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COMPENDIO DE FILOSOFÍA

ESCUELA DE DERECHO

SEMANA 1

EL VALOR DE LA FILOSOFÍA
Bertrand Russel

Habiendo llegado al final de nuestro breve resumen de los problemas de la filosofía,


bueno será considerar, para concluir, cuál es el valor de la filosofía y por qué debe
ser estudiada. En tanto más necesario considerar esta cuestión, ante el hecho de
que muchos, bajo la influencia de la ciencia o de los negocios prácticos, se inclinan
a dudar que la filosofía sea algo más que una ocupación inocente pero frívola e
inútil, con distinciones que se quiebran de puros sutiles y controversias sobre
materias cuyo conocimiento es imposible.

Esta opción sobre la filosofía parece resultar, en parte, de una falsa concepción de
los fines de la vida, y en parte de una falsa concepción de la especie de bienes que
la filosofía se esfuerza en obtener. Las ciencias físicas, mediante sus invenciones,
son útiles a innumerables personas que las ignoran totalmente: así, el estudio de
las ciencias físicas no es sólo o principalmente recomendable por su efecto sobre
el que las estudia sino más bien por su efecto sobre los hombres en general. Esta
utilidad no pertenece a la filosofía. Si el estudio de la filosofía tiene algún valor para
los que no se dedican a ella, es sólo un efecto indirecto, por sus efectos sobre la
vida de los que la estudian. Por consiguiente, en estos efectos hay que buscar
primordialmente el valor de la filosofía, si es que de hecho lo tiene.

Pero ante todo, si no queremos fracasar en nuestro empeño, debemos liberar


nuestro espíritu de los prejuicios de lo que se denomina equivocadamente “el
hombre práctico”. El hombre “práctico”, en el uso corriente de la palabra, es el que
sólo reconoce necesidades materiales, que comprende que el hombre necesita el
alimento del cuerpo, pero olvida la necesidad de procurar un alimento al espíritu. Si
todos los hombres vivieran bien, si la pobreza y la enfermedad hubiesen sido
reducidas al mínimo posible, quedaría todavía mucho que hacer para producir una
sociedad estimable; y aun en el mundo actual los bienes del espíritu son por lo
menos tan importantes como los del cuerpo. El valor de la filosofía debe hallarse
exclusivamente entre los bienes del espíritu; y sólo los que no son indiferentes a
estos bienes pueden llegar a la persuasión de que estudiar filosofía no es perder el
tiempo.

La filosofía, como todos los demás estudios, aspira primordialmente al


conocimiento. El conocimiento a que aspira es aquella clase de conocimiento que
nos da la unidad y el sistema del cuerpo de las ciencias, y el que resulta del examen
crítico del fundamento de nuestras convicciones, prejuicios y creencias. Pero no se
puede sostener que la filosofía haya obtenido un éxito realmente grande en su
intento de proporcionar una respuesta concreta a estas cuestiones. Si preguntamos
a un matemático, a un minerologista, o un historiador, o a cualquier otro hombre de
ciencia, que conjunto de verdades concretas ha sido establecido por su ciencia, su
respuesta durará tanto tiempo como estemos dispuestos a escuchar. Pero si
hacemos a misma pregunta a un filósofo, y éste es sincero, tendrá que confesar que
su estudio no ha llegado a resultados positivos comparables a los que las otras
ciencias. Verdad es que esto se explica, en parte, por el hecho de que, desde el
momento en que se hace posible el conocimiento preciso sobre una materia
cualquiera, esta materia deja de ser denominada filosofía y se convierte en una
ciencia separada. Todo el estudio del cielo, que pertenece hoy a la astronomía,
antiguamente era incluido en la filosofía; la gran obra de Newton se denomina:
“Principios matemáticos de la filosofía natural”. De un modo análogo, el estudio del
espíritu humano, que era, todavía recientemente, una parte de la filosofía se ha
separado actualmente de ella y se ha convertido en la ciencia psicológica. Así, la
incertidumbre de la filosofía es, en una gran medida, más aparente que real; los
problemas que son susceptibles de una respuesta precisa se han colocado en las
ciencias, mientras que sólo los que no la consienten actualmente quedan formando
el residuo que denominamos filosofía.

Sin embargo, esto es sólo una parte de la verdad en lo que se refiere a la


incertidumbre de la filosofía. Hay muchos problemas y entre ellos los que tienen un
interés más profundo para nuestra vida espiritual que, en los límites de lo que
podemos ver, permanecerán necesariamente insolubles para el intelecto humano,
salvo si su poder llegar a ser de un orden totalmente diferente de lo que es hoy.
¿Tiene el Universo una unidad de plan o designio, o es una fortuna conjunción de
átomos? ¿Es la conciencia una parte permanente del Universo que da la esperanza
de un crecimiento indefinido de la sabiduría, o es un accidente transitorio de un
pequeño planeta en el cual la vida acabará por hacerse imposible? ¿El bien y el mal
son de alguna importancia para el Universo, o solamente para el hombre? La
filosofía plantea problemas de este género, y los diversos filósofos contestan a ellos
de diversas maneras. Pero parece que, sea o no posible hallarles, por otro lado, una
respuesta, las que propone la filosofía no pueden ser demostradas, como
verdaderas. Sin embargo, por muy débil que sea la esperanza de hallar una
respuesta, es una parte de la tarea de la filosofía continuar la consideración de estos
problemas, haciéndonos conscientes de su importancia, examinando todo lo que
nos aproxima a ellos, y manteniendo vivo este interés especulativo por el Universo,
que nos expondríamos a matar si nos limitáramos al conocimiento de lo que se
puede ser establecido mediante un conocimiento definitivo.

Verdad es que muchos filósofos han pretendido que la filosofía podía establecer la
verdad de determinadas respuestas sobre estos problemas fundamentales. Han
supuesto que lo más importante de las creencias religiosas podía ser probado como
verdadero mediante una demostración estricta. Para juzgar estas tentativas es
necesario hacer un examen del conocimiento humano y formarse una opción sobre
los métodos y limitaciones. Sería imprudente pronunciarse dogmáticamente sobre
estas materias; pero si las investigaciones de nuestros capítulos anteriores no nos
han extraviado, nos vemos forzados a renunciar a la esperanza de hallar una prueba
filosófica de las creencias religiosas. Por lo tanto, no podemos alegar como una
prueba de valor de la filosofía una serie de respuestas a estas cuestiones. Una vez
más, el valor de la filosofía no puede depender de un supuesto cuerpo de
conocimientos seguros y precisos que puedan adquirir los que la estudian.

De hecho, el valor de la filosofía debe ser buscado en una larga medida en su real
incertidumbre. El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía va por la vida
prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias
habituales en su tiempo y en su país, y de las que se han desarrollado en su espíritu
sin la cooperación ni el consentimiento deliberado de su razón. Para este hombre el
mundo tiende a hacerse preciso, definido, obvio; los objetos habituales no le
suscitan problema alguno, y las posibilidades no familiares son desdeñosamente
rechazadas. Desde el momento en que empezamos a filosofar, hallamos, por el
contrario, como hemos visto en nuestros primeros capítulos, que aun los objetos
más ordinarios conducen a problemas a los cuales sólo podemos dar respuestas
muy incompletas. La filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la
verdadera respuesta a las dudas que suscita, es capaz de sugerir diversas
posibilidades que amplían nuestros pensamientos y nos liberar de la tiranía de la
costumbre. Así, el disminuir nuestro sentimiento de certeza sobre lo que las cosas
son, aumenta en alto grado nuestro reconocimiento de lo que pueden ser, rechaza
el dogmatismo algo arrogante de los que no se han introducido jamás en la región
de la duda liberadora y guarda vivaz nuestro sentido de la admiración, presentando
los objetos familiares en un aspecto no familiar.

Aparte esta utilidad de mostrarnos posibilidades insospechadas, la filosofía tiene un


valor tal vez su máximo valor por la grandeza de los objetos que contempla, y la
liberación de los intereses mezquinos y personales que resultan de aquella
contemplación. La vida del hombre instintivo se halla encerrada en el círculo de sus
intereses privados: la familia y los amigos pueden incluirse en ella, pero el resto del
mundo no entra en consideración, salvo en lo que puede ayudar a entorpecer lo que
forma parte del círculo de los deseos instintivos. Esta vida tiene algo de febril y
limitada. En comparación con ella, la vida del filósofo es serena y libre. El mundo
privado, de los intereses instintivos, es pequeño en medio de un mundo grande y
poderoso que debe, tarde o temprano, arruinar nuestro mundo peculiar. Salvo si
ensanchamos de tal modo nuestros intereses que incluyamos en ellos el mundo
entero, permanecemos como una guarnición en una fortaleza sitiada, sabiendo que
el enemigo nos impide escapar y que la rendición final es inevitable. Este género de
vida no conoce la paz, sino una constante guerra entre la insistencia del deseo y la
impotencia del querer. Si nuestra vida ha de ser grande y libre, debemos escapar,
de uno y otro modo, a esta prisión y a esta guerra.

Un modo de escapar a ello es la contemplación filosófica. La contemplación


filosófica, cuando sus perspectivas son muy amplias, no divide el Universo en dos
campos hostiles los amigos y los enemigos, lo útil y lo adverso, lo bueno y lo malo;
contempla el todo de un modo imparcial. La contemplación filosófica, cuando es
pura, no interna probar que el resto del Universo sea afín al hombre. Toda
adquisición de conocimiento es una ampliación del Yo, pero esta ampliación es
alcanzada cuando no se busca directamente. Se adquiere cuando el deseo de
conocer actúa por sí solo, mediante un estudio en el cual no se desea previamente
que los objetos tengan tal o cual carácter, sino que el Yo se adapta a los caracteres
que halla en los objetos. Esta ampliación del Yo no se obtiene, cuando partiendo
del Yo tal cual es, tratamos de mostrar que el mundo es tan semejante a este YO,
que su conocimiento es posible sin necesidad de admitir nada que parezca serle
ajeno. El deseo de probar esto es una forma de la propia afirmación, y como toda
forma de egoísmo, es un obstáculo para el crecimiento del Yo que se desea y del
cual conoce el Yo que es capaz. El egoísmo, en la especulación filosófica como en
todas partes, considera el mundo como un medio para sus propios fines; así cuida
menos del mundo que del Yo, y el Yo pone límites a la grandeza de sus propios
bienes. En la contemplación, al contrario, partimos del no-Yo, y mediante su
grandeza son ensanchados los límites del Yo; por el infinito del Universo, el espíritu
que lo contempla participa un poco del infinito.

…En la contemplación, todo el personal o privado, todo lo que depende del hábito,
del interés propio o del deseo perturba el objeto, y, por consiguiente, la unión que
busca el intelecto. Al construir una barrera entre el sujeto y el objeto, estas cosas
personales y privadas llegan a ser una prisión para el intelecto. El espíritu libre
verá, como Dios lo pudiera ver, sin aquí ni ahora, sin esperanza ni temor fuera
de las redes de las creencias habituales y de los prejuicios tradicionales serena,
desapasionadamente, y sin otro deseo que el del conocimiento, casi un
conocimiento impersonal, tan puramente contemplativo como sea posible
alcanzarlo para el hombre. Por esta razón también, el intelecto libre apreciará más
el conocimiento abstracto y universal, en el cual no entran los accidentes de la
historia particular que el conocimiento aportado por los sentidos, y dependiente
como es forzoso en estos conocimientos, del punto de vista exclusivo y personal, y
de un cuerpo cuyos órganos de los sentidos deforman más que revelan.

El espíritu acostumbrado a la libertad y a la imparcialidad de la contemplación


filosófica, guardará algo de esta libertad y de esta imparcialidad en el mundo de la
acción y de la emoción. Considerará sus proyectos y sus deseos como una parte
de un todo, con la ausencia de insistencia que resulta de ver que son fragmentos
infinitesimales en un mundo en el cual todo permanece indiferente a las acciones
de los hombres. La imparcialidad que en la contemplación es el puro deseo de la
verdad, es la misma cualidad del espíritu que en la acción se denomina justicia, y
en la emoción es este amor universal que puede ser dado a todos y no solo a
aquellos que juzgamos útiles o admirables. Así la contemplación no solo amplia los
objetos de nuestro pensamiento, sino también los objetos de nuestras acciones y
afecciones; nos hace ciudadanos del Universo, no sólo de una ciudad amurallada,
en guerra con todo lo demás, En esta ciudadanía del Universo consiste la verdadera
libertad del hombre, y su liberación del vasallaje de las esperanzas y los temores
limitados.

Para resumir nuestra discusión sobre el valor de la filosofía: la filosofía deber ser
estudiada, no por las respuestas concretas a los problemas que plantea, puesto
que, por lo general, ninguna respuesta precisa puede ser conocida como verdadera,
sino más bien por el valor de los problemas mismos; porque estos problemas
amplían nuestra concepción de lo posible, enriquecen nuestra imaginación
intelectual y disminuyen la seguridad dogmática que cierra el espíritu a la
investigación; pero, ante todo, porque por la grandeza del Universo que la filosofía
contempla, el espíritu se hace a su vez grande, y llega a ser capaz de la unión con
el Universo que constituye su supremo bien.

