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Sociología 1

Escuela, pobreza y educación en la Argentina

¿Qué es la pobreza?

Si buscamos en un diccionario o enciclopedia la definición de pobreza, en el mismo aparece: "estrechez,


necesidad, carencia de lo necesario para la vida". Sin embargo, si queremos definir a la pobreza de una manera
menos abstracta y más realista podría decir que la pobreza es hambre, es falta de techo bajo el cual resguardarse,
es estar enfermo y no poder ser atendido por un médico, es no poder ir a la escuela por falta de calzado y no
saber leer, es no tener trabajo, tener miedo al futuro y vivir día a día. La pobreza es perder un hijo debido a
enfermedades relacionadas con el agua impura, es impotencia, falta de representación y de libertad.

Sabemos también que la pobreza es un síndrome que incluye una serie de características. Entre todas ellas, hay
dos que se destacan: el empleo, porque determina el nivel de ingresos que a su vez da acceso a bienes
materiales; y la educación que da acceso a bienes culturales y que, en gran medida, determina el tipo de empleo
que se consigue.

Tipos de pobreza y pobreza en Argentina

La pobreza presenta tres formas principales en todo el mundo. Lo que podríamos llamar Pobreza 1, la más
extendida, es la relativa a las comunidades rurales del tercer mundo, incorporadas a la economía capitalista
mundial pero privadas de la mayor parte de sus beneficios, que viven en una cierta combinación de agricultura de
subsistencia, cosechas de consumo inmediato y trabajo asalariado irregular . En Ese terreno las cuestiones
educativas se centran en la alfabetización de adultos y en el impacto de la escuela elemental como forma social.

La Pobreza 2 es la relativa a las poblaciones urbanas en economías de salarios bajos, una situación que incluye
aglomeraciones como las de México y Calcuta. Aquí las cuestiones educativas se centran en los efectos del
explosivo crecimiento urbano y de la migración desde el campo empobrecido al mercado urbano no regulado.

La Pobreza 3 es la que resulta de la desigualdad en las economías de salarios elevados, como en Canadá,
Estados Unidos y Australia.

Como podremos observar, la Argentina se sitúa entre los dos primeros tipos de pobrezas; la pobreza del campo y
la pobreza de ciudad. La gente perteneciente a la clase baja en Argentina está incorporada a la economía
capitalista mundial, pero privada de la mayor parte de sus beneficios.

Pobreza argentina en números

En Argentina en 51,4 % de la gente vive en pobreza. Son 18,2 millones de personas. De ellos, 8,3 millones son
chicos menores de 18 años. Hay 7,8 millones de indigentes que no alcanzan a cubrir sus necesidades alimentarias
básicas.

La pobreza es un fenómeno en ascenso desde 1994, y pegó un terrible salto desde 1998 en adelante para trepar
con aún mayor fuerza en los últimos meses. Y es por la combinación de tres factores: la suba de precios, en
especial de los alimentos, el aumento del desempleo, y el congelamiento de los salarios.

Así desde Enero y en apenas 5 meses, la pobreza aumentó en 3.813.000 personas, a razón de 762.000 nuevos
pobres por mes o 25.000 nuevos pobres por día. Y con relación a 1998, cuando comenzó la recesión, hay 7
millones de nuevos pobres. Un poco más de la mitad se generaron en estos últimos 6 meses.

Pobreza e indigencia

Según el INDEC el costo de la canasta básica que determina quien vive por debajo de la línea de pobreza –incluye
un grupo de alimentos y de servicios elementales- aumentó de 35,7% entre enero y mayo de este año. El INDEC
considera pobres a las familias –matrimonio y dos hijos- que ganan menos de 626 pesos por mes (en diciembre
consideraba pobre a una familia que ganaba menos de 461 pesos).

A su vez, es indigente quien ni siquiera tiene ingresos para comprar los alimentos básicos que, entre enero y
mayo, aumentaron el 42,5 %. Así, una familia de 4 integrantes que gana menos de 266 pesos mensuales, para el
INDEC es indigente. El jefe de hogar desocupado que cobra el subsidio de 150 pesos por mes no logra salir de su
situación de indigencia.

