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RESUMEN- IMMANUEL KANT

ÉTICA

Daiana De Almeida

Immanuel Kant (1724-1804): “La Crítica de la Razón Pura” fue escrita en la


edad de 60 años. Kant tardó en madurar su filosofía, debido a que el tema que trataba era
sumamente dificultoso y delicado.

Sus primeros escritos tuvieron una inclinación racionalista, mas luego parece
sufrir una crisis intelectual de orientación al empirismo.

Pero Kant, luego de penetrar en lo más hondo de estas corrientes, elabora una
teoría: Filosofía Crítica o Trascendental. Este resume, realiza una especie de confluencia, por
así decirlo, entre racionalismo y empirismo.

Evidentemente, este es un pensamiento contrapuesto y posiciones antagónicas


y hasta enemigas si se quiere; pero para discrepar u oponerse, es necesario tener una
coincidencia o un suelo de base en el que pisar. Es así que racionalismo y empirismo
coinciden en ser formas del realismo. Aquí con racionalismo, nos referimos a que lo que
determina es el objeto y el sujeto se adecua al objeto. Cuando se conoce, la última palabra la
tiene la cosa en sí y no el sujeto; éste último es simplemente un espejo en donde las cosas se
reflejan (a través de racionalismo y empirismo). Conocer es reproducir las cosas, y esto será
diferente de acuerdo al racionalismo y el empirismo. En cualquiera de los dos casos, el
conocimiento adopta una actitud pasiva/contemplativa.

Por otro lado, con Kant se da un giro que puede resultar hasta escandaloso
incluso si se quiere, llamado “Giro Copernicano”, en el cual el sujeto de ser
pasivo/contemplativo e inalterable a la realidad pasa a operar sobre ella. Es aquí donde se
construye el ámbito de la objetividad. El sujeto no es receptivo en el acto del conocer, así
pretende Kant que el conocimiento se convierta en una acción, una praxis.

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Conocer, con Kant, quiere decir elaborar el objeto, por lo que el conocimiento
envuelve entonces dos factores: la razón independiente de la experiencia(a priori), pero a su
vez para que la razón pueda operar en este conocimiento requiere un “material modelable”,
que serían las impresiones. Es decir, en esencia, racionalismo y empirismo van de la mano,
sin uno de ellos, el conocimiento se torna imposible, inaccesible.

La razón por otro lado, nos señala que está constituida por el espacio y el
tiempo, que es lo que él llama Formas puras de la sensibilidad, eso por un lado, por el otro
lado, tenemos las categorías tales como substancia, causalidad, etc. Lo que dice es que no se
puede conocer sólo mediante la razón (formas a priori del sujeto) ya que serían sólo formas
vacías, y por ende no se conocería objeto alguno. Es preciso que esos moldes o formas tengan
material al cual aplicarse, y ese material viene sólo de la experiencia, de las sensaciones.
Declara la imposibilidad del pensamiento metafísico, ya que no nos son dados estos objetos
metafísicos (alma, Dios, etc), y los objetos para conocerlos nos tienen que ser dados, lo que
él llama “fenómeno”.

Lo único que nos es dado son impresiones, y nos dice que: “pensamientos sin
contenidos son vacíos” (Adolfo, Carpio; 1995; 233). Por otro lado también dice que a su vez
tampoco puede haber total conocimiento sólo con puras impresiones, ya que hay que dar
forma a dichas impresiones, sino sólo sería material en bruto, caos de sensaciones, y para que
exista conocimiento autentico las impresiones tienen que estar ordenadas, organizadas,
jerarquizadas “racionalizadas” justamente. He aquí la importancia a su vez del sujeto
cognoscente (razón) y aquí cita: “Intuiciones sin conceptos son ciegas” (Adolfo, Carpio;
1995; 233). Lo determinante en el conocer para Kant no es el objeto sino el sujeto. Esta teoría
se la denomina “idealismo”.

Pero en resumen de lo dicho, el primer conocimiento comienza con la


experiencia, luego con el intelecto ordenamos ese material en bruto, esto se da gracias al
tiempo, no hay nada que preceda a la experiencia según el tiempo.