ACTIVIDADES.
1. Según el autor ¿por qué debe ser estudiada la filosofía?
2. ¿Qué es la contemplación filosófica?, según la lectura.
3. ¿Estás de acuerdo con el autor cuando afirma que el hombre que no tiene
ningún barniz de filosofía va por la vida prisionero de sus prejuicios?
4. Elabora un vocabulario de 20 palabras y con la ayuda de un diccionario de
filosofía define cada palabra.
SEMANA 2

LA DUDA METÓDICA

René Descartes

Hace ya mucho tiempo que me he dado cuenta de que, desde mi niñez, he admitido
como verdaderas una porción de opiniones falsas, y que todo lo que después he ido
edificando sobre tan endebles principios no puede ser sino muy dudoso e incierto;
desde entonces he juzgado que era preciso seriamente acometer, una vez en mi
vida, la empresa de deshacerme de todas las opiniones a que había dado crédito,
y empezar de nuevo, desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y
constante en las ciencias. Mas pareciéndome muy grande la empresa, he
aguardado hasta llegar a una edad tan madura, que no pudiera esperar otra más
propia luego para llevar a bien mi proyecto; por lo cual lo he diferido tanto tiempo,
que ya creo que cometería una falta grave si perdiera en deliberar el que me queda
para la acción. Hoy, pues, habiendo, muy a punto para mis designios, librado mi
espíritu de toda suerte de cuidados, sin pasiones que me agiten, por fortuna, y
gozando de un seguro reposo en un apacible retiro, voy a aplicarme seriamente y
con libertad a destituir en general todas mis opiniones antiguas. Y para esto no será
necesario que demuestre que todas son falsas, lo que acaso no podría conseguir,
sino que por cuanto la razón me convence de que a las cosas, que no sean
enteramente ciertas e indudables, debo negarles crédito con tanto cuidado como a
las que me parecen manifiestamente falsas –bastará, pues, para rechazarlas todas,
que se encuentre, en cada una, razones para ponerla en duda. Y para esto no será
necesario tampoco que vaya examinándolas una por una, pues fuera un trabajo
infinito; y puesto que la ruina de los cimientos arrastra necesariamente consigo la
del edificio todo, bastará que dirija primero mis ataques contra los principios sobre
que descansaban todas mis opiniones antiguas.

Todo lo que he obtenido hasta hoy por más verdadero y seguro, lo he aprendido de
los sentidos o por los sentidos; ahora bien: he experimentado varias veces que los
sentidos son engañosos, y es prudente no fiarse nunca por completo de quienes
nos han engañado una vez.

Pero aunque los sentidos nos engañen, a las veces, acerca de cosas muy poco
sensibles o muy remotas, acaso haya otras muchas, sin embargo, de las que no
pueda razonablemente dudarse, aunque las conozcamos por medio de ellos; como
son, por ejemplo, que estoy aquí, sentado junto al fuego, vestido con una bata,
teniendo este papel en las manos, y otras por el estilo. Y ¿cómo negar que estas
manos y este cuerpo sean míos, a no ser que se empareje a algunos insensatos,
cuyo cerebro esta tan turbio y ofuscado por los negros vapores de la bilis, que
afirman de continuo ser reyes, siendo muy pobres, estar vestidos de oro y púrpura,
están en realidad desnudos, o se imaginan que son cachorros, o que tienen el
cuerpo de vidrio? Más los tales son locos; y no menos extravagante fuera yo si me
rigiera por sus ejemplos.

Sin embargo, he de considerar aquí que soy hombre y, por consiguiente, que tengo
costumbre de dormir y de representarme en sueños las mismas cosas y aun a veces
casos menos verosímiles que esos insensatos cuando velan. ¡Cuántas veces me
ha sucedido soñar de noche que estaba en este mismo sitio, vestido, sentado junto
al fuego, estando en realidad desnudo y metido en la cama! Bien me parece ahora
que, al mirar este papel, no lo hago con ojos dormidos; que esta cabeza, que muevo,
no está somnolienta; que si alargo la mano y la siento, es de propósito y a
sabiendas; lo que en sueños sucede no parece tan claro y tan distinto como todo
esto. Pero, si pienso en ello con atención, me acuerdo de que muchas veces,
ilusiones semejantes me han burlado mientras dormía; y al detenerme en ese
pensamiento, veo tan claramente que no hay indicios ciertos para distinguir el sueño
de la vigilia, que me quedo atónito, y es tal mi extrañeza, que casi es bastante a
persuadirme de que estoy durmiendo.

Supongamos, pues, ahora, que estamos dormidos y que todas estas


particularidades, a saber: que las manos y otras por el estilo, no son sino engañosas
ilusiones; y pensemos que, acaso, nuestras manos y nuestro cuerpo no son tales
como las vemos. Sin embargo, hay que confesar, por lo menos, que las cosas que
no representamos durante el sueño son como unos cuadros y pinturas que tienen
que estar hechas a semejanza de algo real y verdades y, por lo tanto, que esas
cosas generales, a saber: ojos, cabeza, manos, cuerpo, no con imaginarias, sino
reales y existentes. Pues los pintores, cuando se esfuerzan con grandísimo artificio
en representar sirenas y sátiros, por medio de extrañas y fantásticas figuras, no
pueden, sin embargo, darles formas y naturalezas totalmente nuevas, y lo que
hacen es solo una cierta mezcla y composición de las partes de diferentes animales:
y aun suponiendo que la imaginación del artista sea lo bastante extravagante para
inventar algo tan nuevo que nunca haya sido visto, y que así la obra represente una
cosa puramente fingida y absolutamente falsa, sin embargo, por lo menos, los
colores de que se componen deben ser verdaderos.

Y por la misma razón, aun cuando pudieron ser imaginarias esas cosas generales,
como cuerpo, ojos, cabeza, manos y otras por el estilo, sin embargo, es necesario
confesar que hay, o lo menos, algunas otras más simples y universales, que son
verdaderas y existentes, de cuya mezcla estas formadas todas esas imágenes de
las cosas, que residen en nuestro pensamiento, ora son verdaderas y reales, ora
fingidas y fantásticas, como asimismo están formadas de la mezcla de unos cuantos
colores verdaderos.
Entre tales cosas están la naturaleza corporal en general y su extensión, y también
la figura de las cosas extensas, su cantidad o magnitud, su número, como asimismo
el lugar en donde se hallan, el tiempo que mide su duración y otras semejantes. Por
lo cual acaso haríamos bien es inferir de esto que la física, la astronomía, la
medicina y cuantas ciencias dependen de la consideración de las cosas
compuestas, son muy dudosas e inciertas; pero que la aritmética, la geometría y
demás ciencias de esta naturaleza, que nos tratan sino de esas cosas simples y
generales, sin preocuparse mucho de si están o no en la naturaleza, contienen algo
cierto e indudable; pues duerma yo o esté despierto, siempre dos y tres sumarán
cinco y el cuadrado no tendrá más de cuatro lados; y no parece posible que unas
verdades tan claras y tan aparentes puedan ser sospechosas de falsedad o de
incertidumbre.

Sin embargo, tiempo ha que tengo en el espíritu cierta opinión de que hay un Dios
que todo lo puede, por quien he sido hecho y creado como soy. Y ¿qué sé yo si no
habrá querido que no haya tierra, ni cielo, ni cuerpo extenso, ni figura, ni magnitud,
ni lugar, y que yo, sin embargo, tenga el sentimiento de todas esas cosas, y que
todo ello no me parezca existir de distinta manera de la que yo veo? Y es más aún:
como yo pienso, a veces, que los demás se engañan en las cosas que mejor creen
saber, ¿qué sé yo si Dios no ha querido que yo también me engañe cuando adiciono
dos y tres, o enumero los lados de un cuadrado, o juzgo de cosas aún más fáciles
que esas si es que puede imaginarse algo que sea más fácil? Mas acaso Dios no
ha querido que yo sea de esa suerte burlado, pues dícese de Él que es suprema
bondad. Sin embargo, si repugnarse a su bondad el haberme hecho de tal modo
que me equivoque siempre, también parecería contrario a esa bondad el permitir
que me equivoque alguna vez, no obstante lo cual no es dudoso que lo ha permitido.
A esto dirán quizá algunos, que prefieren negar la existencia de tan poderoso Dios,
que creer que todas las demás cosas son inciertas. Mas por el momento no les
opongamos nada y hagamos, en su obsequio, la suposición de que todo cuanto se
ha dicho aquí de un Dios es pura fábula; sin embargo, cualquiera que sea la manera
en que supongan haber yo llegado al estado y ser que tengo, atribúyanla a algún
destino o fatalidad, refiéranla al azar o explíquenla por una continua consecuencia
y enlace de las cosas o de cualquiera otra suerte, puesto que errar y equivocarse
es una imperfección, cuanto menos poderoso sea el autor que asignen a mi origen,
tanto más probable será el que yo sea tan imperfecto que siempre me engañe. A
estas razones nada tengo, ciertamente, que oponer; pero, en suma, heme aquí
obligado a confesar que todo cuanto yo creía antes verdadero, puede, en cierto
modo ser puesto en duda y no por consideración o ligereza, sino por muy fuertes
razones, consideradas con suma atención; de ser suerte que, en adelante, si he de
hallar algo cierto y seguro en las ciencias, deberé abstenerme de darle crédito, con
tanto cuidado como si fuera manifiestamente falso.
Mas no basta haber hecho las anteriores advertencias; he de cuidar, además de
recordarlas siempre; que esas viejas y ordinarias opiniones tornan a menudo a
ocupar mi pensamiento, pues el trato familiar y continuado, que han tenido conmigo,
les da derecho a penetrar en mi espíritu sin mi permiso y casi adueñarse de mi
creencia; y nunca perderé la costumbre de inclinarse ante ellas y entregarles mi
confianza, mientras las considere como efectivamente son, a saber: dudosas en
cierto modo, como acabo de mostrar, pero muy probables, sin embargo, de suerte
que más razón hoy para creer en ellas que para negarlas. Por todo lo cual, pienso
que no será mal que, adoptando de intento un sentir contrario, e engañe a mi mismo
y finja por algún tiempo que todas las opiniones esas son enteramente faltas e
imaginarias; hasta que por fin habiendo equilibrado tan exactamente mis antiguos y
nuevos prejuicios, que no pueda inclinarse mi opinión de un lado ni de otro, no sea
mi juicio en adelante presa de los malos usos y no se aparte del camino recto que
pueda conducirle al conocimiento de la verdad. Pues estoy bien seguro de que,
mientras tanto, no puede haber peligro ni error en ese camino, y de que no será
nunca demasiada la desconfianza que hoy demuestro, pues no se trata ahora de la
acción, sino solo de la meditación y el conocimiento.

Supondré, pues, no que Dios, que es la bondad suma y la fuente suprema de la


verdad, me engaña, sino que cierto genio o espíritu maligno, no menos astuto y
burlador que poderoso, ha puesto su industria toda en engañarme; pensare que el
cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todas las demás cosas
exteriores no son sino ilusiones y engaños de que hace uso, como cebos, para
captar mi credulidad; me considerare a mi mismo como sin manos, sin ojos, sin
carne, sin sangre; creeré que sin tener sentidos, doy falsamente crédito a todas
esas cosas; permaneceré obstinadamente adicto a ese pensamiento y, si por tales
medios no llego a poder conocer una verdad, por lo menos en mi mano está el
suspender mi juicio. Por el cual, con gran cuidado procuraré no dar crédito a ninguna
falsedad, y preparare mi ingenio tan bien contra las astucias de ese gran burlador,
que, por muy poderoso y astuto que sea, nunca podrá imponerme nada.

Mas este designio es penoso y laborioso, y cierta dejadez me arrastra


insensiblemente al curso de mi vida ordinaria; y como un esclavo que sueña que
está gozando de una libertad imaginaria, al empezar a sospechar que su libertad es
un sueño, teme al despertar y conspira con esas gratas ilusiones para seguir siendo
más tiempo engañado, así yo vuelvo insensiblemente a caer en mis antiguas
opiniones y temo el despertar de esta somnolencia, por miedo de que las laboriosas
vigilias que habían de suceder a la tranquilidad de mi reposo, en lugar de darme
alguna vez en el conocimiento de la verdad, no sean bastantes a aclarar todas las
tinieblas de las dificultades que acabo de remover.

ACTIVIDADES.
1. Según la lectura, ¿en qué consiste la duda metódica?
2. ¿Qué es lo que Descarte comenta, sobre su niñez, en la lectura?
3. ¿Qué es lo que teme Descartes, al despertar de un sueño?
4. De acuerdo a la lectura, ¡Descartes cree en Dios? ¿Por qué?
5. Confeccionar un vocabulario de 10 palabras y definirlas con un diccionario de
filosofía.
6. Elabora un resumen de 10 renglones de la lectura.