La canasta básica de indigencia del INDEC incluye sólo alimentos, como pan, papa, leche, fideos, aceite, frutas,
mientras la canasta básica de pobreza además comprende algunos servicios no alimentarios como vestimenta o
transporte.

La indigencia está creciendo a un ritmo más intenso que el de la propia pobreza. Por ejemplo, en 1998 el 28,9%
de los pobres era indigente y ahora alcanza el 42,6%. Esto indica que la extrema pobreza ha pasado a ser un
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fenómeno masivo, con su secuela de desnutrición y riesgo de vida ya que esas personas no ingieren los
requerimientos normativos kilocalóricos y proteicos imprescindibles del ser humano, de acuerdo al INDEC.

En 1998 ya 1 de cada 4 hogares era pobre. A fin del 2001 alcanzó al 30% y ahora 4 de cada 10 hogares es pobre.
Pero como en los hogares pobres vive más gente, en especial chicos, en población la pobreza alcanza al record
del 51,4%.

¿Qué papel desempeña la educación frente a la pobreza?

Tanto los censos generales de población realizados a partir de los años 60, como diferentes investigaciones
empíricas que se han ocupado del tema, permiten afirmar que hoy en día concurren a la escuela mucho más niños
que hace treinta o cuarenta años. Lo interesante no es sólo que haya más chicos que van a la escuela, ya que
esto podría ser una consecuencia directa del crecimiento de la población, sino que muchos más sectores sociales
se incorporen a ella.

En la actualidad, al menos en Argentina, ir a la escuela no es más una característica de los chicos de clase media.
Los datos que se han recogido en diferentes estudios coinciden en señalar que entre los 5 y 12 años casi la
totalidad de la población infantil se encuentra incorporada al sistema de enseñanza.

Sin embargo, a pesar del impresionante aumento de la escolaridad de los sectores más postergados en las
últimas décadas, la situación de los pobres no ha variado demasiado. Los pobres no han dejado de serlo pese a
poseer, en general, calificaciones más altas que las que tenían en épocas anteriores.

Cuando se habla de pobreza ligada a la educación, la pregunta central que está detrás de todas las discusiones es
¿qué papel desempeña la educación frente a la pobreza?

Los estudios empíricos muestran que la importancia de la educación es definitiva, en el sentido de que la mayoría
de las características de una población varía cuando varía la educación. Es decir, sabemos que la educación se
relaciona con la pobreza de manera directa. Lo que no se sabe de manera clara todavía es qué carácter tiene esa
relación. ¿Es la causa? Es decir, ¿los pobres son pobres porque tienen poca educación? O sino: ¿Es un efecto?
¿Por qué son pobres tienen menos educación? Como pasa en muchos de los fenómenos sociales, parecería que
la relación no fuera estrictamente lineal. En cierto momento uno causa al otro, y en otro, pasa a ser su efecto.

En la infancia, la pobreza es la causa de recibir menos y peor educación. Un niño pobre tiene menos
probabilidades de tener acceso a una buena cantidad y calidad de educación que un niño de sectores medios o
altos. Es decir, parecería que en el inicio del proceso de socialización los pobres reciben menos educación por
serlo. Es decir, el sistema educativo está estructurado de manera tal que da menos educación a los más pobres.
Tanto menos cantidad como menos calidad en educación.

En la vida adulta, la relación se repite. La escasa educación es la causa de continuar en la pobreza. Un adulto
poco educado tiene menos posibilidades de acceso a los diferentes circuitos de distribución de bienes de la
sociedad, que uno educado. Estos bienes son inmateriales (culturales, recreativos, actitudinales), pero también
materiales (tipo de empleo, acceso a servicios de salud, etc.).

Por lo tanto, se constituye un círculo vicioso entre estos dos fenómenos, ya que por un lado la pobreza genera
menos educación, y por el otro, tener menos educación impide salir de la pobreza.

