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PRUEBA DE LA CADUCIDAD

Como la caducidad está determinada por el transcurso del tiempo hasta que se
cumpla el plazo prefijado en la ley, para su invocación o su declaración de oficio,
debe demostrarse que no se ha alterado el decurso de la caducidad por
imposibilidad de recurrir a un tribunal peruano y que el plazo establecido ha quedado
cumplido atendiéndose al inicio de su cómputo.

DECURSO DE LOS PLAZOS DE CADUCIDAD

Los plazos de caducidad, como los de prescripción, tienen un inicio y un


vencimiento; en cuanto a sus vicisitudes, la doctrina es dominante en señalar que
su decurso no es susceptible de suspensión ni de interrupción.
La perentoriedad y fatalidad les son características muy propias. Así los ha legislado
el Art. 2005º, con la salvedad de una causal de suspensión determinada por la
imposibilidad de reclamar el derecho ante un tribunal peruano.
La perentoriedad significa que los plazos de caducidad son únicos y concluyentes y
la de fatalidad, que son inevitables e improrrogables.

INICIO DEL DECURSO DE LOS PLAZOS DE CADUCIDAD

Como vimos al estudiar la prescripción, ésta se inicia con el nacimiento de la acción.


Si bien tratándose de la caducidad, no existe norma al respecto, se considera que
el plazo de caducidad comienza a correr desde que existe el derecho, esto es,

desde que éste emerge en la relación jurídica.

COMPUTO DEL DECURSO DE LOS PLAZOS DE CADUCIDAD


El cómputo de los plazos de caducidad supone considerar el decurso necesario
desde su inicio hasta su vencimiento. Según el Art. 2007º, “La caducidad se produce
transcurrido el último día de plazo, aunque éste sea inhábil”
De la norma del Art. 2007º se colige, entonces, que la caducidad se computa por el
sistema de la computo civiles, esto es, por días enteros, y no por el de la computo
naturales, de momento a momento. Le son aplicables, además las reglas del Art.
183º establecidas para el cómputo del transcurso del tiempo.
Artículo 183.- Cómputo del plazo, inc. 5.- “El plazo cuyo último día sea inhábil, vence
el primer día hábil siguiente.”

FATALIDAD DEL PLAZO

Una de las características más relevantes de la caducidad es la fatalidad de su


plazo, característica que, además permite diferenciarla de la prescripción.
El Art. 2005º enuncia al respecto: “La caducidad no admite interrupción ni
suspensión, salvo el caso previsto en el Art. 1994º inciso 8vo.” De este modo, al
iniciarse el decurso del plazo de caducidad y hasta su vencimiento, sólo admite su
suspensión “mientras sea imposible reclamar el derecho ante un tribunal peruano”.
La caducidad opera al cumplirse el plazo establecido, cuyo término es perentorio y
su transcurso fatal. Se produce un hecho jurídico que produce la extinción de un
derecho, conforme al postulado del Art. 2003º: “La caducidad extingue el derecho y
la acción correspondiente”.

La norma es la expresión del orden público que gobierna la institución de la


caducidad, pues solo la ley puede fijar sus plazos sin que haya lugar a su fijación
por pacto.

Los plazos, como se sabe, están indesligablemente vinculados al transcurso del


tiempo. Pero pueden tener su origen en la autonomía de la voluntad de quienes los
pactan o en el imperativo de la ley.

Si el plazo se origina en la autonomía de la voluntad privada, es el plazo voluntario


que se constituye como una modalidad del acto jurídico y determina una limitación
deliberada puesta a la eficacia del que han celebrado y que sustenta su relación
jurídica, ya que, si ha sido pactado como resolutorio o extintivo, a su vencimiento
deja sin efecto la eficacia del acto jurídico y extingue la relación jurídica creada, con
el derecho integrado a ella.

Pero si el plazo se origina en el imperativo de la ley, que lo establece como un


genuino plazo extintivo es, por ello, un plazo de caducidad. Su efecto es extintivo
respecto de un derecho existente que, para hacer efectiva su pretensión, debió
ejercitarse la acción correspondiente antes de su vencimiento. Este es el plazo al
que se refiere el artículo 2004 (Los plazos de caducidad los fija la ley, sin admitir
pacto contrario) y que se diferencia del plazo voluntario, en cuanto a sus efectos,
pues el plazo voluntario, salvo pacto en contrario, opera ex nunc, es decir, sin
efecto retroactivo, y solo para el futuro el derecho deja recién de existir.

El plazo de caducidad, por el contrario, opera necesariamente ex tunc, es decir, con


efecto retroactivo para extinguir el derecho como si nunca hubiera existido. Debe
tratarse, desde luego, de un derecho caducable pues ha nacido para ser ejercitado
dentro del plazo prefijado por la ley.

El plazo extintivo o resolutorio que resulta del pacto produce una caducidad del
derecho, pero no es, propiamente, un plazo de caducidad si se atiende la
diferenciación que hemos dejado trazada.

Los plazos de caducidad, al contrario de los plazos de prescripción que la ley fija de
manera abstracta, se establecen de manera específica en relación a una situación
jurídica concreta que ha dado lugar al nacimiento del derecho, momento desde el
cual comienza a computarse el plazo para su ejercicio. Por ello, son plazos
disímiles, fijados legalmente para cada caso, por lo que el Código no ha podido
establecer plazos ordinarios o generales, como ocurre con los de la prescripción
extintiva.

"Los plazos de caducidad los fija la ley y extinguen tanto el derecho como la
acción, en cambio los plazos de prescripción extinguen solamente la
acción"1.
BIBILIOGRAFIA

- Código Civil Peruano

- Derecho Civil. Tomo II, Volumen 1

- PUIG BRUTAU, José. Caducidad y Prescripción Extintiva. Bosch; Barcelona,


1986.

- Merino, Roger. “Algunos apuntes en torno a la prescripción extintiva y


la caducidad”. Dialogo con la Jurisprudencia. Lima: Gaceta Jurídica, N°
104, 2007, p. 20.