fábricas umean-
deseo, las verdaderas fuentes del valor. Exagerando gigantescos martl os h l , las barricadas que por
apenas, se podría decir que en la economía todo e tes de los talleres, las ue _g~s, de los revolucionarios.
, . fl b n el espintu . d
superficial, todo es moral, todo es irracional, todo e la época in ama a , la historia no ha termina o.
fineza. Basta con leer el tratamiento que le reserva al ¡Aguardad, aguardad., l despo1· os herrumbrados
. hoy ante os . o fren d as
capital para convencerse: Quienes pasan•
.
· ¿ stnales o que
depositan
, •
de las rumas in u •gidos a las v1ct1mas
onumentos en ., l
A mi juicio, en la noción de capita l hay, pues, do florales ante los m l on mayor atenc10n o
· es deben eer c · · ,, d l
cosas a distinguir: 1) el s;apital esencia l, necesario: es de las revo luc1on , d l "capital auxiliar e
el conjunto de invenciones reinantes, fuentes primeras q ue diferencia, segun Tar e, e
"capital esencia . l" .1s

de toda la riqueza actual; 2) el capital auxi li ar, más o
menos útil: es la parte de los productos, nacidos de esas , . . urosamente indispensable par~
invenciones, que sirve, por medio de servicios nuevos, En suma, lo urnco ng l motora es el conoc1-
., d ia nueva oco l
para crear otros productos. la producc1on e u1 . de una locomotora, a
d de \as piezas .
Esos dos elementos difieren casi como el germen, en miento deta 11 a o d extraer los matena-
• ¡ s y ante to o,
la semi lla de una planta, difiere de esas pequeñas pro- manera de fa b ncar a , E h de ideas en el que
hechas. se az ' -
visiones de alimento que lo envuelven y que se llaman les con los que son . . , grande o pequena,
l na 111 venc1on
cotiledones. Los cotiledones no son indispensables; cada una de el as es u .d o desconocido, ese haz
hay plantas que se reproducen sin ellos; solamente son debida a un inventor conoc1 o b o· he ahí la única
•d en un cere r •
muy útiles. La dificultad no consiste en observarlos, al de invenciones reu111 as . pues bien se trata en
., d ros antiguos - '
abrir la semil la, pues son relativamente vo luminosos. porc1on de pro uc l el fruto de una ense-
e un producto menta ,
El germen, muy pequeño, se disimula entre ellos. Los este ca so d
economistas que ha n hecho consistir a l capita l sólo en
el ahorro y la acumulación de productos anteriores se
errn: capital, accumu-
parecen a botánicos que consideraran la semilla como , · "Econorny O f the g 2007
18. Vinccnt A. Lepmay, d S ciety vol. 36, N º 4, '
constituida enteramente por los cotiledones (PE-1, pág. · ,,
lation and vibration 'en
Economy an ° '
336) .
págs. 526-548.
78 - La economía, cien cia
. d e los intereses
.
La naturaleza de la economía
79
1
apasionados
vacila acerca de la caracterización exacta del capital-
nanza
la escolar- que
construcción de se
u r eqllllere
. con total necesidad par11 germen. Se pueden leer varias versiones de él, pero
. d na ocomotora p d , d lo que interesa en cada ocasión es la capacidad del
mismo e la fabricación d , e. o na ecirse lo
Por supuesto el i·nd· _de un articulo cualquiera. apital-germen para variar en el tiempo, para diferir.
• . , 1v1 uo que d -d Detengámonos en las diferentes oposiciones que
cia intelectual del p d '. re uci o a esa heren
· · asa O no tuv1er ·11 Tarde pone en acción para definir el carácter germinal
tec1m1entos ni herram· ' , a semi as, ni aba .
d. . ientas estana en d I b
1c1ones para hacer ob ra agncola , o ind ep ora. l les con- del capital. Ante todo, la distinción entre el capital y
se encontraría en la imp os1·b·1·d d
11 a de ustna
d . . Pero no el trabajo: "La distinción entre el capital y el trabajo
antes o un poco d , . pro uc1r un poco remite, en el fondo, a la distinción entre un modelo
·11 espues, mientras .
semi as o materiales muy b d que s1, provisto de y una copia" (PE-1, pág. 83) . Tratemos de ver con
mulados mediante el h a un antes, amasados y acu-
cionado fuera al . a o~ro, y del utillaje más perfec- mayor claridad en esta distinción que nos parece tan
' mismo t1emp · extravagante, en la medida en que estamos acostum-
tos de la industria que p t d o ignorante de los secre-
de cultivo a los que re en e dirigir, o de los métodos brados a pensar el trabajo como la fuente de los valo-
• se entrega se ve , f
impotencia product' ' na a ectado por la
capital (PE-1, pág. 31;:/ pesar de todo su pretendido
res.Si el capital resulta el modelo, y el trabajo, su
cqpia, es, ante todo, porque Tarde entiende el traba-
Nosotros, que un siglo des , jo en su sentido más pobre, para separar bien lo que
encontramos ante la . d pues de ese libro nos surge de la repetición de lo que surge de la invención.
b " f s soc1e acles llam d "d
El trabajo es una fuerza bruta, una inercia sin cuali-
er ' en rentados con la 1O b ¡· . a as el sa-
c l g a 1zac1ón f
on as cuestiones tan "61 ' con rontados
técnica, de la polític dsenl s1. es de _la investigación
·, ª e a mnov ac10n,
c10n en las capacidad , .
, d 1
e a inser- que el mundo romano fue cristianizado, no sólo el cambio en las
entendemos bien q e ~ mtl~as de los seres vivos costumbres, efecto del cambio de creencias, vino a herir de muer-
d ue e1 imag1 . d 1 ' te las hermosas invenciones arquitectónicas, a partir de entonces
ebe cambiar por complet o. 1~~10 e propio capital
or momentos, Tarde inanimadas, del circo, del templo griego, a las que se pueden agre-
gar las termas, los acueductos, etc., sino que también tuvo corno
efecto aniquilar casi por entero el valor de innumerables ejempla-
res de esos tipos, con los que los arquitectos habían cubierto el
. 1~. Incluso cuando habla de" . suelo del Imperio, y es corno si un vasto temblor de tierra, al aba-
sigue mvertir las metáfo d 1 ~emblores de tterra" Tarde con- tir esos hermosos edificios, hubiera devorado ese instrumental del
¡ . ras e a mfr ¡ '
e 1contrano, todo lo que s·tgm.fi ca a fecta y a, superestructura·. "Po r
a tera, como consecuencia a a ' l [ 1ar a_este [el capital-germen] pasado" (PE-1, pág. 338).
, que e capttal-cotiledón]. Después
80 La economía, ciencia de los intereses apasionados
La naturaleza de la economía 81
dades específicas e incapaz de operar diferencias en su
movimiento propio. Cualquier cambio lo sorprenderá necesaria, que uno y otro los hayan visto y que hay~n
visto hacer herramientas semejantes, a las que tomara1:
desde el exterior. De esta manera, el trabajo inventivo,
como modelo, a menos que, sin haberlas vis~o ante , ni
elogiado por los sociólogos del trabajo como marca de
haberlas visto fabricar, las inventen (PE-1, pag. 82).
fábrica de la irreductibilidad de lo humano, ya no es
de ese orden: contiene miríadas de operadores de dife-
renciación que adaptan esta fuerza bruta a su entorno El trabajo, como fuerza bruta, se a~emeja ent~n-
que la ajustan para mantener sus costumbres. Comos; ces mucho al "capital-cotiledón"' el capital accesono.
sabe, incluso el trabajo más repetitivo requiere de una Esas dos especies tienen como característica no poder
p_roducción continua de pequeñas innovaciones que modificar su trayectoria de manera autó~o_m a. ¿Por
circulan y que son otras tantas pequeñas resolucio- qué razón carecen de autono~ía? Parado¡1cam~nte,
nes de oposición previas. El trabajo por sí solo nunca porgue son tendencias demasiado puras. Dem~siado
puede divergir y operar diferencias en la oposición: puras significa aquí que son incapaces de cambiar de
por sí solo, únicamente puede repetir y agotarse. Pro- rumbo. La autonomía sólo les llega a los compw~stos,
visto de un modelo, de alguna manera, curva y pro- a esos seres que son el inestable resultado. de mter-
longa su trayectoria para soslayar el obstáculo. Tarde ferencias. Cuando la fuerza bruta del tr~~a¡o desi~u-
tiene la audacia de no considerar el trabajo inventivo do se compone de un ejemplo de soluci?n anter_1or
-vale decir, el trabajo que los sociólogos del trabajo a una oposición similar, se puede producir una dife-
no pueden dejar de encontrar- como una tendencia rencia. Cuando la materia inerte se encuentra colgada
pura, sino de ver en él una madeja y un entrelazamien- de una técnica de producción, se produce un traba-
to de una fuerza bruta con pequeños modelos activos jo de animación que nos hace ingresar, para hablar
movilizados a merced de las oposiciones. Esos mode- con propiedad, en la obra d~I capital. Al i~ual_ ~ue el
los son objeto de toda su atención. trabajo bruto, el capital-cotrledon es un e¡ercrci? ,d_e
pensamiento, un caso límite que resulta muy, dificil
de encontrar en los terrenos de la antropolog1a eco-
[... ] si no tiene herramientas, el obrero rural se
nómica. En la práctica, es siempre un compue:to que
las arreglará con otros instrumentos más sencillos o
incluso utilizará los dedos como tales; si no dispone'de se deja ver. Pero una vez más la fuerza anal_itica de
colores ni de pinceles, el pintor también llegará a pro- Tarde señala con el dedo las grandes tendencias con-
curárselos; pero con una condición necesaria, la única ceptuales que la noción de capital -y, c,o~o veremos,
de capitalismo- confunde demasiado rap1damente.
83
La naturaleza de la economía
82 La economía, ciencia de los intereses apasionados
chumpeter,22 en el retrato que ambos hacen de los
En pasajes muy extraños para nosotros Tarde 11 empresarios. Hay así una doble lectura de esta nueva
ga_ a a_s~milar la individuación, la oscilación y la ger- teoría del capital que porta el germen. Por unayart~,
mmac10n. Ser un genio y ser un germen a menudo el capital como fuente de oscilación, según el mteres
se confunde~. ~s, tanto una redefinición del germen, de Tarde por la hesitación que se encuentra en ~uchos
en tanto oscilac10n_, como u~a redefinición del genio, de sus escritos anteriores. 23 Según una expres1on que
como entrecruzamiento de lmeas de influencia e imi- se ha vuelto corriente entre los historiadores y soció-
tación. Incluso identifica a veces la mente y el germen, logos de las ciencias contemporáneas ~s, ~iteralmente,
co~o cuando emplea la expresión "capital humano" un estudio del capital en vías de constituirse.
teniendo ~n mente la capacidad de innovación de los Pero existe otra lectura posible del capital-germen
empresanos. Pero, contra una lectura economicista que minimiza su origen cola?o~ativo y su dimensi?n
de ese capital humano (cuya posteridad en la escuela revolucionaria. Esta lectura msiste, por el contrano,
de Chicago, en la persona de Gary Becker 20 se cono- en el germen como producto acab~?º que puede ser
ce), T~rde sitúa en otra parte la línea di;isoria. Una conservado y pasar de una generac1on a otra. Enton-
v~z mas, el agente económico no es el único lugar de ces el carácter de potencial del germen se pierde. Por el
diferenciación del g_ermen. Se puede decir incluso que contrario, pasa a primer plano la íntim~ relación entre
el H?m_~ oeconomicus es el caso más pobre de dife- la forma germinal del capital y la capacidad ~e m_emo-
renciacion: fiel a sus máximas de maximización se ria de los dispositivos económicos que la vehicuhzan.
conf?rm~rá con raciocinar y repetir en vez de dife-
renc~ar. Si es preciso buscar en la literatura económica Un descubrimiento o una invención, que hacen cre-
un e¡emplo de trabajo de germinación se lo encontra- cer la ciencia o el poder del hombre, o ambos a la vez,
rá más bien en John Maynard Keyne,s 21 o en Joseph