SEMANA 3 y 4

HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

ARISTÓTELES, KANT Y HEGEL FRENTE A LA HISTORIA DE LA FILOSFÍA


Aristóteles y su pensamiento filosófico:

 Este ilustre filósofo, que fue considerado por Marx como el más grande pensador de la
antigüedad, fue contrario a las ideas de su maestro, Platón.
 Solía decir: Soy muy amigo de Platón, pero más amigo soy de la verdad; pues no hay un mundo
exterior al que vivimos (Platón como sabemos defendía la existencia de dos mundos); sólo hay
un mundo en el que nos movemos. Esto constituye el llamado realismo aristotélico.
 Planteó las ideas del “ser de la cosas” y los principios son: i) potencia (lo que todavía no es), ii)
acto (lo que ya es), iii) esencia (lo que permite diferenciar a un ser de otro ser) y iv) existencia
(lo que reafirma al ser).
 Dividió a las ciencias en: Teóricas (trata sobre el conocimiento desinteresado), Prácticas (cuya
finalidad es la dirección de la conducta) y Técnicas (tratan del ideal de las artes).
 Sostuvo que el hombre era un “animal político” o “animal social” y justificó la esclavitud
señalando que era una necesidad de la sociedad. En su obra La Política. Decía que algunos
hombres nacen para mandar y otros para obedecer.
 Planteó que el fin del hombre era la felicidad. Afirmaba que la mayoría de la gente creía que la
verdadera felicidad lo daban los bienes materiales y las riquezas, están equivocados decía; pues
la verdadera felicidad lo da el conocimiento.
 Sostuvo la teoría de las cuatro causas: Material, Formal, Eficiente y Final. En una estatua la causa
material era de que estaba hecha la estatua; la causa formal es lo que representa la estatua, la
causa eficiente, lo representaba el que hace la estatua y los instrumentos que utiliza; y por
último la cusa final, estaba representada el propósito por el que era hecha la estatua.
 Defendió la teoría del término medio, pues el exceso o el defecto no conducían a nada, sino el
equilibrio, decía. No te acerques mucho al fuego porque te quemas, ni te alejes mucho porque
te enfrías.
 Para Aristóteles el mundo Sublunar o Tierra estaba formado por 4 elementos: aire, agua,
fuego, tierra; y para el mundo astronómico concibió la existencia de un quinto elemento,
el Éter que se caracterizaba por ser perfecto, eterno e incorruptible.
Kant y su pensamiento filosófico:

 En su pensamiento se pueden distinguir claramente tres momentos, etapas o períodos:


Precrítico, Crítico y Postcrítico. El primer momento se caracteriza por una clara influencia de
Leibniz y Wolf (su maestro) y un apego a la Metafísica dogmática; el segundo por su concepción
ecléctica de su Criticismo propiamente dicho y el tercero por el desarrollo de su Metafísica de
las costumbres.
 Con respecto al conocimiento de las cosas decía que no era posible conocer las cosas en sí, sólo
se conocen los fenómenos, las cosas en sí son incognoscibles: vemos las cosas no como ellas
son, sino como somos nosotros.
 Para Kant el elemento ordenador y fundamento de todo es la razón pura.
 Afirmaba que el Universo entero es un artefacto compuesto de materia informe y razón pura.
Tanto la materia como la razón son los elementos básicos, las realidades últimas de las que
están hechas la naturaleza y la sociedad.
 Su ética proclamó el mandato incondicional, al que llamó imperativo categórico; que exige
guiarse por una regla que se convierta en ley universal para todos.
 En estética sostuvo como forma suprema del arte: la poesía, dado que es lo más ideal.
 En su obra crítica de la razón práctica establece el Imperativo Categórico (diré algo más
adelante), o ley moral. Kant, filósofo del siglo XVIII (representante máximo del Criticismo), es
uno de los pensadores más importantes en el campo de la Filosofía y también de la ÉTICA y su
obra, supone un hito divisorio de la historia de la Ética.
 Para él la naturaleza es impersonal y no moral. Por eso hay que buscar el reino de la moral fuera
del reino de la naturaleza. La moral tiene que ser independiente de lo que sucede en el
Universo, porque lo que sucede en el mundo es ajeno a la moral. La moral está llena de
preceptos (imperativos).
Para Kant, hay dos clases de imperativos:

a) Los hipotéticos (son aquellos que dependen siempre de una condición: "si quieres ser buen
ciudadano paga tus impuestos al Estado").

b) Los categóricos (reza así: “obra de tal manera que la máxima de tu voluntad pueda
convertirse en norma de la legislación universal"). Dicho de otra forma: vive de tal manera que
tus actos se conviertan en una ley general para todo; yo entiendo que quiso decir, da ejemplo.
El imperativo categórico (señalo esto para comprenderlo mejor), es el principio kantiano según
el cual todas las reglas de conducta deberían ser universalizables, es decir, aplicable a todas las
personas, como lo afirma Mario Bunge. Aquí no hay condiciones. El imperativo se impone desde
y por sí mismo. La voluntad es la capacidad de legislar universalmente. La voluntad para Kant,
es lo único incondicionalmente bueno. La voluntad es el fin que orienta la vida. El único móvil
de la buena voluntad es el cumplimiento del deber. Las dos propiedades esenciales de la moral
kantiana son, la formalidad y la autonomía. Que la ética kantiana sea formal y no material surge
del mismo imperativo categórico: la forma que tiene el sujeto de actuar. Lo que importa no es
lo que hace, sino cómo lo hace. El que la ética kantiana sea autónoma surge del deber mismo.
El deber, se impone por sí mismo. El sujeto, con su voluntad, se autoimpone el deber; eso hace
que esa moral sea autónoma: no depende de nada exterior a ella.

Decía Kant que el hombre no es un medio sino un fin, por lo tanto es digno de
sí. Sabemos que la dignidad (valor ético fundamental), tiene en el respeto su fundamento;
por lo que todos somos merecedores de respeto por parte de los demás, pero antes
debemos comenzar por respetarnos a nosotros mismos.
Hegel y su pensamiento filosófico:
 El sistema filosófico de Hegel (según sus estudiosos), es el más ambicioso, completo y
complicado de todos los posteriores a Kant y quizá el más grande e interesante. Según Popper,
Kant y Hegel son los dos más grandes filósofos de todos los tiempos.
 Su pensamiento abarca toda la realidad y la realidad, según él, es todo el Universo del ser y el
ser es el pensamiento absoluto. El ser se halla en continuo “devenir”; el “devenir” es la esencia
del ser y constituye una necesidad para su coexistencia.
 El ser hegeliano es cambiante, del ser al no ser o a la nada, es ejercicio dinámico de negaciones
recíprocas entre el: SER, el DEVENIR y la NADA.
 Afirmaba que el motor de todos los cambios es la DIALÉTICA está compuesta por una TRIADA
de: Afirmación (tesis), Negación (antítesis) y Negación de la Negación (síntesis); refiriéndose al
ser decía: la afirmación es el SER; la negación vendría a ser la NADA; y la negación de la negación
sería el DEVENIR.
 Decía que a través del conocimiento se debería llegar a un estado espiritual (esta postura llevó
a Engels amigo de Marx, a sostener de que Hegel escondía su verdadera espiritualidad y creencia
en un ser Superior) y al hacerlo se llega a la esencia de lo que existe en sí mismo. El espíritu
abriga todo el universo, es alimento del pensamiento, el mismo universo es un proceso del
pensamiento, la expresión es una mente universal.
 Hegel señalaba que en la realidad el Espíritu está presente en el Estado, en la Sociedad y en el
individuo. El espíritu del Estado se denomina Espíritu absoluto (por encarnar o representar al
Espíritu Objetivo) y el Espíritu del individuo se denomina Espíritu Subjetivo.
ACTIVIDADES.
1. ¿Quién de los tres filósofos consideras que aportó más al campo de la filosofía? ¿Por qué?
2. ¿Qué es el espíritu absoluto para Hegel?
3. ¿Qué es la realidad para Hegel?
4. ¿Cómo explicar lo dicho por Kant, de que el hombre no es un medio, sino un fin?
5. ¿Qué es el imperativo categórico en Kant?
6. ¿Cómo se explica lo dicho por Kant, de que las cosas son incognoscibles?
7. Según Kant, la belleza, el orden, la realidad, el entorno que nos rodea, está en nosotros o
en las cosas?
8. ¿Compartes lo dicho por Aristóteles, que algunos hombres nacen para mandar y otros
para obedecer? ¿Por qué?

SEMANA 5

FILOSOFÍA PERUANA Y LATINOAMERICANA

1.- La filosofía en el Perú.


Introducción.
La conquista (la invasión diría mejor), vino a significar en el Perú una ruptura de la idiosincrasia
del “Maravilloso Pueblo Inca”, pues trajo como consecuencia una forma de pensamiento en donde
predominó fundamentalmente, la influencia directa del pensador Europeo, contrario a la tradición
del “pueblo indígena”, considerada por el gran historiador Arnold Toynbee, como “una de las seis
culturas más importantes del mundo”.

Existe un impedimento para determinar cuál fue el pensamiento antiguo, en cuanto a


reflexión filosófica; pues no existen fuentes escritas referidas a lo que aconteció antes de la
conquista inclusiva producida la conquista, la Filosofía ha estado ligada, estrechamente, a un
quehacer político.

División histórica.
Siguiendo a Salazar Bondy, Augusto, hacemos una breve reseña de la historia de carácter
filosófico en el Perú.

Periodo de la escolástica.

Este periodo se extiende desde 1550 hasta mediados del siglo XVIII, se refiere a la introducción
y posterior desarrollo en el país de las ideas de los grandes pensadores de la Edad Media y sus
doctrinas difundidas por las órdenes religiosas como: Dominicos, Jesuitas, Mercedarios y
Franciscanos. Sobresalen las ideas de San Agustín, Santo Tomás, Duns Scoto, Francisco Suárez.

Dentro de los representantes de la “Escolástica Peruana” destaca nítidamente: Diego de


Avendaño.

Pensamiento de la ilustración.

Abarca aproximadamente, desde la segunda mitad del siglo XVIII y el primer tercio del siglo XIX.

Esta etapa se caracteriza por la lucha de las corrientes del pensamiento moderno, en particular
el “empirismo” contra el “racionalismo escolástico”. La llegada de ilustres viajeros, permitió el
contacto intelectual con los pensadores peruanos y a su vez, la difusión de las diferentes ramas
del saber. Esto permitió señalar una etapa semejante a la “Época de las luces” en Europa.

Destaca Pedro Peralta y el Obispo Chávez de la Rosa.

El pensamiento romántico.

Este periodo puede situarse entre 1830 y 1880. Se caracteriza esta etapa por el predominio de
los temas políticos, sobre los especulativos.
Discrepancias políticas entre: Monárquicos, Republicanos, Federales, Liberales, Conservadores,
especialmente estos últimos. Es notorio el desplazamiento del sensualismo por el eclecticismo
y el idealismo.

Destaca: Bartolomé Herrera, Benito Lasso, Francisco de Paula Gonzáles Vigil, José María
Quimper, etc.

El positivismo:

Esta etapa comprende desde las últimas décadas del siglo XIX, hasta los principios del siglo XX.
Se nota claramente en esta etapa la influencia del positivismo francés e inglés. Se difunden las
ideas de Augusto Comte, Herbert Spencer.

Entre los representantes peruanos destacan: Gonzáles Prada, Mariano Cornejo, Joaquín
Capelo, Carlos Wiesse, Manuel Vicente Villarán y Javier Prado.

La reacción espiritualista.

Lo característico de este periodo es la lucha contra el positivismo y el intelectualismo, por parte


del espiritualismo. El espiritualismo es una conciliación del pensamiento con la libertad
afirmaba Alejandro Deustua, quien lidera este movimiento. Destacan entre otros: César Miró
Quezada, José de la Riva Agüero.

Asimismo, dentro de este periodo, se puede mencionar aquellos intelectuales que han
destacado desde distintos ángulos: Científicos, Doctrinarios, Históricos, Políticos. Así tenemos
a Luis E. Valcárcel, Raúl Porras Barrenechea, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la
Torre, especialmente este último quien adapta la Teoría Física de Einstein, al campo de la
ciencia social, mediante una doctrina de corte relativista, lo que le permite vigencia hasta hoy
en día, pleno siglo XXI.

La filosofía actual.

Filosofía Contemporánea o del siglo XX en que destacan contados representantes del saber y
la cultura de manera especial Mariano Iberico quien representa, según Salazar Bondy, la
prolongación del vitalismo bergsoniano; Honorio Delgado y su preocupación por la función
axiológica y ontológica de la trascendencia a la que llama idealismo objetivo, todo esto recogido
de su libro “Formación espiritual del individuo”, Julio Chiriboga, quien tuvo gran influencia en
la renovación de la enseñanza filosófica en San Marcos, en donde implantó el sistema de los
seminarios; Carlos Cueto Fernandini, especialista en educación y psicología y en el campo de la
filosofía es clara la orientación por la Fenomenología de Husserl; Luis Felipe Alarco, quien
además de identificarse con el ontologismo crítico de Hartman (desarrollados en la
Universidad), se ha preocupado de los problemas de la Metafísica y la Filosofía de la Educación.
Junto a los nombrados también destacan: Ruso Delgado; Li Carrillo, Miró Quezada, Francisco.;
Peñaloza, Walter; Belaúnde, Víctor Andrés, etc.

Esta denominada Filosofía actual corresponde a la llamada Filosofía Contemporánea, que así
se denomina a la Filosofía que culmina en el siglo XX.

El siglo XXI nos presenta un panorama diferente en cuanto a la Filosofía se refiere por cuanto
ha cobrado gran auge disciplinas filosóficas como la Lógica, la Epistemología, la Ontología, etc.;
además de predominar en el mundo el avance de la Ciencia y su aplicación la Tecnología.

2.- La filosofía en Latinoamérica.


Introducción.

La filosofía latinoamericana presenta similitudes con la filosofía peruana, que hemos


analizado anteriormente. Hemos visto que no hay una filosofía indígena, más bien hay una especie
de trasplante de sentido imitativo a la reflexión, hay una actitud genuflexa de aceptar en forma
irrestricta todo producto teórico importado; así como se nota cierta pobreza, o lo que es mejor,
superficialidad en los planteamientos doctrinarios desarrollados. Esto mismo encontramos al hacer
un estudio de la filosofía latinoamericana; como lo destaca Augusto Salazar Bondy y su ya famoso
libre “¿Existe una filosofía de nuestra América?”. Al respecto comentan algunos intelectuales que
Miró Quesada dijo alguna vez, en América Latina no existen filósofos.

Características de la filosofía latinoamericana

1. Tiene su punto de partida, con la introducción de las corrientes predominantes en la España de


la Época de la Conquista.
2. Es una filosofía imitativa, pues reproduce los moldes europeos, en cuanto a métodos, sistemas,
corrientes. Esto es calificado por algunos estudiosos de carrera paralela entre el pensamiento
filosófico latinoamericano y el europeo.
3. Presente un miso esquela de desarrollo histórico mostrando unidad cultural, a pesar de la
pluralidad de países.
4. Vinculación de la filosofía con determinadas áreas de la actividad cultural, en especial con las
ciencias naturales, la literatura, las ciencias sociales.
Una constante especialización y un haber conciencia de la propia realidad en la cual está
inmersa.

ACTIVIDADES

1. ¿Qué características de la filosofía peruana y latinoamericana, se asemejan?