Tenemos dos componentes de la experiencia: el elemento a posteriori “la


materia” que es la multiplicidad de datos empíricos, y al elemento a priori que es la “forma”
como condición de posibilidad de la experiencia.

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Según Kant, hay que darle forma, sentido a las meras impresiones sensibles
que vistas en bruto no son más que un caos, algo indeterminado. Esto es lo que lo convierte
en objeto.

La Crítica de la Razón Pura está compuesta de dos prefacios:

El de la 1era edición, más breve, y el de la 2da edición, más extenso. Luego


el libro se va a dividir en dos partes: Estética Trascendental y Lógica Trascendental. Va a
llamar Estética Trascendental a lo que nos habla como lo referente a las condiciones a priori
que hacen posible el conocimiento óntico; o lo referente a las condiciones de posibilidad de
los objetos. Se ocupará, en esencia, del estudio de las formas a priori de la sensibilidad. En
esencia, la lógica trascendental se ocupará del pensar.

La Estética Trascendental, por otro lado, se ocupa de las intuiciones puras de


espacio y tiempo. La lógica en cambio, estudia el pensar puro y se divide en “Analítica
Trascendental” y “Dialéctica Trascendental”, según trate del entendimiento o de la razón.

Tenemos dos tipos de juicios: analíticos o sintéticos. Los juicios son


afirmaciones o negaciones de conceptos. Los analíticos son aquellos en los que el predicado
ya está contenido implícitamente en el sujeto; se apoya sobre el principio de identidad. Estos
juicios son a priori, pero a priori en lo atemporal de la fundamentación, verbigracia: Todo
triángulo es una figura no puede ser desmentido por la experiencia, ya es verdadero por sí
mismo y no necesita de la experiencia para ser afirmada. Estos juicios se caracterizan por ser
universales y necesarios. En última instancia estos juicios no amplían lo que ya se sabe, sino
que aclara lo ya sabido.

Por otro lado están los juicios sintéticos a posteriori, en contraposición a los
analíticos. En este caso el predicado no está contenido en el sujeto y sí se recurre a la
experiencia para corroborar su veracidad. Por ejemplo: La mesa está en el salón de clase”,
estos amplían el conocimiento, por eso decimos que son a posteriori.

Pero hay otro que no fue tomado en cuenta o escapó al resto de los filósofos,
y son los llamados Juicios Sintéticos a priori, por ejemplo: 7+5=12, es a priori, universal y
necesario, pero el problema está en intentar dilucidar si es analítico o sintético.

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A lo que Kant dice que este no contiene el resultado sino que hay que realizar
esa suma, pero luego nos da un ejemplo menos evidente que el famoso “7+5” que todos
conocemos y realiza una suma más extensa cuyo resultado desconocemos mentalmente y allí
es cuando se recurre a la experiencia, realizando dicha adición o suma para descubrir el
resultado. Allí se realiza la operación de la síntesis, por esto son juicios sintéticos a priori (a
priori porque sabemos que la suma entre esas cifras da sí o sí un solo resultado universal y
necesario).

Aquí con esta disyuntiva plantea Kant el problema de la Crítica de la Razón


Pura. El hombre debe estar constituido de manera tal que se permita que algo le sea dado,
tiene que ser receptivo, esta receptividad es la sensibilidad.

Kant dice que esta sensibilidad tiene condiciones, ciertas formas según las
cuales intuye formas que conforman el objeto intuido, estas formas que no dependen de la
experiencia se llaman formas a priori de la sensibilidad o intuiciones puras, que son espacio
y tiempo. Kant define al espacio como “la forma de todos los fenómenos del sentido externo”.

Por otro lado, el tiempo es “la forma del sentido interno, la intuición de
nosotros mismos y de nuestro estado interno”, mediante esto tomamos conciencia de nosotros
mismos. Todos los estados psíquicos están sometidos a la forma del tiempo.

Pero como los fenómenos del mundo exterior se nos dan a través de las
percepciones y estas son fenómenos del sentido interno, el tiempo en esencia también es
forma de todos los fenómenos del sentido exterior.

En conclusión, nos dice Kant, el espacio y el tiempo son formas de nuestra


sensibilidad, maneras de intuir las cosas; una especie de “moldes” que el sujeto impone a las
cosas cuando intuye formas o condiciones de la sensibilidad. En efecto si se hace abstracción
de las condiciones de nuestra sensibilidad, espacio y tiempo no son nada.