22. Joseph A. Schumpeter, Capitalisme, socialisme et démocra-


20. Gary S. Becker, Human Capital: A theoretical and Empíri- ties, trad. fr. de Gael Fain, París, Payot, 1964_ [trad. cast.: Capita-
ca/ Analys1s, w1th Spec1al Reference to Education Nueva York lismo, socialismo y democracia, Madrid, Aguilar, 1968]. .
Columbia University Press, 1970. ' ' 23. En particular en La Logique socia/e, o~- cit~, qu~ se dedica
,. ~1~ John Maynard Keynes, Th éorie générale de l'emploi, de muy ampliamente al estudio social de la hesitacion logica, pro-
l mteret et de la monnaie, trad. fr. de Jean de Largentaye, París, curando renovar la propia noción de lógica formal mediante una
Payot, 1963 [trad. cast.: La teoría general del empleo, el interés y psicología de las pequeñas incertidumbres.
el dmero, Barcelona, Crítica, 2002].
84 La economía · · d ¡ .
, ctenaa e os intereses apasionados La naturaleza de la economía 85
;iempre se encarnan ya sea dentro de nosotros en nutN
ria h~ emona nerviosa o muscular, ba¡·o la form' a de ,
interno y lo externo, lo natural y lo artificial, ninguna
c 1c e me t ¡ d < 1111 categoría escapa a la relectura de Tarde.
noción o I~eª u~ ta~e~;a costumbre adquirida, de u11 ,1 Al redefinir el capital-germen -necesario- , Tarde
I"b o, ya sea fuera de nosotros ·11
un I ro o en una máquina. Un libro no es más' también redefine el capital-cotiledón -accesorio-. So-
una prolongación y un apéndice d qut· bre este punto no tiene dificultad en ser más preciso
una máquin , . e nuestro cerebro;
. ~ n? ~s mas que un miembro adicional . que los economistas, dado que éstos han tratado des-
puede decir indistintamente que un I"b 1 ro es un recuerdo . cuidadamente el capital material, considerado como
e t ·
x enor o que un recuerdo es un lib . un vasto montón de materiales indiferenciados. En
especie de bibliotecario invisible, oct~~~::r~~º;s;r:e s~11~~ ninguna parte se encuentra mejor expresada su origi-
iaº' ~os pone ante la vist.:3 en el momento querido. De nalidad que en su lectura cruzada de los mundos de
misma manera, una maquina es un talento exterior
u~ talento es una máquina interna [ ] As ' 1y
la naturaleza y del artificio. A la búsqueda de lo que
d , · · · · 1 es como as caracteriza la herramienta llega a definirlo como un
iversas y multiples habilidades de lo .
nos st ¡ d s antiguos artesa- gradiente de resistencia.
'. is pro onga os aprendizajes, sus lentos almace-
~am1entos de costumbres especiales se han vuelto inúti-
s, en_ gran _parte debido a la fabricación de . Todas las herramientas, ya sean para los trabajos
maquinas. Estas no son más 1 . , sucesivas manuales o para los propios trabajos intelectuales, son
y también la am l"fi . , que a proyecc1on exterior -seña lémoslo- sustancias en estado sólido y no en esta -
< p i cac1on a menudo prodigiosa de
;:~~:alentos y _esos órganos mediante los cua les <esos do líquido o gaseoso [... ] ¿Por qué es así? Porque uno
os _s_e ed¡erc1an. y también se puede decir que si la se apoya sólo en aquell o que resiste: la solidez es tam-
destrucc1on e esas má · . , bién la resistencia y el apoyo. Utillaje y solidez son dos
. quinas o 61 igara a esos talentos a
renacer
. . s1
' ' por e· 1 ¡ .
¡emp o, a supresión de I · ideas tan íntimamente unidas que, aun en el trabajo de
h1c1era resucitar a los ca lígrafos y los ilu;~n~~~;:;~: la vida anima l o vegetal, de un lado a otro de la esca la
~anuscnros, o la supresión de las fábricas de hilados a zoológica, comprobamos esta indisoluble vinculación.
as a_nt1guas hilanderas, los talentos así renacid , Las herramientas del ser vivo son, para cada célu la, sus
la reincorporación simplificada y reducida de la~s s~na_n apéndices o sus prolongaciones más o menos móviles,
nas destruidas (PE-1, págs. 353-354). maqui- siempre de un tejido más o menos resistente y, para el
organismo por entero, sus miembros, siempre de una
cierta dureza relativa con el resto del cuerpo (PE-1,
Herramientas y me ·
61 . monas resu 1tan así indisocia- págs. 258-259).
emente vinculadas. Lo profundo y lo superficial, lo
87
La naturaleza de la economía
86 La economía, ciencia de los intereses apasionados
, d l ital Tarde describe el bien
Se aprecia mejor la tensión entre el germen y d 'Sta nueva teona e cap . ·erte en algo capaz de
. ello que se conv1 .
cotiledón luego de esta mención a la dureza esencial libro como aqu . tracciones y repuls10-
.gos y enemigos, a
de las herramientas y del capital físico. Al distinguir generarse ~md1 l . ego de las citas y las referencias:
los destinos de las dos formas de capital, el indi - nes, a traves e JU
pensable, que no deja de inventar y de diferenciar, y
. se lo considere como producto o como
el accesorio, que no deja de ocultarse y permanecer Pero, ya . t"ble de aliarse con otros
- n libro es suscep 1
en las costumbres, Tarde lleva a dirigir la atención ensenanza, u
.
. ¡·bro considerado como
b t. los No existe 1 ,
sobre una nueva gama de variaciones: mientras que libros o com a ir · \"b os de los
- e no esté hecho con otros i r ' .
el capital-germen siempre provoca la invención (o la ensenanza, qu _ \" f y entre los cuales existe
adaptación), el capital-cotiledón atrae hacia sí la opo- que a menudo da la b1bd10t:i~ª~ue ha sido hecho para
alguno del que se pue e los completa. (... } Si investl-
sición. El germen sólo sobrevive por su versatilidad
e\los, pues los confirma y rales de la producción de
y su capacidad para no fijarse en una fórmula estáti- gáramos las cond1c10nes gene .stas investigan las de la
ca, sino por explorar ramificaciones siempre nuevas y .b 1 · al que los econom 1 . -,
\¡ ros, a 1gu , 'amos que la dist1nc1on
por desbaratar la oposición mediante una constante
adaptación. El capital fijo, el capital material, nunca
tiene esta oportunidad; atrae la oposición como el
producción de mercanc1as, v;n
célebre de los tres factores,, ::~¿on Capital y Trabajo,
randes e instruc-
puede en rigor apl'.carse aqm,: todo en 1o que concierne
pararrayos al rayo. tivas transformac1one,s, sobr bido como el legado,
. 1 que debena ser conce d 1
a1 cap1ta , _ . de las buenas ideas e
nte en crec1m1ento, .
constanteme b - . tos e invenciones sucesivas
pasado, de los descu rurnen
UNA ECONOMÍA DE LAS (PE-1, págs. 89-91).
COMPOSIBILIDADES
der de delimitación de redes y por_ l~
Tarde dota de deseos las agencias infra o supra- Por su po d l libro también partici-
humanas haciendo estallar una vez más las fronteras constitución de agrega os,pe de ser enrolado en una
l baJ· o del germen. ue
establecidas por una ciencia económica, más preocu- pa d e tra d hace de él un precursor,
pada por el orden que por la inteligibilidad, de las seri~ ~n~ovad~a ~:: ºu:~e ser redescubierto luego
asociaciones entre personas y bienes. El magistral un iniciador. am P _ brir un continente
ejemplo de la economía del libro, que cierra la intro- de varias décadas de suen~ y rea . o los
las investigaciones futuras ( ¡com