2. ¿Quién de los filósofos peruanos conoces, cómo los conoces? Explica brevemente.
3. En la llamada filosofía actual, en el Perú, ¿qué escuelas del exterior, son seguidas por
los llamados filósofos peruanos?
4. ¿Qué caracterizó al periodo espiritualista?
5. ¿Por qué se afirma que la filosofía latinoamericana es una filosofía imitativa?
6. Con ayuda de un diccionario explica el sensualismo, el eclecticismo y el idealismo
que caracterizó al pensamiento romántico.
7. Con ayuda de algunos textos como analizas lo dicho por Miró Quesada, en América
Latina no existen filósofos.
8. Según la lectura, ¿estás de acuerdo con que el periodo de la ilustración, en el Perú,
es semejante a la “época de las luces” de Europa?

SEMANA 6

EL PROBLEMA DE LOS ENTES


ADAPTADO DE CARLOS BARRIGA HERNÁNDEZ

A.- Introducción:

Todo conocimiento de la naturaleza que fuere se refiere a algo (ente). En


virtud a tal referencia los entes devienen en lo que llamamos objetos. Los entes
pertenecen al mundo óntico. Debemos saber que cada ente, tiene un ser; y el ser
es lo que hace, que el ente sea lo que es. Si los entes pertenecen al mundo óntico;
el ser pertenece al mundo ontológico.

Desde las primeras reflexiones se ha discutido la naturaleza de tales objetos:


¿Qué clase de cosas constituyen todo cuanto hay y que devienen en objetos
de nuestros actos cognoscitivos? PLATÓN fue uno de los primeros en pensar
sobre este asunto y concluyó que lo que auténticamente es, son las ideas y no las
cosas materiales. Es más, las cosas materiales se explican por las ideas y n o al
revés. Aquí tenemos expuesta una concepción de todo cuanto hay que lo divide en
dos mundos. Sobre esta ontología Platón crea una gnoseología, que en última
instancia sigue a la de Parménides, según la cual hay dos vías para conocer: la
razón para conocer las ideas y la percepción para conocer los entes materiales.
Aquí tenemos un ejemplo de cómo la ontología va unida a la gnoseología.

Sobre Platón seguiremos hablando más adelante. Ahora lo que necesitamos


es un cuadro clasificatorio del tipo de objeto materia de nuestro conocimiento.
Ciertamente lo que diremos, como cualquier otra cuestión filosófica, es bastante
discutida y discutible. Empero, a riesgo de cualquier cuestionamiento
reconoceremos los siguientes tipos de entes que constituyen objetos de nuestro
conocimiento: a) reales o materiales; b) ideales o abstractos; c) irreales; d) virtuales
(los últimos a partir de las invenciones a través de la computadora).

B.- LOS ENTES U OBJETOS REALES

Un ente o un objeto real es aquel caracterizado por el cambio, el espacio-tiempo, la


individualidad y el ser en sí.

1.- EL CAMBIO O MOVIMIENTO:

Uno de los primeros en reflexionar sobre el movimiento fue ARISTÓTELES.


Cuando el gran pensador griego, hablaba de movimiento lo hacia refiriéndose a
cuatro clases de movimiento: 1) el movimiento local, es decir, el cambio de lugar; 2)
el movimiento cuantitativo, es decir, el aumento o la disminución; 3) el movimiento
cualitativo o alteración y 4) el movimiento sustancial, es decir, la generación y la
corrupción. Todos los entes materiales se encuentran sujetos al cambio
permanente. Los primeros pensadores dieron cuenta de la universalidad del
cambio. Así HERÁCLITO, el filósofo del cambio afirmó que todo cambia, todo fluye,
nada permanece constante, “nadie puede bañarse dos veces en las mismas aguas
de un río”, dice HERÁCLITO, pues sus aguas al fluir no son siempre las mismas.
Frente a Heráclito se encuentra PARMÉNIDES, el filósofo de lo permanente y del
cambio como ilusión engañosa de los sentidos. Parménides considera que el
cambio es imposible, pues indica el paso del ser al no ser. Pero sucede que el no
ser, según Parménides, no existe porque no puede pensarse en él sin atribuirle
alguna propiedad que lo hace ser.

Empero: ¿Cómo se concilia la idea del cambio con el hecho de que


existen cosas que permanecen siendo las mismas a lo largo del tiempo? Por
ejemplo, las PIRÁMIDES DE EGIPTO siguen siendo las mismas a lo largo de
los siglos En éste y otros casos semejantes, lo que ocurre es que, como los
cambios son perceptibles para nosotros solo a nivel macrofísico, no nos
percatamos de los cambios a nivel microfísico que se dan constantemente, sea
cual sea el fenómeno de que se trate, desde una partícula atómica cuya “vida” es
infinitamente pequeña, hasta la estrella más longeva, todos cambian y en algún
momento desaparecen. Lo que llamamos “permanente” es entonces relativo.
Precisamente lo que llamamos una “cosa”, es una conjunción relativamente
constante de propiedades en el flujo cambiante de la realidad. Esta permanencia
relativa es lo que hace posible que se pueda hablar de algo como “siendo lo mismo”
a lo largo del fluir del cambio.

La ciencia contemporánea le ha dado la razón a HERÁCLITO. El cambio se


considera una propiedad presente en todo nivel y tipo de entes materiales. Así, se
habla a nivel orgánico, de formas de movimiento como el desplazamiento espacial,
cambios electromagnéticos, interacciones gravitatorias, movimientos atómicos-
moleculares (calor, cristalización, etc.), a nivel orgánico, del metabolismo, el acto
reflejo, etc. A nivel social de una revolución, la modificación en las costumbres y en
la moda, etc.

El cambio constante de la materia; ¿implica el caos?, NO. La idea del


cambio constante es compatible con la idea de un orden regular en el
comportamiento de las cosas. Heráclito pone al fuego como ejemplo de lo que es el
cambio permanente, dice que el fuego se enciende y se apaga según medida,
con lo cual sostiene que el cambio no es arbitrario. El orden subyacente en el cambio
es captado sólo por el logos o la razón. En la realidad no sólo subyace un orden
inmanente, sino que éste es cognoscible por el hombre a través de la razón. De
este modo se afirman dos tesis básicas que constituyen dos supuestos de todo
pensar: el principio ontológico según el cual existe un orden regular subyacente
en el acontecer de los hechos y el principio gnoseológico, según el cual el orden
subyacente es cognoscible por el hombre.
2.- EL ESPACIO-TIEMPO

Estas son dos propiedades características de los entes materiales. Dado un


ente material es posible señalar sus coordenadas espacio-temporales. Por esta
propiedad los entes materiales son, en principio, perceptibles por los sentidos. En
la FÍSICA CLÁSICA que culmina con NEWTON, el espacio y el tiempo son dos
realidades absolutas e independientes entre sí. Con EINSTEIN el espacio y el
tiempo se conciben como formando una sola realidad que se llama el continuo
ESPACIO-TIEMPO, y es relativo, pues cambia con el sistema de REFERENCIA.

Es necesario precisar que los fenómenos psíquicos siendo reales no son


espaciales, pero sí se encuentran sujetos a la temporalidad. Duran pero no ocupan
un espacio, por eso no son perceptibles.

3.- LA INDIVIDUALIDAD

Es decir el carácter singular de los hechos. Cada uno de ellos tiene su propia
y singular existencia, la que no se confunde con la existencia del otro.

4.- EL SER EN SÍ

Esto es que los entes materiales existen independientemente del


conocimiento de los sujetos. Los hombres pueden conocerlos o no, sin que esto
afecte su existencia. Este es otro supuesto ontológico fundamental; el principio
según el cual las cosas materiales no son creaciones mentales del sujeto. Esta es
la posición sostenida por el REALISMO.

La posición inversa es el IDEALISMO, que incluso puede llegar al


SOLIPSISMO (sólo yo existo). Con el desarrollo del paradigma constructivista el
realismo ha sido puesto en cuestión nuevamente en la epistemología, como se verá
más adelante.

5.- MANIFESTACIONES DE LOS ENTES REALES

Los entes reales se manifiestan ante el sujeto de diferentes maneras:

a) Como hechos o cosas, cuando estamos frente a un conjunto relativamente


constante de propiedades. Por ejemplo: una casa, una montaña, un trozo de
metal, etc. Las propiedades pueden pertenecer a los hechos de dos
maneras: De manera accidental cuando le pueden pertenecer o no, sin que
los hechos dejen de ser, lo que son. De manera esencial cuando su ausencia
hace que el hecho deje de ser lo que es. Por ejemplo el pensamiento racional
se considera una propiedad esencial del ser humano; en cambio, el color de
su piel, nacionalidad o grado de instrucción son accidentales.
b) Como acaecimientos, sucesos, acontecimientos, etc. Mario Bunge los define
como “cualquier cosa que tiene lugar en el espacio-tiempo y que por alguna
razón, se considera en algún aspecto como una unidad, además cubre un
lapso breve”. Son ejemplos de acaecimientos, un relámpago de luz o la
ocurrencia de una idea.
c) Como procesos, es decir, como una secuencia dinámica de acaecimientos.
Por ejemplo realizar un viaje, con toda la secuencia de acontecimientos,
desde el levantarse hasta la llegada a nuestro destino.

C.- LOS ENTES U OBJETOS IDEALES O ABSTRACTOS

¿Existen otros entes, además de los entes reales?. Algunos piensan que sí.
Entre ellos y en primera fila, PLATÓN, para quien existirían, con una existencia
incluso superior a los entes reales o concretos: las ideas. Las ideas, según Platón
existen objetivamente, en sí, independientemente del sujeto cognoscente. Frente a
la fugacidad de las cosas reales, Platón considera que detrás de ellas, por decirlo
así, existe lo permanente, lo eterno, lo que no cambia. Los sentidos nos presentan
a las cosas como carenciales, aproximadamente a algo distinto a ellas. Una hoja de
papel, por ejemplo, no llega a ser completamente blanca o plenamente rectangular.
En consecuencia, según Platón, tienen que existir lo plenamente blanco o lo
plenamente rectangular, vale decir la idea de lo blanco y la idea de lo rectangular.
Las cosas como que sugieren la existencia de lo ideal.

Existe pues, una clase distinta de entes, que Platón denomina ideas y que
expresan no sólo, la esencia de las cosas, sino su perfección, su acabamiento
pleno. Por eso, las cosas reales tienden hacia a las ideas, las que se constituyen en
sus modelos o arquetipos.

Los llamados entes ideales, según los partidarios de su existencia, e caracterizan


por lo siguiente:

 No son espacio-temporales, no ocupan un lugar en el espacio, ni transcurren


en el tiempo. De tal modo que no son perceptibles por los sentidos. Por
ejemplo, la idea de TRIÁNGULO, no puede verse, ni tocarse. Pero cuidado,
lo que puede verse y tocarse son algunas representaciones materiales de la
idea de triángulo (un triángulo de metal o de cartón), pero no la idea misma
de triángulo.
 No cambian, no sufren alteraciones. Por ejemplo la idea de 2+2 = 4, no se
modifica, siempre será la misma.
 Son generales, son algo común a diversos objetos. Por ejemplo, la idea de 2
es un ente general que puede encontrarse contenido en diversos objetos (2
meses, 2 lapiceros, 2 personas, etc.).
 El ser en sí, existe en forma independiente del sujeto cognoscente. No son,
por lo tanto, creaciones mentales del sujeto. Si ya el ser en sí de los objetos
reales se ha puesto en cuestión, con mayor razón se ha cuestionado que se
afirmen que los entes ideales existen independientemente del sujeto, en un
misterioso lugar llamado la “región celeste”, por Platón.
En la concepción platónica se añade a los entes ideales el carácter perfecto
de las ideas frente a los entes reales, constituyéndose en arquetipo de las cosas
reales.

Hay, en la actualidad, los que admiten la existencia de los entes ideales y usan
la palabra ideal en un sentido distinto al uso platónico. Los entes ideales tienen
en común con las ideas platónicas la inespacialidad, la intemporalidad, la
permanencia, la generalidad y el ser en sí. Pero no se las entiende como
arquetipo de las cosas, no son lo perfecto frente a lo imperfecto. En esto los
entes ideales se distinguen de las ideas platónicas. En la actualidad a los entes
ideales se les llama “objetos abstractos”.

Como casos célebres de entes ideales se cuentan a los entes matemáticos


y las esencias lógicas. La matemática y la lógica tendrían como objeto de
estudio estos supuestos entes ideales. Un argumento, considerado fuerte
respecto del estatus sui géneris de los entes ideales viene dado del hecho de
que los enunciados acerca de ellos tienen un carácter necesario (es decir,
invariable) y una validez a priori (es decir, antes de la experiencia). En efecto
enunciados como por ejemplo: A = A

2+2 = 4; la suma de los ángulos internos de un triángulo suman 180, etc.


tienen una validez que se determina sin necesidad de confrontarla con los
hechos del mundo y son necesariamente (invariablemente), verdaderos, es
decir, su negación lleva a contradicción.

En cambio, enunciados como “la Luna es un satélite de la Tierra”, “los


hombres son mortales”, “el azúcar es dulce”, etc. son todos ellos contingentes
(cambian o pueden cambiar), porque su negación no lleva a ninguna
contradicción y su verdad se determina sólo luego de una confrontación con los
hechos del mundo. Debemos advertir que cuando, con respecto a los
enunciados de validez a priori, decimos que no es necesario una confrontación
con los hechos del mundo, no implica que no se les pueda confrontar con los
hechos. Sólo se dice que esta operación es innecesaria para la determinación
de su verdad, pues, para ello basta un análisis del significado de los términos, y
en otros casos, de su estructura lógica.
Los teoremas de la geometría de EUCLIDES, concuerdan con el espacio en
el que vivimos. Los teoremas de las geometrías no euclidianas , que en un
principio no tenían referente espacial, se encontró que en el caso de la geometría
de RIEMAN es la esfera; y en el caso de LOBACHEVSKY es un espacio como
el que determina una silla de montar.