En segunda instancia, Kant nos habla de las analogías. Las analogías de la


experiencia nos dice que la experiencia es posible mediante la representación de un enlace
de las percepciones. Estas son dos: permanencia de la substancia y la ley de causalidad; esta
nos dice (de la misma forma que Aristóteles) que en todo cambio, hay algo que permanece a
través de la temporalidad, la contingencia del mundo fenoménico, y cualquier cambio que

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acontezca en la naturaleza. Algo que permanece aún en los accidentes, y es lo que se
denomina substancia.

La segunda es la ley de causalidad, que nos desasna diciendo que todos los
cambios en la naturaleza se producen según la ley de causa y efecto. Es decir, en esencia, la
relación entre dos hechos sucesivos tales, que el primero determina necesariamente, produce,
la aparición del segundo.

La crítica sostiene que la causalidad encuentra su aplicación en la experiencia,


no la categoría pura, pero sí su esquema, porque encontramos regularidades, sucesiones
según reglas, sin lo cual no tendríamos conocimiento de los fenómenos.

Luego, Kant, nos va a hablar de una de sus teorías más importantes, que es la
Dialéctica trascendental, como bien se expuso hasta el momento, nuestro autor intentó
explicar el conocimiento o su posibilidad en la ciencia de la naturaleza, pero como bien
vimos, ese conocimiento no alcanza el conocimiento en sí mismo de las cosas, por ende NO
resultan completamente cognoscibles; porque lo que conocemos es el fenómeno, es decir, lo
que se nos aparece, se nos presenta. No captamos las cosas en sí debido a la finitud del
hombre. La experiencia nos otorga un conocimiento condicionado, porque conocemos un
hecho cuando, por ende, tenemos conocimiento de su causa, pero a su vez, esto tiene otra
causa, y así sucesivamente hasta remontarnos al infinito. Nunca hallamos fin dentro del
ámbito de la experiencia y tenemos que ir más allá. Así el entendimiento se ve obligado a ir
más lejos, buscar condiciones cada vez más vastas hasta superar el ámbito de la experiencia.
Cuando se realiza este salto, el entendimiento se convierte en razón.

Por lo que entonces la razón es esta facultad de lo incondicionado, de lo que


busca lo absoluto, busca más explicaciones y condiciones más lejanas, más abarcadoras, es
decir: un absoluto. A este concepto de lo absoluto, incondicionado, Kant lo llama Idea.
Elucida tres ideas: Del Alma, del Mundo y de Dios. Pero cabe aclarar que esta razón no
alcanza lo absoluto, es decir, afirma las ideas pero no puede conocer o siquiera saber si
existen tales objetos a los que estas ideas denotan o hacen referencia. Aquí nos dice: “El
hombre piensa lo absoluto, pero pensar no es conocer”. La idea funciona algo así como el
“índice de la infinitud de la labor que le espera al conocimiento humano, un símbolo de
inacababilidad de la tarea de conocer” , sirve para descubrir nuevos conocimientos, explorar

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nuevos horizontes dicho coloquialmente, para que la tarea de la ciencia no se estanque ni se
detenga en lo ya conocido, sabido, teorizado, porque detenerse en la marcha del conocimiento
seria caer en el dogmatismo, no hay que conformarse con la explicación dada como recién
esbocé, y seguir realizando investigaciones ulteriores, la ciencia debe esforzarse en ir más
allá siempre. Cito: “Las ideas orientan el conocimiento hacia una meta, que es la totalidad
unitaria que la razón busca y nunca termina de hallar; representan el ideal del conocimiento
humano en su marcha incansable e infinita.

Como conclusión de lo dicho, extraemos que dichas ideas no tienen valor


constitutivo en las cosas, por lo que en tal caso, inferimos que son ideas vacías.

De esto se derivan luego las antinomias de la razón pura. Una antinomia es


cuando un concepto tiene parte de verdad y de falsedad, es decir para una misma cuestión se
dan dos proposiciones contradictoriamente opuestas de forma tal que se demuestra con
fundamentos válidos tanto una (tesis) como la otra (antítesis). Dichas antinomias son cuatro:
del mundo, de la substancia, de la causalidad y de Dios.

