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¿Considera que las modificaciones hechas en la ley y el

reglamento de Invierte.pe facilitan la ejecución de obras


públicas sin debilitar el control que debe existir en
inversión pública?

Considero que sí facilitará las inversiones. No obstante, los temas de


control sobre la conveniencia de hacer una inversión en tal o cual
obra o el control sobre la transparencia en la negociación de los
respectivos términos contractuales para una determinada obra, no
son materia de este reglamento.

Respecto al primer tipo de control (conveniencia de hacer


determinada inversión), éste no existe por parte de un tercero, pues
ya desde el Decreto Legislativo 1252, se establecía que los actos
previstos (programación multianual de inversiones, formulación y
ejecución de inversiones, e implementación de modificaciones
durante la ejecución), se encuentran en el ámbito de la
discrecionalidad de los funcionarios.

En otras palabras, este tipo de decisiones no están sujetas a


cuestionamiento (cada quien puede tener una opinión, pero alguien
tiene que decidir), salvo que no se haya considerado de manera
“adecuada los hechos o riesgos en el momento oportuno”, entre
otros.

Respecto al segundo tipo de control (transparencia en la negociación


de los términos contractuales), no existe mención alguna en el
reglamento, por lo que este tipo de control quedaría bajo el ámbito
de la Contraloría.

¿Identifica algún aspecto en el reglamento que


particularmente sea beneficioso o perjudicial para la el
uso de Invierte.pe?

Me parece beneficioso el hecho de que se considere, al menos, un


horizonte a mediano plazo (3 años) y que el sistema esté
estructurado para comparar beneficios y costos de diferentes
proyectos en simultáneo, para así tener una priorización de
proyectos más informada.

Lo que podría mirar como algo negativo en el reglamento es


entregar la última palabra en determinados temas a un solo
individuo: el Ministro, el Titular o la máxima autoridad ejecutiva del
sector; el gobernador regional y el alcalde [según el nivel de
gobierno del que se trate]. Este poder a un solo individuo (que tiene
capacidad discrecional, según hemos visto antes), podría utilizarse
no sólo para dar sino también para vetar. Desde nuestra perspectiva,
toda decisión final debiera corresponder a un órgano colegiado.
Aunque no es una solución definitiva, la existencia de un órgano
colegiado, al menos brinda un mayor nivel de dificultad a
potenciales acciones no adecuadas.

¿Qué recomendaciones podría dar a usuarios y gobierno a


fin de que se dé un uso eficiente y eficaz de Invierte.pe, y
así no se repitan los problemas identificados en el SNIP y
que motivaron su modificación?

Creo que el SNIP se perdió en su propio laberinto. Por un lado, los


formuladores de proyectos que se sometían al SNIP muchas veces
presentaban información insuficiente, desordenada e impertinente,
lo que obviamente derivaba en observaciones o rechazos. Pero, por
otro lado, las revisiones podían incluir pedidos poco claros,
exagerados o impertinentes. Si bien el espíritu atrás de esta
innovación es la simplificación, la realización de ésta última
dependerá de todos los actores. El Gobierno debiera estar atento al
desarrollo de este sistema en la realidad y evitar que volvamos al
laberinto.

Otra recomendación que daría es el de trabajar en criterios


uniformes para determinar las valoraciones de aquellos costos o
beneficios que no sean fácilmente no cuantificables
(medioambiente, cultura, integración, desarrollo social, salud, etc.).
Adiós, SNIP; bienvenido, Invierte.pe, por Milton von
Hesse
“La muerte del SNIP empezó en el 2006 con la disminución de sueldos decretada por
el gobierno”.

El 1 de diciembre se decretó la muerte oficial del Sistema Nacional


de Inversión Pública (SNIP), creado con el objetivo de mejorar la
eficiencia en la ejecución de la inversión pública y crear una cultura
de proyectos. Durante su vigencia, hubo hitos importantes, como la
interpelación en el Congreso del entonces ministro de Economía,
Pedro Pablo Kuczynski, en el 2004 porque los técnicos de la cartera
que dirigía rechazaron la ejecución del proyecto Marca II debido a
una grosera sobreestimación de la demanda de consumo de agua en
Lima Metropolitana.

