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EL ASCENSO DE PERÓN

Los gobiernos conservadores que se sucedieron en Argentina desde 1930 hasta 1943 no desarrollaron
polííticas sociales y, praí cticamente, no sancionaron leyes laborales. En consecuencia, durante esos anñ os se produjo
una verdadera acumulacioí n de demandas por parte de la clase trabajadora.
Los militares que asumieron el poder en 1943 fueron conscientes de las necesidades insatisfechas de los
trabajadores. En este sentido se destacoí el Coronel Juan Domingo Peroí n.
Peroí n desde la Secretaríía de Trabajo y Previsioí n, comenzoí a desarrollar una intensa tarea destinada a
captar la voluntad políítica de los sectores asalariados. Desde este organismo tomoí viejos proyectos de legisladores
socialistas, que nunca habíían logrado ser aprobados en el Congreso, y los convirtioí en ley a traveí s de decretos-leyes
del gobierno militar. De esta forma creoí los tribunales laborales y propicioí los convenios colectivos de trabajo,
instancias legales para la negociacioí n de condiciones de trabajo y salarios entre obreros y patrones. Peroí n logroí ,
ademaí s, promulgar leyes de jubilacioí n para todos los gremios; decretoí las vacaciones pagas y el aguinaldo (sueldo
anual complementario); reglamentoí la jornada de ocho horas, y el Estatuto de Peón que protegíía al trabajador
rural y enfrentaba al poder de los grandes terratenientes.
El poder de Peroí n dentro del gobierno crecioí notablemente junto con su popularidad. En 1944, el general
Farrell desplazoí de la presidencia al general Ramíírez y nombroí a Peroí n Ministro de Guerra y Vicepresidente de la
Nacioí n. Algunos de los sectores militares veíían con preocupacioí n la creciente influencia del Coronel, y algunas
organizaciones gremiales estaban en desacuerdo con la injerencia de Peroí n en sus asuntos internos.
A principios de octubre de 1945, Peroí n debioí renunciara sus cargos en el gobierno; fue detenido y
trasladado a la isla Martíín Garcíía. Los sindicatos leales a Peroí n reaccionaron convocando a sus afiliados en la Plaza
de Mayo para pedir la libertad y el regreso de su lííder.
El 17 de octubre de 1945 marcaría el futuro político argentino. Miles de trabajadores provenientes del
cordoí n industrial del Gran Buenos Aires acudieron a la Plaza vivando a Peroí n. La multitud estaba decidida a no
moverse hasta que su lííder apareciera en los balcones de la casa Rosada. El Gobierno, desconcertado, decidioí ceder a
la presioí n popular.
Por la noche, Peroí n se asomoí con los brazos en alto ante sus partidarios. Esta escena se repetiríía en el
futuro como síímbolo de su poder de comunicacioí n con las masas. La figura de Peroí n se habíía impuesto y ya ocupaba
un lugar irreemplazable en la políítica nacional.

EL ASCENSO DE PERÓN
Los gobiernos conservadores que se sucedieron en Argentina desde 1930 hasta 1943 no desarrollaron
polííticas sociales y, praí cticamente, no sancionaron leyes laborales. En consecuencia, durante esos anñ os se produjo
una verdadera acumulacioí n de demandas por parte de la clase trabajadora.
Los militares que asumieron el poder en 1943 fueron conscientes de las necesidades insatisfechas de los
trabajadores. En este sentido se destacoí el Coronel Juan Domingo Peroí n.
Peroí n desde la Secretaríía de Trabajo y Previsioí n, comenzoí a desarrollar una intensa tarea destinada a
captar la voluntad políítica de los sectores asalariados. Desde este organismo tomoí viejos proyectos de legisladores
socialistas, que nunca habíían logrado ser aprobados en el Congreso, y los convirtioí en ley a traveí s de decretos-leyes
del gobierno militar. De esta forma creoí los tribunales laborales y propicioí los convenios colectivos de trabajo,
instancias legales para la negociacioí n de condiciones de trabajo y salarios entre obreros y patrones. Peroí n logroí ,
ademaí s, promulgar leyes de jubilacioí n para todos los gremios; decretoí las vacaciones pagas y el aguinaldo (sueldo
anual complementario); reglamentoí la jornada de ocho horas, y el Estatuto de Peón que protegíía al trabajador
rural y enfrentaba al poder de los grandes terratenientes.
El poder de Peroí n dentro del gobierno crecioí notablemente junto con su popularidad. En 1944, el general
Farrell desplazoí de la presidencia al general Ramíírez y nombroí a Peroí n Ministro de Guerra y Vicepresidente de la
Nacioí n. Algunos de los sectores militares veíían con preocupacioí n la creciente influencia del Coronel, y algunas
organizaciones gremiales estaban en desacuerdo con la injerencia de Peroí n en sus asuntos internos.
A principios de octubre de 1945, Peroí n debioí renunciar a sus cargos en el gobierno; fue detenido y
trasladado a la isla Martíín Garcíía. Los sindicatos leales a Peroí n reaccionaron convocando a sus afiliados en la Plaza
de Mayo para pedir la libertad y el regreso de su lííder.
El 17 de octubre de 1945 marcaría el futuro político argentino. Miles de trabajadores provenientes del
cordoí n industrial del Gran Buenos Aires acudieron a la Plaza vivando a Peroí n. La multitud estaba decidida a no
moverse hasta que su lííder apareciera en los balcones de la casa Rosada. El Gobierno, desconcertado, decidioí ceder a
la presioí n popular.
Por la noche, Peroí n se asomoí con los brazos en alto ante sus partidarios. Esta escena se repetiríía en el
futuro como síímbolo de su poder de comunicacioí n con las masas. La figura de Peroí n se habíía impuesto y ya ocupaba
un lugar irreemplazable en la políítica nacional.