La escuela hoy llega a todo el mundo en la Argentina y, aún cuando indiscutiblemente ha perdido calidad, esta
escuela ha servido y sirve para los sectores más postergados. Esto no quiere decir que no pensemos en la
urgencia de cambios bien profundos, que son necesarios no sólo en la relación con los pobres sino también con
los requerimientos de la sociedad. Sin embargo, creemos que esto no será posible si no se presentan alternativas
que, además de encarar los aspectos técnicos del problema se ocupen de trabajar con las representaciones sobre
la escuela y la educación vigentes en la sociedad.

La cuota de educación que reciben los pobres

Desde sus orígenes los sistemas educativos han cumplido una conocida función diferenciadora, porque la
distribución de saberes nunca fue homogénea para todos los grupos de la sociedad. Antes, lo que nos demostraba
estas diferencias era el certificado de la escuela primaria cumplida para unos y no para otros. Para encontrar
diferencias reales hoy, uno se debe remitir al certificado de escolaridad media. Pero la gran pregunta es: ¿cómo
opera el sistema educativo para cumplir esta función de diferenciación?

El mecanismo por excelencia es la marginación, es decir, dar más a unos y a otros menos. En el caso de la
educación, hay tres tipos de marginación que han coexistido desde hace tiempo en nuestras sociedades y que
siguen vigentes en la sociedad. Ellos son:
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a. la total exclusión de las habilidades instrumentales que permiten el acceso al saber elaborado, en
particular, la habilidad de leer y escribir y el manejo del cálculo. Este fenómeno constituye la marginación
por exclusión total.

b. la temprana marginación de los sistemas de educación formal, antes de que esas habilidades básicas se
hubieran consolidado, fenómeno que constituye la marginación por exclusión temprana.

c. la permanencia en los sistemas de educación formal sin que se logre el acceso y el entrenamiento en la
adquisición de esas mismas habilidades, lo que constituye la marginación por inclusión.

Estos tres mecanismos de marginación se encuentran presentes en nuestra realidad educativa, aun cuando sus
formas tradicionales han variado.

A continuación, desarrollaré los tres tipos de diferenciación por marginación, explicando cómo se encuentran
presentes hoy en nuestra realidad educativa.

· Marginación por exclusión total

Se refiere al ingreso al sistema educativo que antes tenía la forma de ir /no ir a la escuela, y hoy se expresa a
través de qué nivel y a que edad se ingresa.

Desde fines del siglo XIX, en que está en vigencia la obligatoriedad de la educación primaria (Ley 1420, 1884),
existen reglamentaciones que establecen claramente la conducta a seguir con relación a la escuela. Desde esta
normativa, aunque esto no sea cierto desde la práctica, llegados los 6 años, el chico tiene que ir a la escuela. La
mayoría de niños ingresa a la escuela a esta edad, y en los casos que no es así, el ingreso escolar se realiza a los
7 años. Son los grupos más pobres los que muestran una mayor tendencia al ingreso posterior a los 6 años.

La nueva puerta de ingreso a la educación es el jardín de infantes. El nivel preprimario es relativamente joven en
la experiencia educativa y, a pesar de que su primer desarrollo se produce entre los años 1935 y 1955, recién
registra un crecimiento importante en la década del 70. No existe todavía obligatoriedad sancionada para que la
familia tenga que mandar a su hijo a la escuela antes de los 6 años. Por lo tanto, la proporción de niños que ha
concurrido a preescolar puede constituirse como un indicador importante de la importancia real de la escolaridad
para la sociedad.

Las estimaciones nacionales sobre concurrencia al nivel inicial señalan que, en promedio para todo el país,
alrededor del 50% de los niños concurren al jardín de infantes.

Concurrir o no concurrir a la escuela a los 5 años o antes establece diferencias en el acceso al conocimiento.

Como conclusión, pareciera que el mecanismo de marginación por exclusión total ha sufrido variaciones y no
aparece ya como exclusión del nivel primario. La nueva forma de expresión puede ser precisamente la diferencia
del acceso al nivel preescolar.

· Marginación por exclusión temprana o abandono escolar

Se refiere al "abandono" de un nivel sin terminarlo que antes tenía mayor lugar en la escuela primaria y ahora se
manifiesta predominantemente en el nivel medio. Es la temprana exclusión de los niños de los sistemas de
educación formal, antes de que adquieran o de que se consoliden las habilidades básicas instrumentales que
permiten el acceso al saber elaborado.