También quedan para el recuerdo los informes técnico-evaluatorios


que encontraban errores críticos en la formulación de los proyectos
línea 1 (en esa época solo se consideraba el actual tramo 1 del tren
eléctrico), de la primera fase del proyecto Olmos (cuyo diseño
consistía en un embalse y un túnel y no redes de distribución), del
proyecto interceptor norte (que no contaba con una planta de
tratamiento ni un emisor submarino), y de la carretera interoceánica
sur (que no disponía de un estudio de proyección de tráfico mínimo
y tampoco de un análisis de impacto ambiental), por citar algunos
ejemplos. Pero, a diferencia del proyecto Marca II –que no se llegó a
realizar–, el criterio político llevó a que se ejecutaran estos otros
proyectos utilizando el mecanismo de la exoneración de la viabilidad
y, años después, fueron necesarias inversiones complementarias
para darles viabilidad técnica y económica a los recursos que ya se
habían invertido.

En realidad, la muerte del SNIP empezó en el 2006 cuando, ante la


disminución de sueldos decretada por el gobierno, varios de los
especialistas que trabajaban en inversión pública en el Ministerio de
Economía y Finanzas (MEF) buscaron otros rumbos laborales. En
esas circunstancias, además, se dio una segunda medida
desafortunada: la descentralización del SNIP.
Descentralizar el sistema significó la autonomía de los gobiernos
subnacionales para la aprobación de proyectos en un contexto de
bonanza de recursos del canon minero. La proliferación de estadios
de fútbol, plazas de toros, edificios municipales, piscinas y toda clase
de intervenciones que no afectan directamente el bienestar de largo
plazo de las familias más pobres fue un signo de esos tiempos en
distritos como Echarate y Condoroma en el Cusco, La Encañada en
Cajamarca y San Marcos en Áncash, entre otros.

En la última década, el MEF trató de corregir algunos efectos no


deseados de sus decisiones anteriores, sobrerregulando el sistema y
aumentando la discrecionalidad de los funcionarios. Así, se
introdujo el concepto de verificación de viabilidad y de aprobación
adicional para los proyectos viables que habían calificado para
transferencias de recursos desde los sectores nacionales. El remedio
no curó la enfermedad.

Ahora, en reemplazo del SNIP se ha creado Invierte.pe. La primera


característica de este sistema es que le pone énfasis a la
programación multianual de inversiones. Es decir, las entidades
nacionales y subnacionales deben identificar, primero, cuáles son
las necesidades de la población (‘brechas’ en el argot económico) y
luego construir la cartera de proyectos que garantice el acceso a
servicios básicos de la población (agua y saneamiento, salud,
educación, entre otros).

La segunda característica es la simplificación de los procedimientos


y metodologías para la formulación y evaluación de proyectos. Con
ello se deja de lado el enfoque de eficiencia creado por el profesor
Arnold Harberger y se migra a un enfoque predominante de costo
efectividad y líneas de corte.

Finalmente, el nuevo sistema establece un mecanismo de


seguimiento y evaluación de la ejecución y funcionamiento
posinversión de los proyectos. Todas estas son características que
van en línea con las mejores prácticas prevalecientes en el mundo.
DEL SNIP A INVIERTE.PE ¿SERÁ LA SOLUCIÓN A
LOS PROBLEMAS DE INVERSIÓN PÚBLICA?

El cambio de nombre del SNIP a Invierte.pe sin lugar a duda tendría que llegar con
el cambio de mentalidad de todos los actores públicos y privados involucrados en la
inversión pública.

El ejecutivo decretó para los primeros días de diciembre la muerte oficial del Sistema
Nacional de Inversiones (SNIP), creada con el objetivo de concretar y mejorar los
proyectos de inversión pública, desde el punto de vista económico y social, y
enmarcada en las estrategias y políticas del gobierno, pero este, tuvo deficiencias
esenciales en los procedimientos de formulación y evaluación, y el retraso que ello
generaba, del mismo modo la post inversión, en la que los proyectos ya ejecutados
por el actor estatal no cumplían con el fin que se habría planteado, es decir la
operación y el mantenimiento no cumplían con lo establecido en los objetivos del
proyecto.
El nuevo sistema de inversión pública denominado “Sistema Nacional de
Programación Multianual y Gestión de Inversiones”, con el apodo de – Invierte.pe- es
seguramente una versión mejorada del SNIP “entre comillas”; debemos tener en
cuenta, que la metodología para el desarrollo de proyectos de inversión no ha
cambiado, lo que sí cambia, es el procedimiento con la finalidad de mejorar el gasto
público, dinamizar y agilizar las inversiones públicas; y con ello convertirse en una
herramienta para evitar la corrupción.
La primera característica y la más importante seguramente de este sistema, es la
programación multianual de inversiones. Es decir, las entidades nacionales y
subnacionales (GR y GL), deben identificar, primero, cuáles son las necesidades de
la población, las ‘brechas’ importantes a cerrar, para luego desarrollar una cartera de
proyectos que garantice el acceso a los servicios básicos de salud, educación,
vivienda entre otros. La planificación estratégica de las inversiones es clave para
generar desarrollo y reducir la pobreza.