ducción del tomo 1, ilustra bien la tensión que recorre entero Para
La naturaleza de la economía 89
88 La economía, ciencia de los intereses apasionados
los propios bienes económicos. Las características de
lib,ros de Tar?e!).24 Cuando es olvidado, no resulta esos bienes, que habían sido mantenidos a distancia y
ma~ qu,e un e¡emplar repetitivo y un caso de capital- que sólo entraban en los modelos como puntos en un
cotiledon, pero cuando es redescubierto, su actividad espacio continuo -o sea, puntos que siempre era lícito
se reanuda, como la de una bacteria dormida a baja desplazar, puesto que en el fondo eran intercambia-
:_emperatura. Una vez más, es preciso no dejarse enga- bles-, resurgen como las fuentes de despliegues indus-
nar_ Pº: la metáfora del germen -del código- y del triales de gran envergadura. Sin formularlos siempre
cotdedon -de la materia informe- . N a d a es m· f orme 25 de la misma manera, esta economía retomaba aquí
en, la ontología de Tarde, y menos aún en su econo- las intuiciones más originales de Tarde: no asignarle
mia. No por nada Tarde es leibniziano: en cada pez fuente a la economía (la escasez, la maximización, el
hay ~stanques llenos de peces, y así sucesivamente ad interés), sino una psicología basada en la compatibi-
infimtum. ' lidad y la armonía, la oposición y los ritmos. La eco-
Resulta s~~prendente observar en qué medida la nomía ya no obedece a un zócalo, o a un sitio último
afinada atenc1on de Tarde a las circulaciones de ejem- de fundación, sino únicamente a la estabilidad de una
plos y 1,os procesos de difusión se vuelve a encontrar configuración. Desde ese punto de vista, las divisio-
en la d~cada de 198,0 en la literatura económica bajo nes de la teoría económica tradicional ya no tienen
las noc10nes de estandar y de irreversibilidad de lo sentido. Lo micro y lo macro sólo son dos puntos
26 E . s
Procesos. sta 1iteratura hizo volver a primer plano arbitrarios que ocultan todo el trabajo de formateo,
de coordinación, de estandardización, de compati-
bilización que termina por resolver provisoriamente
24. Ese imerés por el_ wntenido de las imitaciones explica el ciertos conflictos de oposición mediante nuevas adap-
gusto que ciertos cog01t1v1stas manifes taron por Tarde pese
que, como es el ca~o- de Dan Sperber, rechazaran por e1~tero lo: taciones.
mecams_mos ps1_c~log1cos Y, a fortiori, cerebra les. Dan Sperber, La
Contagian des idees, París, Odile Jacob, 1996 .
. 25. Las expe riencias pensantes del capital-cotiledón y del tra-
ba¡o bruto demuestran hasta qué punto lo informe sólo puede ser
un _res_~ltado conseguido a alto precio de seres que ti end en a la en American Economic Review, N º 75, 1985, págs. 332-337;
vanac1011. Para lograr trabajo bruto, es preciso desposeerlo de Michael L. Katz y Car! Shapiro, "Nerwork externalities, competi-
todas sus cualidades. El trabajo en cadena ape nas lo logra, dacio lo tion and compatibiliry", en The American Economic Review, Nº
mucho que asoma, por defecto, la variación. 75, 1985, págs. 424-440.
26 · Pa ul A· D av ·d
i , "Cl.10 an d t h e economics of QWERTY",
90 La economía, ciencia de los intereses apasionados
La naturaleza de la economía 91
NUNCA HUBO
¿Qué ocurrió, entonces, bajo el nomb~e de _capi-
"RÉGIMEN CAPITALISTA"
talismo? No lo explica ninguna "necesidad mter-
na ". A lo largo de toda la Psychologie écononúque,
Si se aceptan todas las extrañas ideas de Tarde
Tarde-insiste a cada momento con otro fenómeno, sin
sobre los factores de producción, tal vez se advier-
rupt~ra alguna con el pasado, al que defin~ c~m~ _la
ta que, decididamente, en nuestra historia pasó algo
extensión , la intensificación de las redes de 1m1tac1on
.
d1ferent~ al auge del capitalismo. Y en eso, justamen-
y de contaminación que tienen como consecu~nc1a su
te, consiste una de las originalidades del libro: Tard
matematización, la que no debemos confundir -esto
no _cree que una gran ruptura, que una revolución
debería resultar claro ahora- con la fría objetivación.
~adical'. que un corte epistemológico, hayan venido a
En ningún momento se pasa del anticuado encanto
Irru_mp_1r en la historia económica para parir la hidra
capitalista. del intercambio a la abstracción mercantil. Para Tarde
no hay, pues, auge de la abstracción, fetichis~o de 1~
Como sabemos, lo que en verdad se acumula en vir- mercancía, tampoco disminución de las pasiones m
tud_de una necesidad no histórica y restringida a ;lllestra aumento de la frialdad . Se progresa del pasado al pre-
sociedad moderna, sino lógica y universal, es el capital- sente mediante una mayor mezcla de las distancias,
germen, el legado de las ideas indestructibles del genio mediante un mayor entrecruzamiento, mediante una
hun_1an_o. Desde ese punto de vista, hablar de régimen mayor intrincación de las nuevas técnicas de !nn~~a-
capitalista, como si el capitalismo fuera una fase tran- ción, producción, comercialización y comumcac1on.
sitoria del desarrollo social, significa emplear la más
Así ocurre, por ejemplo, en el pasaje de los pregone-
impropia de las expresiones, la más capaz de extraviar
ros públicos a la publicidad moderna:
a la mente. En cuanto al capital material nacido de ese
capital intelectual, se destruye y se rep;oduce a cada
La razón de esta evolución, ese reemplazo gradual
momento, y sólo a él se aplica la observación de Stuarr
de la propaganda acústica por la visual, consiste en que
Mili s?bre la rapidez con la que el capital se regenera
esta última es mucho más apta que la otra para desarro-
despue~ _de las devastaciones de una guerra o de una
llarse extensivamente. Su alcance, mediante los anun-
revoluc1on. Pero no siempre se regenera: se lo ha visto
cios de los periódicos, por los ejemplos multiplicados de
aniquil~do para ya nunca renacer; y el espectáculo de
los afiches mura les, puede extenderse indefinidamente,
las naciones en decadencia, que se van empobreciendo,
mientras que resulta difíci l y costoso multiplicar mucho
es a~ecuado para convencernos de que ninguna necesi-
los pregoneros públicos. La propaganda, en suma, se
dad interna lo obliga a crecer siempre (PE-1, pág. 348).
transforma en el sentido de su irradiación cada vez
93
La naturaleza de la economía
92 La economía, ciencia de los intereses apasionados
pero no se la puede racionalizar ni mo~enfr~ar. Esto es
más amplia, libre y fácil. La cantidad de propagand,1•1
acústicas no podría superar una cierta cifra en las callv\ tan cierto que incluso Tarde nos descnbe aun la B?~sa
de una ciudad sin terminar en un aturdimiento gent y sus sorprendentes hallazgos como luga~e~ familia-
res en continuidad con los mercados trad1c10nales o,
ral, mientras que la cantidad de propagandas visual •s
puede aumentar sin que cada una de ellas deje de s •r más bien, ofreciendo, a los prop,ios instrux::ientos, ,la 1
diferente a la que se vio, aunque se puedan confundir en misma intersubjetividad, aún mas enmaranada, aun
la memoria (PE-1, pág. 189).
más intensa.