La usual denominación de "deserción" o "abandono" con que se refiere la bibliografía al hecho de que un chico
comprendido dentro de la edad de la obligatoriedad escolar no concurra a la escuela tiene una seria connotación
valorativa en el sentido de que ambos conceptos suponen una falla o falta por parte del individuo o de su familia, y
desconocen las posibilidades causales imputadas al sistema escolar.

Sólo el 5% de la población escolar, abandona la escuela antes de finalizar la primaria. Este pequeño porcentaje
remite al hecho de que estar en la escuela no implica necesariamente avanzados niveles de aprendizaje, ni
supone automáticamente que estén cursando los grados correspondientes a la edad.

Entonces, podríamos decir que el nuevo contexto de abandono escolar se da en el nivel medio. Es cierto que, en
la mediad en que un chico termina la escuela primaria, la tendencia será a continuar sus estudios. Sin embargo,
no a todos ellos les será posible terminar el nivel posterior. En la población de pobres estructurales, entre el 50% y
el 76% de los que entran en el nivel medio no logran terminarlo.

Pareciera que los niveles de calidad de la educación se han relativizado de tal forma que terminar la escolaridad
primaria no garantiza a los sectores populares una adecuada instrumentalización en las operaciones básicas que
serán imprescindibles para sostenerse en el nivel medio.
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Antes, la menos la mitad de la población pobre abandonaba la escuela primaria fundamentalmente en el primer
ciclo. Ahora, grandes sectores de esta misma población acceden al nivel medio, pero dentro de él se produce una
nueva instancia de selección. En la enseñanza media salen a la luz las consecuencias del tercer mecanismo de
marginación a que nos hemos referido: la marginación por inclusión, o sea, permanecer en la escuela, pero sin
aprender lo que corresponde.

En la actualidad, este mecanismo marginación se encuentra muy presente en la educación argentina, no sólo
porque ha aumentado la pobreza y los chicos no poseen los medios para ir a la escuela (libros, útiles,
guardapolvo, zapatillas) sino que por la crisis misma muchos se vieron forzados a ingresar en el mercado laboral.
Me parece fundamental desarrollar este tema, tan presente en nuestros días y luego continuar con la explicación
sobre el mecanismo de marginación por inclusión.

El trabajo expulsa a los chicos del aula

Casi 500.000 chicos argentinos menores de 14 años se ven empujados, por distintas razones a trabajar. Y el
hecho de que estén ocupados, aunque se trate de unas pocas horas por semana, tiene un fuerte impacto en su
educación.

Casi el 40% de los chicos que trabajan abandona la escuela y el 13,8% se atrasa.. En otras palabras, repiten más
que el resto de los alumnos y obtienen menos resultados en clase. La combinación de una educación pública en
retirada y una situación social cada vez más precaria convierte el mercado laboral en un monstruo que "fagocita" a
los chicos.

Los alumnos ocupados o semiocupados entran en un círculo vicioso: al venir de familias pobres, salen a trabajar y
tienden a dejar los estudios. Eso les dará, en el futuro, menos posibilidades de acceder a ocupaciones más
calificadas y mejor pagas.

Si se considera trabajo infantil a las tareas que los chicos menores de 14 años realizan fuera de su casa, que
ganan propina o que habitualmente atienden su hogar mientras los padres están afuera, la cifra de chicos en estas
condiciones asciende a 1,5 millón de chicos.

El trabajo constituye una amenaza latente para los chicos que están incluidos en el sistema escolar. El deterioro
de los sistemas educativos es una causa, al mismo tiempo indirecta e inmediata del trabajo infantil. Una educación
más eficaz y más democrática tenderá a producir una escuela más inclusiva y equitativa.

Además de las cuestiones económicas que empujan a los chicos menores de 14 años al trabajo infantil, hay algo
más que los impulsa a no ir a la escuela: no le encuentren sentido o beneficios al estudio. Por lo tanto, es
necesario conocer las demandas de educación de los distintos grupos sociales y adecuar la oferta educativa a esa
demanda. Para lograr esto, es necesario aceptar al sujeto escolar como es, sin compararlo con como debería ser,
reconociendo sus habilidades adquiridas y sus conocimientos previos. Porque si determinados grupos sociales no
ven los beneficios de estudiar, se incrementarán la marginalidad y la exclusión social.