D.- LOS ENTES IRREALES

Algunos filósofos, por ejemplo NICOLAI HARTMAN, nos hablan de un tercer


tipo de entes: los entes irreales. Los entes irreales son producto de la
imaginación. Por ejemplo: el centauro, una sirena, el Quijote, Tarzán,
caperucita roja, etc. Obviamente no tienen existencia en sí, aunque algunos de
ellos trasciendan la existencia individual y perduren a lo largo del tiempo. Son
también objetos de nuestro conocimiento, nos referimos a ellos atribuyéndoles
o negándoles propiedades.

E.- LOS ENTES VIRTUALES

El espectacular desarrollo logrado por las computadoras ha dado lugar a lo


que se suele llamar “la realidad virtual”. Mediante las computadoras se ha
podido crear, en pantalla, entidades construidas por el hombre, no como
producto de su imaginación sino de programas (software), que simulan la
realidad. Estas entidades que llamamos entes virtuales, están pero no son. No
tienen existencia independiente del hombre, pero no sólo “están” entre nosotros
a través de la pantalla del computador sino que podemos interactuar con ellos.

Debo señalar, que el autor al referirse a los entes, no considera los entes u
objetos valores, como por ejemplo: la justicia, la solidaridad, la dignidad, etc. que
como bien afirma MAX SCHELER se captan por “intuición emocional”. Como
sabemos los valores son entes abstractos que valen por sí mismos y que hacen
valer a quien participe de ellos.

ACTIVIDADES.

1. La proposición: “Los ángulos internos de un triángulo suman 180º”, se


refiere a los entes:
A Virtuales B Concretos C Abstractos D Irreales E Valores
2. El concepto de “ser en sí”, significa que el ente existe:

A Independientemente del sujeto


B Dependiente del sujeto
C Condicionalmente a todo ente
D Indiferente al sujeto
3. En Aristóteles, el cambio de lugar, corresponde al movimiento:
A Sustancial B Cualitativo C Local D Cuantitativo E Ninguno
4. El orden subyacente, en el cambio, sólo es captado por:
A La razón B Los sentidos C El fuego D El logos E A y D
5. La tesis según la cual la realidad está compuesta de entidades
materiales, que se mueven por acción de fuerzas determinadas, se
denomina:
A Causalismo B Emergentismo C Mecanicismo D Holismo
7. Elabore un cuadro comparativo de los diferentes entes.

8. Elabore un vocabulario, mínimo de 20 palabras, que le son desconocidas.

SEMANA 7

LAS CINCO VIAS PARA DEMOSTRAR

LA EXISTENCIA DE DIOS
Santo Tomás de Aquino
Dificultades.

Parece que Dios no existe.

1. Si de dos contrarios supones que uno sea infinito, éste anula totalmente su
opuesto. Ahora bien, el nombre o término Dios significa precisamente un bien
infinito. Si, pues, hubiese Dios, no habría mal alguno. Pero hallamos que en el
mundo hay mal. Luego Dios no existe.

2. Lo que pueden realizar pocos principios, no lo hacen muchos. Pues en el


supuesto de que Dios no exista, pueden otros principios realizar cuanto vemos en
el mundo, pues las cosas naturales se reducen a su principio, que es la naturaleza,
y las libres, al suyo, que es el entendimiento y la voluntad humana. Por consiguiente,
no hay necesidad de recurrir que haya Dios.

Por otra parte, en el libro del Éxodo dice Dios de sí mismo: YO SOY EL QUE SOY.

Respuesta.

Pero la existencia de Dios se puede demostrar por cinco vías.

1ª. La primera vía se funda en el movimiento.

Es innegable, y consta por el testimonio de los sentidos, que en el mundo hay cosas
que se mueven. Pues bien, todo lo que se mueve es movido por otro, ya que nada
se mueve más que en cuanto está en potencia respecto a aquello para lo que se
mueve. En cambio, mover requiere estar en acto, ya que mover no es otra cosa que
hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que
está en acto, a la manera como lo caliente en acto, v.gr. (*), el fuego, hace que un
leño, que está caliente en potencia, pase a estar caliente en acto. Ahora bien, no es
posible que una misma cosa esté, a la vez, en acto y en potencia respecto a lo
mismo, sino respecto a cosas diversas: lo que, v.gr., es caliente en acto, no puede
ser caliente en potencia, sino que en potencia es, a la vez frío. Es, pues, imposible
que una cosa sea por lo mismo y de la misma manera motor y móvil, como también
lo es que se mueva a sí misma. Por consiguiente, es necesario llegar a un primer
motor que no sea movido por nadie, y éste es el que todos entienden por Dios.

2ª. La segunda vía se basa en la causalidad eficiente.

Hallamos que en este mundo de lo sensible hay una orden determinada entre las
causas eficientes; pero no hallamos que cosa alguna sea su propia causa, pues en
tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible. Ahora bien, tampoco
se puede prolongar indefinidamente la serie de las causas eficientes, porque
siempre hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia,
sea una o muchas, y ésta, de la última; y puesto que, suprimida una causa, se
suprime su efecto, si no existiese una que sea la primera, tampoco existiría la
intermedia ni la última. Si, pues, se prolongase indefinidamente la serie de causas
eficientes, no habría causa eficiente primera y, por tanto, ni efecto último ni causa
eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que
exista una causa eficiente primera, a la que todos llaman Dios.

3ª. La tercera vía considera el ser posible, o contingente, y el necesario, y


puede formularse así.

Hallamos en la naturaleza cosas que pueden existir o no existir, pues vemos seres
que se producen y seres que se destruyen, y, por lo tanto, hay posibilidad de que
existan y de que no existan. Ahora bien, es imposible que los seres de tal condición
hayan existido siempre, ya que lo que tiene posibilidad de no ser hubo un tiempo en
que no fue. Si, pues, todas las cosas tienen la posibilidad de no ser, hubo un tiempo
en que ninguna existía. Pero, si esto es verdad, tampoco debiera existir ahora cosa
alguna, porque lo que no existe, y, por lo tanto, si nada existía, fue imposible que
empezase a existir cosa alguna, y, en consecuencia, ahora no habría nada, cosa
evidentemente falta. Por consiguiente, no todos los seres son posibles o
contingentes, sino que entre ellos, forzosamente, ha de haber alguno que sea
necesario. Pero el ser necesario o tiene la razón de su necesidad en sí mismo o no
la tiene. Si su necesidad depende de otro, como no es posible, según hemos visto
al tratar de las causas eficientes, aceptar una serie indefinida de cosas necesarias,
es forzoso que exista algo que sea necesario por sí mismo y que no tenga fuera de
sí la causa de su necesidad, sino que sea la causa de la necesidad de los demás,
a lo cual todos llaman Dios.

4ª. La cuarta vía considera los grados de perfección que hay en los seres.

Vemos en los seres que unos son más o menos buenos, verdaderos y nobles que
otros, y lo mismo sucede con las diversas cualidades. Pero el más y el menos se
atribuyen a las cosas según su diversa proximidad a lo máximo, y por esto se dice
lo más caliente de lo que más se aproxima al máximo calor. Por tanto, ha de existir
algo que sea verísimo, nobilísimo y óptimo, y por ello ente o ser supremo; pues,
como dice el Filósofo, lo que es verdad máxima es máxima entidad, ahora bien, lo
máximo en cualquier género es causa de todo lo que en aquel género existe, y así
el fuego, que tienen el máximo calor, es causa del calor de todo lo caliente, según
dice Aristóteles. Existe, por consiguiente, algo que es para todas las cosas causa
de su ser, de su bondad y de todas sus perfecciones, y a eso llamamos Dios.

5ª. La quinta vía se toma del gobierno del mundo.


Vemos, en efecto, que cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos
naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi
siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene; por
donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino intencionadamente.
Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin di no lo dirige a alguien
que atienda y conozca, a la manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe
un ser inteligente que dirige todas als cosas naturales a su fin, y a éste llamamos
Dios.

Soluciones -

1. Dice San Agustín que siendo Dios el Bien Supremo, de ningún modo
permitiría que hubiese en sus obras mal alguno si no fuese tan omnipotente y
bueno que del mal sacase bien. Luego pertenece a la infinita bondad de Dios
permitir los males para de ellos obtener bienes.

2. Como la naturaleza obra para conseguir un fin en virtud de la dirección de algún


agente superior, en lo mismo que hace la naturaleza interviene Dios como primera
causa. Asimismo, lo que se hace deliberadamente, es preciso reducirlo a una causa
superior al entendimiento y voluntad humanos, porque éstos son mudables y
contingentes, y lo mudable y contingente tiene su razón de ser en lo que de suyo es
inmóvil y necesario, según hemos dicho.

(* Verbigracia = ejemplo).

ACTIVIDADES.
1. ¿Estás de acuerdo de que DIOS es tan bueno que nos muestra lo malo para
que no lo hagamos? ¿Por qué?
2. ¿Cuál de las 5 vías, según tu criterio, demuestra mejor la existencia de Dios?
¿Por qué?
3. Según la lectura ¿Qué significa, posible, contingente y necesario? Explica
brevemente.
4. De acurdo a la lectura, ¿cuál es el primer motor que no es movido por nadie?
Explica brevemente.

SEMANA 9

LA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO DESDE EL PUNTO DE VISTA KANTIANO

Manuel Kant

El conocimiento trascendental
El SER no es real sino trascendental; INMANENTE es lo que permanece en algo;
TRASCENDENTE es lo que excede o trasciende de algo.

Para Kant el conocimiento no se puede explicar, sólo por la interpretación del SER,
es necesario hacer una teoría trascendental del conocimiento y este conocimiento
será el puente entre el YO y las COSAS.

Si el conocimiento fuera trascendente, conocería cosas externas. Si fuese


inmanente, sólo conocería ideas, lo que hay en mí. Pero es trascendental; conoce
los fenómenos, es decir, las cosas en mí. Aquí surge la distinción kantiana entre el
fenómeno y la cosa en sí.

Las cosas en sí son inaccesibles, no puedo conocerlas, porque en cuanto las


conozco ya están en mí, afectadas por mi subjetividad; las cosas en sí
(NOÚMENOS), no son espaciales ni temporales, y, a mí no se me puede dar nada
fuera del espacio y del tiempo. Las cosas tal como a mí se me manifiestan, como
me aparecen, son los FENÓMENOS.

La razón pura

Kant distingue tres modos de saber: la sensibilidad, el entendimiento discursivo y la


razón. A la razón Kant le añade el adjetivo PURA. Razón pura es la que se mueve
sobre principios a priori, independientemente de la EXPERIENCIA. Puro quiere
decir, en Kant, A PRIORI.

Los títulos de Kant pueden inducir a error. Kant titula uno de sus libros CRÍTICA DE
LA RAZÓN PURA y el otro CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA. Parece que
práctica se opone a pura, no es así. La razón práctica es también pura y se opone
a la razón pura especulativa (o teórica) y razón pura práctica. Pero como Kant
estudia en la primera Crítica las condiciones generales de la razón pura y en la
segunda la dimensión práctica de la misma razón, escribe abreviadamente los
títulos.

Los juicios

El conocimiento puede ser A PRIORI o A POSTERIORI. El primero es el que no


funda su validez en la experiencia; el segundo es el que se deriva de ella. Este
último no puede ser universal, ni necesario; por tanto la ciencia requiere un saber a
priori, que no esté limitado por las contingencias de la experiencia aquí y ahora.

Kant encuentra varios tipos de conocimiento a priori: la matemática, la física, la


metafísica tradicional que pretende conocer sus tres objetos, el hombre, el mundo
y Dios. Estos objetos están fuera de la experiencia, porque son “síntesis infinitas”.
No puedo tener una intuición del mundo, por ejemplo, porque estoy en él, no se me
da como una cosa. Pero Kant se pregunta si es posible la metafísica; encuentra que
las otras ciencias (matemática y física) van por su seguro camino; parece que la
metafísica no. Y se plantea sus tres problemas capitales: ¿Cómo es posible la
matemática? (Estética trascendental); ¿Cómo es posible la física pura?
(Analítica trascendental); ¿Es posible la metafísica? (Dialéctica trascendental).
Repárese en la diferente forma de la pregunta, que en el tercer caso no supone la
posibilidad. (Estética no se refiere a lo bello, sino a la sensibilidad, en su sentido
griego de aisthesis).

La verdad y el conocimiento, por tanto, se dan en los juicios. Una ciencia es un


complejo sistemático de juicios. Kant tiene que hacer, ante todo, una teoría lógica
del juicio.

Juicios analíticos y juicios sintéticos

Los juicios analíticos son aquellos cuyo predicado está contenido en el concepto de
sujeto. Ej. LA ESFERA ES REDONDA.

Los juicios sintéticos son aquellos cuyo predicado no está incluido en el concepto
de sujeto, sino se añade a él. Ej. LA MESA ES DE MADERA.

Los juicios analíticos explicitan el concepto del sujeto, los sintéticos lo amplían.
Estos, por tanto, aumentan mi saber y son los que tienen valor para la ciencia.

ACTIVIDADES.

1. Con ayuda de un diccionario de filosofía, define que es el ser.


2. Desde tu perspectiva que diferencia a los juicios analíticos, de los juicios
sintéticos.
3. Cuál es la diferencia, esencial, entre el conocimiento A PRIORI y A
POSTERIORI.
4. Qué diferencia a lo inmanente de lo trascendente.
5. Qué es el noúmeno y qué es el fenómeno en Kant.

SEMANA 10 y 11

GRANDEZA Y MISERIA DEL HOMBRE

Blaise Pascal
Vuelto a sí mismo, considere el hombre lo que es él a costa de lo que es;
considérese perdido en este cantón apartado de la naturaleza; y desde esta célula
en que se halla alojado, me refiero al universo, aprenda a estimar la tierra, los reinos;
las ciudades y a estimarse a sí mismo en su justo precio. ¿Qué es un hombre en el
infinito?