La idea de este nuevo sistema es dinamizar y agilizar las inversiones, es así que la
segunda característica se está simplificando, pues tiene menos procesos, la
formulación y evaluación se desarrollará en la Unidad Formuladora, es decir será la
encargada de formular y evaluar los proyectos de inversión pública, con la que migra
a un enfoque predominante de costo efectividad y líneas de corte.
Habrá menos tiempo para aprobación de proyectos debido a que la programación se
enmarca en tres sistemas simultáneos (planeamiento, inversiones y presupuesto),
habrá una programación multianual de proyectos, ello conlleva a que se promueva la
transparencia, pues la información será pública y en paralelo con el SIAF, SEACE e
Infobras.

Y lo más relevante: con este nuevo sistema sin lugar a duda es el mecanismo de
seguimiento y evaluación financiera, de ejecución y funcionamiento (postinversión)
de los proyectos todo ello en tiempo real con los sistemas de control integrado.

RICARDO LAGO: BRECHAS, SNIP E INVIERTE-PERÚ


“Seguro que hay barreras burocráticas y trabas innecesarias que tienen que ser eliminadas, pero la
prueba de rentabilidad que exigía el SNIP no es una de ellas. El gobierno debió optar por agilizar el
SNIP; eliminarlo es un retroceso”.

Un señor de profesión mesero compara su nivel de vida con el de uno de


sus comensales que es gerente de un banco. Repasa mentalmente la letanía:
él maneja un Audi nuevecito y yo un Toyota de 20 años; vive en una casa
en Miraflores y yo en un depa en Los Olivos; sus hijos van al Markham y
los míos a la escuela pública de la esquina; pasa sus vacaciones en Europa
y yo en mi pueblo de Ayacucho; trabaja cinco días por semana y yo seis,
etc.

Un buen día nuestro mesero da el salto: con la ayuda de familiares pone un


chifa. A medida que engorda su bolsillo, dos preguntas revolotean su
mente: ¿iré cerrando las brechas que me separan del gerente de banco?,
¿cuál es la mejor estrategia para intentarlo? Si con sus mayores ingresos
decide priorizar la ampliación del negocio o la mejora en la educación de
sus hijos, puede ser que tenga algún éxito con las brechas. Si, por el
contrario, decide dedicar sus excedentes a renovaciones sucesivas de su
automóvil –carros nuevos y mejores marcas– o a vacaciones caras,
conseguirá poco.
La moraleja es que primero hay que poner énfasis en las brechas más
productivas; se mejorará en lo suntuoso a medida que se avance en lo
productivo. Hay que establecer, por tanto, un orden de prioridad en el
cierre de las brechas y dicho orden lo tiene que determinar la rentabilidad
económico-social de cada proyecto. No es suficiente con que un proyecto
cierre brechas, es necesario seleccionar, entre los muchos proyectos
alternativos que cierran brechas, aquellos que tienen mayor rentabilidad.

Esta es la razón por la que no me convence el reemplazo del Sistema


Nacional de Inversión Pública (SNIP) por Invierte-Perú que ha anunciado
el gobierno. Con el SNIP, las inversiones para cerrar brechas tenían que
cumplir con un umbral de rentabilidad; con Invierte-Perú cualquier
proyecto que cierre brechas se cuela.

Prueba de que el SNIP era un filtro efectivo para tumbar malas inversiones
es que para que pasaran los despilfarros de las interoceánicas Norte y Sur –
las de las coimas de los US$20 millones– se tuvo que dispensar por ley del
cumplimiento con el SNIP.

Seguro que hay barreras burocráticas y trabas innecesarias que tienen que
ser eliminadas, pero la prueba de rentabilidad que exigía el SNIP no es una
de ellas. El gobierno debió optar por agilizar el SNIP; eliminarlo es un
retroceso.

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