Todo esto fue para demostrar Kant que anteriores filósofos han demostrado
que el mundo tiene límites como que no, que hay libertad y no la hay, etc., y todo esto se
trataba de demostraciones varias sin alcance objetivo, debido a que estas tesis ignoran que
sólo hay conocimiento dentro del ámbito de la experiencia, ya que lo único que conocemos,
reitero, son fenómenos, y más allá de eso nos resulta incognoscible. Las dos primeras dice
que son falsas, tanto su tesis como su antítesis, pero las dos últimas pueden ser verdaderas.

Más adelante, nos expone acerca de la Idea de Dios, que es en esencia, de la


que nos habla en la Dialéctica Trascendental. Kant dice que afirmar la existencia de Dios
será un juicio sintético y no analítico, como sostenía Descartes, en la que la existencia está
contenida en el concepto de Dios, que él utiliza. Simplemente porque los juicios de
existencia, señala Kant, son sintéticos, decir en Kant que algo existe es decir que algo está
dado y atraviesa el ámbito de la experiencia. Éste nos dice que la existencia no es un
predicado real, esto es, a mi entender, que se da por dada o por sobreentendida la existencia

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de Dios, y es todo lo contrario, no tiene que arrancarse por el axioma de darse por
sobreentendida la existencia de Dios. Si por ejemplo decimos “Dios no existe”, no es
contradictorio, ahora si decimos “Dios no es omnipotente” sí lo sería, porque la omnipotencia
es una nota conceptual que forma parte de lo que se piensa en el concepto de Dios (o alguna
descripción o característica esencial de Él). Ahora, retomando, el juicio “Dios no existe”, no
es contradictorio, reitero, en absoluto, ya que sólo se niega el sujeto, se lo anula o suprime
(en sí mismo y no una característica que lo describe o define esencialmente). Lo que Kant
demuestra con esto es que es tan válido decir que existe como que no. O será que no se puede
demostrar su existencia ni tampoco su inexistencia desde el conocimiento o gnoseología
humanos, no se puede afirmar ni negar la existencia de Dios. Son temas que escapan al
conocimiento, al igual que el tema de alma, del mundo.

Kant intenta buscar explicación, solución frente a su actitud metafísica, ya que


frente a estos problemas del alma, el mundo y Dios, y la libertad también, su actitud es
dudosa.

Estos temas no pueden serles indiferentes al hombre, así Kant busca solución
y trata de resolver a lo que parece una contradicción.

Kant entonces como dije, busca solución a la actividad metafísica del hombre,
pero no lo hace ni por medio de la razón; ni por el conocimiento sensible, sino que busca en
el campo de la moral, lo cual llama: razón práctica. La conciencia moral significa una especie
de presencia de algo absoluto en el hombre. La conciencia moral es la del deber. Se obra sólo
por deber, y no por determinado fin o por algún tipo de conveniencia o pasión o sentimiento.
La conciencia moral dice que debemos hacer algo sólo porque es nuestro deber hacerlo.

Por otro lado tenemos la buena voluntad; nos dice que ella es buena en sí
misma; por el simple hecho de querer. Pero el deber no es sólo la buena voluntad. El hombre
no es un ser meramente racional, sino que al convivir nosotros con el mundo sensible e
inteligible nuestras acciones también están determinadas por inclinaciones (de amor, odio,
placer,etc) o inclinación mediata o inmediata. Así que la buena voluntad entra en una guerra
o puja interna con dichas inclinaciones. De aquí se nos presentarán diferentes tipos de actos;
algunos determinados por las inclinaciones; otros malos; otros neutros y por último los

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limpios y purificados de toda inclinación y los puramente buenos; los que son por deber; por
acto pura y exclusivamente de la voluntad; y sólo esos son moralmente buenos.

Luego Kant nos expone acerca del imperativo categórico en el que, en primera
instancia, nos habla de máximas, estas son un principio en el que nos vamos a basar para
obrar y que este principio se convierta en ley universal.

“Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se
torne ley universal” (Adolfo, Carpio; 1995; 284).