Volvemos a encontrar allí el vínculo, ya señalado, Desafío a quien sea a justificar únicamen_te median-
entre las técnicas, los instrumentos contables y lo que te la razón mediante el cálculo frío y ¡u1ooso de las
se ~odría llam ar la prolongación de las redes. El capi- verosimilit~des, utilizado por los espíritus sensat~s, en-
talismo, como veremos en la última sección de este tregados a sí mismos, sin influencia de los demas'. las
oscilaciones vagamente rítmicas de un valor cualqmera,
libro, plantea por cierto un inmenso problema político
or ejemplo del 3% inglés* en el transcurso de los dos
y moral que apasiona a Tarde, que él no resuelve con
~ltimos siglos (PE-2, pág. 198).
una antropología histórica mediante la súbita irrupción
de la modernidad y la abstracción. Mucho antes que
Si se quiere comprender por qu~ _1~ economía es
Fernand Braudel27 e Immanuel Wallerstein, 28 conviene
ante todo intersubjetiva, hay que dmgirse a las ~?l-
captar la antropología de los mercados en vías de glo- 29 Allí no se descubrirá en absoluto la a bstracoon,
balización en términos de redes y de prolongación de sas.
los regímenes de confianza. Se puede ampliar su alcan-
ce, pero no se los puede volver menos socia les menos
intersubjetivos. Se puede "economizar" una s~ciedad * Referencia a la tasa de interés que devengaban los bonos del
' Estado inglés (n. de t.). .,
29. Sugerencia de la que no renegarían los soc10logos de las
finanzas, Mitchel Y. Abolafia, Making Markets. Opportunrsm and
Restraint on Wall Street, Cambridl:l;e (Mass. ), Harvard Umver~1ty
27. Fernand Braudel, Civilisation matérielle et capitalisme 96· Olivier Godechot, Les Traders. Un sociologue a la
xvcsiecle-XVIIJC siecle, París, Armand Collin, 1967 [trad. cast.'. P ress, 19 ,, La De' couverte 2001 · Fab1an- M · D ar
es. m -,
Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV-XVIII, B ourse, P ans, , , , .umesa,
,
h , comme algorithmes: sociologie de la cotatron electronrque a
Madrid, Alianza, 1984]. ~a ~ourse de Paris, tesis de doctorado (con la dirección de M1chel
28. Immanuel Maurice Wallerstein, Le Systeme du monde, du Callon), École des Mines de París, 2004; Donald MacKenz1e, An
xvcsiecle a nos jours, París, Flammarion, 1992.
La naturaleza de la economía 95
94 La economía, ciencia de los intereses apasionados
resultar, como si fuera real, un prodigioso aumento del
sino, al contrario, la deslumbradora evidencia de qu,
precio del trigo (PE-2, pág. 46).
allí toda especulación es asunto justamente de especu-
lación -en el sentido ínter- y psicológico de los duelo
antes planteados-. Contrariamente a la queja habi- Se aprecia cuán lejos se está de la idea de un en-
tual de aquellos que acusan a las finanzas de haber castre de lo económico en lo social. 30 Y eso por una
convertido la economía en demasiado abstracta en la razón decisiva a la que Tarde le dedica muchos pasa-
Bolsa, la economía no camina con la cabeza, sino, ' por jes: mediante la difusión de valorímetr?s, lo que _l~
supuesto, sobre sus pies. economía-disciplina modifica es la propia calculabi/1-
dad de lo social. No aminora la temperatura y la sub-
jetividad de las pasiones: mediante la medid~ les ofr:-
Antes de la ampliación de los mercados y la insti-
ce un ligero suplemento de predictibilidad. S1 la teona
tución de las Bolsas, no había ventas a término para
fijar tiránicamente el precio del trigo. Pero, ¿acaso el de la Bolsa en Tarde resulta tan importante como 1~
precio del trigo, durante el Ancien Régime, por ejem- cuestión de la formación de los precios es porque as1
plo, estaba determinado por la insuficiencia o la sobrea- se puede captar de maravillas el pasaje, completame_n_-
bundancia real del trigo en una región o en una época te psicológico, entre la incertidu:"1bre Y l~ pr~babzli-
determinada? No. En esa época, en la que se tenía muy dad, pasaje sólo facilitado, a~~hficado, ~1mphficado,
mala información, en la que sólo se conocían las cose- formateado mediante la difus10n de los instrumentos
chas de la propia aldea, se determinaba la abundancia contables. De ahí ese paralelismo entre la historia de
o la escasez según la cantidad de trigo llevado al mer- la matematización, de la "economización" Y de_ la
cado de la pequeña ciudad cercana. Bastaba entonces "financiarización", se podría decir, del mundo social,
con que algunos acaparadores (pues había acaparado-
pasando poco a poco, gracias a l_a pro~iferación de sus
res como hoy hay grandes banqueros que actúan en la
Bolsa) retuvieran las cosechas de una o dos comunas, o valorímetros, de un régimen de 111cert1dumbre a otro:
que almacenaran sus propias cosechas (es el caso de los
grandes propietarios) para crear la apariencia de una
escasez completamente artificial, de la que no dejaba de
30. Sobre la noción de encastre ("embededness"), véase Karl
Polanyi, Primitive, Archaic and Modern Economy. Essazs o( Karl
Polanyi edited by George Da/ton, Boston, Beacon Press, 1971;
para una crítica de esa noción, véase M1chel Callon , Th e Laws o(
Engine nota Camera. J-Iow Financia/ Models Shape Market, Cam-
bridge (Mass.), MIT Press, 2006. the Markets, op. cit.
97
La naturaleza de la economía
96 La economía, ciencia de los intereses apasionado
. me·antes de sus juicios semejantes
La evolución matemática pasa de la aritméti n d tes, de sus trabaios se l 't·l·dad de esos trabajos y
d 1 or O menor u 1 1
álgebra, de la teoría de los números a la de las funci m·~ acerca e ~ i';;y de sus transacciones semejantes. (... )
La evol ución monetaria pasa de la moneda metálica n l,1 de sus resu ta os,_ ., .. , económica, me pro-
Con la denom111ac1on op?s1ciond l hombres desde
moneda de papel (de alguna manera, signo alge brain, d las relac10nes e os
de la moneda), y del comerc io de mercancías (d ndc- pongo co;:~ri::a ~re la contradicción psicológica Y_~esa-
una cantidad de moneda es cambiada por un artíc ulo el pun~o .dades de sus juicios de utilidad,
o un servicio) al comercio de valores de Bolsa (d nd1· perc1b1da de sus neces1 dy traba]· os mediante la
fr
del con 1cto m
ás aparente e sus
uerras comerciales. ( ... )
los títulos financieros se intercambian unos por otros) . I
En la Bolsa, los valores, relaciones entre una suma k competencia, las h~elg~s, as g' n económica se tratarán
dinero y un objeto, son en sí mismos eva luados unos · 11 Con la denominac1on ha apbtaczomantienen entre sí desde
. que los om res . .
relación con otros. Es una relación de segundo grado. las re lac1ones •, de sus antiguas
d vista de la cooperac1on
Por la cotización, se presentan como funciones unos el punto e . f . , de una necesidad nueva
. ara la satis acc1on .
de otros, sub iendo o bajando juntos según ciertas leyes invenciones p . f . , de una necesidad antigua,
(PE-1, pág. 289). o para la mejor satis acc1on f os y sus trabajos a los
·ón de sus es uerz
o de la cooperac1 d . , d las riquezas ya inventadas
e fectos
de la repro ucCJon e
.
.,
\' . organizacion natura o
¡
Por eso puede escribir esta frase que resume en el (asociación implícita o exp ICI;ª' 10<0 101)
fondo todo su libro: "Por lo tanto, a nuestro juicio, artificial del trabajo) (PE-l, pags. - ·
la tendencia a matematizar la ciencia económica y la
. esta transformación, la
tendencia a psicologizarla, lejos de ser inconciliables, Después de expenmentar , . o" del que
más bien se deben prestar un apoyo mutuo" (PE-1, economía ya no será ese "bloque erranc
pág. 141). antes se burlaba:
Ahora estamos en condiciones de comprender
cómo Tarde, al dejar de lado todas las divisiones . 1 molestia de intentar una refor-
Si se quiere tomar/· función de ese nuevo tipo,
usuales de los tratados, dividirá la materia de su psi- ma de la economía po iticda en l eliminar lo que le es
cología económica. , qué pue e ganar a
creo que se vera . . .b . , de lo que le pertenece
. eior d1stn uc1on d
aieno, en una ,m d uirir lo que había descuidado ,e
En vez de "producción de riquezas", digamos repeti- y que Y_ª pose1a, al a q Se volverá simultáneamente mas
ción económica; y de ese modo entenderemos las relacio- reivindicar como suyo.
nes que los hombres mantienen entre sí desde el punto
de vista de la propagación de sus necesidades semejan-
98 La economía, cienci d ¡ .
a e os intereses apasionados
clara y más densa me¡·or del· .
J · ' 1m1tada ,
a m1~mo tiempo, aparecerá la y _m as completa. y
ficacwn tripartita que se puede fectnd1dad de esa cla ¡. 3. La economía sin Providencia
de los conocimientos d 1 ap icar tanto a la teoría
los deberes, a la estét'1·cae(P0Es plode:es, de los derechos d~
· , pag. 102). '