· Marginación por inclusión

Se refiere a continuar dentro de un sistema aunque no se reciban los beneficios del aprendizaje, es la
permanencia en el sistema de educación formal sin que se logre el acceso y el entrenamiento en la adquisición de
las habilidades básicas instrumentales que permiten el acceso al saber elaborado.

Esta marginación se ha incrementado notablemente como consecuencia de las demandas familiares por quedarse
dentro de la escuela. De esta manera, muchos alumnos "pasan de grado" sin que pueda reconocerse un real
aprendizaje, y así muchos llegan al nivel medio para ser excluidos allí. O bien, el sistema educativo formal aplica
sus regulaciones de evaluación y promoción, y frente a determinados alumnos que no pueden acreditar
desempeños mínimos (sobre todo en los saberes instrumentales), no se les autoriza la promoción y por ello deben
continuar al año siguiente en el mismo grado, originando de esta forma el fenómeno de la repetición escolar.

Diversos estudios señalan que en la Argentina de un promedio de repitencia del 13% a 15% para el primer ciclo en
1965, en la actualidad se ha pasado hasta el 30% en estos mismos primeros grados. Las causas que han incidido
en la actual realidad de la repetición en el nivel primario y en el hecho de su incremento en los últimos 20 años no
son muy conocidas.

En diferentes estudios, se observa que la clase social pobre es la que registra mayor porcentaje de repitencia. De
este mismo modo, cuanto más pobre es el niño, más veces tiende a repetir.

Podemos decir entonces que la repetición en la escuela primaria parece haberse transformado en un fenómeno
bastante cotidiano en los sectores más carentes, y algo menos común en los demás sectores; pero no parece
tener una valor tan negativo como para provocar el inmediato abandono de la escuela. Esto, al menos, es lo que
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puede deducirse del alto porcentaje de niños "repetidores" que aún están en la escuela. Como consecuencia de
esta situación, se forman grupos escolares poco homogéneos en cuanto a la edad.

Ya hablamos de la función diferenciadora en los sistemas educativos que se da por tres mecanismos de
marginación. Ahora bien, ¿porqué existe esa función diferenciadora? ¿Cuál es la función principal de la escuela y
para la cual fue creada? ¿Ambas funciones están imbricadas?

La función de la escuela desde una perspectiva crítica

Desde la perspectiva crítica que adoptan pensadores como Althusser, Bourdieu y Passeron, entre otros, se
considera que la educación tiene un papel enormemente conservador y que contribuye poderosamente a
mantener el orden social haciendo que la sociedad cambie lo menos posible con el sucederse de las
generaciones.

Durante mucho tiempo hubo una polémica sobre si resultaba beneficioso o no extender la enseñanza a todos, y
muchos sostenían que era enormemente perjudicial hacerlo, argumentando que, cuando se proporcionan
conocimientos a un individuo de clase baja, es fácil que luego aspire a cambiar el lugar que le corresponde dentro
de la sociedad, con los consiguientes conflictos que eso puede suponer para el orden social. Por otra parte,
muchos de los defensores de la escolarización obligatoria se esforzaban en mostrar que ésta permitía formar
ciudadanos respetados, y que el peligro estaba precisamente en no proporcionarles esta información.

Inicialmente, la escuela obligatoria cumple dos funciones principales: mantener a los niños ocupados mientras sus
padres trabajan y enseñarles a respetar y aceptar el orden establecido. Estas funciones aparecen muy claramente
reflejadas en el tipo de enseñanza que se proporcionaba en las escuelas, y que estaba encaminado sobre todo a
la transmisión de valores, ocupando los conocimientos ocupaban un lugar mínimo.

Con la evolución de la escuela, aparece un tipo de preocupación por las desigualdades sociales, creándose los
programas de educación compensatoria, que tienden precisamente a disminuir las diferencias en rendimiento
escolar entre los individuos que provienen de clases socialmente bajas y los de las clases económicamente altas.
Sin embargo, estos ensayos con el tiempo, tienden a fracasar y a abandonarse. Ello demuestra que proporcionar
"horas extras" en la escuela, no puede sustituir la falta de una experiencia social rica.