La fórmula del imperativo categórico de Kant es: “fin en sí mismo”. Toda


acción se orienta hacia un fin. Pero tenemos los fines subjetivos, relativos; que son los que
hacen referencia a las inclinaciones, y los absolutos; fines absolutamente buenos; y como
bien dijimos; lo único absolutamente bueno es la voluntad.

De aquí se desprende que el hombre es fin en sí mismo. En esencia esto


significa que hay que obrar de modo tal que se use a la humanidad, la persona propia y la del
otro como fin al mismo tiempo y no como medio. Cuando se utiliza a una persona como
medio para obtener aquello que queremos o deseamos decimos que estamos obrando
inmoralmente.

De esto se desprende la libertad, y la libertad se desprende de estas acciones


morales, ya que el hombre obra suponiendo que es libre, y el deber implica la libertad. En la
naturaleza no encontramos lugar para el deber, por eso nos es imposible hallar la libertad, y
sólo podemos hablar de actos buenos o malos si tenemos en cuenta la libertad del hombre.
No podemos conocer nuestra libertad, pero sí podemos pensarla.

El hombre es capaz de obrar de manera que se inicie una nueva cadena causal
sin ser determinado por ello. La libertad es una suposición necesaria para pensar la conciencia
moral como dije anteriormente. Siempre que hablamos de conciencia moral o hacemos
juicios morales, tácitamente hablamos de libertad porque es en el ámbito en que se puede dar
únicamente como bien dijimos. En la naturaleza no hay libertad, sólo hay relaciones causales.

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Por otro lado, hablando en cuanto a belleza, Kant cede mayor privilegio a la
belleza natural que a la artística. Le da mayor importancia a lo que llama “belleza pura”. Esta
no presupone concepto de lo que el objeto deba ser. A esta contrapone la belleza adherente
como ser el retrato de un humano que presupone un concepto. La facultad de juzgar lo bello
no enfatiza sin embargo, sobre las cosas mismas, sino sobre nuestros propios juicios acerca
de la belleza o fealdad, de nuestras representaciones. Kant distingue cuatro momentos de
estos juicios: cualidad, cantidad, relación y modalidad.

En última instancia y como cierre del pensamiento medular de Kant, lo último


más importante que destaqué fueron los Fines de la Naturaleza (inicio Teleológico).

Esto nos dice que en la naturaleza encontramos una finalidad objetiva (atañe
al objeto mismo) y material (en cuanto supone un fin natural en los seres vivos
((autoconservación))).

Los seres vivos son causa y efecto de sí mismos, poseen fuerza motriz y
formadora, son organizados y organizantes. En ellos se da una causalidad recíproca entre las
partes y el todo, las partes son para el todo y éste da sentido a las partes.

“No hay duda alguna de que todo nuestro conocimiento comienza con la
experiencia” (Adolfo, Carpio; 1995; 235).

“Pues, ¿por dónde iba a despertarse la facultad de conocer, para su ejercicio,


como no fuera por medio de objetos que hieren nuestros sentidos y ora provocan por sí
mismos representaciones, ora ponen en movimiento nuestra capacidad intelectual para
compararlos, enlazarlos, o separarlos y elaborar así, con la materia bruta de las impresiones
sensibles, un conocimiento de los objetos llamado experiencia? “ (Adolfo, Carpio; 1995;
235).

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“El espacio no es otra cosa que la forma de todos los fenómenos del sentido
externo, es decir, la condición subjetiva de la sensibilidad, bajo la cual tan sólo es posible
para nosotros intuición externa” (Adolfo, Carpio; 1995; 248).

“El tiempo no es algo que exista por sí o que convenga a las cosas como
determinación objetiva y, por lo tanto, permanezca cuando se hace abstracción de todas las
condiciones subjetivas de su intuición” (Adolfo, Carpio; 1995; 248).

“Precisamente en ello estriba el valor del carácter moral, del carácter que, sin
comparación, es el supremo: en hacer el bien, no por inclinación, sino por deber” (Adolfo,
Carpio; 1995; 282).

BIBLIOGRAFÍA

-Adolfo P. Carpio (1995) Principios de Filosofía. Buenos Aires. Glauco. 5ta. Reimp.

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