Ahora el lector se encuentra preparado -así lo espe-


ramos- para dejarse invadir por el carácter extraño de
un libro que le permitirá reapropiarse de la economía,
de alguna manera, cruda y no cocida. Se deberá acos-
tumbrar sobre todo a seguir trayectorias que no son
conducidas por nada, no dirigidas por ninguna estruc-
tura subyacente, nada que sea de antemano asible
mediante una ley exterior a los fenómenos que rige, y
fundamentalmente no la ley de la naturaleza. Al volver-
se darwiniana, auténticamente darwiniana, en manos
de Tarde la naturaleza ha perdido la mano, por decir-
lo de alguna manera, esa mano visible o invisible que
hasta entonces la animaba. Toda la sociología, toda la
metafísica de Tarde se alzan contra lo que parece un
prejuicio imposible de desarraigar apenas se abordan
las cuestiones económicas: en alguna parte, en el mer-
cado, en la naturaleza, en el Estado, existiría un meca-
nismo de armonización en el que se podría confiar para
ya no tener que hacer política. Ahora bien, para Tarde
no existe la Providencia: tal es el corazón del libro, el
La economía sin Providencia 101
100 La economía, ciencia de los intereses apasionados

núcleo hacia el cual todo converge. Y, en consecuencia, estúpidos durante un siglo, unos quince años antes
hay que arreglárselas de otra manera que no sea con- de la Revolución Rusa, por completo inmersos en el
fiando en la economía de los economistas, pertenezcan debate entre liberalismo y socialismo, laissez-faire Y
éstos a la derecha o la izquierda. ¿Cómo? Forzosamen- proteccionismo, debate siempre actual con el nombre
te, mediante artificios, invenciones. de "neoliberalismo" y "altermundialismo". Porque
renovó la teoría social en sus otros libros así como el
vínculo entre las ciencias sociales y las ciencias natu-
REGRESO DE LA POLÍTICA
rales Tarde puede finalmente plantear la cuestión de
EN LA ECONOMÍA POLÍTICA las ;uestiones, en términos de "artificio" e "inven-
ción" : se trata del regreso de la palabra política en la
El argumento se encuentra en su forma más clara expresión "economía política", regres~ evid~ntemen-
tanto al comienzo como al final de la obra. Comence- te imposible en tanto se creía en la ex1stenc1a de una
mos por el final, con esta declaración a la que podría- infraestructura material regida por " leyes naturales"
mos considerar precursoramente constructivista: importadas de contrabando de una biología de fan-
tasía.
Toda la economía política de Adam Smith y de su
escuel a está basada en el postulado del ac uerdo espon- La distinción entre la Política y la Economía Política
táneo de los egoísmos: de ahí las armonías económicas así entendida es tan clara como posible. Una busca la
de Bastiat. La cuestión consiste en saber si los egoísmos vía de la más potente co laboración de los deseos de una
se armonizan por sí mismos o artificia lmente. Esta cues- nación O de un partido en una misma obra; la otra, la de
tión es resuelta en un sentido opuesto al de Smith por su más amplia y recíproca utilización; son dos maneras
quien haya adoptado en su conjunto la oposición eco- muy diferentes de entender su adaptación (PE-1, págs.
nómica, que nos ha mostrado la hostilidad tan frecuen- 152-153).
te, y tan a menudo esencia l, radical, de los intereses. De
ello se desprende que la armonización de los interese
sólo se puede lograr por medio de artificios. Esos artifi-
Si no hay "encastre" de lo económico en lo so_ci~I
cios son las invenciones (PE-2, pág. 229). por la buena razón de que lo social_no_ ~s un domm1?
propio, sino un principio de asoc1ac1on y ~~ntam1-
Recordemos que estamos en 1902, doce años antes nación; tampoco existe un reino de lo polmco que
del cataclismo de la Gran Guerra, que nos volverá llegue a limitar, a lo largo de una frontera a trazar,
102 La economía, ciencia de los intereses apasionados La economía sin Providencia 103
el imperio de lo económico. No existe dominio en en su jerarquía espontánea o consciente, a una espe_cie
absoluto; sólo existe un tejido de entrelazamientos de de programa colectivo de la conducta, del plan de vida
deseos y creencias en vías de expansión, en el que general tan lógico como se pueda? Son dos grand_es pro-
cada cual aprovecha, más o menos bien, las técnicas blemas con los que las sociedades de todos los tiempos
de comunic~ción -desde el periódico y el telégrafo se han visto atormentadas y que han recibido sucesi-
~asta la chachara de las clases ociosas-, así como vas soluciones. En lo concerniente al primero, tuvimos
mstrumentos de cálculo, desde los precios en las eti- la solución esclavista en la Antigüedad, la monástica
quetas hasta la Bolsa y las recopilaciones de datos y corporativa en la Edad Media, la liberal en la época
contemporánea, mientras esperamos la solución socia-
est~d_ísticos. Dicho de otra manera, lo económico y lo
lista o cualquier otra, cuya fórmula se sigue buscando
poli~tco se r~fieren dos veces al mismo objeto, siguen (PE-2, pág. 211).
el mismo te¡1do, recorren a tientas las mismas redes
depend~n d~ las mismas irradiaciones, de las misma; Resulta inútil soñar con un desarrollo tal de lo eco-
contammac10nes.
nómico que lo político ya no tenga nada que hacer; es
. ¿Cómo distinguirlos entonces? Únicamente por el inútil soñar con un desarrollo tal de lo político que ya
tipo de organización que promueven: "colaboración"
no exista economía a la que se le permita laissez (aire:
para lo~ políti~os; "utilización recíproca" para los
sólo hay maneras diferentes de organizar y repartir
economistas. Bien se puede hablar de armonización
los intereses apasionados. En el entrelazamiento de
a propósi~? de ellos, pero ésta no es dada por una ley los deseos y las creencias todo debe ser objeto de una
de evoluc10n: es un problema cuya solución depende or anización artificial. No es posible encomendarse a
de nuestras propias invenciones.
nadie. Acaso haya un "plan de vida", un "programa
colectivo de conducta"; una sola cosa es segura: serán
_Final~ente, para que la producción se ajuste lo
me¡or posible al consumo, ¿no es preciso que cada uno inmanentes, contingentes, instrumentados. No serán
d~ esos térmi~os se armonice lo mejor posible consigo trascendentes. Pero, para ca tar la otencia de esta
mismo, es decir, que las diversas especies de producción coacción,~ es_gi j_nmanencia, es_pec~sario ir hasta
se e~torben lo ~enos posible, se ayuden entre sí lo mejor el fondo de esta cuestión de la Providencia, hasta la
posible, conver¡a n lo mejor posible hacia los mismo fuente última de la doctrina del intelligent design, del
fin~s, nacionales, que haya, en suma, la mejor organi- designio inteligente.
z~c10n del tra_bajo, espontánea o consciente, y que la
diversas especies de necesidades y consumos se ajusten,
La economía sin Providencia 105
104 La economía, ciencia de los intereses apasionados
pág. 132). Tarde, como todos los historiadores de la
EL "PROBLEMA DE ADAM SMITH"
Y LA CUESTIÓN DE DIOS economía, se asombra de esto:

Lo que, pese a todo, resulta s?rprendente es_ el débi~


¿Cómo descubrir los "artificios" cuya invenc1on el que desempeña la psicolog1a en esos escritos e_co
ocupará de ahora en más la vida política cuando no es P~P . de Sm1ºth y la ausencia completa de la ps1co-
nom1cos , ·¡ ¡ · ·
posible apoyarse en una ciencia natural? ¿Cómo volver- lo ía colectiva. Es él, sin embargo, Sm1t 1, e pnmer?
se inventivo también en política económica? La misma g d . 1 simpatía fuente y fundamento de la psi-
en estu 1ar a ' bl haya
pregunta se plantea desde el comienzo del libro cuan- cología intermental. ¿Cómo es posi e quehnunca d
do, en algunas páginas sorprendentes, escritas muchos sentido la necesidad ni la oportunidad de acer uso e
años antes de las interpretaciones de Schumpeter 1 y las finas observaciones que había hecho sobre la mutua
de Albert Hirschmann, 2 Tarde aborda allí lo que se t" mulación de las sensibilidades, unas por otras, p~ra
::~licar las relaciones económicas de los hombres?
concuerda en llamar el "problema de Adam Smith" y
le otorga, como ocurre siempre con él, una solución (PE-1, pág. 135).
enteramente original. El problema es conocido: ¿cómo
·Cuál es, entonces, ese ausente, ese ?ran ?tro,
explicar que el autor de La riqueza de las naciones sea e . Sm1· th ni siquiera necesita sena lar,
también el de La teoría de los sentimientos morales sin cuya presencia d T d
dado lo evidente que le resulta? La respuesta e ar e
que, sin embargo, establezca vinculación alguna entre
ambas obras? "Se diría que un tabique casi estanco es teológica:
separa en él sus dos órdenes de investigaciones" (PE-1, Se entiende que (un hombre tan dispuesto a ver un
. d .. 10 tras la tela de los acontecumentos huma-
artista 1v11 < ¡
nos una sabiduría divina tras toda la locura 1Uma~a
no cÍebía tener la menor dificultad para mirar el propio
l. Joseph A. Schumpeter (1954), Histoire de l'analyse écono-
e oísmo el amor a sí mismo, co.m.o~mvest1dQ_d\;_.Uila
mique (tomo l: L'Á.ge des fondateurs; tomo 2: L'Á.ge classique),
París, Gallimard, 2004 [trad . cast.: Historia del análisis económi- f~nción 'sagrada, eminentemente ~propiada para \e¡e~
co, Barcelona, Ariel, 1982]. yconsolidar la armonía social] As1m1smo, cua_nd? . un
2. Albert O. Hirschmann, Les Passions et les intérets: Justifica- daba toda la economía política sobr_e ese pnnc1pw y
tions politiques du capitalisme avant son apogée {trad. al francés reducía el homo aeconomicus al interes bien entend1~0,
de Pierre Andler), París, PUF, 2005 [trad. cast.: Las pasiones y los . , hecha de todo afecto y de toda abnegac1on,
a b stracc10n f d con-
intereses: argumentos políticos en favor del capitalismo previos a , e'I de manera alguna el e ecto e una
no \1a b ia en
su triunfo, Barcelona, Península, 1999].
La economía sin Providencia 107
106 La economía, ciencia de los intereses apasionados
Tarde. ¡De ninguna manera pide, al igual que tantos
cepción epicúrea y materialista; se trataba, por el con- ·pensadores verdaderamente reaccionarios del siglo
trano, ~e una consecuencia natural de su piedad y su
XIX, como Joseph de Maistre o Louis de Bonald,
f~ en Dios. Detrás del hombre egoísta estaba el Dios
encomendarse de nuevo a la divina Providencia! El
b1enhec_hor Y, en ver?ad, la apología del egoísmo del pri-
mero solo era un hinmo en prosa a la bondad infini;a punto es mucho más irónico, mucho más profundo,
del segundo (PE-1, pág. 137). muerde con mucha mayor crueldad todas las preten-
siones científicas: luego de Smith los ateos de la eco-
En los "cortejos invisibles" de los que Tarde habla- nomía son ateos ue causan risa. Fingieron suprimir
ba an~es, hay_ q~e agregar a Dios. He ahí una antro- el Dios de Smith, hasta entonces encargado de regular
polog1a econom1ca, y de las más profundas. Se trata la relación entre ambas obras, la que se ocupaba de
de una ~~t,ropología que sólo se puede practicar con la economía y la que se ocupaba de la moral, conser-
la cond1c1o_n de haber restablecido el vínculo entre vando su función teológica, teocrática. Se conforma-
las evalu~c1ones del corazón humano y los cálculos ron con colocar entre los dos órdenes de fenómenos
que permiten 1~ rique~a de las naciones. El egoísmo un tabique estanco. Tal vez la mano se haya vuelto
es sagrado: esta sacralizado. ¡Quitad a Dios y todo invisible, pero es siempre la mano del Todopoderoso,
derrumba! se ¡la única capaz de hacernos obedecer sin chistar los
mandatos de la economía! La triquiñuela es enorme,
Pero en nuestro siglo los sucesores de Smith pero, lo que resulta más sorprendente, es que haya
ateos
. . ¡. . . ] o ' a 1 menos, s1. creen en Dios, sus especula-
son
funcionado desde hace dos siglos y que nunca se la
ciones no co_nt1enen ningún rastro de esa creencia. Por haya agitado tanto como hoy: un Dios tachado, nega-
eso, al continuar basando la economía política en el
do, denegado regula siempre la obtención automática
postulado del p~ro egoísmo humano y de la lucha de lo
I~tereses, despues de desterrar la idea de la Providencia de la armonía. 3
s'.n darse cuenta han suprimido la piedra angular deÍ Lo que Tarde les exige a los economistas es un
s1_stema, que perdi_ó ~oda su aparente solidez de antes.
S1 se_?r_efiere, supnm1eron el cielo de ese paisaje, que se
volv10 mcomp_rensible, o apagaron la luz de esa linter- 3. Por otra parte, es el mismo Dios denegado el que vuelve a
na, que ya no ilumina m explica nada (PE-1, pág. 137). encontrarse, según Pierre Sonigo, en la biología molecular aún tan
poco darwiniana con sus constantes apelaciones a la Forma. Pierre
Sonigo e Isa belle Stengers, L'Évolution, Les Ulis, EDP Sciences,
D" ¡La
, N"piedra angular"
f del "sistema" econó mico
. es
2003.
ios. o nos con un damos acerca de los deseos d
La economía sin Providencia 109
108 La economía, ciencia de los intereses apasionados
s10n de las ideas de Malthus o Spencer. En ningún
poco de franqueza: si en verdad quieren que su opti- momento piensa que, tras la humareda de las ideo-
mum, sus armonías, sus leyes naturales, sus inflexi- logías, revelarán la presencia de hechos indiscutib!~s .
bles leyes de hierro sean religiosas y providenciales, En ese sentido, nada más ajeno a Tarde que la noc1on
entonces, ¡por el amor de Dios, díganlo! Pero no de una ideología que disimulara o invirtiera la verda-
procedan como si, tras esta "religión secular", ara dera ciencia. Si el marxismo se difunde, lo hace por
retomar la expresión de Polanyi, hubieran converti- los mismos mecanismos que todas las demás formas
do verdaderamente la economía al laicismo . Dicho
de otra manera, la economía aún está a la búsque- de irradiación imitativa:
da de un pensamiento capaz de volverla finalmente Si los obreros de las más diversas profesiones se coa-
materialista y atea. Para Tarde, todo en la economía ligan, sólo lo hacen a los efectos de la famosa " lucha
moderna está marcado con el sello de la trascenden- de clases". Cuando semejante coalición se produce,
cia Y lo sagrado. Como se preguntaba Nietzsche a siempre se debe a la irresistible iniciativa y _propaga~da
propósit? de la ciencia: "¿Por qué, nosotros también, de obreros de un relevante cuerpo de oficios, particu-
somos piadosos todavía?". larmente seña lado para ese apostolado, como el de los
tipógrafos, y después de muchas resistencias, vencidas
una tras otra merced a muchas influencias y sugerencias
personales, los repetidos congresos llegan a esta alianza
EL PROBABLE ERROR
ofensiva y defensiva (PE-2, pág. 141).
DEL SOCIALISMO VENIDERO
La "lucha de clases", así como el "mercado puro
Se objeta~á _que existen, en la misma época, varias y erfecto", no forman el fondo de la economía-co~a,
escuelas socialistas que también se proponen revelar sino una de las versiones posibles de la econom1a-
1~ explotación que se disimula tras las vanas preten-
disciplina. Si se necesitan revistas especializadas Y
s10nes de. la objetividad y, sobre todo, que tratan de p-;¡ódicos para una, se requieren "repetidos ~ongre-
~o l_ver a mtroducir la política en la economía, esto sos" y "propagandas" para la otra. Como siempre,
ultimo mucho más vigorosamente. Pues bien Tarde Tarde nos invita a no saltar de inmediato fuera de las
c?noce bien esas doctrinas. La cuestión social '10 apa- redes punto a punto que convencen, eslabón por esla-
s1~na; _lee a Marx con la misma atención que a Dar- bón, individuo por individuo. Eso le permite hacer ~n
wm. Sm embargo, no trata la difusión de las doctrinas diagnóstico generoso y sin apelación sobre el marx1s-
de Marx de manera diferente a como trata la difu-
11 O La economía, ciencia de los intereses apasionados
La economía sin Providencia 111
mo. Le reconoce haber innovado en las pasiones, pero
sin por ello llegar a cuestionar la inversión, por parte 10 P eor de ambos mundos: un aumento ~e _l~s
de los economistas, del derecho y del revés.
pues, - ·, d
pasiones y un aumento de la pretens1on e o ¡e
b t 1
¡~:
dad. Dicho de otra manera, ¡gracias a él se com:nza~a
Las escuelas socialistas, tanto las francesas de 1848 a odiar en nombre de la cienci_a a _una escala aun mas
como las alemanas de nuestros días, han descongelado multiplicada! A los crímenes 1ust1ficados por _el neo-
y apasionado la economía política; y exclusivamente liberalismo se podrán agregar crímenes cometidos en
por eso han introducido en ella un elemento psicológico nombre del materialismo dialéctico. ¿En 1902? Hay
nuevo que, por otra parte, no ha cambiado en nada sus
que confesar que no está mal. .,
nociones fundamentales. Solamente la pasión inspira-
Pero destaquemos que nada en la argumentac1on
dora de esas doctrinas ha variado a menudo; y, en la
combinación de generosidad y odio de que se compone,
de Tarde es nostálgico, reaccionario o simpl~~ente
la proporción de ambos factores se ha invertido; es más defensivo. Le parece apasionante q~e el soc1ahs:o
generosa que capaz de odiar en Francia, y se ha vuelto haya llegado a innovar sobre la propia naturaleza e
más capaz de odiar que generosa en Alemania. Com- las pasiones económicas. Lo que lo p~eoc~~a no es,
párese a Leroux o Proudhon, incluso, con Marx. Bajo pues el socialismo en tanto tal, cuya dire~c1~n aprue~
la influencia de esos sentimientos intensos, las teorías ba a' grandes rasgos, sino la difi~~ltad tecnica y casi
económicas se han coloreado y vivificado, pero, en el contable de organizar la producc1on.
fondo, han conservado e incluso acentuado 1~ tigua
pretensión de objetividad, de la -deducción geométrica
El punto de vista socialista de la organ!~ación del
de fórmulas rígidas, con un falso aspecto de leyes físicas
(PE-1, pág. 140). trabajo puede ser considerado com_o l_a fus1on de dos
untos de vista, el político y el econom1co, en_u~o ~olo,
~or absorción del segundo en el primero. La ongmalida~
De la antigua dialéctica se abandonó el gusto mefis-
del socialismo es haber agregado a la muy escas~ canti-
tofélico por la guerra, "madre de todas las cosas",
dad de objetivos colectivos que los ho~_bres reumdocso:~
pero se conservó la idea de dirección, de estructura, de nación pueden perseguir, glona patnot1ca,_ g~erra,
plan, de ley histórica. En el fondo, una trascendencia quista, defensa del territorio, un gra~ º?!etivo n~evo,
vino a reemplazar otra trascendencia: la ganancia de muy d.1gno de sus esfuerzos ' la orgamzac1on consciente
pasión es grande, la ganancia de inmanencia es nula. .
y sistema ' t.1c a del traba¡·o · Destaquemos solamente
, h que,
'
El Dios, el Mammon, el Diablo de la armonía siempre si ese objetivo es alcanzado, le resultara mu~ o mas
es venerado. A juicio de Tarde, ~1 marxismo ofrece, difícil a una nueva necesidad Y, en consecuencia, a un_a
nueva industria intercalarse en la cadena de las neces1-
La economía sin Providencia 113
112 La economía, ciencia de los intereses apasionados

dades reconocidas. El trabajo se os ificará al organizarse él no existen infraestructura, automatismo, armonía,


