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No me asusta tanto lo que la gente hace, sino lo que tienen que “pensar” para hacerlo.

Heidegger
hacía un gran énfasis en que debemos pensar bien, en que pasamos la vida tomando decisiones
basadas en meras costumbres, en una interpretación superficial de la realidad y jamás pensando en
lo que deberíamos estar pensando. Ya que el proceso mental de asimilación de la realidad a través
de los sentidos, como mera acción de semiosis, parece muy complejo, pero en realidad no lo es.
Vamos a ponerlo en palabras menos domingueras, si uno sale a la calle, no pensó en todos los
microprocesos para salir a la calle. Comenzando por pensar en la calle misma, en la estructura de la
casa para llegar a la puerta, en la puerta, en su funcionamiento para abrirse y en la existencia de la
calle misma una vez que abrimos la puerta. Suena increíblemente tonto, pero no lo es, todos esos
microprocesos ya están previamente pensados y sin embargo se llevan a cabo para poder, pues salir
a la calle.

Es ese pre-pensamiento el que nos brinda la capacidad de ir de nuestra casa a la panadería. Porque
ya sabemos previamente todo, literalmente todo, lo que se requiere saber para ir a la panadería.
Incluso algo tan complejo, pero grabado en el pre-pensar, como la diversidad de panes que existen.
Ya sabemos qué es una concha, qué es una telera o un bolillo. Todo ese preconocimiento ocupa la
mayor parte del cerebro, son millones de microprocesos y millones de conceptos, pequeños y
grandes, que ocupan nuestra mente y que a diario dictan nuestro comportamiento, guían nuestras
acciones y si somos seres de hábitos y costumbres, es aún más acendrado el ejercicio automatizado.
Heidegger entonces decía que teníamos que PENSAR, en lo que hacemos, en lo que percibimos,
para no cometer errores de percepción, ya que la realidad está cambiando, constantemente, y todos
esos pre-pensamientos, instalados como un sistema operativo, deben actualizarse para dictar un
mejor ejercicio del vivir.

Por eso es que no me asusta que una persona maneje su pequeña y destartalada motocicleta por el
lado derecho de una calle de un solo carril y de un solo sentido, rebasando autos por ese lado
derecho cuando no sólo las reglas de tránsito dictan que no se puede ni se debe, las del sentido
común también, ah pero ahí reside el quid, esa persona está pensando sin pensar. Es decir, toma
una decisión, el auto de enfrente se detiene -por equis razón- y decide en ese momento volantear
y usar el pequeño espacio que hay a la derecha del auto para seguir su camino. ¿Basado en qué? En
los datos que sus sentidos le proporcionan, porque ve el auto detenerse, y mide el espacio que hay
entre el auto y la banqueta, sabe cómo mover el vehículo, acelerar, frenar, mover el manubrio…
pero todo esto son prepensamientos, microprocesos que no piensa, no verdaderamente, no
discierne vaya. Eso es lo que me asusta.

Reacciona, actúa, en base a los datos que puede ver y que microprocesa en base a prepensamientos
que ya están instalados en su mente. No está pensando-pensando en seguir adelante, aunque sea
de forma tanto irresponsable como incivil, sí piensa, pero es sólo un pensamiento automático que
no razona. Ese prepensamiento automatizado preinstalado, lo adquiere de la misma manera en que
toma la decisión de rebasar por el minúsculo espacio de la derecha: lo VE. Todo lo que se requiere
es que el primer inconsciente lo haga y que otros le vean para que se descargue como app a su
cabeza y los demás lo sigan como lemmings al acantilado. Alguien toma la primera decisión como el
primer primate que tomó un palo para comerse las hormigas de un hormiguero, se le ocurre y lo
hace. Detrás de ese primate habrá docenas que lo vieron y que introducirán esa información a su
cerebro y lo automatizarán. A partir de ahí lo harán y lo repetirán ad nauseaum.
Por eso pensadores como Heidegger y como Ortega y Gasset harán tanto énfasis en repasar desde
el más minúsculo microproceso de vida (¡escoger nuestra ropa!). Repasar la razón por la que
hacemos las cosas, pero sobre todo, mirar a nuestra sociedad y pensar en las múltiples reglas de
conducta que harían nuestra vida más sencilla y más cordial, que podríamos pensar en que quizá
molestemos con nuestro estéreo a volumen alto, si lo pensamos, que quizá deberías usar audífonos
porque tal vez en la oficina o en la sala de espera la demás gente no quiere escuchar tu música, si lo
pensamos, que no existen los cinco minutos más de dormir o los cinco minutos de tolerancia, porque
existen pero son un espejismo, una ilusión bajo la que vivimos porque VEMOS que todo mundo lo
hace y ¿no te sientes ya medio menso de no pensar en que hacemos miles de cosas sólo porque
todo mundo las hace? Y habrá docenas que hay que hacer, como “todo mundo”, como hacer fila,
como tender la cama o bañarse, pero ¿y si cuando estés haciendo la fila -como todo mundo- piensas
tantito y quizá podría pasar la persona detrás de ti que sólo llevará una orden de tacos cuando tú
vas a llevar seis ¿no sería lo más cordial? Si lo pensamos.

Y así, uff, miles de detallitos, del diario, del todo-mundo, si tan sólo nos fijáramos y pensaramos
podríamos andar por la vida más cómodos, más rápido aunque a veces compensemos dando un
poco de tiempo, más felices y sobre todo, siendo mejores seres humanos, personal y socialmente.

D. Mendoza.