Pero, para presentarle otro prodigio igualmente sorprendente, que busque dentro
de lo que conoce las cosas más delicadas. Que un Cirón le ofrezca en la pequeñez
de su cuerpo partes incomparables menores, piernas con articulaciones, venas en
sus piernas, sangre en sus venas, humores en esta sangre, gotas en estos
humores, vapores en estas gotas, que dividiendo todavía estas últimas cosas, agote
sus fuerzas en estas concepciones y que el último objeto a que pueda llegar sea
ahora de nuestro discurso; pensará tal vez que es ésta la extrema pequeñez de la
naturaleza, en el recinto de este compendio de átomos. Que vea en él una infinidad
de universos, cada uno con su firmamento, sus planetas, su tierra, en la misma
proporción que en el mundo visible, en esta tierra, animales y finalmente cirones, en
los cuales encontrará lo que han dado los anteriores; y al encontrar todavía en los
otros la misma cosa sin fin y sin reposo, que se pierda en estas maravillas, tan
pasmosas en su pequeñez como lo son las otras por su extensión; porque ¿quién
no se admirará de que nuestro cuerpo, que antes no era perceptible en el universo,
imperceptible en el seno de todo, sea ahora un coloso, un mundo o más bien un
todo respecto de esa nada a que no se puede llegar?

Quien se considere de esta suerte se aterrará en sí mismo, y considerándose


sostenido en la masa que la naturaleza le ha otorgado, entre estos dos abismos del
infinito y de la nada, temblará ante la visión de estas maravillas; y creo que
tornándose su curiosidad de admiración estará más dispuesto a contemplarlas en
silencio que a investigarlas con presunción.

Porque, finalmente, ¿qué es el hombre en la naturaleza? Una nada frente al infinito,


un todo frente a la nada, un medio entre la nada y todo, infinitamente alejado de
comprender los extremos, el fin de las cosas y su principio le están invenciblemente
ocultos en un secreto impenetrable, igualmente incapaz de ver la nada de donde ha
sido sacado y el infinito en que se haya sumido.

¿Qué hará, pues, sino barruntar alguna apariencia del medio de las cosas, en una
eterna desesperación por no conocer ni su principio ni su fin? Todas las cosas han
salido de la nada y van llevadas hasta el infinito ¿Quién podrá seguir estas
sorprendentes andanzas? El autor de estas maravillas las comprende. Ningún otro
puede hacerlo.
He aquí nuestro verdadero estado; es lo que nos hace incapaces de saber
ciertamente y de ignorar absolutamente. Avanzamos en un vasto medio, siempre
incierto y flotante, empujados de un extremo al otro. Si damos con un término a que
pensamos vincularnos y en que pensamos afianzarnos, tambalea y nos abandona;
y si lo seguimos, se nos escapa de las manos, se desliza y nos huye con una fuga
eterna. Nada se detiene por nosotros. Es el estado que nos es natural, y, sin
embargo, el más contrario de nuestra inclinación; ardemos en deseos de encontrar
una sede firme y una última base constante para edificar sobre ella una torre que
se alce hasta el infinito, pero todos nuestros cimientos se quiebran y la tierra se abre
hasta los abismos.

No busquemos, pues, punto de seguridad y de firmeza. Nuestra razón se ve siempre


decepcionada por la inconstancia de las apariencias; nada puede fijar lo finito entre
los dos infinitos que lo envuelven y le huyen.

Una vez bien comprendido esto, creo que cada cual quedará tranquilo en el estado
en que la naturaleza le ha colocado. Estando este medio que nos ha sido legado en
herencia siempre distante de los extremos, ¿qué importa que el hombre tenga un
poco más de inteligencia de las cosas? Si la tienen, toma a aquellas desde un poco
más arriba. ¿No se halla siempre infinitamente alejado del término y la duración de
nuestra vida no es igualmente ínfima en la eternidad, aunque dure diez años más?

Ante la visión de estos infinitos, todos los finitos son iguales; y no veo por qué
asentar su imaginación en uno más bien que en otro. Nos apena la sola
comparación que establecemos entre nosotros y lo finito.

Si el hombre se estudiase primero a sí mismo, vería lo incapaz que es de seguir


adelante. ¿Cómo es posible que una parte conozca el todo? Pero aspirará, tal vez,
a conocer por lo menos las partes con las cuales guarda proporción. Pero las partes
del mundo guardan entre sí una relegación tal y una tal concatenación las unas con
las otras, que creo imposible conocer la una sin la otra y sin el todo.

El hombre, por ejemplo, tiene relación con todo lo que conoce. Necesita un lugar
que contenga, tiempo que durar, movimiento para vivir, elementos que lo
compongan, calor y alimentos para nutrirlo, aire para respirar; ve la luz, siente los
cuerpos; finalmente, todo cae bajo su alianza. Para conocer al hombre, es preciso,
pues, saber de dónde viene el que tenga necesidad de aire para subsistir; y para
conocer el aire, saber por dónde tiene éste relación con la vida del hombre, etc. La
llama no subsiste sin aire; por lo tanto, para conocer la una, es preciso conocer al
otro. Siendo, pues, todas las cosas causadas y causantes, ayudadas y ayudantes,
mediatas e inmediatas y manteniéndose todas por un nexo natural e insensible que
liga las más alejadas y las más diferentes, tengo por imposible conocer las partes
sin conocer el todo, así como conocer particularmente las partes.

La eternidad de las cosas en sí misma o en Dios tiene también que asombrar a


nuestra pequeña duración. La inmovilidad fija y constante de la naturaleza, la
comparación con el cambio continuo que acontece en nosotros, tiene que producir
el mismo efecto.

Y lo que remata nuestra impotencia para reconocer las cosas es que ellas son
simples en sí mismas, y nosotros estamos compuestos de dos naturalezas opuestas
y de distinto género, alma y cuerpo. Porque es imposible que la parte que razona
en nosotros sea otra cosa que espiritual; y si se pretendiera que fuéramos
simplemente corporales, ello nos excluiría mucho más del conocimiento de las
cosas, puesto que nada hay tan inconcebible como decir que la materia se conoce
a sí misma; no es posible conocer cómo habría de conocerse a sí misma.

Y así, si somos simplemente materiales, no podemos conocer nada en manera


alguna, y si estamos compuestos de espíritu y de materia, no podemos conocer
perfectamente las cosas simples, espirituales o corporales.

De aquí viene el casi todos los filósofos confundan las ideas de las cosas, y hablen
de las cosas corporales espiritualmente y de las espirituales corporalmente. Porque
dicen audazmente que los cuerpos tienden a bajar, aspiran a su centro, huyendo de
su destrucción, temen al vacío, que la naturaleza tiene inclinaciones, simpatías,
antipatías, cosas todas que no pertenecen más que a los espíritus. Y hablando de
los espíritus los consideran como en un lugar, y les atribuyen movimientos de un
lugar a otro, cosas que no pertenecen sino a los cuerpos.

En lugar de recibir las ideas de estas cosas puras, las teñimos con nuestras
cualidades e impregnamos con nuestro ser compuesto todas las cosas simples que
contemplamos.

¿Quién no creerá, viéndonos componer todas las cosas de naturaleza y de espíritu,


que esta mezcla nos había de ser muy comprensible? Es, sin embargo, la cosa que
se comprende menos. El hombre es para sí mismo el más prodigioso objeto de la
naturaleza; porque no puede concebir lo que es ser cuerpo y menos todavía lo que
es ser espíritu, y lo menos del mundo, cómo un cuerpo puede estar unido con un
espíritu. En éste el colmo de la dificultad y, sin embargo, es su propio ser: “modus
quo corporibus adharent spiritus comprehendi ab hominibus non pot est, et hoc
tamen homo est”
La grandeza del hombre es grande en cuanto él se conoce miserable. Un árbol no
se conoce miserable. Ser miserable es, pues, conocerse miserable, pero ser grande
es conocer que es miserable.

El pensamiento constituye la grandeza del hombre.

Yo puedo concebir a un hombre sin manos, pues ni cabeza, (pues sólo la


experiencia nos enseña que la cabeza es más necesaria que los pies), pero no
puedo concebir al hombre sin pensamientos: sería una piedra o un bruto.

Pensamiento –Toda la dignidad del hombre está en el pensamiento. Pero qué es


ese pensamiento. ¡Cuán tonto es él!

El pensamiento es, pues, una cosa admirable es incomparable por su naturaleza,


pero es una caña pensante. No hace falta que el universo entero se arme para
aplastarlo: un poco de vapor, una gota de agua bastan para matarlo. Pero aun
cuando el universo le aplastara, el hombre seria todavía más noble que lo que le
mata, porque sabe que muere y lo que el universo tiene de ventaja sobre el universo
lo ignora.

Toda nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento. Por aquí hemos de


levantarnos, y no por el espacio y la duración que no podemos llenar. Trabajaremos,
pues, en pensar bien: he aquí el principio de la moral.

Caña pensante –No es en el espacio donde debo buscar mi dignidad sino en la


regulación de mi pensamiento. No poseería más aunque poseyera tierras: por el
espacio, el universo me comprende y me devora como un punto; por el pensamiento
yo lo comprendo.

El hombre no es mi ángel ni bestia, y nuestra desgracia quiere quien pretende hacer


el ángel haga la bestia.

ACTIVIDADES.
1. ¿Estás de acuerdo que el pensamiento constituye la grandeza del hombre?
¿Por qué?
2. Elabora un vocabulario de 20 palabras con sus significados.
3. Confecciona un resumen de 10 renglones de la lectura.
4. ¿Estás de acuerdo con lo afirmado por el autor sobre el hombre: Una nada
frente al infinito, un todo frente a la nada, un medio entre la nada y todo?
¿Por qué?
5. Según la lectura, ¿cuál es la grandeza y miseria del hombre?

SEMANA 12
LO BELLO COMO RELACIÓN

Denis Diderot

Ante de entrar en la más difícil búsqueda de origen de lo bello, había notado, por de
pronto, con todos los autores que han escrito sobre ello, que, por una especie de
fatalidad, las cosas de las que más se habla entre los hombres son de ordinario
aquellas que menos se conocen y tal es, entre muchas otras, la naturaleza de lo
bello. Todo el mundo razona sobre lo bello: se lo admira en las obras de la
naturaleza, se lo exige en las producciones artísticas, se está de acuerdo o se
rechaza esta cualidad en todo momento; sin embargo, si preguntamos a los
hombres que gusto más seguro y más seguro y más exquisito, cuál es su origen, su
naturaleza, su noción precisa, su idea verdadera, su definición exacta; si es alguna
cosa absoluta o relativa: si existe algo bello que sea eterno, inmutable, regla y
modelo de lo bello subalterno, o si en ello sucede lo mismo que en las modas, se
ve en seguida que los sentimientos difieren, y unos confiesan ignorancia, otros se
arrojan en el escepticismo. ¿Cómo es posible que casi todos los hombres estén de
acuerdo en que existe lo bello: cómo es posible que haya, entre ellos, tantos que lo
sientan vivamente donde existe, y que tan poco sepan lo que es?

Bello es un término que aplicamos a una infinidad de seres; pero sea cual fuere la
diferencia existente entre estos seres, es preciso o bien hacer una falsa aplicación
del termino bello o que exista en todos estos seres una cualidad cuyo signo sea el
término bello.

Esta cualidad no puede pertenecer al número de aquella que constituye su


diferencia específica, porque no existiría más que un solo ser bello o, a lo sumo una
sola especie bella de seres.

Pero entre las cualidades comunes a todos los seres que llamamos bellos, ¿cuál
elegiremos para aquello cuyo signo es el término bellos? ¿Cuál? Es evidente, me
parece, que esta no puede ser otra que aquella cuya presencia los vuelve bellos a
todos; cuya frecuencia o infrecuencia, si es susceptible de frecuencia o infrecuencia,
los vuelve más o menos bellos, cuya ausencia los hace cesar de ser bellos, que
no puede cambiar de naturaleza sin hacer cambiar lo bello de especie, y cuya
cualidad contraria tornaría los más bellos en desagradables y feos; aquella, en una
palabra, gracias a la cual la belleza comienza, aumenta, varía al infinito, declina y
desaparece. Luego, solo la noción de relación es capaz de producir esos efectos.

Llamo pues bello fuera de mi todo lo que contiene en si la capacidad de despertar


en mi entendimiento la idea de relación; y bello con respecto a mi todo lo que
despierta esa idea.
Cuando digo todo, exceptúo, sin embargo, las cualidades relativas al gusto y al
olfato. Aun cuando estas cualidades pudieran despertar en nosotros la idea de
relaciones, no llamamos bellos a los objetos en que residen cuando no los
consideramos sino respecto a esas cualidades. Decimos: un manjar excelente, un
olor delicioso; pero no un manjar bello, un bello olor. En el momento en que
decimos: he aquí un bello rodaballo, he aquí una bella rosa, consideramos otras
cualidades en la rosa y en el rodaballo y no las relativas al sentido del gusto y del
olfato.

Cuando digo: todo lo que contienen en si algo capaz de despertar en mi


entendimiento la idea de relación, o todo lo que despierta esta idea, debemos
distinguir bien las formas que están en los objetos y la noción que tengo de ellas.
Mi entendimiento no pone ni quita nada en las cosas. Que piense o no en la fachada
del Louvre, todas las partes que la componen no dejaran de tener por ello tal o cual
forma y tal o cual disposición entre ellas: que existan o no hombres, la fachada del
Louvre no dejaría de ser menos bella, sino sólo para seres posibles constituidos
con cuerpo y espíritu como nosotros; porque, para otros, podría no ser ni bella ni
fea, o, inclusive, ser fea. De lo cual se deduce que aunque no exista, de ningún
modo, lo bello absoluto, existen dos clases de bello en relación a nosotros, lo bello
real y lo bello percibido.