La escuela hoy está bastante bien adaptada a su objetivo histórico, que no es la transmisión del saber sino la
obediencia a la autoridad y el respeto a las normas. Desde este punto de vista, la escuela tiene un éxito
considerable.

¿Cómo se organiza la escuela para perpetuar el orden social y mantener la división de clases sociales?
Promocionando más a los miembros de clases dominantes, transmitiendo a todos los individuos que asisten a ella,
con independencia de su clase social, la idea de sumisión al orden existente y dificultando así la modificación del
orden social.

De esta manera los pensadores críticos, creen que mientras no se produzca una transformación de la sociedad, la
escuela no podrá modificarse, porque es un fiel reflejo de la estructura social, con sus divisiones de clases y sus
luchas de clases. Desde esta perspectiva, existe un determinismo casi total.

Everett Reimer, crítico reproductivista, miembro del movimiento por la desescolarización, dice que la escuela se
caracteriza por reunir cuatro funciones sociales distintas: la de custodia de los niños, la de selección del papel
social que ocuparán en un futuro cuando sean adultos, la de adoctrinamiento y transmisión de valores y la de
educación-aprendizaje, es decir transmisión de conocimientos. El que tenga todas estas funciones es lo que las
hace ser un instrumento tan eficaz. Para que las funciones logren sus objetivos, es necesario a menudo que se
presenten al exterior bajo formas idealistas. En este sentido, el currículum oculto se denomina al campo de lo no-
dicho, al aspecto perverso de la escuela, a lo que debe ocultarse para que pueda seguir funcionando.

Conclusiones

Fue de mi interés y de mi agrado la elaboración y organización de este trabajo. Supongo que la libre elección del
tema a desarrollar tiene mucho que ver en esto. A través de la recolección de datos, estadísticas y pensamientos
de otros autores, pude fundamentar muchos de las concepciones e ideas que tengo sobre las desigualdades e
injusticias en la educación argentina.

Primeramente, comprobé que hay un interés real de la gente pobre por la educación. Las estadísticas nos
muestran que aún en los sectores más deprimidos económicamente hay una clara decisión de que sus hijos
entren en la escuela a los 5 años y se queden en ella hasta los 13/14 años. Aún más, en los medios urbanos de la
Argentina, sólo un 20% de los sectores muy pobres entra tarde al 1º grado, y esto quiere decir que entra a los 7
años en vez de a los 6.
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En segundo lugar, hallé que no hay una relación causal entre repetir y abandonar: los pobres que repiten no son
los que abandonan. La mayoría de los que han repetido están dentro de la escuela y se quedan hasta terminar.

Llegué a la conclusión de que, si muchos chicos menores de 14 años no le encuentran sentido o beneficios al
estudio, es fundamental que la escuela conozca las demandas de este grupo social, y adecúe su oferta educativa
a esta demanda.

Es necesario que la escuela considere al chico de bajos recursos como un sujeto con saberes previos y
habilidades, y elabore una propuesta educativa a partir de estos conocimientos; una propuesta educativa diferente,
no sólo en los contenidos sino tambien en los procedimientos de adquisición de los saberes.

La función de la escuela según la perspectiva que adoptan los críticos reproductivistas me parece que explica muy
bien porqué la escuela que aparenta unos fines tan "nobles y puros", no logra los resultados correspondientes a
estos fines. Sin embargo, esta visión no propone una alternativa de cambio de la escuela sinó de la sociedad, ya
que, para ellos, la escuela es fiel reflejo de la misma. Y, personalmente, yo creo que sería una muy buena
"escapatoria" (y casi imposible de lograr) pensar que para que cambie nuestro sistema educativo, debería cambiar
primero la sociedad. Desde el sistema educativo, tenemos mucho para hacer. No creo que LA solución se
encuentre sólo en la educación, pero sí que se puede hacer mucho. Simplemente debemos creer que se puede,
luchar por eso, y no bajar los brazos, ser voz de los sin voz y no callar las injusticias