(PE-1, pág. 161). le~es naturales, leyes de desarrollo; que todo d .scansa
en artificios e invenciones, facilitados, coordmados,
Como se ve, las dudas de Tarde sobre el socialismo amplificados, simplificados, recogidos y reunid_os por
y, en particular, sobre su versión marxista no se basan los instrumentos de medición con los que se alimenta
de modo alguno en una especie de aversión moral o la economía-disciplina y que las c~denas metrológi-
política. Salta por encima de todas las objeciones que cas difunden más o menos lejos. Unicamente por la
ocupan a sus contemporáneos, le da al socialismo sus difusión de los instrumentos, lo social se vuelve a sí
oportunidades y señala con tino el punto central de mismo cuantificable y previsible mediante un pode-
toda la teoría: ¿la economía-disciplina puede volver roso trabajo de reflexión. Ahora bien, la _e~~nomía-
previsible la economía-cosa? 4 Recordemos que, para disciplina, al matematizarse, tiene la pos1b1hdad ¿e
hacerlo todo pero sólo puede formatear la econom1a-
'
cosa, que siempre la desborda por todas p~rtes. "L a
futura invención es el escollo de todos los calculas: es
4. Sin querer hacer de Tarde el precursor de una época que
sobrevendrá varias décadas después de él, resu lta imposible leer el imprevisto con el que chocan todas las profecías"
sus intuiciones sin pensar en un debate que iba a conmover a la (EP-1, págs. 166-167).
comunidad de los economistas cuando Oskar Lange y Friedrich
Hayek, como consecuencia de los primeros enfrentamientos entre En el fondo la cuestión [dela organización socialis-
economistas paretianos y austríacos, se opusieron acerca de las ta del trabajo] ~s saber si alguna vez se llegará, a través
posibilidades de l cálculo científico ofrecidas por los modelos eco- de estadísticas comerciales maravillosamente rápidas,
nómicos. Lange y Hayek se oponían exactamente sobre ese punto
seguras y perfectas, y por otros medios d~ informa-
que hace vacilar a Tarde frente al socialismo: la posibilidad del
ción a volver ciertas o casi ciertas, las prev1s1ones, en
socialismo se apoya en la capacidad del Estado para calcular los
precios de intercambio que permitan el equilibrio de las ofertas y la a;tualidad siempre más o menos conjetura les, de los
las demandas. Frente a la esperanza que Lange deposita en esta productores, de tal manera q~e _Y~ no_ se co_rra~ r_iesgos
capacidad, Hayek señala la imposibilidad para agotar los seres de ni, en consecuencia, exista mas rn¡usticia n~ mas mcon-
la economía y para centralizar el establecimiento de los precios. El veniente en suprimir el benefic10 del patron, compen-
Estado no es diferente a los individuos, que también están compro-
metidos en el ejercicio de recolección de los hechos pertinentes de
la economía. Pero Tarde no comete el error de Hayek, con quien
tendría mucho en común, de simplificar la competencia vita l por simplificar nada: ni la natura le~ ni el mundo social, dos formas \,®
una lectura caricaturesca de Darwin. Para Tarde, es ~eciso no de sociedades. /
11 1
1

114 La economía, ciencia de los intereses apasionados La economía sin Providencia 115

sación necesaria por sus actuales riesgos . El día que la A priori, pues, eso no tiene nada de inconcebible.
naturaleza y la amplitud de las demandas de los con- Pero, si consulto la experiencia, debo decir que también
sumidores sean susceptibles de ser predichas con toda le veo muy poco fundamento al sueño de una organi-
seguridad por los productores, entonces, y solamente zación general y central del trabajo por el Estado. Sin
entonces, el Esta~~ ~odrá soñar seriamente en ponerse duda alguna, nunca las necesidades del conjunto de
en su lugar, en dmg1r desde arriba el trabajo nacional los ciudadanos podrán ser predichas con tanto rigor y
centralizado y organizado o que, al menos los obreros certeza como las de un cuerpo armado en marcha; sin
puedan reivindicar su participación en l;s beneficios embargo, sabemos hasta qué punto es defectuoso en
del patrón, que se habrá convertido en su camarada tiempo de campaña el servicio de la intendencia mili-
un camarada más inteligente y mejor dotado, mejo; tar, incluso el de la más perfecta. No hay día sin que
pagado c~mo ta!, y como creador de la empresa, pero se hagan sentir dolorosamente tanto el exceso como el
no en razon de riesgos que ya no existirían (PE-1 pág déficit de los aprovisionamientos requeridos. A fortio-
198) . ' . ri, bajo el régimen colectivista, tendríamos cotidiana-
mente motivos para quejarnos de la intendencia civil,
cuya tarea sería complicada de una manera muy distinta
Es para preguntarse qué hicimos durante el siglo
(PE-1, pág. 199).
XX ... pues, a fin de cuentas, la cuestión permanece hoy
exactamente_ con 1~ misma intensidad que ayer. ¡No!
Con _mayor mtens1dad aún, puesto que los intereses Nada más desordenado que la guerra; nada más
apas10nados han crecido y se han mezclado inmensa- desordenado que la economía de guerra; nada más
~ente. La cuestión del reparto de los riesgos, de los desordenado que el comunismo que tomara la movi-
bienes y los males, de la organización por parte del lización total como modelo ideal de la economía.
Estado, de la calidad de los datos, de la coordinación Como todos los hombres de su tiempo, Tarde se equi-
de los acuerdos de gustos y disgustos y, por encima vocó magistralmente, por cierto, ~cerca del porvenir
de todo, de la previsibilidad que se les puede otorgar de coordinación y paz perpetua que anunciaba, según
a las :ostumbr~s contraídas por el pulular de apegos, ellos, la primera gran mundialización. Y, sin embargo,
h_e ah1 la materia de la economía política. Ahora bien, octubre de 1917 pronto se encargaría de verificar su
s1 Tarde duda de las capacidades del socialismo para predicción sobre lo que se podía esperar del socialis-
resolver esas cuestiones es porgue duda de las virtu- mo de guerra. Si hay algo que el totalitarismo es inca-
des de la regimentación ... paz de manejar bien, esto es la totalización ...
La economía sin Providencia 117
116 La economía, ciencia de los intereses apasionados

CONCLUSIÓN: AHUYENTAD AL y sus leyes] Por cierto que se aprendía mucho sobre
GRAN ANIMAL; VOLVERÁ AL GALOPE los factores "extraeconómicos" de los contratos, los
intercambios, los gustos, pero de alguna manera era
Decididamente, no es fácil ser agnóstico en materia para pasar de una estructura a otra. 6 Ahora bien, la
de economía. Ni Smith ni los inventores del mercado "involución" propuesta por Tarde de todas las leyes
ni el socialismo lo han logrado aún. En tanto la polí- de estructura en el pulular de las mónadas tiene como
tica no sea reconocida como una "potencia de inven- consecuencia radical disolver todas las estructuras, la
ción", para retomar el título de Maurizio Lazzarato 5 del mercado puro y perfecto, por supuesto, pero tam-
no habrá recuperación de la economía por parte de la ' bién las del mundo social, aceptadas por sociólogos
política y, por lo tanto, no habrá socialismo. Hay que como Durkheim y sus descendientes. 7 Con la diso-
ir más lejos aún y reconocer tras la mano invisible del lución de la sociedad también desaparecen todas las
Mercado, tras la mano visible del Estado la misma metáforas del encastre. La economía ya no se acuesta
'
figura apenas convertida al laicismo, el Organismo en el " lecho" de Procusto de lo social -embeddedness
social, el Gran Animal. A él es necesario dedicarse si es la metáfora inglesa-, porque ya no hay lecho ni
verdaderamente se quiere llegar al fondo de la materia almohada en la que apoyar la cabeza, ni baldaquín ni
económica. edredón ...
Para comprender la originalidad de Tarde en econo- En un pasaje decisivo del tomo 2, Tarde reúne
mía, es necesario captar su originalidad en sociología. todo su pensamiento sociológico, económico y políti-
La idea, popularizada por Polanyi, de un "encastre" de co -es su último curso en el College de France; fallece
lo económico en lo social tenía el gran inconveniente
de suponer la existencia previa de la sociedad. Se com-
prende entonces que la ganancia teórica no podía ser 6. Se ve aquí qué diferente es la solución de Tarde con res-
muy grande: [?l pasar del economismo a la sociología pecco al h ábil compromiso propuesco por Mark Granovetter para
económica, sólo se producía un desplazamiento de una manejar su sociología económica, inspirándose en Polany1. Mark
estructura ya instalada -la infraestructura y sus leyes- Granovetter, "Economic action ancl social structure: a theory of
embeddedness", en American Journal of Sociology, Nº 91 (1985),
a otra estructura, también ella instalada: la Sociedad
págs. 481-510.
7. En eso consiste codo el sentid o de la oposición entre Tarde y
Durkheim. Acerca de esa prolongada oposición, véase la excelente
5. Maurizio Lazzarato, Puissances de l'invention, op. cit. introducción de Bruno Karsenti a Lois de l'imitation, op. cit.
118 La economía, ciencia de los intereses apasionados La economía sin Providencia 119