Cuando digo: todo lo que desierta en nosotros la idea de relación, no quiero


significar con ello que, para llamar a un ser bello, deba apreciar cuál es la clase de
relación que allí reina; no exijo que aquél que ve un aspecto de la arquitectura esté
en condiciones de asegurar lo que la arquitectura misma puede ignorar: que esta
parte esté respecto a aquella como tal número está respecto a tal otro; o que aquél
que escuche un concierto sepa más que el músico, por ejemplo, que tal sonido está
respecto a otro en relación de dos a cuatro o de cuatro a cinco. Es suficiente que
capte y sienta que las partes de la arquitectura y que los sonidos de indeterminación
de tales relaciones, la facilidad de aprehenderlas y el placer que acompaña a su
percepción han llevado a imaginar que lo bello era más bien considerado un asunto
de sentimiento que de razón. Me atrevo a asegurar que todas las veces que un
principio es conocido por nosotros desde la más tierna infancia, y del cual hacemos,
por hábito, una aplicación fácil y súbita a los objetos ubicados fuera de nosotros,
creemos juzgar llevados por el sentimiento. Pero estaremos obligados a confesar
nuestro error en todas las ocasiones en que la complicación de las relaciones y la
novedad el objeto suspenden la aplicación del principio: entonces el placer
esperará, para hacerse sentir, que el entendimiento haya determinado que el objeto
es bello. Por otra parte, el juicio en casos semejantes es propio de lo bello relativo
y no de lo bello real.

ACTIVIDADES.
1. ¿Qué es lo bello para el autor? ¿Compartes su definición? ¿Por qué?
2. Haz un ensayo de 15 renglones de la lectura.
3. Confecciona un vocabulario de 10 palabras y sus significados.

SEMANAS 13 y 14

LA PROBLEMÁTICA DE LOS VALORES.

LUIS BONIILLA MERCADO.


La problemática de los valores nos lleva a una selva intrincada de preguntas y
respuestas de unos y otros, sin llegar muchas de las veces a satisfacer, ni a
quienes las hacen, ni a quienes las responden.

Todos los días nos encontramos con una serie de interrogantes como: ¿Qué
son los valores?; ¿El valor está en el objeto o en el sujeto?; ¿Porqué, todos los
seres humanos no valoran igual las cosas?; ¿Qué relación hay, entre objeto-
sujeto en la determinación del valor?. Bien podríamos hacer otro número de
interrogantes. Pero vayamos por partes. La existencia del valor es indudable. Las
cosas o las personas valen o no valen. Los valores cumplen un rol fundamental
en nuestras vidas. Metafísicamente uno de los primeros problemas del valor es
su existencia; y de hecho los valores existen en el mundo, pero en forma ideal.
Otro problema viene a ser; ¿por qué la experiencia valorativa varía de persona a
persona? Para responder a esta interrogante recurriremos a Kant cuando afirma:
“vemos las cosas no como ellas son, sino, como son nosotros”. Y por último
otro problema es la naturaleza de los valores: ¿de qué están hechos los valores?
Si los valores son entes ideales, su existencia, como hemos señalado
anteriormente, es metafísica, tienen existencia abstracta.

El tema de los valores, hoy en día en que vivimos etapas de incesante cambio;
en que todos los que nos encontramos comprometidos con la enseñanza y el
aprendizaje, nos sentimos desconcertados (hay una crisis de valores, lo
trataremos inmediatamente, porque es un tema de profundo análisis. Por lo que
en esta oportunidad obviaremos para concretar sólo lo siguiente:

1.-La calidad de la educación está supeditada a esos entes ideales, llamados


valores.

2.-El educador debe conducir a sus educandos hacia los valores como: el bien,
la justicia, la responsabilidad, la ética.

3.-Nuestros objetivos y fines deben tener como norte, los bienes culturales: el
arte, el trabajo, la ciencia, los usos y costumbres, etc.

4.-Los valores, tiene altura, jerarquía; pero a nosotros solamente nos deben
interesar, aquellos que nos conducen a nuestra auto realización.
5.-Debemos estar motivados por aquellos que mueven nuestros intereses por el
trabajo y el estudio, aspectos que nos llevarán a conseguir nuestras más
nobles metas como personas.

LA CRISIS UNIVERSAL DE LOS VALORES.

La tan comentada crisis de valores, es más una situación de cambio que la


desaparición de los valores. Pero aún, en tal situación de cambio, hay valores
que permanecen, porque como bien lo señala Ricardo Marín; la cultura no puede
ser igual a la incultura, ni la verdad equivalente a la mentira, ni la justicia sinónimo
de injusticia.

Es corriente oír hoy en día que hay un resquebrajamiento de los valores, crisis
de valores que rebasan los linderos de la nacionalidad para trascender y
difundirse por todo el mundo.

Cuando se escucha hablar de la crisis de valores, debemos entender que


éstas reflejan el grado de cultura de una familia, de una comunidad, de un pueblo
o nación; y, que por lo tanto es necesario iniciar una reorientación de los valores;
sean éstos, éticos, estéticos, vitales, económicos, etc. porque entendemos que
la crisis de valores, se presentan cuando los valores han perdido su vigencia, ya
no rigen más. A partir de entonces se habla de una quiebra de valores, crisis de
valores, rompimiento de los moldes de comportamiento, surgiendo la
preocupación por restablecer lo que se denomina: la tabla de valores, para
hacerla de nuevo vigente.

LA TABLA DE VALORES.

La tabla de valores, es el conjunto de valores organizados en un orden


jerárquico. No son un montón de valores, ni un agregado de valores. Uno de ellos
ocupa lugar central y los demás se organizan en torno a él; y, en conjunto son
instancias que compulsivamente obligan a orientarse y a asumir
comportamientos en una determinada dirección.

A veces, o casi siempre, las tablas tienen que ser reemplazadas.


Seguramente, como opinan muchos estudios son épocas de transición que
auguran buenas nuevas. Esto último que acabamos de mencionar lo señala
claramente el viejo sabio Max Planck en el capítulo II, de su libro, traducido al
castellano bajo el título: ¿A dónde va la ciencia?; y dice: “Vivimos un momento
singular de la historia. Es un momento de crisis en el sentido literal de la palabra.
En todas las ramas de nuestra civilización espiritual y material vemos que hemos
llegado a un punto crítico.

Este momento álgido no sólo se refiere al estado actual de los problemas


públicos, sino también a la posición general que se adopta con respecto a los
valores fundamentales de la vida individual y social. Algunos dicen que estos
síntomas marcan la iniciación de un gran renacimiento, pero, hay otros que ven
en ella el reflejo de una decadencia a la cual está destinada la civilización.
Antaño, tan solo la religión, especialmente en su sistema doctrinal y moral, fue
objeto del ataque de los escépticos. Luego los iconoclastas comenzaron a
destrozar los ideales y principios que hasta entonces se habían aceptado en el
terreno del arte. Ahora han invadido el templo de la ciencia”.

FUNCIÓN DEL VALOR EN LA VIDA DE LAS SOCIEDADES.

Debemos afirmar En primer lugar: Los valores cumplen una función


fundamental en nuestras vidas; en segundo lugar, podemos señalar que los
valores son históricos, no hay valores eternos, es decir, la presencia valorativa
tiene un espacio, un tiempo, una historia; y en tercer lugar, los valores surge de
entre las propiedades de las cosas, está inmerso, pero no se confunde con ellas.

Por otro lado a través de la historia de la humanidad el afán de todos los


hombres y todos los pueblos; ha sido siempre buscar unos valores comunes que
hicieran posible la convivencia y llevaran el progreso a la humanidad.

A partir de estas realidades podemos afirmar que existen valores, de tal modo
evidentes, en la vida de los pueblos que permiten considerarlos como deseables,
apreciables por todos los hombres, en un momento histórico dado y que
dependerá de aquellos, cumplir un papel específico, sui géneris (únicos en su
género).

Ahora bien permítanme ofrecer, para la reflexión, algunas frases que encontré
en el libro: “La perspectiva científica” de Bertran Russell.
- Nuestro mundo tiene una herencia de cultura y belleza, pero
desgraciadamente esta herencia ha sido manejada por los miembros
menos activos e importantes de esta generación.
- El gobierno del mundo, ha venido a caer en manos de hombres que ignoran
el pasado, que no tienen ternura por lo tradicional, ni comprensión de lo
que están destruyendo.
- Es mejor hacer poco de bien, que mucho daño.
- Subir del infierno al cielo es bueno, aunque es un proceso lento y laborioso;
el caer del cielo al infierno es malo; aunque pueda realizarse con la
velocidad de Satanás.
- Prevenir la extrema pobreza es importante, pero aumentar los bienes de
los que ya poseen mucho es un gasto de esfuerzo sin valor.
- Más importante que el conocimiento es la vida de las emociones. Un
mundo sin deleite y sin afecto es mundo privado de valor.
- Los nuevos poderes que la ciencia ha dado al hombre pueden ser
manejados sin peligro por aquellos que, bien por el estudio de la historia, o
por su propia experiencia de la vida; hayan adquirido alguna reverencia por
los sentimientos humanos y alguna ternura por las emociones que dan
colorido a la existencia cotidiana de hombres y mujeres.
A partir de algunas de estas reflexiones podemos sacar conclusiones
valiosísimas del papel que cumplen los valores en el campo de la vida, de
las sociedades; para ir haciendo del ser humano que sea más humano, al
hombre más hombre y que en el correr del tiempo inexorable alcance la
plenitud de su existencia. Porque entendemos, que cada época de la
historia necesitó, necesita y necesitará, amar menos al mundo y amar más
al hombre, amar la belleza espiritual más que a la belleza física, buscar el
conocimiento de DIOS para la vida eterna y no creer haberlo encontrado,
para ser más que ÉL.

Como corolario de lo dicho afirmamos: En todas las sociedades, de todos los


tiempos, los valores tendrán, idealmente, esencia y existencia; para moldear una
forma de vida digna de ser vivida.

VALORES ÉTICOS FUNDAMENTALES, EN LA VIDA DEL HOMBRE.


Sabido es que existen valores que sólo atañen al hombre como ser individual,
a los que podrían llamarse valores individuales o particulares. Como ejemplo de
estos valores se pueden considerar: la dignidad, la caridad, la justicia, el bien, la
honradez, etc. De algunos de ellos vamos a ocuparnos a continuación.

Pero antes, creo necesario definir: ¿Qué se entiende por valores éticos, y por
qué el término de fundamentales?.

Se llaman valores éticos a todos aquellos valores que tienen que ver con la
moral de la persona; entendiéndose por moral, al conjunto de normas que el
hombre ha inventado en el transcurso del tiempo y que está ligado a la forma o
manera (buena o mala), de conducirse dentro de la sociedad del cual forma parte.
Ahora bien, conducta que debe ser necesariamente buena, porque de lo contrario
no sería moral, sino inmoral.

En cuanto a lo que se refiere de fundamental, debo señalar que hay ciertos


valores que son más importantes que otros, es decir, constituyen el fundamento,
el cimiento, el principio, la raíz de los demás valores.

Analicemos estos valores:

1. La dignidad:
Así como la amistad tiene en la lealtad su más firme expresión o el amor
lo tiene en la fidelidad, la dignidad encuentra en el respeto su más clara
expresión.

Kant afirma: “obra de tal manera que ni en tu persona, ni en la de los


demás, hagas servir a la humanidad como medio sino, sólo sea fin en
cuanto hicieras”. Si queremos interpretar lo dicho por el célebre filósofo
(representante de la filosofía moderna), diríamos: obra conforme a tu propia
naturaleza y de acuerdo a las normas de la moral para que seas,
verdaderamente, digno.

Es que la persona, en cuanto a lo esencial y lo fundamental, es humana,


tiene un valor que lo hace merecedora de respeto y las consideraciones más
distinguidas, que lo ubican en la verdadera dimensión de su devenir personal.
Podríamos decir muchas cosas alrededor de este valor ético fundamental;
pero definámoslo brevemente: “Aspiración humana de lograr en el accionar
diario de su vida ser tratado con respeto, estimación, decoro; para que
pueda alcanzar su autorrealización”.

2. La justicia
Dar a cada quien según su capacidad o dar a cada quien según sus
necesidades, ha sido, es y será una de las aporías que presenta la convivencia
entre los seres humanos.

Señala el Evangelio unas frases del Redentor que podrían sintetizar, si se


quiere, la verdadera dimensión de este valor: “Dad al César lo que es del
César y a Dios lo que es de Dios”; que quiso decir: dar a cada uno lo que es
debido.

Dar a cada uno lo que le pertenece, exige una justicia teniendo en cuenta
el derecho de los demás, una justicia teniendo en cuenta la equidad, es decir,
oyendo la voz del deber, antes que la voz de la ley; y en fin, una justicia
teniendo en cuenta el mandato divino. En todos los casos señalados, la
exigencia es rectitud en el obrar, la constancia y la firmeza para dar a cada
cual lo que le corresponde como verdaderos hijos de Dios, como hombres
libres, pero merecedores al fin, de un trato ecuánime imparcial, lícito o legal.
La justicia es dar a cada quien lo que le corresponde, según sus
necesidades, pero sin desconocer sus capacidades.

3. El bien
La idea de bien encierra la idea de perfección. Entiendo que la perfección
deviene de Dios, pero el hombre no es un ser perfecto, pero sí perfectible.
Ahora bien: ¿Qué es lo que hace al hombre perfectible?; el buscar ser
verdaderamente feliz, satisfecho de sus anhelos de plenitud, tratando alcanzar
el gozo de su espíritu, elevándose y superándose cada día mediante su
esfuerzo. Cristo decía: “Mi Padre quiere que ustedes sean perfectos,
como ÉL es perfecto”

Sabemos que el ser humano es un eterno viajero, desde que nace hasta
que muere está desplazándose en el tiempo y en el espacio, en un viaje que
no sabemos cuanto acabará, y, en cada año de su vida cada acción que realiza
siempre está enmarcada dentro de actividades que tienen una dirección.
Debemos entender que el hombre no tiene más que un fin, una última estación,
un último paradero, es decir, alcanzar el bien.

Platón señalaba de que se debe dar al cuerpo y al alma la perfección de


que sean posibles. La idea de perfección apunta a una meta suprema: el bien.
Platón propugnaba la formación de un hombre de bien, y esto se logra a través
del hábito del buen obrar. El hombre perfecto, según él, es el que encierra los
valores del bien, la verdad y la belleza (espiritual). Sintetizando: ¿Qué
entendemos por un hombre de bien?: es aquel que subordina sus impulsos y
reacciones afectivas interiores al control racional de sí mismo, para alcanzar
por medio de la virtud del buen obrar, lograr la perfección tan anhelada.

4. La solidaridad
Hay cierta clase de acciones (que realiza el hombre), que están muy
relacionadas a la misericordia, la benevolencia, la benignidad. Estas acciones
son las que permiten dar a nuestros semejantes un trato especial, de tal
manera que podamos socorrerlos en sus necesidades, ayudarlos en sus
desgracias; buscando ofrecer para los demás lo que quisiéramos para
nosotros.

La solidaridad tiene en la caridad su más alta forma de expresión y viene a


constituirse en esa mano misericordiosa, fraterna, desinteresada, que siempre
está dispuesta a ofrecerse para socorrer al desvalido, proteger al niño sin
padres, ayudar a la madre abandonada a su suerte, servir al enfermo
abandonado a su sufrimiento; en fin, auxiliar a todos aquellos que por alguna
u otra razón son víctimas del infortunio. Dar de comer al hambriento, dar de
beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, constituyen
ejemplos fidedignos de caridad que se han perennizado a través del tiempo y
sintetizan elocuentemente la actitud cariñosa y benéfica de quien tiene la
voluntad de servir.

¿Qué es la caridad?:

Es la actitud altruista que poseen las personas inclinadas a servir a su prójimo.


EL VALOR Y LA AUTORREALIZACIÓN PERSONAL.

Merced a la educación, los hombres se capacitan para conducirse


personalmente y para que su existencia sea cumplir con el cometido que la divina
providencia le ha encomendado. La educación cumplirá con el educando, si le
ayuda a bastarse a sí mismo y le prodiga los lineamientos necesarios, para que
éste logre un completo dominio del mundo y de las cosas, de los valores, de la
civilización, de su destino. No es conveniente exagerar la ayuda, porque hacerlo
significa disminuir la voluntad del sujeto, alentar la timidez, convirtiéndolo en un
individuo dependiente alineado y no el hombre libre, dueño de sí mismo; capaz
de tomar decisiones propias que rijan su vida.

Destacados estudiosos han señalado que la autorrealización constituye: el fin


ideal de la educación. El eminente tratadista Stekel habría manifestado que el
mejor regalo que le podemos ofrecer a nuestros descendientes, es su
independencia. Particularmente propongo que la autorrealización del hombre se
logra cuando éste alcanza la felicidad y junto con ella la paz, consigo mismo y
para con los demás.

Quien adquiere el poder de dirigirse y dominarse, sin la ayuda sobreprotectora


de los demás; tendrá la suficiente capacidad de vencer todos los obstáculos que
la vida le presenta y lograr su más grande anhelo: Verse realizado.

ACTIVIDADES.
1. Elabora tu propia tabla de valores y jerarquiza, explicando porqué consideras
en primer lugar el valor que has señalado.
2. confeccionar un resumen de 20 renglones de la lectura.
3. ¿Qué se debe entender por sentirse realizado como persona?
4. A partir de la lectura elabora tus propias definiciones de los valores éticos
fundamentales.
5. Explicar lo siguiente:
- Que el respeto se obtiene y se gana.
- ¿Qué significa respetarse a sí mismo?
- ¿Quiénes de tus seres queridos, consideras que merece mayor respeto?
¿Por qué?
SEMANA 15

LIBERTAD Y AUTODETERMINACIÓN

Max Scheler

Solo es un medio de nuestra vida volitiva comprendemos qué es la libertad –nunca


mediante análisis teórico-. La antítesis más profunda –y menos solucionable
mediante toda clase de razones del entendimiento- entre afirmación de la libertad y
determinismo, consiste en la diferencia de posición fundamental que se adopte en
el examen: si nos colocamos en el lugar del que quiere, del que actúa, del que se
encuentra en ese momento ante una grave decisión, si penetramos en el drama vivo
de sus actos –por así decir, en el lugar donde los grados de intención, propósito,
decisión, luchar por erguirse y alcanzar creciente determinación y decisión como si
se elevaran desde un caos de la agitación anímica interna y un surgimiento inicial
de los pensamientos- o si, absteniéndose de mirar dentro de ese laboratorio viviente
interno de las acciones y decisiones y de re-vivir, por así decirlo, los actos,
contemplamos todo el proceso desde fuera “como objeto”, como desarrollo de
acontecimientos, para luego descomponerlo en sus partes constitutivas.
Si en la segunda de estas actitudes mencionadas tenemos en cuenta especialmente
la conformación de la voluntad, entonces ya colocamos el todo dentro del tiempo
objetivo, y unimos entre sí los grados individuales dados del proceso, sus fases y
contenidos. Un trozo que sólo se esclarece en la vivencia misma, en el dudar,
arriesgar, tentar, etc., para adquirir así la solidez de una “vivencia” que es capaz de
ser contemplada cognoscitivamente, que posee determinadas cualidades, signos
distintivos, rasgos, es aquí ligado “a posteriori” son su antecesor y posible
sucesor.

Y mientras en el primer caso creemos contemplar el origen, el devenir interno, y el


tomar forma de los “hechos”, que se hallan dados a la otra observación como
“acabados “, se nos presenta en el segundo caso un desenvolvimiento, cuyas
partes ya han pasado por todas aquellas fases del desarrollo que observamos.

Ahora bien, esta segunda manera de examinar las cosas no conduce jamás a un
conjunto de factores que pudiera agotar el significado de “libre” en forma alguna, ni
tampoco su contrario “coerción”. Si fuéramos seres que contemplan el mundo
únicamente como observadores teóricos, entonces no hubiéramos tomado nunca
conciencia ni de la idea de la libertad ni de la coerción.

Porque es necesario distinguir aquí nítidamente dos cosas: la idea de la no-


determinación o de la indeterminación- y la idea de la libertad. Aquella es
negativa, y no contiene más que la no determinación necesaria de un hecho por
otros. En cambio, esta es positiva y enraíza en la vivencia del poder.

Más si observamos con mayor detenimiento, vemos que coincide la idea de la


indeterminación con la idea de la casualidad, que representa, según el caso, lo
opuesto a la necesidad causal, a consecuencias legales de los fenómenos, a un
concepto de dependencia teleológica entre fin y medio, meta y fases del proceso
dirigidas hacia la meta.

Si en tal sentido consideramos un acontecimiento como “no determinado por un


conjunto de hechos observados hasta el momento, entonces podríamos dudar si
realmente lo es, o si la razón para ellos es únicamente una falta de conocimiento de
los hechos necesarios para un determinismo absoluto (que podríamos subsanar
mediante hipótesis, etc.). Pero la noción positiva de que exista libertad en el mundo
no nos es dada través del conocimiento de una indeterminación.

De lo que sigue se podrá ver con toda claridad cuán poco coinciden las oposiciones
indeterminación con libertad y coerción.

Si un espíritu, en la vivencia positiva de los actos libres de su actuación, hubiese


tomado la resolución de actuar libremente siempre acorde con la ley, de hacer
siempre lo mismo bajo condiciones idénticas, y si esta decisión fuese renovada en
todos los casos mediante consentimiento interno, y si tuviese además el poder de
realizarla –entonces el cuadro externo de su actuar y obrar, de sus acciones, no
contendría nada de “casualidad”. Sería totalmente calculable, sin que por ello cada
acto fuese menos libre. Regiría el determinismo teórico y no el indeterminismo- y,
sin embargo, habría libertad en el sentido más severo.

La experiencia nos muestra hechos que se mueven en dirección contraria a este


ideal. Lo que nos hace “tener fe” en la intención de los hombres, por ejemplo, en
que una mujer ausente permanezca fiel a su esposo, que no se deje influir por
tentaciones cualesquiera que puedan cambiar su sentimiento y sus acciones, lo que
nos hace creer en promesas, y no nos deja suponer que en el ínterin el efecto de
aquel acto de la promesa sea anulado por situación cualesquiera y de las apetencias
por éstas determinadas, esto es precisamente la creencia en la liberta del hombre
en cuestión; la creencia en su capacidad de poder oponer algo a los estímulos e
impulsos instintivos que lo acechan, algo que anule los efectos de otro modo
determinantes para sus acciones. En ese sentido, un hombre es tanto más
predictible cuanto más libre sea. En cambio, el “caprichoso” por ejemplo, el hombre
“impredecible” –como lo formula expresamente el lenguaje común- es el
relativamente falto de libertad falto de libertad, al igual que el hombre para el cual
aquellas situaciones, y los impulsos instintivos provocados por éstas, tienen
consecuencias decisivas y unívocamente determinantes para sus acciones (en el
demente = totalmente “impredecible”, la libertad se halla precisamente eliminada del
modo más absoluto; justamente su comportamiento y su vivenciar se aproximan en
mayor grado a la determinación de la ley natural). La correspondencia a un gran
amor es así pues, al mismo tiempo, la convicción mas firme de la duración del amor,
de su indestructibilidad por nuevas experiencias y estímulos externos –y no obstante
un completo dejar en libertad a la persona respecto de su amor, un constante estar
dispuesto a no ejercer ninguna coerción moral o de otro tipo en caso de retiro de
ese amor. Es aquí entonces justamente la convicción de la indeterminabilidad de
la persona por parte de todas las vivencias constantemente cambiantes, limitadas,
individuales posibles, lo que produce confianza, seguridad, calma, en cuanto a
eventuales sorpresas. Mientras la determinabilidad, en cambio (por ejemplo, la
influenciabilidad), da lugar precisamente a los sentimientos opuestos.

En que existe una interrelación esencial según la cual cuanto más libremente se
lleve a cabo un acto (y ello significa al mismo tiempo: cuanto más firmemente lo
determine la persona “misma” –y no las relaciones de ésta con situaciones y
vivencias individuales-) tanto mayor es, a su vez, la duración, y tanto más intensa
la penetración de los sistemas parciales de la persona anímica.
Por supuesto, no es posible saber por el cuadro externo del comportamiento, si
alguien actúa uniformemente por costumbre o por libertad. Y no obstante, la
costumbre es una especie de actuar compulsivo, y lo contrario de la libertad.

El que la libertad signifique precisamente la predictibilidad del individuo, y la


coerción, en cambio, la impredictibilidad, explica otro fenómeno: que el hombre,
como parte integrante de las masas, se torna cada vez más coercitivo e
impredictible cuanto mayor es su integración en las mismas. La masa es
impredictible, caprichosa, histérica. Es sumamente extraño: cuanto más
comprensibles y explicables son las acciones de un hombre en función de la
efectividad término medio de los instintos humanos generales en las situaciones
dadas, cuanto menor sea la necesidad de tener en cuenta su individualidad para
comprender su vida, cuanto mejor podamos “explicarlo” por medio de la “ley natural”
–tanto más impredictible se nos resuelve, menos lo podemos “comprender”, es
decir, reducir lo dado a la unidad en forma de intuición de sus intenciones desde
adentro, desde su “yo”.

Es una de las paradojas más inquietantes en la teoría del conocimiento y en nuestra


indagación, que “comprender” y “explicar” se comporten aquí precisamente en
forma inversa entre sí: un hombre es tanto más incomprensible cuanto más
explicable sea él y su vida. De ahí que M. Greiger observara con toda justicia que
la enfermedad anímica es determinable, por parte del espectador, precisamente por
el hecho de que se adopte ante el enfermo una actitud de explicación causal de
su hablar y actuar. La casualidad psíquica solo entra en función allí donde acaba la
comprensión. Podemos también decir: allí donde termina la libertad, que
presuponemos justamente en toda comprensión.

Pero el comprender es una actitud que aprehende inmediatamente de la conexión


de sentido de las acciones y manifestaciones dadas, las totalidades de vivencias y
series de vivencias de las cuales aquéllos forman parte. Se realiza de acuerdo con
la idea y el método de una persona que, de acuerdo con su esencia, actúa como la
misma en todas sus exteriorizantes, sea cual fuere su posición temporal o espacial,
sean cuales fueren los mecanismos naturales de tipo físico y corporal mediante los
cuales se realicen.

¡Es pues una ficción que la creencia en el fenómeno de la libertad –la efectiva
existencia de alternativas en la vida del hombre, su legítima vocación para decidir
acerca de la realidad o irrealidad de los contenidos- signifique una destrucción de
toda seguridad y confianza, y que conduzca al caos!

Este cuadro que nos presenta el determinismo –desde que Hobbes lo pintara con
los colores más ardientes- es efectivamente un producto del “miedo a la libertad”.
Todos conocemos ese miedo, en primer término en lo empírico y pequeño, que
finalmente se extiende en el tipo de filósofo determinista en un vago miedo
metafísico a la arbitrariedad absoluta y al caos. ¡Cuán difícil es, y qué lucha significa,
por ejemplo, para el amante, dejar en libertad al ser amado, es decir, confiar en la
constancia de los sentimientos del prójimo más que en medidas de protección y
defensa morales y jurídicas! Y sin embargo, y pese a ello, la única atadura del
amigo, de la mujer, a nosotros es la pura y total liberación sin restricciones de su
persona y de su amor.

ACTIVIDADES.
1. Confeccionar un ensayo de 20 renglones de la lectura.
2. ¿El hombre es enteramente libre? ¿Por qué?
3. ¿Qué significa autodeterminación, según lo leído?
4. ¿Qué significa indeterminación, para el autor?

Y COMO EN LAS GRANDES NARRACIONES, COLORÍN, COLORADO ESTE


COMPENDIO SE HA TERMINADO.