dos años después- y muestra mediante qué vínculo sabemos de manera indiscutible que ese ser de razón
paradójico la idea de armonía, debida al mercado, y que sería la estructura social nunca surge súbitamente
la idea de sociedad en el fondo siempre se han dado en medio de los asociados reunidos.
la mano.
Pues bien, por más íntimo, por más armonioso que
De esa manera, no existe ninguna armonía social, y sea un grupo social cualquiera, nunca veremos surgir
especialmente económica, que no haya estado precedida de él ex abrupto, en medio de los sorprendidos asocia-
y preparada por una armonía psicológica, y en el origen dos, un yo colectivo, real y no simplemente metafórico,
resultado maravilloso del cual ellos . serían las condicio- , t\
de cualquier asociación entre hombres encontraremos
una asociación entre las id eas de un hombre. Detengá-
monos un momento para indicar el significado filosófico
nes. Sin duda, /§iempre hay un asociado que represen:ª
y personifica al ~rupo por e~tero o bien una pequena
l,(f\ ,
.l r"'

fl")&-
de ese hecho comprobado. De ello resulta, evidentemen- cantidad de asociados (los m1111stros en un Estado) que, ef- :,..,Jr
te, que la sociedad no es un organismo; pero, ¿de ello cada uno desde un aspecto particular, lo individualizan ~
resulta que no sea una realidad distinta a sus miembros? en sí mismos no menos por enterg. Pero ese jefe o esos
He ahí una pregunta que reclama una respuesta clara. Si jefes son siempre miembros del grupo, nacidos de padre
la idea del organismo socia l puede ser defendida, sólo lo y madre, y no de sus integrantes o de sus administrados,
es en tanto sea una expresión, desafortunada es cierto, colectivamente. 8
del realismo social, es decir, de la sociedad concebida
como un ser real y no solamente como una cierta canti- A pesar de que hace cien años que se tropieza una
dad de seres reales (PE-2, pág. 219). y otra vez con ese escollo de la teoría social, eviden-
temente no se trata de oponer el holismo y el indivi-
¿To tus aut omnis? La pregunta es siempre la misma. dualismo. Lo hemos entendido: en Tarde no hay más
Desde el comienzo de su carrera, Tarde cuestiona a individuo que sociedad. Sería necesario encontrarle a
aquellos -Comte, Spencer, Durkheim- que quieren la cuestión de la composición de lo social otra solución
diferenciar completamente el tipo de realidad de la que no sea la del "realismo social" -la más irrealista
Sociedad y el tipo de realidad de los "seres reales" que entre todas las soluciones-, pero que, sin embargo, es
la componen. Allí donde todos los sociólogos quieren la que, un siglo después, siempre se continúa extra-
ver dos órdenes de realidad, página tras página Tarde
insiste en demostrar que, justamente en ese caso, el de
las sociedades humanas consideradas desde el interior, 8. Gabriel Tarde, Monadologie et sociologie, op. cit., pág. 68.
120 La economía, ciencia de los intereses apasionados La économía sin Providencia 121
yendo de la pretendida oposición entre el individuo y liberalismo, existen los mismos principios de socio-
la sociedad. 9 logía - la idea "de organismo"-, los mismos princi-
pios de economía - la "predestinación providencial"-,
Ahora bien, el mejor apoyo de esta concepción, ¿no los mismos principios de moral -"la creencia en la
sería acaso el descubrimiento de " leyes naturales" que, armon ización espontánea de las sociedades"-. Pero,
ind epend ientemente de cualquier voluntad individu al,
¿cómo proceder de otra manera? ¿Cómo escapar a
conducirían a los individuos, por cam inos trazados de
este "error seductor"?
antemano, a una organización política, moral, econó-
mica cada vez más perfecta? La doctrina del laissez-faire
tiene, pues, las mayores afinidades con la de la socieda d- Sin embargo, la renuncia a este error durante tanto
organismo, y los embates dirigidos contra ésta afecta n tiempo seductor [de la sociedad-orga nismo], ¿debe llevar-
a la otra como consecuencia. Si se tuviera razón al creer nos a negar cualquier realidad propia del todo social, a
en la armonización espontánea de las sociedades, por cons iderarlo como un simple total, expresión numérica
eso mismo se consid eraría a una sociedad como un ser de los individuos reun idos? No. Si nos negamos a admi-
real, en el mismo nivel que una planta o un anima l. Pero, tir leyes naturales en el sentid o indicado, tanto como
en verdad, la ilusión de esta predestinació n providencia l fórmu las de evolución que son su forma más recien-
¿no se disipa cada vez más, incluso desde el punto de te, admitimos en todo individuo una necesidad más o
vista económ ico? En cuanto al punto de vista político, · menos intensa de coord inación lógica de las id eas, de
basta con abrir los ojos para ver a las naciones subir y coordinación final de los actos, necesidad q ue se aviva
bajar, forta lecerse o debilitarse, según hayan encontra- con el acercamiento de los individuos, que se convierte
do o no, en el momento requerido, la mano fuerte de un en una tendencia genera l hacia una lógica y hac ia una
estad ista; y ya no se permite creer en un sentido innato finalidad crecientes, en toda categoría de hechos socia-
de la dirección que pi lotearía a los pueblos sin ningún les, y termina por producir allí, en IQQ_as partes orden_
conductor aparente (PE-2, págs. 219-220). del desorden, cardando el caos y convirtiéndolo en
mundo (PE-2, pág. 220).
De ambos lados de la gigantomaquia que opone
el dirigismo y el laissez-faire, el socialismo y el neo- "Cardar el caos y convertirlo en mundo", he ahí el
objetivo que se les puede proponer a los intereses apa-
sionados. No existen armonía, leyes naturales, "fór-
9. Sobre esta cuestión, véase Bruno Latour, Reensamblar lo mulas de evolución" como las que el materialismo
social. Una introducción a la teoría del actor-red, ofJ. cit. dialéctico populariza en la época, no hay revolución
La economía sin Providencia 123
122 La economía, ciencia de los intereses apasionados

que se pueda esperar, pero ello no quiere decir que sea ecuación aritmética que sólo se aplica a un problema_ Y
necesario, por una grata anticipación del posmoder- no implica más que una solución . Yo también soy reah~-
ta, en el sentido de que, a mi juicio, así_como al de mis
nismo, abandonar las ideas de totalidad y finalidad.
adversarios la sociedad por sí sola realiza virtualidades
Para Tarde existe claramente un "todo social", pero, ' los individuos, las que no po dnan
, ser r~a-
contenidas en
y eso es lo que lo distingue de todos sus contemporá- lizadas por cada uno de ellos aisladamente; . ern. digo
neos -de todos nuestros contemporáneos-, lo que da que esas virtualidades son ideas y volu_ntades md1v'.dua-
a su libro esta intacta novedad es que ese todo social les las coloco en cerebros en vez de situarlas en mngu-
está por hacerse, mediante invenciones, artificios._ na 'parte, aunque sea en nubes ontol~gicas; Y digo que
Está delante de nosotros, no detrás de nuestras espal- esas virtualidades son innumerables, inagotables, como
das. El finalismo no es trascendente y exterior, sino su fuente espiritual, en vez de limitarlas a una canndad
inmanente e interior, simplemente "avivado" y vuelto estrictamente determinada o, más bien, predetermmaáa7
"más lógico" por la propia manera en que se acercan (PE-2, págs. 220-221).
y se vinculan los individuos, sus ideas, sus pasiones,
, con la condición de "cardar el caos y convertirlo en Se comprende que la expresión "eco~omía P?líti-
1 mundo". Dicho de otra manera, devenir un mundo es ca" no tenga en absoluto el mismo sentido segun se
una posibilidad entre otras. No tiene nada de inevi- reúnan O se opongan dos providencias, la de la So-
table. En consecuencia, puede no advenir, puede fra- ciedad y la del Mercado, o que se les niegue a todas
casar. Un caos puede disolverlo. Y Tarde concluye su las providencias, tanto a la de la Sociedad como a
pieza de bravura con una profesión de fe. la del Mercado, el cuidado de asegurar de antemano
nuestras existencias. Pues entonces, para ser por fin
Esta ma nera difiere de la de las armonías providen- "realista" sería necesario aceptar la herencia de una
ciales o de la de las evoluciones unilineales en que, en ' otra, la que no obedece a una " evo 1u-
historia muy
vez de obligar al tren social a seguir por una sola vía, ción unilineal" la que aceptaría ser liberada de las
siempre la misma, le deja un juego mucho más libre. Y
"nubes ontoló~icas", la que le daría al "tren social"
de ese modo se es llevado no a negar la realidad socia l
un "juego libre". Se dirá que se trata de un encantador
sino a concebirla como viva y verdadera de una manera
muy distinta, muy rica en manifestaciones e itinerarios entusiasmo y que no compromete a ~ad~. Señal~m?s,
imprevistos en una forma muy diferente . Otra cosa es sin embargo, que es claramente la c1enc1a e~onomtea
una fórmula algebraica que proporciona soluciones a lo que Tarde entiende renovar, y ~ue es preciso tomar
una cantidad de problemas diferentes, otra cosa es una con la mayor seriedad el paralelismo que traza entre
124 La economía, ciencia de los intereses apasionados

el pasaje de la determinación a la libertad y el pasaje


de la "aritmética" al "álgebra". En ningún momento,
Tarde nos pide que elijamos entre la fría economía
y la cálida subjetividad. Por el contrario, espera de
las pasiones libres una solución cuantificable y por lo
tanto, como siempre, socializable para nuestra capa-
cidad de "cardar el caos y convertirlo en mundo".

Похожие интересы